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10 de enero de 1875. Es asesinado Francisco Lavandeira.
Las elecciones realizadas después de la paz de abril de 1872 y el gobierno constitucional
presidido por José Ellauri desde el 1° de marzo de 1873 abrieron una perspectiva
política de la que el país esperó ver realizadas las ideas enunciadas en los programas
doctrinarios a que dio origen el gran movimiento ideológico de 1870.
El principal escenario en el que se manifestaron las ideas, proyectos, iniciativas, en el
que fueron enunciados los principios en materia social, económica, educacional, fue el
Parlamento; los integrantes de las llamadas Cámaras principistas convirtieron los
escaños que ocupaban en los “altos del Cabildo”, en tribunas de divulgación
doctrinaria. El otro escenario fue las páginas de la prensa dónde evidentemente ”LA
DEMOCRACIA” tuvo un rol protagónico. La opinión pública del país se dividió en dos
grandes corrientes: una de carácter popular, correspondiente a la inspiración de raíz caudillista, la otra,
representada por los ideólogos que sustentaron con intrepidez en un medio inmaduro los ideales de la
libertad, la democracia, las garantías individuales, la limitación de las potestades del Estado, el respeto por
la condición humana.
Con éste panorama de total inestabilidad se llega a la elección de Alcalde Ordinario de Montevideo fijada
en principio para el 1° de enero de 1875. Con una afluencia muy significativa de votantes, en la Mesa
receptora ubicada en el atrio de la Catedral (la otra Mesa estaba ubicada en la Unión), se advertía el triunfo
de José Pedro Varela, candidato de conservadores, radicales y nacionalistas. Sus oponentes en mayoría
“candomberos” (calificación despectiva utilizada para la mayoría colorada y sus aliados) hicieron disparos
de armas de fuego y un tumulto obligó a la suspensión del acto electoral.
Reanudada la votación el 10 de enero de aquel año, las condiciones fueron las mismas, y en el tiroteo
iniciado por Isaac de Tezanos cayó para siempre Francisco Lavandeira.
Los sucesos ocurridos el 10 de enero de 1875 se evocan generalmente haciendo referencia al asesinato de
Francisco Lavandeira (lógicamente por la notoriedad que por entonces tenía como dirigente), pero no se
hace justicia con otros ilustres nacionalistas que también cayeron en el enfrentamiento.
La intervención de Latorre, que por entonces comandaba el 1° de Cazadores, fue decisiva en los episodios
de violencia que se produjeron en aquella jornada cívica. El Sr. Ambrosio Carranza delegado en la mesa de
votación en la que se produjo el trágico desenlace narraba de ésta manera los hechos: “El 10 de enero de
1875 actué en las elecciones de Alcalde Ordinario que ese día se verificaron. Era candidato de los
principistas, en cuyas filas yo militaba, el ciudadano José Pedro Varela en oposición al cual los
“candomberos” sostenían la candidatura de un tal Manuel Pérez”. “...por la Plaza Constitución había
diseminados varios grupos de votantes, encontrándome yo en el que estaba estacionado debajo de un ombú,
junto al Cnel. Arrué, Lavandeira, los hermanos Viana y otros ciudadanos...Isaac de Tezanos hizo fuego ...nos
trabamos en pelea...nos parapetamos detrás de los bancos...Lavandeira había caído ya, quedando su cadáver
debajo del ombú, muy cerca del de su matador, que tenía la cabeza partida de un sablazo aplicado por un
negro, joven y fuerte, asistente de Ricardo Flores...”.
El mismo Carranza relata a continuación que logró ingresar al Cabildo y posteriormente al patio donde
yacía el cadáver de Lavandeira, así como los de Villegas, Gradín y demás compañeros.
10 de enero de 1921. Después de dieciséis años, en virtud de la resolución tomada el 7 de setiembre de 1920
por el Directorio del Partido Nacional, viajan al Brasil una
delegación encabezada por los hijos del Gral. Saravia, a la estancia
Pereyra de Souza donde se encontraba la tumba del Gral. Aparicio
Saravia con el fin de trasladar los restos mortales del caudillo
blanco a la capital.