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HIMNO PARA
ZURGENA

PARA TI PALACÉS,
ÉPOCAS QUE VIVISTES…

por José Gallego

por Teodora Jiménez

Zurgena querida, mi tierra entrañable
Que esfuerzo y trabajo, llenaron de luz
Cambiando el desierto en jardín admirable
Tus hijos inquietos, de afán indomable
Tiñeron tus campos de verde y azul (bis)

¡Ay, qué alegría que tengo!
en mi alma y en mi ser
ha brotado esta poesía
que te tengo que ofrecer, a ti Palacés.

La reina del valle tus hijos te llaman
Princesa nacida del rio Almansur
Jardín y calvario divino de España
Y llenas de gozo tus gentes te aclaman
“La puerta de oriente” del reino andaluz.
Zurgena querida, mi tierra entrañable
Que esfuerzo y trabajo, llenaron de luz
Cambiando el desierto en jardín admirable
Tus hijos inquietos, de afán indomable
Tiñeron tus campos de verde y azul (bis)
La puerta doliente que algunos un día
Cruzaron dejando el camino del sur
Más fuiste su faro, Zurgena, y su guía
Nostalgias de antaño llenaron mi vía
De amor y recuerdos de un pueblo andaluz.
Zurgena querida, mi tierra entrañable
Que esfuerzo y trabajo, llenaron de luz
Cambiando el desierto en jardín admirable
Tus hijos inquietos, de afán indomable
Tiñeron tus campos de verde y azul (bis)

Disfrutamos tus naranjas
y tu rico azahar,
que embellece el mes de mayo,
con perfume sin igual.
Forma parte de tu historia
la época del esparto
y al poco tiempo surgió
el cultivo del naranjo.
Antes de los años 60
pisaste muchos senderos
para darles a tus hijos
el pan bendito del cielo.
Trabajaste en Alemania
tendiéndote un abrazo de hermanos,
admirabas su blanca nieve
y cómo no, a sus lindos marcos.
También fue otra época
la crianza de mulos que disfrutaste,
los llevabas a la Feria de Albox,
¡Y qué piropos le tiraban los feriantes!
Eran alegres Navidades
con aquellos bailes de ánimas
en la puerta de tu ermita
con laudes, platillos, panderetas y guitarras.
¡Sí, muy feliz! Cada Navidad
en la que bella trova componían
aquellos aficionados trovadores
que tan agradable ambiente ofrecían.
Niñas jugando en tus eras,
juegos que ya se perdieron,
siega de doradas mieses
todos tus vecinos vivieron.
Cuántas anécdotas guardadas
en el baúl de los recuerdos
y cuando al aire salen
son recreo del momento.
Termino esta poesía
con tardes de mayo en su puesta de sol
recitábamos versos a María Auxiliadora,
la más bella y sencilla flor.

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