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Germán A. Bardina
Un, dos, tres…¡música!

música es un fenómeno temporal —debido
a que tiene un comienzo y un fin— diría
que el ritmo1 (dentro del cual se incluye el
silencio) es el elemento inevitable de su
existencia.
Ahora que ya sabemos todo esto, nos
hace falta hacer una última consideración.
Durante muchos años se discutió si el arte
tenía o no una función social. En todo caso,
sea cual fuere nuestra respuesta, la música
—para ser reconocida como tal— necesita
ser oída por alguien, lo cual nos obliga a
necesitar de la existencia de, por lo menos,
un ser vivo. En consecuencia, la música
necesita ser comunicada y, en definitiva,
es un fenómeno social.
Es importante destacar que ese fenómeno
social es diferente en cada país y desde
luego, en cada continente. Esta es la razón
de la gran diversidad y riqueza musical que
hay en el mundo. Cada oyente —dependiendo
su origen— decodifica la música de una
manera determinada. De este modo, para un
argentino, hay organizaciones musicales
que serán puro ruido; pero para un chino,
quizás esas mismas combinaciones sean la
melodía más intensa y bella. De cualquier
modo, el cerebro necesitará intentar
ordenar esos sonidos (o ruidos) para
1

Desde luego, nos referimos al ritmo en tanto duración.

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