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La Gran Senda de Málaga en la Costa del Sol Oriental
Esta cercanía de la montaña y el mar se
traduce en que las infraestructuras lineales de
la gestión del territorio deben encauzarse por
un estrecho pasillo por el que los costes son
menores. Las primeras vías de comunicación,
destinadas más al tránsito comercial y de
personas entre las vegas de Vélez y Nerja y la
capital, se situaron al lado mismo de las playas.
La carretera Nacional 340 y el ya desaparecido
Ferrocarril Suburbano ocuparon los primeros
lugares, enlazando los pequeños núcleos marineros entre sí, constriñendo en muchos casos
los sistemas dunares y horadando las rocas con
trincheras y túneles.
Las fértiles vegas de los ríos principales,
antaño ensenadas navegables, estaban a
principios del siglo pasado ocupadas con los
GR-249 Gran Senda de Málaga
I
cultivos tradicionales a los que se habían ido
uniendo la caña de azúcar, generadora de una
floreciente industria azucarera que cambió
completamente el paisaje axárquico. Pero
estaba por aparecer el fenómeno turístico,
con un efecto amortiguado en esta comarca
pero derivado de la fuerza centrífuga de litoral
occidental y copiando su modelo. Aunque los
campos de golf son aquí testimoniales, hoteles
y empresas de servicios se instalaron también
lo más cerca posible del agua y la arena por su
efecto llamada hacia los visitantes. Y en esto
que en el cambio de siglo se produce el boom
inmobiliario, que a falta de más sitios llanos
distribuyó las urbanizaciones y su red de viales
en las laderas de las lomas, conformando ciudades dormitorio y comenzando el fenómeno
del turismo residencial.
Esta cada vez mayor actividad
humana necesitaba un aporte de
agua constante y de calidad que
se solventó principalmente con el
Pantano de La Viñuela, en el valle
del Río Vélez, un entorno que el
GR-249 permitirá observar desde
Periana. El problema del colapso
del tráfico debido a lo congestionada que quedaba la circulación
de vehículos, en la que ya era de
facto una larga travesía, requirió
de la construcción de varias rondas
en la capital y de la Autovía del
Mediterráneo, una magna obra que
en la práctica, debido a la orografía,
se ha concretado en altos viaductos
y sucesivos túneles a media falda
de los cerros de esquistos.
Sólo faltaba gestionar adecuadamente los residuos sólidos y, sobre
todo, los líquidos. Estos suponían
un grave problema logístico por la
escasez de emplazamientos adecuados para las Estaciones Depuradoras
de Aguas Residuales (con las vegas
de los ríos como emplazamientos
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