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REVISTA COFRADE PPRIMERA TRABAJADERA Nº1
HÁGASE
Primera Trabajadera, que tan admirablemente trata de hacer llegar la actualidad
del mundo cofrade, me pide una breve colaboración para este número que sale justo antes de que comience el Adviento, así que aprovechando este precioso tiempo
litúrgico en el que esperamos la llegada de Nuestro Salvador Jesucristo, recordando
la primera venida hace más de 2000 años, pero mirando a la venida última cuando
este mundo llegue a su plenitud, uniéndonos al Padre en una vida sin fin, llena y
plena, quiero hacer llegar una pequeña reflexión sobre la figura de María, la Virgen
Madre de Dios, que es central en este tiempo de Adviento que ya mismo inauguraremos.
El caso es que con la fiesta de la Inmaculada Concepción de María tan cercana,
siempre que pienso en María, delante del Ángel, en la Anunciación, recibiendo la
noticia de que iba a ser la Madre de Dios, no puedo por menos que reconocer en
mí un sentimiento de sorpresa y admiración, una emoción próxima al silencio
asombrado al pensar en cómo una muchacha, aparentemente no muy diferente a
cualquiera de las demás de su tiempo, fue capaz de fiarse tan radicalmente de
Dios... de dejarse sorprender y de aceptar la sorpresa de Dios... y es que eso de la
sorpresa es algo muy de nuestra fe, muy del Adviento...
Cuando el pueblo judío se imaginaba al mesías, lo último que se le podía pasar por
la mente era que naciese pobre, en un pesebre, escondido... ellos pensaban en un
rey fuerte, glorioso, poderoso... rodeado de oropeles, faustos e inciensos… que
vendría a liberar a su pueblo y llevarlo a su plenitud… y llegó un hombre, nada
más... y nada menos. Un hombre como todos, pero muy distinto a todos... Dios sorprendiendo siempre... pues sí que trajo liberación y plenitud, pero no al modo de
cómo los hombres piensan, sino al modo de la sorpresa de Dios.
Siempre me ha llamado la atención de este nuestro Dios, esa capacidad de sorprender, de hacer las cosas como nadie se imagina. Y de María, nuestra Madre, la Virgen, me parece sorprendente y fascinante esa capacidad de acoger esa sorpresa...
su "hágase en mí", su fiarse libremente, su dejar que Dios fuese el protagonista de
su vida...
