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En Ruta

S ur y O este

Noviembre 2013

De paseo por San Millán, tan cerca y tan lejos ...
]] Texto y fotos

Víctor Martín Brioso

S

ALIR de casa con lo puesto, temprano pero sin
matarnos, a dar un paseo
por el monte; sin tener que coger
coche, autobús, tren o metro…;
eso si que da gusto.
Cogemos desde La Solanilla,
el
camino
de
Barzales.
Remontamos la primera cuesta
hasta alcanzar el enorme depósito de agua. Nos olvidamos, como
de tantas cosas, de varios desvíos
que entran, o salen, a nuestra
izquierda. A la derecha empieza
a empinarse, tampoco con
mucho afán, el cerro de la
Guachi.
Campos labrantíos, algunos
trabajados; ahora es cuando se ve
el resultado del sudor del agricultor. Anoche ha llovido, y entre
los brillantes pámpanos hermosos racimos de garnacha enrojecen el verde que corona las
cepas. Huele bien, el campo

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camino, al otro lado sale una
vereda medianeja, que seguiremos con la atención necesaria
para no perderla.
Unos minutos mas adelante,
ignoramos un ramal que baja a la
derecha, junto a un enebro; y
otro, un poco mas adelante, también a la derecha, lo ignoramos
igual. Seguimos por la vereda, la
pequeña mole de San Millán
parece ya al alcance de la mano.

En un par de puntos hay
que echar las manos a la
piedra para facilitar las
cosas

Amaneciendo desde San Millán

Otra cuesta hacia abajo, y una
vez en el llano, donde se acumu-

abandonamos el camino para
seguir el desvío de la derecha.

Canto del Higuerón.
Lo atravesamos, y llegamos a la

Entonces el camino gira a la
izquierda,
dirigiéndose
a
Navaoncil.
Bajamos
unos
metros, hasta un desvío, apenas
marcado, que se dirige, a la derecha, directo de nuevo hacia San
Millán. Apenas es un rastro, y
hay que seguirla con atención
pues el tramo que viene ahora,

Campos
labrantíos,
algunos bien
trabajados;
ahora es
cuando se ve
el resultado
del sudor del
agricultor

mojado. Hasta los molestos pajitos secos que otros días se cuelan
por las botas están hoy, húmedos, sin ganas de molestar a
nadie.
Después de una segunda
cuesta, empinada pero cortita,
llegamos a la lancha de
Valcamello, para el que suscribe
uno de los grandes miradores de
San Martín.
Lástima que sea pronto para
echar un bocado, porque el sitio,
sin duda, lo merece. El Tiemblo,
Cebreros, el arranque de Gredos
y la Paramera, con el enhiesto
Zapatero, son algunas de las
cosas que se ven desde aquí. Y
bajando se siguen viendo.
A nuestro lado el monte se va
comiendo la tierra de labor.
Restos de viejos incendios, a un
lado y a otro. De pronto, el camino parece hundirse y la pendiente se tira casi a degüello hacia
Navaoncil.
Seguimos nuestro camino,
ignorando los desvíos que, a la
derecha, nos llevarían a
Trasierra, y a la izquierda, que
nos dejaría en el carril del Rey.

Desde San Millán, Las Cabreras entre la niebla

El Tiemblo, desde la lancha de Valcamello

la un buen montón de arena de
las escorrentías de la pendiente,

Tras una pequeña subida, llegamos al prado donde se yergue el

carretera que va a Canto
Redondo. Justo enfrente del

Cabeza de Parra, flotando sobre las nubes

entre enormes piedras y árboles
caídos hace que llegar arriba no
sea tarea fácil. En un par de puntos hay que echar las manos a la
piedra para facilitar las cosas.
Así llegamos a una antecima,
rocosa al principio y pradera después. Al fondo, a sólo unos
metros, la cima de San Millán.
Sin ser difícil, hay un paso donde
no hay que pararse a pensar que
pasaría si perdiéramos, por
casualidad, pie.
Lo que si que debemos llevar
cuidado en no perder, es el
espectáculo que se ve desde aquí.
Ahora es cuando hay que sacar
bota, pan y queso, y disfrutar de
lo que vemos. Cuando volvamos
a casa, Dios dirá.