Sur y Oeste 18 PDF.pdf


Vista previa del archivo PDF sur-y-oeste-18-pdf.pdf


Página 1...21 22 2324

Vista previa de texto


En Ruta

S ur y O este

Agosto 2013

23

Burguillo. Paz y soledad
Víctor Martín Brioso

]] Texto y fotos

l Burguillo, poco más
grande que nuestro habitual San Juan, remansa
sus aguas, afortunadamente para
él, quizá por la distancia, tal vez
por el mayor frescor de su entorno, casi a salvo del turismo veraniego.
A últimos de julio, y en una
excursión que demandó cinco
horas y media de intenso paleo,
este servidor de ustedes tuvo la
fortuna de saludar, a lo largo de
la ruta, a dos personas, y de ver
muy poquitas más. Ya está el
ermitaño, habrá quien piense,
pero poder dedicarse, en estos
litorales interiores, a contemplar
el paisaje, a escuchar a los pájaros, sin que los demás le impongan a uno sus ganas de oír música, los decibelios de su motor, o
la conducción temeraria de sus
lanchas, es un auténtico placer.
Que en este caso tiene mucho

vista, con el corazón, pero enseguida la pierdo entre los fresnos.
Paro a echar un trago en el
albergue, y sobre todo, a visitar a
una vieja amiga. Sonríe mientras
le cuento mis penas, y me convence de que no todo el tiempo
pasado fue mejor. Y con las tripas sacadas de mal año con agua
y bollos, y la mente reconfortada
y alegre con una sonrisa, de esas
que tan a menudo guardamos,
huraños, para que nadie las aproveche, me vuelvo al agua.

E

Cruzando la bocana
de la Gaznata vienen a
verme tres gaviotas
reidoras

Las nubes y el viento vienen de la Rinconada

milano, pues apenas un centenar
de metros más allá, un pariente

que va hacia Navaluenga (o que
viene, también pudiera ser), se
va haciendo presente a mi derecha, en el margen izquierdo del
pantano. Contra lo que pudiera
parecer, no es molesta, e incluso
un coche me hace sentir importante cuando para a un lado y se
bajan, papá, mamá y dos niños, a
decirme adiós con la mano.
Contesto agitando el sombrero, y

Nada que ver con esos mamotretos de hormigón y acero, o los

Cuando paso junto al prado
de los almuerzos, la cigüeña se
ha ido; no queden ustedes nunca
con una cigüeña, son malquedas
de natural. O quizás se haya ido
a volar, a disfrutar de éste viento
del oeste, que acompañando un

El Burguillo remansa
sus aguas a salvo del
turismo veraniego

Pasando la Rinconada

que ver con la paz; con la soledad.
Cruzo, con curiosidad, desde
la casa forestal de Las Cruceras,
a la otra orilla, la del Barraco,
justamente hacia el castillete que
se ve desde la carretera de Ávila,
sobre un pequeño islote; y que
aconsejo fervientemente que se
siga viendo desde lejos.
Cruzando la gran bocana del
arroyo de la Gaznata, con su
enorme puente al fondo, vienen a
ver qué hay debajo de mi sombrero, tres gaviotas reidoras.
Parecen clavadas en el aire,
moviendo apenas las alas, dominando un medio, el aire, que a
veces echo de menos.
Un poco más adelante, por
Las Covachas, un milano negro
saca delante de mis narices,
como un prestidigitador, un pez
del oscuro fondo de su sombrero,
el agua. No me invita, y no le
digo nada para convencerlo, pues
me da la espalda, mientras sobre
una piedra se dedica, con tranquilidad, a comer. Debe ser la
hora del aperitivo, si uno es un

del anterior, sobre otra piedra
(probablemente también pariente

los chavales gritan encantados.
Afortunadamente, una terapia a
tiempo consiguió que ya no me
pare cada vez que veo un niño, a
subirle a mi barco y darle un
paseo…
En fin, sigo adelante.
Empieza a haber casas. A cierta
distancia, unas de otras, y con

La cigüeña que me dejó plantado

de la anterior), se dedica a hurgar
en el interior de una carpa terciadita. Poco a poco, la carretera

apariencia de haber sido construidas en otra época, no rompen
la serena belleza del pantano.

El pantano se va estrechando hacia el Venero

espantosos edificios de apartamentos de las orillas de San
Juan. Por aquí el pantano se va
estrechando, y aprovecho para ir
por el centro, contra mi costumbre, para admirar las dos orillas.
A mi izquierda, los fresnos
han ido ganando terreno a los
pinos, y conforman un bosquete
delicioso. Se va alisando el terreno a los lados, y quedo con una
cigüeña a comer en un prado,
justo enfrente de la curva de los
Italianos.
Hace ya muchos años, solíamos comer en ese mismo prado
cuando salíamos de excursión
desde el albergue. Le pido a la
esbelta y fijona zancuda que
reserve una sombra, en el rinconcito de siempre…
Llegando al puente del venero, se acaba el Burguillo. Aún
puedo palear unos metros al
encuentro del río, cuando una
majestuosa garza imperial rompe
el aire (no, no lo rompe; es imposible que algo tan bello pueda
romper nada), apenas unos
metros a mi lado. La sigo con la

buen grupo de nubes, va colándose, cada vez con más fuerza,
desde Lanchamala. Decido aprovechar la circunstancia, y las olas
también, cada una con su borreguito en la cresta, y me lanzo a
un paleo furioso, que en menos
tiempo del que tarda en decirse,
me deja en la Rinconada. Lindas
playas,
las
mejores
del
Burguillo. En nada, viento
mediante, llego a las Cruceras;
apenas llevo cinco horas y media
paleando, y parece que llevo aquí
toda la vida.
Un alcotán al que no consigo
ver pía, siempre con prisa, tratando de hacer que su tardía
pollada arranque a volar. Salgo
de la piragua, la cargo al hombro
y camino hacia el coche. Aunque
nadie se lo crea, voy más ligero
que esta mañana.