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eso forma parte de un diálogo; no puede ser una
mera confesión que nace del individuo. Es posible responder en primera persona, « creo », sólo
porque se forma parte de una gran comunión,
porque también se dice « creemos ». Esta apertura al « nosotros » eclesial refleja la apertura propia
del amor de Dios, que no es sólo relación entre el
Padre y el Hijo, entre el « yo » y el « tú », sino que
en el Espíritu, es también un « nosotros », una comunión de personas. Por eso, quien cree nunca
está solo, porque la fe tiende a difundirse, a compartir su alegría con otros. Quien recibe la fe descubre que las dimensiones de su « yo » se ensanchan, y entabla nuevas relaciones que enriquecen
la vida. Tertuliano lo ha expresado incisivamente,
diciendo que el catecúmeno, « tras el nacimiento
nuevo por el bautismo », es recibido en la casa
de la Madre para alzar las manos y rezar, junto a
los hermanos, el Padrenuestro, como signo de su
pertenencia a una nueva familia.34
Los sacramentos y la transmisión de la fe

40.  La Iglesia, como toda familia, transmite a
sus hijos el contenido de su memoria. ¿Cómo hacerlo de manera que nada se pierda y, más bien,
todo se profundice cada vez más en el patrimonio
de la fe? Mediante la tradición apostólica, conservada en la Iglesia con la asistencia del Espíritu
Santo, tenemos un contacto vivo con la memoria
 Cf. De Baptismo, 20, 5: CCL I, 295.

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