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Tiene que ver ciertamente con nuestra afectividad, pero para abrirla a la persona amada e iniciar
un camino, que consiste en salir del aislamiento del propio yo para encaminarse hacia la otra
persona, para construir una relación duradera;
el amor tiende a la unión con la persona amada.
Y así se puede ver en qué sentido el amor tiene
necesidad de verdad. Sólo en cuanto está fundado en la verdad, el amor puede perdurar en el
tiempo, superar la fugacidad del instante y permanecer firme para dar consistencia a un camino
en común. Si el amor no tiene que ver con la
verdad, está sujeto al vaivén de los sentimientos
y no supera la prueba del tiempo. El amor verdadero, en cambio, unifica todos los elementos de
la persona y se convierte en una luz nueva hacia
una vida grande y plena. Sin verdad, el amor no
puede ofrecer un vínculo sólido, no consigue llevar al « yo » más allá de su aislamiento, ni librarlo
de la fugacidad del instante para edificar la vida
y dar fruto.
Si el amor necesita la verdad, también la verdad tiene necesidad del amor. Amor y verdad no
se pueden separar. Sin amor, la verdad se vuelve
fría, impersonal, opresiva para la vida concreta
de la persona. La verdad que buscamos, la que
da sentido a nuestros pasos, nos ilumina cuando el amor nos toca. Quien ama comprende que
el amor es experiencia de verdad, que él mismo
abre nuestros ojos para ver toda la realidad de
modo nuevo, en unión con la persona amada.
En este sentido, san Gregorio Magno ha escrito
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