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Los Protocolos de los Sabios de Sión

iniciado, así como todos los que han salido de su seno, se
sume en discusiones partidarias que le impiden toda
posibilidad de acuerdo, aun en cuestiones basadas en
argumentos concretos. Las decisiones de las masas
dependen de una mayoría, casi siempre casual y
momentánea; se la prepara con anticipación, ya que, en su
ignorancia de los secretos políticos, adopta disposiciones
absurdas y siembra en los gobiernos el germen de la
anarquía.
La política no tiene nada que ver con la moral. Un
jefe de estado que pretenda gobernar con arreglo a leyes
morales, no es hábil y, por tal, no este bien afianzado en
su asiento. Todo el que quiera gobernar debe recurrir al
engaño y a la hipocresía. En política, el honor y la
sinceridad se convierten en vicios que despachan a un
mandatario más pronto que sus mayores enemigos.
Afirmamos dichas cualidades para los gentiles; pero
nosotros, bajo ningún concepto, nos sentimos
comprometidos con ellas.
Nuestro derecho reside en la fuerza. El vocablo
derecho expresa una idea abstracta, sin base e inaplicable;
ordinariamente, significa: proporcióname cuanto preciso
para sojuzgarte. ¿En donde empieza el derecho? ¿En
donde termina? en un estado desorganizado, el poder de
las leyes o el del soberano se disipan por la incesante
usurpación de las libertades; en este caso, procedo con la
fuerza para destruir los métodos y reglamentos existentes:
me apodero de las leyes, reorganizo las instituciones y, así,
me convierto en dictador de quienes, libremente, han
renunciado a su poder y nos lo han rendido. Nuestra
fuerza, dada la situación quebradiza de todos los poderes
civiles, será mucho mayor que ninguna otra porque,
siendo invisible, no podrá ser atacada; y llegara el día en
que sea tan impetuosa que ningún acto de astucia pueda
destruirla.

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