EXHORTACIÓN APOSTÓLICA FAMILIARIS CONSORTIO (1).pdf

Vista previa de texto
contribución. A este cometido les habilita su carisma y don propio, el don del
sacramento del matrimonio[15].
Situación de la familia en el mundo de hoy
6. La situación en que se halla la familia presenta aspectos positivos y aspectos
negativos: signo, los unos, de la salvación de Cristo operante en el mundo;
signo, los otros, del rechazo que el hombre opone al amor de Dios.
En efecto, por una parte existe una conciencia más viva de la libertad personal y
una mayor atención a la calidad de las relaciones interpersonales en el
matrimonio, a la promoción de la dignidad de la mujer, a la procreación
responsable, a la educación de los hijos; se tiene además conciencia de la
necesidad de desarrollar relaciones entre las familias, en orden a una ayuda
recíproca espiritual y material, al conocimiento de la misión eclesial propia de la
familia, a su responsabilidad en la construcción de una sociedad más justa. Por
otra parte no faltan, sin embargo, signos de preocupante degradación de
algunos valores fundamentales: una equivocada concepción teórica y práctica de
la independencia de los cónyuges entre sí; las graves ambigüedades acerca de la
relación de autoridad entre padres e hijos; las dificultades concretas que con
frecuencia experimenta la familia en la transmisión de los valores; el número
cada vez mayor de divorcios, la plaga del aborto, el recurso cada vez más
frecuente a la esterilización, la instauración de una verdadera y propia
mentalidad anticoncepcional.
En la base de estos fenómenos negativos está muchas veces una corrupción de
la idea y de la experiencia de la libertad, concebida no como la capacidad de
realizar la verdad del proyecto de Dios sobre el matrimonio y la familia, sino
como una fuerza autónoma de autoafirmación, no raramente contra los demás,
en orden al propio bienestar egoísta.
Merece también nuestra atención el hecho de que en los países del llamado
Tercer Mundo a las familias les faltan muchas veces bien sea los medios
fundamentales para la supervivencia como son el alimento, el trabajo, la
vivienda, las medicinas, bien sea las libertades más elementales. En cambio, en
los países más ricos, el excesivo bienestar y la mentalidad consumista,
paradójicamente unida a una cierta angustia e incertidumbre ante el futuro,
quitan a los esposos la generosidad y la valentía para suscitar nuevas vidas
humanas; y así la vida en muchas ocasiones no se ve ya como una bendición,
sino como un peligro del que hay que defenderse.
La situación histórica en que vive la familia se presenta pues como un conjunto
de luces y sombras.
Esto revela que la historia no es simplemente un progreso necesario hacia lo
mejor, sino más bien un acontecimiento de libertad, más aún, un combate entre
libertades que se oponen entre sí, es decir, según la conocida expresión de san
Agustín, un conflicto entre dos amores: el amor de Dios llevado hasta el
desprecio de sí, y el amor de sí mismo llevado hasta el desprecio de Dios[16].
Se sigue de ahí que solamente la educación en el amor enraizado en la fe puede
conducir a adquirir la capacidad de interpretar los «signos de los tiempos», que
son la expresión histórica de este doble amor.
Influjo de la situación en la conciencia de los fieles
