Catálogo Exposición de Francisco Mateos GalerÃa Orfila.pdf

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El momento de Francisco Mateos.
Gaya Nuño será también el autor de los textos de los catálogos de varias de las
exposiciones que se pueden considerar claves en la trayectoria de Mateos. Así,
escribe el breve ensayo (6) que acompaña su exposición itinerante en el Ateneo
de Barcelona, primero, en 1957, y el Ateneo de Madrid, al año siguiente, si bien
esta última tiene, además, un catálogo aparte, cuyo texto de presentación es
de otro crítico fiel: Antonio Manuel Campoy. Esta muestra supone un punto de
inflexión en la carrera de Mateos y marca el inicio de su reconocimiento, como
a su vez, hasta mediar aproximadamente la década siguiente, el momento
álgido o de madurez plena de su creación, sin que ello desmerezca en absoluto
su obra posterior, pues Mateos, pese a su característico e inconfundible estilo,
fue un artista en constante cambio y evolución. Aquellas exposiciones obtienen
un unánime reconocimiento de la crítica, que se hará oficial cuando se le
concede el Premio Anual de la Crítica de Artes Plásticas, Medalla Eugenio
D’Ors, a la mejor exposición del año en Madrid, por su individual en la galería
Mayer, en 1960, que dirigía Eduardo Llosent, y en cuyas deliberaciones del
jurado -según se cuenta, nada tranquilas por las implicaciones de semejante
decisión - fue decisiva la actuación de Antonio Gaya Nuño. Un año antes, había
recibido el Premio Acento de Pintura (concedido por esta revista universitaria
que, bajo el camuflaje del SEU, estaba infiltrada, en realidad, por jóvenes de
izquierda que hicieron de ella un referente imprescindible de las corrientes
culturales, literarias y artísticas más avanzadas y comprometidas de entonces),
rompiendo su ayuno de premios hasta ese momento y de cuyo jurado habían
formado parte Gaya Nuño -de nuevo -, Julio Castro, Tharrats, Antonio Leyva
y José Mª Moreno Galván.
Este cambio de década es también el momento de Mateos, por cuanto los
nuevos aires del arte en España parecen, esta vez, soplar claramente a su
favor, al producirse una auténtica reactivación de la figuración expresionista,
producto de cierta extenuación del Informalismo (El Paso se había disuelto en
1959). A ella se suman tanto jóvenes pintores como otros de muy reconocida
trayectoria, contando con el apoyo decidido de la crítica más avanzada del
momento (Ángel Crespo, José Mª Moreno Galván, Giménez Pericás…). Así,
una primera exposición colectiva en la galería Biosca, en 1960, da cuenta de
un grupo, aunque la muestra carece de título, ni éste se constituye propiamente
como tal, de pintores expresionistas: Díaz Caneja, García Ochoa, Mateos,
Joaquín Pacheco y Zabaleta. Pronto aparecerán otros nombres, pero, en
cualquier caso, dicha reactivación venía acompañada –y no tangencialmente de un ruido de fondo que tenía que ver con las discusiones teóricas y los
posicionamientos de diversos artistas en torno al compromiso, la relación entre
arte y sociedad, en un momento, en España, de creciente agitación social y
política. Descartadas, por estéticamente obsoletas, fórmulas como las del
realismo socialista, la asimilación del lenguaje expresionista resultaba la opción
más atractiva y convincente, más aún debido a su absoluta contemporaneidad.
Es el origen del grupo Estampa Popular, a cuyo núcleo fundacional, en 1959,
en Madrid (José Ortega, Javier Clavo, Zarco, Zamorano, Ortiz Valiente…), se
incorporan, a los pocos meses, Mateos y, seguidamente, Antonio Saura.
Casualmente, ese año de 1959, Mateos había vuelto a grabar, tras décadas sin
hacerlo, realizando una serie a punta seca, siendo ahora el linóleo, debido a lo
