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Editorial

Milagros inesperados...
No nos asusta tanto el carácter destructivo de algunas de nuestras conductas como sorprendernos con la singularidad en el otro (o tal vez en nosotros mismos)

A

noche caminaba por una de las
mil calles de mi ciudad, sintiendo
uno de los últimos fríos del año, entre
la escasa gente que se había animado a
salir, pero en vez de seguir mis pasos,
o revisar mis huellas, me encontré con
una vieja amiga.
La Luna llena, ese inmenso ser que me
hace saber, al menos una vez por mes
y si me acuerdo de levantar la vista, lo
pequeño que soy, mi diminuta importancia en el infinito concierto de todas
las energías Universales.
Y sin embargo, mientras su luz
plateada me cubría y protegía la sinuosa danza de mis pensamientos, sentí
el torrente del río de la vida, esa inexplicable y misteriosa fuerza que nos
hace materia consciente de sí misma y
de su entorno.
Estoy vivo, me dije silenciosamente
con la luna de testigo, y tengo la oportunidad única de maravillarme de todo
lo que me rodea, libre de cualquier a
tadura cultural o social.
¿Qué estoy haciendo con el fuego que
recibí para contagiar y pasar antes de
apagarme?
Y me di cuenta que una de las cosas
que hago con alegría es disfrutar de la
reconexión con mis instintos y mis intuiciones, y la otra es compartirlo con
aquellos a quienes pueda brindarle una
perspectiva diferente de la vida. Sin lecciones, sin bajadas de línea, sin ningún
título que termine por aferrarme a la
cáscara de un huevo que ya no esté allí.
3

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Y así, me senté a escribirte, una esplendorosa mañana de domingo, mientras
las últimas sombras del otoño se evaporaban con los centelleantes destellos
del sol que vuelve a gobernarnos, una
breve carta para vos, esa persona, conocida o no, pero momentáneamente
invisible, que se termina por encontrar
con estas palabras.
Volvemos a encontrarnos en las páginas de la revista, luego de una breve
ausencia, justificable pero sin necesidad de ser justificada. Para compartir
señales, ideas, casos y artículos sobre
esta pasión que nos hermana: el amor
por las terapias naturales.
Tenemos mucho que hacer en este terreno, que no es otro que el de la vida,
para aprender, pulirnos y desenterrar
conocimiento que nos es brindado por
el Universo para ser tomado y utilizado
en beneficio de nuestra evolución.
Cada vez se acercan más profesionales
a conocer y reconocer las relaciones
entre nuestros pensamientos, emociones y las señales que emite el cuerpo
físico. Cada vez se vuelven más naturales en el lenguaje y en la sociedad la implicancias de ese mensaje que tuvimos
el honor de presentar formalmente
hace casi 25 años: nada más y nada
menos que las simples y profundas palabras de nuestro amado Dr. Bach.
Para abrir las puertas de esta edición,
siendo que las palabras son energía que
transforma, les regalo una poesía que
llamo “Plegaria de amor”, una forma de

saludar cada nuevo día emitiendo sentimientos plenos a nuestros seres queridos:
Quiera el sol nacer cada día
con tu sonrisa.
Quiera la luna reflejarse noche a noche
en el mar de tu belleza.
Quiera la tierra detenerse tan sólo un
instante
cuando sol y luna
son uno en el horizonte.
Y desde algún punto infinito
de su milenaria superficie,
quiera Dios permitirme
contemplar la conjugación mágica,
contemplarte de cerca y de lejos,
simplemente contemplarte...
Pequeño y gigante a la vez, con una
oportunidad milagrosa y única de participar de la vida. Y si recibís y decodificás estas palabras, sos otro ser que
recibió la mágica antorcha.