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Los pozos, las maguas y las ceras.pdf


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la boca, ¿no?, la boca del pozo,
empezaban de aquí de mayor a
menor, va disminuyendo el ancho,
y entonces el pozo aquí arriba es
más ancho, y en el fondo, es más
estrecho”.
Entonces, ¿se parece a
este, Agustín?
“Sí, sí, sí, sí, sí, sí, sí, y el
que estaba en el Barranco de la
Ceras, era igual que ese también”.

Un cuarto pozo estaba presente en la zona, a unos 200 metros del anterior, en la desembocadura del barranco o callao de Las
Ceras. También y por desconocimiento, insensibilidad con el patrimonio arquitectónico o dejadez,
actualmente también se encuentra
sepultado bajo escombros debajo
de una jardinera.

“La del pozo, era como
agua Carabaña esa que venía
embotellada para purgar. Yo me
llegué a purgar más de cuatro veces con esa agua, y la gente que
venía aquí de La Zarza y más sitios. Desde luego, para beber, esa
agua no servía, no, no no…”.
“Los pozos eran iguales los
dos, las mismas formas de las piedras y todo. Más bien la forma era
para eso, para bañarse. Incluso la
gente salía de la playa y luego iba
allí a lavarse… un poco de jabón
corriente de ese que había antes… Se lavaban, se secaban y se
quitaban un poco el salitre”.
“La diferencia entre los dos
es que el del barranco de la Ceras
se llenaba y se inundaba de agua,
mientras que el otro tenía el agua
siempre”.
En los años ochenta, la
Congregación de Salesianas de
Tenerife compró parcelas urbanas
en el lugar de la playa de El Pozo,
edificando años más tarde una
residencia de descanso. De este
modo, el pozo quedó sepultado
bajo los escombros.
Los responsables del terreno y los que organizaron los
planes urbanísticos ignoraban el
valor histórico y los vínculos tan
fuertes que tenían los vecinos del
lugar con el pozo, sobre todo para
aquellos que se criaron en su entorno.
El pozo salobre era un elemento importante y antiguo. No
por casualidad, la playa de El Pozo
tomó su nombre de este.

“Y por arriba de esa cueva,
había una calzada, y por debajo
de la calzada había otro pozo,
pero aquél era mayor que este de
aquí, [refiriéndose al de la playa
de El Pozo]”.
“La boca era casi de tres
metros, la recuerdo. Agua no le vi
nunca, la verdad es esa, pero sé
que era mucho mayor por la altura que tenía desde la calzada que
hicieron para subir hasta la cueva…tenía bastante altura”.
En el barranco de Las Carretas, donde Faustino tenía la
cueva, dándole la espalda al mar,
subiendo a mano derecha. ¿es
así Agustín?
“Exactamente. Debajo del
carril que va para el sur… Desde
la playa, está como 100 metros
para arriba aproximadamente”.

Ilustr. 3:
Agustín Rodríguez Díaz
sobre el pozo del Barranco
Callo de Las Ceras.
Foto: Eulogio J. Díaz Rodríguez.

Entrevista a Agustín Rodríguez Díaz, apodado “El Negro”, de 83 años de edad. Playa
Honda. Las Ceras, 2 de febrero
2019.
Tiempo después de las
primeras entrevistas, Agustín recuerda la existencia de otro pozo
que veía de pequeño en el lugar
y me envía recado. Como los anteriores, éste también quedó bajo
escombros, tras las obras de la
autopista del sur en la década de
los años sesenta.
“Me quedé pensando estos
días para atrás, y estaba la cueva de tío Miguel, la cueva la última
arriba, después estaba la cueva
grande, que dentro tenía un… le
hizo Pancho Benito un horno, y
hacían el pan allí, mi padre y él.
Y después por la parte de arriba
estaba la cueva del chinchorro,
donde ponían todas esas cosas,
las redes viejas y eso…”.

“Yo trabajé con la compañía Dume, cuando hicieron la autopista. Y cuando escarbábamos
allí para sacar arena y cernirla,
salía agua, y era agua dulce. Así
que, yo me imagino que el agua
de aquel pozo era igual. Me imagino que era dulce”.
“Nosotros como teníamos
agua de estanques y eso, no
la bebíamos, pero yo la probé y
creo que se podía beber, era dulce. Al probarla se notaba un poquito más gruesa, salía clarita…
era dulce”.
“Yo creo que esta agua se
comunicaba con la punta que le
decimos “Aguadulce”. [La punta de la playa de Las Carretas
manaba agua dulce en un punto concreto. Hoy la cantidad que
fluye es muy poca, seguramente
debido a que las obras de la autopista del sur modificaron el cauce
subterráneo del acuífero]”
¿Cuántos escalones podía
tener el pozo?, ¿cómo era?
“Pues yo calculo que por
el ancho que tenía desde arriba,
tenía lo menos 4 ó 5 escalones.
Claro, no se veía bien porque el

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