Caja PDF

Comparta fácilmente sus documentos PDF con sus contactos, la web y las redes sociales.

Compartir un archivo PDF Gestor de archivos Caja de instrumento Buscar PDF Ayuda Contáctenos



LAS CERAS .pdf



Nombre del archivo original: LAS CERAS.pdf
Autor: Eu Diaz Rodriguez

Este documento en formato PDF 1.5 fue generado por Microsoft® Word 2016 / www.ilovepdf.com, y fue enviado en caja-pdf.es el 16/06/2019 a las 13:43, desde la dirección IP 78.30.x.x. La página de descarga de documentos ha sido vista 482 veces.
Tamaño del archivo: 1.1 MB (13 páginas).
Privacidad: archivo público




Descargar el documento PDF









Vista previa del documento


RECUPERACIÓN DEL TOPÓNIMO “LAS CERAS”

Eulogio J. Díaz Rodríguez. eudefasnia@gmail.com.
Amante, defensor de la naturaleza y los elementos patrimoniales.
Derechos reservados. Registro propiedad intelectual: TF-457-18.

Este pequeño artículo recoge la documentación básica y
fundamental ordenada cronológicamente y expuesta de la manera
más sencilla que he podido para la comprensión y la posible
recuperación del topónimo “Las Ceras”.
Este lugar de mar y costa del sureste de Tenerife era conocido en
el siglo XVI y XVII como “Puerto de La Cera”, y desde el siglo
XVIII, XVIIII y hasta bien entrado el siglo XX como “Las
Ceras”, asentándose la población y creándose el barrio a finales
de este último siglo.
Es interesante para una buena comprensión del trabajo, entender
que el topónimo de “La Cera o Las Ceras”, corresponde al lugar
de mar y costa y no a la zona superior. Por ese motivo, el
barranco en su tramo final, en su desembocadura, toma el nombre
“de la Cera/s” y la ahora playa de arena negra, “Callao de La
Cera/s”. Estos nombres se han mantenido históricamente hasta
nuestros días, sin embargo, el nombre del caserío o pueblo, no.
Al barrio se le cambió el nombre pasando a denominarse
erróneamente como “Las Eras” tras la ampliación de la autopista
del sur de Tenerife a de uno a dos carriles por sentido en el año
1987, cuando le cambiaron los carteles de acceso, estableciéndose
y manteniéndose el topónimo erróneo hasta la actualidad.
A continuación, intento presentar la información de manera
ordenada y sencilla, dar explicación al origen del topónimo, y

finalmente explicar por qué se comenzó a usar e instaló el
topónimo erróneo de “las Eras”.
Documento 1. Acuerdo comercial ante notario que muestra que
en la comarca de Abona existía un puerto denominado “De la
Cera” por el que se exportaba brea-pez en el año 1552, tan solo 56
años después de la conquista la isla de Tenerife.
Extraído de: SANTANA, L. (2003) La Virgen de Abona,
documentos inéditos para su análisis. Revista del Sureste, 5: 1725. Escribanía de Francisco Márquez. PN 422. Fol. 731(sic),
sigue al folio 738. Es el último documento del protocolo notarial.
“En La Laguna en 1552, en el cual Juan de Valverde y Nuño
Hernández Rebolledo vendieron a Arias Cardoso mil doscientos
quintales de pez, los doscientos puestos en el puerto del lugar de
La Orotava a la lengua del agua y los otros mil quintales puestos
en los puertos de Abona y de la Cera a la lengua del agua”
Documento 2. Fray Alonso de Espinosa. Del origen y milagros
de la Santa Imagen de nuestra Señora de Candelaria (…). 1594.
Capítulo Noveno.
Situándose en La Punta de Abona, Fray Alonso escribe sobre el
lugar que nos ocupa diciendo esto:
“También aparecía en estos tiempos, veinte años antes que la isla
se conquistase, gran cantidad de cera blanca en panes, en un
puerto cerca de aquí, que por esto le llaman el puerto de la
Cera”
Documento 3. Acuerdo comercial ante notario que sitúa un puerto
denominado “Puerto de la Cera” en la zona de Agache en el año
1620.
SANTANA, L. (2003) La Virgen de Abona, documentos inéditos
para su análisis. Revista del Sureste, 5: 17-25. Escribanía de
Francisco Bienvenido. PN 2823, folio ¿? (roto).

“La Orotava, 27 septiembre 1620. Luis Pérez Valladares, vecino
de la Villa, se obliga a entregar a Juan Tejera, almojarife,
cuarenta quintales de brea buena y limpia de dar recibir puesta y
pesada en el puerto de Abona en el puerto que dicen de la Cera
término de Agache”
Documento 4. Plano de Fasnia realizado por el cura de Arico
entre los años 1720-1723, “con motivo del pleito de esta
parroquia con la de Güímar por la jurisdicción de los feligreses en
del actual municipio de Fasnia” (Archivo Diocesano de Tenerife).
Rodríguez, Octavio. (1999). Fasnia: La gestación de un pueblo.
Pág. 101.
En el último párrafo del dibujo puede leerse perfectamente “Mar
y Puerto de Las Seras”

Documento 5. Entrevista que D. Pedro M. Ramírez hace a D.
Francisco Peraza, con motivo de la confección del “Diccionario
geográfico, histórico, estadístico y administrativo de las Islas
Canarias. 16 julio 1849. El municipio de Arico, entre otros
puertos, cuenta con uno denominado “Las Ceras”.
En el documento también se evidencia el cambio de otros
topónimos en la costa de Arico. No entro en detalles al respecto.

Documento 6. Mapa del Ejército de 1907. En él se cita
“barranco de Las Vigas o de La Cera”, con su nombre de
cumbre y de mar, ya que el barranco en tramos intermedios se
denomina “La Linde” o “Jurado”.

Documento 7. Primeras fotos aéreas catastrales, año 1956.
Desembocadura del Barranco en el Callao de La Cera. Archivo
Histórico de Tenerife.
“Barranco de La Linde o de Las Ceras”

Documento 8 Primeras escrituras notariales del lugar y también
primer planeamiento urbanístico de la zona por parte del
municipio de Arico, año 1979: “Las Ceras”.

Documento 9. Mapa del Servicio Geográfico del Ejército.
Formado en 1989 y publicado en 1992.

AMBAR GRIS; LA CERA MARINA

Pieza de cera marina recogida por D. Faustino Rodríguez Díaz en el Callao
de Las Ceras, años 60-70.

Hay muchísimos testimonios de la aparición de cera en las costas
del sureste de Tenerife hasta hace pocas décadas. Este asunto, por
evidente no voy a exponerlo ni tratarlo, y si alguien razonablemente
duda, creo que lo mejor que puede hacer es visitar el lugar y hablar
con los vecinos, especialmente con aquellos de cierta edad,
aquellos que han vivido y conocen bien el lugar.
Esta cera era aprovechada por la población local para hacer
candelas o velas, de la misma manera y exactamente igual que si
fuera cera de abeja.
Muchas personas piensan que este material era proveniente de
residuos de barcos, y esto no es así. Realmente esta cera, es la
secreción de cachalote, el vómito de los cachalotes después de
haber digerido y que se vuelve sólida. Aparece en zonas de costa
llevadas ahí por las corrientes, bien en forma de placas, si se

solidifican en superficie con el mar tranquilo, o bien en forma
esférica, en bolas, si son batidas por el mar. Es de color gris-mate,
negruzco o verde y tiene un olor peculiar dulce y terroso parecido
al del alcohol. Se asemeja y fue confundido con panes de cera de
abeja.
Actualmente la presencia de este material ha mermado muchísimo
en las costas, y lo ha hecho directamente proporcional a la
disminución de cachalotes en las aguas de Canarias. La caza de
estos cetáceos en aguas internacionales por flotas pesqueras de
balleneros en su periodo de migración, la contaminación de los
mares y las colisiones del tráfico marítimo rápido, especialmente
el interinsular canario, está acabando con la presencia de estos
maravillosos animales que durante millones de años han habitado
y usado estas aguas como criaderos; mayormente hembras con una
sola cría cada dos año. No entro en más detalles ni estudios, pero
en Canarias, cada año mueren más cachalotes de los que nacen.
Prueba de la aparición frecuente por el mar de esta sustancia es la
pervivencia en la toponimia de algunos enclaves costeros en toda
la geografía de Canarias como playa de El Ámbar en Mogán, playa
de El Ámbar en La Graciosa, playa de El Ámbar en La Aldea de
San Nicolás de Tolentino o el Morro de El Ámbar en Artenara.
Diferentes historiadores han escrito sobre la aparición de esta cera
en las costas canarias. Con la intención de no hacer demasiado
extenso esta exposión, sirva como único ejemplo. MANRIQUE, A.
M. (1873) Elementos de geografía é historia natural de las Islas
Canarias:
“En tiempos pasados solía aparecer en las riberas de estas islas
el ámbar gris, cálculo biliario del cachalote 'phiseter
macrocephalus', llamado el tigre del Océano por sus feroces
instintos. Llegó á recogerse en tal abundancia esta droga que por
ella se pagaba diezmo”.
Además, de los textos históricos se extrae la conclusión que esta
cera era usada por los antiguos canarios en rituales en las playas,
creando “codales” (candelas-velas) y dejándolas encendidas en las
playas en fechas señaladas dentro de su calendario lunar guanche

(2 febrero). MEDEROS, A. y ESCRIBANO, G. (2016)
Prospección arqueológica de la caleta de Adeje (Tenerife, Islas
Canarias). Revista de Historia Canaria, 198: 177-229.
“Por el tiempo de la fiesta de Nuestra Señora daban los naturales
de la sera que tenian escondida, sin darla a nadie, la ponian en la
plaia i se hacian desentendidos, traianla de Tagaos en panes i
labrada su forma a modo de codales cortos i gruezos, el pavilo de
algodón i cañamo mui fino, el color de la sera no es blanco ni
amarillo, alguna hubo teñida de verde: hasta el año que murio
Alonso de Lugo [1525] la traian de noche por la plaias de el Sur
Adexe i la de Icod”.
E incluso Fray Alonso de Espinosa, en el primer texto escrito de
la isla de Tenerife, publicado en 1594 en el capítulo dedicado a la
descripción de la isla dice, situándose, examinado y describiendo
las candelas que existían en la plat¡ya de la Punta de Abona,
Arico:
“Las candelas o velas que en estas playas se hallan, no son muy
blancas, más el pabilo no se deja entender de qué sea, porque ni
es estopa ni algodón, antes en alguna manera parece de seda
blanca torcida”
Resulta curioso como Fray Alonso no sabe, no conoce de qué
materiales estaban hechas aquellas candelas... Evidentemente,
eran confeccionadas de otra forma, por otra cultura y con otros
materiales a los que él conocía.
El detalle del uso en forma de candelas-velas, así como la
veneración que los antiguos tenían por esta cera marina no pasó
desapercibido a los frailes predicadores y curas durante el proceso
de colonización, y aprovechándose de esta circunstancia, las
introdujeron en las iglesias como reliquia para facilitar la
adherencia a los cultos católicos. Así quedó reflejado en varios
textos: Historia de Ntra. Sra. de Candelaria. Capítulo décimo: De
la cera que aparecía y se hallaba en panes en esta isla. Año de
publicación 1595:

“Para aumentación de la devoción de los fieles cristianos, donde
fuese mostrada alguna parte de la dicha cera, o dello fuese hecha
mención. Y recibí doce libras de la dicha cera, y así otras tantas
hice haber al mayordomo de la iglesia, para celebrar el culto
divino, de lo cual yo di cierta cantidad al muy reverendo en Cristo,
padre y señor, don Diego de Muros, obispo destas dichas islas y
obispado de Canaria, que aquí vino a visitar esta dicha isla e
iglesia della. El cual envió de la dicha cera a santa María de
Guadalupe, y a otras iglesias del dicho su obispado para que
tuviesen en reliquia”
A estas alturas de la lectura algunas personas estarán sorprendidas
por el uso de la cera del antiguo pueblo canario y concretamente
por la descripción que las crónicas dejaron concretamente en esta
pequeña parte del sureste de Tenerife, pero dejen que les cuente
algo más. Después de la imagen de la Candelaria, la segunda
imagen católica introducida por los predicadores en Tenerife
ocurrió en tiempos inmediatos a la conquista en la comarca de
Abona. En palabras de Fray Alonso de Espinosa. Historia en
Historia de Ntra. Sra. de Candelaria,1595:
“Otra imagen dicen haber aparecido en la playa de Abona, de
alto de poco más de un palmo, que la llaman Nuestra Señora de
Tajo”
Sabemos que durante más de doscientos años solo existió una
pequeña imagen católica en Abona, y que ésta, se denominó
“Virgen del Tajo” porque fue situada en el barranco del mismo
nombre. Lo que muy poca gente sabe es que primeramente a esta
imagen se la conoció como “Virgen de la Cera” …
Al menos resulta curioso saber que en la comarca existió un
puerto y una virgen con el mismo nombre: “Puerto de la Cera” y
“Virgen de la Cera”.
Este último dato se conoce por el testamento de un portugués
asentado en Tenerife, llamado Gonzalo Pérez y fechado en 1551,
quien construyó la primera ermita de la imagen en Abona. Así
queda reflejado en los registros notariales de El Realejo, en la que

en dos ocasiones nombra a la “Virgen de la Cera”, situándola en
la comarca de Abona:
La Virgen e Abona: Documentos inéditos para su análisis. Por
Lorenzo Santana. Pág. 20. SERRA RAFOLS ELIAS. Las Datas
de Tenerife. Libro I al IV de datas originales. Colección Fontes
Rerum Canariarum, Vol XII, 1978. Doc. 1121.
“Mando para la obra de ermita de Ntra. Sra. de la Cera que yo
hice en Abona una imagen de Ntra. Señora que cueste una dobla
y dos varas de ruán digo tres varas para un cielo en el altar”.
Otro asunto interesante es que el topónimo de “La Cera o Las
Ceras”, no es único ni exclusivo del sureste de Tenerife. En
Lanzarote, en el municipio de Yaiza y en la zona conocida como el
paraje natural de los Ajaches existe otra “Playa de La Cera” situada
a la vera de una montaña, y en ella, se sitúa un yacimiento
arqueológico muy interesante, que, entre otros elementos comunes,
cuenta con varios pozos salobres situados a escasos metros del mar,
con similares características a los que hasta hace no tantos años
existieron a la playa del Callao de Las Ceras, en la Playa de El Pozo
y en la Playa de Las Carretas…

LA CONFUSIÓN Y LA INSTALACIÓN DEL TOPÓNIMO
ERRÓNEO
A finales del siglo XVIIII el cultivo de cereales y la presencia de
eras de trillar se instala en zonas cercanas al lugar del “Puerto de
Las Ceras”, y la confusión comienza a instalarse poco a poco. De
esta manera, en un mapa militar elaborado por el Capitán Julio
Ardanaz en el año 1884, el “Barranco de La Cera” aparece
erróneamente como “Barranco de Las Eras”. Tenerife a través de
la cartografía. (1588-1899) Pág. 205.

Quizás este error pueda explicarse por el desconocimiento del
capitán sobre la aparición de cera marina y uso de ésta por parte de
la población, quizás porque no se fio de la pronunciación de los
lugareños, o porque pudo considerar que la presencia de eras de
trillar era más fiable para explicar el topónimo. Cierto es que se
trata del mismo barranco que nos ocupa, como cierto es también
que lo sitúa en una zona muy distante a la zona de mar y costa.
A pesar de todo, en los mapas sucesivos del ejército, el nombre del
barranco aparece corregido y fiel históricamente como “barranco
de Las Cera”. No obstante, la duda continúa instalándose en años
sucesivos y cada vez son más las personas que piensan que en
realidad se debe tratar de un error de mala pronunciación y
vocalización por parte de los paisanos.
Es importante entender que este mapa, junto con la presencia de
eras de trillar, la excusa sobre de la mala pronunciación fueron y
siguen siendo a día de hoy, los argumentos que decidieron a que el
lugar de MAR Y COSTA, conocido durante casi CINCO SIGLOS
de historia como ¨Puerto de la Cera o de Las Ceras”, pasase a
llamarse erróneamente como “Playa de Las Eras”, ignorando la voz
popular y las explicaciones sobre la aparición y uso de la cera
marina por los vecinos y lugareños de la comarca.

CONCLUSIÓN
No se trata de cambiar, el verbo adecuado es recuperar.
Defender este topónimo es defender también nuestro pedacito de
historia y nuestra identidad; lo que nos hace sentir únicos,
diferentes y orgullosos de nuestra tierra.

AGRADECIMIENTOS
- Faustino Rodríguez Díaz.
- Agustín Rodríguez Díaz.
- María José Frías Bermúdez.
- Mónica Frías Bermúdez.
- Gustavo Peña Tejera.
- Carlos Gustavo González Díaz.
- Noelia González Cruz.
- José Perea López.
- Tomás Rodríguez Rodríguez.
- Yésica Galdón Rodríguez.
- Candelaria Inmaculada González García, (Ada, Las Ceras).
- A todo el personal del Archivo Histórico de Tenerife, y de manera
especial por su gran trabajo al historiador e investigador D.
Lorenzo Santana Rodríguez.


Documentos relacionados


Documento PDF las ceras
Documento PDF los pozos y las ceras
Documento PDF proceso juridico resumen
Documento PDF programa i jornadas canarias tabaquisco epoc
Documento PDF ficha de inscripcion geohidrlogia ambiental
Documento PDF agnes heller una revisi n de la teoria de las necesidades


Palabras claves relacionadas