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LOS POZOS Y LAS CERAS .pdf



Nombre del archivo original: LOS POZOS Y LAS CERAS.pdf
Autor: Eu Diaz Rodriguez

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LOS POZOS Y LAS CERAS
(Los guanches y su culto a la luz)
Eulogio Jesús Díaz Rodríguez
eudefasnia@gmail.com
Amante, defensor de la naturaleza y de la etnografía

“Los de la banda del sur de color algo tostada y morena… Más los de la banda
del norte, eran blancos, y las mujeres hermosas y rubias y de lindos cabellos.”
Fray Alonso de Espinosa, 1594

1
Eulogio J. Díaz Rodríguez.

Diciembre de 2018

RESUMEN
Los cultos católicos introducidos tras la conquista de Tenerife sincretizaron los
rituales de purificación, fertilidad y culto a la luz de las mujeres guanches,
dejando candelas encendidas en la costa. Los restos de cera dieron nombre al
lugar: Las Ceras.

PALABRAS CLAVE
Cera; candela; luz; pozo; magua.

ABSTRACT
The Catholic images introduced after the conquest of Tenerife syncretized the
rituals of purification, fertility and tribute of guanche women, leaving candels
burning in the coast. The rest of waxes gave name to the place: Las Ceras.

ADVERTENCIA
Registro propiedad intelectual TF-457-18.

PREÁMBULO
En las últimas décadas ha habido gran confusión popular respecto a cuál debería
ser el nombre correcto para referirse a un pequeño pueblo de la costa sureste
de Tenerife, cuyo nombre histórico de las “Las Ceras” fue sustituido por “Las
Eras”.
Desde este último acontecimiento, algunas personas cambiaron la fonética
histórica, pronunciando ahora “Las Eras”. Otras más vinculadas al núcleo
resisten en un acto de rebeldía pacífica, pronunciándolo con la misma voz
antigua que siglos atrás: “Las Ceras”.
Dada la gran relación en los textos históricos sobre el uso de la cera por parte
de los guanches, y con la intención de aclarar el origen real del topónimo,
indagué al límite de mis posibilidades, obteniendo datos y conclusiones inéditas
que, de confirmarse, podrán aportar luz sobre algunas sombras de la historia de
Tenerife.
El trabajo está dividido en dos bloques: “Los Pozos” y “Las Ceras”.
El primer bloque, “Los Pozos”, es un trabajo de investigación en el que se
presentan diferentes referencias que explican la presencia de restos de cera en
la costa de Tenerife. Por cómo es este tipo de exposiciones, el trabajo en esta
parte precisa de una lectura tranquila y reflexiva.
El segundo bloque, “Las Ceras”, es mucho más sencillo, y en él se exponen los
cambios sobre la toponimia del lugar en cada momento histórico y hasta el
momento actual.
Si es usted un amante de la cultura canaria, si desea conocer un poco más esta
humilde parte del sureste de Tenerife o si desea cuestionar el trabajo, ¡adelante!

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Eulogio J. Díaz Rodríguez.

Diciembre de 2018

LOS POZOS
Existieron en la antigüedad en el sureste de Tenerife. Al menos cuatro pozos de
agua salobre situados a escasos metros del mar, de los cuales uno se conserva
y puede visitarse en la playa de Chimisay.
Este pozo está situado junto a la Cruz de Tea, que señala el lugar en el que la
imagen de la Candelaria fue hallada sobre una piedra. Al parecer, y según cuenta
la tradición oral, la imagen sorprendió a unos guanches que estaban cerca del
pozo1.
El pozo de Chimisay tiene unos tres metros de profundidad, y al igual que sus
paredes, su escalera está hecha con cantos de la playa. Su corona es de forma
circular, quizás algo elíptica y de cuatro metros aproximadamente de diámetro.
Cuando la marea sube, el agua del mar se destila, y el pozo presenta en su fondo
unos veinte centímetros de agua salobre. Actualmente está declarado Bien de
Interés Cultural (BIC) junto con todo el entorno del “Campo de Ceremonia”.

En el municipio de Candelaria y cercano a la cueva de Achbinico tenemos dos
referencias sobre la existencia en la antigüedad de un “pozo viejo y salobre”.
La primera referencia es del 4 de diciembre de 1534 y corresponde al momento
en el que el Cabildo de Tenerife cede los terrenos a la iglesia católica.
“la dicha casa y ermita e imagen de Nuestra Señora de Candelaria, con todo el
sitio a ella perteneciente y cueva en que primero estuvo y con todo el dicho sitio,
desde el Pozo viejo hasta la dicha cueva que ahora se llama de San Blas” 2.

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Eulogio J. Díaz Rodríguez.

Diciembre de 2018

Otra pequeña descripción de ese mismo pozo es recogida por el ingeniero
Antonio Riviere siglos después, en el año 1740. Por aquel tiempo, junto a este
pozo existían otro tipo de construcciones y elementos.
“Hay ynmediato al combento y iglesia de Nuestra Señora de Candelaria un
castillo cuadrado, con tres piesas de artillería de bronze. El castillo es nombrado
San Pedro, tiene agua en su sercanía que es dulze en bajamar y salobre en la
cresiente del mar” 3.

Es interesante exponer que, según la toponimia, otro pozo salobre pudo existir
en la “Playa del Pozo” de Candelaria, quizás en la desembocadura del barranco.
Con seguridad, un tercer y cuarto pozo estaban situados en la playa de Las
Ceras, Arico-Fasnia4. Uno en la playa de El Pozo y el otro en la desembocadura
del barranco o callao de Las Ceras:
Entrevista a Agustín Rodríguez Díaz, apodado “El Negro”, de 83 años de
edad. Playa Honda, Las Ceras. 3 noviembre 2018
“Desde que era pequeñito lo vi, los barcos los varábamos allí y todo… entonces
lo veíamos siempre”.
“La gente que venía de arriba de La Zarza, en el verano, cuando venían de
vacaciones, se bañaba también ahí, y nosotros, los que estábamos aquí, mis
primos y nosotros nos bañábamos siempre allí, como muchachos chicos hasta
desnudos nos bañábamos, con jabón de lagarto de ese que venía antes…”
“Pues el pozo, tenía aproximadamente… (lo piensa un segundo) tres metros de
profundidad”.
“De la misma piedra, de los mismos callaos de la playa, tenía una escalerita así,
de tres o cuatro escalones” (señala la altura con la mano).
“Cuando la marea subía… llenaba, y cuando vaciaba… se quedaba casi como
un poquito del suelo pal’ aire, como unos veinte centímetros así, poniendo más

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Eulogio J. Díaz Rodríguez.

Diciembre de 2018

o menos, y de ancho como un metro, un poquito más ancho que esto” (mesa de
su patio).
“Mi forma de pensar es que, al menearse el agua, al subir para arriba era más
de trasminaba, y al bajar… quedaría la dulce, pierde el salitre. El salitre se queda
en la tierra, y entonces sale más salobre, se filtra por debajo de la tierra…”
“Cuando la marea sube, tiene menos y cuando baja… se llena más el pozo. Que
es a lo que yo me refiero, ¿cómo es posible que con la marea llena tenga menos
agua, y con la vacía coja más? Yo digo que, si será que se queda encharcada
de allí pa’ arriba, y luego al bajar pa’ abajo, la que está pa’ detrás… sube más
altura”.
“Y si se caía una piedrita, a suponer, nosotros mismos la poníamos para que no
se esconchara… era redondo… yo me imagino que eso estaba desde el tiempo
los guanches, eso es una cosa antigua… ¡cualquiera sabe desde qué estaba
eso!”.
“El pozo a día de hoy se conserva, lo que claro… pegaron a fabricar ahí, a echar
escombros y lo entullaron un poco, pero escarbando, escarbando se encuentra”.
“Donde mismo está el túnel, el boquete ese que baja para abajo (refiriéndose al
desagüe del barranquillo del Gato que pasa por debajo de una edificación) y
empieza el muro, debajo del muro aquel está, que hay un risco así pa’ arriba…
debajo del muro aquel estaba” … “Pero claro… han echado escombros y han
echado basura sin sentir”.
“¿Y sabe usted dónde había otro pozo?, donde mismo está allí en el barranco la
Ceras, donde mismo está la bomba de la depuradora que está ahí, allí había
otro, donde está la callita aquella que sube para arriba. Pero aquel era cuando
subía el agua para arriba, y como había arena se quedaba encharcada allí
adentro, como si fuera una mareta”.
Después de esta entrevista visité nuevamente a Agustín el día 11 de noviembre
2018. Le mostré la imagen del pozo situado en la Playa de Chimisay, y su
respuesta al ver la foto fue la siguiente:
“Sí, sí sí. Sí, sí, sí. Sí, sí, sí… los escalones. Los escalones empezaban, a
suponer, si esta es la boca, ¿no?, la boca del pozo, empezaban de aquí de mayor
a menor, va disminuyendo el ancho, y entonces el pozo aquí arriba es más
ancho, y en el fondo, es más estrecho”.
-

Entonces, ¿se parece con este, Agustín?

“Sí, sí, sí, sí, sí, sí, sí, y el que estaba en el Barranco de la Ceras, era igual que
ese también”.
“La del pozo, era como agua Carabaña esa que venía, embotellada para purgar.
Yo me llegué a purgar más de cuatro veces con esa agua, y la gente que venía
aquí de La Zarza y más sitios. Desde luego, para beber por sed, esa agua no
servía, no, no no…”.
“Los pozos eran iguales los dos, las mismas formas de las piedras y todo. Más
bien la forma era para eso, para bañarse. Incluso la gente salía de la playa y
luego iba allí a lavarse… un poco de jabón corriente de ese que había antes…
Se lavaban, se secaban y se quitaban un poco el salitre”.
5
Eulogio J. Díaz Rodríguez.

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“La diferencia entre los dos es que el del barranco de la Ceras se llenaba y se
inundaba de agua, mientras que el otro tenía el agua siempre”.

En los años ochenta, la Congregación de Salesianas de Tenerife compró
parcelas urbanas en el lugar de la Playa del Pozo, edificando años más tarde
una residencia de descanso en ese lugar; el pozo quedó sepultado bajo los
escombros.
Los responsables del terreno y los que organizaron los planes urbanísticos
ignoraban el valor histórico y los vínculos tan fuertes que tenían los vecinos de
aquel lugar con el pozo, sobre todo para aquellos que se criaron en su entorno.
El pozo salobre era el elemento más importante y antiguo del lugar. No por
casualidad, la playa de El Pozo tomó su nombre de este.
Un cuarto pozo estaba presente en el lugar, a unos 200 metros del anterior, en
la desembocadura del barranco o callao de Las Ceras. Como el anterior, y
también por desconocimiento, insensibilidad con el patrimonio arquitectónico o
dejadez, actualmente también se encuentra sepultado bajo escombros debajo
de una jardinera.

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Eulogio J. Díaz Rodríguez.

Diciembre de 2018

Sobre los datos anteriores puede llegarse a dos conclusiones:
1. Si nos basamos en los datos cronológicos de situación y características de
construcción, puede pensarse que todos los pozos son anteriores a la conquista
de Tenerife, y por tanto con funciones dentro de la sociedad guanche. En el lugar
de Las Ceras, hasta hace pocas décadas, el agua salobre de los pozos fue
utilizada para lavados corporales o para purgados intestinales, pero nunca para
para beber y calmar la sed. Este último aspecto debe quedar claro, porque hasta
este momento, en las referencias históricas y trabajos científico-históricos, se da
por válido que el agua de los pozos servía para consumo humano o para darle
de beber al ganado. Este argumento nunca ha podido ser válido, además se han
desechado otras posibilidades y usos.
2. Es interesante observar que el entorno del pozo de Chimisay fue elegido por los
frailes predicadores para introducir el primer ídolo católico en Tenerife. Con
posterioridad, la imagen fue llevada para rendirle culto a la cueva de Achbinico,
en el entorno de un segundo pozo.
Teniendo en cuenta la intención de sincretizar los cultos aborígenes por parte de
los predicadores y la presencia de la imagen en el entorno de éstos, lo lógico es
pensar que los pozos y sus entornos pudieron haber sido realmente importantes
en la espiritualidad de cultura aborigen.
En la comarca de Abona también fue introducida una imagen católica en tiempos
de la conquista de Tenerife. En palabras de Espinosa:
“Otra imagen dicen haber aparecido en la playa de Abona, de alto de poco más
de un palmo, que la llaman Nuestra Señora de Tajo” 5.
Sabemos que durante más de doscientos años solo existió una pequeña imagen
católica en Abona, y que ésta, se denominó no solo como “Virgen del Tajo” sino
que primeramente lo fue como “Virgen de la Cera”.
Este último dato se conoce por el testamento de un portugués asentado en
Tenerife, llamado Gonzalo Pérez y fechado en 1551, quien construyó la primera
ermita de la imagen. Así queda reflejado en los registros notariales de El Realejo:
“Mando para la obra de ermita de Ntra. Sra. de la Cera que yo hice en Abona
una imagen de Ntra. Señora que cueste una dobla y dos varas de ruán digo tres
varas para un cielo en el altar” 6.
Además, sabemos que en esa zona de costa existió un puerto denominado como
“Puerto de la Cera”, esto queda reflejado en varios documentos comerciales de
la época, entre ellos:
“En La Laguna en 1552, en el cual Juan de Valverde y Nuño Hernández
Rebolledo vendieron a Arias Cardoso mil doscientos quintales de pez, los
doscientos puestos en el puerto del lugar de La Orotava a la lengua del agua y
los otros mil quintales puestos en los puertos de Abona y de la Cera a la lengua
del agua” .
“La Orotava, 27 septiembre 1620. Luis Pérez Valladares, vecino de la Villa, se
obliga a entregar a Juan Tejera, almojarife, cuarenta quintales de brea buena y
limpia de dar recibir puesta y pesada en el puerto de Abona en el puerto que
dicen de la Cera término de Agache” 7.
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Eulogio J. Díaz Rodríguez.

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Por lo tanto, es interesante y al menos resulta curioso e intrigante que tanto la
imagen católica introducida, como el nombre del puerto coincidan en el nombre
que se les da en ese momento histórico “Virgen de la Cera” y “Puerto de la Cera”.
Considero que el Puerto de la Cera corresponde al denominado hoy en día como
“Embarcadero Viejo”, en Playa Honda (Las Ceras). Los datos en los que me baso
son los siguientes:
Los pescadores más experimentados y antiguos de la zona, D. Faustino y D.
Agustín Rodríguez Díaz, dicen que ese lugar es el único posible para fondear un
barco en toda la zona de costa desde Los Roques de Fasnia hasta el Porís de
Abona.
Además, sabiendo que la imagen de La Candelaria fue introducida junto al pozo
de Chimisay, y posteriormente llevada por los frailes al entorno del segundo pozo
en Candelaria, lo lógico es pensar que el lugar idóneo para introducir el ídolo
católico en Abona fuera un lugar en el que debían existir pozos, y el único sitio
donde existen en toda esta parte de la costa es en la playa de Las Ceras,
concretamente en la playa o callao de Las Ceras y en la playa de El Pozo.
Respecto a la introducción de la imagen, todo debió estar perfectamente
estudiado y planificado desde mucho tiempo antes por los frailes predicadores.
El lugar de introducción de la talla, la tipología y características de esta, etc. Poco
o nada pudo dejarse al azar.
Si examinamos con detalle las primeras imágenes introducidas en el sureste de
Tenerife (Candelaria y de la Cera-Tajo), observamos que ambas poseen
elementos comunes. Las dos imágenes hacen referencia a mujeres
relativamente jóvenes, mujeres que portan un recién nacido, así como alusiones
al sol, la luna y las estrellas en su manto.
¿De qué manera los frailes pudieron armonizar y adaptar los ritos y cultos
aborígenes al catolicismo?,¿qué personas realizaban los rituales y las funciones
espirituales en la sociedad guanche?
Si consultamos los textos históricos, vemos que tanto en Gran Canaria como en
Tenerife todos los ritos y cultos a la vida, en el amplio sentido de la palabra, los
realizaban las mujeres, pero no todas, sino una parte de ellas: las maguas.
En Gran Canaria, existen referencias históricas sobre las maguas o
harimaguadas: sus características físicas, sus funciones dentro de la sociedad,
los rituales y cultos que llevaron a cabo. Sin embargo, en Tenerife, las
referencias son escasas, aunque sí se sabe que existieron, y que se las llamaba
maguas o maguadas. Pareciera que, de alguna manera, su memoria quedó
oculta.
Del primer texto histórico de Tenerife: “Historia de Nuestra Señora de
Candelaria”, escrito por Fray Alonso de Espinosa y publicado en 1594, pueden
extraerse las siguientes conclusiones:
-

El Sol era muy importante, siendo especialmente venerado por las
mujeres. La imagen de la Candelaria pasa a ocupar el lugar del sol.

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Eulogio J. Díaz Rodríguez.

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-

Las funciones de algunas mujeres “sacerdotisas”, maguas o maguadas,
también fueron sincretizadas. Principalmente a través de la imagen de la
Candelaria.

Referencias:
“Una mujer extranjera había aparecido en su reino a la orilla de la mar, que
resplandecía más que el sol” 8.
“Y dijo que aquella noche pasada le había aparecido una mujer muy hermosa y
alta, vestida toda de blanco, la cual le mandó que se bautizase luego y se llamase
Juan y muriese en la fe verdadera de Cristo, porque de ahí a dos horas después
de bautizado había de morir. Y así pasó como él lo dijo; porque, llamado el cura
y bautizado con mucho contento de todos, murió dentro de dos horas y se fue a
gozar de Dios. Sus hermanos y los demás entendieron haber sido la Candelaria
la que le mandó fuese cristiano, así por haber sido madrina del uno, como devota
del otro, que, aunque moro, tenía devoción con ella” 9.
“Y de aquí quedó en costumbre que todos los años después acá, se dan como
por reliquia unas pequeñas candelas a los que vienen a esta santa casa, con las
cuales ha obrado Dios Nuestro Señor, por los merecimientos de su madre,
hazañas admirables, así apagando fuegos encendidos como aplacando
tormentas furiosas de mar, echando las candelillas en ella, como en partos de
mujeres o en truenos y relámpagos, y tempestades, encendiéndolas” 10.
“Acostumbraban cuando alguna criatura nacía, llamar una mujer que lo tenía por
oficio, y ésta echaba agua sobre la cabeza de la criatura: y aquella tal mujer
contraía parentesco con los padres de la criatura, de suerte que no era Bautismo
lícito casarse con ella, ni tratar deshonestamente.” “De dónde les hubiese
quedado esta costumbre, o ceremonia, no saben dar razón más de que así se
hacía. No que fuese sacramento, pues ni lo hacían por tal, ni les era ley
evangélica predicada, más era una ceremonia de un lavatorio, que también otras
naciones usaron” 11 .
De los propios textos de Espinosa se extraen conclusiones sobre las maguas o
maguadas tinerfeñas. Es muy interesante el hecho de que los datos coinciden
con las características y funciones de las maguas o harimaguadas de Gran
Canaria, lo cual refuerza la hipótesis sobre la similitud entre las dos islas.
Entre las características y funciones de las maguadas o maguas de Tenerife
estaban las siguientes:
-

Ser mujeres hermosas, altas y vestidas de blanco, con las que no era lícito
casarse ni tratar deshonestamente.
Echar candelillas en el mar tras los partos de mujeres.
Realizar bautismos a modo de lavatorios a los recién nacidos.
Hacer procesiones y ruegos, no solo para solicitar lluvias y temporales
para los cultivos, sino también, para aplacar tormentas, tempestades e
incluso “fuegos encendidos” (incendios).

Entiendo que entre las funciones debía estar la de solicitar lluvia para pastos y
cultivos, porque la imagen de la Candelaria, según los textos históricos, fue
sacada hasta en cinco ocasiones en procesiones con esta “intención”.

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Eulogio J. Díaz Rodríguez.

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Textualmente, y según aparece en los textos de Espinosa, para solicitar “lluvia y
temporales para los cultivos de la isla” 12. Estos favores del cielo fueron
solicitados en los años 1562,1566,1671,1576 y 1577.
También Abreu Galindo en 1632 escribe sobre las maguas, apuntando que sus
características y funciones eran similares en Gran Canaria y Tenerife:
“Presidian las procesiones rogativas junto con el faycán”, “vestían largos trajes
de pieles blancas”, “participaban en las ceremonias religiosas, especialmente las
relacionadas con la solicitud de lluvias, que se practicaban en lugares especiales,
siempre situados en las partes más altas” 13.
Parece que no solo las funciones de las maguadas o maguas tinerfeñas pudieron
ser sincretizadas por la iglesia católica con la introducción de ídolos, sino también
su aspecto físico. Quizás las vírgenes de la Candelaria y de la Cera-Tajo son la
representación católica de una magua o maguada tinerfeña. Las imágenes a
través de las cuales los predicadores pretendían que las mujeres guanches se
sintieran identificadas, especialmente las maguas o maguadas.

Un elemento importante queda por ser expuesto: la cera y el culto a la luz
guanche.
En Tenerife, en los textos históricos, existen multitud de referencias a la cera y a
candelas encendidas. Este aspecto lo describía Martín de Cubas:
“Por el tiempo de la fiesta de Nuestra Señora daban los naturales de la sera que
tenian escondida, sin darla a nadie, la ponian en la plaia i se hacian
desentendidos, traianla de Tagaos en panes i labrada su forma a modo de
codales cortos i gruezos, el pavilo de algodón i cañamo mui fino, el color de la
sera no es blanco ni amarillo, alguna hubo teñida de verde: hasta el año que
murio Alonso de Lugo [1525] la traian de noche por la plaias de el Sur Adexe i la
de Icod.”14.
También Espinosa explica las características de las candelas aborígenes:
“Las candelas o velas que en estas playas se hallan, no son muy blancas, más
el pabilo no se deja entender de qué sea, porque ni es estopa ni algodón, antes
en alguna manera parece de seda blanca torcida.”

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Eulogio J. Díaz Rodríguez.

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“Y así en esta playa, como en la de Candelaria, se halla por la orilla de la mar
gran cantidad de gotas de cera que de las procesiones que los ángeles hacen
en honra de la Candelaria gotean, y yo doy fe que las he hallado y visto, y las
tengo en mi poder, y oído a otros muchos lo propio”15.
Por el color, y según Espinosa y Martín de Cubas, “no eran blancas, ni amarillas.
Más alguna hubo de color verde”. Todo parece indicar que la cera que usaban
los guanches, no era cera de abeja, sino ámbar gris.
El ámbar gris es una secreción producida por el cachalote, que se vuelve sólida
y que aparece en zonas de costa llevadas ahí por las corrientes, bien en forma
de placas, si se solidifican en superficie con el mar tranquilo, o bien en forma
esférica, en bolas, si son batidas por el mar. Es ceroso e inflamable, de color gris
mate, negruzco o verde. Tiene un olor peculiar dulce y terroso parecido al del
alcohol. Se asemeja y fue confundido con panes de cera de abeja.
Prueba de la presencia frecuente de este material en las costas canarias es la
pervivencia a día de hoy en la toponimia de algunos enclaves costeros como
playa de El Ámbar en Telde, La Aldea de San Nicolás (Gran Canaria) y en La
Graciosa, y playa de La Cera o Cerita en Yaiza (Lanzarote). Diferentes
historiadores han escrito sobre la presencia de este material en las costas
canarias. Sirva como ejemplo:
“En tiempos pasados solía aparecer en las riberas de estas islas el ámbar gris,
cálculo biliario del cachalote phiseter macrocephalus, llamado el tigre del Océano
por sus feroces instintos. Llegó á recogerse en tal abundancia esta droga que
por ella se pagaba diezmo”16.

Entrevista a Agustín Rodríguez Díaz. Playa Honda, Las Ceras. 11 de
noviembre de 2018
“Las bolas esas de cera sí venían, sí, sí, sí… me acuerdo, y unas planchas de
espelme también… Mi padre las cogía y un latonero que había en la Cruz del
Roque, Ismael lo llamaban a él, le hizo como una especie de plancha, con la
forma de unas velas. Mi padre derretía el espelme y hacía con aquello las velas.
Era una plancha y tenía cinco caños así, entonces mi padre derretía el espeleme
y los iba poniendo por los tubos aquellos para adentro, y luego le ponían el pabilo
que le decían ellos, le ponía en pabilo, lo dejaba que se enfriara, tiraba, sacaba
la vela, la ponía en agua…”
“Mi padre hacía velas de bolas de cera y de planchas de esas, sí, sí, sí… era
igual que la otra cera de las velas, igual”.
“A veces la cera era un poco más negra, bueno, como yo (se ríe), otras más
blanca… Y con eso nos alumbrábamos nosotros, con eso, mucho, pero mucho…
y con mechones de petróleo también. Y mi tío, el padre de Faustino, también las
hacían de esas”.
“Y si no había molde, a suponer, cuando no había molde… se podía derretir un
poco, se hacía como una pelotita y se ponía encima de un platito, una bandejita
o cualquier otra cosa…y se le ponía la mecha así pa’ un lado (indicando que la
mecha está en posición horizontal), para que según se va derritiendo no queme
todo, al irse derritiendo va tapando siempre esto, y lo que está quemando es la
11
Eulogio J. Díaz Rodríguez.

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cera... para que aguante. Eso se va derritiendo, pero también se va
evaporando…”.
“Esas bolas de cera antes había muchas, ya no hay… a lo mejor encontraba hoy
dos o tres. Cuando más salían era en verano, por la brisa, por la brisa del norte…
a lo mejor encontrabas hoy dos o tres, mañana ninguna. Los viejos nos tenían
todo el día buscando en la playa cera de esa y espelme, nosotros muchachos
chicos”.
“Mi padre y mis hermanos los mayores… si estaba el viejo en la casa, el viejo
era el capitán, ese era el que mandaba. Él nos mandaba a mí y a mis hermanos
a juntar el espelme y a juntar la cera, y a juntar todo eso… Todos los días no,
mayormente en el verano, porque la brisa es más fuerte, entonces, no es como
ahora, que afloja y se quita, ahora en invierno, en el verano la mar quiere brisa
siempre…”.
“Hasta el Porís íbamos, abajo en la playa grande y todo eso… podíamos
encontrar diez o doce… y las traíamos en un saco, y entonces se las dábamos
a mi padre y él las ponía al sol para que se secaran bien, y él luego las derretía
en un caldero. Y volvíamos al día siguiente, o al tercer día. Cuando el viejo nos
mandara”.
“Y eso lo hacía todo el mundo por aquí, mi tío Miguel y abajo la gente del Porís,
casi todo el mundo se alumbraba con eso en aquel tiempo, y en el Escobonal,
aquellos pescadores que vivían allí en el Tablado también lo hacían”.
“Donde más aparecía era en el Porís, allí en la Punta de Abona Allí donde está
el muelle chico, en las piedras aquellas salían montones, como aquello es una
frontera, aquello va a parar todo allí, donde va casi toda la basura ahí,
exactamente”.
“Los viejos decían que si era del espelme de no sé qué…. que, si era el espelme
que refinaban, le oía yo el comentario a los viejos, pero mi padre y mi tío Miguel
decían que si el espelme era refinado…”
-

En ese momento le explico a Agustín que la cera es ámbar gris y que
realmente es la secreción de un cachalote…

“¡Ves!, ¡pues ya hoy sé más de otra manera! Los cachalotes pasaban por aquí a
cada momento, ¡ya no!, ¡hasta eso se ha terminado!, y yo creo que es por las
depuradoras, sobre todo por eso. Se bota al mar todo lo que son los pozos
negros, toda esa química que va al mar…”.
“Y la corriente, ahora mismo como está la marea… ahora por aquí por la orilla
está corriendo hacia el sur, pero por fuera, allí como una milla para Las Palmas,
una milla o dos millas, está corriendo para el norte. ¿No sabías eso? (se ríe).
Después tiene una hora que está parada, cuando la luna está “en peso”, que le
decimos nosotros”.
“O sea, que toda esa agua, a suponer toda esa agua de los pozos negros, está
corriendo y dando vueltas ahí delante, nunca se va pa’ fuera, esa se está
quedando aquí”.
“Eso llega hasta Teno. Cualquiera sabe porque eso está tres y cuatro horas
corriendo, y luego (se ríe), de regreso, la que está allá viene pá acá”.

12
Eulogio J. Díaz Rodríguez.

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“La basura la tenemos dando vueltas ahí delante como si fuera “una rueda”,
solamente tiene una hora que está parada”.
La contaminación del mar canario con plásticos y la presencia de fast ferries que
chocan y golpean a los cachalotes, han mermado, casi extinguido, las
poblaciones de esta especie en las aguas canarias.

Hasta el presente artículo no se ha tenido en cuenta que, en realidad, la cera
que usaban los guanches podía proceder del ámbar gris. En todos los trabajos
científico-históricos que he consultado se hacen referencias al uso de la cera de
abeja en la sociedad aborigen. Este aspecto creo que ha sido un error y merece
cierta aclaración:
Los estudios genéticos sobre las poblaciones de abeja negra canaria más
antiguas concluyen que: “El actual acervo genético de la abeja de Canarias fue
originado muy probablemente por introducciones humanas desde Portugal
producidas a partir de la conquista de las islas “ 17.
Espinosa también dejaba claro este dato. Para ellos debía ser algo obvio y
natural:
“Por cuanto en esta isla no hay colmenas para sacar cera, si no la traen de la
Gran Canaria, por ser esta dicha isla nuevamente ganada de mano de infieles, y
puesta debajo del yugo de nuestro salvador Jesucristo”18.

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Eulogio J. Díaz Rodríguez.

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Además, de los textos se extrae la conclusión que esta cera era venerada y muy
importante en el mundo guanche, detalle que no pasó desapercibido a los frailes
y curas, que las introdujeron en las iglesias:
“Para aumentación de la devoción de los fieles cristianos, donde fuese mostrada
alguna parte de la dicha cera, o dello fuese hecha mención. Y recibí doce libras
de la dicha cera, y así otras tantas hice haber al mayordomo de la iglesia, para
celebrar el culto divino, de lo cual yo di cierta cantidad al muy reverendo en
Cristo, padre y señor, don Diego de Muros, obispo destas dichas islas y obispado
de Canaria, que aquí vino a visitar esta dicha isla e iglesia della. El cual envió de
la dicha cera a santa María de Guadalupe, y a otras iglesias del dicho su
obispado para que tuviesen en reliquia” 19.
Sobre las sacerdotisas, maguadas o maguas en el sureste de Tenerife.
Pequeño trozo de entrevista de Diego Cuscoy a Hermenegildo Rodríguez
Pérez, nacido el 26 junio del 1873, pastor del Escobonal, año 1965 20.
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Hermenegildo: “El barranco de Herques por la cumbre se llama Guaco,
allí existe una cueva que los guanches la llamaban “La Troja”, donde
depositaban los sobrantes de los años buenos para los años malos
repartirlo a los que hicieran falta”.
Diego: “¿Eso… lo ha leído usted, o lo ha oído decir, o lo ha visto?
Hermenegildo: “Esa cueva se halla, entre… a la altura de los barrancos,
a la altura de la montaña. Una gran cueva seca. Había unas que las
llamaban “las maguadas”.
Diego: “¿Maguadas?”
Hermenegildo: “Sí”.
Diego: “Maguadas”.
Hermenegildo: “Porque las mujeres pequeñas no las dejaban casarse,
porque echaban a perder la raza. Y esas eran las maguadas, las que
estaban allí para repartir…la…”.
Diego: “El grano, el sobrante. Pero bueno, yo le pregunto: ¿eso lo sabe
usted porque lo ha leído, o porque lo ha oído decir?”
Hermenegildo: “Lo he oído decir, de boca en boca de mis antiguos. Como
tengo buena memoria gracias a Dios, las cosas importantes no se me
olvidan nunca”.

Otros datos de interés:
1. La imagen original de La Candelaria porta una candela de color verde, que
podría hacer alusión al ámbar gris. Mientras que la virgen de La Cera-Tajo
porta lo que podría ser un pan de cera, o quizás una pequeña candela “corta
y gruesa”, y no una manzana, como se ha pensado históricamente.
2. Juan Bethencourt Alfonso (1847-1913), en su obra “La Historia del Pueblo
Guanche”, 1991, hace algunas referencias a charcos de bautismos en
Tenerife, situando algunos en la costa.
3. En Gran Canaria, a los lugares donde vivían las maguas o harimaguadas, se
les denominaba “Tamogán”. Por encima de la Playa de Las Ceras está la
montaña de Magua, y por encima del Porís de Abona existen dos lugares con
la toponimia de “Mogán”.
4. En 1722 una nueva imagen católica es introducida por la playa de la Punta de
Abona, la Virgen de Las Mercedes. Tiempo después, la montaña de Magua

14
Eulogio J. Díaz Rodríguez.

Diciembre de 2018

pasa a llamarse como “Monte de Las Mercedes”. Actualmente los topónimos
coexisten, pudiendo comprobarse en https://www.grafcan.es/ .
5. Existió una congregación de franciscanos denominados como Hermanos de
La Cera. Este dato está recogido en las investigaciones del historiador
Lorenzo Santana Rodríguez.
6. Por último, exponer un dato obvio, y es que por el lugar que primero se ve el
amanecer en Tenerife, es precisamente por el sureste.
Conclusiones:
Existieron en el sureste de Tenerife al menos cuatro pozos de agua salobre. En
sus entornos posiblemente se realizaron rituales y cultos por parte de mujeres
sacerdotisas, normalmente bautismos a modo de lavatorios de bebés.
Quizás el agua salobre de los pozos fue usada con fines de purificación para
lavados corporales o purgados intestinales en la sociedad aborigen. Este último
aspecto resultaría ser un recurso muy sencillo e inteligente para mantener el tubo
digestivo en buena funcionalidad, ya que la dieta pobre en fibra alimentaria
fermentable de la sociedad aborigen les tuvo que predisponer al padecimiento
de este tipo de patologías.
Los rituales que presumiblemente se llevaron a cabo en las inmediaciones de los
pozos debieron ser importantes desde el punto de vista religioso-espiritual,
porque los frailes predicadores introdujeron los ídolos católicos en esos mismos
lugares con la intención de sincretizar los cultos aborígenes.
Los guanches adoraban al sol, y le rendían culto encendiendo pequeñas
candelas hechas de cera de ámbar gris y el pábilo de seda o algún tipo de
algodón natural torcido que desconocemos.
Las candelas eran utilizadas mayormente en procesiones por las playas y orilla
del mar, y posiblemente después de rituales en el entorno de los pozos salobres.
Las referencias a las maguadas o maguas de Tenerife las sitúan en el sureste
de la isla, como los pozos salobres. Sus funciones dentro de la sociedad guanche
fueron posiblemente sincretizadas a través de las imágenes de La Candelaria y
virgen de La Cera-Tajo.
Algunas de sus características y funciones:
-

Ser mujeres hermosas, altas y vestidas de blanco, con las que no era lícito
casarse ni tratar deshonestamente.
Asistir partos por oficio y, tras estos, echar pequeñas candelas
encendidas en el mar como agradecimiento.
Realizar bautismos a modo de lavatorios a los recién nacidos.
Realizar procesiones y ruegos, no solo para solicitar lluvias y temporales
para los cultivos, sino también para aplacar tormentas, tempestades e
incluso “fuegos encendidos” (incendios).
Guardar el grano sobrante en cuevas secas para repartido en tiempos de
escasez.

El ídolo católico de la Virgen de la Candelaria parece surgir en Tenerife, fruto de
la mezcla y la sincretización de los rituales y cultos a la luz de las maguadas o
maguas tinerfeñas con los cultos católicos introducidos.
15
Eulogio J. Díaz Rodríguez.

Diciembre de 2018

Pareciera que la imagen original de la Candelaria es la representación de las
maguadas o maguas tinerfeñas, “hermosas y rubias y de lindos cabellos”. La
talla posiblemente se oscureció por la volatilidad de la cera de ámbar gris con la
que se le rindió culto, tomando un tono oscuro, quizás por ese motivo se la
denominó “la morenita”.
Con la emigración, la imagen y el culto a la Candelaria viaja y se instala en
diferentes partes del mundo, allí donde fueron los canarios.

LAS CERAS
Fray Alonso de Espinosa, situándose en el lugar de la playa de La Punta de
Abona, escribe refiriéndose a la playa de Las Ceras diciendo:
“También aparecía en estos tiempos, veinte años antes que la isla se
conquistase, gran cantidad de cera blanca en panes, en un puerto cerca de aquí,
que por esto le llaman el puerto de la Cera” 21.
¿Por qué Fray Alonso se molesta en explicar el nombre del lugar?
Sospecho que intenta manipular al lector con gran habilidad, y que su intención
es la de evitar el conocimiento sobre el origen real del nombre.
Evidentemente, los panes sí debían aparecer en toda la zona de Las Ceras,
siendo la playa de El Bonito y Las Carretas donde más. Es lógico que sea así,
porque en esos lugares es donde aparece más cantidad de basura flotante a día
de hoy y donde más panes de cera se recogían hasta hace pocas décadas.
Pero concretamente en el embarcadero no debió “aparecer por el mar gran
cantidad de cera”, porque es precisamente el lugar de la zona más protegido del
viento, de las olas y las corrientes. Además de ser un lugar de una superficie
ridícula y muy pequeña comparada con las demás playas.
En mi opinión, el lugar debió llamarse así por la gran presencia de restos de cera
acumulados en la playa y en los riscos junto al embarcadero y a los dos pozos
de agua salobre que existieron en ese lugar.
Probablemente, el sitio conocido en aquella época como Puerto de La Cera debió
ser uno de los lugares más importantes de culto aborigen en Tenerife, junto con
la playa de Chimisay y la de Candelaria. Tres lugares en los que existían algunos
elementos comunes, siendo dos de ellos los pozos salobres y sus cuevas
cercanas (pequeños y modestos templos de culto a la Luz).
Además de los pozos salobres, ¿existían cuevas a modo de templos en la Playa
de Las Ceras?
Entrevista a Agustín Rodríguez Díaz. Playa Honda, Las Ceras. 25 diciembre
2018.
- “Agustín, vamos a hablar de las cuevas. Recuerda que yo le pregunté en su
momento por si había visto o recordaba ver en las cuevas de aquí algunos
agujeros en el suelo, como una especie de cazoletas, y que usted no me supo
16
Eulogio J. Díaz Rodríguez.

Diciembre de 2018

decir. Días después vino por aquí María José y le enseñó una foto que yo le
envié y tampoco recordó nada. ¿verdad?”
"Pero después de eso nos mandó recado que sí es verdad que estaban, y por
eso estoy hoy aquí, ¡cuente!”
- “Sí…a suponer, la cueva está aquí. Y el risco ese, es el techo de la cueva…y
entonces, se veían huequitos así (señala con el ancho de su mano). Pero…claro,
en ese tiempo lo ignoraba uno”.
“Eran tres cuevas las que lo tenían, me queda pena no poder enseñárselas. Yo
las recuerdo una cosita así (señala el ancho de las cazoletas), unas un poco más
ovaladas… y de hondas…más o menos una cuarta de profundidad…”
- “Agustín, yo le voy a enseñar una foto, y usted me dice”. Le muestro una foto
de una cazoleta conservada y presente en la costa de Arico, con las
características y tamaño que él refiere. (Foto número 8).
- “Pues sí…pues sí. Suponiendo una profundidad así más o menos, y una cosita
así más o menos” (señala con sus manos el ancho y la profundidad) …
“Aproximadamente eran así”.
- “Agustín, ¿cuántas había en cada cueva?”
- “Hasta cuatro sé que me acuerdo que había”.
- “¿Más pequeñitas, había?”
- “Ya de eso no me acuerdo, o sea... como muchacho chico me ponía a jugar
allí dentro con los conejos y a echarle de comer a los conejos y entonces, por
eso las veía”. (El padre de Agustín criaba conejos dentro de una de las cuevas).
“Estaban separadas unas de otras, suponiendo como 30 ó 40 centímetros.
Suponiendo una aquí, otra aquí y otra un poquito más abajo”. (Quizás como un
triángulo).
- “¿Tres o cuatro Agustín?”
- “Hasta cuatro recuerdo yo de verlas. Que habría más me callo, pero yo no lo
recuerdo”
“Las cuevas tenían como unos tres metros de ancho, quizás un poquito
más…dos de fondo y de alto como un metro, porque yo me metía dentro como
un muchacho chico hasta de cuatro patas hasta el fondo para echarle de comer
a los conejos… Se podía estar sentado, de pie no”.
- “¿Más que cuevas unas covachas?”
- “Sí, unas covachitas.”
- “¿Y usted recuerda ver algo en las paredes?, algún dibujo, grabado…”
- “Que yo recuerde no. Claro, no lo mira uno con ese sentido…si es ahora, ya va
uno con otra idea”.
“Mi hermana se ponía allí a jugar con unas casitas, yo me ponía a jugar con los
conejos…te digo de esto yo tendría…no llegaba yo a los diez años, siete u ocho
años tendría. Eso sería en el año cuarentaidós, cuarentaitrés…”

17
Eulogio J. Díaz Rodríguez.

Diciembre de 2018

- “¿Usted nació ahí?”
- “Nací allá, donde está la palmera. Nací dentro de una cueva de esas, que por
fuera estaba una pared de piedra seca, el techo era de una torta de barro que el
viejo la hizo de cañas y hojas de palmera…”

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Eulogio J. Díaz Rodríguez.

Diciembre de 2018

Durante el proceso de investigación y lectura de los textos históricos medité y
pensé sobre qué elementos o sustancias podrían haber depositado los
aborígenes dentro de las diferentes cazoletas.
A día de hoy todavía los arqueólogos y científicos no lo saben con certeza,
aunque se especula con leche y otras sustancias de derramamiento líquidas.
En el presente trabajo queda reflejado el evidente culto a la luz y la probada
confección de pequeñas candelas que dejaban los guanches en las costas de
Tenerife. Como propuesta para estudio me gustaría plantear la hipótesis del uso
de estas oquedades como lugar para colocar pequeñas candelas encendidas,
así como valorar la posibilidad del transporte de la luz mediante ascuas en algún
tipo de recipiente. Al menos en Tenerife existe una referencia que establece
similitud entre las ascuas y el sol, elemento que también parece ser sincretizado:
“Estando el cielo claro y sereno y el sol hecho una ascua y las gentes
abrasándose (o hechos de María)”22.

¿Existen referencias históricas sobre restos de cera en la costa de Abona?
Sí existen. En la primera referencia histórica de Tenerife: “Historia de Nuestra
Señora de Candelaria”, escrita por Fray Alonso de Espinosa y publicada en 1596.
Esta obra es una sincretización en sí misma, y en ella, cuesta diferenciar a qué
personas se refiere en cada momento y qué cultos hacen, si los católicos o los
paganos.
No obstante, resulta evidente y objetivo que existieron personas en la antigüedad
a los que califica como “ángeles”, cuyas funciones eran las de realizar
procesiones con candelas encendidas por la orilla del mar, en las que dejaban
gran cantidad de restos de cera.
Procesiones que también realizaron los frailes predicadores con posterioridad y
de la misma manera, es decir, supuestamente copiando los rituales aborígenes
con la intención de sincretizarlos
Un detalle importante que se extrae de los textos de Fray Alonso de Espinosa es
que durante el tiempo en que él estuvo en Tenerife (1579-1594), cerca de la
playa de Las Ceras, parece que todavía existían los cultos a la luz de los
guanches en la Punta de Abona:
“En el libro segundo, capítulo nueve atrás contenido, traté de las procesiones
que en los tiempos antiguos los ángeles hacían, y prometí tratar de las que en
nuestros tiempos se hacen y hoy día se ven” 23.
“En la playa que dicen de Abona, que será cuatro leguas désta de Candelaria,
hacia La Montaña Roja, se veían también ordinariamente estas procesiones,
principalmente por la fiesta de la Asunción de Nuestra Señora; y esto es tanta
verdad, que ahora, en estos tiempos, personas que las han visto se van a la
dicha playa y hallan velas de cera acabadas de apagar, y algunos las han hallado
encendidas y pegadas a los riscos y me enseñaron el lugar y yo lo vide.

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Eulogio J. Díaz Rodríguez.

Diciembre de 2018

Las candelas o velas que en estas playas se hallan, no son muy blancas, más el
pabilo no se deja entender de qué sea, porque ni es estopa ni algodón, antes en
alguna manera parece de seda blanca torcida.
Y así en esta playa, como en la de Candelaria, se halla por la orilla de la mar
gran cantidad de gotas de cera que de las procesiones que los ángeles hacen
en honra de la Candelaria gotean” 24.
Parece que en la playa de la Punta de Abona coexistieron las procesiones de los
guanches con las de los frailes, mientras que en las de Candelaria y Chimisay,
en el tiempo que Fray Alonso estuvo en Tenerife, solo pudieron realizarse las de
los frailes:
“Eran las procesiones que los ángeles hacían, así por la playa, donde la santa
imagen estaba, como por la del Socorro, donde apareció, muy ordinarias, así de
noche como de día, con mucha solemnidad, gran armonía y música de voces
suavísimas: con muchedumbre de compañía que, con velas encendidas,
puestas en orden y concierto, hacían su procesión, desde la ermita que llaman
de Santiago hasta la cueva de San Blas, por toda la playa, que es larga; y esto
era tan ordinario, que ya no lo extrañaban los naturales” 25.
Por lo descrito en las referencias históricas de Fray Alonso de Espinosa y de
Martín de Cubas, los aborígenes realizaban rituales a modo de procesiones en
las que dejaban pequeñas candelas encendidas en la playa en la misma fecha
que los católicos celebraban el día de la Candelaria.
La noche del 2 de febrero aparece la estrella Canopo en el cielo. Acontecimiento
que marcaba el inicio del calendario lunar guanche. Esto queda detallado en
algunos estudios, siendo uno de ellos la tesis doctoral de José Barrios García 26
(Departamento de Análisis Matemático de la Universidad de La Laguna, 1997).
También en los propios textos de Fray Alonso de Espinosa, queda reflejado el
uso del calendario lunar guanche en dos ocasiones, siendo una de ellas:
“Hacían entre año, el cual contaban ellos por las lunaciones, muchas juntas
generales”27.
Todo indica que el día 2 de febrero no fue elegido casualmente por los frailes
predicadores para la celebración de la festividad de Ntra. Señora de la
Candelaria, sino con la intención de adaptar y sincretizar el inicio del calendario
guanche, quizás el día más importante y mediante el cual se organizaba toda la
sociedad; las cosechas, el cruce del ganado...
Ese día era “celebrado” en la Punta de Abona, realizándose procesiones con
candelas encendidas, que se dejaban por la orilla del mar y por personas a las
que Espinosa calificó como “ángeles”.
Por lo descrito en los textos y el análisis global de todas las circunstancias,
parece que los rituales guanches descritos en la Punta de Abona podían ser
diferentes a los efectuados en las inmediaciones de los pozos, donde se
introdujeron los ídolos católicos.
¿Pudieron los frailes predicadores, haber realizado procesiones con la intención
de sincretizar los rituales aborígenes en los entornos de los pozos en la playa de
Las Ceras?, ¿qué nos cuenta la tradición oral?
Primera referencia: 19 octubre de 2018, María José Frías Bermúdez:
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Eulogio J. Díaz Rodríguez.

Diciembre de 2018

En Semana Santa del año 1976, siendo María José Frías una niña de 12 años
de edad, y estando en casa de su abuela en Las Ceras, al irse la luz eléctrica y
tener que encender una vela, su abuela María Cleofe González le explicó por
qué aquel lugar se le llamaba Las Ceras, y lo hizo de la siguiente manera:
“En aquellas noches oscuras de una época no tan lejana, aún no había luz
eléctrica… No se atisbaba una sola luz en los contornos, si acaso algo brillaba
en la oscuridad, podía ser un candil, con una vela de cera encendida en su
interior, o sin candil, solo la vela, sujetada por una mano, a pesar de que el
espelme se derramaría sobre los dedos de quien la sujetara...
Se veían venir desde la cumbre, desde las medianías, desde la playa. Pero
nunca nadie se atrevió a acercarse lo suficiente como para saber algo más.
Avanzaban en fila india, por el borde de la costa este, justo frente al sol naciente
y el acantilado en el tramo final de Las Honduras. Era una procesión de luces
que se movían de norte a sur, horadando con su brillo la negrura de la noche.
Quienes contemplaron el misterioso desfile desde más cerca contaron que eran
personas, vestidas con túnicas blancas hasta los pies y que parecía que no
caminaban, sino que se deslizaban por el sendero pedregoso del veril.
Nadie supo quiénes eran ni qué hacían allí cada año en la misma época. Pero al
acercarse con las luces del alba a comprobar el sitio, veían que había quedado
la cera de las velas en el lugar de la costa donde acababa su peregrinaje”.
Segunda referencia: Candelaria Inmaculada González García, apodada Ada, de
Las Ceras. 19 octubre del 2018
“Cuando apenas era una niña y venía cada fin de semana o largas temporadas
a Las Ceras, solía sentarme en la terraza de mi abuela frente al mar. Su casa
está situada en primerísima línea de playa entre la casa de Manuel Rosa (Lolo
Rosa) y Amparo Benítez (madre de Manolín y Toni,) en la parte de Arico. Mi
abuela Eloína Tejera Diaz (1916-2004) y mi abuelo Joaquín García Delgado
tenían esa pequeña casita que con los años sus hijos Rubens y Leonila (mi
madre) convirtieron en una gran casa familiar de tres plantas donde toda la
familia veraneaba siempre unida.
Mi abuela en aquellas noches de charlas infinitas, de leyendas , de historias y
biografías, solía contarme la historia de porqué nuestro pueblo llevaba el nombre
de Las Ceras y me dijo que siendo ella apenas una niña, unas personas vestidas
de blanco aparecían en el acantilado de La Hondura con velas en sus manos, la
gente por miedo no acudía a verles pero al día siguiente cuando ya era de día
iban al lugar a comprobar para saber qué hacían aquellas personas allí,
encontrando únicamente la cera de las velas por gran parte del acantilado.
Siempre recuerdo esa historia como por qué este pueblo se llama Las Ceras.
Mi madre (Leonila) a sus 78 años también recuerda una historia sobre esa misma
zona que nombraban sus padres y abuelos, relativa a la aparición de un caballo,
del sonido del caballo en ese mismo lugar, y al ir a ver solo encontraban restos
de cera de una vela que presumían que podría ser de quien acompañaba a ese
caballo”.
Tercera referencia: 19 octubre del 2018, María José Frías Bermúdez

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Eulogio J. Díaz Rodríguez.

Diciembre de 2018

“El Bar de Tomasín, en Las Ceras, Fasnia, ha sido desde hace muchos años un
lugar de reunión para todo el pueblo y esa mañana estaba bastante concurrido.
Mi marido Julio y yo, que estábamos paseando, entramos y nos pusimos a la
izquierda, al fondo de la barra, donde un señor, amablemente, se rodó para
hacernos sitio. El hombre estaba hablando con otra gente, pero de repente se
gira hacia nosotros y empieza a contarnos cosas del entorno. ¿Por qué se
llamaba "El Tronco" la playa donde nos bañábamos, la del Pozo?, con su
pozo de agua salobre, etc. Contó que también se había recorrido todo el Camino
Real, lo que quedaba de él... nos habló de lo interesante que sería recuperarlo.
Este señor, que afortunadamente nos encontró, no me podía imaginar lo que
estaba a punto de desvelarnos. Había sido sincrónicamente colocado a
nuestro lado ese día, y sin conocernos, nos estaba contando muchas cositas
interesantes... De repente..."Y por la orilla del acantilado en Las Honduras se
veía una procesión de luces, de noche, cada año en la misma época... verano.
No se sabe quiénes eran... por la mañana amanecían los riscos llenos de cera
de vela derretida. La procesión de las luces".
Y es que aquel señor era, nada más y nada menos, que ¡Pablo García! ¡Mucho
que agradecer! Cómo nuestras vidas se cruzaron un instante y se cumplió un
propósito más allá de nuestro conocimiento. A mí esta historia me
dejó pasmada. Era la confirmación de que lo que mi abuela me había contado
años atrás, era verdad.
Mi marido me dijo: ¡Eso es lo mismo que lo de tu abuela!, y quedamos
alucinados.
Al llegar a casa de mi abuela, en Las Ceras, playa del Pozo, ella estaba haciendo
la comida. Le dije: “Ita, un señor en Tomasín me contó tu misma historia, la de
las luces”. Y ella me miró con ojos de quien sabe: “¿No me creíste mi niña?”;
aún recuerdo sus ojos, chispeantes.
Mi abuela, María Cleofe. Ella me contó que esa historia la había escuchado de
su madre Segunda y de su abuela, Madre Leonor. De todo esto, doy fe”.
Al igual que las procesiones en la Punta de Abona, los rituales y cultos guanches
en el entorno de los pozos y en la playa de Las Ceras debieron continuarse en
la antigüedad durante algún tiempo después de la conquista. Esto se intuye
porque, según las referencias orales, los frailes predicadores realizaron
procesiones similares a las de la Punta de Abona, dejando candelas encendidas,
pero no solo en el entorno de los pozos, sino como nos cuenta la tradición oral,
desde el acantilado de Las Honduras y hasta la playa de El Bonito.
Con el paso del tiempo el comercio de brea iniciado con la conquista de Tenerife
finaliza, el bosque de pinares del sureste de Tenerife es prácticamente
esquilmado y el “Puerto de la Cera”, deja de ser usado. Poco a poco los restos
de cera procedentes de las procesiones de los frailes predicadores se acumulan
en toda la costa, y en pocas décadas el lugar pasa a ser conocido como “Puerto
de Las Seras” (Las Ceras).
La primera referencia de esta forma está presente en 1720-1723, un mapa del
cura de Arico, “con motivo del pleito de esta parroquia con la de Güímar por la
jurisdicción de los feligreses en del actual municipio de Fasnia” (Archivo
Diocesano de Tenerife) 28.
22
Eulogio J. Díaz Rodríguez.

Diciembre de 2018

Más de un siglo después, el 16 julio de 1849, el topónimo de Las Ceras se
mantenía. Así aparece en la entrevista que D. Pedro M. Ramírez hace a D.
Francisco Peraza, con motivo de la confección del “Diccionario geográfico,
histórico, estadístico y administrativo de las Islas Canarias” :

23
Eulogio J. Díaz Rodríguez.

Diciembre de 2018

Un gran aprovechamiento del territorio para cultivos tuvo lugar durante el periodo
de sequías y hambrunas comprendido entre 1750 y 1830. Durante esa época, el
canario construyó terrazas de cultivo allí donde pudo para aprovechar las pocas
lluvias, y por ese motivo el cultivo de cebada se introduce en toda la costa de
Tenerife.
Esto queda reflejado en el mapa del Dr. Hans Meyer en 1896 29, en el que puede
comprobarse que cerca del lugar de mar y costa, conocido entonces como
“Puerto de las Ceras”, se llegó a cultivar y trillar.
Es precisamente en esta época, con la introducción de la cebada y las zonas de
trillado próximas, que la confusión sobre el origen del lugar se hace evidente. En
alguna nota de prensa aparece erróneamente el topónimo “barranco de Las
Eras”, e incluso en algún mapa relevante de la época; mapa poco riguroso y nada
fiable respecto a las referencias históricas del momento, como tampoco lo fue
respecto a la pronunciación de los paisanos de la comarca.
Es interesante destacar que en aquellos años no existía el núcleo poblacional, y
que las especulaciones no se realizan sobre el lugar de mar y costa que nos
preocupa hoy en día, sino que se hicieron sobre el nombre del barranco; para
algunos el barranco debía llamarse “barranco de Las Eras” y no con su nombre
histórico, “barranco de Las Ceras”.
La primera referencia errónea sobre el topónimo la encontramos en el periódico
“El Guanche”, en una noticia del 14 de septiembre de 1867. 315 años después
de la primera referencia al “Puerto de la Cera” y 144 años después de la primera
referencia al lugar como “Las Seras” (Las Ceras):

El primer mapa en el que aparece el topónimo erróneo “barranco de Las Eras”
es el del capitán Julio Ardanaz,1884. Localizándolo entre los municipios de Arico
y Fasnia y a una distancia muy lejana del lugar de mar y costa.
Es importante este detalle, porque este mapa ha sido el argumento principal que
decidió que el lugar de costa pasase a llamarse “Las Eras”.

24
Eulogio J. Díaz Rodríguez.

Diciembre de 2018

Aún se puede añadir otro mapa más con errores:

En el periodo de tiempo comprendido entre 1884 y 1930 el topónimo erróneo
“barranco de Las Eras” coexiste con el topónimo original de “barranco de La
Cera”.
Fijémonos en el mejor y más detallado mapa de la época: mapa del Ejército de
1907. En él se cita perfectamente “barranco de Las Vigas o de La Cera”, con su
nombre de cumbre y de mar, ya que el barranco en tramos intermedios se
denomina “La Linde” o “Jurado”; perfecto.
25
Eulogio J. Díaz Rodríguez.

Diciembre de 2018

El detalle y la fiabilidad del mapa es tan grande, que a pesar de que en aquellos
años a toda la zona hace más de un siglo se la conoce por “Las Ceras”, el nombre
del barranco en su tramo final queda reflejado con la forma original de tiempos
inmediatos a la conquista de Tenerife: “barranco de la Cera”.

26
Eulogio J. Díaz Rodríguez.

Diciembre de 2018

A principios del siglo XX, probablemente las extrañas procesiones de los frailes
habían dejado de realizarse, o quizás se realizaban esporádicamente y de
manera más discreta; el conocimiento de ellas quedó en la intimidad de algunas
familias. Recordemos que en aquel tiempo todavía no existía el núcleo
poblacional.
El porqué de los restos de cera se pone en duda, y las referencias erróneas
comienzan a instalarse en las administraciones. La opción de “barranco de Las
Eras”, por la presencia de zonas de trillado supuestamente al borde del barranco,
y la justificación por la “mala pronunciación del paisano”, comienza a instalarse
poco a poco.
Fijémonos en el mapa tan sencillo que manejaba el ayuntamiento de Fasnia y en
cómo a pesar de citar correctamente al barranco de “Las Vigas o Las Ceras”
aparece sobrescrito el topónimo “Las Eras”.
Según el historiador Tomás Rodríguez Rodríguez, con más dos años trabajando
sobre los linderos y las propiedades en cumbre de Fasnia, y basándose en las
titularidades que aparecen, “El mapa original corresponde a los años 1940-1950,
cuando el lugar estaba despoblado. Pareciera que “Las Eras” hubiese sido
escrito a posteriori, incluso con otro bolígrafo y pasado el año 1956, cuando
comenzaba a consolidarse el pequeño núcleo poblacional”.

27
Eulogio J. Díaz Rodríguez.

Diciembre de 2018

Respecto a lugares en los que se trillaba en las cercanías del lugar de Las Ceras,
las referencias orales más antiguas del lugar: Faustino Rodríguez Díaz, de 85
años de edad, y Agustín Rodríguez Díaz, de 83, nos comentan que recuerdan
ver trillar en la Era de Magua (bajo la montaña de Magua) y en otros dos lugares
cercanos al estudiado: por encima del polígono industrial en la parte de Arico y
por debajo de la autopista en la parte de Fasnia, donde se asienta la nueva
urbanización de adosados.
A excepción de la era de Magua, que sí tenía y tiene los bordes de piedra con la
forma circular característica, los otros dos lugares donde se trillaba no podían
considerarse eras, pues la actividad se realizaba sobre lomos y con firme de
toba. Esta actividad que se mantuvo aproximadamente hasta el año 1950.
Las primeras fotos aéreas del lugar están presentes en el Archivo Histórico de
Tenerife, y corresponden a fotos catastrales del año 1956. En las fotos se puede
comprobar que en el lugar no existía ninguna casa o vivienda construida, como
tampoco se diferencia ninguna estructura de forma circular que pudiera
relacionarse con una era.
Sí aparece, y de manera muy clara, el topónimo del barranco “barranco de Las
Vigas o de Las Ceras”:

28
Eulogio J. Díaz Rodríguez.

Diciembre de 2018

Podría pensarse que, aunque solo fuera por error, el núcleo poblacional de
manera oficial se fundara con el nombre erróneo de Las Eras. Sin embargo, en
las primeras escrituras notariales correspondientes al año 1973 que tienen los
vecinos, aparece claramente el topónimo “Las Ceras”, y también en el primer
planeamiento urbanístico del municipio de Arico:

Por tanto, de lo presente en la escritura notarial se desprende que ya en aquella
época, antes que en los ayuntamientos se organizaran los planes de ordenación
urbanística como los conocemos a día de hoy, a esa zona y pequeño núcleo
poblacional, desde décadas anteriores, ya se la conocía como Las Ceras. Incluso
existe referencia como “Barrio de Las Ceras”:

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Eulogio J. Díaz Rodríguez.

Diciembre de 2018

Ocho años después, en el plan parcial urbanístico del ayuntamiento de Arico
mantenía su nombre original de “Las Ceras”, año 1979:

Años más tarde, en lo que parece el mismo plan parcial urbanístico del municipio
de Arico, se cambia el nombre, apareciendo ahora como “Las Eras”, y desde
este momento hasta la actualidad:

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Eulogio J. Díaz Rodríguez.

Diciembre de 2018

Respecto a los orígenes oficiales de las primeras casas en la parte de Fasnia
encontramos confusión y coexistencia de topónimos. En agosto de 1972, en un
mismo documento procedente del ayuntamiento sobre la primera casa
construida, se cita textualmente “Las Ceras” y “Las Eras”:

El plan parcial urbanístico del Ayuntamiento de Fasnia sería aprobado en marzo
de 1983, con el nombre “Las Eras”:

Sin embargo, en años posteriores todavía se seguía citando al lugar como “playa
de Las Ceras” en los mapas del Ejército:

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Eulogio J. Díaz Rodríguez.

Diciembre de 2018

En la actualidad, si observamos la toponimia del lugar en la página web asociada
al Gobierno de Canarias: https://visor.grafcan.es/visorweb/, encontramos
nuevamente la coexistencia de topónimos, porque si bien es verdad que aparece
“playa de Las Eras”, entendiéndose como la playa del barrio de Las Eras,
también es verdad que el topónimo de la playa “Callao de las Ceras” se mantiene
como hace siglos, de la misma manera que el nombre del barranco “barranco de
las Ceras”.
Resultan curiosos estos datos, porque precisamente los problemas sobre el
nombre del lugar de costa comenzaron cuando se empezó a especular sobre el
nombre del “barranco de las Ceras”, topónimo que se conservó, junto con el de
la playa (Callao de Las Ceras). Lo que sí cambió, y de manera “definitiva” fue el
nombre del núcleo poblacional que pasó a denominarse erróneamente como
“barrio de Las Eras”:

Hay quienes proponen otra hipótesis para el origen del topónimo “Las Eras”, “La
localidad de Las Eras, deformación de Los Eres” 30.
En mi opinión, esto tampoco debe ser así, porque el barranco de los Eres es el
que está bajo la montaña de Magua, y no el de La Cera o Las Ceras, llamado
así desde siglos atrás.

CONCLUSIONES
En la antigüedad, y sobre el lugar que nos ocupa dos pozos de agua salobre y
tres cuevas con cazoletas a modo de pequeños templos de culto a la Luz, fueron
especialmente importantes. Actualmente los pozos están enterrados bajo
escombros y las cuevas forman parte de casas particulares, siendo imposible
acceder y visitar ninguno elemento.
Los pozos salobres, las cuevas con cazoletas a modo de pequeños templos, el
ídolo católico introducido con bastante probabilidad a través de este lugar, las
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Eulogio J. Díaz Rodríguez.

Diciembre de 2018

referencias históricas, la toponimia y el razonamiento crítico de todas las
circunstancias, hacen pensar que en los pozos y sus entornos inmediatos
pudieron llevarse a cabo bautismos a modo de lavatorios por parte de mujeres
“sacerdotisas”, quizás las maguadas o maguas, tras los cuales se dejaban
pequeñas candelas encendidas en agradecimiento.
También es posible que los pozos fueran usados por la sociedad aborigen con
fines de purificación, mediante lavados corporales o purgados intestinales.
Todo indica que las candelas usadas por los guanches eran pequeñas, gruesas
y hechas con cera de ámbar gris, siendo el pábilo de algún tipo de algodón o
cáñamo natural muy fino y torcido. La gran acumulación de restos de esta cera
en la playa y riscos cercanos a los pozos, por décadas o cientos de años,
conformaron una característica peculiar, única y diferencial de la zona.
La cera debió estar presente tras la conquista de Tenerife y durante el inicio del
comercio de la brea junto a los pozos y el lugar del embarcadero, que por
aquellos tiempos se denominó “Puerto de la Cera”.
Los documentos comerciales de la época indican que en la comarca existió un
puerto con ese nombre, y según los pescadores de la zona, el único lugar de
toda esta parte de la costa donde se podría fondear un barco, es precisamente
en ese lugar, en “Playa Honda”, y frente a la cueva de Las Ricas.
Las referencias históricas nos indican que, en tiempos posteriores a la conquista,
y en la época del inicio del comercio de la brea, los frailes predicadores
introdujeron una pequeña imagen católica por una playa incierta de Abona, lugar
en el que la mantuvieron y rindieron culto dentro de una pequeña cueva,
denominándola en un primer momento “Virgen de la Cera”.
Intuyendo la importancia religiosa-espiritual del lugar, los posibles bautismos a
recién nacidos guanches, las posibles procesiones realizadas normalmente por
las maguadas o maguas, la existencia de pequeñas cuevas a modo de templos
en el entorno de los pozos, la intención de sincretizar los cultos aborígenes parte
de los frailes predicadores, la introducción de la imagen de la Candelaria también
en el entono de los pozos de Chimisay y Candelaria, y, sobre todo, por el primer
nombre que recibe la imagen católica (Ntra. Sra. de la Cera); con bastante
probabilidad, el lugar elegido por los frailes para introducir la imagen católica
pudo haber sido el entorno de los pozos y del Puerto de la Cera.
En poco más de dos décadas la imagen denominada Nuestra Señora de la Cera
fue trasladada, primeramente, junto a la fuente más importante de toda la costa
de Abona, en barranco del Tajo (Taxo), momento en el que pasó a llamarse
Virgen del Tajo o de La Luz, y poco tiempo después, en 1520, a una pequeña
ermita construida en la playa de la Punta de Abona, denominándola como “La
Candelaria de Abona o Nuestra Señora de Abona”.
En este último lugar, de las crónicas de Fray Alonso de Espinosa se puede
extraer la conclusión que, a finales del siglo XVI, ya se realizaban procesiones
por parte de los frailes, dejando gran cantidad de restos de cera en la orilla del
mar, mayormente a dos de febrero, día que eligieron para la celebración de la
virgen de Candelaria para supuestamente hacerla coincidir con el inicio del
calendario guanche.

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Eulogio J. Díaz Rodríguez.

Diciembre de 2018

También, de lo escrito por Fray Alonso de Espinosa, se desprende que, en esa
misma playa y fecha, todavía se realizaban cultos a la Luz por parte de los
naturales guanches, dejando candelas encendidas hechas con sus materiales
tradicionales. Fecha (2 de febrero) en la que los aborígenes celebraban el inicio
de su calendario lunar. Al menos en Adeje e Icod los guanches dejaban
pequeñas candelas encendidas en la playa hasta 1525, según Martín de Cubas.
En el lugar del puerto de La Cera también pudieron haberse mantenido rituales
y cultos ancestrales asociados a los pozos. Esto puede intuirse, porque los frailes
comenzaron a realizar procesiones en las que también, y de la misma manera
que en Candelaria, Chimisay y la Punta de Abona, dejaban candelas encendidas
en los riscos y en la costa. Pero no solo en el lugar concreto junto los pozos, sino
por todo el entorno, desde el acantilado de la Hondura y hasta la playa de el
Bonito.
Por aquellos años, el periodo de introducción de población foránea y el mestizaje
había comenzado en Canarias, y el tribunal de la Santa Inquisición se había
instalado. Los rituales que no fueran propios de la iglesia católica incurrían en
delito de brujería; los cultos y rituales de las maguadas o maguas aborígenes
dejaron de realizarse. No así las procesiones por parte de los frailes, que
continuaron dejando candelas encendidas durante mucho tiempo en esa zona.
Desde el acantilado de la Hondura y hasta la playa del Bonito debieron existir
restos de ceras procedentes de estas candelas, y por este motivo, y en fechas
de 1720-1723, existe referencia escrita del lugar como “Mar y Puerto Las Seras”
(Las Ceras).
Un gran aprovechamiento del territorio para cultivos tuvo lugar durante el periodo
de sequías y hambrunas comprendido entre 1750 y 1830. El canario construyó
terrazas de cultivo allí donde pudo para aprovechar las pocas lluvias, y quizás
por ese motivo, la cebada se introduce en toda la costa de Tenerife. Cerca del
lugar conocido entonces como “Puerto de las Ceras” se llegó a cultivar y trillar.
Tiempo después, a finales del siglo XIIX, la confusión se hace evidente sobre el
origen y nombre del lugar. Según la tradición oral, las extrañas procesiones de
los frailes seguían realizándose de manera esporádica, en días de febrero y por
la noche. Muy pocas personas eran testigos de ellas, y nadie podía explicarlas,
e incluso parecía algo disparatado; el conocimiento de ellas quedó en la intimidad
de algunas familias. La duda y la opción de “Las Eras” por la presencia de zonas
de trillado y la justificación por la “mala pronunciación del paisano” comienza a
instalarse poco a poco. Estas confusiones respecto al nombre del lugar se ven
reflejadas en algunas notas de prensa y también en el mapa de Tenerife del
capitán Julio Ardanaz,1884.
A pesar de todo, el lugar de costa siempre mantuvo su nombre y pronunciación
original entre los paisanos de la comarca, en los mapas importantes posteriores
y en las referencias catastrales hasta 1956. En años posteriores y con lógica
prudencia, en las escrituras notariales y documentos de los ayuntamientos de
Arico y Fasnia existen referencias al lugar con coexistencia de topónimos: “Las
Ceras - Las Eras”.
Y con el nombre de “Las Ceras” surgió un pequeño núcleo poblacional, incluso
con un pequeño cartel que anunciaba la entrada al barrio, décadas antes de que
los ayuntamientos de Arico y Fasnia organizaran definitivamente sus planes
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Eulogio J. Díaz Rodríguez.

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urbanísticos con el nombre de “Las Eras”. Nombre erróneo que se introdujo e
instaló definitivamente en los carteles de tráfico, tras la ampliación de la autopista
del sur a dos carriles por sentido en el año 1987.
El presente estudio desmonta la hipótesis de un topónimo erróneo, exponiendo
evidencias históricas, documentos notariales y comerciales totalmente objetivos
y contrastables.
Existen referencias al puerto de “La Cera” desde el inicio de la conquista de
Tenerife en el siglo XVI y en el siglo XVII, y como “Las Ceras” desde los siglos
XIIX y XIX y hasta finales del XX. El lugar parece tener unos orígenes diferentes
y, de alguna forma, anclados en la cultura guanche.
Por tanto, considero justo y positivo devolverle al núcleo poblacional y a todo su
entorno su nombre original y, con ello, parte de su identidad e historia. Sin duda,
el lugar de “Las Ceras” resuena todavía fuerte en muchos corazones.

REFERENCIAS
1

http://www.gobiernodecanarias.org/cultura/patrimoniocultural/bics. Llano de la
Vírgen.
2

CAPÍTULO DIEClSEIS. De la donación que el cabildo hizo de la ermita de
Nuestra Señora de Candelaria a los frailes predicadores. Historia de Nuestra
Señora de Candelaria.
3

Datos para la historia del desaparecido castillo de San Pedro en la Marina de
Candelaria. Por Octavio Rodríguez Delgado.
4

En el año 1987, con la ampliación de la autopista del sur a dos carriles por
sentido, algunos núcleos poblacionales de la costa sureste de Tenerife perdieron
su nombre original. Desde ese acontecimiento, Las Ceras pasó a denominarse
de manera errónea como Las Eras. Actualmente, algunos vecinos estamos
intentando la recuperación del topónimo original.
5

HISTORIA de Ntra. Sra. de CANDELARIA. CAPÍTULO CATORCE. De algunas
otras imágenes que se dice haber aparecido en esta isla.
6

La Virgen e Abona: Documentos inéditos para su análisis. Por Lorenzo
Santana. Pág. 20.
7

SANTANA, L. (2003) La Virgen de Abona, documentos inéditos para su análisis.
Revista del Sureste, 5: 17-25.
8

CAPÍTULO SEXTO. De cómo el rey de Güímar dio aviso a los reyes cercanos
de lo que en su reino había aparecido.
9

MILAGRO VENTISIETE. De lo mismo en otro, hermano del sobredicho, notable
caso

35
Eulogio J. Díaz Rodríguez.

Diciembre de 2018

CAPÍTULO DÉCIMO. De la cera que aparecía y se hallaba en panes en esta
isla.
10

11

CAPÍTULO QUINTO. De algunas costumbres otras de los naturales.

12

MILAGRO VEINTICUATRO. De cómo en tiempo de esterilidad y falta de agua
acude Nuestra Señora de Candelaria, invocada. Historia de Ntra. Señora de
Candelaria. Fray Alonso de Espinosa. 1594.
13

CINCO AÑOS DE ESTANCIA EN LAS ISLAS CANARIAS. R. VERNEAU.
Pág.83,84,85.
14

MEDEROS, A. y ESCRIBANO, G. (2016) Prospección arqueológica de la
caleta de Adeje (Tenerife, Islas Canarias). Revista de Historia Canaria, 198: 177229.
15

Historia de Nuestra Señora de Candelaria. CAPÍTULO NOVENO. De las
procesiones que en aquellos tiempos hacían los ángeles por la playa de
Candelaria.
16

MANRIQUE, A. M. (1873) Elementos de geografía é historia natural de las Islas
Canarias.
17

Irati Miguel, Lionel Garnery, Mikel Iriondo, Michel Baylac, Carmen Manzano, W
Steve Sheppard & Andone Estonba (2015) Origin, evolution and conservation of
the honey bees from La Palma Island (Canary Islands): molecular and
morphological data, Journal of Apicultural Research, 54:5, 427-440, DOI:
10.1080/00218839.2016.1180017.
18

Fray Alonso de Espinosa. Historia de Ntra. Sra. de Candelaria. CAPÍTULO
DÉCIMO. De la cera que aparecía y se hallaba en panes en esta.
19

CAPITULO DECIMO. De la cera que aparecía y se hallaba en panes en esta
isla.
20

Trascripción del audio original de Diego Cuscoy.

Historia de Nuestra Señora de Candelaria. CAPÍTULO NOVENO. De las
procesiones que en aquellos tiempos hacían los ángeles por la playa de
Candelaria.
21

22

De cómo en tiempo de esterilidad y falta de agua acude nuestra Señora de
Candelaria, invocada. MILAGRO VEINTICUATRO.
23

Historia de Nuestra Señora de Candelaria. CAPÍTULO NOVENO. De las
procesiones que en aquellos tiempos hacían los ángeles por la playa de
Candelaria.
MILAGRO VEINTITRES. De las procesiones ordinarias que se ven en la
plaza de Candelaria, y como la santa imagen se halla en ella.
24

36
Eulogio J. Díaz Rodríguez.

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25

Historia de Nuestra Señora de Candelaria. CAPÍTULO NOVENO. De las
procesiones que en aquellos tiempos hacían los ángeles por la playa de
Candelaria.
26

Sistemas de numeración y calendarios de las poblaciones bereberes de Gran
Canaria y Tenerife en los siglos XIV-XV. José Barrios García.
27

CAPÍTULO SEXTO. Del traje que usaban y los manjares que comían.

28

RODRÍGUEZ, O. (1999) Fasnia: La gestación de un pueblo.

29

Aufgenommen U. Gezeichnet (Los aprovechamientos agrícolas más
importantes de Tenerife). Dr Hans Meyer, 1896.
30

Mederos Martín, A.; Escribano Cobo, G. (2016). Prospecciones arqueológicas
alrededor del puerto de Abona y atalayas de las montañas de Magua, del puerto
de la centinela (Arico, Tenerife, Islas Canarias). Anuario de Estudios Atlánticos,
nº 62: 062-16.
AGRADECIMIENTOS:
-

María José Frías Bermúdez.
Mónica Frías Bermúdez.
Gustavo Peña Tejera.
Carlos Gustavo González Díaz.
Noelia González Cruz.
José Perea López.
Tomás Rodríguez Rodríguez.
Lorenzo Santana Rodríguez
Yésica Galdón Rodríguez.
Faustino Rodríguez Díaz
Agustín Rodríguez Díaz.
Jessica Hernández Pérez.
Enrique Vivancos Sola.
Candelaria Inmaculada González García, (Ada, Las Ceras).
César Pestano Expósito.
Sonia García Hernández.
Rayco Trujillo Castro.
Nayra Rivas Rodríguez.
Daniel González.
A todo el personal del Archivo Histórico de Tenerife.

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