Caja PDF

Comparta fácilmente sus documentos PDF con sus contactos, la web y las redes sociales.

Compartir un archivo PDF Gestor de archivos Caja de instrumento Buscar PDF Ayuda Contáctenos



Los Vikingos en España .pdf



Nombre del archivo original: Los Vikingos en España.pdf

Este documento en formato PDF 1.6 fue enviado en caja-pdf.es el 22/06/2017 a las 16:31, desde la dirección IP 148.240.x.x. La página de descarga de documentos ha sido vista 2304 veces.
Tamaño del archivo: 2.5 MB (121 páginas).
Privacidad: archivo público




Descargar el documento PDF









Vista previa del documento


Reinhart
P. A . D O Z Y
E io s V i k i n g o s
e n (H ispana

Subido Por Aliciamaria Actron Acuifero Eva24

Exos V ikingos
en (Blspaña

Subido Por Aliciamaria Actron Acuifero Eva24

Reinhart
P. A. D O Z Y

Utos V ik in g o s
en (Elspaña

Ediciones Polifemo
Madrid, 1987
Subido Por Aliciamaria Actron Acuifero Eva24

© Ediciones Polifemo
C/ Povedilla, 5
28(X)9 Madrid

Depósito legal: M. 9969-1987.
I.S.B .N .: 84-86547-03-2.

Impreso en España - Printed in Spain
Producción Gráfica: IM PRESION. S. A.
Ancora, 6
28045 Madrid

Subido Por Aliciamaria Actron Acuifero Eva24

ADMINISTRACION:
Librería Polifemo
Avda. de Bruselas, 44
Teléfs.: 255 71 01
245 68 11
28028 Madrid

«Les Normands en Espagne», estudio de Reinhart P. A. Dozy incluido en el volumen segundo
de sus «Recherches sur l’histoire et la littérature
d’Espagne», es el título original de la obra que aquí
se publica como «Los vikingos en España». Se ha
optado por cambiar dicho título, ya que el término
«vikingos» resulta más conpcido y responde con
mayor exactitud al contenido de la obra que refie­
re «las invasiones de los piratas escandinavos... y
las expediciones que hicieron los normandos afran­
cesados», según indica en la introducción su pro­
pio autor.
Salvo esta pequeña modificación y algunas
correcciones ortográficas, se ha respetado la tra­
ducción realizada por don Antonio Machado y Alvarez, que fue publicada en Sevilla a comienzos de
este siglo (¿1914?).

Subido Por Aliciamaria Actron Acuifero Eva24

Exos V ik in g o s
en €(,sf)aña

Subido Por Aliciamaria Actron Acuifero Eva24

L / a s invasiones de los piratas escandinavos en la pe­
nínsula Ibérica han llamado desde hace mucho tiempo
la atención de los historiadores. Mr. Werlauff, sabio di­
namarqués, publicó hará unos veinte años en las «Obras
de la Sociedad de anticuarios del Norte» (1) una diser­
tación sobre la materia que nos ocupa, disertación que
sirvió de base a la obra publicada en 1544 (2) por el es­
critor alemán Mr. Mooyer. Mr. Kruse, profesor de la
Universidad de Dorpat, reunió en un libro, editado por
él en 1851, con el título de Chronicon Nortmannorum
(3), los textos latinos referentes a la invasión de 844 y
a la de 859, la primera de las cuales ha sido tratada tam­
bién por el erudito secretario de la Academia de San Petersburgo, el Sr. Kunik, en una obra que vio la luz pú­
blica en 1845 (4). Privados, desgraciadamente, estos sa* (1) Annaler fo r Nordisk Oldkyndighed, años 1836-7, p. 18-61.
(2) Die Einfalle der Normannen in die pyrenaische Halbinsel. Eine
grosztentheils aus dem Danischen übersetzte Zusammenstellung der da­
rüber vorhandenen Nachrichten. Munster et Minden.
(3) Chronicon Nortm annorum , inde ab. a. 777 usque ad. a 779, ad
verbum ex Francicis, Anglosaxonicis, Hibernicis-scandinavicis, Slavicis, Serbicis, Bulgaricis, Arabicis et Byzantinis annalibus repetitum.
Hamburgo y Gotha. (Véase p. 158-164, 255-256.) A pesar de su pom­
poso título, esta recopilación dista mucho de ser completa y aún los
textos más comunes faltan en ella.
(4) Die Berufung der Schwedischen Rodsen durch die Finnen und
Slawen, t. II, p. 285-320.

—11—
Subido Por Aliciamaria Actron Acuifero Eva24

bios de los textos arábigos más extensos y curiosos, a ex­
cepción de los dos pasajes de Rodrigo de Toledo en su
Historia Arabum y de las no muy exactas noticias que
han podido hallar en autores tales como Conde y Car­
dona, fuerza les ha sido contentarse con lo que acerca
de esta materia traen Ahmed-Ibn-abi-Yacub, Abulfeda
y Maccari y Nowáirí, siendo el Sr. Kunik el único que
cita estos dos últimos autores, con referencia a la tra­
ducción del Sr. Gayangos, no siempre tampoco al abri­
go de la crítica. Nowairi, p. ej., dice que los normandos
fueron a Niebla, donde se apoderaron de una galera (5),
y el autor español, tomando un nombre común por uno
propio, ha traducido: «Fueron a Lesla y se apoderaron
de Chineba».
Creemos conveniente, por tanto, dar a conocer aquí
aquellos pasajes más importantes que hemos recogido
en los autores árabes, relativos a las invasiones de los
piratas escandinavos en la península, y los referentes a
las expediciones a España que hicieron los normandos
afrancesados (de Normandía), expediciones que influ­
yeron acaso en la poesía francesa de la Edad Media.

(5) Zam djaraja al madjus alilabalat fasabu schiniya.

—12—
Subido Por Aliciamaria Actron Acuifero Eva24

I
INVASION DE 844

H a c í a ya cincuenta años que los piratas escandinavos,
aventurándose en frágiles barquichuelos en los mares de
Europa, y saqueando e incendiando las ciudades y ricas
abadías en donde quiera que desembarcaban, habían
sembrado el espanto en la Frisia, en Holanda, en las is­
las Británicas y en Francia. Ni un solo pueblo, después
de la sangrienta batalla de Fontenai, donde pereció la
flor de los guerreros francos, y del repartimiento de la
extensa monarquía de Cario Magno entre los hijos de
Ludo vico Pió, ni un solo pueblo se atrevía ya a resistir
a los paganos, a los llamados lobos, a las feroces ban­
das de Hasting y de Bjaern, Costilla de Hierro.
El mismo año de la batalla de Fontenai, Rouen fue
quemado por los piratas, Tours escapó por milagro y en
Nantes el obispo y su rebaño fueron degollados dentro
de la catedral.
Tocóle entonces el turno a España. El año 844, una
escuadra normanda que salió del Garona, después de

—13—
Subido Por Aliciamaria Actron Acuifero Eva24

llegar hasta Tolosa, fue arrojada por una tempestad a
las playas de Asturias. Los piratas saquearon la costa
cercana a Gijón, y luego desembarcaron en el antiguo
faro, llamado hoy Torre de Hércules, y entonces Farum
Brigantium (cerca de La Coruña) (6); mas no consiguie­
ron llevar adelante sus estragos, porque el rey Ramiro I
envió contra ellos tropas que los obligaron a retirarse y
les quemaron setenta barcos.
Fracasada su tentativa contra Asturias y Galicia, los
normandos se dirigieron al Mediodía para atacar las po­
sesiones musulmanas. Los árabes de España habían te­
nido ya relaciones con los normandos, pero amistosas
hasta entonces; pues según el relato de Ibn-Dihya, co­
piado por Maccari (7), Abderraman I envió, por el año
821, un embajador a un rey normando. Era este emba­
jador el poeta Yahyá Ibn-Hacám, apellidado en su ju­
ventud Gazal (gacela) por su belleza. Hábil y galante di­
plomático supo conquistarse en Constantinopla el favor
de la emperatriz, manifestándose su entusiasta admira­
dor, y ganarse las simpatías de la esposa del rey nor­
mando (8) con sus ocurrencias y lisonjeros versos. Por
lo demás, el autor árabe no nos indica la causa que mo­
vió a Abderraman a enviar una embajada al rey nor­
mando. Mr. Kunik^ discurriendo sobre este hecho, con­
jetura con bastante acierto que las intenciones del sul­
tán, a la sazón en guerra contra Francia, serían excitar
contra esta nación a los piratas escandinavos; mas sea
de esto lo que quiera, es lo cierto que en esta ocasión
los sectarios de Mahoma, en vez de comerciar con los
sectarios de Odín y de hacer versos en honor de sus rei­
nas, se vieron obligados a combatir con ellos; tarea que
les fue mucho más difícil, como lo probarán los pasajes
que vamos a traducir. He aquí uno de Nowairi:
(6) Compárese Esp. Sagr. t. XIX, p. 13 y siguientes.
(7) Tomo I, p. 630 y 631.
(8) En el texto árabe es llamada Tud, palabra en que M. Kunik (pá­
gina 291) ha creído reconocer el nombre germánico Theoda.

—14—
Subido Por Aliciamaria Actron Acuifero Eva24

RELATO
DE LA INVASION DE LOS POLITEISTAS EN LA
ESPAÑA MUSULM ANA

En el año 230 (18 de Septiembre 844-6 de
Septiembre 845) los madjus (los paganos)
que ocupaban la parte más lejana de Espa­
ña (9) invadieron el país de los musulmanes,
apareciendo por primera vez en Lisboa, en
Dhu-l-hiddja del año z29 (20 de Agosto-17
de Septiembre 844), permaneciendo en ella
trece días, durante los cuales libraron mu­
chos combates con los sarracenos. Luego
fueron a Cádiz y de allí a la provincia de Sidona (10), donde se dió también una gran
batalla, estableciéndose el 8 de Moharrám
(5 de Septiembre) a doce parasangas de Se­
villa. Los mahonjetanos salieron entonces a
su encuentro y el 12 del mismo mes fueron
derrotados, sufriendo grandes pérdidas. Los
madjus acamparon a dos millas de Sevilla.
Los habitantes de esta ciudad salieron con­
tra ellos y los combatieron; pero el 14 (1.°
de Octubre) quedaron derrotados, perecien­
do un gran número y cayendo muchos en
manos de los madjus que no perdonaron ni
a las acémilas. Entrados por fin en la ciu­
dad, los vencedores permanecieron en ella
un día y una noche y se volvieron a sus bar(9) Debem os perdonar a un escritor egipcio esta expresión inexac­
ta. Nowáiri hubiera podido decir que los Normandos vivían en Fran­
cia porque en aquel tiempo pasaban el verano haciendo algaras en
aquel país y el invierno en las islas que prolongan su costa.
(10) Sidona es siempre entre los árabes el nombre de una provin­
cia; sólo autores mal informados, como Ibn-al-Hacám (p. 4, ed. Jo­
nes) hacen de él un nombre de lugar.

— 15—
Subido Por Aliciamaria Actron Acuifero Eva24

f eos; pero, cuando vieron llegar el ejército de
Abderraman II, se apresuraron a salirle al
encuentro. Los musulmanes resistieron la
acometida y trabado el combate, murieron
setenta politeístas, huyendo los demás y vol­
viendo a embarcarse, sin que aquellos se
atrevieran a perseguirlos.
Abderraman envió después otro ejército
contra ellos, empeñándose una batalla muy
reñida en que los sectarios de Odín se ba­
tieron en retirada. El 2 rebí 1.° (17 de No­
viembre) el ejército musulmán se puso en
persecución de ellos y con los refuerzos que
de todas partes les llegaban, los atacó de
nuevo, estrechándolos por todas partes. Los
normandos huyeron entonces perdiendo
unos quinientos hombres, y cuatro buques
que fueron quemados, después de sacarse de
ellos cuanto contenían (11). Los madjus fue­
ron luego a Niebla, donde se apoderaron de
una galera, y estableciéndose en una isla cer­
ca de Coria (12), se repartieron el botín. Los
musulmanes remontaron el río (13) para ata­
carles y les mataron dos hombres. Los nor­
mandos entonces, poniéndose nuevamente
en marcha, invadieron la provincia de Sidona, apoderándose de muchos víveres y co­
giendo muchos prisioneros; pero, a los dos
días de su vuelta, los barcos de Abderraman
arribaron a Sevilla, y a su aproximación hu­
yeron a Niebla, cuyo país saquearon, co­
tí 1) Si se compara con este relato el de Ibn-Adhári, se verá que
Nowáiri habla aquí de una batalla dada en la provincia de Sidona.
(12) No nos atrevemos a asegurar que Nowáiri no se equivocase al
escribir este nombre, pero es claro que se trata de una isla cercana a
Huclva.
(13) El Tinto.


16—

Subido Por Aliciamaria Actron Acuifero Eva24

giendo prisioneros. Hecho esto, se dirigie­
ron a Ocsonoba (14) y de allí a Béjar, reti­
rándose a Lisboa y abandonando las costas
de España, con lo que no se volvió a oir ha­
blar más de ellos y el país se tranquilizó.

Escuchemos ahora a Ibn-Adharí, páginas 89, 91 de
nuestra edición. Refiriendo este autor la invasión de los
normandos, cita dos libros: el Bahdjá an-nafs, que me
és desconocido, y el Dorar al-Calayid, es decir, el Do­
rar al-Calayid waghorar al.fawayid por Abu-Amir (Mohammed Ibn-Ahmed Ibn-Amir) Sálimi (15), que pare­
ce haber vivido en el siglo XI o XII, y cuya historia, a
juzgar por los extractos que se encuentran en muchos
autores, estaba escrita en prosa rimada, siendo de ella
probablemente de donde ha tomado Ibn-Adhari los dos
pasajes que se encuentran en su relato.
En el año 229 (29 de Septiembre 843-17 de Septiem­
bre 844) recibióse en la capitaf una carta de Wahb-alláh
Ibn-Hazm, gobernador de Lisboa, diciendo que los
Madjus habían aparecido en las costas de su provincia
con cincuenta y cuatro bajeles y otras tantas barcas. Abderraman lo autorizó entonces y a los gobernadores de
las demás provincias marítimas para que tomasen las
medidas que las circunstancias exigiesen.

(14) Las ruinas de Ocsonoba. ciudad episcopal antiguamente, se
encuentran al N. de Faro, en un sitio llamado en la actualidad Estoy.
(15) Véase Ibn-Adhári t. II, p. 132 (donde debe leerse Abu-Aamir
en vez de Abn-amir) Maccari t. I p. 82 (donde debe sustituirse al-salimi a al-saalimi) t. II p. 97. 195, 629, Ibn-al-Abbár, anteriormente t.
I y en mis Noticias p. 174. 175 y 176.


17



Subido Por Aliciamaria Actron Acuifero Eva24

TOMA DE SEVILLA POR LOS MADJUS
EN EL AÑO 230
Los Madjus llegaron con cerca de ochen­
ta bajeles; cubrióse el mar de pájaros de co­
lor de sangre, llenáronse los corazones de
los hombres de temores y angustias. Des­
pués de desembarcar en Lisboa pasaron a
Cádiz, de allí a la provincia de Sidona, y por
último a Sevilla. Sitiaron y tomaron a viva
fuerza esta ciudad, sometieron a sus habi­
tantes a los rudos dolores de la cautividad y
de la muerte, y durante los siete días de su
permanencia apuró el pueblo el cáliz de la
amargura.
Apenas el emir Abderraman se informó
de lo ocurrido confió el mando de la caba­
llería al hádjib Isá-Chohaid (16). Los musul­
manes se apresuraron a alistarse bajo sus
banderas y a unirse a él tan estrechamente
como están unidos la pupila y el ojo. Abdalah-ibn-Colaib, ibn-Wasim (17) y otros ofi­
ciales se pusieron también en marcha con la
caballería. El general en jefe del ejército es­
tableció su cuartel en el Aljarafe y desde allí
escribió a los gobernadores de los distritos
ordenándoles que llamasen a sus administra­
dos a las armas. Acudieron estos a Córdoba
y el eunuco Nasr los condujo hacia el ejér­
cito.
Sin embargo, los Madjus recibían incesan(16) Así debe leerse en vez de ibn-Said. Ibn-al-Cutia (folio 350)
atestigua que el hadjib o primer ministro durante los últimos años del
reinado de Abderraman II se llamaba Isa Ibn-Chohaid. Los Beni Chohaid ocupaban un alto puesto entre la nobleza cortesana.
(17) Este oficial, como después veremos, se rindió en la provincia
de Sidona.

—18—
Subido Por Aliciamaria Actron Acuifero Eva24

tes refuerzos y, según el autor del libro ti­
tulado Bahdjá an-nafs> continuaron por es­
pacio de trece días matando a los hombres
y reduciendo a esclavitud a las mujeres y ni­
ños; en vez de trece el autor, del Dorar alCalayid, a quien hemos seguido antes, dice
siete días. Tras de varios combates con los
musulmanes, los normandos fueron a Captel (18) donde permanecieron tres días; en­
traron luego en Caura (19), a doce millas
(tres leguas) de Sevilla, degollaron a multi­
tud de personas, después se apoderaron de
Talyáta, a dos millas (media legua) de la re­
petida ciudad (20) pernoctaron en ella y al
día siguiente de mañana aparecieron »en un
sitio llamado al-Fajarin. Enseguida volvie­
ron a embarcarse, y más tarde libraron una
batalla con los musulmanes, derrotándolos
y causándoles pérdidas incalculables. Los
Madjus, vueltos a iu s barcos se dirigieron a
Sidona, de allí a Cádiz. Después de enviar
el emir Abderram an sus generales contra
ellos y de combatirlos con diversa fortuna
derrotándolos por último, valiéndose de má­
quinas de guerra y de las fuerzas venidas de
Córdoba, matáronles quinientos hombres y
se apoderaron de cuatro de sus barcos que
Ibn-Wasin mandó quemar después de ven(18) Hoy Isla m enor, una de las dos islas que forma el Guadalqui­
vir antes de desembocar en el mar.
(19) Caura se encuentra mencionada en Plinio y los árabes pronun­
cian este nombre de la misma manera que los romanos. (Véase el Lob
al-lobáb): hoy se dice Coria. Ibn-Haiyán (folio 53) atestigua también
que Caura está a 12 millas de Sevilla; pero los españoles (véase Caro,
Antigüedades de Sevilla, folio 116, v., Morgado, Historia de Sevilla,
fol. 40, col. I y el Diccionario geográfico del Sr. Madoz, art. Coria)
sólo ponen dos leguas entre Sevilla y Coria del Río.
(20) Véase acerca de Talyáta, el tomo I, p. 404 y nota D , p. 458
de nuestras Investigaciones. ..

—19—
Subido Por Aliciamaria Actron Acuifero Eva24

der todo lo que contenían. Enseguida (21)
fueron derrotados en Talyáta, el martes 25
de Safar de este año (11 Noviembre de 844)
pereciendo muchos de ellos, siendo ahorca­
dos algunos en Sevilla, colgados otros de las
palmeras de Talyáta y quemados treinta de
sus barcos. Los normandos que escaparon
del degüello volvieron a embarcarse, fueron
a Niebla y luego a Lisboa, sin que volviera
a oirse hablar de ellos. Habían llegado a Se­
villa el miércoles 14 de Moharram del año
230 (1 Octubre de 844) y transcurrido cua­
renta y dos días desde que entraron en esta
ciudad hasta la partida de los que consiguie­
ron escapar al filo de la espada agarena. Su
jefe había sido muerto. Dios, para castigar­
los por sus crímenes, permitió que fueran
degollados y aniquilados a pesar de ser muy
numerosos. El gobierno cuando los vió ven­
cidos, comunicó esta fausta nueva a todas
las provincias, y el emir Abderraman escri­
bió a los Cinadhjies de Tánger informándo­
les de que, con el auxilio de Dios, había lo­
grado ajcabar con los Madjus y envióle la ca­
beza de su jefe y otras doscientas de los prin­
cipales guerreros normandos.
Añadiremos a estos pasajes el curioso relato de Ibnal-Cutia, completamente desconocido aún y el más an­
tiguo, porque es del siglo X.
r A bderram an mandó construir la gran
¿mezquita de Sevilla y reedificar las murallas
(21)
Esta palabra está aquí fuera de su sitio. Según Nowáiri, la ba­
talla en la provincia de Sidona. de que Ibn-Adhári acaba de hablar,
se dio el 17 de Noviembre, seis días después de la de Talyáta.

—20—
Subido Por Aliciamaria Actron Acuifero Eva24

de esta ciudad, destruidas por los Madjus en
él año 230. La aproximación de estos bár­
baros sembró el espanto entre los habitan­
tes, que huyeron todos en busca de un asi­
lo, ora a las montañas de los alrededores,
ora a Carmona. En todo el Occidente no
hubo una sola persona que se atreviese a
combatirlos; en consecuencia llamáronse a
las armas a los habitantes de Córdoba y de
las provincias limítrofes, y, cuando estuvie­
ron reunidos, los visires los condujeron con­
tra los invasores. Los moradores de las fron­
teras habían sido llamados en los momentos
mismos en que los Madjus, desembarcados
en el extremo occidental, se habían posesio­
nado de la llanura de Lisboa.
Los visires se establecieron en Carmona
con sus tropas, pero era tal y tan extraordi­
naria la bravura de los enemigos que no se
atrevieron a atacartos hasta recibir los re­
fuerzos de la frontera, que llegaron al cabo
con Musa ibn-Casí. Mucho costó a Abderraman conquistar el apoyo de este jefe, a
quien se vió obligado a mimar y a recordar
los lazos de amistad que unían a entrambas
familias, por haber abrazado el islamismo un
ascendiente de Muza a instancias del califa
Walid y haber llegado de este modo a ha­
cerse su cliente. Muza cedió al fin y marchó
al Mediodía con un numeroso ejército, pero
llegado a las cercanías de Carmona, colocó
su campamento aparte, sin querer reunirse
con las demás divisiones de la frontera, ni
con el ejército de los visires.
Preguntados éstos por los jefes de las tro­
pas fronterizas acerca de la marcha y movi­
mientos de los enemigos y de un sitio cerca—

21—

Subido Por Aliciamaria Actron Acuifero Eva24

no a Sevilla para poder embarcarse sin pe­
ligro de ser descubiertos, les respondieron
que los Madjus enviaban diariamente desta­
camentos a Firrich (22), Lacant (23), Cór­
doba y Morón, y les indicaron la aldea de
Quintos Moafir (24), al S. O. de Sevilla,
como a propósito para sus planes. Los jefes
siguieron la indicación de los visires y a me­
dia noche se emboscaron en la citada aldea,
poniendo a uno de los suyos, provisto de un
haz de leña, de centinela en la torre de la an­
tigua iglesia.
Al rayar el día el centinela avisó el paso
de una banda de dieciseis mil Madjus que se
dirigían a Morón. Los musulmanes los deja­
ron pasar y les cortaron la retirada a Sevi­
lla, después de lo cual los destrozaron.
Luego los visires siguieron adelante y, en­
trados en Sevilla, encontraron en ella al go­
bernador sitiado en el castillo, que se les
unió y [os habitantes volvieron en masa a la
ciudad.
Sin contar la banda destrozada, otras dos
se habían puesto en campaña: una con di­
rección a Lacant, otra en dirección al cuar­
tel de los Beni-F-Laith, en Córdoba. Así,
(22) El fuerte, a que daban los árabes el nombre de Firrich, se en­
contraba al N. E. de Sevilla, no lejos de Constantina. Véase Edrisi t.
II, p. 57 de la traducción del Sr. Jaubert, donde se lee Firsch, pero
el man. A de París, que hemos confrontado, trae la buena lección Firisch. Véase también el Maracid en v. Firisch.
(23) Dase el nombre de Lacant, dice el autor del Maracid, a dos
fortalezas de la provincia de Mérida, una pequeña y otra grande, que
están frente a frente. Quizá este lugar, de que los autores árabes ha­
blan muy a menudo, se encontraba en las cercanías de Fuente de Can­
tos, al N. O. de Sevilla.
(24) Quintos se encuentra nombrado en el Repartimiento de Alfon­
so X (apud Espinosa, Historia de Sevilla, fol. 16, col. 2), pues se sabe
que Moáfir es el nombre de una tribu árabe. Una parte de esta tribu
poseía tierras alrededor de la aldea de Quintos.


22—

Subido Por Aliciamaria Actron Acuifero Eva24

cuando los Madjus, que aún estaban en Se­
villa, vieron llegar al ejército musulmán y se
enteraron del desastre sufrido por la división
que fué a Morón, volvieron a embarcarse
precipitadamente, y, remontando el río ha­
cia el castillo de... (25) encontraron a sus ca­
maradas, y todos juntos descendieron río
abajo, mientras los habitantes del país los
llenaban de improperios y maldiciones, ti­
rándoles piedras. Llegados a una milla más
abajo de Sevilla, los Madjus les gritaron:
— ¡Dejadnos en paz, si quereis rescatar los
prisioneros!— dejando entonces el pueblo
de arrojarles proyectiles consintieron resca­
tar los cautivos a todo el mundo. La mayor
parte de ellos pagaron su rescate; pero los
Madjus no quisieron tomar oro ni plata,
aceptando sólo víveres y vestidos.
Después de abandonar Sevilla se fueron a
Necur donde cogierdn prisionero al abuelo
de Ibn T-Salih. El emir Abderraman IbnHacám lo rescató y los Beni-Sálih, agrade­
cidos a este beneficio, conservaron siempre
buenas relaciones con los Omeyas (26). Los
M adjus saquearon simultáneamente ambas
costas, y durante esta expedición, que duró
catorce años, llegaron al país de los Rum y
a Alejandría.
Concluida la gran mezquita de Sevilla Ab­
derraman soñó que había entrado en ella y
(25) El castillo de Alzhwak, como escribe Ibn-al-Cutia, o de Ra, como se encuentra en Ibn-Haiyan (fól. 61 v.), era, según el úl­
timo autor, el primero que se encontraba remontando el río a ocho
millas (dos leguas) de Sevilla. Las tropas del sultán Abdallah lo
destruyeron.
(26) Volveremos a ocuparnos de este pasaje, que se refiere a otra
invasión de los normandos y contiene errores.

—23—
Subido Por Aliciamaria Actron Acuifero Eva24

que en el kibla (27) estaba el Profeta muer­
to y envuelto en un sudario. Se despertó
muy triste y preguntando a los adivinos la
explicación de aquel sueño, le respondieron
que el ejercicio del culto cesaría en la mez­
quita. Así aconteció cuando los normandos
se apoderaron de la ciudad.
Muchos jeques de Sevilla han referido que
los Madjus arrojaban flechas incendiadas so­
bre el techo de la mezquita, y que las partes
del techo donde daban estas flechas se des­
plomaban. Aún hoy pueden verse las hue­
llas de esos flechazos. Luego cuando los
Madjus se apercibieron que de aquella ma­
nera no conseguirían sus propósitos, amon­
tonaron leña y esteras de juncos en una de
las naves, con intención de prenderle fuego
y esperando que el incendio llegaría al te­
cho: pero un joven que llegó del lado de
Mihrab (28) salió a su encuentro, los arrojó
de la mezquita y durante tres días consecu­
tivos, hasta el de la gran batalla, les impidió
que volviesen a entrar allí. Los Madjus de­
cían que el joven que los había expulsado
de la mezquita era de una belleza extraordi­
naria (29).
Desde entonces el emir Abderram an
tomó medidas de precaución, hizo edificar
un arsenal en Sevilla, mandó construir bar­
cos y que se alistasen marineros de las cos­
tas de Andalucía, a quienes señaló sueldos
muy crecidos, proveyéndolos de máquinas
(27) Llámase así a la puerta de una mezquita que se encuentra ha­
cia el lado de la Meca.
(28) Es la kibla, es el sitio donde se tiene el imam.
(29) La mezquita de Sevilla fue, pues, salvada por un ángel, así
como Tours había sido salvada algún tiempo antes por San Martín.

—24—
Subido Por Aliciamaria Actron Acuifero Eva24

de guerra y de nafta. También cuando los
Madjus arribaron por segunda vez en el año
244 (19 de Abril 858-7 Abril 859), bajo el
reinado del emir Mohammed, salieron a
combatirles a la desembocadura del río y
cuando aquellos se vieron derrotados e in­
cendiados muchos de sus barcos, se retira­
ron (30).
Muy difícil sería reunir en uno solo los tres relatos
mencionados, que se contradicen a menudo, cosa muy
natural por tratarse no de narraciones contemporáneas,
sino de tradiciones que no se consignaron hasta el siglo
X, pues los árabes de España comenzaron muy tarde a
escribir su historia (31). Las divergencias que existen en­
tre estos relatos reconocen también otra causa. Según
la exacta observación de Mr. Kunik, p. 301, los norman­
dos que invadieron las costas de la península no forma­
ban un solo cuerpo obediente a Jás órdenes de un solo
jefe, siendo por el contrario bandas que obraban unas
veces de acuerdo, otras separadamente, circunstancia
no reparada por los autores árabes, y que explica mu­
chas de las contradicciones de estos relatos.
Notemos también que la época en que los norman­
dos aparecieron por primera vez en España, una de esas
bandas desembarcó en la costa occidental de África, en
el lugar donde más tarde fue edificada Arcila. El geó­
grafo Becri se expresa sobre este punto en los siguien­
tes términos (32):
(30) A creer al Sr. Gayangos en una nota sobre su edición de Razi,
p. 98, se hallarían en el A jbar Machmua detalles interesantes sobre
la invasión del 844 y cita hasta la página, a saber, fól. 77; pero es el
hecho que el autor del «Ajbar» nada dice sobre los Madjus; el Sr. Ga­
yangos lo habrá confundido con Ibn-al-Cutia, cuya obra se encuentra
en el mismo tomo y, habla, de los Madjus en la p. 27.
(31) Véase sobre este punto la traducción que hemos añadido a
nuestra edición de Ibn-Adhari.
(32) Página 111 de la edición de M. de Slane.


25—

Subido Por Aliciamaria Actron Acuifero Eva24

La dudad de Arcila es de construcción mo­
derna y debe su fundación al acontecimien­
to que vamos a referir. Los Madjus llegaron
dos veces a la rada que hoy le sirve de puer­
to. La primera supusieron haber depositado
en este lugar inmensos tesoros y dijeron a
los berberiscos reunidos para combatirles:
—«No hemos venido para haceros la guerra;
pero este lugar oculta riquezas que nos per­
tenecen; si quereis apartaros y dejarnos sa­
carlas, nos comprometemos a compartirlas
con vosotros»— . Los berberiscos aceptaron
la proposición y se retiraron a alguna distan­
cia: los Madjus cavaron un largo espacio de
terreno y sacaron de él gran cantidad de
mijo podrido. Aquellos, viendo el color
amarillo de este grano e imaginándose que
era oro, corrieron a quitárselo: los Madjus
espantados huyeron a sus barcos. Los ber­
beriscos despues de reconocer que todo su
botíft consistía en mijo, se arrepintieron de
lo que acababan de hacer e invitaron a los
normandos a desembarcar de nuevo para co­
ger ^sus riquezas; mas éstos rehusaron.
—«Habéis violado una vez vuestros compro­
misos, dijeron a los africanos, ningún dere­
cho teneis a nuestra confianza»— . Ensegui­
da partieron y, dándose a la vela para Espa­
ña, vinieron a desembarcar en Sevilla el año
229, bajo el reinado del imán Abderraman-Ibn-Hacám.

En este pasaje, cuya continuación daremos más ade­
lante, trátase sin duda alguna, no de toda la escuadra
normanda, sino de una banda poco considerable, que
después de abandonar la costa africana, fue a unirse a


26—

Subido Por Aliciamaria Actron Acuifero Eva24

los normandos, desembarcados en Sevilla. En efecto;
esta banda de ser numerosa no hubiera huido a la
aproximación de los berberiscos; por otra parte, IbnAdhári atestigua formalmente que los normandos de­
sembarcados en Sevilla recibían continuos refuerzos.
Parece, por último, que la tropa de que habla Becri des­
cubrió un silo, hallazgo de inestimable precio, pues la
gran dificultad que a los Madjus se ofrecía durante sus
largas expediciones era la de procurarse víveres; lo cual
explica, según vimos ya en el relato de Ibn-al-Cutia, que
en Sevilla rehusaran tomar dinero a cambio de los cau­
tivos, y que sólo consintiesen en aceptar vestidos y pro­
visiones de boca.



27—

Subido Por Aliciamaria Actron Acuifero Eva24

II
INVASIONES DE 858-861

L / a crónica de Albelda (c. 61) no contiene sobre estas
invasiones más que las siguiente^ palabras:

Bajo el reinado de Ordoño I, los norman­
dos aparecieron por segunda vez en las cos­
tas de Galicia, pero fueron destrozados por
el conde Pedro.

Sebastián de Salamanca (c. 26) es más explícito, se ex­
presa en estos términos:

En aquel tiempo los piratas normandos
aparecieron por segunda vez en nuestras
costas; después arribaron a España (33) y
(33)
Sabido es que los cronistas del Norte de la península daban el
nombre de Hispania a la España árabe.

—29—
Subido Por Aliciamaria Actron Acuifero Eva24

matando, quemando y saqueando, asolaron
todas las costas de este país. Atravesando en
seguida el estrecho se apoderaron de Nachor
(34), ciudad de la Mauritania, donde mata­
ron un gran número de musulmanes. Des­
pués de esto atacaron y despoblaron las is­
las de Mallorca, Formentera y Menorca. Por
último fueron a Grecia y después de una ex­
pedición de tres años, se volvieron a su
patria.

Ibn-Adhári, (t. II, p. 99), cuenta esta invasión de esta
maner^:

En el año 245 (8 de Abril 859-27 de Mar­
zo 860) los Madjus se presentaron de nuevo
en las costas de Occidente con 62 buques;
pero las encontraron muy bien custodiadas,
porque los barcos musulmanes hacían el cru­
cero desde la frontera de la costa francesa
(35) Hasta las del lado de Galicia en el ex­
tremo occidental. Dos de sus buques se ade­
lantaron; pero, perseguidos por los bajeles
que guardaban la costa, fueron capturados
en un puerto de la provincia de Beja. Allí
se encontró oro, plata, prisioneros y muni­
ciones; los demás buques avanzaron cos­
teando y llegaron a la embocadura del río
de Sevilla; entonces el emir (Mohammed)
^ i ó orden al ejército de ponerse en marcha,
y llamó a las armas para que se engancha(34) Necur, o Necor según la pronunciación africana, era una villa
del Riff marroquí a 11 leguas O .S.O . del Cabo Tres Forcas. Más tar­
de recibió el nombre de Mezzemma.
(35) Trátase aquí de las costas orientales de España.

—30—
Subido Por Aliciamaria Actron Acuifero Eva24

sen bajo las banderas del hádjib Isá-IbnHasan.
Los Madjus, abandonando la embocadu­
ra del río de Sevilla, fueron a Algeciras de
la que se apoderaron incendiando su mez­
quita principal; luego pasaron al Africa y
despojaron a sus poseedores, hecho lo cual,
volvieron hacia la costa de España, y, de­
sembarcando en la de Todmir, avanzaron
hasta la fortaleza de Orihuela; después fue­
ron a Francia, donde pasaron el invierno.
Allí cogieron multitud de cautivos, apode­
rándose de mucho dinero y haciéndose due­
ños de una ciudad en la que fijaron su resi­
dencia y que aún lleva su nombre. Retorna­
ron enseguida hacia la costa de España, pero
habían perdido ya más de cuarenta buques,
y en el combate con la escuadra del emir
Mohammed, en la costa de Sidona, perdie­
ron otros dos, cargados de riquezas. Los
otros buques continuaron su marcha.

Becri nos da noticias acerca de los destrozos que hi­
cieron los normandos en Africa durante esta expedición:
en el principio de su artículo sobre Arcila después del
pasaje traducido anteriormente, dice:

La segunda invasión de los Madjus se ve­
rificó cuando, después de abandonar las cos­
tas de España, fueron impelidos por el vien­
to hacia ese puerto (el puerto de Arcila)
yéndose a pique muchos de sus bajeles en
la entrada occidental de la rada, de donde
tomó este sitio el nombre, que aún conser­
va en la actualidad, de puerta de los Mad-

—31—
Subido Por Aliciamaria Actron Acuifero Eva24

jus. Entonces construyeron un ribat (36) en
el lugar que ocupa hoy la ciudad de Arcila
y allí acudieron de todas partes.

Se ve, pues, que Arcila fue en su origen una especie
de ciudadela o fortaleza, destinada a proteger la costa
occidental del Africa contra las invasiones de los nor­
mandos.
El segundo pasaje de Becri (p. 92 ed. de Slane) está
concebido en los siguientes términos:

Los Madjus (Dios los maldiga) desembar­
caron cerca de Necur en el año 244 (19 de
Abril 858-7 de Abril 859), tomaron la ciu­
dad, la saquearon y redujeron a sus habitan­
tes a la servidumbre, excepto a dos que se
salvaron huyendo. Entre los prisioneros se
encontraron Ama-ar-rahman (37) y Janula,
hijas de Wâkif Ibn-Motacim Ibn-Sâlih, a
quien rescató el imam Mohammed Ibn-Abderraman. Los Madjus permanecieron ocho
días en Necur. (38)

(36) «Los ribats eran primitivamente cavernas fortificadas que se
construían en las fronteras de un imperio, adonde, a más de las tro­
pas que allí se mantenían, acudían gentes piadosas para hacer el ser­
vicio militar y obtener de este modo los méritos espirituales a que tie­
nen derecho los que guerrean contra los infieles. Las prácticas devo­
tas ocupaban allí sus momentos de ocio.» M. de Slane en el Jour.
Asiat. tercera serie t. XIII. página 168.
(37) Literalmente «la sierva» del misericordioso. Este nombre es,
por decirlo así. el femenino de Abderraman II.
(38) Ibn-Jaldun en su Historia de los Berberiscos (t. 1 página 283
del texto: t. II p. 139 de la traducción) habla también de la toma de
Necur por los normandos; pero por un singular anacronismo coloca
este acontecimiento un siglo antes, en 144. y añade que los norman­
dos fueron expulsados de Necur por los berberiscos Beránis.


32



Subido Por Aliciamaria Actron Acuifero Eva24

Este texto es importante por la fecha que en él se en­
cuentra. Becri coloca la toma de Necur en 244 de la Hégira (858 de nuestra era). Ibn-al-Cutia fija la segunda in­
vasión de los normandos en el mismo año y creemos que
su expedición, que duró muchos, comenzó realmente en
858. En segundo lugar, el relato de Becrí sirve para
corregir las noticias de Ibn-al-Cutia (véase lo que he­
mos dicho en la p. 23). Según éste los Madjus se apo­
deraron de Necur en 844, y cogieron prisionero al prín­
cipe reinante que fue rescatado por el sultán de España
Abderraman II, todo lo cual es inexacto; primero, por­
que Necur no fue tomado en 844 sino en 858; segundo,
porque no fue el mismo príncipe quien cayó en poder
de los normandos, sino dos princesas parientas suyas (el
príncipe Said-Ibn-Idris, era su tío según el uso de Bre­
taña) las cuales fueron rescatadas, no por Abderraman
II, sino por su hijo menor Mohammed.
Volvamos ahora a Ibn-Adhari quien, al decir que los
normandos habían ya perdido cuarenta barcos antes de
volver a la costa de España, tjivo a la vista sin duda la
horrible tempestad sobrevenida a la escuadra norman­
da a su vuelta de Italia, tempestad de que habla Benito
de Sainte Maur. Ibn-Adhari asegura también que los
normandos invernaron en Francia. El obispo Prudencio
atestigua por su parte que pasaron el invierno en Provenza (39), agregando que se establecieron en la isla de
Camaria, es decir, sobre el delta o triángulo, llamado
hoy la Camargue, formado por los dos brazos principa­
les del Ródano, cerca de su embocadura, algo más aba­
jo de Arlés; siendo muy de notar que el autor árabe nos
enseña que este sitio ha conservado algún tiempo el
(39)
En el año 859. «Pirata* Danorum longo maris circuitu, inter
Hispanias videlicet et Africam navigantes, Rodhanum ingrediuntur,
depopulatisque quibusdam civitatibus ad monasteriis in Ínsula Camariá sedes ponunt.» [«Los piratas daneses tras un largo periplo, nave­
garon entre Hispania y Africa, se internaron en el Ródano y despo­
blaron varias ciudades y monasterios, asentándose después en la isla
Camaria (Camargue)».j

—33—
Subido Por Aliciamaria Actron Acuifero Eva24

nombre de los normandos. Posible es, por tanto, que el
nombre de los piratas hubiese quedado en la Camargue
hasta*la época en que Ibn-Adhari escribía, es decir, has­
ta el siglo XIII; mas, no echemos en olvido que este es­
critor se limita a copiar literalmente o a compendiar las
crónicas más antiguas. Según todas las apariencias, en
este caso se ha reducido a copiar a Aríb, escritor del si­
glo X, que ha sido su principal fuente.
La invasión de los piratas en la provincia de Todmir
(Murcia) ocurrió, a nuestro juicio, en el año 860; al me­
nos en este año es cuando el obispo Prudencio habla de
la invasión de los normandos en el Este de España (40).
Los cronistas árabes han supuesto ocurrido en un solo
año todo lo que sabían acerca de las invasiones de esta
época; pero ya vimos que Sebastián de Salamanca ates­
tigua que la expedición duró tres años y aún quizá duró
más tiempo, como creemos; pues según los respetabilí­
simos testimonios de Ibn-al-Cutia y de Becri, comenzó
en el año 858, y según Prudencio, los normandos pasa­
ron de nuevo en la Camargue el invierno de 860 a 61.
Además Hincmar de Rheims parece dar a entender que
los normandos qué estuvieron en España y reunidos con
otros atacaron la Bretaña en el año 862, habían vuelto
poco antes a las costas occidentales de Francia (41).
Al pasaje de Ibn-Adhari añadiremos el de Nowairi
concebido en los siguientes términos:
(40) «... qui in Rodhano morabantur, usque ad Valentiam civitatem vastando perveniunt; unde, direptis quoe circa erant ómnibus, revertentes ad insulam in quá sedes posuerant, redeunt.» [«... los que
estaban en el Ródano llegaron en sus depredaciones hasta la ciudad
de Valencia, desde donde, saqueando todas las que estaban alrede­
dor, regresaron a la isla donde se habían asentado».]
(41) «Refectis navibus, Dani per mare petentes per plures classes
se dividunt, et prout cuique visum est, in diversa vehficant; maior autem pars Britannos, qui Salomone duce habitant in Neustriá, petit,
quibus et illi iunguntur; qui in Hispaniá fuerant.» [«Reparadas las na­
ves, los daneses se hicieron a la mar, dividiéndose en varias flotas, y
como se ha visto navegaron en distintas direcciones, la mayor parte
hacia Britania y los que habitan en Neustria mandados por Salomón,
intentaron unirse con los que habían estado en Hispania».]

-34Subido Por Aliciamaria Actron Acuifero Eva24

RELATO
DE LA INVASION DE LOS MADJUS EN LA
ESPAÑA MUSULMANA

En el año 245 los Madjus vinieron atacar
a España en sus buques, llegaron a la pro­
vincia de Sevilla y apoderándose de la capi­
tal, tomaron la gran mezquita. Luego pasa­
ron a Africa, después volvieron a España y
huidas las tropas de Todmir, se apoderaron
de la fortaleza de Orihuela. Más tarde,
avanzaron hasta las fronteras de Francia y
haciendo correrías por este país, obtuvieron
un gran botín, cogiendo muchos prisioneros.
A su vuelta encontraron la escuadra del emir
Mohammed, y empeñando con ella un reñi­
dísimo combate, perdieron cuatro barcos,
dos de los cuales fueron quemados, cayen­
do en poder de \o¿musulmanes cuanto con­
tenían; entonces los Madjus combatieron fu­
riosamente y un gran número de mahome­
tanos sufrieron el martirio.
Los Madjus fueron a la ciudad de Pam­
plona y allí cogieron prisionero al franco
García, señor de esta ciudad, que pagó por
su rescate noventa mil dinares.

Nowairi, al decir que la mezquita de Sevilla fue que­
mada por los normandos durante esta expedición, o la
ha confundido con la de 844, o ha copiado descuidada­
mente al autor que tenía a la vista. Ibn-Jaldun (folio 9
r.) afirmando poco más o menos lo mismo, no ha in­
currido sin embargo en semejante error. Los Madjus,
dice, desembarcaron en Sevilla y enseguida en Algeci—

35—

Subido Por Aliciamaria Actron Acuifero Eva24

ras, cuya mezquita quemaron. Rodrigo de Toledo que
encontró lo mismo en el autor árabe que traducía, tampocoio entendió puesto que dice:
Eodem anno sexaginta naves a Normannia advenerunt, et Gelzirat, Alhadra, et
Mezquitas undique deductis spoliis, coede et
incendio consumpserunt.
[Ese mismo año llegaron sesenta naves de
Normandía, y Gelzirat, Alhadra y Mezquita
fueron totalmente expoliadas y asoladas a
sangre y fuego.]
Su yerro ha sido de lamentables consecuencias, pues
muchos autores, entre otros Mr. Werlaff en vez de de­
cir que los normandos quemaron la mezquita de Alge­
ciras, Aljadhra, tal es el nombre árabe de Algeciras,
muchos han escrito, «que los piratas saquearon la ciu­
dad de Algeciras, la de Alhadra en la Extremadura por­
tuguesa y la de Mosquitella en Beira».
Notable es que^Nowairi e Ibn-Jaldun digan que los
normandos penetraron hasta Pamplona y que cogieron
prisionero a García, rey de Navarra (42). Ninguna ra­
zón vemos para ppner en duda la exactitud de esta no­
ticia que no se encuentra, que sepamos, en ninguna otra
parte. Sabido es que los normandos no asolaban única­
mente las costas sino que se internaban a menudo, y
también es sabido, a pesar de la oscuridad casi impene­
trable que envuelve a la antigua historia de Navarra,
que en esta época, García hijo de Iñigo, reinaba en
aquel país. Según una carta citada por Traggia (43), este
(42) En el man. de Leiden de Ibn-Jaldun se lee por error Schaluna, la buena lección benaboluna se encuentra en el manuscrito de Pa­
rís; además Ibn-Jaldun dice que García pagó setenta mil y no noventa
mil dinares por su rescate.
(43) En el «Diccionario histórico-geográfico de España» por la
Academia de la Historia, t. II. p. 92. a.


36—

Subido Por Aliciamaria Actron Acuifero Eva24

García, hijo de Iñigo, era contemporáneo de Galindo
(II) de Aragón, el cual vivía realmente en la época de
que se trata, como hemos tenido ocasión de comprobar,
estudiando el manuscrito de Meya. Según otro título ci­
tado por Moret (44), el rey García hijo de Iñigo, era
contemporáneo del obispo de Pamplona Willesindo y de
Fortunio abad de Ley re, ambos nombrados por Eulo­
gio de Córdoba, autor de aquel tiempo. Por último, los
historiadores árabes (45) traen detalles sobre una expe­
dición que el sultán Mohammed mandó hacer, en el año
860 o en el siguiente, contra el rey de Navarra, García
hijo de Iñigo.
Antes de abandonar esta materia, debemos hacer ob­
servar que en el único tomo que nos queda de los «Ana­
les de Ibn-Hayyán» se habla también incidentalmente
de esta invasión, pues al dar el célebre analista árabe la
lista de los sublevados contra el sultán Abdalláh, cita en­
tre ellos al renegado Sarabánki (Sadund Ibn-Fath) di­
ciendo entre otras cosas (man. de Oxford, fól. 17 v.):

Bajo el reinado de Mohammed, los Madjus que desembarcaron en la costa occiden­
tal de España lo hicieron prisionero y lo res­
cató un mercader judío creyendo hacer un
bonito negocio. Sarabánki pagó algún tiem­
po a su acreedor el interés de la suma que
había adelantado por él; pero más tarde se
fugó y olvidando el préstamo del judío, le
hizo perder su dinero. Habiéndose arrojado
luego a las montañas comprendidas entre
Coimbra y Santander, y que aún llevan su
nombre, se entregó al bandolerismo en las
(44) «Investigaciones» p. 231.
(45) Ibn-Adhári, t. II, p. 99 y 100: Nowairi en el año 246, (en el
man. de París porque el de Leiden presenta en este sitio una gran la­
guna); Ibn-Jaldun. fól. 9 r.: Maccari. t. I, p. 225 y 226.


37—

Subido Por Aliciamaria Actron Acuifero Eva24

tierras de los musulmanes y en la de los cris­
tianos: sucediéronle muchas aventuras, sien­
do, por último, muerto por mandato de Al­
fonso III, señor de Galicia.

—38—
Subido Por Aliciamaria Actron Acuifero Eva24

INVASIONES DE 966-971

E / l tratado celebrado en Saint-Clair sur l’Epte asegu­
ró a Rollon y a sus compañerps de armas la posesión de
la provincia que habían conquistado en Francia, y a la
que se dio desde entonces el nombre de Normandía.
Pero la paz entre franceses y normandos fue de corta du­
ración, y en la guerra que los primeros duques tuvieron
que sostener contra el rey de Francia llegaron a éstos re­
fuerzos de Dinamarca y Noruega; refuerzos que les era
fácil obtener, pero de que les era muy difícil desemba­
razarse cuando ya no los necesitaban. Así pudo experi­
mentarlo en 966 Ricardo I, quien tuvo la suerte de que
se le ocurriera la idea de enviar a España a sus impor­
tunos auxiliares, arrojando de este modo Normandía las
sobras de su barbarie sobre la península Ibérica.
En guerra contra el conde de Chartres, Thibauld el
Tramposo, secundado por Lotario, rey de Francia, Ri­
cardo 1, apellidado Sin Miedo, nieto de Rollon, recurrió
al rey de Dinamarca, Haraldo Blatand (Haraldo el de
los dientes negros) que le había defendido veinte años

Subido Por Aliciamaria Actron Acuifero Eva24

antes, y que en esta ocasión le envió un ejército de di­
namarqueses paganos. Conducidos por Ricardo, estos
valientes y terribles guerreros, remontaron la corriente
del Sena devastando horriblemente los países circunve­
cinos, hasta el punto que el conde y el rey se vieron obli­
gados a implorar la paz. Ricardo, aunque muy propicio
a aceptar las ventajosas condiciones que le ofrecían, se
creyó obligado a obtener el consentimiento de los da­
neses, mas éstos que eran señores y no auxiliares se ne­
garon a todo arreglo. «No queremos paz, ni aún siquie­
ra tregua, gritaron unánimemente, lo que queremos es
someter toda la Francia a tu dominio. No quieres, pues
bien: la tomaremos para nosotros.» Razones, ruegos,
humildes súplicas todo fue inútil: los daneses persistie­
ron tenazmente en su negativa. Entonces los embajado­
res franceses, a fuer de hábiles y perspicaces, aconseja­
ron al duque que llamase separadamente a los jefes da­
neses y procurase atraérselos con promesas y regalos. Si­
guió aquél el consejo al pie de la letra y habiendo lo­
grado persuadir a algunos jefes, los demás también
accedieron por último a sus deseos; pero a condición de
que les dieran mucho dinero y los guiasen a un país que
pudiesen conquistar. Ricardo les aconsejó entonces que
fueran a España y les dió por guias a gente de Coutances (46).
" Los daneses al salir de los puertos de Normandía se
dividieron, según costumbre, en muchas bandas. Una
fue a atacar las costas occidentales de la España muslí­
mica. He aquí lo que se lee sobre esta materia en IbnAdhari, (t. II, p. 254, 255,) que tomó sus noticias acer­
ca de los Madjus del tiempo de Hacám II, del cronista
contemporáneo Arib, a quien ordinariamente seguía:

(46)
Dudón de San Quintín (apud Duchcsne. Hisl. Normann.
Scripi) p. 144 C'-151 D.

40
Subido Por Aliciamaria Actron Acuifero Eva24

El 1.° de Redjeb del año 355 (23 de Junio
966) el califa Hacám II recibió una carta de
Casr abi Danis (Alcacer do Sal) diciéndole
que una escuadra de Madjus se había pre­
sentado en el mar de Occidente, cerca de di­
cho sitio; que los habitantes de toda la costa
estaban muy inquietos porque sabían ya de
antiguo las costumbres de los Madjus de ha­
cer correrías por España y, por último, que
la flota se componía de veintiocho barcos.
(En aquel tiempo cada barco contenía cerca
de ochenta personas, pudiendo, por tanto,
calcularse el número de los daneses en dos
mil doscientos cuarenta hombres) (47).
Otras muchas cartas llegaron de esta costa
con noticias sobre los Madjus, participando
entre otras cosas que éstos habían saqueado
en todas partes y habían llegado hasta la lla­
nura de Lisboa. Los musulmanes marcharon
contra ellos y les presentaron una batalla en
la que sufrieron el martirio muchos de los
nuestros; pero también muchos infieles en­
contraron allí la muerte. La flota musulma­
na salió inmediatamente de la rada de Sevi­
lla y fue a atacar a la de los normandos en
el rio de Silves. Los nuestros pusieron mu­
chos bajeles enemigos fuera de combate, li­
bertaron a los prisioneros musulmanes que
en ellos se encontraban, mataron a un gran
número de infieles e hicieron huir a los de­
más. Desde entonces empezaron a llegar a
Córdoba de la parte occidental continuas
noticias acerca de los movimientos de los
Madjus, hasta que Dios los alejó.
(47)
1016.

Dithmar de Mersebouru hablando de la escuadra de Canut en

—41—

Subido Por Aliciamaria Actron Acuifero Eva24

Y algo más adelante:
En este mismo año Hacám dió a IbnFotais la orden de llevar de nuevo la escua­
dra al río de Córdoba, (el Guadalquivir), y
construir barcos por el modelo de los nor­
mandos, (Dios los confunda), esperando
que de ese modo los Madjus tomarían los
barcos m usulm anes por los suyos y se
aproximarían.

Ibn-Jaldun (fól. 16 v.) copiado por Maccari (t. I,
p. 248) habla también de esta invasión, a la que señala
una fecha falsa (354 de la Hégira en vez de 355); he aquí
lo que dice:

En este año los Madjus aparecieron en el
OcéanQ y saquearon las llanuras que rodean
a Lisboa; pero después de haber reñido un
combate con los musulmanes, se volvieron
a sus barcos. Hacám encargó a sus genera­
les que custodiasen las costas y ordenó a su
almirante Abderraman Ibn-Romahis darse a
la mar sin pérdida de tiempo. En seguida se
recibió la noticia de que las tropas musul­
manas habían derrotado al enemigo en to­
dos los puntos.

En Dudón de San Quintín creemos volver a hallar la
batalla, dada cerca de Lisboa, de que hablan los cronis­
tas arábigos. Ha venido siendo opinión general que el
pasaje de que nos ocupamos se refería a una batalla li­
brada en Galicia; pero las palabras de Dudón no se pres­

—42—
Subido Por Aliciamaria Actron Acuifero Eva24

tan a interpretaciones semejantes. Dice, (p. 151 D, 152
A):

Degollados los aldeanos en todas partes
se puso por fin en marcha un ejército espa­
ñol contra los normandos, este ejército fue
derrotado y cuando los vencedores volvie­
ron a los tres días a despojar a los muertos,
encontraron que ciertas partes de los cadá­
veres de los negros (nigellorum /Etiopumque) estaban blancas como la nieve, mien­
tras otras partes habían conservado su color
primitivo. .Quisiéramos saber, añade Dudon, cómo explican los dialécticos este he­
cho, ya que pretenden que el color negro es
inherente al Etiópico y no cambia nunca.

A nuestro parecer es obvio que aquí se trata de los
moros y no de los gallegos. En los sagas del Norte los
sarracenos llevan el nombre de Blamenn, hombres ne­
gros , porque en Escandinavia creían que todos los sarra­
cenos eran de este color (48). Los daneses, al despojar
a los muertos en el campo de batalla, se maravillaron
mucho viendo que, a pesar del color moreno de su cara
y de sus manos, los moros tenían la piel tan blanca como
ellos.
Dudón atestigua, como vimos, que los daneses consi­
guieron la victoria en esta batalla, e Ibn-Adhari da a en­
tender lo mismo: aunque bien se advierte que le cuesta
trabajo confesar la derrota de los musulmanes. Más tar­
de, sin embargo, los normandos sufrieron grandes reve­
ses, pues aunque muy valientes, no era posible que a la
(48)
Compárese el «Diccionario geográfico» en el tomo XII de los
Scripta. Hist. Islandorum, en las palabras Blalandia, Mauri, etc.

Subido Por Aliciamaria Actron Acuifero Eva24

larga pudiesen resistir a las excelentes tropas y soberbia
marina de Hacán II. La Galicia les ofrecía más proba­
bilidades de triunfo; alguna de sus bandas, según pare­
ce, atacó este país, inmediatamente después de su par­
tida de Normandía. A lo menos la crónica de Iria, (c. 9),
refiere que Sisenando, obispo de Santiago de Compostela, pidió permiso al rey Sancho (muerto hacia fines
del 966) (49) para fortificar la capital de su diócesis y te­
nerla dispuesta contra un golpe de mano de los norman­
dos, que hacían entonces frecuentes correrías por Gali­
cia. Aprobado su proyecto por el rey, hizo rodear a
Compostela de murallas, torres y fosos profundos.
Creemos que hacia la misma época aproximadamen­
te debe fijarse el desastre sufrido por una escuadra nor­
manda, cerca de San Martín de Mondoñedo; aconteci­
miento de que no habla ningún otro documento y cuyo
recuerdo se ha conservado sólo por la tradición oral.
El pueblecito de San Martín de Mondoñedo, situado
en la costa septentrional de Galicia, cerca de Foz y a
tres leguas de Mondoñedo, y que no cuenta hoy día arri­
ba de mil quinientas almas, tuvo sin embargo, el honor
de ser durante dos siglos y medio, (desde 866 hasta
1112), la residencia del obispado de Dumio. A alguna
distancia de la villa', en un sitio llamado Múrente, se en­
cuentra la capilla del santo obispo, peregrinación muy
frecuentada por la gente de mar (50). La veneración que
disfruta esta capilla debe su origen a una tradición an­
tigua, según la cual, Gonzalo, obispo de San Martín de
Mondoñedo, estaba con su clero y fieles en la colina
donde se encuentra hoy la capilla y desde donde se di­
visan muchas leguas de mar, cuando los piratas norman(49) Tal es la fecha que da el monje de Silos, (c. 70): Sampiro se
engaña cuando fija la muerte de Sancho en 967, pues un título del 19
de Diciembre de 968 (citado por Risco, «Historia de León», t. I,
p. 212 y 213) llama a este año el primero del reinado de Ramiro.
(50) Véase Madoz, Diccionario geográfico t. XI p. 493.

44
Subido Por Aliciamaria Actron Acuifero Eva24

dos (51) intentaron desembarcar en la playa. El obispo
pidió entonces al cielo que aniquilase a aquellos bárba­
ros, y todos sus buques se fueron a pique, excepto uno,
el del jefe, que quedó para llevar la noticia del desastre
a las demás escuadras. Desde entonces Gonzalo, cuyo
sepulcro se enseña todavía en San Martín (52), ha sido
venerado siempre como un santo por los habitantes del
país. El clero agraviado por el culto que se tributaba a
un hombre que no figuraba en el catálogo de los san­
tos, hizo vanos esfuerzos porque desapareciera; pero el
pueblo estaba de parte de San Gonzalo, a quien cano­
nizó por su propia autoridad, y el clero, cansado de la
lucha, concluyó por consentir lo que no estaba en sus
manos evitar.
Por nuestra parte no vacilamos en admitir la certeza
de la tradición, en cuanto a su fondo; pues nada tiene
en verdad de milagroso, ni de imposible, que una es­
cuadra, víctima de la tempestad, se perdiese en la playa
en el momento mismo de estar rezando un obispo. La
única dificultad es la fecha; inútil es decir que se ha ol­
vidado enteramente a San Martín y que las hipótesis de
los sabios han sido muy poco afortunadas, como ha de­
mostrado Flórez. Cierto que Gonzalo no vivió ni duran­
te la prim era,;ni la segunda invasión de los normandos,
pues ambas son anteriores a la época en que San Mar­
tín llegó a ser sede episcopal; pero las noticias que de
los obispos poseemos son incompletas, no habiendo, se­
gún observa Flórez, lugar para Gonzalo más que entre
los años 942 y 969; siendo muy de extrañar que este ilus­
tre autor no haya pretendido colocarle en el año 966,
época en que los normandos comenzaron a infestar las
(51) La gente del país parece haber nombrado siempre a los nor­
mandos; también se ha dicho que los enemigos eran sarracenos; pero
parece que esta opinión se ha propalado sólo por los eruditos, espe­
cialmente por Sandoval.
(52) Abierto este sepulcro en 1648 se encontró en él un cayado do­
rado al lado del cadáver.

Subido Por Aliciamaria Actron Acuifero Eva24

islas de Galicia, sin duda porque, al escribir su artículo
sobre el dicho obispo, no tuvo presentes los textos re­
lativos a estas invasiones, quedando, a nuestro juicio,
fuera de controversia que Gonzalo vivía en aquel tiem­
po.
La razón que tenemos para colocar el naufragio de la
escuadra antes de la época en que los normandos co­
menzaron su gran expedición a Galicia, antes del 968,
es que Teodomiro, probablemente sucesor de Gonzalo,
asistió a la reunión de obispos, celebrado en Navego en
969, y que por tanto debió entrar algún tiempo antes,
como observa Flórez (53), en el desempeño de su dig­
nidad. Esto no obstante tampoco nos opondríamos a
que se fijase el naufragio en 968.
La gran expedición de los daneses a Galicia no co­
menzó según Sampiro (54), hasta el año segundo del rei­
nado de Ramiro III, es decir, el 968 (55), época en que
debieron reunirse todas sus bandas, pues los piratas lle­
vaban cien barcos, pudiendo por tanto, evaluarse su nú­
mero en ocho mil hombres. Llamábase su jefe Gunderedo (nombre que &e escribe Gundraed en la antigua len­
gua del Norte) y Sampiro le da el título de rey, mas se
comprende que era sólo un rey de mar, un vikingo. Este
vikingo, pues, devastó cuantos paisés halló a su paso, y
el gobierno no pudo impedirlo, amenazado como esta­
ba dé una anarquía feudal. Ramiro III a quien se daba
él título de rey era niño todavía y su tía Elvira, que era
una religiosa, gobernaba en su nombre; los nobles, no
queriendo obedecer a una mujer ni a un niño, rompie­
ron los lazos que los unían al trono, declarándose cada
cual independiente en el país que gobernaba (56). Los
daneses supieron aprovecharse de este estado de cosas
y durante año y medio no parece que encontraron en
(53)
(54)
(55)
(56)

Tomo XVIII p. 106.
C. XVIII. «Esp. Sagr.» t. XIV.
Véase la pág. 44, nota 49.
Mon. Sil. c. 70.

46
Subido Por Aliciamaria Actron Acuifero Eva24

parte alguna resistencia seria; pero, en el mes de Marzo
de 970 se aproximaron a Santiago de Compostela y el
obispo Sisenando salió a su encuentro, presentándoles
batalla el 29, en un sitio que los cronistas llaman Frosnellos. El ataque fue desastroso para el obispo que mu-(
rió de un flechazo, quedando derrotadas sus tropas, y
cayendo, según todas las apariencias, la ciudad de Com­
postela en poder de los normandos (57).
Según el manuscrito de la Historia Compostelana se
libró esta batalla el 29 de Marzo de 968 (Era 1006) (58).
Ya hizo observar el erudito Flórez que tal fecha es inad­
misible, porque en el mes de Junio de aquel año, Sise­
nando de Compostela asistió a la reunión de obispos ce­
lebrada en Navego, y piensa que en vez de MVI es ne­
cesario leer MVIII, (año 970) opinión a la que deferi­
mos con gusto; pero además de esta razón, aún milita
otra en favor nuestro; sacada de los Anales Compluten­
ses, que dicen: «Sub era MVIII venerunt Lodormani ad
Campos.» Difícil sería decir qu£ sitio es este Campos,
sobre todo tratándose, no de un lugar de poco más o me­
nos, sino de una ciudad importante, renombrada y co­
nocida de todo el mundo. Todo se aclara leyendo Com­
pos en vez de Campos y considerando esta palabra como
una abreviatura de Compostela, en cuyo caso la crónica
de que nos ocupamos trae la verdadera fecha, a saber:
el año 970.
Después de la victoria que consiguieron en Frosnellos, los normandos robaron toda Galicia (59) y según
Dudón de San Quintín, saquearon e incendiaron en to­
tal diez y ocho ciudades.
En el año tercero de su expedición, es decir, en 971,
apresuráronse a abandonar Galicia con el proyecto, no
(57) Hist. Comp. c. 6, Cron. Iriense c. 11.
(58) Esp. Sag. t. XIX p. 151.
(59) Sampiro c. 28.

—47—
Subido Por Aliciamaria Actron Acuifero Eva24

de volver a su país, como piensa Sampiro, sino de ir de
nueyp a atacar la escuadra musulmana. Un pasaje de
Ibn-Adhári, que ahora citaremos, disipa todo género de
dudas sobre este punto. Durante su retirada sufrieron
rudos descalabros. En primer lugar tuvieron que luchar
con Rudesindo, pariente del obispo Sisenando. muerto
en la batalla de Frosnellos. Rudesindo, a quien la igle­
sia ha colocado en el catálogo de los santos y que Es­
paña venera bajo el nombre de San Rosendo, fue al
principio obispo de San Martín de Mondoñedo. El año
942 se despojó de su dignidad para consagrarse entera­
mente a los ejercicios espirituales en un claustro del que
era fundador, y allí acudió el gobierno a buscarle cuan­
do Compostela perdió su obispo, pues los consejeros de
la regente comprendieron que en las difíciles circunstan­
cias por que atravesaban, Galicia tenía necesidad, no ya
de un buen pastor, sino de un hombre cuya influencia
y autoridad fuesen lo bastante grandes para restablecer
el orden social gravemente trastornado; de un hombre
que pudiese reunir en un haz todas las fuerzas de la pro­
vincia y volverlas contra los piratas escandinavos. Por
lo ilustre de su cuna, (era aliado de la familia real), por
sus talentos, por el respeto y veneración que sus virtu­
des inspiraban, Rudesindo era el hombre de la situa­
ción. El gobierno le rogó también que se encargase de
administrar interinamente la diócesis de Compostela.
Rudesindo se dejó arrancar, aunque no sin pena, de su
apacible soledad, y accediendo a los ruegos del joven
monarca y de los grandes, aceptó el puesto de honor y
de peligro que se le ofrecía. El rey lo nombró entonces
su lugarteniente en Galicia, invistiéndolo de plenos po­
deres para hacer cuanto creyese necesario por el resta­
blecimiento de la tranquilidad y por libertar al país de
los pillos que lo asolaban. El obispo consiguió formar
un ejército, y, puesta su confianza en Dios, lo condujo
contra los normandos, repitiendo sin cesar estas pala­
bras del salmista: «Ellos tienen caballos, ellos tienen

Subido Por Aliciamaria Actron Acuifero Eva24

carros pero nosotros invocamos el nombre de D ios»;!
trabado el combate derrotó a los enemigos (60).
Por su parte el gobierno consiguió también poner un
ejército en pie de guerra: confió su mando al conde
Gonzalo Sánchez, atacó a los daneses y, aún más afor­
tunado que Rudesindo alcanzó sobre ellos una brillante
y completa victoria. Su rey Gunderedo fue hallado en­
tre los muertos, mas. aunque no dudamos de que los pi­
ratas sufrieron gravísimas pérdidas, el testimonio de
Ibn-Adhári nos hará ver que exagera Sampiro al asegu­
rar que murió hasta el último de los daneses y que fue­
ron quemadas todas sus naves; debilitados y todo tuvie­
ron fuerzas suficientes para intentar una invasión en la
costa occidental de la España musulmana y he aquí lo
que Ibn-Adhári (tomo II. p. 257) dice sobre esta ma­
teria:

A principios del íries de Ramadhan del
año 360 (fines de Junio o principios de Julio
de 971) recibióse en Córdoba la noticia de
que los Madjus normandos (Dios los maldi­
ga) habían aparecido en el mar, y se propo­
nían, según su costumbre, atacar las costas
occidentales de Andalucía. El sultán (Hacám II) ordenó entonces a su almirante tras­
ladarse lo más pronto posible a Almería,
conducir a Sevilla la armada que se encon­
traba en aq’uel puerto, y reunir todas las de­
más escuadras en las playas de Occidente.

(60)
Compárense los Facta et miracula S. Rudesindi («Esp. Sagr.»
t. XVIII. apéndice n." XXXII) c. 4 y 6. (super partes Gallieciie Re­
gias vices imperando exercebat) con las disertaciones de Flórez sobre
R u desind o (t. X V III. p. 73-105) v sobre Sisenando (t. XIX.
p. 140-165).

— 49—
Subido Por Aliciamaria Actron Acuifero Eva24

Como Ibn-Adhári no vuelve a hablar en adelante de
los normandos, es de presumir que los espumadores de
mar, intimidados por los preparativos del califa, volvie­
sen a su patria, y que esta vez los habitantes del litoral
quedaran libres de miedo.
Nuestros lectores nos perdonarán que hayamos sido
tan prolijos al hablar de esta invasión: la novedad de la
materia nos sirve de excusa. En la memoria antes cita­
da, M. Werlauff escribió dos páginas sobre este asunto,
pero baste con decir que este sabio que goza de tan me­
recida reputación por otros trabajos, no disponía en es­
tas circunstancias de casi ningún documento, no cono­
cía los textos árabes y en cuanto a los latinos, conocía­
los sólo de referencia, pues no pudo, a lo que parece,
consultar la «España Sagrada», donde se encuentran.
Privado de esta preciosa colección, fuéle también impo­
sible aprovechar las excelentes disertaciones del erudito
y juicioso Flórez, acerca de este período de la historia
de Compostela; y, sin embargo, cuando se trata de aquel
tiempo, es indispensable haberlas estudiado, porque
ellas nos enseñamla necesidad de servirse con circuns­
pección de la «Historia Compostelana», de la «Crónica
de Iría» y de la «Vida de San Rudesindo», cuyos auto­
res se han complacido en calumniar a los obispos de esta
época. Según M. Werlauff las fuentes latinas de la his­
toria de España sólo se ocupan de las expediciones de
que hemos tratado hasta aquí; y, sin embargo, estos do­
cumentos hablan de otras muchas invasiones de que nos
ocuparemos ahora, y sobre las cuales suministran noti­
cias Utilísimas los historiadores del Norte.

—50—
Subido Por Aliciamaria Actron Acuifero Eva24

IV
EXPEDICION DE SAN OLAO

^ E n tre las ciudades españolas destruidas y saqueadas
por los normandos, debe contarse la de Tuy, en la de­
sembocadura del Miño. El testimonio principal respec­
to a este punto es una carta de Alfonso V, fechada en
29 de Octubre de 1024, en la cual este rey hace dona­
ción de la diócesis de Tuy al obispo de Compostela (61).
En ella se leen estas palabras:

Post non longum vero tempus, crescentibus hominum peccatis gens Leodemanorum (62) pars marítima est dissipata: & quo(61) Esta carta se encuentra en la «Esp. Sagr.» t. XIX, pág. 390 y
siguientes.
(62) Esta palabra es sin duda una falta del compilador del cartula­
rio, pues debe leerse «Loordamani,» como tendremos ocasión de ver
cuando volvamos sobre esta forma. Por lo demás el mismo error se
halla en un título de la infanta Urraca, («Esp. Sagr.» t. XXII, apén­
dice 1, donde se copia en parte el que ahora damos, también se lee
allí «Leodemoni»).

—51—
Subido Por Aliciamaria Actron Acuifero Eva24

niam Tudensis sedes ultima prae ómnibus,
Sedibus, &, Ínfima erat, ejus Episcopus qui
ibi morabatur, cum ómnibus suis ab ipsis inimicis captivus ductus est, &, alios occiderunt, alios vendiderunt, necnon &, ipsam
Civitatem ad nihilum reduxerunt, quae plurimis annis vidua, atque lugubris permansit.
Postea quidem, prosperante Divina miseri­
cordia, quae disponit cuncta suaviter, ac regit universa, multas quidem ipsorum inimicorum services fregimus, & eos de térra nostra ejecimus, divina gratia adjuvante. Transactoque multo tempore cum Pontificibus,
Comitibus, atque ómnibus Magnatis Palatii
quorum facta est turba non módica, tractavimus ut ordinaremus per unasquasque Se­
des Episcopos, sicut Canónica sententia docet. Cum autem vidimus upsam Sedem dirutam, sordibusque contaminatam, &, ab
Episcopali ordine ejectam , necessarium
du^imus bene providimus, ut esset conjuucta Apostolice Aulae cujus erat provintia, et
sicut providimus, ita concedimus.
[En verdad, no mucho después, al crecer
los pecados de los hombres, las costas fue­
ron arrasadas por los normandos, y puesto
que la sede de Tuy era la más alejada de to­
das, y además era muy pequeña, su obispo,
que allí residía, fue capturado por los ene­
migos, junto con todos los suyos. A unos los
asesinaron, a otros los vendieron, y la ciu­
dad misma fue reducida a la nada y perma­
neció muchos años asolada y vacía. Tras lo
cual, —favorable la divina misericordia, que
todo lo dispone con bondad y rige el univer­
so— , derrotamos muchas veces a los enemi-

—52—

Subido Por Aliciamaria Actron Acuifero Eva24

gos y los expulsamos de nuestra tierra con
la ayuda de la divina gracia.
Durante mucho tiempo se trató con los
obispos, condes y todos los magnates pala­
tinos, reunidos en gran número, la provisión
de algunas sedes episcopales, como manda
la sentencia canónica. Viendo por otra par­
te la mencionada sede arrasada y fuera del
orden episcopal, para remediarlo dispone­
mos y proveemos que sea unida al Aula
Apostólica de la que era provincia, y así
como lo proveemos, lo concedemos.]

Esta carta nos permite determinar con cierta aproxi­
mación la fecha de la invasión normanda que nos ocu­
pa. Alfonso V, cuando sucedió a su padre Bermudo II,
en el año 999, era todavía muy joven, aunque no tanto
como pretende Pelayo de Oviedo, que sólo le concede
cinco años, porque es cierto q,üe ya había nacido en
992 (63). Séanos, pues, lícito suponer que contaba ocho
años en 999. Ahora bien, como dice formalmente en su
carta, que él mismo expulsó a los normandos, es forzo­
so admitir que tendría edad de poder mandar el ejérci­
to, de donde deducimos que la invasión no fue anterior
al año 1008, siendo por el contrario posible que fuera
posterior.
Las cartas relativas al obispo de Tuy arrojan muy poca
luz sobre la materia, pues el obispo Viliulf, que gober­
nó cuarenta años esta diócesis, firma su última carta el
año 999 (64), y aunque ignoramos si tuvo por sucesor
inmediato a un tal Alfonso, está fuera de duda que an­
tes de ser destruida dicha ciudad, un Alfonso ocupó su
obispado. Así resulta de una carta de 1112, que trata
(63) Véase «Esp. Saer.» t. XXXVIII, p. 8 y 9.
(64) Véase «Esp. Sagr.» t. XXII, p. 57.

—53—
Subido Por Aliciamaria Actron Acuifero Eva24

de la invasión de los normandos y en la que se dice que
ésta ocurrió poco despues de la muerte del referido Al­
fonso. El nombre del obispo a quien los normandos co­
gieron prisionero, nos es desconocido.
Nada, por tanto, nos impide creer que la ciudad de
Tuy fue saqueada por los normandos hacia el año 1012.
Bajo este supuesto nos atrevemos a añadir que lo fue
por el famoso vikingo noruego, Olao hijo de Harald.
que reinó más tarde en su patria. Canonizado un año
después de su muerte llegó a ser el patrón de Noruega
y muy pronto le dedicaron una multitud de iglesias, no
sólo en el Norte, sino también en las Islas Británicas.
Holanda, Rusia y aún en Constantinopla.
Era un santo de una especie singular; pirata desde la
edad de doce años había invadido ya Suecia, la isla de
CEsel, Finlandia y Dinamarca, cuando llegó a las costas
de Holanda. (65) En este país, excitó su codicia Thiel.
cuyo comercio estaba entonces muy floreciente, y re­
montando el Wahal, sin perder momento se apoderó de
esta ciudad, cuyos habitantes emprendieron la huida a
su aproximacioh. Los piratas la saquearon e incendia­
ron; por respeto hacia la religión nó quemaron la igle­
sia de San Walburgo y después de cerrar sus puertas, se
contentaron, dice un autor de aquel tiempo, con coger
las vestiduras sagradas, los ornamentos del culto y en
una palabra, todos los objetos de valor. Parece, sin em­
bargo, que hubieron de cometer en ella algunas trope­
lías, porque más tarde el obispo de Utrech, Adelbold,
se creyó obligado a reconstruirla.
El año siguiente Olao Haraldsson volvió con noventa
bajeles y, derrotando a los holandeses que quisieron
oponerse a su paso, llegó hasta Utrech. A su aproxima­
ción los habitantes incendiaron las casas del arrabal, te(65)
Verso del escalda contemporáneo Sigwat, en la Saga Olafs K ö­
rnung ens helga, ed. Munch et Unger, Christiania 1853 p. 19.

-54
Subido Por Aliciamaria Actron Acuifero Eva24


Documentos relacionados


Documento PDF los vikingos en espana
Documento PDF articulo
Documento PDF semana 6 de noviembre 2012
Documento PDF el libro de la libertad
Documento PDF el libro de la libertad
Documento PDF tarea8


Palabras claves relacionadas