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De la Dictadura
a la Democracia
Un Sistema Conceptual para la Liberación

De la

Dictadura
a la

Democracia

Un Sistema Conceptual para la Liberación
por

Gene Sharp
Traducción al Español por
Caridad Inda

La Institución Albert Einstein

Todo el material que aparece en esta
publicación es del dominio público y
se puede reproducir
sin el permiso de Gene Sharp.
Se agradece mención de la fuente.
Primera impresión, diciembre 2003
Segunda impresión, diciembre 2011
De la Dictadura a la Democracia se publicó primero en Bangkok
en 1993 por el Comité para la Restauración de la Democracia en
Birmania conjuntamente con Khit Pyaing (El Periódico de la Nueva
Era). Desde entonces se ha traducido a más de ocho idiomas y se
ha publicado en Serbia, Indonesia y Tailandia, entre otros países.
Impreso en los Estados Unidos de América
Impreso en papel reciclado.
The Albert Einstein Institution
36 Cottage Street
East Boston, MA 02128, USA
Tel: USA + 617-247-4882
Fax: USA + 617-247-4035
E-mail: einstein@igc.org
Web site: www.aeinstein.org
ISBN 1-880813-13-0

De la Dictadura a la Democracia 

v

Contenido
Prefacio

viii

Uno
Enfrentando la Realidad de las Dictaduras
1
Un problema que continúa
2
¿A la libertad mediante la violencia?
4
¿Golpes de estado, elecciones, salvadores
   
del extranjero? 5
Encarando la dura verdad
8
Dos
Los Peligros de las Negociaciones
9
Ventajas y limitaciones de las negociaciones
10
¿Rendición negociada? 10
El poder y la justicia en las negociaciones
12
Dictadores “agradables” 13
¿Qué clase de paz? 14
Razones para la esperanza
14
Tres
¿De Dónde Viene el Poder?
La fábula del “Amo de los Monos”
Las recursos que necesita el poder político
Centros del poder democrático

17
17
18
22

Cuatro
Las Dictaduras Tienen Puntos Débiles
Identificando el “talón de Aquiles”
Puntos débiles de las dictaduras
Atacando las debilidades de las dictaduras

25
25
26
28

vi

Gene Sharp

Cinco
Ejerciendo el Poder
29
La dinámica de la lucha noviolenta
30
Las armas y la disciplina noviolentas
30
Franqueza, clandestinidad y comportamiento
   
intachable 34
Cambios en las relaciones de poder
35
Cuatro mecanismos del cambio
35
Efectos democratizadores del desafío político
37
La complejidad de la lucha noviolenta
39
Seis
Necesidad de la Planificación Estratégica
41
Planificación realista
42
Obstáculos a la planificación
43
Cuatro términos importantes en la planificación
   
estratégica 45
Siete
Planificando la Estrategia
49
Escogiendo los medios 50
Planificando para la democracia
51
Ayuda del exterior 52
Formulando una gran estrategia
53
Planificando las estrategias de campaña
55
Difundiendo la idea de la nocooperación
58
La represión y las contramedidas
59
Adhiriéndose al plan estratégico
60
Ocho
Aplicando el Desafío Político
61
Resistencia selectiva 61
El reto simbólico 62
Distribuyendo la responsabilidad
64
Apuntando hacia el poder de los dictadores
64
Cambios en la estrategia 67

De la Dictadura a la Democracia 

vii

Nueve
Desintegrando la Dictadura
69
La escalada de la liberatad
71
Desintegrando la dictadura 72
Manejando el triunfo responsablemente
73
Diez
Trabajo Preliminar para una Democracia Duradera
77
Amenaza de una nueva dictadura
78
Cerrándoles el paso a los golpes de estado
78
Redactando una constitución 79
Una política democrática de defensa
80
Una responsabilidad meritoria 81
Apéndice
Los métodos de la acción noviolenta
Unas Palabras Acerca de Traducciones
Reimpresiones de esta Publicación

y



83
93

Prefacio
Una de mis mayores inquietudes durante muchos años ha sido
cómo podría la gente evitar que una dictadura se estableciera y
cómo destruirla. Esto se ha nutrido en parte por la convicción de
que los seres humanos no deben ser ni dominados ni destruidos por
semejantes regímenes. Esta creencia se ha fortalecido con lecturas
sobre la importancia de la libertad humana y la naturaleza de las
dictaduras (desde Aristóteles hasta los analistas del totalitarismo)
y la historia de las dictaduras (especialmente en los sistemas nazi y
comunista).
A través de los años, he tenido la oportunidad de conocer
personas que vivieron y padecieron bajo el régimen nazi, algunos
inclusive que sobrevivieron los campos de concentración. En
Noruega, encontré algunos que habían trabajado en la resistencia
al régimen fascista y que habían sobrevivido, y oí hablar de los que
habían perecido. Hablé con judíos que se habían escapado de las
garras de los nazis y con personas que habían ayudado a éstos a
salvarse.
Sobre el terror en los regímenes comunistas de los diversos
países he sabido más por libros que por contactos personales. El
terror en estos sistemas me ha parecido más agudo, ya que estos
regímenes se impusieron en nombre de liberación de la opresión y
de la explotación.
En décadas más recientes, la realidad acerca de las dictaduras de
hoy se me ha hecho más patente por la visita de personas que vienen
de países gobernados por dictaduras, tales como Panamá, Polonia,
Chile, el Tíbet o Birmania. De los tibetanos que pelearon contra la
agresión del régimen comunista chino, de los rusos que en agosto
de 1991 le cerraron el paso al golpe de estado de línea dura, o de los
trabajadores tailandeses que con prácticas noviolentas impidieron
el retorno del régimen militar, he ido adquiriendo puntos de vista
perturbadores sobre la pérfida naturaleza de las dictaduras.
Mi sentimiento de tribulación y ultraje frente a la bestialidad
impuesta, así como mi admiración ante el sereno heroísmo de
hombres y mujeres increíblemente valientes, a veces se fortaleció
cuando visité lugares donde el peligro aún era muy grande y, a pesar
de ello, el valor de la gente se empeñaba en desafiarlo. Esto ocurría
viii

Gene Sharp

ix

en el Panamá de Noriega, en Vilnius, Lituania, bajo la continua
represión soviética; en Beijing, en la plaza de Tiananmen, tanto
durante la manifestación festiva por la libertad como cuando los
transportes del primer contingente armado entraron en la noche
fatal; y en los cuarteles de la oposición democrática, en Manerplaw,
en la “Birmania liberada”.
En ocasiones visité el lugar de los caídos, tales como la torre de
televisión y el cementerio de Vilnius, el parque público en Riga donde
la población había sido ametrallada, el centro de Ferrara, al norte
de Italia, donde los fascistas pararon en fila a los de la resistencia y
los fusilaron, y hasta un sencillo cementerio en Manerplaw repleto
de cadáveres de los que habían muerto aún demasiado jóvenes. Es
triste advertir cómo cada dictadura deja tras de sí una larga secuela
de muerte y destrucción.
De estas experiencias y consideraciones me fue creciendo una
esperanza muy firme de que sí podía impedirse el establecimiento
de las dictaduras, que se podía llevar a cabo una lucha victoriosa
contra ellas sin provocar una carnicería masiva, que sí se podían
destruir las dictaduras y evitar que surgieran otras nuevas de sus
propias cenizas.
He tratado de pensar minuciosamente acerca de los métodos
más efectivos para desintegrarlas con éxito y con el menor costo
posible en vidas y sufrimientos. Para ello he repasado mis estudios
de muchos años sobre las dictaduras, los movimientos de resistencia,
las revoluciones, el pensamiento político, los sistemas de gobierno
y, especialmente, sobre la auténtica lucha noviolenta.
El resultado de todo eso es esta publicación. Estoy seguro que
dista mucho de ser perfecta. Pero quizás ofrece alguna orientación
que apoye tanto el pensamiento como la planificación tendientes a
producir movimientos de liberación que resulten más poderosos y
eficaces de lo que serían de haber sido otro el caso.
Tanto por necesidad como por opción libre, este ensayo enfoca el
problema genérico de cómo destruir una dictadura y cómo impedir el
surgimiento de una nueva. No puedo realizar un análisis detallado
y dar una recomendación precisa en cuanto a un país determinado.
Sin embargo, espero que este análisis genérico sea útil a los pueblos
que, desafortunadamente, todavía en demasiados lugares tienen que
enfrentarse con las realidades de un régimen dictatorial. Necesitarán

x

De la Dictadura a la Democracia

examinar la validez de este texto en cuanto a su situación específica
y determinar hasta qué punto las principales recomendaciones son
aplicables, o si puede hacerse que lo sean, para su lucha de liberación.
He incurrido en varias deudas de gratitud durante la redacción
de este ensayo. Bruce Jenkins, mi ayudante especial, ha hecho una
contribución inestimable al identificar los problemas en cuanto a
su contenido y presentación, y, mediante sus agudas sugerencias,
en cuanto a una exposición más clara y rigurosa de las ideas más
difíciles (en especial en lo tocante a estrategia), a la reorganización
estructural del texto y al mejoramiento de la edición. Estoy también
muy agradecido a Stephen Cody por su asistencia editorial. El
Dr. Christopher Kruegler y el Sr. Robert Helvey me brindaron su
importante crítica y consejo. Las Dras. Hazel McFerson y Patricia
Parkman me suministraron información sobre las luchas en Africa
y América Latina respectivamente. Aunque este trabajo se ha
beneficiado por un tan noble y generoso apoyo, únicamente yo soy
responsable del análisis y las conclusiones que contiene.
En ningún lugar de este trabajo asumo que el desafío contra los
dictadores será una empresa fácil y poco costosa. Todas las formas
de lucha tienen sus complicaciones y costos. El combate contra los
dictadores por supuesto causará bajas. Sin embargo, espero que
este análisis estimulará a los líderes de la resistencia a considerar
estrategias que puedan incrementar su poder efectivo y al mismo
tiempo reducir el nivel relativo de bajas.
Tampoco se interprete este análisis como que cuando se acabe
con una dictadura específica todos los demás problemas habrán
desaparecido. La caída de un régimen no trae por consecuencia una
utopía. Más bien abre el camino a un trabajo ingente y a esfuerzos
denodados a fin de construir unas relaciones políticas, económicas y
sociales más justas y erradicar otras formas de injusticia y opresión.
Es mi esperanza que este breve examen de cómo puede desintegrarse
una dictadura sea útil en cualquier lugar donde la gente vive
dominada y desea ser libre.
Gene Sharp
6 de octubre de 1993
The Albert Einstein Institution
36 Cottage Street
East Boston, Massachusetts, 02128
USA

Uno

Enfrentando la Realidad de las Dictaduras
En años recientes, diversas dictaduras—de origen tanto interno como
externo—han caído o se han tambaleado cuando se les ha enfrentado
una población desafiante y movilizada. Aunque a menudo se
las ve como firmemente afianzadas e inexpugnables, algunas de
estas dictaduras demostraron ser incapaces de soportar el desafío
concertado del pueblo en lo político, lo económico y lo social.
A partir de 1980, las dictaduras han caído ante un desafío
predominantemente noviolento del pueblo en Estonia, Latvia y
Lituania, Polonia, Alemania Oriental, Checoslovaquia y Eslovenia,
Madagascar, Mali, Bolivia y las Filipinas. La resistencia noviolenta
ha hecho avanzar el movimiento por la democratización en Nepal,
Zambia, Corea del Sur, Chile, Argentina, Haití, Brasil, Uruguay,
Malawi, Tailandia, Bulgaria, Hungría, Zaire, Nigeria y en varias
partes de la antigua Unión Soviética (llegando a jugar un papel
significativo en la derrota del intento de golpe de estado de línea
dura de agosto de 1991).
Mas aún, el desafío político masivo1 se ha hecho presente en
China, Birmania y el Tíbet en años recientes. Aún cuando estas luchas
no han destruido a las dictaduras ni le han puesto fin a la ocupación
territorial impuesta, sí han puesto al descubierto ante la comunidad
mundial la naturaleza brutal de esos regímenes represivos, y han
1
El término “desafío político masivo”, que se usa en este contexto, lo introdujo
Ro-berto Helvey. El “desafío político” es una confrontación noviolenta (protesta,
nocolaboración e intervención) que se lleva a cabo de manera desafiante y activa,
con fines políticos. El término se originó en respuesta a la confusión y distorsión
creadas cuando se daban por iguales la ‘lucha noviolenta’ con el “pacifismo” o la
‘noviolencia reIigiosa’. La palabra “desafío” denota una deliberada provocación a la
autoridad mediante la desobediencia, y no deja lugar para la sumisión. El término
‘desafío político’ describe el entorno en el cual se emplea la acción (político), así
como el objetivo (eI poder político). Se usa principalmente para describir la acción
realizada por la población para retomar de manos de la dictadura el control de las
instituciones gubernamentales mediante el constante ataque a las fuentes de poder y
el uso deliberado de la planificación estratégica y de las operaciones para alcanzarlo.
En este sentido, “desafío político”, “resistencia noviolenta” y “lucha noviolenta” se
usarán aquí como sinónimos intercambiables, aunque los dos últimos términos, por
lo general, se refieren a las luchas que persiguen una gama más amplia de objetivos
(sociales, económicos, sicológicos, etc.).

1

2

Gene Sharp

aportado a la población una valiosa experiencia en cuanto a esta
forma de lucha.
El derrumbamiento de las dictaduras en los países antes 
mencionados ciertamente no erradicó todos los problemas de
esas sociedades—pobreza, criminalidad, ineficiencia burocrática,
destrucción del medio ambiente—que han sido frecuentemente
la herencia de aquellos regímenes brutales. No obstante, la caída
de esas dictaduras ha reducido, aunque poquísimo, mucho del
sufrimiento de las víctimas de la opresión, y ha abierto el camino
para la reconstrucción de esas sociedades con una mayor democracia
política, más libertades personales y justicia social.
Un problema que continúa
Ha habido, en verdad, una tendencia hacia una mayor democratización y libertad en el mundo durante las últimas décadas.
Según “Freedom House”, que compila un expediente anual sobre el
estatus de los derechos políticos y las libertades civiles, el número de
países en todo el mundo clasificados “libres” ha crecido de manera
significativa en los últimos diez años.2

1983
1993
2003
2009

Libres Parcialmente Libres No Libres
55
76
64
75
73
38
89
55
48
89
62
42

Sin embargo, esta tendencia positiva se halla atenuada porque
hay un gran número de pueblos que aún viven bajo condiciones
de tiranía. Hasta enero de 1993, el 31% de la población del mundo,
de 5.45 billones, vivía en países y territorios calificados como
“no libres”3; esto es, en lugares donde los derechos políticos y las
libertades civiles están en extremo restringidos. Los 38 países y 12
territorios incluidos en la categoría de “no libres” están gobernados
por una serie de dictaduras militares (como en Birmania y el Sudán),
Freedom House, Freedom in the World: The Annual Survey of Political Rights and Civil
Liberties, 1992-1993, www.freedomhouse.org (La Libertad en el Mundo: un informe
anual sobre los derechos políticos y las libertades civiles,1992-1993), p. 66 (Las cifras
de 1993 son hasta enero del mismo). Ver páginas 79-80 para una descripción de las
categorías “libre”, “parcialmente libre” y “no libre” de Freedom House.
3
Freedom House, Freedom in the World,(La Libertad en el Mundo), p. 4.
2

De la Dictadura a la Democracia 

3

monarquías tradicionales represivas (como Arabia Saudita y Bhután),
por regímenes de partido único dominante (como China, Iraq y
Corea del Norte), bajo una ocupación extranjera (como Tíbet o Timor
Oriental), o en un estado de transición.
Muchos países se hallan hoy en un estado de cambio rápido
en lo económico, político y social. Aunque el número de países
“libres” ha aumentado en los últimos diez años, existe un gran
riesgo de que muchas naciones, al enfrentar cambios fundamentales
tan rápidamente, se desplazarán en dirección opuesta, y acabarán
experimentando nuevas formas de dictadura. Las camarillas
militares, los individuos más ambiciosos, los funcionarios electos
y los partidos políticos doctrinales, repetidamente buscarán cómo
imponerse. Los golpes de estado seguirán estando a la orden del
día. Los derechos humanos y políticos básicos les serán negados a
un gran número de personas.
Desafortunadamente, el pasado aún está con nosotros. El
problema de las dictaduras es profundo. En muchos países el
pueblo ha vivido experiencias de décadas y hasta siglos de opresión,
ora doméstica ora de origen extranjero. Con frecuencia se les ha
inculcado insistentemente la sumisión incondicional a las figuras
y gobernantes que detentan la autoridad. En casos extremos,
las instituciones sociales, económicas, políticas y hasta religiosas
de la sociedad—aquellas fuera del control estatal—han sido
deliberadamente debilitadas, subordinadas o aún reemplazadas
por otras nuevas, y regimentadas. El estado o el partido dominante
las usa para dominar a la sociedad. A menudo la población ha
sido atomizada (convertida en una masa de individuos aislados),
incapaces de trabajar juntos para conseguir su libertad, de confiar
los unos en los otros y hasta de hacer algo por su propia iniciativa.
El resultado es predecible: la población se ha vuelto débil,
carece de confianza en sí misma y es incapaz de ofrecer resistencia
alguna. Las personas por lo general están demasiado asustadas
para compartir su odio por la dictadura y su hambre de libertad
ni aún con su familia y amigos. Están, con frecuencia, demasiado
aterrorizadas para pensar en serio en la resistencia popular. De
cualquier manera, ¿de qué iba a servir? En vez de esto asumen el
sufrimiento sin objetivo y un futuro sin esperanza.
Las condiciones bajo las dictaduras contemporáneas pueden
ser peores que antes. En el pasado, algunas personas pueden haber
tratado de resistir. Quizá hubo breves manifestaciones y protestas

4

Gene Sharp

masivas. Quizá los ánimos se levantaron temporalmente. En otras
ocasiones, individuos y pequeños grupos pueden haber hecho
valientes pero impotentes demostraciones, afirmando algún principio
o simplemente su desafío. Por muy nobles que hayan sido los
motivos, estos actos de resistencia pasados frecuentemente han sido
insuficientes para vencer el miedo de la gente y su habitual obediencia,
condición esencial para destruir una dictadura. Esas acciones,
lamentablemente, pueden en cambio haber causado solamente
más sufrimiento y muerte, no una victoria, ni aún una esperanza.
¿A la libertad por la violencia?
¿Qué ha de hacerse en semejantes circunstancias? Las posibilidades
más evidentes parecen inútiles. Los dictadores generalmente hacen
caso omiso de las barreras constitucionales y legales, las decisiones
judiciales y la opinión pública. Reaccionando a las brutalidades, la
tortura, las desapariciones, las muertes, se entiende que todo esto
ha hecho pensar al pueblo que sólo por la violencia se puede acabar
con una dictadura. Las airadas víctimas a veces se han organizado
para combatir a los brutales dictadores, con el poco poder militar
y violencia que hayan podido reunir, y a pesar de tenerlo todo
en contra. Esta gente, por lo general, ha peleado valientemente,
pagando un alto precio en sufrimientos y vidas. Sus logros a veces
han sido considerables, pero casi nunca han obtenido la libertad.
Las rebeliones violentas desencadenan violentas represiones que con
frecuencia dejan a la población más indefensa que antes.
Sin embargo, cualesquiera que sean los méritos de la opción
por la violencia, un punto está claro. Al depositar la confianza en los
medios violentos, se ha escogido precisamente el modo de lucha en el cual
los opresores casi siempre tienen la superioridad. Los dictadores pueden
aplicar la violencia irresistiblemente. No importa cuánto más o cuánto
menos estos demócratas puedan aguantar, a fin de cuentas uno
generalmente no se puede escapar de las duras realidades militares.
Los dictadores casi siempre disponen de la superioridad militar, en
cuanto a calidad de armamentos, pertrechos, transportes y tamaño
de las fuerzas armadas. A pesar de su valentía, los demócratas no
pueden emparejárseles (casi) nunca. Cuando se reconoce que la
rebelión militar no es viable, algunos disidentes se inclinan por la
guerra de guerrillas. No obstante, sólo muy raramente, si es que

De la Dictadura a la Democracia 

5

alguna vez, la guerra de guerrillas beneficia a la población oprimida
o le abre paso a una democracia. La guerra de guerrillas no es
ninguna solución evidente, especialmente por la inmensa cantidad
de bajas que suelen producirse entre la gente. Esta técnica de lucha
no ofrece ninguna garantía frente a la posibilidad del fracaso, a pesar
de apoyarse en la teoría y el análisis estratégicos, y de que a veces
recibe respaldo internacional. Las luchas guerrilleras por lo general
duran mucho. Con frecuencia el gobierno en el poder reubica a
la población, con la secuela de inmensos sufrimientos humanos y
trastorno social que esto conlleva.
Aún cuando resulte victoriosa, la lucha de guerrillas tiene, a
largo plazo, considerables consecuencias negativas en lo estructural.
De entrada, el régimen atacado se hace más dictatorial como resultado
de sus contramedidas. Si en definitiva gana la guerrilla, el nuevo
régimen que de ella provenga es con frecuencia más dictatorial que
el anterior, debido al impacto centralizador de las fuerzas militares
al expandirse, y por el debilitamiento o la destrucción durante la
lucha de los grupos e instituciones independientes de la sociedad—
cuerpos éstos que son vitales para establecer y mantener después
una sociedad democrática. Los que se opongan a las dictaduras
deben buscar otra opción.
¿Golpes de estado, elecciones, salvadores extranjeros?
Un golpe militar contra una dictadura puede parecer, relativamente
hablando, una de las maneras más rápidas y fáciles de quitarse de
encima un régimen particularmente repugnante. Sin embargo,
existen serios problemas con respecto a esta técnica. Lo más
importante es que deja intacta la distribución negativa del poder entre
la población y la élite de control del gobierno y sus fuerzas armadas.
Lo más probable es que la supresión de personas o camarillas de
las posiciones del gobierno, dé pie para que otro grupo semejante
ocupe su lugar. Teóricamente este grupo puede ser menos duro en
su comportamiento, y más dispuesto a abrirse de manera limitada
a las reformas democráticas. Sin embargo, el caso opuesto es lo más
probable.
Después de consolidar su posición, la nueva camarilla puede
resultar más despiadada y más ambiciosa que la anterior. Por lo
tanto, la nueva camarilla—sobre la que quizá se habían fincado las

6

Gene Sharp

esperanzas—podrá hacer lo que quiera sin preocuparse de la
democracia o los derechos humanos. Esta no es una respuesta
satisfactoria al problema de la dictadura.
Bajo una dictadura las elecciones no se pueden usar como
instrumento para un cambio político significativo. Algunos
regímenes dictatoriales, tales como los del antiguo bloque oriental
dominado por la Unión Soviética, simularon elecciones sólo con
el propósito de aparentar ser democráticos. Pero estas elecciones
eran simples plebiscitos rigurosamente controlados, para obtener la
aprobación pública de los candidatos escogidos por los dictadores.
Éstos, de cuando en cuando, debido a la presión a que están
sometidos, podrían tal vez aceptar nuevas elecciones, pero éstas
estarían manipuladas para colocar marionetas civiles en los puestos
de gobierno. Si a los candidatos de la oposición se les hubiera
permitido concurrir a las elecciones, y hubieran sido electos como
ocurrió en Birmania en 1990, o en Nigeria en 1993, los resultados
habrían sido simplemente ignorados y los supuestos “vencedores”
habrían estado sujetos a intimidación, arrestados o hasta ejecutados.
Los dictadores no están interesados en unas elecciones que puedan
apartarlos de su trono.
Muchas personas que actualmente están padeciendo bajo una
dictadura, o que han tenido que exilarse para escapar de sus garras,
no creen que los oprimidos puedan liberarse por sí mismos. Ellos
no esperan que su pueblo pueda ser liberado sino por la acción de
otros. Ponen su confianza en las fuerzas extranjeras. Creen que
sólo una ayuda internacional puede ser lo bastante fuerte como para
derribar a los dictadores.
Esa visión de que los oprimidos son incapaces de actuar
eficazmente es algunas veces correcta por tiempo limitado. Como
hemos apuntado, con frecuencia la población sometida no quiere la
lucha, y está temporalmente incapacitada para ella, porque no tiene
confianza en su propia capacidad de enfrentar la dictadura feroz, y
no ve una manera razonable de salvarse por su propio esfuerzo. En
consecuencia, no es extraño que confíe sus esperanzas de liberación
a la acción de otros. Las fuerzas externas pueden ser: la “opinión
publica”, las Naciones Unidas, un país en particular o sanciones
internacionales económicas y políticas.
Una situación así puede parecer consoladora, pero existen
graves problemas en cuanto a la confianza depositada en un salvador

De la Dictadura a la Democracia 

7

foráneo. Esa confianza puede estar puesta en un factor totalmente
errado. Por lo general, no van a llegar salvadores extranjeros. Si
interviene otro estado, probablemente no deba confiarse en él.
Hay unas cuantas ásperas realidades con respecto a esa
confianza en la intervención extranjera que habría que destacar aquí.
  •  Con frecuencia los estados extranjeros tolerarán, o ayudarán
inclusive, a la dictadura a fin de avanzar sus propios intereses
económicos o políticos.
  •  Los estados extranjeros podrían estar dispuestos a vender
al pueblo oprimido a cambio de otros objetivos, en lugar
de mantener las promesas que le hicieran de ayudarlo en
su    liberación.
  •  Algunos estados extranjeros actuarán contra la dictadura, pero
sólo a fin de ganar para sí mismos el control económico, político
y militar del país.
  •  Los estados extranjeros podrían involucrarse activamente para
fines positivos sólo cuando hubiere un movimiento interno
que ya haya comenzado a sacudir la dictadura y logrado que
la atención internacional se enfoque sobre la índole brutal del
gobierno.
Por lo general, la causa principal que explica la existencia de las
dictaduras es la distribución interna del poder que existe en el país.
La población y la sociedad son demasiado débiles para causarle un
problema a la dictadura; la riqueza y el poder están concentrados
en muy pocas manos. Aunque las acciones internacionales
pueden beneficiar, o de alguna manera debilitar a las dictaduras, la
continuación de éstas depende primordialmente de factores internos.
Sin embargo, las presiones internacionales pueden ser muy
útiles cuando apoyan un poderoso movimiento de resistencia
interna. Entonces, por ejemplo, el boicot económico internacional,
los embargos, la ruptura de relaciones diplomáticas, la expulsión del
gobierno de organizaciones internacionales, la condena del mismo
por alguno de los cuerpos de las Naciones Unidas y otros pasos
semejantes, pueden contribuir grandemente. A pesar de todo,si no
existe un fuerte movimiento de resistencia interna, tales acciones por
parte de otros es poco probable que se den.

8

Gene Sharp

Encarando la dura verdad
La conclusión es dura. Cuando se quiere echar abajo una dictadura
con la mayor efectividad y al menor costo, hay que emprender estas
cuatro tareas:
  • 
Se debe fortalecer a la población oprimida en su determinación de

luchar, en la confianza en sí misma y en sus aptitudes para resistir;

  •  Se debe fortalecer a los grupos sociales e instituciones
independientes del pueblo oprimido;
  •  Se debe crear una poderosa fuerza de resistencia interna; y
  •  Se

debe desarrollar un amplio y concienzudo plan estratégico
global para la liberación, y ejecutarlo con destreza.

Una lucha de liberación es un tiempo en que el grupo que lucha
adquiere confianza en sí mismo y se fortalece internamente. Charles
Stewart Parnell, durante la campaña de huelga de los rentatarios en
Irlanda, 1879—1880, dijo:
No vale la pena confiar en el gobierno... Debéis confiar sólo en
vuestra propia determinación... Ayudaos a vosotros mismos apoyándoos
los unos a los otros… Fortaleced a los más débiles de entre vosotros...
Agrupaos y organizaos... y ganaréis...
    Cuando hayais madurado las condiciones para que este asunto se
resuelva, entonces—y nunca antes de ese momento—se resolverá.4
Confrontada con una fuerza firme y confiada en sí misma, con una
estrategia concienzuda y de genuina solidez, la dictadura eventualmente
se desmoronará. Estos cuatro requisitos tendrán que ser de algún modo
satisfechos siquiera en un mínimo nivel.
Como lo indican estos argumentos, el liberarse de las dictaduras, en
última instancia, depende de la capacidad que la gente tenga de liberarse
a sí misma. Los casos antes mencionados en que el desafío político—o
la lucha noviolenta con fines políticos—ha tenido éxito, sugieren que sí
existen los medios para que la población se libere a sí misma, pero esta
opción no se ha ejercido plenamente. Examinaremos en detalle esta
alternativa en los próximos capítulos. Pero antes debemos contemplar el
tema de las negociaciones como medio para desmantelar las dictaduras.
Patrick Sarsfield O’Hegarty, A History of Ireland Under the Union, 1880-1922 (Una
Historia de Irlanda Bajo la Unión, 1880-1922) London: Methuen, 1952), pp. 490-491.

4

Dos

Los Peligros de las Negociaciones
Algunas personas, cuando tienen que enfrentarse a los severos
problemas de combatir una dictadura, se echan para atrás, y caen
en una sumisión pasiva (como lo vimos en el Capítulo Uno). Otras,
como no ven posibilidad alguna de alcanzar la democracia, pueden
llegar a la conclusión de que deben buscar un arreglo con la dictadura,
con la esperanza de que mediante la “conciliación”, el “compromiso”
y las “negociaciones”, podrán atraer a algunos elementos positivos
y acabar con las brutalidades. Superficialmente, por carencia de
opciones más realistas, esta manera de pensar es atrayente.
Una pelea seria contra las dictaduras brutales no es una
perspectiva agradable. ¿Por qué hay que recorrer ese camino? ¿No
pueden todos ser razonables y encontrar maneras de hablar, de
negociar la forma de terminar gradualmente con la dictadura? ¿No
pueden los demócratas apelar al sentido común y de humanidad
de los dictadores, y convencerlos de que deben reducir su dominio
poco a poco, y quizás finalmente ceder por completo para que se
establezca una democracia?
A veces se argumenta que la verdad no está toda de un lado.
Quién sabe si los demócratas no han comprendido a los dictadores,
que acaso obraron con buenas intenciones y en circunstancias
difíciles. Quizá algunos piensen que los dictadores gustosamente se
separarían de la difícil situación que vive el país, si se les estimulara
o se les tentara a ello. Podría argumentarse que a los dictadores
se les debería ofrecer una solución por medio de la cual todo el
mundo saliera ganando. Los riesgos y dolores de proseguir la lucha
podrían ser innecesarios—se puede argumentar—si la oposición
democrática sólo desea terminar el conflicto pacíficamente por medio
de negociaciones (que podrían quizás contar con la ayuda de algunos
especialistas o hasta de otro gobierno). ¿No sería eso preferible a una
lucha difícil, aún cuando fuera una campaña dirigida por la lógica
de la acción noviolenta y no la de una guerra militar?

9

10

Gene Sharp

Ventajas y limitaciones de las negociaciones
Las negociaciones son un instrumento muy útil para resolver algunos
conflictos, y no deben desdeñarse o rechazarse cuando son apropiadas.
En algunas situaciones, cuando ningún asunto fundamental
está en juego y, por consiguiente, es aceptable el compromiso, las
negociaciones pueden ser un medio importante para zanjar un
conflicto. Una huelga laboral en demanda de mayores salarios es un
buen ejemplo del papel apropiado de las negociaciones en un conflicto:
un acuerdo negociado puede conseguir un aumento promediado entre
las cantidades originalmente propuestas por cada una de las partes
contendientes. Los conflictos laborales, con sindicatos legalmente
establecidos, son, sin embargo, algo muy diferente de los problemas
en los cuales están en juego la existencia permanente de una dictadura
cruel o el establecimiento de la libertad política.
Cuando los asuntos por resolver son fundamentales porque
afectan principios religiosos, problemas de la libertad humana o todo
el desarrollo futuro de la sociedad, las negociaciones no llevan a una
solución satisfactoria para ambas partes. En algunos asuntos básicos
no se debe transigir. Sólo un cambio en la correlación de fuerzas a favor
de los demócratas puede salvaguardar adecuadamente los asuntos
básicos que están a discusión. Ese cambio ocurre a través de una lucha,
no mediante negociaciones. Esto no quiere decir que las negociaciones
no deban usarse nunca. El hecho es que tales negociaciones no son
un modo realista de librarse de una férrea dictadura cuando no existe
una poderosa oposición democrática.
Por supuesto que hay circunstancias en que las negociaciones
pueden no ser una opción. Los dictadores firmemente establecidos,
que se sienten muy seguros de su posición, pueden negarse a negociar
con sus opositores democráticos. 0 bien, cuando ya se hayan iniciado
las negociaciones, los negociadores democráticos pueden desaparecer
y no regresar.
¿Rendición negociada?
Los individuos o grupos que se oponen a una dictadura y se inclinan
a las negociaciones, a menudo tienen buenos motivos para hacerlo.
En especial, cuando una lucha armada ha continuado durante varios
años contra una dictadura brutal sin una victoria final, es lógico que

De la Dictadura a la Democracia 

11

todas las personas, sin importar su filiación política, deseen la paz.
Es probable que los demócratas estén especialmente dispuestos a
negociar cuando los dictadores evidentemente tienen la superioridad
militar y cuando la destrucción, las víctimas y los perjuicios sufridos
entre aquéllos ya no pueden soportarse más. Habrá entonces una
fuerte tentación de explorar cualquier otra opción que pueda rescatar
al menos algunos de los objetivos de los demócratas, a la vez que
pone fin a un ciclo de violencia y contraviolencia.
La oferta de “paz” mediante negociaciones que un dictador
le haga a la oposición democrática por supuesto no es del todo
sincera. La violencia podría ser inmediatamente terminada por
los propios dictadores si tan sólo éstos dejaran de hacer la guerra
contra su propio pueblo. Bien podrían, por su propia iniciativa y
sin ninguna negociación, restaurar el respeto a la dignidad y los
derechos humanos, liberar a los presos políticos, acabar con la tortura
y suspender las operaciones militares, retirarse del gobierno y hasta
pedirle excusas al pueblo.
Cuando la dictadura es fuerte pero existe una resistencia
irritante, puede que los dictadores deseen lograr la rendición de la
oposición bajo la cobertura de “hacer la paz”. El llamado a negociar
puede parecer atractivo, pero dentro de la sala de negociaciones acaso
se esconderían graves peligros.
Por otra parte, cuando la oposición es excepcionalmente fuerte y
la dictadura se encuentra de veras amenazada, los dictadores pueden
buscar la negociación como una manera de salvar lo más posible de
su capacidad de control o de sus riquezas. En ninguno de estos casos
deben los demócratas ayudar a los dictadores a lograr sus metas.
Los demócratas deben desconfiar de las trampas que los
dictadores les pueden tender con pleno conocimiento de causa
durante un proceso de negociación. El llamado a negociar, cuando
se trata de cuestiones fundamentales de las libertades políticas,
puede ser un esfuerzo por parte de los dictadores para inducir a los
demócratas a rendirse pacíficamente, mientras que la violencia de
la dictadura continúa. En semejantes conflictos, las negociaciones
solamente podrán jugar un papel apropiado al final de una lucha
decisiva, en la cual el poder de los dictadores haya sido destruido
y estén éstos buscando pasaje seguro para llegar a un aeropuerto
internacional.

12

Gene Sharp

El poder y la justicia en las negociaciones
Si esta opinión parece un comentario demasiado áspero sobre las
negociaciones, quizá deba moderarse un poco el romanticismo que
se asocia con las mismas. Es necesario saber cuál es la dinámica de
las negociaciones.
Una “negociación” no significa que las dos partes se sientan
juntas, como iguales, y conversan hasta resolver el problema que
produjo el conflicto entre ellas. Es necesario recordar dos verdades.
Primera, que en las negociaciones no es la relativa justicia de los
puntos de vista en conflicto y sus objetivos lo que determina el
contenido del acuerdo negociado. Segunda, que el contenido de éste
lo determinará mayormente la capacidad de poder de cada parte.
Se deben considerar varias preguntas difíciles. ¿Qué puede
hacer cada una de las partes después para conseguir sus objetivos
si la otra decide no llegar a un acuerdo en la mesa de negociaciones?
¿Qué puede hacer cada una de las partes, luego de alcanzado el
acuerdo, si la otra rompe su palabra y usa la fuerza de la que dispone
para conquistar sus objetivos a pesar del acuerdo?
En las negociaciones no se llega a un acuerdo mediante una
evaluación de lo bueno y lo malo de las cuestiones sobre el tapete.
Aunque sobre esto pueda discutirse mucho, los verdaderos resultados
de las negociaciones se derivan de una evaluación realista de las
situaciones de poder absoluto y relativo de los grupos contendientes.
¿Qué pueden hacer los demócratas para asegurarse de que un mínimo
de sus reclamaciones no serán denegadas? ¿Qué pueden hacer los
dictadores para mantenerse en control del poder y neutralizar a
los demócratas? En otras palabras, si se llega a un acuerdo, lo más
probable es que sea el resultado del estimado que cada parte haga
de la capacidad de poder de ambas y, en consecuencia, calcule cómo
podría terminar una lucha abierta entre las dos.
Debe prestarse atención a lo que cada parte esté dispuesta
a ceder para llegar a un acuerdo. En negociaciones exitosas hay
concesiones recíprocas. Cada parte consigue parte de lo que quiere
y cede parte de sus objetivos.
En los casos de dictadura extrema, ¿qué es lo que las fuerzas
pro-democráticas van a ceder a los dictadores? ¿Qué objetivos
de los dictadores tendrán que aceptar las fuerzas democráticas?
¿Tendrán los demócratas que conceder a los dictadores, (sean éstos

De la Dictadura a la Democracia

13

un partido político o una camarilla militar), un papel permanente,
constitucionalmente establecido, en el futuro gobierno? ¿Dónde
queda la democracia entonces?
Aún pensando que todo salga bien en las negociaciones, hace
falta preguntarse: ¿qué clase de paz saldrá de ahí? ¿Será entonces
la vida mejor o peor que si los demócratas hubieran empezado o
continuado la lucha?
Dictadores “agradables”
Una variedad de motivos y objetivos subyacen la dominación de
los dictadores: poder, posición, riqueza, la reestructuración de la
sociedad y más. Uno debe recordar que ninguno de éstos será
satisfecho si abandonan sus puestos de control. En caso de negociar,
los dictadores tratarán de preservar sus objetivos.
Cualesquiera que sean las promesas que los dictadores ofrezcan
en un acuerdo negociado, uno no debe olvidar que ellos son capaces
de prometer cualquier cosa con tal de lograr el sometimiento de las
fuerzas opositoras democráticas, y después descaradamente violar
esos mismos acuerdos.
Si los demócratas acuerdan parar la resistencia a cambio
de un alivio en la represión, van a quedar muy defraudados.
Una suspensión de la resistencia muy raramente conduce a una
disminución de la represión. Cuando cesa la presión de la oposición
interna o internacional, los dictadores pueden ejercer la opresión y
la violencia aún más brutalmente que antes. El desmoronamiento
de la resistencia popular a menudo suprime la fuerza que sirve
de contrapeso y que ha limitado el control y la brutalidad de la
dictadura. Entonces los tiranos pueden avanzar contra los que
quieran. “Porque el tirano tiene poder de obrar sólo donde se carece
de fuerza para resistir”, dijo Krishnalal Shridharani.5
En los conflictos donde cuestiones fundamentales están en
juego, la resistencia, no las negociaciones, es lo esencial para el
cambio. En casi todos los casos, la resistencia debe continuar hasta
que los dictadores sean expulsados del poder. El triunfo lo determina
Krishnalal Shridharani, War Without Violence: A Study of Gandhi’s Method and Its
Accomplishments (Guerra sin Violencia: Un Estudio en los Métodos de Gandhi y sus
Logros), (Nueva York: Harcourt, Brace, 1939, y reimpreso en Nueva York y Londres:
Garland Publishing, 1972), p. 260.

5

14

Gene Sharp

con más frecuencia, no la negociación de un arreglo, sino el uso
acertado de los métodos de resistencia más apropiados y poderosos
posibles. Estamos convencidos—y lo exploraremos en detalle más
adelante—que el desafío político o la lucha noviolenta es el método
más poderoso que pueden emplear los que luchan por la libertad.
¿Qué clase de paz?
Si los dictadores y los demócratas van a dialogar sobre la paz, es
necesario tener ideas claras por los peligros que ello implica. No
todos los que emplean la palabra “paz” quieren la paz con libertad
y justicia. El sometimiento a una cruel opresión y el consentimiento
pasivo frente a los dictadores desalmados, que han perpetrado
atrocidades en cientos y miles de personas, no constituye una
verdadera paz. A menudo Hitler llamó a la paz, pero lo que quería
era el sometimiento a su voluntad. Por lo general, la paz de los
dictadores no es sino la de la prisión o la tumba.
Existen otros peligros. Hay negociadores bien intencionados que
a veces confunden los objetivos de las negociaciones con el proceso
de éstas. Es más, los negociadores democráticos o los especialistas
extranjeros aceptados para asistir a los negociadores, pueden, de un
solo plumazo, dotar a los dictadores de una legitimidad doméstica
e internacional que previamente se les había negado a causa de
haberse apoderado del estado, las violaciones de los derechos
humanos y las brutalidades cometidas. Sin esa legitimidad tan
desesperadamente necesitada no pueden los dictadores continuar
gobernando indefinidamente. Los representantes de la paz no deben
suministrarles esa legitimidad.
Razones para la esperanza
Como dijimos antes, los líderes de la oposición pueden sentirse
forzados a negociar si creen que la lucha democrática carece de
toda esperanza. Sin embargo, ese sentimiento de impotencia puede
cambiarse. Las dictaduras no son permanentes. Los que viven bajo
una dictadura no tienen por qué permanecer siempre débiles y a los
dictadores no es necesario permitirles que sigan siendo poderosos
indefinidamente. Hace mucho tiempo Aristóteles apuntó: “La
oligarquía y la tiranía son las constituciones que duran menos.”...

De la Dictadura a la Democracia 

15

“En ninguna parte han durado mucho tiempo6.” Las dictaduras
modernas también son vulnerables. Se puede agravar su debilidad
y desintegrar su poder. (En el Capítulo Cuatro examinaremos estas
debilidades con más detalle).
La historia reciente muestra la vulnerabilidad de las dictaduras,
y revela que pueden desmoronarse en un plazo relativamente
corto. Se necesitaron diez años, de 1980 a 1990, para que se viniera
abajo la dictadura comunista en Polonia, Alemania Oriental y
Checoslovaquia. En 1989 ocurrió ésto en semanas. En El Salvador
y Guatemala, en 1944, la lucha contra los brutales dictadores bien
afianzados duró aproximadamente dos semanas en cada lugar. El
poderoso régimen militar del Shah de Irán fue socavado en pocos
meses. La dictadura de Marcos en Filipinas cayó ante el empuje
del pueblo en 1986. El gobierno de los Estados Unidos abandonó
rápidamente al Presidente Marcos cuando la fuerza de la oposición
se hizo patente. El intento de golpe de estado de línea dura en la
URSS en agosto de 1991 fue bloqueado en unos días por el desafío
popular. De ahí en adelante muchas de las naciones bajo un dominio
semejante, recuperaron su independencia en sólo días, semanas o
meses.
Está claro que no es válida la antigua idea de que los métodos
violentos obran rápidamente y que los noviolentos requieren mucho
tiempo. Aunque se requiera mucho tiempo para lograr cambios en
la situación subyacente y en la sociedad, la lucha concreta contra
las dictaduras a veces ocurre con relativa rapidez por medio de la
acción noviolenta.
Las negociaciones no son la única alternativa que hay entre una
guerra continua de aniquilación por una parte y la capitulación por la
otra. Los ejemplos ya citados, así como los apuntados en el Capítulo
Uno, ilustran que existe otra opción para aquellos que quieren tanto
la paz como la libertad, y ésa es el desafío político.

6
Aristotle, The Politics, traducción de T.A.Sinclair (Harmondsworth, Middlesex,
Inglaterra; y Baltimore, Maryland: “Penguin Books” 1976 [1962]). Libro V, capítulo
12, pp. 231 y 232.

Tres

¿De Dónde se Deriva el Poder?
Conseguir la libertad con paz, por supuesto que no es tarea fácil. Va
a requerirse para ello una gran destreza estratégica, organización y
planificación. Sobre todo, requiere poder. Los demócratas no pueden
esperar derribar la dictadura y establecer la libertad política sin la
capacidad de ejercer su propio poder en forma eficaz.
¿Pero cómo es posible esto? ¿Qué clase de poder podrá la
oposición democrática movilizar para destruir la dictadura y su
vasta red militar y policiaca? La respuesta se encuentra en una
com-prensión del poder político generalmente ignorada. Llegar a
este conocimiento intrínseco no es tarea demasiado difícil. Algunas
verdades fundamentales son muy sencillas.
La fábula del “Amo de los Monos”
Una parábola china del siglo XIV, atribuida a Liu Ji, por ejemplo,
destaca muy bien esta interpretación descuidada acerca del poder
político:7
En el estado feudal de Chu, un viejo vivía de tener monos
a su servicio. Las gentes lo llamaban “ju gong”: el Amo
de los Monos.
Todas las mañanas el viejo reunía a todos los monos en su
patio y ordenaba al más viejo que condujera a los demás a
la montaña a recoger fruta de los árboles y matas. La regla
era que cada mono tenía que darle al viejo la décima parte
Esta historieta, originalmente titulada “Rule by Tricks” (“Gobernar por Tretas”), es
del Yu-Li-Zi, de Liu Ji (1311-1375). La traducción original se publicó en Nonviolent
Sanctions: News from the Albert Einstein Institution (Sanciones Noviolentas: Noticias
de la Institución Albert Einstein), (Cambridge, Mass.) Vol. IV, No. 3 (Invierno 19921993) p. 3.
7

17

18

Gene Sharp

de lo que recogiera. Los que no lo hacían eran brutalmente
azotados. Todos los monos sufrían amargamente, pero no
se atrevían a protestar.
Un día, un monito les preguntó a los otros; “¿Fue el
viejo quien sembró los árboles y las matas?” Los otros le
respondieron: “No; brotaron solos.” El monito les dirigió
otra pregunta: “¿No podemos nosotros coger la fruta
sin permiso del viejo?” Los otros replicaron: “Sí, todos
podemos hacerlo.” El monito siguió: “¿Entonces por qué
tenemos que depender del viejo? ¿Por qué tenemos que
servirlo?”
Antes que el monito hubiera terminado su discurso
todos los monos de pronto se sintieron iluminados, y
despertaron.
Esa misma noche, al observar que el viejo se había quedado
dormido, los monos rompieron las barreras del vallado
donde se hallaban encerrados, y destruyeron el recinto
por completo. También se apropiaron de cuanta fruta el
viejo tenía guardada y se la llevaron al bosque, y nunca
más volvieron. Al fin el viejo murió de inanición.
Yu-Li-Zi dice: “Algunos hombres en el mundo gobiernan
a su pueblo mediante tretas y no por principios rectos.
¿No son éstos iguales al amo de los monos? La gente no
se ha dado cuenta de su embrutecimiento. Apenas se les
ilumine el conocimiento, las tretas dejarán de funcionar.”
Los recursos que necesita el poder político
El principio es sencillo. Los dictadores requieren la ayuda de los
gobernados, sin la cual no pueden ni disponer de las fuentes de poder
ni conservarlas. Entre las fuentes del poder político se encuentran
las siguientes:

De la Dictadura a la Democracia



19

•  La autoridad - la creencia entre la gente de que el régimen es
legítimo y que tiene el deber moral de obedecerlo;
•  Los recursos humanos - la cantidad e importancia de las per sonas y grupos que obedecen a los gobernantes, cooperan
con ellos o los apoyan;
•  El conocimiento y las destrezas - los que el régimen necesita
para llevar a cabo acciones específicas, y que le son sumi nistrados por las personas y grupos que cooperan con él;
•  Los factores intangibles - los factores sicológicos e ideológicos
que pueden mover a la gente a obedecer y apoyar a los
gobernantes;
•  Los recursos materiales - hasta qué punto controlan los
gobernantes la propiedad o tienen acceso a ella, los recursos
naturales, el sistema económico y los medios decomunicación
y transporte; y
•  Las sanciones - castigos con los que se amenaza, o que se aplican
a los desobedientes o a los que no colaboran, para asegurar
su sumisión y cooperación, necesarias ambas para que
exista el régimen y para que ponga en práctica sus políticas.

Todas estas fuentes, sin embargo, dependen de la aceptación
del régimen, del sometimiento y obediencia de la población al
mismo y de la cooperación que le brindan innumerables personas
y muchas de las instituciones de la sociedad. Estas fuentes no están
garantizadas.
Una plena cooperación, obediencia y apoyo, harán más
asequibles los recursos que el poder necesita, y, en consecuencia,
fortalecerán la capacidad de obrar de cualquier gobierno.
Por otra parte, el negarles a los agresores y dictadores la
cooperación popular e institucional disminuye y puede anular el

20

Gene Sharp

acceso a las fuentes de poder de las que dependen los gobernantes.
Sin acceso a tales recursos, el poder de los gobernantes se debilita,
y finalmente se disuelve.
Naturalmente, los dictadores son sensibles a las acciones o
ideas que amenazan su capacidad de obrar como les dé la gana.
Por lo tanto, ellos están dispuestos a amenazar y castigar a quienes
los desobedezcan, les hagan huelgas o dejen de cooperar con ellos.
No obstante, aquí no acaba el cuento. Ni la represión ni cuantas
brutalidades se cometan siempre resultan en la recuperación del
grado de sumisión y cooperación que el régimen necesita para
funcionar.
Si, a pesar de la represión, se pueden restringir o recortar
durante un tiempo suficiente los recursos de los que depende el
poder, los resultados pueden ser la incertidumbre y la confusión
dentro de la dictadura. Es probable que sobrevenga entonces un
notable debilitamiento de su poder. Con el tiempo, el quitarle los
recursos al poder producirá la parálisis y la impotencia del régimen y,
en casos muy severos, su desintegración. El poder de los dictadores
se ira muriendo, lenta o rápidamente, de inanición política.
Por lo tanto, el grado de libertad o tiranía que existe bajo
cualquier gobierno es en gran medida un reflejo de la relativa
determinación de los súbditos de ser libres , y de la voluntad y
capacidad de éstos de ofrecer resistencia a los esfuerzos que el
gobierno haga por esclavizarlos.
Contradiciendo la opinión popular, aún las dictaduras
totalitarias dependen de la población y las sociedades que gobiernan.
Como apuntó el politólogo Karl W. Deutsch en 1953:
El poder totalitario es fuerte sólo si no tiene que ejercerse
con mucha frecuencia. Si el poder totalitario tiene que
imponerse sobre toda la población y en todo momento,
no es probable que se mantenga vigoroso por mucho
tiempo. Como los regímenes totalitarios requieren
más poder que cualquier otro tipo de gobierno para
relacionarse con sus gobernados, tienen una necesidad
mayor de que los hábitos de sumisión estén más amplia y

De la Dictadura a la Democracia 

21

firmemente extendidos entre su pueblo. Más aún, tienen,
en caso de necesidad, que poder contar con el apoyo activo
de porciones significativas de la población.8
John Austin, el teórico inglés del siglo XIX, describió la situación
de una dictadura que se enfrentara a un pueblo descontento. Austin
argumentaba que si la mayoría de la población estaba decidida a
destruir al gobierno, y se hallaba dispuesta a soportar la represión
que le impusiera por ello, entonces el poder del gobierno, incluyendo
aquellos que lo apoyaban, no podría preservar al odiado régimen,
inclusive si recibiera ayuda del extranjero. No se podría someter
de nuevo al pueblo desafiante a la obediencia y la sumisión
permanentes, concluía Austin.9
Mucho antes, Nicolás Maquiavelo había explicado que el
príncipe “... que tiene a todo el pueblo por su enemigo, nunca puede
estar seguro, y mientras mayor sea su crueldad, mas débil se irá
volviendo su régimen”.10
La aplicación política de estos principios la demostraron en
la práctica los heróicos noruegos que resistieron la ocupación nazi,
y, como se mencionó en el Capítulo Uno, los valientes polacos,
alemanes, checos, eslovacos y muchos más que resistieron la agresión
comunista y su dictadura, y que finalmente contribuyeron a producir
el desmoronamiento del régimen comunista en Europa. Este, por
supuesto, no es un fenómeno nuevo. Los casos de resistencia
noviolenta se remontan por lo menos hasta el año 494 a. de C., cuando
los plebeyos les negaron su cooperación a sus amos, los patricios
romanos.11 Los pueblos en Asia, Africa, las Américas, Australasia y
Karl W. Deutsch, “Cracks in the Monolith” (“Grietas en el Monolito”), en la edición
de Carl J. Friedrich de Totalitarianism (El Totalitarismo), (Cambridge, Mass: Harvard
University Press, 1954), pp. 313-314.
  
9
John Austin, Lectures on Jurisprudence or the Philosophy of Positive Law (Conferencias
sobre Jurisprudencia o Filosofía del Derecho Positivo), (5ta. edición, revisada y
editada por Robert Campbell, vol 2, Londres: John Murray, 1911 (1861 ) Vol 1 P 296.
10
Niccolo Machiavelli “The Discourses of the First Ten Books of Livy” (“Comentarios
a las Décadas de Tito Livio”), en The Discourses of Niccolo Machiavelli (Los Comentarios
de Niccolo Machiavelli), (Londres: Routledge y Kegan Paul, 1950), Vol 1, p 254.
11
Ver Gene Sharp, The Politics of Nonviolent Action (La Política de la Acción Noviolenta), (Boston: Porter Sargent, 1973), p 75 Y aquí y allá se encontrarán otros ejemplos
históricos.
8

22

Gene Sharp

las islas del Pacífico, así como en Europa han empleado la lucha
noviolenta en distintos momentos.
Tres de los factores más importantes para determinar hasta qué
grado estará o no controlado el poder del gobierno, son: 1) el deseo
relativo por parte de la población de imponerle limites al poder del
gobierno; 2) la fuerza relativa de las organizaciones e instituciones
independientes para quitarle colectivamente los recursos que necesita
el poder; y 3) la relativa capacidad por parte de la población de negarle
su consentimiento y apoyo.
Centros de poder democrático
Una de las características de la sociedad democrática es que existe
una multitud de grupos e instituciones nogubernamentales. Ellas
incluyen, por ejemplo, la familia, las organizaciones religiosas, las
asociaciones culturales, clubes deportivos, instituciones económicas,
sindicatos, instituciones estudiantiles, partidos políticos, pueblitos,
asociaciones de colonos, clubes de jardinería, organizaciones de
derechos humanos, grupos musicales, sociedades literarias y otras.
Estos cuerpos son importantes porque establecen sus propios
objetivos y también porque ayudan a satisfacer las necesidades de
la sociedad.
Además, estos cuerpos tienen un gran significado político.
Suministran las bases grupales e institucionales para que la gente
pueda ejercer su influencia en la sociedad y resistir la de otros grupos
o del gobierno cuando éstos claramente se inmiscuyan injustamente
en sus intereses, actividades y propósitos. Los individuos aislados
que no son miembros de estos grupos, por lo general se hallan
incapacitados para producir un impacto significativo en la sociedad,
mucho menos en el gobiemo, y ciertamente no en una dictadura.
Por lo tanto, si la autonomía y libertad de tales cuerpos puede
ser suprimida por los dictadores, la población quedará relativamente
indefensa. Además, si estas instituciones pueden ser controladas
dictatorialmente por el poder central, o sustituidas por otras bajo
control de aquél, podrán ser utilizadas para controlar tanto a los
miembros individuales de éstas como a las áreas correspondientes
de la sociedad.

De la Dictadura a la Democracia

23

No obstante, si la autonomía y libertad de estas instituciones
civiles independientes (fuera del control gubernamental) se pueden
mantener o recuperar, éstas serán de suma importancia para la
aplicación del desafío político. El rasgo común en los ejemplos
citados, donde las dictaduras han sido desintegradas o debilitadas,
ha sido la valiente aplicación masiva del desafío político por la
población y sus instituciones.
Como hemos afirmado, estos centros de poder sirven de bases
institucionales desde las cuales la población puede ejercer presión
o resistir los controles dictatoriales. En el futuro, serán una base
estructural indispensable para una sociedad libre. El crecimiento
continuado y la independencia de las mismas, por consiguiente, es a
menudo el requisito previo para el triunfo de una lucha de liberación.
Si la dictadura ha tenido éxito en destruir o controlar los
cuerpos independientes de la sociedad, será importante para
los que ofrezcan resistencia, crear nuevos grupos sociales e
instituciones independientes, o tratar de recuperar el control
de los cuerpos sociales supervivientes o de los parcialmente
controlados. Durante la revolución húngara de 1956-57, apareció
una multitud de “concejos de democracia directa”, que llegaron a
juntarse inclusive para establecer durante varias semanas todo un
sistema federal de instituciones y gobierno. En Polonia, durante
las postrimerías de 1980, los trabajadores mantuvieron sindicatos
ilegales de Solidaridad y, en algunos casos, tomaron el control de
los sindicatos oficiales dominados por los comunistas. Algunos de
estos procesos institucionales pueden tener consecuencias políticas
muy importantes.
Por supuesto, nada de esto significa que sea fácil debilitar o
destruir una dictadura, ni que cualquier intento de hacerlo tendrá
éxito. Desde luego no quiere decir que la lucha estará libre de
víctimas, porque los que todavía estén sirviendo a la dictadura van
a contraatacar en un esfuerzo por obligar a la población a regresar
a la cooperación y la obediencia.
Sin embago, esta nueva percepción del poder significa, que la
desintegración deliberada de una dictadura sí es posible. Las dictaduras,

24

Gene Sharp

en particular, tienen características específicas que las hacen
vulnerables al desafío político diestramente implementado.
Examinemos con más detalle estas características.

Cuatro

Las Dictaduras Tienen Puntos Débiles
Por lo general las dictaduras parecen invulnerables. Las agencias
de inteligencia, la policía, las fuerzas militares, las prisiones, los
campos de concentración y los pelotones de fusilamiento, están
controlados por unos pocos con mucho poder. Las finanzas de un
país, sus recursos naturales y su capacidad de producción a menudo
son saqueados por los dictadores y usados para apoyar la voluntad
de los dictadores.
En comparación, los fuerzas democráticas con frecuencia
aparecen como extremadamente débiles, ineficaces e impotentes. La
percepción de la invulnerabilidad frente a la impotencia hace poco
probable una oposición efectiva.
Sin embargo, esto no agota el tema.
Identificando el talón de Aquiles
Un mito de la Grecia clásica ilustra bien la vulnerabilidad de lo
supuestamente invulnerable. A Aquiles, el guerrero, ningún golpe
podía dañarlo, y ninguna espada penetrar su piel. Cuando era un
recién nacido, se supone que su madre lo había sumergido en las
aguas del mágico río Estigio, y por eso su cuerpo estaba protegido
contra todos los peligros. Había, sin embargo, un problema. Como
el niño había sido sostenido por el talón para que no fuese arrastrado
por la corriente, el agua mágica no había cubierto esa pequeña
porción de su cuerpo. Cuando Aquiles se hizo un hombre, les parecía
a todos que era invulnerable frente a las armas enemigas. Pero en
la batalla de Troya un soldado enemigo, instruido por alguien que
conocía la debilidad de aquél, logró clavarle una flecha en el talón
desprotegido, en el único lugar donde podía ser herido. La herida
fue fatal. Todavía hoy la frase “el talón de Aquiles” se refiere a la
parte vulnerable de una persona, un plan o una institución donde
si se le ataca, no está protegida.
25

26

Gene Sharp

El mismo principio se aplica a los dictadores más desalmados.
Ellos también pueden ser vencidos, pero más rápidamente y con un
costo menor si sus debilidades pueden identificarse y se concentra
en ellas el ataque.
Puntos débiles de las dictaduras
Entre los puntos débiles de las dictaduras están los siguientes:
1. Se les puede restringir o negar la cooperación de muchas
personas, grupos e instituciones que necesitan para hacer
funcionar el sistema.
2. Los requisitos y efectos de las políticas anteriores del régimen,
de cierta manera limitan su capacidad presente para adoptar
y ejecutar políticas contrarias.
3. El sistema puede convertirse en rutinario en cuanto a su
modo de obrar y ser menos apto para ajustarse rápidamente
a situaciones nuevas.
4. El personal y los recursos ya destinados para las tareas
habituales no estarán fácilmente disponibles para nuevas
necesidades.
5. Los subordinados, temerosos de no complacer a sus superiores,
pueden no proporcionar todos los detalles de la información
que los dictadores necesitan para tomar decisiones.
6. La ideología puede erosionarse; los mitos y símbolos del
sistema pueden perder su solidez.
7. Si hay una fuerte ideología que influye en la visión de la
realidad, una adhesión firme a la misma puede ser causa de
desatención de las condiciones y necesidades reales.

De la Dictadura a la Democracia

27

8. El deterioro de la competitividad y eficiencia de la burocracia,
o los excesivos controles y regulaciones, pueden volver
ineficaces las políticas y operaciones del sistema.
9. Los conflictos institucionales internos y las rivalidades y
hostilidades personales pueden dañar, o aún interrumpir, las
operaciones de la dictadura.
10. Los intelectuales y los estudiantes pueden impacientarse por
las condiciones o restricciones o el enfoque doctrinario y la
represión.
11. El público en general puede, con el tiempo, volverse apático
y hasta hostil al régimen.
12. Las diferencias regionales, de clase o nacionales pueden
agudizarse.
13. La jerarquía del poder de una dictadura es siempre, hasta
cierto punto, inestable y a veces lo es extremadamente; los
individuos no permanecen inmutables en sus posiciones y
rangos, sino que pueden elevarse o caer a otros niveles, o ser
separados por completo y sustituidos por un personal nuevo.
14. Sectores de la policía o de las fuerzas militares pueden actuar
para lograr sus propios objetivos, aún cuando esto sea contra
la voluntad de los dictadores en el poder, y llegar hasta el
golpe de estado.
15. Si la dictadura es nueva, necesita tiempo para afianzarse bien.
16. Como en una dictadura muy pocos toman muchas decisiones,
es probable que ocurran errores de juicio, de política o de
acción.

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17. S i el gobierno está buscando evitar estos peligros, y
descentraliza los controles y la toma de decisiones, su control
de los puntos clave para el poder puede deteriorarse aún más.
Atacando las debilidades de la dictadura
Conociendo semejantes debilidades intrínsecas, la oposición
democrática puede buscar cómo agravar esos “talones de Aquiles”
deliberadamente, a fin de alterar el sistema drásticamente o bien
desintegrarlo.
La conclusión es obvia. A pesar de la apariencia de fuerza,
todas las dictaduras tienen sus debilidades, sus ineficiencias internas,
sus rivalidades personales, sus funcionamientos institucionales
defectuosos y sus conflictos entre organizaciones y departamentos.
Estas debilidades, con el tiempo, tienden a hacer al régimen menos
efectivo y más vulnerable a los cambios de condiciones y a la
resistencia deliberada. No todo lo que el régimen se proponga lo
va a lograr, al menos completamente. A veces, por ejemplo, aún las
órdenes directas de Hitler quedaron sin ejecutarse porque los que
estaban por debajo de él en la jerarquía se abstenían de llevarlas a
cabo. El régimen dictatorial puede a veces desbaratarse rápidamente,
como ya hemos observado.
Esto no quiere decir que las dictaduras se pueden destruir
sin riesgos ni víctimas. Cualquier curso de acción posible para
lograr la liberación incurrirá en riesgos y sufrimiento potencial, y
tomará tiempo para poder ponerse en marcha. Y, por supuesto,
ningún medio de acción puede asegurar el triunfo rápido en cada
situación. Sin embargo, los tipos de lucha que tienen como objetivo
las debilidades identificables de la dictadura, tienen más posibilidad
de éxito que aquéllos en que se busca combatir la dictadura allí
donde a todas luces ésta es más fuerte. La pregunta es: ¿cómo ha
de conducirse esta lucha?

Cinco

Ejerciendo el Poder
En el Capítulo Uno advertimos que la resistencia armada contra las
dictaduras no las afecta donde son más débiles sino más bien donde
son más fuertes. Al escoger competir en el campo de las fuerzas
militares, el suministro de armamentos, la tecnología armamentista y
demás, los movimientos de resistencia tienden a situarse donde están
en clara desventaja. Las dictaduras casi siempre podrán desplazar
recursos superiores en esas áreas. Hemos subrayado también el
peligro de confiar en los poderes extranjeros para la salvación. En el
Capítulo Dos examinamos los problemas que conlleva confiar en las
negociaciones como un modo de quitarse las dictaduras de encima.
¿Cuáles son los medios disponibles que ofrecerán a la resistencia
democrática una clara ventaja y que lograrán agravar las debilidades
identificadas de las dictaduras? ¿Qué técnica de acción va a
aprovechar la teoría del poder político que discutimos en el Capítulo
Tres? La alternativa a escoger es el desafío político.
El desafío político tiene las siguientes características:
•  No acepta que los resultados sean decididos por los mediosde
lucha escogidos por la dictadura.
•  Es difícil para el régimen combatirlo.
•  Puede agravar extraordinariamente las debilidades de la
dictadura y negarle acceso a sus fuentes de poder.
•  Puede dispersarse ampliamente en cuanto a la acción, pero
también puede concentrarse en un objetivo específico.
•  Conduce a errores de juicio y de acción por parte de los
dictadores.

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•  Puede utilizar a la población como un todo, y a los grupos
e instituciones de la sociedad en la lucha y acabar con el
dominio brutal de unos pocos.
•  Sirve para acrecentar la distribución del poder efectivo en la
sociedad, haciendo que el establecimiento y mantenimiento
de una sociedad democrática sea más viable.
La dinámica de la lucha noviolenta
Como sucede con la capacidad militar, el desafío político se puede
emplear con una variedad de propósitos, que van desde esforzarse
por influir en los opositores para que hagan cosas diferentes,
crear condiciones para la solución pacífica de un conflicto, hasta
desintegrar el régimen de los adversarios. Pero la dinámica del
desafío político es muy diferente a la de la violencia. Aunque ambas
técnicas son herramientas para luchar, lo hacen por medios muy
distintos, y con distintas consecuencias. Los modos y resultados de
un conflicto violento son bien conocidos. Las armas físicas se usan
para intimidar, herir, matar y destruir.
La lucha noviolenta es una técnica mucho más variada y
compleja que la violencia. A diferencia de ésta, es una lucha que
emplea armas políticas, económicas, sociales y sicológicas, aplicadas
por la población y las instituciones de la sociedad. A estas armas
se les ha conocido bajo diversos nombres, como protestas, huelgas,
desobediencia o nocooperación, boicot, descontento y poder popular.
Como advertimos antes, todos los gobiernos pueden gobernar
mientras, por medio de la cooperación, sumisión y obediencia de la
población y de las instituciones de la sociedad, reciban el constante
refuerzo de las fuentes de poder que necesitan. El desafío político,
a diferencia de la violencia, es el instrumento idóneo para negarle
acceso al régimen a esas fuentes de poder.
Las armas y la disciplina noviolentas
El error común de las campañas improvisadas de desafío político,
es la dependencia o confianza en uno o dos procedimientos, tales

De la Dictadura a la Democracia 

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como las huelgas y las manifestaciones. De hecho, existe una
multitud de procedimientos que les permiten a los estrategas de
la resistencia tanto concentrar como dispersar la resistencia, según
haga falta.
Se han podido identificar hasta cerca de doscientos métodos
de acción noviolenta y, por supuesto, hay muchos más. Estos
procedimientos se clasifican en tres grandes categorías: protesta y
persuasión, nocooperación e intervención. Los métodos noviolentos
de protesta y persuasión son mayormente manifestaciones
simbólicas, que incluyen desfiles, marchas y vigilias (54 métodos). La
nocooperación se divide en tres sub-categorías: a) de nocooperación
social (16 métodos), b) de nocooperación económica: el boicot
inclusive (26 métodos) y huelgas (23 métodos), y c) de nocooperación
política (38 métodos). La intervención noviolenta, mediante
procedimientos sicológicos, sociales, económicos o políticos tales
como el ayuno, la ocupación noviolenta y el gobierno paralelo (41
métodos), es el último grupo. Una lista de 198 de estos métodos se
incluye en el apéndice de esta publicación.
Es probable que a cualquier régimen ilegítimo le cause graves
problemas el uso de un número considerable de estos métodos—
cuidadosamente escogidos, aplicados persistentemente y en gran
escala, fundidos en el contexto de una sabia estrategia y de tácticas
apropiadas, por civiles adiestrados. Esto es aplicable a todas las
dictaduras.
Los procedimientos de la lucha noviolenta pueden enfocar
directamente los asuntos más inmediatos, lo cual no es posible con
los medios militares. Por ejemplo, ya que el problema que presenta
una dictadura es esencialmente político, sería muy importante aplicar
las formas políticas de la lucha noviolenta. Esto incluiría la negación
de la legitimidad a los dictadores y la nocooperación con su régimen.
La nocooperación sería también aplicada contra algunas políticas
específicas. A veces el obstaculizar el trabajo o el demorarlo puede
realizarse en silencio, o aún secretamente, mientras que otras veces,
la franca desobediencia o las desafiantes manifestaciones públicas
y las huelgas, pueden ser vistas por todos.
Por otra parte, si la dictadura es vulnerable a las presiones

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económicas, o si muchos de los agravios del pueblo son económicos,
entonces la acción económica, como el boicot o las huelgas, puede
ser el procedimiento apropiado para la resistencia. Los esfuerzos del
dictador por explotar el sistema económico pueden contrarrestarse
mediante huelgas generales limitadas, demoras en el ritmo del
trabajo o por la negación de ayuda (o desaparición) de parte de los
expertos. El uso selectivo de diversos tipos de huelgas puede enfocar
puntos clave en el proceso manufacturero, en el transporte, en el
suministro de materias primas y en la distribución de productos.
Algunas tácticas de la lucha noviolenta requieren que la gente
realice actos que no están relacionados con su vida normal, tales
como volantear, manejar una imprenta clandestina, ponerse en
huelga de hambre o sentarse a media calle. Salvo en situaciones
muy extremas, para algunas personas estas acciones pueden ser
difíciles de llevar a cabo.
Por el contrario, otros métodos de lucha noviolenta, requieren
que la gente continúe llevando su vida normal aunque con algunas
diferencias. Por ejemplo, pueden ir a trabajar en vez de ponerse en
huelga, pero una vez allí, deliberadamente trabajar más lentamente o
con menos eficacia que siempre. Conscientemente se pueden cometer
“errores” con más frecuencia. A veces, uno puede estar “enfermo”
o “impedido” de trabajar, o simplemente se puede negar a trabajar.
Uno puede asistir a una ceremonia religiosa cuando tal acto no
sólo expresa las convicciones religiosas sino las políticas. Se puede
proteger a los niños de la propaganda de los atacantes mediante
la instrucción en casa o en clases ilegales. Uno puede negarse a
pertenecer a cierta organización “recomendada”, o impuesta a la cual
uno antes no hubiera escogido pertenecer libremente. La semejanza
de tal tipo de acción con las actividades acostumbradas de las gentes,
y el grado limitado de desviación de la vida normal, pueden hacer
que la participación en la lucha de liberación nacional sea mucho
más fácil para mucha gente.
Como la lógica de la lucha noviolenta difiere en muchos
aspectos de la acción violenta, hasta una violencia limitada sería
contraproducente durante una campaña de desafío político, porque

De la Dictadura a la Democracia 

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desviaría la lucha hacia un campo donde los dictadores tienen
una ventaja abrumadora (la contienda armada). La disciplina
noviolenta es clave para el éxito, y debe persistirse en ella a pesar
de las provocaciones y brutalidades de los dictadores y sus agentes.
El mantener la disciplina noviolenta contra los adversarios
violentos facilita el trabajo de los cuatro mecanismos de cambio de la
lucha noviolenta (de lo que trataremos más adelante). La disciplina
noviolenta es también extremadamente importante en el proceso
del jiu-jitsu político. En éste, la pura brutalidad del régimen contra
los activistas claramente noviolentos rebota políticamente contra
la posición del dictador, causando disensión en sus propias filas, y
fomentando el apoyo a los de la resistencia de parte de la población
en general, de los que generalmente defienden al régimen y de
terceras personas.
Sin embargo, en algunos casos una violencia limitada contra
la dictadura puede ser inevitable. La frustración y el odio contra
el régimen pueden explotar violentamente. O bien, ciertos grupos
pueden no estar deseosos de abandonar el uso de medios violentos
aún cuando reconozcan el importante papel de la lucha noviolenta.
En estos casos no es necesario abandonar el desafío político. Sin
embargo, será necesario separar la acción violenta lo más posible de
la acción noviolenta. Esto ha de hacerse en términos geográficos, de
sectores de la población, de tiempo y de problemas. De otro modo,
la violencia puede tener efectos desastrosos sobre el uso del desafío
político, el cual potencialmente, es mucho más poderoso y eficaz.
La historia indica que aún cuando se espera que haya víctimas,
tanto muertos como heridos, en el desafio político las habrá en
número mucho menor que las que se producirían en la contienda
armada. Es más, este tipo de lucha no contribuye al ciclo interminable
de matazón y brutalidad.
La lucha noviolenta requiere una pérdida del miedo y un mayor
control sobre sí mismo, por una parte, y tiende a producir este efecto
frente al gobierno y su represión brutal. Esa pérdida del miedo, o el
control sobre sí mismo, es un elemento clave para destruir el poder
que los dictadores tienen sobre la población en general.

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Franqueza, clandestinidad y comportamiento intachable
La clandestinidad, el engaño y la conspiración subterránea le
plantean problemas muy graves a un movimiento que emplee la
acción noviolenta. A menudo, es prácticamente imposible impedir
que los agentes de la policía o de la inteligencia se enteren de las
intenciones y los planes. Desde la perspectiva del movimiento, el
clandestinaje no sólo tiene sus raíces en el miedo sino que contribuye
a aumentarlo. Esto reblandece el espíritu de la resistencia y reduce
el número de personas que podrían participar en una acción
específica. También puede contribuir a que dentro del movimiento,
haya sospechas y acusaciones, a menudo injustificadas, acerca de
quien podría ser un informante o un agente de los contrarios. El
secreto también puede afectar la habilidad de un movimiento para
persistir en la práctica de la noviolencia. Al contrario, la franqueza
en cuanto a planes e intenciones contribuirá a dar la imagen de que
el movimiento de resistencia es en extremo poderoso. El problema,
por supuesto, es más complejo de lo que esto sugiere, y hay aspectos
significativos de las actividades de la resistencia que van a requerir el
secreto. Los entendidos tanto en la dinámica de la lucha noviolenta
como en los medios de vigilancia de la dictadura en la situación
específica necesitarán una evaluación bien documentada.
La edición, impresión y distribución de publicaciones
clandestinas, las trasmisiones ilegales por radio desde dentro del país
y la inteligencia recogida sobre las operaciones de la dictadura, están
entre las clases limitadas de actividades especiales que requieren un
alto grado de sigilo.
En todas las etapas del conflicto es necesario mantener un
comportamiento intachable en la acción noviolenta. Factores como
el no tener miedo y el mantener la disciplina noviolenta deben
estar siempre presentes. Es importante tener en cuenta que va a
necesitarse un gran número de gente para efectuar grandes cambios.
Esa cantidad de participantes confiables sólo se puede obtener
manteniendo el más alto nivel de comportamiento.

De la Dictadura a la Democracia

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Cambios en las relaciones de poder
Los estrategas necesitan recordar que el conflicto donde se aplica el
desafío político es un campo de lucha siempre cambiante, con un
continuo juego de ataques y contraataques. Nada es estático. Las
relaciones de poder, tanto absolutas como relativas, están sujetas a
cambios rápidos y constantes. Esto es posible porque los que trabajan
en la resistencia continúan tenazmente en su actividad noviolenta
a pesar de la represión.
En este tipo de situación de conflicto, las respectivas variaciones
de poder en los bandos contendientes, tienden a ser más extremas
que en los conflictos violentos, y tienen una gama más variada de
consecuencias significativas en lo político. Debido a esas variaciones,
las acciones específicas de los de la resistencia, por lo general, tienen
consecuencias que van más allá del lugar o el momento en que
ocurren. Estos efectos tendrán repercusiones que fortalecerán o
debilitarán a un grupo u otro.
Además, el grupo noviolento puede, por sus acciones, influir
sobre el aumento o disminución de la fuerza relativa del grupo contrario,
en un grado mucho mayor del que ocurre en los conflictos militares.
Por ejemplo, la resistencia noviolenta, disciplinada y valiente, frente a
la brutalidad de los dictadores puede producir desazón, descontento
o desconfianza, y, en situaciones extremas, hasta el amotinamiento
entre los propios soldados y el personal al servicio de la dictadura.
Esta resistencia también puede dar lugar a que aumente la condena
internacional de la dictadura. Además, el empleo del desafío político
disciplinado, persistente y bien adiestrado, puede hacer que más y
más gente, que normalmente apoyaría tácitamente a los dictadores o
que por lo general permanecerían neutrales en el conflicto, participe
en la resistencia.
Cuatro mecanismos de cambio
La lucha noviolenta produce cambios de cuatro maneras. El primer
mecanismo es el que se consideraría menos probable, aunque así ha
ocurrido. Cuando los miembros del grupo contrario se conmueven

36

Gene Sharp

emocionalmente por los sufrimientos que la represión ha infligido
en los valientes activistas de la resistencia, o racionalmente se
persuaden de que la causa de los de la resistencia es justa, llegan a
aceptar los objetivos de los de la resistencia. A este mecanismo se
le llama conversión. Aunque se dan casos de conversión en la lucha
noviolenta, son raros, y en la mayor parte de los conflictos esto no
ocurre de manera alguna, o por lo menos en escala significativa.
Con mucha más frecuencia la lucha noviolenta obra cambiando
la situación del conflicto y de la sociedad, de modo que el adversario
simplemente no puede hacer lo que le viene en gana. Es este cambio
el que produce los otros tres mecanismos: la acomodación, la coerción
noviolenta y la desintegración. Cuál de éstos ocurra dependerá del
grado en que las relaciones de poder, absolutas o relativas, hayan
cambiado a favor de los demócratas.
Si las cuestiones a debatir no son fundamentales, las exigencias
de la oposición en una campaña limitada no se consideran
amenazantes, y la confrontación de fuerzas ha alterado las relaciones
de poder en alguna medida, el conflicto inmediato puede terminar
por medio de un arreglo al que se llegue cediendo cada parte algo,
contemporizando. A este mecanismo se le llama acomodación. Por
ejemplo, muchas huelgas se resuelven de esta manera, ambas partes
consiguen algunos de sus objetivos, pero ninguna obtiene todo lo
que quería. El gobierno puede percibir que un arreglo semejante
trae algunos beneficios positivos, tales como disminuir la tensión,
dar una impresión de “equidad”, mejorar la imagen internacional
del régimen. Es importante, por lo tanto, que se tenga gran cuidado
al seleccionar los puntos por los cuales el arreglo por acomodación
resulte aceptable. La lucha por derribar la dictadura no es uno de
ésos.
La lucha noviolenta puede ser mucho más poderosa de lo
que indican los mecanismos de conversión o acomodación. La
nocooperación masiva y el desafío pueden cambiar la situación
política o social, especialmente las relaciones de poder, de tal manera
que los dictadores pierden la capacidad de controlar los procesos
económicos, sociales y políticos del gobierno y la sociedad. Las
fuerzas militares del adversario pueden volverse tan poco confiables

De la Dictadura a la Democracia

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que ya simplemente no obedezcan las órdenes de reprimir a los de
la resistencia. Aunque los dirigentes del gobierno permanezcan en
sus posiciones y sigan firmes en cuanto a sus objetivos originales,
han perdido la capacidad de actuar con efectividad. A esto se le
llama coerción noviolenta.
En algunas situaciones extremas, las condiciones que ha
producido la coerción noviolenta van aún mas lejos. La dirigencia
adversaria, de hecho, pierde toda su capacidad de actuar, y se
viene abajo toda su estructura de poder. La autoconducción, la
nocooperación y el desafío de los de la resistencia se hacen tan
perfectos que sus adversarios ahora carecen hasta del simulacro de
control sobre ellos. La burocracia del adversario se niega a obedecer
a su propia dirigencia. Las tropas de los adversarios y su policía
se amotinan. Los simpatizantes y colaboradores del poder adverso
repudian a sus antiguos dirigentes y les niegan derecho alguno
a mandar. A partir de esto, la antigua obediencia y colaboración
desaparecen. El cuarto mecanismo de cambio, la desintegración del
sistema del adversario, es tan completo que éste no tiene siquiera
poder suficiente para rendirse. El régimen se ha desintegrado.
Al planificar las estrategias para la liberación, estos cuatro
mecanismos deben tenerse en cuenta. Algunas veces operan por
casualidad. Sin embargo, la selección de uno o más de éstos como
el mecanismo de cambio escogido para que obre en el conflicto,
hará posible que se formulen estrategias específicas que se refuercen
mutuamente. La selección de uno o más mecanismos dependerá
de numerosos factores, inclusive del poder absoluto y relativo de
los grupos contendientes y de las actitudes y objetivos del grupo
noviolento.
Efectos democratizadores del desafío político
En contraste con los efectos centralizantes de las sanciones violentas,
el empleo de las técnicas de la lucha noviolenta contribuye a
democratizar la sociedad de varias maneras.
Una parte del efecto democratizador es negativo. Esto es, en
contraste con los medios armados, esta técnica no suministra un

38

Gene Sharp

instrumento para la represión bajo el mando de una élite gobernante,
que pueda volverse contra la población para establecer y mantener
una dictadura. Los líderes de un movimiento de desafío político
pueden influir en o presionar a sus seguidores, pero no pueden ni
encarcelarlos ni ajusticiarlos si disienten o escogen otros líderes.
La otra parte del efecto democratizador es positiva. Esto quiere
decir que la lucha noviolenta le da a la población armas para la
resistencia, que podrán usar para defender sus libertades tanto contra
los dictadores que existen como contra los que puedan existir. A
continuación, mencionamos varios de los efectos democratizadores
positivos que tiene la lucha noviolenta:
•  La experiencia de aplicar la lucha noviolenta puede hacer
que la población confíe más en sí misma, en cuanto a desafiar
las amenazas del régimen y la capacidad de éste para la
represión violenta.
•  La lucha noviolenta entrega las armas de la nocooperación y
el desafío, mediante las cuales la población puede resistirse
a los controles no democráticos que imponga sobre ella
cualquier grupo dictatorial.
•  La lucha noviolenta se puede usar para defender la práctica
de las libertades democráticas, tales como la de expresión, la
prensa libre, las organizaciones independientes y el derecho
a reunirse enfrentándose a controles represivos.
•  La lucha noviolenta contribuye en forma importante a
la supervivencia, renacimiento y fortalecimiento de los
grupos e instituciones independientes de la sociedad
como mencionamos antes. Estas son importantes para
la democracia por el valor que tienen para movilizar la
capacidad de poder de la población y de imponerle límites
al poder efectivo de cualquier dictador en potencia.

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•  La lucha noviolenta suministra armas mediante las cuales
la población logra concentrar su poder contra la acción
represiva, policiaca o militar, ejercida por un gobierno
dictatorial.
•  La lucha noviolenta ofrece métodos mediante los cuales la
población y las instituciones independientes pueden, en
interés de la democracia, restringirle o negarle los recursos
de poder a la minoría gobernante y por lo tanto, amenazar
su capacidad de seguir ejerciendo la dominación.
La complejidad de la lucha noviolenta
Como hemos visto en esta exposición, la lucha noviolenta es una
compleja técnica de acción social, que comprende una multitud
de métodos, una serie de mecanismos de cambio y unos requisitos
conductuales específicos. Para que resulte efectivo, especialmente
contra una dictadura, el desafío político requiere preparación y
planeación. Los probables participantes tendrán necesidad de
comprender qué se espera de ellos. Hace falta que haya recursos
disponibles. Los estrategas tendrán que haber analizado cómo
se puede aplicar la lucha noviolenta con más efectividad. Ahora
dirigiremos nuestra atención hacia ese elemento crucial: la necesidad
de una planificación estratégica.


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