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selection 9 no defintiva ama psique.rotated .pdf



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Título: AMA PSIQUE A5.pdf
Autor: mary

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AMA PSIQUE
MENCHU VALFER

VOLUMEN I

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Ama Psique
Menchu ValFer

CAP. I. ENCUENTRO

Viernes por la mañana.
Estaba en la oficina tranquilamente terminando de
supervisar una documentación que me había
entregado mi secretaria Lucía,

y que, por otra

parte, era un encanto. Además de la relación que
teníamos, entre jefa y empleada, consiguió, con su
simpatía, ganarse mi amistad y la verdad que la
relación que teníamos era de lo más cordial y
agradable, así daba gusto trabajar. Cuando vino a
recoger dicha documentación me preguntó si tenía
algún plan para ese viernes por la noche le dije que
no tenía planeado nada.

1

-¡Ah! pues…entonces, ¿Qué te parece si me
acompañas esta noche a presenciar un espectáculo
que seguro no te dejará indiferente?
-¿Qué tipo de espectáculo? – pregunté.
-Pues…prefiero que tú misma lo descubras sino
desaparecerá la sorpresa si te lo digo. Paso a
buscarte a tu casa a las ocho, cenamos y, luego, nos
vamos a un local que tiene un amigo mío dónde
podrás disfrutar de lo que vas a ver. Bueno…a mí,
por lo menos, me gusta mucho y lo disfruto un
montón.
-De acuerdo, entonces a las ocho estaré preparada.
Pero… ¿Hay que ir vestida de alguna manera
especial? – pregunté.
-No, para nada, ve vestida como quieras.

Asique para las ocho de la tarde ya estaba
preparada. Decidí ponerme ropa cómoda. Unos
2

jeans ajustados. Una blusa blanca algo atrevida y
escotada. Botas y una chaqueta, roja, de cuero
adornada con cremalleras.
Tan puntual como en el trabajo, Lucía, se presentó
en mi casa y nos fuimos en su coche. Cuando
aparcamos, algo que fue bastante difícil, nos
dirigimos hacia el local. Ya habíamos ido a cenar y
no pude evitar el no mirarla durante la velada.
Sabía que era bonita pero nunca me había fijado
antes en la realidad de su belleza y lo peculiar que
era su mirada. No sé…había algo en ella que te
impresionaba y te atraía.

Estábamos en la puerta del local. Me quedé
sorprendida porque el cartel que se encontraba en
la parte superior de la puerta ponía...”SALÓN
AMA”. Yo pensé…qué bonito título y me dije que
quizás se tratara de un local de encuentros o algo

3

así, claro se llamaba “AMA” pues se trataría de
algo relacionado con el amor.

Mientras

Lucía

pagaba

mi

entrada,

seguí

fijándome en la portada del local. La puerta tenía
dibujados,

en

relieves,

diversas

posturas

y

prácticas sexuales. A ambos lados de la puerta, y
fijadas en la pared, había dos gárgolas de pequeño
tamaño con cierta expresión de lascivia. Tenían la
lengua fuera de su boca. Sus ojos eran grandes y
expresivos y en su parte superior, les salían unos
brazos que hacían a la vez de soporte a unas velas
de color rojo y que, estaban protegidas por unos
cristales en forma de cápsulas. Yo notaba que
Lucía me miraba por el rabillo del ojo y esbozaba
una sonrisa…pelín…diría yo, maléfica. Y yo
pensaba… ¿Dónde me habrá traído?

4

Una vez que ya habíamos entrado, en el local, pude
fijarme

en

lo

grande

que

era.

Para

nada

aparentaba la entrada con la realidad. Había
muchas salas, en cada una de ellas se practicaba
sexo sobre un escenario y enfrente, había público
sentado. Hombres y mujeres que lo único en común
que tenían eran unas máscaras, seguramente, para
esconder su identidad.

No pude evitar tener un pensamiento divertido y
me

imaginé

que

quizás

estuvieran

sentados

matrimonios y no enterarse o, quizás, padres al
lado de sus hijos y tampoco darse cuenta. Antes de
que estos pensamientos provocasen en mí una
carcajada le pregunté a Lucía.
-Pero…Lucía ¿Dónde me has traído? ¿Qué es esto?
-Tranquila, ¿Nunca has escuchado hablar del
BDSM?

5

-¿El qué? – pregunté atónita - a mí, ésto, me parece
rarísimo.
-Te explico – dijo Lucía cariñosamente - verás
varios tipos de salas donde la práctica sexual es
diferente a lo que estás acostumbrada a disfrutar.
En la sala número uno, se practica el BONDAGE.
-¿Qué es eso?
-Míralo y compruébalo tú misma - contestó Lucía.

Me situé detrás del público. Nadie me veía… ¡Ni
falta que hacía! Todo aquello era tan extraño que
no me apetecía que nadie viera mi expresión
bobalicona.
Pude ver a una mujer desnuda.

Sólo tenía puesto unas medias de color blancas, con
encajes, que le llegaban hasta la mitad de sus
6

muslos. Estaba de rodillas sobre una cama y tenía
atadas las manos con unas ligaduras a la espalda.
Sus pies también estaban atados y doblados hacia
atrás por cuerdas. No solamente esto sino que,
para completar la escena, a su vez, otras ligaduras
la mantenían firme y salían desde las paredes de
dicha sala hasta finalizar, a su vez, en las cuerdas
que ella tenía en su cuerpo.

En resumen, estaba totalmente inmovilizada. La
mujer ni se inmutaba. Demostraba una sumisión y
obediencia, totalmente, asombrosas. En

ese

instante Lucía me dio una copa, la verdad que
acertó de lleno porque la necesitaba después de ver
esa imagen.

-Lucía, ¿Qué hace esa chica atada así? – pregunté.

7

-Bueno, es una práctica sexual que indica el
preludio de lo que se verá después en la siguiente
sala que te voy a mostrar. Siéntate aquí y disfruta
del espectáculo, enseguida vuelvo, voy a saludar a
mi amigo.
Y…así hice. Me senté como una niña obediente
esperando el regreso de su mamá para cuando
viniera a buscarla.

De pronto, se abrieron unas cortinas de color rojo,
eran de Antelina. Empezó a salir vapor, de agua,
por el suelo simulando una especia de niebla y…se
podía escuchar una música sacra. La verdad que el
ambiente empezaba a parecerme interesante y
atractivo, cosa que me sorprendió.

Mientras

seguía

tomando

mi

copa

salió

al

escenario, con un traje de cuero muy ajustado y de

8

color

negro,

perfectamente

una
sus

mujer.
curvas.

Podía
Esas

adivinar

curvas

tan

espectaculares. Tenía botas altas hasta la mitad de
sus muslos. Su traje de cuero tenía una abertura
en forma de rombo que dejaba al descubierto parte
de su vientre y con él

la visión de un tatuaje,

tribal, realmente espectacular, casi, como lo era
ella.

Llevaba puesta una máscara que para nada tenía
que envidiar a las máscaras de los carnavales
venecianos y que lo que provocaba, era fijarse más
en su belleza misteriosa y seductora. Podía decir
que esa mujer irradiaba magnetismo y atracción
además de un poder que evitaba el tener la
tentación de que se mirase hacia otro lado o tan
siquiera distraerte en probar un pequeño trago de
tu copa.

9

Su mirada era poderosa, inquisitiva y dominante.
El poder que emanaba era tal que sentías perder
por completo tu propia voluntad.

He de reconocer que me sentí fuertemente atraída
por ese magnetismo. A su vez pensaba, ¿Dónde
podía haberse metido Lucía? ya estaba tardando
con su charla seguro que estaría ligando y me
olvidó.

Se

está

perdiendo

un

espectáculo

impresionante.

La verdad que poco me duró el echarla de menos ya
que de pronto esa mujer se acercó a la muchacha
que estaba atada y…empezó a ordenarle que le
practicase sexo oral, asique, ante semejante escena
es normal que me olvidase de mi amiga, más que
nada por la impresión que me causó.

10

La muchacha, muy obedientemente, lo hizo aunque
si me lo hubiera ordenado a mí, también lo hubiera
hecho con sumo placer. Todos pudimos contemplar
cómo muy sensualmente y mirando a los ojos de su
dueña, sacaba su lengua y recorría muy despacio el
sexo de la mujer.

Ésta, la cogía del cabello pareciendo que tiraba de
él y cuando hacía esto la muchacha exhalaba un
leve grito pero, era de placer. Su lengua comenzó a
degustar los labios internos de la vagina de la
mujer que empezaba a contornear su cintura al
ritmo de la lengua de su sierva para que después,
ella, comenzara a jugar con el clítoris. En ese
momento, la mujer, en unos movimientos más
acelerados de su cintura, agarraba más fuerte el
cabello de la muchacha y, ésta, sabedora del placer
que le estaba regalando, a su señora y dueña, se
sentía plena de gozo.

11

Una vez que la mujer alcanzó el clímax, entre
sonidos orgásmicos, le soltó la ligadura de una de
las manos de la muchacha y le ordenó que se
introdujera dos bolas chinas por su vagina y otras
dos por su ano hasta que ella le ordenase que se las
quitara. La muchacha así lo hizo y se arrodilló ante
su señora hasta que, ésta, una vez recuperada de
su éxtasis, volvió a tener la misma compostura que
cuando llegó y después de varios juegos sexuales y
de una hora después desde que se introdujo esa
muchacha aquellas bolas, su Ama, le ordenó que se
las quitara.

Ante todo lo que estaba presenciando no pude por
menos que pedirme otra copa. Ya no echaba de
menos a Lucía, ahora lo que deseaba era que no me
interrumpieran para poder así, ver más cosas.

12

El público parecía inmutable y en cambio yo estaba
que me subía por las paredes al ver semejante
escena. Mi sexo nadaba en su jugo y…estaba
deseando que alguna mujer pudiera aprovechar y
aliviar mi tensión sexual, pero…como nada de eso
se presentaba, decidí seguir tomando mi copa y no
pensar en lo que se estaba desperdiciando entre
mis piernas.

Pasaron dos horas y ni me había dado cuenta del
transcurso del tiempo. Creo que eso significaba que
Lucía tenía razón al afirmar que me iba a
sorprender lo que iba a ver y que no me iba a
resultar

indiferente.

Sumida

en

estos

pensamientos, es que al fin, ví aparecer a mi
amiga.

-¡Hombre, por fin apareces! Te has perdido el
espectáculo. Ha sido impresionante. Había una
13

mujer que dominaba totalmente la voluntad de una
chica y…

Yo, no hacía nada más que explicarle la actuación
totalmente eufórica. Ella, después de escuchar mis
descripciones, atentamente y con paciencia, me dijo
que si nos marchábamos que, para la próxima
ocasión, me llevaría a ver algo parecido si,
realmente, había disfrutado del espectáculo. Yo le
dije que encantada iría, con ella, porque me llamó
poderosamente la atención el poder que podía tener
una mente sobre otra.

Pasó el fin de semana y el lunes por la mañana fui
a la oficina como de costumbre y llamé a Lucía
para que me trajera los informes del día. Como
siempre, tan disciplente, llegó a mi oficina, estaba
muy bonita. Llevaba puesto unos, preciosos,

14

zapatos de tacón. Falda de cuero, entubada. Medias
de cristal de color negro.
Camisa

blanca,

cuyos

botones

solamente

se

abrochaban hasta debajo de sus pechos, dejando al
descubierto ese vientre plano y perfecto.

Pero…cuando se acercó, para darme los informes,
pude comprobar que su vientre lucía el mismo
tatuaje que la mujer del espectáculo que presencié
aquel viernes con ella. Le miré a los ojos,
estupefacta,

entonces

es

cuando

empecé

a

comprender y a reconocer aquella mirada poderosa
y dominante. Me quedé con una cara entre
alucinada y tonta. Me estaba haciendo preguntas y
respondiendo

a

la

vez,

pero…claro,

éstas,

interiormente. Ella se dio cuenta inmediatamente y
me dijo:

15

-Sí, ves bien, efectivamente, me ha delatado ante ti,
mi tatuaje. Yo, soy Ama Psique la mujer que viste
en el escenario.
Me quedé sin palabras. Ahora entendí por qué me
tocó ver sola el espectáculo. Y yo que pensaba que
estaba hablando con alguien o ligando. ¡Hombre! en
el fondo ligar lo que se dice ligar… lo estaba
haciendo y encima delante de decenas de personas
y delante de mis narices.

-¿Te gustó mi espectáculo? - me preguntó de una
manera muy sensual.

La miré a los ojos y, efectivamente, esa mirada
embriagadora y hechizante hizo que le contestase
con sumo placer que…me encantó su actuación.

16

-Pues…prepárate, este próximo viernes, te llevaré
a ver otra cosa diferente.

Asentí con la cabeza como una más de sus sumisas.
A partir de entonces sentí que, Lucía, mi dulce
secretaria, sería mi dueña fuera de la oficina por
mucho tiempo. Aunque, lo que tenía muy claro era
que yo, mandaba en el trabajo.

17

18

CAP. II. LA DECLARACIÓN

Después de la impresión del espectáculo de la
semana anterior veía a Lucía de otra manera. El
poder de atracción que ejercía sobre mí, no le
pasaba desapercibido y yo creo que disfrutaba al
sentir mi desasosiego.

Aquella actuación marcó un antes y un después con
respecto a lo que sentía por ella. Siempre me atrajo
pero, la verdad, nunca me atreví a decirle nada
porque… ni tan siquiera me imaginaba que
pudieran gustarle las mujeres, aunque después de
ver cómo le practicó sexo oral aquella muchacha y

19

cómo lo disfrutó mi bella secretaria, ya no me
quedaban dudas, a Lucía le gustaban las mujeres.

En mi trabajo, todos, sabían que yo era lesbiana.
Este hecho jamás supuso, para mí, ningún
problema. Después de pensármelo mucho, decidí
quedar

con

Lucía

para

expresarle

mis

sentimientos.

-Lucía ¿Puedes venir a mi despacho por favor?
-Sí, claro, ahora mismo – contestó.
-¡Hola Lucía! Mira te he hecho venir porque ahora
me toca corresponder a tu invitación de la semana
pasada. ¿Te gustaría quedar conmigo para comer
después de que salgamos del trabajo? - le pregunté
con cierta timidez.

20

-Me parece bien, no tenía nada preparado para
comer, asique me viene de maravilla.
-Pues perfecto, entonces luego nos vemos.
-Vale, hasta luego entonces – respondió.
Marcaban, de mi reloj, las tres de la tarde y Lucía
vino a buscarme al despacho. Seguía resultándome
asombroso

que

AMA

PSIQUE

fuera

tan

voluntariosa y cumplida, conmigo, vamos todo lo
contrario a lo que demostró en su espectáculo.

-¡Hola Lucía! ¿Nos vamos? Ya terminé de firmar
estos informes y nos podemos ir.
-Perfecto, pues salgamos juntas, ¿Cómo vamos, en
tu coche o en el mío? - preguntó.
-En el mío – respondí.

21

Bajamos en el ascensor, en silencio, sin mediar
palabra,

algo

que

agradecí

porque

esa

circunstancia me daba el tiempo suficiente para
pensar cómo le iba a decir lo que sentía por ella y
de paso intentaba relajarme un poco. La verdad
que lo mío era de Juzgado de Guardia, tan segura
entre las cuatro paredes de mi despacho y luego
hecha un auténtico flan cuando estaba fuera de él y
junto a ella.

Cogimos

mi

coche

y

nos

acercamos

a

un

restaurante cinco calles más arriba de dónde nos
encontrábamos. Cuando Lucía vio el nombre del
restaurante he de confesar que se destornilló de la
risa, ¡Bufffff! mi primera cita, encima para
explicarle mis sentimientos, y la llevo a un
restaurante cuyo nombre era, “Restaurante El
Brasero, el mejor restaurante del Mundo Entero”.

22

Sinceramente, nunca me había fijado en la segunda
parte del nombre y siempre habíamos dicho, mis
amigos y yo, ¡Vamos al Restaurante El Brasero!
pero nada más, asique, si había aliviado un poco
mis nervios, en el ascensor, aumentó mi ridículo al
comprobar que el motivo de la carcajada de Lucía
era debido a la coletilla del nombre del dichoso
restaurante. Menos mal que por lo menos la
comida, a la brasa, que daban me iba a hacer
quedar bastante mejor que el nombrecito de
“marras”.

-La verdad que quería decirte que me encanta que
hayas aceptado mi invitación a comer. Durante
estos tres años, que hace que nos conocemos, no
hemos salido mucho. Bueno…en realidad tampoco
tenemos por qué salir –presentía que ya estaba a
punto de acelerarme ante la mirada tan penetrante
de esa mujer que erizaba absolutamente toda mi

23

piel y que lo único que iba a conseguir era parecer
una “tonta”.

-Pues sí, es cierto, me hubiera gustado salir en más
ocasiones contigo, pero… sabes, el trabajo y luego
las horas extras con mi espectáculo no me dejan
mucho tiempo para otras cosas.

¡Madre mía! cómo le agradecía que hiciera de ese
momento

un

momento

menos

tenso,

definitivamente no me equivoqué, esa mujer era la
que yo siempre había deseado y, lo más irrisorio es
que, siempre había estado ahí.

Terminamos de comer las costillas a la brasa con
esa salsa, especialidad de la casa y, secreto de
Juana, la cocinera y madre del dueño del local. Era
un secreto de familia y por más que intenté, en
24

numerosas

ocasiones,

averiguarlo,

no

hubo

manera.
Pero a cambio de mi desilusión, por no obtener la
receta, Juana, siempre, me ponía unos platos
exquisitos y arreglados con todo el cariño del
mundo y además regado, todo ello, con el mejor de
los vinos de la casa durante todos los sábados,
desde hacía tres años, que iba con mis amigos a
comer allí.

Durante

la

comida

hablamos

de

cosas

intrascendentales. Temas del trabajo o cualquier
opinión de algún compañero de trabajo o de otro.
Hasta que me habló de su vida.

Era la menor de tres hermanos.
Sus hermanos la llevaban bastante edad. Lucía, se
crió en un ambiente algo contradictorio. Sus padres
25

se

querían

pero

no

podían

estar

juntos.

Constantemente se escuchaban gritos, insultos,
que sus padres se proferían mutuamente. Me
contaba que se asustaba mucho cuando escuchaba
eso. Ella tenía corta edad pero… cuando más
asustada estaba era cuando su padre volvía de la
calle, después de haber estado bebiendo, y su
madre lo increpaba. Volvían de nuevo los “chillidos”
y…los golpes. Así fue durante muchos años hasta
que un día, Lucía, decidió hacer sus maletas, con
dieciocho años, y coger un autobús hacia cualquier
destino.

Al final, tuvo mucha suerte, encontró trabajo de
camarera en un pub nocturno, los fines de semana,
y por las mañanas cuidaba a unos niños, asique,
por

las

tardes,

se

preparaba

el

curso

de

administrativa. Así, estuvo durante dos años y en
el transcurso de ese tiempo, y tras su paso por el
bar, es cuando conoció a Ricardo García.
26

El señor García, iba todos los viernes por la noche
al pub donde trabajaba ella a tomarse sus copitas y
a fumarse su habano.

-¡Hola Lucía! ¿Cómo estás pequeña?
-¡Hola Sr. García! Pues… muy bien, aquí ya ve,
como siempre para no variar.
-Mira Lucía, yo quería proponerte algo, ya llevo
tiempo conociéndote y…huelo el talento en el
mismo momento en el que lo veo.
-¿Talento? ¡Sr. García! ¿Ahora se da cuenta que me
salen mejor los kubatas? Jajajajaja.
-¡Jajajajaj! – rió el Sr. García – no es eso. Eres una
mujer

preciosa,

con

un

cuerpo

realmente

espectacular y yo quería proponerte un trabajo
diferente que te va a proporcionar generosos
ingresos.

27

-Bueno…eso suena muy bien. ¿En qué consiste
exactamente ese trabajo? -preguntó ella.
-Mira, yo tengo un local en el centro de la ciudad y
el trabajo consiste en que representes un papel en
una actuación. Elegirás lo que quieras o si quieres
todos los papeles, eso, ya depende de ti. Mi
espectáculo, bueno lo que yo ofrezco, son una serie
de prácticas sexuales que se realizarán en vivo y en
directo.
-¿Prácticas sexuales? – preguntó Lucía – pero, Sr.
García, usted me está pidiendo que yo…
-¡No, no, no, por favor! No es nada de lo que estás
pensando. Es un espectáculo totalmente lícito y he
de asegurarte que absolutamente respetuoso. Lo
que se representa en mi local es el BDSM.
-¿El qué? – preguntó Lucía a la vez que también se
servía una copa.

28

-El BDSM – respondió el Sr. García – es una
práctica sexual cuyas siglas significan B (Bandage),
y que es la representación del sexo con ligaduras. D
(dominación),

puede

ser

dominación

física

o

psíquica. S (sadismo). M (sumisión o masoquismo).

Lucía me explicaba que una vez que el Sr. García le
había puesto al tanto de todo decidió probar un fin
de semana sin ningún tipo de compromiso. Después
de presenciar todos y cada unos de los espectáculos,
me confesó que, se sintió especialmente atraída por
el

Bandage.

Era

algo

que

la

sorprendió

sobremanera. No se llegó a imaginar nunca que
pudiera sentir placer sexual con el hecho de
dominar la voluntad de otra persona y mucho
menos llegó a imaginarse que esa persona pudiera
obtener el mismo placer obedeciendo sus órdenes.
El único requisito que le pidió al Sr. García, era,
que sus espectáculos fueran con mujeres ya que era
lesbiana.
29

Nos estuvimos riendo un buen rato cuando Lucía
me describía la cara del Sr. García ante esta
petición. Ni se imaginaba que le pudieran gustar
las mujeres porque, según él, su aspecto no era el
que tienen en la mente algunos heterosexuales de
lo que es una lesbiana.

-¡Pero Lucía! – le dije - ¡Qué pensaba aquel hombre
sobre

nuestro

aspecto!

¿Acaso

las

lesbianas

tenemos que tener alguna etiqueta que diga,
cuidado soy lesbiana, abstenerse maduritos a la
caza y captura? - añadí.

-¡Jajajaja! – rió Lucía – además de que tienes
razón, a ese hombre se le notaron sus intenciones.
Después de que me explicase sus aventuras y
desventuras en el mundo del espectáculo del Sr.
García,

continuó

diciéndome

30

que,

una

vez

preparada en el curso de administrativa, se puso a
echar currículums en empresas. Toda la vida no iba
a estar representando el papel de AMA PSIQUE.
Asique, finalmente, el departamento de Recursos
Humanos de mi empresa la eligió siguiendo la línea
a seguir del perfil que pedíamos.

Cuando me contaba esto yo pensaba... ¡Qué línea
de perfil, si no tenía experiencia como secretaria!
Hombre…es cierto que sabía hablar y escribir
perfectamente inglés y alemán. Supongo que algún
miembro del departamento se quedó prendado de
su foto y la eligió por eso, aunque he de agradecer
que ése, quizás, fuera el mayor motivo.

La realidad era que Lucía ya llevaba conmigo tres
años y que por casualidades del destino, o yo qué
sé, estaba sentada frente a ella totalmente decidida
a anunciarle mis sentimientos confiando que no
31

empezase a tartamudear. Cuando estoy muy
emocionada,

por

cualquier

cosa,

comienzo

a

tartamudear. Con lo bien que se me da explicar las
cosas, pues, en esos momentos parezco una gallina
cacareando.

Tomamos el café y luego fuimos a dar un paseo por
un parque maravilloso que encontramos mientras
caminábamos y hablábamos de cosas sin mayor
importancia

pero

que,

convertían

nuestra

conversación en una charla amena y nos hacía
sentir muy a gusto la una con la otra.

Pasaban los minutos y las horas, sin apenas darnos
cuenta, y de pronto se hizo de noche. Entonces,
fuimos a por el coche y me dispuse a llevarla a su
domicilio. Aún, no le había dicho nada acerca de
mis sentimientos y veía que no se acercaba el
momento.
32

-Bueno, creo que ya es hora de que nos vayamos a
casa, te llevo – le dije.
-Muy bien, como quieras.

Cuando llegamos a su portal, paré el motor del
coche y esperé a que ella bajase. Pensé que, había
desperdiciado

una

oportunidad,

única,

de

expresarle lo que sentía.

-¿Quieres subir a tomar una última copa? –
preguntó.
-De acuerdo, pero cortita porque mañana tengo que
estar temprano en la oficina.

La verdad que aquella propuesta hizo nacer, en mí,
un halo de esperanza. Aún, tenía tiempo. Subimos
a

su

casa.

Nunca

había
33

estado.

Era

un


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