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Título: Señor Inframundo.pdf
Autor: Usuario

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Señor del inframundo
Volumen I: Forastero
Por Luis Aníbal Núñez

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Mundo de Zyllyön
Primera versión del mapamundi de Zyllyön dibujado por Viejo Plinius entre 2570 y 2590.

Villa Felicidad
Üll abre los ojos una fría madrugada, no ve estrella alguna,
imposible, Señor del inframundo las ha robado todas.
Su estupor es absoluto. Podría jurar que la noche anterior vio un
hermoso cielo estrellado. No ve tampoco nubes; Kava brilla con
fuerza. No se detiene a pensar en esto de todos modos. Se
encuentra demasiado herido, cansado y hambriento para
preocuparse por eso. Lo cierto es que al ver cercanas las luces de
Villa Felicidad, luminosidad emitida por antiguas antorchas de
Fusta Ferro clavadas en los límites de dicha zona habitada, un
alivio fortalecedor le renueva las energías para seguir adelante a
pesar del dolor. Ha dejado atrás Bosque Mandrumin, una
espesura que jamás olvidará desde ahora. No obstante, no ha
podido dejar del todo atrás a sendos demonios, quienes con saña,
prisa y fiereza, aún lo están buscando no muy lejos de su
posición.
Tan sólo unos pasos hay entre el joven y las puertas de la villa,
una entrada que podría ponerlo a salvo de los peligros
circundantes, que podría darle acceso a las comodidades
disponibles dentro del bonito emplazamiento. Gira boca abajo, se
arrastra, intenta alcanzar estas puertas hechas con el mismo
material de las antorchas. Justo antes de alcanzarlas, siente de
nuevo que pierde el control de su propio cuerpo, como si toda
masa muscular se le hubiera desvanecido. Se desploma de golpe,
su mejilla derecha queda sobre el suelo, pestañea con lentitud.
Parece incapaz de seguir avanzando. Los efectos de una
hambruna a la que no está acostumbrado, hacen que no tenga
fuerzas para moverse más. Es el final, lo sabe, no queda nada por
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hacer. Los demonios se siguen acercando a él desde alguna parte.
El joven Üll Kristianson pierde el conocimiento, no puede
evitarlo. Antes de perderlo por completo, es capaz de ver
demonios que emergen entre los árboles de Bosque Mandrumin
con la intención de darle alcance por fin. Para entonces, a pesar
de la mucha resistencia que le gustaría imponer, se queda
inmóvil. No podrá resistirse por mucho que quiera. Entonces, por
fin se desvanece.
*****
Cuando vuelve a recuperar el conocimiento, sin saber si ya está
muerto o no, lo primero que siente es una especie de calor
sofocante. Abandona de golpe la posición horizontal, queda
sentado. Examina su alrededor, se encuentra dentro de una
cabaña monoambiental, cubierto por pieles de lobo gris frente a
una estufa a leña encendida. Las pieles son gruesas y el fuego
está cerca, lo cual explica el calor que siente en su debilitado
cuerpo. Siente en el estómago un hambre atroz y voraz. Se
detiene a observar las llamas un instante, le dan algo de paz,
aunque le inquieta el hecho de no reconocer el sitio donde se
encuentra. Piensa que ha de ser de mañana. No puede
confirmarlo, las ventanas tienen cerradas sus portezuelas de
madera. Destapa un poco su torso desnudo, siente algo de mareos
y debilidad.
La espada con destellos plateados que ha traído consigo, para su
propio alivio la ve a mano izquierda; suspira profundamente. Se
pregunta a quién pertenece esa cabaña. Todavía mareado y aún
con algo de dificultades se pone de pie, siente cual saco de plomo
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