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Fangirl (Rainbow Rowell) ES .pdf



Nombre del archivo original: Fangirl (Rainbow Rowell) ES.pdf
Autor: RR

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1

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2

STAFF
Moderadoras
Mel Cipriano

3

Traductoras
Snowsmily
Michelle♡
Adriana Tate
CrisCras
Juli
Julieyrr
Nats
Sofí Fullbuster
Blaire2015

Danny_McFly
MaryJane♥
Chachii
America
Sardothien
Zafiro
Cynthia
Delaney
letssinkhearts

eyeOc
Mel Cipriano
Deydra Eaton
aa.tesares
Polilla
KristewStewpi
d
Valen Drtner
Mar Winston

francisca
abdo arias
Valentine
Fitzgerald
Vanessa VR
Jeyly Carstairs
Val_17
Mel Markham

Correctoras
Melii
Gabbita
Andreina
Vanessa
mariaesperanza.nino
Val
Zöe
Victoria Ferris
Daenerys
Paltonika

Marie.Ang
Maarlopez
Meliizza
niki
Aimetz
PaulaFran!
Daniela
Aiden
Alessa
Ely

Lectura Final
Elle

Diseño
Sofía Belikov & Yessy

Cris
Tsuki
Karool
CarolVanessa
Gabihhbelieber
Cami
SammyD
Gaz Walker

ÍNDICE
Capítulo 1

Capítulo 21

Capítulo 2

Capítulo 22

Capítulo 3

Capítulo 23

Capítulo 4

Capítulo 24

Capítulo 5

Capítulo 25

Capítulo 6

Capítulo 26

Capítulo 7

Capítulo 27

Capítulo 8

Capítulo 28

Capítulo 9

Capítulo 29

Capítulo 10

Capítulo 30

Capítulo 11

Capítulo 31

Capítulo 12

Capítulo 32

Capítulo 13

Capítulo 33

Capítulo 14

Capítulo 34

Capítulo 15

Capítulo 35

Capítulo 16

Capítulo 36

Capítulo 17

Capítulo 37

Capítulo 18

Capítulo 38

Capítulo 19

Agradecimientos

Capítulo 20

Sobre el Autor

4

SINOPSIS
Cath es fan de Simon Snow.
Bueno, todo el mundo es fan de Simon Snow...
Pero para Cath, ser fan es toda su vida, y ella es realmente buena en
ello. Ella y su hermana gemela, Wren, se escondieron en la serie Simon
Snow cuando eran unas niñas, y eso fue lo que las ayudó a superar el
abandono de su madre.
Leer. Releer. Pasar el rato en los foros de Simon Snow, escribir
fanfictions sobre Simon Snow, vestirse como los personajes para cada
estreno de una película.
La hermana de Cath se ha alejado del fandom, pero Cath no puede
dejarlo ir. No quiere hacerlo.
Ahora que van a la universidad, Wren le ha dicho a Cath que no
quiere ser su compañera de habitación. Cath está sola, y completamente
fuera de su zona de confort. Ella tiene una compañera de cuarto hosca
con un novio encantador y que siempre está alrededor, un profesor escritor
de ficción que piensa que fanfiction es el fin del mundo civilizado, un
compañero guapo que sólo quiere hablar de palabras... Y no puede dejar
de preocuparse por su padre, quien es amoroso y frágil, y nunca ha
estado solo.
Para Cath, la pregunta es: ¿Puede hacer esto?
¿Puede hacerlo sin Wren sosteniendo su mano? ¿Está lista para
empezar a vivir su propia vida? ¿Escribir sus propias historias?
¿Y querrá ella seguir adelante si eso significa dejar a Simon Snow
atrás?

5

6

7

Para Jennifer, quien siempre tuvo un sable de luz adicional.

8

SEMESTRE DE OTOÑO, 2011

LA SERIE DE SIMON SNOW
Fuente: Encyclowikia, la enciclopedia de la gente
Este artículo es sobre la serie de libros para niños. Para otras
aplicaciones, vea Simon Snow (desambiguación).
Simon Snow es una serie de siete libros de fantasía escritos por la
lingüista Inglesa Gemma T. Leslie. Los libros cuentan la historia de Simon
Snow, de 11 años de edad, un huérfano de Lancashire que es reclutado
para asistir a la Escuela Watford Magicks para convertirse en un mago. A
medida que crece, Simon se une a un grupo de hechiceros —los Magos—
que luchan contra Humdrum Insidious, un ser maligno que intenta erradicar
la magia del mundo.
Desde la publicación de Simon Snow y El Heredero del Mago en
2001, los libros han sido traducidos a 53 idiomas, y para agosto de 2011 ya
se habían vendido más de 380 millones de copias.
Leslie ha sido criticada por la violencia en la serie, y por la creación
de un héroe que a veces es egoísta y malhumorado. Una escena de
exorcismo en el cuarto libro, Simon Snow y el Cuarto Selkies, provocó
boicots entre grupos cristianos estadounidenses en 2008. Pero los libros son
ampliamente considerados como clásicos modernos, y en 2010, la revista
Time llamó a Simon el "personaje literario para niños más grande desde
Huckleberry Finn".
Un octavo libro, el último de la serie, tiene fecha de lanzamiento
para el 1 de mayo de 2012.
Publicaciones:
Simon Snow y el Heredero del Mago, 2001
Simon Snow y la Segunda Serpiente, 2003
Simon Snow y la Tercera Puerta, 2004
Simon Snow y el Cuarto Selkies, 2007
Simon Snow y las Cinco Hojas, 2008
Simon Snow y las Seis Liebres Blancas, 2009
Simon Snow y el Séptimo Roble, 2010
Simon Snow y la Octava Danza, programado para el 1 de mayo de
2012

9

1
Traducido por Mel Cipriano
Corregido por Gabbita

10
Había un chico en su habitación.
Cath miró el número pintado en la puerta y luego hacia abajo, a la
asignación de espacio en su mano.
Pound Hall, 913.
Esa era sin duda la habitación 913, pero tal vez no era Pound Hall,
todas esas residencias se parecían, como torres de viviendas públicas para
ancianos. Tal vez Cath debía tratar de interceptar a su padre antes de que
le llevara el resto de sus cajas.
—Tú debes ser Cather —dijo el muchacho, sonriendo y tendiéndole
la mano.
—Cath —dijo, sintiendo un salto de pánico en el estómago. Hizo caso
omiso a su mano. (Ella estaba sosteniendo una caja de todos modos, ¿qué
esperaba?)
Aquello era un error, tenía que ser un error. Sabía que Pound era un
edificio de dormitorios mixtos… ¿Existía tal cosa como los dormitorios
mixtos?
El chico tomó la caja de sus manos y la puso en una cama vacía. La
cama en el otro lado de la habitación ya estaba cubierta con ropa y
cajas.
—¿Tienes más cosas abajo? —preguntó—. Acabamos de terminar.
Creo que ahora iremos a por una hamburguesa; ¿quieres una? ¿Ya has
estado en Pear‘s? Hamburguesas del tamaño de tu puño. —Él tomó su
brazo. Ella tragó saliva—. Has un puño —dijo.
Cath lo hizo.
—Más grande que tú puño —dijo, dejando caer la mano y tomando
la mochila que ella había dejado en la puerta—. ¿Tienes más cajas? Debes
tenerlas. ¿Tienes hambre?

Era alto, delgado y bronceado, y parecía como si acabara de
quitarse un gorro de lana, tirando del cabello rubio oscuro en todas
direcciones. Cath miró la asignación de la habitación. ¿Este era Reagan?
—¡Reagan! —dijo el chico felizmente—. Mira, tú compañera de
cuarto está aquí.
Una chica rodeó a Cath en la puerta y la miró con frialdad. Tenía
cabello liso, castaño, y un cigarrillo sin encender en la boca. El chico lo
tomó y se lo puso en su boca. —Reagan, Cather. Cather, Reagan —dijo.
—Cath —corrigió ella.
Reagan asintió y buscó en su bolso otro cigarrillo. —Tomé esté lado —
dijo, señalando a la pila de cajas en el lado derecho de la habitación—.
Pero eso no importa. Si tienes problemas de feng shui, no dudes en mover
mi mierda. —Se volvió hacia el muchacho—. ¿Listo?
Él se giró hacia Cath. —¿Vienes?
Cath negó con la cabeza.
Cuando la puerta se cerró detrás de ellos, se sentó en el colchón
desnudo que aparentemente era suyo —el feng shui era el menor de sus
problemas—, y apoyó la cabeza contra la pared de bloques de hormigón.
ESólo tenía que tranquilizar sus nervios.
Tomar la ansiedad que sentía como estática negra trás sus párpados
y un corazón extra en su garganta, y empujarlo todo hacia su estómago a
donde pertenecía, donde pudiera, al menos, atarlo en un buen nudo y
trabajar en torno a ello.
Su padre y Wren estarían allí de un momento a otro, y Cath no quería
que supieran que estaba a punto de deshacerse. Si Cath se deshacía, su
padre se desharía. Y sí ambos lo hacían, Wren actuaría como si lo
estuvieran haciendo a propósito, sólo para arruinar su perfecto primer día
en el campus. Su nueva y hermosa aventura.
Vas a darme las gracias por esto, seguía diciendo Wren.
La primera vez que lo dijo fue en junio.
Cath ya había enviado sus solicitudes de vivienda a la universidad, y
por supuesto que había puesto a Wren como su compañera de cuarto, no
lo había pensado dos veces. Las dos habían compartido una habitación
durante dieciocho años, ¿por qué detenerse ahora?
—Hemos compartido una habitación por dieciocho años —
argumentó Wren. Estaba sentada a la cabecera de la cama de Cath,
portando su exasperante rostro de ―Soy la Madura Aquí‖.

11

—Y ha funcionado muy bien —dijo Cath, agitando su brazo
alrededor del dormitorio hacia las pilas de libros y posters de Simon en el
armario, donde metían toda su ropa sin preocuparse la mayoría de las
veces de qué le pertenecía a cada una.
Cath estaba sentada a los pies de la cama, tratando de no parecer
la ―Patética que Siempre Lloriquea‖.
—Esto es la universidad —insistió Wren—. El punto de la universidad es
conocer gente nueva.
—El punto de tener una hermana gemela —dijo Cath—, es no tener
que preocuparse por este tipo de cosas. Raros extraños que roban tus
tampones, huelen como a aderezo para ensaladas y te toman fotos con
sus teléfonos celulares mientras duermes…
Wren suspiró. —¿De qué estás hablando? ¿Por qué alguien va a oler
como aderezo para ensalada?
—Como a vinagre —dijo Cath—. ¿Recuerdas cuando nos fuimos de
viaje en primer año, y que la habitación de una niña olía a aderezo
italiano?
—No.
—Bueno, era horrible.
—Es la universidad —repitió Wren, exasperada, cubriéndose la cara
con las manos—. Se supone que debe ser una aventura.
—Ya es toda una aventura. —Cath se arrastró junto a su hermana y
le sacó las manos de la cara—. Toda la perspectiva ya es aterradora.
—Se supone que debemos conocer gente nueva —insistió Wren.
—Yo no necesito gente nueva.
—Eso demuestra lo mucho que necesitas gente nueva.... —Wren le
apretó las manos—. Cath, piensa en ello. Si lo hacemos juntas, la gente nos
tratará como si fuéramos la misma persona. Pasarán cuatro años antes de
que alguien pueda incluso diferenciarnos.
—Todo lo que tienen que hacer es prestar atención. —Cath tocó la
cicatriz en la barbilla de Wren, justo debajo de su labio. (Accidente de
trineo. Tenían nueve, y Wren estaba en la parte delantera del trineo
cuando golpeó el árbol. Cath había caído a la nieve de la parte posterior.)
—Sabes que tengo razón —dijo Wren.
Cath negó con la cabeza. —No lo creo.
—Cath...
—Por favor no me hagas hacer esto sola.

12

—Nunca estás sola —dijo Wren, suspirando de nuevo—. Ese es el
maldito punto de tener una hermana gemela.

—Esto es muy bonito —dijo su padre, echando un vistazo alrededor
de Pound 913, y poniendo un cesto de la ropa lleno de zapatos y libros
sobre el colchón de Cath.
—No es lindo, papá —dijo Cath con rigidez, de pie en la puerta—. Es
como una habitación de hospital, pero más pequeña. Y sin televisión.
—Tienes una gran vista del campus —dijo.
Wren se acercó
estacionamiento.

a la

ventana.

—Mi

habitación

da

a

un

—¿Cómo lo sabes? —preguntó Cath.
—Google Earth.
Wren no podía esperar a que toda esa cosa de la universidad
comenzara. Ella y su compañera de cuarto, Courtney, habían estado
hablando durante semanas. Courtney era de Omaha también. Las dos se
habían reunido y fueron juntas a comprar cosas para el dormitorio. Cath se
les unió de mala gana y trató de no hacer pucheros mientras ellas
escogían posters y lámparas de escritorio a juego.
El padre de Cath volvió de la ventana y le pasó un brazo alrededor
de sus hombros. —Todo va a estar bien —dijo.
Ella asintió. —Lo sé.
—Está bien —dijo, aplaudiendo—. Próxima parada, Schramm Hall.
Segunda parada, pizza buffet. Tercera parada, mi triste y vacío nido.
—No pizza —dijo Wren—. Lo siento, papá. Courtney y yo vamos a la
barbacoa de primer año esta noche. —Dirigió su mirada hacia Cath—.
Cath debe ir, también.
—Sí pizza —dijo Cath desafiante.
Su padre sonrió. —Tú hermana tiene razón, Cath. Tienes que ir.
Conocer gente nueva.
—Todo lo que voy a hacer durante los próximos nueve meses es
conocer gente nueva. Hoy elijo pizza buffet.
Wren puso los ojos en blanco.

13

—Está bien —dijo su padre, dándole a Cath palmaditas en el
hombro—. Próxima parada, Schramm Hall. ¿Señoritas? —Abrió la puerta.
Cath no se movió. —Puedes venir a buscarme después de dejarla —
sugirió, mirando a su hermana—. Quiero empezar a desempacar.
Wren no discutió, sólo salió al pasillo. —Voy a hablar contigo mañana
—dijo, sin voltearse a mirar a Cath.
—Seguro.

14

Se sentía bien desempacar. Poner sábanas a la cama y ordenar sus
nuevos libros de texto, ridículamente caros, en las estanterías de su nuevo
escritorio.
Cuando su padre regresó, caminaron juntos hasta Valentino‘s. Todas
las personas que vieron en el camino eran de la edad de Cath. Era
espeluznante.
—¿Por qué todo el mundo es rubio? —preguntó Cath—.¿Y por qué
son todos blancos?
Su padre se echó a reír. —No estás más que acostumbrada a vivir en
el barrio menos blanco de Nebraska.
Su casa, en el sur de Omaha, estaba en un barrio mexicano. La
familia de Cath era la única blanca de la manzana.
—Oh, Dios —dijo—. ¿Crees qué en esta ciudad tengan un camión de
tacos?
—Creo que he visto un Chipotle…
Ella gimió.
—¡Vamos! —dijo él—, te gusta el Chipotle.
—No es el punto.
Cuando llegaron a Valentino‘s, estaba lleno de estudiantes. Unos
pocos, como Cath, habían venido con sus padres, pero no muchos. —Es
como una historia de ciencia ficción —dijo ella—. No hay niños pequeños...
Nadie mayor de treinta... ¿Dónde están todas las personas mayores?

Su padre levantó una rebanada de pizza. —Soylent Green1.
Cath se echó a reír.
—Yo no soy viejo, ¿sabes? —Estaba golpeando la mesa con los dos
dedos del medio de la mano izquierda—. Cuarenta y uno. Los otros tipos
de mi edad en el trabajo están empezando a tener hijos.
—Esa fue una buena idea —dijo Cath—, sacarnos del camino antes
de tiempo. Podrías comenzar a traer chicas a casa ahora… No hay moros
en la costa.
—Todas mis chicas… —dijo, mirando a su plato—. Ustedes son las
únicas chicas por las que me preocupó.
—Ugh. Papá. Raro.
—Sabes lo que quiero decir. ¿Qué pasa contigo y tu hermana?
Ustedes nunca han peleado así antes....
—No estamos peleando ahora —dijo Cath, tomando un bocado de
tocino de la pizza—. Oh, cielos. —Lo escupió.
—¿Qué pasa, has encontrado una pestaña?
—No. Un pepinillo. Está bien. Es que no me lo esperaba.
—Parece como si estuvieran peleando —insistió.
Cath se encogió de hombros. Ella y Wren ni siquiera hablaban
mucho, por no decir pelear. —Wren sólo quiere más... independencia.
—Suena razonable.
Por supuesto que sí, pensó Cath, es la especialidad de Wren. Pero
ella la dejó caer. No quería que su padre se preocupara por eso ahora.
Podía decir, por la forma en que se mantuvo golpeando la mesa, que ya
se estaba agotando. Demasiadas horas de normalidad seguidas.
—¿Cansado? —preguntó.
Él le sonrió, disculpándose, y puso su mano en su regazo. —Ha sido un
gran día. Un gran y duro día… es decir, sabía que lo sería. —Levantó una
ceja—. Ambas, el mismo día. Guau. Todavía no puedo creer que no van a
venir conmigo a casa....
—No te pongas demasiado cómodo. No estoy segura de que pueda
seguir con esto todo un semestre. —Era sólo una broma, y él lo sabía.
—Vas a estar bien, Cath. —Puso su mano, menos nerviosa, sobre la
de ella y se la apretó—. Y yo también. ¿Sabes?
Película de Ciencia Ficción basada en la novela distópica “Make Room! Make Room!”
escrita por Harry Harrison en 1966.
1

15

Cath dejó de mirarlo a los ojos por un momento. Parecía cansado…
y, sí, nervioso, pero él estaba intentándolo.
—Todavía me gustaría que consiguieras un perro —dijo.
—Nunca recordaría alimentarlo.
—Tal vez podríamos entrenarlo para que te alimente a ti.

16
Cuando Cath regresó a su habitación, su compañera de cuarto,
Reagan, seguía desaparecida. O tal vez se había ido otra vez, sus cajas
parecían intactas. Cath terminó quitarse la ropa, y luego abrió la caja de
los objetos personales que había llevado desde su casa.
Sacó una foto de ella y Wren, y la colocó en el tablero de corcho
detrás de su escritorio. Era de su graduación. Ambas vestían túnicas rojas y
estaban sonrientes. Fue antes de que Wren se cortara el pelo....
Ella ni siquiera le había dicho a Cath que iba a hacer eso. Sólo llegó
a casa del trabajo, al final del verano, con el cabello corto. Se veía
increíble, lo que probablemente significaba que también se vería increíble
en Cath. Pero Cath jamás podría conseguir ese corte de pelo ahora,
incluso si pudiera reunir el valor para cortarse quince centímetros. No podía
copiar a su propia hermana gemela.
Luego, Cath sacó la foto enmarcada de su padre, que siempre
había estado en su cómoda. Se veía especialmente guapo en esa foto,
tomada el día de su boda. Era joven y sonriente, y tenía un girasol en la
solapa. Cath lo puso en el anaquel por encima de su escritorio.
También ubicó una foto de Abel y ella en el baile. Cath llevaba un
vestido verde brillante, y Abel tenía una faja coincidente. Era una buena
imagen de Cath, a pesar de que su rostro se veía desnudo y plano sin las
gafas. Y era una buena imagen de Abel, a pesar de que parecía aburrido.
Él siempre parecía un poco aburrido.
Cath probablemente debería haberle enviado un mensaje de texto
a Abel, sólo para decirle que había llegado bien, pero quería esperar
hasta que se sintiera más relajada y despreocupada. No podía responder
sus mensajes. Si contestaba toda de mal humor y melancólica, el mensaje
sólo se quedaría allí en su teléfono, recordándole lo arrastrada que era.
En la parte inferior de la caja estaban los posters de Simon y Baz de
Cath. Los puso en su cama con cuidado, algunos eran originales,
dibujados o pintados para ella. Tendría que elegir sus favoritos; no había

espacio para todos en el tablero de corcho y Cath ya había decidido no
usar ninguna de las paredes, donde Dios y todo el mundo se dieran cuenta
de ellos.
Eligió tres…
Simon levantando la Espada de los Magos. Baz descansando en un
trono negro con colmillos. Los dos caminando juntos a través de hojas
doradas girando, azotando en el viento.
Unas cuantas cosas más que quedaban en la caja: un ramillete2
seco, una cinta que Wren le había dado y que decía: CLUB DEL PLATO
LIMPIO, bustos conmemorativos de Simon y Baz que había pedido en
Noble Collection…
Cath encontró un lugar para cada cosa y luego se sentó en la silla
del escritorio de madera destartalada. Si se sentaba allí, de espaldas a las
paredes y cuadros desnudos de Reagan, se sentía casi como en casa.
Había un chico en el cuarto de Simon.
Un muchacho de pulcro cabello negro y ojos fríos y grises. Él daba
vueltas alrededor, sosteniendo un gato en el aire, mientras que una chica
saltaba e intentaba agarrarlo. —Devuélvemelo —dijo la niña—. Vas a
hacerle daño.
El muchacho se echó a reír y mantuvo al gato más alto, luego notó a
Simon de pie en la puerta y se detuvo, su rostro afilado.
—Hola —dijo el chico de cabello oscuro, dejando caer el gato al
suelo. Aterrizó sobre sus cuatro patas y salió corriendo de la habitación. La
niña corrió tras él.
El muchacho no les hizo caso, tirando su chaqueta escolar
perfectamente en su lugar, y sonriendo con el lado izquierdo de su boca.
—Yo te conozco. Eres Simon Snow... el Heredero del Mago. —Le tendió la
mano con aire de suficiencia—. Soy Tyrannus Basilton Pitch. Pero puedes
llamarme Baz. Vamos a ser compañeros de cuarto.
Simon frunció el ceño e hizo caso omiso a la pálida mano del
muchacho. —¿Qué pensabas que estabas haciendo con su gato?
—Del capítulo 3 de Simon Snow y el Heredero del Mago,
Copyright © 2001 por Gemma T. Leslie

2

Corsage: Este ramillete es el que los chicos le dan a las chicas en la fiesta de graduación.

17

18

2
Traducido por Snowsmily
Corregido por *Andreina F*

19
En los libros, cuando las personas despiertan en un lugar extraño,
siempre tienen ese momento desorientador cuando no saben dónde
están.
Eso nunca le había sucedido a Cath; siempre recordaba quedarse
dormida.
Pero todavía se sentía extraño escuchar la misma vieja alarma
apagarse en este nuevo lugar.
La luz en la habitación era extraña, demasiado amarilla por la
mañana, y el aire del dormitorio tenía un toque de detergente del que no
estaba segura si llegaría a acostumbrarse. Recogió su teléfono y apagó la
alarma, recordando que todavía no le había escrito a Abel. No había
siquiera revisado su e-mail o su cuenta de FanFixx antes de irse a la cama.
Primer día. —Le envió un mensaje a Abel ahora—. Más luego, x, o,
etc.
La cama en el otro lado de la habitación estaba todavía vacía.
Podría acostumbrarse a eso. Tal vez Reagan pasaría todo su tiempo
en la habitación de su novio. O en su apartamento. Su novio se veía
mayor, probablemente vivía fuera del campus con otros veinte chicos, en
alguna casa destartalada con un sofá en el patio delantero.
Incluso con la habitación para ella misma, no se sentía segura
cambiándose aquí.
Reagan podría entrar en cualquier minuto, el novio de Reagan
podría entrar en cualquier minuto… Y cualquiera de ellos podría ser un
pervertido con la cámara del celular.
Cath llevó su ropa al baño y se cambió en una cabina. Había una
chica en los lavabos, tratando desesperadamente de hacer contacto
visual amistoso. Ella pretendió no notarlo.

Terminó de acomodarse con suficiente tiempo para tomar el
desayuno, pero no tenía ganas de hacer frente al comedor, todavía no
sabía dónde era, o cómo funcionaba...
En situaciones nuevas, todas las reglas más difíciles son aquellas que
nadie se molesta en explicarte. (Y las que no puedes buscar en Google.)
Como: ¿dónde comienza la línea?, ¿qué comida puedes tomar?, ¿dónde
se supone que debes ponerte de pie? Luego, ¿dónde se supone que
tienes que sentarte?, ¿a dónde vas cuando terminas? ¿por qué todo el
mundo está mirándote?... Bah.
Abrió una caja de barras de proteína. Tenía cuatro cajas más y tres
tarros gigantes de mantequilla de maní metidas debajo de su cama. Si
mantenía el ritmo, podría no tener que enfrentar el comedor hasta
octubre.
Abrió su portátil mientras masticaba una barra de algarrobo y avena
y hacía clic a través de su cuenta en FanFixx. Había un montón de nuevos
comentarios en su página, todas las personas retorciéndose las manos
porque ella no había publicado un nuevo capítulo de Carry On ayer.
Hola chicos, escribió. Lo siento sobre lo de ayer. Primer día de
escuela, familia, cosas, etc. Hoy quizás no suceda tampoco. Pero prometo
que estaré de vuelta el martes, y tengo algo especialmente perverso
planeado. Paz, fuera, Magicath.

Caminando a clases, Cath no podía evitar la sensación de que
estaba pretendiendo ser una estudiante universitaria en una película para
mayores de edad. El escenario era perfecto, atravesando el pasto verde,
edificios de ladrillos, niños en todas partes con mochilas. Cath cambió su
bolso incómodamente en su espalda. Mírame, soy una foto de archivo de
una estudiante universitaria.
Llegó a Historia Americana diez minutos antes, lo que todavía no era
suficientemente temprano para conseguir un asiento en la parte trasera de
la clase. Todos en el salón parecían incómodos y nerviosos, como si
hubieran pasado demasiado tiempo decidiendo qué ponerse.
(Comienza como si tuvieras la intención de seguir, había pensado
cuando se probó su atuendo la noche anterior. Camisa Simon3. Cárdigan
verde. )

3

Línea de ropa.

20

El chico sentado en el escritorio a su lado utilizaba auriculares y
concienzudamente movía la cabeza. La chica al otro lado de Cath seguía
cambiando su cabello de un hombro a otro.
Cerró los ojos. Podía sentir sus escritorios crujiendo. Podía oler sus
desodorantes. Solo saber que ellos estaban allí la hacía sentirse tensa y
arrinconada.
Si tuviera un poco menos de orgullo, podría haber tomado la clase
con su hermana, ella y Wren necesitaban los créditos de historia. Tal vez
debería estar tomando clases con Wren mientras todavía tenían un poco
en común; no se interesaban en nada del mismo tema. Wren quería
estudiar mercadeo, y quizás conseguir un trabajo en publicidad como su
papá.
Cath no podía imaginar tener ninguna clase de trabajo o carrera. Se
había especializado en Inglés, esperando que eso significara poder pasar
los próximos cuatro años leyendo y escribiendo. Y tal vez los cuatros años
después de eso.
De cualquier manera, ya había probado el curso introductorio para
los de primer año, y cuando se reunió con su consejero en la primavera, lo
convenció de que podía manejar la Introducción a la Escritura de Ficción
en un curso de nivel junior. Era la única clase —tal vez la única cosa en la
universidad— que Cath estaba esperando. La profesora que lo impartía
era una novelista de verdad. Cath había leído todos sus tres libros (sobre el
descenso y la desolación en la América rural) en el verano.
—¿Por qué estás leyendo eso? —preguntó Wren cuando lo notó.
—¿Qué?
—Algo sin un dragón o un elfo en la cubierta.
—Estoy diversificándome.
—Shh —dijo Wren, cubriendo los oídos en el poster de la película
sobre su cama—. Baz te escuchará.
—Baz está seguro en nuestra relación —había dicho Cath, sonriendo
a su pesar.
Pensar en Wren en ese momento hizo a Cath buscar su teléfono.
Wren probablemente había salido anoche.
Había sonado como si todo el campus estuviera festejando. Cath se
sentía asediada en su habitación vacía. Gritos. Risas. Música. Todo viniendo
de todas direcciones. Wren no habría podido resistir el ruido.
Cath buscó su teléfono en su mochila.
¿Estás despierta? —Envió.

21

Pocos segundos después, su teléfono sonó. ¿Esa no es mi línea?
Demasiado cansada para escribir anoche —tecleó Cath—, fui a la
cama a las diez.
Sonó. Ya descuidando a tus admiradores…
Cath sonrió. Siempre tan celosa de mis fanáticos…
Ten un buen día.
Sí, tú también.
Un hombre indio de mediana edad en una reconfortante chaqueta
de lana entró en el auditorio.
Cath bajó su teléfono y lo deslizó dentro de su bolso.

Cuando regresó al dormitorio, se encontraba hambrienta. A este
ritmo, sus barras de proteína no durarían una semana…
Había un chico sentando fuera de su habitación. El mismo. ¿Novio
de Reagan? ¿El amigo de cigarrillos de Reagan?
—¡Cather! —dijo con una sonrisa. Comenzó a ponerse de pie tan
pronto como la vio, lo que fue más de una producción de la que debería
haber sido; sus piernas y brazos eran demasiado largos para su cuerpo.
—Es Cath —dijo.
—¿Estás segura? —Recorrió una mano a través de su cabello. Como
si estuviera confirmando que estaba todavía desordenado—. Porque
realmente me gusta Cather.
—Estoy segura —dijo categóricamente—. He tenido un montón de
tiempo para pensar al respecto.
Él se paró allí, esperando a que ella abriera la puerta.
—¿Está Reagan aquí? —preguntó Cath.
—Si Reagan estuviera aquí —sonrió—, ya estaría adentro.
Cath apretó su llave pero no abrió la puerta. No estaba al tanto de
esto. Ya estaba saturada de nuevo y otro el día de hoy. Justo ahora sólo
quería acurrucarse en su cama extraña y ruidosa e inhalar tres barras de
proteína. Miró sobre el hombro del muchacho. —¿Cuándo llegará?
Él se encogió de hombros.

22

El estómago de Cath se apretó. —Bueno, simplemente no puedo
dejarte entrar —espetó.
—¿Por qué no?
—Ni siquiera te conozco.
—¿Estas bromeando? —Rió—. Nos conocimos ayer. Estaba en la
habitación cuando me conociste.
—Sí, pero no te conozco. Ni siquiera conozco a Reagan.
—¿Vas a hacerla esperar afuera también?
—Mira… —dijo Cath—, simplemente no puedo dejar a chicos
extraños en mi habitación. Ni siquiera sé tu nombre. Toda esta situación es
demasiado abusiva.
—¿Abusiva?
—Tu entiendes —dijo—, ¿cierto?
Él dejó caer una ceja y sacudió la cabeza, todavía sonriendo. —No
realmente. Pero ahora no quiero entrar contigo. La palabra ―abusivo‖ me
pone incómodo.
—A mí también —dijo agradecidamente.
Se recostó contra la pared y se deslizó nuevamente hacia el suelo,
mirándola. Luego le tendió la mano. —Soy Levi, por cierto.
Cath frunció el ceño y tomó su mano ligeramente, todavía
sosteniendo sus llaves. —De acuerdo —dijo, luego abrió la puerta y la cerró
tan rápidamente como fue posible detrás de ella.
Agarró su laptop y sus barras de proteína y gateó hasta la esquina
de su cama.

Cath estaba tratando de caminar por su lado de la habitación, pero
no había suficiente piso. Ya se sentía como una prisión ahí, especialmente
ahora que el novio de Reagan, Levi, estaba de pie haciendo guardia —o
sentando haciendo guardia, o lo que fuera— en el pasillo. Cath se sentiría
mejor si pudiera simplemente hablar con alguien. Se preguntaba si era
demasiado pronto para llamar a Wren…
Llamó a su papá en su lugar. Y dejó un mensaje de voz.
Le escribió un mensaje a Abel. Hola. Uno menos. ¿Qué tal?

23

Abrió su libro de sociología. Luego abrió su laptop. Después se
levantó para abrir la ventana. Estaba cálido afuera. Las personas se
perseguían una a las otras con pistolas Nerf en el exterior de una casa de
fraternidad cruzando la calle. Pi-Kappa-Luce-Raro-O.
Cath tiró de su teléfono y marcó.
—Hola —respondió Wren—, ¿cómo fue tu primer día?
—Bien. ¿Cómo estuvo el tuyo?
—Bien —dijo Wren. Siempre se las arreglaba para sonar
despreocupada y tranquila—. Quiero decir, estresante, supongo. Fui al
edificio equivocado para Estadística.
—Eso apesta.
La puerta se abrió y Reagan y Levi entraron. Reagan le dio a Cath
una mirada extraña, pero Levi sólo sonrió.
—Sí —dijo Wren—. Solo me atrasó un par de minutos, pero todavía
me siento tan estúpida… Oye, Courtney y yo estamos de camino a cenar,
¿puedo llamarte de vuelta? ¿O simplemente quieres reunirte con nosotras
para almorzar mañana? Creo que comenzaremos a encontrarnos en el
Salón Selleck al mediodía. ¿Sabes dónde está?
—Lo encontraré —dijo Cath.
—Está bien, genial. Te veo entonces.
—Genial —dijo Cath, presionando Terminar y colocando el teléfono
en su bolsillo.
Levi ya se había tumbado en la cama de Reagan.
—Hazte útil —dijo Reagan, arrojándole una sábana arrugada—. Hola
—le dijo a Cath.
—Hola —dijo ella. Se mantuvo de pie ahí por un minuto, esperando a
que alguna clase de conversación sucediera, pero Reagan no parecía
interesada. Estaba revisando todas sus cajas, como si estuviera buscando
algo.
—¿Cómo estuvo tu primer día? —preguntó Levi.
Le tomó un segundo a Cath caer en la cuenta de que le hablaba a
ella. —Bien —dijo.
—Eres de primer año, ¿cierto? —Estaba haciendo la cama de
Reagan. Cath se preguntó si planeaba pasar la noche, eso no sucedería.
En absoluto.
Todavía estaba mirándola, sonriéndole, así que asintió.

24

—¿Encontraste todas tus clases?
—Sí…
—¿Estás conociendo gente?
Sí, pensó, gente como tú.
—No intencionalmente —dijo.
Escuchó a Reagan resoplar.
—¿Dónde están tus fundas? —le preguntó Levi al armario.
—Cajas —dijo Reagan.
Comenzó vaciando una caja, colocando cosas en el escritorio de
Reagan como si supiera dónde iban. Su cabeza colgaba hacia adelante
como si estuviera solo vagamente conectada a su cuello y hombros.
Como si él fuera una de esas figuras de acción que se mantienen juntas
por bandas de goma gastadas. Levi parecía un poco salvaje. Él y Reagan,
ambos lo parecían. La gente tiende a emparejarse de esa manera, pensó
Cath, en pares que coincidan.
—Así qué, ¿qué estas estudiando? —le preguntó a Cath.
—Inglés —dijo, luego esperó demasiado tiempo para decir—: ¿Qué
estás estudiando?
Parecía encantado de le hicieran esa pregunta. O cualquier
pregunta. —Manejo de pastizales.
Cath no sabía lo que eso significaba, pero no quería preguntar.
—Por favor no comiencen a hablar sobre Manejo de Pastizales —
gimió Reagan—. Simplemente pongamos esa regla, por el resto del año.
Ninguna charla sobre Manejo de Pastizales en mi habitación.
—Es la habitación de Cather también —dijo Levi.
—Cath —lo corrigió Reagan.
—¿Qué tal cuando no estés aquí? —le preguntó a Reagan—.
¿Podemos hablar sobre Manejo de Pastizales cuando de hecho no estés
en la habitación?
—Cuando no esté en realidad en la habitación… —dijo—. Creo que
vas a estar esperando afuera en el pasillo.
Cath sonrió a la parte posterior de la cabeza de Reagan. Luego vio
a Levi observándola y se detuvo.

25

Todos en el salón de clases lucían como si esto fuera lo que habían
estado esperando durante toda la semana. Era como si estuvieran
esperando a que un concierto empezara. O el estreno de una película de
media noche.
Cuando la profesora Piper entró, un par de minutos después, la
primera cosa que Cath notó fue que era más pequeña de lo que parecía
en las fotos de la cubierta de sus libros.
Tal vez eso era estúpido. Después de todo solo eran tomas de
cabeza. Pero la profesora Piper realmente las llenaba, con sus grandes
pómulos, ojos azules acuosos, y una espectacular cabeza de largo cabello
marrón.
En persona, el cabello de la profesora igualmente espectacular,
pero con mechones grises y un poco más espeso que en las fotos. Era tan
pequeña, que tenía que dar un pequeño salto para sentarse en su
escritorio.
—Entonces —dijo en lugar de ―Hola‖—. Bienvenidos a Escritura de
Ficción. Reconozco a unos pocos. —Sonrió por la habitación a las personas
que no eran Cath.
Ella era claramente la única novata en la habitación. Estaba
comenzando a imaginar que identificaba a los de primer año… Bolsos
demasiado nuevos. Maquillaje en las chicas. Camisetas Jokey Hot Topic en
los chicos.
Todo en Cath desde sus nuevas Vans rojas hasta las gafas moradas
oscuras que había elegido en Target. Todos los estudiantes de último año
usaban Ray-Bans negras de marco pesado. Todos los profesores también.
Si conseguía Ray-Bans negras, probablemente podría ordenar un gin tonic
sin tener que dar su identificación.
—Bien —dijo la profesora Piper—, estoy feliz de que todos estén aquí.
—Su voz era cálida y susurrante, podías decir que ronroneaba sin llegar
demasiado lejos, y hablaba sólo suficientemente suave para que todos
tuvieran que sentarse quietos para escucharla.
—Tenemos mucho que hacer este semestre —dijo—. Así que no
vamos a desperdiciar otro minuto. Vamos a zambullirnos directamente en
ello. —Se inclinó hacia adelante en su escritorio, sosteniéndose en el
borde—. ¿Están preparados? ¿Se zambullirán conmigo?
La mayoría de las personas asintieron. Cath bajó la mirada hacia su
cuaderno.

26

—Muy bien. Vamos a comenzar con una pregunta que realmente no
necesita una respuesta… ¿Por qué escribimos ficción?
Uno de los estudiantes más antiguos, un chico, decidió animarse. —
Para expresarnos a nosotros mismos —ofreció.
—Claro —dijo la profesora Piper—. ¿Es por eso que escribes?
El chico asintió.
—De acuerdo… ¿Por qué más?
—Porque nos gusta el sonido de nuestras propias voces —dijo una
chica. Tenía el cabello como Wren, pero tal vez incluso mejor. Lucía como
Mia Farrow4 en Rosemary’s Baby5 (usando un par de Ray-Bans).
—Sí. —Rió la profesora Piper. Era una risa encantada, pensó Cath—.
Esa es la razón por la que escribo, definitivamente. Ese es el motivo por el
que enseño. —Todos rieron con ella—. ¿Por qué más?
¿Por qué escribo? Cath intentó llegar a una respuesta profunda,
sabiendo que no hablaría, incluso si la encontrara.
—Para explorar nuevos mundos —dijo alguien.
—Para explorar los antiguos —dijo alguien más. La profesora Piper
estaba asintiendo.
Para ser alguien más, pensó Cath.
—Entonces… —ronroneó la profesora Piper—, ¿tal vez para darnos
sentido a nosotros mismos?
—Para liberarnos —dijo una chica.
Para conseguir libertad de nosotros mismos.
—Para mostrarles a las personas cómo es dentro de nuestra cabeza
—dijo un chico en unos vaqueros rojos ajustados.
—Asumiendo que ellos quieran saber —añadió la profesora Piper.
Todo el mundo rió.
—Para hacer a la gente reír.
—Para conseguir atención.
—Porque es todo lo que sabemos hacer.
—Habla por ti mismo —dijo la profesora—. Yo toco el piano. Pero
sigamos. Amo esto. Me encanta.

4
5

Actriz estadounidense que protagonizó Rosemary's Baby.
Película estadounidense de 1968 dirigida por Roman Polanski.

27

—Para dejar de escuchar las voces en nuestra cabeza —dijo el chico
frente a Cath. Tenía cabello corto y oscuro que llegaba a un punto
moreno en la parte posterior de su cuello.
Para parar, pensó Cath.
Para dejar de ser cualquier cosa o estar en cualquier lugar en
absoluto.
—Para dejar nuestra marca —dijo Mia Farrow—. Para crear algo que
nos sobrevivirá.
El chico frente a Cath habló de nuevo: —Reproducción asexual.
Cath se imaginó a sí misma en su laptop. Trataba de poner en
palabras cómo se sentía, qué sucedía cuando estaba bien, cuando
funcionaba, cuando las palabras salían antes de que ella supiera qué
significaban, burbujeando desde su pecho, como una rima, como el rap,
como saltar la cuerda, pensó, saltando justo antes de que la cuerda
golpee tus tobillos.
—Para compartir algo real —dijo otra chica. Otro par de Ray-Bans.
Cath negó con la cabeza.
—¿Por qué escribimos ficción? —preguntó la profesora Piper.
Cath bajó la mirada a su cuaderno.
Para desaparecer.

Estaba tan concentrado —y frustrado— que ni siquiera vió a la chica
de
cabello rojo sentarse a su mesa. Llevaba trenzas y anteojos
puntiagudos pasados de moda, del tipo que usarías para un vestido de
fiesta elegante si estuvieras yendo como una bruja.
—Vas a agotarte —dijo la chica.
—Sólo estoy tratando de hacer esto bien —gruñó Simon,
golpeteando la moneda de dos peniques de nuevo con su varita y
frunciendo el ceño dolorosamente. Nada pasó.
—Así —dijo ella, agitando su mano cuidadosamente sobre la
moneda.
No tenía una varita, pero usaba un gran anillo morado. Había hilo
envolviéndolo para mantenerlo en su dedo. —Vuela lejos a casa.

28

Con una sacudida, a la moneda le crecieron seis piernas y un tórax y
comenzó a escabullirse. La chica la recogió amablemente del escritorio y
la metió en tarro.
—¿Cómo hiciste eso? —preguntó Simon. Ella era de primer año, justo
como él; podía decirlo por el escudo verde en la parte frontal de su jersey.
—Tú no haces magia —dijo, tratando de sonreír modestamente y
mayormente tuvo éxito—. Tú eres magia.
Simon miró a la pequeña chica pájaro.
—Soy Penelope Bunce —dijo la chica, extendiendo su mano.
—Soy Simon Snow —dijo, tomándola.
—Lo sé —dijo Penelope, y sonrió.
—Del capítulo 8, Simon Snow y el Heredero del Mago,
Copyright © 2001 by Gemma T. Leslie.

29

3
Traducido por Michelle♡
Corregido por Vanessa VR

Era imposible escribir así.
En primer lugar, la habitación era demasiado pequeña. Un diminuto
rectángulo, lo suficientemente amplio solo para las camas a cada lado de
la puerta —cuando la puerta se abría, de hecho golpeaba la orilla del
colchón de Cath— y sólo lo suficientemente profundo como para meter
un escritorio a cada lado de las camas y las ventanas. Si alguna hubiera
traído un sofá, ocuparía todo el espacio disponible en el centro de la
habitación.
Ninguna trajo un sofá. O una televisión. O alguna linda lámpara.
Reagan no parecía haber traído nada personal, además de su ropa
y una tostadora completamente ilegal, además de Levi, quien estaba
tumbado en su cama con los ojos cerrados, escuchando música, mientras
Reagan golpeaba su computadora (una PC de mierda como la de Cath).
Cath estaba acostumbrada a compartir una habitación; siempre
había compartido la habitación con Wren. Pero su cuarto era casi tres
veces más grande que este. Y Wren no ocupaba tanto espacio como
Reagan. Espacio figurativo, espacio en su mente. Wren no se sentía como
compañía.
Cath aún no sabía qué pensar de Reagan…
Por un lado, Reagan no parecía interesada en permanecer
despierta toda la noche, trenzándose el cabello una a la otra y
convirtiéndose en mejores amigas por siempre. Eso era un alivio.
Por otro lado, Reagan no parecía interesada en Cath en absoluto.
En realidad eso también era un alivio. Reagan daba miedo.
Hacía todo enérgicamente. Abría la puerta y la cerraba de golpe.
Era más grande que Cath, un poco más alta y mucho más voluptuosa (en
serio voluptuosa). Parecía más grande. En el interior también.

30

Cuando Reagan estaba en la habitación, Cath trataba de
mantenerse fuera de su camino, trataba de no hacer contacto visual, ella
pretendía que Cath no estaba allí, así que Cath fingía eso también.
Generalmente eso parecía funcionar para ambas.
Pero justo en ese momento, pretender no existir le hacía a Cath muy
difícil el escribir.
Estaba trabajando en una complicada escena: Simon y Baz
discutiendo acerca de si los vampiros podían ser realmente considerados
buenos y también si los dos debían ir juntos al baile de graduación. Se
suponía que todo iba a ser divertido, romántico, y meditado, que por lo
general eran especialidades de Cath (era muy buena con la traición
también. Y dragones parlantes).
Pero no podía pasar de: «Simon recorrió su cabello castaño miel con
los ojos y suspiró». No podía ni siquiera conseguir que Baz se moviera. No
podía dejar de pensar en Reagan y Levi sentados detrás de ella. Su
cerebro atascado en ¡ALERTA DE INTRUSO!
Además, se moría de hambre. Tan pronto como Reagan y Levi
salieran de la habitación a cenar, Cath se iba a comer un frasco entero de
mantequilla de maní. Si alguna vez se iban a cenar. Reagan seguía
golpeando como si fuera a escribir a través del escritorio, y Levi seguía sin
marcharse, y el estómago de Cath comenzaba a gruñir.
Agarró una barra de proteínas y salió de la habitación, pensando
que daría un rápido paseo por el pasillo para despejar la cabeza.
Pero el pasillo era prácticamente un conocer y saludar. Cada puerta
estaba abierta, a excepción de la de ellas. Las chicas se arremolinaban
alrededor hablando y riendo. Todo el piso olía a palomitas de maíz
quemadas en el microondas. Se metió en el baño y se sentó en uno de los
compartimientos, desenvolviendo la barra de proteínas y dejando caer
lágrimas nerviosas por las mejillas.
Dios, pensó. Dios. Está bien, esto no es tan malo. En realidad no hay
nada de malo. ¿Qué pasa Cath? Nada.
Se sintió tensa por todas partes ¡Colapsando! Y su estómago estaba
ardiendo.
Sacó el teléfono y se preguntó qué estaba haciendo Wren.
Probablemente coreografiando una secuencia de baile para las
canciones de Lady Gaga. Probablemente probándose suéteres de su
compañera de cuarto. Probablemente no estaba sentada en un inodoro,
comiendo una barra de almendras y linaza.
Podía llamar a Abel… pero sabía que se iba para Missouri Tech
mañana por la mañana. Su familia le estaba dando una gran fiesta esta

31

noche con tamales caseros y yoyos de coco de su abuela —que eran tan
especiales, que ni siquiera los vendían en la panadería de la familia—. Abel
trabajaba en la panadería, y su familia vivía encima de esta. Su cabello
siempre olía a canela y levadura… Jesús, Cath tenía hambre.
Empujó el envoltorio de la barra de proteínas en el cesto de higiene
femenina y se enjuagó la cara antes de irse a la habitación.
Reagan y Levi se estaban yendo. Gracias a Dios, y por fin.
—Nos vemos —dijo Reagan.
—Chao —sonrió Levi.
Cath se sintió colapsar cuando la puerta se cerró tras ellos.
Agarró otra barra de proteínas, se dejó caer en la vieja silla de
capitán —le estaba empezando a gustar esa silla— y abrió el cajón para
apoyar el pie.
Simon recorrió su cabello castaño miel con los ojos y suspiró. —Sólo
porque no pueda pensar en ningún vampiro heroico, no quiere decir que
no existen.
Baz dejó de tratar de hacer levitar su baúl y le dio a Simon un destello
de colmillo brillante. —Los buenos visten de blanco —dijo Baz— ¿Alguna
vez has tratado de quitar sangre de una capa blanca?

Selleck Hall era un dormitorio en el centro del campus. Podías comer
ahí incluso si no vivías ahí. Cath usualmente esperaba en el vestíbulo a
Wren y Courtney, así no tendría que entrar a la cafetería sola.
—Así que, ¿cómo es tu compañera de cuarto? —preguntó Courtney
mientras se movían a través de la fila de la barra de ensaladas. Le
preguntaba como si Cath y ella fueran viejas amigas, tampoco tenía ni
idea de cómo era Courtney, fuera de su gusto por el queso cottage con
melocotones.
La barra de ensaladas en el Selleck era completamente pésima.
Cottage con melocotones, peras en conserva con queso rallado cheddar.
—¿Qué es esto? —preguntó Courtney, levantando una cucharada de
riñón frío y ensalada de judías verdes.
—Tal vez otra cosa de Nebraska Occidental —dijo Wren— hay chicos
en nuestro dormitorio que usan sombreros de vaquero todo el tiempo,
incluso cuando están caminando por el pasillo.

32

—Voy a conseguir una mesa —dijo Courtney.
—Oye —Cath observó las verduras en el plato de Wren—, ¿alguna
vez escribimos algun fic de Simon y Baz bailando?
—No recuerdo —dijo Wren— ¿Por qué? ¿Estas escribiendo una
escena de baile?
—Un vals. Arriba en las murallas.
—Romántico. —Wren miró a su alrededor buscando a Courtney.
—Estoy preocupada porque estoy haciendo a Simon demasiado
blando.
—Simon es blando.
—Desearía que lo estuvieras leyéndolo —dijo Cath, siguiéndola a la
mesa.
—¿No lo está leyendo cada estudiante de noveno grado en
Norteamérica? —Wren se sentó a la par de Courtney.
—Y Japón —dijo Cath, sentándose—. Soy extrañamente grande en
Japón.
Courtney se inclinó hacía Cath, zambulléndose, como si tuviera un
gran secreto.
—Cath, Wren me dijo que tú escribes historias de Simon Snow. Es
genial. Soy una gran admiradora de él. Leí todos los libros cuando era una
niña.
Cath desenvolvió el sándwich con escepticismo —No han acabado
—dijo.
Courtney tomó un bocado del queso cottage, no captando la
corrección.
—Quiero decir —dijo Cath— los libros no han terminado. El libro ocho
no sale hasta el próximo año…
—Cuéntanos acerca de tu compañera de cuarto —dijo Wren,
sonriendo rotundamente a Cath.
—No hay nada que contar.
—Entonces inventa algo.
Wren estaba irritada. Lo que irritaba a Cath. Pero entonces Cath
pensó sobre lo contenta que estaba de comer alimentos que requerían
cubiertos y hablar con alguien que no era un extraño, y decidió hacer un
esfuerzo con la nueva y brillante compañera de cuarto de Wren.
—Su nombre es Reagan. Tiene el cabello castaño rojizo… y fuma.

33

Courtney arrugó la nariz. —¿En el cuarto?
—Realmente no ha estado mucho tiempo en el cuarto.
Wren miraba recelosa. —¿No han hablado?
—Hemos dicho hola —dijo Cath—. He hablado un poco con su
novio.
—¿Cómo luce su novio? —preguntó Wren.
—No lo sé. ¿Alto?
—Bueno, solo han pasado pocos días. Estoy segura de que llegarás a
conocerla. —Luego Wren cambió el tema a algo que sucedió en una
fiesta a la que ella y Courtney habían ido. Solo habían estado viviendo
juntas dos semanas y ya tenían una gran cantidad de bromas que
superaban a Cath.
Cath comió el sándwich de pavo y dos porciones de papas fritas a la
francesa, y metió un segundo sándwich en el bolso cuando Wren no
estaba prestando atención.

Reagan finalmente estuvo en el cuarto esa noche (Levi no, gracias a
Dios). Se fue a la cama mientras Cath seguía escribiendo.
—¿Te molesta la luz? —preguntó Cath, señalando la lámpara
incorporada en su escritorio—. Podría apagarla.
—Está bien —dijo Reagan.
Cath se puso los auriculares así que no escucharía los ruidos de
Reagan quedándose dormida. Respiración. Roce de sábanas. Crujidos de
la cama.
¿Cómo puede dormirse así con un extraño en la habitación? Se
preguntó Cath. Dejó los auriculares, cuando finalmente se metió en la
cama y estiró el edredón por encima de su cabeza.

—¿Todavía no has hablado con ella? —preguntó Wren en el
almuerzo, la siguiente semana.

34

—Hablamos —dijo Cath—. Ella dice: ―¿Te importaría cerrar la
ventana?‖ y también dice: ―Esta bien‖, ―Hola‖. Intercambiamos ―Holas‖ a
diario. A veces dos veces al día.
—Se está poniendo raro —dijo Wren.
Cath picó su puré de papas. —Me estoy acostumbrando a ello.
—Sigue siendo raro.
—¿De verdad? —preguntó Cath— ¿Tú de verdad vas a empezar a
hablar acerca de cómo me quedé atrapada con una rara compañera de
cuarto?
Wren suspiró. —¿Qué hay acerca de su novio?
—No lo he visto desde hace unos días.
—¿Qué vas a hacer este fin de semana?
—Tarea, supongo. Escribir de Simon.
—Courtney y yo vamos a ir a una fiesta esta noche.
—¿En dónde?
—¡La Casa Triángulo! —dijo Courtney. Lo dijo de la misma manera en
que diría ―La mansión Playboy‖ si fueras una D-bag6 total.
—¿Qué es la Casa Triángulo? —preguntó Cath.
—Es una fraternidad de ingeniería —dijo Wren.
—¿Así que se emborrachan y construyen puentes?
—Se emborrachan y diseñan puentes. ¿Quieres venir?
—Nah. —Cath tomó un bocado de carne asada y papas; era
siempre la cena de los domingos en el comedor Selleck—. Nerds
borrachos, no es lo mío.
—Te gustan los nerds.
—No los nerds que se unen a las fraternidades —dijo Cath—. Esa es
una subclase de nerds en la que no estoy interesada.
—¿Le hiciste firmar una promesa de sobriedad a Abel antes de partir
hacia Missouri?
—¿Abel es tu novio? —preguntó Courtney—. ¿Es lindo?
Cath la ignoró. —Abel no se va a convertir en un borracho. Ni
siquiera puede tolerar la cafeína.

6

D-bag: douche-bag (idiota)

35

—Eso es una lógica defectuosa.
—Sabes que no me gustan las fiestas, Wren.
—Y tú sabes lo que dice papá: ―Tienes que probar algo antes de que
puedas decir que no te gusta‖.
—¿En serio? ¿Estas usando a papá para llevarme a una fiesta? He
probado las fiestas. Ahí tienes la de Jesse, con el tequila…
—¿Haz probado el tequila?
—No, pero tú lo hiciste, y te ayudé a limpiar todo cuando vomitaste.
Wren sonrió tristemente y se alisó el flequillo cruzado de su frente.
—Beber tequila es más sobre el viaje que el destino…
—Me llamarás —preguntó Cath—. ¿Cierto?
—¿Si vomito?
—Si necesitas ayuda.
—No necesitaré ayuda.
—Pero, ¿me llamarás?
—Dios, Cath. Sí. Relájate. ¿Está bien?
—Pero, señor —presionó Simon—. ¿Por qué tengo que ser su
compañero de cuarto cada año? ¿Todos los años hasta que dejemos
Watford?
El mago sonrió con indulgencia y le revolvió el pelo marrón miel.
—Ser emparejado con tu compañero de cuarto es una tradición
sagrada en Watford —su voz era suave pero firme—. El Crisol los ubica
juntos. Tienen que estar atentos el uno del otro, para conocerse tan bien
como hermanos.
—Sí. Pero, señor… —Simon se removió en su silla—. El Crisol debe
haber cometido un error. Mi compañero de cuarto es un completo imbécil.
Puede ser malo. La semana pasada alguien hechizó mi computadora
portátil para que se cerrara, y sé que fue él. Prácticamente rió a
carcajadas.
El Mago dio a su barba unas cuantas caricias solemnes. Esta era
corta y puntiaguda y solo le cubría el mentón
—El Crisol los pone juntos, Simon. Quiere decir que tienes que cuidar
de él.

36

—Del capítulo 3, Simon Snow y la Segunda Serpiente, © 2003
por Gemma T. Leslie

37

4
Traducido por Adriana Tate
Corregido por mariaesperanza.nino

Las ardillas en el campus estaban más allá de domésticas; eran
prácticamente domésticas abusivas. Si estabas comiendo algo, venían
justo hacia ti y hacían chit-chit-chit en tu espacio.
—Toma —dijo Cath, tirándole un trozo de la barra de fresa con salsa
de soya para la gorda ardilla roja a sus pies. Le tomo una foto con su
teléfono y se la envió a Abel, ―ardilla abusadora” escribió.
Abel le había enviado fotos de su habitación —su suite— en MoTech,
y de él de pie con sus cinco cerebritos compañeros de habitación que
lucían a lo Big Bang Theory. Cath trató de imaginarse pedirle a Reagan
posar para una foto y se rió un poco fuerte. La ardilla se quedó inmóvil
pero no huyó.
Los miércoles y los viernes, Cath tenía cuarenta y cinco minutos entre
Biología y Escritura de Ficción, y últimamente había estado matando el
tiempo aquí mismo, sentada en un umbroso parche de césped en el lado
suave del edificio de Inglés. Nadie con quien lidiar aquí. Nadie excepto las
ardillas.
Revisó sus mensajes de texto aun cuando su teléfono no había
sonado.
Ella y Abel en realidad no habían hablado desde que Cath se
marchara a la escuela tres semanas atrás, pero él sí le mandaba mensajes
de texto y correos de vez en cuando. Él dijo que estaba bien y que la
competencia en Missouri ya era intensa. “Todo el mundo aquí fue el más
inteligente de su clase”.
Cath se había resistido al impulso de responderle. “Excepto por ti,
¿verdad?”
Solo porque Abel había obtenido la calificación perfecta en la
sección de matemáticas en el examen de admisión no significaba que
fuera el chico más inteligente de su clase. Era una mierda en Historia

38

Americana, y se las arreglaba más o menos en Español. En Español, por el
amor a Cristo.
Ya le había dicho a Cath que no iba a regresar a Omaha hasta
Acción de Gracias, y ella no trató de convencerlo para que regresara
antes.
Realmente no lo extrañaba todavía.
Wren diría que era porque Abel no era realmente el novio de Cath.
Era una de sus recurrentes conversaciones:
—Es un novio perfectamente bueno —diría Cath.
—Es una mesa auxiliar —respondería Wren.
—Siempre está ahí para mí.
—…para colocar revistas.
—¿Preferirías que saliera con alguien como Jesse? ¿Así podemos las
dos quedarnos llorando cada fin de semana?
—Preferiría que salieras con alguien a quien en realidad te gustara
besar.
—He besado a Abel.
—Oh, Cath, para. Estás haciendo que mi cerebro vomite.
—Hemos estado saliendo por tres años. Es mi novio.
—Tienes sentimientos más fuertes por Baz y Simon.
—Obvio, son Baz y Simon. Eso ni siquiera es justo… me gusta Abel. Es
constante.
—Tú simplemente sigues describiendo una mesita auxiliar…
Wren había empezado a salir con chicos en octavo grado (dos años
antes de que Cath siquiera empezara a pensar en ello), y hasta Jesse
Sandoz, Wren no se había quedado con el mismo chico por más de un par
de meses. Mantenía a Jesse alrededor por tanto tiempo porque nunca
estaba realmente segura de si a él le gustaba ella —al menos esa era la
teoría de Cath.
Wren generalmente perdía el interés en un chico tan pronto como lo
conquistaba. La conversión era su parte favorita.
—Ese momento —le dijo a cath—, cuando te das cuenta de que un
chico te mira diferente, que estás ocupando más espacio en su campo de
visión. Ese momento cuando sabes que él no puede ver más allá de ti
nunca más.

39

A Cath le había gustado tanto la última línea, que le la habí dado a
Baz un par de semanas más tarde. Wren estaba molesta cuando lo leyó.
Como fuera, Jesse realmente nunca se convirtió. Él nunca tuvo
ojos solo para Wren, ni siquiera después de que tuvieran sexo el otoño
anterior. Esó del paso el juego de Wren.
Cath se sintió aliviada cuando Jesse recibió una beca de fútbol en
Iowa State. Él no tenía ese radio de atención para una relación a larga
distancia, y había al menos unos diez mil chicos frescos en la Universidad
de Nebraska para que Wren convirtiera.
Cath le lanzó otra barra de proteína a la ardilla, pero alguien en un
par de zapatos de cordones dio un paso adelante demasiado cerca de
ellos, y la ardilla se sorprendió, alejándose pesadamente. Gordas ardillas
del campus, pensó Cath. Se mueven pesadamente.
Los zapatos de cordones dieron otro paso hacia ella, luego se
detuvieron. Cath miró hacia arriba. Había un tipo parado frente a ella.
Desde donde estaba sentada, y desde donde él estaba parado, con el sol
detrás de su cabeza parecía de dos metros de altura. Entrecerró los ojos,
pero no lo reconoció.
—Cath —dijo él—, ¿cierto?
Reconoció su voz; era el chico de cabello oscuro que se sentaba
delante de ella en Escritura de Ficción: Nick.
—Sí —respondió.
—¿Terminaste tu ejercicio de escritura?
La profesora Piper les había pedido que escribieran un centenar de
palabras desde la perspectiva de un objeto inanimado. Cath asintió,
todavía entrecerrando los ojos hacia él.
—Oh, lo siento —dijo Nick, quitándose del sol y sentándose en la
hierba junto a ella. Puso su mochila entre sus piernas—. Así que, ¿sobre qué
escribiste?
—Una cerradura —dijo ella—. ¿Y tú?
—Un bolígrafo. —Hizo una mueca—. Me preocupa que todo el
mundo vaya a hacerlo sobre un bolígrafo.
—No lo estés —dijo ella—. Un bolígrafo es una terrible idea.
Nick se rió y Cath miró hacia el césped.
—Entonces —preguntó él—, ¿crees que nos hará leerlo en voz alta?
Cath alzó la cabeza. —No. ¿Por qué haría eso?

40

—Ellos siempre lo hacen —dijo él, como si fuera algo que Cath ya
debiera saber. Ella no estaba acostumbrada a ver a Nick de frente, tenía
cara de niño, con ojos azules caídos y cuadrados. Cejas negras que casi se
juntaban en el medio. Tenía el aspecto de alguien con billete de tercera
clase en el Titanic. De alguien que estaría en una fila en la Isla Ellis. Castizo y
viejo. Además, lindo.
—Pero no habrá tiempo en clases para que todos leamos —dijo ella.
—Probablemente nos separaremos en grupos primero —dijo él, de
nuevo como si ella debiera saber eso.
—Oh… soy un poco nueva por aquí.
—¿Eres una estudiante de primer año?
Ella asintió y rodó los ojos.
—¿Cómo una estudiante de primer año entró a la clase del nivel
trescientos de la profesora Piper?
—Lo pedí.
Nick alzó sus peludas cejas y mostró su labio inferior, impresionado. —
¿Realmente crees que un bolígrafo es una terrible idea?
—No estoy segura de lo quieres que te diga ahora —respondió Cath.

—¿Tienes un desorden alimenticio? —preguntó Reagan.
Cath estaba sentada en su cama, estudiando.
Reagan estaba sosteniendo la puerta de su closet, saltando,
tratando de ponerse una bota de tacón negra. Probablemente estaba de
camino a trabajar, Reagan siempre estaba de camino a alguna parte.
Trataba su habitación como una estación de paso, un lugar donde se
detenía entre las clases y la biblioteca, entre su trabajo en la unión de
estudiantes y su trabajo en el Olive Garden7. Un lugar para cambiarse de
ropa, tirar libros y recoger a Levi.
Algunas veces había otros chicos también. Ya en el último mes
habían estado un Nathan y un Kyle. Pero ninguno de ellos parecía formar
parte permanente del sistema solar de Reagan como lo hacía Levi.
Lo cual hacía a Levi parte del sistema solar de Cath, también. Él la
había visto en el campus hoy y caminó con ella todo el camino hacia
7

Olive Garden: famosa cadena de restaurantes vegetarianos de los Estados Unidos.

41

Oldfather Hall, hablando sobre algunos mitones que había comprado en
las afueras de la Unión de estudiantes.
—Hechos a mano. En Ecuador. ¿Alguna vez has visto una alpaca,
Cather? Son como las llamas más adorables del mundo. Como, imagínate
la llama más linda que puedas, y luego sigue imaginando. Y su lana, en
realidad no es lana, es fibra y es hipo alergénico…
Reagan ahora estaba mirando a Cath con el ceño fruncido.
Estaba usando unos vaqueros negros ajustados y un top negro. Tal vez iba
a salir, no a trabajar.
—Tu bote de basura está lleno de envoltorios de barritas
energéticas —dijo Reagan.
—¿Estabas revolviendo mi basura? —Cath sintió una oleada de ira.
—Levi estaba buscando un lugar donde escupir su chicle…
¿Entonces? ¿Tienes trastornos alimenticios?
—No —dijo Cath, bastante segura de que era eso exactamente lo
que diría si tuviera un trastorno alimenticio.
—¿Entonces por qué no comes comida de verdad?
—Lo hago. —Cath apretó sus puños. Su piel se sentía tersa y tensa—.
Solo que no aquí.
—¿Eres una de esas raras comedoras?
—No. Yo… —Cath miró al techo, decidiendo que este era uno de
esos momentos en donde la verdad sería mucho más simple que una
mentira—… no sé dónde está el comedor.
—Has estado viviendo aquí por más de un mes.
—Lo sé.
—¿Y no has encontrado el comedor?
—Realmente no lo he buscado.
—¿Por qué no les ha preguntado a alguien? Me pudiste haber
preguntado.
Cath rodó los ojos y miró a Reagan. —¿Realmente quieres que te
haga preguntas estúpidas?
—Si son sobre comida, agua, aire o refugio, sí. Jesús, Cath, soy tu
compañera de habitación.
—Está bien —dijo Cath, volviendo a su libro—. Anotado.
—Entonces, ¿quieres que te enseñe donde está el comedor?
—No, está bien.

42

—No puedes seguir viviendo de barras dietéticas. Se te están
acabando.
—No se me están acabando…
Reagan suspiró. —Levi pudo haberse comido unas cuantas.
—¿Estás dejando a tu novio robar mis barras de proteínas? —Cath se
inclinó sobre su cama para revisar su escondite… todas las cajas estaban
abiertas.
—Él dijo que te estaba haciendo un favor —dijo Reagan—. Forzando
el asunto. Y no es mi novio. Exactamente.
—Esto es una violación —dijo Cath furiosa, olvidándose por un
momento de que Reagan era probablemente la persona más intimidante
que había conocido alguna vez.
—Ponte los zapatos —dijo Reagan—. Te voy a mostrar donde está el
comedor.
—No. —Cath ya podía sentir la ansiedad empezando a rasgar su
estómago en pequeñas piezas nerviosas—. No es solo eso… No me gustan
los lugares nuevos. Nuevas situaciones. Allí estarán todas estas personas, y
no sabré donde sentarme… No quiero ir.
Reagan se sentó al final de su propia cama, cruzando los brazos. —
¿Has estado yendo a clases?
—Por supuesto.
—¿Cómo?
—Las clases son diferentes —dijo Cath—. Ahí hay algo en lo que
enfocarse. Aún así es malo, pero es tolerable.
—¿Consumes drogas?
—No.
—Tal vez deberías…
Cath presionó sus puños en la cama. —Esto no es asunto tuyo. Ni
siquiera me conoces.
—Este —dijo Reagan—. Este es el por qué no quería una estudiante
de primer año como compañera de habitación.
—¿Por qué siquiera te importa? ¿Te estoy molestando?
—Vamos a ir a cenar ahora mismo.
—No. No vamos.
—Agarra tu identificación estudiantil.

43

—No voy a ir a cenar contigo. Ni siquiera te agrado.
—Me caes bien —dijo Reagan.
—Esto es ridículo.
—Jesucristo, ¿no tienes hambre?
Cath estaba apretando sus puños tan fuertes, que sus nudillos se
estaban poniendo blancos.
Pensó en el filete de pollo frito. Y papas gratinadas. Y tarta de fresa
ruibarbo. Y se preguntó si el comedor de Pound tendría una máquina de
helado como en Selleck.
Y pensó sobre ganar. Sobre cómo estaba dejando que esto ganara,
lo que sea que fuera, la locura dentro de ella. Cath, cero. Locura, un
millón.
Se inclinó, comprimiendo el nudo en su estómago.
Luego se puso de pie con tanta dignidad como pudo encontrar y se
puso sus zapatillas Vans.
—He estado comiendo comida de verdad… —murmuró—. Almuerzo
en Selleck con mi hermana.
Reagan abrió la puerta. —Entonces, ¿por qué no comes aquí?
—Porque esperé demasiado. Construí un muro para bloquearlo. Es
difícil de explicar…
—En serio, ¿por qué no te drogas?
Cath caminó pasándola saliendo de la habitación. —¿Eres una
licenciada de psiquiatría? ¿O solo juegas a una en televisión?
—Estoy en la drogas —dijo Reagan—. Son una cosa hermosa.

No hubo momento incómodo en el comedor, no se quedó parada
en la puerta con una bandeja, tratando de decidir el lugar más inocuo
para sentarse.
Reagan se sentó en la primera mesa medio vacía que encontró. Ni
siquiera saludó a las otras personas sentadas allí.
—¿No vas a llegar tarde al trabajo? —preguntó Cath.

44

—Voy a salir. Pero iba a comer primero aquí la cena de todas
maneras. Nosotros pagamos por toda esta comida; muy bien que
podemos comerla.
La bandeja de Cath tenía un plato de macarrones al horno y dos
cuencos de coles de Bruselas. Estaba hambrienta.
Reagan tomó un gran bocado de su pasta de ensalada. Su cabello
largo colgaba sobre sus hombros. Era una docena de tonos rojos y
dorados, ninguno de ellos muy natural. —¿Realmente crees que no me
agradas? —preguntó con la boca llena.
Cath tragó. Ella y Reagan nunca habían tenido una conversación
antes de hoy, ninguna seria que importara. —Um… tuve la sensación de
que no querías un compañero de habitación.
—No quiero un compañero de habitación. —Reagan frunció el ceño.
Ella fruncía el ceño tanto como Levi sonreía—. Pero eso no tiene nada que
ver contigo.
—Entonces, ¿por qué vives en los dormitorios? No eres una estudiante
de primer año, ¿cierto? Ni siquiera creo que los estudiantes de cuarto o
tercer año vivan en el campus.
—Lo tengo que hacer —dijo Reagan—. Es parte de mi beca. Se
supone que obtendría mi propia habitación este año, estaba en la lista,
pero todas las residencias están sobre su capacidad.
—Lo siento —dijo Cath.
—No es tu culpa.
—Yo tampoco quería un compañero de habitación —dijo Cath—.
Quiero decir… pensé que iba a vivir con mi hermana.
—¿Tienes una hermana que estudia aquí?
—Gemela.
—Ew, raro.
—¿Por qué es raro? —preguntó Cath.
—Solo lo es. Es espeluznante. Como tener una doble. ¿Son idénticas?
—Técnicamente.
—Ew. —Reagan se estremeció melodramáticamente.
—No es espeluznante —dijo Cath—. ¿Qué está mal contigo?
Reagan sonrió y se estremeció de nuevo. —Entonces, ¿por qué no
estás viviendo con tu hermana?
—Ella quería conocer gente nueva —dijo Cath.

45

—Lo haces sonar como si hubiera roto contigo.
Cath pinchó otra col de Bruselas. —Vive en Schramm —dijo a su
bandeja. Cuando levantó su mirada Reagan le estaba frunciendo el ceño.
—Me estás haciendo sentir lástima por ti otra vez —dijo Reagan.
Cath giró su tenedor hacia Reagan. —No sientas lástima por mí. No
quiero que sientas lástima por mí.
—No puedo evitarlo —dijo Reagan—. Eres patética.
—No lo soy.
—Si lo eres. No tienes ningún amigo, tu hermana te dejó, eres una
comedora extraña… y tienes alguna cosa rara por Simon Snow.
—Objeto a cada cosa que acabas de decir.
Reagan masticaba. Y fruncía el ceño. Estaba usando un lápiz labial
rojo oscuro.
—Tengo un montón de amigos —dijo Cath.
—Nunca los veo.
—Acabo de entrar aquí. La mayoría de mis amigos van a otras
escuelas. O están en línea.
—Amigos de Internet no cuentan.
—¿Por qué no?
Reagan se encogió de hombros con desdén.
—Y no tengo una cosa rara por Simon Snow —dijo Cath—.
Simplemente soy activa en el fandom.
—¿Qué mierda es el fandom?
—No entenderías —suspiró Cath, deseando no haber usado esa
palabra, sabiendo que si trataba de explicarse a sí misma más allá, solo lo
haría peor. Reagan no creería, o entendería, que Cath no era simplemente
una fan de Simon. Ella era una de las fans. El primer nombre solo de fan
con las fans por su cuenta.
Si le contaba a Reagan que los fics de Simon regularmente tenían
veinte mil accesos… Reagan simplemente se reiría de ella. Además, decir
todo eso en voz alta haría a Cath sentirse como una completa idiota.
—Tienes cabezas de Simon Snow en tu escritorio —dijo Reagan.
—Esos son bustos conmemorativos.
—Siento lástima por ti. Seré tu amiga.

46

—No quiero ser tu amiga —dijo Cath tan severamente como pudo—.
Me gusta que no seamos amigas.
—A mí también —dijo Reagan—. Lo siento, lo arruinaste siendo tan
patética.
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recuperado el 1 de Julio del 2011.

47

5
Traducido por CrisCras & Juli
Corregido por Val_17

48
—Por favor, no me hagas sentarme en el pasillo —dijo Levi.
Cath pasó por encima de sus piernas para llegar a la puerta. —
Tengo que estudiar.
—Reagan llega tarde, y ya he estado aquí sentado media hora. —Su
voz descendió hasta un susurro—: Tu vecina con las botas rosas Ugg sigue
saliendo para hablar conmigo. Ten piedad.
Cath le frunció el ceño.
—No te molestaré —dijo él—. Solo esperaré tranquilamente por
Reagan.
Rodó los ojos y entró, dejando la puerta abierta detrás de ella.
—Puedo ver porqué Reagan y tú se han hecho amigas. —Se levantó
y la siguió—. Ambas pueden ser extremadamente bruscas a veces.
—No nos hemos hecho amigas.
—Eso no es lo que oí… Oye, ahora que estás comiendo en el
comedor, ¿puedo comerme tus barritas de proteínas?
—Ya estabas comiéndote mis barritas de proteínas —dijo Cath con
indignación, sentándose ante su escritorio y abriendo su ordenador portátil.
—Me sentía mal por hacerlo a tus espaldas.
—Me alegro.
—¿Pero no eres más feliz ahora? —Se sentó al final de su cama y se
apoyó contra la pared, cruzando sus largas piernas por los tobillos—. Ya
luces mejor alimentada.
—Um, ¿gracias?
—¿Entonces?
—¿Qué?
Él sonrió. —¿Puedo tomar un barrita de proteínas?

—Eres increíble.
Levi se inclinó y metió la mano debajo de la cama. —Las de
―Felicidad de Arándano‖ son mis favoritas…
Cath en realidad estaba más feliz ahora. (No es que fuera a admitir
eso a Levi). Hasta el momento, ser la obra de caridad de Reagan no
requería mucho, solo bajar al comedor juntas y ayudar a Reagan a
ridiculizar a todo el mundo que pasaba por su mesa.
A Reagan le gustaba sentarse junto a la puerta de la cocina, justo
donde la línea del buffet daba paso al comedor. Ella lo llamaba asientos
de desfile, y nadie estaba a salvo. —Mira —había dicho anoche—, es
Gimpy. ¿Cómo crees que se rompió la pierna?
Cath alzó la vista hacia el tipo, un personaje de aspecto
peligrosamente moderno con pelo desgreñado y gafas de gran tamaño.
—Probablemente se tropezó con su barba.
—¡Ah! —dijo Reagan—. Su novia está llevando su bandeja. Solo
mírala, ese es un brillante unicornio. ¿Crees que en realidad se conocieron
en un anuncio de American Apparel?
—Estoy bastante segura de que se conocieron en la ciudad de
Nueva York, pero les tomó cinco años llegar hasta aquí.
—Oh, Chica Lobo a las tres en punto —dijo Reagan emocionada.
—¿Lleva puesta una cola de clip?
—No lo sé, espero que… No. Maldita sea.
—Como que me gusta un poco la cola. —Cath sonrió con cariño
ante la chica gordita con el pelo teñido de negro.
—Si Dios me puso en tu vida para evitar que lleves una jodida cola —
dijo Reagan—, acepto la tarea.
En lo que se refería a Reagan, Cath ya era problemáticamente
extraña. —Ya es lo suficientemente malo que tengas posters hechos a
mano de Simon Snow —había dicho Reagan mientras se preparaba para
la cama—. ¿Tienes que tener posters gays de Simon Snow hechos a mano?
Cath había levantado la vista del dibujo de Simon y Baz tomados de
la mano que estaba sobre su escritorio.
—Déjalos en paz —dijo—. Están enamorados.
—Estoy bastante segura de que no recuerdo eso de los libros.
—Cuando yo escribo sobre ellos —dijo Cath—, están enamorados.
—¿Qué quiere decir cuando tú escribes sobre ellos? —Reagan se
detuvo, tirando de su camiseta por encima de su cabeza—. No, ¿sabes

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