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Famous Last Words .pdf



Nombre del archivo original: Famous_Last_Words.pdf
Autor: Marta Bernal

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Famous last words

Ariel García

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Bubok Publishing S.L., 2013
1ª edición
ISBN:
Impreso en España / Printed in Spain
Editado por Bubok

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Dedicatoria
A todos aquellos que morirían por un ideal ajeno cuando ni siquiera saben con certeza qué es lo que ellos mismos quieren.

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Índice
¿Qué tanto crees saber sobre ti mismo?
¿Te crees especial, diferente, único, irrompible?
¿Qué tan lejos llegarías defendiendo una cualidad, la cual
considerarías como la clave para hacer un cambio en la sociedad?
En un mundo, donde el ser diferentes es lo que nos hace a todos ser iguales, nuestra voz alcanza una distancia tan grande
como la de un grito en el espacio.
¿Qué pasaría si tuvieras el poder y la convicción para cambiar el mundo?
Un grupo de personas fueron marcadas y definidas por sentimientos diferentes que se convirtieron en el eje de lo que son y
lo que hacen. Todos vieron esos sentimientos como la única forma de escape, la correcta, la necesaria. Ahora ellos tienen la
fuerza para imponer su pensar pero,
¿Quién está en lo correcto?
La mayoría de personas buscan adeptos: un arma de doble
filo.
¿Qué lado del filo estás usando?

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Capítulo 1
Alajuela, Costa Rica. Lunes 4 de Mayo, 2037.
-¿Quieres jugo, Aiden? –Dijo gentilmente una voz femenina.
Aiden, perdido en sus pensamientos, sin darse cuenta, tenía la vista
clavada fijamente en su comida.
-¡Aiden! –Exclamó una voz ronca y varonil. El joven parpadeo y movió su cabeza hacia los lados-. Tu madre te está hablando.
-Oh, perdón. –Dijo mientras observaba a su padre en el otro extremo
de la mesa-. Y sí, sí quiero jugo ma.
Su madre le sirvió el jugo y él le agradeció con una leve sonrisa. Ella
le devolvió la sonrisa y luego se alejó del comedor.
-¿Sabes que necesitas más que solo mirar la comida para que entre en
tu organismo, verdad? –Comentó su padre sarcásticamente-. ¿Pasaste una
mala noche?
-Sí… bueno no tanto. Es solo que tuve una pesadilla y se sintió muy
real. –Mencionó, viendo la comida, con una cara de cansancio.
-¿Qué pasó? ¿El Coco te secuestraba y te vendía de esclavo a la fábrica de juguetes del polo norte? –Bromeó su padre, el cual no era nada supersticioso.
-Gracias por darme una idea para próxima pesadilla. –Respondió con
unas leves risas-. Y lo que puedo recordar es que estaba con unas personas vestidas con unos largos trajes negros, no les podía ver la cara y esta-

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ba lloviendo fuertemente. Alguien se me acercó y me comenzó a hablar,
pero no recuerdo ni una palabra de lo que me dijo. De pronto me sentí
conmocionado, no me podía mover, ni hablar. Lo siguiente que recuerdo
es un dolor muy fuerte en el torso y ver sangre… mi sangre. –Su cara se
mostraba muy seria-. Sé que fue solo un mal sueño, pero por momentos
sentía que era más que eso.
Su padre, que había terminado su desayuno, se quedó observándolo
por un momento en silencio.
-Algunas personas creen que los sueños en veces tienden a ser visiones del futuro… Yo no pienso que eso sea así. Si fuera verdad yo ya de bería haber viajado al espacio, o ser millonario o… haber muerto, muchas
veces y en formas muy extrañas. –En ese momento Aiden lo veía fijamente-. ¡Pero nada de eso pasó! No te preocupes, todo está en tu mente,
tú eres la verdad. –Dijo con una sonrisa, mientras se levantaba de la silla.
Se acercó al muchacho y le revolvió el pelo por un segundo-. Ahora apúrate, vas a llegar tarde a clases. Otra vez.
El Hombre salió de la casa camino al trabajo. Era profesor en el colegio al que asistía su hijo. Aiden guardó su comida, se terminó de alistar y
salió rumbo a clases.
Otro día en el colegio y como siempre Aiden deseando que terminaran
las clases, a pesar de que solo habían pasado un par de horas. Su vida
siempre había sido muy normal, era un joven inteligente, con mucho potencial pero con una pereza que siempre lo mantenía al margen de lo regular.
En el ámbito social era un tanto reservado, no era de tener muchos
amigos o de ser el centro de atención, aun así, emanaba una actitud cálida, la de una persona en la que sabes que puedes confiar a pesar de todo.

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-¡Oye Aiden! –Dijo una muchacha con uniforme, de baja estatura y
pelo negro-. Tengo un partido de voleibol en el gimnasio, dentro de media
hora y ya que tenemos las siguientes tres lecciones libres pensé que te
gustaría ir para que veas como ¨aplastamos¨ al otro equipo. –Terminó diciendo con una fuerte pero corta risa.
La sirena que anunciaba la salida al recreo sonó en ese instante. Todos
se pararon rápidamente de sus pupitres y comenzaron a salir.
-Sí Yuli, por supuesto que iré. -Respondió con una sonrisa muy sincera-. Pero antes voy a ir a comer algo a la soda. Oh y le diré a Leo que me
acompañe a tu partido, –Yuli y Leo eran sus mejores amigos. Los conoció
desde el primer año de secundaria-. Le va a encantar ver como unas de último año ¨aplastan¨ a unas de primero.
Ambos se rieron mientras salían del salón de clases.
-¡Eso solo fue una vez! Y no fue nuestra culpa. Ésta vez son de nuestro mismo grado y son buenas, así que voy a tener que jugar en serio está
vez. –Dijo con una risa un poco nerviosa. Se despidió rápidamente de Aiden con un abrazo y se encaminó hacia el gimnasio con sus amigas.
Ya en la soda, luego de haber comido y con unos minutos de sobra antes del partido de su compañera, Aiden decidió revisar sus correos. No
había mucho interesante, excepto por un correo que le llamó la atención.
El titulo decía: ¨¡Felicidades! Has sido elegido para el viaje a Estados
Unidos¨. Por fuera parecía uno de esos correos de ¨spam¨ que contienen
virus, pero una vez abierto parecía que era real. Venía la información del
viaje, donde decía que había sido seleccionado por sus ¨cualidades¨ como
persona, así como un número telefónico para consultas. También se encontraba el nombre de una compañía, la cual era la que promovía el viaje
con todo pago: ¨Vicious Web¨.

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Aiden decidió buscar más información sobre ésta compañía en internet. Para su sorpresa, resulto ser muy famosa y reconocida a nivel mun dial. En ese momento se dio cuenta que no era una farsa. Era verdad, ha bía ganado un viaje, pero aun no sabía cómo, ya que nunca participó en
ningún concurso. Para aclarar sus dudas decidió llamar al número adjunto
en el correo.
Una mujer le contestó de manera muy amable, el joven le explicó la
situación y sus dudas.
-Primero: –Dijo la mujer por el teléfono-. Esto es un ¨proyecto¨ donde
escogen al mejor de varios colegios, no basado en su rendimiento académico. Fuiste seleccionado porque se te ve mucho ¨potencial¨ como persona y aquí en la compañía te daremos varias opciones para que no se desperdicie. La información completa te la dirá el presidente de la compañía,
la próxima semana, en una reunión con el resto de los escogidos.
>>Segundo: Todo está pago, pero si te hace falta dinero solo tienes
que llamar aquí y se te depositará inmediatamente una cantidad que cubra
tus gastos. También se te dará permiso en el colegio para éste viaje. Lo
único que tienes que hacer es seguir las indicaciones del correo. ¿Alguna
otra pregunta?
-No… Gracias. -Su mente aun no creía que esto fuera verdad, pero
todo estaba en orden y la curiosidad por saber que vieron en el resonaba
en toda su cabeza. ¨Saldré de viaje en una semana¨, pensó.
La señora se despidió y colgó, dejando que Aiden pudiera ver la hora
en su celular. El partido había comenzado y el todavía estaba ahí. Agarró
su bolso y salió a prisa de la soda, aun con el eco del viaje en su cabeza.
Ya en la casa, luego de un día sencillo en el colegio, las ansias por saber que dirían sus padres sobre ese viaje tan inesperado lo tenían nervioso. Su padre no le preocupaba tanto, el siempre fue muy permisivo con

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casi todo; por el otro lado su madre era lo opuesto y cuando entraban en
algún desacuerdo ella casi siempre terminaba dando la última palabra.
Una vez reunido todo el núcleo familiar, conformado por ellos tres, el
hijo les explico la situación lo más detallada posible. Sus padres se reservaban sus palabras mientras verificaban la información del correo y de la
compañía, mientras su hijo seguía hablando, contándoles que había llamado a la agencia de vuelos y que le habían confirmado lo del vuelo a su
nombre y que ya se encontraba pago, así también con el banco y el deposito en su cuenta.
-Esto suena muy bien, pero aún hay algo que no me convence. –Dijo
su madre suavemente.- Además nunca has viajado solo afuera del país,
estas muy joven, podría pasarte algo, te podrías perder.
-Puede que aun esté pequeño, pero ya se puede cuidar solo y es mucho
más inteligente que la mayoría de jóvenes de hoy en día. –Comentó su
padre, viéndolo a los ojos con una pequeña sonrisa que denotaba orgullo.
La familia solo había salido del país una vez que viajaron a Suramérica, y eso había sido hace más de tres años, cuando Aiden estaba por cumplir los 14.
-Lo sé. –Replicó la mujer. Ella sabía que era una gran oportunidad
para su hijo, pero su instinto protector de madre le decía que también era
muy arriesgado.- ¿Qué día es que sale el vuelo?
-El once, el próximo lunes. –Contestó Aiden seriamente con sus manos entrelazadas.
Su madre suspiro y volvió a ver a su esposo a los ojos, ambos estuvieron así en silencio por un momento, como si supieran en que pensaba el
otro exactamente. Lo dejó de ver, suspiró nuevamente y se enfocó en su
hijo.

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-Lo pensaré un poco más. – Dijo su madre con firmeza.- Si tuviera
que responderte en estos momentos te diría que no. Pero veo que estas interesado y que te puede ayudar, así que tal vez cambie mi pensar. Tal vez.

Capítulo 2
Alajuela, Costa Rica. Lunes 11 de Mayo, 2037.
En la parte más fría de la noche, la soledad presente en las calles era
casi interrumpida, con excepción de una cantidad pequeña de personas
que se dirigían a sus trabajos o lugares de estudio, y uno que otro borracho que luego de un par de tragos había olvidado cuándo terminaba el fin
de semana y se veía deambulando sin saber adónde iba.
En frente a la entrada principal del colegio se encontraba Aiden. Estaba ahí de pie con su bolso negro en la espalda, listo para entrar a clases,
como cualquier otro lunes, pero ese día no era el caso. Hacía unos minutos atrás se había despedido de sus padres y se había encaminado a la parada de buses para ir al aeropuerto. Se sentía raro, su espíritu aventurero
lo llenaba de ansiedad pero los nervios que conllevan las primeras veces
le provocaban temores indefinidos. Sin importar la hora, el pueblo era un
sinónimo de tranquilidad, por lo que podía caminar ese corto trayecto sin
ninguna preocupación.
Ya en el bus, sus pensamientos se habían dejado ganar por la falta de
sueño. Como si de su habitual despertador se tratara, el freno del bus lo
despertó en la última parada. Un poco desorientado, agarró su bolso y se
bajó. Su madre le había insistido que llevara más equipaje pero Aiden se
rehusó, diciendo que el dinero que le habían depositado era suficiente
para comprar ropa para más de una semana.
Aún tenía que coger un taxi para llegar al aeropuerto. A menos de
veinticinco metros de la terminal de los buses se encontraba una parada

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de taxis. Se subió a uno y le dijo su destino. En menos de veinte minutos
ya se encontraba dentro del aeropuerto, esperando la llamada de su vuelo.
De no haber sido por la información que le brindo una de las personas de
seguridad se hubiera sentido perdido. El altavoz le anunció que debían
abordar el avión, lo dijo tanto en español como en inglés, Aiden entendió
perfectamente ambos, el cambio de idioma no iba a representar ningún
problema para el. Con una fuerte convicción, que no reflejaba para nada
las dudas que había tenido más temprano, se levantó y siguió la rutina
como si fuera algo a lo que ya estaba acostumbrado. Tal vez había sido el
nerviosismo de alejarse tanto de su zona de comodidad (familia, amigos,
hogar.) lo que le había creado ese repelente mental para alejar los miedos.
Fuera cual fuera la razón le había servido, se había relajado, ya después
de despegar sus ojos avistaron unas aves a la distancia que volaban paralelamente con el avión, lo que lo llevo a preguntarse ¨¿Cómo se sentiría
ser un ave?¨. La respuesta nunca se llegó a formular y fue reemplazada
por un profundo sueño de unas cuentas horas.
Según las indicaciones que había recibido en el correo tenía que agarrar otro avión en el mismo aeropuerto que lo dejaba el primero. Cuando
bajó del avión su cara parecía reflejar ese sentimiento que tiene un niño la
primera vez que va a un parque de diversiones. Inmediato a su arribo, sin
tiempo para analizar sus emociones al encontrarse en un país tan grande y
diferente al suyo, se dirigió a presentar su boleto de vuelo, el cual estaba
pago desde el día que había recibido la notificación del viaje. Ambos vuelos se habían calculado de manera muy precisa ya que el intervalo que
pasó en tierra durante los dos vuelos no duró ni media hora. Una vez cómodo en su asiento, sacó su celular, le conecto los audífonos y le dio la
acción de reproducir al azar a todas sus canciones mientras le subía el volumen al máximo. Cerró los ojos y se relajó por un momento, hasta que
unos leves toques en su hombro derecho lo hicieron volver a la realidad.
Al ver a su costado notó a un joven hombre, tal vez de una edad cercana a

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la suya, moviendo los labios, diciéndole algo que no podía escuchar por
el concentrado sonido de la música en sus tímpanos.
-¿… escuchas? –Logró distinguir una vez que se quitó los audífonos.
Frente a sus ojos había un tipo de rasgos asiáticos.
Aiden se quedó en silencio por un momento y antes que pudiera pronunciarse ante este desconocido, volvió a hablarle.
-No deberías escuchar música tan fuerte, te vas a quedar sordo. No me
está molestando, solo es una recomendación. -Su inglés tenía ese distintivo acento que destacaba en la mayoría de habitantes de ese lejano continente. Su rostro emanaba cierta seriedad la cual camuflaba un poco la timidez.
- Sí… -Se aclaró la garganta, su voz se había escuchado como un quejido, no había dicho muchas palabras en lo que iba del día.- No me importa, ya estoy acostumbrado. –Su rostro esbozó una leve sonrisa como
gesto de amabilidad, pero por dentro le surgía una inquietud sobre por
qué le importaba a esta persona si no le estaba afectando.
-Tampoco es por molestarte pero si sigues en esa postura en la que estas sentado, vas a terminar con un fuerte dolor de espalda. –La cara de Aiden al escuchar esas palabras no podía mostrar más desconcierto. Este sujeto permanecía serio y casi inmóvil.
Aiden se volvió a ver a sí mismo, su postura y notó que probablemente el tipo tendría razón. Se acomodó recto en su asiento y le dio las gracias mientras veía hacia delante, las palabras salieron sin significado al guno. Un par de comentarios y preguntas más le bastaron a Aiden para
darse cuenta de que ese viaje se iba a sentir más largo que el otro.
Cuando el capitán anunció que pronto aterrizarían un suspiro de alivio
salió del costarricense. Lo había logrado, sobrevivió a aquel incomodo
encuentro con ese peculiar asiático, después de notar que no había forma
de evitar la conversación, al menos que se parara de su asiento y saltara

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del avión, volcó la situación a su favor, o al menos lo más cercano a eso.
Tomó el interés que tenía el otro pasajero por el y lo convirtió en un balde
vacío que fue llenando con historias y pensamientos personales, como un
consejero al que interrumpía cada vez que trataba de dar su opinión, era
eso o escuchar a una persona cuyas palabras parecían programadas, como
provenientes de algún extraño libro sobre como mejor tu salud y tu vida
en ¨cien¨ sencillos pasos. Una vez que el avión se detuvo por completo, el
tipo alzo su mano en forma de saludo de despedida y salió a prisa sin decir nada.
Dentro del aeropuerto, sentado en la zona de espera y con el bolso en
los regazos, tenía que esperar a alguien que lo viniera a recoger, o al menos eso era lo que decía la siguiente parte en la lista de instrucciones. ¨¿Y
si todo esto es un secuestro planificado?¨, pensó. Muchas películas y una
creatividad siempre presente lo llevo a hacer extraños cuestionamientos,
pero en lugar de tratar de buscar indicios sobre el porqué no podrían suceder, su mente se estaba enfocando en lo opuesto, buscando cualquier excusa para justificar que cualquier cosa podía pasar. Su mirada estaba perdida en aquella cerámica blanca que cubría todo el piso del aeropuerto,
estaba reluciente ni un rastro de suciedad, incluso servía como espejo, a
excepción que la imagen reflejada en ella tenía un tono más oscuro, como
una sombra con rasgos más definidos. A pesar de estar tan estático con su
mirada, su mente estaba divagando por todos lados sin concentrarse en
nada en específico. Un estornudo suave cerca de él acomodó su eje de
ideas de nuevo y lo hizo volver a la realidad.
Mientras movía la mirada hacia la dirección que había escuchado el
estornudo recordó que tenía que estar atento por si la persona que lo venía
a recoger aparecía. Treinta minutos de tardía llevaba en ese momento, se
estaba comenzando a estresar. La ansiedad que movía su pie como un tic
nervioso, se detuvo de repente al igual que sus ojos, su respiración, su
tiempo. Existía una gran debilidad en Aiden: Las mujeres. No en todas,
eran pocas las que le atraían, tenía un gusto muy ¨extraño¨ según algunos
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de sus amigos, pero aquellas que llamaban su atención siempre conseguían el mismo efecto en el, destacando su habilidad para híper-enfocarse
en algo, casi un tipo de obsesión, pero no por la otra persona si no por la
situación en sí y todo lo que esta implicaba. Se volvía un perfeccionista,
lo cual muchas veces terminaba haciendo más mal que bien, al menos en
el.
En una silla de la esquina de la sala, pegada a la pared, se encontraba
una muchacha limpiándose la nariz con un pañuelo azul. Llevaba el pelo
suelto, era largo, lacio y negro con un cierto brillo que probablemente le
proporcionaba los productos para el cabello que usaba. Su tez era blanca,
sin caer en la palidez, su cara estaba muy limpia, como si hubieran pin tando un cuadro y le hubiesen pedido al pintor que omitiría los detalles
innecesarios. Sus ojos negros, una nariz pequeña y puntiaguda, una boca
pequeña con unos labios que junto al brillo labial que llevaban se convertían en un punto de exclamación final a la palabra belleza. Un pantalón
negro y una blusa blanca creaban un contraste que terminaba llevando
toda la atención a su cara, un rostro que daba una impresión a primera
vista de pura inocencia.
Sus ojos volvieron a ver arriba y lo primero que vio fue a un muchacho con la boca entreabierta, el pelo negro apuntando en todas direcciones y ojos castaños con una mirada como la de un perro que se para al pie
de la mesa a esperar por una porción de comida. La chica dirigió su mirada hacia abajo y luego a los lados rápidamente. Aiden estaba perdido en
ella, sabía que la estaba viendo fijamente y ya ella lo había notado, sin
embargo no podía alejar su vista. Por un momento entró en razón, se dio
cuenta de lo raro que estaba pareciendo y volvió su mirada hacia una ventana, un logro en vano, ya que inmediatamente, cuando sintió que esos
ojos negros se posaban en el, su vista retrocedió hacía donde estaba antes,
pero esta vez lo acompañaba una sonrisa que se le marcó en el rostro de
manera inconsciente. Ella le sostuvo la mirada por unos segundos, luego
de una manera tímida la quitó, no sin antes mostrar un pequeño gesto de
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risa. Con rapidez cerró su bolso, se pasó la tira por el hombro y se puso
de pie. Sus miradas se encontraron una vez más, él seguía sonriendo
como si le hubiesen pegado la mueca con pegamento, ella le sonrió por
un momento, mientras lo veía fijamente a los ojos, luego se dio vuelta y
se encaminó a la salida.
En ese momento la pequeña burbuja fantasiosa de Aiden explotó y
notó todos los elementos a su alrededor. Recordó donde estaba, y por un
momento quiso salir detrás de aquella joven, pero recordó que no podía,
incluso aunque encontrara el valor para hacerlo.
Luego de cumplir una hora de espera, su paciencia se agotó y decidió
ir a estirar sus pies un rato dentro del mismo aeropuerto. Pensaba que ya
había esperado suficiente por ellos, si llegaban y no lo encontraban, ellos
deberían hacer lo mismo por él. El lugar era bastante grande y había gente por todo lado. En los pocos metros que había recorrido había escuchado al menos cuatro idiomas diferentes. Se detuvo un momento cerca del
vidrio para ver como un avión despegaba, unas risas detrás de el llamaron
su atención. Unas extranjeras, de pinta europea y con unos bolsos que parecían que si se les metía un cortaúñas más iban a explotar, se reían mientras veían un mapa. Aiden siguió caminando, esta vez con una ligera sonrisa que le provocó el recuerdo de aquella mujer a la que solo podía describir con el adjetivo de perfecta, sin embargo ese sentimiento se vio sutilmente opacado por el hecho de que era muy probable que nunca la volvería a ver. Sintió un poco de remordimiento por no haberla seguido, ahora que había abandonado aquel lugar en el que se suponía debía permanecer, se preguntó si había hecho lo correcto o si simplemente estaba tratando de justificar su falta de coraje detrás de ese ideal de ¨deber¨ antes de
¨querer¨.
Entre ir y venir de sus pensamientos se encontraba distraído, de pronto
sintió un golpe en el hombro, como si hubiera golpeado una pared. Su cabeza se inclinó y alcanzó a ver un tipo enorme, de más de dos metros de

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estatura y una musculatura digna de un fisicoculturista. La saliva que tragó en ese momento fue lo último que hizo antes de paralizarse del miedo.
La cara de aquel hombre no mostraba más que irritación, su café había
sido derramado, gran parte de su pantalón y su camisa ahora se encontraban mojados.
-Lo siento –dijo Aiden muy torpemente.

Capítulo 3
Lo último que esperaba ese día eran problemas. Especialmente provenientes de cosas sin mucho sentido. No sabía que decir o hacer en una situación así. Las disculpas no enmendarían su error. El sujeto tal vez se dirigía a alguna reunión importante, aunque su vestimenta no diera mucho
fundamento a esta hipótesis. Quizás se quemó con el café, aunque este
nunca perdiera su rigidez y no lo mostrara a simple vista.
-Deberías tener más cuidado por donde caminas. –Respondió el hombre con voz áspera y grave.
-Lo sé, fui mi culpa totalmente. Fue sin intención, iba distraído y no
me di cuenta. –Las palabras salieron a un ritmo apresurado, como un acusado al que se le acaba de dictar su condena final y este apelara inmediatamente en busca de piedad.- ¿Hay algo que pueda hacer?
El tipo movió la cabeza en un gesto de negación. Se pasó la mano por
la camisa, luego volvió la mirada hacia el techo del aeropuerto y respiro
hondo, parecía una técnica de relajación.
-Tranquilo. No es nada, solo me cambiaré de ropa y ya. –Su acento le
resultó extraño a Aiden. Ruso, pensó.- Intenta que no vuelva a pasar nada
más.

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-Eso haré. –Exclamó Aiden. Estaba confundido por la tranquilidad del
sujeto.
El hombre agarró la manilla de aquel bolso de ruedas que andaba, se
dio media vuelta y comenzó a caminar como si nada hubiera pasado. Aiden se quedó un momento ahí, sin moverse, se sentía disconforme con la
actitud del sujeto por raro que sonara. En su caso él se habría molestado
bastante, pensó. Decidió caminar en dirección opuesta antes de hacer alguna otra estupidez.
A unos metros de ahí se encontraba el centro del aeropuerto, había un
mini parque de forma redonda, las paredes del edificio cubrían dos costados y unas grandes ventanas con dos puertas encerraban los otros lados.
Se encontraba al aire libre, no había ningún tipo de techo, en el centro había una fuente, a sus alrededores un par de árboles, flores de decoración y
unas bancas. Buscaba donde sentarse, caminó hacia las bancas del otro
extremo ya que las de su lado se encontraban bajo la luz del sol y no quería asolearse. Luego de pasar por la fuente, se limpió una gota de sudor
que bajaba por su frente y dejó salir un suspiro. El calor y los nervios lo
habían tensado.
-¿Tienes hora? –Preguntó en español una voz masculina.
Aiden se sorprendió y detuvo sus pasos. Frente a el, en una de las cuatro bancas, se encontraba una persona acostada boca arriba con un gorro
en la cara que no dejaba distinguir ningún rasgo facial. El sujeto se veía
muy relajado, con un pie tocando el suelo y el otro en el aire parecía
como si estuviera reposando en el sillón de su casa.
-3: 15 p. m. –Respondió, luego de sacar su celular y ojear la pantalla
de bloqueo. ¨¿Por qué me habló en español, será que no sabe inglés? Además, ¿Cómo sintió mi presencia? No hice mayor ruido alguno que el de
respirar y su gorro le anula toda visibilidad.¨ Pensó.

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-Aaah –Soltó un quejido que parecía incluir una mezcla de bostezo y
un leve dolor. Estiró los brazos hacia sus costados y los movió de forma
circular un par de veces.- Que pereza… llevo más de una hora esperando
y nada que aparecen esos weones –El idioma español seguía presente
mientras su voz denotaba indignación y su acento latino enmarcaba cada
palabra.
Aiden se sintió intrigado al escuchar un acento que le resultaba familiar, por un momento sintió un impulso por hacer preguntas personales
pero su atención se fue a otro detalle que le parecía podía ser una coincidencia aun mayor que la de ser de una zona geográfica cercana. El tiempo
que llevaban esperando a alguien era el mismo.
-Por pura casualidad… -Comenzó a decir en su idioma natal.- ¿Te ganaste un viaje aquí por tus ¨cualidades¨?
El hombre llevó su mano hacia la cara y se quitó el gorro mientras se
acomodaba para sentarse en la banca. Volvió a ver a Aiden, que se encontraba a unos dos metros en frente de el, con un ojo cerrado y una cara
de recién levantado.
-Se supone que debería estar esperando en la zona de espera, pero me
cansé y me vine para acá hace unos minutos. –Dijo aquel tipo que por
unos momentos dejó ver su pelo color rojo vino antes de ponerse el gorro
y tapar la mayoría de su cabellera.- Y aún sigo sin saber cuál de mis cualidades les impresionó. Pero sí estoy seguro que me voy impresionar
cuando me digan cómo diablos las encontraron, porque yo no veo ninguna.
Acto seguido una risa corta pero no fingida se esparció por el lugar,
contagiando a Aiden por un momento.
-Me llamo Levi. –Interrumpió el chico que no parecía superar los
veinte años. Con una ligera sonrisa que se le veía muy natural, se puso de
pie, sin perder la vista de Aiden y camino hacia el mientras estiraba el

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brazo para estrecharle la mano.- Supongo que somos del grupo de los
afortunados.
Aiden sin dudarlo le completó el saludo. Una presentación formal, seguido de una corta charla les permitió a ambos conocerse un poco mejor.
Levi era chileno, tenía dieciocho años y había recibido el mismo correo
de invitación.
El tico se sintió feliz al ver la actitud de este nuevo ¨compañero¨. Y es
que a pesar de que algunos países de otros continentes pudieran pensar
que los latinos eran muy unidos y amigables entre ellos, la realidad que se
vivía era muy diferente. La xenofobia y el racismo en los países de habla
hispana no eran elementos que solo se encontraran en los libros de historia. Bastaba, así como en muchos países, que alguien se metiera con un
patriotismo ajeno, por minimalista e irrelevante que fuese la acción, la
mayoría de las veces sacaba a relucir comportamientos anti-éticos entre
ellos mismos.
No habían pasado cinco minutos desde que comenzaron a hablar cuando Levi sugirió ir afuera, a la calle, en busca de alguna señal de los mediadores que se suponía tenían que llevarlos hasta las instalaciones principales de la compañía. Aiden aceptó y al mismo tiempo se preguntaba en
su cabeza cuántos más habían recibido ese correo y si habría algún otro
aún en el aeropuerto. Debido a ese encuentro con otra de las personas elegidas, sus inquietudes sobre la credibilidad del viaje se habían vuelto casi
invisibles en su conciencia.
En el camino hacia afuera Levi parecía tener un buen día. Le contó a
su nuevo amigo que se había encontrado una billetera en la banca donde
estaba sentado, llena de dinero, sin identificación y con una llave dentro.
Aiden no sabía que tanto creerle sobre esa historia. A poca distancia de
salir a la calle el suramericano se tropezó con una hermosa muchacha por
ir viendo su celular.
-Perdón. –Se disculpó ella inmediatamente.

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Aiden se sorprendió que ella se disculpara ya que la culpa había sido
de Levi. Recordó que el hace poco había estado en una situación similar,
con la diferencia que el había golpeado una montaña y por poco muere.
-No pasó nada. –Con la misma sonrisa que le había mostrado a Aiden
le respondió a la chica, pero también lo hizo en español.
La mujer se le quedó viendo fijamente, no pareció entender lo que dijo
Levi. Tenía unos ojos azules que desconcertaban a cualquiera. Parecía
una modelo de revistas. Llevaba una ropa muy elegante y cara. La vanidad emanaba de ella mientras su mirada le daba un chequeo rápido de
pies a cabeza a Levi. De pronto le arrebató el celular a Levi sin decir
nada. En cuestión de segundos sus dedos comenzaron a desplazarse rápidamente por la pantalla táctil del teléfono.
-Aquí tienes. –Le replicó en inglés con una gran sonrisa mientras se
acercaba con el celular en frente. Una vez que el dueño lo agarró ella dio
un paso atrás.- Ahí tienes mi número. Llámame si te quieres salir de la rutina un rato. –Sin dejar de mostrar aquellos dientes de anuncio de pasta
dental se dio vuelta y se fue.
-Eso no tiene sentido. –Murmuró Aiden quien se quedó con la boca
abierta por un rato ante la incredulidad.-Ni siquiera te disculpaste y… es
decir… ¿¡Qué!?
Con su expresión facial intacta a como estaba antes de todo eso se
echó una de sus distintivas risas y guardó el celular en su pantalón.
-Yo sé que es duro de asimilar. Pero no dejes que la envidia te corroa.
–Bromeó mientras se volvía para recomenzar su caminata hacia la calle.
-Es que no lo creo. –El nivel de incredulidad en su cara ya había bajado pero su voz estaba en un tono un poco más alto de lo que acostumbraba. Aiden también había vuelto a caminar y se desplazaba a la par de
Levi.- Antes choqué con alguien y fue totalmente diferente a lo que acaba
de pasar. Aunque debo admitir que también tuve un poco de suerte.

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-¿En serio? ¿Y era bonita? –Preguntó sin volver a verlo.
-Pues. –Comenzó a hablar cuando de repente sintió ganas de alterar un
poco su historia, pero no lo hizo, en su lugar prefiero omitir ¨algunos¨ detalles.- Lo único que puedo decir es que era un ¨poco¨ más grande.
Se encontraban en la acera, a la par de la calle. Levi paró y se volvió
de frente a Aiden para responder su comentario, pero antes de que pudiera
articular una palabra una mano en su hombro lo hizo darse la vuelta sin
decir nada.
-Hola. Ustedes son Aiden y Levi si no me equivoco ¿Cierto? –Un
hombre de más de unos cincuenta años, baja estatura, con guantes y vestido con un traje completo les comenzó a hablar con una sonrisa como la
que se vería en un abuelo cuando le habla a sus nietos.- Perdón por la tardanza. Tuvimos un pequeño accidente con el carro, pero si son tan amables y me acompañan al parqueo subterráneo los llevara al sitio de encuentre inmediatamente.
Ambos se sorprendieron. Aiden adquirió un semblante serio pero Levi
se seguía mostrando con esa felicidad ligera que parecía imborrable sin
importar lo que pasara.
-Al fin. –Dijo Levi exhalando todo el aire de sus pulmones.- Pensé
que se habían olvidado de nosotros o, que era un engaño.- Su sonrisa seguía ahí pero Aiden observó que sus ojos se fruncieron un poco, haciéndole ver una postura defensiva.- Claro, sería un engaño muy bueno, y
caro. Pero no lo creo, es decir, quien se tomaría tantas molestias para secuestrar dos tipos como nosotros. Sin ofender, Aiden.
Otra de sus características risas se dejó oír, esta vez con una duración
menor a las pasadas. Aiden por un momento quiso reírse con su compañero, pero no lo hizo, en cambio comenzó a reflexionar sobre el argumento
planteado por su compañero, sonaba lo suficientemente coherente para el.

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-Para nada. Si quieres puedes ver mi credencial. –El viejo sacó un gafete que tenía dentro de su traje y se lo ofreció a Levi para que lo inspeccionara. Siempre sonriente, pero con la boca cerrada, el señor se veía
inofensivo.- Si se pueden apurar, me ayudarían muchísimo. Ya vieron lo
tarde que estamos y no quiero empeorarlo, o podría tener repercusiones
en mi trabajo. Y créanme que no es fácil, para alguien mayor como yo,
conseguir trabajo.
Un silencio se apoderó del momento por un instante, hasta que Levi
tomó la identificación que le había ofrecido el señor. En aquel pedazo de
cartón plastificado que tenía en sus manos se podía apreciar una foto del
señor, su nombre, su cargo, el nombre de la compañía y un sello en tinta
azul. Volvió el papel para que Aiden lo viera y después de analizarlo brevemente, éste asintió con la cabeza, dejándole ver a Levi que todo parecía
en orden.
-Guía el camino.-Dijo Levi con su sonrisa ya predecible.
-Gracias.- Respondió el señor, alegremente, mientras hacia una pequeña reverencia en forma de agradecimiento.- Debemos ir al ala B del aeropuerto, nuestro carro de repuesto está en el parqueo de esa zona.
Aiden y Levi no sabían donde quedaba eso. Se posicionaron detrás del
anciano y lo siguieron. A pesar de la edad que aparentaba, el señor llevaba un paso apresurado. Para sorpresa de ellos el parqueo quedaba a tan
solo doscientos metros de donde se encontraban antes. En todo el trayecto
nadie dijo nada, hasta que llegaron a la entrada. Justo en ese momento el
hombre les dijo que debían ir al piso de abajo. Desde donde se encontraban actualmente, se podía distinguir un parqueo bastante grande, casi
lleno, con varios bloques de carros, tres carriles que se conectaban entre
sí para que se movilizaran los automóviles y una iluminación regular que
cumplía su función básica por la mínima. Después de caminar unos cincuenta metros se encontraban al pie de la bajada de vuelta en u, donde los
carros se dirigían al piso inferior.

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Aiden se sintió extraño, había notado como la sonrisa del señor había
desaparecido por completo y los nervios se apoderaron de el, haciéndole
creer que algo estaba mal. En la curvatura pudieron darle un rápido vistazo a la planta baja. Las luces estaban mal, solo algunas de las del bloque
del centro estaban encendidas, sin embargo en el lugar no había espacio
para otro carro. Aiden aprovechó para tirarle una mirada de inseguridad a
Levi. Su sonrisa predecible estaba casi perdida, el también se sentía disconforme con la situación.
-Malditas luces. No importa con esta iluminación será suficiente para
llegar a la camioneta. –La voz del viejo sonó cansada.
Los pocos bombillos que habían encendidos reflejaban una luz baja e
intermitente que daban la impresión de que en cualquier momento se podían quemar y apagar o simplemente explotar.
Ya habían concluido de bajar la rampa, se encontraban frente al carril
central, caminaron unos cuantos centímetros en dirección cuando divisaron al menos a cuatro tipos que salieron de los bloques de carros que se
encontraban a los costados del carril central, dos de cada lado. Los tipos
vestían trajes negros, eran altos, de contextura gruesa y caminaban a un
ritmo acelerado.
Aiden se detuvo al verlos y Levi hizo lo mismo luego de ver la reacción de su amigo. El anciano siguió caminando sin volver a ver atrás y
sin mostrar interés en los sujetos que habían aparecido. Aiden notó esto y
lo usó como prueba para confirmar sus miedos. Volvió a ver hacia atrás y
recostado a la pared en la curva de la salida por donde venían había otro
hombre con la misma apariencia a los que habían salido de entre los carros. En el momento en que los tipos de en frente pasaron a la par del anciano, ignorándose mutuamente, y siguiendo cada uno su rumbo, Aiden
decidió seguir su instinto.
-¡Corre Levi! –Gritó.

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Levi, con la sonrisa totalmente ida, reaccionó de inmediato. Ambos se
movilizaron rápidamente hacia la zona donde no había luz, se escabulleron entre los carros, pero en direcciones diferentes, Aiden corrió a la derecha y Levi a la izquierda.
Aiden se encontraba entre un par de vehículos, agitado y sin saber que
estaba pasando. Los sujetos habían salido a la caza detrás de ellos, sin
embargo la luz no llegaba en los bloques de carros que se encontraban pegados a la pared después del carril externo, y en los que estaban antes de
ese carril la luz apenas se hacía notar.
-¡Búsquenlos! –Gritó una voz muy ronca cerca de donde se encontraba Aiden.- No dejen que se escapen. Y recuerden, los necesitamos con
vida.

Capítulo 4
Los ruidos cesaron del todo por un corto periodo de tiempo. El acompañamiento entre una oscuridad casi total en las orillas y el sonido de la
electricidad, esparcido dentro de aquellos bombillos que parpadeaban
emitiendo una constante luz agónica, hacían parecer un simple estacionamiento como un lugar lóbrego y abandonado. El parqueo tenía un diseño
cuadrado y solo disponía de una salida, la cual era por la que habían venido. Las tres filas de carros parqueados junto a las paredes estaban compuestas por quince vehículos cada una. Los dos bloques de autos encerrados entre las vías de cemento contenían dos puestos de estacionamiento
dobles, el que apuntaba hacia los carros de las paredes laterales y el que
señalaba hacia el carril central. No había ni un solo sitio disponible.
Agachado en cuclillas, los sentidos de Aiden se elevaron cuando sintió
la fría pared detrás de él chocar con su espalda; estaba inclinado por lo
que su camiseta se había alzado un poco, permitiendo el encuentro entre
una parte de su piel desnuda y el muro. Su ritmo cardiaco había subido,

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sin embargo el cambio no se notaba, estaba asustado por la situación,
pero no se dejaba dominar por el miedo. Con sus manos rozando levemente el exterior de la cajuela de un Toyota asomaba su cabeza, con precaución, tratando de localizar a sus perseguidores. Vio una silueta a unos
metros frente a el; la visibilidad era muy reducida por la falta de luz en
esa zona, por lo que para observar algo bien tenía que estar muy cerca.
Una luz se encendió. El tico se extendió a la esquina derecha del una camioneta que se encontraba a la par y luego dio unos pasos hasta estar de
lado con la llanta trasera. Uno de los tipos andaba una linterna.
Desde donde se encontraba podía ver por debajo si alguien venía y al
mismo tiempo se ocultaba por si el sujeto de la linterna intentaba hacer lo
mismo. Escuchó unos pasos no tan lejanos, así que decidió pegar la cabeza al piso para ver donde estaba el tipo. Debido a que el brillo de la luz
era mayor del costado trasero de aquel Toyota donde el había estado hace
unos momentos, Aiden asumió que el hombre estaba recostado a la pared.
Por un momento pensó que se encontraba en una situación favorable; si el
tipo doblaba hacia donde estaba el, simplemente tenía que moverse hacia
delante, hacia el capó de la camioneta y desplazarse hasta otro carro.
-¿Lo has visto? –Preguntó un hombre. Su voz era grave, pero era distinta al que había gritado la primera vez.
Aiden, quien aún seguía con el oído pegado al piso, notó el recorrido
de la luz de la linterna, pasó de estar iluminando el neumático trasero iz quierdo del Toyota a elevarse en dirección al camino frente al carro. Llevando su mirada por ese rumbo Aiden pudo distinguir unos pies a la par
de la llanta del frente. ¨Esto no pinta bien, si ambos se mueven hacia acá
voy a ser descubierto. No voy a poder escapar. Si me escondo debajo del
carro estaría arriesgando demasiado; me estaría encerrando, limitando mi
movilidad. Arrástrame por debajo de todos los vehículos hasta llegar a la
otra pared es menos arriesgado pero no por mucho¨, pensó.

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Los tipos habían intercambiado un par de palabras que Aiden no llegó
a escuchar por estar concentrándose en encontrar una forma de escapar.
Cuando se dio cuenta la voz del tipo de afuera se pronunció más cerca de
él, al mismo tiempo vio como la luz que podía notar detrás del carro había desaparecido y ahora la pared cerca de el era la que recibía un brillo
inquieto. Se dirigían hacia donde estaba. Se levantó del piso, apoyándose
con un pie y el otro con la rodilla tocando el piso, se quedó viendo la carrocería del carro por un momento, hasta que escucho otros pasos. Aunque fuera con el corazón en la mano, estaba listo para salir corriendo. Impulsó su cuerpo hacia delante, pero un ruido en la lejanía lo detuvo.
La alarma de un carro había sido activada, por la calidad del sonido
probablemente se tratara de uno de los carros al otro extremo. Unas fuertes pisadas que sonaban a un par de personas que se iban alejando fue
música para el oído de Aiden. Los tipos habían salido corriendo inmediatamente después de escuchar el sistema de seguridad del carro.
La luz se había ido, era la oportunidad para escapar pero en ese momento recordó a Levi. Se preocupó ya que no sabía dónde estaba, o si estaba bien. Analizó la situación, tenía dos opciones: aprovechar la distracción para tratar de huir y pedir ayuda, o quedarse a ayudar a Levi. Recordó que había un hombre en la vuelta de la salida protegiendo el paso, pero
también recordó como la infraestructura se prestaba para saltar y escalar
al piso de arriba sin tener que llegar a la curvatura. La agilidad con la que
contaba no era la más fiable para la tarea, pero estaba seguro que si podía
superar ese obstáculo fácilmente, lo único que ocupaba era hacerlo rápido
e inmediatamente. Su cuerpo no mostraba ningún movimiento, seguía
agachado con una mano apoyándose en el carro. ¨No, no lo debo abandonar. No puedo. Jamás.¨, pensó. A pesar de que se habían vuelto amigos
hace poco menos de una hora, la personalidad fiel de Aiden salió a flote.
El solo pensar en la acción de escapar lo hizo sentir culpa; su positivismo
le empujaba la idea de que Levi confiaba en el, que lo estaba esperando y
que le ayudaría si la situación fuera al revés. Lo primero que tenía que ha30

cer era acercarse al otro extremo del parqueo, donde había corrido Levi,
pero también hacia donde se habían movilizado aquellos hombres que le
pisaban los talones.
Se acercó con sigilo a la punta del carro, volvió a ver hacia los lados
que no hubiera nadie, luego de confirmarlo. Se disponía a cruzar, dio un
paso pero antes de que pudiera dar el segundo alguien lo asustó poniéndole la mano en el hombro.
Levi. Que perfecto hubiera sido si la mano fuera de el, pensó.
-Te tengo. –Inmediatamente se había dado la vuelta y fue ahí donde
descubrió al ejecutor de esas palabras. Uno de aquellos ¨secuestradores¨
con traje negro lo había encontrado.
Aiden se levantó, trató de huir, pero el tipo le agarró el brazo y lo jaló
hacia atrás. Cuando estaba de pie pudo ver una diferencia con el sujeto de
unos diez centímetros de estatura, se sintió pequeño a pesar del metro
ochenta que medía.
-¡Por aquí! –Gritó el robusto hombre logrando llamar la atención de
un par de sus cómplices que se encontraban al otro lado totalmente. Se
percataron de su grito y comenzaron a moverse hacia donde el.
Aiden nunca había luchado, no tenía ni el más mínimo conocimiento
en artes marciales o defensa personal. Su calma y capacidad de análisis
siempre lo habían mantenido al margen de los problemas, por lo que nunca se había visto envuelto en una pelea. Como si su falta de experiencia
en ese campo no fuera suficiente, el tipo enfrente superaba por más de
cuarenta kilos los setenta que pesaba Aiden y probablemente tenía algún
conocimiento avanzado en el arte de luchar. Las cosas no pintaban para
nada bien, pero debía hacer algo si no quería ser raptado por un puñado
de gente rara.
Sin soltarle el brazo y sin mucho esfuerzo, el individuo aquel lo movió
hacia un lado. Se encontraban entre los carros, lo puso de espaldas frente

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a el y luego con el brazo izquierdo le rodeó el cuello, haciéndole un candado con bastante fuerza que le levantó los pies del suelo.
Aiden inmediatamente llevó su mano libre al brazo del hombre con la
intención de quitarla, pero fue inútil, no era zurdo, era muy débil con en
ese brazo. Su codo izquierdo impactó en las costillas del hombre varias
veces, pero era muy resistente y parecía no tener efecto alguno, caso contrario a la eficacia del brazo que le rodeaba el cuello. Su cara comenzaba
a cambiar de color y su respiración a fallar, se estaba asfixiando. Volvió a
agarrar el brazo del tipo tratando de liberar un poco de presión pero no lo
estaba logrando. En ese momento movió su cuerpo con toda la fuerza que
tenía, con una mirada rápida, analizó el lugar, buscando algo que lo pudiera ayudar. A pesar de no haber un objeto a simple vista, el escenario en
sí le podía ayudar.
El forcejeo se daba entre dos carros: la camioneta Land Rover donde
estaba antes y un BMW compacto. Retorciendo su cuerpo de un lado a
otro logró tocar tierra de nuevo y colocarse frente a la puerta del BMW.
Estaba donde quería. Sus piernas se alzaron de nuevo, pero esta vez fue
por voluntad propia. Saltó a como podía, doblo sus pies hasta que estos
encontraran la puerta del carro y la usó como base de apoyo. Encogió su
cuerpo por un momento y luego se impulsó hacia atrás como un resorte.
Un crujido daba a entender que el vidrio se había agrietado. El poder del
empujón había hecho que su atacante chocara la cabeza fuertemente
contra la ventana de la camioneta, obligándolo a soltarlo.
Con ambas manos apoyadas en el suelo y respirando agitadamente por
la falta de oxígeno, gateó hacia atrás en dirección a la pared. El secuestrador estaba en frente, con una mano en la parte trasera de su cabeza y una
expresión de dolor en su cara. Sin embargo, eso no lo había inmovilizado,
solamente logró enojarlo.

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-Así que quieres jugar duro… -Se quitó la mano de la cabeza y se
sonó los nudillos mientras clavaba una mirada asesina en el joven que
con esfuerzo se iba poniendo de pie.
Lo primero que pensó Aiden fue en huir; tenía ambos costados libres
para correr. No había ni terminado de completar esa idea ni de hacer nada
cuando el tipo lanzó un golpe. No atinó. Los reflejos de Aiden habían superado esa prueba, permitiéndole esquivar el golpe. ¨Eso no fue tan difícil¨, pensó con una pizca de arrogancia. Otra ráfaga de golpes fue enviada, obteniendo el mismo resultado. ¨Puedo hacer esto. Es pan com….¨, su
ligero momento de superioridad se vio apagado cuando un golpe conectó
directamente en su estómago, sacándole el aire.
No estaba seguro si se había dejado distraer por su confianza o si la
velocidad de su rival había aumentado, lo único de lo que podía estar seguro era de ese dolor que sintió cuando otro golpe dio de lleno en sus
costillas derechas. Inmediatamente, sin tiempo para nada, el puño del sujeto conectó el pómulo izquierdo de Aiden, haciéndole caer al piso. Estaba desorientado, pero aun así pudo notar como el tipo le agarraba la cabeza y la estrellaba contra la puerta del BMV. Tirado en el piso, con sangre
en su boca y en su cabeza pero todavía consiente, trató desesperadamente
de huir gateando. Pero no. El temperamento de aquel hombre solo mostraba irritación. En medio de ese patético intento de fuga una patada golpeó su estómago rozando una de sus costillas izquierdas, dejando salir un
alarido de dolor que habría hecho sentir lástima a mucha gente. Pero el
agresor no era uno de ellos. Parecía disfrutarlo.
Tumbado en el piso, con dolores por todo su cuerpo, el hombre de negro lo agarró de la parte trasera del cuello de su camiseta con una mano, y
con la otra lo sujetó de la faja y lo alzó para luego tirarlo, como si fuera
un recogedor de basura que agarra una bolsa sin valor y la tira a la recolectora. Fue tanta la fuerza que terminó tirado en medio del carril vehicular, había recorrido más de tres metros, otro lanzamiento de esos e iba a

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terminar en el otro bloque de carros. Las fuerzas habían abandonado su
cuerpo, al igual que la esperanza. No tenía ideas de que hacer y aunque
las tuviera, no tendría la capacidad para realizarlas.
Sintió como lo arrastraban por el piso. El tipo, sujetándole un pie, lo
jaló hacia atrás hasta que quedaron frente a aquella camioneta Land Rover que había sido testigo de toda la pelea. Aiden fue levantado otra vez,
pero esta vez no fue lanzado, en su lugar el hombre lo colocó de espaldas
sobre el capó del carro con sus piernas guindando de la trompa del carro.
-Después de esto vamos a estar a mano. –Pronunció el agresor.
Un intento de risa salió de Aiden, provocándole incertidumbre a aquel
hombre. A pesar de la situación y estado en el que se encontraba, no pudo
dejar de lado la ironía que había en lo dicho por ese fulano frente a el.
¨¿Cómo demonios puedes ser tan estúpido para llamar esto justicia? Te
golpeo una vez indirectamente y tu me das una paliza hasta casi matarme,
¿pero aun así no estamos a mano?¨, pensó.
-Supongo que no eres un buen creyente, fiel a la palabra que dice, ¨Si
te golpean pon la otra mejilla¨ ¿No? –Dijo Aiden con un tono de voz bajo.
-No. Si me golpeas, te voy a partir la cara. –Respondió, con su cara
llena de seriedad.
El hombre de negro hizo una exclamación en forma de risa cortada,
entrelazó sus dedos y levantó sus brazos en el aire.
¨Esto es todo.¨, pensó Aiden. Cerró los ojos por un momento, hasta
que un fuerte ruido lo hizo abrirlos de nuevo. Para su sorpresa el tipo ya
no estaba, en cuestión de segundos desapareció totalmente y ahora frente
a el se encontraba la ventana trasera de una camioneta Ford de cuatro
puertas.
-¡Ah mierda, que he hecho, lo he matado! –Aiden reconoció la voz inmediatamente. Levi sacó la cabeza por la ventana y observó a su Amigo
tirado encima de un carro. –Vamos Aiden, sube rápido.

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Juntando lo que le quedaba de energía, se bajó de donde estaba, abrió
la puerta trasera de la camioneta y se sentó. Estaba cerrando la puerta
cuando escuchó disparos que pegaban en el carro, uno de ellos destrozó
una ventana. Levi aceleró rápidamente y con un montón de tipos corriendo atrás de ellos, llegaron a la vuelta en u, donde notaron que el tipo que
estaba ahí había abandonado su posición. Lograron salir del parqueo, y
llegaron a la calle principal en el aeropuerto.
-¡Sigue, ve adonde sea pero no pares por nada!. –Dijo Aiden con su
voz muy agitada.- Buscaremos ayuda más adelante, por ahora alejémonos
lo más que podamos de esta gente extraña.
Aiden cerró los ojos y se recostó boca abajo en los asientos de atrás.
Levi aceleró, y tomó un par de curvas sin dudar, como si supiera hacia
donde se dirigía, sin embargo no tenía ni idea donde estaba.

Capítulo 5
El vehículo se había desplazado por varios minutos sin detenerse. Para
fortuna de ellos nadie los había seguido ni retenido. Se habían alejado del
centro del pueblo y ahora se encontraban en una zona más rural, muy diferente a lo que se veía en los alrededores del aeropuerto. Edificaciones
de al menos cinco pisos, muchos locales destinados al comercio y mucha
bulla, era lo que rodeaba todo aquel recinto de aviones, los hacía sentir
como si se estuvieran adentrando en una pequeña metrópolis cuando comenzaron a salir del parqueo, pero eso cambió de manera radical. Ahora
el lugar donde estaban se componía por muchos lotes vacíos y alguno que
otro con cultivos variados. Parecía increíble que estuvieran en la misma
zona, pero parecía aún más increíble no haberse encontrado con ninguna
patrulla o comisaria en el camino.
-¡Wow! ¿Qué te pasó? –Preguntó Levi mientras veía por el retrovisor.Te ves fatal.

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Aiden yacía boca arriba en los asientos de atrás, con sus rodillas flexionadas, con una mano en su cabeza y con la otra en su estómago. No
había dicho nada desde la exclamación de huida que le había gritado a
Levi.
-Me tocó luchar contra uno de esos hombres. –Respondió añadiendo
un quejido fugaz.- Bueno, digo lucha para no sentirme tan mal, pero eso
simplemente fue una paliza. De no haber sido por tu ayuda cuando atropellaste a ese tipo me vería aun peor.
-Oh, ¿El sujeto que atropellé te estaba dando una paliza? –Dijo Levi
con seriedad después de un corto silencio.
-Sí. –Respondió Aiden, mientras fruncía el ceño, pero esta vez no por
algún dolor físico. No sabía si su amigo había recurrido a alguna clase de
broma sarcástica para tratar de destensar el ambiente, o si lo preguntaba
en serio.- ¿Por qué suenas tan sorprendido? Es decir, viste que estaba en
apuros y por eso me ayudaste, ¿no?
Los ojos de Levi se desorbitaron un momento y luego se posaron en
un carro que pasó a toda velocidad en dirección contraria. Llevaban tiempo sin ver otro automóvil.
-Ah… la verdad no te vi, ni al tipo ese, al menos no hasta cuando estaba al puro frente. En el parabrisas. –Soltó una mano del volante y se la
llevó a su cabeza para acomodarse el pelo detrás del gorro.
-¿¡Qué!? Pero… ¿Qué demonios venías haciendo entonces? –Exclamó
Aiden sin dejar de ver un segundo al retrovisor. Su boca abierta dejaba
clara la sorpresa que la había provocado escuchar eso.
-Como verás tomé prestado este carro. –Comenzó a justificarse Levi
aun con su mano en la cabeza, pero esta vez rascando un poco el cuero
cabelludo.- Que quede claro: ¡Prestado! Vengo de una familia humilde y
no soy ningún ladrón.

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-Nadie te va a juzgar por eso. Solo sigue con la historia. –Dijo Aiden
en un tono exigente.
-Ok. –Dijo para luego aclararse la garganta.- Al principio, cuando nos
separamos, me escondí entre los carros hasta que un momento estuvieron
a punto de encontrarme. Necesitaba una distracción. Justo en ese instante
mi teléfono vibró. Por un segundo sentí que había ensuciado mi ropa interior. Pero no emitió sonido alguno, lo había silenciado antes de subir al
avión y se me había olvidado cambiarlo. Pero después de ese mini-infarto
me llegó la idea que me permitió escaparme.
>>Como sabes la mayoría de los carros tienen alarma, al menos que
alguien ande un modelo muy viejo y defectuoso, solo tenía que activar
una de ellas en la distancia y los acechadores se irían ingenuamente a
chequear. Eso esperaba. Solo ocupaba un objeto para lanzar y un poco de
suerte para que la fuerza del impacto activara la alarma. Infortunadamente no encontré nada, así que tuve que lanzar mi celular. –Paró de hablar
por un segundo como si acabase de tener una revelación de algo que había pasado por alto.- Maldición, ahora que lo recuerdo ahí tenía guardado
el número de aquella preciosura con la que me topé en el aeropuerto.
-Eso es lo que menos importa ahora. –Las palabras de Aiden salieron
con un filo que cortaba cualquier intento de volver a mencionar un comentario como ese.
Su nivel de sorpresa había disminuido a como Levi iba contando la
historia, pero ahora se había elevado de nuevo, esta vez por la tranquilidad que emanaba su compañero. Aiden se había reincorporado en su
asiento y ahora miraba por la ventana, con el codo izquierdo recostado en
la base de la ventana y su brazo derecho cruzándole el estómago. Tenía la
cara hinchada, su rostro aun dejaba ver a simple vista ciertas inquietudes
de dolor.
-Por dicha tuviste suerte y astucia para lograr salir de esa situación. –
Prosiguió Aiden, volviendo la vista al espaldar del asiento del chofer.-

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Pero hay algo que no entiendo. En el momento jamás lo podría haber
pensado, pero, ¿Cómo lograste abrir este carro y arrancarlo?
-Veras, luego de lanzar mi teléfono y que mis perseguidores cayeran
en la trampa, me alejé hacia el lado contrario hasta que llegué a la esquina
del estacionamiento. –La voz de Levi sonaba como si nada extraño hubiese pasado ese día.- Una vez allí me agarré de la manilla de un carro para
levantarme y observar por encima si podía pasar de lado, en ese momento
la puerta se abrió. Me paralicé por unos segundos, pensé que iba a sonar
alguna alarma que llamaría la atención de los tipos de vuelta a mi localización. Pero no fue así.
>>Decidí subirme al carro y buscar las llaves, tenía que aprovechar mi
racha de suerte, además no perdía nada con intentarlo. Cuando me acomodé en el asiento escuché un grito a la distancia. Miré para todo lado
hasta que vi dos tipos que iban cruzando hacia el otro bloque de carros.
Me sentí aliviado al saber que se estaban alejando aún más, pero fue ahí
cuando sin querer encendí las luces de emergencia del carro. –Movió la
cabeza en señal de desaprobación. Tenía ambas manos en la manivela y
su mirada fija en la carretera, no se había detenido en ningún lugar pero sí
había disminuido la velocidad.- Estúpidos carros modernos, con cada
nueva característica que le agregan vienen el doble de problemas.
Aiden prestaba atención en cada detalle de la historia, su codo salía
por la ventana y el viento le tenía el pelo en un continuo bailoteo. Podía
predecir la siguiente parte de la historia pero decidió optar por dejarlo terminar, no tenía prisa alguna, quería copiar la actitud serena de Levi.
-En fin. –Retomó la palabra Levi después de un diminuto vacío en la
conversación.- Los hombres se dieron cuenta y se encaminaron hacia
donde me situaba. Comencé a escarbar como loco por todo el carro, abrí
la guantera y después de tirar un montón de papeles al suelo las encontré.
Los sujetos estaban detrás del carro cuando lo logré arrancar. Eché reversa, sin pensarlo, y casi los golpeo, pero no me importó. Di la vuelta rápi-

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damente y crucé hasta el lado opuesto del parqueo a toda marcha. Tomé
la vuelta muy rápido, iba viendo hacia los lados y hacia atrás para ver si
me seguían. Justo en ese momento fue donde ocurrió el incidente del
atropello.
Aiden seguía leal a la confianza que tenía con Levi, incluso cuando
pudo pensar mejor la situación por la que pasaron y ver las acciones que
hizo el joven que ahora iba manejando. Sintió un poco herido su ego al
darse cuenta que aquel extraño que no aparentaba para nada ser un genio
lo había superado. Estaba orgulloso de su capacidad de análisis, sin embargo el pánico del momento lo había ofuscado.
-Entonces, ¿No me ibas a ayudar, simplemente te ibas a ir? –Preguntó
Aiden, casi carente de emoción alguna. Estaba esperando por una respuesta obvia. De el haber ido al rescate de Levi, ambos hubieran sido
atrapados y al ninguno de los dos huir, no habría quien reportara la situación ante las autoridades. Era mucho lo que hubiera arriesgado con un
chance de éxito tan bajo, su sentido de conciencia lo había traicionado.
-S-Sí. –Tartamudeó Levi, dejando ver que sentía un poco de culpa y
nervios por lo que fuera a pensar Aiden. –Es decir, si iba a ayudarte, pero
de otra manera. Mírame, acaso tengo pinta de luchador profesional de
peso completo para pelear con esos gorilas.
Tenía razón, su contextura era similar a la de Aiden, podía medir unos
tres centímetros más y pesar unos cinco kilos más también. Decidió pensar que lo que decía era cierto, que le habría ayudado de otra forma y no
que simplemente se iba a dar a la fuga de la manera más desinteresada.
-Bueno, ya pasó. No importa. Lo importante es que ambos estamos
aquí, sea donde sea que estemos. –Recalcó Aiden, mientras un intento de
sonrisa cobraba vida, contrastando el cansancio en sus ojos.- Y sabes, el
hecho de encontrarte un carro sin alarma, con las llaves dentro y cuando
más lo ocupabas me hace pensar que eres una de las personas más… ¿Por

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qué te estas deteniendo? –Preguntó Aiden de repente al notar como el
vehículo disminuía la velocidad drásticamente.
-No lo hago, algo le pasa al carro. –Dijo Levi antes de volver a ver la
aguja del tanque señalando el porqué.
-No puede ser. Estamos en una zona muy rural y no tenemos otro me dio de transporte para movilizarnos. El último carro que vimos pasó hace
casi diez minutos. ¿Qué vamos a hacer? –Expresó Aiden rápidamente casi
sin respirar.
-Llama a emergencias. –Sugirió Levi.
-Antes lo busqué y no lo tenía. Lo más seguro es que se me haya caído
durante la pelea. –Una mezcla de nostalgia y preocupación invadieron a
Aiden cuando terminó de pronunciar esas palabras.
-¿Y ahora? –Preguntó Levi para inmediatamente abrir la puerta del carro y salir.
Aiden hizo lo mismo, cuando puso sus pies en el asfalto sintió como
todo su cuerpo le recordó las consecuencias de los golpes recibidos. Con
una mano se tapó del sol y con la otra se apoyaba para ver a sus alrededores. Lo único que lograba divisar de ese costado de la carretera era un
montón de lotes sin mucha vegetación, divididos con cercas de alambre
de púas, algunos tenían unos cuantos árboles y en otros habían vacas comiendo pasto. Fue hasta que vio hacia el otro lado de la carretera, por en cima de una tupida arboleda se detectaba el techo triangular de una casa.
Se movió hasta la entrada, que estaba definida por un portón de madera,
notando con claridad los detalles de la antigua casa.
-Mira. –Dijo mientras esperaba a Levi quien se había quedado a unos
metros cerca del carro- Ven, tal vez haya alguien aquí que nos pueda ayu dar.
Del otro lado del portón se marcaba un camino de tierra que separaba
la casa, del lado derecho, y un granero más atrás pero del lado izquierdo.

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La puerta de la casa estaba cerrada, al igual que las ventanas. Aiden llamó
un par de veces pero no hubo respuesta alguna.
-Vamos hasta la puerta, tal vez no nos escuchen desde aquí.- Sugirió
Levi, quien había notado que el portón estaba abierto y ya se encontraba
dentro de la propiedad.
Aiden se preocupó por un momento, pero después de un vistazo rápido a su alrededor se dio cuenta que era eso o esperar en la calle a un buen
samaritano que los llevara de vuelta a la ciudad. Caminó atrás de su amigo los quince metros que separaban el portón de la casa. Ya en el porche
de la casa, gritaron nuevamente y tocaron la puerta pero nadie salió. Una
de las tablas de madera en el piso rechinó mientras Aiden se movía hacia
la ventana. Por una hendija de la cortina pudo distinguir un sillón y un estante. No era una casa abandonada.
-No hay nadie.- Decía Aiden mientras se sentaba en una de las dos
mecedoras que se encontraban junto a la ventana.- Puede que sea una
casa de campo que usan de vez en cuando.
-Tal vez deberíamos entrar. -Comentó Levi mientras veía fijamente la
puerta frente a él.
-¿Cómo vamos a hacer eso? Todo está cerrado, tendríamos que entrar
a la fuerza.- Lo cuestionó Aiden frunciéndole el ceño. – Y también, ¿Por
qué vamos a entrar? No quiero salir de un problema para meterme en
otro.
-Tal vez haya un teléfono.- Respondió Levi.- Además no quiero que
llegue la noche y estar aquí a la intemperie. Si alguien llega simplemente
le explicamos la situación por la que pasamos.
-Esperemos un rato.- Dijo Aiden mientras Levi se sentaba en la otra
mecedora. –Todo es muy calmado aquí, muy diferente a como estábamos
hace unos minutos atrás en aquel parqueo. Tal vez no debí haber aceptado
la invitación a este viaje.

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Ambos se quedaron en silencio, con la vista clavada en los árboles y
en el mover de las hojas que provocaba el viento. Una suave brisa y unas
oportunas nubes que bloqueaban los rayos solares dejaban sentir un clima
fresco.
-¿Crees en el destino, Aiden? –Preguntó Levi con una formalidad que
dejó a Aiden pensando no solo en la pregunta, sino también en como la
había formulado.
-No. –Respondió Aiden segundos después. No estaba seguro de que
responder, nunca se había puesto a pensar en eso con detenimiento. ¿Tu?
-No, para nada. –Dijo Levi con firmeza. Aiden lo volvió a ver y notó
una expresión que no le había visto desde que lo conoció. Estaba serio,
parecía alguien más.- La verdad es que si te pones a pensar la mayoría de
las cosas en esta vida no dependen de nosotros. Nosotros no escogemos
venir a este mundo, no escogemos la familia, ni las personas que nos vamos encontrando. No escogemos las cualidades o defectos que vamos a
tener. No escogemos nuestra religión, nuestra nacionalidad y ni siquiera
nuestro propio nombre. Pero aun así eso no significa que estemos condenados a algo fijo. Si vivo cien años o muero mañana, no es algo que alguien más haya dictado. Puedo matarme en este momento, o puedo esforzarme por vivir lo más que pueda, yo decido. Nuestra vida se forma de situaciones aleatorias, del efecto de las acciones ajenas. Si somos afortunados nuestros deseos se cumplirán. Es irónico, pero de lo que más dependemos es de lo que menos somos partícipes. Somos esclavos de la suerte.
¨¿Quién diablos es este sujeto?¨, pensó Aiden, mostrando una cara que
no ocultaba para nada su desconcierto. No era para nada la misma persona con la que había compartido la hora anterior. Aunque no le gustaba
cuando la gente asumía cosas el también caía en esa precipitación. Con lo
poco que había visto en Levi le bastó para pensar que a pesar de la cali dez del sujeto por dentro no era más que un desinteresado por la vida y
sin muchos puntos a favor del intelecto. Pero ese pequeño discurso lo ha-

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bía dejado sin palabras, sin nada que refutar por el momento. Concordaba
con el pensar de su amigo, había dejado que el silencio se propagara esperando que Levi lo rellenara con más palabras.
-Fome la wea. –Suscitó el chileno. Aiden no sabía lo que significaba
tal decir.- Estoy hablando la pura mierda weon, mejor pongámonos a hacer algo antes de que me explote la cabeza.
Levi se levantó con rapidez y se paró afuera del porche. La inquietud
en Aiden había aumentado, pero esta vez por el cambio tan repentino. La
decepción y el engaño tocaban en su cabeza. No sabía en lo más mínimo
que pensar sobre su curioso amigo.
-Ve a la calle. –Dijo Levi casi en modo de orden.- Lo último que queremos es que pase un carro y no nos vea aquí metidos. Yo iré a ver si hay
algo útil detrás de la casa o en el granero.
Sin darle tiempo para una respuesta se fue caminando por el costado
derecho de la casa. Aiden no dijo nada y simplemente se encamino hacia
el portón. Una vez ahí, sintió que estaba viendo una foto panorámica que
no había cambiado en nada. Desde la mitad del trayecto recorrido habían
conducido por un camino con un solo carril para ambos lados y sin desviaciones en asfalto. Se dio cuenta que solo habían dos opciones: devolverse hasta la ciudad, lo cual no le causaba mucha emoción, o, seguir hacia adelante, hacia lo desconocido.
Después de unos minutos de estar recostado al portón, Aiden escuchó
un grito. Volvió a ver hacia la casa y logró distinguir a Levi, en medio camino de tierra, agitando su mano en señal de que se acercara a donde estaba. Cuando se acercó Levi lo guío a la parte trasera del granero y le enseñó un tubo con agua. Aiden aprovechó para tomar un poco y lavarse la
cara.

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-Ah. –Comenzó a decir Levi, quien había hecho un intento de irse.- Se
me olvidó decírtelo antes, pero gracias. Por tratar de volver a ayudarme
en el parqueo. Eres bastante leal. No hay mucha gente así hoy en día.
-De nada. No lo puedo evitar. –Respondió Aiden mientras terminaba
de quitarse los restos de sangre de la cara.- Por cierto, antes te iba a decir
que eras una persona con mucha suerte, por lo de la billetera, la chica, el
carro y todas esas cosas. Pero ahora veo que así como te sigue la buena
suerte también te sigue la mala.
-Tienes razón, en parte. -Replicó Levi sin ningún gesto de vacilación.Después de quedar varados aquí, perder el número de esa chica junto a mí
teléfono y el vernos envueltos en este lío, solo parece haber un tipo de
suerte…
-Que se le va a hacer.- Interrumpió Aiden, aprovechando una pausa
que había hecho Levi.- ¿Al menos aun tienes el dinero, no?
-En realidad. –Comenzó Levi, hablando con largas pausas y con su
mirada moviéndose como las manecillas de un reloj.- No. Hace unos momentos me di cuenta que había perdido esa billetera… y la mía. Lo único
que conservé fue esta llave.- Concluyó mientras le enseñaba la llave a Aiden.
Los ojos de Levi seguían inquietos, mientras que los de Aiden se enfocaron en su amigo. Perdiendo cualquier gesto de seriedad dejó salir unas
carcajadas que no pudo contener ante aquella desgracia.
-¿En serio? –Preguntó Aiden aun entre risas, sintiendo en ese momento un leve, pero molesto dolor en la zona del estómago.
-Fome, eso te pasa por reírte de males ajenos. –Dijo Levi riéndose al
ver la mueca de dolor que había esbozado Aiden.
-No joda. Hasta usted se está riendo de lo que pasó. –Señaló Aiden
con la risa aun presente, pero ya en menor escala.

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-Bueno, tienes razón. –Soltó una carcajada medio cortada, seguida de
una pausa y un bostezo que le hizo llevar su mano a la boca.- La verdad
no me gusta hacer muchas actividades por mi suerte tan cambiante. Muchas veces las cosas me resultan mal, así que prefiero quedarme recostado en algún lugar tranquilo, donde la cantidad de malos momentos que
puedan aparecer se vean reducidos.
-Buena explicación para justificar tu vagancia. –Dijo Aiden en forma
de broma. A lo que Levi reaccionó con una sonrisa.
-No trato de justificar nada. Es solo que el azar algunas veces se manifiesta de manera extraña, al menos ese es mi caso.
La atención de ambos se distrajo. Unas voces a la distancia y el sonido
del portón abriéndose con rudeza los cautivó.
-Los dueños deben haber llegado. –Dijo Levi mientras daba unos pasos hacia atrás.
Aiden lo agarró del brazo y lo jaló hacia el. Le hizo una señal de que
hiciera silencio y se acercó con cautela a la esquina del granero. Aiden
notó a cuatro personas. No eran los dueños. Era la misma gente de antes.
Los habían rastreado y encontrado. No podían moverse de donde estaban; una gran extensión de tierra sin cultivo alguno se extendía por un
lado del granero y por el otro, por el lado de la casa era igual. Unos cuantos arboles detrás de la casa no bastaban para pasar desapercibidos. Si corrían iban a ser avistados y atrapados sin poder llegar muy lejos. Lo mejor
opción era esconderse, sin embargo los tipos se escuchaban en el camino
de tierra, no podían cruzar hacia la casa, pero tampoco podían quedarse
ahí. No había puerta trasera en el granero pero si una ventana.
-Mira. –Susurró Aiden mientras señalaba hacia arriba. La ventana estaba entreabierta, pero estaba muy alta para alcanzarla sin ayuda.- Súbeme.

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Levi se acercó, se puso de espaldas a la pared del granero, entrelazó
sus manos, Aiden se acercó y junto a la ayuda de su amigo se impulsó
hasta la ventana. Su cuerpo sacó a relucir el dolor cuando apoyó su estómago en el filo de la ventana. Sintió un dolor bastante fuerte, pero aun así
lo soportó y se acomodó para ayudar a Levi a subir. Se colgaron y se dejaron caer dentro del granero.
Dentro del granero, la luz del sol entraba por las rendijas de las tablas
de madera, por lo que el lugar tenía una iluminación natural que permitía
una visión decente. En el lugar se veía un montón de chatarra, basura y
herramientas tiradas en un banco de trabajo. En el centro había una manta
larga, empolvada cubriendo algo; por el tamaño y la silueta era casi obvio
que era un carro. ¨Lo más probable es que sea un carro viejo que estan reparando¨, pensó Aiden.
Luego de echar una ojeada rápida al lugar, Aiden se acercó a la puerta
del granero. Por un hueco en una tabla pudo observar a dos de los tipos
de negro, venían caminando lentamente por el camino de tierra, cada uno
con un arma en la mano. El sonido del vidrio quebrándose reveló la localización de los otros dos tipos: estaban irrumpiendo en la casa. Los sujetos que podía ver venían caminando directamente al granero. Su corazón
se aceleró.
-Hey, tienes que ver esto. –Mencionó Levi en tono de voz que preocupó a Aiden.
-Cállate. –Dijo Aiden entre dientes sin volver a verlo.- No tenemos
tiempo, ya vienen.
Cuando volvió a ver Levi se encontraba bajo la manta. Sin que le dijeran nada la comenzó a jalar dejando a plena vista lo que cubría.
-Esto nos podría ayudar. –Dijo Levi con una gran sonrisa mientras
volvía a ver a Aiden.

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Un viejo Ford Mustang que a pesar de ser tan viejo estaba tan bien
cuidado que parecía recién sacado de la fábrica. Era hermoso, incluso
para una persona que no fuera amante de los autos como lo era Aiden.
-Genial, pero, ¿Dónde están las llaves? –Preguntó Aiden con la esperanza de que le dijera que ya las había encontrado.
-No tengo idea. –Dijo Levi mientras pasaba su mano por la carrocería
del auto como si estuviera acariciando a una mujer.- Espera. ¿Será? Entra.
Levi abrió la puerta del conductor y se sentó. Aiden estaba aún frente
al carro sin idea algún sobre que iba a hacer su amigo.
-Tu ve por atrás. –Gritó una voz de hombre del otro lado de la puerta
del granero.
Apenas escuchó eso, Aiden corrió hasta la puerta del pasajero y se me tió al carro. Con los ojos bien abiertos miraba a Levi fijamente sin parpadear, esperaba un truco de magia, un milagro, lo que fuera. Levi se metió
la mano en la bolsa del pantalón y sacó frente a Aiden la llave que había
conservado de aquella billetera.
-Ok estamos muertos. –Dijo Aiden con resignación, exhalando con
tristeza.
-Relájate. –Comentó Levi con una risa. –Esto nos va a sacar de aquí.
Estoy seguro.
-Si esa llave enciende este carro te juro que te compro uno igual. –
Respondió Aiden.
Un disparo contra el candado en la puerta del granero los hizo brincar
del susto. El sujeto movió la puerta pero la puerta aún estaba trabada. El
candado no había cedido con el primer balazo. Sin embargo la llave sí había entrado de una en el interruptor de ignición.

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Capítulo 6
Otro disparo terminó con la vida útil del candado. La llave dio vuelta dentro del cerrojo. El motor hizo notar su feroz presencia. Las puertas
del granero se abrieron, la luz invadió el lugar. Frente a ellos estaba aquel
hombre armado. El pie de Levi pisando el acelerador a fondo dejó escuchar los rugidos del Mustang. El tipo mostró grandes reflejos, saltó de
lado y evitó ser atropellado. Cuando los neumáticos tocaron la tierra seca
y las piedrillas sueltas, crearon una nube de polvo que no dejaba ver nada
detrás del vehículo.
-¿Izquierda o derecha? –Gritó Levi, con su mano izquierda en el volante, la derecha en la palanca de cambios y su mirada fija en el camino.
-¡Derecha! –Exclamó Aiden. –Sigamos hacia donde íbamos.

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Unos cuantos disparos se escucharon, sin embargo, el polvo y la velocidad de aceleración del Ford habían cortado cualquier imprevisto en la
fuga. El escandalo llamó la atención de todos. Justo antes de salir la propiedad Levi no controló bien el carro, por ir con la cabeza abajo golpeó el
costado derecho del carro con el portón, provocándole varios rasguños y
magullones al automóvil. Aiden volvió la vista hacia donde habían dejado
el otro carro, pudo apreciar otros dos vehículos cerca y un tipo abriendo
la puerta de uno de ellos desde afuera.
Con las cuatro llantas en el pavimento, el vehículo volvió a relucir su
capacidad de arranque. Un cuarto de milla fue dejado atrás en diez segundos, dejándolos a ambos pegados en sus asientos. Por el retrovisor solo se
distinguía un pequeño punto negro. El sujeto de negro apenas arrancaba
el carro en ese momento. Se estaban alejando, pero esos hombres no los
querían perder de vista de nuevo.
El paisaje seguía igual, sin desviaciones, rodeado de grandes lotes con
escasez de cultivo o vida. El camino después de ese trecho recto que habían avanzado mostraba curvas abiertas e inclinaciones del terreno ligeras, permitiendo que el carro no tuviera que frenar su velocidad en exceso. Aiden estaba asustado y sorprendido, se había puesto el cinturón de
seguridad. Nunca había sido fan de la velocidad, apenas era que le gustaba andar en bici y ahora se sentía como un pasajero de una carrera contrarreloj. Aun con el miedo del momento pudo notar las habilidades de su
conductor. Levi manejaba como un corredor profesional que se había dedicado a eso toda su vida. Derrapaba en las curvas para no perder ni un
segundo de ventaja, sabía con precisión cuando hacer los cambios, su rostro dejaba ver felicidad pero al mismo seriedad, como si estuviera emocionado en una competencia. Ambos bajaron las ventanas, dejando entrar
ráfagas de viento que refrescaron el interior del carro.
A pesar de la admiración por Levi frente al volante, Aiden no podía ignorar el hecho de que aún seguían al alcance de visión de sus perseguido -

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