Caja PDF

Comparta fácilmente sus documentos PDF con sus contactos, la web y las redes sociales.

Compartir un archivo PDF Gestor de archivos Caja de instrumento Buscar PDF Ayuda Contáctenos



alonso orozco .pdf



Nombre del archivo original: alonso_orozco_.pdf
Título: P
Autor: Computadora

Este documento en formato PDF 1.5 fue generado por Microsoft® Office Word 2007, y fue enviado en caja-pdf.es el 27/09/2015 a las 19:44, desde la dirección IP 95.121.x.x. La página de descarga de documentos ha sido vista 1540 veces.
Tamaño del archivo: 337 KB (53 páginas).
Privacidad: archivo público




Descargar el documento PDF









Vista previa del documento


P. ÁNGEL PEÑA O.A.R.

SAN ALONSO DE OROZCO
MÍSTICO Y SABIO

LIMA - PERÚ

1

SAN ALONSO DE OROZCO
MÍSTICO Y SABIO

Nihil Obstat
P. Ignacio Reinares
Vicario Provincial del Perú
Agustino Recoleto

Imprimatur
Mons. José Carmelo Martínez
Obispo de Cajamarca (Perú)

ÁNGEL PEÑA O.A.R
LIMA - PERÚ

2

ÍNDICE GENERAL

INTRODUCCIÓN

Infancia y juventud.
Vida religiosa.
Destinos y cargos.
Fundador de conventos.
El demonio.
Algunas virtudes a) Humildad
b) Obediencia, c) Castidad
d) Pobreza
Padre de los pobres.
Predicador real.
San Alonso escritor.
Amor a Jesús Eucaristía.
Amor a María.
Amistad con los ángeles.
Vida de oración.
Dones místicos.
San Alonso taumaturgo.
a) Sanación de enfermos, b) Milagros diversos
c) Resurrección de muertos
Última enfermedad y muerte.
Más milagros.
Traslación de su cuerpo.
Reflexiones.

CONCLUSIÓN

BIBLIOGRAFÍA

3

INTRODUCCIÓN

San Alonso de Orozco es un santo que, por su cercanía, amabilidad y santidad,
se hizo querer de todos los que lo conocieron. Fue la persona más querida de Madrid
entre 1561 y 1591, mientras fue predicador real de la Corte y vivía en el convento de
san Felipe el Real. Por eso, también le llamaban el santo de san Felipe.
Todos lo querían y todos lo buscaban, especialmente los pobres, para que los
ayudara. Y él nunca los despedía sin darles una ayuda material y un consuelo espiritual.
En el palacio real era siempre bienvenido y siempre acudían a él, cuando había
enfermos, para que les rezara los Evangelios, les impusiera las manos y orara por su
salud. Y Dios, por su intercesión, sanó muchos enfermos, incluso a príncipes y gente
noble, por su intercesión.
Por otra parte, su vida de austeridad y de oración constante le hizo merecer de
Dios gracias extraordinarias como él mismo relata en sus Confesiones y en el Memorial
de favores recibidos. Sus principales amores fueron Jesús Eucaristía, a quien veía
frecuentemente en la celebración de la misa, y la Virgen María. También fue un gran
predicador y un gran escritor, que recibió personalmente de la Virgen el encargo de
escribir.
Que el conocimiento de su vida ilumine nuestro camino y nos ayude a amar más
a Jesús Eucaristía y a María, nuestra Madre.

________________________________
Nota.- Las citas de los testigos están tomadas de la Información plenaria del proceso de beatificación del
beato de Orozco, preparada por el padre Luciano Rubio, Ediciones Escurialenses, Madrid, 1991.
También se toman de la Información Sumaria del proceso de beatificación, preparada por el
mismo padre Luciano en dos volúmenes, Ed. Escurialenses, Madrid, 1992.
Algunas veces, he cambiado algunas palabras del texto original del siglo XVI para que se
entienda mejor.

4

INFANCIA Y JUVENTUD
Por lo que se sabe, sus antepasados eran, al menos por parte de su padre, nobles
del Valle de Orozco en Vizcaya, de donde surge el apellido Orozco. Parece que al igual
que otros nobles vascos, ayudaron a los Reyes Católicos en la guerra contra los
musulmanes para conquistar el reino de Granada. Algunos de estos nobles se quedaron
definitivamente a vivir en Castilla y este parece ser el caso de su abuelo Hernando, que
se estableció en Oropesa (Toledo), ya que parece cierto que su padre nació en esta
misma ciudad.
Su familia era de cristianos viejos, es decir, no recién convertidos, y no tenían
mezcla de herejes, judíos o moros, algo muy importante en aquellos tiempos a la hora
de ocupar cargos públicos.
Nuestro santo nació en Oropesa el 10 de octubre del año 1500. Oropesa era una
histórica y bella ciudad que entonces pertenecía a la diócesis de Ávila y estaba
enclavada en un lugar estratégico con un castillo, cuyo gobernador había sido su abuelo
y después su padre. En tiempos pasados, Oropesa había sido una importante villa. En
1477 la reina Isabel I de Castilla, Isabel la Católica, le había concedido a Oropesa el
título de condado. En el Perú se fundó la Villa Rica de Oropesa, hoy llamada
Huancavelica, y en Bolivia, la actual Cochabamba, fue fundada en 1563 con el nombre
de Oropesa.
Entre sus más destacados hijos ilustres, además de nuestro santo, está Don
Francisco, que llegó a ser desde 1569 virrey del Perú; fray Alonso de Oropesa, monje
jerónimo, que en 1464 defendió a los judíos conversos de quienes querían perseguirlos,
y fray Diego de Oropesa, franciscano, misionero en México y Filipinas.
San Alonso, cuando ya tenía 80 años, escribió su libro Confesiones de este
pecador, fray Alonso de Orozco, en el que nos dice: Mi nacimiento fue en Oropesa,
reinando la muy católica reina Doña Isabel, de gloriosa memoria. Mi padre se llamó
Hernando de Orozco y mi madre María de Mena1.
Sobre su nacimiento, su madre le contó, cuando ya era religioso, lo siguiente:
Sabed, hijo, que estando yo preñada (embarazada) pensaba dentro de mí a qué santo os
ofrecería si fueras niño; o si nacieses niña a qué santa llamaría en vuestro favor y os
pondría su nombre... A dos hijos puse el nombre de su abuelo y de su padre, que se
decía Hernando, y todos me los llevó el Señor, siendo niños bautizados. Y, desde allí,
determiné de jamás poner los nombres por vía de linaje, sino de santos y santas. Y yo
una noche estaba despierta y suplicando a Nuestro Señor Jesucristo que me inspirase

1

Confesiones, Ed. Escurialenses, Edición preparada por el padre Luciano Rubio, El Escorial, 1990,
p. 3.

5

qué nombre de santo o de santa os pondría en el bautismo y oí una voz muy suave,
como de mujer, que me dijo: “¿Cómo le has de llamar sino Alonso?”.
Yo recibí esto con gran alegría, porque la benditísima Virgen María, a quien yo
invocaba por intercesora, me hubiese visitado y declarado la voluntad de su precioso
Hijo, nuestro Salvador Jesucristo. Y allí entendí dos cosas: la una que lo que había de
parir era varón y la otra que, pues el bienaventurado san Ildefonso fue tan celador de
la pureza virginal de esta Reina, que ella sería servida que yo os encaminase al estado
eclesiástico para que fueres capellán de esta Señora en el mundo. Por tanto, aun el día
de tu bautismo no consentí que llevaras paños labrados y dije así: “Este niño lo tengo
destinado para capellán de la Madre de Dios, Virgen Santísima. Por eso, quiero que
todo lo que lleve sea blanco”2.
Y él mismo añade: En tocando a la primera señal para alabar, Señor, a vuestra
santa Madre (rezo del angelus), ya caído el sol, comencé a nacer y, según me contó mi
madre, a la última señal que es la tercera, ya había nacido. ¡Oh Reina del cielo que en
esta hora bendita, cuando los cristianos os bendicen con la salutación angélica, naciese
vuestro indigno siervo! ¡Bendita seáis Vos y todas las naciones del mundo os bendiga!
Otra cosa que a todas las mujeres que allí estaban admiró, según me contó una
parienta mía religiosa, es que, en naciendo, abrí los ojos y estuve por buen espacio
mirando la luz de la candela. Y todas se espantaron, porque los niños traen la vista tan
delicada al nacer que por algunos días no abren los ojos3.
Nació, como él mismo dice, el jueves, víspera del glorioso san Lucas
evangelista. Era el más pequeño de cuatro hermanos: dos varones y dos mujeres. Antes
de su nacimiento, habían muerto otros dos hermanos. Y, por supuesto, sus padres siendo
buenos cristianos, educaron a todos en la fe católica con el ejemplo.
Nos cuenta, de cuando tenía unos cuatro años, lo siguiente: Aún no usaba razón
y hallé un cuchillo que tenía punta aguda y con todas mis fuerzas trabajaba por
hincármelo por el pecho, teniendo ya pasados algunos dobleces de la mantilla. Llegó
mi madre y me halló el rostro hecho una brasa de la fuerza que ponía sin saber lo que
hacía y ella, con gran tribulación, me quitó el cuchillo. ¿Quién, Soberano Señor, me
sacó de aquel peligro sino vuestra poderosa mano que no consintió que el cuchillo
pasase adelante?4.
Su educación católica y el ejemplo familiar dieron pronto sus frutos: Teniendo
seis años cumplidos, nos concertamos yo y otro niño de mi edad o poco más para que,
alzando en la misa el Santísimo Sacramento y estando de rodillas, prometiésemos de
seguir el estado eclesiástico y así lo hicimos5. Aunque esa promesa no era válida por ser
2
3
4
5

ib. pp. 27-28.
ib. p. 36.
ib. p. 42.
ib. p. 43.

6

tan pequeño, sin embargo ya podemos observar cómo la gracia de Dios iba trabajando
poderosamente en su alma desde su infancia.
Cuando tenía ocho años, sus padres, por problemas con el conde de Oropesa,
según parece, se trasladaron a Talavera de la Reina (Toledo) a cinco leguas de Oropesa.
Allí, Alonso comenzó a servir de monaguillo en la iglesia mayor o colegiata de la
ciudad. Estando en esta ciudad y teniendo diez años, corrió el peligro de ahogarse. Él
mismo lo cuenta:
Me fui al río y hallé nadando un mancebo. Me dijo, cuando salió del agua:
“Niño, no tengas miedo, entra más adelante, que bien puedes”. Yo le creí y, en
alargando el paso, me hundí, porque estaba hondo y me llevaba la corriente del agua
más adentro con la congoja de sentirme ahogar. Dieron gritos unas mujeres, que
lavaban paños, a este mancebo para que entrase a remediarme. Y trabando (agarrando)
de las haldas de mi sayo que andaban sobre el agua, me sacó de aquel peligro. Luego
en esa hora entró otro mancebo a nadar y en el mismo lugar se ahogó, avisado antes de
lo que a mí me había sucedido.
Oh Clemencia divina, ¿quién me dio de nuevo la vida sino Vos? Infinitas
gracias os doy que así vuestra bendita mano me libró. Allí gusté algo de lo que se
padece en la agonía de la muerte y en toda la vida no me olvidaré... Oh Señor, ¿qué
sentirá quien todo un día está agonizando? De esta consideración me aprovecharé toda
mi vida6.
De Talavera, con once años, sus padres lo enviaron a servir en el coro de la
iglesia mayor o catedral de Toledo. Allí formó parte de la escolanía que cantaba y
ayudaba en los actos litúrgicos de la catedral. Entre los 40 que formaban la escolanía
había, desde mediados del siglo XV, un reducido número de seis niños, escogidos entre
los demás. De ahí recibieron el nombre de seises como se les conoce. Nuestro santo
perteneció a ese grupo selecto.
Todo el grupo de cantores era especialmente seleccionado. Debían pertenecer a
familias de cristianos viejos y ser hijos de legítimo matrimonio. Debían tener entre siete
y trece años, y sólo podían permanecer en el coro como máximo siete años. Vestían
ropas y bonetes rojos. Y recibían una buena formación intelectual y musical a cargo de
sacerdotes preparados. En el caso de nuestro santo, podemos decir que desde aquí le
nació su afición por la música que le acompañó toda su vida. Además, sabemos que
tocaba el clavicordio con habilidad y también el armonio, pues en su vida religiosa,
cuando faltaba el organista, él le suplía.
En Toledo estuvo de seise tres años, desde los once a los catorce. A los catorce
años fue enviado por su padres a Salamanca a estudiar Derecho, donde ya estudiaba su
hermano mayor Francisco. Allí estuvo siete años, estudiando en la famosa universidad
6

ib. pp. 44-45.

7

de Salamanca. Allí estudió, además de Derecho, lo que en aquellos tiempos se llamaba
el trivium (Gramática, Dialéctica y Retórica) y el quadrivium (Aritmética, Geometría,
Astronomía y Música). Y, por supuesto, latín en que se daban estas materias.
Estando en Salamanca, quedó impactado, como muchos otros, por los excelentes
sermones de santo Tomás de Villanueva. Por ello, no es extraño que, al pensar en la
vida religiosa, pensara en ser agustino en el convento de san Agustín, donde era prior
santo Tomás de Villanueva, futuro arzobispo de Valencia. Él nos dice sobre su
vocación: Señor, me guiasteis a Salamanca, donde me tenías guardado un gran don y
tesoro. Mi hermano (Francisco) trató en el monasterio de san Agustín que le diesen el
hábito y no me dio parte en este negocio hasta que estaba ya recibido. Temía dar pena
a mis padres que no les quedaba hijo alguno para consuelo de su vejez. Diciéndome él
lo que había hecho, le oí de buena gana. Y pensando mucho en ello y llamando al Señor
que me enseñase su voluntad, me puse (imaginé) que estaba ya en una celda del
monasterio y hallé tanto contento en esta consideración que le dije: “Hermano,
negociemos también para mí que yo quiero ser religioso”.
Los padres (agustinos) con gran voluntad nos recibieron y sea loado vuestro
Nombre Señor de mi alma, que la víspera del Espíritu Santo... nos vistieron los hábitos.
¿Qué palabras, Señor, bastarán para daros alabanzas por esta merced? Grandes
habían sido las demás, porque de vuestra mano no hay don pequeño, pero este favor
muy adelante va7.
El padre Hernando de Rojas, que fue su confesor durante el último año de su
vida y lo conocía muy bien, dice en el escrito sobre su vida que antes de que se metiese
fraile, se le apareció nuestro padre san Agustín y le dijo en sueños que siguiese a su
hermano que ya había tomado el hábito de su Orden8.
Como vemos, san Agustín no estuvo ausente en su decisión y él siempre le tuvo
una especial devoción, considerándolo como un verdadero Padre. Cuando su hermano
trató de disuadirlo de entrar al convento para que sus padres tuvieran en quién apoyarse
en su vejez, él le respondió con una fe firme: Salvémonos nosotros, que de nuestros
padres cuidará Dios.
Recibió el hábito agustiniano, junto con su hermano, después de unos meses de
postulantado, el 8 de junio de 1522, a los 22 años de edad. Ese día entraba en el
noviciado y comenzaba una nueva etapa en su vida.

7
8

ib. p. 51.
Hernando de Rojas, Breve relación de la vida del venerable fray Alonso de Orozco, Información
Sumaria del proceso de Madrid, según la presentación de fray Agustín Fernández, p. 581. También
puede leerse en Revista agustiniana, Vol I, Valladolid, 1881.

8

VIDA RELIGIOSA
Dejado ya el mundo y vestido de este santo hábito, ¿con qué palabras
manifestaré los combates y asaltos que contra mí levantaba aquel envidioso Satanás,
enemigo vuestro? Unas veces, me representaba la libertad del siglo; otras veces, el
amor natural de mis padres y hermanas; otras finalmente, la soledad y aspereza de la
vida religiosa que había tomado, persuadiéndome que era imposible perseverar en vida
tan trabajosa. ¡Oh, cuántas veces estuve determinado ya a dejar la vida santa que
había comenzado! Mas con todos estos combates, Vos, mi Redentor, no me dejasteis de
vuestra mano y por vuestra gran bondad acabé el tiempo de mi probación9.
Verdad es Señor que en aquel tiempo de mi probación, según he dicho,
ordenándolo Vos, fui en gran manera combatido de diversas maneras de tentaciones,
pero juntamente, loado seáis Vos, sentí grandes consuelos y gustos de vuestra suavidad
con los cuales se podían llevar aquellos trabajos y aún otros mayores que me pudierais
enviar10.
Pero una gran prueba le esperaba. Aquel mi hermano, siendo novicio, cayó
enfermo de una postema en un pie, la cual le abrieron con una lanceta. De aquí sucedió
tanto trabajo que por más de un año padeció grandes dolores. Le dieron muchos
cauterios de fuego y con todos estos martirios no cesaba de alabar a vuestra Majestad.
Todos los religiosos daban gracias a Vos, mi Dios, viendo su paciencia y conformidad
con vuestra voluntad. Sintió mucho y más que la enfermedad ver que yo hacía la
profesión sin él. Finalmente, siendo novicio, le sacasteis de aquel tormento, llevándolo
a descansar a vuestro reino celestial. Mucho sentí su muerte, porque no sólo éramos
llamados juntos a la Orden sino porque, siendo yo más joven, me parecía quedarme
solo sin él... Señor, llevaste a descansar aquella alma bendita y dejaste acá a este
pecador desagradecido... Te suplico, Señor, que así como ordenaste que él partiese de
esta vida con tan santo fin, me deis a mí la gracia de serviros y que mi alma jamás se
aparte de Vos11.
Grande es la obligación que sobre mí tomé, cuando dedicándome a vuestro
servicio, Señor, hice estos tres votos y los firmé prometiendo pobreza, castidad y
obediencia12.
Y hablando desde la perspectiva de sus ochenta años, cuando escribe estas
Confesiones, afirma: Así como es esencial la pobreza voluntaria para la vida religiosa,
también lo es la castidad. Jamás pensé en cosa de casarme, teniendo siempre por norte
seguir a la Iglesia y lo que es más, y por lo que os doy infinitas gracias, que siempre me
guardaste de conocer mujer. Ojalá que este don se conserve en mí; porque, aunque soy
de ochenta años, no hay edad segura mientras se vive en la carne. Más porque el
9
10
11
12

Confesiones, o.c., p. 55.
ib. p. 64.
ib. pp. 67-68.
ib. p. 69.

9

combate de pensamientos suele ser inoportuno y peligroso en cualquier manera, que
Vos sabéis mejor que yo, que (quizás) no haya resistido presta y fuertemente, me acuso
y me pesa y por vuestra gran misericordia, perdonadme13.
También os doy, Señor, muchas gracias por haberme gobernado con la santa
obediencia y, si alguna vez, ordenándolo vuestros ministros, sentía pesadumbre en
aceptar cargos y en mudanza de largos caminos, al fin, peleando con mi voluntad,
sujetábame al yugo de la obediencia en la cual, Vos, bondad infinita, siempre me
fuisteis favorable; de modo que hallaba fuerzas donde yo no pensaba y, cuando
mandado por la obediencia, vine a la Corte a donde ha veintiséis años que resido,
alabo vuestra misericordia que tan sin merecerlo ni procurarlo, lo ordenó así. La santa
obediencia me puso en esta cruz. Suplico a vuestra misericordia que os sirváis de mí
siempre, en todo lo que hiciere, pensare y hablare14.
Nuestro santo hizo su profesión religiosa el 9 de junio de 1523. Su maestro de
novicios fue el venerable padre fray Luis de Montoya, que después fue el reformador de
la provincia de Portugal. Le dio la profesión el santo fray Tomás de Villanueva, prior
del convento. Por eso, en el acta de profesión firmaron estos tres santos: Alonso de
Orozco, Luis de Montoya y Tomás de Villanueva.
Para hacer la profesión, el mismo fray Alonso de Orozco escribió en latín de su
puño y letra, en el libro de profesiones, la fórmula siguiente:
Yo, fray Alonso de Orozco, hijo de Hernando de Orozco y de María de Mena, su
esposa, vecinos de Talavera, terminado el tiempo de probación, hago profesión
solemne, libre y voluntaria, y prometo obediencia a Dios omnipotente y a la Virgen
María Sacratísima, Nuestra Señora, y a nuestro bienaventurado padre san Agustín y a
ti, reverendo padre Tomás, Prior de este convento de Salamanca, en nombre y vez del
Prior general de los frailes ermitaños del mismo nuestro padre San Agustín y de sus
sucesores, y prometo también vivir sin nada propio y en castidad y en la obediencia de
las Reglas según la Regla de nuestro mismo padre San Agustín hasta la muerte. Y te
ruego a ti, reverendo padre Prior, que te dignes aceptar esta mi profesión y fortalecerla
y confirmarla con la autoridad y las oraciones tuyas y de los otros religiosos a fin de
que a mí se me conceda la paz en el presente y la gloria en el futuro. Amén. En fe de
todo lo cual suscribí aquí mi nombre en el año del Señor de mil quinientos veintitrés,
día noveno de junio.
Y vienen las firmas del Prior (Tomás de Villanueva), el maestro de novicios
(venerable Luis de Montoya) y del mismo Alonso de Orozco 15.
Después del noviciado y hecha la profesión de los votos, según afirma el padre
Hernando de Rojas, estudió artes y Teología en Salamanca y allí comenzó a predicar 16.
13
14
15

ib. p. 75.
ib. p. 79.
Tomado de la Información Sumaria de Salamanca pp. 739-740.

10

Siguió los estudios filosóficos y teológicos correspondientes para ser sacerdote. Estudió
lenguas bíblicas como hebreo, caldeo y griego. De ellas tenía buenos conocimientos
como puede apreciarse al leer sus Obras. También estudió Dogma, Moral y Sagrada
Escritura.
Durante el tiempo de estudiante, estudiaba mucho y con responsabilidad.
Normalmente estudiaba desde la salida de Maitines, a las dos de la mañana, hasta las
seis. Todo el resto del día, lo dedicaba a asistir a clases y a actos ordinarios de estudio
sin perder ninguna hora de rezar en el coro17.
Su paso como estudiante por Salamanca fue tan admirable que para reprender a
los estudiantes flojos, solían poner como ejemplo a nuestro santo. El padre Juan
Márquez, en la Vida que escribió del santo, afirma: Habían colocado en la escalera del
convento su retrato como ejemplo, y esto mientras él estaba vivo18.
Por otra parte, sabemos que ya desde sus tiempos de teólogo en Salamanca,
como dice fray Hernando de Rojas, comenzó a predicar, porque sentía dentro un celo
ardiente por la salvación de las almas que no lo dejaba callar.
Al concluir sus estudios, fue ordenado sacerdote en 1527. A partir de ese
momento, su principal ocupación de cada día será la celebración de la misa, antes de la
cual se confesaba todos los días para celebrarla lo más dignamente posible.
Él mismo nos dice: Subí al estado tan alto del sacerdocio, del cual se admiran
los espíritus celestiales, viendo que unos hombres mortales tengan tan admirable poder
de consagrar vuestro santísimo cuerpo y sangre y que encierren en su pecho al que no
cabe en el mundo19.

DESTINOS Y CARGOS
Los Superiores, después de ordenado sacerdote, lo enviaron a Haro (Rioja),
donde su principal obligación era dedicarse a la predicación, cargo que no todos los
sacerdotes podían ejercer, sino solamente aquellos que eran designados para ello.
De Haro fue enviado a Arenas (Ávila). Hacia 1534 fue destinado al convento de
Medina del Campo (Valladolid). De su estadía aquí nos dice en su Confesiones: Siendo
religioso y bien de treinta años, en nuestro monasterio de Medina del Campo estuve
desahuciado de los médicos y tan flaco que solamente podía mover un poco la cabeza.
Confieso, Señor mío, que casi no sentía la muerte por estar tan debilitado que ni aun

16
17
18
19

Información Sumaria de Salamanca.
Archivo agustiniano, vol LXXI, Nº 189, año 1987, pp. 26-27.
Juan Márquez, Vida del venerable fray Alonso de Orozco, Madrid, 1648, cap XVI, pp. 126-127.
Confesiones, p. 112.

11

los brazos podía alzar... Pero ordenó vuestra sabiduría darme la salud y, llegada la
víspera de san Agustín, sentí notable mejoría y fui convalecido 20.
Parece que esta enfermedad que se le repitió en otras oportunidades, fue la
llamada gota artética o artrítica que ataca a todas las articulaciones.
A partir del capítulo provincial de 1537, comienza a recibir nombramientos
como prior de distintas Comunidades o cargos provinciales. En ese capítulo fue
nombrado prior del convento de Soria, fundado ese mismo año. En 1540 fue nombrado
prior de Medina del Campo, donde ya había vivido. En 1541 fue convocado por el padre
general, junto con otros ocho religiosos, para participar en Toledo en una Junta especial
donde se realizó la unión de las provincias de Castilla y Andalucía. En un capítulo
provincial realizado en Dueñas, fue nombrado definidor provincial, es decir, miembro
del consejo de gobierno de la provincia; y, además, prior del convento de Sevilla.
También fue nombrado en este capítulo visitador oficial de Andalucía, es decir, superior
de las tres grandes zonas (o visitas) en que fue dividida la provincia de España de la
observancia. Y mientras estaba en Sevilla, comenzó a escribir y publicar libros,
manteniendo esta actividad el resto de su vida, tal como le había encargado la Virgen
como él mismo nos lo relata:
Morando en nuestro monasterio de Sevilla (1541-1545) y estando durmiendo, vi
en sueños, Señor, a vuestra purísima madre la Virgen María, la cual me dijo una sola
palabra: “Escribe”. Fue tan grande la alegría que sintió mi ánima que no lo podría
declarar por palabras. Su rostro era tan humilde y juntamente grave y los ojos bajos
que ahora, escribiendo eso, me parece que la veo; de tal suerte se imprimió en mi
corazón aquella dichosa vista. Con esta alegría desperté y dije: “Oh Reina de los
ángeles, te suplico que, si esta visión es verdadera, que me lo certifiques, si mandas que
escriba”. Tornando a dormir la misma noche, torné a verla y me dijo: “Escribe”...
Luego puse mano en escribir el libro del “Vergel de oración” y “Monte de
contemplación” y, tras éste, otros en romance (castellano) y otros en latín. Todo esto
escribí por mandato de vuestra Santísima madre, Señor... Suplico a vuestra Majestad
que esta doctrina sea escrita a vuestra gloria y para utilidad de las almas y también
para honra de vuestra gloriosa madre que por vuestra voluntad por dos veces me dijo:
Escribe21.
En Sevilla de nuevo le atacó la gota artética. Y afirma: Me afligió desde los
dedos de los pies hasta los hombros, y no hubo coyuntura que no padeciese gran
dolor... Por eso, cuando yo miro estas manos con que escribo estas Confesiones y las
conozco sanas, no puedo sino alabaros, pues por más de cuarenta días me vi sin
servirme de ellas, dándome a comer con mano ajena22.

20
21
22

Confesiones pp. 127-128.
Confesiones p. 83.
ib. p. 107.

12

También nos dice que en Sevilla consiguió la conversión de una mora. No
callaré, Señor mío, la gracia y merced que me hicisteis en Sevilla, ordenando que una
mora se convirtiese por medio de mis palabras, aunque pecador23.
Se trataba de una mora o musulmana, criada de Doña María de la Torre. Esta
señora cristiana fervorosa, había pedido a varios religiosos que hablasen a su criada para
ver si lograban convertirla, pero todo resultó inútil. Oyendo contar el caso fray Alonso
pidió que se la enviasen a él. Se la enviaron, le habló y se convirtió, haciéndose una
cristiana muy ejemplar 24.
En el capítulo celebrado en Arenas (Ávila) en 1545 fue nombrado prior de
Granada y, por segunda vez, visitador de Andalucía. Como tal, debía visitar los
conventos de Córdoba, Jaén, Badajoz, Jerez, Écija, Montilla, Antequera, Chipiona, Coin
y Güecija. Tenía responsabilidad también sobre cinco conventos de monjas: Córdoba,
Antequera, Don Benito, Jerez y Medina Sidonia. Además, debía visitar el convento de
varones de las islas Canarias. Por eso, tuvo que viajar por mar dos veces (ida y vuelta) a
las Canarias. Un viaje que, en aquellos tiempos, duraba unos trece días de navegación.
Estando de Superior en Granada tuvo otro grave problema de salud. Él nos dice:
En Granada tuve una gran enfermedad de la cual murieron dos religiosos de mi
convento25. No se sabe exactamente qué clase de enfermedad fue, pero al morir otros
dos religiosos, se suele suponer que fue alguna epidemia o enfermedad contagiosa.
En 1549, al terminar sus dos períodos de prior de Granada, deseó ir de misionero
a México. Llegó hasta las islas Canarias, pero tuvo que regresarse a España por el
rebrote de su gota artética que lo dejaba casi inválido.
Él mismo nos dice: Deseando yo pasar a México para ayudar en algo a los
padres de mi Orden que con tanto fruto predicaban a los indios vuestra santa Ley,
deseaba yo, y aún ahora deseo, gozar del gran fervor de morir mártir. Llegué a las islas
Canarias y, no mereciendo yo tal empresa, me tornasteis a humillar con la misma
enfermedad que ahora dije. ¡Oh secretos profundos! De tal manera me cortasteis el
hilo que los médicos, desconfiados de mi vida, dijeron que de ninguna manera debía
pasar adelante y que si entraba en el mar, no volvería aquella enfermedad la segunda
vez. De modo que, aún no del todo libre de los dolores, tuve que navegar para España.
¡Por todo seáis Vos alabado! Ya son más de treinta años que no he sentido ningún
rastro de aquella enfermedad26.
El padre provincial le escribía sobre esto al vicario de México en carta del 25 de
junio de 1550: El padre fray Alonso de Orozco fue al puerto de la Gomera y estuvo allí
23

24
25
26

Historia de la conversión de una mora, Información Sumaria del proceso de beatificación, Ed.
Escurialenses, 1991.
Información Sumaria, p. 726.
Confesiones p. 83.
Confesiones p. 108.

13

esperando muchos días, donde le dio una enfermedad tan grave que pensamos no
viviera y hasta hoy no está sano y todos los médicos dicen que si entra en el mar morirá
en ella y por ello nos ha parecido que no pase allá27.
Al regresar a la península, fue destinado al convento de Montilla y de allí al de
Valladolid. Viviendo en Valladolid, fue designado predicador real por cédula del 13 de
marzo de 1554. Era entonces confesor de la princesa regente Doña Juana, infanta de
Castilla y princesa de Portugal, quien lo propuso al emperador Carlos V para este
nombramiento.
En el capítulo provincial de 1554, fue nombrado nuevamente prior del convento
de Valladolid y segundo definidor provincial. En 1557 tuvo que presidir el capítulo
provincial, celebrado en Dueñas en 1557. Pero ya no recibirá más nombramientos en la
Orden por estar exento y tener que dedicarse a su condición de predicador real. En 1559
tuvo que desplazarse a Toledo donde se cambió la Corte y en 1561 fue a Madrid, donde
el rey Felipe II trasladó definitivamente la Corte real.
Cuando ya tenía 90 años, será prior de la incipiente comunidad del Colegio de
doña María de Aragón en Madrid. Desempeñó su cargo un año y, a los pocos meses de
dejar el cargo, murió en ese mismo Colegio, que era lugar de estudios o Seminario para
los que se preparaban para el sacerdocio.

FUNDADOR DE CONVENTOS
Otro aspecto importante de la vida de nuestro santo es el de fundador de
conventos. Estaba tan convencido del valor de la vida religiosa que la difundió
fundando cinco conventos. En 1566 fundó el convento de varones de Talavera de la
Reina. Este convento, en 1588, fue designado por el capítulo provincial de Castilla
como sede de la vida reformada que dio origen a la futura Orden de agustinos recoletos.
En 1569 fundó en la calle Atocha de Madrid el convento de agustinas
contemplativas de santa María Magdalena. Actualmente, este convento tiene su sede en
la calle Granja de Madrid, donde se conservan los restos mortales de san Alonso de
Orozco, expuestos a la veneración del público. En 1575 fundó en Talavera de la Reina
el convento de san Ildefonso para monjas agustinas. A esta Comunidad, muy necesitada,
le daba el santo la tercera parte de su sueldo de predicador real con permiso de sus
Superiores. En 1588, en la víspera de Navidad, se cerró la clausura del convento de la
Visitación de las agustinas recoletas, fundado por nuestro santo en la calle Príncipe de
Madrid. Actualmente, este convento se encuentra en la calle santa Isabel. Y el último
convento fue el de la Encarnación o Colegio de Doña María de Aragón. El santo
encaminó esta fundación para que fuera, no convento estrictamente, sino Colegio, es
decir, un convento destinado al estudio teológico para la formación de sacerdotes y
27

Carta del archivo histórico hispano-agustiniano, XVI (1921) 217.

14

predicadores de la Orden. A este Colegio se trasladó él en 1590 como prior del mismo,
con un grupo reducido de religiosos.
Este Colegio o Seminario era propiedad de Doña María de Córdoba y Aragón,
dama de honor de la reina Doña Ana de Austria, cuarta esposa del rey Felipe II. Doña
María llevaba una vida ejemplar y recogida dentro del palacio. Tenía hecho voto de
castidad desde muy joven y debajo de sus ricos vestidos ocultaba un áspero cilicio que
llevaba ceñido a las carnes. Ella admiraba al padre Orozco, quien era su director
espiritual, y decidió gastar su herencia en un nuevo convento dedicado a centro de
estudios.

EL DEMONIO
El demonio no podía permanecer indiferente ante tanta santidad que llevaba
muchas almas al cielo. Por eso, con el permiso de Dios, le tentaba y le hacía sufrir,
porque quiso desanimarlo, quitarle la paciencia y hacerle pecar. Pero él supo vencer
siempre a este enemigo que frecuentemente se le aparecía de modo visible en diferentes
formas.
Él nos habla de la guerra sin cuartel que tuvo que soportar durante 30 años. Dice
así: Oh Salvador del mundo, ¿cómo podré yo manifestar la guerra tan trabada que mi
ánima padeció casi treinta años? ¡Qué blasfemias decía aquel padre de mentiras,
Satanás, aullando a mis oídos!... ¿Qué eran sino bramidos de este león rabioso cada
tentación contra la fe con que molestaba mi alma sin cesar noche y día? No me dejaba
comer bocado sin escrúpulo ni beber un poco de agua teniendo sed. ¡Cuántas veces,
entrando en la celda, volví la cabeza, pareciéndome que le oía hablar, pero no podía
ver cosa alguna!
En dos tiempos callaba este perro importuno, mandándoselo Vos, Señor, y era
cuando me confesaba para celebrar y en el santo altar diciendo misa. ¡Bendita sea
vuestra misericordia que entonces había reposo y se hacían como treguas! Por lo cual,
no poco se gozaba mi alma, dando gracias a vuestra Majestad que en tiempos tan
santos no dabais lugar a que ladrase aquel perro infernal. Pero después de haber dado
gracias por aquel admirable tesoro que yo había encerrado en mi pecho, vuestro
Santísimo cuerpo y sangre, luego era conmigo y con la braveza de antes, y me
perseguía y me atormentaba... Sea vuestro nombre santificado que ya hace más de
veinte años que aquellos bramidos por vuestra gran misericordia cesaron, sintiendo
una serenidad y paz que sólo vuestra mano la pudo obrar28.
Las fuertes tentaciones del demonio consistían, especialmente, en tentaciones de
blasfemias, como si una fuerza irresistible quisiera hacerle decir tales blasfemias que el
demonio ponía en su mente; tentaciones contra la fe, haciéndole dudar de las verdades
28

Confesiones p. 87.

15

fundamentales; y tentaciones de escrúpulos, viendo pecado en cosas pequeñas, incluso
en el comer o beber un poco más o un poco menos.
El padre Hernando de Rojas nos dice en su Vida del santo: Habiendo sido por
espacio de treinta años afligidísimo de escrúpulos y habiendo rogado a Dios por
intercesión de su Madre que le liberase de ellos, una noche viniendo de Maitines a la
celda, oyó grandes aullidos de perros y una voz muy blanda que le dijo: “Alonso,
vencidos van”. Y, desde entonces, decía nuestro padre fray Alonso de Orozco que vivía
como en el cielo, con gran quietud y sosiego de conciencia29.
El padre Francisco Sánchez, capellán real, declara que era pública voz y fama
que el demonio traía continuas guerras y disensiones con el dicho santo Orozco por
reducirle a que pecase alguna vez, no solamente con visiones interiores sino exteriores,
apareciéndosele en varias formas para aterrorizarle e impedirle sus ejercicios santos,
de los que salía siempre victorioso 30.
El padre Juan de Herrera, que vivió con él y fue su confidente, informa en el
Proceso: Fue grande la guerra que el demonio le hacía, apareciéndosele muchas veces.
Una vez, matando (apagando) la luz. Otras, apareciéndosele en diversas figuras para
atormentarlo y espantarlo. Otras veces, escondiéndole algunas cosas. Una tarde,
estando este testigo con él en su celda, estaba el siervo de Dios dándole algunos buenos
consejos de los muchos que le dio y el siervo de Dios estaba sentado en una silla baja
de costillas. Tenía unas tijeras en la mano, las cuales se le cayeron al suelo.
Este testigo, al punto, se bajó por ellas y el mismo siervo de Dios también y,
aunque el uno y el otro las buscaron, no hubo remedio que las tijeras apareciesen,
habiendo dado golpes en el suelo. Yo no hacía más que decir: “Válgame Dios, ¿qué se
han hecho estas tijeras?”. Y, como no las hallásemos, me dijo el siervo de Dios: “¡Qué
de veces me hace de éstas el demonio!”. Por donde colegí yo que muchas veces le debía
esconder las cosas por ver si le procuraba provocar alguna insolencia o impaciencia. Y
tuvo tan gran odio con él que nunca le dejaba, si no era para decir misa o cuando se
confesaba. Tenía de ordinario en su celda agua bendita; sin duda para con ella
liberarse del demonio, porque fue el siervo de Dios grandemente devoto de las
ceremonias sagradas de la Iglesia. Y teníanle ya cobrado tanto temor los demonios que
huían de él en oyendo nombrar el nombre de Orozco. Una noche, al venir de Maitines
los novicios, lo vieron en pie, en el aire, entre dos leones. Y debe ser alabado Nuestro
Dios que en tantas tribulaciones y tentaciones, nunca permitió que su siervo fuese del
demonio vencido31.
Fray Luis de los Ríos declara que muchas veces, cuando iba a tañer a Maitines
siendo mozo, estando en el coro el dicho padre Orozco, oía en el coro aullidos de gatos
29

30
31

Hernando de Rojas, Relación de la vida del venerable fray Alonso de Orozco, o.c., en revista
agustuniana, vol I, p. 88.
Información Sumaria de Madrid, p. 309.
Información Plenaria p. 249.

16

más grandes que los ordinarios y, otras veces, estruendo. Una noche vio salir un gato
más grande de lo ordinario y le dejó a este testigo lleno de miedo y espanto, tanto que
no quería volver a tañer a Maitines, diciendo que eran duendes... Pero el dicho santo
Orozco, una mañana, después de muchos días de esto, cuando se entró en Prima, tenía
toda la cara encardenalada, tanto que todos repararon en ello y se lo dijeron. No se
pudo saber qué había sido, porque decía que el tiempo lo causaba, porque hacía mucho
frío. Pero los moratones o cardenales eran muy grandes y todos juzgaron que era algún
mal tratamiento del demonio32.
De todos modos, lo importante es saber que siempre salió victorioso y que tantos
ataques del demonio le dieron ocasión de ofrecer sus sufrimientos por la salvación de
las almas.

ALGUNAS VIRTUDES
San Alonso de Orozco, como todos los santos, brilló en todas las virtudes, pero
en algunas de modo particular.
a) HUMILDAD
Todos los que lo conocieron nos hablan de su gran humildad. Francisco López
Salgado atestigua haber oído a personas graves de su Orden que en cierta ocasión le
había dado un religioso un bofetón y que él se había hincado de rodillas y le pidió que
le diese otro sin que se hubiera metido en cólera ni hubiese hablado alguna palabra
pesada ni quejándose del que se la dio; lo cual había admirado a los que lo habían
visto33.
Don Alonso Laso de la Vega refiere que un día, haciéndose una santa procesión
en esta Corte, en la cual iba el dicho siervo de Dios, como la gente lo viese, movida del
Espíritu Santo, se fue para él a besar su mano y los hábitos; a lo cual concurrió tanta
multitud de gente que no podía pasar adelante la procesión. Viendo el dicho padre lo
que pasaba, despreciando el mundo y las vanidades y huyendo de la vanagloria,
santiguándose y haciéndose la señal de la cruz y diciendo muchas veces: Jesús, Jesús,
se salió de la procesión y se fue a su convento34.
Fray Juan de Chávez, secretario provincial, informa en el Proceso: Resplandecía
en la humildad. En razón de esto, lo vio este testigo llamarse así mismo bestia. En
particular, una vez que le envió Doña Ana Manrique unos lenzuelos de Holanda y
tocadores de los mismos, y vino el bendito padre a este testigo y se lo dio, diciéndole:
“Tomad esto, sírvase de ello, que yo no sé para qué se envía esto a una bestia como
yo”... Y habiendo sucedido a este testigo cortarse un dedo, en ocasión que lo vio el
32
33
34

Información Sumaria de Madrid.
Información plenaria, p. 155.
Información plenaria, p. 167.

17

bendito fray Alonso de Orozco, fue el susodicho con gran prisa a su celda y sacó una
redomita de bálsamo, porque este remedio y otros muchos tenía para emplearlos en
ocasiones de caridad al prójimo, y se lo puso en la cortadura y lo curó con él. Y de allí
a algunos días, sucedió que el bendito padre Orozco se cortó también un dedo y
diciendo este testigo: “Vamos por el bálsamo”, le respondió, riéndose el bendito padre:
“El bálsamo es remedio para hombres, pero para esta bestia, como yo, basta un poco
de tierra”, y diciendo esto, bajó al suelo y tomando un poco de tierra se la puso en la
herida35.
En otra oportunidad en que tenía mucho dolor de cabeza, mandó que trajesen a
algunos pobres de la portería. Vinieron tres. Los recibió como a las tres personas de la
Santísima Trinidad y, dando por su venida grandes gracias a Nuestro Señor, les pidió
que le hiciesen la caridad de ponerle cada uno las manos en la cabeza para que
Nuestro Señor le quitase el mal que tenía. Rehusaron mucho, porque sabían la
autoridad y gravedad de su persona. Pero les rogó tanto que se rindieron a hacerlo. Y
uno de ellos tenía las manos asquerosísimas y así, con esas manos, como con las de los
demás, se refregó la cabeza y la cara en acto de gran humildad36.
El mismo padre Juan de Herrera declara: La mayor injuria que le podían hacer
era que le llamasen santo y, delante de mí que lo oyó algunas veces, se ponía muy
colorado como si le hubiesen hecho algún gran agravio 37.
Era tan humilde y sencillo que siempre buscaba el último lugar, no quería
preferencias. A veces, se acercaba a la cocina para ayudar. En algunas ocasiones, le
vieron limpiar hasta los servicios higiénicos y, por supuesto, su celda la barría él mismo,
procurando dar el mínimo trabajo a los demás. Siempre atento a las necesidades de los
demás, visitándolos, si estaban enfermos, y colaborando en la casa en todo lo que podía.

b) OBEDIENCIA
Él mismo dice en su Confesiones: Con la santa obediencia me he gobernado y,
si algunas veces ordenándolo vuestros ministros, sentía pesadumbre en aceptar cargos
y en mudanza de largos caminos, al fin, peleando con mi voluntad, sujetábame al yugo
de la obediencia en la cual Vos, bondad infinita, siempre me fuisteis favorable, de
suerte que hallaba fuerzas a donde yo no pensaba... La santa obediencia me puso en
esta cruz (de predicador real). Suplico a vuestra misericordia que os sirváis de mí
siempre en todo lo que hiciere, pensare y hablare38.
El padre Juan de Herrera relata: Un día, predicando del glorioso san José, le
quiso alabar mucho por ser tan obediente a su Criador y guardando su Ley con tanta
35
36
37
38

Información Sumaria de Toledo, p. 1204.
Juan de Herrera, Información plenaria, p. 255.
ib. p. 247.
Confesiones, pp. 78-79.

18

puntualidad y, por eso, había merecido que el mismo Dios estuviese sujeto a él,
diciendo grandes alabanzas de la obediencia que había tenido a Dios, y dijo: “Yo
confieso de mí que soy tan amigo de la obediencia que si en el cielo no la hubiera de
haber, no quisiera ir allá”. Y no solamente fue obediente a sus prelados, que al rey
Felipe fue obedientísimo pues deseando mucho dejar la Corte, no podía dejarla sin
licencia del rey, que nunca se la quiso dar. Y no se mudó de la Corte por obedecer 39.

c) CASTIDAD
Es una virtud que la guardó con especial delicadeza. El padre Juan de Herrera
recuerda: Tenía un modo singularísimo de mirar a las mujeres, a quienes jamás miraba
al rostro, sino siempre estaba mirando al suelo o hacia otra parte y siempre guardando
la costumbre que tenía de hablar con pocas palabras y muy necesarias. Mi madre que
está en el cielo, un día de cuaresma trajo a otra hermanita mía y a mí con ella y no
éramos de seis años cumplidos y le preguntó que cómo habíamos de ayunar. El siervo
de Dios dijo que solamente habíamos de comer una sola vez al día y mi madre dijo:
“¿Cómo, padre, ha de ser eso?”. Dijo el siervo de Dios: “Desde que amanece hasta
que anochece. A los niños dejadles comer”. Y diciendo esto, nuestra hermanita lo
llamó. Y el siervo de Dios se abajó para ver lo que quería. Y ella se empinó y le dio un
beso en un carrillo. Y el siervo de Dios se puso más colorado que la grana como si le
hubiera sucedido con alguna mujer grande 40. Y aunque siempre se guardó de conocer
mujer, y tenía ochenta años, confesaba que no había edad segura, mientras vive la
carne. Fue nuestro siervo de Dios virgen toda su vida y no sólo lo fue en el cuerpo sino
en el alma41.

d) POBREZA
Su voto de pobreza lo vivía de muchas maneras. Primero, trabajando para
ganarse el pan, como Prior de distintos conventos. Después, tratando de ahorrar al
máximo y no hacer gastos superfluos. Y, sobre todo, llevando una vida de
mortificaciones y penitencias que era la admiración de cuantos lo conocían.
El padre Juan de Herrera declara: Los hábitos que traía siempre fueron del paño
más tosco y más barato que hallaba, en tal grado que, enviándole un día el rey Felipe II
con su limosnero mayor dos mil ducados y dos piezas de paño, una blanca y otra negra,
porque no quería que anduviese en tan ruines hábitos como andaba, no hubo remedio
que tomase del dinero más de 300 reales, diciendo que los debía por zapatos y
vestidillos que había dado a los niños. Y el paño no lo quiso recibir porque era muy
bueno... No tuvo criado, no anduvo en litera ni en coche y guardó este modo de vivir
39
40
41

Información plenaria, p. 250.
ib. p. 253.
ib. p. 254.

19

hasta su muerte, siendo verdadero ejemplo de la pobreza evangélica, no tomando nada
más que lo muy precisamente necesario 42.
En cuanto a la comida, ayunaba tres veces por semana y no cenaba. Monseñor
Francisco Maldonado, obispo electo de Siria, agustino, declara en el Proceso que,
siendo novicio, le mandó el Superior que acudiese a su celda a servirle; y cotejando
(comparando) lo que le traía con lo que los porteros decían que daba a los pobres de
limosna, juzgaba este testigo que sólo comía una escudilla de caldo y unas zanahorias
que le traían por la noche para hacer colación, y que guardaba para el otro día. Y lo
sabe este testigo, porque, habiéndoselas traído, le dijo: “Estas serán muy buenas para
mañana”43.
Un día que el siervo de Dios estuvo muy malo, día de los prohibidos por la
Iglesia de comer carne, una señora devota suya hizo buscar una gallina muy linda y la
hizo aderezar muy bien; y con otros regalos la envío al Padre Prior del convento,
rogándole que le mandase que comiese de allí el padre Orozco. Y como la gallina
oliese tan bien, mandó el Superior que se destapase y la vio él y los religiosos que allí
estaban, que era muy linda y estaba muy bien aderezada. Y mandó el Prior a un
religioso que fuese con ella y que le mandaba que comiese de la dicha gallina y cuando
fue destapada, la hallaron llena de gusanos por fuera y por dentro, cosa que a todos
admiró cómo desde la celda del Prior hasta la suya se hubiese llenado de aquellos
gusanos44.
En cuanto a la comida, declara fray Hernando de Camargo: Sabe este testigo que
el dicho bendito padre Orozco daba todos los días más de la mitad de la pitanza
(comida) a los pobres, porque no comía más que una sola vez al día y tan poco que al
portero del convento que daba limosna a los pobres, le oyó decir este testigo que el
dicho bendito padre Orozco no comía, porque todos los días daba casi toda la pitanza
para los pobres; y a la noche no cenaba45.
Su celda era la más pequeña, más pobre y más humilde de san Felipe y tanto
que a ningún donado (hermano lego) se le diera. El ornato de su celda era conforme a
los padres del desierto: una cama de tablas, un colchoncito de dos dedos y una manta
vieja de sayal y muchos sarmientos, donde debía dormir 46. Fray Luis de los Ríos añade
que, por cabecera, tenía una piedra47.
Sobre su celda nos informa también fray Juan de Chávez, diciendo que era
paupérrima sin ornato alguno, porque lo que tenía en ella era una mesa desnuda con
un estante de libros encima y una silla de costilla y una arquita pequeña con ungüentos
42
43
44
45
46
47

ib. p. 252.
Información plenaria, p. 181.
Francisco López, Información plenaria, p. 154.
Información Sumaria del proceso de beatificación.
Francisco López, Información plenaria, p. 157.
Información Sumaria de Madrid.

20

y bálsamos para curar la roña de los niños que encontraba por la calle y los traía a su
celda para lavarlos, limpiarlos, cortarles el pelo, calzarlos y vestirlos; y una alcobita
muy pequeña con un anjeo (lienzo basto) que cubría la cama. Este testigo alzó el anjeo
por curiosidad para ver la cama y vio sólo un jergón en el suelo con una manta blanca
encima48 .Podemos decir que san Alonso de Orozco fue un religioso ejemplar. Vivió sus
votos con seriedad y fidelidad. Además, le agradaba vivir entre sus hermanos,
asistiendo el primero a todos los actos de Comunidad. Amaba la vida comunitaria y era
sencillo y amigo de todos.

PADRE DE LOS POBRES
Los pobres eran sus predilectos, sobre todo si estaban enfermos o en la cárcel.
Alonso Laso de la Vega nos atestigua: El ejercicio cotidiano del siervo de Dios fue
acudir a las necesidades de sus prójimos, visitar a los enfermos y decirles los santos
Evangelios, acudir a las cárceles y sacar a los presos de ellos (a los que estaban por no
poder pagar deudas), dar muchas veces zapatillos y calzas a los niños pobres. Jamás
llegó ningún necesitado a él que no le socorriese, si podía socorrer con efecto su
necesidad. Todos los que lo conocieron, son buenos testigos de esta virtud49.
Tenía costumbre de visitar cada semana todos los hospitales. El orden que tenía
era que el compañero llevaba una cestilla en la mano. Íbanse a casa de un caballero y
llenábanla de regalos y dulces. El siervo de Dios llevaba muchos papelicos entre las
manos, porque era muy amigo de dar una limosna y de que no se viese. Y entrando en
algún hospital, se hincaba de rodillas e iba diciendo a cada pobre en particular los
Evangelios (orando por su salud) y le daba algún regalo y un papelico con la limosna y
limpiaba las camisas. Después, iba al segundo pobre y hacía lo mismo y después a los
demás50.
Era tanto el amor que tenía a los pobres que un día de invierno le topó en la
calle Mayor un pobre desnudo y sin camisa. Lo tomó de la mano y lo llevó a su celda. Y
el pobre salió de su celda vestido y con zapatos nuevos, y se volvió así vestido por toda
la calle Mayor y con un gran envoltorio debajo de sus brazos, pues el siervo de Dios le
debió dar alguna cosa para que se mudase. Daba mucha cantidad de zapatos y camisas
cada año a los pobres y, en particular, a los niños. Salía a la portería del convento y
decía: “Estos zapatillos son buenos para ti; éstos para otro”. Y estos zapatillos daba a
los niños en amor del niño Jesús, de quien era devotísimo51.
En una ocasión, en que no tenía nada que dar a una mujer pobre, entró en su
habitación y se cortó dos pedazos de su hábito y le dio aquel trozo de tela a la mujer.
Después, él mismo se cosió el resto del hábito y salió como metido en un saco estrecho.
48
49
50
51

Información Sumaria de Toledo.
Información plenaria, p. 166.
Juan de Herrera, Información plenaria, p. 229.
ib. p. 230.

21

Y el padre Prior fray Gabriel Pinelo lo reprendió y le dijo que, cuando no tuviera qué
dar a los pobres, que lo pidiera a la Comunidad y se lo daría. Otra vez, a un pobre que
iba descalzo, le dio su propio calzado, según atestigua Francisco Gutiérrez.
Francisco López Delgado declara: A este testigo la mayoría de los sábados el
dicho santo Orozco le daba dineros para que fuese a las cárceles de esta Villa y sacase
a los presos que estaban detenidos por las costas (deudas). Y enviaba a este testigo a
muchas casas principales de esta Corte con unos billeticos suyos por los cuales pedía
algunas limosnas para hacer el bien a los pobres. Y asimismo le hizo pedir a este
testigo muchos años limosna en la iglesia de san Felipe para gente principal pobre y
pobres vergonzantes, que acudían siempre a él para ser remediados. Y las limosnas que
se conseguían en la dicha iglesia, las daba el santo por mano de este testigo52.
Don Alonso Laso de la Vega, alcalde de Madrid, refiere: Estaban en la cárcel de
la Corte cuatro o cinco hombres presos por haber cazado en tiempo de veda y enviaron
a decir al padre Alonso que los socorriese con cien ducados. Él fue a suplicarle al rey
Felipe II que le hiciese la merced de darle los cien ducados. Al llegar a la cárcel, le
dijeron que la multa era de 400 reales.
El siervo de Dios fue a la casa del Maestro de la Cámara y le suplicó que le
diese aquellos 400 reales que faltaban para sacar a los presos, pero él respondió que
no tenía monedas en la caja. El siervo de Dios le respondió que mirase donde tenía
unos escritorios, lo cual negaba el Maestro de Cámara, diciendo que nunca había
puesto dinero alguno en ningún escritorio. Pero, abierto un escritorio, le dijo el padre
Orozco que abriese la gabeta y halló unos papeles. Entonces, le pidió que metiera la
mano. Al hacerlo, sacó unos reales de a ocho y otros de a cuatro que contados eran 400
reales cabales. Y el dicho Maestro de Cámara comenzó a decir que era uno de los
grandes milagros que había visto, porque él nunca había puesto dinero en dicha
gabeta. El siervo de Dios le dijo que se había olvidado y que pusiese en sus libros
aquellos 400 reales a su cuenta53.
Otro día hizo una colecta para remediar necesidades en Galicia. Declara fray
Miguel de Avendaño que sabiendo que en el Reino de Galicia había necesidad y
hambre por falta que había habido de los frutos en aquella tierra... el bendito padre
Orozco, con ser de cerca de noventa años, se encargó y tomó en cuenta pedir limosnas
por la Corte, por las casas de los señores y gentes que podían dárselas, sin parar en el
trabajo que había de padecer y consiguió más de cinco mil ducados, los cuales
enviaron al dicho reino de Galicia para remediar a aquella gente pobre que estaba ya
para perecer de hambre y para desamparar sus tierras y sus casas. Y con aquella tan
franca limosna que el bendito padre allegó, quedó todo remediado54.

52
53
54

Información Sumaria de Madrid.
Información plenaria, p. 170.
Información Sumaria de Toledo.

22

Francisco Sedano afirma: Un día, viendo llorar a un niño que halló solo en la
calle Mayor, lo tomó de la mano y lo llevó desde la puerta de Guadalajara hasta la
casa del Oidor Juan Mayor, que vivía enfrente de santa Catalina de los Donados, y se
lo entregó a Doña Brianda Pimentel, la cual tenía muchos hijos, y le dijo: “Oh señora,
qué buen día traigo a vuestra Merced, pues viene el niño Jesús helado de frío para que
le abrigue con lo que sobra a tantos niños como vuestra Merced tiene”. Y la señora,
que era muy limosnera y caritativa, le regaló con grande alegría y le vistió y lo calzó55.
A su celda del convento de san Felipe acudía toda clase de gente, sobre todo
cuando estaba enfermo. El rey lo visitó alguna vez. En una ocasión, fue en compañía de
las infantas Isabel Clara Eugenia y Catalina Micaela y el príncipe Felipe. También lo
solía visitar de vez en cuando el cardenal Grambela, el cardenal arzobispo de Toledo
Don Gaspar de Quiroga y el nuncio apostólico, y muchas personas nobles; pero todos
los días lo buscaba la gente pobre para pedir ayuda. Y nadie se iba sin recibir algo de su
mano. A veces, hasta hacía milagros extraordinarios para poder ayudar.
El padre Juan de Herrera certifica que un día vino una mujer a ver al siervo de
Dios con un niño en los brazos a pedirle limosna. Él le dijo: “Aguarde, voy a ver si
tengo algo”. Vino a la celda y no halló cosa alguna. Se fue a la cocina y halló en una
mesa un cuarto de carnero y dos panes. Los tomó y el cuarto de carnero lo trajo debajo
del escapulario y lo sacó en la portería y se lo dio a la pobre, volviéndose a la celda. El
cocinero vino a su cocina y mirando por el cuarto de carnero y los dos panes que había
dejado sobre la mesa, no los halló. Preguntando a los mozos de cocina quién había
entrado en la cocina, le dijeron que el siervo de Dios fray Alonso de Orozco. Fue a su
celda y le dijo: “Padre, ¿acaso ha entrado en la cocina?”. Y respondió: “Váyase,
hermano, que Dios lo proveerá todo”.
Y entrando en la cocina, halló su cuarto de carnero y sus dos panes en la mesa,
donde los había dejado. Salió luego al claustro y daba voces diciendo a todos el gran
milagro que el siervo de Dios había hecho56.
Su sensibilidad ante la pobreza ajena la manifiesta en uno de sus escritos. ¡Oh
mi buen Jesús, si pudiese yo poner mesa a todos los pobres por vuestro santísimo amor!
¡Oh Señor, si visitase todos los hospitales y sirviese a los enfermos, rescatase a los
cautivos, vistiese a los pobres y desnudos, aposentase a los peregrinos y diese sepultura
a todos los que son difuntos! ¡Cuán dichosa sería mi alma, Señor, si aconsejase y
enseñase a todos el camino del cielo!57.

55
56
57

Información Sumaria de Granada.
Información plenaria, p. 272.
Regla de vida cristiana, ejercitatorio espiritual, en Obras, Ed. BAC, I, 318.

23

PREDICADOR REAL
Aceptó este cargo por imposición del provincial en 1554, cuando la Corte real
estaba en Valladolid y él era prior del convento de Valladolid. En 1559, tuvo que
trasladarse a Toledo, adonde se trasladó el rey con toda su Corte, y en 1561 se trasladó a
Madrid, donde Felipe II había establecido definitivamente la residencia real. En Madrid
se alojó en el convento que estaba en plena Puerta del Sol, que se había construido en
honor del príncipe (futuro rey Felipe II), que apoyó esta fundación. Por eso, se le
conocía como convento de san Felipe el Real, y había sido inaugurado en 1547.
Pero él renunció a todos los privilegios que podía tener como predicador real.
Renunció a ellos públicamente en el capítulo provincial de 1557, porque, según dijo,
prefería la obediencia religiosa a todos los cetros del mundo 58.
Los privilegios a los que podía haber tenido derecho eran: poder decidir
libremente sobre sus ingresos, no estar sometido al rigor de los horarios del convento
para ir a la oración, disponer de un ayudante y de una caballería para sus
desplazamientos, viajar en litera o coche y tener libertad de movimiento, sin necesitar el
permiso del Superior.
Su sueldo, con permiso de los Superiores, lo distribuía en tres partes: una para su
convento de san Felipe, otra para el convento de monjas de Talavera de la Reina, que
era muy pobre; y otra para socorrer a los pobres.
Predicadores reales había otros muchos y de distintas Órdenes, que habían sido
seleccionados por la Casa real y debían atender por turno los oficios de culto de palacio.
Pero fray Alonso de Orozco llegó a ser más que un predicador real, fue como un
miembro más de la familia real. Tenía libre acceso a todas las dependencias del palacio
y tenía mucha confianza con el rey y su familia. Cuando había algún enfermo, lo
llamaban a él para que rezara por la recuperación de la salud.
Doña Luisa Fajardo testifica que Su Majestad el rey gastaba con él muchos
ratos, mostrando mucho contento y alegría, porque los caballeros de Cámara del
palacio echaban de ver y conocían que su Majestad quedaba con mucho gusto el día
que hablaba con el dicho padre fray Alonso de Orozco 59.
Fray Juan de los Ríos, que lo acompañaba muchas veces al palacio, declara:
Todas las veces que su Majestad estaba enfermo o fatigado de la gota, le enviaba a
llamar para que le dijese los Evangelios y le pusiese las manos encima. Y le mandaba
que le encomendase al Señor Nuestro Dios y dijese misa por él. Y cuando alguno de los
príncipes estaba indispuesto, le enviaba a llamar para que le dijese los Evangelios...
Cuando la serenísima reina Doña Ana, madre de su Majestad que hoy vive, estaba
58
59

Carta al prior general Cristóbal de Padua, del 23 de mayo de 1557.
Información Sumaria de Valladolid.

24

mala e indispuesta, enviaba por el dicho santo Orozco para que le dijese los Evangelios
y particularmente en los partos. Cuando se sentía cercana al parto, enviaba por él y le
tomaba la correa que traía ceñida y se la ponía y decía que no sentía dolores y que
paría con gran facilidad60.
Doña María de Barahona y Velasco asegura que por los méritos del dicho santo
Orozco fue Nuestro Señor servido de dar vida y salud perfecta al serenísimo príncipe
Don Fernando, el cual, de una gravísima enfermedad, estando ya desahuciado de los
médicos, diciendo misa en palacio y diciéndole los Evangelios fue Nuestro Señor
servido de darle la salud61.
Fray Diego Gutiérrez de Vetimilla manifiesta que una vez fue a palacio con el
bendito padre a decir los Evangelios al príncipe Don Diego que estuvo malo y el
príncipe se sanó62.
Doña Ángela de Tasis y Acuña dice que, estando una vez el rey Don Felipe III,
siendo príncipe, muy al cabo y desahuciado de todos los médicos, el rey Don Felipe II,
su padre, por último y único remedio envió a llamar al dicho padre fray Alonso de
Orozco y ordenó que dentro de la Cámara del mismo príncipe se hiciese un altar y
ordenó que dijese misa por su salud... Y, dicha la misa y los santos Evangelios, luego,
al punto, estuvo bueno y siempre fue la mejoría adelante, donde gracias a Dios Nuestro
Señor de la salud milagrosa y tan clara que Dios Nuestro Señor había dado al príncipe
por intercesión y ruegos y oraciones con que el dicho santo Orozco había suplicado a
Dios Nuestro Señor guardase para bien de la Iglesia y heredero de estos reinos al dicho
príncipe63.
El padre Juan de Herrera lo cuenta así: Con una misa sanó al rey Felipe III,
siendo príncipe, pues estando desahuciado de todos los médicos y no hallándose
remedio humano... celebró la misa en la Cámara donde el príncipe estaba muriéndose.
Y en ella tardó tanto, porque la dijo con extraordinaria devoción, lágrimas y suspiros,
que fue necesario dar una sustancia al niño para que no muriera primero que acabara
la misa. Dijo la misa y rezó los santos Evangelios y lo dejó sano y bueno de aquella
enfermedad64.
El mismo padre Juan de Herrera declara: La reina Doña Ana de Austria, del
parto del príncipe Felipe, estuvo desahuciada por los médicos, quienes no hallaban
remedio para quitarle un hastío que tenía que no podía comer. Y una tarde, estando el
siervo de Dios con su Majestad, le entraron a decir que si su Majestad no comía no
había remedio en las medicinas para su salud. Ella respondió con mucha melancolía
que no podía más. Y el siervo de Dios, hincado de rodillas, dijo que si él le diese alguna
60
61
62
63
64

Información Sumaria de Madrid.
Información Sumaria de Madrid.
Información Sumaria de Chinchón.
Información de Chinchón.
Información plenaria, p. 245.

25

cosa de comer, sí lo comería de buena gana. El siervo de Dios hizo traer un torrezno de
la cocina y lo asó con sus manos, rezando muchos salmos y Magnificat. Subieron
también una perdiz que asó el compañero y luego le dieron (a la reina) a comer la
perdiz y el torrezno. Y fue Nuestro Señor servido de que se le quitase el hastío y que
luego comiese bien. Las oraciones que hizo fue una que tiene la Orden de san Agustín
que empieza “Benedicta tu” y tres salmos y tres lecciones de N.P. San Agustín y una
Salve; y luego dijo muchos Magnificat hasta que acabaron de asar el torrezno y la
perdiz65.
Sin embargo, a pesar de tantas atenciones que recibía en la Corte y de tanto bien
que hacía por todo Madrid con sus predicaciones y con su ayuda temporal y espiritual
para todos, sentía la necesidad de estar más tiempo a solas con Dios. En varias
oportunidades, le pidió al rey Felipe II que le permitiera retirarse al convento de Nuestra
Señora del Risco (Ávila) para vivir allí en soledad, dedicado sólo a la contemplación,
pero el rey nunca se lo permitió, porque no podía prescindir de sus servicios, no sólo
como predicador sino como amigo, confidente e incluso de médico de alma y cuerpo.
Pero los que más se lo agradecían eran los pobres, a quienes predicaba. Le
agradaba ir a los hospitales, cárceles e iglesias pobres a predicar a los pobres y
enseñarles el camino de Dios.

SAN ALONSO ESCRITOR
Ya hemos indicado que, siendo prior del convento de Sevilla, recibió el encargo
personal de la Virgen María de escribir. Esta visión o mandato tuvo lugar entre 1541 y
1544. Para ese momento, ya había escrito la Regla de vida cristiana, dedicada a una
hermana suya casada. En este libro le recomienda la comunión frecuente y hasta diaria,
cosa insólita en aquellos tiempos, en que sólo se comulgaba en las fiestas o cuando lo
permitía el confesor. Dice en este libro: Si queremos poner los ojos en los primeros
cristianos y en la imagen perfecta de la primitiva Iglesia, hallaremos que cada día se
llegaban todos a esta santa cena... Grandes bienes se pierden por nuestra tibia vida y
grandes pecados se remediarían si se frecuentasen las comuniones66.
Por la mañana, debéis desocuparos para ir a la iglesia a oír misa, porque ésta
es la principal obra que en servicio de tal Señor podéis hacer 67. Muchas veces,
hermana, debéis limpiar vuestra conciencia con el sacramento santísimo de la
confesión. Dije muchas veces, porque su virtud es tan grande que no sólo en él se da
nueva gracia para vencer los vicios, sino que también se disminuye la pena del
purgatorio debida por el pecado, aunque ya sea perdonado por la contrición68.

65
66
67
68

Información plenaria, p. 275.
Regla de vida cristiana, Obras completas, BAC, 2001, tomo I, p. 298.
ib. p. 256.
ib. p. 285.

26

En el catecismo, que escribió para instrucción del pueblo, muestra de modo
inequívoco su gran conocimiento de la Sagrada Escritura, como lo hace en todos sus
escritos. En él confirma la exposición de las verdades con 453 citas bíblicas.
Sus dos primeros libros, después de recibir la orden de la Virgen, fueron Vergel
de oración y Monte de contemplación, publicados en Sevilla en 1544. En el Monte de
contemplación recomienda vivamente a los sacerdotes la celebración diaria de la misa,
lo que no era frecuente entonces. Dice: No se engañen, diciendo: “No me siento devoto
para celebrar”, porque es decir que arda la lámpara sin echarle aceite o el fuego sin
leña... Si flacos somos, Él es nuestra fortaleza; si pecadores, Él es nuestra salud y
remedio; y si tibios, Él mismo se llamó fuego devorador por su inmensa caridad y
amor... No habrá sacerdote alguno que, considerando con mediano espíritu y atención
la gran utilidad y provecho que de este santísimo sacramento nos viene y lo mucho que
le obliga la dignidad de su oficio, no se esfuerce y disponga para acercarse cada día a
este santo altar69.
Durante los 50 años de actividad literaria escribió unas setenta obras en latín y
en español. Fue uno de los que más insistieron en escribir en español, cuando la mayoría
de los teólogos escribía solamente en latín como era costumbre. Escribió sobre temas de
la Orden, sobre san Agustín y la espiritualidad agustiniana, libros que dedicó a
religiosos de su Orden. Al menos, ocho libros escribió en honor de la Virgen María.
Entre ellos Las siete palabras de Nuestra Señora en siete sermones y Todas las
festividades de Nuestra Señora. De modo que algunos autores lo han calificado como el
mejor mariólogo español del siglo XVI.
Algunos de los libros que escribió se los dedicó al rey o a la reina o a miembros
de la nobleza con quienes trataba frecuentemente en palacio. Pero lo importante es
anotar que fue un autor con mucha unción espiritual y que fue muy leído en su tiempo.
Sus obras más leídas y significativas fueron: Vergel de oración, Monte de
contemplación, Memorial del amor santo, Crónica del glorioso padre y doctor de la
Iglesia san Agustín y de los santos y beatos y de los doctores de su Orden, y sus
Confesiones. Este último fue publicado después de su muerte. Pero, ya en vida, casi
todas sus obras, editadas antes de 1581, fueron traducidas al italiano. Su obra La
declaración de la regla del bienaventurado san Agustín fue la más difundida, ya que fue
publicada en italiano, francés, alemán, inglés y latín.

AMOR A JESÚS EUCARISTÍA
Ya hemos indicado anteriormente de las recomendaciones que le da a su
hermana en su libro Regla de vida cristiana sobre la importancia de confesar
frecuentemente y de ir a misa y comulgar todos los días. Él no dejaba nunca la

69

ib. p. 190.

27

celebración diaria, a no ser que estuviera muy enfermo e impedido. Y, antes de celebrar,
se confesaba todos los días.
El padre Juan de Herrera nos dice: Fue siempre gran venerador del Santísimo
Sacramento y no fueron las mercedes que de él recibió como quiera, sino de las
mayores que Cristo Nuestro Señor desde este divino Sacramento suele hacer. Cuando
consagraba, eran grandes los suspiros que daba y grandes las lágrimas que lloraba; y
no dejaba de decir misa por debilitado que estuviese y se preparaba para decir misa
desde la media noche en particular adelante, aunque todo el día ordenaba este santo
ejercicio. Y bien se lo pagaba Cristo Señor Nuestro, pues muchas veces veía en la
hostia consagrada su gloriosa humanidad y muchas veces era tanto el contento que le
comunicaba, que le veían elevado y levantado en el aire, estando en los “Mementos” de
la misa.
Y no solamente esto, pues recibió de los mayores favores que Dios comunica a
sus siervos; ya que le comulgó muchas veces con su propias manos apareciéndosele. Y
estas mercedes fueron el día del Corpus las más de las veces. Una vez, en san Felipe,
como se hubiese de hacer una fiesta solemnísima del Corpus, como hubiese llovido
mucho, se dejó para el otro día. El siervo de Dios bajó aquella noche a la capilla
mayor del convento y se puso en oración. Estando en oración, se abrió el sagrario y se
le apareció Cristo Señor Nuestro con una forma consagrada en su mano y se vino para
él y le comulgó con sus benditas manos. Se quedó, dando gracias a Cristo Señor
Nuestro por tan singular merced y, como viniese el sacristán a recorrer la iglesia a ver
si estaba segura, se topó con el siervo de Dios quien le dijo: “Padre, hágame una
señalada merced y es abrirme el sagrario”.
El sacristán lo hizo así y estaba el siervo de Dios grandísimo rato como
arrebatado, enclavados los ojos en el Santísimo Sacramento. Y como acabase su
oración, el sacristán, que se llamaba fray Antonio de Castro, le dijo: “Padre, ¿qué ha
tenido vuestra paternidad, pues para darle contento abrí el sagrario?”. Y dijo el siervo
de Dios: “Sepa que recibí una gran merced del Santísimo Sacramento y fue que,
aunque soy tan miserable, me hizo la merced de aparecerme Cristo Señor Nuestro y
comulgarme con sus propias manos. Y para darle gracias por tan gran beneficio le pedí
que me hiciese la caridad de abrirme el sagrario para dar gracias al mismo
Sacramento Santísimo”70.
Otro día del Corpus, el siervo de Dios estaba enfermo y no se atrevió a decir
misa. Dijo al padre Maestro fray Hernando de Rojas, su compañero, que le confesase y
comulgase, porque no se atrevía a decir misa. Dijo el Padre que sí lo haría, pero le
llamaron para una obra de caridad forzosa y le pidió licencia, diciendo que volvería
muy presto. Se la dio, volvió lo más presto que pudo y se fue al coro donde estaba el
siervo de Dios y le dijo: “Padre, vendré luego y confesaré a vuestra paternidad y le
diré misa y le comulgaré”.
70

Información plenaria, pp. 240-241.

28

Y el siervo de Dios respondió: “Gracias a Dios, ya no es menester, que mejor ha
hecho Nuestro Señor conmigo”... Celebró misa (fray Hernando) y en saliendo toda la
gente, se cerró la iglesia y abrió el sagrario y miró si faltaba alguna forma de las dos
que de ordinario se ponen con la hostia grande. Halló que faltaba una y, como el siervo
de Dios comunicase con él todas sus cosas espirituales, la primera vez que se confesó le
dijo: “Padre, ¿por qué no quiso que yo le confesase y comulgase ayer?”. El siervo de
Dios contestó: “Porque Nuestro Señor me hizo una notable merced y fue que se me
apareció y con sus manos me comulgó, trayendo en la mano una forma consagrada”. Y
encomendóle el secreto71.
Otra fiesta del Corpus, que se hizo en san Felipe, como estuviese en la
procesión; al empezar un villancico, que es una canción que quisieron cantar, sucedió
que como fuese el siervo de Dios delante del Santísimo Sacramento, empezó a llorar
tanto que se arrebató y tuvo un éxtasis tan grande que se quedó arrimado a una pared
como si fuera de piedra. Y cayendo de sus ojos arroyos de lágrimas que parecía que
habían tomado un cántaro grande de agua y se la habían derramado por la capilla
(capucha). Los cantores del rey, viendo lo que había sucedido, les causó tan grande
devoción que no pudieron cantar nada72.
Para celebrar la misa se preparaba con mucha devoción, e imprimió algunos
folletos que repartió gratis a todas las iglesias para que los sacerdotes se preparasen
bien para celebrar la misa. Un día celebró la misa en tres horas y fray Luis de
Valdivieso, uno de los religiosos que estuvieron presentes, ese mismo día por la tarde
fue a su celda para preguntarle: “¿Qué tuvo hoy en la misa que se detuvo en decirla
tres horas?”. El siervo de Dios no le dijo nada. Pero el dicho padre fue al Prior y le
dijo: “Padre Prior, usted no será Prior si no va a la celda del padre Orozco y le hace
que le diga qué tuvo hoy en la misa que se detuvo tanto en ella”. El Prior fue a la celda
del dicho siervo de Dios y se cerró con él y le debió apretar con la obediencia y le hizo
declarar lo que le había sucedido. Díjole: “Padre, yo tenía una sobrina monja en la
Concepción jerónima, la cual murió el viernes pasado y quiso Nuestro Señor que yo la
viese subir a los cielos acompañada de los ángeles y de la Madre de Dios, pero quiero
que sepa por qué estuvo en el purgatorio desde el viernes pasado hasta hoy que yo dije
misa por ella. Había sido cuatro años priora y había tratado mansamente
(blandamente) a sus monjas y, por esto, padeció el purgatorio que, si no, desde la cama
hubiera ido a ver a Dios”73.
Doña Juana de Oropesa manifiesta: Como el siervo de Dios se tardaba mucho en
las misas, el Superior le dijo que mirase por amor de Dios que se quejaban algunos de
que se tardaba tanto y que dijese la misa en la sacristía. Y como el Superior le apretaba
en secreto que le dijera cuál era la causa por la cual se tardaba tanto, dijo al Prelado
(Superior) que él no podía más, porque en la hostia veía a Nuestro Señor humanado en
71
72
73

ib. p. 241.
ib. p. 243.
ib. p. 243.

29

la forma y manera que estuvo en el pesebre cuando nació de la Virgen Santísima, y esto
se hizo público y notorio entre todos74.
Y era tanto su fervor y concentración, sobre todo en los Mementos, es decir,
cuando se recuerda a los vivos y difuntos, que frecuentemente se quedaba en éxtasis.
Francisco Marcos afirma que tenía devoción de ayudar a misa al siervo de Dios,
aunque se tardaba mucho... Y en los “Mementos” tardaba unos tres cuartos de hora
poco más o menos, y estaba sin mover los ojos ni la boca, porque, según se echaba de
ver, estaba en éxtasis y arrebatado. Un día, ayudándole este testigo a misa, como
tardaba tanto en el “Memento” le tiró de una punta del hábito y no hizo movimiento,
como si tirara de una casa y todos estaban admirados de esto75.
Pedro Hernández manifiesta que un día, estando este testigo presente, salió a
decir misa el dicho venerable padre y había más de 200 personas... y vieron que se
tardaba mucho y, poco a poco, le fueron dejando todos, de manera que no debieron
quedar para acabar la misa más de cuatro o seis personas. y, estando este testigo
oyendo la dicha misa, fue Nuestro Señor servido que lo viese por sus ojos, elevado y
levantado del suelo más de media vara sin que estuviese arrimado ni aun al mismo
altar, al dicho venerable padre fray Alonso de Orozco 76.
El padre Juan de Herrera testifica: cuando era novicio, solía ayudarle a misa y,
empezando el primer “Memento”, me iba a la celda y estaba grandísimo rato en ella y
volvía y lo hallaba en el mismo “Memento”. Y hubo muchas personas que le hallaron y
vieron en la misa levantado del suelo77.

AMOR A MARÍA
Ya hemos anotado cómo él mismo en sus Confesiones nos dice que su madre
escuchó la voz de la Virgen que le dijo: ¿Cómo le has de llamar sino Alonso? También
nos dice que, en tocando a la primera señal para alabar a vuestra Madre, Señor,
comencé a nacer. De esta manera, su nacimiento estuvo bajo el amparo y guía de la
Virgen, quien en Sevilla se le presentó en sueños, como ya hemos dicho, y le dijo dos
veces: Escribe. Escribió al menos ocho libros en su honor. Y aconsejaba orar utilizando
el nombre de María y rezando salmos en cada palabra: María, Alteza, Reina,
Intercesora, Abogada.
El siervo de Dios, viviendo en san Felipe, tenía un huertecillo, pegado casi a su
celda, en el cual cuidaba muchas florecicas para la Madre de Dios y otros santos.

74
75
76
77

Información plenaria, p. 92.
Información plenaria, p. 452.
Información Sumaria de Madrid.
Información plenaria, p. 246.

30

Tenía mucho cuidado en escardarlas y regalarlas y una noche, poniéndose en oración
en el dicho hurtecito, se quedó elevado hasta el amanecer y gran parte de la mañana78.
Los novicios declararon que este jardincito caía debajo de las ventanas del
noviciado y, cuando lo cuidaba, le oían canturrear himnos a la Santísima Virgen como
el Ave Maris Stella y Oh Gloriosa Virgen79.
En sus Confesiones refiere: Estando en Madrid en este monasterio nuestro,
como una noche yo durmiese, esta Señora del mundo me visitó con un rostro y boca
muy alegre y me dijo: “¿Qué quieres?”. Yo con gran gozo, ocupado de ver su rostro
tan gozoso, confieso que no supe qué responder. Y como despertase con tan gran
contento, dije: “Señora del mundo, una cosa pedí y esa buscaré, morar en la casa del
Señor por siempre jamás” 80.
Fray Francisco de Mondéjar contó a este testigo que un día estuvo acechando
en la celda del siervo de Dios y oyó que estaba hablando con Nuestra Señora y Nuestra
Señora con él, y le contó el dicho padre Fray Francisco de Mondéjar que fray Alonso
de Orozco cantaba de noche y tañía en un manicordio que tenía y se veía la celda llena
de luz y de resplandores, y que salía un olor fuertísimo como de cosa del cielo81.
A este testigo le dijo el padre Hernando de Rojas, que fue confesor del siervo de
Dios, que en la misa había visto muchas veces a Dios encarnado en la hostia en lo cual
se echaba de ver la devoción tan grande que debía tener al Santísimo Sacramento,
siendo devotísimo de la Santísima Virgen... En su última enfermedad, el padre Orozco
pidió al padre fray Hernando de Rojas que le trajese el Santísimo Sacramento para
adorarlo y, después de haberlo adorado y devuelto al altar, se volvió el siervo de Dios
a la pared y empezó a dar grandes carcajadas de risa, lleno de suma e incomparable
alegría. Y como le dijese Doña María de Aragón: “Padre Orozco, ¡qué alegrías son
esas!”. Le respondió: “Estoy aquí con una Señora más linda que vuestra Merced”. Y
ella dijo: “¿Y no la podríamos ver?”. Y contestó: “Sus devotos la verán”. Lo cual pasó
delante de este testigo82.
Estando en su última enfermedad... el siervo de Dios empezó a llamar a Nuestra
Señora, la cual se le apareció y empezó a hablar con ella con grandísima humildad y,
como durase casi una hora este coloquio, la señora Doña María de Aragón le dijo:
“Padre, quiere vuestra paternidad tomar una friolera (alguna cosita)”. Pero el siervo
de Dios respondió: “Ay, señora, ¡qué buenas cosas ha comido quien ha visto a la
Madre de Dios y ha estado hablando con ella!”83.

78
79
80
81
82
83

Diego López, Información plenaria, p. 343.
Información Sumaria de Madrid.
Confesiones, p. 129.
Juan de Hita, Información plenaria, p. 558.
Fray Juan de Medina, Información plenaria, p. 522.
Padre Juan de Herrera, Información plenaria, p. 242.

31

Doña Juana de Otaola declara: El padre de esta testigo estaba enfermo de la
enfermedad que murió. El siervo fray Alonso de Orozco lo visitó muchas veces, porque
era su confesor y por la mucha y grande amistad que con él tenía. La última vez, que
vino a verlo, lo consoló muchísimo y pidió a todos que no llorasen, porque la Virgen,
Madre de Nuestro Señor con muchos ángeles, le estaba esperando. Y después se fue el
dicho siervo de Dios.
Pero como Isabel, la esposa del enfermo, diese un suspiro muy grande, el
enfermo le dijo: “No llores, hermana, y mira que Nuestra Señora, con todos estos
ángeles están aquí esperándome. ¿No los ves que están aquí alrededor de mi cama?”. Y
después de un cuarto de hora dio su alma a Dios y quedó el cuerpo del difunto con gran
hermosura... Y todos alababan mucho a Nuestro Señor por tan señalada merced y
pregonaban la santidad del siervo de Dios y la gran devoción que con Nuestra Señora
tenía, pues que la vio y dijo cómo ella, siendo Madre de Dios, estaba allí presente para
acompañar con los ángeles aquella alma84.
El padre Hernando de Rojas certifica que, estando el santo en el convento de
Sevilla, después de oír la voz de la Virgen que le decía: Alonso, vencidos van, para
indicarle que los demonios huían vencidos y que se acababan tantos años de pruebas y
tentaciones, entonces se le apareció Nuestra Señora en figura de una doncella muy
hermosa y con unos ojos lindísimos y con ellos le robó el alma. Y me dijo, contándome
a mí este caso, que eran tan lindos los ojos que nunca los pintores aciertan a pintarlos
como ellos eran y que, si él fuera pintor, piensa que acertaría a pintarlos como ellos
eran, y esta Señora lo consoló85.
Y, como un resumen de su devoción a María, escribió: Aceptad mi experiencia,
hermanos: Nadie puede encontrar a Cristo sin la intercesión de su Madre. Ella es
Reina de los cielos, Señora de los ángeles, Madre de la misericordia. Abogada de todos
los pecadores. En cualquier situación que os encontréis, en la angustia, en la tristeza,
invocad a María. Es un astro muy refulgente, colocado en lo alto de los cielos.
Cualquier navegante que se vea en medio de las olas temerosas de este mar o entre los
escollos del mundo, fije sus ojos en María. De otro modo, necesariamente naufragará 86.

AMISTAD CON LOS ÁNGELES
Muchas veces aparecen en su vida la presencia de los ángeles. Por ello, podemos
suponer que tuvo mucha amistad con su ángel de la guarda.
El padre Jerónimo de la Resurrección, vicario general de loa agustinos recoletos,
declara haber oído al arzobispo del Nuevo Reino de Granada que, entrando un día a la
84
85
86

Información plenaria, p. 203.
Hernando de Rojas, Relación de la vida, o.c., p. 88.
Orcasitas Miguel Ángel, San Alonso de Orozco, un toledano universal, Ed. Escurialenses, Toledo,
2003, p. 119.

32

celda del siervo de Dios, sintió un olor celestial y preguntando de dónde procedía, le
respondió que no tenía cosa alguna y que para que lo echase de ver le alzó una carpeta
que estaba encima de la mesa; debajo de la cual había un poco de polvo o tierra. Y el
dicho arzobispo le dijo que después supo del confesor del dicho siervo de Dios o de él
mismo, que el dicho olor había nacido de una visita de un ángel, que poco antes había
estado con él. Y el mismo arzobispo añadió que el siervo de Dios estaba una noche en
su celda y oyó música. Creyendo que era de algún cantor del rey o de palacio, no
reparó mucho en ello y se volvió a dormir hasta que después, por segunda vez, oyó la
dicha música y, poniendo más atención, echó de ver que no era música del rey de la
tierra, sino del cielo87.
Diego López, jardinero y portero real, declara que oyó contar a muchos
religiosos fidedignos que el siervo de Dios había oído cantar a los ángeles muchas
veces. Y le oyó al alguacil Barrionuevo que afirmaba que, siendo de 19 años, una vez,
hallando que el siervo de Dios estaba en su celda, aplicó el oído a ver lo que era y oyó
gran multitud de voces e instrumentos, que tales voces ni instrumentos jamás había
oído. Después de haber gozado de aquella música, se determinó a volver a llamar y
echando los ojos al dicho siervo de Dios con gran cuidado para ver qué gente estaba
dentro y qué instrumentos había oído, no halló más que al dicho siervo de Dios sin que
hubiese otra cosa alguna en su celda. Esto lo contaba públicamente a muchos amigos
suyos y se lo oyó contar este testigo y fue tan cristiano y honrado que se le debe dar
crédito88.
El mismo santo nos refiere en sus Confesiones: El año mil quinientos noventa, el
nueve de setiembre, un día después de la Natividad de la purísima Señora nuestra y
Madre vuestra, morando yo en esta casa y Colegio llamado nuestra Señora de la
Encarnación que está en Madrid, durmiendo la noche, Vos, Dios mío, me hicisteis tan
señalada merced de que oyese una música de dos voces una más alta que la otra que
cantaban; la cual, oyendo yo con gran gusto, puse mi cabeza sobre la mano izquierda y
comencé a llorar, no con lágrimas de tristeza sino de maravillosa devoción y alegría.
Era tanta la suavidad que mi alma en aquel sueño sentía que no hay instrumento de
dulzaina ni música de capilla real que se le compare...
Aquellas voces cantaban sin cesar, haciendo dulce armonía. Fue tan grande la
eficacia y virtud que esta música de unos ángeles imprimió en mi alma que,
despertando cada día y hora, os doy voces con el profeta David, diciendo: “Señor, en
Vos será siempre mi cantar”... Y ya que me disteis tan dulce música en aquel sueño y
me mandáis que os cante alabanzas, mi cantar será siempre alabaros en esta vida de
peregrinación hasta que por vuestra admirable misericordia me saquéis de la cárcel de
este cuerpo para que, en compañía de los ángeles y santos, os alabe allá en el cielo por
toda la eternidad89.
87
88
89

Información plenaria, p. 661.
Información plenaria, p. 341.
Confesiones, p. 143.

33

Ese mismo mes, el día 25, vi en sueños que venía una procesión de mucha
gente... Estando en eso, oí una música de excelentes voces. Y dije, con el contento que
sentía: “Esta debe ser la capilla real”. Esta música duró algún tiempo más que la otra
que en este mes de dos voces solas me hiciste, Señor, merced de que yo gozase. Y,
despertando, dije: “Oh soberano Señor, que esta suave música no es de la capilla del
rey de la tierra sino de vuestros ángeles celestiales”... Y aún ahora me parece que
aquella música de tantas voces y tan dulce, la estoy oyendo90.
Pero no solamente oía cantar a los ángeles. Un día, vinieron a traerle de comer
milagrosamente, cuando no tenían nada en la Comunidad, siendo él Prior. Sor Catalina
Meléndez afirma:
Le contaron a esta testigo muchos religiosos de la Orden de san Agustín, todos
de muchas letras y autoridad y crédito que, siendo Prior el siervo de Dios, un día se le
acercó el procurador del convento, diciéndole que no tenían nada para dar de comer al
convento. A lo cual, el dicho siervo de Dios le dijo que no se afligiese que el Señor
proveería. Y, como al mediodía llegase ya la hora de tañer para comer, el dicho
procurador empezó a murmurar del dicho siervo de Dios con los demás religiosos.
Entonces, llamaron al Prior y, abriendo el portero, halló una cabalgadura muy
cargada de cosas de comer y dos hombres con ella, los cuales ayudaron a meter la
comida.
Y, descuidado el portero, fue a buscar a los hombres y no halló ni cabalgadura
ni hombres. De lo cual estaba el portero y los demás religiosos muy confusos, echando
de ver la gran santidad del siervo de Dios que, por sus méritos, había Dios dado de
comer aquel día91. Y podemos añadir que Dios les dio de comer por manos de ángeles,
pues aquellos hombres, que desaparecieron sin dejar rastro, no podían ser sino ángeles.
Pero algo aún más hermoso es que una noche estuvo orando y cantando en el
coro el Oficio de Maitines, él solo en compañía de los ángeles custodios de todos sus
hermanos de Comunidad. Este es un suceso que lo cuentan varios de los religiosos que
testifican en el Proceso de su beatificación.
Dice el padre Juan de Herrera: Una noche que hizo gran tempestad de aguas y
granizos fue público y notorio en el convento de san Felipe que el siervo de Dios había
estado en Maitines con los ángeles. Y el caso fue que, sin saber ningún religioso del
otro, de los que tenían obligación de asistir a los Maitines, viendo la aspereza tan
grande, dejaron aquella noche de ir a Maitines. El Prior faltó, porque andaba con poca
salud, y así vinieron a faltar todos. El siervo de Dios acudió a la hora acostumbrada y
entró y halló a todos los religiosos, a su parecer, en el coro. Cantaron los Maitines
como se solían cantar y al cabo (al terminar) se salieron todos los religiosos del coro y
el siervo de Dios se quedó en oración como tenía costumbre.
90
91

Confesiones, p. 146.
Información plenaria, p. 113.

34

El viernes siguiente, un religioso, movido de celo, se fue al Prior y le dijo que
reprendiese mucho al convento de que aquella noche, por ser tan tempestuosa, no había
ido ninguno a Maitines. El Prior reprendió mucho el poco espíritu que había habido en
un convento tan grave y que por un poco de frío hubieran dejado de acudir a una
observancia tan grande. El siervo de Dios se levantó y dijo: “Padre, quien le ha
informado, le ha informado mal, porque esa noche yo estuve en Maitines y estuvieron
todos los padres que a ellos suelen acudir y se cantaron muy bien”. Los religiosos se
miraban unos a otros y, en saliendo del capítulo (reunión), se juntaron y confesaron
cómo ninguno de ellos había estado en aquellos Maitines y que los religiosos que con el
siervo de Dios decía que habían estado en los Maitines habían sido los ángeles que
Nuestro Señor había mandado para que le ayudasen a cantar; porque de otra manera,
no hubiera sido posible92.

VIDA DE ORACIÓN
Se pasaba muchas horas en oración, especialmente durante la noche. Y allí, en
sus confidencias con el Señor, recibía inmensas bendiciones y gracias extraordinarias.
Fray Luis de los Ríos manifiesta que después de Completas se quedaba en el
coro de rodillas y, otras veces, de pie; de manera que esto sería desde las seis o seis
media de la tarde hasta las ocho en que se tañía a silencio. En tañendo a silencio, se
venía a su celda para guardar la observancia regular y allí había muchos religiosos
curiosos que acechaban a la puerta y le oían hablar en aquellas horas con Dios o con
sus santos... Muchas veces, se le oían suspiros tiernísimos y comenzaba a cantar “Oh
gloriosa Señora”... Y a las once y media de la noche, más de una noche, en que este
testigo fue a tocar la campana para Maitines, siempre lo hallaba en el coro. Estaba a
Maitines con los demás religiosos. De ordinario duraban hasta las dos de la mañana.
Y, cuando el convento se iba a reposar, él se quedaba en el coro de rodillas hasta el
alba, como lo decía el fraile que iba a tocar al alba... Cuando tañía el alba, algunas
veces bajaba a decir misa; otras, se iba a su celda hasta que tocaban a Prima y, en
tañendo a Prima, luego se venía al coro, señal que no se había desnudado. Otras veces,
en saliendo de Prima, decía misa y luego iba a visitar los hospitales que había en
Madrid93.
En sus Confesiones relata una de sus experiencias: Soberano Señor, me hicisteis
una señalada merced y fue que, habiendo yo estado en el coro solo, mirando un
crucifijo que estaba sobre el facistol con gran atención, Vos, Rey celestial, esa noche
me aparecisteis en figura del mismo crucifijo, estando yo durmiendo, y me mirasteis
con unos ojos amorosos en gran manera y lastimosos. Oh Señor del mundo, ¡qué
suavidad sintió mi alma con esta divina vista! No hay palabras para expresar la
92
93

Información plenaria, p. 233.
Información Sumaria de Madrid.

35

suavidad en aquella breve vista que yo sentí. Quedé en gran manera consolado, cuando
desperté94.
No me olvidaré jamás de esa vez que, durmiendo, os vi en una cruz y me
mirabais con unos ojos tan amorosos que parecía que salían de ellos saetas encendidas
de amor. Oh Señor, ¡qué suavidad sintió mi alma en aquel breve tiempo que duró esta
visión piadosa y amorosa! ¡Loado seáis Vos por todos estos favores que con este siervo
inútil obrasteis!95.
Este crucifijo que se le apareció era el que estaba sobre el facistol del coro. Doña
María de Aragón quiso tenerlo para sí y se lo pidió a los padres del Convento de san
Felipe. Se le suele llamar el crucifijo de san Felipe. Y, según el mismo santo, había sido
rescatado por un soldado de manos de un hereje, que había querido profanarlo 96.
El padre Juan de Herrera dice: Con este crucifijo murió y lo mandó traer de san
Felipe en la última enfermedad de que murió y, trayéndole, dijo antes de que llegase a
él: “Ya viene el Cristo de san Felipe”97.
A lo largo de su vida, como podemos suponer, tuvo muchos éxtasis y
arrobamientos durante la oración. Muchos, como ya hemos anotado, los tuvo durante la
celebración de la santa misa. Otras veces, los tenía, incluso, cuando estaba predicando.
Sor Juana Torres, monja bernarda del convento de Vallecas, declara: Estando
esta testigo en el convento real de los ángeles de esta villa de Madrid, el siervo de Dios
predicaba un Viernes Santo sobre la Pasión de Cristo, Señor Nuestro, con tan gran
devoción y lágrimas que se vino a arrobar en el púlpito por un gran rato, lo cual vio
esta testigo por sus propios ojos y oyó decir a otras muchas personas que esto mismo le
sucedía en otros muchos sermones, lo cual fue público y notorio y pública voz y fama98.
Doña María de Arzaga manifiesta que le oyó muchos sermones en el hospital de
la Corte... Un día, predicó y vio cómo casi a la mitad del sermón, levantando los ojos al
cielo y con unas lágrimas grandes, dio dos suspiros y estuvo suspenso por más de un
cuarto de hora, mirando al cielo, y a esta testigo le pareció que estaba levantado del
suelo, lo cual, a todos los que allí estaban, admiró mucho y decían: “El santo varón
está ahora con Dios”. Y asímismo vio esta testigo que algunas veces, que oyó su misa
en san Felipe, quedaba elevado. Un día lo vio levantado del suelo más de una cuarta
sin estar arrimado al altar ni a otra parte, mirando al cielo99.

94
95
96
97
98
99

Confesiones, p. 133.
ib. p. 113.
Carta en volumen IV, Revista Agustiniana pp. 165-166.
Información plenaria, p. 234.
Información plenaria, p. 59.
Información Sumaria de Madrid.

36

En sus Confesiones nos habla de su último año de vida y dice: Este año de 1591,
estando en el Colegio de la Encarnación el día de la Ascensión de Jesucristo Nuestro
Señor, por la mañana a las seis, estando en oración contemplando el misterio
admirable de aquel día, fui arrebatado en espíritu al cielo y no puedo decir los dulzores
que sentí allá por espacio de media hora100.
Dos días más tarde tuvo otra admirable experiencia del cielo. Y él aclara: Esto
no fue en sueños sino en vigilia, estando despierto. Por lo cual, seáis Vos alabado y
glorificado, mi Criador, que por vuestra gran misericordia, no por méritos de este
mísero pecador, tenéis por bien visitar esta alma y consolarla, no solamente
durmiendo, cuando no hay uso de los cinco sentidos, sino aún estando despierto y
velando101.
Y todo esto, sin contar otras veces en que tenía apariciones de la Virgen o de
santos o de los ángeles.

DONES MÍSTICOS
Además de los éxtasis frecuentes, tuvo el don del discernimiento de espíritus
para distinguir claramente si algo era de Dios o del maligno. A este respecto, conoció la
mentira de monjas falsarias como la monja de Córdoba, Sor Magdalena de la Cruz, y la
de la Anunciata de Lisboa, que engañaron a personas ilustres como a fray Luis de
Granada; o descubrir al seudo profeta Pietro Pirola.
Algunos testigos afirman que adivinaba el pensamiento de las personas. Otros
hablan del don de profecía. Fray Diego de Guevara afirma que profetizó el desastre de
la Armada invencible102.
La señora María de Monroy certifica: Habiendo nacido a esta testigo un hijo el
día de santo Tomás y, deseando que se llamase Antonio como su abuelo y su marido,
fue a consultarlo con el siervo de Dios y le dijo que le llamase Tomás, conforme al día
en que había nacido, que luego tendría otro hijo, al cual llamaría Antonio. Y dentro de
trece meses fue Nuestro Señor servido de darle otro hijo, al cual llamaron Antonio103.
Magdalena Romero afirma que entrando un día en el convento de san Felipe se
encontró con una señora ropera muy gorda, la cual vio que estaba con gran alegría y,
llegando esta testigo a preguntarle la causa de tan gran alegría, la dicha ropera le dijo
que se había de dar muchas gracias a Dios Nuestro Señor y al siervo de Dios fray
Alonso de Orozco por una gran merced que, mediante sus oraciones, había alcanzado.
Ella tenía un hijo condenado a ser ahorcado y le había pedido al dicho siervo de Dios
100
101
102
103

Confesiones, p. 153.
ib. p. 158.
Información Sumaria, p. 826.
Información plenaria, p. 565.

37

que dijera una misa para que Nuestro Señor fuese servido de librarle. Y, después de la
misa, supo cómo su hijo estaba libre del delito que le habían imputado y que ya venía
de camino, lo cual no había podido saber de ninguna manera. Y esto lo confirmaron
después con la venida de su hijo104.
Algo en que insisten muchos testigos es en las luces o resplandores
sobrenaturales, que salían de su cuerpo; al igual que un perfume sobrenatural.
El padre Juan de Herrera afirma: Era público y notorio en san Felipe que el
siervo de Dios recibía de Nuestro Señor grandes favores en la oración. Los que iban a
Maitines, cuando iban y pasaban por su celda, olían grande fragancia que de su celda
salía, superior con mucho a los olores de la tierra y que veían muchas veces salir
grandes resplandores105.
También era devotísimo de las almas del purgatorio y, casi todos los días, les
hacía conmemoración. Y era tanto el bien que en la oración recibía de Nuestro Señor
que, cuando salía de allí, parecía que echaba de sí rayos de luz106.
Los pies le olían a cosa del cielo... También cualesquier paños que se mojaban
en los aceites con que le untaban. Y los cabellos de su cabeza tenían el mismo olor. Las
celdas en que vivía, mientras las habitaba, tenían el mismo olor supremo y, algunas
veces, se veían en ellas resplandores del cielo... Se notó muchas veces que de su rostro
le salían rayos de limpieza y de pureza. Sus manos tenían un singular olor, el cual no
era de ámbar ni de almizcle, sino de una cosa superior y que no se podría nombrar.
Este olor lo experimentaban muchas personas que procuraban oír su misa y que les
dijese los Evangelios y pusiese sus manos en la cabeza. Y, al besarle las manos, olían
aquel olor superior. En estas manos tenía Dios librada la salud de muchos enfermos, ya
el mal de ojos, ya el mal de muelas, ya de calenturas y de otros cualesquiera males que
tenían, en poniéndoles sus manos, sanaban107.
Pero, por encima de todos estos dones, Dios se glorificaba, haciendo milagros
espectaculares por su intercesión.

SAN ALONSO TAUMATURGO
Éste es uno de los aspectos más sobresalientes de su vida. Él huía de todo lo que
llamara la atención o pudiera darle gloria humana y se sentía mal, cuando gritaban:
¡Milagro, milagro! O, cuando le atribuían a él los milagros, y tenía que rectificar que
sólo Dios los hace. Pero, a pesar de querer permanecer humilde y escondido, el amor al
prójimo y la caridad eran más fuertes, porque sentía vivamente los problemas y
104
105
106
107

Información plenaria, p. 64.
Información plenaria, p. 237.
ib. p. 238.
ib. p. 278.

38

sufrimientos de los demás, y no podía menos de orar por la salud de los enfermos e,
incluso, por la resurrección de algunos muertos. Veamos algunos ejemplos:
a) SANACIÓN DE ENFERMOS
Estando el siervo de Dios en su celda, llegó a ella un pobre ciego de ambos
ojos. Le pidió que le dijese los santos Evangelios y le pusiese sus manos en los ojos, ya
que esperaba que Nuestro Señor le había de dar la vista. A lo que le respondió que
Dios es el único que da la vida. El dicho ciego le importunó para que le dijese los
santos Evangelios y le pusiese las manos en los ojos; lo cual, como lo hiciese el siervo
de Dios, fue Dios Nuestro Señor servido de darle la vista de ambos ojos y, como
empezase a dar voces, le dijo el padre Orozco: “Hermano, hermano, de Dios ha de
decir que le ha dado la vista y, si dice el padre Orozco, el padre Orozco me ha sanado,
le volverá Dios a quitar la vista”. Con lo cual, el dicho ciego salió del convento sin dar
voces, sano y salvo de sus ojos; aunque después, a personas particulares y amigas
suyas, contaba lo que había sucedido108.
Una señora, llamada Doña Francisca Romero, vivía frente a san Felipe y su
madre y parientes eran devotísimos del siervo de Dios. Le salieron dos verrugas en un
ojo; la una, tan grande como un garbanzo y, aunque se le habían dado muchos
remedios, no se curaba. Acudieron al siervo de Dios, el cual dijo que él diría algunas
misas y enviaría un poco de agua del cáliz, para que se lavase las verrugas. Y luego
que empezó a decir las misas y lavar con agua las verrugas, quedó sana y buena109.
En casa de Doña Leonor Caldera vivía una mujer casada, muy honrada y
cristiana, a la cual, sangrándola, se le quitó la vista de los ojos y estaba perdida,
porque con su labor, que la hacía de las mejores de la Corte, ganaba muchos dineros.
Fue al siervo de Dios, al Colegio de la señora María de Aragón, y le mandó que hiciese
una novena. En la cual Nuestro Señor fue servido ya que le volvió la vista y volvió a
trabajar y a hacer su labor como antes. Lo cual fue público y notorio y de ello hubo
pública voz y fama110.
Doña Gracia de Ocampo era hermana del religioso fray Alonso de Ocampo, que
fue lector de Artes y muy buen religioso. A ella le dio una enfermedad gravísima. El
hermano fue a la celda del siervo de Dios y le dijo: “Padre, ¿cómo estando vuestra
paternidad en el mundo me ha de quitar Dios una sola hermana que tengo?”. El siervo
de Dios tuvo lástima y se fue al coro a hacer oración. Después de mucho tiempo que
estuvo en ella, se fue a la celda de fray Alonso de Ocampo y le dijo: “Dé gracias a Dios
Nuestro Señor, que su hermana no ha de morir de esta enfermedad, sino que ha de vivir
muchos años”. Lo cual fue así y vive hasta hoy (19 de abril de 1627)111.

108
109
110
111

Alonso Laso de la Vega, Información plenaria, p. 170.
Juan de Herrera, Información plenaria, p. 269.
ib. p. 270.
ib. p. 273.

39

El siervo de Dios sanó una costilla que se había quebrado fray Alonso de Soto,
religioso de san Felipe. Se cayó de la mula en que iba y se quebró la dicha costilla y,
aunque se le hicieron muchos remedios, no aprovechó ninguno. Vino el siervo de Dios
a verle y con sus benditas manos le tocó la costilla y quedó sano y bueno de todo punto
y sin dolor alguno. Y este testigo lo oyó contar al interesado fray Alonso de Soto como
milagro grande que Nuestro Señor por intercesión del siervo de Dios había hecho en su
propia persona, lo cual fue público y notorio112.
Este testigo oyó una y muchas veces a Pedro Baños, su padre, relator que fue
del Real Consejo de las Indias, y a Doña María de las Nieves, su madre, que al dicho su
padre le dio una hysipula en los brazos y en las piernas. Los médicos que le curaban
hicieron llamar a siete médicos y cirujanos, los mejores de la Corte, los cuales, como se
juntasen, se determinaron a que le cortasen las piernas; porque, si no se las cortaban,
se había de morir luego del cáncer que tenía. Y como el dicho enfermo estuviese muy
fatigado y viese un brasero grande de lumbre con más de veinte hierros hechos ascuas
de fuego para cortarle las piernas, pidió con gran decisión que para consuelo y para
que con más paciencia pudiese sufrir aquel tormento, le fuesen a llamar al siervo de
Dios para que estuviese allí con él y le ayudase con sus oraciones.
Al llegar, como viese al enfermo tan afligido, le dijo los santos Evangelios y
puso sus manos en las piernas del dicho enfermo con tan gran devoción que luego
sintió gran mejoría, tanta que los dichos médicos y cirujanos que le curaban
suspendieron el cortarle las piernas. Y fue Nuestro Señor servido que sanase de todo
punto el enfermo. Y vivió después el dicho enfermo 24 años. Todo lo cual se atribuyó a
las oraciones del siervo de Dios por las cuales quiso Nuestro Señor hacer un milagro
tan grande con su persona113.
Alonso Núñez de Cos vivía junto a la portería de san Felipe y casi cada día
ayudaba a misa al siervo de Dios. Había servido mucho en las guerras del Emperador
Carlos V y vino lleno de muchas heridas. Tenía abierta la cabeza por cuatro partes y
con grande peligro. El siervo de Dios, con decirle los Evangelios y ponerle sus manos,
lo dejó sano y bueno114.
Oyó contar este testigo que, estando un corredor (pasillo) del convento de san
Felipe, que era de madera, cargado con más de seis o siete mil ladrillos y viendo que se
quería hundir por el gran peso que tenía, se procuró que lo descargasen. Un día entró
un hombre a sacar el ladrillo y se hundió el dicho corredor y cayó con el dicho hombre;
sobre el cual cayó la mayor parte del ladrillo. Al dicho hombre lo sacaron atormentado
y casi muerto y sin sentido alguno. Y como lo llevasen a la celda del siervo de Dios, se
condolió mucho y le dio un bizcocho en vino con mucho trabajo para hacérselo tragar y
beber el vino por no moverse ni tener sentido, y lo envolvió en una sábana mojada en
vino y lo abrigaron. Y el siervo de Dios le dijo los santos Evangelios y le puso sus
112
113
114

Fray Hernando de Guevara, obispo, Información plenaria, p. 307.
Sor Antonia del Espíritu Santo, Información plenaria, p. 122.
Juan de Herrera, Información plenaria, p. 270.

40

manos, y luego quedó sano y bueno; y volvió a trabajar, dando gracias a Dios Nuestro
Señor por el milagro que Nuestro Señor había hecho en el hombre. Y le llamaban el
hombre del milagro todos los que le conocían115.

115

Miguel González, Información plenaria, p. 349.

41

b) MILAGROS DIVERSOS
El padre Juan de Herrera informa que, estando el santo celebrando misa, un
niño, que estaba ayudando a misa, quebró las vinajeras. Empezando a llorar, se volvió
el santo a él y le dijo que por qué lloraba. El niño le dijo que porque había quebrado
las vinajeras. Él pidió los cascos, les echó la bendición y quedaron sanas. La gente que
estaba oyendo misa decía ¡Milagro! a voces y en esto entró el sacristán y, preguntando
qué voces eran aquellas, le contaron lo que había pasado y el dicho sacristán acalló a
la gente para que no inquietase al dicho santo Orozco y le dejasen decir la misa116.
Fray Francisco de Mondéjar, íntimo amigo del siervo de Dios, contó a este
testigo que, saliendo el dicho siervo de Dios y dejando una jarra de agua encima de la
mesa, cuando volvió a la celda la halló quebrada y en el suelo, y viendo que el Jesús de
la jarra estaba en el suelo, quebrado, levantó del suelo todos los cascos quebrados y los
puso sobre la mesa y se volvió a salir de la celda y, cuando volvió a la dicha celda,
halló la dicha jarra muy sana y sin lesión alguna. Lo cual el dicho siervo de Dios se lo
contó por la íntima amistad que con él tenía por ayudarle en muchas cosas y tratar
cosas de espíritu con él117.
Otro caso que pudiera ser el mismo que el anterior, le contó fray Alonso del
Campo a este testigo que, como llevase una jarra de agua con el nombre de Jesús en
ella, se le cayó e hizo pedazos y, viéndose acongojado, el siervo de Dios salió de su
celda y le dijo que qué tenía que estaba tan afligido. Respondió: “Porque se había
quebrado aquella jarra y temía que le riñese el Prior”. Y, como el siervo de Dios vio el
nombre de Jesús en el suelo, dijo: “¡El nombre de Jesús en el suelo!”. Y repitiendo esto
dos veces, alzó la jarra sana y buena y llena de agua. Pasando por allí fray Damián de
la Serna, dio voces diciendo: ¡Milagro, milagro! Y el dicho siervo de Dios le tiró de la
capilla (capucha), diciendo: “Jesús, Jesús, no hable palabra, cállese, cállese”, y se
metió a su celda118.
También le sucedió al siervo de Dios un caso admirable y fue que, llevando una
lamparilla de vidrio consigo al coro encendida y llena de aceite y la pusiese en la
baranda del coro, el maitinero que entró por el coro a tañer Maitines entró muy aprisa
y topó la baranda del coro donde estaba la dicha lamparilla, cayendo en el suelo, que
estaba muy alto al coro. Y el siervo de Dios le dijo que, en tañendo a Maitines, bajase
por ella, pues se la había echado al suelo. El maitinero lo hizo así y, cuando bajó,
entendiendo que por ser de vidrio y caer de tan alto la encontraría quebrada y el aceite
derramado, la halló sana, encendida y llena de aceite, cosa que, sin milagro, no era
posible119.

116
117
118
119

Información Sumaria de Madrid.
Francisco de Robles, Información plenaria, p. 149.
Fray Juan de Medina, Información plenaria, p. 523.
Juan de Herrera, Información plenaria, p. 234.

42

Ya hemos hablado anteriormente de cómo para dar de comer a una mujer muy
pobre, Dios creó de la nada un cuarto de carnero y dos panes. O cómo el Maestro de
Cámara del rey encontró en un estante 400 reales que nunca había puesto.
Diego Díaz habla de la multiplicación del vino. El padre Prior del convento de
san Felipe mandó a este testigo que hiciese dos azumbres (unos cuatro litros) de muy
buen vino en una bota para fray Alonso de Orozco. Le mandó que bebiese de dicho vino
y sabe que el siervo de Dios, obedeciendo al mandato del Superior, bebió del dicho vino
más de dos meses continuos y, pareciéndole a fray Juan Martín, que era el encargado
de traerle la comida y vino para comer, que ya no tendría, acudió al dicho Prior para
que mandase hacer más vino para el siervo de Dios, porque se habría acabado o
estaría ácido, vinagre, por el mucho tiempo que hacía que le habían traído las dos
azumbres de vino. Y este testigo fray Juan Martín vio que la bota estaba casi llena,
aunque había bebido de ella los dos meses el siervo de Dios, y el vino estaba muy bueno
y muy oloroso, como si se hubiera acabado de sacar de la cuba120.
Isabel Hernández declara: Esta testigo oyó contar a muchas personas y, en
particular a su marido, que el siervo de Dios fray Alonso de Orozco, yendo en invierno
un día a predicar al convento de las monjas bernardas de Vallecas, aquella noche
había nevado mucho y nevado de suerte que había amanecido con una vara de nieve. Y,
como se hubiese quedado una mujer pobre en la calle, pasando el siervo de Dios por la
mañana a predicar, había amanecido la mujer muerta y helada sobre la nieve, a la cual
se llegó alguna gente. Como viesen pasar al siervo de Dios, le dijeron: “Padre, por
amor de Dios, que se llegue por acá y vea a esta mujer que ha amanecido muerta
helada”. Llegó donde estaba, la tomó de la mano y, poniendo los ojos en el cielo, dijo:
“Por virtud de Dios todopoderoso y por los méritos de san Agustín, levántate buena y
sana”. Y tomándola de la mano, la levantó buena y sana121.
Con una misa que celebró resucitó a un cantero llamado Sebastián Sánchez, el
cual iba a colocar una piedra que pesaba más de cinco arrobas en la puerta principal del
convento, en la Lonja de san Felipe, y, al atar mal la garrucha, la piedra quebró la
garrucha y se cayó, cogiendo a Sebastián debajo, dejándolo muerto sin sentido.
Acudieron luego los otros canteros presentes y lo sacaron debajo de la piedra sin
sentido ni habla ni movimiento alguno. Y como hubiese mucho ruido y el siervo de Dios
bajase a decir misa, preguntó qué ruido era aquel y le dijeron que una piedra grande
había muerto (matado) a un cantero. Salió y lo vió muerto delante de él y dijo:
“Pongámoslo en una sábana (empapada) con vino para abrigarle y llevémosle a la
capilla de Nuestra Señora de Gracia. Diremos misa, si fuese muerto por su alma”.
Lo llevaron a la capilla y celebró la misa con grandes lágrimas y suspiros. Y,
acabada la misa, dijo los santos Evangelios por el hombre y éste empezó a menearse y
luego se levantó. Lo vistieron y quedó bueno y sano sin lesión alguna. Y todos
120
121

Información plenaria, p. 427.
Información plenaria, p. 432.

43

clamaban que el siervo de Dios había resucitado al dicho Sebastián. Y él respondía que
él no había hecho tal, sino la Madre de Dios de Gracia122.
Francisco de Ribadeneira manifiesta que un día en que este testigo estaba en el
convento de san Felipe, los viejos servidores del convento salieron al patio, que hay en
el claustro, con una ratonera y dentro un ratón; y querían soltarlo para matarlo. Llegó
en ese momento el dicho siervo de Dios y les dijo que qué cosa era aquello y los mozos
le dijeron que querían matar un ratón que habían cogido. Y el dicho siervo de Dios les
dijo: “No lo maten, porque le crió Dios Nuestro Señor y nuestro Jefe”. Y delante de
este testigo, a los mozos que allí estaban les hizo abrir la ratonera y, tan presto como
la abrieron, saltó el ratón en las manos del dicho siervo de Dios, donde se estuvo quieto
por grande espacio; y le echó su bendición y lo soltó. Y todos los que allí están se
admiraron123.

c) RESURRECCIÓN DE MUERTOS
Se cuentan por lo menos diez o doce casos de resurrección de muertos. Fray Blas
Pantoja declara: Un día iba a predicar al convento real de las monjas de los Ángeles
con este testigo y, yendo por la calle del Arenal, vieron cómo un hombre estaba en el
suelo y alrededor cuatro o cinco hombres; el santo Orozco preguntó qué tenía y le
respondieron: “Muerto está”. El dicho santo Orozco le tomó de la mano y volvió los
ojos al cielo, haciendo oración muy tiernísimamente y, después que acabó la oración, el
hombre que estaba muerto empezó a rebullir y los hombres que allí estaban y este
testigo también, decían a voces: ¡Milagro, Milagro! Y el dicho santo Orozco dijo al
hombre que se levantase para ir al hospital124.
Sor María de la Columna atestigua: Esta testigo tuvo una hermana llamada
María Magdalena a la cual, siendo de edad de tres años poco más o menos, le dieron
unas viruelas de las cuales la niña murió. Esta testigo se halló presente a la expiración
y al dar la última boqueada. Llamando al doctor Victoria, médico de la Corte que la
curaba, y habiéndola visto y tomado el pulso, dijo a esta testigo y a los que estaban allí
que la niña ya estaba muerta... Y esta testigo mandó hacer un ataúd para enterrarla. Y
la taparon a la niña con un paño de manos dejándola por muerta. Así estuvo ocho
horas, poco más o menos, y esta testigo vio cómo el cuerpecito estaba helado.
Y en esta sazón entró en la dicha casa el siervo de Dios fray Alonso de
Orozco... quien les dijo a sus padres: “Ofrézcanla a Nuestro Señor para un convento
que yo tengo de hacer de monjas en Talavera, que podrá ser que Nuestro Señor nos la
vuelva a prestar”. Y los dichos padres de esta testigo dijeron: “Nosotros la ofrecemos a
la Madre de Dios y a vuestra paternidad. Ahí está muerta. Nuestro Señor haga de ella
lo que fuera servido”. Entonces, el dicho siervo de Dios dijo que le llevasen donde
122
123
124

Juan de Herrera, Información plenaria, p. 244.
Información plenaria, p. 160.
Información Sumaria del proceso de beatificación, p. 1113.

44

estaba la niña y se puso en oración de rodillas y con gran devoción y ternura dijo los
santos Evangelios a la niña y puso sus benditas manos sobre su cabeza, teniéndolas así
puestas cosa de media hora, poco más o menos, levantando los ojos al cielo, estaba
orando en silencio y poniendo las manos algunas veces sobre el cuerpecito de la dicha
niña.
Estando de esta manera, la niña sacó la mano y se quitó el paño de manos con
que estaba cubierta la cabeza y empezó a pedir agua y a llorar. El padre Alonso de
Orozco dijo: “Demos gracias a la Madre de Dios que tanta merced nos ha hecho”.
Todo lo cual sucedió delante de esta testigo y de su tía María de las Nieves y de otras
personas que allí estaban... Y la dicha niña, después que creció, tomó el hábito de
monja de la Orden de san Agustín en el convento de san Ildefonso que el dicho siervo
de Dios fundó en la villa de Talavera, en el cual la dicha monja Magdalena fue priora
más de cuatro veces y hará cosa de dos años, poco más o menos, que murió 125.

ÚLTIMA ENFERMEDAD Y MUERTE
El 10 de agosto de 1591 comenzó su última enfermedad con una fiebre
persistente que no le dejó por más de un mes. Desde que cayó enfermo, el rey se
interesó en él y enviaba a su médico de Cámara a visitarlo. La víspera de su muerte,
pareció haber llegado el fin, pero él mismo los tranquilizó diciendo: Sosiéguense y no se
alboroten, padres, que hasta mañana al mediodía, yo confío en Dios que no me tengo
que morir. Y así fue.
Uno de los días, mandándole echar unas ventosas sajadas, el santo rehusó y
esta testigo le dijo: “Hasta ahora vuestra paternidad ha hecho penitencia por su
voluntad, hágala ahora por voluntad ajena y dé ejemplo de paciencia”. Y el dicho santo
Orozco calló y se dejó echar las ventosas sajadas. Y para que no se revolviese,
determinaron los que estaban allí que unos le tuviesen de los brazos y otros de la
cabeza. A este testigo le cupo tenerle de los pies con sus propias manos, de modo que el
cuerpo del santo se puso en manera de cruz mientras duró el tormento de las ventosas
sajadas126.
Él apuró el cáliz del dolor hasta el final, pero Jesús también lo llenaba de
consolaciones. El padre Juan de Herrera afirmó que uno de aquellos días le comulgó
Nuestro Señor con sus benditas manos, lo cual fue público y se supo127.
El padre Hernando de Rojas declara: La última enfermedad suya fue recísima,
pues le duraron unas tercianas dobles cuarenta y un días en las cuales le sangraron
muchas veces y le echaron ventosas sajadas y sanguijuelas y le dieron muchos jarabes y
purgas y unciones. Y con todos estos tormentos y enfermedad, los veinte primeros días
125
126
127

Información plenaria, pp. 84-86.
Dionisio Ruiz de la Peña, Información Sumaria de Madrid.
Información plenaria, p. 242.

45

se levantó a decir misa, siendo de 91 años, caso milagroso nunca visto. Y estos días que
se levantaba, confesaba y comulgaba a algunas señoras que se solían confesar con él.
Un día conjuró a una endemoniada y le lanzó el demonio e hizo plática espiritual a
todos los presentes.
Los otros veinte días, que no pudo levantarse, me mandaba que le trajese el
sacramento; y parte de estos lo recibió y parte lo adoró. En el curso de la enfermedad
vinieron a visitarle los príncipes y señores que se hallaron en la Corte, porque cada
día, tarde y mañana, enviaba la emperatriz sus mayordomos y de sus mismas manos y
de sus Damas hechos los pistos (para comer) se los traían. El cardenal arzobispo de
Toledo, Don Gaspar de Quiroga, vino tres veces a visitarle y un médico de la Cámara
del rey venía todos los días y enviaba relación a El Escorial a su Majestad de cómo
estaba nuestro padre...
La última noche que vivió se confesó conmigo y en menos tiempo de media hora
hizo una confesión enterísima y cuerdísima y bien ejemplar, pues pienso que en noventa
y un años de vida no tuvo culpa mortal. La muerte fue cual la vida, que si nació en
jueves, murió en jueves; que de ellos, por ser día del Santísimo Sacramento, era muy
devoto. El 19 de setiembre de 1591, de 91 años, quedó, después de muerto, más blanco
que el cristal128.
Fray Juan Márquez certifica: Hay cuatro testigos que dicen que poco antes de
morir se le aparecieron la Virgen Santísima, madre de Dios, y nuestro glorioso padre
san Agustín y lo consolaron en aquella hora. Una hora antes de que muriese, se
incorporó en la cama y dijo con un espíritu que enterneciera a las piedras: “Oíganme
que quiero predicar”... y exhortando a los presentes a la guarda de sus votos, hizo un
retrato de su vida... Pidió al padre Hernando de Rojas que le pusiese en las manos la
cruz con que había pasado cuatro veces el Golfo para ir a Canarias. Y llegó su hora, y
aquella alma bendita, libre de los lazos de esta vida mortal, se fue a gozar de Dios en
eterno descanso, dejándonos su cuerpo más claro que un cristal para prueba de su
santidad y consuelo de su ausencia129.
Bartolomé Salcedo manifiesta que con sus propias manos le vistió el hábito
como mortaja y, con otros que le ayudaron, llevó su cuerpo santo a la iglesia y le
pusieron encima de un tablado alto con un paño de brocado carmesí... y este testigo,
por orden de la señora Doña María de Aragón, mandó hacer un ataúd y cerrado con
llave en una bóveda del altar mayor, a raíz del suelo, lo pusieron y depositaron su
cuerpo en el Colegio130.
Al día siguiente de su muerte, tuvieron lugar las exequias. La misa solemne fue
celebrada por el obispo de Ciudad Rodrigo (Salamanca) y predicó el sermón fray Pedro
128

129
130

Relación de la vida del venerable fray Alonso de Orozco en Revista Agustiniana, Vol I, Valladolid,
1882, pp. 90-91 y en Información Sumaria de Salamanca.
Fray Juan Márquez, Vida del venerable fray Alonso de Orozco, Madrid, 1648, pp. 214-221.
Información Sumaria de Madrid.

46

Manrique, que después fue arzobispo y virrey de Zaragoza. Él quería que su cuerpo
fuera enterrado junto a la pila bautismal para que todo el mundo lo pisara al pasar y
rezara por él. También quería que colocaran allí un letrero que dijera: Fieles, rogad por
este pecador que aquí esta enterrado. Eso era un gesto de humildad que no fue
respetado, porque era considerado un santo por sus hermanos. Y por mandato del
cardenal Quiroga, arzobispo de Toledo y, por tanto, también de Madrid, fue enterrado
sin embalsamar, en una fosa excavada debajo del altar mayor de la capilla del Colegio
de Doña María de Aragón, donde residía.

MÁS MILAGROS
Dios empezó a ensalzar a su siervo con grandes milagros desde el primer día de
su muerte, al igual que los había hecho en vida. Juana de Cuevas refiere que la noche
del día de su muerte, unos señores principales tenían una hija doncella muy mala e
impedida, la cual, como oyese decir que había muerto el siervo de Dios y que todos
iban a ver su cuerpo y, como ella estuviese impedida para poderle ir a ver, se
encomendó muy de veras a él y aquella noche, que fue jueves, se le apareció el siervo
de Dios lleno de gloria y de luz, y se llegó a ella y le dijo los santos Evangelios y le
puso las manos, y Nuestro Señor le dio el bien y la salud131.
Sor Úrsula, agustina del convento de Santa Isabel, relata que después de la
muerte del siervo de Dios, ha hecho y hace particularmente muchos milagros que
verdaderamente son milagros y estos de muchas maneras, ya con sus zapatos, ya con el
báculo suyo, ya con una oración (novena) que el dicho siervo de Dios daba a algunas
personas. Ellas la dicen con gran devoción y alcanzan del Señor muchas mercedes y
misericordias. Y acerca de esta novena, el año pasado de 1619 vino a este convento de
santa Isabel, Doña Ambrosia Espínola, viuda, que vivía en la casa del marqués de
Malpica, muy acongojada y fatigada, porque hacía días que se le había ido un hijo suyo
sin saber dónde. Y esta testigo le dijo que, para que Nuestro Señor le trajese a su hijo,
hiciese... una novena que el siervo de Dios había dado a una devota suya... Y hablando
esta testigo con el hijo y preguntándole qué motivo tuvo para volverse a casa, el dicho
mozo le dijo que se había encontrado con un viejo, el cual le había dicho que se
volviese con su madre y que le dio algunos dineros para ella misma y que así él pasó
adelante. Y eso sucedió cuando su madre hizo la novena132.
Juan de Barrientos asegura que después de su muerte, ha besado los pies (del
santo) y de ellos salía grandísimo olor, extraordinario, y sabe que está su cuerpo con
mucha veneración en una urna de gran valor entre dos altares. Y ha visto cómo acude
mucha gente a encomendarse al dicho siervo de Dios y que su divina Majestad, por su
intercesión, los socorre en sus necesidades133.
131
132
133

Información plenaria, p. 358.
Información plenaria, p. 108.
Información plenaria, p. 186.

47

Un doctor, llamado Francisco de Fresneda, médico de Cámara del Conde de
Lemos, estaba malo de un pie y hacía veinte días que ni de día ni de noche se podía
sosegar. Se llevó el zapato del santo, fray Alonso de Orozco, y tocando al pie que tenía
malo, habiendo la noche antes estado mal y sin evacuación de humor, con sólo tocar
con el zapato del siervo de Dios al pie, quedó sano. Le saltó el mal a los tres o cuatro
días al otro pie. Hizo lo mismo y, en tocando con el zapato, le quitó el dolor134.
En la casa del doctor Gonzalo Ter de los Ríos, juez que fue de la Información
Sumaria del siervo de Dios, estuvo Don Juan de Olmedo, por unas calenturas
maliciosas, desahuciado y mandado dar todos los santos sacramentos. Se fue al
Colegio de la señora Doña María de Aragón por la correa del siervo de Dios y, en el
instante que se la pusieron, inmediatamente le dieron unas calenturas y quedó sano y
bueno, declarando los médicos haber sido milagro135.
Marina Sánchez declara que estuvo en parto y con grande y grave peligro de
defunción cinco días. Hicimos la llamada a la comadre (partera) María de Medina, la
cual estuvo con esta testigo dos días y dos noches, porque estaba a pique de la muerte y
tenía coronada la criatura que quería empezar a nacer, pero ni atrás ni adelante la
podía expeler. Y, aunque le pusieron muchas reliquias de santos, no aprovechaba. Lo
cual, visto por Anastasio López, su amo, como recibiese noticia de que la correa del
siervo de Dios fray Alonso de Orozco hacía muchos milagros, procuró enviar por ella.
Y, traída la dicha correa, le hizo quitar todas las reliquias que tenía puestas para que
se viese la virtud grande que tenía la dicha correa, y se la ciñeron y, al punto que le
ciñeron la correa, le pareció a esta testigo que se abría todo el cuerpo y dio a luz la
criatura. Y por suceder este caso en el mismo instante que le pusieron a esta testigo la
correa, ella y los que allí estaban presentes atribuyeron a gran milagro que Dios
Nuestro Señor había hecho por la intercesión del dicho siervo de Dios136.
Estando una señora de la Corte, llamada Doña Jerónima de Mendoza,
desahuciada, este testigo fue enviado a su madre, llamada Doña María de la Mata,
quien llorando ya la daba por muerta. Este testigo sacó de su faldriquera un sermón
manuscrito de mano del dicho siervo de Dios y se lo puso en la cabeza y le dijo los
Evangelios y la enferma con mucha devoción guardó el papel y sanó y hoy viven madre
e hija en unas casas enfrente del duque de Alba137.
Algo curioso. El padre Maestro, fray Hernando de Rojas, confesor del santo,
contó a este testigo que el siervo de Dios tenía en su celda una rosa fresca que hacía
cuatro años que la había cortado y que algunos enfermos que venían a su celda la
tocaban y sanaban al contacto de la dicha rosa138.

134
135
136
137
138

Juan de Herrera, Información plenaria, p. 272.
ib. p. 269.
Información plenaria, p. 195.
Don Francisco Maldonado, obispo electo de Siria, Información plenaria, p. 183.
Diego López, Información plenaria, p. 331.

48

TRASLACIÓN DE SU CUERPO
A los doce años de su fallecimiento, en 1603, se hizo el traslado de su cuerpo a
la nueva iglesia que se había construido. Ese día de la traslación nos dice el padre Juan
de Herrera, hizo un milagro grande con una niña que ahora es mujer de un contador
mayor del rey y que se llama Diego Rodríguez de Torres. Juan de Barrientos lo cuenta
con más detalle, diciendo:
Estando en casa de Catalina Bazán, avisaron a Doña María de Oñate, mujer de
Diego de Torres, que el cuerpo del siervo de Dios estaba descubierto y que hacía
muchos milagros. Ella estaba ciega y ojosa de su ojo derecho y padecía muchos
dolores. Se fue al Colegio de Doña María de Aragón, donde estaba el dicho cuerpo. Y
este testigo fue en su compañía… Ella besó el cuerpo con su boca, y con el ojo derecho
le tocó el pie del siervo de Dios… Después de que su ojo derecho tocó el pie del santo,
al instante se le abrió el ojo de que estaba ciega y se le puso claro y limpio y sano. Y
este testigo y las personas que allí estaban dieron voces diciendo: ¡Milagro, milagro! Y
la dicha Doña María de Oñate dijo a este testigo y a los demás que iban con ella que
también se le habían quitado todos los dolores que padecía. Y, desde entonces, tiene el
ojo claro sin dolor alguno139.
El padre Juan de Herrera afirma que el día de su traslación, al igual que el día
de su muerte, su cuerpo olía a cosa del cielo140.
El día de su traslación hice que el padre Maestro fray Hernando de Rojas, que
había sido su confesor y lo acompañó en la última edad suya, se acordase de llamar a
los médicos de Cámara de la emperatriz María y a otros cirujanos y médicos que se
juntaron y vieron el cuerpo del siervo de Dios y se trajo después orden del señor
arzobispo de Toledo para hacer información, y la presenté en la Información
Sumaria… Y los médicos declararon que el cuerpo del siervo de Dios estaba incorrupto
por virtud sobrenatural141.
El médico Antonio Ponce declaró en 1628 haber visto el cuerpo del siervo de
Dios y le pareció a este testigo que, sin un particular milagro y providencia de Dios, no
podía estar con tantas señales de incorrupción después de tantos años, porque todo su
cuerpo está articulado y entero, cubierta la carne y enjuto y oloroso no habiendo
habido, como no lo hubo, ningún artificio para tal conservación. No se puede dejar de
confesar que es maravilloso el estado en que está y es de consideración muy grande que
el olor que tiene dicho venerable cuerpo, habiéndole ponderado con mucha atención,
no puede ser de otra cosa ni de otra calidad que sobrenatural 142.

139
140
141
142

Información plenaria, p. 185.
Información plenaria, p. 278.
ib. p. 278.
Información plenaria, p. 643.

49


Documentos relacionados


Documento PDF alonso orozco
Documento PDF gu a para los rezos del adviento 4 semanas
Documento PDF hitgalut
Documento PDF nejemyah
Documento PDF galatayim
Documento PDF 1965 12 07 concilium vaticanum ii constitutiones decretaque omnia es


Palabras claves relacionadas