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Los crímenes de los buenos .pdf



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LOS CRÍMENES DE
LOS
“BUENOS”

Joaquín Bochaca

AAARGH
Internet
2004

Joaquín Bochaca : LOS CRÍMENES DE LOS “BUENOS”

Editorial Bau.
Barcelona

— 2



Joaquín Bochaca : LOS CRÍMENES DE LOS “BUENOS”

PROLOGO

Desde hace treinta y siete años, vivimos en plena falsificación histórica. Una falsificación
muy hábil: para empezar, arrastra a las imaginaciones populacheras; luego se apoya sobre la
conspiración de esas mismas imaginaciones. Se empezó por decir: he aquí cuan bárbaros eran
los vencidos de la última guerra mundial que, además, se desató por su culpa exclusiva. Luego se
añadió: acordaos de cuánto habéis sufrido, los que padecisteis su ocupación, y de cuanto
pudierais haber sufrido, los que no fuisteis invadidos por haber preservado vuestra neutralidad
los nobles Aliados. Se inventó, incluso, una filosofía de esa falsificación. Consiste en explicamos
que lo que unos y otros eran realmente no tiene ninguna importancia; que sólo cuenta la imagen
que se había creado, y que esta transposición es la única realidad. Un par de centenares de
vividores de la prensa, la radio y la televisión, creadores a tanto alzado de la llamada Opinión
Pública Mundial quedaban, de esta guisa, promocionados a la existencia metafísica.
Pero yo creo, tozudamente, estúpidamente, en la Verdad. Quiero creer en la Verdad. Me
empeño en creer que acaba por triunfar de todo, incluso de la imagen que se ha creado
industrialmente. Y que triunfara cuando llegue el Nuevo Amanecer, que probablemente no
veremos, ni esta generación ni la próxima, ante el maniqueísmo imperante en nuestra época,
con unos ángeles de la Virtud y unos réprobos derrotados por aquellos.
El proceso que se abrió, y que aún continúa abierto, contra Alemania, o, más exactamente,
contra el nacional-socialismo y las doctrinas más o menos afines que intentaban derrocar el
ideado político del siglo XIX -- el siglo de Marx y Stuart Mill -- tiene una base sólida; mucho más
sólida de lo que generalmente se cree. Pero no es la que se proclama oficialmente urbi et orbi. Y
las cosas, en verdad, son mucho más dramáticas de lo que se dice; el fundamento, el móvil de la
acusación es mucho más tenebroso e inconfesable para los vencedores.
Los tribunales de los procesos de Nüremberg y de los centenares de procesos contra los
vencidos afirmaron -- y afirman, pues la farsa pseudo-Jurídica continúa hoy, treinta y siete años
después del final de la contienda -- que se habían erigido en Jueces porque ellos representaban a
la Civilización y al Derecho. Esta es la explicación oficial, el sofisma oficial, pues consiste en
adoptar, como base axiomática, lo que se halla, precisamente, en discusión. Los vencedores
desplazaron a sus más doctos Juristas, heraldos de su propaganda, para sostener, impávidos,
este razonamiento de criaturas:
"Durante seis años de guerra ideológica y otros seis de guerra real, nuestra radio
y nuestros periódicos han repetido que sois unos bárbaros; habéis sido vencidos, luego
sois unos bárbaros".
Pues es evidente que los Jueces de Nüremberg y sus sucesores no han dicho, no dicen otra
cosa cuando se presentan como abanderados de la indignación unánime del mundo civilizado,
indignación que su propia propaganda ha provocado, dirigido, sostenido y atizado y que, desde
1945 hasta hoy ha sido -- con la intensidad requerida por los diferentes casos -- provocada,
sostenida, dirigida y atizada, a voluntad, como una plaga de saltamontes, contra todo país que
no se plegaba a la nueva religión laica de la época: la Democracia, ya liberal, ya "popular". Pero
no nos engañemos. Esta indignación prefabricada ha sido, y es aún, el principal fundamento de
la acusación permanente contra los vencidos. Es la indignación del mundo civilizado la que
impone el proceso continuo, martilleando retinas y cerebros masificados a través de prensa,
radio y televisión a beneficio de las nue- vas generaciones. Es esa indignación, finalmente, la que
crea la verdad de los que gustan de autodenominarse demócratas, quien canaliza la persecución
judicial de los supervivientes y los sucesores nostálgicos de los vencidos, y es ella, para resumir,
quien lo es todo: los jueces de Nüremberg no son más que los escribas de esta unanimidad. Se

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Joaquín Bochaca : LOS CRÍMENES DE LOS “BUENOS”

nos coloca, a la fuerza, unas antiparras verdes y se nos invita, a continuación, a declarar que
las cosas son verdes, del color de la esperanza. He aquí la realidad; he aquí, también, el
programa de nuestro futuro.
Pero la verdad sin adjetivos es otra. Los verdaderos fundamentos del Proceso de
Nüremberg y de los miles de procesos que a su imagen y semejanza se repiten desde entonces,
son otros. Por una parte, es el miedo de los vencedores políticos -- es decir, los vencedores
auténticos -- de la última guerra. Por otra, el miedo de los vencidos políticos, antiguos aliados de
aquellos. Miedo de los vencedores políticos, de los vencedores reales, es decir, de la Rusia
Soviética y del Comunismo que ella encarna, que todavía recuerda cómo un adversario que
debía atender múltiples frentes a la vez, le puso al borde de la derrota y le inflingió tremendos
golpes pese a una apabullante inferioridad numérica y material; un adversario cuyo renacer hay
que impedir por todos los medios, pues sería el núcleo del único adversario que podría con él...
núcleo de una Europa auténtica, que nada tiene que ver con los tenderos del Mercado Común. Y
para ello hay que desacreditarlo a los ojos de esta generación y de las que vendrán.
Miedo, también, de los vencidos políticos; de las democracias occidentales europeas,
líderes mundiales hace cuarenta años y segundones vergonzantes hogaño, y también de la "Gran
Democracia" americana, receptora de más bofetadas diplomáticas, políticas y militares -- Viet
Nam -- que un payaso de feria. Es el miedo patológico de los viejos, el pánico senil; es el
espectáculo de las ruinas, el pánico de los vencedores militares, de los cuarenta aviones contra
uno, de los tres mil barcos contra quince submarinos, de las cuarenta naciones contra una, a la
que han ido abandonando, uno tras otro, sus débiles aliados. Es el contemplar Hamburgo,
Dresde, Colonia, Sttuttgart. Es preciso que los vencidos sean unos malvados. Es indispensable
que lo sean pues, si no lo fueran, si no fueran unos monstruos, ¿cómo justificar las ciudades
arrasadas, las zonas residenciales incendiadas? ¿cómo justificar las bombas de fósforo ante las
tropas de ocupación, ante los soldados del contingente de movilizados conscriptos, ante esos
electores que un día volverán a sus hogares y hablarán con sus familiares, electores también? El
horror de los vencedores militares, el interés de los vencedores políticos, la venganza vesánica
de los pastores espirituales del Sionismo: he aquí los motivos verdaderos de la tramoya que a
escala mundial se ha levantado y se sostiene con diabólica perseverancia. Este horror, este
interés y esta venganza imponían transformar los bombardeos de fósforo contra ancianos,
mujeres y niños en una Cruzada. Así se inventó, a posteriori, un derecho a la matanza, más aún,
un deber a la matanza en nombre del respeto a la Humanidad, y una Ley de Lynch en nombre
del respeto a la Justicia. Los que mataron, se nombraron a sí mismos, policías, fiscales, jueces y
verdugos a la vez. Esta es la realidad. Esta es la única realidad. No hay otra, para el hombre
masificado, sometido a un permanente lavado de cerebro por los llamados mass-media.
Y, no obstante, debe haber otra realidad. Hay otra realidad. Y es que frente a los crímenes,
reales o inventados, exagerados en progresión geométrica las más de las veces, de los vencidos,
algo se echa en falta. Incluso para el espíritu más mediocre parece evidente que algo más debe
haber; que ante los demonios del Nazismo hubo, no ángeles, sino seres humanos, muy
humanos, demasiado humanos, que cometieron torpezas y crímenes.
Hemos resuelto narrar estos crímenes, o, por lo menos, los que nos han parecido más
relevantes. Pero no hemos querido limitarnos a una relación cronológica de abusos militares o
civiles propiciados por los políticos del bando Aliado, en el curso de la Segunda Guerra Mundial.
Nuestra relación abarca los crímenes cometidos por los "buenos" en el período histórico
comprendido entre 1933 y 1982, es decir, en casi medio siglo de "fascismo" o lo que los mass
media denominan tal. Los "buenos" son, evidentemente, los que como tal son presentados en
este lapso de tiempo por prensa, radio y televisión. Son los "demócratas" -- tanto los del Este
como los del Oeste -- entre 1933 y 1945; son los "anticolonialistas", integrantes de los llamados
"movimientos de liberación nacional" en las antiguas colo- nias de los "buenos" precedentes,
desde 1945 hasta hoy. Naturalmente, muchos de los "buenos" de antaño -- de hecho, y
prácticamente, todos los países europeos y América -- han perdido ya tal categoría en beneficio
de lo que, genéricamente, se denomina "la Izquierda". El "Viento de la Historia", en expresión
del General De Gaulle, sopla, aceleradamente, en dirección a la Izquierda, y así el General
Patton, que era de los "buenos" en el transcurso de la Segunda Guerra Mundial, se volvió "malo"
al poco tiempo, como se volverían igualmente "malos" el General Wedemeyer, el General Clark,
el General Mac Arthur, el Senador McCarthy, el General-Presidente Chiang-Kai-Chek, el
General De Gaulle, el Presidente Nixon y un larguísimo et cétera.
Los crímenes de los "malos" ya han sido exhaustivamente relatados, fotografiados,
disecados, expuestos, retocados, exhibidos y, sobre todo, exagerados, cuando no puramente
inventados. Consideramos, pues, de todo punto supérfluo, epilogar nuevamente sobre ellos. En

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Joaquín Bochaca : LOS CRÍMENES DE LOS “BUENOS”

otro lugar nos hemos ocupado de algunos aspectos del tema (1). En las páginas que siguen, y
dentro de la tónica general de nuestra época, de "desmitificación" de los ídolos, con el objeto
suplementario de contribuir a desarrollar la virtud de la modestia entre los vencedores,
presentamos, basándonos no es testimonios emanados de los miserables vencidos, sino de los
virtuosos vencedores, los crímenes de los "buenos". De los consagrados por la Opinión Pública -es decir, por un par de centenares de escribas mercenarios -- como portadores de la espada
flamígera de la Acusación en nombre de la Humanidad. Hay un aforismo jurídico que afirma
que "a confesión de parte, exclución de prueba". Lo que sigue no es, pues, un alegato fiscal, sino
una sentencia de la Justicia Inmanente, pues de ninguno de los testimonios que citamos puede
decirse que fue forzado o coaccionado. Esa sentencia, empero, no puede dirigirse contra los
soldados que noblemente lucharon por una causa que creyeron justa ni contra las población
civiles que, desde la retaguardia y en medio de penalidades y sufrimientos inherentes a toda
contienda, les respaldaron con su aliento. Se dirige contra los fautores y beneficiarios de la II
Guerra Mundial, que si oficialmente em- pezó en septiembre de 1939, realmente se inició en
1933 y todavía continúa, hoy en día, en plena paz... relativa, pues desde el 9 de Mayo de 1945,
fecha oficial de la capitulación del III Reich, el incendio bélico no se ha apagado totalmente,
surgiendo en cualquier punto del Planeta tan pronto como se apagaba en otro punto el incendio
precedente. Esos fautores y provocadores de guerra son los auténticos culpables de los crímenes
cometidos por sus ocasionales aliados, manipulados a su pesar y en contra de sus auténticos
intereses. Y muchas veces, allí donde el estallido de las bombas ahogaba el bisbiseo enervante y
azuzador del Gran Parásito, se llevaron a cabo acciones de noble generosidad, de uno y otro
lado; acciones que los desgraciados políticos occidentales alentaron cuando les fue posible por
no cuadrar en el esquema que su propaganda maniquea había trazado. La lucha en el desierto de
África del Norte, por ejemplo, fue, hasta la llegada de Montgomery, una "guerra entre
caballeros". A las tropas italianas del Duque de Aosta, que, cercadas en Etiopía, debieron
rendirse, les rindieron honores militares las tropas rhodesianas del Ejército Británico que las
habían vencido. Para citar acciones parejas en la lucha fraticida y estúpida entre europeos hay lo
que los franceses llaman "I´embarras du choix".
Ahí esté el caso del as de la Aviación Británica, Bader, que, al ser derribado su avión sobre
el suelo alemán, se lanzó en paracaídas, enganchándosele una de las piernas ortopédicas en el
aparato. Los alemanes se lo comunicaron por radio a los ingleses, los cuales enviaron un avión
que lanzó, en paracaídas, una pierna ortopédica de repuesto para Bader. El avión inglés fue
escoltado, durante todo el vuelo, por dos "cazas" de la Luftwaffe.
Las tropas de la Segunda División de Paracaidistas, al mando del General Hermán B.
Ramcke, resistieron cercadas, en Brest hasta finales de septiembre de 1944.B General Troy H.
Middleton que mandaba las tropas norteamericanas sitiadoras le conminó a rendirse: "Con sus
oficiales y soldados, que por usted lucharon valientemente, pero que ahora son prisioneros,
hemos hablado sobre la dotación de Brest... Usted ha cumplido plenamente con su deber para
con su patria. Por lo expuesto, requerimos de usted, de soldado a soldado, poner fin a esta lucha
desigual. Esperamos que usted, que ha servido con honor y que aquí ha cumplido con su deber,
dará a esta propuesta su mejor atención". Ramcke fue explícito en su respuesta: "Rechazo su
propuesta". Middleton una vez vencido le rindió honores militares y le permitió despedirse de
sus tropas que respondieron al "Sieg Heil" de su General, con prolongados "Heil".
El más famoso de los generales alemanes de las fuerzas paracaidistas, el General Student
fue juzgado ante un tribunal británico por su ocupación de Creta. El Fiscal pedía la pena de
muerte en la horca, pero inesperadamente se presentó en la sala el general neozelandés Inglis,
Jefe de las fuerzas británicas en Creta, quien ante la sorpresa del tribunal declaró que si Student
era juzgado también tendría que serlo él. La lucha -- dijo -- había sido muy dura pero ambos
bandos habían combatido con lealtad. Student fue condenado a 5 años de cárcel.
En Arnhem (Holanda), el General de la SS Bittrich concedió una tregua a los ingleses
cercados para permitir a los camilleros de la Cruz Roja Británica que evacuaran a 2.200 heridos
que pudieron, así, salvar sus vidas. En Cherburgo, las tropas alemanas, cercadas, resistieron, al
igual que en Brest, hasta el final de la guerra. En vista de la caótica situación de la plaza, el
mando alemán pidió permiso a Berlín para capitular. Como Cherburgo era un puerto
importante que interesaba no cayera en manos de los Aliados, el permiso fue denegado. En tales
circunstancias, y ante la ausencia absoluta de medicamentos para atender a los miles de heridos
y enfermos que se encontraban en la plaza, un capitán inglés que estaba en Cherburgo,
prisionero de los alemanes, se ofreció para atravesar la línea de frente y regresar a Cherburgo

1 / La Historia de los Vencidos, Edic. Wotan. Barcelona y El Mito de los Seis millones, Edic. Wotan. Barcelona.

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Joaquín Bochaca : LOS CRÍMENES DE LOS “BUENOS”

con un cargamento de medicinas. Así se hizo. Jugándose la vida, el oficial británico llegó a las
líneas aliadas y cumplió su misión; trajo las medicinas y se constituyó, nuevamente,
prisionero.
El espíritu de la Cultura Occidental, con sus valores de generosidad, caballerosidad e
hidalguía se puso de manifiesto a menudo en la contienda. Somos conscientes de ello, y nos
interesa ponerlo de manifiesto para que quede bien claro que las páginas que siguen no
constituyen en Acta de Acusación contra ninguno de los nobles pueblos que intervinieron, a su
pesar, en ella, sino contra el Gran Parásito que les manipuló, en su provecho y que utilizó, a tal
fin, al desecho biológico de sus pueblos-huésped.
El Tribunal Militar Internacional de Nüremberg, que juzgó a los "Malos", tipificó tres
clases de delitos mayores, a saber:
- Los crímenes contra la Paz.
- Los crímenes de Guerra.
- Los crímenes contra la Humanidad, y otras tres clases de delitos (relativamente)
menores, a saber:
- El complot nazi.
- La pertenencia a las SS.
- El delito de opinión.
Naturalmente, los "buenos" no cometieron esos delitos menores. Pero lo compensaron
largamente con una comisión impresionante, a nivel industrial, de delitos mayores. Vamos a
empezar por la responsabilidad en el desencadenamiento de la guerra que debe ser, según
Perogrullo, -- personaje que gozó de gran fama en épocas menos moralizantes y cultas que la
actual -- el mayor crimen que se puede cometer contra la paz.

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Joaquín Bochaca : LOS CRÍMENES DE LOS “BUENOS”

PARTE 1

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Joaquín Bochaca : LOS CRÍMENES DE LOS “BUENOS”

LA RESPONSABILIDAD DE ALEMANIA EN EL
DESENCADENAMIENTO DE LA GUERRA

"La guerra es la continuación de la política, con otros medios".
Clausewitz.

Con no poca razón el llamado hombre de la calle comulga con la creencia de que el
principal "crimen de guerra" es el desencadenamiento de la guerra misma. Es evidente que los
denominados "crímenes de-guerra" no se hubieran producido si ésta no hubiera estallado. La
responsabilidad de una guerra, incumbe, en primer lugar, a los que la provocan. El hecho
material de la declaración de hostilidades es, así, secundario. Que quien declara una guerra
puede ser "culpable" de la misma, o, simplemente, haber caído en una celada o en una
provocación del adversario es evidente. Pero no parece menos evidente que quien declara,
formalmente, una guerra, por fuerza tiene un grado -- mayor o menor -- de responsabilidad en
su desencadenamiento.
Utilizamos, ex-profeso, el lenguaje teológico de la política-ficción de nuestra época,
cultivadora del género moralizante ad nauseam, que necesita coartadas morales para justificar
ante sus súbditos -- y nunca mejor empleada esa palabra -- la progresiva invasión de las
competencias particulares. Así, mientras se perora interminablemente sobre la Justicia, la
humanidad y la tolerancia, los, medios de destrucción, de opresión y de tortura, tanto de
individuos como de pueblos y etnias llegan a un grado de perfeccionamiento jamás alcanzado ni
imaginado. Y utilizamos el mismo lenguaje, con fines puramente polémicos, para situarnos en el
mismo terreno en que se colocan los fautores de la Opinión Pública, escritorzuelos a tanto
alzado que siguen, lo sepan o no, lo quieran o no, un programa que les ha sido trazado por
quienes les pagan y, por consiguiente, les mandan.
Si Clausewitz no erraba al afirmar que la guerra es la continuación de la política con otros
medios, es evidente que más que hablar de la responsabilidad formal en el desencadenamiento
de la guerra, habría que hacerlo refiriéndose a la puesta en marcha de una política belicista cuyo
corolario final fue el estallido formal de hostilidades, en Septiembre de 1939.
JUDAISMO Y III REICH.
Es innegable que el enemigo número 1 del Judaísmo Internacional era, a principios de los
años treinta, Adolfo Hitler. El, y su Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán imputaban a los
judíos alemanes la derrota de 1918 y hacían del antisemitismo político y racial uno de los "leit
motiv" de su programa. Así, es de suponer el suspiro que debió exhalarse en las sinagogas de
todo el mundo -- y no solamente de Alemania -- cuando el 8 de Noviembre de 1932 pudo leerse
en Le Populaire, órgano oficial del Partido Socialista francés, esta frase de León Blum:
"Ahora ya se puede decir que Hitler está excluido del poder. Hasta me atrevería
a decir que está excluido de la esperanza de llegar al poder".
Las antiparras del millonario socialista tenían los cristales empañados. Tres meses escasos
después de la publicación del artículo en cuestión, Hitler tomaba el poder. Y lo tomaba merced a
una victoria electoral, de cuya pureza democrática nadie discutió. El 30 de Enero, Hitler era
nombrado Canciller del Reich. El 7 de Abril se promulgaba la ley que introducía en el estatuto de

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Joaquín Bochaca : LOS CRÍMENES DE LOS “BUENOS”

los funcionarios la llamada "cláusula aria", por la cual se denegaba a los ciudadanos israelitas
la calidad de "ciudadanos alemanes", quedando sometidos al régimen de extranjería,
quedando, por tal motivo, excluidos de las funciones públicas. El 25 de Abril se introducía el
"numerus clausus" en las escuelas de enseñanza secundaria y en la Universidad. Unos días más
tarde aparecían las prohibiciones a los judíos alemanes de dedicarse a determinadas
profesiones, tales como abogados, periodistas, empleados de banca, y militares. Por otra parte,
quedaban excluidos del Servicio Militar.
Los judíos prominentes -- no todos ellos, pero sí la mayoría -- emprenden el camino del
destierro. En Londres, en Nueva York y en París encuentran a compatriotas -- o, si se prefiere,
corraciales -- aterrados. Alemania había sido, hasta entonces, junto con Inglaterra y los Estados
Unidos, una de las "tierras de Canaan" preferidas por los judíos. No solamente constituían allí
una colonia numerosa, sino que, además, eran prácticamente omnipotentes. Sus capitanes de
industria llevaban el timón de la industria -- relativamente -- y del comercio y la finanza -absolutamente -- mientras sus profetas fabricaban la opinión de las masas obreras. Alemania
era el país de Rothschild y del Sindicato Rhenano- Westfaliano, uno de los principales
financiadores de la Revolución Rusa, era el país de Marx, de Engels y de Lasalle. Albert Ballin
había sido el amigo y consejero de Guillermo II, aunque al final, según la opinión de
Hindenburg, le traicionara. Rathenau, el magnate de las industrias eléctricas, había llegado a
presidir el destino de una Alemania vencida .Y aún había hecho más. Había contribuido
poderosamente a la consolidación del régimen soviético en Rusia con la firma del Tratado de
Rapallo, verdadera traición a los intereses, no sólo de Alemania, sino de todo el Occidente. Y he
aquí que ese país que se consideraba conquistado por Israel, he aquí que esa fortaleza de Judá,
era el teatro de una serie de medidas discriminatorias contra los ciudadanos alemanes de origen
racial judío.
Evidentemente, para juzgar los hechos hace falta una perspectiva histórica. No es válido
valorar una situación determinada, acaecida en un determinado país hace cuarenta y cinco años,
basándonos en los criterios que los mass media han impuesto como "naturales" hogaño. Las
medidas tomadas por Hitler y su régimen contra los Judíos alemanes podrán ser todo lo
aberrantes que quiera. Pero lo que no admite discusión alguna es que, entonces, numerosos
países tomaban medidas similares -- o, en algunos casos, peores -- contra determinados
ciudadanos suyos por los motivos más dispares. Así, resulta que en la democrática Inglaterra, un
Rey -- Eduardo VIII -- debía dimitir por pretender casarse con una divorciada. Pero si hubiera
sido católico no hubiera sido, siquiera, coronado monarca. Y no sólo discriminaba contra
divorciados y católicos la Corona inglesa; no sólo se impedía y se ponía trabas al libre ejercicio
del derecho al voto -- como se sigue haciendo hoy día -- a los cafeínas del Ulster. En todo el
Imperio Británico se ejercían discriminaciones contra millones de súbditos. Así, por ejemplo, en
el Dominio de Sudáfrica, los matrimonios entre miembros de las distintas comunidades blanca,
negra e india estaban prohibidos. En la Colonia del África del Sudoeste, una ley del 18 de Julio
de 1934, y que continuó en vigor durante casi treinta anos, es decir, hasta mucho después de la
muerte de Hitler, consideraba delito, no ya el matrimonio, sino las relaciones extra-conyugales
entre blancos y negros, Imponiéndoles una pena de cinco años de cárcel o la expulsión del país.
En el Dominio de la India, existía -- y, hasta cierto grado continúa existiendo hoy día -- una
complicada organización de castas; los parias, por ejemplo, tenían escasamente más derechos
que un animal y hasta les estaba vedado cambiar de residencia sin permiso de sus amos. La
situación de estos desgraciados, diez veces más numerosos que los Judíos en Alemania, era
infinitamente peor; al fin y al cabo, a parte de estarle vedado el acceso a determinadas
profesiones por considerarles extranjeros, los Judíos gozaban de los demás derechos, incluidos
el de libre desplazamiento. De hecho, lo que deseaban las autoridades alemanas era que
migraran fuera del país. En todas las Colonias de Su Majestad estaba prohibido, por práctica y
por ley, el acceso de los nativos a cargos políticos de algún relieve, y en el Dominio del Canadá se
descriminaba y se continuaba discriminando hasta hace pocos años, contra la población
francófona, a pesar de constituir casi el 40 % de la población.
En los Estados Unidos de América, otro bastión de la Democracia, a los indios aborígenes,
supervivientes del mayor "genocidio" colectivo del que habla la Historia, se les aparcaba en
"reservas", cobrándose una "entrada" a los que deseaban visitar aquel Zoológico humano. En
trece estados del Sur de la Unión estaba prohibido por la Ley el matrimonio entre blancos y
negros, a los que incluso se obligaba a viajar en compartimentos reservados y a comer en
restaurantes separados. Los negros no podían mandar a sus hijos a las Universidades de los
blancos ni podían ser elegidos representantes del Pueblo. Además, incluso les estaba prohibido,
en nueve estados, el ejercicio del derecho al voto. Es más, en plena "Guerra de la Democracia",

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Joaquín Bochaca : LOS CRÍMENES DE LOS “BUENOS”

en Junio de 1944 estalló una huelga en el Estado de Ohio porque una fábrica de aereoplanos
de doce mil obreros admitió por primen vez, a siete negros.
En los trece departamentos franceses de Argelia a los árabes aborígenes les estaba vetado
el ejercicio del derecho de voto. No así a los "pied-noirs" blancos y a los judíos. En el territorio
metropolitano estaba en vigor la llamada "Ley Marchandeau" que prohibía todo ataque
especifico contra los judíos, de cualquier nacionalidad. Esa era una ley de privilegio, toda vez
que la Ley francesa autorizaba cualquier ataque contra cualquier grupo racial, religioso, o
nacional determinado.
En la llamada -- sin sonreír -- "Democracia" Soviética, la ley ejercía corta pisas
discriminatorias contra ciudadanos en razón de su posición social o religiosa. Para estudiar
determinadas carreras en la Universidad era, -- y continúa siendo -- preciso pertenecer al
Partido Comunista. Esta medida ya discrimina contra casi el noventa y cinco por ciento de los
ciudadanos soviéticos. Por otra parte, y sancionadas o no por la Ley, existían numerosas
prácticas corrientes en la vida política de aquélla singular democracia, no siendo la menor la
llamada "Ingeniería Social" consistente en la mutación forzosa de poblaciones, tal como se hizo
con dos millones de ucranianos en 1938 y con medio millón de alemanes del Volga, llevados en
condiciones infrahumanas a Siberia, donde desaparecieron sin dejar rastro.
El cargo principal que hacían los alemanes a su comunidad judía consistía en la actitud de
los líderes espirituales de la misma, denigradores de todo le alemán sin excepción alguna
conocida y partidarios de la intangibilidad de Tratado de Versalles. Se quejaban, también, los
jerarcas nazis, del absoluta mente desproporcionado predominio de los judíos en la vida social y
política de Alemania, de su control total de los partidos Marxistas y de su prepon derancia en las
estadísticas de delitos comunes y sociales. El régimen nacionalsocialista, en fin, abogaba por un
estado ario al frente de una nación aria, entendiendo por "ario" blanco o "indoeuropeo", y no
necesariamente nórdico germánico como ha pretendido ex post tacto la propaganda aliadófila
para indisponer a los alemanes junto con el resto de europeos. Un judío, era a todos los efectos,
considerado, no-alemán, es decir, extranjero, y en todos le países del mundo se establecen una
serie de medidas restrictivas contra los extranjeros.
No hay, pues, nada de extraordinario en las medidas excepcionales adopta- das por el
Nacional-Socialismo contra los judíos alemanes. Medidas, por otra parte, totalmente
democráticas, toda vez que la mayoría de alemanes que dieron sus votos a Hitler conocían
perfectamente -- no podían ignorarlos -- los puntos programáticos del joven Partido;
concretamente los puntos 4, 5, 6, 8,18 y 23 aducían a la supresión de la influencia judía y de su
participación como co-nacionales en la vida estatal. No vamos a entrar, ahora, en la polémica de
si las adjetivadas aprensiones de Hitler sobre los judíos eran fundadas o no. En otra obra nos
ocupamos de ello (2). Ahora bien, lo que debe forzosamente llamar la atención es la atonía de los
mass media de la época ante discriminaciones flagrantes como las que mencionamos más
arriba; en vez de ocuparse de las discriminaciones raciales y religiosas existentes en el Imperio
Británico, los medios de comunicación ingleses se preocupaban de la suerte de los Judíos
alemanes. Los periódicos y emisoras de radio norteamericanas, francesas y rusas no decían nada
-- entonces -- de nueve millones de negros, un millón de indios pieles rojas, siete millones de
árabes argelinos y docenas de millones de rusos; lo único que turbaba la buena digestión de sus
banquetes democráticos era la situación de medio millón de judíos alemanes los cuales, si no
estaban aparcados en reservas y tenían muchos más derechos reconocidos que un paria, un
negro y un soviético, sí podían emigrar a otros países, vedado esto a decenas de millones de
súbditos de países democráticos, empezando por la democracia soviética.
Que un estado soberano dicte normas excepcionales contra una parte de sus habitantes
podrá ser -- o parecer -- moral o no. La cuestión no es esa. La cuestión estriba en la legalidad y la
legitimidad de tales medidas, que sólo discutió la Gran Prensa Mundial cuando el III Reich las
aplicó contra sus judíos, guardando atronador silencio, de momento, sobre sus respectivos casos
particulares, actualizando la bíblica parábola de la paja y la viga.
OFENSIVA DIPLOMÁTICA DEL SIONISMO CONTRA ALEMANIA
El 3 de Abril de 1933, el Canciller del Reich recibía un telegrama concebido en los
siguientes términos: "Los representantes calificados de las organizaciones abajo firmantes
declaran al Gobierno del Reich están decididas a poner en marcha todas las medidas posibles de
represalias económicas y financieras, y especialmente a llevar a cabo y a generalizar el boycot

2 / El Mito de los Seis Millones, Págs. 17 y 41 y siguiente.

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Joaquín Bochaca : LOS CRÍMENES DE LOS “BUENOS”

sistemático de los productos alemanes, hasta que no se haya devuelto a los Judíos de
Alemania todas las facilidades, que les han sido arrebatadas, de existencia moral, y no hayan
sido restituidos en la integridad de derechos de los demás ciudadanos alemanes." Firmaban el
documento, la Liga Internacional contra el Antisemitismo; un titulado Comité de Defensa de los
Judíos Perseguidos en Alemania; el Comité Francés en Pro del Congreso Mundial Judío y la
Asociación de Antiguos Combatientes Voluntarios Judíos.
Una observación: Dejando aparte la Liga Internacional contra el Antisemitismo que,
aunque radicada legalmente en París puede invocar un carácter supranacional, y el Comité de
Defensa de los Judíos Perseguidos en Alemania, cuyos miembros eran, en su casi totalidad, de
nacionalidad alemana de origen, las otras dos asociaciones eran, indudablemente francesas y,
por consiguiente, sometidas a la legislación francesa. Su telegrama, dirigido a un jefe de estado
vecino, oficialmente amigo -- puesto que Francia mantenía relaciones diplomáticas normales
con el III Reich -- y soberano, constituía una flagrante ingerencia en los asuntos internos del
mismo. Imaginémonos la barahúnda internacional que se hubiera armado entonces si el
Canciller Hitler llega a mandar un telegrama al Presidente de la República Francesa -- o si tal
telegrama lo hubiera redactado el Jefe de las SA -- anunciando un boycot de los productos
franceses en Europa Central por dar acogida en Francia a refugiados judíos, enemigos políticos
de Alemania. O, dando un salto en el espacio y en el tiempo, si la Reina de Inglaterra -- o el Lord
Chambelán de la Orden del Baño -- le mandara un telegrama redactado en parecidos términos a
Brejnev en protesta por el tratamiento dado por los soviéticos a la comunidad de musulmanes
kirghizes en el Turkestan Ruso. Y otra observación: esas cuatro organizaciones judías, con su
actitud, dan la razón, paradójicamente, al Canciller Hitler y al Profesor Herzl, quien afirmaba
que un judío, independientemente de su lugar de nacimiento, era siempre judío; por encima de
todo, judío. Esa solidaridad judía no tiene parangón en el mundo. Inglaterra ha tenido -- y tiene
-- diferencias con los irlandeses, pero nunca la comunidad irlandesa de los Estados Unidos,
numéricamente tan importante como toda la Judería mundial, ha amenazado con boycots al
Imperio Británico, ni siquiera ha intervenido en un plan formal, limitando su acción a enviar
medicamentos y alimentos, en contadas ocasiones. Los Estados Unidos han tenido problemas
con las -- más o menos -- "hispánicas" Cuba, Puerto Rico y México, sin problemas con España.
Nunca una minoría halógena, a lo largo y ancho de toda la historia del Mundo ha creado tantos
problemas a los más diversos países con su sentido de la cohesión y la solidaridad racial que
hace caso omiso de las fronteras y las nacionalidades oficiales.
En Agosto de 1933, se reunía en Praga el Congreso de Organizaciones Sionistas
Mundiales, que se irrogaba, con razón o sin ella, la representatividad de siete millones de judíos
esparcidos por todo el mundo, fieles todos ellos al ideario sionista. Este Congreso pide a
Inglaterra que facilite la inmigración de tres millones de judíos a Palestina, entonces Mandato
Británico. El Gobierno Británico, no se da por aludido; es más, pese a mantener inhabitados y
hasta inexplorados inmensos territorios de su Imperio, ni siquiera ofrece una solución de
recambio a los sionistas. El Congreso Mundial Judío aprovecha, también, la oportunidad para
lanzar una violenta diatriba contra Hitler, que tampoco se da por aludido ni siquiera presenta
una protesta diplomática formal ante el Gobierno Checoeslovaco, lo que hubiera estado
perfectamente justificado. A principios de 1934, en Nueva York, Samuel Untermeyer crea un
organismo supranacional denominado "Boycot Internacional contra los Productos Alemanes",
que empieza a actuar con notable eficacia. El sionista Untermeyer afirmaba representar a más
de dos docenas de asociaciones judías de veintisiete naciones, cuyos miembros totalizaban ocho
millones. El tal Untermeyer se movió, durante años, a través de más de medio mundo; con
discreción en algunos países, sin ella en otros, como en Inglaterra, Francia y los Estados Unidos.
El Gobierno Alemán hubiera estado en su perfecto derecho al presentar notas de protesta
diplomática, pero no lo hizo. Casi simultáneamente, la titulada "Conferencia Nacional de Judíos
y Cristianos", reunida en Nueva York bajo la doble presidencia del Gentil Carlton J. Hayes y del
Judio Roger W. Strauss, organizaba un boycot contra las líneas marítimas y compañías de viajes
alemanas, así como un comité para "vigilar las actividades de los norteamericanos de origen
alemán en los Estados Unidos." Las declaraciones de personajes judíos de auténtico rango y
representatividad, en contra de Alemania y su régimen son innumerables. El Rabino Stephen
Wise, sionista y miembro del "Brains Trust" del Presidente Roosevelt, manifestó, el 8 de Mayo
de 1933: "Soy partidario de la Guerra Santa contra Hitler. ¡Quiero la Guerra!" (3).
Similares declaraciones, aunque más veladas en la forma, hacen personalidades del relieve
de Louis D. Brandéis, Presidente del Tribunal Supremo de los Estados Unidos; Bernard Mannes

3 / Edward Edmondsson: I Testify, pág 195.

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Joaquín Bochaca : LOS CRÍMENES DE LOS “BUENOS”

Baruch, el llamado "Procónsul de Judá en América", hombre que, aunque nunca fue votado
por el pueblo Norteamericano, tuvo un poder omnímodo, siendo sucesivamente "Consejero"
de los Presidentes Woodrow Wilson, Hoover, Roosevelt, Truman y Eisenhower; Félix
Frankfurter, Ministro de Justicia y Henri Morgenthau, Jr., Secretario del Tesoro (Ministro de
Hacienda) y Samuel Rosenman, el redac- tor de los discursos del Presidente Roosevelt.
Morgenthau tuvo la franqueza de declarar la guerra a Hitler, incluso antes de que las medidas
discriminatorias del Nacional-Socialismo contra el Judaísmo alemán se hicieran públicas: "Los
Estados Unidos han entrado en la fase de la Segunda Guerra Mundial" (4).
En Francia, los emigrados Judíos también alborotan lo suyo, desde escritorzuelos como
Remarque y Arnold Zweig hasta autores de categoría, como Thomas Mann, pasando por
científicos de innegable relieve, como Albert Einstein. Victor Basch, un hebreo de nacionalidad
francesa, que ostenta la presidencia de la "Liga Mundial de la Paz", organización criptocomunista, insulta groseramente a Hitler y le vaticina que, lo quiera o no, tendrá una guerra
antes de cinco años. Basch, ciudadano francés, está cometiendo un delito de acuerdo con el
Código Penal del país en que reside, al insultar a un jefe de Estado extranjero con el que su
(¿su?) patria man- tiene relaciones diplomáticas normales. Pero la Justicia Francesa le deja
tranquilo. La Embajada Alemana se limita a cursar una protesta formal a la que el Quai d' Orsay
ni se digna contestar. En Inglaterra, el Capitán Sean, un judío, arranca la corona que un
emisario de Hitler ha colocado en el monumento a los muertos en la Primera Guerra Mundial, y
la arroja al Tamesis. De acuerdo con el Código Civil, el Penal y el de Justicia Militar vigentes en
el Reino Unido en aquél entonces, a ese Capitán le correspondían, como mínimo, seis meses de
arresto. En lugar de ello, unos días después logra un ascenso en el escalafón. Es Ministro de la
Guerra del Imperio Hore Belisha, un judío; el primero de su raza que logra alcanzar tal rango.
Las provocaciones son constantes y, por lo que atañe a la comunidad judía de Alemania,
no sirven más que para agravar su situación. Los nazis en efecto, afirman que, tal como
aseguraba Herzl, el padre del Sionismo moderno, e infinidad de prohombres de su raza, el judío
es, antes que nada y por encima de todo, judío, independientemente de su nacionalidad de
pasaporte. Se comprenden las protestas de los judíos alemanes contra el Nazismo; puede,
hilando muy delgado, admitirse una corriente de simpatía de los judíos del resto del mundo
hacia los judíos alemanes y, por vía de consecuencia, de antipatía, contra el gobierno legal de
Alemania. Pero lo que no puede admitirse, desde el punto de vista de un patriota holandés
belga, francés, inglés o turco, es que un conciudadano suyo, por el mero hecho de pertenecer a la
comunidad judía, pretenda involucrar a su patria oficial en sus querellas supra-nacionales con
otro país.
He aquí el quid de la cuestión: Según Hitler y según Herzl, según Goebbels y según Chaim
Weizzmann, un judío es antes judío que alemán. Hitler y Goebbels no lo pueden tolerar en
Alemania, y, aprobados por la mayoría democrática de su pueblo, deciden colocarles en el lugar
que, a su juicio les corresponde: el de extranjeros, a los cuales les está vedado el acceso a
determinados cargos y empleos, aunque, paralelamente, tampoco se les exija -- como
extranjeros -- la contraprestación de determinadas obligaciones como el servicio militar. Y los
judíos del mundo entero, al reaccionar con tal vehemencia y unanimidad, parecen darle la razón
al Führer y no hacen más que agravar el caso de los judíos residentes en Alemania.
INTENSIFICACIÓN DE LA OFENSIVA SIONISTA
Y PRESIÓN SOBRE VARIOS GOBIERNOS.
El infatigable Samuel Untermeyer convocó, en Holanda, otra "Conferencia Judía
Internacional del Boycot contra Alemania", el 7 de Agosto de 1933, desde las antenas de la
emisora de radio W.A.B.C. en su calidad de Presidente de la "Federación Mundial Económica
Judía" Untermeyer declaraba, en nombre de los organismos que representaba, la guerra a
Alemania. Así de concreto: una guerra económica, diplomática e ideológica, pero guerra al fin.
Unas semanas después, fundaba la titulada "Non-Sectarian Boycot League of America", cuya
finalidad consistía en vigilar a los ciudadanos norteamericanos que comerciaban con Alemania,
con objeto de intimidarles mediante medidas económicas y de presión social.
En Enero de 1934, Wladimir Jabotinsky, fundador del Movimiento Sionista Revisionista
Polaco, escribía en la revista "Nacha Recht":

4 / Portland Journal, 12-11-1933.

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Joaquín Bochaca : LOS CRÍMENES DE LOS “BUENOS”

" La lucha contra Alemania ha sido llevada a cabo desde hace varios meses por
cada comunidad, conferencia y organización comercial Judía en todo el mundo.
Vamos a desencadenar una guerra espiritual y material en todo el mundo contra
Alemania".
Se trata de una confesión de talla, hecha por una figura política de talla, al menos en el
mundillo político Judío. En el curso de 1934 se intensificó la ofensiva sionista contra Alemania.
Esta ofensiva era multilateral, abarcando las más variadas facetas. Desde la elaboración de listas
negras de empresas que trabajaban con Alemania, hasta el boycot contra la participación de un
equipo de atletas alemanes en un torneo londinense (5). David A. Brown (a) Braunstein,
Presidente de la "United Jewish Campaign" en los Estados Unidos dijo al escritor Edmondsson:
"Los Judíos vamos a hacer la guerra sin cuartel a Alemania" (6).
En Inglaterra se creó un "Consejo Representativo Judío para el Boycot de los Bienes y
Servicios Alemanes". Ese organismo tenía por misión hacer el vacío comercial a las firmas
inglesas que, a pesar de todos los obstaculos, seguían trabajando con el Reich. Por otra parte,
dos prohombres judeo-británicos. Lord Melchett, Presidente del mastodóntico trust "Imperial
Chemical Industries", y Lord Nathan, fundaban un "Joint Council of Trades and Industries",
cuya finalidad era extender a todo el mundo las mismas actividades que en un ámbito
puramente Inglés llevaba a cabo el ya mencionado "Consejo Representativo Judío". También
apareció una "Women's Shoppers League", que boycoteaba los productos agrícolas alemanes, y
un "British Boycot Organization", fundada por el israelita Capitán Webber, que pretendía
organizar una guerra económica antialemana en países en que predominaba la influencia
política inglesa.
La influencia Judía también se manifestaba en la forma de presiones a Los gobiernos
democráticos occidentales. Esa influencia, derivada del prepotente poderío económico y
financiero de las respectivas comunidades judías explica decisiones tan incomprensibles como
la tomada por el Gobierno Británico, al enviar a tomar parte en las negociaciones financieras
anglo-alemanas, celebradas en Berlín en Noviembre de 1934, al judío S. D. Waley. Se objetará,
no sin razón, que un gobierno soberano, en ese caso el gobierno inglés, está en su perfecto
derecho de mandar al extranjero, representantes suyos, a miembros de las razas o religiones que
considere oportuno. Nadie podrá discutir ese derecho. Ahora bien: lo que es discutible,
empezando por el punto de vista del propio interés inglés y siguiendo por el de la cortesía, es la
procedencia de mandar a Waley, un sionista notorio, a discutir con los jerarcas nazis. Es como
si, en la actualidad, el gobierno norteamericano mandara de embajador en la Arabia Saudita a
un rabino, o de cónsul en Hiroshima al piloto del avión que arrojó sobre aquélla ciudad la
primera bomba atómica. Árabes y japoneses tomarían tales nombramientos como calculados
bofetones diplomáticos, y nadie podría culparles por ello. En Abril de 1934, Herbert Morrisson,
Alcalde de Londres y Líder del Partido Laborista, habló en un mitin celebrado para recaudar
fondos para el "Jewish Representative Council for Boycot of German Goods and Services". Dijo:
"Es un deber de todos los ciudadanos británicos amantes de la Libertad boycotear los bienes y
servicios alemanes". ¡Bella lección de amistad nacional....!
La política inglesa nunca fue simple. Hyppolite Taine decía que no es "una teoría de
gabinete aplicable instantáneamente a la práctica, enteramente y de un sólo golpe, sino más
bien un asunto de tacto en el que se debe proceder solamente a base de moratorias,
transacciones y compromisos”. (7) Pero raramente fue esa política tan compleja y
desconcertante, para un observador superficial, como en el curso de los años 1933 a 1939. En
ese período todo son manifestaciones contradictorias, giros copernicanos, súbitos accesos de
fiebre que siguen a momentos de depresión o de inmovilidad total.
Si se quiere comprender algo, si se quiere desentrañar el misterio de esa insólita curva de
temperatura, es preciso entrar en el detalle de las cosas. Así, por ejemplo, en el seno de la
entonces todopoderosa City -- la célebre milla cuadrada que contiene a los bancos, compañías
de seguros y financieras y grandes empresas navieras del Imperio -- confluyen dos corrientes:
una, pacifista, la otra belicista.
A la cabeza de las grandes sociedades habían ingleses. Habían también y sobre todo,
muchos judíos. Los Rothschild, los Lazard, los Sassoon, los Hambro, los Mosenthal, los
5 / or aquella época, Arnold S. Leese, escritor y político Inglés quiso organizar un boicot contra los productos Judíos.

Fui procesado y condenado a la cárcel por libelo sedicioso y calumnia (N. del A.).
6 / Robert E. Edmondsson: I Testify.

7 / Hyppolite Taine: Notes sur l' Angleterre.

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Joaquín Bochaca : LOS CRÍMENES DE LOS “BUENOS”

Bergson, los Lewis, los Hess, los Neumann, los Sieff, los Isaacs, y mil más, pues sólo hemos
citado unos nombres al azar. Enumerar a todos los grandes financieros de la City en aquélla
época exigiría páginas y más páginas, y si se pretendiera inscribir, frente a cada nombre, los
consejos de administración a que pertenece el interesado, preciso sería redactar un libro.
Champeaux, documentadísimo publicista francés, cita el caso de Issac Lewis, que no
figuraba entre los cincuenta Judíos más ricos de Inglaterra, eI cual formaba parte de veintidós
consejos de administración de bancos, navieras, minas de oro y de diamantes, empresas
exportadoras y destilerías de alcohol, ubicadas en Inglaterra y media docena de colonias y
dominios (8).
La importancia de los judíos en la City está, por otra parte, corroborada por el lugar que
ocupan en la sociedad. Empezando por Lord Rothschild, y continuando por Lord Reading
(Rufus Isaacs), Lord Burnham (Levy- Lawson), Lord Melchett (Alfred Mond), Lord Astor, Lord
Goschen, Lord Swaythling (Samuel Montagu), Lord Wandworth (Sydney Stern), Lord
Michelham (Herbert Stern), Lord Montefiore y terminando por la legión de judíos y Judías
emparentados con miembros de la más rancia nobleza británica, pasando por el centenar largo
de judíos que tenían, entonces, derecho a usar el título de " Sir " (9). Los judíos ocupan puestos
políticos muy importantes. En 1867, Disraeli, al que luego se daría el título de Lord
Beaconsfield, fue el primer judío que alcanzó la Jefatura de un gobierno europeo, y desde
entonces una infinidad de Judíos han sido ministros, embajadores, virreyes y miembros del
llamado "Consejo Privado", que dirigía, hasta 1939, la alta política inglesa, por encima del
"democrático" Parlamento. Un hebreo originario de Alemania, Ernest Cassel, había sido el
hombre de confianza de Eduardo VII y su nieta se casó con Lord Louis Mountbatten, sobrino del
Rey. Si, desde 1933 hasta 1939 se observa como una irresolución, unas dudas crónicas en la
política de los gabinetes conservadores, será preciso tener muy en cuenta que la City -- de la cual
los gobiernos no son más que el instrumento -- se halla dividida. Los ingleses auténticos, los
anglosajones, son pacifistas a cualquier precio, Los judíos ingleses admiten la idea de la guerra
contra Hitler y muchos de ellos -- los más prominentes, precisamente -- consideran necesaria.
La historia de los gobiernos británicos, desde 1933 hasta 1940, es la historia de la lucha de la
influencia inglesa y la influencia judía. Esta lucha terminará con la destitución práctica de Sir
Neville Chamberlain, y su substitución por Churchill, el campeón del clan belicista.
Si, en 1934-35, gobiernan los conservadores, entre los que predomina eI elemento
puramente anglosajón, con Chamberlain, Sir Samuel Hoare, Runciman, Butler y Sir John Simon
a la cabeza, la oposición, por su parte se compone de los liberales, seguidores de Lloyd George, y
de los laboristas. Estos profesan un odio mortal a los regímenes totalitarios, cuya eliminación de
la faz del mundo exigen. Aquéllos han incorporado a su programa los rencores de Lloyd George,
el viejo abogado del Movimiento Sionista de Inglaterra. Por otra parte, Lloyd George debe
actuar como lo exige la regla no escrita de la Democracia Moderna: si el Gobierno fuera
belicista, él le reprocharía su imprudencia; como piensa, por el momento, exclusivamente en
Ingles, y el pacifista, deberá reprocharle su tibieza. A estos dos elementos fundamentales de la
Oposición se ha añadido, poco a poco, el elemento llamado "joven conservador", que exhibe
unas ideas "avanzadas" en política exterior. Los jóvenes conservadores están tan convencidos
como los viejos de la necesidad de "conservar" sus privilegios de clase, que consideran
intangibles. Pero en lo tocante a política exterior, flirtean a menudo con los laboristas. Los
jóvenes conservadores son "antifascistas".
El más inquieto de esos Jóvenes es Anthony Edén, séptimo barón de este nombre, y
casado con una hija de Sir Gervase Beckett, miembro del consejo de Administración de la
"Westminster Bank", y hermano del Presi- dente de ese mismo banco, Rupert Beckett. Junto a
él, algo menos joven está Winston Churchill, hombre versátil, que, en esa época, es
anticomunista, pero también antinazi, aunque en 1936, con ocasión de la Guerra de España se
volverá pronazi, escribiendo, en sus libros Step by Step y Great Contemporaries, frases muy
laudatorias sobre Mussolini y Hitler.
***
El clan belicista -- con ese nombre se le denomina corrientemente -- influye
poderosamente en las Trade Unions, los sindicatos ingleses. El problema Italo-etíope les facilita
una excusa para intervenir en política exterior, algo que, en teoría, le está vedado a un
8 / Georges Champeaux: La Croisade des Démocraties, pág 38.
9 / En la Actualidad pasan de docientos.

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Joaquín Bochaca : LOS CRÍMENES DE LOS “BUENOS”

movimiento obrerista. El 3 de Septiembre de 1934, las Trade Unions celebran su Congreso
Nacional en Margate, y su Secretario General, el hebreo Sir Walter Citrine, manifiesta
insólitamente: "Para detener la agresión italiana contra Etiopía no hay otra salida que las
sanciones, aunque éstas lleven en sí mismas el germen de la guerra". Cuando la ovación
termina, añade: "Esas sanciones deberán ser igualmente aplicadas contra la Alemania de
Hitler". Hitler responde, desde Berlín, que los sindicalistas ingleses ocuparían mejor su tiempo
si lo emplearan en solucionar los problemas de los afiliados a sus propios sindicatos.
El clan belicista actúa diligentemente en las colonias y dominios del Imperio Británico.
Así, por ejemplo, el General Smuts, Presidente de la Unión Sudafricana, manifestó en un
discurso pronunciado en Capetown el 18 de Abril de 1934 que "...el mundo no puede permitir
que el judío sea considerado un ciudadano de segunda fila". Es curioso que nadie parezca darse
cuenta, en todo el Imperio, que, en el momento en que el General-Presiden Smuts pronuncia esa
frase, en su propio país, la Unión Sudafricana quince millones de negros y tres millones de
indios son, efectivamente, “ciudadanos de segunda fila" puesto que, al Igual que los Judíos en
Alemania, no se les permite ocupar ciertos cargos en la Administración y en la vida del país, ni
votar ni ser elegidos. A indios y negros no se les permite convivir con los blancos en
restaurantes, autobuses ni lugares públicos, algo que no les está vedado a los Judíos alemanes
por el momento. No estamos haciendo una crítica del Apartheid; nos limitamos a dejar
constancia de un hecho. El hecho de que para Smuts los problemas domésticos de Alemania son
más importantes que los de la Unión Sudafricana.
El órgano oficial de la Judería Inglesa, Jewish Chronicle, al redactar una gacetilla
obituaria sobre Jacob E. Marcovitch, un correligionario que es el "patrón" de los mas
importantes periódicos egipcios, hace esta estupenda confesión de parte: "El difunto Marcovitch
convirtió a toda la prensa egipcia en un verdadero campo de batalla contra el hitlerismo" (10).
Algo similar ocurre en el Canadá y Australia, donde las influyentes co- munidades Judías
locales, apoyadas por Londres, agitan en contra de Ale- mania. Pero esto no es nada comparado
con lo que ocurre en los Estados Unidos. Roosevelt, que acaba de ganar las elecciones a la
Presidencia, se Rodea de un "Brains Trust" cuya obsesión, más que preocuparse por los Estados
Unidos, consiste en atacar al régimen que gobierna en Alemania. Este "Brains Trust", o Trust de
los Cerebros, es un conglomerado de hom- res de confianza del Presidente, que los ha nombrado
a dedo. Ninguno de ellos ha sido elegido por el Pueblo Americano, pero tiene más influencia que
cualquier alto funcionario legal. Este es un hecho que es inútil súbrayar, por sabido. He aquí los
miembros de este insólito areópago: Fiorello La Guardia, alcalde de Nueva York; Herbert
Lehmann, Senador del Estado Nueva York; Henry Morgenthau, Jr., Secretario del Tesoro;
Harold J. Ickes, Secretario del Interior; el Juez Louis Dembitz Brandéis; el profesor Félix
Frankfurter, Presidente del Tribunal Supremo; Samuel Rosenmann, que escribía los discursos
presidenciales; el omnipotente Bernard Mannes Baruch, titulado "Asesor Especial de la
Presidencia"; Jerome N. Frank; Mordekai Ezekiel; Donaid Richberg, de la Comisión de
Inmigración; Ben Cohen; David Lilienthal; Nathan Margold; Isador Lubin; Gerald Swoope,
prominente banquero; David K. Niles; el Juez Cardozo, del Tribunal Supremo; Joseph E.
Davies, que sería Embajador en Moscú y Lewis L. Strauss. Todos estos individuos eran judíos y
sionistas. Entre los Gentiles del "Brains Trust” formaban Miss Frances Perkins, simpatizante del
Partido Comunista y, durante unos meses, Secretario de Trabajo; el General Hugh S. Johnson,
vinculado a la Alta Banca; el secretario de estado, Cordell Hull (casado con la hermana del
multimillonario judío Julius Witz) y Harry Hopkins (11) Secretario de Comercio.
Precisamente a propuesta de Hopkins ingresaron en 1936 en el Brains Trust Tom
Corcoran, un aventurero irlandés, de pésimos antecedentes; Maurice Karp, un multimillonario
judío, fabricante de armamentos y hermano de la esposa del famoso Ministro de Stalin,
Molotoff; Samuel D Dikcstein y su correligionario Samuel Untermeyer, el sionista que presidía
la "Federación Mundial Económica Judía", al que ya hemos aludido en más de una ocasión. El
Brains Trust ejercía una influencia considerable, ya directamente, prevaliéndose de la posición
individual de sus hombres y de las Fuerzas Políticas y Sociales que éstos representaban, ya
indirectamente, presiónanado sobre el Presidente Roosevelt. Pero, ¿quién era Roosevelt?.
Según investigaciones del Doctor Laughlin, del Instituto Carnegie, Franklin Delano
Roosevelt pertenecía a la séptima generación del hebreo Martenszen Van Roosevelt, expulsado
de España en 1620 y refugiado en Holanda, de donde emigró, en 1650 o 1651, a las colonias
10 / Jewish Chronicle, Londres, 22-11-1935.
11 / Según el “James True Industrial Control Report " (National Press Bldg., 21- XII-1935, Hopkins es parcialmente

Judío y debe su formación política a las enseñanzas del profesor, el judío Steiner. (N.del A.)

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Joaquín Bochaca : LOS CRÍMENES DE LOS “BUENOS”

inglesas de América. El publicista judío Abraham Slomovitz publicó en el Detroit Jewish
Chronicle que los antepasados judíos residían en España en el siglo XVI y se apellidaban
Rosacampo. La familia Rosacampo -- Van Roosenvelt -- Roosevelt sólo se mezcló, desde su
llegada a América con Jacobs, Isaacs, Abrahams y Samuels (12). Cuando murió la madre del
Presidente Sarah Delano, el periódico " Washington Star "publicó un artículo sobre las
actividades de la familia Roosevelt desde su llegada a América, que coin- cidía plenamente con
los testimonios que acabamos de citar. El muy acre- ditado y filosemita New York Times recogía
unas manifestaciones (13) de Roosevelt en las que reconocía su origen hebreo. A mayor
abundancia de detalles, la esposa del Presidente, Eleanor Roosevelt, prima suya, era igualmente
judía y fervorosa sionista, tal como proclamó ella misma en in- finidad de ocasiones.
Y si Roosevelt, de origen judío y asesorado por judíos, dependía, en última instancia, del
Money Power -- el Poder del Dinero -- representado por banqueros como Warburg, Kuhn,
Loeb, Otto H. Kahn y Rockefeller, también directamente dependía de los hombres y las Fuerzas
que habían financiado su aparatosa campaña electoral. El documentadísimo Henry Coston los
menciona: Bernard Mannes Baruch -- decididamente omnipresente -- y su hermano Hermann;
William Randolph Hearts (Hirech) el magnate de la Prensa; los banqueros Guggenheim y
Vanderbitl; los hermanos Percy y Jesse Strauss, de los mastodónticos almacenes Macy's; Joseph
E. Davies, de la General Motors; Joseph P. Kennedy; la United States Steel; la familia
Morgenthau; los prohombres sionistas Untermeyer y John J. Raskob; Morton L. Schwartz;
Averell Harrimann y la R.J. Reynolds Tobacco. Exceptuando al irlandés Kennedy y -parcialmente -- a la R. J. Reynolds Tobacco, los demás Individuos y entidades citados son
Judíos. Entre los financiadores de menor cuantía la proporción de Judíos, especialmente
sionistas, era abrumadora. (14)
La presión que el Gobierno Americano ejerció sobre Alemania fue, desde el primer día,
agobiante. Esto se manifestó en mil detalles de la vida cotidiana, a parte de la tolerancia oficial
con los organismos de boycot antí- alemán en suelo norteamericano, a pesar de que éstos, con
su actitud, infringían la ley del país. Como detalle revelador de esta actitud debemos mencionar
el incidente del "Bremen". El 27 de Julio de 1935, este paquebote alemán, amarrado en la rada
de Nueva York, no pudo desembarcar a sus pasajeros en vista de la actitud hostil de un millar de
sionistas. Cuando el "Bremen" se disponía a partir, algunos manifestantes lograron subir al
barco, por la parte de proa y, arrancando la bandera con la cruz gamada, la arrojaron al río
Hudson. A consecuencia de este incidente, cinco personas fueron procesadas. El Juez Brodsky,
Judío, les declaró absueltos. He aquí algunos de los considerandos de la insólita sentencia:
"Es muy posible que los acusados hayan arrancado la cruz gamada porque
estimarán, con razón o sin ella, que este emblema simboliza todo lo que es contrario a
los ideales americanos, cual son la libertad y el derecho a la vida".
" Es muy posible, también, que los acusados, con razón o sin ella, hayan
atribuído a ese emblema el simbolismo del pabellón de un barco de piratas navegando
audazmente en el puerto de una nación a la que acaban de hundir uno de sus barcos."
Por otra parte, no está demostrado que esta manifestación puede ser considerada
ilegal, pues el derecho a discutir libremente y públicamente asuntos que incumbieran
a sus intereses fue reconocido por la Petition of Rights y por el Bill of Rights que
constituyen los fundamentos de la Constitución Inglesa, sobre la cual se fundamenta
la nuestra."
No consideramos útil añadir comentario alguno. Nos permitimos invitar al lector amigo a
releer un par de veces este texto insólito. Para nosotros, esta sentencia, sencillamente, no es
terrestre.
El Embajador de Alemania, Herr Luther, protestó oficialmente ante Cordel Hull,
Secretario de Estado, por insultos al emblema nacional socialista. Las excusas de Hull, que
subrayó que el Juez Brodsky no era portavoz del Gobierno Norteamericano, parecieron dar por
concluido el Incidente. Pero, en realidad, sólo lo parecieron. La sentencia del Juez Brodsky es
del día 6 de Septiembre. Las excusas de Cordell Hull son del 16. Pero, tres días antes de tales
excusas, Hull había dado un paso de la máxima trascendéncia, y en sentido diametralmente
opuesto. El día 13 de Septiembre Luther había sido informado por Hull que, a partir del día 15
12 / Roben E. Edmondsson: I Testify.
13 / TThe New York Times, 4-III-1935.
14 / Henry Coston: La Haute Banque et les Trusts

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Joaquín Bochaca : LOS CRÍMENES DE LOS “BUENOS”

de Octubre, las importaciones alemanas pagarían unos derechos de Aduanas sesenta por
ciento más elevados. Los medios industriales y comerciantes de los Estados Unidos habían
aprobado esta medida. No olvidemos que América estaba aún, bajo los efectos de la crisis de
1929, iniciada precisamente en la Bolsa de valores de Nueva York, que había colocado al país al
borde de la ruina y el colapso económicos. El Big Business norteamericano veía en una "Gran
Cruzada Democrática" contra los fascismos autárquicos europeos una posible salida a sus
problemas económico-financieros. La guerra aceleraría el ritmo de la máquina que, desde 1929,
funcionaba con lentitud. La guerra aduanera -- que, como ya hemos mencionado -- completaba
oficialmente las medidas tomadas privadamente por organismos tales como la "Federación
Mundial Económica Judía", podía ser el primer paso. El segundo paso lo constituyó la dimisión
de George Peek, Consejero Especial de Roosevelt para el comercio con el Extranjero. En los
últimos meses de 1934 había iniciado gestiones para la conclusión de un acuerdo de trueque con
el III Reich. Se trataba del barter (intercambio) de algodón norteamericano contra productos
químicos alemanes. Cordell Hull se había opuesto al proyecto. Peek, sostenido por un sector de
la industria americana, esperaba lograr sus propósitos, pero el día 31 de Octubre Bernard M.
Baruch hacía unas declaraciones a la prensa afirmando que Peek ya no gozaba de la confianza
del Presidente, y tres días después debía dimitir. Los belicistas habían conseguido marcar un
tanto importante.
LA POLITICA EXTERIOR DE HITLER
La mayoría del electorado alemán que dio sus votos a Hitler conocía perfectamente los
puntos programáticos de su Partido. En lo que atañe a la política exterior, se trataba de borrar
las secuelas del Tratado de Versalles que en Alemania todos -- y no sólo los nazis -denominaban el "Diktat". Hitler, en realidad, se apoyaba en los términos del propio Tratado. Por
ejemplo, la cláusula relativa al Desarme, que había sido impuesta por el Presidente
norteamericano, Woodrow Wilson, y que obligaba a todos los signatarios del Pacto, y no sólo a
los vencidos alemanes. En la Conferencia de desarme, el Delegado alemán aprueba sin reservas
el Plan Mac Dónald, presentado por la Delegación Inglesa. He aquí la substancia de ese Plan:
Alemania tendrá el derecho a duplicar los efectivos de la Reichswehr, que pasará, así, de
100.000 a 200.000 hombres. Francia será invitada a rebajar sus efectivos millitares hasta la
misma cifra de 200.000 soldados. Pero a esos 200.000 hombres para la defensa de su
metrópoli, Francia podrá agregar otros 200.000 para la defensa de su Imperio. A Italia se le
reconoce el derecho a un ejército de 200.000 hombres más otros 50.000 para sus colonias.
Polonia -- cuya población es inferior a la alemana en un 50 por ciento -- tendrá, Igualmente,
derecho a un ejército de 200.000 hombres. Checoslovaquia 100.000 y la Unión Soviética,
500.000. Adicionando las fuerzas de Francia y sus aliados en Europa, es decir, Polonia, Bélgica,
Rumania, Checoslovaquia y Yugóeslavia, se llega a un total de más de un millón de hombres,
opuestos a los 200,000 de la Reichswehr, o nueva Wehrmacht. Esta disparidad se verá aún más
acentuada por el hecho de que Alemania continuará, de momento, sin derecho a poseer una
aviación de combate, mientras a Francia se le autorizan 500 aviones, a Polonia 200, a Bélgica
150 y a la llamada "Pequeña Entente", liada por un pacto militar con Francia (Checoslovaquia,
Yugóeslavia y Rumania) nada menos que 550. Este plan deberá realizarse por etapas, durante
un período de cinco años. Inglaterra, la promotora del Plan, se reserva, como es lógico, la parte
del león. Un ejército de 300.000 hombres para su metrópoli y de 600.000 para el Imperio.
Naturalmente, los ejércitos Imperiales de los Dominios, tales como Australia, Nueva Zelanda,
Canadá, Sudáfrica y la India, no están incluidos en el Plan.
No obstante, el Plan MacDonaId recibe el beneplácito general. Se acuerda que, una vez
llevado a la práctica, al cabo de cinco años, volverá a estudiarse con objeto de proseguir, en una
segunda etapa, el camino hacia el desarma general. En un discurso pronunciado ante el
Reichstag, Hitler da su acuerdo al Plan MacDonaId, pero formula una advertencia:
"Si la demanda de Alemania relativa a la igualdad de trato con las otras
naciones, y concretamente, en el caso que nos ocupa, en el plano de los armamentos,
no fuera satisfecha, preferiría retirarse de la Conferencia del Desarme y de la Sociedad
de Naciones".
En una palabra: el Führer aceptaba el Plan de Desarme inglés, como un primer paso hacia
la igualdad militar entre los grandes países de Europa. El propio Plan MacDonaId preveía una

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Joaquín Bochaca : LOS CRÍMENES DE LOS “BUENOS”

segunda etapa hacia esa igualdad, al cabo de cinco años. El discurso hitleriano tuvo un efecto
afortunado: sugirió a Mussolini y al Embajador de Francia en Roma, Henry de Jouvenel, la
firma de un Pacto de los Cuatro (Italia, Francia, Inglaterra y Alemania) susceptible, por la
solidaridad de las cuatro potencias, de "afirmar su confianza en la Paz". La idea era buena. El
Pacto fue firmado por los representantes de los cuatro países en el Palazzo Venezia, pero,
desgraciadamente, tal Pacto nunca fué ratificado, por la oposición que encontró en los
Parlamentos inglés y Francés. El clan belicista de París, aún más activo que el de Londres en
esta ocasión, logró impedir que el Pacto se ratificara, y, en consecuencia, nunca llegó a entrar en
vigor.
No fue sólo en la Asamblea Nacional donde se boicoteó el Pacto de los Cuatro. El propio
delegado francés en la Conferencia del Desarme, Paul Boncour, fue el máximo adalid en contra
del mismo, al torpedear el Plan MacDonaId, al que, en un principio, se había adherido Francia.
Paul-Boncour exigió que, antes de firmarse el acuerdo sobre el Desarme, se estudiara el control
que se ejercería sobre Alemania. Nadolny, el delegado alemán, repuso que sólo estaría de
acuerdo si también se estudiara un control igual sobre todos los consignatarios del Tratado, y,
especialmente, Francia. No hubo acuerdo y Sir John Simón, Jefe de la Delegación Británica,
informó Nadolny, de la Delegación Alemana, de "la imposibilidad de admitir un rearme de
Alemania y de la necesidad de hacer pasar el funcionamiento del control por un período de
ensayo". Ese período de ensayo, además, no se fijaba, ni en su inicio, ni en su duración. Por otra
parte, no se decía una palabra más del Plan MacDonaId ni del desarme de los demás países.
En otras palabras, a pesar de haberse comprometido a desarmarse todos
los
consignatarios del Tratado de Versalles, los antiguos vencedores (los Aliados) se negaban a
hacerlo; además pretendían que Alemania continuara indefinidamente desarmada y querían
controlarlo. Esto era una clara violación de los términos del Tratado de Versalles y, en la
práctica completamente imposible. Ningún estado soberano del mundo aceptará jamás
permanecer desarmado, rodeado por un anillo de estados hostiles que, a su ve se arman cuanto
quieren. Francia tenía un tratado de asistencia militar recíproca con los países de la pequeña
Entente y otro con Polonia. Tropas "irregulares”, polacas e incluso lituanas violaban
constantemente las fronteras del Reich. Tales violaciones no eran platónicas, sino sumamente
prácticas. En 1921, por ejemplo, las tropas "irregulares" de Korfanty modificaron la frontera
germano-polaca en Alta Silesia, ocupando dos mil kilómetros cuadrados de territorio, a pesar de
que el plebiscito había mostrado claramente la voluntad de la mayoría de la población de
continuar perteneciendo a Alemania, y no a Polonia. Korfanty, con las fuerzas que le seguían,
logró que aquél territorio pasara bajo dominio polaco, pese a las no demasiado enérgicas
protestas de la Comisión Aliada de Control, que toleró, "de facto", el desafuero (15). La
respuesta del Gobierno Alemán no se hizo esperar. Dos días después de la negativa de Sir John
Simón, prácticamente forzada por la actitud de la Delegación Francesa en la Conferencia del
Desarme, Alemania anunciaba que se retiraba, simultáneamente, de la citada Conferencia y de
la Sociedad de Naciones. Aquella noche, Hitler pronuncia un largo discurso transmitido por
radio para justificar su decisión. He aquí el fragmento que consideramos esencial:
"Se ha dicho que el pueblo y el gobierno alemanes han pedido que se les deje
poseer un ejército más numeroso y fuerte: es absolutamente falso. Hemos pedido
solamente la igualdad de derechos. Si el mundo decide destruir las armas, hasta la
última ametralladora, estamos dispuestos a suscribir a un tal acuerdo. Si el mundo
decide que ciertas armas deben ser destruidas, estamos dispuestos a renunciar a ellas.
Pero si el mundo concede a cada pueblo eI uso de ciertas armas, nosotros no estamos
dispuestos a dejarnos excluir de su empleo, como si fuéramos un pueblo de segunda
fila.
"Estamos dispuestos a tomar parte en todas las conferencias; estamos dispuestos
a suscribir a todas las convenciones, pero sólo a condición de gozar de derechos
iguales a los de los demás pueblos. Como hombre privado, nunca me he impuesto a
una sociedad que no deseaba mi presencia o que me consideraba como un inferior.
Nunca he obligado a nadie a recibirme y el pueblo alemán no tiene menos dignidad
que yo. O bien dispondremos de derechos iguales a los de los demás pueblos, o bien el
mundo no volverá a vernos en ninguna conferencia. "Será organizado un plebiscito
para que cada ciudadano alemán pueda decir si tengo razón o si me desaprueba.''

15 / British Encyclopedia, Tomo XIII, pág. 475.

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Joaquín Bochaca : LOS CRÍMENES DE LOS “BUENOS”

Como se ve, Hitler no pide otra cosa que la Igualdad de Derechos. Se lo pide a los
representantes de unos gobiernos democráticos, para los que la "Igualdad", al mismo título
que la "Libertad" y la "Fraternidad" constituye un dogma intangible de su arsenal ideológico.
Hitler pide igualdad de trato para Alemania, y, en la práctica, al aceptar el Plan MacDonaId
reconoce la situación de facto y las obligaciones a que debe hacer frente Francia como potencia
colonial, y acepta que ésta, de hecho, se vea reconocido el derecho a poseer un ejército con el
doble de efectivos que el alemán, y además dotado del apoyo de una aviación de combate.
El argumento que se hizo valer -- como siempre, y en todos los casos -- es que Hitler
mentía. El argumento no vale nada. Si se creía que Hitler mentía, razón de más para aceptar su
plan que, para colmo de ironía, no era su plan, sino el plan inglés, elaborado por el líder
laborista británico MacDonaId. Si éste se llevaba a la práctica, evidentemente habría un control
de la Comisión de Desarme, y de resultas de tal control se comprobaría que la "Igualdad"
resultante dejaría a Alemania con un ejército de 200.000 hombres y sin aviación de combate, y
a Francia con 400.000 con aviación y a los miembros de la Pequeña Entente con 625.000 y 550
aviones, y a Polonia con 200.000 y 125 aviones. Quedarían las democracias británica y soviética
con 900.000 y 500.000 hombres, respectivamente. Y esto al cabo de cinco años, tras los cuales
se reanudarían las conversaciones para continuar limitando, por etapas los ejércitos de los
consignatarios.
Si resultaba que Hitler había mentido al aceptar el Plan británico de desarme, es evidente
que las comisiones de control se apercibirían de ello y entonces los Aliados tendrían las manos
libres para denunciar los acuerdos e incluso para tomar las medidas punitivas que consideraran
necesarias. La Historia nos dice que los Aliados, los campeones teóricos de la Democracia, es
decir de la Igualdad, rehusaban aplicar sus propios principios cuando se trataba de Alemania.
Esto ha de ser siempre inaceptable para cualquier país, y más aún para un gran país, el primero
de Europa en población, excluyendo a Rusia y que sólo pide a sus "partenaires" que apliquen los
acuerdos sobre el desarme general que ellos mismos impusieron en el Tratado de Versalles.
Resulta incluso sorprendente la aceptación del Plan MacDonald por Hitler, por cuanto
sancionaba, durante cinco años por lo menos, una situación de "Igualdad " formal pero que, en
la situación política de entonces dejaba a Alemania con un ejército cinco veces menor que el de
Francia y sus Aliados de la Pequeña Entente. Si se contaba a Polonia, Alemania se encontraba
rodeada por efectivos que sextuplicaban los suyos, y sin fuerza aérea que oponer a los 1.200
aviones del frente político francófilo. Hitler sin duda aceptó por cuanto significaba un paso
adelante y con una fuerza armada, pequeña pero bien entrenada, sucesos como la ocupación
militar de la rivera izquierda del Rhin, llevada a cabo por los franceses diez años atrás, no se
podrían reproducir, a la vez que las tropas "irregulares" polacas deberían también de cesar en
sus actividades incontroladas. Hitler sabía que la Naturaleza rechaza el vacío. Le constaba que
un territorio indefenso excita la codicia del vecino armado. Un territorio indefenso sólo estará
en seguridad si el vecino está desarmado. Nos excusamos por escribir esta perogrullada, pero
nos vemos forzados a ello por el olvido general de una verdad tan elemental.
El plebiscito anunciado por Hitler tuvo lugar el 12 de Diciembre de 1933. Por 40.601.577
votos, es decir, el 95,2 % de los electores inscritos, Alemania se colocó al lado del jefe que ella
misma se había dado, democráticamente. Se ha dicho que ese resultado fue obtenido bajo
coacción. Nos resistimos a creer que los ciudadanos fueran llevados a votar a la fuerza; la única
coacción posible era la moral, es decir, el martilleo de la propaganda a través de la prensa y
radio, pero esto se hace todos los días en los países oficialmente democráticos, y nadie lo llama
coacción. El General De Gaulle fue plebiscitado en varias ocasiones, y en las elecciones generales
americanas y británicas el público es invitado a pronunciarse, en la práctica, por dos candidatos
o dos partidos; en definitiva, por dos alternativas. En el plebiscito del 12 de Diciembre de 1933,
los alemanes tenían, también, dos alternativas: votar "SI" o votar “NO". El 95,2 % de los
electores -- y no el de los votantes como se ha dichoi -- votaron "SI". Un escritor Judío y antínazi, William Shirer, ha escrito: “En el campo de concentración de Dachau, 2.154 de los 2.242
detenidos políticos votaron por el Gobierno que les había encarcelado". Esos detenidos, según
Shirer, eran sindicalistas y militantes social-demócratas y comunistas. Se trataba de "duros", es
decir, de la contrapartida popular de los diputados social-demócratas que el 17 de Mayo
precedente habían aprobado el discurso de Hitler por unanimidad, y sin que ninguna presión
fuera ejercida sobre ellos por el Poder (16).

16 / William L. Shirer: "El III Reich, desde sus orígenes huta su Caída". Edición Francesa pág. 233. Shirer,

probablemente exageraba. Si una parte de los socialistas votaron aprobando el el discurso del Führer, parece probado
que los social-demócratas votaron en. (N.del A.)

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Joaquín Bochaca : LOS CRÍMENES DE LOS “BUENOS”

Este escrutinio fue la verdadera intronización popular y solemne de Hitler en el Poder.
En las elecciones que le dieron el Poder, Hitler había obtenido el 52 % de los sufragios; era ya
mucho. Esta vez, tenía tras él a la casi unanimidad del pueblo alemán. Ya no se podría decir que
imponía su Voluntad a todo un pueblo mediante métodos-terroristas; al contrario, era llevado
materialmente en volandas por todo un pueblo que no podía admitir ser tratado en un plan de
desigualdad, con respecto a los demás. He aquí los resultados de la política de los Aliados contra
Alemania: Hitler era consolidado en el Poder gracias a las mismas medidas tomadas para
ponerle en dificultades.
***
Puede decirse que el "leit motiv" de la Política Exterior hitleriana es la aplicación general -y no sólo unilateral y contra Alemania, como ha venido sucediendo desde 1919 -- del Tratado de
Versalles. El Gobierno Alemán solicita que se aplique, a todos, el Desarme, progresivo,
inmediato, parcial, total o como se prefiera, pero sobre la base de la sacrosanta "Igualdad"
democrática para todos.
Solicita igualmente que se aplique el Artículo 19 del Tratado, que permite la Revisión
pacífica de ciertas cláusulas, económicas y territoriales, del mismo. La única reclamación que
hace Alemania a sus antiguos vencedores y consignatarios de Versalles, es la de colonias. El
Punto III del Programa del Partido Nacional-Socialista reclama "colonias para la alimentación
de nuestro Pueblo y el afincamiento de nuestro exceso de población". Obsérvese que no Se piden
antiguas colonias alemanas, arrebatadas al Reich por los vencedores en virtud del Tratado de
Versalles, sino únicamente "colonias" sin especificar. Más tarde, en una nota enviada por la
Wilhelmstrasse, se sugería al Foreign Office y al Quai d 'Orsay, que se consultara a los indígenas
de los antiguos territorios coloniales de Alemania, si deseaban continuar bajo la administración
anglofrancesa o bien volver a depender de la soberanía alemana.
La propuesta alemana fue presentada sin gran convicción y sólo tras el silencio con que
respondieron Londres y París a las demandas coloniales anteriores. Pero lo curioso es que en
Londres encontraron la petición Germana muy razonable pues, según un testimonio de tanta
calidad como el de Lloyd George, el antiguo Primer Ministro, la guerra estallaría más pronto o
más tarde si no se atendían las propuestas alemanas en materia colonial. Pero en los medios
políticos influyentes de Londres se consideraba que quien debía ceder sus colonias -concretamente el Camerún y el Togo -- era Francia. Esto causó en París el imaginable revuelo y,
por fin, en una reunión entre Bonnet y Simón, los dos Ministros de Asuntos Exteriores, se
acordó, en una nota enviada a la Wihelmstrasse, que se estudiaría la cesión a Alemania de
territorios coloniales portugueses, holandeses y belgas. Esto era una manera de decir no al Reich
y, de paso, colocar a esos pequeños países en la órbita antialemana. En vista del escaso -- o nulo
-- éxito de la petición, en Berlín no se insisitó más sobre ese punto.
***
Creemos que Hitler puso sobre el tapete la Cuestión de las colonias contando con una
negativa que le pondría a él en mejor posición en ulteriores discusiones con las democracias
occidentales. Hitler, es cierto, reclamaba "espacio vital" (Lebensraum) para su pueblo, pero no
era un entusiasta de las colonias, al menos en la forma en que se entendía entonces la estructura
interna y el funcionamiento de las mismas. El coloniaje, según exponía el propió Hitler en su
Mein Kampf, hace imposible la unión sangre-tierra, base de la política racista del III Reich.
"Las colonias sólo sirven para chupar la mejor sangre de la Nación", afirmaba.
Si hay algo de claro, de diáfano, en la política internacional de los años treintas y
principios de los cuarentas, es el deseo de Hitler de que Alemania crezca territorialmente a costa
del Comunismo Soviético. La estallante Demografía alemana debe extenderse por las tierras del
Este del Báltico y del Occidente de Rusia, una vez arrebatadas a los soviéticos, que pasarían a
desaparecer como amenaza potencial para Alemania en particular y para todo el Occidente en
general. Para desarrollar esa política necesitaba la amistad -- si posible -- o al menos la
benévola neutralidad, de Inglaterra y Francia. Ello explica la escasa insistencia de la
Wilhelmstrasse en lo tocante al asunto de las Colonias.
Pero también explica eI Tratado Naval Anglo Germano, concluido el 18 de Junio de 1935,
por al que eI III Reich se comprometía a que eI tonelaje de su flota de guerra no sobrepasara eI
35 por ciento del de la británica. Era un acuerdo de contrapartida. Inglaterra no se comprometía
ni se obligaba a nada. Sinplemente, era Alamania la que se imponía la obligación, sancionán
dola solemnemente mediante un tratado Internacional, a que su Flota, en el mejor de los casos,

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Joaquín Bochaca : LOS CRÍMENES DE LOS “BUENOS”

fuera, aproximadamente, equivalente en tonelaje a un tercio de la Inglesa. Este acuerdo era un
seguro ofrecido, gratuitamente, a Inglaterra, para que no se sintiera amenazada. Su
insularidad, protegida tras una "Home Fleet" que es, entonces, la primera fuerza naval del
mundo, es una garantía contra cualquier Invasión. Sin una Flota de Guerra superior o, al menos
igual a la Inglesa, tal invasión es imposible. Hitler, en numerosos discursos ha dicho que no
tiene nada que pedir a las democracias occidentales. Ahora completa sus declaraciones con un
hecho altamente significativo: al Tratado Naval demuestra que no existen intenciones agresivas
contra Inglaterra. Es más, en la practica Hitler aún Irá mal lejos su "Kriegsmarine" no
representa, de hecho, no ya el 35 por ciento del tonelaje de la "Home Fleet", sino ni siquiera el
10 por ciento. El "Intelligence Service", siempre bien Informado, no puede ignorar que, a parte
al "Bísmarck", Alemania se limita a construir cuatro acó-razados ligeros, los llamados
"acorazados de bolsillo". Cuando la guerra estalla en 1939, la Flota da Guerra Francia es, en
tonelaje , casi cinco veces superior a la alemana.
Hitler, por otra parte, siempre manifestó que al Imperio Británico era un baluarte contra
el caos en el mundo y que los intereses de Inglaterra y los de Alemania no eran contrarios el uno
al otro, sino complementarios. En cuanto a Francia, con la renuncia definitiva por parte de
Alemania a Alsacia y Lorena, desaparecían entre las dos naciones cualquier motivo de fricción.
Sólo quedaba el Sarre. Según los términos de una de las cláusulas del Tratado de Versalles,
en Enero de 1935 debían llevarse a cabo consultas populares en el territorio del Sarre, para
poner en claro si la población de ese territorio deseaba pasar a ser un Departamento Francés o si
prefería retor- nar a la soberanía del Reich. También se les ofrecía a los sarresas la posibilidad
del "statu quo", es decir, de optar por una posición intermedia, quedando en estado
independiente, o incluso parcialmente dependiente de Francia y Alemania a la vez. Pero, dos
meses antes de la convocatoria de las elecciones en ese territorio, Francia concentró cuatro
divisiones de infantería junto a la frontera, pretextando posible motines ante las elecciones. El
Gobierno Alemán protestó enérgicamente por esa extemporánea demostración de fuerza, la cual
constituía, ciertamente, una coacción hacia los electores. Tras un intercambio de notas de
protesta entre la Wilhelmstrasse y el Quai d´Orsay, la Sociedad de Naciones envió una fuerza de
policía internacional que permitiera y garantizara la celebración normal del plebiscito.
Este tuvo lugar, bajo control internacional, el 13 de Enero de 1935. Se preguntaba a los
sarreses si, tras sus quince años de experiencia al formar parte de la República Francesa,
deseaban unirse libremente a esta. También tenían la alternativa de volver a formar parte del
Reich, o bien de continuar en el statu quo, es decir, ser independientes. Pese a quince anos de
propaganda francófila y pese a proponérseles a los sarreses una serie de ventajas de tipo fiscal y
aduanero si deseaban pasar a formar parte de Francia, sólo votaron por ésta el 0,4 por ciento de
los electores; el 8,85 por ciento prefirieron independencia del Sarre, y el 90,75 por ciento la
unión con el Reich. Quince años de propaganda francófila y germanófoba; quince años de
promesas a los sarreses para que se convirtieran en franceses "de clase primera especial" y dos
años de propaganda antihitleriana en el Sarre, todo ello reforzado con la presencia militar y
policial, para obtener, sólo, un 0,4 por ciento de los sufragios. ¡Estridente fracaso de la política
francesa!... Y, sin embargo, las cosas; pudieron haberse solucionado de manera menos favorable
a Alemania, aunque tal vez más favorable al entendimiento general entre los pueblos de
Europa. En Noviembre de 1934, dos meses antes del plebiscito sarres, Hitler entregó una nota
diplomática al Embajador de Francia, Francois-Poncet proponiéndolé solucionar el conflicto de
una manera amistosa y sin recurrir a las urnas: el Sarre volvería al seno del Reich, pero un
tratado económico permitiría a la industria francesa continuar beneficiándose de sus recursos
como lo había hecho desde 1919 hasta 1934. Pero el Gobierno Francés declinó la oferta, en la
que no vio más que un confesión de impotencia de Hitler, que sólo la proponía por estar seguro
de la hostilidad del pueblo sarres a Alemania y al régimen nacional-socialista.
El plebiscito sarros, que tuvo lugar bajo el control de la Sociedad de Naciones, es decir sin
que Alemania pudiera intervenir ni en las operaciones de voto ni en la proclamación de los
resultados, sin que Alemania pudiera realizar propaganda favorable a su tesis más que durante
dos meses mientras que los franceses pudieron emplear para ello quince años, sirvió para demos
trar que Hitler obtenía el mismo porcentaje de sufragios favorables que en Alemania bajo su
control. Ya era más difícil pretender que elecciones y plebiscitos que llevaba al poder a Hitler y
le consolidaban en él estaban trucados Sólo hacía unos meses que el 88' 9 por ciento de los
electores inscritos, es decir, casi el 96 por ciento de los votantes habían aprobado el decreto por
el que, a la muerte de Hindenburg, las funciones de Presidente del Reich se fusionarian con las
de Canciller y que, por vía de consecuencia "todas las atribuciones y prerrogativas del Presidente
serian transferidas al Canciller, Adolf Hitler".

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Joaquín Bochaca : LOS CRÍMENES DE LOS “BUENOS”

El Plebiscito sarrés indicaba claramente, que se quería evitar que otras minorías étnicas
alemanas, que se encontrarían probablemente en las mismas disposiciones de espíritu que los
electores sarreses, tal como ocurría en los Sudetes, en Posen, en la Alta Silesia, en Dantzig,
Memel o la propia Austria, reclamaban su anexión al Reich, las democracias occidentales,
Inglaterra, Francia y la América de Roosevelt no tenían a su disposición otro medio que la
fuerza.
El primero de mayo de 1935, las fuerzas de policía de la Sociedad de Naciones entregaban
oficialmente la administración del Sarre a las autoridades alemanas, y Hitler declaraba ante el
Reichstag: "Alemania renuncia solemnemente a toda reivindicación sobre la Alsacia y la Lorena;
tras el reintegro del Sarre, la frontera franco-alemana puede ser considerada como
definitivamente trazada". Pero el mismo día, el Mariscal Pétain publicaba un artículo en una
revista oficiosa y de gran predicamento en los medios militares (17) acentuando la necesidad de
la reimplantación del Servicio Militar obligatorio por un período de dos años. Cinco días
después, Pierre-Etienne Flandin, Ministro de Asuntos Exteriores, presentaba un proyecto de ley
en tal sentido ante el Congreso de los Diputados. Este proyecto de ley era aprobado, tras un
apasionado debate, por la cámara, el 16 de marzo. Sólo cuatro horas más tarde el Führer
entregaba a su Consejo de Ministros un Decreto que restablecía el Servido Militar Obligatorio en
Alemania, estableciendo que la Reichswehr se componía, en tiempo de paz, de doce Cuerpos de
Ejército y treinta y seis divisiones.
Con ese Decreto-Ley, Hitler destruía lo que aún quedaba vigente de la Parte V del Tratado
de Versalles, recuperando su libertad de acción. Se ha sostenido, a posteriori, que si Francia no
hubiera reestablecido el Servicio Militar Obligatorio, Hitler lo habría hecho, más pronto o más
tarde. Esto es imposible de aclarar. Nadie sabe lo que Hitler hubiera hecho si Francia no hubiera
reimplantado el servicio militar. Nadie podrá saberlo nunca, y, en ese terreno, todo son
hipótesis. Lo que sí sabemos, a ciencia cierta, es que, cro- nológicamente, Francia fue la primera
nación de Europa que reimplantó el servicio militar, a parte, naturalmente, de la Unión
Soviética.
Aquí deseamos hacer un inciso importantísimo: Hemos dicho que Francia reimplantó el
Servicio Militar Obligatorio, tras la Unión Soviética. Pero esto no implica que otras naciones
europeas y extra-europeas no lo hubieran reinplantado por la sencilla razón de haberlo tenido
siempre en plena vigencia. La decisión de Hitler de instituir el Servicio Militar obligatorio
llegaba cuando ya tenían tal institución en funcionamiento los Estados Unidos, Italia, Polonia,
Inglaterra y sus Colonias y Dominios y -- desde hacía cuatro horas -- Francia. Hitler,
simplemente, tomaba nota de los hechos tal cual eran, y en Vista de que las demás naciones no
daban paso político alguno para desarmarse, y que Francia, Incluso, restituía eI Servicio Militar,
lo reinstituía él también en Alemania. Los precedentes aludidos de la Invasión de la cuenca del
Ruhr por los franceses en 1923 -- con una ocupación parcial que duró siete años --, o de la
anexión de la Alta Silesia por los "Incontrolados" de Korfanty en beneficio da Polonia, no
podrían, así repetiste impunemente.
EL PACTO FRANCO-SOVIÉTICO.
El Delegado da Francia en la Sociedad da Nacional, Paul Boncour, que ya había hacho
fracasar al Plan MacDonaId sobre el Desarme, puso la primera piedra al, por los comunistas
franceses, llamado monumento a la paz que debía ser la alianza político-militar qua debían
firmar Francia y la URSS. Fue en los pasillos de la Sociedad de Naciones donde Paúl Boncour
hizo la Propuesta sin ambages al embalador soviético, Litvinov (18). Pero fue Barthou, entonces
ministro de Asuntos Exteriores, quien ya el 17 de Abril de 1934 Inició su maniobra de careo de
cerco de Alemania mediante la adhesión de la URSS a la Sociedad de Naciones.
No fué fácil. En primer lugar, por que Stalin consideraba a la S. de N. co- mo una "liga de
bandidos" -- ¡ y él, antiguo atracador, debía saberlo muy bien ! -- y el Tratado de Versalles, del
que nació aquella, como un "dictado de odio y de latrocinios", que urgía derogar cuanto antes.
En segundo lugar porque la URSS estaba en pésimas relaciones con varios de sus miembros
tales como Polonia, Rumania, Checoslovaquia y Hungría, a todas las cuales reclamaba
territorios, amén de acusarlas de no ser otra cosa que un cordón sanitario, o una alambrada
17 / Revue des Deux Mondes, Paris, I-III-1935.

18 / La Delegación Soviética en la S. de N. estaba compuesta por Maxim Wallach (a) Litvinov, Presidente, y Stein,

Murkus (a) Helphand, Bernners, Hirschfield y Wanidze. Será, si se quiere, pura coincidencia pero exceptuando a este
último, todos eran Judíos (N. del A.).

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Joaquín Bochaca : LOS CRÍMENES DE LOS “BUENOS”

dispuesta ante ella por la S. de N. finalmente, el Ministro Barthou no parecía el más indicado
para llevar a cabo esa operación, pues, en 1932, cuando un tratado de amistad y de asistencia
mutua, válido por dos años, acababa de ser firmado entre Francia y la URSS, actuando de
"comadronas" Herriot y el embajador soviético en París, Dovgalewski, el aludido Barthou se
había pronunciado en contra, alegando que los caballeros no firmaban pactos con los
bolcheviques. Pero nada de esto arredraba a Monsieur Barthou, tal vez por padecer amnesia o
quizá por no considerarse él mismo un caballero, y pronto conseguía que Rumania y
Checoslovaquia establecieran relaciones diplomáticas normales con la URSS. De momento no
logró igual éxito con Polonia, negándose Pilsudski a entrar en el juego.
Pero el reconocimiento de Jure de la Unión Sovietica por Checoslovacos, Rumanos place a
Stalin, que se siente amenazado en el oeste por la resurrección económica y política de Alemania
cuyo Führer, Hitler ha declarado la guerra al comunismo y ha internado a los líderes comunistas
e incluso socialistas en los campos de concentración, y al Este por el pujante Japón, que ha
conquistado posiciones vecinas en Manchuria y Mongolia. A Stalin le conviene que “fascismo” y
democracias occidentales se enemisten entre sí. Para los soviéticos, Monsieur Barthou se
convierte en un gran hombre, y cuando sugiere a Stalin que la URSS entre en la S. de N. este
accede.
Una vez conseguido su primer objetivo de hacer entrar a la URSS, como miembro
responsable de la comunidad de los pueblos, en la S. de N., Barthou
Quiere revalidar el pacto Franco-Soviético, pero ampliándolo y convirtiéndolo ahora en
una alianza ofensivo-defensiva. Para esconder su juego emprende una segunda tournée
diplomática, en la que lanza la idea que a él le consta que no puede tener éxito alguno: un pacto
de Este, asociando a todos los países de Europa central incluyendo a Alemania y la URSS. Se
trataría de una especie de Locarno oriental. Los consignatarios se garantizarán mutuamente sus
fronteras.
Por supuesto Hitler responde que Alemania no se adherirá a un tal Pac- to, y que no tiene
ninguna Intención de firmar un tratado que le obligue a prestar asistencia a la URSS y a
defender al régimen soviético si este fuera atacado. Pero Barthou quiere creer que ha
demostrado al mundo qua sus esfuerzos diplomáticos no se dirigen contra Alemania y que ha
logrado, si se nos permite el galicismo, "salvar la cara". La demanda de adhesión de la URSS en
la S. de N. es aprobada por 38 votos a favor, 3 en contra y 7 abstenciones. A partir de este
momento la S. de N. ya no es para los comunistas del mundo entero "una liga de bandidos" y a
sus ojos, el Tratado de Versalles, "dictado de Odio y de Latrocinio", la transforma en un Tratado
altamente equitativo y razonable.
Aunque Barthou es asesinado en Marsella por un terrorista croata que alcanza también al
Rey Alejandro de Yugoslavia, las negociaciones por él iniciadas son continuadas por Pierre
Laval, que le sucede en el cargo El 2 de Mayo de 1935, Francia y la URSS firman un trato da
Asistencia Mutua, Política y militar, y el 14 de Junio Laval se traslada Moscú, de donde regresa
con la célebre declaración de Stalin que desarma al Partido Comunista Francés en su lucha
contra los presupuestos militares y hace que todos los Comunistas del mundo pasen al clan
belicista y antialemán. Stalin, que sólo Tres meses antes trataba de asesinos y gangsters de la
política a los gobernantes de París manifiesta que: "Francia tiene el deber de armarse hasta los
niveles que ella misma considere necesarios para su seguridad". Como por arte de magia, las
huelgas en la industria pesada y de armamentos francesa desaparecen.
El 15 de junio de 1935, el Pacto Franco-Soviético es completado con un Pacto rusochecoeslovaco. Recordemos, de paso, que, en estos momentos históricos, Francia, a parte de su
Pacto con la URSS, dispone de otro Pacto con Polonia y otro con la Pequeña Entente, es decir,
con Checoslovaquia Yugoeslavia y Rumania, amén de su Pacto con Bélgica. La URSS está unida
con pactos militares con Checoslovaquia, y de amistad y cooperación con Rumania y Polonia, a
parte del Tratado, recientemente firmado con Francia. La vieja política de Richelieu, consistente
en crear sistemas de alianzas alrede- dor de Alemania, ha sido emprendida con éxito.
En respuesta a esas medidas, el gobierno alemán promulga, el 21 de mayo la ley anunciada
en el decreto del 16 de marzo sobre la reconstrucción de la Wehrmacht. Los aviones pesados de
bombardeo Junker 52, los ligeros de bombardeo Heinkel 70, los de reconocimiento marítimo
Dornier 22 y Ios de caza Arado 65 hacen su aparición sobre los cielos de Alemania en la semana
que sigue a la firma del Tratado Franco-Soviético. Empieza la construcción del acorazado
"Bismarck" y de los acorazados ligeros "Graf von Spee”, "Scharnhorst", así como de cuatro
torpederos y once submarinos. Y en el primero de octubre de 1935, los efectivos de la
Wehrmacht llegan a la cifra de 650.000 hombres.
Es preciso reconocer que, ya desde abril de 1934, figuraban en los presupuestos militares
alemanes créditos para la construcción de esos aviones y navios. Pero hay que recordar que, por

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Joaquín Bochaca : LOS CRÍMENES DE LOS “BUENOS”

una parte, fue el 14 de octubre de 1933 cuando Alemania se retiró de la S. de N. ante la
negativa de ésta a concederle la igualdad de derechos militares, recuperando, con tal retirada,
su libertad de acción, y, por otra, que en el curso de 1934 todos los países de alguna idetidad
militar habían tomado medidas de rearme terrestre, naval o aéreo tanto o más importantes que
las adoptadas por Alemania. Por ejemplo, Inglaterra el 19 de agosto de 1934, anunciaba el
refuerzo de su flota aérea con la creación de 42 nuevas escuadrillas (19). Esta decisión
difícilmente podía ser motivada por Alemania entonces, sino más bien -- o, al menos, también -por la expansión japonesa en Extremo Oriente, que amenazaba a los intereses Británicos. El 23
de Julio, los Estados Unidos anunciaban la puesta en marcha en sus astilleros, de 360.000
toneladas de unidades navales, y poco despues de 2.300 aviones (20).
El primero de marzo de 1935, el Primer Ministro, Baldwin, había propuesto al Parlamento
un vasto plan de rearme terrestre, naval y marítimo, para el cual había obtenido créditos
prácticamente ilimitados. El motivo de esa carrera de armamentos no era otro que la guerra
Ítalo-etíope.
LAS DEMOCRACIAS ECHAN A MUSSOLINI EN BRAZOS DE HITLER
En 1935, seis potencias europeas se repartían el dominio político de continente africano:
Inglaterra, Francia, Portugal, Bélgica, España e Italia. Sólo eran Independientes Liberia -prácticamente, a efectos políticos, una colonia norteamericana -- y Etiopía.
El 18 de Marzo de 1934, Mussolini había declarado ante la II Asamblea del Partido
Fascista que Italia necesitaba una expansión en África. Sus territorios de Libia y Cirenaica, más
los yermos parajes de la Somalia y Eritrea no bastaban a su demografía. El nombre de Etiopía
no se había pronunciado, pero nadie podía dejar de darse por enterado, por ser éste país el único
terri torio africano independiente que tenía fronteras -- por Somalia y Eritrea -- con territorios
italianos. Naturalmente, Inglaterra se puso en guardia. El Nilo Azul tiene sus fuentes en Etiopía,
y del Nilo Azul depende la prosperidad de Egipto, "glacis" protector del Canal de Suez, a su vez
clave de bóveda de todo El imperio Británico. Londres teme que los italianos puedan cambiar el
curso del río. Por otra parte, si Italia se apodera de Etiopía, el Sudan Anglo-Egipcio quedará
emparedado entre dos territorios italianos: Libia, al Oeste; Etiopía, soldada con Eritrea y la
Somalia Italiana, al Este. Un poderoso imperio colónial europeo se instalará, así, peligrosamente
cerca de la vieja Ruta Imperial Británica, es decir, por la línea que partiendo de Gibraltar,
continúa por Malta, el Canal de Suez, Aden, Socotra, Ceylán y Singapur, para terminar en Hong
Kong. Es evidente que Inglaterra no lo puede permitir. El sagrado egoísmo nacional inglés no
puede tolerar que Italia se apodere de Etiopía. De manera que Londres ayuda comercial y
militarmente al Negus de Etiopía, mientras en la S. de N. hace aprobar todo un programa de
sanciones internacionales contra Italia.
Antes de producirse este enfrentamiento indirecto anglo-italiano, Mussolini muy sensible
a la amistad con Inglaterra y Francia. También había recibido a Hitler quien, la primera vez, si
hemos de creer el testimonio del Conde Ciano, Ministro de Asuntos Exteriores y yerno del Duce,
le había causado una pobre impresión (21). Mussolini era muy amigo de Dollfuss, el Primer
Ministro Austríaco, cuya muerte a manos de los nazis austríacos, le había causado una penosa
Impresión. Además, se oponía al "Anschluss", o unión de Austria y Alemania, y había tomado
medidas ciertamente discriminatorias contra las minorías étnicas de Tirol del Sur, llamado por
los italianos Alto Addige. Para colmo, Mussolini participó en la Conferencia de Stresa, que no
era otra cosa más que una alianza mutua entra Inglaterra, Francia a Italia. El pacto de Stresa,
firmado al 11 de enero de 1935, debía completar al cerco mílitar y político de Alemania por el
Sur.
Pero al llamado Frente de Stresa tendrá una vida efímera, pues no resistirá los efectos de
la guerra Italo-Etíope. Mussolini denuncia los acuerdos de Stresa, mientras Hitler le tiende una
mano diplomática, sosteniéndole moral y materialmente ante la presión directa e Indirecta de
Inglaterra. Al embargo del petróleo que los ingleses Imponen a los italianos responde Mussolini
comprando carburantes sintéticos a Alemania. Esto permitirá a los italianos terminar
victoriosamente la guerra al 5 de mayo de 1936, con la ocupación de Addis-Abeba, mientras el
Negus se refugia en Londres.

19 / The Times, Londres, 19-VIII-1934.
20 / Chicago Tribune, 23-VIII-1934.
21 / Galeazzo Ciano: Memorias.

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Joaquín Bochaca : LOS CRÍMENES DE LOS “BUENOS”

Por otra parta, en Francia gobierna el Frente Popular, con León Blum a la cabeza. Para
Blum, Mussolini no es un jefe de Estado sino únicamente “el asesino del socialista Mateotti", y
se negará a entrevistarse con el Duce, que le había solicitado audiencia. La bofetada diplomática
es demasiado fuerte. Mussolini se vuelve hacia Alemania, cuyo régimen presenta numerosos
puntos de contacto ideológico con al Fascismo, Las democracias occidentales han echado a
Mussolini en brazos de Hitler.
La amistad germano-italiana la fomentará con ocasión de la guerra de España, en qua
Roma y Berlín ayudaran a las tropas nacionalistas del General Franco, mientras los gobiernos de
París, dominados por el Frente popular se inclinaran del lado gubernamental. Al lado de París se
colocará resueltamente Moscú, y, en menor escala, Washington. En cuanto a Londres mostrará;
una muy ligera -- y en todo caso platónica -- amistad hacia los republicanos.
REMILITARIZACION DE RENANIA.
El Pacto Franco-Soviético había oficializado una situación de hostilidad entre la República
Francesa y el Tercer Reich. En efecto, un postulado fundamental de la política de Hitler consiste
en su idea de la Drang nach Osten, la Marcha hacia al Este, vocación natural del pueblo
germánico desde los Caballeros de la Orden Teutónica, e incluso desde Carlomagno.
Es difícil ver como podría llevarse a cabo una tal política sin recurrir a la Guerra, a menos
que la provocara al hundimiento de la URSS aislándola po- lítica, militar y comercialmente, y
sosteniendo, al mismo tiempo a los movimientos irredentistas de Ucrania. Esta política fue la
seguida inicialmente por Hitler, que sueña en un basto territorio a colonizar, con ucranianos y
Bielorusos bajo tutela germánica. Los inmensos espacios del Este europeo quedarían así
abiertos a la expansión colonizadora de Alemania. Ya en Mein Kampf, Hitler anuncia sus
esperanzas en ese programa; el coloso Bolchevique es un gigante con pies de arcilla que sólo se
mantiene en el poder merced al terror policíaco ayudado por el fatalismo oriental. Pero existe la
posibilidad que la política de aislamiento de la URSS y de apoyo a los ucranianos y bielorusos
que preconiza Hitler no sea infundada para provocar el derrumbamiento del coloso y que llegue
el día en que sea necesario enfrentarse militarmente con eI: he aquí el motivo por el cual Hitler
desea hacer la paz -- la paz real y no sólo una paz armada -- con Occidente, al que no reclama
nada. Para una intervención militar en el Este, Hitler necesita las manos libres, es decir, no
verse forzado a hacer la guerra en dos frentes.
A tal fin se firmó el Pacto de Locarno, por el que ingleses e italianos venían a dejar las
manos libres a Alemania, así como los franceses, aún cuando la política reticente de éstos y sus
coqueteos con Polonia y la Pequeña Entente ensombrezcan un poco el cuadro que, de otro
modo, aparecería muy claro para el Reich.
Contra esta política, el Pacto Franco-Soviético surge como un obstáculo que, junto con el
pacto Ruso-Checo que lo complementa, instala políticamente el Bolchevismo en Europa Central,
y además quita a Hitler toda posibilidad de impedir que se siga extendiendo por toda Europa si
no es mediante el recurso de una guerra en dos frentes. La diplomacia francesa no solamente
instala, mediante sus tortuosas alianzas, al Comunismo en el centro de Europa y le tiende un
puente con occidente mediante su alianza con la pequeña entente, sino que, al mismo tiempo, le
otorga una patente de respetabilidad de la que hasta ese momento, carecía. Lógico es, pues, que
Stalin acoja el Pacto como una bendición y, en reciprocidad, ordena a los comunistas franceses
que cesen sus huelgas y algaradas que tanto mal han hecho a la economía francesa.
He aquí cuál era la posición adoptada por el Reich ante esa auténtica agresión diplomática
que representaba el Pacto Franco-Soviético:
A) Al comprometerse a Intervenir en favor de la URSS, Incuso si el Consejo de la
sociedad de naciones no anunciara ninguna recomendación, Francia tomaba con respecto a
aquella potencia unos compromisos que sobrepasaban con mucho las obligaciones que le
incumbían en virtud del articulo de la S. de N. pues Francia, literalmente, "se reservaba el
derecho a determinar quién sería el agresor”, lo cual si desde el punto de vista de la política es
una monstruosidad.
B) Por el Tratado de Locarno, Francia se había comprometido a no llevar a cabo
operaciones militares contra Alemania, salvo en caso de legitima defensa o si Polonia y
Checoslovaquia, con las que Francia tenía en vigor Pactos de mutua asistencia, fueran atacadas
por el Reich. Dejando aparte estos casos precisos, Francia renunciaba a todo recurso a las armas
con respecto a Alemania, a cambio de una promesa similar por parte de Alemania y de la
creación de una zona desmilitarizada en Renania, en la rivera izquierda del Rhin.

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Joaquín Bochaca : LOS CRÍMENES DE LOS “BUENOS”

C) A parte de las circunstancias especificadas en el Tratado de Locarno el Pacto FrancoSoviético introducía en la legislación internacional, y por la exclusiva voluntad de dos de sus
miembros, Francia y la URSS, es decir de una ínfima minoría, un tercer caso: aquél en que
Alemania se encontrara en lucha con la Unión Soviética, precisando que, en este caso, Francia se
re- servaba el derecho a determinar que el agresor era Alemania y que le incumbi- ría, no sólo el
derecho, sino el deber de intervenir, atacando a Alemania. Algunos exégetas cultivadores del
humorismo involuntario han pretendido que el Pacto Franco-Soviético no se dirigía contra
Alemania (22). Si el Pacto no se dirigía contra Alemania ¿contra quién se dirigía, entonces? Por
que no cabe duda razonable: un Pacto de ayuda militar se dirige forzosamentte, por definición
contra alguien.. ¿Contra quién podía ser, en la situación dada? No podía, ciertamente, ser contra
Polonia, aliada con Pactos con la URSS y, desde su restauración como nación independiente, en
1919, con Francia. Tampoco podía ser contra Checoslovaquia, que acababa de suscribir un pacto
de ayuda mutua con Stalin. Ni contra Rumania, que, al igual que Yugoslavía, miembro de la
Pequeña Entente, tenía un pacto militar con Francia... A menos de creer que Francia prometía
su ayuda a la Unión Soviética en caso de ser agredida por Estonia, Letonia, Lituania o Finlandia,
no quedaba, fisicamente, otra posibilidad que un enfrentamiento armado con Alemania. Es
ridículo, pues, negar que el Pacto Franco-Soviético estaba concebido contra el Reich.
Por consiguiente, el 25 de mayo, el gobierno alemán enviaba una nota al francés,
resumiendo esta posición: "Toda intervención de Francia en aplicación del Pacto FrancoSoviético sería contraria al artículo 16 del Pacto de la S. de N. y significaría una violación del
Tratado de Locarno”. Hitler sólo mencionaba el artículo 16 del Pacto de la S. de N.
incidentalmente. En realidad, insistía en lo referente a la violación del Tratado de Locamo, que
él había calificado como "el único tratado verdaderamente claro y estimable que existe en
Europa" (23).
Francia se tomó nada menos que un mes en contestar al memorandum ale- mán. El 25 de
Junio de 1935 la nota francesa tiene la audacia de afirmar que "el Pacto Franco-Soviético no es
un compromiso militar". La respuesta francesa no resiste el más somero examen; el texto del
Pacto dice, expresamente:
"En el caso en que Francia o la URSS fueran objeto de una agresión no provocada
por parte de un citado europeo, la URSS y recíprocamente Francia se prestarán
inmediatamente ayuda y asistencia".
Y repetimos: los firmantes serán únicos Jueces para determinar quién es el agresor,
independientemente de lo que en tal sentido pueda dictaminar la S. de N., de la que ambos
forman parte Blum hace más. Quiere obtener la caución moral de los consignatarios; del
Tratado de Locarno y les formula a todos la misma pregunta: "¿Consideran que el Pacto FrancoSoviético contiene implicaciones militares? Londres, Roma y Bruselas piden aclaraciones sobre
la pregunta. París la formula en otros términos: "¿Creen que el Pacto Franco-Soviético se opone
al Pacto de Locarno?".
Después de mucho hacerse rogar, Londres responde el 5 de Julio. "La firma del Pacto
Franco-Soviético no modifica en nada las obligaciones contraidas por la Gran Bretaña "... pero
no da su aprobación. Algo muy inglés. Como si se hubieran puesto de acuerdo, Roma y Bruselas
responden del mismo modo. Esto endurece aún más la posición de Alemania, y al ser
anunciado, el 7 de enero de 1936, que la discusión sobre la ratificación del Pacto en el
Parlamento francés tendrá lugar el 12 de febrero, Hitler hace saber al Gobierno Francés, a través
de su Embajador en París, que el Reich "considerará la ratificación del Pacto Franco-Soviético
por el Parlamento Frances como un gesto hostil hacia Alemania, e incompatible con las
obligaciones del Pacto de Locarno, cuyo texto y espíritu habría violado Francia".
El debate sobre la ratificación duró quince días. El conocido periodista Bertrand de
Jouvenel, de la revista Paris-Midi, logró que Hitler le concediera una interviú el 21 de febrero,
en pleno debate. Jouvenel preguntó a Francia sobre su sinceridad cuando afirmaba buscar la
amistad con Hitler cuando en Mein Kampf aparecen dos o tres diatribas bastante duras contra
los franceses. Hitler respondió:

22 / León Blum, y su sobrino, Ministro del Interior, Jules Moch (a) Moshe, fueron los campeones de esa acrobacia

mental. (N. del A.).
23 / Discurso en el Reichstag. 21-V-1935.

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Joaquín Bochaca : LOS CRÍMENES DE LOS “BUENOS”

"Estaba en presión cuando escribí ese libro. Las tropas francesas ocupaban el
Ruhr. Era el momento de mayor tensión entre nuestros dos países. Sí. Éramos
enemigos. Y yo, naturalmente, estaba al lado de mi país, contra el vuestro, del mismo
modo que estuve al lado de mi país, contra el vuestro, durante cuatro años, en las
trincheras. Me despreciaría a mí mismo si no fuera, ante todo, Alemán cuando llega la
guerra. Pero, ya no hay razón alguna de conflicto entre nuestros dos países. ¿Qué
quereis? ¿Que haga correcciones en mi libro como un escritor que prepara una nueva
edición de sus obras...? Yo no soy un escritor; yo soy un político ¿Mi rectificación? La
hago cada día en mi política exterior, buscando siempre la amistad con Francia... MI
rectificación la escribo en el gran libro de la Historia".
Jouvenel le planteó, entonces, otra pregunta: "Deseais el acercamiento franco-alemán. ¿Es
que el Pacto Franco Soviético no va a comprometerlo?" Respuesta de Hitler:
"Mis esfuerzos personales hacia un acercamiento. Persistiran siempre. No
obstante, en el plano de los hechos, este desdichado Pacto crearía, naturalmente, una
situación nueva". Hitler remarcó la frase diciendo: "Os dajais arrastrar en el juego
diplomático de una potencia que todo lo que desea es crear el desorden en las grandes
naciones europeas; desorden de el que ella sería la gran beneficiaria. No daba
perderse de vista al hecho que le Rusia Soviética es un elemento político que dispone
de una revo- lucionaria explosiva y de armamentos gigantescos. Como alemán, estoy
en el deber de tomar nota de una tal situación. El Bolchevismo no tiene posibilidad
alguna de tener éxito en Alemania. Pero hay otras grandes naciones que están menos
inmunizadas que nosotros contra el virus bolchevique... Hariais bien en reflexionar
seriamente en mis ofertas de entendimiento. Os propongo lo que ningún otro
gobierno alemán os habría podido proponer: un entendimiento que será aprobado
por el 90 por ciento de la nación alemana noventa por ciento que me sigue. Os ruego
que tengais en cuenta esto: hay en la vida de los pueblos, ocasiones decisivas. Hoy,
Francia puede, si quiere terminar para siempre con este peligro alemán que vuestros
hijos aprenden, de generación en generación, a temer. Podéis, de una ves, levantar
esa hipoteca que pesa sobre la historia de Francia. tenéis esa suerte. Si no lo Hacéis
pensad en la responsabilidad que contraeréis ante vuestros hijos. Tenéis ante vosotros
a una Alemania, cuyas nueve décimas partes confían en su jefe y ese jefe os dice:
Seamos amigos" (24).
Eran unas declaraciones muy hábiles y, aparentemente al menos, sinceras habida cuenta
de la política exterior de Hitler hasta entonces. Esas declaraciones eran susceptibles de
modificar la decisión del Parlamento. Y, si éste no ratificaba al Pacto Franco-Soviético, ésta
quedaba sin efecto, el gobierno frentepopulista se derrumbaba y la URSS recibía una verdadera
bofetada diplomática. No obstante la interviú de Jouvenel a Hitler no fue publicada hasta siete
días después de haber tenido lugar, es decir, eI 28 de febrero. Exactamente el día siguiente de la
votación de rectificación en el Parlamento.
La interviú apareció demasiado tarde, ante la sorpresa mayúscula de los frances y la
Indignación de Hitler, que quedaba en desairada postura, cual si hubiera cedido ante la
votación, que, como es sabido, fue favorable a la ratíficación del Pacto por 353 votos a favor y
164 en contra. Los discursos pronunciados en eI Parlamento por el líder radical Edouard
Herriot citando repetidamente las frases antifrancesas de Mein Kampf fueron decisivas para
arrastrar al centenar de diputados centro-derechistas al campo de la ratifica- ción del Pacto.
¿ Cómo fue posible que unas declaraciones de tan sensacional importancia fueran
disimuladas al público durante siete días? Se han dado dos versiones. Según Galtier-Boissière,
se produjo una intervención del Gobierno ante la dirección de Paris-Midi para presionarle en el
sentido de que las declaraciones de Hitler fueran publicadas después de la votación (25). El muy
probable que así fuera pues las ofertas de Hitler y sus explicaciones sobre los célebres pasajes
antifranceses de Mein Kampf hubieran tenido ciertamente impacto entre la opinión pública y
entre el centenar de radicales y nacionalistas. En el colmo del impudor, Herriot declaró ante sus
colegas: "¿Crees que si Hitler no fuera sincero en sus sentimientos contrarios a Francia, dejaría
de desmentir los pasajes de su libro, o, al menos, no nos daría alguna explicación al respecto?.
24 / Paris-Midi, 28-11-1936.

25 / Jaques Galtier-Boissière: Histoire de la Seconde Guerre Mondiale.

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Joaquín Bochaca : LOS CRÍMENES DE LOS “BUENOS”

El caso es que esas "explicaciones" que pedía Herriot las había dado Hittler días antes y
que, según el citado Galtier-Boissière y otros tratadistas franceses (26), el gobierno francés las
conocía, hurtándolas a la opinión pública. Y si el gobierno francés las ignoraba, entonces la
responsabilidad recaería en la dirección de Paris-Midi. Pero cuando en Alemania se enteraron
de la maniobra se elevaron protestas, que no pudieron en modo alguno pasar desapercibidas al
gobierno francés que, no obstante, no tomó medidas contra la revista por su flagrante
manipulación informativa.
En cualquier caso, el clan belicista francés, con los frentepopulistas y una gran parte de los
"chauvins" derechistas, había conseguido montar el mismo dispositivo estratégico que se logró
con el Pacto Franco-Ruso de 1891, que casi hizo estallar la guerra en 1907 y luego en 1911,
lográndolo finalmente en 1914. El gobierno francés y la mayoría de parlamentarios que ratificó
el Pacto, empero, ignoraban, o parecían ignorar, que la Rusia Zarista y la Rusia Bolchevique
eran dos realidades muy diferenciadas.
La respuesta de Hitler se produjo una semana después. El día 7 de Mayo, Hitler ordenaba
la remilitarización de Renania, comunicando oficialmente a los países consignatarios del
Tratado de Locarno, Bélgica, Francia, Inglaterra e Italia, que habiendo violado Francia dicho
Tratado, cuyas obligaciones eran incompatibles con el nuevo Pacto Franco-Soviético, se
consideraba desligado del mismo. La remilitarización de la margen izquierda del Rhin era,
indiscutiblemente, una violación de las disposiciones de la Parte V del Tratado de Versalles, así
como del Tratado de Locarno. Pero no era más que una réplica a una violación anterior de esos
dos tratados por Francia. En Derecho Internacional -- como, por otra parte, en Derecho Privado
-- un tratado no es nada más que el compromiso recíproco de cumplir determinadas
obligaciones entre dos o mas partes. Cuando una de las partes falta a sus obligaciones, la otra o
las otras quedan automáticamente desligada de las suyas.
La reacción de Francia ante la remilitarización de Renania fue muy viva, tanto en el plano
diplomático como en el de su desorientada -- por no decir demasiado orientada -- opinión
pública. Pero Alemania se mantuvo firme; Hitler sabía, por la nota inglesa del 5 de Julio y la
italiana del 15 de Julio, respondiendo a la consulta francesa sobre su -- entonces -- proyecto de
Pacto Franco-Soviético, que ninguna de esas dos potencias intervendría, y que Francia quedaría
sola ante Alemania. Cuando Francia se dirigió a Polonia y a la Pequeña Entente, recibió como
respuesta la promesa de ayuda por parte de Checoslovaquia, Yugoeslavia, Rumania y Polonia,
pero sólo a condición de que Francia llevara la iniciativa de las operaciones y siempre y cuando
Inglaterra e Italia se unieran a la coalición. Es decir, en lenguaje diplomático, sus aliados
dejaban sola a Francia.
El 12 de Marzo, se reunían en Londres los Ministros de Asuntos Exteriores de los
consignatarios del Tratado de Locarno. Hitler puso como condición para enviar a su
representante a que éste tuviera el mismo derecho al uso de la palabra que sus colegas; que se
estudiara la previa violación de los términos del Tratado por parte de Francia y que las demás
delegaciones se avinieran a entrar inmediatamente en negociaciones sobre nuevas propuestas
alemanas. Al ser rechazadas tales peticiones por Francia y Bélgica -- que, en aquellos momentos,
era, políticamente, un satélite francés -- Alemania se abstuvo de mandar un representante a la
conferencia de Londres. En la misma, se constató que el tratado de Locarno había muerto, de
muerte natural. Al notar que su posición es fuerte, Hitler piensa que la tribuna de la S. de N.
puede constituir un buen escaparate publicitario; una caja de resonancia diplomática y,
aprovechando que ha sido invitado a comparecer ante el Consejo, Hitler manda allí a Von
Ribbentrop, que llega el 19 de Marzo y hace la declaración siguiente:
" El Canciller Hitler ha formulado toda una serie de proposiciones en favor de la
paz. No han sido tenidas en cuenta.
" Ha propuesto el desarme general: ha sido rechazado.
" Ha propuesto un armamento paritario, basado sobre ejércitos de 200.000
hombres: ha sido rechazado.
" Ha propuesto elevar la cifra a 300.000: ha sido rechazado.
" Ha propuesto un pacto aéreo: ha sido rechazado (27).

26 / Paul Rassinier: Les Responsables de la Seconde Guerre Mondiale, pág. 109.
27 / El 31 de Marzo de 1936 Hitler propuso la prohibición de las bombas incendiarias y el bombardeo de ciudades

abiertas. Su propuesta fue rechazada. De ello hablamos más adelante.

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Joaquín Bochaca : LOS CRÍMENES DE LOS “BUENOS”

" El 21 de Mayo de 1935 propuso un conjunto de medidas destinadas a
asegurar la paz en Europa: fueron rechazadas, excepción hecha de las disposiciones
relativas al desarme naval, que sirvieron de base al acuerdo germano-inglés.
" El Canciller del Reich ha reiterado numerosas veces sus ofertas de paz y -permitidme decirlo aquí -- él mismo y toda Alemania han esperado que el Pacto
Franco-Soviético no sería ratificado.
" Cuando, haciendo caso omiso de sus ofrecimientos y advertencias el
Parlamento Francés ha ratificado ese Pacto, el Canciller del Reich, consciente de
sus graves responsabilidades hacia el pueblo alemán, ha extraído del mismo la única
conclusión que se imponía. Ha restablecido la sobreranía alemana sobre todo el
territorio del Reich.
" Al actuar así, el Gobierno alemán se ha fundado en los hechos siguientes:
" 1.- A consecuencia de la acción unilateral de Francia, el espíritu y la letra del
Pacto de Locarno han sido tan radicalmente falseados, que dicho Pacto ha perdido su
validez y vigencia.
" 2.- A consecuencia de la nueva alianza militar concluida entre Francia y la
Unión Soviética, Alemania se ha visto obligada a recurrir, sin demora, al elemental
derecho que tiene toda nación a asegurar la seguridad de su propio territorio.
" Por este motivo el Gobierno del Reich rechaza categóricamente, como
desprovista de todo fundamento, la acusación de haber violado unilateralmente el
Tratado de Locarno. Es materialmente imposible violar un acuerdo que los actos de
otro signatario han convertido en caducos.
" El contenido y el ámbito de las proposiciones alemanas no necesitan
comentarios. Son tan amplios y completos que todo hombre de citado animado de un
sincero amor a Europa sólo puede desear su rápida aplicación.
" Ojala pueda eI Consejo de la Sociedad de Naciones, amparando sus actuales
sentimientos, tomar conciencia de su significación histórica, y reconocer que tiene en
sus manos, los Instrumentos merced a los cuales es posible rechazar el espectro de la
guerra y llevar a una Europa Inquieta al camino de la Paz "(28).
La argumentación de Von Ribbentrop parece irrecusable. Y prueba de ello es que nadie
Intentó rebatirla. No hubo discusión, a pesar de que el plenipotenciario alemán parecía,
viablemente, aguardar una respuesta. No la hubo. Todos los miembros del Consejo parecían
turbados (29). En su nombre, el Presidente de la Asamblea, al británico Bruce, toma acta de las
palabras de Ribbentrop y levanta la sesión. Por la tarde, en ausencia de Ribbentrop, al que,
Isólitamente, ni se avisa siquiera (30) el Consejo se limita a declarar sin discusión previa y sin
mas comentarios que "el artículo 43 del Tratado de Versalles ha sido violado por Alemania". No
se habla de la intervención militar, ni de represalias ni de ninguna clase de sanción. Al levantar
la sesión, Bruce pronuncia una corta alocución que contiene la siguiente frase: “El Canciller
Hitler ha renovado su voluntad de cooperación: nos ha sido confirmado esta misma mañana por
su representante personal. Estoy convencido pues, que se encontrará una solución ".
Esto era, de hecho, una especie de "visto bueno" dado, inesperadamente a Hitler, por
Bruce, conservador inglés opuesto al clan belicista que representaban en su país los laboristas y
los llamados jóvenes conservadores de nes ya nos hemos ocupado.
Unos días después, el 29 de Marzo, un referendum "aprobaba la obra llevada a cabo por el
Führer en el curso de los tres últimos años", por 44.411.911 votos, es decir, el 99 % del conjunto
de los inscritos, es decir, la más fuerte de las mayorías que nunca obtuviera. La inmensa
mayoría de los periodicos y revistas de las democracias occidentales, empero, hablaron de
"plebiscitos trucados ". Olvidaban que en el Sarre, bajo control de la S. de N., Hitler obtuvo nada
menos que un 90,75 % de los votos, tras quince años de propaganda francesa. No parece, pues,
descabellado, que sin propaganda sistemáticamente adversa y con el buen trabajo del Doctor
Goebbels desde el Ministerio de Propaganda, se obtuvieran mejores resultados, llegando, en la
ocasión que nos ocupa, al 99 %.
Hitler había ganado en toda la línea, pero el clan belicista había logrado, mediante la
bombástica utilización de sus recursos propagandísticos a escala mundial, que el Führer
apareciera a ojos de una parte cada vez mayor de la opinión pública como un incumplidor de
28 / Revista de la Sociedad de Naciones, 27-III-1936.
29 / Paul Rassinier: Les Responsables de la Seconde Guerre Mondiale, pág. 112.
30 / Archibald M. Ramsay: The Nameless War.

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Joaquín Bochaca : LOS CRÍMENES DE LOS “BUENOS”

pactos y tratados, cuando, en el caso presente, parece fuera de toda duda razonable que el
incumplidor fue el gobierno francés, y no el alemán.
1937: AÑO DE TRANSICIÓN
Tres hechos principales caracterizan el año 1937 desde el punto de vista diplomático: la
consolidación del Eje Roma-Berlín; la tentativa del acercamiento anglo-alemán tras la subida al
poder, en Inglaterra, de Chamberiain, y el hundimiento de la Pequeña Entente.
La consolidación del Eje se configura el 5 de Mayo con la visita que Von Neurath hace al
Duce. Las conversaciones de los dos hombres de estado con- firman, dice un comunicado
alemán "el estrecho paralelismo de intereses y de identidad de intenciones de ambos países". El
25 de Septiembre, Mussoliní, recibido solemnemente por el Führer en Munich, le entrega un
documento, en el que, entre otras cosas, se dice: "Defensor y guardián de la cultura europea
contra toda tentativa subversiva, el Führer ha dado a Italia, en sus horas de lucha, su plena
solidaridad y su amistad sincera". Más adelante veremos que este entusiasmo, que un nórdico
adjetivaría "latino", no está exento de reservas mentales. De momento, limitémonos a
mencionar que el 6 de Noviembre se firma un protocolo anticomunista por el cual Italia se
adhiere al protocolo germano-nipón, suscrito en Noviembre de 1936. Esto da luz al Eje BerlinRoma-Tokio.
Sir Neville Chamberlain sucede a Baldwin como Primer Ministro inglés en Mayo de 1937.
Baldwin debió dimitir a causa de haber adoptado el punto de vista del Arzobispo de Canterbury
sobre la cuestión del matrimonio morganátíco de Eduardo VIII. Al convertirse en el campeón de
la abdicación de éste, se había autoexcluído del poder, pues el prestigio de la Corona Británica
no podía permitir que el nuevo soberano, Jorge VI, le debiera el trono. El sucesor de Baldwin es
un burgués, típicamente inglés, hombre de negocios, básicamente un "gentleman" y con un
excelente sentido del humor. Antes de llegar a la más alta magistratura de la política británica,
había sido Canciller del Exchequer (Ministro de Finanzas), logrando parchear la economía
inglesa, maltrecha tras la nefasta gestión del socialista MacDonald. Es, según sus adversarios,
un cínico, y según sus partidarios, un realista, con un agudo sentido de las realidades, muy ágil
en las negociaciones y "muy inglés". Su fortuna personal parece ponerle al socaire de las
presiones.....pero sólo lo parece. En su momento, como más adelante veremos, deberá ceder
precisamente en el terreno que se suponía el más invulnerable para él.
Lo primero que hace Chamberlain es mandar a Lord Halifax, Lord Presidente del Consejo,
a Berlín, donde se entrevista con Goering. El pretexto es una exposición cinegética. Luego visita
a Hitler en Berchtesgaden. No trasciende nada del resultado de sus entrevistas, pero el periódico
The Observer, órgano de la City y de los intereses exclusivamente anglosajones, publica (31) un
sensacional artículo en el que expone que "la unión de Austria con Alemania le parecería la cosa
más natural del mundo" ... "Gran Bretaña", decía el artículo "no va a hacer la guerra ni
enemistarse con el Reich para asegurar la independencia de Austria o Checoslovaquia". El
artículo está firmado por Garvín, diplomático de primer rango. Aunque es posible que su
artículo no refleje más que la opinión del autor, para los que conocen el grado de intimidad
entre Garvín y el Primer Ministro Chamberlain y con las primeras figuras del Partido
Conservador en su versión no-belicista, tales como Sir Samuel Hoare, Runciman, Simón,
Brendan-Bracken y Butler no quedan dudas de que desde Noviembre de 1937 Chamberlain ha
dado, a Hitler, luz verde para su predominio en Europa Central, solucionando a su manera los
problemas austríaco y checoeslovaco - siempre y cuando Inglaterra arbitre la situación - y
dejando, de este modo, manos libres a Alemania en el Este de Europa, ante la URSS. El artículo
citado terminaba, significativamente, con una feroz diatriba anticomunista. Causan tal
sensación las afirmaciones de Garvin que toda la prensa inglesa se hace eco de ellas. El clan
belicista británico reacciona violentamente y se acusa a Chamberlain de pactar, secretamente
con Hitler, dejándole fortalecerse para que pueda atacar a la URSS. Los laboristas y todo el
Movimiento Sionista son los abanderados de las críticas contra Chamberlain, pero también los
llamados "jovenes conservadores" se distinguen por la dureza de sus ataques al Primer Ministro.
El tercer hecho crucial de 1937 es, como hemos dicho, el hundimiento de la Pequeña
Entente, alianza político-militar que unía a Francia directamente con Yugoeslavia, Rumania y
Checoslovaquia, y las tres últimas indirectamente con Polonia, país que a su vez tenía un pacto
de amistad y ayuda mutua con Francia.

31 / The Observer, Londres, 22-XI-1937.

— 30



Joaquín Bochaca : LOS CRÍMENES DE LOS “BUENOS”

El fin de la Pequeña Entente había empezado en Junio de 1935. Stojadinovich, el
Ministro de Economía, había sido llamado por el Regente de Yugoeslavia para que presidiera
el nuevo Gobierno de aquél país. Partidario de colaborar con el Reich en la política económica
del barter (trueque) que éste patrocina, los lazos con Alemania se fortalecen en la misma
medida que se debilitan los que unen a Yugoeslavia con Francia. Un año antes, en Agosto 1936,
Titulesco, había debido dimitir de su cargo de Ministro de Asuntos exteriores (32), en Rumania,
al subir, democráticamente, al poder, el Primer ministro Octavian Goga quien, por cierto, sería
depuesto un año después, dic- tatorialmente, por el Rey Carol, ante el aplauso de las llamadas
democracias. Goga inició una época de cooperación económica con Alemania. Ya desde
Principios de 1937 se estableció una doble corriente de intercambios económicos entre
Yugoeslavia y el Reich, por una parte, y entre el Reich y Rumania por otra. Yugoeslavia y
Rumania enviaban sus productos agrícolas y ganaderos a Alemania, la cual les pagaba en
productos químicos, maquinaria y artículos manufacturados. El Reich estaba apoderándose de
los mercados industriales yugoeslavo y rumano, de la misma manera que ya anteriormente se
había hecho con los mercados húngaro y búlgaro. Pero los gobiernos de Belgrado y Bucarest
debían ir mucho más lejos en la desautorización de la política pro-francesa sostenida por sus
antecesores. El 24 de Enero de 1937, Stojadinovich y Kusseivanov, Presidente del Gobierno
Búlgaro, firmaban un Tratado de paz y amistad entre sus países, y dos meses después el mismo
Stojadinovich firma otro tratado con Italia. En virtud del mismo Italia y Yugoeslavia se
garantizaban mutuamente el respeto de sus respectivas tierras y se comprometían a actuar de
acuerdo en el caso de complicaciones Internacionales que pusieran en peligro sus intereses.
Cuando Yvon Delbos, plenipotenciario francés, se presenta en Belgrado para renovar la
alianza franco-yugoeslava de la Pequeña Entente, Stojadinovich se encuentra en Roma. en visita
oficial. Delbos es recibido, fríamente, por un secretario de embajada. Yugoeslavia ha cambiado
de campo definitivamente: sus intereses están, ahora, ligados con los de las Potencias del Eje.
EL "ANSCHLUSS"
Los Tratados de Versalles y de Saint Germain habían despedazado prácticamente el
antiguo Imperio Austro-Húngaro. Austria quedaba, a consecuencia de ellos, reducida a un
pequeño territorio de unos seis millones de habitantes, de los cuales casi un tercio se
concentraba en su capital, Viena.
El nueco estado parecía, en las circunstancias de entonces, como inviable.
El Anschluss (unificación con Alemania) era reclamado, desde Noviembre 18, por el
Partido Socialista Austríaco, a cuyo frente se hallaban, por cierto, dos hebreos, Victor Adler y
Otto Bauer. El 12 de Noviembre del mismo mes, los diputados del Reichsrtag austríaco
constituidos en Asamblea Nacional, adoptaban un proyecto de ley tendente a la proclamación de
una república germano-austríaca. El articulo tercero estaba concebido en los siguientes
términos: ''Austria-Alemania constituye parte integrante de la República Alemana". El 25 de
Diciembre, Otto Bauer - repetimos, un socialdemócrata judío, no un nazi alemán - Ministro de
Asuntos Exteriores del Gobierno Provisional de la joven República de Austria, entregaba al
Cuerpo Diplomático una nota en la cual invocaba en favor de la tesis del Anschluss, el principio,
tan caro al Presidente Wilson, del "derecho de los pueblos a disponer de si mismos". Bauer
afirmaba, con toda lógica, en la aludida nota: "Los Estados Unidos y la Entente han combatido
por defender el derecho de las nacionalidades a ser independientes o a unirse entre si. No se
puede rehusar a Austria-Alemania un derecho que ha sido reconocido a los polacos, a los eslavos
y a los italianos".
El Anschluss parece, en esos momentos, tan probable e irreversible que una parte de la
población del Vorarlberg y del Sud-Tirol que no lo desea, pide oficialmente su incorporación a la
Confederación Helvética. El 4 de Marzo de 1919, la Asamblea Constituyente preconiza por
mayoría abrumadores de votos el Anschluss y doce días después una ley constitucional, cuyo
articulo segundo establece que " Austria forma parte de la República Alemana ". El 19 de Marzo,
el Canciller Austríaco Renner, de- clara ante la Cámara:
"Nuestra política exterior continuará la Idea directriz de la reunión con la madre
patria. El Gobierno continuará enérgicamente las conversaciones con el Gobierno
Alemán y hará todo lo posible para que éstas obtengan cuánto antes un resultado
positivo ".
32 / Titulesco era la versión rumana de Benes. Francmasón como el, venal y sostenido financieramente por Francia.

(N. del A.)

— 31



Joaquín Bochaca : LOS CRÍMENES DE LOS “BUENOS”

A pesar de que los Aliados occidentales se oponen al Anschluss amparándose en las
cláusulas de los Tratados de Versalles y Saint-Germain, la Asamblea Nacional Austríaca, por
unanimidad, decide organizar, en un plazo máximo de seis meses un plebiscito a propósito de la
reunión con el Reich. La primera provincia en ser consultada será precisamente el Tirol del
Norte. La votación tiene lugar el 24 de Abril de 1921. El 98,6 % de los electores son partidarios
del Anschluss. Un mes más tarde, votación en Salzburg: el 99 % de los votantes se declaran
igualmente partidarios del Anschluss. La siguiente consulta popular está prevista en la región
de Estiria, pero, a la demanda de los aliados, capitaneados por Francia, la S. de N. interviene. En
virtud del artículo 80 del Tratado de Versalles, que garantiza la independencia de Austria, las
consultas populares son interrumpidas. Admirémonos, de paso, de la incoherencia de las
llamadas democracias occidentales, que dominan la S. de N., apoyadas ahora por la democracia
soviética. Por una parte profesar el sacrosanto principio del "derecho de los pueblos a disponer
de sí mismos", y nada, en efecto, más democrático, si consideramos la democracia como lo que
pretende ser. Y por otra parte, en cuanto el pueblo austríaco quiere disponer de sí mismo, las
democracias occidentales invocan un artículo del Tratado de Versalles, que ellas consideran
intangible, cuando les conviene, y ordenan mayestáticamente la perpetuación indefinida del
statu quo. Los austríacos arguyen que también el Tratado de Versalles contiene un artículo,
concretamente el n. 19, que prevé la modificación o rescisión de cláusulas del mismo. Está
redactado así:
"La Asamblea de la Sociedad de Naciones puede, de vez en cuando, invitar a los
miembros de la Sociedad a proceder a un nuevo examen de los tratados que, con el
tiempo, se hayan convertido en inaplicables, así como de aquellas situaciones
internacionales cuyo mantenimiento podría poner en peligro la paz del mundo".
El areópago ginebrino contesta, según su costumbre, al margen de la cuestión: el Tratado
de Versalles garantiza la independencia de Austria. Esto es sencillamente inaudito. "Garantizar",
en cualquier diccionario, es salir fiador de algo o de alguien. ¿Como se puede salir fiador de
alguien si éste no quiere que se haga ? ¿ No parece, en la circunstancia dada, la palabra
"garantía" un hipócrita subterfugio para no deber utilizar el vocablo (tan poco democrático) de "
imposición "?.
Pasan diez años desde esta imposición de la S. de N., empeñada en mantener la
balcanización de Europa en multitud de mini-estados inviables. En Mayo de 1931 se hace
público que el Canciller Schober y el Ministro Alemán Curtius están preparando un proyecto de
unión aduanera austro-alemana. Inmediatamente, Briand, Delegado francés en la S. de N., eleva
su protesta. Austríacos y alemanes insisten. El asunto será llevado ante el Tribunal de la Haya,
que fallará a favor de la tesis francesa. El proyecto de unión aduanera será enterrado.
Si nos basáramos exclusivamente en la lógica, el ex-Ministro Otto Bauer, sionista y
socialista, hubiera debido hacer oír al mundo su indignada protesta por esta antidemocrática
ingerencia de la República Francesa en los asuntos internos de Austria. Pero Otto Bauer se calló.
¿ Por qué ? Pues porque el Otto Bauer de 1931 ya no era el Otto Bauer de 1921, partidario del
Anschluss. Su opinión había cambiado en ese aspecto en 1925, en el momento en que el Mariscal
Hindenburg era elegido Presidente del Reich. Si Otto y, con él, todos los socialistas austríacos apoyados entonces por todos los socialistas de Europa - habían preconizado el Anschluss tras la
Primera Guerra Mundial, era únicamente por espíritu de partido. La supresión de la frontera
alemana les hubiera permitido fortalecer el Socialismo Alemán, entonces en gran auge electoral,
al cual habrían apuntalado con sus votos, y, al mismo tiempo, habrían consolidado su propia
posición en Viena. Como Alemania se había desembarazado del Socialismo, dejaba de ser "la
madre patria". Los demócratas son los mismos en todas partes: y lo primero es el Partido ! (33).
La llegada de Hitler al poder convertirá a Otto Bauer y sus amigos políticos en adversarios
declarados del Anschluss. El Canciller de Austria es en esa época, Dollfuss, apasionado
antihitleriano, pero también antimarxista. El 12 de Febrero de 1934 los comunistas de Viena se
lanzan a la calle para tomar el poder por la violencia, pero son aplastados por la Policía y el

33 / Los "demócratas" del Partido Comunista adoptaron una actitud similar en este caso, así como en el de AIsacia-

Lorena, que el líder bolchevique francas Maurice Thorez quería que revirtiera a Alemania en 1924, pero ya no en
1933, con Hitler en el poder (N. del A.).

— 32



Joaquín Bochaca : LOS CRÍMENES DE LOS “BUENOS”

Ejército (34). Los nacionalsocialistas austríacos, conducidos por Seyss-Inquart y el doctor
Tavs, presionan a Dollfuss para que proceda a estrechar lazos con el Reich, cuenta tenida de
que en la Constitución Austríaca se reconoce, en su Artículo tercero, que "Austria es un estado
alemán". Sale otra vez sobre el tapate la cuestión de la unión aduanera con Alemania, que sólo
beneficios puede reportar a ambos países. Dollfuss, insólitamente, se dirige a la Asamblea de la
S. de N., la cual, actuando como un simple particular y sobrepasando totalmente el marco de sus
atribuciones y competencias, concede a Austria un prestamo sin interés de nueve millones de
libras esterlinas a condición de que Austria no se una aduaneramente con el Reich, por un
período de veinte años. Esto romperá todos los puentes entre Dollfyss y su "Frente Patriótico"
con los na- cionalsocialistas, a la vez que envenenará las relaciones con el Reich, donde Hitler
acaba de acceder al poder. Los nazis austríacos obtienen numerosas victorias parciales, en las
elecciones cantonales, aunque basándose en defectos de forma y en argucias legales Dollfuss las
anule con frecuencia. No obstante el número de sus representantes en la Asamblea Nacional
Austríaca es cada vez más numeroso.
En Agosto de 1933, Dollfuss se entrevista con Mussolini en Riccione y éste le garantiza, de
nuevo, la independencia austríaca. Decididamente todo el mundo parece preocuparse por la
independencia de Austria, exceptuando la mayoría del pueblo austríaco. Mussolini, en Riccione,
garantiza la independencia de Austria, si es preciso, con la fuerza de las armas, pero exige a
cambio la renuncia definitiva de Austria al Alto Addige (Tirol del Sur) que el Tratado de
Versalles adjudicó a Italia, que sean abolidos todos los partidos políticos Austriacos, incluyendo
el nacionalsocialista y que el "Frente Patriótico" adopte gradualmente el modelo fascista.
En Mayo de 1934 se incrementan hasta lo indecible las cortapisas al Partido NacionalSocialista austríaco, evidentemente sostenido, con no excesiva discresión, por Alemania. El
terrorismo y el contraterrorismo se suceden, entre nazis y miembros del "Frente Patriótico".
Ello llega al paroxismo cuando Dollfuss decide anular, por un supuesto vicio de forma, unas
elecciones cantonales en Salzburgo, que al dar la victoria a los nacionalsocialistas dejaba a éstos
con mayoría en el Parlamento. Hubo un raid de los nazis en la Cancillería, y Dollfuss resulto
muerto en el tiroteo (35). En un movimiento completamente hostil a Berlín, Mussolini envió
tropas al Paso del Brenner anunciando, además, que no toleraría la ocupación de Austria por
Alemania (36).
A Dollfuss le sucede como Canciller Schussnigg, que, el 11 de Julio se entrevista con Hitler,
publicándose un comunicado conjunto por el que "Alemania reconoce la plena soberanía del
Estado Austríaco y Austria se compromete a levar a cabo una política sobre la base de los hechos
reales y que Austria es un estado alemán". El Partido Nacional-Socialista austríaco tendría pleno
derecho de actuar libremente y a propagar sus ideas, incluyendo la idea del Anschluss.
Además, se firma un tratado de cooperación comercial entre ambos países. Schussnigg,
entre tanto, se ve presionado por la S. de N., que continúa empeñada en "garantizar la
independencia del Estado Austríaco". Hitler ofrece a Schussnigg ayuda financiera para librar a
Austria de la hipoteca que representa el préstamo que el organismo supranacional ginebrino le
hiciera. Mussolini continúa sosteniendo a Schussnigg como hiciera con Dollfuss, tanto política
como financieramente. El Canciller austríaco, pues, interpreta el acuerdo con Hitler a su
manera, es decir en el de la independencia del estado austríaco, haciendo caso omiso del otro
aspecto del mismo, o sea su carácter alemán. A finales de 1937, Schussnigg se desplaza a París
para entrevistarse con Laval, proponiendole una alianza militar defensiva, parecida a la que
Francia tiene vigente con Polonia y Checoeslovaquia. Schussnigg propone que Mussolini sea
asociado a ese pacto. Pero para la Izquierda francesa considera Schussnigg, el sucesor de
Dollfuss, es un " fascista ", que, si bien anula las elecciones cuando éstas son favorables a los
nazis austríacos, también mete a los comunistas en campos de concentración y mantiene a los
socialistas en un ostracismo absoluto. Laval acogería con gusto la sugerencia de Schussnigg de
tender un puente hacia Roma a través de Viena, pero el empecinamiento ideológico de los
marxistas franceses se lo impide. Schussnigg debe regresar a Viena completamente fracasado,
sin haber logrado más que enfriar aún más las relaciones con Berlín.

34 / El mismo día el Partido Comunista Francés lanzaba a las turbas a la calle en un Ensayo general ? ¿ Coincidencia

? (N. del A.).
35 / Los nazis tuvieron unas 190 bajas, y algo más de cien, incluyendo el Canciller Dollfuss, los del "Frente
Patriótico". El Ejército austríaco, con el que se contaba por parte de los nazis, a última hora obedeció al gobierno y se
quedó en sus cuarteles. (N. del A.)
36 / Encyclopoedia Britannica, pág. 559, Tomo VII.

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Joaquín Bochaca : LOS CRÍMENES DE LOS “BUENOS”

A principios de 1938 Schussnigg, a sugerencias de su amigo el ministro francés Puaux
intenta afianzar la existencia del Estado Austríaco mediante lo que él considera una hábil
maniobra. Decide organizar un plebiscito preguntando al pueblo si desea la independencia de
Austria o si prefiere el Anschluss con Alemania. El propio Mikiás, Presidente Federal de Austria,
aconseja a Schussnigg que desista de su idea. Si en Austria hace tiempo que no se han llevado a
cabo elecciones generales, es evidente que los padrones no están al día. Este inconveniente,
empero, es mínimo comparado con lo que lleva "in mente" el Canciller Schussnigg: los colegios
electorales no estarán formados por las auto ridades locales, sino exclusivamente por miembros
del "Frente Patriótico" la guardia pretoriana de Schussnigg. El Estado controlará de este modo
las elecciones, el recuento de los sufragios y la anulación de los comicios allí donde se considere
necesario; el voto podrá ser secreto o no, según las circunscripciones y la prensa gubernamental
ya avisa que todo voto favorable al Anschluss significará alta traición. Todo se prepara a toda
prisa para lograr el efecto de "fait accompli". El propio Mussolini, que hasta el momento ha
sostenido sin desmayo a Schussnigg, le aconseja que abandone su proyecto. Hitler se dirige a la
S. de N. pidiendo a ésta que intervenga y controle el plebiscito. La S. de N. que lleva casi veinte
años ocupándose de los asuntos de todo el mundo, responde virtuosamente que no puede
inmiscuirse en los asuntos internos de Austria.
En vista del giro que van tomando los acontecimientos, Seyss-Inquart, jefe de los
nacionalsocialistas austríacos, dimite de su cargo de consejero de Estado invita a la población de
abstenerse de votar. Hitler dirige una propuesta a Schussnigg: que las elecciones se aplacen
durante tres semanas, y que en ese tiempo se confeccione el padrón electoral. Solicita también
que el voto sea secreto y que los delegados de los demás partidos, incluidos los nazis locales
tengan derecho a participar en el control de los escrutinios junto a los del "Frente Patriótico".
Schussnigg se apoya en los únicos aliados que le quedan: los marxistas, que son sacados
del campo de concentración de Woellersdorf y montados en camiones que recorren las calles a
los gritos de "¡ viva Schussnigg ! ¡ Viva Moscu !", pero nadie les secunda. El embajador austríaco
en Londres, personaje siniestro y que lleva el nombre premonitorio de Barón Frankenstein
comunica que, pese a los requerimientos de Schussnigg en ese sentido, Inglaterra no
intervendrá ni militar ni siquiera diplomáticamente para apoyar a Austria. Schussnigg debe
ceder y anunciar el aplazamiento de las elecciones y dimitir. Tres horas más tarde, el Presidente
Federal Miklás ordena a Seyss-Inquart que forme nuevo gobierno. Este lo hace con miembros de
su propio partido, el Nacional Socialista de Austria, mientras los "camisas pardas" desarman sin
lucha a componentes del "Frente Patriótico". La Plaza de los Héroes, en Viena está ocupada por
una muchedumbre que estalla en delirantes ovaciones cuando desde el balcón de la Cancillería
federal despliegan la primera bandera de la cruz gamada. Los nacionalsocialistas austríacos
controlan todo el país, con el apoyo de la gran mayoría del pueblo (37). En todos los edificios
oficiales ondea la bandera de la swastika mientras los miembros del "Frente Patriótico" se han
retirado sin ofrecer resistencia. Pero, en vista del fracaso del anterior "putsch" contra Dollfuss,
en Berlín no confían demasiado en la situación y quieren estar prevenidos contra cualquier
sorpresa desagradable. Goering habla por teléfono con Seyss-Inquart, y poco después recibe un
telegrama, que ya se le anticipa, anunciándole:
"El Gobierno Austríaco que presido y que, después de la dimisión presentada por
el Gobierno Schussnigg considera su misión garantizar la tranquilidad y el orden en
Austria, dirige al Gobierno alemán el ruego de que le apoyen en su misión y le ayuden
a tomar medidas tendentes a evitar que corra la sangre. A este respecto ruega al
Gobierno Alemán el pronto envió de tropas alemanas ".
Tras una noche de febril tensión, a las seis de la mañana, las tropas alemanas al mando del
General Von Bock, cruzan la frontera austríaca. La única resistencia que deben vencer en su
avance es el entusiasmo de la muchedumbre que los inunda de flores y sólo con gran dificultad
les cede el paso en las calles. Esto no es una patraña de la propaganda del Doctor Goebbels, sino
un hecho acreditado por las grandes agencias de noticias internacionales de la época, qué, por
cierto, lo relataban lamentándolo ... (38).
El 10 de Abril se consultó mediante plebiscito, a la población austríaca, si deseaba o no el
Anschluss con el Reich. Hitler comunicó a la S. de N. y a los gobiernos inglés, francés e italiano,
que, si lo deseaban, podían enviar observadores que controlaran la pureza democrática de los
37 / Daily Mail, Londres, 12-III-1938.
38 / United Press, 13-III-1938.

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Joaquín Bochaca : LOS CRÍMENES DE LOS “BUENOS”

escrutinios. Ninguno de dichos gobiernos consideró útil o conveniente aceptar la invitación
del Führer. No obstante, abundaron los representantes de agencias de noticias
internacionales, incluyendo Havas, Stéfani y Associated Press, que no formularon objeción
alguna en cuanto al normal desenvolvimiento de los comidos. El resultado final arrojado por los
mismos fue de 4.275.000 votos favorables al Anschluss y 12.500 en contra.
Mussolini toma nota de la nueva situación planteada y tras recibir al enviado personal de
Hitler, el Príncipe Felipe de Hesse, pariente de la Casa Real italiana, que se traslada a Roma en
avión especial, reúne al Gran Consejo Fascista que manifiesta "rechazar toda intervención en la
política interior de Austria y en el desarrollo de un movimiento de carácter nacional cuyo
resultado lógico se podía prever desde hace tiempo ". Hitler responde a esta noticia con un
telegrama, desde Linz, que revela la emoción que le embarga aquél día: "Mussolini, jamás le
olvidaré este gesto ".
Italia, el Japón, Yugoeslavia, Polonia y Hungría son los primeros países en transformar sus
embajadas vienesas en consulados y aprovechan esta ocasión para expresar sus simpatías "por
la reincorporación de Austria al Reich alemán". Su ejemplo es seguido pronto por Holanda,
Bélgica, Lituania, Portugal, Brasil y todos los demás países, incluyendo los Estados Unidos y la
Unión Soviética....ésta última con un simple reconocimiento diplomático, pues no mantenia
embajada en Viena. Sólo Inglaterra y Francia se ven en la "penosa" obligación de levantar un
acta de protesta. Lord Halifax, Ministro de Asuntos Exteriores de la Gran Bretaña declara el 16
de Marzo en la Cámara de los Lores que la situación creada por el Tratado de Saint-Germain (es
decir, la independencia forzosa de Austria) no se podía mantener eternamente en vigor, pero
que "el Gobierno Británico rechazaba el empleo de la fuerza por parte de Alemania...". Como se
observará la protesta inglesa es matizada. No discute la justicia del Anschluss, sino el
procedimiento, que considera violento. Francia no matiza; lo condena todo. Es curioso digámoslo de paso - que dos imperios coloniales, sobre todo el inglés, que se han forjado con el
empleo permanente de la fuerza durante tres siglos, sean tan selectivos a la hora de valorar el
Anschluss. Al fin y al cabo, éste se ha llevado a cabo sin disparar un solo tiro. Los ingleses llevan
tres siglos en Irlanda y dos en la India, manteniéndose a tiros, y ningún gobierno alemán ha
"lamentado el uso de la fuerza por parte de Inglaterra".
Una cosa parece evidente, con todo. Chamberlain, al dar a conocer, por boca de su
Ministro Halifax, que la artificial independencia austríaca no podía mantenerse por más tiempo,
aún cuando haga la concesión a su ala belicista sobre el empleo de la "violencia" alemana, en
realidad lo que hace es dar su acuerdo a Alemania para que continúe su política, es decir;
"hegemonía germánica en Centro-Europa, statu quo en las fronteras occidentales del Reich y
orientación de los objetivos alemanes hacia el Este".
El 10 de Abril, nuevo plebiscito organizado por Hitler, sobre la cuestión siguiente: "¿ Estás
conforme con la reincorporación de Austria al Reich, llevada a efecto el 13 de Marzo de 1938 y
votas por la candidatura de nuestro Führer, Adolf Hitler?". Casi cincuenta millones de electores
depositan su voto la votación es secreta y a la misma asisten, con interés no disimulado,
numerosos corresponsales de la prensa extranjera. El resultado oficial es el siguiente En Austria,
el 99,73 % de los votos son favorables al Anschluss, en Alemania, el 99,01 %. La elección en todo
el territorio de la Gran Alemania es de un 99,10 % de votos a favor de Adolf Hitler, para la única
candidatura que se ha presentado. Las cifras se acercan demasiado a la unanimidad para no
despertar fundados recelos. Algunos periodistas extranjeros afirman (39) que ha habido
irregularidades en los recuentos de votos, y que no creen que Hitler haya obtenido más de .... un
90%. Creemos que huelgan los comentarios. Aún admitiendo como válida la objeción, un 90%
no lo ha obtenido ningún gobierno democrático, en Europa Occidental ni en América, jamás; ni
antes ni después de Hitler.
DEL DISCURSO DE LA CUARENTENA A LA CONFERENCIA DE EVIAN.
Fue en 1938, año en que, por otra parte, el Anschluss y la cuestión de los Sudetes llevaron
tantas congojas a los espíritus de los gobernantes, cuando eI problema judio llegó a su
paroxismo en Alemania. No obstante, en un momento dado pareció lucir una posibilidad de
esperanza. Desde su llegada a la Casa Blanca, el Presidente Roosevelt se había distinguido por
ocuparse más de la política europea que de la norteamericana. Son conocidas sus intervenciones
en favor de los Judíos alemanes, así como su apoyo a Inglaterra y Francia en el asunto de las
sanciones contra Italia con motivo de la guerra de Etiopía. El 5 de Octubre de 1937 pronunció en

39 / Henry De Kérillis: Le Temps, Paris, 12-IV-1938.

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Joaquín Bochaca : LOS CRÍMENES DE LOS “BUENOS”

Chicago el llamado "Discurso de la Cuarentena" porque en él preconizaba la puesta en
cuarentena de Alemania, el Japón e Italia, es decir, del 12% de la población del globo, debido a
que tales países
"están destrozando todo el orden internacional y toda equidad para el 88% de
ciudadanos del mundo amantes de la paz, de la seguridad y la libertad, con objeto de
preservar a la colectividad humana del contagio".
En Julio de 1938, el presidente Roosevelt, que tenia en su país un paro univalente al 11%
de su población, es decir, un problema pavoroso, demuestra que sus preocupaciones siguen lejos
de los Estados Unidos, cuyo pueblo, es de suponer que le ha votado para que se ocupe de sus
problemas y no de los ajenos. En efecto, Roosevelt propone una reunión con objeto de
solucionar el caso de las transferencias de los bienes de los judíos alemanes que emigran de su
patria de nacimiento hacia nuevos países más acogedores para ellos. La conferencia tiene lugar
en Evian (Francia), del 6 al 15 de Julio de 1938. El objetivo oficial de la misma "cómo y de qué
manera podían ser transferidos los bienes de los judies alemanes a otras naciones y a cuales".
Alemania mandó un observador que expuso el punto de vista de su Gobierno. Era el siguiente:
"Estimular hasta el máximo posible la emigración de los judíos alemanes y
transferir sus bienes globalmente evaluados. Alemania adelantaba incluso una cifra
como base de discusión: 3.000.000.000 de marcos, los cuales serían cedidos a un
organismo internacional, que podría ser la Cruz Roja o la Sociedad de Naciones, que
repartiría la suma entre los países interesados".
Las condiciones que ponía Alemania eran que se establecieran acuerdos de compensación,
de manera que los pagos se realizaran dentro del marco de los intercambios de mercancías entre
Alemania y esos países, así como el escalonamiento de tales pagos que se realizarían en varios
años.
Aquí es preciso un inciso. Hace unos años, un escritor judío alemán, naturalizado
norteamericano, Hans Habe, expuso una versión que fue inmediatamente recogida y
vulgarizada con gran estruendo por numerosos periódicos juíos o judeófilos de todo el mundo,
pretendiendo presentarla como una versión histórica incontrovertible (40). Según tal versión, el
delegado alemán en la conferencia de Evian propuso "el cambio de judíos alemanes contra 250
dólares por cabeza". Creemos que nunca se puso en circulación una más desvergonzada mentira,
y de manera más trivial. La realidad es que Alemania no pedía dinero por sus judíos; Alemania
DABA DINERO PARA QUE SE LOS LLEVARAN. Y si se quien calcular "por cabeza de judío"
como lo hace el judío Señor Habe, 3.000.000.000 de D.M. representaban aproximadamente
unos 5.600 D.M. "por cabeza", es decir, de 1.000 a 1.200 dólares de la época, una buena
cantidad.
Inglaterra, empero, expuso su tesis. Exigía 1.000 libras esterlinas por judío expulsado de
Alemania, pagadas al contado. No quería saber nada de plazos ni de acuerdos de compensación
en mercancías. La petición inglesa equivalía a un "no" diplomático, al solicitarse una cifra que
los británicos no podían ignorar que Alemania no podía pagar. Según el cambio de la época (41)
representaba unos 17.000.000.000 D.M. o sea algo menos que el presupuesto de Alemania para
todo un año. Algo absolutamente insensato.
Hay que tener bien presente que en aquél período Chamberlain, con el apoyo del clan
pacifista conservador, dominaba todavía la escena política inglesa. Los sectores anglosajones de
la City le sostenían firmemente frente al clan belicista encarnado por los laboristas, los "jóvenes
conservadores de Eden" y los sionistas. Chamberlain, verdadero imperialista inglés, no podía
tolerar que judíos adinerados se instalaran en Palestina, creando problemas a la administración
británica en Palestina, con los roces que no dejarían de producirse entre judíos y árabes. No
pudiendo decir que no, para salvar las apariencias, y también para esquivar en lo posible la
presión de Roosevelt, a su vez remolcado por su "Brain Trust" de sionistas, Chamberlain pedía a
Alemania una cantidad de dinero insensata, forzándola a una negativa que la dejaría en mal
lugar ante la Opinión Pública, que, de ordinario, no sabe aritmética ni entiende de cifras.
Pese a todo la presión de Roosevelt logró que la Conferencia designara a un americano, M.
Rublee, como representante encargado de negociar con Alemania. Durante un tiempo, no se
40 / Hans Habe; The Mission.

41 / Paul Rassinier: Les Responsables de la Seconde Guerre Mondiale, pág. 123.

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Joaquín Bochaca : LOS CRÍMENES DE LOS “BUENOS”

habló más del asunto. Luego, el 23 de Diciembre, el Doctor Schacht y Rublee se reunieron en
Londres, con el consentimiento de Hitler, que envió a su Ministro de Finanzas para que
encontrara una solución, provisto de plenos poderes. Pero no obtuvieron resultados positivos
por el endurecimiento de la posición de Inglaterra, que a sus mil libras esterlinas por cabeza
añadió, como condición suplementaria, una especie de "reserva de derecho de admisión"; es
decir, los ingleses estudiarían, caso por caso, los judíos que podían admitir en su Imperio y los
que no. La prensa inglesa, incluyendo la adicta a Chamberlain, y contraria al endurecimiento de
la política británica hacia Alemania, criticaba constantemente a ésta por su política para con los
judíos, pero cuando Hitler ofrecía a 300.000 Judíos para qué se les diera asentamiento en el
inmenso y semi-explotado Imperio, los ingleses pedían una fortuna por cada uno de ellos, y
además se reservaban el derecho a decir "éste lo quiero y éste no". Typically English !.
RADICALIZACION DE POSICIONES EN 1938
En 1938 se radicalizaron las posiciones en el tablero de la política internacional,
dibujándose los campos antagonistas. Alemania, Italia y el Japón, con algunos satélites, por un
lado, y las Democracias, con la Unión Soviética, por el otro. Dos acontecimientos modificaron
profundamente el equilibrio europeo: el Anschluss en la Primavera, y la anexión de los Sudetes
por Alemania en el Otoño. Se produjeron tras una evolución de la situación internacional
carácterizada por otros acontecimientos independientes del llamado hecho alemán pero que, no
obstante, se habían producido en un sentido favorable a sus intenciones: la salida del Japón de
la Sociedad de Naciones, el 26 de Marzo de 1933 y el Pacto Antikomintern, firmado entre ambas
potencias, el 25 de Noviembre de 1936, que fue la consecuencia de ese hecho; las sanciones y el
embargo petrolero votados por la S. de N. contra Italia por su ataque a Etiopía (11 de Octubre de
1935); el acercamiento Italia-AIemania, provocado por dichas sanciones más que por la relativa - afinidad Ideológica entre Nacional-Socialismo y Fascismo; la posterior adhesión de
Italia al Pacto Anti-Komintern, en Noviembre de 1937; la guerra civil española, con Francia y la
URSS apoyando a los republicanos materialmente; Inglaterra manteniéndose muy al margen;
los Estados Unidos ayudando con las reticencias Impuestas a la política izquierdista de
Roosevelt por las consideraciones que debía necesariamente guardar a su electorado católico
(irlandeses, italianos y polacos), favorable a los nacionalistas de Franco, mientras Alemania y
sobre todo Italia se volcaban en apoyo de éste. Como telón de fondo, la Cuestión Judía, cada vez
mas envenenada, mientras lo que se ha dado en llamar, en los países anglosajones, el Money
Power, se las ingeniaba, a través de la Gran Prensa y la Radio, para agravar el caso llevándolo a
terrenos de frenetización Increíbles en seres racionales.
Uno de los motivos que contribuyeron a agravar la situación en Europa fueron los
disentimientos producidos entre norteamericanos y japoneses en el Pacífico y en China.
Conviene dar una ojeada histórica retrospectiva. En 1914 Japón entró en la guerra, al lado de los
Aliados, a cambio de ciertas promesas que le hicieron Francia e Inglaterra. En efecto, "todas las
posesiones alemanas situadas al Norte del Ecuador le serían concedidas a condición de que las
ocupara" (42). Como se observará, el condicionante es de talla. El Japón conquistó, una a una,
todas las posesiones alemanas en Extremo Oriente, expulsó a la Flota Alemana del Pacifico,
suministró a los Aliados los barcos necesarios para transportar a Egipto y a los Dardánelos los
contingentes neozelandeses y australianos e incluso mandó un Cuerpo Expedicionario a Europa.
En unas pocas palabras: su contribución a la victoria de los Aliados fue tan im- portante
que incluso fue considerado miembro fundador de la Sociedad de naciones en cuyo Consejo
disponía - junto a Francia, Inglaterra e Italia - de un sillón permanente.
Norteamérica consideraba la China como coto de caza particular y privado desde los
tiempos del Comodoro Perry, cuando éste limitó las posibilidades ex pansivas del Japón en Asia.
Así que, al enterarse de las promesas hechas por glaterra y Francia al Japón, se apresuró a
manifestar que no las reconocería nunca "por ser contrarias al derecho de libre disposición de
los pueblos", como manifestó con desenvoltura el Presidente Wilson, en la Conferencia de la
Paz. En virtud de la oposición norteamericana, las posesiones insulares de Alemanía fueron
atribuidas al Japón, pero no como colonias o provincias del Imperio Nipón, sino como Mandato
temporal de la Sociedad de Naciones. Las posesiones continentales alemanas fueron repartidas
entre la China y los anglo-americanos (con lo cual Inglaterra, incluso formalmente, faltó a su
pacto con el Japón). Si China se quedó con la posesión alemana de Shantung, ciertos pueblos y
legaciones, como Victoria y Shangai pasaron a un condominio anglo-norteamericano.

42 / G. M. Trevelyan: History of the British Empire, pág. 564.

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Joaquín Bochaca : LOS CRÍMENES DE LOS “BUENOS”

Hubo, pues, un flagrante incumplimiento de promesa por parte de los Aliados
Occidentales, que necesitaban del Japón para contrarrestar a Alemania en Oriente y, al propio
tiempo, para aprovecharse de su ayuda en hombres y material, así como en víveres, en el frente
europeo. Esta falta de palabra fue el principio de una larga hostilidad, que aún perdura.
En 1931, mientras China se debate en un anárquico caos, Japón aprovecha la oportunidad
para intervenir en Manchuria, de donde expulsa a los chinos y, el 1 de Marzo de 1932 proclama,
bajo el nombre de Manchukuo, una Manchu- ria independiente, pero bajo protectorado político
Japonés. La S. de N., que, en los diez últimos años ha dejado pasar en silencio la ocupación de
las tituladas cinco repúblicas soviéticas del Asia Central, Uzbekistán, Tadjikistan, Kirghizia,
Kazakhstan y el Turkmenistán, más Georgia y Armenia, así como el Azerbaid- jan y Ucrania,
cuya independencia había sido garantizada por los miembros fundadores de la citada S. de N.,
decide bruscamente, a demanda de Inglaterra y bajo presión de los Estados Unidos (43)
ocuparse del incidente manchú y, por 42 votos contra 1 (precisamente el voto japonés) invita al
Imperio del Sol Naciente a "evacuar en el plazo más breve toda la porción de territorio chino que
ocupa indebidamente. Unas semanas después, el Japón, que no hace el menor caso, abandona la
S. de N. Es más, continúa su penetración en China Continental y conquista toda la provincia de
Jehol que anexiona a Manchukuo. A finales de 1934 denuncia el Tratado Naval del Pacifico y
empieza la construcción de una moderna flota de guerra.
La salida del Japón de la S. de N. provoca su acercamiento a Alemania. Por otra parte, los
Japoneses justifican su intervención en la China por la progresiva bolchevización de ésta, e
institucionalizan esa política con la firma, con Alemania, del pacto Anti-Komintern. Roosevelt,
que tiene en casa un paro desbordante y cuenta con reabsorberlo con los mercados de
exportación, se encuentra con que China, de hecho la más antigua "colonia" económica
estadounidense, se escapa de su órbita. El "Brain Trust" que rodea a Roosevelt, izquierdista y
pro-comunista, observa como el Pacto Antí-Komintern es una amenaza para la URSS, una
tenaza que puede, como mínimo, aislarla del resto del mundo y provocar su hundimiento
interior. A finales de 1937, los Japoneses controlan más de dos millones de kilómetros
cuadrados de territorio chino, habitados por doscientos millones de personas. Controlan
igualmente toda Corea y todas las islas del Mar de la China, incluida Formosa. Con el hinterland
ocupado por los Japoneses, que controlan la mayor parte del litoral, Hong-Kong pierde todo su
valor estratégico y comercial. Con ello, también Inglaterra pierde posiciones en Extremo
Oriente, en detrimento del Japón.
El Presidente Roosevelt, presionado por su "Brain Trust" (44), toma una medida sin
precedentes en los anales de la diplomacia. El 3 de Enero de 1936, en un mensaje al Congreso,
Roosevelt acusa simultáneamente al Japón, a Alemania y a Italia de "volver a la ley del sable, y a
la concepción fantástica de que tienen una misión a cumplir en él mundo. Esto, los Estados
Unidos no pueden permitir que suceda, en aras de la Democracia y la Paz Mundial" (45).
Llamamos la atención sobre el hecho de que Roosevelt acusa a tres países, alejados por miles de
kilómetros del suyo, de que creen que tienen una misión a que cumplir en el mundo, y unos
segundos más tarde, en la misma frase, declara que los Estados Unidos "no lo pueden permitir",
en nombre de "la Democracia y la Paz Mundial". Como no hay constancia de que el
Todopoderoso le nombrara al Presidente Roosevelt representante personal suyo en la Tierra,
hay que creer que él se consideraba a sí mismo investido de una "misión a cumplir" y que esa
misión no era otra que la defensa de la "Democracia y la Paz Mundial". Curioso !
Las agresiones verbales contra los tres signatarios del Pacto Anti-Komintern se suceden
durante varios meses y, por fin, en Octubre de 1937, en el ya mencionado "Discurso de la
Cuarentena", Roosevelt amenaza a Alemania, Italia y el Japón con sanciones económicas. Se
comprende la amenaza contra el Japón, puesto que es su competidor directo en el Pacifico y
amenaza sus viejos intereses, que parecían intocables, en China. Además es fundamentalmente
anticomunista y esto no place a los miembros del "Brain Trust", ultraizquierdistas. También se
comprende la amenaza contra Alemania, que, aunque no amenaza en absoluto los intereses de
los Estados Unidos, es antisemita en su política interior, amén de anticomunista, y esto no lo
pueden soportar los intelectuales mentores izquierdistas del Presidente americano. Lo de Italia,
se comprende menos. En 1936 todavía no se ha acercado a Alemania, no amenaza intereses
políticos estadounidenses y ni siquiera ha reprochado a Roosevelt que tomara partido contra
ella en el asunto de las sanciones decididas por la S. de N. con ocasión de la guerra de Etiopia.
43 / H.A.L. Fisher: A History of Europe, Tomo II, pág. 228.
44 / Peace and War, Política Extranjera de los Estados Unidos, págs- 304 a 307.
45 / bid. ld. Op. Cit., pág. 308.

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Joaquín Bochaca : LOS CRÍMENES DE LOS “BUENOS”

Una explicación puede hallarse en la actitud antimasónica de Mussolini, que ha clausurado las
logias italianas y ha mandado al Gran Maestre de la Masonería Italiana, desterrado, a las Islas
Lipari, Roosevelt, francmasón notorio, no ha debido apreciar el gesto. Otra, suplementaria, en la
política derechista del Duce, que no place, evidentemente, a los intelectuales izquierdistas del
"Brain Trust", que preven un acercamiento de Mussolini a Hitler que, en efecto, se producirá,
precisamente, en la torpe política de las democracias occidentales y, en especial, de Francia.
Otro aspecto del insólito "Discurso de la Cuarentena", del que hablamos en el epígrafe
precedente, es que Roosevelt divide al mundo en dos partes: la de los países belicosos
(Alemania, Italia y el Japón) que representan el 10% de la población mundial, y la de los países
"amantes de la paz", que repesentan el 90% restante. Entre tales países pacíficos figuran los
Estados Unidos, Inglaterra y Francia, las tres potencias coloniales cuyos imperios ultramarinos
se han gestado, como es lógico, tras docenas de guerra, y figura también la Rusia Soviética, cuyo
reconocimiento diplomático por parte de los Estados Unidos sólo se produjo en 1933, a la
llegada de Roosevelt al poder. La actitud antifascista y antinazi de Roosevelt fortalecerá la
política de las izquierdas francesas, que detentan el poder; para ellas, no hay duda de que, en
caso de guerra contra Alemania, los Estados Unidos apoyarán desde el primer momento a
Francia, cuya actitud, a consecuencia de ello, se endurece aún más ante Alemania.
CHECOESLOVAQUIA: ROMPECABEZAS GEOPOLITICO
En ese año crucial de 1938, Checoslovaquia era un estado artificial, en Europa Central,
asentado sobre un territorio de unos 122.000 km cuadrados, que contaba con una población de
algo menos de catorce millones de habitantes. Según el censo de 1921 estos habitantes se
desglosaban de la siguiente manera: 6.727.000 checos; 2.010.000 eslovacos; 746.000 húngaros;
460.000 ucranianos; 76.000 polacos; 180.000 judíos; 239.000 súbditos extranjeros y
3.123.000 alemanes. Los checos no llegaban, pues, a constituir siquiera la mayoría numérica
absoluta en el país. Si no había unidad lingüística ni nacional, tampoco la había en el plano
geográfico: al Oeste, el cuadrilátero de Bohemia, que los montes de Moravia separan de
Eslovaquia; al Este, Eslovaquia. prolongada por la Rutenia, región ucraniana. El país, según
Mussolini, tenía la forma repugnante de un intestino. Rodeando toda la parte occidental de ese
intestino, los alemanes establecidos en la reglón de los Montes Sudetes, la más próspera del
país. Ese rompecabezas de la Geopolítica, de una longitud aproximada de 650 kilómetros y una
anchura media de unos 100, ha sido prácticamente inventado en el infausto Tratado de
Versalles (artículos 27 y 81 a 86) y confirmado en los Tratados de Trianon y de Saint Germain.
Estos tratados precisaban que el nuevo estado sería de estructura federal y que cada una de las
nacionalidades integrantes debería gozar de la autonomía interna.
Los territorios que componen el estado checoeslovaco habían formado parte del Imperio
Austro-Húngaro, cuya destrucción era una de las finalidades de la Primera Guerra Mundial. El
30 de Mayo de 1918 se reunieron en Pittsburgh, Estados Unidos, dos docenas de emigrados
checos y eslovacos que se constituyeron en Asamblea Constituyente y firmaron una convención
fundando el "estado checoeslovaco", en el cual los eslovacos, que eran minoría, asegurarían su
propia administración y gozarían de su propio parlamento y su propia magistratura. Bajo esas
condiciones, los eslovacos se asociaron a los checos y más tarde sólo aceptaron los tratados de
Versalles, de Saint-Germain y de Trianon porque tales condiciones eran solemne o
internacionalmente proclamadas. Los "deux ex machina" de la reunión de Pittsburgh habían
sido tres checos, Masaryk, Benes y Stefanik, los tres conspicuos francmasones, que odiaban a
muerte a la monarquía católica Austro-Húngara y eran germanófobos empedernidos. Stefanik,
para mayor "Inri", no era siquiera ciudadano del antiguo Imperio Austro-Húngaro, sino que
había adoptado la nacionalidad francesa y había sido capitán del ejército de su patria de
adopción. De acuerdo con la legislación francesa, un oficial del ejercito que firma una
convención constitutoria de un nuevo estado debe ser degradado y metido en el calabozo, pero
ya se sabe que los "hermanos" gozan de especiales protecciones, y el capitán Stefanik puede
desarrollar impunemente sus actividades políticas.
Masaryk y Benes, sobre todo, mantienen estrechas relaciones con el Presidente Wilson,
que, junto con el ministro de Asuntos Exteriores frances, Pichon, es su principal valedor ante los
consignatarios del Tratado de Versalles. El gobierno francés, cuando se constituye el nuevo
estado hace una declaración oficial en la que se afirma que "se hará todo cuanto sea necesario
para hacer que se materialicen las aspiraciones del pueblo checoeslovaco a la independencia
dentro de sus fronteras históricas". Esto es una contraverdad histórica. Nunca han habido
"fronteras históricas del pueblo checoeslovaco". Nunca ha habido un estado checo. Nunca ha
habido un estado eslovaco, ni, a fortiori, un estado checoeslovaco. Han habido checos, que han

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Joaquín Bochaca : LOS CRÍMENES DE LOS “BUENOS”

dependido de Alemania, o de Austria, o finalmente de Austria-Hungría; han habido eslovacos
que han dependido casi siempre de Hungría. Pero el trío Benes-Masaryk-Stefanik está
resuelto a crear este Frankenstein de la Geopolítica el cual ya nace con "arrière-pensées" por
parte de todos los interesados. El nuevo estado, a parte de Eslovaquia, engloba a Bohemia,
incluyendo a su importante minoría alemana, a la Rutenia Transcarpática - sin previa consulta a
los ucranianos que allí habitan - y todo lo que podrán "rebanar" en Europa Central. Los checos,
que son los "comadrones" de la operación, sólo han prometido la autonomía interna a los
eslovacos para obtener su adhesión al nuevo estado, pero están resueltos a someterlos a su
hegemonía dictatorial. Si en el nuevo estado han incluido la zona alemana de los Sudetes, es por
dos razones:
(a) porque los Sudetes es una región fuertemente industrializada - una de las mas
industrializadas de Europa - y, sin ella, el nuevo estado quedaría re - ducido a un territorio de
mediana riqueza agrícola y ganadera, con un equipa- miento bastante atrasado,
(b) para protegerse de posibles ataques del Reich alemán con la posesión de los montes del
Böhmerwald y de Erzgebirge, que se hallan precisamente en los Sudetes, y que los checos
piensan fortificar.
Con la bendición de los Aliados, especialmente de Francia, Benes, Masaryk y Stefanik se
erigen en Gobierno Provisional del nuevo estado checoeslovaco. El 9 de Noviembre, y todo ello
sin elecciones, pero teniendo buen cuidado de proclamarse urbi et orbi como democrático, el
gobierno (provisional) nombra, por cooptación, es decir, a dedo, una Asamblea Nacional. Esa
Asamblea Nacional anula la autonomía interna de los bohemio-alemanes (los sudetes) que les
había concedido el Emperador Carlos el 16 de Octubre de 1918, y envía a su incipiente ejército a
someter a los alemanes englobados, manu militari, en el nuevo estado. Pujantemente armado, el
ejército checoeslovaco, que obtiene ayuda a manos llenas de los franceses, se lanza al ataque de
las fronteras con Polonia y Hungría (que también acaba de proclamar su independencia) y
penetra en territorio ucraniano, mis allá de los Cárpatos. El ejército checoeslovaco en el que el
"capitán" Stefanik, del ejército francés se ha convertido en generalísimo, sólo se detiene en
Polonia y Hungría por las misiones militares aliadas y en Rutenia por el Ejército Rojo, que
ocupa Ucrania. En el momento en que se inicia la Conferencia de la Paz (18 de Enero de 1919) la
autoridad del estado checoeslovaco es reconocida, de facto, sobre todo el territorio que sus
ejército han logrado conquistar, es decir, casi veinte mil kilómetros cuadrados más de lo que
sobre el papel se le había reconocido. Es decir, Checoslovaquia, que ha nacido por una necesidad
bélica de los Aliados - crear problemas internos a su enemigo austro-húngaro - se ha
consolidado con un robo de territorio a tres vecinos y con un incumplimiento de su propia
estructura constitucional, pues, en la Conferencia de la Paz, sólo son los checos los que
aparecen, mientras los eslovacos desaparecen por el foro, y su cacareada autonomía es pisoteada
por el nuevo estado checoeslovaco que, en realidad, es simplemente un estado checo.
Pronto empiezan los incidentes entre checos y eslovacos, aunque, de momento tienen
menos virulencia que los que se producen entre checos y ucranianos y entre checos y húngaros.
La pequeña minoría polaca, en Teschen, de momento se muestra tranquila, pero pronto, atizada
por el Gobierno de Varsovia, inicia una resistencia pasiva contra las autoridades checas. Pero
son los alemanes de los Sudetes quienes oponen una más feroz resistencia; quieren seguír la
suene de Austria, de la que siempre han formado parte y, junto a Austria quieren incorporarse al
Reich. Además, han visto cómo actúan los checos y el poco caso que hacen de sus promesas
referentes a autonomía interna y autogobierno. Para luchar con eficacia contra la incorporación
forzosa que planean las autoridades de Praga - que incluso prohiben el uso público del idioma
alemán - esos alemanes que ocupan, alrededor de Bohemia, el Deutschböhmen (Bohemia
Alemana) el Sudenmähren (Moravia alemana) el Böhmerwaldgau (región de la selva de
Bohemia) y el Sudetenland (pais de los Montes Sudetes) se reagrupa bajo el vocablo de
Sudetendeutsche (alemanes de los Sudetes) que se dan a sí mismos, de común acuerdo, porque
en esa región donde son más numerosos y activos.
Aunque en la Conferencia de la Paz el Canciller austríaco Karl Renner, socialista, líder del
Anschluss es, al mismo tiempo, el líder de los Súdetes, territorio que forma parte de estados
germánicos - Austria o Alemania - desde mil años. Hace valer el derecho de los pueblos a
disponer de si mismos, punto capital de Wilson, y que se aplica en Europa, de modo sui generis,
es decir, sólo cuando puede beneficiar los designios políticos de los vencedores. Se le responde,
con arrollador cinismo, que ese punto no se aplica a los vencidos. El 16 de Febrero de 1919
deben tener lugar elecciones generales en toda Aus- tria, pero los Aliados las prohíben en los
Sudetes.
Los esfuerzos del Reich y de Austria, así como de los alemanes Sudetes no serán tenidos en
cuenta. Más de tres millones de alemanes pasan, asi, bajo soberanía checa, contraviniendo los

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Joaquín Bochaca : LOS CRÍMENES DE LOS “BUENOS”

principios de los propios Aliados. Los checos no se privarán de hacer pagar a esos alemanes la
autoridad que el Imperio Austro-Húngaro había ejercido sobre ellos cuando formaban parte
del mismo. Tampoco se consultó democráticamente a los húngaros, los polacos y los ucranianos
inmersos en el nuevo estado y, para mayor "inri", ni siquiera se consultó ni se tuvo en cuenta
para nada en la redacción definitiva de los Tratados que dieron nacimiento a Checoeslovaquia, a
los eslovacos, con lo cual, el nuevo estado contravenía de manera flagrante los principios
democráticos de sus patrocinadores internacionales, de su institucionalización en los Tratados
de Versalles, Saint-Germain y Trianon y de su propia constitución interna.
El estado checoeslovaco, en fin, era simplemente un estado checo, y los checos eran
minoría. No existía una conciencia nacional checoeslovaca - no podía existir - y cada cual tiraba
por su lado. El nuevo estado era inviable. Sólo la férrea política centralista y antidemocrática de
Benes y Masaryk lograba mantener la apariencia de cohesión indispensable en un estado
moderno.
***
En un discurso pronunciado en el Guildhall, de Londres, el 7 de Octubre de 1928, Lloyd
George, Primer Ministro británico, cuando se consumó la injusticia histórica de la creación del
estado checoeslovaco, explicó cómo se había visto obligado a ceder, - pese a sus reticencias:
"Toda la documentación que nos fue presentada por determinados aliados nuestros durante las
negociaciones de Versalles, era mentirosa y falseada. Decidimos cuestiones gravísimas
basándonos en falsificaciones, concretamente en los casos checoeslovaco y polaco "(46).
El 15 de Junio de 1919, el canciller austríaco Kari Renner escribió a Clemenceau una carta
que contenía esta advertencia profética:
"Al persistir en ese camino en el caso de Checoeslovaquia, las potencias
vencedoras crearan en el centro de Europa, un foco de guerra civil, que, a la larga,
puede convertirse para el mundo, y para su progreso social, en algo más peligroso que
la pasada y continua fermentación bélica en los Balcanes" (47).
En 1938, Checoeslovaquia fermentaba desde casi veinte años. La profecía de KarI Renner
se estaba cumpliendo con creces. Si acaso, podía añadirse que no era un foco de guerra civil,
sino un foco de guerra mundial. Los Aliados no crearon Checoeslovaquia por sí misma, sino
para levantar una barrera contra el germanismo "(48), reconocería el destacado político francés
Tardieu, acérrimo defensor de las secuelas de Versalles. Y Píerre Cot, que sería varias veces
Ministro, aclararía cínicamente que "el motivo de existencia de Checoeslovaquia es servir de
porta-aviones a Francia en caso de conflicto con Alemania" (49). Y que no se trataba de una
bravata - por otra parte impensable en un Ministro - lo demostraron los hechos, pues el primer
pacto que suscribió Checoeslovaquia como estado independiente fue con Francia, Rumania y
Yugoeslavia, el denominado Pacto de la Pequeña Entente. Aún más, según el Coronel W.
Nicolai, en su obra Geheime Machte, la Escuela de Espionaje Hollashovitz, de Praga, se
encuentra enteramente bajo control francés, asi como todo el servicio de contraespionaje
checoeslovaco. Francia, además, mandó instructores franceses para formar al ejército
checoeslovaco (50). Fue artífice de ese pacto militar - que, en las circunstancias de la época sólo
podía apuntar contra Alemania - Vodja Benes gobierna en Praga como un auténtico dictador. A
su lado, Masaryk, queda empalidecido. El caso de Benes es singular. Raras veces en el curso de
la historia un gobernante de un pequeño país habrá alcanzado tanto renombre. Retorcido,
desprovisto de escrúpulos necesitó, para ser "lanzado" políticamente, la catapulta de personal
político francés.

46 / Georges Champeaux: La Croisade des Démocraties, Tomo II, pág. 9.

47 / Paul Rassinier: Les Responsables de la Seconde Guerre Mondiale, pág.161.
48 / Gringoire, París, 25 de Noviembre de 1938.
49 / André Francois Poncet: De Versailles à Postdam.
50 / Alcide Ebray: La Paix malpropre.

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Joaquín Bochaca : LOS CRÍMENES DE LOS “BUENOS”

Dos salones judíos (51) - el de Madame Boas de Jouvenel y el de la señorita Louise
Weiss - se disputaron, a su llegada a París, al alto dignatario de la Masonería checa. Fue en
esos salones donde se le prepararon conferencias, se le "presentó" al gran mundo de la política
francesa y se le lanzó, materialmente, en brazos de Philppe Berthelot, Secretario General de
Asuntos Exteriores y, como él, masón de alto rango. Fue Berthelot el abogado de Benes y el
"comadrón" del estado checoeslovaco. No fue, como se ha pretendido, un acto de ignorancia
política o geográfica. Tal vez algunos delegados de la Conferencia de la paz fueron efectivamente
- engañados, o dijeron haber sido engañados, como Lloyd George. Pero los franceses - los que
catapultaban a Benes - conocían muy bien el dossier: así, por ejemplo, en el informe del Comité
Político de la Delegación Francesa, llamado también "Comité Lavisse", se manifestaba
expresamente: "La región de Bohemia cercana a la frontera contiene una mayoría de alemanes.
Pero el principio de las nacionalidades no puede ser aplicado en todo su rigor por razones
geográficas, por razones económicas y por razones estratégicas".
Lansing, el Secretario de Estado Norteamericano cuando se firman los Tratados de
Versalles, Saint-Germain, Sèvres y Trianon, protestaría también por el trazado de la frontera
germano-checa, con las siguientes palabras:
"Deseo hacer constar que la fijación de las líneas fronterizas en función de su
valor estratégico, tal como se ha hecho en los casos de Alemania y Polonia, se opone al
espíritu esencial de la Sociedad de Naciones, del desarme internacional y de la política
de los Estados Unidos, tal como fue expresada por la declaración del Presidente
Wilson " (52).
Pero eso no eran mis que palabras, aún cuando quedaran registradas en los libros de actas
de la S. de N. Lo que contaba eran los hechos, y era un hecho capital la instalación de un
tiranuelo como Benes en el cuadrilátero de Bohemia - "quien domina Bohemia domina Europa",
había dicho Bismarck - quien dedicaba casi el sesenta por ciento de su presupuesto a "defensa",
firmaba pactos con varias potencias y pretendía erigirse en arbitro de la situación en Europa
Central. La vida de Benes, por otra parte, estuvo jalonada de favores al Comunismo, y nunca
trató de ocultarlo. En 1920, cuando se produjo el ataque de la URSS contra Polonia, Benes
prohibió el paso a través de Checoeslovaquia de los convoyes de armas y municiones enviados
por el Almirante Horthy desde Hungría; si Rumania no hubiera permitido el tránsito y
contribuido con su propia ayuda, la contraofensiva de Pilsudski a las puertas de Varsovia habría
fracasado y Polonia habría sido bolcehvisada ya entonces. Más adelante, Benes apoya a PaulBoncour, el Delegado francés, para que se admita a la URSS en la S. de N... Después ayudará a
limar aristas entre Litvinoff y el ministro francés Alexis Léger, facilitando la firma del Pacto
Franco-Soviético. En 1935 firmará con la URSS un pacto de asistencia mutua, calcado del Pacto
Franco-Soviético. Y unos meses más tarde llegará a ser Presidente del Consejo de la S. de N. Es
inconcebible que el Presidente de un país de tercer orden, de trece millones de habitantes, llegue
a la más alta magistratura del primer organismo internacional. No creemos sea incurrir en juicio
temerario el afirmar que las Fuerzas Políticas que determinan la orientación de Occidente
quisieron darle a Benes y a "su" Checoeslovaquia una artificial y, en todo caso, exagerada
importancia, para mantenerlo dócil a sus designios. Benes es, además, como ya hemos dicho, un
alto dignatario de la Masonería, y esto cuenta mucho en Ginebra.
EL PACTO DE MUNICH
De lo expuesto se deduce que si Checoeslovaquia se encontraba en un estado de presión
permanente desde su creación ex nihilo ello era debido, exclusivamente a su constitución
interna. Nos referimos, evidentemente, a su constitución orgánica, cual mosaico de
colectividades halógenas, la mayoría de las cuales eran dominadas antidemocráticamente por
una sola, con un centralismo feroz y arbitrario. Dice Rassinier: ".... en 1938, checos y eslovacos
estaban en el límite de la ruptura. Las otras nacionalidades aún soportaban peor la situación,
pues eran peor tratadas por la Administración de Benes. ¿ El presupuesto preveía una partida

51 / Desde los prolegómenos de la Revolución Francesa, los salones de la "alta Sociedad" parisina han sido el vocero

de las nuevas figuras que ciertas Fuerzas interesaba colocar en el pináculo de la fama y la influencia políticas.
Drumont calificaba tales salones como "logias abiertas" y sus reuniones como "tenidas profanas". ( N. del A.)
52 / Actas de la Sociedad de Naciones, 1 de Abril de 1919. Citado por Georges Champeaux, Op. Cit. Tomo II, pag.
14.

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Joaquín Bochaca : LOS CRÍMENES DE LOS “BUENOS”

para el desarrollo de la instrucción pública ? Pues era para las escuelas checas. ¿
Indemnizaciones de paro ? Eran para los chocos. Votar contra el gobierno era un acto de
heroísmo, pues la consecuencia inmediata era el despido del lugar de trabajo " (53).
El llamado Partido de los Sudetes obtuvo, en las elecciones de 1936, cuarenta y cuatro
diputados: el grupo parlamentario más fuerte. El Partido de Benes tenía cuarenta y tres; habían
también once socialdemócratas y cinco comunistas. En el Senado, los Sudetes tenían también la
mayoría, con 37 escaños, por 33 los liberales de Benes. No obstante, cada vez que los Sudetes
intentaban hacer aprobar un proyecto de ley que, cumpliendo la democrática Constitución del
país pusiera en práctica medidas autonómicas y detuviera la creciente socialización y
estatización que llevaba a cabo el Gobierno de Benes, éste, apoyado por los social-demócratas y
los comunistas bloqueaba el intento. Pero las cosas cambiarían el 16 de Junio de 1935, al
firmarse el Tratado Ruso-Checo bajo los auspicios de Benes. Tanto los eslovacos - en su mayoría
católicos - como los ucranianos, los húngaros y, sobre todo, los alemanes sudetes, se oponían
tenazmente al Pacto. Y como no todos, ni siquiera la mayoría, de checos eran comunistas, la
iniciativa de Benes le creó numerosos problemas entre su propia comunidad étnica. Los éxitos
de Hitler habían, al parecer, convencido a muchos de ellos que un entendimiento con él era más
susceptible de proteger su independencia que una lucha abierta y de frente, y que se imponía
una política más comprensiva ante las minorías del estado checoeslovaco. Así, en 1936, Benes
perdía más escaños en ambas Cámaras, de manera que sólo podía gobernar con el apoyo de seis
comunistas y ocho social-demócratas, logrando, entonces, una mayoría de dos votos. En varias
ocasiones el presidente del Parlamento suspendió o aplazó votaciones para que pudiera
reincorporarse al hemiciclo algún diputado ausente, con objeto de no dejar al gobierno en
minoría y provocar una crisis ministerial.
Mientras tanto, ¿ qué hacía Hitler ?.
El 11 de Marzo de 1938, en vísperas de la entrada de la tropas alemanas en Austria,
Goering aseguraba a Mastny, embajador de Benes en Berlín que "Checoeslovaquia no tenía
razón alguna para experimentar el menor motivo de inquietud". Dos días después, Herr
Eisenlohr, embajador del Reich en Praga, repetía lo mismo a Benes. No obstante, a finales de
Agosto, el problema que planteaba Hitler ante el mundo entero era la intervención de las tropas
alemanas en Checoeslovaquia si ese estado soberano no cumplía determinados requerimientos
de una de sus colectividades, los Sudetes.... De ello se sacó la conclusión que Hitler no cumplía
sus compromisos. "Una vez más Hitler ha incumplido sus promesas" era el leit motiv de la Gran
Prensa mundial. Pero hubiera sido difícil citar un sólo ejemplo o una actitud de Hitler no
conforme a un compromiso que él hubiera contraído que no hubiera sido provocado por la
previa ruptura de compromisos por parte de uno de sus adversarios. Y hemos dicho, y
consideramos útil repetir, que un acuerdo entre dos partes sólo seguirá siendo válido en caso de
que ambas partes lo respeten escrupulosamente. Sí Juan le dice a Pedro que le entregará su
automóvil si Pedro le paga medio millón de pesetas, se produce un contrato verbal, y si Pedro no
entrega el medio millón de pesetas, Juan no está obligado a entregar su automóvil y queda
desligado del contrato. Pedimos excusas al lector amigo por un ejemplo tan ofensivamente
sencillo, pero, sinceramente, tenemos verdadero pavor a la inercia mental, de los más, que, para
colmo, se contagia a través de los grandes medios idiotizadores, llamados informativos.
En el caso que nos ocupa, en Marzo de 1938, la reivindicación de los Sudetes era, todavía,
y solamente, la autonomía interna dentro del estado checoeslovaco y Hitler, que sostenía
abiertamente esa reivindicación, no tenía razón alguna para intervenir. Pero seis meses después
la reivindicación de los Sudetes ya no era una mera autonomía, sino la unificación con el Reich,
el Anschluss, y los Sudetes solicitaban su apoyo. En esos seis meses habían sucedido muchas
cosas... Había sucedido, en primer lugar, que Benes había faltado a su palabra. Había
prometido, tras las elecciones de Febrero de 1938, respetar el resultado de los comicios. El
Partido de los Sudetes había logrado una victoria aplastante: el 92% de votos en el territorio
Sudete, y había "mordido" incluso en territorio étnicamente checo. La respuesta de Benes fue
anular las elecciones y convocarlas de nuevo para "más adelante" invocando vicios de forma. La
cátedra de alemán en la Universidad de Praga - ciudad la cuarta parte de cuya población era
alemana - fue clausurada. Alcaldes de territorio Sudete fueron encarcelados; la soldadesca checa
intervino en todas las reyertas entre sudetes y checos, poniéndose siempre en favor de éstos. Los
comunistas son, por otra parte, los únicos aliados seguros que le quedan a Benes, en su tentativa
de sojuzgar a los alemanes sudetes. Aquí es conveniente un inciso.

53 / Paul Rassinier: Les Responsables de la Seconde Guerre Mondiale, pág. 162.

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Joaquín Bochaca : LOS CRÍMENES DE LOS “BUENOS”

Dimitri Manuilsky, Secretario General de la Komitern había manifestado ante el V
Congreso de la Internacional Comunista, celebrado en Junio de 1923:
"Este Congreso constata que no existe una nación checoeslovaca: el estado
checoeslovaco, además de la nación checa, comprende a eslovacos, alemanes,
húngaros, ucranianos y polacos. Estima necesario que el Partido Comunista de
Checoeslovaquia, por lo que se refiere a las minorías nacionales, proclame y ponga en
práctica el derecho de los pueblos a disponer de sí mismos, incluyendo el derecho a la
separación. El Partido Comunista de Checoeslovaquia, en particular, deberá sostener
la lucha de los eslovacos en pro de su independencia, teniendo buen cuidado de
sustraer ese movimiento a la influencia de la burguesía nacionalista y unirlo a la lucha
común de los trabajadores contra el capitalismo " (54).
La hostilidad del comunismo hacia Checoeslovaquia persistía diez años después. El
diputado comunista francés Gabriel Péri manifestó ante la Cámara:
"Nuestra simpatía es para las masas laboriosas de Checoeslovaquia, a las
minorías nacionales eslovacas, alemanas, judías, húngaras, polacas, oprimidas por el
poder central de Praga... Aprovechamos la ocasión que se nos ofrece para manifestar
nuestra solidaridad hacia el Partido Comunista y los sindicatos de Checoeslovaquia,
constantemente opuestos a la república fascista de Praga" (55).
¿Por qué el brusco cambio de actitud de los comunistas ante los fascistas de Praga ? Es
muy sencillo. Se trata, como en el caso de Austria, de una cuestión de Partido. Mientras los
marxistas constituyen una fuerza en Alemania, socialistas y comunistas de Austria y
Checoeslovaquia no cesan de exigir el Anschluss que redundará en el fortalecimiento de una
Alemania marxista. También los comunistas franceses abogan por la devolución de Alsacia y
Lorena a Alemania (56).
Pero se consolida en el poder Hindenburg y los marxistas abandonan la idea del
Anschluss; de cualquier Anschluss, ya sea del de Austria, de los Sudetes o de AIsacia-Lorena.
Los marxistas - rusos, franceses, austríacos, para el caso es igual - sólo son partidarios del
derecho de libre disposición de los pueblos cuando éste puede redundar en beneficio de un
estado marxista. Y cuando Hindenburg es substituido por Hitler, los marxistas estarían
dispuestos al Anschluss... pero al revés. Difícil sería encontrar en la Historia Universal un caso
parejo de cinismo intelectual. Los comunistas de Checoeslovaquia han pasado, de considerar a
Benes como el rector de un estado fascista (!) a tomarlo como el abanderado da la clase obrera
checa. Item más. En 1935 Benes y Alexandrovski, embajador soviético en Praga, firman el
tratado de asistencia mutua ruso-checo. A partir de entonces Moscú no se preocupará ya más de
las "minorías nacionales oprimidas por el poder central de Praga". Al convertirse en una
fortificación avanzada de la URSS en Centroeuropa, esta misma Checoeslovaquia, a la que el
Congreso de la Internacional Comunista denegaba justamente el titulo de nación y a la que Péri
calificaba de "república fascista" se ha convertido en el más indiscutible de los estados.
Volvamos al período post-electoral checoeslovaco, cuando la soldadesca checa interviene y
numerosos alemanes sudetes son apaleados, y dos miembros de consistorios municipales,
muertos. Konrad Henlein, líder de los Sudetes, se dirige a Hitler recabando su ayuda. Hitler
informa a Inglaterra y Francia, que tienen vigente un pacto de asistencia mutua con
Checoeslovaquia, pidiéndoles que presionen a Benes para que cesen las vejaciones en los
Sudetes. Ribbentrop, Ministro de Asuntos Exteriores del Reich, declaró a Henderson,
embajador británico en Berlín, que si los derramamientos de sangre se prolongaban en la región
sudete, Alemania se vería obligada a intervenir, pues era de suponer que el pueblo alemán así lo
exigiría (57). Según Henderson, por cierto político de primerísimo rango y nada sospechoso de
simpatías pro-nazis, "Alemania se esfuerza por tranquilizar a los alemanes sudetes y en forma

54 / Congreso de la internacional Comunista. Sesión del 3-VI-1923. La Cuestión nacional y colonial, pág. 211.
55 / G. Champeaux: La Croisade des Démocrates, Tomo II, pág. 27.
56 / Ver nota pié de página, n. 33.

57 / Informe del embajador checoeslovaco en París, Osusky, 14-V-1938. Citado por F. Berber: La Política Europea,

pág. 104.

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alguna trata de excitarlos" (58). Indica también Henderson que "Ribbentrop sospecha que
Francia y Rusia incitan a Checoeslovaquia a endurecer su posición frente a los Sudetes". Está
convencido de que Hitler y Ribbentrop se esfuerzan en tranquilizar a los alemanes sudetes y que
en forma alguna trata de excitarlos contra el gobierno de Praga. Benes no trata más que de
ganar tiempo y de comprometer a Inglaterra, junto a Francia y la URSS, en ayuda de
Checoeslovaquia. Por su parte, André-Francois Poncet, embajador de Francia en Berlín, está
convencido de la poca habilidad de Benes, y del nulo crédito de que gozan sus promesas en
Berlín. Es más, Poncet está seguro de que el embajador británico Henderson comparte el
criterio de Ribbentrop y Hitler con respecto a Benes y su política (59).
Los propios embajadores checoeslovacos en París y Berlín, Osusky y Mastny, recomiendan
a su gobierno que "inicie las negociaciones y trate efectivamente con los alemanes sudetes" (60).
En plena efervescencia, el 19 de Mayo, otro alemán sudete es muerto en una "razzia" de la
policía checa. Y el día 21 de Mayo, cuando la tensión parece haber llegado al máximo, se produce
una verdadera provocación de Benes: pretendiendo que Hitler había movilizado contra
Checoeslovaquia, Benes ordena la movilización general. Pero el caso es que Hitler no había
movilizado. Todas las delegaciones extranjeras lo atestiguaron; la primera de todas fue
precisamente la delegación francesa, pues tanto el embajador Poncet, como el capitán Stehlin,
agregado militar en Berlín lo confirmaron, tras haber verificado la falsedad de la acusación; no
era más que un falso rumor que Benes había esparcido para tener un pretexto. Hitler consideró
esta maniobra como una provocación (61).
Y tras esta provocación, otra: Masaryk y Benes afirman que, aún cuando el 100% de los
alemanes sudetes pidan, democráticamente, el Anschluss con Alemania, Checoeslovaquia se
opondrá a ello, con las armas, si es preciso. Pero no sólo se oponen al Anschluss, sino incluso a
la autonomía interna, que su propia Constitución garantiza.
El 17 de julio, Lord Halifax, que tras ser Virrey de la India acaba de ser nombrado por
Chamberlain Secretario de Asuntos Exteriores, se entrevista con un enviado personal del
Führer, el capitán Wiedmann, que había sido su superior jerárquico en el curso de la Primera
Guerra Mundial. Lord Halifax encarga a Wiedmann trasmita al Führer el siguiente mensaje:
"Diga a su Führer que espero asistir, antes de mi muerte, a la realización de la
que es la finalidad de todos mis esfuerzos: ver a Hitler recibido por el Rey de
Inglaterra y aclamado por la multitud londinense en el balcón del Palacio de
Buckingham" (62).
Mientras tanto, y pese a los esfuerzos denodados del clan belicista inglés - laboristas,
liberales y "jóvenes conservadores" - el gobierno inglés se mantiene firme en su postura: deja
que el Reich se fortalezca en Europa Central, pero haciéndose pagar la ayuda diplomática
inglesa; no ceder demasiado deprisa y, al mismo tiempo, contemporizar con las presiones que
llegan tanto de París, como, sobre todo de América. Chamberlain habla en los Comunes de la
cuestión de los sudetes, y afirma que no puede negarse a los alemanes de esa región el derecho a
disponer de sí mismos de la manera que mejor les plazca. Lord Lothian, miembro del equipo
gubernamental de Chamberlain habla a continuación y afirma:
"Si el principio de autodeterminación hubiera sido aplicado en Versalles en un
plano de igualdad para todos, los Sudetes, una buena parte de Bohemia, grandes
porciones de Polonia y el Corredor de Danzig hubieran debido ser atribuidos al Reich.
Las demandas de Hitler se basan no sólo en una razonable lógica y en principios
absolutamente democráticos, sino incluso en los términos del propio Tratado de
Versalles, cuyo artículo 19 prevé la solución de los conflictos que se planteen mediante
el recurso de los plebiscitos populares".
Churchill trata de oponerse, diciendo que es del interés de Inglaterra que Alemania no se
haga demasiado fuerte y cuando Chamberlain responde que, de todos modos, no es
58 / bid., Op. cit. pág. 104.

59 / F. Berber: Op. cit. pág. 104-105.

60 / Paul Rassinier: Les Responsables de la Seconde Guerre Mondiale, pág. 171.
61 / Paul Stehlin: Témoignages pour l'Histoire, pág. 79.
62 / R. Wiedmann: Der Mann der Feldherr werden wollte.

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técnicamente posible aportar ninguna ayuda a Chescoeslovaquia si ésta recurre a las armas
para oponerse a los alemanes sudetes, apoyados por Hitler, Churchill afirma que
Chescoeslovaquia es una potencia militar de primer orden. "Sus recursos bélicos son - en estos
momentos - tal vez mayores que los nuestros", asevera, soberbio, Churchill (63). A lo que
Chamberlain, no sin lógica, responde que, si ello es sí, entonces el apoyo de Inglaterra no
debiera ser necesario.
El viejo Primer Ministro quiere resolver, de una vez, los problemas de centroeuropa. Para
ello considera imprescindible apartar de la escena al presidente Roosevelt, al que considera una
especie de embrollón diplomátí- co. Así, cuando el Presidente americano pretende convocar en
Washington una conferencia internacional "con objeto de definir las grandes líneas de una
acción en favor de la paz", Chamberlain muy hábilmente, rehusa. Es un pragmático y no le
placen las discusiones ideológicas; no quiere que en Washington Roosevelt se lance a diatribas
contra Italia y el Japón, comprometíendo a Inglaterra, a la que no interesa enemistarse con esas
potencias, cuya posición en el Mediterráneo y en Extremo Oriente debe ser tenida en cuenta. El
imperio Británico no puede crearse enemigos por razones ideológicas. Aún menos va a permitir
que Roosevelt, llevado en volandas por el mesianismo de sus consejeros del "Brain Trust", cree
problemas con Alemania.
Una vez dejado de lado Roosevelt, Chamberlain manda a su fiel emisario Runciman, al
frente de una comisión de encuesta, a Praga. La intransigencia de Benes hizo fracasar a la
misión. Runciman lo declaró sin ambages a su regreso a Londres. No le quedaba a Chamberlain,
obsesionado por la posibilidad de una guerra, otra solución que ir personalmente a entrevistarse
con Hitler, directamente, y encontrar una salida razonable al problema; una solución lo más
justa y digna posible, que permita salvar la cara a Inglaterra, ligada con Checoeslovaquia por un
pacto de asistencia. Esa solución el propio Chamberlain se encargaría de hacerla aceptar, más
tarde, a Benes. Y se la haría aceptar gustase o no. Igual que se la haría aceptar, les gustara o no,
a los franceses y a los rusos.
Constándole la oposición a su política del clan belicista, y no deseando que sus proyectos
fuesen conocidos y provocaran un debate parlamentario que causaría las consiguientes
indiscreciones, Chamberlain preparó la "mise en scène" en el silencio de su gabinete,
informando únicamente a su fiel Lord Halifax. A sus compañeros de Gabinete no les avisó más
que cuando Hitler hubo aceptado la primera entrevista, para el 13 de septiembre; todos
felicitaron a Chamberlain.
Sería largo y prolijo enumerar los detalles de las dos entrevistas celebradas por
Chamberlain y Hitler en Berschtesgaden (el 14 de septiembre) y en Godesberg (el 23 de
septiembre). Chamberlain se lo pone muy difícil a Hitler: es un hábil negociador, pero al final,
tras la reunión del 14 de septiembre, se llega a un acuerdo sobre los territorios en los que deberá
celebrarse un plebiscito para determinar si pasan o no a depender de la soberanía del Reich.
Luego, hay otro acuerdo para, en caso de victoria alemana en el plebiscito, fijar los plazos para la
evacuación de dichos territorios por la administración, el ejército y la policía checa. Pero todo
esto no pasa de ser un acuerdo personal entre dos hombres, que es preciso someter al refrendo
del Gabinete inglés y, si ello es posible, obtener el consentimiento o la anuencia del gobierno
francés. Entonces se concierta la segunda entrevista, para el día 23. Pero apenas de regreso a
Londres, Chamberlain recibe el texto de una resolución votada, el 18 de septiembre por el
Congreso Mundial Judío, que dice:
"Es nuestro deber hacerle participe de la creciente ansiedad experimentada por
millones de judíos ante las tentativas de Alemania para adquirir nuevos territorios
habitados por judíos. Los judíos del mundo entero no han olvidado el trato inhumano
inflingido a los judíos del Sarre y de Austria. El Consejo Ejecutivo del Congreso
Mundial Judío le ruega, en consecuencia, no aceptar ningún acuerdo que no
salvaguardara totalmente los derechos de los judíos" (64).
La reacción del Congreso Mundial Judío es normal, pero sólo si se admite que los judíos
constituyen una comunidad supranacional. En efecto, la Historia no registra un caso similar de
un grupo étnico que se irroge la representatividad de todos sus miembros esparcidos por el
Planeta. La Diáspora judía es, numéricamente, importante. Pero tanto o más importante es la
emigración irlandesa, o la griega, por no citar la italiana. Nunca un Congreso Mundial Irlandés,
63 / Francis Neilson: The Churchill Legend.

64 / Jewish Chronicle, Londres, 19-IX-1938.

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Griego o Italiano ha conminado a estadistas ingleses, turcos o austríacos cuando, han tenido
problemas con sus colonias halógenas respectivas... Y lo que ya sobrepasa el tono de lo
grotesco es la aseveración contenida en la primera frase de la resolución. En ella parece darse a
entender que si Hitler desea "adquirir nuevos territorios" es porque se hallan, "habitados por
judios". Por lo que consta ya, en 1938, de la política del Führer, resulta evidente que, más bien,
desea adquirir nuevos territorios a pesar de hallarse habitados por judíos. Pero, tal como ya se
vio al tratar de la Conferencia de Evian, Inglaterra no los quiere en su Imperio, y la América de
Roosevelt lo admite, pero no levanta su cuota racial y, además, es selectiva. Sólo admite sin
trabas, a judíos ricos. Francia si los admite, sin restricciones, así como Checoeslovaquia, que
utilizan como base de transito para dirigirse a Polonia y a Rusia. En todo caso, la resolución
enviada por Chamberlain es insólita en los anales de la Historia Universal.
Pese a estas presiones y a las gestiones en contra del embajador itinerante de Rooseveit,
Willian C. Bullitt, el Gabinete inglés muestra su adhesión al acuerdo entre Chamberlain y Hitler.
Pero hay más: también el gobierno francés, que preside ahora Daladier, se adhiere a los
acuerdos Hitler-Chamberlain.
Daladier ha podido imponerse a los belicistas debido al apoyo de su ministro de Asuntos
Exteriores, Bonnet, y a los ministros Chautemps, de Monzie y Tardieu. En su propio gabinete se
le oponen tenazmente Paúl Reynaud, Mandel (a) Rothschild, Campinchy, Jean Zay y
Champetier de Ribes (65). Mandel, muy influyente aún cuando no por el falso motivo que se dio
de su parentesco con la familia "bancaria" Rothschild, y Jean Zay, israelitas, se oponen a todo
acuerdo con Hitler, probablemente, por razones étnicas. Campinchy y Reynaud por solidaridad
con sus "hermanos" masones, que son perseguidos en Alemania. En cuanto a Champetier de
Ribes es lo que ya entonces se empieza a denominar un "cristiano de izquierdas" y adopta a
veces posiciones aún más radicales que el propio Mandel.
Finalmente, el 18 de Septiembre, el mismo día en que Chamberlain recibía Ia resolución
del Congreso Mundial Judío, Daladier y Bonnet se presentaban en Londres, convocados por
Chamberlain. Dan su apoyo al Plan Hitler-Chamberlain, aunque formulan dos objeciones; la
nueva frontera será delimitada por una comisión internacional, de la que Checoeslovaquia
formará parte y, además, Inglaterra y Francia garantizarán militarmente la nueva frontera.
Churchill vuela a París y se entrevista con Mandel y Reynaud para reavivar eI fuego sagrado del
clan belicista. El propio Mandel llama por teléfono a Benes y le dice:
" Usted es eI Presidente de una nación libre e independiente; ni París ni Londres
tienen porqué dictarle su conducta. Si su territorio va a ser violado, no debe dudar ni
un segundo en dar la orden a su ejército de defender su Patria... Si usted dispara el
primer cañonazo, el eco repercutirá en todo el mundo de manera tal que los cañones
de Inglaterra, Francia y también de Rusia empezarán a vomitar fuego. Todo el mundo
le seguirá a usted y Alemania será batida en un plazo de seis meses si no la ayuda
Mussolini, y en tres meses si la ayuda Mussolini " (66).
Benes acepta, de entrada, el Plan que le propone Chamberlain, el 21 de Septiembre, pero el
día 23, a las diez y media de la noche, decreta la movilización general. Evidentemente, ha
conseguido el consejo de Mandel, creyendo que las otras potencias aliadas seguirían el mismo
camino. Pero Francia se limita a movilizar a una quinta suplementaria. Inglaterra no se mueve.
Tampoco Rusia. En cambio Mussolini moviliza a su Marina de Guerra y concentra doce
divisiones en los Alpes, junto a la frontera francesa. Polonia y Hungría también movilizan, pero
contra Checoeslovaquia, para proteger a las minorías polaca y húngara contra el centralismo
devastador de Praga.
Alemania no toma, de momento, medidas excepcionales aunque consta que, sin necesidad
de movilizar, su Ejército está a punto. Cuando llega a Berlín la noticia de la movilización general
ordenada por Benes, el Führer y Chamberlain están en plena conferencia. La discusión, por vez
primera, se toma agria. Hitler hace oir al Primer Ministro el disco en que los servicios de
escucha de la gestapo han gravado la conversación telefónica entre Benes y Mandel. Como el
cable telefónico Paris-Praga atravesaba Alemania es de suponer que Mandel hablaba a Benes,
pero también, por via indirecta, a Hitler, pues es inconcebible que no previera la acción del

65 / Georges Bonnet: Le Quai d' Orsay sous trois Républiques.

66 / L'Intransigeant, París, 10-V-1948, citaba esta conversación en un artículo firmado por Robert Bollack, amigo y

colaborador de Mandel ( N. del A.).

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Contraespionaje alemán (67). El Führer le dice sin ambages a Chamberlain que el clan
belicista anglo-francés, aún sin estar en el poder, sostiene a Checoeslovaquia. Le recuerda que
la misma estructura de los gobiernos democráticos puede provocar que su interlocutor ya no sea
Primer Ministro cuando venza el nuevo plazo que Daladier ha propuesto a Chamberlain para la
entrega del territorio Sudete a Alemania, y que la llegada al poder de hombres como Churchill,
Edén, Vansittart o Hore Belisha, en Inglaterra, o de Mandel o Reynaud, en Francia, significaría
nuevos aplazamientos y tergiversaciones, desfavorables a Alemania. Entre tanto, hay choques
constantes entre la Policía y el Ejército checos y la población de los Sudetes. Todos los alcaldes
sudete-alemanes han dimitido de sus cargos y el país se debate en la anarquía. Hay que terminar
de una vez con el caos. Hitler presenta una especie de ultimátum exigiendo la evacuación de
determinadas zonas de los Sudetes en un plazo de 48 horas. En las otras zonas se celebrará un
plebiscito internaclonalmente controlado. Alemania se autoexcluye de la comisión control, pero
exige que Checóeslovaquia tampoco figure en la misma. Chamberlain se niega a aceptar el
ultimátum. Cuando parece que se va a producir la ruptura, Hitler cede sobre algunos puntos.
Dice a Chamberiain:
" En consideración a usted, estoy presto a prolongar el plazo. Es usted el primer
hombre a quien he hecho una concesión. Consiento en retrasar la fecha límite de la
evacuación de los Sudetes por los checos hasta el primero de octubre ".
Acepta igualmente algunas modificaciones formales que hacen que la propuesta oficial del
gobierno alemán se asemeje más a su título de "Memorándum" que al de "Ultimátum". En lo
que no cede Hitler es en la cuestión del plebiscito popular en las zonas que no se evacúen
inmediatamente. Chamberlain, muy prudente, muy inglés, acepta la pro- puesta final pero sin
comprometerse más que a transmitírsela a Benes con la recomendación de que la apruebe.
La propuesta es transmitida a Benes el 24 de Septiembre, y el día siguiente encarga a su
embajador en Londres, Jan Massaryk que dé la respuesta del gobierno checoeslovaco. Dicha
respuesta está llena de reproches a los gobiernos francés y, especialmente, inglés:
"... sólo hemos aceptado el Plan FrancoBritánico tras fortisimas presiones y bajo
la amenaza (68) ... el Memorándum alemán es, en realidad, un Ultimátum (69) ... va
mucho más lejos que el Plan Franco-Británico ... Mi gobierno ha tomado conocimiento
del Plan Franco-Británico con indignación ... Quiero declarar solemnemente que, en
su forma actual, las exigencias del Señor Hitler son totalmente inaceptables ...
Opondremos la ayuda más feroz con la ayuda de Dios. La nación de San Wenceslao
(70) no será jamás una nación de esclavos ... En esta hora suprema contamos con la
asistencia de las dos grandes democracias occidentales, cuyos consejos hemos seguido,
muchas veces violentando nuestro juicio personal "(71).
Pero todas estas viriles consideraciones terminan con la frase: "No obstante, ante la
presión de los gobiernos inglés y francés, nos vemos forzados, con la muerte en el alma, a
aceptar el Plan que nos es impuesto". Parece, pues, que se ha solventado la crisis cuya terminal
inevitable sólo po- día ser la guerra. Pero todavía no está todo resuelto. Churchill que, a caballo
de poderosas influencias de las que más tarde hablaremos, se ha convertido en, el líder del clan
belicista inglés, visita a Chamberlain y le increpa duramente (72). ¿Como ha osado el Primer
Ministro intervenir en los asuntos internos de Checoeslovaquia ? Evidentemente, la pregunta es
absurda. Si Inglaterra y su semi-satélite Francia no hubieran intervenido en tales "asuntos

67 / Jacques Bénoist-Méchin: Histoire de I' Armée allemande, Tomo V, pág. 404.
68 / Al mismo tiempo - como ya hemos visto - la soldadesca checa en los Sudetes, hace bastante más que amenazar.

El 25 de Septiembre son asesinados once civiles alemanes, lo que eleva la cifra de muertos a un centenar y medio
según las fuentes mas modestas (N. del A.).
69 / Esto es verdad, pues se da un plazo que expira el 1 de Octubre. Pero no es menos cierto que con las continuas
dilaciones de Benes el Ultimátum alemán era inevitable. (N. del A.).
70 / Igual que el comunista Stalin en 1941 y el ateo Reynaud en 1940, el "hermano" Benes se acuerda de Dios, con la

propina de San Wenceslao, por cierto, hijo del Rey Carlos IV....de Alemania. Desde luego la naturaleza humana es
sencillamente deliciosa, a veces (N. del A.).
71 / Documents on British Foreign Policy, Tomo III, pág. 1092.
72 / Francis Neilson: The Churchill Legend.

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internos", Checoeslovaquia ya no existiría. Churchill insiste ante Chamberlain y le expone su
proyecto de "Gran Alianza", integrada por Francia, Rusia e Inglaterra. Chamberlain se
mantiene firme, pero por la madrugada le despierta Bullitt, el ya aludido embajador itinerante
de Roosevelt, aún cuando su cargo oficial sea solamente el de embajador en París, y le espeta
que Inglaterra debe resistir a las exigencias de Hitler, pues "podría fácilmente formarse una
triple alianza entre Francia, Inglaterra y la URSS" (73). El inconcebible que Churchill y Bullitt
hayan tenido la misma idea en el lapso de unas horas. Es evidente que algo "se está cociendo" en
muy poderosos cenáculos. Churchill que, por el momento, no ostenta cargo oficial alguno, y
Bullitt. embajador de una potencia que, en principio, no está - o no debiera estar - interesada en
el problema, proponen a Chamberlain una alianza con otras dos potencias, una de las cuales, la
URSS, el 23 de Septiembre, es decir, sólo dos días antes, se ha negado a cumplir su pacto de
asistencia con Checoeslovaquia y ha hecho saber que no movilizaría por Benes. ¿ Qué ha pasado
? ¿ Quién mueve o a quién representan Churchill y Bullitt, sin cargo el primero y simple
embajador eI segundo ? Salta a la vista que algo ha debido suceder entre bastidores, en esa
tenebrosa intrahistoria de que hablara Balzac y de la que sólo unos cuantos iniciados saben,
mientras otros, simplemente, intuimos, o deducimos por una simple relación de causa a efecto.
Pues el día siguiente, Chamberlain, el viejo y cansado Primer Ministro, al que entre
Churchül y Bullitt han tenido toda la noche en vilo, parece pronto a ceder ante los belicistas,
máxime tras los insultos que Atlee, Morrisson y Bevin, laboristas, le dedican por su debilidad
ante al Führer (74).
Nos permitimos recordar que estas presiones y estos insultos son dirigidos,
respectivamente, por un diplomático extranjero y por unos derrotados, democráticamente, en
las urnas. Chamberlain es el investido por la mayoría sacrosanta. En vez de respetar las reglas
del juego democrático, de cuya pureza tanto blasonan, Churchill recurre a un embajador
norteamericano, a Jeroboam Rothschild (Mandel) y a Paul Reynaud, para que a su ves
presionen al legítimo mandatario democrático de su país, mientras los laboristas le insultan.
Con gracia y donaire típicamente marxista, Atlee llama a su Primer Ministro "viejo carcamal”
(75).
Entretanto, Daladier, en París, da conocimiento del Memorándum a los miembros de su
gobierno que, en principio, se muestran reacios a caucionarlo. Sólo Georges Bonnet, Ministro de
Asuntos Exteriores, apoya sin restricciónes a Daladier. El Gabinete francés se halla dividido
entre partidarios del Memorándum y opuestos al mismo. Los embajadores de Hungría y Polonia
en Londres y París informan a los gobiernos Inglés y francés que sus países apoyan la política de
Hitler con respecto a Checoeslovaquia. Benes se entera de ello por Mandel, e inmediatamente se
dirige a su colega polaco, Mosciki, informándole que está dispuesto a negociar sobre la región de
Teschen, que Polonia le reclama. Los polacos, que han intentado negociar desde hace casi veinte
años, no hacen caso a Benes. Exigen un plebiscito controlado por la S. de N. en Teschen.
Idéntica exigencia formulan los húngaros con respecto a Ungvar y Munkacs. Esto sella la suerte
del estado checoeslovaco, al menos en cuanto se refiere a la actitud del gobierno francés; los
franceses contemplan con simpatía una guerra con Alemania, a condición de que cuarenta
divisiones checas y sesenta divisiones polacas se enfrenten a las cien divisiones alemanas,
mientras los "poilus" se refugian tras la línea Maginot y la Flota Inglesa pone en marcha el
bloqueo. Pero ya no se cuenta con el gendarme polaco, que, además, ha cambiado de campo.
Italia, a la que las democracias - y sobre todo, Francia han echado en brazos de Hitler, apoya a
éste y Chamberlain, pese a las presiones brutales que recibe, aguanta, impávido, en su decisión
de no complicar a Inglaterra en la guerra que ciertas fuerzas internacionales han organizado.
Daladier y Bonnet vuelan hacia Londres, donde se entrevistan con Chamberlain, Sir John
Simón, Samuel Hoare, Lord Halifax, Sir Alexander Cadogan y Vansittart, es decir, los más fieles
seguidores del Primer Ministro. No se puede aceptar plenamente el Memorándum de Hitler
debido a las presiones brutales que llegan del otro lado del Atlántico, y de las que hablaremos
más extensamente más adelante. Tampoco se puede rechazar, porque ello implicaría la guerra y,
en todo caso, Checoeslovaquia desaparecería como estado independiente. Se adopta una tercera
resolución: la continuación de las negociaciones que permitan que Hitler reduzca sus exigencias
y Benes se muestre más intransigente. Sir Horace Wilison parte hacia Berlín el día siguiente,
acompañado de dos diplomáticos de primera línea, Henderson y Kirkpatrick, y es recibido por
Hitler y von Ribbentrop.
73 / A.K. Chesterton: The New Unhappy Lords.
74 / Frandi Neilson: How Diplomats make wars.
75 / The Daily Mirror, 25-IX-1938.

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