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Autor: JAS

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INTRODUCCION
A LA TEOLOGIA

Con licencia eclesiástica
Printed in Spain

© Javier Ibáñez-Fernando Mendoza, 1982.
del Centro de Estudios Marianos,
Biblioteca José Sinués,
Obra Social de la
Caja de Ahorros de Zaragoza, Aragón y Rioja.

© Ediciones Palabra, S.A. - Alcalá, 55 - Madrid-1
I.S.B.N.: 84-7118-317-X
Depósito legal: M-31.509-1982
RUAN, S.A. - Alcobendas (Madrid) - O. 169

Javiel' lbáñez
l'el'aaado Meadoza

lnt~:oduccióa

a la Teología

EDICIONES PALABRA
Madrid

PREAMBULO
Concepto de Teología

Antes de acometer la introducción propiamente tal a la
Teología, es preciso tener una idea genérica de lo que ésta
significa. La palabra está compuesta de dos términos griegos: theo = Dios, y logos = palabra, tanto externa como
interna, es decir, conocimiento. Por tanto, etimológicamente, teología significa tratado acerca de Dios.
En virtud de este significado primario, en la época de la
cultura griega la literatura clásica denominaba teólogos a
los poetas y también a los filósofos, toda vez que unos y
otros trataban de los dioses, de su naturaleza, de sus intervenciones. En este sentido teología equivaldría a lo que hoy
llamamos mitología. Sus principales representantes fueron
Orfeo, Museo, Homero y Hesíodo.
En la literatura cristiana primitiva se llamaban teólogos
a los poetas que componían himnos bajo la inspiración del
Espíritu Santo, según se atestigua en Eusebio de Cesarea
(Hist. Ecl. I, 2, 5; V, 28, 5). Sin embargo, el término no se difundió excesivamente debido a las diferencias de criterio entre paganos y cristianos acerca de la divinidad. Para aquéllos los dioses y sus intervenciones pertenecían al mundo vaporoso de la mitología; para los cristianos Dios y su obra redentora mediante Jesucristo es estrictamente real, la realidad suprema. Esto explica el concepto negativo que el vocablo teólogo tenía entre los autores apologistas del siglo 11,
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INTRODUCCION A LA TEOLOGIA

quienes preferían al hablar de Dios llamarse filósofos, como
puede comprobarse por san J ustino en su Diálogo con el judío Trifón. Este lastre negativo dejó sus huellas hasta la
época de san Agustín (De civ. Dei, 8, 5).
La teología tuvo también un uso con significado más positivo. Así por ejemplo Orígenes considera a la teología como doctrina verdadera acerca de Dios (Contra Celsum, VI,
18; In /ohan. II, 28). En tiempo de los grandes Padres orientales del siglo IV, teología era más concretamente el estudio
de la Trinidad. La acción de Dios y su gobierno, así como su
intervención redentora, recibían el nombre de economía.
En la Edad Media fue determinante el pensamiento de
san Agustín, quien paradójicamente sirvió de base para dos
modos distintos de concebir la teología. Una tendencia mística, localizada en el Oriente, entiende la teología como
unión del alma con Dios en virtud de la contemplación. En
cambio en occidente la teología es concebida como una inte1/igentia fidei o interpretación de la fe, con lo que se quería
significar el estudio de la sagrada Escritura y su exégesis de
acuerdo con los diversos sentidos que en ella se admitían.
En el siglo XI Abelardo, con su obra De sic et non, sea tal
vez el primero que entiende la teología en su sentido más
acorde con el actual.
Santo Tomás en el siglo XIII completa y precisa el concepto de teología como tratado científico acerca de Dios, y
además partiendo de la revelación divina sobrenatural.
Efectivamente, el estudio o tratado acerca de Dios puede
realizarse de dos maneras: una, valiéndose de la sola razón
natural y apoyándose en las realidades de este mundo. Esto
da origen a la teología natural, llamada también teodicea,
que es aquella que procede de un principio cognoscitivo natural, que en el plano subjetivo es la razón, y en el plano objetivo son las verdades naturales. Otra manera es por medio
de la revelación sobrenatural, lo que da origen a la teología
sobrenatural, que procede de un principio cognoscitivo sobrenatural, que en el plano subjetivo es la razón iluminada

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PREAMBULO

por la fe, y en el plano objetivo es la misma revelación divina sobrenatural. Ambos modos de estudiar a Dios difieren
no sólo en cuanto al principio cognoscitivo sino también, según ha podido intuirse, en cuanto al objeto sobre el que versan uno y otro. La teología natural contempla solamente las
verdades de orden natural, mientras que la teología sobrenatural, bajo la luz de la fe; abarca, además de las verdades
naturales, aquellas otras de orden sobrenatural que exceden
todas las fuerzas y exigencias de la naturaleza creada.
Introducción a la teología

A la teología sobrenatural va orientada nuestra introducción, planteando sobre la misma las siguientes cuestiones, que dan pie a las cuatro partes en que se divide nuestro
trabajo: an sit, quid sit, quomodo sit, quomodo operetur, es
decir: estudio de la existencia, naturaleza, propiedades y
método de la teología sobrenatural*. Este planteamiento determina la especificidad de la introducción a la teología, que
no ha de confundirse con la Apologética. Esta es una fundamentación racional del hecho de la revelación, que se sitúa
en una fase anterior no sólo a la teología sobrenatural sino
incluso a la misma fe. Por eso la Apologética, aunque a,dmite la existencia de la teología sobrenatural, no se ve en la necesidad de explicar ni la naturaleza, ni las propiedades, ni el
método que la misma utiliza.
• Este planteamiento cuatripartito no es en tono de cuestionar un problema; es algo meramente metodológico, por lo que el an sit inmediatamente se traduce por existencia de la teología. Que la teología sea una ciencia no es algo evidente quoad nos. Seguimos aquí el método tomista: sin dudar él personalmente, metodológicamente lo planteaba todo como duda,
por ejemplo Suma Teol. 1, q. 2: An Deus sit? En esa misma línea se mantiene la más pura tradición teológica; así valga el siguiente título de Jodocus
Lorichius, padre cartujo del siglo XVI: Disputatio de Theo/ogia ut scientia,
Friburgo 1599 in 4?

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INTRODUCCION A lA TEOLOGIA

Definición de teología sobrenatural
Aunque todavía no procede metodológicamente dar una
definición plenamente adecuada de la teología sobrenatural.,
ya que eso supondría el conocimiento de todo este tratado
de introducción, si parece conveniente ofrecer, además de la
definición nominal, una definición real más precisa, para te. ner una idea del objeto sobre el que va a versar toda la exposición. Una definición provisional de teología sobrenatural
podría ser ésta: la ciencia que trata de Dios y de las criaturas
a la luz de la revelación sobrenatural. Naturalmente en esta
definición se encierran conceptos que habrán de ser explicitados y explicados más adelante, como el hecho de que la
teología sea ciencia, con método y sistema. propios, y también su carácter sobrenatural, que la diferencia de la teología natural o teodicea.

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Capítulo I
EXISTENCIA DE LA TEOLOGIA*
La existencia de un orden de verdades distintas de aquellas verdades qu~ son objeto de las demás ciencias, o al menos son consideradas bajo un aspecto distinto, determina la
necesidad de una ciencia específica que verse sobre estas verdades. Este es el caso de la teología en relación con las llamadas verdades sobrenaturales, contenidas en el depósito
de la revelación y admitidas por la fe. Este orden de verdades sobrenaturales no encuentra cabida en las otras ciencias
que integran el ámbito cultural humano.
De lo dicho se infiere que la ciencia llamada teología prt ·
supone al menos cuatro cosas: el ser sobrenatural, las verdades sobrenaturales, la revelación sobrenatural y la fe.

• Omitimos conscientemente en los dos primeros capítulos del tratado
un uso intenso de textos del Magisterio (aunque citamos incidentalmente el
Vaticano 1, la encíclica Humani generis y el Vaticano 11), por entender que
no está legitimado aducir el Magisterio, cuando aún no se ha probado su
valor. Desde que éste se razona y prueba en el cap. IV, Método y lugares
teológicos, se citan con profusión documentos magisteriales, incluso recientes, teniendo en cuenta la renovación conciliar. De cualquier modo, habrá que tener siempre presente que el valor de un documento del Magisterio no radica en su mayor o menor cercanía temporal a nosotros, sino en el
rango autoritativo del mismo.

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INTRODUCCION A LA TEOLOGIA

l. El ser sobrenatural

Sobrenatural es lo que está por encima de la· naturaleza.
Se dice que algo está por encima de la naturaleza cuando no
le pertenece ni constitutiva, ni consecutiva, ni exigitivamente. Ahora bien, para entender con precisión el concepto de
lo sobrenatural, hay que determinar previamente lo que se
entiende por naturaleza y por natural.
Naturaleza, según interesa a nuestro propósito, es lo
mismo que la esencia de un ser, es decir, el principio remoto
del que proceden tanto las acciones como las pasiones en orden a conseguir un fin proporcionado. Por tanto si la naturaleza es la esencia del ser, si éste puede ser increado o creado, habrá una naturaleza increada (Dios) y una naturaleza
creada (la creación). A ésta nos referimos. Ahora bien, esta
naturaleza creada puede considerarse o como naturaleza
singular (este hombre), o como conjunto de todos los individuos de la misma especie (toda la humanidad), o como conjunto de todas las sustancias creadas (cosmos).
Lo natural es lo que pertenece al ámbito de la naturaleza, conteniéndose en ella constitutiva, consecutiva y exigitivamente. Pertenecen a la naturaleza constitutivamente sus
elementos esenciales, como el alma y el cuerpo en el caso del
hombre. Pertenecen a la naturaleza consecutivamente los
elementos que dimanan de ·la esencia, como las facultades
vegetativa, sensitiva y racional del hombre y sus funciones.
Pertenecen a la naturaleza exigitivamente los elementos requeridos para que la naturaleza pueda realizar acciones y recibirlas en orden a la consecución de su fin natural, como la
conservación y el concurso divinos que pide la naturaleza
para que ésta pueda obtener su fin natural.
Según lo dicho, lo sobrenatural es lo que supera la esencia de un ser (sobrenatural constitutivo), o rebasa las propiedades y energía de ese ser (sobrenatural consecutivo), o
sobrepasa las exigencias del mismo (sobrenatural exigitivo).
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EXISTENCIA DE LA TEOLOGIA

División del sobrenatural
El sobrenatural puede ser o sobrenatural por esencia que
es Dios, quien supera infinitamente a todos los seres
creados 1, o sobrenatural por participación, que es la perfección indebida a la naturaleza creada, en virtud de la cual la
naturaleza creada es elevada a recibir o a realizar algo que
supera su naturaleza, o su capacidad natural. Es, pues, una
posesíón por parte de un ser inferior de una perfección que
corresponde a un ser superior.
El sobrenatural por participación puede ser:
a) Sobrenatural absoluto, cuando la perfección comunicada está por encima de toda naturaleza creada y creable, ·
siendo por tanto algo divino, como por ejemplo, la gracia y
la visión beatífica, o b) sobrenatural relativo (preternatural), cuando la perfección comunicada supera alguna naturaleza, pero no todas las naturalezas creadas, siendo
por tanto algo creado, como por ejemplo la inmortalidad en el hombre, la cual es algo naturai en el ángel y sobrenatural (preternatural) en el hombre. Por ello el sobrenatural relativo (preternatural) es aquello que, aunque indebido a alguna naturaleza creada, no la eleva a un orden superior, sino que simplemente la eleva o perfecciona por. encima de sus exigencias, pero dentro de los límites de la propia
naturaleza.

1 En Dios no hay ni puede haber nada participado. Sus acciones se identifican todas con su esencia, que es acto purisimo. Esas acciones divinas
son naturales en Dios, aunque no todas sean naturales para la creación.
Efectivamente, las acciones u operaciones divinas respecto a la creación
son de dos tipos: unas naturales, que están conexas ineludiblemente en la
decisión divina creadora, como la conservación, el concurso y la providencia; y otras sobrenaturales, que son hechas por Dios fuera de las exigencias
de la creación, como la gracia, los milagros, que Dios hable al hombre, etc.

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INTRODUCCION A LA TEOLOGIA

La potencia obediencia/ o proporción del sobrenatural

Para que sea posible el sobrenatural por participación es
preciso que exista una cierta proporción -no equivalencia- entre el sujeto receptor y la perfección de que participa. No decimos equivalencia, pues entonces destruiríamos
la sobrenaturalidad; decimos proporción, pues de lo contrario se daría una como repugnancia por parte de la naturaleza del sujeto receptor respecto a la perfección recibida. Así,
por ejemplo, un diamante no puede recibir la perfección de
entender, ni un ser puramente espiritual como el ángel puede recibir extensión o color: ambas cosas serían contranaturales, pero no sobrenaturales.
La razón de lo dicho estriba en que el sobrenatural participado se recibe en el sujeto a modo de accidente, y un accidente, sea de orden inferior o de orden superior, no puede
ser recibido por una sustancia a la que por esencia repugna.
Esto es válido para el sobrenatural participado, tanto relativo (preternatural), como absoluto. Efectivamente, entre la
naturaleza creada y el sobrenatural absoluto media una distancia siempre infinita y por tanto no puede haber una equivalencia o positiva ordenación al mismo. Sí debe darse en
cambio una cierta proporción o capacidad objetiva, que se
denomina técnicamente en teología potencia obediencia/.
Esto no es otra cosa que la misma naturaleza creada, en
cuanto que, subordinada en todo a Dios, puede recibir en sí
misma una perfección sobrenatural absoluta. Como fácilmente se ve, no se trata más que de una capacidad natural
para la recepción del sobrenatural, pero no de una exigencia, ni constitutiva ni exigitiva. La potencia obediencia} no
es por tanto una cualidad divinamente infundida, sino la
misma naturaleza ereada, y de ahí que Dios no pueda comunicar indistintamente a cualquier criatura una perfección sobrenatural participada, sino solamente a aquella criatura en
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EXISTENCIA DE LA TEOLOGIA

que no repugne su aptitud. Así, por ejemplo, como ya he,..
mos visto, Dios no puede comunicar a un diamante la perfección de conocer o entender.
Se disputa entre los teólogos si dicha potencia obediencia! es meramente pasiva, es decir, si vale sólo para recibir
algo, o si es también activa, es decir, si vale para hacer algo
que supere sus fuerzas. Los tomistas sólo admiten la potencia obediencia! pasiva, mientras que la mayoría de los teólogos admiten también la activa, basándose en que el entendimiento, por ejemplo, ilustrado por el don sobrenatural de la
fe realiza el acto sobrenatural de fe, y robustecido con la luz
de la gloria realiza la visión beatífica. Naturalmente en esta
segunda hipótesis hay que sei'íalar que esa actividad no se
contrapone a la radical pasividad de la potencia obediencia!,
pues simplemente indica que si la elevación trascendente al
orden divino recae en una potencia humana que de suyo es
operativa, a continuación cabe operar -con la ayuda· de
gracias actuales- en el nuevo ámbito de gracia recibido.
Toda elevación al orden de la gracia es recibida, y por tanto
en última instancia pasiva, aunque dentro del regalo divino
se incluyan fuerzas operativas, «activas».

Existencia de un orden sobrenatural

El ser sobrenatural no es otra cosa que la adecuada disposición de los medios sobrenaturales para conseguir un fin
sobrenatural. La estructura básica de este orden sobrenatural es la siguiente: el agente supremo es Dios mismo que
mueve a los hombres a las acciones sobrenaturales; el agente
segundo es el propio hombre en cuanto que es elevado por
medio de la gracia, de las virtudes y de los dones como medios proporcionados para obtener su fin. Este fin sobrena. tural es la visión beatífica o inmediata fruición de Dios. En
virtud de este orden sobrenatural, el hombre vive én un ámbito divino sobrenatural, en la medida que participa acci15

INTRODUCCION A LA TEOLOGIA

dentalmente del sobrenatural por esencia y absoluto que es
Dios, a cuya posesión está destinado por divina disposición.
Algunos «desvirtúan el concepto de gratuidad .del orden sobremitural, ya que opinan que Dios no puede crear seres intelectuales sin ordenarlos y llamarlos a la visión beatífica»
(Pío XII, Humani generis, Dz 2318).
Conveniencia del sobrenatural

Este orden sobrenatural no sería conocido, si no es porque Dios lo ha revelado. Pero una vez conocida su existencia, el entendimiento humano puede ver la racionabilidad de
este plan amoroso de Dios para con la humanidad. Efectivamente hay que decir ante todo que el sobrenatural no destruye la naturaleza racional, sino que más bien la eleva y la
perfecciona, constituyendo junto con ella un principio entitativo y operativo superior. Por eso el sobrenatural no repugna a la naturaleza racional, no es contranatural, sino
que todo el planteamiento tiene cierta proporción con el ser
racional.
Así el fin consistente en la visión beatífica se adecúa muy
bien, como enseña santo Tomás (Suma Teológica, 1, q.12,
a.l), al deseo innato del hombre de ver a Dios y no sólo de
conocer su existencia y atributos a través de las criaturas.
Los medios son también proporcionados a nuestras facultades, cuyas capacidades elevan a un nuevo ámbito sin destruirlas.

2. La verdad sobrenatural
Ya hemos visto que lo sobrenatural por participación es
una posesión por parte de un ser inferior de una perfección
que corresponde a un ser superior. La verdad sobrenatural
es, por tanto, la posesión por parte de la mente creada de la
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EXISTENCIA DE LA TEOLOGIA

verdad superior, de la verdad divina. Esa verdad divina es lo
que Dios sabe de Sí mismo. Y algunas de las cosas que Dios
sabe de Sí mismo las ha comunicado a los hombres mediante la revelación. Ahora bien, esa revelación divina puede incluir verdades de orden natural, por cuanto el hombre podría llegar a conocerlas por sus propias potencias cognoscitivas a través de las criaturas; estas verdades divinas serán
sobrenaturales, no en cuanto a la sustancia, sino en cuanto
al modo de haber sido conocidas, mediante revelación sobrenatural. Pero la misma divina revelación puede comunicar verdades divinas que sobrepasan la razón natural humana, ya que el hombre no podrí~ llegar a conocerlas por sus
propias fuerzas cognoscitivas mediante la creación; estas
verdades divinas serían sobrenaturales no sólo en cuanto al
modo, sino también en cuanto a la sustancia, verdades que
-en lenguaje teológico- se denominan misterios.

Misterio

Etimológicamente, del verbo myo que significa cerrar,
indica algo que está encerrado, oculto, ya en el orden real,
ya en el orden del conocimiento. El conocimimento del misterio está en relación con la revelación, que también etimológicamente indica el corrimiento del velo que oculta ese
misterio. Ahora bien, si el misterio o cosa oculta es en el orden real, basta para que deje de ser misterio que se corra el
velo y entonces la expresión normal no es «revelación de un
misterio», sino descubrimiento de lo oculto (p. ej. descubrimiento de una lápida, etc.). Si el misterio se sitúa en el orden
del conocimiento, todavía caben dos posibilidades. Un primer caso sería una verdad o idea de orden natural poseída
por un ser racional y revelada a otro ser también racional,
en cuya hipótesis la expresión normal es la de revelar o co17

INTRODUCCION A LA TEOLOGIA

municar un secreto, una idea o un conocimiento. Un segundo caso cabe cuando se tratara de una verdad de orden sobrenatural estrictamente tal, poseída por Dios y revelada a
los hombres. Sólo para. este caso se reserva la expresión adecuada «revelación de un misterio».
Según lo expuesto observamos que hay misterios naturales, que son las realidades desconocidas en el orden meramente natural. Estas pueden ser misterios en cuanto a la
existencia, sólo desconocidos en la medida en que no han sido expuestos a nuestras facultades cognoscitivas; misterios
en cuanto a su esencia por imperfección de las ciencias, o
por la imperfección de nuestro entendimiento. Asimismo
hay misterios sobrenaturales, que son las realidades desconocidas en el orden sobrenatural. Estos también pueden ser
misterios sobrenaturales en cuanto a la existencia (o misterios sobrenaturales en sentido amplio), que son aquellos cuya existencia no podemos conocer por la luz natural, pero
cuya naturaleza, una vez revelados por Dios, la podemos
conocer por la sola razón natural, por ejemplo, la existencia
de los ángeles. Estos misterios suelen llamarse de segundo
orden. Hay finalmente misterios sobrenaturales en cuanto a
la existencia y esencia (o misterios sobrenaturales estrictos),
que son aquellos cuya existencia no podemos conocer sin la
revelación divina y cuya esencia, incluso después de su revelación, no nos es posible entender adecuadamente. Se denominan también misterios de primer orden. La definición de
estos misterios estrictos puede ser: una verdad que supera

por sí misl'(la y en absoluto cualquier mente creada.
Una verdad que supera por sf misma cualquier mente
creada, es aquella que la sobrepasa por su propia naturaleza, no por eventual deficiencia de su presentación. Una verdad que supera en absoluto cualquier facultad cognoscitiva
creada es aquella que la sobrepasa en cuanto a su existencia,
en cuanto a su esencia y en cuanto a su misma posibilidad.
Una verdad que en esas condiciones supera cualquier mente
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EXISTENCIA DE LA TEOLOGIA

creada es aquella que sobrepasa no sólo la inteligencia del
hombre, sino también la de los ángeles2.
Existencia del orden de los misterios

Las verdades divinas que sobrepasan por sí mismas y en
absoluto cualquier mente creada, tomadas en su conjunto,
se denominan orden de los misterios, el cual se contradistingue del orden de las verdades divinas naturales, que son el
conjunto de verdades acerca de Dios cognoscibles por un
entendimiento creado. Al orden de las verdades divinas naturales pertenecen, por ejemplo, la existencia de Dios, la
creación, la providencia, etc. Al orden de los misterios pertenecen a su vez primariamente los bienes de la divinidad como la Trinidad y sus relaciones íntimas así como su participación sobrenatural cual es la Encarnación, la redención o
la gracia santificante, y secundariamente las realidades unidas a los misterios anteriores, tales como la eficacia de los
sacramentos.

2 En el texto se ofrece el concepto y definición de misterio en sentido técnico teológico. Ahora bien, es conveniente saber que, dentro de su valor i~­
ligioso, el término misterio ha tenido otros significados a lo largo de la historia. 1) Entre los antiguos griegos equivalía a rito religioso de significado
arcano, al que se tenía acceso mediante la iniciación llevada a cabo mediante un sacerdote, llamado por eso mistagogós o introductor en el misterio. 2)
En el Nuevo Testamento, misterio es llamada la salvación realizada por
Dios a través de Jesucristo, aunque el término se aplica en unos casos a toda la obra salvadora en su conjunto (Rom 11, 25), en otros a la culminación de esta obra salvífica en la gloria (2 Tes 2, 7), y en otros al hecho de la
predicación de esta obra salvadora (1 Cor 4, 1). 3) En la literatura cristiana
primitiva misterio significaba cosa arcana y reservada sólo para los cristianos, por ejemplo, la Eucaristía. 4) En la época de los grandes Padres se denominaban misterios prácticamente a los sacramentos o ritos que conte.nían, significándola, una realidad sobrenatural. Así por ejemplo las catequesis mistagógicas de Cirilo de Jerusalén son cinco homilias introductorias al bautismo, a la confirmación y a la Eucaristía.

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INTRODUCCION A LA TEOLOGIA

Que existe este orden de misterios lo afirma definitoriamente la Iglesia en el Concilio Vaticano 1 cuando dice: «Hay
dos órdenes de conocimiento, que se distinguen no sólo por
razón del principio (que conoce), sino también· por el objeto; por el principio, porque en un orden conocemos por la
razón natural, y en el otro, por la fe; mas también por el objeto, porque, aparte de aquellas cosas que puede alcanzar la
razón natural, se nos proponen para que los creamos misterios escondidos en Dios, que no podrían sernos conocidos
sin la revelación divina» (Dz. 1795)3.
Con estas palabras el Vaticano 1 condenaba la teoria
tanto del racionalismo como del semirracionalismo. Los racionalistas parten del principio de que no puede haber. nada
que se sustraiga al dominio de la razón y por tanto que no
3 Como se ve por esta declaración conciliar, la existencia de un orden de
misterios y su revelación son verdades de fe divina y católica definida. Otra
cuestión diversa es si se puede demostrar con argumentos de sola razón naturalla existencia de ese orden de misterios estrictamente dichos en Dios,
aunque no de cada misterio en particular, sino de un modo global. En este
punto no hay unanimidad de opiniones entre los teólogos. Santo Tomás
parece que está en favor de la posibilidad (Summa contra Gent. 1, 3) cuando afirma que «hay algunos inteligibles divinos que exceden totalmente la
capacidad de la razón humana». Se funda en que Dios es un Ser infinito en
sus perfecciones y supera infinitamente nuestro entendimiento en cuanto a
los objetos propios de su conocimiento; por otra parte, nuestros conceptos
acerca de Dios son tan sólo análogos y a través de las criaturas, no pudiendo éstas llevarnos al conocimiento de la esencia íntima de la divinidad.
Con santo Tomás están teólogos como A. von Schmid, W. Wilmers y sobre todo R. Garrigou-Lagrange, quienes consideran el argumento del angélico como demostrativo y defienden por tanto que la existencia en Dios de
un orden de misterios estrictamente dichos es demostrable por la razón natural.
Otros autores niegan esta posibilidad, argumentando de una parte que
santo Tomás no trató de demostrar la existencia de este orden de misterios,
sino tan sólo insinuarla con finalidad apologética, y de otra que las pruebas
aducidas únicamente sirven para mostrar que no podemos tener un conocimiento comprensivo de Dios y sólo arguyen la existencia de misterios en
sentido lato.

20

EXISTENCIA DE LA TEOLOGIA

pueda ser comprendido por ella. Por eso niegan tanto el orden sobrenatural como su comprensibilidad, o en algunos
casos, prescindiendo de la realidad del sobrenatural, consideran imposible su revelación 4 • En una palabra, el racionalismo sólo admite un principio de conocimiento: la razón, y
una clase de objetos: los naturales. Las teorías racionalistas
habían sido ya descubiertas y condenadas por el papa Pío
IX en el Syllabus (IM 48, 49 y 51).
El semirracionalismo apareció entre autores católicos
como G. Hermes y J. Frohschammer, quienes afirmaban
que los misterios lo son en la medida en que la sola razón
humana no puede descubrirlos, pero una vez revelados, dejan de serlo ya que pueden ser comprendidos y demostrados
plenamente. En ellos pensaba el concilio Vaticano I y los incluye en su condenación, según se deduce de las actas y del
mismo texto (IM 65): «(La razón ilustrada por la fe) nunca
se vuelve idónea para penetrar (los misterios) totalmente,
~omo las verdades que constituyen su objeto propio. Porque los misterios divinos, por su propia naturaleza, de tal
manera sobrepasan el entendimiento creado que, aun transmitidos por la revelación y aceptados por la fe, siguen, no
obstante, encubiertos por el velo de la misma fe y envueltos
en una cierta oscuridad». Ya anteriormente había sido condenado G. Hermes por el papa Gregorio XVI en 1835 (IM
33) y J. Frohschammer por Pío IX en 1862 (IM 42·y 43).
Posteriormente el papa León XIII condenó en 1887 a A.
Rosmini quien defendía una especie de semirracionalismo
consistente en afirmar que los misterios divinos no eran inteligibles por argumentos positivos, pero ·sí por argumentos
4 Así F. Hegel considera los misterios sólo como símbolos de verdades
filosóficas; B. Spinoza estima que los misterios son proposiciones falsas en
sí mismas, pero hechas verosímiles por exageraciones de la fantasía; A.
Loisy piensa que son doctrinas ilógicas, pero necesarias prácticamente dentro de un sistema religioso equilibrado; finalmente O. Pfleiderer se opone a
la racionabilidad de la revelación de los misterios.

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INTRODUCCION A LA TEOLOGIA

que él llamaba negativos e indirectos, aunque estrictamente
especulativos (cfr. IM 385-397).
Un rebrote del racionalismo, dentro del campo católico,
fue el llamado modernismo, según el cual la revelación de
los misterios sería perjudicial para el hombre, al no exigirlos
la naturaleza humana, o por lo menos resultaría inútil,· ya
que su ininteligibilidad los reduciría a términos hueros. San
Pío X emitió en 1907 juicio sobre el mismo (Decreto Lamentabi/i: IM 88 ss; Encíclica Pascendi: IM 153 ss).
Inteligibilidad de los misterios

Que exista un orden de misterios, que no sean demostrables ni inteligibles por argumentos positivos y directos, no
excluye que estos misterios sean de algún modo inteligibles.
El propio concilio Vaticano 1 enseñó al respecto: «Y, ciertamente, cuando la razón ilustrada por la fe, busca cuidadosa,
pía y sobriamente, alcanza por don de Dios cierta inteligencia, y muy fructuosa, de los misterios, ya por analogía de lo
que naturalmente conoce, ya por la conexión de los misterios mismos entre sí y con el fin último del hombre; nunca,
sin embargo, se vuelve idónea para penetrarlos totalmente,
como las verdades que constituyen su objeto propio. Porque los misterios divinos, por su propia naturaleza, de tal
manera sobrepasan el entendimiento creado que, aun transmitidos por la revelación y aceptados por la fe, siguen, no
obstante, encubiertos por el velo de la misma fe y envueltos
en una cierta oscuridad» (IM 65).
De este texto del Magisterio hay que subrayar los siguientes datos:
1) los misterios divinos son inteligibles, aunque de modo limitado («cierta inteligencia»);
2) esta inteligencia de los misterios no la alcanza la razón sola, sino con la luz de la fe («ilustrada por la fe»);
22

EXISTENCIA DE LA TEOLOGIA

3) por lo mismo esta inteligencia, aunque limitada, de
los misterios, es un don de Dios («por don de Dios»);
4) el modo de inteligencia de los misterios es doble: la
analogía o se mejanza con los conocimientos de orden natural, y la conexión unitaria entre los misterios, interdependientes y ordenados todos a la visión beatífica («ya por la
analogía de lo que naturalmente conoce, ya por la conexión
de los misterios mismos entre sí y con el fin último del hombre»).
!vlodo de la inteligibilidad de los misterios : univocismo,
equivocismo, analogía
Este último punto es fundamental en la teología, ya que
por él se justifica la existencia de la misma. En efecto la razón no sólo «acepta» el enunciado del misterio, sino que
«entiende algo» dicho misterio. Y esto lo lleva a cabo la razón -según señala el concilio- por lo que se suele llamar
analogía del ser y analogía de la fe. Ahora bien, la analogía
es un concepto que se sitúa en medio de la univocidad y de la
equivocidad.
Unívocos son los términos que coinciden en el nombre y
en la realidad que el nombre expresa. Así es unívoco el término «hombre» aplicado a Pedro, Juan o Santiago: los tres
son individuos de una misma especie5 • El univocismo, si se
diera entre Dios y las criaturas, querría decir que el ser y sus
perfecciones serían comunes a las criaturas y a Dios, cosa
que es errónea. No obstante, defendían este univocismo en-

5 El univocismo se ha planteado filosóficamente en el campo de la metafísica. La escuela escotista defendía que el ser se predica unívocamente tanto de Dios como de las criaturas, a pesar de las diferencias existentes entre
el Uno y las otras. La mayoría de los filósofos escolásticos, siguiendo a
santo Tomás, sostienen que el ser se predica sólo analógicamente respecto a
Dios y a los seres creados.

23

INTRODUCCION A LA TEOLOG!A

tre Dios y las criaturas los semirracionalistas, quienes explicaban a Dios y a sus misterios como si fueran verdades de
orden natural. Una vez admitida la revelación, el semirracionalista admite la inteligibilidad total de lós misterios revelados cual si se tratara de cualquier otro objeto del conocimiento natural. La ilegitimidad del planteamiento univocista, aplicado a Dios y a sus misterios, radica en el desconocimiento de la distancia que media entre las criaturas y el
Creador, entre la inteligencia humana y la divina, entre las
verdades naturales y los inteligibles divinos, y esto no sólo
cuando se trata del conocimiento de misterios divinos en el
sentido estricto, sino también cuando se trata del conocimiento natural de Dios.
Equívocos son aquellos términos que, teniendo el mismo
nombre, significan realidades totalmente diversas. Así, por
ejemplo, «león» se dice referido a un animal irracional, puede ser un simple apellido, o también decirse en relación con
una ciudad determinada. El equivocismo, como sistema filosófico, negaba el valor opjetivo de los conceptos, que eran
considerados como simples nombres. Por eso, al pasar el
equivocismo al campo teológico se denominó nominalismo
y fue defendido por Guillermo de Ockam y Juan Gerson entre otros.
-El protestantismo tiene raíces en el nominalismo. Los
primeros protestantes -Lutero, Zwinglio- fueron nominalistas. El influjo del equivocismo-nominalismo se dejó
sentir en filósofos del ámbito protestante como Kant, que
negaba la posibilidad de expresar la realidaq divina con conceptos naturales y por tanto la existencia de una teodicea o
teología natural. De este modo extrapola la transcendencia
de Dios y lo hace inasequible a la razón humana por via de
ciencia.
Este nominalismo actúa también en la teología elaborada por protestantes. Es notorio el caso del teólogo protestante moderno Karl Barth, que -igual que Kant- niega la

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EXISTENCIA DE LA TEOLOGIA

posihilidad de una teodicea o teología natural a partir de los
seres creados o como él llama, a partir de la analogía del ser.
La teología sobrenatural la cree posible, pero en base a lo
que él denomina analogía de la fe, es decir, el hecho de que
Dios en su revelación (sólo la Sagrada Escritura) ha utilizado unos determinados vocablos y ésos son los que usamos
para el lenguaje teológico, sin que tengan valor representativo de la realidad divina.
Este equivocismo se da con mayor radicalidad en los
también teólogos protestantes modernos Rudolf Bultman y
Karl J asper, que consideran la terminología teológica del
sobrenatural como simples «metáforas» y los conceptos encerrados en la terminología como puros «mitos».
En ambientes católicos influenciados por estos teólogos
protestantes modernos se da asimismo este equivocismo.
Tal es el caso de la llamada por Pío XII «nueva teología»,
que en última instancia distingue entre la realidad contenida
en la revelación y los conceptos con que aquella realidad se
expresa. Con este planteamiento se anula la posibilidad de
hacer teología, es decir, de elaborar racionalmente el dogma. De hecho estos «nuevos teólogos» reducen la teología a
un mero estudio histórico del pensamiento eclesiástico, teniendo siempre a la vista el progreso paralelo tanto de la filosofía como de las otras ciencias. Con este reduccionismo
exclusivista, el quehacer teológico no es más que un positivismo y relativismo historicista que difícilmente aceptará la
inalterabilidad de las fórmulas dogmáticas. No se vislumbra
cómo el equivocismo, llevado a la teología, puede dejar a
salvo el concepto mismo de revelación sobrenatural, que como más adelante explicaremos, es una verdadera locución
divina, mediante la cual Dios propone al hombre verdades
divinas en conceptos usados por el entendimiento humano.
Análogos son aquellos términos cuyo nombre es común,
pero el contenido del nombre es en realidad diverso y sólo
parecido en parte. Hay una analogía extrínseca, cuando el
parecido es accidental o sólo está en la mente del que habla,
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INTRODUCCION A LA TEOLOGIA

por ejemplo, una metáfora. Hay también analogía intrínseca, cuando el parecido se refiere a algo esencial, por lo menos en uno de los analogados. Esta analogía intrínseca puede ser de dos clases: una, cuando algo se afirma de varios
sujetos en relación a un tercero en el que se da propiamente;
así «sano» se dice de la medicina, del aire y del alimento, pero en realidad todo ello es en relación con el hombre, que es
el que posee verdaderamente la salud. Se denomina analogía
de atribución. Otra, cuando algo se afirma de varios sujetos, no en relación a un tercero, sino por la mutua referencia; así el «ser» se predica de Dios y de la criatura, de la sustancia y del accidente: el ser está principalmente en Dios, y
por Dios en la criatura, o está principalmente en la sustancia
y por ella en el accidente; así también el «conocer» se predica del animal, del hombre y del ángel de forma proporcional
a las respectivas naturalezas. Se denomina analogía de proporcionalidad.
La analogía, por tanto, es término medio entre la equivocidad o diversidad absoluta y la univocidad o identidad
total. El conocimiento por equivocidad es conocimiento impropio o simplemente no conocer. El conocimiento por univocidad es conocimiento perfecto. El conocimiento por analogía es conocimiento propio, pero imperfecto.
En el orden del conocimiento llega,mos a Dios o por vía
natural, o por vía de revelación. En el primer caso nuestro
conocimiento de Dios es analógico por analogía del ser, es
decir, conocemos que existe Dios como causa de las criaturas, y por tanto que elser se da en Dios y en las criaturas,
pero en Dios de una manera esencial y suprema, mientras
que en las criaturas de un modo participado. Esta analogía
del ser, referida a Dios y a las criaturas es, como ya hemos
dicho antes, una analogía tanto de atribución como de proporcionalidad. El otro camino de conocer a Dios es por revelación, en cuyo caso no basta la simple analogía del ser
(con la que sólo obtenemos un conocimiento natural de
Dios), sino que se requiere -como decía el Vaticano 1-

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EXISTENCIA DE LA TEOLOGIA
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do, pero tieile UD· fundamento que DO es natural, sino s"obre~
natural: erltecho de que Dios lo ha comurti.cado. Por.~so se.
puede_ afirmar que la analogía del ser y la fe se basa
la fe que én el conocimiento natural.
Aderrias de la analogía del ser (para el conocimiento natural de Dios), y de la analogía del ser y la fe (para el conocimiento sobrenatural de Dios y de sus inteligibles), el concilio
Vaticano lhabla de un modo de conocimiento de los misterios divinos sobrenaturales que la teología llama analogfa de
la fe. Efe~tivamente dice que la razón ilustrada por la fe, ·
por don 'divino obtiene cierta inteligencia de los misterios
«por la co~~xión de los misterios mismos entre sí y con el fin
último del'l;lombre» (IM 65), lo cual lleva a un mejor conocimiento deJas verdades reveladas al compararlas entre sí
propiciando~una interna armonía que excluya errores interpretativos de la propia revelación. Así, por ejemplo, en el
tratado de Mariología la analogía de la fe hace ver la íntim·a:
trabazón de todos los privilegios marianos sobre la realidad
fundamental de la divina maternidad.
··

más.en.

3. Revet~cló~ divina sobrenatural
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La r~cl~ción divina sobrenatural es objeto de un'ti~~
do esped:fico dentro de la teología, en el que se somete:a es.::
tudio sif:'~sibilidad, su conveniencia, su necesidad y: sys

INTRODUCCION A LA TEOLOGIA

modos de llegar hasta nosotros. En una introducción general a la teología es preciso considerar su naturaleza, para delimitar el concepto ..
Etimológicamente equivale a remover un velo, es decir,
manifestación de una cosa oculta. En su uso más corriente
el término revelación se aplica a la manifestación de verdades. Si quien descubre el velo o hace la manifestación es un
hoQtbre, la revelación es humana. Si la manifestación de la
verdad la hace Dios, la revelación es divina. Esta revelación
divina si se hace a través de medios naturales, es decir, a través de sus obras, la revelación divina es natural (también llamada virtual). Si la manifestación la hace Dios no a través
de sus obras, sino directamente, con sus hechos y palabras,
comunicándose El con el hombre, la revelación es divina

sobrenaturató.
Esta revelación divina sobrenatural, que -como hemos
visto- es una manifestación de una verdad hecha por Dios
mediante una acción indebida a la naturaleza creada y superior a las posibilidades de ésta, puede ser de dos clases: impropia y propia. Es impropia cuando Dios produce un efecto, de cuyo conocimiento saca el hombre, por medio de su
raciocinio, una verdad divina, por ejemplo, los hechos milagrosos de los que se deduce una intención divina. Es propia
cuando la revelación se realiza mediante una comunicación
que por su misma naturaleza se ordena a la manifestación
de una verdad. Esta comunicación puede ser oral, escrita o
puramente espiritual.

6 De esta doble revelación divina, natural y sobrenatural, habla el Vaticano II cuando dice: «Dios, creándolo todo y conservándolo por su Verbo,
da a los hombres testimonio perenne de Sí en las cosas creadas (revelación
divina natural), y, queriendo abrir el camino de la salvación sobrenatural,
se manifestó, además, personalmente a nuestros primeros padres ya desde
el principio ... (Revelación divina sobrenatural)» (Const. dogm. Dei Ver. bum, n. 3).

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EXISTENCIA DE LA TEOLOGIA

Según todo lo expuesto, la revelación divina sobrenatural propia puede definirse como una transmisión de verdades, por medio de signos, en virtud de la cual Dios manifiesta lo que el hombre debe aceptar mediante la fe por la autoridad del mismo Dios que revela. De aquí se puede deducir
cómo se distingue la revelación divina sobrenatural propia
de otras acciones divinas.

Diferencia entre revelación y otras acciones divinas

La revelación divina sobrenatural propia es distinta de la
a) Ciencia infusa, que es la manifestación de un conocimiento hecha directamente al hombre, sin que sea preciso
que el que habla transmita su pensamiento. De ahí que pueda darse sin locución directa y que el que reciba la ciencia infusa no tenga que saber de dónde le viene.
b) Visión beatifica, que es la elevación de la potencia
cognoscitiva para que ésta aprehenda el objeto propuesto,
en concreto, la captación directa e inmediata de Dios me- ·
diante el fumen gloriae.
e) Gracia de ilustración, que es un don divino mediante
el cual Dios mueve a la potencia cognoscitiva a pensar saludablemente en orden a la vida eterna, sin que de ello se siga
que el que recibe el don tenga conocimiento alguno de Dios
en base a este mismo don.
d) Profecía, que es un don por el que se conocen los planes divinos, pero que puede darse simplemente con el denominado instinto profético, sin advertir siempre y necesariamente su procedencia divina.
e) Inspiración bíblica, que es una ilustración divina sobrenatural del entendimiento del hagiógrafo y una moción
de su voluntad para escribir, de suerte que queda constitui:do en instrumento humano de Dios, autor principal del libro. Ello supone una asistencia divina continua en la ejecu-

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INTRODUCCION A LA TEOLOGIA


""'

ción de lo escrito para evitar error. Pero la inspiración no
conlleva sustancialmente el conocimiento de nuevas verdades por parte del autor humano, ni tampoco necesariamente
ady~rtencia de encontrarse bajo esa divina inspiración (Cfr.
LEé)NXUI, Providentissimus Deus, Dz 1952). ..
. f) Infalibilidad, que equivale a imposibilidad de,.equivocarse en el sujeto que es infalible, y que esencialmente consiste. en una asistencia divina para que el hombreno diga
error si se dan determinadas circunstancias. . ,_

.j4spectos de la revelación divina sobrenatural··

:Esta divina revelación es activa, si se consident-la acción
de; :Ó}os que revela; es pasiva, si atendemos a la irceptación
de Iic::Yerdad por parte del que escucha; es objetivtt si miraínof;:el
conjunto de las verdades reveladas.
.
' < ..
~'.

División de la revelación divina sobrenatural

. . ..
La revelación divina sobrenatural propia pJ.Jede ser:


a) Por razón de las verdades reveladas, sobrenatural sófó en~cuanto al modo, que se da cuando se trata de verdades
cognoscibles por la sola razón natural; y sobrenatural en
cuanto al modo y a la sustancia, cuando se refiere a verdades que, aun después de reveladas, superan a la razón humana, como son los misterios estrictamente dichos. ,
b) Por razón del modo cómo se nos revelan, puede ser
revelación inmediata, cuando la revelación se hace directamente al hombre, sin que exista ningún otro intermediario;
por ejemplo, la revelación hecha a los Apóstoles; o revelación mediata, cuando entre el que revela y el que .recibe la
revelación existe algún intermediario; por ejemplo, la revelación que Dios hace a los hombres mediante los Apóstoles.
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EXISTENCIA DE LA TEOLOGIA

La revelación inmediata puede ser sensitiva (o externa),
cuando se realiza por medio de signos externos; intelectiva
(o interna), cuando se da una iluminación directa del entendimiento; imaginativa cuando la revelación se transmite por
medio de la fantasía. En todo caso, en el hombre que recibe
la revelación se requiere un conocimiento cierto de la autoridad de Dios revelante, para que sea revelación testificante,
de tal manera que el hombre tenga conciencia de que Dios es
quien le habla y además exige de él.la aceptación por la fe.
e) Por razón del destinatario, la revelación puede ser.
pública, cuando st.~ dirige a todo el género humano; o privada, cuando se dirige a personas particulares, aunque sean
muchas. La teología se ocupa fundamentalmente de la revelación pública.

Sobrenaturalidad de la revelación

Aunque una de las divisiones ha sido revelación sobrenatural sólo en cuanto al modo y revelación sobrenatural en
cuanto al modo y en cuanto a la sustancia, se puede afirmar
que toda revelación divina, prescindiendo de la materia sobre la que verse, es estrictamente sobrenatural, ya que la sobrenaturalidad ha de tomarse no del objeto revelado, sino
del elemento formal de la revelación, es decir, el hecho de
que Dios se manifieste al hombre, cosa siempre indebida a
la naturaleza humana.
Debe tenerse esto en cuenta, ya que hay autores que distinguen entre revelación divina natural (o revelación impropia), a través· de la creación; revelación divina preternatural
(o sobrenatural sólo en cuanto al modo) y revelación divina
sobrenatural (sobrenatural en cuanto al modo y en cuanto a
la sustancia), que es la revelación de los misterios. Esta división se justifica sólo para distinguir bien, frente a los fideís-

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INTRODUCCION A LA TEOLOGIA

tas y tradicionalistas, los límites del entendimiento humano
para llegar por sí sólo al conocimiento de verdades religiosas, y frente a los racionalistas, para determinar qué verdades rebasan totalmente la capacidad de la razón humana.

Falsos conceptos de revelación
Hay quien emplea el término revelación, pero con un
contenido que prácticamente equivale a negarla. Así los empiristas, los idealistas y los modernistas.
En cuanto a los empiristas, consecuentes con sus principios, consideran la revelación como simple producto de
nuestros sentidos, o de nuestros afectos o de nuestra subconsciencia. Así Spencer, Compte y los neocomptistas como
Lévy-Bruhl. Por su parte los idealistas admiten el influjo de
Dios en el mundo y en el hombre, pero en cuanto a la revelación entienden que Dios, por providencia natural, inculca
ideas religiosas en personajes destacados -entre los que
enumeran por igual a Moisés, Buda y Jesucristo- quienes a
su vez promueven un movimiento de carácter ético. Así
Kant, para quien la revelación es «la voz de la conciencia»,
los neo kantianos y muchos protestantes modernos liberales,
como Schleiermacher, para quien la revelación viene a ser
una vivencia humana en relación con la religión y la dependencia de Dios, y como Sabatier para el cual es «el conocimiento progresivo de Dios que se manifiesta dentro de la
conciencia del hombre», y otros.
Finalmente el modernismo tiene su modo propio de explicar la revelación. Su doctrina se apoya en cinco principios: agnosticismo, inmanentismo, evolucionismo, simbolismo y americanismo o espíritu de adaptación a los tiempos
nuevos. Respecto a la revelación, consecuentes con su principio inmanentista, no la entienden como realidad venida
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EXISTENCIA DE LA TEOLOGIA

del exterior, sino como «la conciencia que el hombre adquiere de su relación con Dios» (IM 107). Así, por ejemplo,
Loisy. Para los modernistas la revelación no es más que la
manifestación de un impulso vital, fruto de la natural indigencia de lo divino en el hombre, que al contacto con lo incognoscible, que le sirve de acicate y estímulo, pasa del estado de la subconsciencia al de la conciencia.

4. La fe

Como. decíamos al principio de todo este capítulo, la
ciencia llamada teología presupone el ser sobrenatural, la
verdad sobrenatural, la revelación sobrenatural y la fe o
aceptación de las verdades reveladas por Dios. De esta última trataremos en el presente apartado.
La fe puede considerarse como un acto o como una disposición del alma equivalente a un hábito.· Como hábito es
la actitud permanente de aceptar las verdades de la revelación, y de este modo se convierte en un nuevo principio sobrenatural de conocimiento (IM 64) para percibir adecuadamente las verdades de ese ámbito divino. Es lo que se llama
la virtud de la fe, que se estudia detenidamente en el tratado
teológico sobre Las Virtudes.
Como acto la fe es un asentimiento de la mente a una
proposición, por la autoridad de Dios, que la ha revelado.
Es por tanto un acto que emite el entendimiento a modo de
afirmación de una verdad y tiene un fundamento sobrenatural: la gracia actual de Dios. El fundamento racional de ese
acto del entendimiento no es, sin embargo, un motivo intrínseco a la verdad a la que se asiente, sino la lógica de este
razonamiento: me adhiero a determinada verdad porque
Dios, verdad suma, la ha revelado. El acto de fe, por tanto,
sustenta su racionabilidad en dos supuestos: la veracidad o

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INTRODUCCION A LA TEOLOGIA

autoridad de Dios y el hecho de que Dios ha revelado determinada verdad. De la v~racidad y autoridad de Dios trata la
Teodicea, o teologia natural, que demuestra cómo Dios es
omnisciente, es veraz y por tanto tiene autoridad suprema.
Sobre la existencia del hecho de la revelación trata la Teologia fundamental. Una vez demostrada la existencia de dicha
revelación, el objeto de la fe como acto y de la teologia dogmática o teologia propiamente tal serán las verdades reveladas, asi como el objeto de la ciencia humana son las verdades adquiridas por via de raciocinio natural.
Que el acto de fe sea -como hemos dicho- un asentimiento de la mente a una proposición por la autoridad de
Dios que la ha revelado, o, lo que es lo mismo, el carácter
intelectivo del acto de fe y su apoyatura en Dios veraz que
revela, viene afirmado por el magisterio de la Iglesia. Asi,
en primer lugar, el concilio de Trento condenó la fe entendida como acto fiducial o de mera confianza en Cristo, según
defendian los protestantes, y declaró que la fe consiste en
creer las verdades reveladas por Dios (IM 369 y 539). Más
explicitamente el concilio Vaticano 1, además de reasumir la
doctrina del tridentino, enseña que el acto de fe es una sumisión (obsequium) del entendimiento y por ella creemos ser
verdadero lo que por Dios ha sido revelado, no por la intrinseca verdad de las cosas, percibida por la luz natural de la
razón, sino por la autoridad del mismo Dios que revela, el
cual no puede ni engañarse ni engañarnos (IM 58 y 74). Finalmente san Pío X declaró en el juramento antimodernista
que «la fe no es un sentimiento ciego de la religión que brot.a
de los escondrijos de la subconsciencia, bajo presión del·corazón y la inclinación de la voluntad formada moralmente,
sino un verdadero asentimiento del entendimiento a la verdad recibida por fuera, por oído., por el que creemos ser verdaderas las cosas que han sido dichas, atestiguadas y reveladas por el Dios personal, creador y señor nuestro, y lo cree. mos por la autoridad de Dios, sumamente veraz» (IM 192).
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EXISTENCIA DE LA TEOLOGIA

Propiedades del acto de fe*
Las cualidades o propiedades esenciales del acto de fe
-sin las cuales no sería tal- son: que es verdadero, que es
oscuro, que es cierto, que es libre, que es racional, que es
uno y que es sobrenatural.
1) El acto de fe es verdadero. El acto de fe teológica,
por su misma naturaleza, tiene que ser conforme tanto a la
inteligencia divina que revela alguna realidad, como a la
misma realidad objetivamente revelada. Efectivamente, ni
Dios puede revelar algo falso, pues como hemos visto «no
puede engañarse ni engañarnos», ni el asentimiento de la
mente humana, que es el acto de fe, puede recaer sobre una
revelación sólo aparente.
2) El acto de fe es oscuro. Oscuro es aquello que no es
evidente. Hay que aclarar el concepto de evidencia y sus divisiones para entender en qué sentido es oscuro el acto de fe.
La evidencia se dice tanto de un objeto sensible en cuanto
que es perceptible por los sentidos, como también del sujeto
y predicado de una proposición en cuanto que es perceptible
su nexo por el entendimiento. La evidencia de que aquí tratamos es de esta última.
* No ha de perderse nunca de vista que nuestro tratado es sólo una Introducción a la teología, y por lo mismo en ella no procede dar cabida a un
tratamiento de las cuestiones en la forma exigida para cuando los temas se
estudian en los tratados específicos. Efectivamente, las relaciones entre fe y
teología, pensamos deben ser expuestas y estudiadas bien en el tratado De
virtutibus, bien en el De revelatione. Respecto a la fe como rationabile obsequium ha de estudiarse en profundidad tanto en el De virtutibus, como
en la Apologética. Estimamos que el presente tratado no muestra tendencia
a reducir la teología a ser ciencia de las conclusiones; antes al contrario se
rechaza explícitamente esta opinión, sostenida por algún autor, y en el desarrollo mismo del libro se da claramente a entender que la misión de la
teología es mucho más amplia. Puede confirmarse lo dichq con sólo leer el
cap. IV dedicado a la metodología teológica.

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INTRODUCCION A LA TEOLOGIA

Esta conexión de sujeto y predicado puede ser perceptible por el entendimiento porque la verdad es clara en sí misma y entonces la evidencia es interna, o porque la verdad
queda atestiguada por una experiencia sensible que consta
con la misma certeza con que uno se adhiere a sus consecuencias racionales. En el primer caso se ve la razón de la
conexión entre el predicado y el sujeto, mientras en el segundo caso sólo se ve que existe esa conexión sin que se sepa su
razón interna.
Ahora bien, el acto de fe es oscuro porque en él no se da
ninguna de estas dos evidencias, ni la interna ni la externa.
Efectivamente el acto de fe teológica es un asentimiento de
la mente a una proposición por la autoridad de Dios. Pero
esta autoridad no da ninguna evidencia a la proposición
aceptada por la fe. No le da evidencia interna, porque esa
autoridad sólo afirma que existe conexión entre el predicado
y el sujeto, pero sin explicar el cómo de esta conexión; tampoco le da evidencia externa, porque la certeza del asentimiento es superior a la fuerza histórica o sensible del testimonio a su favor; por otra parte, si esta fuerza histórica diera evidencia externa y el entendimiento asintiera por la evidencia del atestante, resultaría que la fe ya dejaría de ser
asentimiento en base a la autoridad y se conviertiría en un
asentimiento de carácter científico al apoyarse en una consecuencia evidente7 •

7 Esta es la explicación de la oscuridad de la fe que nos parece más procedente. ~e dan a veces otras explicaciones. Algunos dicen que la oscuridad
de la fe estriba en el objeto que se cree, es decir, en la no evidencia de la cosa revelada; pero en este caso no se explicarla cómo es verdad de fe, y por
tanto necesariamente oscura, toda verdad revelada que a su vez pueda ser
conocida por la sola razón, por ejemplo, la existencia de Dios. Otros afirman que la oscuridad del acto de fe se basa en la inevidencia del atestante,
de suerte que, si resultara evidente tanto la autoridad del atestante como el
hecho mismo de la revelación, ya no habria fe, ni ésta sería libre, sino necesaria; pero de ser esto cierto los Apóstoles no hubieran podido hacer acto

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EXISTENCIA DE LA TEOLOGIA

3) el acto de fe es cierto. El acto de fe es cierto más que
todas his cosas, esto es, la firmeza del acto de fe es superior
a la firmeza de todo otro asentimiento natural. La certeza es
un asentimiento firme de la inteligencia por un motivo infaliblemente conexo con la verdad de la cosa.
Afirmamos que la certeza del acto de fe es superior a toda otra porque se da una adhesión más firme sin temor a
equivocarse, ya que la firmeza de la adhesión es fruto de la
gracia de Dios y por lo que respecta a las dimensiones racionales del acto, su motivo es la autoridad de Dios que revela,
que es la máxima que cabe pensar; en otros términos, porque se da una conexión más infalible con el objeto que en
ningún otro conocimiento, ya que, siendo Dios el que revela, ni puede engaiiarse, por ser infinitamente sabio, ni
engañarnos, por ser infinitamente veraz, y por eso el acto de
fe va siempre indefectiblemente unido con la verdad objetiva.
Siendo el acto de fe esencialmente cierto, no quiere ello
decir que se excluya la posibilidad de dudar, incluso la imprudente (así sucede en la evidencia intrínseca); pero sí se
excluye el miedo prudente de dudar, con lo cual se salva la
verdadera certeza. Ampliamos esta explicación.
El asentimiento del acto de fe, en cuanto a la imposibilidad de dudar, no es más firme que todo otro conocitniento
natural, ya que el que procede de la evidencia perfecta e intrínseca excluye hasta la duda imprudente. Y en la fe, como
hemos visto, no )lay evidencia perfecta e intrínseca.
El asentimiento del acto fe, en cuanto a la adhesión, es
de fe sobre lo que Jesucristo les revelaba, ya que ellos tenían evidencia del
atestante, y una cosa es creer por la evidencia del atestante en cuyo caso la
fe es un asentimiento científico y no de autoridad, y otra cosa muy distinta
es creer con la evidencia en el atestante, en cuyo caso el asentimiento es fe
de autoridad. Además, del hecho de la evidencia de que Dios haya revelado
algo, se deriva que ese revelado es no sólo creíble, sino incluso verdadero,
pero no se deduce que ese revelado sea para uno intrínsecamente evidente.

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INTRODUCCION A LA TEOLOGIA

más firme que todo otro conocimiento natural, incluso el de
evidencia, porque la firmeza del asentimiento estriba en el
motivo y el motivo del acto de fe es la autoridad de Dios que
es el mayor de todos los motivos pensables.
El asentimiento del acto de fe, en cuanto a la infalibilidad, es más firme que todo otro conocimiento natural, incluso el de evidencia, ya que el acto de fe va necesariamente
unido con la verdad objetiva, porque el motivo de su adhesión es la autoridad de Dios, sumamente sabio y sumamente
veraz.
4) El acto de fe es libre. Antes de que el entendimiento
realice el acto de fe, es imprescindible que tenga conocimiento de la autoridad de Dios y del hecho de que Dios haya
revelado esta o aquella verdad. Ahora bien, conocidas estas
dos cosas, ¿asiente el entendimiento de modo necesario, o
continúa siendo libre para asentir o abstenerse (libertad de
ejercicio) o para asentir o disentir (libertad de especificación)? Hay que responder afirmando que el acto de fe es
esencialmente libre, y por ello tiene que ser movido próxima
e inmediatamente por la voluntad para que emita el acto de
fe, y hasta tal punto es esto así, que si el acto de fe no se hiciera en esa forma -es decir, libremente-, dejaría de ser
acto de fe teológica.
La razón radica en que el acto de fe es esencialmente un
asentimiento voluntario de la mente a una verdad, motivado
-aunque no causado.:_ por la garantía del testimonio divino a
su favor. Ahora bien, la autoridad como tal no hace evidente lo que revela, mientras que por otra parte el entendimiento sólo se mueve necesariamente a asentir ante la evidencia
de lo que se le propone. Quiere ello decir que necesita ser
movido al asentimiento por impulso de la voluntad de una
manera directa o inmediata. Es decir que, aunque la facultad o potencia que realiza el acto de fe es el entendimiento,
existe en cambio una facultad, que es la voluntad, que lo impera, como ocurre en los demás actos voluntarios y libres.

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EXISTENCIA DE LA TEOLOGIA

Precisamente porque el acto de fe es esencialmente libre,
puede tener carácter meritorio, eso sí, bajo el influjo de la
gracia divina.
5) El acto de fe es racional. Aunque el acto de fe es esencialmente oscuro, y es imperado por la voluntad, ésta no actúa ciegamente sino que se basa en unos motivos ciertos que
hacen que el obsequio de la fe sea razonable. Efectivamente,
el acto de fe, que es un asentimiento firme a verdades no evidentes, no puede imponerse razonablemente al entendimiento, si previamente no se excluye toda posible duda sobre el hecho de que Dios haya revelado tales verdades, no
bastando para ello una noticia sólo probable de la existencia
de tal hecho de la revelación. Este conocimiento cierto no es
necesario que lo sea con una certeza científica y total (que es
la que se obtiene mediante el estudio de la llamada Apologética), sino que es suficiente con que sea vulgar y relativa, caso que se da en la mayoría de las personas, cuyo asentimiento de fe se apoya en el testimonio de los propios padres (así
los niños) o simplemente de los sacerdotes (así los feligreses
de una parroquia).
Ni los argumentos apologéticos en unos casos ni el testimonio de padres y sacerdotes en otros son la razón formal
por la que se emite el acto de fe, sino que éste siempre se dcará por la autoridad de Dios. Argumentos apologéticos y testimonios sí son necesarios para dar la seguridad de que efectivamente Dios ha revelado, y para otorgar -como decimos- la racionabilidad al acto de fe.
6) El acto de fe es uno. Quiere esto decir que el acto de fe
es indivisible, debiendo creerse todas las verdades reveladas
por Dios con la misma firmeza. En este sentido no cabe distinguir entre unas y otras verdades, si han sido reveladas por
Dios, ni por razón de la importancia, ni por razón de su mayor o menor comprensibilidad. El motivo de esta unidad o
indivisibilidad está en la razón formal del acto de fe que es el
mismo en todos los casos: la autoridad de Dios.
39

INTRODUCCION A LA TEOLOGIA

7) El acto de fe es sobrenatural. La sobrenaturalidad del
acto de fe proviene de varios motivos. En primer lugar.de
que el hecho de que Dios revela algo al hombre es indebido a
la naturaleza humana; en segundo lugar porque el objeto de
la fe, que ha de tomarse como hemos visto de un modo indivisible, incluye verdades que están por encima de la capacidad del entendimiento humano, es decir, son misterios estrictamente tales; en tercer lugar porque el fin de la fe y de la
revelación es sobrenatural, toda vez que es la visión beatífica de Dios, la cual excede la capacidad de la naturaleza humana; en cuarto y último lugar, por razón de la gracia actual, que es necesaria para emitir todo acto de fe, cosa que
se estudia en el tratado acerca de las Virtudes.

Conceptos erróneos de la fe

1) Los protestantes. Los reformadores, con Lutero a la
cabeza, distinguen entre fe fiducial y fe histórica. Esta consiste en el conocimiento de los hechos de la Escritura, y
aquélla en la confianza ilimitada en los merecimientos de
Cristo. La fe histórica no sirve para la salvación, la fe fiducial sí. De ahí que la fe saludable, según ellos, no radica en
el entendimiento, sino en la voluntad.
2) Los racionalistas niegan la posibilidad del asentimiento de la inteligencia a cualquier verdad religiosa, incluso de orden natural, por ser de carácter transcendente y exceder el ámbito de la razón pura, cayendo en el campo de la
razón práctica, como sostenía Kant, o del sentimiento, como afirmaba Schleiermacher.
3) Los semirracionalistas distinguen dos clases de fe: la
fe libre, que procede de la gracia y la fe necesaria, que deriva del conocimiento. Esta fe necesaria afirman que debe-ser
intelectual, pero sólo cuando se ha logrado un conocimiento

40

EXISTENCIA DE LA TEOLOGIA

verdaderamente científico de las verdades religiosas reveladas, incluidos los misterios estrictamente dichos. Ya vimos
que este planteamiento destruye la sobrenaturalidad de los
misterios, pero además desvirtúa el carácter razonable de la
fe que no estriba en el conocimiento científico de las verdades, sino en que el asentimiento se otorga a las verdades religiosas por el razonable motivo de la autoridad de Dios que
revela.
4) Los modernistas incluyen todo lo relacionado con la
religión en la que ellos llaman conciencia religiosa, fruto de
una concepción inmanentista que trata de satisfacer las aspiraciones profundas del hombre hacia Dios mediante impulsos subconscientes. Los modernistas, de este modo, además
de malentender el concepto de revelación, como ya vimos en
su momento, no entienden la fe como asentimiento de la
mente por razón de la autoridad de Dios que revela.
5) Los existencialistas, programáticamente antiintelectualistas, interpretan la fe como un encuentro con Dios. A este Dios ni se le conoce ni se le puede conocer. Aparte de negar
la objetividad de la fe, el existencialista rechaza el concepto
del acto de fe como asentimiento de la razón. Algunos autores protestantes, como K. Barth, de acuerdo con este planteamiento existencialista, interpretan la fe fiducial de los primitivos reformadores como una confianza en alguien que nunca
se podrá saber quién es. Este modo de explicar la fe, por una
parte niega que la fe sea un asentimiento intelectual (concepto católico), ya que toda la revelación y Dios mismo revelante
están envueltos en el más oscuro misterio, dado que las nociones humanas en modo alguno pueden ser predicadas de Dios
(esto es consecuencia del concepto de analogía que esta postura tiene); por otra parte priva al acto de fe de la firmeza que
le atribuían los antiguos reformadores.
Influidos por esta tendencia existencialista y vitalista, algunos autores católicos entienden la fe principalmente como
unión personal del hombre .con Dios a través de Jesucristo,
41

INTRODUCCION A LA TEOLOGIA
1

considerando como secundario el asentimiendo a un cuerpo
de verdades. Según ellos, la fe es contacto vital con Dios que
conlleva esperanza y caridad y que configura la vida misma.
Ya se ve que estos autores confunden el acto de fe, que es
constitutivamente un asentimiento de la mente a un cuerpo de
verdades reveladas por Dios, con la virtud de la fe informada
por la caridad o fe viva.

42

Capítulo 11
NATURALEZA DE LA TEOLOGIA.

Es ciencia
Hasta aquí hemos venido hablando de la teología sobrenatural y ha quedado en claro la existencia de la misma. Se
trata ahora de ver si esta teología sobrenatural es verdadera
ciencia y, en caso afirmativo, en qué sentido lo es.
Para algunos modernos la ciencia es tal en cuanto se
apoya en el fenómeno empírico. Es claro que este modo de
entender la ciencia no cuadra a la teología. Pero, estrictamente hablando, tampoco cuadraría a las ciencias históricas, que en muchos casos sólo se apoyan en el testimonio
humano, ni a las ciencias filosóficas, que tratan de objetos
suprasensibles, ni a las matemáticas, que generalmente se
basan en la pura deducción. Otro es el concepto de ciencia
que tiene Aristóteles: para él es un conocimiento demostrable por evidencia intrínseca y que muestra las conclusiones
por sus propias causas. A primera vista, el concepto aristotélico de ciencia tampocQ parece encajar a la teología, ya que
es obvio que sin evidencia de los principios no se puede tener
evidencia de las conclusiones. Esta dificultad aparente hizo
que muchos teólogos, antes de santo Tomás, negaran a la
teología el título de verdadera ciencia.
Según parece, fue el propio santo Tomás el primero en
defender el carácter científico, en el sentido aristotélico, de
43

INTRODUCCION A LA TEOLOGIA

la teología 1• Para ello el angélico distingue entre ciencia subalternante y subalternada. Una y otra están relacionadas y
se contradistinguen: la ciencia subalternante es aquella a la
que se subordina la subalternada. Ciencia subalternante es
aquella cuyos principios son evidentes en la misma ciencia, y
subalternada es aquella que tiene sus principios aceptados
de otra ciencia superior. La teología sobrenatural es verdadera ciencia, por cuanto tiene principios certísimos -los artículos de la fe- ofrecidos por la revelación sobrenatural.
Ahora bien, la teología sobrenatural no es ciencia subalternante, sino subalternada, ya que sus principios, aunque son
certísimos, no son intrínsecamente evidentes para nosotros,
sino recibidos de la ciencia subalternante de Dios y de los
bienaventurados del cielo, para quienes dichos principios sí
son evidentes.
La ciencia subalternada puede encontrarse unida a la
subalternante en un mismo sujeto o separada de ella. En el
primer caso la ciencia subalternada puede tener evidencia de
las conclusiones en sus principios, por la luz que recibe de la
ciencia subalternante. En dicho caso la ciencia subalternada
es ciencia perfecta en cuanto a la sustancia y en cuanto al
modo. Por ejemplo, la arquitectura es una ciencia subalternada respecto a la ciencia matemática que es la subalternante. Para un arquitecto, que conoce bien los teoremas matemáticos en sí mismos, su conocimiento de las aplicaciones
arquitectónicas será perfecto. Pero si la ciencia subalternada se encuentra separada de la subalternante, entonces no
cabe evidencia ni de los principios, ni de las conclusiones, y
por eso es ciencia, pero imperfecta en cuanto al modo. La
teología sobrenatural es ciencia subalternada separada en
1 Santo Tomás estudia gradualmente el tema de la teología sobrenatural
especulativa como ciencia: primero en su comentario al Maestro de las Sentencias (In IV Sentent., Pro/. q.l), más adelante en el comentario a la obra
de Boecio sobre La Trinidad (In Boethium De Trinit., q.2) y finalmente en
los comienzos de la Suma Teológica (1, q.l, a.2).

44

NA TU RALEZA DE LA TEOLOGIA

nosotros de la ciencia subalternante. Por eso la teología sobrenatural no ofrece evidencia ni de los principios ni de las
conclusiones, y es en nosotros ciencia imperfecta en cuanto
al modo, aunque perfecta en cuanto a la sustancia. Es imperfecta en cuanto al modo, porque los principios -los artículos de la fe- los tenemos mediante la fe divina, que hace de sustitutivo temporal de la visión clara de Dios y de la
visión beatífica de los bienaventurados. Estos sí tienen la
ciencia subalternada unida a la subalternante y por eso tienen ciencia perfecta en cuanto a la sustancia y en cuanto al
modo. En ellos la fe se ve reemplazada por la visión intuitiva y entonces tanto los principios como las conclusiones les
son evidentes. Para la ciencia subalternada separada, como
es la teología sobrenatural en nosotros, sólo es evidente el
nexo entre los principios y las conclusiones.
Entendida así la teología sobrenatural como ciencia subalternada separada, y por tanto imperfecta, cabe hacer algunas puntualizaciones:
1) La teología sobrenatural es una ciencia en sentido
aristotélico, y por tanto es un conocimiento deductivo, «conocimiento a través de las causas». Por lo tanto su función
primordial no es de carácter filológico y exegético, sino que
consiste en la mejor intelección del dato revelado en orden a
explicitar en las conclusione~ lo que se encuentra en los principios o artículos de fe. El estudio e interpretación de textos
está al servicio de esa mejor inteligencia del dato revelado.
2) La teología sobrenatural, por consiguiente, es discursiva y por lo mismo su género de demostración es similar al
de las ciencias filosóficas. En cuanto que discursiva, la teología sobrenatural es ciencia formalmente natural, ya que de
por sí y en su función es natural. La sobrenaturalidad de la
teología proviene de la fe y de los principios que, como hemos dicho, son los artículos de la fe.
3) Puede por tanto distinguirse un triple modo de conocer las verdades sobrenaturales: a) la visión beatífica, que es
45

INTRODUCCION A LA TEOLOGIA

conocimiento intuitivo, inmediato y perfectísimo de Dios y
de todos sus inteligibles; b) la fe, que es conocimiento oscuro, mediato, pero cierto de las verdades sobrenaturales al
fundamentarse en la autoridad de Dios relevante; e) la teología, que es un conocimiento oscuro, por la inevidencia de
sus principios y de las conclusiones a las que llega, pero
científico por la evidencia perfecta del nexo entre los principios y las conclusiones.
La teología sobrenatural, ciencia positiva y ciencia
especulativa

El concepto de la teología sobrenatural como ciencia en
el sentido aristotélico, según la explicación de santo Tomás,
subraya la función especulativa esencial de la teología en orden a deducir conclusiones del dato revelado, por analogía
con las ciencias filosóficas. Ahora bien, esta labor deductiva, aun siendo diferenciante, no agota las funciones de la
teología sobrenatural. Esto no lo ignoraba tampoco el Angélico, quien sabía que todo el empeño deductivo había de
apoyarse en el dato revelado, y éste es un hecho histórico.
Por lo mismo se hace necesaria y previa a la especulativa deductiva una función inductiva, por analogía con las ciencias
históricas, en orden a establecer ese dato revelado. Estas
ciencias históricas, como otras ciencias de carácter más o
menos empírico, se acomodan a un concepto de ciencia más
amplio que el aristotélico y que podría describirse como un
sistema armónico de conocimientos particulares, ordenados
de acuerdo con unas normas fijas orientadas en una dirección única valiéndose de alguna de las categorías válidas de
demostración. Así pues, la teología sobrenatural es ciencia
especulativa en el sentido aristotélico y también ciencia positiva en el sentido explicado.
Como ciencia positiva la teología sobrenatural investiga
en la Tradición y en la Sagrada Escritura, para llegar a co46

NATURALEZA DE LA TEOLOGIA

nocer las verdades reveladas y el sentido de lo que Dios quiso revelarnos acerca de El y de sus operaciones, teniendo como norma inmediata el Magisterio de la Iglesia, cuyos documentos son objeto también de esta función positiva, en orden a establecer el valor que la Iglesia ha dado a cada uno de
los conceptos en que se expresa el dato revelado. Se trata
por tanto de una labor inductiva, que penetra los datos concretos que aportan las fuentes y que tiene en cuenta, para su
interpretación correcta, tanto la literatura patrística como la
tradición teológica así como el Magisterio de la Iglesia. Según esto, la teología sobrenatural es ciencia inventiva, en
cuanto que indaga y busca su objeto y sus propios principios, demostrándolos e interpretándolos, al modo como las
ciencias empíricas y más en concreto la historia actúan en
sus campos .específicos. Entendemos que los artíc1,llos de la
fe existen y ha de demostrarse su existencia, aunque su esencia sea indemostrable.
Como ciencia especulativa, -llamada también escolástica por ser en la época de la Escolástica cuando alcanzó su
máximo esplendor y porque su estructura interna pervive de
algún modo en la teología especulativa-, la teología sobrenatural trata de internarse profundamente en la naturaleza
misma de las verdades reveladas para lograr su conocimiento científico. Respondiendo, como hemos dicho, de modo
pleno al concepto aristotélico de ciencia, toma los artículos
de fe como primeros principios, y por vía deductiva llega a
sacar conclusiones bien por razones metafísicas, bien por
razones físicas, sobre la base de la filosofía perenne. Precisamente en los dos apartados siguientes estudiaremos tanto
los principios de la teología sobrenatural como sus conclusiones. Sin embargo, antes de proceder a ello, valga decir
una vez más que la teología sobrenatural, ora positivoinductiva, ora especulativo-deductiva, siempre se desenvuelve en el ámbito de la fe, premisa de todo quehacer teológico.

47

INTRODUCCION A LA TEOLOGIA

Los artículos de la fe, principios de la ciencia teológica

Como ciencia especulativa, la teología sobrenatural tiene como principios, según santo Tomás, losllamados artículos de la fe. Hemos de determinar ahora cuáles son estos
artículos y de qué modo son principios de esta ciencia. En
cuanto a lo primero, se diversifican las opiniones de los teólogos. Unos consideran artículos de fe a estos efectos sólo a
las dos verdades requeridas por el autor de la Carta a los
Hebreos para la salvación de cualquier persona (cfr. Hebr
11, 6): la existencia de Dios y que Dios premia a los buenos y
castiga a los malos; estiman estos autores que en los citados
artículos se halla contenida implícitamente toda la revelación. Sin embargo, no se ve claro cómo en esas dos verdades
estén incluidas todas las otras verdades de la revelación.
Otros defienden que artículos de la fe como principios de la
teología especulativa son únicamente los doce primeros artículos del símbolo apostólico. No se ve, empero, el motivo
de semejante reducción. Unos terceros amplían el concepto
a todas las verdades explícitamente reveladas. Una cuarta
opinión sostiene que son artículos de la fe para el caso todas
las verdades reveladas, tanto explícita como implícitamente,
apoyándose en que la razón formal de todas ellas es la misma: el hecho de que Dios las haya revelado.
Viene a propósito aclarar que hay verdades formalmente
reveladas y virtualmente reveladas. Se dice que una verdad
ha sido formalmente revelada, cuando ésta ha sido revelada
en cuanto tal, o por sí misma. Ahora bien, Dios puede revelarnos formalmente una verdad ora de modo directo, y entonces revela explícitamente, ora de modo indirecto, y entonces revela implícitamente. Según esto, una verdad formal y explícitamente revelada es aquella que se encuentra
expresamente manifestada por Dios en su revelación; una
verdad formal e implícitamente revelada es aquella que se
encuentra incluida en la explícitamente revelada de tal suer48

NA TU RALEZA DE LA TEOLOGIA

te que, conocida ésta se conoce aquélla. Esta implicitación
se produce por varias vías: como se encuentra la definición
en lo definido, la parte en el todo, el correlativo en el relativo y la conclusión en las premisas, siempre que éstas estén
todas formalmente reveladas. Así, por ejemplo, que el nacimiento de Jesucristo fue en Belén es una verdad formal y explícitamente revelada. Que Dios quiere la salvación de una
persona determinada, es una verdad formal pero implícitamente revelada, ya que lo explícitamente revelado es que
«Dios quiere que todos los hombres se salven» ( 1 Tim 2, 4),
y lo singular está contenido en lo universal como la parte en
el todo. Por tanto, la cuarta opinión considera artículos de
fe y primeros principios de teología todas las verdades reveladas formalmente, tanto explícitas como implícitas, en el
sentido explicado.
Hay también otras verdades que Dios no ha revelado en
cuanto tales, ni explícita ni implícitamente, pero que el
hombre deduce de una verdad formalmente revelada usando también un conocimiento de su propia razón natural y,
de este modo, una vez conocido una verdad sobrenatural
por vía de revelación, se concluye por radocinio una verdad
de carácter filosófico. Así, conocido por revelación que en
Jesucristo hay dos naturalezas perfectas, divina y humana,
pero una sola Persona divina, se deduce que hay distinción
real entre naturaleza humana individual perfecta y persona
humana individual. Este tipo de verdades filosóficas, deducidas por raciocinio natural de otras verdades reveladas, se
denominan conclusiones teológicas, y se dice de las mismas
que en cierto modo han sido reveladas por Dios, pero sólo
virtualmente, ya que se encuentran de alguna manera incluidas en las verdades formalmente reveladas. Estrictamente
hablando no han sido reveladas por Dios, sino que son el resultado de la teología especulativa. Esto no quiere decir nada contra su verdad y su certeza, puesto que su vinculación
con las verdades formalmente reveladas es tan íntima y legítima que, si se negaran estas conclusiones habría que negar
49

INTRODUCCION A LA TEOLOGIA

también las verdades reveladas formalmente de las que se
han deducido. De estas conclusiones teológicas, fruto de la
teología especulativa, hablaremos en el siguiente apartado.
Habíamos de determinar cuáles eran los artículos de la
fe principios de la teología y cómo son principios de esta
ciencia. En cuanto a lo primero, la anterior exposición nos
inclina a considerar como tales artículos de fe los defendidos por la cuarta opinión, es decir, todas las verdades reveladas formalmente, tanto explícita como implícitamente,
puesto que en todas ellas se da la razón formal definitiva
que es el hecho de su revelación divina sobrenatural. Hay
que explicar ahora de qué modo estos artículos de la fe son
principios de la ciencia teológica.
Algunos autores, en ·línea con santo Tomás, defienden
su legitimidad como principios de la teología sobrenatural
apoyándose en el hecho de que dichos articulos de fe no son
evidentes para nosotros, pero sí lo son en sí mismos.
Otra vía de explicación parte de la distinción de los principios bien como verdades en sí mismas, bien como tales
principios. En el primer aspecto es claro que para fundamentar una ciencia auténtica se precisa que sean principios
efectivamente verdaderos y que tengan una evidencia, si no
en sí mismos al menos por su reducción a algún principio
evidente. En el segundo aspecto, es decir, la consideración
de los principios en su funcionalidad de tales, lo único que
precisan es ser poseídos con certeza, nó afectando al caso si
ésta se apoya en la evidencia o en la autoridad, máxime si esta autoridad es la de Dios revelante que es motivo de certeza
superior a cualquier otro imaginable. P.or consiguiente, según este planteamiento que también nos parece legítimo, los
artículos de la fe son principios de la ciencia teológica sobrenatural en cuanto que son soportes y puntos de arranque
ciertos, por autoridad divina, para elaborar un proceso
científico totalmente válido. Este es el caso de la.i'eología sobrenatural especulativa, verdadera ciencia, aunque siempre
supeditada a la divina autoridad.
50

NATURALEZA DE LA TEOLOGIA

Las conclusiones teológicas
Empecemos advirtiendo que hay que partir de la base de
que la teología se hace desde la fe, pero, en su función racional, esa misma teología no es ajena o diferente al proceso de
la dialéctica y lógica de las ciencias humanas. Dicho de otro
modo, la razón teológica necesita ser creyente mientras deduce y no sólo en el punto de partida; pero aunque la teología haya de hacerse desde la fe y con fe, ello no quiere decir
que no sea una ciencia meramente humana. Ahora bien, las
conclusiones de toda ciencia especulativa en sentido aristotélico tienen que ser evidentes. Las conclusiones de la ciencia teológica sobrenatural especulativa se denominan, como
hemos visto, conclusiones teológicas y habrán de tener por
tanto una verdadera evidencia. Por otra parte, es claro que
de unos principios que no son evidentes para nosotros, como son los artículos de la fe, no pueden deducirse conclusiones teológicas evidentes en cuanto a nosotros. ¿Qué evidencia tienen para que se mantengan dentro del marco de la
ciencia especulativa aristotélica?
Habrá que distinguir dos modos de evidencia en una
conclusión: la evidencia del nexo interno (que se llama consecuencia) entre las premisas y la conclusión, y la evidencia
del consecuente, que es la conclusión en cuanto tal. Es obvio
que en las conclusiones teológicas se da la evidencia de corzsecuencia, ya que su proceso está sometido a las mismas leyes dialécticas del conocimiento natural. Aunque los presupuestos o principios sean sobrenaturales -como ya repetidamente hemos dicho- el proceso discursivo es totalmente
natural y se rige por las normas de la lógica filosófica. ¿Se
da también la evidencia del consecuente? Hay que responder que si el principio o antecedente, por ser verdad de fe es
esencialmente oscuro, el consecuente, incluido de alguna
manera en aquel principio, tendrá también oscuridad. Sin
embargo no se trata de una oscuridad absoluta ytotal. Efec51


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