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Hush Hush Becca Fitzpatrick .pdf



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Saga Hush Hush

Hush, Hush
Becca Fitzpatrick

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Sinopsis

Para Nora Grey, el romance no era parte del plan. Ella nunca se había sentido
particularmente atraída hacia los chicos de su escuela, sin importar lo mucho que su mejor
amiga, Vee, los empujara hacia ella. No hasta que Patch llegó a su vida. Con su sonrisa fácil y
ojos que parecen ver dentro de ella, Nora se siente atraída hacia él, en contra de todos sus
instintos.
Pero después de una serie de aterradores encuentros, Nora no sabe en quien confiar. Patch
parece estar donde quiera que esté ella, y saber más sobre ella que sus amigos más cercanos.
Ella no sabe si correr hacia sus brazos o correr y esconderse. Y cuando intenta encontrar
algunas respuestas, se acerca a una verdad que es mucho más incomoda que todo lo que
Patch la hace sentir.
Nora esta justo en medio de una antigua batalla entre los inmortales y aquellos que han
caído- y cuando tiene que escoger un bando, la elección equivocada le costará su vida.

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Prólogo
Valle Del Loira, Francia
Noviembre 1565
Chauncey estaba con la hija de un granjero en los bancos de hierba del río Loira cuando
llegó la tormenta, y habiendo dejado que su montura vagara por la pradera, no tenía más
que sus pies para que lo llevaran de vuelta al castillo. Arrancó una hebilla de plata de su
zapato, la colocó sobre la palma de la chica y la vio marcharse, escurridiza, el barro
manchándole las faldas. Después se colocó bien las botas y salió de camino a casa.
Llovía a cántaros en la campiña oscura que rodeaba el castillo de Langeais. Chauncey
caminaba con facilidad sobre las tumbas hundidas y el humus del cementerio; incluso en
la niebla más espesa podía encontrar su camino de vuelta a casa desde aquí sin perderse.
Esa noche no había niebla, pero la oscuridad y la arremetida de la lluvia engañaban lo
suficiente.
Chauncey percibió movimiento por el rabillo del ojo, y giró de repente la cabeza a la
izquierda. Lo que a simple vista parecía ser un gran ángel coronando un monumento
cercano se irguió hasta alcanzar plena altura. Ni de piedra ni de mármol, el chico tenía
brazos y piernas. Su torso estaba desnudo, sus pies también, y pantalones de campesino
colgaban bajos de su cintura. Saltó del monumento, su pelo negro goteando lluvia. Ésta
corría por su cara, que era oscura como la de un español. La mano de Chauncey reptó
lentamente hasta la empuñadura de su espada.
- ¿Quién anda ahí?
La boca del chico dibujó una leve sonrisa.
- No juguéis con el Duque de Langeais. - Advirtió Chauncey - He preguntado vuestro
nombre. Dadlo.
- ¿Duque? - El chico se apoyó contra un álamo retorcido - ¿O bastardo?
Chauncey desenvainó su espada.
- ¡Retiradlo! Mi padre era el Duque de Langeais. Yo soy el Duque de Langeais ahora. Añadió torpemente, y se maldijo por ello.
El chico sacudió la cabeza perezosamente.
- Tu padre no era el antiguo duque.
Chauncey bulló de furia ante el escandaloso insulto.
- ¿Y tu padre? - Exigió extendiendo la espada. Todavía no conocía a todos sus vasallos,
pero estaba aprendiendo. Se grabaría el nombre de la familia de este chico en la
memoria - Lo preguntaré una vez más. - Dijo en voz baja, restregándose una mano contra
el rostro para apartar la lluvia - ¿Quién eres?
El chico se adelantó y apartó el filo a un lado. De pronto parecía mayor de lo que

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Chauncey había presupuesto, tal vez incluso un año o dos mayor que Chauncey.
- Uno de la prole del Diablo. - Respondió.
Chauncey sintió un vuelco de miedo en el estómago.
- Eres un maldito lunático. - Dijo entre dientes - Sal de mi camino.
El suelo debajo de Chauncey tembló. Explosiones de oro y grana aparecieron detrás de
sus ojos. Encorvado, con sus uñas clavándose en sus muslos, alzó la vista al chico,
parpadeando y jadeando, intentando comprender lo que estaba pasando. La cabeza le
daba vueltas como si ya no estuviera a sus órdenes.
El chico se agachó para ponerse a la altura de sus ojos.
- Escucha con atención. Necesito algo de ti. No me iré hasta que lo tenga. ¿Entiendes?
Apretando con fuerza los dientes, Chauncey sacudió la cabeza para expresar su
incredulidad ―su desafío. Intentó escupirle al chico, pero la saliva le corrió por la
barbilla, su lengua negándose a obedecerle.
El chico apretó sus manos en torno a las de Chauncey; su calor le abrasó y gritó.
- Necesito tu juramento de lealtad. - Dijo el chico - Póstrate sobre una rodilla y júralo.
Chauncey ordenó a su garganta reírse ásperamente, pero su garganta se constriñó y se
ahogó en el sonido. Su rodilla derecha cedió como si le hubieran dado una patada desde
atrás, aunque allí no había nadie, y cayó hacia delante sobre el barro. Se cayó de lado e
hizo arcadas.
- Júralo. - Repitió el chico.
El calor subió por el cuello de Chauncey; hizo falta toda su energía para doblar sus manos
en dos débiles puños. Se rió de sí mismo, pero allí no había humor. No tenía ni idea de
cómo, pero el chico estaba infligiendo la náusea y la debilidad en su interior. No se irían
hasta que hiciera el juramento. Diría lo que tenía que decir, pero en su corazón juró que
destruiría al chico por esta humillación.
- Señor, me convierto en vuestro hombre. - Dijo Chauncey con voz envenenada.
El chico puso de pie a Chauncey.
- Encuéntrate conmigo aquí al comienzo del mes hebreo de Cheshvan. Durante dos
semanas entre las lunas nueva y llena, necesitaré tu servicio.
- ¿Una... quincena? - Todo Chauncey tembló ante el peso de su furia - ¡Yo soy el Duque
de Langeais!
- Eres un Nephil. - Dijo el chico con un atisbo de sonrisa.
Chauncey tenía una réplica profana en la punta de la lengua, pero se la tragó. Sus
siguientes palabras fueron dichas con un veneno helado.
- ¿Qué has dicho?
- Perteneces a la raza bíblica de los Nephilim. Tu verdadero padre era un ángel que cayó
del paraíso. Eres medio mortal. - Los ojos oscuros del chico se alzaron, encontrándose
con los de Chauncey - Medio ángel caído.
La voz del tutor de Chauncey llegó desde los más recónditos recovecos de su mente,
leyendo pasajes de la Biblia, hablándole de una raza desviada creada cuando ángeles
expulsados del paraíso se aparearon con mujeres mortales. Una raza terrible y poderosa.

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Un escalofrió que no era exactamente de repulsión se extendió a través de Chauncey.
- ¿Quién eres?
El chico se dio la vuelta, marchándose, y, aunque Chauncey quería ir detrás de él, no era
capaz de hacer que sus piernas sostuvieran su peso. Arrodillado allí, parpadeando a
través de la lluvia, vio dos gruesas cicatrices en la espalda del torso desnudo del chico. Se
estrechaban para formar una V al revés.
- ¿Eres... caído? - Le gritó - Tus alas han sido arrancadas, ¿verdad?
El chico ―ángel― quienquiera que fuera, no se dio la vuelta. Chauncey no necesitaba la
confirmación.
- Este servicio que voy a proporcionar. - Gritó - ¡Exijo saber lo que es!
El aire resonó con la risa grave del chico.

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Capítulo 1
Coldwater, Maine
Día presente
Entré en Biología y me quedé con la boca abierta. Misteriosamente adherida a la pizarra
estaba una muñeca Barbie, con Ken a su lado. Habían sido obligados a unir los brazos y
estaban desnudos excepto por hojas artificiales situadas en algunas zonas estratégicas.
Garabateado sobre sus cabezas en gruesas letras rosas de tiza estaba la invitación:
BIENVENIDOS A LA REPRODUCCIÓN HUMANA (SEXO)
A mi lado, Vee Sky dijo:
- Ésta es exactamente la razón por la que el instituto prohíbe móviles con cámara. Fotos
de esto en eZine serían toda la prueba que necesito para hacer que la cámara de
educación cortara por lo sano con la Biología. Y entonces tendríamos esta hora para
hacer algo productivo... como recibir tutorías individuales de chicos mayores monos.
- ¿Cómo, Vee? - Dije. - Habría jurado que estabas esperando con ansias esta unidad todo
el semestre.
Vee bajó las pestañas y sonrió torvamente.
- Esta clase no va a enseñarme nada que no sepa ya.
- ¿Vee? ¿No eres virgen?
- No tan alto. - Guiñó el ojo justo cuando sonó el timbre, enviándonos a las dos a
nuestros asientos, que estaban al lado en nuestra mesa compartida.
El Entrenador McConaughy cogió el silbato que colgaba de una cadena de su cuello y
sopló.
- ¡A vuestros asientos, equipo! - El Entrenador consideraba enseñar Biología de décimo
curso un deber secundario a su trabajo como entrenador del equipo de baloncesto, y
todos lo sabíamos - Tal vez no se os haya ocurrido, chicos, que el sexo es más que un
viaje de quince minutos al asiento trasero de un coche. Es ciencia. ¿Y qué es la ciencia?
- Aburrida. - Gritó un chico del fondo de la clase.
- La única clase que suspendo. - Dijo otro.
Los ojos del Entrenador rastrearon la primera fila, deteniéndose sobre mí.
- ¿Nora?
- El estudio de algo. - Dije.
Se acercó y golpeó el dedo índice sobre la mesa delante de mí.
- ¿Qué más?
- Conocimiento adquirido a través de la experimentación y la observación. - Encantador.

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Sonaba como si estuviera en una audición para el audiolibro de nuestro libro de texto.
- Con tus propias palabras.
Toqué mi labio superior con la punta de la lengua y busqué un sinónimo.
- La ciencia es una investigación. - Sonaba como una pregunta.
- La ciencia es una investigación. - Dijo el Entrenador, frotándose las manos - La ciencia
requiere que nos transformemos en espías.
Dicho así, la ciencia casi sonaba divertida. Pero había estado en clase del Entrenador lo
suficiente como para no albergar esperanzas.
- Ser buenos sabuesos requiere practica. - Prosiguió.
- También el sexo. - Vino otro comentario del fondo de la sala.
Todos ahogamos la risa mientras el Entrenador apuntaba al ofensor con un dedo
acusatorio.
- Eso no va a ser parte de los deberes de hoy. - El Entrenador me devolvió su atención Nora, has estado sentada al lado de Vee desde el comienzo del curso.
Asentí, pero tenía un mal presentimiento de a dónde nos estaba llevando esto.
- Ambas estáis juntas en el eZine del instituto. - Una vez más, asentí – Me apuesto a que
sabéis bastante la una de la otra.
Vee me dio una patada por debajo de nuestra mesa. Sabía lo que estaba pensando. Que
él no tenía ni idea de hasta qué punto sabíamos cosas la una de la otra. Y no me refiero
solo a los secretos que enterramos en nuestros diarios. Vee es mi no-gemela. Tiene ojos
verdes, pelo rubio platino y está unos kilos por encima de “con curvas”. Yo soy una
morena de ojos gris humo con montones de pelo ondulado que se mantiene en sus trece
incluso con la mejor plancha. Y soy todo piernas, como el taburete de un bar. Pero sí hay
un hilo invisible que nos une; las dos juramos que el vínculo empezó mucho antes del
nacimiento. Las dos juramos que continuará en su sitio durante el resto de nuestras vidas.
El Entrenador alzó la vista a la clase.
- De hecho, me apuesto a que cada uno de vosotros conoce lo bastante bien a la persona
al lado de la cual se sienta. Escogísteis los asientos que escogísteis por una razón,
¿verdad? Familiaridad. Qué mal que los mejores sabuesos eviten la familiaridad. Anula el
instinto investigador. Que es la razón por la que hoy vamos a crear una nueva asignación
de asientos.
Abrí la boca para protestar, pero Vee se me adelantó.
- ¿Qué demonios? Es Abril. Es decir, es casi fin de curso. No puede sacar este tipo de
cosas ahora.
El Entrenador mostró un atisbo de sonrisa.
- Puedo sacar este tipo de cosas hasta el último día del semestre. Y si suspendéis mi
clase, estaréis de vuelta aquí el año que viene, donde estaré sacando este tipo de cosas
otra vez.
Vee lo fulminó con la mirada. Es famosa por esa mirada. Es una expresión que lo hace
todo salvo sisear audiblemente. Aparentemente inmune a ella, él Entrenador se trajo el

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silbato a los labios y captamos la idea.
- Cada compañero sentado en el lado izquierdo de la mesa..., es decir, vuestra
izquierda..., que se mueva un asiento hacia adelante. Esos en la fila de adelante..., sí,
incluida tú, Vee..., id al fondo.
Vee metió su libreta dentro de la mochila y cerró la cremallera. Yo me mordí el labio y le
dediqué un breve adiós con la mano. Después me volví levemente, revisando la sala
detrás de mí. Sabía los nombres de todos mis compañeros... excepto de uno. El
transferido. El Entrenador nunca lo llamaba en clase, y él parecía preferirlo así. Estaba
sentado apoltronado una mesa detrás, los fríos ojos negros mirando siempre hacia
delante. Justo como siempre. Ni por un momento me creí que simplemente se sentara
ahí, día tras día, mirando al vacío. Estaba pensando en algo, pero el instinto me decía que
probablemente no quería saber en qué.
Dejó su libro de Biología sobre la mesa y se deslizó en la antigua silla de Vee. Sonreí.
- Hola. Soy Nora.
Sus ojos negros cortaron a través de mí, y las comisuras de sus labios se elevaron. Mi
corazón dio un pequeño salto y en esa pausa, la sensación de una oscuridad sombría
pareció deslizarse como una sombra sobre mí. Se desvaneció en un instante, pero
todavía estaba mirándolo. Su sonrisa no era amistosa. Era una sonrisa que anunciaba
problemas. Como una promesa.
Me concentré en el encerado. Barbie y Ken me devolvieron la mirada con unas sonrisas
extrañamente alegres.
El Entrenador dijo:
- La reproducción humana puede ser un asunto pegajoso...
- ¡Agh! - Gruñó un coro de alumnos.
- Requiere manejarla con madurez. Y como toda ciencia, la mejor aproximación es
aprender siendo sabuesos. Durante el resto de la clase, practicad esta técnica a base de
averiguar tanto como podáis sobre vuestro nuevo compañero. Mañana, traed por escrito
vuestros descubrimientos, y creedme, voy a revisar su autenticidad. Esto es Biología, no
lengua, así que ni se os ocurra trabajar con la ficción en vuestras respuestas. Quiero ver
intención de verdad y trabajo en equipo. - Había un “o si no” implícito.
Me senté perfectamente quieta. La pelota estaba en su campo ―yo había sonreído, y
mira lo bien que eso había resultado. Arrugué la nariz, intentando averiguar a qué olía.
Cigarrillos no. Algo más intenso, más apestoso. Puros.
Encontré el reloj en la pared y di golpecitos con mi lápiz a tiempo con el segundero.
Planté mi codo en la mesa y apoyé la barbilla sobre el puño. Solté un suspiro.
Genial. A este ritmo iba a suspender.
Tenía los ojos clavados delante, pero oí el suave deslizamiento de su bolígrafo. Estaba
escribiendo, y quería saber qué. Diez minutos de sentarnos juntos no lo cualificaba para
asumir nada sobre mí. Lanzando una mirada de reojo, vi que en su papel había varias
líneas, y creciendo.

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- ¿Qué estás escribiendo? - Pregunté.
- Y habla. - Dijo mientras lo garabateaba, cada movimiento de su mano al mismo tiempo
suave y descuidado.
Me incliné tan cerca de él como pude, intentando leer lo que había escrito, pero dobló el
papel por la mitad ocultando la lista.
- ¿Qué has escrito? - Exigí.
Estiró la mano hacia mi papel sin usar, deslizándolo a través de la mesa hacia él. Lo
arrugó formando una bola. Antes de que pudiera protestar, lo lanzó a la papelera al lado
del escritorio del Entrenador. El tiro entró de lleno. Me quedé mirando a la papelera un
momento, dividida entre la incredulidad y el enfado. Después abrí mi libreta en una
página en blanco.
- ¿Cómo te llamas? - Pregunté, el lápiz preparado para escribir.
Alcé la vista a tiempo para ver otra sonrisa oscura. Ésta parecía retarme a sonsacarle
algo.
- ¿Tu nombre? - Repetí con la esperanza de que fueran imaginaciones mías el que mi voz
temblara.
- Llámame Patch. Lo digo en serio. Llámame.
Me guiñó el ojo al decirlo, y estaba bastante segura de que se estaba riendo de mí.
- ¿Qué haces en tu tiempo libre? - Pregunté.
- No tengo tiempo libre.
- Asumo que este trabajo es para nota, ¿así que me haces el favor?
Se inclinó hacia atrás en su asiento, doblando los brazos detrás de la cabeza.
- ¿Qué clase de favor?
Estaba bastante segura de que era una insinuación, y busqué desesperadamente la forma
de cambiar de tema.
- Tiempo libre. - Repitió, pensativo - Hago fotos.
Escribí Fotografía en mi folio.
- No había terminado. - Dijo - Tengo toda una colección sobre una columnista de eZine
que cree que hay una verdad en comer orgánico, que escribe poesía en secreto, y que se
echa a temblar ante la idea de tener que escoger entre Stanford, Yale y... ¿cuál es esa
grande con la H?
Me quedé mirándolo un momento, sacudida por lo acertado que estaba. No tenía la
sensación de que fuera una suposición afortunada. Lo sabía. Y yo quería saber cómo
―justo ahora.
- Pero al final no irás a ninguna de ellas.
- ¿Ah, no? - Pregunté sin pensar.
Enganchó los dedos bajo el asiento de mi silla, arrastrándome más cerca de él. No muy
segura de si debería apartarme y mostrar miedo, o no hacer nada y fingir aburrimiento,
escogí la última. Dijo:
- Incluso aunque triunfarías en las tres escuelas, las desprecias por ser un cliché del éxito.
Juzgar es tu tercera gran debilidad.

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- ¿Y mi segunda? - Dije con rabia muda.
¿Quién era este tio? ¿Era esto algún tipo de chiste perturbador?
- No sabes cómo confiar. Retiro eso. Confias... solo que en toda la gente equivocada.
- ¿Y mi primera? - Exigí.
- Mantienes a la vida atada muy corto.
- ¿Qué se supone que significa eso?
- Tienes miedo de lo que no puedes controlar.
Se me puso de punta el pelo de la nuca, y la temperatura de la clase pareció bajar.
Normalmente habría ido derecha al escritorio del Entrenador a solicitar una nueva
asignación de asientos, pero me negaba a dejar que Patch pensara que podía intimidarme
o asustarme. Sentía una necesidad irracional de defenderme y decidí en ese mismo
momento y lugar que no me echaría atrás hasta que lo hiciera él.
- ¿Duermes desnuda? - Preguntó.
Mi mandíbula amenazaba con caerse, pero la mantuve en su sitio.
- Difícilmente eres la persona a la que se lo diría.
- ¿Alguna vez has ido al psiquiatra?
- No. - Mentí.
La verdad es que estaba yendo a sesiones con el psicólogo del instituto, el Dr.
Hendrickson. No era elección mía, y no era algo sobre lo que me gustara hablar.
- ¿Has hecho algo ilegal?
- No. - Saltarme ocasionalmente el límite de velocidad no contaría. No con él - ¿Por qué
no me preguntas algo normal? Como... ¿mi música favorita?
- No voy a preguntar lo que puedo adivinar.
- Tú no sabes el tipo de música que escucho.
- Barroco. Contigo, es todo sobre el orden, el control. Me apuesto a que tocas... ¿el cello?
- Lo dijo como si lo hubiera adivinado de la nada.
- Incorrecto. - Otra mentira, pero ésta envió un escalofrío por mi piel que me dejó los
dedos temblando.
¿Quién era él en realidad? Si sabía que tocaba el cello, ¿qué más sabía?
- ¿Qué es eso? - Patch dio un toquecito con su bolígrafo en la parte interna de mi
muñeca.
Me aparté instintivamente.
- Una marca de nacimiento.
- Parece una cicatriz. ¿Eres suicida, Nora? - Sus ojos conectaron con los míos, y podía
sentirlo riéndose - ¿Padres casados o divorciados?
- Vivo con mi madre.
- ¿Dónde está tu padre?
- Mi padre falleció el año pasado.
- ¿Cómo murió?
Me encogí.
- Fue... asesinado. Esto es territorio personal, si no te importa.

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Hubo un momento de silencio y la acidez de los ojos de Patch pareció suavizarse un poco.
- Eso debe de ser duro. - Sonaba como si lo dijera en serio.
Sonó el timbre y Patch estaba en pie, de camino a la puerta.
- Espera. - Grité. No se giró - ¡Disculpa! - Salió por la puerta - ¡Patch! No conseguí nada de
ti.
Se dio la vuelta y caminó hacia mí. Tomando mi mano, garabateó algo en ella antes de
que se me ocurriera apartarme.
Bajé la vista a los siete números en tinta roja sobre mi palma e hice un puño a su
alrededor. Quería decirle que de ningún modo iba a sonar su teléfono esta noche. Quería
decirle que era culpa suya por gastar todo el tiempo interrogándome a mí. Quería un
montón de cosas, pero me limité a quedarme allí de pie como si no supiera cómo abrir la
boca. Al final dije:
- Esta noche estoy ocupada.
- Yo también. - Sonrió de oreja a oreja y se fue.
Me quedé clavada en el sitio, digiriendo lo que acababa de pasar. ¿Se comió todo el
tiempo interrogándome a propósito? ¿Para que yo suspendiera? ¿Creía que una sonrisa
brillante lo redimiría? Sí, pensé. Sí, lo creía.
- ¡No llamaré! - Grité detrás de él - ¡Nunca!
- ¿Has terminado tu columna para el plazo de entrega de mañana? - Era Vee. Vino a mi
lado, apuntando notas en la libretita que llevaba a todas partes - Estoy pensando en
escribir la mía sobre la injusticia de las asignaciones de asientos. Estoy de pareja con una
chica que dijo que acabó el tratamiento contra los piojos esta misma mañana.
- Mi nuevo compañero. - Dije, apuntando al pasillo, a la espalda de Patch.
Tenía una forma de andar irritantemente confiada, del tipo que encuentras acompañada
de camisetas gastadas y un sombrero de cowboy. Patch no llevaba ni la una ni el otro. Era
más bien un chico de Levi’s oscuros, cazadora oscura, botas oscuras.
- ¿El transferido de último curso? Supongo que no estudió lo bastante la primera vez. O la
segunda. - Me lanzó una mirada cómplice - A la tercera va la vencida.
- Me da escalofríos. Sabía mi música. Sin ninguna pista en absoluto, dijo “Barroco”. Imité bastante mal su voz grave.
- ¿Suposición afortunada?
- Sabía... otras cosas.
- ¿Cómo qué?
Solté un suspiro. Sabía más de lo que quería contemplar cómodamente.
- Cómo meterse debajo de mi piel. - Dije al fin - Voy a decirle al Entrenador que tiene que
volver a cambiarnos.
- Ve a por ello. Podría usar un gancho para mi próximo artículo del eZine. “Alumna de
décimo devuelve el golpe.” Aún mejor, “Asignación de asientos recibe una bofetada en la
cara.” Mmm. Me gusta.
Al final del día, fui yo la que recibió una bofetada en la cara. El Entrenador rechazó mi
súplica de volver a pensarse la asignación de asientos. Parecía que estaba atascada con

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Patch.
Por ahora.

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Capítulo 2

Mi madre y yo vivimos en una granja del siglo XVIII llena de corrientes de aire a las afueras
de Coldwater. Es la única casa en Hawthorne Lane, y los vecinos más cercanos están a
más de un kilómetro de distancia. A veces me pregunto si el constructor original se dio
cuenta de que de todos los solares disponibles, eligió construir la casa en medio de una
misteriosa inversión atmosférica que parece aspirar toda la niebla de la costa de Maine y
trasplantarla a nuestro jardín. La casa estaba en este momento velada en unas sombras
que parecían espíritus escapados y merodedores.
Me pasé la tarde plantada en un taburete de bar en la cocina en compañía de los deberes
de álgebra y Dorothea, nuestra ama de llaves. Mi madre trabaja para la Compañía de
Subastas Hugo Renaldi, coordinando subastas de propiedades y antigüedades a lo largo
de toda la Costa Este. Esta semana estaba en Charleston, Carolina del Sur. Su trabajo
requería muchos viajes, y pagaba a Dorothea para cocinar y limpiar, pero yo estaba
bastante segura de que el contrato de Dorothea incluía el mantener un ojo atento y
parental pendiente de mí.
- ¿Qué tal el colegio? - Preguntó Dorothea con un ligero acento alemán.
Estaba en el fregadero, frotando una lasaña de una cacerola.
- Cambiamos de compañero en Biología.
- ¿Esto es algo bueno, o algo malo?
- Vee era mi antigua compañera.
- Hum. - Restregó con más vigor, y la carne de la parte superior del brazo de Dorothea
tembló - Algo malo, entonces - Suspiré, de acuerdo - Háblame de la nueva compañera.
¿Cómo es esta chica?
- Es alto, moreno e irritante. - E inquietantemente cerrado.
Los ojos de Patch eran esferas negras. Absorbiéndolo todo y no ofreciendo nada. No es
que yo quisiera saber más sobre Patch. Ya que no me había gustado lo que había visto en
la superficie, dudaba que me fuera a gustar lo que se escondía en la profundidad.
Solo que esto no era exactamente cierto. Me gustaba mucho de lo que había visto.
Músculos largos y esbeltos a lo largo de sus brazos, hombros anchos pero relajados, y
una sonrisa que era en parte juguetona y en parte seductora. Estaba en una alianza
insegura conmigo misma, intentando ignorar lo que había empezado a encontrar
irresistible.
A las nueve en punto Dorothea terminó su tarde y cerró con llave al salir. Como adiós,
encendí y apagué las luces del porche dos veces; debieron de penetrar en la niebla,
porque ella respondió con un bocinazo. Estaba sola.
Hice inventario de los sentimientos en mi interior. No tenía hambre. No estaba cansada.

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Ni siquiera estaba tan sola. Pero sí estaba un poco nerviosa por mis deberes de Biología.
Le había dicho a Patch que no iba a llamar, y seis horas atrás lo decía en serio. Todo en lo
que podía pensar ahora era que no quería suspender. La Biología era mi asignatura más
dura. Mi nota vacilaba problemáticamente entre un sobresaliente y un notable. En mi
mente, ésa era la diferencia entre una beca parcial y una completa en mi futuro.
Fui a la cocina y descolgué el teléfono. Miré lo que quedaba de los siete dígitos todavía
tatuados en mi mano. Secretamente, esperaba que Patch no respondiera a mi llamada. Si
no estaba disponible o cooperador con los trabajos, eran pruebas que podía usar en su
contra para convencer al Entrenador para que deshiciera la asignación de asientos.
Sintiéndome con esperanzas, tecleé su número.
Patch respondió al tercer toque.
- ¿Qué pasa?
En un tono práctico dije:
- Estoy llamando para ver si podemos vernos esta noche. Sé que dijiste
que estabas ocupado, pero...
- Nora. - Patch dijo mi nombre como si fuera el broche final de un chiste - Crei que no
ibas a llamar. Nunca.
Odiaba estar tragándome mis palabras. Odiaba a Patch por restregármelo. Odiaba al
Entrenador y a sus locos trabajos. Abrí la boca, con la esperanza de que saliera algo
inteligente.
- Bueno. ¿Podemos vernos o no?
- Resulta que no puedo.
- ¿No puedes, o no quieres?
- Estoy en medio de una partida de billar. - Oí la sonrisa en su voz – Una partida de billar
importante.
Por los ruidos de fondo que oía de su lado, creía que estaba diciendo la
verdad ―sobre la partida de billar. El si era o no más importante que mi trabajo era un
tema para debate.
- ¿Dónde estás? - Pregunté.
- El Arcade de Bo. No es tu tipo de sitio.
- Entonces hagamos la entrevista por teléfono. Tengo una lista de preguntas justo...
Me colgó.
Me quedé mirando al teléfono con incredulidad, después arranqué de mi libreta una hoja
de papel en blanco. Garabateé Cretino en la primera línea. En la línea debajo de ésa
añadí, Fuma puros. Morirá de cáncer de pulmón. Ojalá que pronto. Excelente forma
física. Inmediatamente taché la última observación hasta que fue ilegible.
El reloj del microondas pasó a anunciar las 9:05. Tal y como yo lo veía, tenía dos
opciones. O bien inventaba mi entrevista con Patch, o bien conducía hasta el Arcade de
Bo. La primera opción tal vez fuera tentadora, si tan solo pudiera bloquear la voz del
Entrenador advirtiendo que revisaría todas las respuestas en busca de autenticidad. No

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sabía lo suficiente sobre Patch como para lanzarme el farol de una entrevista completa.
¿Y la segunda opción? Nada tentadora, ni en lo más mínimo.
Retrasé el tomar una decisión lo bastante como para llamar a mi madre. Parte de nuestro
acuerdo para que ella trabajara y viajara tanto era que actuara con responsabilidad y no
fuera el tipo de hija que requiere supervisión constante. Me gustaba mi libertad, y no
quería hacer nada para darle a mi madre una razón para aceptar una reducción de sueldo
y tomar un trabajo local para mantenerme un ojo encima.
En el cuarto toque, su buzón de voz cogió la llamada.
- Soy yo. - Dije - Solo llamaba para ver qué tal. Tengo unos deberes de Biología que
terminar, después me voy a la cama. Llámame mañana en la comida, si quieres. Te
quiero.
Después de colgar, encontré una moneda de veinticinco centavos en el cajón de la
cocina. Mejor dejarle al destino las decisiones complicadas.
- Si es cara voy. - Le dije al perfil de George Washington - Si es cruz me quedo.
Lancé la moneda al aire, la paré contra el dorso de mi mano y osé echarle un vistazo. Mi
corazón estrujó un latido extra, y me dije a mí misma que no estaba segura de lo que eso
significaba.
- Ahora no está en mis manos. - Dije.
Decidida a acabar con esto tan rápido como fuera posible, agarré un mapa de la nevera,
cogi mis llaves, y eché atrás mi Fiat Spider por el camino que llevaba a la carretera. El
coche probablemente había sido una monada en 1979, pero no me entusiasmaba
demasiado la pintura marrón chocolate, el óxido extendiéndose sin control por el
parachoques trasero, y los asientos blancos de cuero agrietado.

El Arcade de Bo resultó estar más lejos de lo que me habría gustado, situado cerca de la
costa, a treinta minutos en coche. Con el mapa estirado contra el volante, metí el Fiat en
el aparcamiento detrás de un edificio de bloques grises con una señal eléctrica
centelleando “EL ARCADE DE BO, LOCO PAINTBALL NEGRO Y LA SALA DE BILLAR DE OZZ”.
Grafitis salpicaban las paredes, y había colillas por todo el suelo. Claramente el local de
Bo no estaba lleno de futuros alumnos de las mejores universidades y ciudadanos
modelo. Intenté mantener mis pensamientos altaneros y despreocupados, pero mi
estómago se sentía un poco incómodo. Revisando que hubiera cerrado todas las puertas,
entré.
Me coloqué en la fila, esperando a pasar las cuerdas. Mientras el grupo delante de mí
pagaba, me escurrí por en medio andando hacia el laberinto de sirenas a todo volumen y
luces centelleantes.
- ¿Crees que te mereces una entrada gratuita? - Aulló una voz endurecida por el humo.
Me di la vuelta y parpadeé al cajero sobre-tatuado. Dije:
- No estoy aquí para jugar. Estoy buscando a alguien.
Gruñó.

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- Si quieres pasar por delante de mí, pagas. - Puso las palmas sobre el mostrador, donde
una tabla de precios había sido pegada con celo, mostrando que debía quince dólares.
Solo efectivo.
No tenía efectivo. E incluso si tuviera, no lo habría gastado para pasar unos pocos
minutos interrogando a Patch sobre su vida personal. Sentí cómo me enfadaba al pensar
en la asignación de asientos y por tener que estar aquí, en primer lugar. Solo tenía que
encontrar a Patch, después podríamos mantener la entrevista fuera. No había conducido
hasta aquí para volver con las manos vacías.
- Si no estoy de vuelta en dos minutos, pagaré los quince dolares. - Dije.
Antes de poder ejercitar un mejor juicio o reunir un poco más de paciencia, hice algo
totalmente fuera de sitio y me colé entre las cuerdas. No me detuve ahí. Me apresuré a
través del arcade, manteniendo los ojos bien abiertos en busca de Patch. Me dije a mí
misma que no me podía creer que estuviera haciendo esto, pero era como una bola de
nieve, ganando velocidad y fuerza. Llegados a este punto sólo quería encontrar a Patch y
salir de allí.
El cajero me siguió, gritando:
- !Eh!
Segura de que Patch no estaba en el piso principal, corrí abajo, siguiendo señales para la
Sala de Billar de Ozz. Al final de las escaleras, una luz tenue iluminaba varias mesas de
poker, todas en uso. Humo de puro casi tan espeso como la niebla envolviendo mi casa
nublaba el techo bajo. Situadas entre las mesas de poker y el bar había una fila de mesas
de billar. Patch estaba estirado a través de la que estaba más lejos de mí, intentando un
tiro complicado.
- !Patch! - Grité.
Justo cuando hablé, disparó hacia delante su palo de billar clavándolo en el tapete. Su
cabeza se levantó de repente. Se me quedó mirando con una mezcla de sorpresa y
curiosidad.
El cajero bajó ruidosamente por las escaleras, detrás de mí, atrapando mi hombro en su
mano.
- Arriba. Ahora.
La boca de Patch se movió formando otra sonrisa que apenas estaba ahí. Difícil decir si
era burlona o amistosa.
- Ella está conmigo.
Esto pareció tener algún poder con el cajero, que aflojó su agarre. Antes de que pudiera
cambiar de idea, me sacudí su mano y zigzagueé entre las mesas hacia Patch. Di los
primeros pasos amplios y seguros, pero encontré que mi confianza desaparecía a medida
que me acercaba a él.
Fui consciente de inmediato de que había algo diferente en él. No podía captar
exactamente qué, pero podía sentirlo como electricidad. ¿Más animosidad?
Más confianza.
Más libertad para ser él mismo. Y esos ojos negros me estaban llegando. Eran como

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imanes aferrándose a cada movimiento mío. Tragué saliva discretamente e intenté
ignorar la danza nerviosa de mi estómago. No podía captar exactamente qué, pero algo
en Patch no estaba bien. Algo en él no era normal. Algo no era... seguro.
- Perdón por colgar. - Dijo Patch viniendo a mi lado - La cobertura no es genial aquí abajo.
Sí, claro.
Con un giro de cabeza, Patch les indicó a los demás que se fueran. Hubo un silencio
incómodo antes de que nadie se moviera. El primer tío en marcharse me golpeó el
hombro al pasar. Retrocedí un paso para recuperar el equilibrio y alcé la vista justo a
tiempo para recibir las frías miradas de los otros dos jugadores mientras se iban.
Genial. No era culpa mía el que Patch fuera mi compañero.
- ¿Bola ocho? - Le pregunté alzando las cejas e intentando sonar completamente segura
de mí misma, de mi entorno. Tal vez él tuviera razón y el Arcade de Bo no fuera mi tipo
de sitio. Eso no quería decir que fuera a salir disparada hacia las puertas - ¿Cómo están
de altas las apuestas?
Su sonrisa se amplió. Esta vez estaba bastante segura de que se estaba burlando de mí.
- No jugamos por dinero.
Dejé mi bolso en el borde de la mesa.
- Qué mal. Iba a apostar todo lo que tengo en tu contra. - Levanté mi trabajo, dos líneas
ya completas - Unas pocas preguntas rápidas y me voy.
- ¿Cretino? - Patch leyó en voz alta, apoyándose en su palo de billar - ¿Cáncer de
pulmón? ¿Se supone que eso es profético?
Abaniqué el trabajo en el aire.
- Asumo que contribuyes a la atmósfera. ¿Cuántos puros por noche? ¿Uno? ¿Dos?
- No fumo. - Sonaba sincero, pero no me lo tragué.
- Mm-hmm. - Dije colocando el papel entre la bola ocho y la morada lisa.
Empujé accidentalmente la morada lisa al escribir Definitivamente puros en la línea tres.
- Estás estropeando el juego. - Dijo Patch, todavía sonriendo.
Lo miré a los ojos y no pude evitar igualar su sonrisa ―brevemente.
- Espero que no en tu favor. ¿Tu mayor sueño?
Estaba orgullosa de ésa porque sabía que le bajaría los humos. Requería reflexionar.
- Besarte.
- Eso no es gracioso. - Dije, sosteniéndole la mirada, agradecida por no haber
tartamudeado.
- No, pero te hizo ruborizar.
Me impulsé sobre el lateral de la mesa, tratando de parecer imperturbable mientras lo
hacía. Crucé las piernas, usando la rodilla como tablero de escritura.
- ¿Trabajas?
- Limpio mesas en el Borderline. El mejor mexicano en la ciudad.
- ¿Religión?
No pareció sorprendido por la pregunta, pero tampoco pareció entusiasmado por ella.
- Creí que habías dicho unas pocas preguntas rápidas. Ya estás en la número cuatro.

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- ¿Religión? - Pregunté con más firmeza.
Patch deslizó una mano pensativamente por la línea de su mandíbula.
- Religión no... culto.
- ¿Perteneces a un culto? - Me di cuenta demasiado tarde de que, aunque había sonado
sorprendida, no habría debido.
- Y resulta que tengo necesidad de sacrificar a una mujer sana. Había planeado atraerla
para que confiara en mí antes, pero si estás lista ahora...
Toda sonrisa que aún quedara en mi rostro desapareció.
- No me estás impresionando.
- Aún no he empezado a intentarlo.
Me bajé de la mesa y me planté delante de él. Era una cabeza más alto que yo.
- Vee me dijo que vas al último curso. ¿Cuántas veces has suspendido la Biología de
segundo año? ¿Una? ¿Dos?
- Vee no es mi portavoz.
- ¿Estás negando haber suspendido?
- Te estoy diciendo que no fui al instituto el año pasado. - Sus ojos se mofaban de mí. Eso
solo me hizo más determinada.
- ¿Faltaste sin autorización?
Patch dejó su palo de billar sobre el tapete y me hizo un gesto con el dedo para que me
acercara. No lo hice.
- ¿Un secreto? - Dijo en tono confidencial - Nunca antes he ido a la escuela. ¿Otro
secreto? No es tan aburrida como esperaba.
Estaba mintiendo. Todo el mundo iba a la escuela. Había leyes. Estaba mintiendo para
sacarme de quicio.
- Crees que estoy mintiendo. - Dijo alrededor de una sonrisa.
- ¿No has ido a la escuela, nunca? Si eso es cierto, y tienes razón, no creo que lo sea,
¿qué te decidió a venir este año? - Tú.
El impulso de sentirme asustada palpitaba a través de mí, pero me dije a mí misma que
eso era exactamente lo que Patch quería. Manteniéndome firme en el sitio, intenté en
vez de eso actuar irritada. Aún así, me llevó un momento encontrar mi voz.
- Ésa no es una respuesta de verdad.
Debió de acercarse un paso, porque de pronto nuestros cuerpos estaban separados tan
solo por nada más que un estrecho margen de aire.
- Tus ojos, Nora. Esos fríos ojos gris pálido son sorprendentemente irresistibles. - Inclinó
la cabeza a un lado, como para estudiarme desde un nuevo ángulo - Y esa tremenda boca
curva.
Sorprendida no tanto por su comentario, sino porque una parte de mí respondiera
positivamente a él, me aparté.
- Eso es suficiente. Me voy.
Pero tan pronto como las palabras estuvieron fuera de mi boca, sabía que no eran
ciertas. Sentía la necesidad de decir algo más. Escogiendo entre los pensamientos

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enredados en mi mente, intenté encontrar qué era lo que sentía que tenía que decir.
¿Por qué era tan desdeñoso, y por qué actuaba como si yo hubiera hecho algo para
merecérmelo?
- Pareces saber mucho sobre mí. - Dije, haciendo la subestimación del año - Más de lo
que deberías. Pareces saber exactamente qué decir para ponerme incómoda.
- Me lo pones fácil.
Se disparó una chispa de furia en mi interior.
- ¿Admites que estás haciendo esto a propósito?
- ¿Esto?
- Esto. Provocarme.
- Di “provocar” otra vez. Tu boca se ve provocadora cuando lo haces.
- Hemos terminado. Termina tu partida de billar. - Agarré su palo de billar de la mesa y lo
empujé hacia él. No lo cogió. - No me gusta sentarme a tu lado. - Dije - No me gusta ser tu
compañera. No me gusta tu sonrisa condescendiente. - Mi mandíbula se apretó, algo que
normalmente pasaba solo cuando mentía. Me pregunté si estaba mintiendo ahora.
Si era así, quería pegarme una patada - No me gustas tú. - Dije tan convincentemente
como pude, y empujé con fuerza el palo contra su pecho.
- Me alegro de que el Entrenador nos pusiera juntos. - Dijo.
Detecté una levísima ironía en la palabra “Entrenador”, pero no pude interpretar ningún
significado oculto. Esta vez sí cogió el palo de billar.
- Estoy trabajando para cambiar eso. - Repliqué.
Patch pensaba que esto era tan gracioso que enseñó los dientes en la sonrisa. Alzó la
mano hacia mí, y antes de que pudiera apartarme, desenredó algo de entre mi pelo.
- Un papel. - Explicó, dejándolo caer al suelo.
Al alzar la mano, vi una marca en la cara interna de su muñeca. Al principio asumí que era
un tatuaje, pero un segundo vistazo reveló una marca de nacimiento marrón rojiza, algo
levantada. Era de la forma de una salpicadura de pintura.
- Ése es un desafortunado sitio para una marca de nacimiento. - Dije, más que un poco
molesta de que estuviera en un lugar tan similar al de mi propia marca.
Patch se bajó la manga casual pero perceptiblemente sobre la muñeca.
- ¿La preferirías en algún lugar más privado?
- No la preferiría en ningún sitio. - No estaba segura de cómo sonaba esto y lo volví a
intentar - No me importaría si no la tuvieras en absoluto. - Lo intenté por tercera vez - No
me importa tu marca de nacimiento, punto.
- ¿Alguna pregunta más? - Preguntó - ¿Comentarios?
- No.
- Entonces, te veré en Bio.
Pensé en decirle que nunca me volvería a ver. Pero no iba a tragarme mis palabras dos
veces en un día.
Más tarde esa noche un ¡crack! me sacó de mi sueño. Con la cara espachurrada contra mi

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almohada, me quedé quieta, todos mis sentidos en alerta máxima. Mi madre estaba
fuera de la ciudad por lo menos una vez al mes por trabajo, así que estaba acostumbrada
a dormir sola, y habían pasado meses desde que imaginara por última vez el sonido de
pisadas por el pasillo hacia mi habitación. La verdad es que nunca me sentía
completamente sola.
Justo después de que mataran a mi padre de un tiro en Portland mientras compraba el
regalo de cumpleaños de mi madre, una extraña presencia entró en mi vida. Como si
alguien estuviera orbitando en mi mundo, observando desde una distancia. Al principio la
presencia fantasma me había aterrorizado, pero cuando nada malo vino de ella, perdí la
ansiedad. Empecé a preguntarme si habría algún propósito cósmico por la forma como
me estaba sintiendo. Tal vez el espíritu de mi padre estaba cerca. El pensamiento solía
ser reconfortante, pero esta noche era diferente.
La presencia se sentía como hielo sobre la piel.
Girando la cabeza un poco, vi una forma de sombras estirarse por mi suelo. Me giré
rápidamente para mirar la ventana, el blanquecino rayo de luna era la única luz en la
habitación capaz de formar una sombra. Pero allí no había nada. Apreté con fuerza la
almohada contra mí y me dije que era una nube pasando sobre la luna. O un trozo de
basura volando en el viento. Aún así, me pasé los siguientes minutos esperando a que se
me calmara el pulso. Para cuando reuní el valor para salir de la cama, el jardín debajo de
mi habitación estaba silencioso y quieto. El único sonido procedía de tres ramas rozando
contra la casa, y de mi propio corazón atronando contra mi piel.

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Capítulo 3

El Entrenador McConaughy se mantuvo ante la pizarra hablando monótonamente sobre
algo, pero mi mente estaba lejos de las complejidades de la ciencia.
Estaba ocupada formulando razones de por qué Patch y yo no deberíamos ser
compañeros y estaba haciendo una lista sobre ellas en la parte trasera de un viejo
examen. Tan pronto la clase terminara, le presentaría al Entrenador mis argumentos. No
es cooperador con las asignaturas, escribí. Demuestra poco interés en trabajar en equipo.
Pero eran las cosas no enlistadas las que me preocupaban más. Encontré inquietante la
localidad de la marca de nacimiento de Patch y estaba asustada por el incidente en mi
ventana la noche anterior. No estaba completamente segura de que Patch me estaba
espiando, pero no podía ignorar la coincidencia de que estaba casi segura de que vi a
alguien mirando por mi ventana solo horas después de que me encontré con él.
El pensar que Patch me está espiando me provocó alcanzar el interior del
compartimiento delantero de mi mochila, sacar dos píldoras de hierro de la botella y
tragármelas enteras. Por un momento se quedaron atoradas en mi garganta, pero luego
lograron bajar.
Por el rabillo del ojo, cacheé a Patch arqueando sus cejas.
Consideré explicar que soy anémica y que tengo que tomar hierro varias veces al día,
especialmente cuando estoy bajo estrés, pero luego decidí no decir nada. La anemia no
era una amenaza contra mi vida… siempre y cuando tomara hierro regularmente. No
estaba paranoica hasta al punto de pensar que Patch querría hacerme daño, pero de
alguna manera, sentía que era mejor guardar en secreto mi vulnerable condición médica.
- ¿Nora?
El Entrenador se detuvo en el frente del salón, con su mano extendida en un gesto que
mostraba que estaba esperando por algo ―mi respuesta. Un suave incendio se abrió
camino hasta mis mejillas.
- ¿Podría repetir la pregunta? - Pregunté.
La clase rió.
- ¿Qué cualidades te atraen en una potencial pareja? - Dijo el Entrenador con un poco de
irritación.
- ¿Una potencial pareja?
- Vamos, que no tenemos toda la tarde.
Podía escuchar a Vee riendo tras de mí. Mi garganta pareció estrecharse.
- ¿Quieres que mencione las características de…?
- De una posible pareja, sí, eso ayudaría bastante.
Sin proponérmelo, miré a Patch de soslayo. Él estaba recostado en su silla, estudiándome

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con satisfacción. Luego mostró una de sus sonrisas piratas y me dijo por lo bajo, Estamos
esperando.
Yo puse mis manos sobre la mesa, esperando lucir con más compostura de la que en
realidad sentía.
- Nunca he pensado sobre ello.
- Bueno, pues piensa rápido.
- ¿Podrías preguntarle a otro primero?
El Entrenador señaló con impaciencia a mi izquierda.
- Tu turno, Patch.
Contrario a mí, Patch habló con seguridad, posicionó su cuerpo de una manera que
quedaba levemente inclinado hacia mí y nuestras rodillas estaban a solo pulgadas de
distancia.
- Inteligente. Atractiva. Vulnerable.
El Entrenador estaba ocupado escribiendo los adjetivos en la pizarra.
- ¿Vulnerable? - Preguntó. - ¿Cómo así...?
Vee habló.
- ¿Esto tiene algo que ver con lo que estamos estudiando? Porque en el libro no aparece
nada sobre las características deseadas en una pareja.
El Entrenador dejó de escribir y miró sobre sus hombros.
- Todo animal en el planeta atrae a la pareja con el propósito de reproducirse. Los sapos
inflaman sus cuerpos. Los gorilas machos golpean su pecho. ¿Alguna vez has visto a una
langosta macho levantarse sobre las puntas de sus patas y chasquear sus pinzas, para
llamar la atención de la hembra? Atracción es el primer elemento de toda la
reproducción animal, incluyendo a los humanos. ¿Por qué no nos das tu lista, señorita
Sky?
Vee levantó cinco dedos.
- Guapo, rico, indulgente, fieramente protector y un poquito peligroso. - Cada vez que
mencionaba una descripción, bajaba un dedo.
Patch rió por lo bajo.
- El problema con la atracción humana es que no se sabe si ésta será correspondida.
- Excelente punto - Dijo el Entrenador.
- Los humanos son vulnerables - Continuó Patch - porque son capaces de ser heridos.
Al decir eso, la rodilla de Patch chocó con la mía y yo me alejé porque no me atrevía a
permitirme pensar qué quiso decir con ese gesto.
El Entrenador asintió.
- La complejidad de la atracción humana ―y la reproducción― es una de las cosas que
nos apartan de las otras especies. - Creí escuchar a Patch bufar, pero fue un sonido muy
suave, así que no podía estar muy segura. El Entrenador continuó - Desde el comienzo de
los tiempos, la mujer ha sido atraída a hombres con fuertes destrezas de supervivencia
―como inteligencia y fuerza física― porque los hombres con esas cualidades tienen más

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probabilidades de traer a casa cena al final del día. - Él levantó sus pulgares y sonrió
abiertamente - Cena equivale a supervivencia, equipo.
Nadie rió.
- Además, - Él continuó - los hombres están atraídos por la belleza porque eso indica
salud y juventud. No tiene sentido emparejarse con una mujer enfermiza que no durará
mucho para criar a los hijos.
El Entrenador acomodó sus gafas en el puente de su nariz y soltó una risa ahogada.
- Eso es tan sexista. - Protestó Vee - Dime algo que se relacione con la mujer del siglo XXI.
- Si observas la reproducción con ojos científicos, señorita Sky, verás que los hijos son la
llave de la supervivencia de nuestra especie. Mientras más hijos tengas, mayor es tu
contribución para los genes.
Prácticamente escuché a los ojos de Vee ponerse en blanco.
- Creo que finalmente nos estamos acercando al tema de hoy. Sexo.
- Casi. - Dijo el Entrenador, alzando un dedo - Antes del sexo viene la atracción, pero
antes de la atracción viene el lenguaje corporal. Tienes que comunicarle a tu potencial
pareja que estás interesada, pero debes hacerlo sin muchas palabras.
El Entrenador señaló al lado mío.
- Muy bien, Patch. Digamos que estás en una fiesta. La habitación está llena de chicas de
toda clase de formas y tallas. Ves rubias, morenas, pelirrojas y unas cuantas con pelo
negro. Algunas son habladoras, mientras que otras parecen tímidas. Has encontrado una
chica que encaja con tu perfil: atractiva, inteligente y vulnerable. ¿Cómo le dejas saber
que estás interesado?
- La saco aparte y hablo con ella.
- Bien. Ahora la gran pregunta: ¿Cómo sabes que ella está interesada o solo quiere que te
vayas?
- La estudio. - Dijo Patch - Descubro qué está pensando y sintiendo. Ella no va a decirme
las cosas directamente, por lo cual debo prestar mucha atención. ¿Inclina su cuerpo hacia
mí? ¿Me mira directo a los ojos y luego mira a otra parte? ¿Se muerde el labio y juega
con su pelo de la manera que Nora está haciendo justo ahora?
La risa aumentó en todo el salón. Yo dejé caer mis manos en mi regazo.
- Ella está interesada. - Dijo Patch, dándole otra vez a mi pierna.
De todas las cosas que pude hacer, me sonrojé.
- ¡Muy bien! ¡Muy bien! - Dijo el Entrenador con voz cargada y sonriendo abiertamente
por nuestra atención.
- Los vasos sanguíneos de la cara de Nora se están ensanchando y su piel se ha acalorado.
- Dijo Patch - Ella sabe que está siendo evaluada. A ella le gusta la atención, pero no está
segura de cómo lidiar con ello.
- Yo no me estoy sonrojando.
- Ella está nerviosa. - Dijo Patch - Ella está acariciando su brazo para desviar la atención
de su cara y llevarla hacia su cuerpo o quizá su piel. Ambos son puntos fuertes de interés.
Yo casi me ahogo. Él está bromeando, me dije a mí misma. No, él está loco. No tengo

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experiencia lidiando con lunáticos y ahora se ha presentado. Sentí como si hubiera
pasado la mayor parte de nuestro tiempo juntos mirando boquiabierta a Patch. Si tenía
alguna ilusión de ponerme a la par con él, iba a tener que encontrar alguna otra manera
para lograrlo.
Situé mis manos sobre la mesa, puse mi mentón en alto y traté de parecer que aún me
quedaba algo de dignidad.
- Esto es ridículo.
Estirando su brazo con exagerada lentitud, Patch lo acomodó en el respaldo de mi silla.
Tuve la extraña sensación de que esto era un reto dirigido directamente a mí y que a él le
importaba poco lo que la clase pensara. Ellos rieron, pero él pareció no escucharlo,
mirándome directamente a los ojos y sosteniendo la mirada de una manera que casi creí
que él había creado para nosotros un pequeño y privado mundo que nadie podía
alcanzar.
Vulnerable, él articuló sin pronunciar palabra.
Yo junté mis tobillos a las patas de mi silla y me incliné hacia delante, sintiendo el peso de
su brazo caer tras la silla. Yo no era vulnerable.
- ¡Y ahí lo tienes! - Dijo el Entrenador - Biología en marcha.
- ¿Podríamos ahora hablar sobre sexo? - Preguntó Vee.
- Mañana. Lee el capítulo siete y prepárate para discutirlo.
La campana sonó y Patch arrastró su silla hacia atrás.
- Eso fue divertido. Repitámoslo en alguna otra ocasión.
Antes de que pudiera decirle algo menos lamentable que ‘no gracias’, él se fue detrás de
mí y desapareció por la puerta.
- Estoy comenzando una petición para que despidan al Entrenador. - Dijo Vee mientras se
acercaba a mi mesa - ¿Qué pasó con la clase de hoy? Esto fue como porno.
Prácticamente os acostó a ti y a Patch sobre la mesa de laboratorio, horizontalmente, sin
ropa y haciendo el gran acto…
La corté en seco con una mirada que decía, ¿Parezco que quiero que me lo recuerden?
- Cielos. - Dijo Vee retrocediendo.
- Necesito hablar con el Entrenador. Te veré en las taquillas en diez minutos.
- Seguro.
Me abrí camino hacia el escritorio del Entrenador en donde él estaba inclinado sobre un
libro de jugadas de baloncesto. A primera vista, todas las X y O parecían como si él
hubiera estado jugando al tic-tac-toe.
- Hola, Nora. - Él dijo sin mirar - ¿Qué puedo hacer por ti?
- Estoy aquí para decirte que el cambio de compañeros y el plan de clase me está
haciendo sentir incómoda.
El Entrenador se echó para atrás en su silla y puso sus manos detrás de su cabeza.
- Me gusta cómo están acomodados casi tanto como esta nueva jugada que estoy
trabajando para el juego del sábado en la noche.
Puse justo sobre el libro de jugadas una copia sobre los derechos del código de conducta

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escolar.
- Por ley, ningún estudiante debería sentirse amenazado en propiedad escolar.
- ¿Te sientes amenazada?
- Me siento incómoda y me gustaría proponer una solución. - Como el Entrenador no me
interrumpió, respiré con más seguridad - Seré tutora de cualquier estudiante de
cualquiera de tus clases de Biología, si me sientas otra vez junto a Vee.
- Patch podría usar un tutor.
Resistí tronar mis dientes.
- Eso contradice mi punto.
- ¿Lo viste hoy? Él estaba envuelto en la discusión. Nunca lo había escuchado decir ni una
palabra en todo el año, pero lo siento a tu lado y bingo. Sus calificaciones aquí van a
mejorar.
- Y las de Vee van a empeorar.
- Eso es lo que pasa cuando ya no puedes mirar hacia tu lado para saber la contestación
correcta. - Él dijo secamente.
- El problema de Vee es falta de dedicación. Seré su tutora.
- No puedes hacer eso. - Mirando a su reloj, dijo - Llego tarde a una reunión. ¿Tienes algo
más que decir?
Me quedé con la boca abierta a medias, escurriendo mi cerebro para que escupiera algún
otro argumento, pero parecía que estaba falto de inspiración.
- Vamos a darle un par de semanas al asunto de los compañeros de silla. Ah, y estaba
hablando en serio acerca de ser la tutora de Patch. Estoy contando contigo.
El Entrenador no esperó por mi respuesta, comenzó a silbar la tonada de Jeopardy y salió
por la puerta.
A las siete de la tarde el cielo se puso azul oscuro y subí la cremallera de mi abrigo
buscando más calor. Vee y yo salíamos del cine, después de ver El Sacrificio, y nos
dirigíamos al estacionamiento. Mi trabajo en el eZine era hacer reseñas de películas, y
como ya había visto todas las demás películas en cartelera, nos resignamos a ver lo
último del cine urbano.
- Ésa - Dijo Vee - fue la película más grotesca que he visto en mi vida. Como norma, ya no
volveremos a ver nada que tenga que ver con terror.
Bien por mí. Estaba comenzando a sentirme un poco paranoica tomando en
consideración que anoche alguien estuvo acechando tras la ventana de mi cuarto y a eso
le sumamos que hoy vimos una película que trata sobre un acosador.
- ¿Puedes imaginar - Dijo Vee - vivir toda tu vida sin saber que la única razón por la cual
sigues con vida es porque serás usada como un sacrificio?
Ambas nos estremecimos.
- ¿Y qué pasa con ese altar? - Ella continuó, sin darse cuenta de que me estaba
fastidiando y de que preferiría hablar sobre el ciclo de vida de los hongos antes de hablar
sobre la película - ¿Por qué el chico malo prendió la piedra en fuego antes de atarla a

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ella? Cuando escuché su piel chisporrotear…
- ¡Ya está bien! - Prácticamente grité - ¿A dónde vamos ahora?
- ¿Y puedo decir que si alguna vez un chico me besa así, vomitaré? Repulsivo ni siquiera
describe qué estaba pasando con su boca. ¿Eso era maquillaje, verdad? O sea, nadie
tiene una boca así en la vida real…
- Mi reseña tiene que estar lista para la media noche. - Dije parándome frente a ella.
- Ah. Sí. A la biblioteca entonces. - Vee abrió las puertas de su Dodge Neon del 95 color
violeta - Estás siendo demasiado susceptible ¿Lo sabías?
Me deslicé en el asiento del pasajero.
- Culpa a la película.
Culpa a Tom el Espía, que estaba anoche en mi ventana.
- No estoy hablando solamente de hoy. He notado - Dijo ella con una mueca traviesa que durante los últimos dos días has estado inusualmente malhumorada por una buena
media hora después de la clase de Biología.
- Eso también es fácil. Culpa a Patch.
Los ojos de Vee se posaron en el espejo retrovisor, lo ajustó para ver mejor sus dientes,
los lamió y luego dio una sonrisa practicada.
- Tengo que admitir que su lado oscuro llama mi atención.
Yo no tenía ningún deseo de admitirlo, pero Vee no era la única. Me sentía atraída por
Patch de una manera que nunca había sentido por nadie. Entre nosotros había un
siniestro magnetismo. Cuando estaba cerca de él me sentía atraída al borde del peligro.
Se sentía como si en cualquier momento él podría empujarme por el abismo.
- Escucharte decir eso me hace querer…
Hice una pausa, intentando pensar qué era exactamente lo que nuestra atracción hacia
Patch me hacía querer hacer. Algo no placentero.
- Dime que no crees que él es guapo - Dijo Vee - y prometo nunca más hablar de él.
Extendí la mano para encender la radio. Con tantas cosas que hacer, debe haber algo
mejor que arruinar nuestra noche hablando abstractamente de Patch. Sentarme una
hora al lado de él todos los días, cinco días a la semana, era más de lo que podía
soportar. Tampoco le iba a dar mis noches.
- ¿Y bueno? - Presionó Vee.
- Él puede ser guapo, pero yo seré la última en saberlo. En esto soy un jurado corrupto, lo
siento.
- ¿Qué se supone que significa eso?
- Significa que no soporto su personalidad. Ninguna cantidad de belleza podría arreglar
eso.
- No es belleza. Él es… difícil de explicar. Sexy.
Yo puse mis ojos en blanco.
Vee sonó la bocina y frenó en seco mientras otro coche se ponía frente a ella.
- ¿Qué? ¿No estás de acuerdo, o es que no es tu tipo?
- No tengo un tipo. - Dije - No soy tan estrecha.

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Vee rió.
- Tú, nena, eres más que estrecha. Estás confinada. Hacinada. Tu espectro es tan ancho
como uno de los micro-organismos del entrenador. En la escuela hay pocos chicos, si es
que hay alguno, de los cuales podrías enamorarte.
- Eso no es cierto. - Dije automáticamente. No fue hasta que lo dije que me pregunté cuán
ciertas eran mis palabras. Nunca he estado interesada en nadie. ¿Tan rara era? - No tiene
que ver con los chicos, es sobre… amor. No lo he encontrado.
- No se trata de amor. - Dijo Vee - Se trata de divertirse.
Dudosa, junté mis cejas.
- Besar un chico, no sé. No me interesa. ¿Es divertido?
- ¿No has estado prestando atención a la clase de Biología? Es mucho más que besarse.
- Ah. - Dije como si hubiera descubierto el mayor de los conocimientos – La población
humana ya está bastante elevada sin tenerme a mí para contribuir a ello.
- ¿Quieres saber quién creo que sería muy bueno en eso?
- ¿Bueno?
- Bueno. - Repitió con una sonrisa indecente.
- No quiero saberlo.
- Tu compañero.
- No le llames así. - Dije - Compañero tiene una connotación positiva.
Vee acomodó su coche en un espacio cerca de las puertas de la biblioteca y apagó el
motor.
- ¿Alguna vez has fantaseado con besarlo? ¿Alguna vez lo has visto de reojo y has
imaginado lanzarte y cerrar tu boca con la suya?
Yo la miré con una mirada que deseé que luciera bastante alarmada.
- ¿Tú lo has hecho?
Vee sonrió abiertamente.
Traté de imaginar qué haría Patch si supiera esta información. Con lo poco que sabía de
él, sentía que su aversión hacia Vee era lo suficientemente concreta como para tocar.
- Él no es lo suficientemente bueno para ti.
Ella gimió.
- Cuidado. Solo estás haciendo que lo desee más.
Dentro de la biblioteca ocupamos una mesa en el primer nivel, cerca de la sección de
ficción para adultos. Abrí mi ordenador portátil y escribí: El Sacrificio, dos estrellas y
media. Dos y media era probablemente demasiado bajo, pero tenía tantas cosas en mi
mente que no me sentía particularmente equitativa.
Vee abrió una bolsa de frituras de manzana.
- ¿Quieres?
- Estoy bien, gracias.
Ella miró a la bolsa.
- Si no te las comes tendré que hacerlo yo, y en realidad no quiero.
Vee estaba en la dieta de frutas. Tres frutas rojas diarias, dos azules y muchas verdes…

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Ella alzó una fritura y la examinó.
- ¿Qué color? - Le pregunté.
- Verde-hazme-vomitar. Creo.
Justo en ese momento Marcie Millar, la única estudiante de segundo curso que logró ser
porrista en la historia de Coldwater High, se sentó en la esquina de nuestra mesa. Su
cabello rojizo estaba recogido en trenzas y, como siempre, su piel estaba cubierta por
media botella de maquillaje. Estaba segura de que había acertado en la cantidad de
maquillaje porque no se notaban sus pecas. No he vuelto a ver ninguna de sus pecas
desde séptimo grado, el mismo año que descubrió Mary Kay. Había tres cuartos de
pulgada entre el final de su falda y el comienzo de su ropa interior… si es que llevaba
puesto algo.
- Hola talla grande. - Le dijo Marcie a Vee.
- Hola fenómeno. - Le contestó Vee.
- Mi madre está buscando modelos en esta semana. El pago son nueve dólares la hora.
Pensé que estarías interesada. - La madre de Marcie maneja el JCPenney local y en los
fines de semanas tiene a Marcie y al resto de las porristas desfilando bikinis en las
vitrinas que dan a la calle - Se le ha hecho muy difícil conseguir modelos para ropa
interior de talla extra grande. - Dijo Marcie.
- Tienes comida atorada en tus dientes. - Vee le dijo a Marcie - En la grieta que hay entre
tus dos dientes frontales. Parece como chocolate laxante…
Marcie lamió sus dientes y se bajó de la mesa. Mientras ella se alejaba ostentosamente,
Vee ―a espaldas de Marcie― metió su dedo en la boca y fingió que se provocaba el
vómito.
- Tiene suerte de que estamos en la biblioteca. - Me dijo Vee - Tuvo suerte de que no nos
hubiéramos encontrado en un callejón oscuro. Última oportunidad, ¿quieres una fritura?
- Paso.
Vee se fue para tirar las frituras. Minutos más tardes regresó con una novela de romance.
Se sentó al lado mío y, mostrando la carátula, dijo: Algún día éstas vamos a ser nosotras.
Violadas por dos vaqueros medio desnudos. Me pregunto cómo se sentirá besar labios
tostados por el sol y manchados de barro…
- Sucio. - Murmuré mientras seguía escribiendo en mi portátil.
- Hablando de sucio. - Y alzó la voz inesperadamente - Ahí está nuestro chico.
Dejé de escribir, miré sobre mi portátil y mi corazón soltó un latido. Patch estaba parado
al otro lado de la habitación, haciendo fila para llevarse un libro. Como si él sintiera que
lo estaba mirando, se volvió y nuestros ojos se encontraron por tres segundos. Yo fui la
primera en mirar a otra parte, pero no sin antes recibir una lenta sonrisa.
Mi corazón comenzó a latir erráticamente y me dije a mí misma que me tranquilizara. Yo
no iba a seguir por este camino. No con Patch. De ninguna manera, a menos que
estuviera loca.
- Vámonos. - Le dije a Vee mientras cerraba mi portátil, lo guardaba y metía mis libros
dentro de mi mochila, dejando caer unos cuantos mientras lo hacía.

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Vee dijo:
- Estoy intentando leer el título del libro que tiene… espera… Cómo ser un Acosador.
- Él no se va a llevar un libro con ese título. - Pero no estaba segura.
- Es eso o Cómo Ser Sexy Sin Intentarlo.
- ¡Shhh! - Silbé entre dientes.
- Cálmate, él no puede escucharnos. Está hablando con la bibliotecaria. Está registrando
el libro para llevárselo.
Confirmando esto con una rápida mirada, me di cuenta de que si nos íbamos ahora
probablemente nos encontraríamos con él en la salida y entonces tendría que decirle
algo. Me acomodé de nuevo en la silla y comencé a buscar en mis bolsillos ninguna cosa
en particular mientras él terminaba el proceso del libro.
- ¿Crees que será raro que él esté aquí a la misma vez que nosotras? - Preguntó Vee.
- ¿Tú lo crees así?
- Yo creo que te está siguiendo.
- Yo creo que es una coincidencia. - Esto no era del todo cierto.
Si tuviera que hacer una lista de los primeros diez lugares en donde pensaría encontrar a
Patch en cualquier noche, la biblioteca no sería uno de ellos. La biblioteca no estaría ni en
los primeros cien lugares. Entonces, ¿qué estaba haciendo él aquí?
La pregunta era particularmente perturbadora después de lo que pasó anoche. No se lo
había mencionado a Vee porque pensaba que se iba a reducir y marchitar en mi memoria
hasta que dejara de existir. Punto.
- ¡Patch! - Susurró Vee teatralmente - ¿Estás acosando a Nora?
Yo planté mi mano en su boca.
- Deja eso y lo digo en serio. - Le dije adoptando una expresión severa.
- Apuesto a que te está siguiendo. - Dijo Vee apartando mi mano - Apuesto a que ya tiene
un historial en esto. Apuesto a que ha tenido órdenes de alejamiento. Deberíamos
colarnos en la oficina, podría estar todo en su archivo estudiantil.
- No nos vamos a meter en la oficina.
- Yo podría crear alguna distracción. Soy buena en eso. Nadie te vería entrando.
Podríamos ser como espías.
- Nosotras no somos espías.
- ¿Sabes cuál es su apellido? - Preguntó Vee.
- No.
- ¿Sabes algo sobre él?
- No, y me gustaría mantenerlo así.
- Ay, vamos. Te encantan los misterios y éste no podría ser mejor.
- Los mejores misterios están relacionados con cadáveres. No tenemos un cadáver.
- ¡Todavía! - Chilló Vee.
Saqué de la botella dos píldoras de hierro y me las tragué.

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Después de las nueve y treinta, Vee estaba entrando en la carretera de su casa,
apagando el motor y sacudiendo las llaves enfrente mío.
- ¿No me vas a llevar a casa? - Le pregunté.
Una pérdida de aliento porque ya sabía qué iba a responder.
- Hay neblina.
- Neblina parcial.
Vee sonrió abiertamente.
- Ay, niña. Estás pensando en él. No te culpo. Personalmente, espero soñar con él esta
noche¹. Y la neblina siempre se pone peor cerca de tu casa. - Continuó Vee - Me asusta
cuando ya es de noche.
Agarré las llaves.
- Muchas gracias.
- No me culpes. Dile a tu madre que se mude más cerca. Dile que existe este nuevo club
llamado civilización y vosotras podríais uniros.
- Supongo que mañana te tengo que recoger para ir a la escuela. ¿Cierto?
- A las siete y media estaría bien. Haré el desayuno.
- Más vale que sea bueno.
---------¹ Aquí hay un juego de palabras, Nora dice: “Patchy fog” lo que significa que la neblina
solo está en algunas partes, pero Vee -nada más que por molestar a Nora- asocia la
palabra “Patchy” con Patch. Es por eso que luego ella le dice a Nora que no deja de
pensar en él. (N. del T.)
Sé buena con mi bebé. - Ella acarició el dash del Neon - Pero no demasiado buena. No
quiero que piense que hay alguien mejor que yo.
Mientras conducía a mi casa, me permití pensar un poco en Patch. Vee tenía razón, algo
en él era increíblemente seductor y también increíblemente espeluznante. Mientras más
pensaba en ello, más me convencía de que algo en él era… extraño. El hecho de que a él
le gustara contrariarme no era exactamente algo nuevo, pero había una diferencia
cuando a molestarme en la clase se le suma el que posiblemente me esté siguiendo a la
biblioteca para contrariarme aún más. No mucha gente se tomaría tantas molestias… a
menos que tenga una muy buena razón.
A mitad de camino, la lluvia comenzó a caer, dividiendo mi atención entre el camino y el
volante, mientras intentaba localizar los limpia parabrisas.
Las luces de la calle comenzaron a parpadear y me pregunté si se avecinaba alguna
tormenta más fuerte. El clima cambia constantemente estando tan cerca del océano y un
aguacero puede rápidamente convertirse en una inundación. Decidí acelerar el Neon.
Las luces de afuera volvieron a parpadear. Una sensación fría recorrió mi nuca y se me
puso la piel de gallina. Mi sexto sentido gradualmente se puso en alerta máxima. Me
pregunté si pensaba que estaba siendo perseguida. Por mi retrovisor no veía ninguna luz
y al frente tampoco había ningún coche. Estaba completamente sola. No era un
pensamiento muy reconfortante. Aceleré el coche a cuarenta y cinco.

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Encontré los limpia parabrisas, pero aunque estaban a velocidad máxima, no podían
contra la pesada lluvia. La luz del semáforo que estaba más al frente cambió a amarillo.
Me detuve lentamente, verifiqué que no hubiera tráfico y luego atravesé la intersección.
Escuché el impacto antes de que registrara la oscura silueta deslizarse a través del techo
del coche.
Grité y frené en seco. La silueta dio un golpazo contra el parabrisas y lo agrietó.
Por impulso, moví el volante bruscamente hacia la derecha. La parte trasera del Neon
patinó, haciéndome dar vueltas en la intersección. La silueta dio vueltas y desapareció en
el borde del techo.
Yo estaba aguantando la respiración, apretando el volante entre los nudillos blancos de
mis manos. Levanté mis pies de los pedales y el coche se detuvo.
Él estaba agachado a poca distancia, observándome. Él no parecía para nada… herido.
Estaba vestido completamente de negro y se confundía con la noche, haciendo difícil ver
cómo era. Al principio no pude distinguir ningún rasgo facial y luego me dí cuenta de que
llevaba puesta una máscara de esquiar.
Él se paró y aminoró la distancia entre ambos. Plantó su mano en el cristal de la ventana
del conductor y nuestros ojos se encontraron a través de los agujeros de su máscara. Una
sonrisa letal pareció crecer en los suyos.
Nuevamente aporreó el cristal y éste vibró entre nosotros.
Arranqué el coche, intenté sincronizarlo poniendo el cambio en primera, apretando el
pedal de gasolina y soltando el embrague. El motor hizo el intento de prender, pero
luego se volvió a apagar.
Arranqué el motor una vez más, pero estaba distraída por un gemido metálico y
desentonado. Observé con horror cómo la puerta comenzaba a arquearse. Él la estaba
arrancando.
Con fuerza, puse la palanca de cambio en primera. Mis zapatos resbalaban en los
pedales. El motor comenzó a gruñir y el contador de revoluciones subió hasta la zona
roja.
Su puño atravesó la ventana con una explosión de vidrios. Su mano pasó torpemente por
mi hombro y luego se aferró a mi brazo. Lancé un ronco grito, pisé fuerte el pedal de
gasolina y me liberé de su agarre. El Neon comenzó a moverse haciendo chillidos. Él por
un tiempo se mantuvo corriendo al lado del coche y agarrando mi brazo, pero luego me
soltó.
Aceleré más actuando bajo los efectos de la adrenalina. Miré por el espejo retrovisor
para asegurarme de que él no me estaba siguiendo y luego giré el espejo para que diera a
otra a parte. Tuve que morderme los labios para evitar sollozar.

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Capítulo 4.

Conduje Hawthorne a toda velocidad hasta llegar a mi casa y luego di la vuelta
y me dirigí al centro de Coldwater, atajando por Beech y utilicé el marcado
rápido de mi celular para llamar a Vee.
- “Pasó algo… yo… él… eso salió de la nada… el Neón…”
- “Te estás entre cortando. ¿Qué?”
Me limpié la nariz con la parte trasera de mi mano. Estaba temblando de la
cabeza a los pies. --- “Él salió de la nada.”
- “¿Quién?”
- “Él…” Intenté juntar mis pensamientos y formularlos en palabras. “¡Él saltó
frente al auto!”
- “Ay, hombre. Ay-dios-ay-dios-ay-dios. ¿Golpeaste un venado? ¿Estás bien? ¿Qué
le pasó a Bambi?” Ella mitad gimió y mitad gruñó. “¿El Neón?”
Yo abrí la boca, pero Vee me interrumpió.
- “Olvídalo. Lo tengo asegurado. Solo dime que no hay pedazos de venado sobre
mi bebé… no los hay ¿cierto?”
Cualquiera que fuera la respuesta que le iba a dar se quedó atrás. Mi mente
estaba dos pasos adelantados. Un venado. Quizá podría fingir que impacté a un
venado. Quería contarle la verdad a Vee, pero tampoco quería parecer una loca.
¿Cómo iba a explicar que vi al chico que impacté ponerse en pie y arrancar la
puerta del auto? Gire mi cuello hacia un lado de mi hombro. Hasta donde podía
ver, no había marcas en dónde él me había agarrado…
De repente reflexioné. ¿De verdad estaba considerando negar lo que había
pasado? Yo sé lo que vi. No fue mi imaginación.

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- “Ay rayos,” dijo Vee. “No me estas respondiendo. El venado está pegado en los
focos del auto ¿cierto? ¿Estás conduciendo por ahí con él atascado en el frente
como si fuera una pala para la nieve?”
- “¿Puedo dormir en tu casa?” Quería salir de las calles. Fuera de la
oscuridad. Con una súbita inhalación me di cuenta de que para ir a casa de Vee
tendría que volver a la intersección en donde lo impacté a él.
- “Estoy en mi cuarto,” dijo Vee.
“Puedes venir. Te veo en un rato.”
Con mis manos fuertemente apretadas contra el volante, conduje el Neón a través
de la lluvia, rezando para que el semáforo en Hawthorne estuviera verde en mi
favor. Lo estaba y pasé la intersección mirando directamente hacia el frente,
pero a la vez mirando con el rabillo del ojo las sombras de los lados de la
carretera. No había ninguna señal del chico con la máscara de esquiar.
Diez minutos más tardes estaba estacionando el Neón frente a la casa de Vee. El
daño en la puerta fue mucho y tuve que patearla para poder salir. Luego corrí
hasta la puerta de entrada, entré a toda prisa y bajé corriendo las escaleras
hasta el sótano.
Vee estaba sentada en su cama con las piernas cruzadas, tenía un cuaderno sobre
sus rodillas, llevaba puesto audífonos y su iPod estaba encendido.

- “¿Quiero ver el daño hoy, o debería esperar a dormir al
menos siete horas?” Me preguntó a través de la música.
- “Quizá deberías escoger la opción número dos.”
Vee cerró su cuaderno y se quitó los audífonos.

- “Terminemos con
esto de una vez.”
Cuando salimos, me quedé mirando al Neón por un largo rato. No era una noche
cálida, pero el clima no era la causa del escalofrío que recorrió mis brazos.
La ventana del conductor no estaba rota. Tampoco la puerta.

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- “Algo no está bien,” dije. Pero Vee no me estaba escuchando. Ella estaba
ocupada inspeccionando cada pulgada del Neón.
Yo me adelanté para inspeccionar la ventana del lado del conductor. Cristal
sólido. Cerré mis ojos. Cuando los volví a abrir, la ventana seguía intacta.
Caminé hasta la parte de atrás del auto, casi terminaba de rodearlo cuando de
repente me paré en seco. Había una pequeña grieta en el parabrisas.
Vee lo vio al mismo tiempo.
- “¿Estás segura que
no fue una ardilla?”
Mi mente volvió a los letales ojos tras la máscara de esquiar. Ellos eran tannegros que no
podía distinguir las pupilas. Eran negros como los de… Patch.
- “Mírame, estoy llorando de alegría,” dijo Vee, tumbándose de forma poco
elegante en el Neón para abrazarlo. “Una pequeña grieta. ¡Eso es todo!”
Yo fingí que sonreía, pero mi estómago estaba revuelto. Cinco minutos antes, el
cristal de la ventana se había deshecho y la puerta estaba encorvada. Ahora,
mirando al auto, todo eso parecía imposible. No, parecía una locura. Pero yo vi
como atravesó el cristal con su puño y sentí como sus uñas se clavaban en mi
hombro.
¿Verdad?
Mientras más intentaba recordar el accidente, menos podía. Pequeñas lagunas de
información perdida llenaban mi memoria. Los detalles se estaban perdiendo.
¿Era él alto? ¿Bajo? ¿Delgado? ¿Musculoso? ¿Me dijo algo?
No podía recordar. Esa era la parte más aterradora.

A la mañana siguiente, Vee y yo salimos a las siete y quince
y conducimos a Enzo’s Bristol para tomar un desayuno de leche vaporosa. Con mis
manos envueltas alrededor de mi tasa china, intenté aliviar el frío que
recorría el interior de mi cuerpo. Sí me bañé y me puse una camisola y un cardigán
que me prestó Vee, también me puse un poco de maquillaje, pero casi ni recuerdo
cuando lo hice.

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- “No mires ahora,” dijo Vee, “pero el señor Suéter Verde sigue mirando para
acá, estimando tus largas piernas a través de tus jeans… Ah! Me acaba de saludar.
No estoy bromeando. Me acaba de dar un pequeño saludo militar, de esos que
hacen con dos dedos. Que adorable.”
Yo no la estaba escuchando. El accidente de anoche se estuvo repitiendo en mi
cabeza durante toda la noche, llevándose consigo toda posibilidad de dormir.
Mis pensamientos estaban enredados, mis ojos estaban pesados y no podía
concentrarme.
- “El señor Suéter Verde se ve normal, pero su copiloto parece un chico muy
malo,” dijo Vee. “Emite cierta señal de no-jodas-conmigo. Dime que no parece al
hijo de Drácula. Dime que estoy imaginando cosas.”
Alzando mis ojos lo suficiente como para verlo sin parecer que lo estaba viendo,
me fijé en las facciones finas y atractivas de su rostro. El pelo rubio colgaba
hasta sus hombros. Sus ojos eran de color del cromo. No estaba afeitado.
Estaba impecablemente vestido con una chaqueta a la medida y unos jeans
oscuros de diseñador.
-“Estas imaginando cosas,” dije.
- “¿No te fijaste en ese par de ojos profundos? ¿En esa forma de uve que la raíz de su
cabello deja en su frente, al estilo Drácula? ¿En su cuerpo alto y delgado? Él puede que
sea hasta más alto que yo.”
Vee mide casi seis pies de alto y le encantan los tacones. Tacones altos.
También tiene la costumbre de no salir con chicos más bajos que ella.
- “Bueno ¿cuál es el problema?” Preguntó Vee. “Te has vuelto incomunicable.
¿Esto no tiene que ver con la grieta en mi parabrisas, verdad? ¿Qué importa que
hayas golpeado un animal? Le pudo haber pasado a cualquiera. Aunque está
comprobado que las probabilidades hubieran sido menos si tu mamá se mudara fuera de
la jungla.”
Le iba a contar a Vee lo que había pasado de verdad. Pronto. Solo necesitaba un poco de
tiempo para juntar los detalles. El problema era que no veía cómo podría hacerlo. Los
únicos detalles que recuerdo estaban incompletos. Era como si un borrador hubiera
dejado mi memoria en blanco. Pensando, recordé que un aguacero caía en cascada sobre
las ventanas del Neón, causando que todo afuera se viera borroso. ¿Habré

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golpeado de verdad a un venado?
- “Mmm, mira eso,” dijo Vee. “el señor Suéter Verde se está levantando de su silla. Vaya,
eso sí es un cuerpo que visita el gimnasio regularmente.
Definitivamente está caminando hacia nosotras. Sus ojos están buscándote.”
Medio latido después, fuimos saludadas con un simpático, - “Hola.”
Vee y yo lo miramos al mismo tiempo. El señor Suéter Verde estaba parado tras
nuestra mesa, sus pulgares estaban enganchados en los bolsillos de sus jeans.
Tenía ojos azules y el pelo rubio estratégicamente despeinado caía sobre su frente.
- “Hola a ti,” dijo Vee. “Soy Vee y esta es Nora Grey.”
Miré seriamente a Vee. No me gustó que ella diera mi apellido, se sintió como
si hubiera violado el contrato entre chicas y mejores amigas cuando se
encuentran con chicos desconocidos. Hice un leve movimiento de mano como saludo y
llevé la tasa a mis labios, quemando mi lengua inmediatamente.
Él arrastró una silla de la mesa de al lado y se sentó al revés, sus brazos
descansando en donde se suponía que estuviera su espalda. Extendiendo una mano en
mi dirección, dijo, - “Soy Elliot Saunders.” Sintiéndome demasiado formal, le estreché la
mano. - “Y este es
Jules,” añadió, alzando su barbilla en dirección a su amigo, al cual Vee
subestimó cuando le llamó ‘alto’.
Jules inclinó todo su cuerpo y se sentó en una silla al lado de Vee, y bajo
Su cuerpo la silla parecía muy pequeña.
Ella le dijo, - “Creo que eres el chico más alto que he visto en mi vida. En
serio. ¿Cuánto mides?”
- “Seis pies, diez pulgadas,” masculló Jules, hundiéndose en su silla y
cruzándose de brazos.
Elliot aclaró su garganta.- “¿Puedo comprarles algo para comer?”
- “Estoy bien,” dije, levantando mi
taza. “Ya ordené.”
Vee me pateó bajo la mesa. - “Ella quiere una dona rellena de crema de

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vainilla. Que sean dos.”
- “¿No es eso demasiado para tu dieta?” Le pregunté a Vee.
- “El grano de la vainilla es una fruta. Una fruta marrón.”
- “Es una legumbre.”
- “¿Estás segura sobre eso?” No lo estaba.
Jules cerró los ojos y se apretó el puente de su nariz. Aparentemente él estaba
tan contento de estar sentado con nosotras, como yo lo estaba por tenerlos a
ellos allí.
Mientras Elliot caminaba hacia el mostrador, permití que mis ojos lo recorrieran.
Definitivamente él estaba en la secundaria, pero nunca antes lo había visto en
CHS. Lo hubiera recordado. Él tiene una personalidad carismática y llevadera, de
esas que no pasan desapercibidas. Si no me hubiera sentido tan trastornada,
definitivamente me hubiera interesado para una amistad, o tal vez para algo
más.
- “¿Vives por aquí?” Le preguntó Vee a Jules.
- “Mmm.”
- “¿Vas a la escuela?”
- “Kinghorn Prep.” Había un aire de superioridad en la manera en que él lo dijo.
- “Nunca he oído de ella.”
- “Es una escuela privada en Portland. Comenzamos a las nueve.” El levantó su
manga y miró su reloj.
Vee sumergió un dedo en la espuma de la leche y luego lo lamió.- “¿Es cara?”
Por primera vez, Jules la miró directo a los ojos. Sus ojos se estrecharon,
mostrando un poco de blanco alrededor de los bordes.
- “¿Eres rico? Apuesto que lo eres,” ella dijo.

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Jules miró a Vee como si ella hubiera matado una mosca en su
frente. Él alejó su silla un par de pulgadas, distanciándose de nosotras.
Elliot regresó con una caja con media docena de donas.
- “Dos cremas de vainilla para las damas,” él dijo, empujando la caja hacia mí,
“y cuatro glaseadas para mí. Supongo que me tengo que llenar ahora porque no sé
cómo es la cafetería de Coldwater High.”
Vee casi escupe su leche. - “¿Vas a ir a CHS?”
- “Comenzaré hoy. Me acabo de transferir de Kinghorn Prep.”
- “Nora y yo vamos a CHS,” dijo Vee. “Espero que aprecies tu buena suerte.
Cualquier cosa que necesites saber -incluyendo a quién deberías invitar
para el baile de primavera- solo pregunta. Nora y yo no tenemos pareja… todavía.”
Decidí que era tiempo para separarnos. Jules estaba obviamente aburrido y molesto, y el
estar en su compañía no ayudaba a mi ya agotado ánimo. Hice un gran espectáculo
mirando al reloj de mi celular y dije, “Será mejor que nos vayamos a la escuela, Vee.
Tenemos que estudiar para el examen de bilogía. Elliot, Jules; fue un placer conocerles.”
- “Nuestro examen de bilogía es para el viernes,” dijo Vee.
Mi interior se estremeció, pero aún así sonreí entre dientes. - “Correcto. Me refería a que
tengo un examen de inglés. Las obras de… Geoffrey Chaucer.” Todo el mundo supo que
estaba mintiendo.
De una manera lejana, mi rudeza me molestó un poco, especialmente porque Elliot no
había hecho nada para merecerlo. Pero no quería estar sentada aquí por más
tiempo. Quería seguir adelante, distanciándome de lo que paso anoche. Tal vez la
desvanecida memoria no era tan mala después de todo. Mientras más temprano
olvidara lo que pasó, más rápido mi vida volvería a retomar su normalidad.
- “Espero que pases bien tu primer día de clases y quizá nos veamos en el
almuerzo,” le dije a Elliot. Luego tomé a Vee por el codo, la obligué a
levantarse y la conduje hasta la puerta.

****

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El día escolar casi se había acabado, solo quedaba biología y me dirigí a la
clase después de que hiciera una parada rápida en mi casillero para cambiar los
libros. Vee y yo llegamos antes que Patch, ella se deslizó en su silla vacía y buscó en su
mochila, sacando una caja de Hot Tamales.
- “Por aquí va una fruta roja,” ella dijo, ofreciéndome la caja.
- “Déjame adivinar… ¿La canela es una fruta?” Alejé la caja.
- “Tampoco almorzaste,” dijo Vee, frunciendo el entrecejo.
- “No tengo hambre.”
- “Mentirosa. Siempre tienes hambre. ¿Esto tiene que ver con Patch? ¿No piensas que él
de verdad te esta acosando, verdad? Porque anoche solo estaba bromeando con todo
ese asunto en la biblioteca.”
Comencé a masajearme circularmente las sienes. El sordo dolor que tomó por residencia
mis ojos aumentó por la mención de Patch. “Patch es lo menos que me preocupa,” dije.
Eso no era exactamente cierto.
- “Mi asiento, si no te molesta.”
Vee y yo miramos simultáneamente al sonido de la voz de Patch.
El sonó lo suficientemente simpático, pero siguió observando a Vee mientras colgaba su
mochila en su hombro y parecía que ella no se podía mover lo suficientemente rápido
porque él movió su brazo hacia el lado, invitándola a que se saliera del medio.
- “Luciendo bien, como siempre,” él me dijo mientras se sentaba en su silla. Se
recostó en ella, extendiendo sus piernas. Sabía que era alto, pero nunca me había puesto
a medirlo. Ahora, mirando sus piernas, supuse que él medía más de seis pies. Quizá seis y
una pulgada.
- “Gracias,” respondí sin pensar e inmediatamente quise retirar lo dicho.
¿Gracias? De todas las cosas que pude haber dicho, ‘gracias’ era la peor. No quería que
Patch pensara que me gustaban sus cumplidos. Porque no me gustaban…la mayor parte
de ellos. No se necesitaba mucha percepción para darme cuenta que él era problemático
y ya tenía demasiados problemas en mi vida. No tenía necesidad de invitar más. Quizá si
lo ignoraba, eventualmente él dejaría de intentar iniciar conversaciones y entonces
podríamos sentarnos uno al lado del

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otro en silenciosa armonía, como los demás compañeros del salón.
- “También hueles bien,” dijo Patch.
- “Se llama tomar una ducha.” Yo estaba mirando directamente hacia el frente.
Cuando él no contestó, miré hacia el lado. “Jabón. Champú. Agua caliente.”
- “Desnuda. Sé el proceso.”
Abrí mi boca para cambiar el tema, pero la campana me interrumpió.
- “Aparten sus libros,” dijo el entrenador desde detrás de su escritorio. “Les
voy a repartir un examen corto para prepararlos para el examen del viernes.” Él
se detuvo frente a mí, lamiendo sus dedos mientras intentaba separar las hojas
de los exámenes. “Quiero quince minutos de silencio mientras responden las
preguntas. Luego, discutiremos el capítulo siete. Buena suerte.”
Trabajé con las primeras preguntas, respondiéndolas con un rítmico desplazo de
hechos memorizados. Si no fue otra cosa, el examen robó mi concentración,
apartando el accidente de anoche y la voz que cuestionaba mi salud mental.
Haciendo una pausa para quitarme el calambre que le había dado a la mano con la
que escribía, sentí a Patch inclinado hacia mí.
- “Te ves cansada. ¿Tuviste una noche agitada?” Susurró.
- “Te vi en la biblioteca.” Tuve el cuidado de mantener mi lápiz moviéndose
sobre mi examen, pareciendo que estaba trabajando duramente.
- “Lo más destacado de mi noche.”
- “¿Me estabas siguiendo?”
El movió su cabeza hacia atrás y rió suavemente.
Intenté otro ángulo. - “¿Qué estabas haciendo allí?”
- “Buscando un libro.”
Sentí los ojos del entrenador sobre mí y me dediqué a mi examen. Después de contestar
otras cuantas preguntas, miré disimuladamente a la izquierda y me sorprendí al descubrir
que Patch me estaba mirando. El sonrió.

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Mi corazón dio un inesperado vuelco, sorprendida por su extrañamente atractiva sonrisa.
Para mi horror, estaba tan desconcertada, que se me calló el lápiz, rebotó varias veces
sobre la mesa y luego rodó hasta el borde. Patch se dobló para tomarlo, lo sostuvo en la
palma de su mano y tuve que concentrarme en no tocar su piel mientras lo tomaba.
- “Después de la biblioteca,” susurré, “¿a dónde fuiste?”
- “¿Por qué?”
- “¿Me seguiste?” Exigí en tono bajo.
- “Luces un poco agitada, Nora. ¿Qué pasó?” Sus cejas se juntaron con
preocupación, pero era todo fingido porque había un brillo burlón en el centro de sus
negros ojos.
- “¿Me estas siguiendo?”
- “¿Por qué querría perseguirte?”
- “Contesta la pregunta.”
- “Nora.” La advertencia en la voz del entrenador hizo que me volviera a
concentrar en mi examen. Pero no pude evitar especular sobre cuál hubiera sido su
respuesta y eso hizo querer alejarme de Patch, estar lejos de él en el salón. Al otro lado
del mundo.
El entrenador sopló su silbato.
-“Se acabó el tiempo. Pasen sus exámenes al que está en
frente. Esperen preguntas similares en el examen del viernes. Ahora,” él juntó
sus manos y el sonido seco que causó, hizo que me estremeciera,
“a la lección de hoy. Señorita Sky ¿quieres decir cuál será nuestro tema?”
- “S-e-x-o,” anunció Vee.
Precisamente, luego de que ella hablara, yo me desconecté. ¿Patch me estaba
persiguiendo? ¿Era su cara la que estaba tras la máscara de esquiar, si es que había una
cara tras ella? ¿Qué quería él? Abracé mis codos, sintiendo
súbitamente frío. Quería que mi vida volviera a ser como era antes de que Patch
irrumpiera en ella.

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Al final de la clase, detuve a Patch antes de que se fuera. - “¿Podemos
hablar?”
Él ya estaba parado, así que se sentó en el borde de la mesa. - “¿Qué pasa?”
- “Yo sé que tú tampoco quieres sentarte conmigo y creo que el entrenador consideraría
cambiar nuestros asientos si tú hablas con él. Si le explicas la situación…”
- “¿La situación?”
- “Nosotros no somos… compatibles.”
El pasó su mano sobre su mandíbula, un calculador gesto con el cual ya me he
familiarizado en el poco tiempo que he ido conociéndolo. - “¿No lo somos?”
- “No estoy anunciando que se partió la tierra.”
- “Cuando el entrenador me pidió las características que deseo en una
compañera, le di las tuyas.”
Mi boca se abrió levemente. - “Retira lo dicho.”
- “Inteligente. Atractiva. Vulnerable. ¿No estás de acuerdo?”
Él estaba haciendo esto con el único propósito de contrariarme y eso solo me
puso más nerviosa.

-“¿Le pedirás al entrenador que nos cambie de asiento o no?”
- “Yo paso. Me he acostumbrado a ti.”
¿Cómo se supone que respondiera a eso?
Obviamente su objetivo era que yo reaccionara, lo cual no era difícil porque nunca sabía
cuando él esta bromeando o hablando en serio.
Traté de que mi voz sonara tranquila. - “Creo que estarás mejor sentado con otra
persona y creo que lo sabes.” Sonreí tensa, pero cortésmente.
“Creo que podría terminar sentado con Vee.” Su sonrisa parecía igual de cortés que la

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mía - ---“No voy a presionar mi suerte.”
Vee apareció al lado de nuestra mesa, mirándonos a mí y a Patch. - “¿Interrumpo algo?”
- “No,” dije, cerrando mi mochila. “Le estaba preguntando a Patch sobre la lectura de
esta noche. No recuerdo cuáles fueron las páginas que el entrenador asignó.”
- “La asignación está en la pizarra,
como siempre. Como si no lo hubieras leído.”, dijo Vee.
Patch rió, pareció que estaba compartiendo una broma privada con él mismo. Sin ser la
primera vez, deseé saber qué él estaba pensando. Porque a veces estaba completamente
segura de que esas bromas tenían todo que ver conmigo. - “¿Algo
más, Nora?”
- “No,” dije. “Te veo mañana.”
- “Eso espero.” El guiñó. De verdad guiñó.
Después de que Patch estuviera lo bastante lejos par que no pudiera escuchar, Vee
agarró mi brazo. - “Buenas noticias.
Cipriano. Ese es su apellido. Lo vi en la lista del entrenador.”
- “¿Y eso es algo por lo cual alegrarse porque…?”
-“Todo el mundo sabe que los estudiantes tienen que registrar en la enfermería
las medicinas recetadas.” Ella tiró del bolsillo frontal en mi mochila, en
donde yo guardaba mis píldoras de hierro. “Además, todo el mundo sabe que la oficina
de la enfermera esta convenientemente localizada dentro de la oficina principal, donde,
da la casualidad, están también guardados los archivos de los estudiantes.”
Con los ojos brillantes, Vee enlazó su brazo con el mío y me arrastró hacia la puerta. - “Es
hora de hacer trabajo detectivesco de verdad.”

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Capítulo 5.

-“¿Te puedo ayudar?”
Sonreí forzadamente a la secretaria de la oficina principal, esperando no verme tan
deshonesta como me sentía. - “Tengo una medicina recetada que debo tomar
diariamente en la escuela y mi amiga…”
Mi voz se estancó en la palabra. Me pregunto si después de hoy tendré ganas de
considerar a Vee otra vez mi amiga.
-“Mi amiga me informó que se supone que yo lo debo registre con la enfermera. ¿Sabes
si es eso correcto?” No podía creer que estaba aquí parada intentando hacer algo ilegal.
Últimamente estaba mostrando un comportamiento no característico en mí. Primero
seguí a Patch a un billar de mala muerte tarde en la noche. Ahora estaba a punto de
husmear en el archivo estudiantil. ¿Qué estaba pasando
conmigo? No. ¿Qué estaba pasando con Patch? ¿Por qué cuando se trata de él, no puedo
evitar tener mal juicio?
- “Ah, sí,” dijo solemnemente la secretaria. “Todas las medicinas necesitan ser
registradas. La oficina de la enfermera está allá detrás, tercera puerta a la
izquierda, al frente del archivo estudiantil.” Ella hizo señas hacia el pasillo
detrás de ella. “Si la enfermera no está ahí, puedes sentarte en el catre. Ella regresará en
cualquier momento.”
Fabriqué otra sonrisa. De verdad esperaba que no fuera tan fácil.
Mientras caminaba por el pasillo, me detuve par de veces para mirar sobre mi hombro.
Nadie venía tras de mí. El teléfono de la oficina principal estaba sonando, pero sonaba
como un mundo aparte del oscuro pasillo en donde estaba. Estaba sola, libre para hacer
lo que quisiera.
Me paré frente a la tercera puerta a la izquierda. Aguanté la respiración y
toqué a la puerta, pero por la oscuridad en la ventana, era obvio que el cuarto estaba
vacío. Empujé la puerta. Se movió con renuencia, haciendo un chirrido mientras se habría
hacia un pequeño cuarto con baldosas blancas. Por un momento me quedé parada en la
entrada, casi deseando que la enfermera apareciera y así no tener otra opción que

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registrar mis píldoras de hierro e irme. Una rápida mirada a través del pasillo reveló una
puerta con una ventana que decía Archivo estudiantil. También estaba oscura.
Concentré mi atención en un insistente pensamiento en el fondo de mi mente. Patch
diciendo que él no había ido a la escuela el año pasado. Estaba bien segura de que él
estaba mintiendo, pero y si no lo estaba ¿tendría una record estudiantil? Al menos sí
tiene una dirección residencial, razoné. También la tarjeta de vacunas y las calificaciones
del semestre pasado. Aún así, una posible suspensión parecía un precio muy alto para
pagar por mirar la tarjeta de vacunas de Patch.
Recosté un hombro contra la pared y miré mi reloj. Vee me dijo que esperara por su
señal. Ella dijo que sería obvia. Grandioso.
El teléfono en la oficina principal volvió a sonar y la secretaria lo contestó.
Mordiéndome el labio, miré nuevamente a la puerta identificada como Archivo
Estudiantil. Probablemente estaba cerrada con llave. El archivo estudiantil
probablemente era considerado de mucha seguridad. No importaba que clase de
distracción Vee hubiera creado; si la puerta estaba cerrada, yo no iba a entrar.
Cambié mi mochila al otro hombro. Otro minuto pasó. Me dije a mi misma que debía
marcharme…
Por otro lado ¿y si Vee tenía razón? ¿Y si Patch tiene un pasado criminal? Como su
compañera de biología, el tener regularmente contacto con él podría ponerme en
peligro. Yo tenía la responsabilidad de protegerme… ¿cierto?
Si la puerta no estaba cerrada y los archivos estaban alfabetizados, no tendría ningún
problema en localizar rápidamente el record de Patch. A eso añadámosle un par de
segundos para leer por encima a ver si tiene record criminal y probablemente esté fuera
del cuarto en menos de un minuto. Lo cual sería tan rápido que probablemente ni se
sentiría que había entrado.
Todo estaba demasiado callado en la oficina principal. De repente, Vee se
apareció en la esquina. Ella se acercó a mí caminando agachada, pegada
Contra la pared, arrastrando sus manos por la pared y mirando furtivamente sobre sus
hombros. Estaba caminando como los espías lo hacían en las películas viejas.
- “Todo está bajo control,” ella susurró.
- “¿Qué le pasó a la secretaria?”

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- “Tuvo que dejar la oficina por un minuto.”
- “¿Tuvo? No la incapacitaste ¿cierto?”
- “Esta vez no.”
Gracias a dios por las pequeñas bondades.
- “Llamé desde el teléfono público y dije que hay una amenaza de bomba,” dijo Vee. “La
secretaria llamó a la policía y luego corrió para buscar al director.”
- “¡Vee!”
Ella dio golpecitos en su muñeca. - “El reloj está contando. No queremos estar aquí
cuando llegue la policía.” Y me lo dices.
Vee y yo fuimos a la puerta de los archivos de los estudiantes.
- “Muévete,” dijo Vee, empujándome con su cadera.
Ella cubrió su puño con la manga de su camisa e intentó perforar la ventana. Nada pasó.
- “Eso fue solo práctica,” dijo y luego retrocedió para dar otro golpe, pero yo agarré su
brazo.
- “Podría estar abierta.” Giré el pestillo y la puerta se abrió.
- “Eso no fue nada divertido,” dijo Vee. Cuestión de opiniones.
- “Entra tú,” ordenó Vee. “Yo vigilo. Si todo va bien, nos encontraremos en una hora.
Espérame en el restaurante mexicano en la esquina de Drake y Beech.” Luego caminó en
cuclillas por el pasillo.
Me dejó allí parada, mitad adentro y mitad afuera del
estrecho cuarto revestido de pared a pared con archiveros. Antes de que mi conciencia
me dijera que me saliera de ahí, entré y cerré la puerta tras de mí, presionando mi
espalda contra ella.
Con un profundo respiro, me quité la mochila y me adelanté, trazando con mis dedos la
parte frontal de los archiveros. Encontré la gaveta marcada con CAR-CUV. La gaveta se

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abrió de un jalón. Las etiquetas de los archivos estaban identificadas
a mano y me pregunté si Coldwater High era la última escuela en el país que aún no
estaba computarizada.
Mis ojos se posaron sobre el apellido “Cipriano”.
De un tirón, saqué el archivo de la repleta gaveta. Por un momento lo sostuve en mis
manos, tratando de convencerme de que no era tan malo lo que estaba a punto de
hacer. ¿Qué importaba que allí adentro hubiera información privada?
Como compañera de biología de Patch, tenía derecho a saber estas cosas.
Afuera, las voces llenaron el pasillo.
Abrí el archivo con torpeza e inmediatamente me estremecí. No tenía sentido.
Las voces avanzaban.
Al azar, introduje el archivo dentro de la gaveta y la empujé, enviándola
rápidamente devuelta al archivero. Mientras me giraba, me quedé paralizada. Al otro
lado de la ventana, el director se detuvo en seco y su vista estaba fija sobre la mía.
Lo que sea que le estaba diciendo al grupo, el cual consistía de los más
importantes de la facultad, se quedó en el olvido.
- “Discúlpenme un momento,” lo escuché decir. El grupo continuó caminando. Pero él no.
Él abrió la puerta. - “Esta área es prohibida para los estudiantes.”
Intenté mostrar una expresión indefensa. - “Lo siento. Intento encontrar la oficina de la
enfermera. La secretaria dijo que era la tercera puerta a la
derecha, pero creo que conté mal…” Puse mis manos en alto. - “Estoy perdida.”
Antes de que él pudiera responder, abrí la cremallera del bolsillo de mi
mochila.
-“Se supone que registre esto. Píldoras de hierro,” expliqué. “Soy anémica.”
Él me estudió por un momento frunciendo el ceño. Pensé que podía verlo
balancear sus opciones: quedarse aquí y lidiar conmigo, o lidiar con una
amenaza de bomba. El señaló hacia la puerta, alzando su barbilla, -“Necesito que salgas
del edificio inmediatamente.”

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Él abrió la puerta y yo pasé bajo su brazo, mientras mi sonrisa colapsaba.
***
Una hora después me senté en uno de los cubículos del restaurante mexicano en la
esquina de Drake y Beech. Un cactus de cerámica y un coyote de peluche estaban
puestos en la pared frente a mí. Un hombre que llevaba puesto un sombrero más ancho
que él estaba paseándose por ahí, rasgueando acordes en su guitarra. El me dio una
serenata mientras la chica de alterne ponía menús sobre la mesa. Fruncí el entrecejo
cuando vi la insignia en la portada. The Borderline. Nunca antes había comido aquí, y sin
embargo algo en el nombre se me hacía vagamente familiar.
Vee vino detrás de mí y se sentó en la silla opuesta. Nuestro mesero estaba a sus pies.
- “Cuatro chimis, crema agria extra, un plato con nachos y otro con frijoles negros,” le
dijo Vee sin consultar el menú.
- “Un burrito rojo,” dije.
- “¿Cuentas separadas?” Preguntó él.
- “Yo no le voy a pagar a ella,” Vee y yo dijimos al mismo tiempo.
Después de que nuestro mesero se fue, dije, - “Cuatro chimis. Estoy ansiosa por saber su
conexión con las frutas.”
- “No empieces. Me muero de hambre. No he comido nada desde el almuerzo.” Ella hizo
una pausa. “Si no cuentas el Hot Tamales, porque yo no lo estoy contando.”
Vee es voluptuosa, una escandinava, y era increíblemente sexy de una manera no
ortodoxa. Ha habido días en los que nuestra amistad era la única cosa que evitaba mi
envidia. Junto a Vee, la única cosa que tenía a mi favor eran mis piernas y tal vez mi
metabolismo, pero definitivamente no mi cabello.
- “Más vale que traiga los nachos rápido,” dijo Vee. “Me va a dar urticaria si no como algo
salado en los próximos cuarenta y cinco segundos y de todas maneras las primeras tres
letras de la palabra ‘dieta’ debería decirte que es lo que quiero hacer.”
- “Ellos hacen la salsa con tomates,” mencioné. “Eso es rojo y los aguacates son una fruta,
creo.”

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