Caja PDF

Comparta fácilmente sus documentos PDF con sus contactos, la web y las redes sociales.

Compartir un archivo PDF Gestor de archivos Caja de instrumento Buscar PDF Ayuda Contáctenos



El reino que trastorno el mundo .pdf



Nombre del archivo original: El reino que trastorno el mundo.pdf

Este documento en formato PDF 1.6 fue generado por Adobe InDesign CS2 (4.0.1) / Adobe PDF Library 7.0, y fue enviado en caja-pdf.es el 12/06/2014 a las 05:39, desde la dirección IP 190.234.x.x. La página de descarga de documentos ha sido vista 3686 veces.
Tamaño del archivo: 2.7 MB (254 páginas).
Privacidad: archivo público




Descargar el documento PDF









Vista previa del documento


El reino
que trastornó el mundo

David W. Bercot
Traducido por Son-Light Translations

“Trajeron a Jasón y a algunos hermanos ante las autoridades
de la ciudad, gritando: Estos que trastornan el mundo entero
también han venido acá.”
—Hechos 17.6

Publicadora Lámpara y Luz
Farmington, New Mexico, EE.UU.

Edición original en inglés: The Kingdom That Turned the World Upside Down
© 2003 David W. Bercot
Todos los derechos reservados
Scroll Publishing Company
www.scrollpublishing.com
Publicadora Lámpara y Luz
26 Road 5577
Farmington, NM 87401
© 2006 Publicadora Lámpara y Luz
Traducido de The Kingdom That Turned the World Upside Down con permiso de
David W. Bercot
Todos los derechos reservados
Primera impresión 2006
Impreso en los Estados Unidos de América
A no ser que se indique lo contrario, todas las citas bíblicas fueron tomadas de la Versión Reina-Valera
© 1960 Sociedades Bíblicas en América Latina; © renovado 1988 Sociedades Bíblicas Unidas
Usado con permiso

4115/2-06

Contenido
Primera Parte

El reino de valores trastornados

1 ¿Guerra santa? . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 6
2 El reino al derecho. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 12
3 Un reino de otra naturaleza. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 14
4 ¿Has hecho ya el compromiso del reino? . . . . . . . . . . . . . . . . . . 20
5 Un cambio en nuestro concepto de las riquezas. . . . . . . . . . . . . 28
6 Un nuevo estándar de honradez. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 38
7 Las leyes del reino sobre el matrimonio y el divorcio. . . . . . . . . 48

Segunda parte
El gran tropiezo

8 ¿Amar a mis enemigos? . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 60
9 Pero, ¿qué tal si…? . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 68
10 Pero, ¿no dicen las escrituras que…? . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 80
11 ¿Qué tal de los reinos del mundo?. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 88
12 La vida bajo la influencia de dos reinos. . . . . . . . . . . . . . . . . . 92
13 ¿Soy yo de este mundo? . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 100
14 ¿Nos hace esto activistas en pro de la paz y la justicia?. . . . . 107
15 ¿Ha vivido alguien así en la vida real?. . . . . . . . . . . . . . . . . . 110
16 ¿Es este el cristianismo histórico? . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 114

Tercera parte

1 7
18
19
20

¿Cuál es el evangelio del reino?

El camino de Jesús a la salvación. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Cómo entrar en el reino . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
No hay lugar para fariseos. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
El reino no puede permanecer en secreto . . . . . . . . . . . . . . . .



122
132
139
144

Cuarta parte
1
2
22
23
24
25
26
27

Nace un híbrido

¿Qué le pasó al evangelio del reino?. . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
El reino de la teología. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
¿Acaso estaba Dios cambiando las reglas?. . . . . . . . . . . . . . .
Cómo desaparecieron las enseñanzas de Jesús . . . . . . . . . . . .
La era de oro que nunca tuvo lugar. . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Agustín: apologista del híbrido. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
¡Falsificación en el nombre de Cristo! . . . . . . . . . . . . . . . . . .

148
155
163
167
172
181
192

Quinta parte

8
2
29
30
31
32
33
34

Cuando ser un cristiano del reino era ilegal

El reino clandestino . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Los valdenses . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Una corriente alternativa. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Los valdenses se encuentran con los reformistas suizos. . . . . .
La nueva Sion en Ginebra. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
La bandera del reino se levanta de nuevo. . . . . . . . . . . . . . . .
Ahora nos toca a nosotros. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

200
205
215
222
227
234
246

Bibliografía . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 251



Primera Parte
El reino de valores
trastornados



1

¿Guerra santa?
E

ra viernes, el 8 de julio del año 1099. El sol abrasador del desierto se proyectaba sobre una procesión harapienta de clérigos que
llevaba grandes cruces y reliquias de santos. La procesión marchaba
alrededor de los muros exteriores de Jerusalén. El clero iba seguido por
unos 1.200 caballeros descalzos, integrantes de las cruzadas, y cerca
de 11.000 soldados, marineros y obreros hambrientos y sedientos.
Los musulmanes defensores de la ciudad se reían con desdén de la
procesión, burlándose de ellos mientras observaban su marcha. Hasta
profanaban cruces de varias maneras y las colgaban de los muros
de la ciudad para insultar aun más al grupo harapiento de cristianos
medio locos.
A pesar de los insultos y abucheos, los cruzados continuaron en su
procesión de hombres descalzos hasta llegar al Monte de los Olivos
donde se detuvieron. Estando allí, uno de los obispos empezó a exhortarlos: “Ahora nos encontramos en el lugar mismo desde donde el
Señor hizo su ascensión, y no hay otra cosa que podamos hacer para
purificarnos más. Por lo tanto, cada uno de nosotros perdone a su
hermano a quien ha ofendido para que el Señor nos perdone.”1 Luego
les recordó su profecía de que Jerusalén les sería entregada el próximo
viernes si ellos continuaban humillándose y purificándose.
Si los musulmanes escucharon el pronunciamiento del obispo, no
le dieron importancia. ¿Tomar la ciudad de Jerusalén en siete días?
¡Improbable! Porque antes que los cruzados llegaron a las cercanías
de Jerusalén, Iftikhar, el gobernante musulmán de Jerusalén, había
ordenado que taponaran o envenenaran todos los pozos en las afueras
del muro de la ciudad. Los cruzados sólo contaban con un manantial intermitente como su fuente de agua. Muchos de ellos estaban seriamente
deshidratados. Además, Iftikhar había trasladado todos los animales
domésticos al interior de la ciudad amurallada, proveyendo para sus
habitantes un abundante suministro de alimentos. A diferencia de esto,


¿Guerra santa?
los cruzados estaban demacrados a causa del hambre. Jerusalén podría
resistir un cerco prolongado. De hecho, para preservar su suministro
de alimentos y protegerse de una traición, Iftikhar había expulsado a
todos los cristianos de la ciudad. La mayoría de los judíos también se
habían marchado.
Siendo así, Iftikhar y sus soldados no se habían inquietado por
causa de los cruzados. Ellos sabían que tenían suficiente agua, abundantes alimentos, mejores armas, y los muros de la ciudad, al parecer
impenetrables, que los protegían. ¡Y tenían 60.000 hombres armados
para defender los muros! Además de todo esto, ya estaba en camino
un refuerzo de soldados egipcios que venían a levantar el cerco. Y
contra todo esto, ¿qué tenían los cruzados? Unos 1.200 caballeros era
todo, apoyados por una harapienta y mal armada cuadrilla de 11.000
soldados, marineros y obreros. En total, los cruzados tenían menos
de 13.000 hombres contra 60.000 musulmanes armados. A esto se
sumaba el hecho de que los cruzados estaban peleando en una tierra
desconocida y no estaban acostumbrados al calor del desierto que era
muy diferente al clima de Francia, su patria. Sí, realmente provocaban
risa.
Pero la risa cesó cinco días después cuando, para sorpresa de los
musulmanes, los cruzados llevaron sobre ruedas varias torres enormes de madera hacia los muros de Jerusalén. Con madera que habían
logrado recoger, los cruzados habían estado construyendo en secreto
estas gigantescas estructuras. Cada torre estaba equipada con prácticamente todo lo que un ejército medieval necesitaba: una catapulta, un
ariete, un puente levadizo y un torreón alto desde donde los cruzados
podían lanzarles flechas a los defensores de la ciudad. Además de esto,
dentro de cada torre había un pequeño ejército de cruzados francos
que estaban ansiosos por entrar en la ciudad una vez que se abrieran
brechas en los muros.
Al ver las torres espantosas, los defensores musulmanes comenzaron
a construir sus defensas en aquellas partes del muro opuestas a las torres. Sin embargo, la noche antes de atacar, los cruzados desmantelaron
silenciosamente algunas de las torres y las trasladaron a un kilómetro y
medio de distancia, hacia las partes del muro de Jerusalén que estaban
menos fortificadas. Era una tarea inconcebible bajo cualquier circunstancia. Pero en vista de su condición debilitada, aquello fue un logro


Capítulo 1
casi sobrehumano. Cuando la luz de la mañana se proyectó lentamente
sobre Jerusalén en el amanecer del jueves, 14 de julio, los defensores
musulmanes quedaron atónitos. No podían creer que algunas de las
torres hubieran sido trasladadas durante la noche.
Después de trabajar toda la noche, muchos de los atacantes estaban
ya agotados. Sin embargo, oraron aquella mañana, confiando en que
Dios les daría la fuerza necesaria a sus cuerpos cansados. Después de la
oración, los cruzados lanzaron su ataque contra Jerusalén. Entre gritos
de alabanza a Dios, los cruzados comenzaron a acercar lentamente
las torres pesadas hacia los muros de Jerusalén. Mientras las torres
avanzaban palmo a palmo, los cruzados catapultaban piedras enormes
contra los muros de la ciudad y las viviendas interiores. Cuando algunas de las torres llegaron a los muros de la ciudad, sus pesados arietes
comenzaron a golpear los antiguos muros de Jerusalén. Desde lo alto
de sus torres, los cruzados arrojaban misiles de madera en llamas; los
misiles habían sido mojados con alquitrán, cera y sulfuro. Estos misiles
les prendían fuego a las fortificaciones de madera que se encontraban
en el interior de los muros.
No obstante, los defensores musulmanes contraatacaban con los
mismos misiles encendidos, devolviéndolos contra las torres en un
intento por prenderles fuego. Los defensores golpearon las torres todo
el día con rocas catapultadas. Los misiles y las flechas llovieron de acá
para allá durante todo el día. Los cruzados lucharon valientemente,
pero no lograron asegurar ni una posición. Algunas de sus torres habían
sido destruidas. Una de ellas había sido quemada hasta convertirse en
cenizas. Ambas partes dejaron de luchar cuando anocheció.
En la mañana del viernes, 15 de julio, los cruzados reanudaron su
ataque. En ese día, según lo que el obispo había profetizado, ellos tomarían la ciudad. Pero no parecía probable que lo lograran. Todos ellos
estaban agotados a causa de las noches de desvelo y la batalla del día
anterior. Ya para el mediodía, los cruzados estaban muy desanimados.
Estaban cansados y al parecer no estaban logrando ningún avance. Se
encontraban trágicamente superados en número por los musulmanes,
y los muros de Jerusalén parecían impenetrables.
Finalmente, hicieron un alto en sus operaciones y se reunieron.
Aproximadamente la mitad de ellos estaba dispuesta a suspender el
cerco infructuoso y colgar al obispo que había hecho las profecías


¿Guerra santa?
falsas. Sin embargo, mientras ellos aún hablaban, un caballero en el
Monte de los Olivos comenzó a hacerles señales a los demás con su
escudo, indicándoles que avanzaran. Al ver esta señal, los hombres
comenzaron a animarse y reanudaron su ataque con mucho fervor. Los
arietes volvieron a su labor y algunos de los cruzados comenzaron a
trepar los muros con escaleras y sogas.
Como defensa adicional, los defensores de la ciudad habían amontonado una verdadera montaña de pacas de heno y algodón dentro
de los muros de la ciudad. Pero algunos de los arqueros al mando de
Godofredo de Bouillon lograron prender las pacas con sus flechas
encendidas. Cuando la dirección del viento cambió, inmensas columnas de humo cegaron y asfixiaron a los defensores musulmanes. Las
cortinas de fuego y humo los obligaron a retirarse de los muros.
Aprovechando el momento, Godofredo rápidamente bajó el gran
puente levadizo de su torre y sus hombres atravesaron los muros
intrépidamente. En cuestión de minutos, los cruzados aseguraron
aquel tramo del muro, lo cual les permitió a sus compañeros trepar
los muros con sus escaleras. Algunos de los invasores llegaron a una
de las puertas de la ciudad y pudieron abrirla. Multitudes de cruzados
entraron precipitadamente por las puertas abiertas.
Aunque los musulmanes aún superaban mucho en número a los
cruzados, retrocedieron desconcertados y confundidos. Sólo unas horas
antes todo daba la impresión de que los cruzados estaban derrotados.
¡Pero ahora estaban entrando en la ciudad como un enjambre! Aturdidos, los defensores huían desordenadamente de los cruzados. De
repente, toda la ciudad quedó sumergida en un pánico masivo mientras
sus habitantes trataban de escapar de los invasores. Las mujeres gritaban y los niños lloraban mientras los cruzados masacraban a todas
las personas que encontraran a su paso.2
Los cruzados se consideraban a sí mismos el equivalente medieval
de Jehú y su ejército, quienes masacraron a los adoradores de Baal
de su tiempo. Uno de los cruzados que presenció esta batalla nos ha
dejado un testimonio de aquella matanza espantosa:
Montones de cabezas, manos y pies se veían en las calles de la ciudad.
Era necesario abrirse paso entre los cuerpos de los hombres y caballos.
Pero esto no era nada comparado con lo que sucedió en el templo de
Salomón, un lugar donde comúnmente se celebraban los servicios



Capítulo 1
religiosos. ¿Qué sucedió allí? Si digo la verdad, sin duda excederá su
capacidad de creer. Así que baste con decir, al menos, que en el templo
y pórtico de Salomón, los jinetes cabalgaban entre la sangre, la cual
alcanzó hasta sus rodillas y hasta las riendas de los caballos. ¡Realmente,
fue un juicio de Dios justo y magnífico que este lugar fuera lleno de
la sangre de los incrédulos! Ya que por mucho tiempo había sufrido a
consecuencia de sus blasfemias. La ciudad estaba llena de cadáveres
y sangre.3

Cualquiera podría pensar que al día siguiente los cruzados estaban
llenos de remordimiento por haber masacrado aproximadamente a
100.000 personas, muchas de las cuales fueron niños inocentes. De
ninguna manera, por cuanto ellos estaban seguros de que su Señor
Jesucristo les había dado la victoria y estaba complacido de ellos como
su feliz Rey. Al fin y al cabo, el mismísimo Papa había hecho un llamado a todos los católicos fieles para que fueran y liberaran la Tierra
Santa de los infieles. A todos los católicos él les había asegurado que
cualquiera que fuera a la cruzada obtendría el completo perdón de sus
pecados. De modo que nuestro testigo presencial continúa su relato:
Ahora que la ciudad había sido tomada, todos nuestros esfuerzos y
pruebas anteriores valieron la pena al ver la devoción de los peregrinos
en el Santo Sepulcro. ¡Cuánto se alegraron y regocijaron, y cantaron una
nueva alabanza al Señor! Por cuanto sus corazones ofrecían oraciones de
alabanza a Dios, victoriosas y triunfantes, que no pueden describirse con
palabras. ¡Un nuevo día! ¡Un nuevo gozo! ¡Una nueva y perpetua alegría!
La consumación de nuestro esfuerzo y devoción trajo consigo nuevas
palabras y nuevas alabanzas de todos. Este día, yo creo, será famoso
en todas las generaciones futuras, ya que convirtió nuestros esfuerzos y
penas en gozo y júbilo. Sin duda, este día marca la justificación de todo
el cristianismo, la humillación del paganismo y la renovación de nuestra
fe. “Este es el día que hizo Jehová; nos gozaremos y alegraremos en él”,
porque Jehová se manifestó a su pueblo y los bendijo.”4

Pero, ¿vio Jesús esta masacre como algo de gozo? ¿De veras habían
los cruzados avanzado el reino de Dios, o más bien le habían ocasionado un gran perjuicio?
¿No es cierto que más o menos 1.100 años antes, Jesús había plantado un reino de amor? Sus súbditos se darían a conocer por su amor
los unos por los otros. No sólo eso; ellos también debían amar a sus
enemigos. Su propio Rey se había descrito a sí mismo como manso y
humilde de corazón. Los primeros ciudadanos de este reino especial
10

¿Guerra santa?
habían trastornado el mundo, no con la espada, sino con palabras de
verdad y actos de amor. En ese caso, ¿qué hacían estas personas, que
afirmaban ser ciudadanos de este reino de amor y mansedumbre, en
una tierra lejana, masacrando a los habitantes de Jerusalén?
Sería una larga historia. Sin embargo, es una historia que debe
contarse, pues mi destino eterno y el suyo están estrechamente ligados
a esta historia del reino que trastornó el mundo.

Notas finales
1 Raymond d’Aguiliers en August C. Krey, The First Crusade: The Accounts
of Eyewitnesses and Participants (Princeton: 1921) 250–256.
J. Arthur McFall, “The Fall of Jerusalem,” Military History Magazine
(junio de 1999) 1–6.
3 Krey 252.
4 Krey 253.
2

11

2

El reino al derecho
C

omo veremos en breve, el reino que trastornó el mundo es un
reino único. Es un reino de valores al revés.
En 1978, Donald Kraybill escribió un libro titulado “The UpsideDown Kingdom” (El reino al revés), en el cual él examinó algunos de
estos valores al revés que tiene el reino de Dios. Pero para comprender
completamente este reino al revés, tenemos que primeramente echarle
un vistazo a un reino que estaba al derecho.
Las escrituras nos presentan este reino al derecho en el libro de
Éxodo, donde Dios les habló a los israelitas: “Ahora, pues, si diereis
oído a mi voz, y guardareis mi pacto, vosotros seréis mi especial tesoro
sobre todos los pueblos; porque mía es toda la tierra. Y vosotros me
seréis un reino de sacerdotes, y gente santa” (Éxodo 19.5–6).
Esta fue la oferta de Dios a los israelitas: que ellos podrían ser
su reino especial de sacerdotes. Y los israelitas aceptaron su oferta.
Ellos entraron en un pacto con él en el Sinaí. Al igual que la mayoría
de los pactos, éste estaba conformado por dos partes. Si los israelitas
obedecían la voz de Dios, serían para él “un reino de sacerdotes, y
gente santa”. Así como cualquier otro reino, la nación de Israel tendría
un gobernante y leyes. Sin embargo, su Rey, Legislador y Juez sería
Dios mismo (véase Isaías 33.22). Las leyes del reino de Israel eran la
ley mosaica, dadas directamente por Dios.
A pesar de estos rasgos especiales, el reino de Israel seguía siendo
un reino terrenal. En la mayoría de los aspectos, era similar a los
reinos del mundo: tenía un territorio físico y geográfico; su pueblo
era de una marcada nacionalidad étnica. Ellos defendían su reino
con soldados terrenales, armados con espadas, lanzas y arcos. Al
igual que todos los otros reinos terrenales, los israelitas extendieron
su territorio mediante el uso de la espada. A la vista de las naciones
vecinas, el rasgo más distintivo de los israelitas era que su ley prohibía la idolatría.
12

El reino al derecho
De hecho, hasta las bendiciones que Dios prometió a los israelitas
eran terrenales y materiales: “Si oyeres atentamente la voz de Jehová
tu Dios, (…) bendito el fruto de tu vientre, el fruto de tu tierra, el fruto
de tus bestias (…). Jehová te enviará su bendición sobre tus graneros
(…). Y te hará Jehová sobreabundar en bienes, en el fruto de tu vientre, en el fruto de tu bestia, y en el fruto de tu tierra (…). Te abrirá
Jehová su buen tesoro, el cielo, para enviar la lluvia a tu tierra en su
tiempo (…). Y prestarás a muchas naciones, y tú no pedirás prestado”
(Deuteronomio 28.1–12).
Pero no sólo las bendiciones serían materiales. Si los israelitas
rompían su pacto, su castigo también sería terrenal, físico: “Dará
Jehová por lluvia a tu tierra polvo y ceniza; de los cielos descenderán
sobre ti hasta que perezcas. Jehová te entregará derrotado delante
de tus enemigos (…). Sacarás mucha semilla al campo, y recogerás
poco, porque la langosta lo consumirá. Plantarás viñas y labrarás, pero
no beberás vino, ni recogerás uvas, porque el gusano se las comerá”
(Deuteronomio 28.24–25, 38–39).
En conclusión, el antiguo reino de Israel era un reino al derecho.
Incluso su patrón era comprensible para las otras naciones del mundo.
De hecho, en muchos aspectos, el antiguo Israel seguía el mismo patrón
sobre el cual las otras naciones habían sido establecidas. La diferencia fundamental residía en que las otras naciones creían que eran sus
dioses quienes los habían establecido como nación. Ellos creían que
eran sus dioses quienes los prosperaban materialmente cuando ellos
les rendían culto. Y también creían que eran sus dioses quienes los
castigaban con sequías y hambrunas cuando se disgustaban con ellos.
En muchos sentidos, la cosmovisión de las naciones gentiles era muy
similar a la cosmovisión de los israelitas. La diferencia principal estaba
en asuntos de religión y moralidad, no en asuntos de estado.
Pero el antiguo reino de Israel, que era predominantemente terrenal,
no había sido establecido como un fin en sí. Tenía la finalidad de ser
un tutor que guiara a los israelitas a algo mucho mayor, un reino que
verdaderamente no sería de este mundo.

13

3

Un reino de otra
naturaleza
E

l año 30 d. de J.C. comenzó como cualquier otro año. Los sacerdotes judíos aún ofrecían sacrificios diarios en el templo. Los
agricultores trabajaban en sus campos, y las mujeres lavaban ropa en
los arroyos. Los pescadores colgaban sus redes para que se secaran
a orillas del Mar de Galilea. ¡Pero de pronto apareció en escena un
profeta llamado Juan! Vestido con pelo de camello y un cinto de cuero,
Juan era un personaje que atraía la atención de la gente. Y consigo traía
un mensaje alarmante: ¡el reino de Dios estaba cerca!
¿Estaba cerca el reino de Dios? Para los judíos, esto significaba
que el Mesías estaba por venir. ¡Significaba la expulsión del control
romano! Significaba que ellos recuperarían su independencia como
nación. No es de extrañarse que el mensaje de Juan llamara la atención
de todos. La gente en tropel acudió a él para averiguar qué deberían
hacer a fin de prepararse para este reino.
Sin embargo, cuando Juan identificó a Jesús como su tan esperado Mesías, la mayoría de los judíos no se sintieron emocionados.
¿Jesús de Nazaret? Él no parecía ser el Mesías que ellos esperaban.
Obviamente, él no era un guerrero. Y ni siquiera intentaba organizar
un ejército para liberar a los judíos del poder romano. De hecho, él ni
siquiera predicaba contra los romanos.
¿Sobre qué predicó Jesús? Estimado lector, me gustaría hacerle esta
pregunta. ¿Cuál fue el tema principal de la predicación de Jesús? ¿La
necesidad de salvación del hombre? ¿El amor de Dios por el género
humano? ¿La necesidad de nacer de nuevo? ¿El hecho de que Jesús
moriría en rescate por nosotros?
Por supuesto, Jesús habló acerca de todas estas cosas. Y todas ellas
son verdades esenciales. Sin embargo, ninguna de ellas fue el tema
14

Un reino de otra naturaleza
principal de su mensaje. Las escrituras sólo registran una ocasión en
que Jesús habló sobre el nuevo nacimiento: su conversación privada
con Nicodemo. Él mencionó su muerte en rescate por nosotros sólo
una vez. Sólo existen cinco o seis pasajes en los que él usó la palabra
“salvación”.
No, el tema principal del mensaje de Jesús fue el reino de Dios.
Hay cerca de cien referencias al reino de Dios a través de los evangelios. Además, la mayoría de las parábolas de Jesús fueron sobre el
reino. De hecho, Jesús dijo que la razón por la que él fue enviado a
la tierra fue para anunciar el reino: “Es necesario que también a otras
ciudades anuncie el evangelio del reino de Dios; porque para esto he
sido enviado” (Lucas 4.43). Eso no es precisamente lo que estamos
acostumbrados a escuchar, ¿verdad? A todos se nos ha querido dar la
impresión de que el propósito principal de la venida de Jesús a la tierra
fue salvarnos de nuestros pecados. Y definitivamente ese fue uno de
los propósitos de su venida. Pero ése no fue el único propósito.
Dondequiera que fue, Jesús anunció el reino de Dios. “Desde
entonces comenzó Jesús a predicar, y a decir: Arrepentíos, porque el
reino de los cielos se ha acercado. (…) Y recorrió Jesús toda Galilea,
enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del
reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo. (…)
Y cuando la gente lo supo, le siguió; y él les recibió, y les hablaba del
reino de Dios, y sanaba a los que necesitaban ser curados. (…) Recorría
Jesús todas las ciudades y aldeas, enseñando en las sinagogas de ellos,
y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda
dolencia en el pueblo” (Mateo 4.17, 23; Lucas 9.11; Mateo 9.35).
Lo irónico es que si bien el reino de Dios fue el tema principal de la
predicación de Jesús, el mensaje del reino está casi totalmente ausente
del evangelio que se predica en la actualidad. ¿Cuál es el tema principal
de la mayoría de las predicaciones de hoy? La salvación personal del
hombre, ¿verdad? No es el reino de Dios.

¿Qué predicaron los apóstoles?
Quizá usted esté pensando: Bueno, tal vez Jesús predicó acerca del
reino, pero no lo hizo así con sus discípulos. Él les dijo que predicaran acerca del nuevo nacimiento y la salvación, no acerca del reino,
15

Capítulo 3
¿verdad? Falso. Cuando Jesús comisionó a sus discípulos, les dijo
específicamente que predicaran acerca del reino.
Note sus instrucciones sobre lo que debían predicar: “Y yendo,
predicad, diciendo: El reino de los cielos se ha acercado. (…) Y los
envió a predicar el reino de Dios, y a sanar a los enfermos. (…) Y sanad
a los enfermos que en ella haya, y decidles: Se ha acercado a vosotros
el reino de Dios” (Mateo 10.7; Lucas 9.2; 10.9). Por favor, comprenda
que estos no son algunos pasajes aislados citados como prueba. En casi
todos los pasajes en los que Jesús les dio a sus discípulos instrucciones
de predicación, les dijo que predicaran acerca del reino.
Seguramente usted recuerda al discípulo que dijo que seguiría a
Jesús, pero que primero enterraría a su padre. ¿Qué le dijo Jesús?
“Deja que los muertos entierren a sus muertos; y tú ve, y anuncia el
reino de Dios” (Lucas 9.60).
Pero, por favor, no me malinterprete. De ninguna manera quiero
yo minimizar nuestra necesidad del nuevo nacimiento o la salvación.
Estos son aspectos trascendentales del evangelio. Sin embargo, son
un medio para lograr un fin: entrar en el reino de Dios. Jesús nunca
pretendió que sus seguidores predicaran de la salvación y el nuevo
nacimiento como cosas aparte del reino. El reino es un aspecto absolutamente elemental del evangelio. Cuando les hablamos a las personas
de la salvación, pero no decimos nada acerca del reino, no estamos
predicando el evangelio de Jesucristo.
¿Y qué evangelio dijo Jesús que sería predicado en todo el mundo
antes del fin? Él dijo: “Y será predicado este evangelio del reino en
todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá
el fin” (Mateo 24.14). Actualmente se predica un “evangelio” en todo
el mundo, pero, ¿es el evangelio del reino?

¿Qué es este reino de Dios?
Todo reino posee cuatro componentes fundamentales: (1) un gobernante o gobernantes, (2) súbditos, (3) un territorio o área dominada y
(4) leyes. El reino de Dios no es diferente. Posee un gobernante, súbditos, territorio y leyes. Sin embargo, ya que el reino de Dios es una
clase de reino revolucionario, estos cuatro componentes fundamentales
adquieren aspectos únicos.
16

Un reino de otra naturaleza
Para comenzar, el reino de Dios no tiene un gobernante terrenal.
Su gobernante es Jesucristo quien reina desde el cielo. Los reinos
terrenales cambian de gobernantes y políticas cada cierto tiempo. En
cambio, Jesús es eterno y sus políticas no cambian. “Jesucristo es el
mismo ayer, y hoy, y por los siglos” (Hebreos 13.8).
¿Quiénes son los ciudadanos del reino de Dios? ¿Los judíos? No,
Jesús les dijo a los judíos muy intencionadamente: “Por tanto os digo,
que el reino de Dios será quitado de vosotros, y será dado a gente que
produzca los frutos de él” (Mateo 21.43). ¿A cuál nación daría Jesús el
reino? ¿A los romanos? ¿A los británicos? ¿A los sudamericanos? ¿A
los norteamericanos? No, a ninguno de estos, por cuanto las escrituras
nos dicen: “Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay
varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús. Y si
vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos
según la promesa” (Gálatas 3.28–29).
De manera que todos los que pertenecemos a Cristo, todos los que
verdaderamente somos nacidos de nuevo, somos los ciudadanos de
este reino. Nos hemos convertido en los herederos de la promesa de
Dios, los ciudadanos de su nueva nación. Al escribirles a los cristianos gentiles de su tiempo, Pedro se dirigió a ellos con las siguientes
palabras: “Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación
santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de
aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable; vosotros que en
otro tiempo no erais pueblo, pero que ahora sois pueblo de Dios; que
en otro tiempo no habíais alcanzado misericordia, pero ahora habéis
alcanzado misericordia” (1 Pedro 2.9–11).
De modo que los ciudadanos del reino de Dios son llamados a ser
una nación santa, un reino de sacerdotes, tal y como los israelitas habían sido llamados (véase Éxodo 19.5–6). Sin embargo, el reino fue
quitado de los israelitas y dado a una nación (la nación de los creyentes
nacidos de nuevo) que produjera los frutos de justicia.
Un aspecto único del reino de Dios es que sus ciudadanos no ocupan cierta porción de tierra, como los ciudadanos de otros reinos. Los
ciudadanos del reino de Dios están esparcidos por todas las naciones
del mundo. Este rasgo ha sido la causa de un conflicto constante para
el reino de Dios. Esto se debe a que sus ciudadanos siempre viven bajo
dos reinos diferentes, un reino del mundo y el reino de Dios.
17

Capítulo 3
Jesús le dijo a la samaritana: “Mujer, créeme, que la hora viene
cuando ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre” (Juan
4.21). El reino de Dios no tendría ninguna capital terrenal ni lugar
sagrado.
Todo esto fue algo nunca antes visto tanto para los judíos como los
gentiles del tiempo de Jesús. El reino de los israelitas había abarcado
un área geográfica específica. De igual forma había sucedido siempre
con todos los reinos del hombre. Los israelitas siempre habían tenido
una ubicación física donde se encontraba su tabernáculo o templo. Por
mil años, ese lugar había sido Jerusalén. Todo reino humano posee
una capital terrenal, pero no así el reino de Dios.

El reino de Dios está entre vosotros
Por si todo esto no fuera sumamente asombroso, Jesús les dijo a los
fariseos algo aun más alarmante: “Preguntado por los fariseos, cuándo
habría de venir el reino de Dios, les respondió y dijo: El reino de Dios
no vendrá con advertencia, ni dirán: Helo aquí, o helo allí; porque he
aquí el reino de Dios está entre vosotros” (Lucas 17.20–21).
¿Qué tipo de reino es este? ¿Un reino que está entre vosotros?
Jesús realmente estaba introduciendo algo maravillosamente nuevo,
algo revolucionario. No era sólo un nuevo reino. Era un reino de otra
naturaleza. Era un tipo de reino totalmente diferente de lo que cualquier
persona, fuera judía o gentil, jamás hubiera escuchado. Un reino que
está “entre vosotros”.
Tal vez usted esté pensando: ¡Ah, ya veo! Jesús estaba hablando
de un reino espiritual, no de un reino verdadero. No, Jesús estaba
hablando de un reino verdadero. El antiguo reino de los israelitas
definitivamente era un reino verdadero, ¿no es cierto? Tenía reyes
verdaderos, súbditos verdaderos y leyes verdaderas. El reino de Dios
es tan verdadero como el antiguo reino israelita. Este reino también
tiene un Rey verdadero, súbditos verdaderos y leyes verdaderas. Su
dominio abarca toda la tierra, aun cuando la mayor parte de la población de la tierra no son ciudadanos de este reino.
¿Qué quiso decir Jesús cuando dijo que el reino de Dios está entre vosotros? Tertuliano, un escritor cristiano de la iglesia primitiva,
comentó sobre esta frase: “Bien, ¿quién no comprende que la frase
18

Un reino de otra naturaleza
‘entre vosotros’ significa en vuestras manos o en vuestro poder? O
sea, ¿si escuchas y haces los mandamientos de Dios?”1 Cualquier
persona puede escoger ser un ciudadano del reino de Dios si está dispuesta a comprometerse como se requiere. La persona no tiene que
ir a ninguna parte ni pagar ninguna suma de dinero para convertirse
en un ciudadano.
Aquellos líderes religiosos le habían preguntado a Jesús cuándo
vendría el reino. Él les dijo: “El reino de Dios está entre vosotros”. Es
decir, el Rey y algunos de sus súbditos ya se encontraban en medio de
ellos, pero ellos no se daban cuenta. Los súbditos del reino de Jesús
viven en medio de los pueblos de este mundo; sin embargo, el mundo
no puede ver este reino. El reino de Jesús no tiene fronteras nacionales,
no tiene rey terrenal ni fuerzas militares. El llegar a ser un ciudadano
del reino de Dios está al alcance de todos.

El reino de Dios está cerca
Muchos cristianos creen que el reino de Dios solamente es algo
del futuro. Pero no es así; el reino de Dios es algo que está aquí en
este preciso momento. Pablo escribió a los colosenses: “El cual nos
ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su
amado Hijo” (Colosenses 1.13). Pablo aquí habla en tiempo pasado.
Dios ya nos ha trasladado a su reino. Él no nos lleva a su reino después
que morimos. Él nos lleva a su reino tan pronto nacemos de nuevo.
Resulta extraño que muchos cristianos no se dan cuenta de que el
reino de Dios es una realidad actual en la tierra. De hecho, muchos
cristianos ni siquiera saben qué es el reino de Dios. Al igual que los
fariseos, ellos no ven el reino de Dios. Y es por eso que nunca se
comprometen con el reino.

Notas finales
1

Tertuliano, Against Marcion, Libro IV, cap. 26; ANF, Tomo III, 409.

19

4

¿Has hecho ya
el compromiso del reino?
C

uando los extranjeros desean hacerse ciudadanos de los Estados Unidos de América, se les pide que presten el siguiente juramento:

Por este medio, declaro, bajo juramento, que renuncio y abjuro total y
completamente toda lealtad y fidelidad a cualquier príncipe, potentado,
estado o soberanía extranjera de quien o del cual hasta ahora haya sido
súbdito o ciudadano; que apoyaré y defenderé la Constitución y las
leyes de los Estados Unidos de América contra todos los enemigos,
extranjeros y nacionales; que mantendré una verdadera fe y alianza a
la misma; que portaré armas en nombre de los Estados Unidos cuando
la ley lo requiera; que realizaré servicios no combatientes en las fuerzas
armadas de los Estados Unidos cuando la ley lo requiera; que realizaré
trabajos de importancia nacional cuando la ley lo requiera; y asumo
este compromiso libremente sin ninguna reserva mental o propósito
de evasión; por lo cual ayúdame Dios.1

Los Estados Unidos, como la mayoría de los gobiernos, no les
permite a los que desean hacerse ciudadanos mantenerse leales a su
país de procedencia. Los ciudadanos naturalizados no pueden afirmar
que su lealtad y fidelidad pertenecen a los Estados Unidos mientras
guarden lealtad a algún gobierno extranjero. El gobierno no permite
eso, sino que pide una lealtad completa de cualquiera que solicite la
ciudadanía.
Asimismo, no debe extrañarnos que Jesús el Rey exija una lealtad
similar de los que solicitan la ciudadanía en su reino. De hecho, él
demanda un grado de lealtad aun mayor: “El que ama a padre o madre
más que a mí, no es digno de mí; el que ama a hijo o hija más que a
mí, no es digno de mí. (...) El que halla su vida, la perderá; y el que
pierde su vida por causa de mí, la hallará. (…) El que no es conmigo,
contra mí es; y el que conmigo no recoge, desparrama. (…) Así, pues,
20

¿Has hecho ya el compromiso del reino?
cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee, no puede
ser mi discípulo” (Mateo 10.37–39; 12.30; Lucas 14.33).
Los Estados Unidos no les exige a las personas que renuncien a
todo lo que tienen para adquirir la ciudadanía. Sin embargo, Jesús sí
lo demanda de los ciudadanos de su reino. En su reino, no puede haber
lealtades divididas. Jesús no se quedará relegado a un segundo plano
por parte de nadie ni nada. Él exige todo o nada. Precisamente es por
esa razón que Jesús nos dice que calculemos el costo antes de sumarnos
a su reino. “Porque ¿quién de vosotros, queriendo edificar una torre,
no se sienta primero y calcula los gastos, a ver si tiene lo que necesita
para acabarla? No sea que después que haya puesto el cimiento, y no
pueda acabarla, todos los que lo vean comiencen a hacer burla de él,
diciendo: Este hombre comenzó a edificar, y no pudo acabar” (Lucas
14.28–30). Jesús no desea que comencemos algo que no vamos a terminar. “Ninguno que poniendo su mano en el arado mira hacia atrás,
es apto para el reino de Dios (Lucas 9.62).
Si realmente entendemos el reino y comprendemos lo que significa,
el mismo será más valioso para nosotros que cualquier otra cosa que
poseemos. “Además, el reino de los cielos es semejante a un tesoro
escondido en un campo, el cual un hombre halla, y lo esconde de nuevo;
y gozoso por ello va y vende todo lo que tiene, y compra aquel campo.
También el reino de los cielos es semejante a un mercader que busca
buenas perlas, que habiendo hallado una perla preciosa, fue y vendió
todo lo que tenía, y la compró” (Mateo 13.44–46).
En realidad, en tiempos de guerra, hasta los gobiernos terrenales
esperan que sus ciudadanos pongan primero la lealtad a su país antes
que cualquier otra lealtad, incluyendo la lealtad a sus propias familias.
En tiempos de guerra a veces sucede que los padres e hijos pelean en
bandos contrarios, y los soldados matan a sus propios hermanos. De
hecho, durante la guerra, los reinos terrenales esperan que sus ciudadanos den sus vidas, si es necesario, por el bien de su país. Cualquier
gobierno verdadero espera este tipo de lealtad de sus ciudadanos.
Jesús no espera menos. ¿Por qué? Porque su reino es un reino
verdadero. Y a diferencia de los reinos terrenales, el reino de Dios
siempre está en guerra (véase Efesios 6.12). Jesús dijo: “No penséis
que he venido para traer paz a la tierra; no he venido para traer paz,
sino espada. Porque he venido para poner en disensión al hombre contra
21

Capítulo 4
su padre, a la hija contra su madre, y a la nuera contra su suegra; y los
enemigos del hombre serán los de su casa” (Mateo 10.34–36).
Jesús exige de sus ciudadanos el mismo nivel de lealtad, amor y
entrega que los patriotas fervientes le dan a su país en tiempos de
guerra, por no decir mayor. Ser un ciudadano del reino de Dios no
es una diversión ni un juego; es algo serio. “El que ama su vida, la
perderá; y el que aborrece su vida en este mundo, para vida eterna la
guardará” (Juan 12.25).

La obediencia
Durante la Segunda Guerra Mundial, el gobierno de los Estados Unidos racionó una gran cantidad de artículos. El caucho fue lo primero en
ser racionado. Luego le siguió la gasolina. Al poco tiempo, el gobierno
comenzó a racionar el azúcar, el café, las carnes, la mantequilla, los
alimentos enlatados, las arvejas y los frijoles secos, y una variedad de
otros productos. Al final, el gobierno racionó o limitó incluso artículos
como los zapatos y la ropa.2
Ahora bien, supongamos que un supuesto patriota ferviente hubiera
sido sorprendido robando gasolina de la refinería del pueblo para no tener
que sufrir la inconveniencia del racionamiento en tiempos de guerra.
¿Qué habría pensado la gente de esa persona? ¿Qué habría sucedido
si la misma persona hubiera violado otras leyes de tiempos de guerra?
¿Acaso alguien lo habría considerado un verdadero patriota? ¡Jamás! Lo
habrían considerado un hipócrita, un impostor, y hasta un traidor.
En el reino de Cristo no es diferente. Jesús ha promulgado varias
leyes y mandamientos, y todas sus leyes son leyes de tiempos de guerra.
Cuando violamos sus leyes, demostramos ser traidores. Demostramos
que no sentimos amor verdadero por nuestra nueva nación. Queremos
disfrutar de los beneficios de vivir bajo su gobierno, pero no deseamos
enfrentar ningún tipo de dificultad o inconveniencia. Jesús conoce bien
cualquier patriotismo falso que quiera infiltrarse en su reino, cualquier
amor fingido por él.

¿De verdad tiene leyes el reino de Dios?
Probablemente a usted le hayan dicho que no hay leyes para los
cristianos. Muchos predicadores dicen: “Ya no tenemos mandamientos;
22

¿Has hecho ya el compromiso del reino?
eso fue bajo la ley mosaica. Estamos bajo la gracia, no bajo la ley.” Si
ese es el caso, por favor, explique estas declaraciones de Jesús:
Si me amáis, guardad mis mandamientos. (…) El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama, será
amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él. (…) El que
me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él,
y haremos morada con él. El que no me ama no guarda mis palabras
(…). Si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; así
como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en
su amor. (…) Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando.
(Juan 14.15, 21, 23–24; 15.10, 14).

¿Acaso no tenemos mandamientos? ¿Sólo la gracia? Según Jesús, ¡no
es así! Y su opinión es la única que cuenta. Donde no hay leyes ni mandamientos, no hay reino. Y donde no hay reino, no hay Jesús. Cualquier
teología o sistema hermenéutico que invalide las palabras claras de Jesús
no es de Cristo. Jesús se pasó la noche antes de su muerte repitiéndoles
una y otra vez a sus discípulos que guardaran sus mandamientos, ¡y no lo
hizo sólo para luego decirles que en realidad no hay nada que guardar!

Edificando sobre la Roca
Casi al final de su Sermón del Monte, Jesús nos advirtió: “Muchos
me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre,
y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de
mí, hacedores de maldad” (Mateo 7.22–23). De modo que Jesús dijo
que rechazaría a cualquier creyente profeso que hiciera maldad. Los
hacedores de maldad son los cristianos profesos que rehúsan ya sea
reconocer las leyes y mandamientos de Jesús o vivir por ellos.
Jesús concluyó su sermón diciendo: “Cualquiera, pues, que me
oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente,
que edificó su casa sobre la roca. Descendió lluvia, y vinieron ríos, y
soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque
estaba fundada sobre la roca. Pero cualquiera que me oye estas palabras y no las hace, le compararé a un hombre insensato, que edificó
su casa sobre la arena; y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron
vientos, y dieron con ímpetu contra aquella casa; y cayó, y fue grande
su ruina” (Mateo 7.24–27).
23

Capítulo 4
Estas palabras son muy claras, ¿verdad? La única manera para edificar sobre la roca es hacer las cosas que Jesús enseñó. Si no hacemos
lo que él enseñó, edificamos sobre la arena. ¡Así de sencillo!

Los valores del reino
Mientras crecía durante la década de los cincuenta, a menudo
escuché a la gente hablar acerca del “sistema americano”. El “sistema americano” se refería al sistema de valores norteamericanos, en
contraste con los valores de los comunistas. Entre los valores norteamericanos están una fuerte creencia en la libertad de religión, la
libertad de opinión, la libertad de prensa, un proceso judicial justo y
la elección de representantes que sean responsables al pueblo.
Igualmente, existe el “sistema del reino”. El reino de Jesús trae
consigo su propio sistema de valores. En los capítulos siguientes,
analizaremos algunas de las leyes del reino que se basan en estos
valores. Ahora bien, la mayoría de personas sentirán que estos valores del reino están al revés. La razón es que muchos de ellos son
exactamente lo opuesto de los valores humanos que conocemos. Pero
lo más importante que debemos recordar acerca de estos valores del
reino es que están arraigados en la eternidad. Y las cosas adquieren
características totalmente diferentes cuando se someten a la luz de
la eternidad.
Esto es parecido a las características cambiantes de la sustancia
química H2O a diferentes temperaturas. Cuando esta sustancia se
encuentra a temperaturas por encima de 0 ºC (y por debajo de 100
ºC), la llamamos agua. En ese estado es un líquido que puede pasar a
través de un tubo. Cualquiera puede beberlo o nadar sumergido en él.
Sin embargo, por debajo de 0 grados, el H2O adquiere características
totalmente diferentes. Todas sus propiedades cambian drásticamente.
Lo que antes se podía beber, ahora se puede comer. Donde antes uno
podía sumergirse y nadar, ahora se puede parar y caminar.
Lo mismo sucede cuando se trata de la eternidad. Todas las cosas
(las posesiones, los talentos, las actividades y los valores) adquieren
características totalmente nuevas cuando son consideradas en vista de
la eternidad. Las cosas que son una bendición desde el punto de vista
terrenal a menudo se convierten en una maldición cuando son vistas a
24

¿Has hecho ya el compromiso del reino?
través del prisma de la eternidad. En el reino, la eternidad no es lo principal; es lo único. En fin de cuentas, todo lo demás es irrelevante.
Y esa es la razón fundamental por la cual debemos esperar que las
leyes y los valores de este reino sean diferentes, o sea, revolucionarios.
Estas son las leyes y los valores de la eternidad. ¡Es de esperar que
sean diferentes a los de la tierra!

El gran cambio de paradigma
Vivir y operar en el reino de Dios requiere un cambio radical de
paradigma. La palabra paradigma significa “un modelo o patrón”.
También puede significar un concepto general o la suma de todas
nuestras suposiciones, que nos permiten entender (o malentender) un
suceso específico, una serie de eventos o la vida en general. En nosotros
se produce un cambio de paradigma cuando, después de pensar que
entendíamos la realidad de algo, descubrimos que es otra.
Por ejemplo, uno de los cambios de paradigma más conocidos en
la ciencia tuvo lugar cuando Copérnico formuló la hipótesis de que
la tierra y los demás planetas giran alrededor del sol. Una vez que los
científicos aceptaron el modelo heliocéntrico de Copérnico, tuvieron
que cambiar muchas de sus suposiciones anteriores acerca de los
movimientos de la tierra. Igualmente, cuando Louis Pasteur y otros
científicos descubrieron que los microbios causan enfermedades, la
práctica de la medicina sufrió alteraciones radicales.
El escritor Frank Koch ofrece un ejemplo excelente de un cambio
de paradigma en una historia relatada en Proceedings, la revista del
Instituto Naval de los Estados Unidos:
Durante varios días, dos acorazados asignados al escuadrón de
entrenamiento habían estado realizando maniobras bajo condiciones
climáticas desfavorables. Yo me encontraba prestando servicios en el
acorazado guía, y estaba de vigilante en el puente de mando cuando
cayó la noche. Había poca visibilidad y nubes de neblina, por lo que
el capitán se mantenía en el puente de mando observando todas las
actividades.
Poco después de haber oscurecido, el centinela que se encontraba
en el ala del puente de mando reportó:
—Se observa una luz a estribor.
—¿Está fija, o se mueve hacia la popa? —gritó el capitán.
El centinela respondió:

25

Capítulo 4
—Fija, capitán.
En ese caso, íbamos rumbo a una peligrosa colisión con aquel
barco.
Entonces el capitán llamó al encargado de la comunicación por
señales y le dijo:
—Comuníquele a aquel barco: “Nos encontramos rumbo a una
colisión. Les aconsejamos que cambien su rumbo 20 grados.”
Entonces recibimos señales que decían: “Es aconsejable que ustedes
cambien su rumbo 20 grados”.
El capitán dijo:
—Envíele lo siguiente: “Yo soy capitán; cambie su rumbo 20 grados”.
“Yo soy un marinero de segunda clase,” fue la respuesta. “Será mejor
que usted cambie su rumbo 20 grados.”
A estas alturas, el capitán estaba furioso.
—Envíele lo siguiente —el capitán escupía las palabras—: “Yo soy
un acorazado. Cambie su rumbo 20 grados.”
Y entonces recibimos el mensaje de destellos: “Yo soy un faro en
tierra firme”.
Nosotros cambiamos el rumbo.3

¡El cambio de paradigma necesario para entrar y permanecer en el
reino es así de radical! Una vez ciudadanos del nuevo reino, descubrimos
que muchos supuestos barcos en realidad son faros. Si verdaderamente
somos ciudadanos del reino, toda nuestra cosmovisión cambia.

Éstas no son simplemente “Ideas de
inspiración para el día”
Deseo hacer un último comentario antes de que notemos algunas
de las leyes revolucionarias y valores “al revés” del reino de Dios. La
mayoría de nosotros hemos escuchado estas enseñanzas de Jesús tantas
veces que prácticamente nos hemos vuelto insensibles a su verdadero
mensaje. Las enseñanzas revolucionarias de Jesús han sido reducidas
a clichés, frases trilladas e “ideas de inspiración para el día”. Hablamos, pues, de las “bienaventuranzas”, de la “regla de oro” y de “ir la
segunda milla”. Algo bueno en que pensar, pero nada para tomar muy
en serio o muy al pie de la letra.
Cuando Jesús predicó acerca de las bienaventuranzas a la multitud
que se acercó a escucharlo aquel día, él no estaba recitando una poesía.
26

¿Has hecho ya el compromiso del reino?
Su deseo no era que ellos regresaran a sus hogares y hablaran de las
palabras bonitas que él les había compartido. No, él deseaba desafiarlos
hasta lo más profundo de sus almas. Él quiso darles un nuevo conjunto
de valores y leyes, además de una nueva vida.
En las páginas que aparecen a continuación, estaremos analizando detenidamente algunos de los nuevos valores y leyes desafiantes
del reino. Sin embargo, no las vamos a moderar ni trataremos de
dar explicaciones para reducirlas a nada. Las tomaremos tal y como
vengan. ¿Habrá quienes resulten ofendidos por las leyes de Jesús?
¡Desde luego!

Notas finales
1 De la “Bureau of Citizenship and Immigration Services,” en
www.immigration.gov/graphics/aboutus/history/teacher/oath.htm.

2 “Florida During World War II,”
http://www.floridamemory.com/ OnlineClassroom/FloridaWWII/history.cfm.
Frank Koch, Proceedings, citado por Stephen Covey en The 7 Habits of
Highly Effective People (New York: Simon & Schuster, 1989), 33.
3

27

5

Un cambio en nuestro
concepto de las riquezas
P

rimeramente, veamos una de las leyes revolucionarias de Jesús más
desafiantes. Tiene que ver con lo que la mayoría de los humanos
buscan: riqueza y prosperidad. Rara vez los gobiernos terrenales prohíben a sus ciudadanos que acumulen tesoros terrenales. No obstante,
el gobierno de Jesús sí lo hace. Nuestro Rey nos ha mandado: “No
os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y
donde ladrones minan y hurtan; sino haceos tesoros en el cielo, donde
ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan”
(Mateo 6.19–20).
¿Cómo? ¿No puedo acumular tesoros aquí en la tierra? ¿Por qué
no? Jesús explica: “Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón” (Mateo 6.21). En el capítulo anterior vimos que
Jesús no permitirá que sus súbditos lo releguen a un segundo plano en
sus vidas. De hecho, él continuó diciendo: “Ninguno puede servir a
dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al
uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas”
(Mateo 6.24).
En resumen, Jesús tiene que ser nuestro único Señor. La mayoría
de los gobiernos terrenales no se oponen a que nosotros sirvamos a
las riquezas, con tal que también cumplamos con las obligaciones
que ellos nos imponen. Sin embargo, en tiempos de guerra, hasta
los gobiernos terrenales esperan que nosotros pongamos a nuestro
país antes que nuestras preocupaciones materiales. El gobierno llama
a los hombres a las filas del ejército sin importar el efecto que eso
pueda tener sobre sus ingresos o negocios. En tales circunstancias,
todas las cosas tienen que ocupar un segundo lugar ante los intereses
nacionales.
28

Un cambio en nuestro concepto de las riquezas
Otra vez, el reino de Dios no es diferente; más bien, exige más que
los gobiernos terrenales en lugar de menos. Y como ya he dicho, el
reino de Dios vive tiempos de guerra continuamente. La búsqueda de
las cosas materiales siempre estará en conflicto con los compromisos
que el reino demanda de nosotros.
¿Significa eso que debemos renunciar a nuestros empleos o dejar
nuestros negocios? No necesariamente. Jesús explicó:
Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer
o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No
es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? Mirad
las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros;
y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más
que ellas? ¿Y quién de vosotros podrá, por mucho que se afane, añadir
a su estatura un codo?
Y por el vestido, ¿por qué os afanáis? Considerad los lirios del campo,
cómo crecen: no trabajan ni hilan; pero os digo, que ni aun Salomón
con toda su gloria se vistió así como uno de ellos. Y si la hierba del
campo que hoy es, y mañana se echa en el horno, Dios la viste así, ¿no
hará mucho más a vosotros, hombres de poca fe?
No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o que beberemos,
o qué vestiremos? Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero
vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas.
Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas
cosas os serán añadidas (Mateo 6.25–33).

Jesús no dijo que no podemos proveer cosas materiales para nosotros mismos y para nuestras familias. Pero sí dijo que tenemos que
buscar primeramente el reino de Dios. Nuestros empleos y nuestros
negocios tienen que ser relegados a un segundo plano si queremos
permanecer en su reino.
¿Y qué nos promete Jesús si primeramente buscamos su reino?
¿Prosperidad material? No. Él simplemente nos promete que Dios proveerá nuestras necesidades primordiales: el alimento y el vestuario.

El gran cambio de valores
Cuando se trata de las posesiones materiales, el reino de Dios no sólo
tiene leyes diferentes, sino que todos sus valores son completamente
diferentes. “Bienaventurados vosotros los pobres, porque vuestro es el
29

Capítulo 5
reino de Dios” (Lucas 6.20). La mayoría de nosotros nos hemos vuelto
tan insensibles a las “Bienaventuranzas” que ni siquiera notamos la
declaración revolucionaria y radical de Jesús en este versículo.
¿Es una bendición ser pobre? ¿Cuántos de nosotros creemos eso?
Quiero decir, ¿cuántos realmente creemos eso? Por ejemplo, cuando
pasamos por la casa de un cristiano pobre, acaso decimos en nuestro
corazón: “¡Qué bendición! Fíjese cuánto Dios ha bendecido a esa
familia.” Seamos honestos. Muy pocos de nosotros decimos algo así.
Eso es porque realmente no creemos en nuestro corazón que la pobreza
es una bendición.
En cambio, en incontables ocasiones algún cristiano me ha mostrado su casa hermosa y sus abundantes bienes, diciendo: “Vea lo que
el Señor nos ha dado”. La próxima vez que alguien me diga eso, me
veré tentado a contestar: “¿De veras? ¿Y por qué razón haría Dios
algo así? ¿Tiene usted alguna idea de por qué Dios está en su contra?”
¿Cuándo despertaremos y le creeremos a Jesús? Él nos dice: “¡Ay de
vosotros, ricos! porque ya tenéis vuestro consuelo” (Lucas 6.24). La
prosperidad es una trampa, no una bendición. La pobreza piadosa es
una bendición, no una maldición.
Estas verdades nos llevan a un cambio de paradigma tan radical
como el que ocurre cuando nos damos cuenta de que la luz que vemos
no es un barco, como creíamos, sino un faro en tierra firme. “Pero
gran ganancia es la piedad acompañada de contentamiento; porque
nada hemos traído a este mundo, y sin duda nada podremos sacar. Así
que, teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto. Porque
los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas
codicias necias y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción
y perdición; porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el
cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados
de muchos dolores” (1 Timoteo 6.6–10).

El pobre del reino en contraste con
el pobre mundano
¿Quiere decir que si soy pobre automáticamente estoy en una posición favorable con Cristo? No. Porque ser pobre en sí no es suficiente.
Podemos ser pobres y no por eso estar buscando primeramente el reino.
30

Un cambio en nuestro concepto de las riquezas
En su Sermón del Monte, Jesús usó una expresión un tanto diferente
de la usada en el Sermón de la Llanura registrado en Lucas 6. En el
Sermón del Monte, él dijo: “Bienaventurados los pobres en espíritu,
porque de ellos es el reino de los cielos” (Mateo 5.3). Esa expresión
de “pobres en espíritu” no se usa en ninguna otra parte de la escritura.
Muchos comentaristas modernos piensan que significa “desalentados”
o “humildes”. Tal vez sea así.
Sin embargo, uno de los ancianos del segundo siglo de la iglesia
primitiva, Clemente de Alejandría, la interpretó de una forma muy
diferente. Él entendía que Jesús estaba diciendo: “Bienaventurados
los que son pobres en sus almas”.1 Es decir, aquellos que, sin importar
cuánto posean, sea mucho o poco, tienen sus almas desligadas de las
cosas materiales. El hecho es que una persona puede ser pobre en lo
material, pero ser muy codiciosa en espíritu. De hecho, la gran mayoría
de los pobres de este mundo no son “pobres en espíritu”. El enfoque
de sus almas no es el reino, sino las riquezas.
La pobreza de los mundanos no es algo que ellos escogen. Muchos
pobres mundanos tienen sus corazones enfocados en obtener más cosas
materiales. Ellos envidian a los ricos y a la clase media. De hecho,
su deseo por las riquezas es tan fuerte que a menudo se endeudan
para comprar lo que no pueden pagar. Algunos pobres mundanos son
tramposos y hasta roban. Generalmente están atrasados en los pagos
que se han comprometido a saldar. Este tipo de personas es capaz de
abandonar la ciudad con tal de no pagar sus cuentas o declararse en
bancarrota para que sus acreedores tengan que cargar con el muerto.
Los pobres mundanos a veces están tan a favor del consumo de cosas
llamativas como los ricos. O sea, ellos desean usar la ropa más elegante
o manejar un auto llamativo. Lo cierto es que ellos son amantes del
dinero al igual que los ricos.
Otro tipo de pobre mundano es simplemente el holgazán o irresponsable. Estas personas pueden dedicar poco tiempo a percibir ingresos,
lo cual puede ser loable. Sin embargo, terminan siendo una carga para
los demás; su iglesia, padres, amigos o el gobierno. (Ahora bien, yo
no me refiero a las personas que no pueden trabajar, como es el caso
de los ancianos, los enfermos y los discapacitados.) A menudo los
holgazanes no tienen dinero porque lo derrochan en bebidas, juegos,
cigarros, drogas y cosas por el estilo. Esos pobres mundanos que
31

Capítulo 5
profesan ser cristianos hacen muy poco por el reino. Ellos no trabajan
por las riquezas, pero tampoco trabajan para Cristo.
En cambio, la pobreza de los súbditos del reino sí es algo escogido.
Algunos de los pobres del reino son cristianos que anteriormente fueron
ricos, pero dieron su riqueza para ayudar a los necesitados. Otros ya
eran pobres y siguen siendo pobres por decisión propia. Los pobres
piadosos no son simplemente pobres en lo externo, sino también internamente. Los planes de su corazón tienen su enfoque en el reino,
no en cómo adquirir más riquezas. Los pobres del reino no envidian a
los más prósperos, ya que ellos de verdad creen que ser pobre es una
bendición. En ese caso, ¿por qué envidiar a los ricos? Al fin y al cabo,
son los ricos quienes se están perdiendo una bendición.
Los pobres del reino no son holgazanes, sino gente trabajadora.
Según sus circunstancias, puede ser que ellos tengan que trabajar a
tiempo completo para suplir las necesidades de sus familias. Ellos
saben bien que las escrituras enseñan: “Si alguno no quiere trabajar,
tampoco coma” (2 Tesalonicenses 3.10). Pero sea que trabajen a tiempo
completo o no, también trabajan duro para el reino.
Los pobres del reino no son codiciosos. Ellos no compran cosas que
no puedan pagar, ni tampoco adquieren bienes de consumo a crédito.
Ellos hacen frente a sus compromisos, porque su “Sí” es “Sí” y su
“No” es “No”. Los pobres del reino pueden dedicarse al evangelio y
vivir de él; para Dios eso es honorable… siempre y cuando trabajen
duro en el servicio de su Rey. Sin embargo, los pobres del reino no
viven a expensas de sus padres, amigos, o instituciones de bienestar
social. Ellos no son una carga para los demás.

¿Puede un rico ser “pobre en espíritu”?
Teóricamente, una persona puede tener una relativa abundancia de
los bienes de este mundo y aun así ser “pobre en espíritu”. O sea, la
riqueza es su siervo, no su amo. Pablo es un buen ejemplo de alguien
que fue “pobre en espíritu”. Tal y como les dijo a los filipenses: “No lo
digo porque tenga escasez, pues he aprendido a contentarme, cualquiera
que sea mi situación. Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia;
en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para
tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesi32

Un cambio en nuestro concepto de las riquezas
dad” (Filipenses 4.11–12). Ya fuera que tuviera mucho o poco, Pablo
siempre estuvo desligado de sus bienes materiales. Él no vacilaba en
renunciar a ellos cuando surgía la necesidad.
Sin embargo, incluso en su abundancia, dudo que Pablo alguna vez
fuera rico. Además, todos debemos entender que es extremadamente
difícil ser rico y a la vez “pobre en espíritu”. Como dijo Jesús: “Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón”.
Si tenemos un tesoro aquí en la tierra, nuestro corazón estará en ese
tesoro. Estaremos preocupados por mantenerlo, y tendremos congoja
por la idea de que pudiéramos perderlo. Por esa razón, Jesús dijo en
otra ocasión: “Es más fácil pasar un camello por el ojo de una aguja,
que entrar un rico en el reino de Dios” (Mateo 19.24).
Como vimos en el capítulo anterior, Jesús nos dijo claramente:
“Cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo” (Lucas 14.33). Obviamente, mientras más cosas
tengamos que renunciar, más difícil nos será soltarlas. Podemos convencernos a nosotros mismos de que aún somos “pobres en espíritu”,
pero no vamos a engañar a Jesús. Él sabe dónde está nuestro tesoro,
aun cuando nosotros mismos no lo sabemos.
Las enseñanzas radicales de Jesús sobre las riquezas deben estremecer
las almas de todos los cristianos norteamericanos. ¿Por qué? Porque somos
la nación más rica sobre la faz de la tierra. De hecho, los Estados Unidos
es la nación más rica en la historia de la humanidad. En el año 2002, los
estadounidenses obtuvieron ingresos equivalentes a $36.300,00 por cada
hombre, mujer y niño en los Estados Unidos.2 La mitad de las familias en
los Estados Unidos devengan al menos $56.000,00 al año.3
Sin embargo, la típica familia norteamericana no se considera particularmente rica. Eso se debe a que su nivel de vida es más o menos
el mismo que el de otras familias a su alrededor. Más bien, los norteamericanos a menudo se quejan de cuán difíciles son los tiempos y se
lamentan de que el dinero no alcanza.
No obstante, un solo viaje a un país del tercer mundo es suficiente
para que un norteamericano abra sus ojos y se dé cuenta de la inmensa
riqueza que poseemos como nación. Nosotros los norteamericanos de
verdad somos ricos, sea que lo admitamos o no. En la mayor parte del
mundo, cualquier familia que perciba $56.000,00 al año sería considerada como una familia extremamente rica.
33

Capítulo 5
Como mencioné anteriormente, el ingreso per cápita actual en los
Estados Unidos es de $36.300,00. En cambio, el ingreso per cápita
en Rumania es de sólo $6.800,00 al año, menos de 1/5 del ingreso per
cápita norteamericano.4
Sin embargo, el ingreso per cápita en Rumania es mayor que en la
mayoría de los países del mundo; es aproximadamente dos veces mayor
que el de Honduras, cuyo ingreso per cápita es de sólo $2.600,00 al
año.5 Pero a su vez el ingreso per cápita de Honduras es más de dos
veces mayor que el de Uganda, el cual sólo es de $1.200,00 al año.6 Y
el de Uganda es más de dos veces mayor que el de Somalia que es de
$550,00 al año.7 De modo que el ingreso per cápita de los norteamericanos es 66 veces mayor que el de los somalíes. Es decir, ¡en 5 1/2 días
nosotros devengamos lo que un somalí típico gana en un año!
De modo que, ¿dónde nos ubica esto en lo que se refiere al reino de
Dios? Nosotros los norteamericanos somos ricos, y Jesús dijo que “es
más fácil pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico
en el reino de Dios”. Contrario a lo que la mayoría de los cristianos
piensan, las riquezas de los Estados Unidos no son una bendición de
Dios. Equiparar la prosperidad material con la bendición de Dios es
un vestigio del sistema de valores antiguo. Es una muestra de que no
hemos hecho el cambio de paradigma necesario. En el reino de Dios,
¡los pobres son bendecidos y los ricos tienen que esforzarse para hacer
pasar su camello por el ojo de una aguja!
¿Estamos nosotros los cristianos norteamericanos sin esperanza?
No, por cuanto Jesús nos ha extendido el hilo de esperanza más fino.
Cuando sus discípulos escucharon sus palabras sobre la dificultad de
un rico para entrar en el reino, ellos se asombraron y preguntaron:
“¿Quién, pues, podrá ser salvo? Y mirándolos Jesús, les dijo: Para los
hombres esto es imposible; mas para Dios todo es posible” (Mateo
19.25–26).
Así que hay esperanza para los ricos, gracias a la intervención de
Dios. Pero nosotros los norteamericanos sólo nos engañamos a nosotros mismos si pensamos que todos vamos a apretujarnos para pasar
por esta excepción estrecha. Si queremos entrar en esta excepción,
definitivamente tendremos que asegurarnos de estar cumpliendo, muy
al día, todo lo que Jesús nos presentó como el enfoque primordial de
sus valores:
34

Un cambio en nuestro concepto de las riquezas
Entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre,
heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo.
Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de
beber; fui forastero, y me recogisteis; estuve desnudo, y me cubristeis;
enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí. (…) De cierto
os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más
pequeños, a mí lo hicisteis (Mateo 25.34–36, 40).

Según este pasaje, hay buenos usos para el dinero, usos con valor
eterno: alimentar, vestir, proteger y visitar a los enfermos, a los pobres
y a los encarcelados. Y si nosotros los prósperos cristianos norteamericanos queremos permanecer en el reino de Dios, estos ministerios
de beneficio para otros deben ser aspectos primordiales de nuestro
enfoque, así como lo son para Jesús.
Me resulta extraño que entre los cristianos creyentes de la Biblia, servir
a los pobres a menudo es visto como un ministerio inferior. Si usted no está
salvando almas, muchos dirían que esencialmente su ministerio carece de
valor. Sin embargo, en el reino permitimos que Jesús sea quien decida lo
que es valioso y lo que no lo es. Y él dice que ayudar a los pobres es un
ministerio primordial. De hecho, él dice que será un factor decisivo a la
hora de saber quién hereda el reino y quién no. Compartir con los pobres
es tan importante como predicar el evangelio de Jesús.

Autoexamen

!

La mayoría de los cristianos norteamericanos afirman que el reino
verdaderamente ocupa el primer lugar en sus vidas. “Por supuesto,
poseo un tesoro considerable aquí en la tierra. Pero eso no significa
nada para mí. Mi corazón tiene su enfoque en Jesús, no en estos tesoros terrenales”. Eso es lo que la mayoría de nosotros decimos, ¿no
es cierto?
Tal vez eso sea lo que usted mismo afirma. Y quizá sea la verdad.
Pero el corazón del hombre es engañoso. Es por ello que todos debemos hacernos un autoexamen profundo para determinar qué realmente
es el enfoque de nuestro corazón. A continuación notemos algunas
preguntas simples que pueden ayudarlo en ese empeño.
Si es el sostén de la familia, tome una hoja de papel y escriba:
1. La cantidad de horas que usted pasa cada semana trabajando por
un salario, incluyendo el tiempo del viaje diario al trabajo.
35

Capítulo 5
2. La cantidad de horas que usted invierte cada semana limpiando,
manteniendo, comprando y ocupándose de los bienes materiales.

!

3. La cantidad de horas que usted dedica cada semana a los intereses
del reino. Me refiero a actividades tales como testificar, visitar
a los enfermos, alimentar y vestir a los pobres, el estudio de la
Biblia, la oración, el compañerismo con otros, y otras actividades
destinadas a suplir las necesidades espirituales de su familia o
extender el reino de Dios.
Ahora compare la cantidad de horas que usted pasa cada semana
en los intereses del reino con la cantidad de horas que usted pasa cada
semana percibiendo y ocupándose de las cosas materiales. ¿A qué dedica usted la mayor parte de su tiempo? Obviamente, un trabajo secular
es necesario para satisfacer las necesidades de la vida. Pero, ¿creemos
que podremos convencer a Jesús de que sólo estamos trabajando para
satisfacer las necesidades de la vida, y no para mantener el placentero
estilo de vida norteamericano?
¿Qué tiene prioridad cuando hay un conflicto entre nuestros compromisos laborales y los del reino? ¿Requiere nuestro empleo que
faltemos a la iglesia con frecuencia? ¿Será que nuestro trabajo nos deja
demasiado cansados como para hacer algo de valor en el reino de Dios?
¿Creemos nosotros que nuestro compromiso con el reino se encuentra
al día si hablamos diez minutos diarios con el Rey y su Padre?
Si es ama de casa, usted podría hacerse las siguientes preguntas:
1. ¿Estaría yo satisfecha si mi esposo ganara solamente para satisfacer las necesidades de la vida, o tiene él que proveer mucho
más para mantenerme contenta?
2. ¿Gasto yo más dinero del que mi esposo gana?
3. ¿Me quejo con mi esposo de la falta de dinero?
4. ¿Qué porcentaje de los bienes materiales en nuestro hogar son
artículos a los que yo me aferro, en lugar de ser artículos a los
que se aferra mi esposo?
El esposo a menudo lleva la peor parte del materialismo de su esposa. Por lo general, el materialismo de su esposa lo obliga a trabajar
más horas o cambiarse a un empleo mejor pagado, pero un empleo
que destruye su vida espiritual. Ella puede quejarse de los extensos
36

Un cambio en nuestro concepto de las riquezas
horarios de trabajo de su esposo; pero, ¿no será que sus gastos y sus
supuestas necesidades lo están llevando a trabajar tantas horas?
Por lo tanto, si usted es una esposa cristiana, asegúrese de estar
poniendo los intereses del reino en primer lugar. Si de verdad usted es
una cristiana del reino, asegúrese de que su esposo sepa que usted está
satisfecha con poder cubrir las necesidades básicas de la vida. Pero no
lo diga simplemente con palabras; demuéstrele que es así por medio
de su manera de vivir, su manera de usar el dinero, y lo que pide.

Esto es sólo el comienzo
Sólo esta enseñanza de Jesús exige todo un cambio de paradigma,
¿verdad? En el reino de Dios, el valor de las cosas materiales es totalmente distinto al que tienen en este mundo. Pero el aspecto de la
riqueza es sólo el comienzo. Hay mucho más cambios de valores que
tenemos que hacer para conformarnos al reino de Dios.
Sin embargo, no se desespere. Jesús nunca nos exige sino aquellas
cosas que él sabe que podemos hacer por medio de su poder.

Notas finales
1 Clemente de Alejandría, Who Is the Rich Man Who Shall Be Saved?, 14;
ANF, Tomo II, 595.
Infoplease: “Economic Statistics by Country, 2001,”
http://www.infoplease.com/ipa/A0874911.html.
3 Fuente: Bureau of Census,
http://factfinder.census.gov/servlet/BasicFactsServlet.
4
Infoplease.
5 Infoplease.
6 Infoplease.
7 Infoplease.
2

37

6

Un nuevo estándar
de honradez
A

demás habéis oído que fue dicho a los antiguos: No perjurarás,
sino cumplirás al Señor tus juramentos. Pero yo os digo: No juréis
en ninguna manera; ni por el cielo, porque es el trono de Dios; ni por
la tierra, porque es el estrado de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la
ciudad del gran Rey. Ni por tu cabeza jurarás, porque no puedes hacer
blanco o negro un solo cabello. Pero sea vuestro hablar: Sí, sí; no, no;
porque lo que es más de esto, de mal procede” (Mateo 5.33–37).*
De manera que Jesús les dijo a sus súbditos, sin dejar lugar a dudas,
que no deben jurar ni prestar juramentos. Los juramentos nos hacen
verdaderamente vulnerables a la posibilidad de tomar el nombre de
Dios en vano. Y eso es un pecado grave.
Sin embargo, hay mucho más en este mandamiento de Jesús que una
simple precaución en contra del peligro de tomar el nombre de Dios
en vano. Jesús estaba estableciendo para sus discípulos un estándar
revolucionario de honestidad. Jurar o prestar juramentos era un rasgo
distintivo de la sociedad antigua, tanto judía como gentil. La gente
usaba los juramentos con regularidad, específicamente en asuntos de
comercio, religión y gobierno. ¿Por qué los usaban tan a menudo?
Porque no podían confiar los unos en los otros.
Por ejemplo, supongamos que Leví bar José de la Judea del primer
siglo va al mercado a comprar un anillo. Allí ve un hermoso anillo de
oro que le gustaría tener, pero es muy caro. Es digno del precio que el
comerciante está pidiendo… si realmente es oro puro. Entonces Leví
le pregunta al comerciante:
*

Esta misma enseñanza sobre los juramentos se repite en Santiago: “Pero sobre todo, hermanos
míos, no juréis, ni por el cielo, ni por la tierra, ni por ningún otro juramento; sino que vuestro sí
sea sí, y vuestro no sea no, para que no caigáis en condenación” (Santiago 5.12).

38

Un nuevo estándar de honradez
—¿Es oro puro?
—Sí, claro —responde el comerciante—. Oro puro.
—Bien —responde Leví mientras acaricia el anillo—. ¿Está usted
seguro?
—Por supuesto.
—¿Pero está completamente seguro? —Leví pregunta nuevamente.
—Sí, estoy completamente seguro. Conozco personalmente al
joyero que hizo este anillo, y él me ha asegurado que es oro puro
—tranquilamente le asegura el comerciante a Leví.
Leví aún se muestra receloso. Él sabe que no puede confiar ni siquiera en su conciudadano judío. De modo que toma el anillo a pulso en un
intento por calcular el peso. Luego escudriña el anillo cuidadosamente
en busca de algún rasguño que pudiera revelar una base de otro metal.
Por fin, Leví empieza a convencerse de que el anillo es oro puro. No
obstante, para estar completamente seguro, le dice al comerciante:
—Júreme por el templo que este anillo es todo de oro puro y no
simplemente chapado en oro.
El comerciante hace el juramento que Leví le pide. Ahora Leví
puede comprar el anillo sin tanta preocupación. Ningún judío temeroso
de Dios juraría por el templo si estuviera diciendo una mentira.
Así era la vida cotidiana en el mundo antiguo. Muy pocas personas
eran de confianza. Y en aquel tiempo no había ningún Ministerio de
Justicia ni agencias del gobierno que pudieran regular el comercio y
sancionar a quienes hicieran afirmaciones falsas. De modo que la sociedad acudía a los juramentos, puesto que la mayoría de las personas
temía hacer falsos juramentos. Hasta los gentiles veneraban los juramentos, ya que temían el castigo de los dioses si juraban falsamente.
En consecuencia, los juramentos llegaron a ser una costumbre arraigada
en el comercio, los asuntos legales, los negocios y el gobierno. Ellos
hacían posible el funcionamiento de la sociedad.
Sin embargo, por su propia existencia, el sistema de juramentos
reconocía que había dos estándares de honestidad. Había un estándar
que las personas usaban en las conversaciones normales, y había otro
estándar cuando estaban bajo juramento.
No obstante, en su reino, Jesús no tiene ningún estándar doble de
honestidad. Al prohibir los juramentos, Jesús estaba presentando un
estándar de honestidad completamente nuevo. Para sus súbditos sólo
39

Capítulo 6
existe un estándar: que vuestro “sí” sea “sí” y vuestro “no” sea “no”. La
palabra de un cristiano verdadero es tan válida como un juramento.

Amantes de la verdad
Pero la honestidad y la verdad no se limitan al comercio, la ley y el
gobierno. Jesús le dijo a Pilato: “Yo para esto he nacido, y para esto he
venido al mundo, para dar testimonio a la verdad. Todo aquel que es de
la verdad oye mi voz” (Juan 18.37). Jesús sólo permite en su reino a los
que sean “de la verdad”. El amor a la verdad tiene que penetrar cada fibra
de nuestras almas. Y así será, si realmente somos nacidos del Espíritu
Santo y continuamos nuestro andar en el Espíritu. Por cuanto Jesús se
refiere al Espíritu Santo como el “Espíritu de verdad” (Juan 14.17).
Sin embargo, ¿a cuántos cristianos* conoce usted que se apegan al
estándar de honestidad del reino? ¿Cuántos cristianos conoce usted cuyo
“sí” es “sí” y cuyo “no” es “no”? Siempre que un hermano cristiano le
dice algo, ¿sabe usted que puede confiar completamente en la veracidad
de sus palabras? O sea, ¿sabe usted a ciencia cierta que no se trata de
una mentira, una exageración, o un simple rumor? Cuando un cristiano
le dice que hará algo, ¿puede contar con ello absolutamente (excluyendo
las interrupciones completamente imprevisibles, tales como un accidente
automovilístico)? ¿O pudiera ser que su “sí” signifique “quizá”?

La honradez en nuestro trabajo
Cuando un cristiano es dueño de un negocio, el mundo entero debe
saber que el servicio que allí se presta será completamente justo y honrado. Digo que debe saber esto, pero si su experiencia ha sido como
la mía, usted sabe que no es así. La triste realidad es que la mayoría
de los que profesan ser cristianos realmente no son gente del reino de
Dios. Su honestidad y la del mundo son muy similares.
Los cristianos continuamente hacen fraude en sus impuestos, mienten a sus patrones, escriben cheques sin valor y abandonan la ciudad
para no pagar sus cuentas. Yo soy abogado, y anteriormente tenía un
*

Cuando hablo de “cristianos” en este libro, me refiero a las personas que profesan ser cristianos.
Puede que estas personas sean o no sean verdaderos cristianos. Yo empleo el término “cristianos
del reino” para referirme a los cristianos que viven según las enseñanzas de Jesús tocante al

40

Un nuevo estándar de honradez
bufete en la calle principal de nuestra ciudad. Siempre traté de servir
bien a mis clientes, y casi todos me pagaron puntual y cabalmente.
De hecho, sólo puedo recordar a cuatro clientes que me estafaron
con mis honorarios. ¡Y los cuatro eran cristianos! No me refiero a
cristianos nominales. Me refiero a personas que hablaban mucho de
su cristianismo.

La falta de honradez en
la literatura cristiana
La falta de honradez de muchos cristianos no sólo se ve en sus
prácticas comerciales, sino incluso en los libros espirituales que escriben. Supuestamente, debería ser posible tomar un libro escrito por un
cristiano y saber que podemos confiar en la información que contiene.
Pero la verdad es que no es así.
Mike Warnke fue (¡y quizá todavía lo es!) un humorista cristiano muy
popular que escribió un libro titulado, The Satan Seller (“El vendedor
de Satanás”), el cual se publicó por primera vez en el año 1972. El libro
vendió millones de copias, y Mike Warnke se convirtió en una celebridad
cristiana y apareció en programas de televisión tales como Focus on the
Family (“Enfoque sobre la familia”) y Club 700. En su libro, Warnke
cuenta de como él había sido un drogadicto y luego fue reclutado en
una secta satánica. Dentro de la secta satánica, él rápidamente ascendió
a la posición de sumo sacerdote, y presidió ritos repugnantes y orgías.
Además, Warnke afirma en su libro que como sacerdote satánico, él
tenía mil quinientos seguidores en tres ciudades como parte de una red
de satánicos clandestinos. Es un libro fascinante.
Sin embargo, en 1992 la revista Cornerstone, una publicación
evangélica, publicó un artículo en primera plana titulado Selling
Satan: The Tragic History of Mike Warnke (“Vendiendo a Satanás:
La trágica historia de Mike Warnke”). Su artículo bien documentado
desenmascaraba las declaraciones de Mike Warnke. Este artículo no
sólo demostraba que el testimonio de Warnke era un fraude, sino también que su vida abrigaba toda clase de pecados graves. Por ejemplo,
él recaudaba dinero para proyectos que nunca se realizaron. Y vivía
en grave inmoralidad mientras seguía con su ministerio público.1
Desafortunadamente, varios personajes de la industria de la música
41

Capítulo 6
cristiana contemporánea sabían de la situación, pero no tomaron medidas bíblicas para resolverla.
Ahora bien, podríamos pensar que todos los cristianos estaban
sumamente agradecidos con la revista Cornerstone por revelar este
fraude escandaloso. Y efectivamente, muchos cristianos escribieron
y le agradecieron a Cornerstone por su trabajo investigativo. Sin embargo, la revista y sus editores recibieron una avalancha de cartas de
otros cristianos con reproches por haber desenmascarado el fraude. “El
hecho es”, dijeron muchos, “que el testimonio de Mike, sin importar
cuán falso, ha conducido a miles de personas a Cristo”.
Por ejemplo, a continuación mostramos algunas de las cartas (en
forma resumida) que Cornerstone recibió como respuesta a su artículo
investigativo:
No me causó una buena impresión su artículo sobre Mike Warnke. Ustedes no han hecho más que lo que la prensa secular hace. Resulta muy
doloroso lo sucedido en la vida de Mike Warnke, pero ¡ustedes realmente
se han pasado de la raya! ¿Qué tal de la escritura que dice que ya sea
por pretexto o por verdad, de todas maneras Cristo es anunciado?
Ustedes hablaron más de condenar a este hombre y hacerlo parecer
un fraude que de decir que debemos levantarlo y orar por él. Cristo no
condenó a la mujer que fue sorprendida en el acto de adulterio. ¿Acaso
es diferente el pecado porque un hombre es una celebridad? ¿O qué
tal de examinar sus propias vidas? Sí, señores, estoy enojado. Soy un
ministro y soy blanco de críticas por algunas cosas. Ustedes apenas
hablaron del perdón. ¿Por qué no enfocar completamente en levantar
a un hermano en lugar de condenarlo? ¡Mediten en esto! ¿Acaso Dios
los condena ahora cuando lo echan a perder todo?2

Otro lector escribió:
¿Por qué ustedes están tratando de destruir a Mike Warnke? Él ha
salvado a más personas de las que ustedes puedan imaginarse. Quizá
no toda su vida es lo que ustedes creen. Yo he estado en tres de sus
conciertos aquí en la Iglesia Nazareno de Pismo, y dos de mis amigos
y yo hemos llegado al Señor por medio de Mike. Ustedes saben que
Satanás inventará mentiras para destruir a Mike porque tiene miedo de
Mike. Por favor, explíquense mejor.3

La reacción de la comunidad cristiana me conmociona aun más
que el fraude escandaloso perpetrado por Mike Warnke. ¿Dónde está
el amor a la honestidad y el odio a la falsedad? Obviamente, si Mike
42

Un nuevo estándar de honradez
está verdaderamente arrepentido, debemos perdonarlo. Pero esto no
quiere decir que trataremos de encubrir su falta de honradez. No se
trata de que alguien “lo echó a perder todo”. Se trata de la falta de
honradez intencional, mediante la cual Warnke hizo cientos de miles
de dólares. Y el caso de Mike Warnke es sólo un ejemplo.
A mediados de la década de los ochenta, mi esposa y yo administramos durante varios años una librería cristiana sin fines lucrativos.
Recuerdo un libro muy popular que vendíamos titulado Crying Wind
(“Viento sollozante”). El libro contiene la extraordinaria historia
de una mujer indígena que se convirtió al cristianismo. El único
problema es que la editorial llegó a la conclusión que su testimonio
era falso, por lo que retiró el libro de circulación. Con el tiempo me
enteré de que muchos de los testimonios extraordinarios e historias
milagrosas que vendíamos en la librería eran completamente falsos
o exagerados.
Por ejemplo, en su libro, Satan’s Underground (“El movimiento
clandestino de Satanás”), Lauren Stratford ofrece su testimonio de
como ella dejó una secta satánica y se hizo cristiana. En su libro, ella
describe sus presuntas experiencias mientras se encontraba en esa
secta. Por ejemplo, ella afirma que fue violada en varias ocasiones
y que dio a luz varios niños que fueron sacrificados en rituales. Sin
embargo, las personas que investigaban sus afirmaciones lograron
localizar a la madre de Stratford (quien supuestamente había muerto),
a su hermana que supuestamente no existía, a su ex-esposo, primos y
maestros. Todos estos proporcionaron pruebas contundentes de que el
libro era un fraude.4 A consecuencia de esto, la publicadora cristiana
que publicó Satan’s Underground (“El movimiento clandestino de
Satanás”) retiró el libro… sólo para luego cederle los derechos de
publicación a otra editorial.
Estos ejemplos son sólo la punta del iceberg. La cuestión es que
el cristianismo de hoy alberga una cultura mentirosa. El engaño y la
falsedad parecen estar adheridos a la propia alma de la Iglesia institucional. Probablemente no tenga que decir nada de los tele evangelistas,
ya que sus fraudes y vicios son bien conocidos. No obstante, pareciera
que hasta algunos evangelistas del púlpito han aceptado el principio
de que la deshonestidad puede usarse para el progreso del mensaje
de Cristo.
43

Capítulo 6
Por ejemplo, incluso evangelistas muy respetados a menudo colocan
a miembros de su equipo entre su audiencia. Luego, cuando se hace
el llamado al altar, los que han sido colocados entre la audiencia se
levantan y pasan al frente, fingiendo ser nuevos conversos. La idea
es que esto hará más fácil para los verdaderos conversos levantarse y
pasar al frente también. Es decir, el fin justifica los medios.
Pero ese es el sistema de valores del mundo. En el reino, los medios por los cuales hacemos algo son tan importantes como el fin que
alcanzamos. Nunca usamos los medios del mundo para lograr los
propósitos del reino. ¿Cree usted que Jesús colocaba impostores entre
su audiencia?
La cultura de la falta de honradez en el cristianismo institucional
brota en todas partes. Muchos evangelistas se valen de toda clase de
artimañas para poder presentar informes de grandes cantidades de conversos a sus patrocinadores. Los cristianos laicos exageran y adornan
sus testimonios para ajustarlos a algún ideal preconcebido.

La farsa de la sanidad milagrosa
Pero probablemente en ningún campo de la iglesia está tan de moda
la cultura de la falta de honradez como en el campo de la sanidad
milagrosa. Jesús y sus apóstoles sanaron a los enfermos. De hecho,
la sanidad estuvo siempre muy ligada al mensaje del reino. Y estoy
seguro de que Jesús todavía hoy sana a las personas. Sin embargo, el
ministerio de la sanidad también está plagado de impostores.
Imagínese la siguiente escena: Un evangelista con un ministerio
de sanidad se encuentra frente a una gran multitud. Él camina hacia
donde se encuentra una ancianita sentada en una silla de ruedas, y en
voz alta le ordena: “¡Póngase de pie y camine!” Lentamente, la señora
empieza a ponerse de pie. Sus piernas débiles y temblorosas empiezan
a sostenerla mientras ella todavía se apoya en su silla de ruedas. Al fin,
se separa de la silla de ruedas y se para por sí sola. Un jadeo ahogado
recorre el público entusiasmado y el auditorio retumba con gritos de
alabanza. Pero luego sucede algo aun más asombroso. ¡La mujer da
un paso lento, y luego otro, y aun otro más! Para entonces, todas las
personas están agitando sus manos y gritando alabanzas al Señor. ¡Ha
sucedido un milagro!
44

Un nuevo estándar de honradez
¿Será cierto? La mayoría de las personas no se dan cuenta de que
muchas de las personas en sillas de ruedas, tal vez la mayoría de las
personas en sillas de ruedas, pueden caminar. Mi madre está bien
avanzada en los ochentas y puede caminar bien, aunque un poco
despacio. Sin embargo, cuando estamos en un hospital o un centro comercial grande donde tendríamos que caminar bastante, generalmente
le conseguimos una silla de ruedas. De esta manera, ella no se agota
por la caminata. Si alguien viera a mi madre levantarse de una silla
de ruedas y caminar, podría pensar que está presenciando un milagro,
pero realmente no es así.
Lo mismo pasa en las campañas de sanidad. Que un sanador le
ordene a una persona en una silla de ruedas que se levante y camine
no es más que una farsa, a menos que el sanador sepa sin duda que la
persona en la silla de ruedas no puede caminar.
Pero algunos sanadores de renombre han llevado más lejos el fraude
de la silla de ruedas. En la década de los ochenta, los evangelistas sanadores W. V. Grant y Peter Popoff tenían ujieres que proveían sillas de
ruedas para muchos de los ancianos que habían entrado en el auditorio
por sí solos. Estas sillas de ruedas eran todas del mismo color, modelo
y marca. Luego los ujieres llevaban a estas personas en las sillas de
ruedas al frente del auditorio. De esa manera, los sanadores sabrían con
certeza que las personas en esas sillas de ruedas podían caminar, pues
todos ellos habían entrado en el auditorio por sí solos. Sin embargo,
con toda deshonestidad, estos sanadores invitaban a aquellas personas
a pararse y caminar, y luego fingían que había sucedido un milagro.
W. V. Grant incluso se sentaba en las sillas de ruedas y hacía que estas
personas “sanadas” lo empujaran por los pasillos para provocar las
ovaciones de los espectadores.5
No satisfecho con esa farsa, Peter Popoff hacía que su esposa Elizabeth se sentara y conversara con algunos miembros del público antes
que comenzara el programa. Ella tomaba apuntes minuciosos y luego
abandonaba el auditorio para internarse en un tráiler que estaba cerca
de allí. El tráiler estaba equipado con un circuito cerrado de televisión y
un radio transmisor. Su esposo se ponía un radio receptor muy pequeño
en su oído, imperceptible para el público. Mientras observaba en una
pantalla lo que ocurría en el auditorio, Elizabeth Popoff guiaba a su
esposo hacia distintas personas del público y le decía sus nombres, el
45

Capítulo 6
lugar donde vivían y la enfermedad que padecían. Él entonces fingía
que estaba recibiendo una revelación de Dios mientras caminaba por
los pasillos, gritando nombres y direcciones de personas que Dios sanaría esa noche. Finalmente, él fue desenmascarado ante la televisión
nacional, pero aquello no apagó su campaña.6
La parte más triste del fraude Grant-Popoff es que fueron los agnósticos
los que desenmascararon a estos dos conocidos charlatanes. Debieron
haber sido los cristianos los que los denunciaran. Pero, como dije antes,
el cristianismo moderno alberga una cultura de falta de honradez. Algunos
cristianos no desean desenmascarar los milagros fraudulentos. Desesperadamente desean creer que estos milagros son verdaderos, porque
normalmente estos hacedores de milagros de hoy día predican un evangelio
de prosperidad sin mucho discipulado. Y sus “milagros” vienen a ser una
supuesta evidencia de la autenticidad de su evangelio.
Sin duda, serán estos mismos hacedores de milagros y sus patrocinadores los que le dirán a Jesús en el día del juicio: “Señor, Señor,
¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les
declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad”
(Mateo 7.22–23).
Así que, según Jesús, ni la ausencia ni la presencia de milagros prueba nada en cuanto a la condición de una persona con Cristo. Milagros
genuinos han ocurrido por medio de cristianos auténticos, y milagros
genuinos han ocurrido por medio de cristianos falsos. Pero ningún
milagro falso jamás ha sido llevado a cabo por medio de un cristiano
auténtico. Los milagros genuinos no prueban que alguien está bien
delante de Dios, pero los milagros fraudulentos prueban claramente
que Cristo no respalda el ministerio de esa persona. Cristo nunca obra
por medio de la corrupción y el engaño.

Notas finales
1 Mike Hertenstein y Jon Trott, “Selling Satan: The Tragic History of Mike
Warnke,” Cornerstone, Tomo 21, número 98 (1992).
“The Cornerstone Series on Mike Warnke,”
http://www.cornerstonemag.com/features/iss098/warnke_index.htm.
2

46

Un nuevo estándar de honradez
3 “Cornerstone Series.”
4 Bob & Gretchen Passantino y Jon Trott, “Satan’s
Sideshow: The True Lauren Stratford Story,”
http://www.cornerstonemag.com/features/iss090/sideshow.htm.
5
James Randi, The Faith Healers (Buffalo: Prometheus Books,
1989)105–106, 150.
6 Randi 146–153.

47

7

Las leyes del reino sobre
el matrimonio
y el divorcio
B

ienaventurado es el que no halle tropiezo en mí.” Jesús dijo esas
palabras porque él sabía que la mayoría de las personas que escucharan sus enseñanzas se ofenderían por ellas. Cuando las personas
hallan tropiezo en las enseñanzas de Jesús, por lo general responden
en una de las dos formas siguientes: Algunos sencillamente deciden
que ya no tendrán más nada que ver con Jesús, y regresan al mundo.
Y otros de los que se ofenden por las enseñanzas de Jesús se unen a
una iglesia con valores mundanos. Ellos sencillamente buscan hasta
encontrar una iglesia que enseñe que Jesús realmente no estaba en
serio con lo que dijo. Y no es difícil encontrar una iglesia así en estos
tiempos. De hecho, es muy difícil encontrar una iglesia que no niegue
las enseñanzas de Jesús.
Entre las enseñanzas de Cristo que en la actualidad causan las
mayores ofensas están sus estándares sobre las riquezas y el divorcio.
Ya hemos visto las enseñanzas de Jesús sobre las riquezas. Así que,
veamos lo que él dijo acerca del divorcio:
“También fue dicho: Cualquiera que repudie a su mujer, dele carta
de divorcio. Pero yo os digo que el que repudia a su mujer, a no ser
por causa de fornicación [Griego: porneia], hace que ella adultere; y
el que se casa con la repudiada, comete adulterio” (Mateo 5.31–32).
Eso es muy directo, ¿verdad? El que repudia a su mujer, a no ser
por causa de fornicación (Griego: porneia), será responsable de causar
que ella cometa adulterio si se vuelve a casar. Ya que si ella se vuelve
a casar, tanto ella como su nuevo esposo cometerán adulterio.
48

Las leyes del reino sobre el matrimonio y el divorcio

El divorcio bajo la ley mosaica
Para comprender cabalmente el significado de la ley del reino de
Jesús sobre el divorcio, nosotros debemos comprender primero la
práctica del divorcio bajo la ley mosaica. Jesús comenzó su declaración sobre el divorcio diciendo: “También fue dicho: Cualquiera que
repudie a su mujer, dele carta de divorcio”. Jesús se estaba refiriendo
al pasaje que aparece en Deuteronomio, que dice: “Cuando alguno
tomare mujer y se casare con ella, si no le agradare por haber hallado
en ella alguna cosa indecente, le escribirá carta de divorcio, y se la
entregará en su mano, y la despedirá de su casa. Y salida de su casa,
podrá ir y casarse con otro hombre. Pero si la aborreciere este último,
y le escribiere carta de divorcio, y se la entregare en su mano, y la
despidiere de su casa; o si hubiere muerto el postrer hombre que la
tomó por mujer, no podrá su primer marido, que la despidió, volverla
a tomar para que sea su mujer, después que fue envilecida; porque es
abominación delante de Jehová” (Deuteronomio 24.1–4).
De modo que bajo la ley mosaica, Dios le permitía al hombre
divorciarse de su mujer si él hallaba “en ella alguna cosa indecente”.
Pero, ¿qué quiso decir Dios por “alguna cosa indecente [en ella]”?
Algunos maestros de la ley decían que esto significaba casi cualquier
cosa. Pero Jesús le permitía al hombre divorciarse de su mujer sólo
por causa de porneia.*
Pero, ¿qué tal si una mujer quería divorciarse de su marido? Lo cierto es que Dios nunca le permitió a una mujer divorciarse de su marido.
Si esto es algo nuevo para usted, por favor, saque la Concordancia
Exhaustiva de la Biblia, STRONG y busque la palabra “divorcio”. Usted
hallará que toda referencia a divorcio en el Antiguo Testamento trata
con un marido que se divorcia de su mujer. No hay excepción.
El profesor judío Israel Abrahams, de la Universidad de Cambridge,
dijo lo siguiente acerca del divorcio judío en el Antiguo Testamento:
“En la ley judía, el divorcio siempre fue, de principio a fin, el acto
del marido. El término común usado en la Biblia para divorcio es
*

A través de los siglos ha habido cierto debate entre los cristianos occidentales en lo que se refiere
al significado de la palabra porneia en este pasaje. La Iglesia Católica Romana históricamente ha
dicho que se refiere a los matrimonios que violan las leyes levíticas de consanguinidad o afinidad. Al parecer, para los cristianos primitivos el término se aplicaba a la práctica de adulterio en
contraste con un solo acto de adulterio. (Véase Hermas, libro 2, com. 4, cap. 1.)

49


Documentos relacionados


Documento PDF tener que perderlo todo para convertirme
Documento PDF mensaje del papa para la cuaresma de 2014
Documento PDF tercera de la libertad
Documento PDF gu a para los rezos del adviento 4 semanas
Documento PDF comentario navidad 2
Documento PDF a la victima pascual comentario 1


Palabras claves relacionadas