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30. BURKE, Peter Historia y teoría social .pdf



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MODELOS Y MÉTODOS

2. MODELOS YMÉTODOS

n este capítulo nos ocuparemos cíe cuatro enfoques que on
comunes a varias disciplinas, pero sumamente controvertidos
en algunas de ellas. En sus cuatro secciones se tratarán respectivamente la comparación, el uso de modelos, los métodos
cuantitativos y, por ultimo, e! empleo del "microscopio" social.

E

LA COMPARACIÓN
La comparación siempre ha tenido un lugar central en la teoría social.
De hecho, Durkheim afirmó que 'la sociología comparativa no es una
rama especial de la sociología: es la sociología misma". Destacó el valor
del estudio de la 'Variación concomitante", en particular como una especie de "experimento indirecto" que permitía al sociólogo pasar de la descripción de una sociedad al análisis de por qué adopta una forma determinada. Distinguía dos tipos de comparaciones, y abogaba por los dos.
En primer lugar, las comparaciones entre sociedades fundamentalmente
de la misma estructura o, como lo expresó en forma reveladora, "de la
misma especie", y en segundo lugar, comparaciones entre sociedades
esencialmente diferentes.1 La influencia de Durkheim en la lingüística
comparativa y la literatura comparada es evidente sobre todo en Francia.
Por otra parte, los historiadores tendían a rechazar la comparación,
afirmando que su objeto de estudio era lo particular, lo único, lo irrepetible. 2 Pero para esta objeción clásica hay una respuesta también clásica,

dada en 1914 por Max Weber al historiador Georg vori Below en el curso
de un debate sobre historia urbana. "Estamos totalmente de acuerdo en"
que la tarea de la historia es establecer lo que hay de específico, digamos,
en la ciudad medieval; pero eso sólo es posible si antes descubrimos qué
es lo que no hay en otras ciudades (antiguas, chinas, musulmanas) ."3 Sólo
por medio de la comparación podemos ver lo que no está ahí, o dicho de
otro modo, comprender la significación de una determinada ausencia.
Ése era el mensaje del famoso ensayo de Werner Sombart titulado ¿Por
qué no hay socialismo en Estados Unidos?, y también la estrategia subyacente
en el ensayo del mismo Weber sobre la ciudad, donde sostenía que la
ciudad de verdad autónoma sólo se encuentra en Occidente.4 De hecho,
Weber dedicó buena parte de su vida activa al intento de definir las características distintivas de la civilización occidental (en particular lo que llamaba su "racionalidad" institucionalizada), por medio de comparaciones
sistemáticas entre Europa y Asia en las esferas económica, política y religiosa e incluso en la de la música. Prestó particular atención al surgimiento del protestantismo, el capitalismo y la burocracia en Occidente, sosteniendo que los tres fenómenos eran similares y estaban vinculados, y los
contrastó con fenómenos de otras regiones (las que Reinhardt Bendix
llama "concepciones de contraste" son fundamentales para el enfoque
comparativo) .5
Lo que estos ejemplos indican es que los dos enfoques, el particularizador y el generalizador (o el histórico y el teórico), se complementan
mutuamente, y que ambos dependen de la comparación, ya sea explícita
o implícita. Alguna vez el historiador estadunidense jack Hexter dividió
a los historiadores eri "los que amontonan [lumpers]" y "los que dividen
[splitters]", afirmando que los que dividen y discriminan son superiores a
los que agrupan diversos fenómenos en un solo montón.6 Por supuesto
nadie quiere amontonar en forma burda, por incapacidad de hacer distinciones finas. Pero seguramente la capacidad de ver lo que diversos
fenómenos tienen en común es una cualidad intelectual tan valiosa como
la de ver cómo difieren fenómenos en apariencia similares. En tocio caso,
también dividir requiere un acto previo de comparación.

3

1

Darkheim (1895), cap. 6; cf. Béteille (1991).
2
W¡ldeIband (1894); Collingwood (1935);Elton (1967),p. 23y ss.

35

GtenRoth(1976),p. 307.
Sombart (1906); Weber (1920), pp. 3,1212-1374; cf. Milo (1990).
5
5Rpnrli-lf
Bendix H967t.
(1967).'
6
Hexter (1979), 242.
4

36

HISTORIA Y TEORÍA SOCIAL

Entre los primeros historiadores que siguieron las huellas de Durkheim y Weber estuvieron Marc Bloch y Ottb Hintze. Hintze aprendió el
método comparativo de Weber, aunque limitó sus análisis a Europa. Se
concentró en el desarrollo en distintos estados europeos de lo que Weber
llamaba formas de gobierno "legal-racionales" o "burocráticas", señalando, por ejemplo, la importada del surgimiento del commissarius, funcionario que no había comprado su cargo (como era habitual en la Europa
de comienzos de la época moderna) y que, por tanto, podía ser suspendido por el rey a voluntad.7
Marc Bloch, por su parte, aprendió el método comparativo de Durkheimy sus seguidores, principalmente del lingüista Antoine Meiilet, 8 ylo
definía, igual que ellos, distinguiendo las comparaciones entre "Vecinos"
de las comparaciones entre sociedades muy distantes en el espacio o en
el tiempo. Además lo defendía con las mismas razones, porque permitía
al historiador "dar un verdadero paso atrás en la fascinante búsqueda
de las causas".9 Dos de los estudios comparativos de Bloch son particularmente famosos: Les rois thaumaturges (1924), que desarrolla una comparación entre dos países vecinos —Francia e Inglaterra— donde se creía
que los reyes tenían el poder de curar las escrófulas tocando a los enfermos, y La sociedad feudal (1939-1940), que examinábala Europa medieval
pero que también incluía una sección sobre el Japón observando las semejanzas entre las posiciones de los caballeros y ios samurai, pero destacando asimismo la diferencia entre la obligación unilateral que vinculaba
al samurai a su señor y la obligación bilateral entre señor y vasallo en
Europa, donde el miembro menor tenía derecho a rebelarse si el miembro mayor no cumplía su parte del acuerdo.
Los estudios comparativos adquirieron impulso después de la segunda guerra mundial, en especial en Estados Unidos, con el surgimiento
de disciplinas como la economía del desarrollo, la literatura y la política comparadas. La fundación de la revista Comparative Studies in Soriety
and History formó parte de la misma tendencia.10 Aun cuando muchos
historiadores profesionales todavía desconfían de la comparación, pueden señalarse varias áreas donde el método ha resultado sumamente fructífero.
'Hintze (1975).
8
Sewell (1967); Rhodes (1978).
9
Bloch (1928).
10
Grew(1990).

MODELOS Y MÉTODOS

37

En historia económica, por ejemplo, el proceso de industrialización
suele ser visto en perspee4iva comparativa. Siguiendo al sociólogo Thqrstein Veblen, que publicó un ensayo acerca de Alemania y la revolución
industrial, los historiadores han indagado si otras naciones siguieronjel
modelo inglés o se desviaron de él, y si los que llegaron tarde a ella, comcj
Alemania y japón, tuvieron algunas ventajas sobre sus predecesores.11
En el caso de la historia política, lo que más interés ha provocado es e}
estudio comparativo de las revoluciones. Entre las obras más conocidas
de este género se cuentan el análisis de Barrington Moore de "los orígenes sociales de la dictadura y la democracia", que va de la Inglaterra del
siglo XVII al Japón del XIX; el ensayo de Lawrence Stone, Las causas de la
revolución inglesa, y el estudio de Theda Skocpol de Francia en 1789, Rusia
en 1918 y China en 1911, como casos que "revelan patrones causales similares".12 Moore hace un uso muy efectivo de la comparación como medio
de probar explicaciones generales (le interesa lo que no encaja, igual que
a Weber le interesaba lo que no está ahí). En sus propias palabras:
Las comparaciones pueden servir como prueba negativa aproximativa de
explicaciones históricas aceptadas después de enterarnos de las desastrosas consecuencias que tuvo para la democracia la coalición de las élites agrarias e
industriales en la Alemania del siglo XIX y comienzos del XX —el muy comentado matrimonio del hierro y el centeno- empezamos a preguntarnos por qué
un matrimonio similar entre el hierro y el algodón no impidió el estallido de
la guerra civil en Estados Unidos.13

En historia social, el estudio comparativo del feudalismo, inspirado
P°JLMjS¡Tí?°9Í^?^
hoy, con estudios tanto de la
India y África como de Europa y el Japón. La proposición de que fue
la mosca tsetse la que al atacar a los caballos, impidió el desarrollo de algo
similar al feudalismo en el África Occidental, es uno de los más fascinantes estudios de "lo que no está ahí", como decía Weber.14 El estudio comparativo de los patrones de matrimonio es el tema de un famoso estudio
de John Hajnal que contrasta el sistema europeo occidental de matrimonio tardío, vinculado al establecimiento de un hogar independiente para
los recién casados, con prácticas prevalecientes en el resto del mundo.
11

Veblen (1915); Rostow (1958); Gershenkron (1962); Kemp (1978).
Moore (1966); Stone (1972); Skocpol (1979).
Moore (1966), pp. xiii-xiv.
14
Ckjody (1969).

12

13

38

HISTORIA Y TEORÍA SOCIAL

El estudio de Hajnal estimuló a su vez otros estudios comparativos, en
especial un ensayo de Jack Goody donde ^e sostiene que el sistema de
Europa Occidental fue creado por la Iglesia medieval, la cual desalentaba
los matrimonios entre parientes con el objeto de aumentar sus propias
posibilidades de heredar a, los que morían solteros.15 Empleando una estrategia muy similar a la de Weber. el antropólogo histórico Alan Macfarlane ha publicado una serie de estudios que intentan definir la anglicidad
de la sociedad inglesa (individualismo, escasa inclinación a la violencia,
una cultura particularmente compatible con el capitalismo, etcétera),
por medio de comparaciones y contrastes con otras partes de Europa, de
Polonia a Sicilia.16
No sería difícil agregar otros ejemplos a esta breve lista, pero posiblemente sean suficientes para demostrar que la historia comparativa cuenta
con una serie de realizaciones sustanciales. También tiene sus peligros,
dos en particular.
En primer lugar existe el peligro de aceptar con demasiada facilidad
que las sociedades "evolucionan" según una secuencia inevitable de etapas. El método comparativo de Marx, Comte, Durkheim, Spencery otros
estudiosos del siglo XIX consistía esencialmente en identificar la etapa que
había alcanzado determinada sociedad, en ubicar a ésta en la escala de la
evolución. Hoy esta premisa ya no resulta sostenible para muchos estudiosos (véase infra, p. 156). El problema consiste entonces en hacer análisis comparativos que no sean ni evolucionistas ni estáticos como tendían
a ser los de Weber, sino que tengan en cuenta los diferentes caminos que
una sociedad puede recorrer.17
El segundo peligro es el etnocentrismo. Puede parecer extraño que
señale este peligro cuando el análisis comparativo ha estado asociado,
durante mucho tiempo, con la creciente conciencia que los estudiosos
occidentales tienen acerca de las culturas no occidentales, pero el hecho
es que, a menudo, esos estudiosos han tratado a Occidente como una
norma de la que las otras culturas se desvían. "Feudalismo", por ejemplo,
igual que "capitalismo", es un concepto originalmente formulado con
base en la experiencia de Occidente. Es evidente el peligro inherente al
intento de forzar la historia de otros pueblos para insertarlos en categorías occidentales de este tipo.
15

Hajnal (1965); Goody (1983).
Macfarlane (1979, 1986, 1987).
Anderson (1974a, b).

16
l7

MODELOS Y MÉTODOS

39

El caso del "feudalismo" en el reino de Rajastán, en la India, por ejemplo, es una advertencia que muchos aspirantes a historiadores comparativos harían bien en tener presente. En 1829, James Tod presentó al público lo que llamó un "Esbozo de un sistema feudal en Rajastán".
Basándose en la reciente View of Europe during the mídale age de Henry
Hallam (1818). Tod destacaba analogías relativamente superficiales entre las dos sociedades. Con la cabeza llena de los conceptos de Hallam,
pasó por alto la mayor importancia de las relaciones familiares entre "señores" y 'Vasallos" en el caso indio.18
-, ...
Otro problema es el de decidir exactamente qué comprar con qué. Los
comparativistas del siglo XIX, como sir James Frazer, concentraban su
atención en similitudes entre costumbres o rasgos culturales específicos,
ignorando el contexto social donde se daban esas costumbres, que con
frecuencia era muy diferente. Por eso sus análisis han sido criticados,
igual que el de Tod, por superficiales.19 ¿Cuál es la alternativa? Los funcionaiistas (véase infra, p. 123) dirían que los auténticos objetos de estudio son los "equivalentes funcionales" en diferentes sociedades. Robert Bellah, por ejemplo, observando la discrepancia entre el éxito
económico del Japón (ya en el siglo xvil) y la hipótesis de Weber acerca
de la conexión entre el capitalismo y la ética protestante, sugirió que
cierto tipo de budismo japonés era funcionalmente análogo a la "ética
protestante".-'0
Pero en el proceso de solucionar un problema nos topamos con otros.
El concepto de "equivalente funcional" forma parte de un paquete intelectual, el "funcionalismo", que es objeto de muchas críticas (véase infra,
p. 123). En todo caso, los ejemplos de equivalentes funcionales no siempre son tan claros como el de Bellah. ¿Cómo se decide qué califica como
análogo? Los comparativistas enfrentan un dilema. Si comparamos rasgos culturales específicos tenemos algo preciso y podemos observar su
presencia o ausencia, pero corremos el riesgo de la superficialidad. Por
otra parte, la búsqueda de análogos lleva a las comparaciones entre sociedades enteras. Pero, ¿corno es posible comparar o contrastar en forma
útil sociedades que difieren entre sí de tantas maneras diferentes?
Los problemas de la comparación en gran escala se hacen evidentes si
observamos un ejemplo famoso, el enorme Estudio déla historia, de Arnold
18

Thorner (1956); cf. Mukhia (1980-1981).
Leach(1965).
20
Bellah (1957).
19

40

HISTORIA YTEORÍA SOCIAL

Toynbee.21 La unidad de comparación de Tpynbee era una "civilización",
y distinguía alrededor de veinte civilizaciones en la historia del mundo.
Por supuesto, para que las comparaciones fueran posibles tuvo que reducir las civilizaciones a un pequeño grupo de rasgos, y además -como sus
críticos señalaron de inmediato- tuvo que crear barreras artificiales entre
las civilizaciones. Para complicar aún más las cosas, Toynbee no disponía
de un aparato conceptual adecuado para un trabajo tan ambicioso. Al
igual que Pascal cuando descubrió la geometría para sí mismo en la infancia, Toynbee creó sus propios conceptos, como "desafío y respuesta",
"retirada y regreso" o "proletariado externo" -una ingeniosa adaptación
de Marx para explicar las incursiones de "bárbaros" en los imperios-,
conceptos que rio eran suficientes para su enorme tarea. Es difícil resistirse a la conclusión de que un mejor conocimiento de la teoría social de
su época hubiera sido de gran ayuda para Toynbee en su análisis. Durkheim, por ejemplo, podría haberlo iniciado en los problemas de la comparación, Norbert Elias (véase infra, pp. 171-173) en la idea de la civilización como un proceso, y Weber en el uso de modelos y tipos.
MODELOS YTIPOS
Una definición preliminar de "modelo" podría ser que éste es una construcción intelectual que simplifica la realidad a fin de comprenderla.
Igual que un mapa, su utilidad deriva de que omite por completo algunos
elementos de la realidad. Además hace de sus elementos limitados o "Variables" un sistema internamente coherente de partes interdependientes.
La definición de "modelo" dada hasta ahora, permite afirmar que hasta
los historiadores, con todo su compromiso con lo particular, utilizan modelos todo el tiempo. Una narración de la revolución francesa, por ejemplo, es un modelo en el sentido de que, forzosamente, tiene que simplificar los acontecimientos y además acentuar su coherencia a fin de contar
una historia inteligible.
Sin embargo, quizá sería útil utilizar el término "modelo" en forma
jnás estricta. Agreguemos un elemento más a nuestro modelo del modelo
y digamos que es una construcción intelectual que simplifica la realidad
a fin de destacar lo recurrente, lo general y lo típico, que presenta en
forma de conjuntos de características o de atributos. Entonces modelos y

MODELOS Y MÉTODOS

"tipos" se vuelven sinónimos, lo que quizá sea apropiado, ya que typos es
la palabra griega que significa molde o "modelo", y Max Weber hablaba
de "tipos ideales" (Idealtyperi) en los casos en que los sociólogos modernos
hablarían de "modelos".22 Un ejemplo de modelo en el sentido en que
emplearemos el término de aquí en adelante no sería "la revolución francesa" sino "la revolución".
Un ejemplo que aparecerá repetidamente en estas páginas es el de dos
modelos contrastantes de sociedad, la "consensúa!" y la "conflictual". El
"modelo consensúa!", asociado con Émile Durkheim, destaca la importancia del vínculo social, la solidaridad social, la cohesión social. El "modelo conflictual", asociado con Karl Marx, destaca la ubicuidad de "la
contradicción y el conflicto sociales". Obviamente ambos modelos son
simplificaciones, pero parece por igual obvio, por lo menos para este autor, que los dos contienen también importantes avances en la comprensión. Es imposible hallar una sociedad en la que no haya conflicto y, por
otra paite, sin solidaridad alguna no hay sociedad. En todo caso, como
trataré de demostrar más adelante, no es difícil encontrar sociólogos e
historiadores que trabajan con uno de estos modelos y parecen olvidar el
otro.
Hay historiadores que niegan tener nada que ver con modelos y afirman, como hemos visto, que su tarea es estudiarlo particular, en especial
el acontecimiento único, no generalizar. Sin embargo, en la práctica, la
mayoría de ellos utiliza modelos como el señor Jourdain, el personaje de
Moliere, utilizaba la prosa, sin darse cuenta. Con frecuencia hacen afirmaciones generales sobre sociedades particulares. El célebre ensayo de
Burkhardt sobre el Renacimiento italiano se ocupaba explícitamente
de 'lo recurrente, lo constante, lo típico". Sir Lewis Namier estudiaba
"por qué algunos hombres ingresaban al Parlamento" en la Inglaterra del
siglo XVIll. Marc Block escribió un estudio general de la "sociedad feudal"
donde especificaba las características principales de una sociedad de ese
tipo (campesinado sometido, predominio de los guerreros, vínculos personales entre superiores e inferiores, descentralización política, etc.)23
Desde hace alrededor de un siglo a los historiadores les resulta muy difícil
evitar términos como "feudalismo", "capitalismo", "Renacimiento" o
"Ilustración". Para evitar la palabra "modelo" a menudo se permiten ha-

22
21

Toynbee (1935-1961).

41

23

Weber (1920), pp. 1, 212-301.
Burckhardt (1860); Namier (1928);Bloch (1939-1940).

42

HISTORIA Y TEORÍA SOCIAL

blar de "sistemas" -la frase "sistema feudal" se remonta al siglo XVIII- o de
la forma "clásica" o "de manual" del feudof [wwmw] medieval.
En un famoso ensayo polémico, el historiador económico alemán Werner Sombart advirtió a los historiadores económicos que debían tener en
cuenta la teoría económica, porque sólo así podrían pasar del estudio de
hechos aislados al estudio de sistemas.24 En general, esos sistemas se examinan en forma de modelos simplificados. Así, los historiadores económicos emplean el término "mercantilismo" a pesar de que, como dice Eli
Heckscher: "El mercantilismo nunca existió en el sentido en que existieron Colbert o Cromwell." Es un modelo, uno de los dos modelos utilizados por Adam Smith en sus famosos contrastes entre el "sistema agrícola"
y el "sistema mercantil".25 Del "capitalismo" es otro modelo del que resulta difícil prescindir, 3o mismo que de la "economía campesina" analizada
en un estudio clásico por Alexander Chayanov.26 Otro tipo de organización económica que ha sido descrita con utilidad como un modelo que
destaca características recurrentes es la ciudad-Estado. Por ejemplo, el
dominio político de la ciudad sobre el campo que la rodea se combina a
menudo con la exacción de una cuota de alimentos a bajo precio, porque
el gobierno de !a ciudad tiene más miedo de las revueltas urbanas por la
comida que de las rebeliones campesinas.27
Historiadores políticos de muchas regiones y periodos diferentes encuentran indispensable el modelo "revolución", y además con frecuencia
lo contrastan con "revuelta" (definida como Tina protesta contra individuos o abusos, más bien que un intento de cambiar todo un sistema). Se
han propuesto explicaciones muy similares para revoluciones muy alejadas en el espacio y el tiempo. Por ejemplo, Lawrence Stone, en su estudio
de la revolución inglesa, hace uso de la famosa hipótesis sociológica de la
"privación relativa", según la cual las revoluciones ocurren no tanto cuando los tiempos son malos, sino cuando se vuelven peores, o más exactamente, cuando hay una discrepancia entre las expectativas de un grupo
y su percepción de la realidad.28 De nuevo, Theda Skocpol sostiene que
lo que tienen en común las revoluciones francesa, rusa y china (que distingue de revueltas menos exitosas) es la combinación de dos factores: las
"presiones intensificadas" sobre el Estado de "países extranjeros más de24

Sombart (1929); c/Hicks (1969), cap. 1.
Heckscher (1931), p. 1.
26
Chayanov (1925); cf. Kerblay (1970).
27
Hicks (1969),p. 42ysigs.; c/Burke (1986a), pp. 140-142.
28
Stone (1972), pp. 18-20, 134; cf. Gurr (1970) y las críticas de Aya (1990), p. SOysigs.

43

MODELOS Y MÉTODOS

sarrollados", y estructuras agrarias que "facilitaron grandes revueltas
campesinas contra los terratenientes". Esos Estados quedaron atrapados
entre "corrientes cruzadas", con una creciente competencia internacional por el poder, por un lado, y por el otro, las limitaciones impuestas a
la respuesta gubernamental por la estructura política y económica de la
sociedad.29
Volviendo a las comparaciones entre vecinos: con frecuencia los historiadores han tratado de generalizar sobre cambios institucionales en
países vecinos, en un periodo determinado, acuñando frases como "las
nuevas monarquías", "la revolución en el gobierno de los Tudor", "el surgimiento del absolutismo", 'la revolución en el gobierno del siglo Xix",
etc. Desde un punto de vista comparativo, todos esos cambios parecen
más bien ejemplos locales de etapas de transición del tipo de gobierno
que MaxWeber llamaba "patrimonial" al tipo que denominaba "burocrático".30 Esa distinción de Weber, que ha inspirado una considerable cantidad de investigación histórica en diferentes regiones, de América Latina
a Rusia,31 podría formularse como el contraste de cinco atributos, como
sigue:
Sistema patrimonial

Sistema burocrático

1. áreas de jurisdicción indefinidas
2. jerarquía informal
3. capacitación y pruebas informales
4. funcionarios de medio tiempo
5. órdenes orales

áreas fijas
jerarquía formal
capacitación y pruebas formales
funcionarios de tiempo completo
órdenes escritas

También los historiadores sociales y culturales utilizan modelos. Los
historiadores sociales, por ejemplo, emplean a menudo el término "clase", o comparan las "sociedades-de clases" con las "sociedades de Estados"
(véase infra, p. 76). A primera vista, la historia cultural parecería el terreno menos apto para el empleo de modelos, pero sin embargo, ¿qué son
términos como "Renacimiento", o "barroco" o "romántico", sino los
nombres de conjuntos de características? ¿Y qué tal "puritanismo"?
Parafraseando a Heckscher, podríamos decir que el puritanismo nunca existió en el sentido en que Richard Sibbes o John Bunyan existieron,

25

29
30
31

Skocpol (1979); algunas críticas en Aya (1990), pp. 73-75, 90-92.
Weber (1920), pp. 3, 956-1005.
Phelan (1967); Piritnery Rowney (1980); cf. Litchfield (1986).

44

HISTORIA YTEORÍA SOCIAL

pero que el término resulta útil para hacer referencia a una constelación
de características como la importancia acordada al pecado original, un
Dios arbitrario, la predestinación, una moral ascética y una lectura fundamentalista de la Biblia. En el caso de Inglaterra a comienzos de la época
moderna, esa definición precisa es sumamente útil. Por otra parte, cualquiera que esté interesado en la comparación transcultural (entre el cristianismo y el Islam, por ejemplo) haría bien en seguir el ejemplo de Ernest Gellner y operar con el concepto más amplio de "puritanismo
genérico".32 Del mismo modo, los historiadores están empezando a usar
términos como "Renacimiento" o "Reforma" en plural, identificando un
"renacimiento" en la Francia del siglo XII, una "reforma" en la Europa del
siglo X, etcétera.
Una razón de la desconfianza de los historiadores por los modelos es
la creencia de que su uso lleva a la indiferenciacióti del cambio en el
tiempo. Esto ha ocurrido algunas veces. Weber, por ejemplo, fue criticado con justicia por ignorar el cambio, cuando escribió sobre el "puritanismo" como si ese sistema de valores se hubiera conservado uniforme,
desde Calvino en el siglo XVI hasta Benjamín Franklin en el XVIII. Pero los
modelos sí pueden incorporar el cambio. Modelos antitéticos pueden ser
una manera útil de caracterizar procesos de cambio complejos, como por
ejemplo del feudalismo al capitalismo, o de la sociedad preindustrial a la
industrial (de "agraria" a "industrial") ,33 Por supuesto que estas etiquetas
son descriptivas y no dicen cómo ocurre el cambio, pero se han hecho
intentos para identificar secuencias de cambio típicas, como en el caso
del modelo o la teoría de la "modernización", que se examinará en detalle más adelante (p. 154).
Utilizar modelos sin admitir que se hace o sin tener conciencia de su
posición lógica, ha conducido a algunos historiadores a dificultades innecesarias. Algunas polémicas célebres se han basado en la comprensión
errónea por un historiador del modelo de otro: la famosa controversia
entre sir Paul Vinogradoíf y F. W. Maitland sobre el feudo medieval es un
buen ejemplo. Vinogradoff dijo que:
La estructura del feudo ordinario es siempre la misma. Bajo el marido del
señor encontramos dos capas de población: los siervos y los propietarios y, en

32
Gellner
S3

(1981 ),pp. 149-173.
Riggs (1959).

MODELOS Y MÉTODOS

45

consecuencia, el territorio que ocupan se divide en tierras familiares [cuyo producto iba directamente al señor] y "tierras de tributo" [...] Toda la población se
agrupa en una comunidad centrada en torno a la corte feudal o halimote, que es
a la vez consejo y tribunal. Mi investigación se conformará necesariamente según
este ordenamiento típico.34

Tal es el feudo medieval clásico, según el esquema dibujado en innumerables pizarrones. Sin embargo, Maitland afirmó -en una crítica igualmente clásica— que "describir un manerium típico es una hazaña imposible", y demostró que cada una de las características del conjunto
identificado por Vinogradoff estaba ausente en algún caso. Algunos feudos no tenían siervos, otros no tenían propietarios, algunos no tenían
tierras familiares, otros no tenían corte.35 En todo esto, Maitland estaba
absolutamente en lo correcto. En apariencia Vinogradoff no estaba seguro acerca de la posición lógica de sus generalizaciones (obsérvese el paso
"de siempre" en la primera frase a "típico" en la última). Pero si hubiese
tenido conciencia de que estaba utilizando un modelo, quizá habría sido
capaz de dar una respuesta efectiva a las críticas de Maiüarid.
Es útil distinguir dos tipos de modelos según los criterios adoptados
para definir qué entidades integran el grupo -en este caso los manors - al
que se aplica el modelo. A este nivel es imposible evitar los términos técnicos, puesto que necesitamos distinguir un grupo de entidades "monotético" de uno "politético". Un grupo monotético es el que "se define de
manera tal que la posesión de un solo conjunto de atributos es condición
necesaria y suficiente para pertenecer a él"; el grupo politético, por otra
parte, es aquel cuya pertenencia no depende de un solo atributó: se define en términos de un conjunto de atributos tal que cada entidad posee
la mayoría de los atributos y cada atributo es compartido por la mayoría
de las entidades.36 Es la situación que Ludwig Wittgenstein describe en
un famoso pasaje sobre los "parecidos de familia". Las madres y los hijos,
los hermanos y las hermanas se parecen, pero esos parecidos pueden no
ser reducibles a ninguna característica esencial.
A ese punto debería estar claro que la crítica de Maitland a Vinogradoff suponía que este último estaba hablando de todos los manors o definiendo el manar típico con referencia a un grupo monotético. Vinogra34

Vinogradoff (1892), pp. 223-224.
Maitland (1897).
36
Clarke (1968), p. 37; cf. Needham (1975).
S5

46

HISTORIA Y TEORÍA SOCIAL

doff podría haber respondido a esa crítica diciendo que su modelo era
politético, si hubiera tenido ese concepta a su disposición. Entonces le
habría correspondido demostrar que cada uno de los atributos de su conjunto era compartido por la mayoría de los mannrs. Es interesante saber
que un historiador soviético utilizó métodos comparativos para estudiar
manors del siglo XIII en la región de Cambridge y descubrió que más de
50% de ellos eran del tipo descrito por Vinogradoff, con tierras familiares, siervos y propietarios.37 Ahora debemos regresar a los puntos fuertes
y a las debilidades de los métodos cuantitativos.
LOS MÉTODOS CUANTITATIVOS
Los métodos de investigación cuantitativos tienen una larga historia. En
la antigua Roma se hacían censos del imperio con regularidad, y en la
Francia del siglo XVIII se publicaban los precios del trigo en diferentes
ciudades. Hace mucho tiempo que los economistas basan sus análisis en
estadísticas sobre precios, producción, etcétera, y los historiadores económicos ya seguían su ejemplo en el siglo XIX,
Lo que sí es relativamente nuevo y sigue siendo controvertido es la idea
de que los métodos cuantitativos pueden ser útiles en el estudio de otras
formas de comportamiento humano, e incluso de actitudes. Los sociólogos, por ejemplo, realizan lo que llaman "análisis por muestreo" aplicando cuestionarios o sosteniendo entrevistas con un grupo de personas suficientemente grande para que las respuestas puedan ser sometidas a
un análisis estadístico. Los psicólogos también utilizan cuestionarios y entrevistas. Los estudiosos de la política estudian las estadísticas de votación
—este enfoque ha sido llamado "psefología"— y las encuestas de opinión
pública, que son una especie de estudio social. Los demógrafos estudian variaciones en las tasas de nacimientos, matrimonios y defunciones en diferentes sociedades. Los estudiosos de la comunicación practican lo que se
llama "análisis de contenido", que con frecuencia adopta la forma de un
estudio cuantitativo de periódicos, revistas, libros o programas de televisión, examinando cuánto espacio se dedica a un tema en particular, con
cuánta frecuencia aparecen determinadas palabras clave, etcétera.38

MODELOS Y MÉTODOS

Estos caminos han sido seguidos por una serie de historiadores. Cuando Gilberto Freyre estaba escribiendo su historia de Brasil del siglo XIX
envió un cuestionario a muchos sobrevivientes de aquella época (incluyendo al presidente Getúlio Vargas, quien no respondió).39 Los especialistas en historia contemporánea suelen entrevistar a informantes, y aveces someter esas entrevistas al análisis estadístico. Los métodos de análisis
de contenido o "lexicometría" han sido aplicados a documentos históricos, como los periódicos o las listas de quejas redactadas por las ciudades
y los pueblos al inicio de la revolución* francesa.40 El estudio de la demografía histórica se ha desarrollado en Francia y en otros lugares corno una
empresa en que colaboran historiadores y demógrafos. No es preciso decir que la aparición de la computadora personal ha estimulado mucho a
los historiadores a utilizar los métodos cuantitativos al liberarlos de la
necesidad de perforar tarjetas, consultar programadores y demás.41
Pero hay más de un método cuantitativo, y unos son más adecuados
para los historiadores que otros. Algo hecho a su medida es el análisis
estadístico de una serie que muestra, por ejemplo, los cambios en el tiempo del precio del trigo, o la edad promedio de las mujeres en el momento
de su primer matrimonio, el porcentaje de votos favorables al Partido
Comunista en las elecciones de Italia, el número de libros en latín presentados para la venta en la feria anual de Leipzig o la proporción de la
población de Burdeos que toma la comunión el domingo de Pascua. Esto
es lo que los franceses llaman "historia serial" (histoire sérielle),
Sin embargo la "cuantohistoria" o "cliometría", como se la llama, adopta diversas formas. En el caso del análisis histórico por muestreo es preciso hacer una distinción obvia entre los estudios amplios y los totales. El
Seriado romano y el Parlamento inglés han sido estudiados a través de las
biografías de todos sus miembros, método conocido como "prosopografía".42 En esos casos se ha estudiado todo el grupo, la "población total",
como dirían los estadísticos. Este método es apropiado para el estudio de
élites relativamente reducidas o de sociedades donde la información es
escasa, de modo que en esos campos los historiadores deben recoger todos los datos que puedan.
S9

Freyre (1959).
Robín (1970).
Por los procesos en marcha en este importante campo, véanse los últimos números de la
revista History and Computing.
42
Stone(1971).
40
41

37
38

Kosminsky (1935).
Carney (1972).

47

48

HISTORIA Y TEORÍA SOCIAL

Los historiadores de sociedades industriales tienden, por otra parte, a
tener acceso a más información de la que pueden manejar, de modo que
tienen que proceder por muestras. La técnica de las muestras fue desarrollada por los estadísticos desde fines del siglo XVII con el objeto de
estimar, por ejemplo, la población de Londres o de Francia, sin incurrir
en el esfuerzo y el gasto de un estudio completo. El problema consiste en
seleccionar un grupo que "represente" a la población total. Gilberto Freyre, por ejemplo, trató de encontrar mil brasileños nacidos entre 1850 y
1900 que representaran los principales grupos nacionales y regionales de
la nación, aunque no explicó por qué método seleccionó esa muestra.
Paul Thompson escogió a 500 eduardianos sobrevivientes con base en
una "cuota de muestreo" que daba la proporción de hombres y mujeres,
residentes de la ciudad y del campo, del norte y del sur, etc., similar a la
imperante
en el país en la época (según podía estimarse con base en el
censo) ,43
Otros métodos cuantitativos son más complejos. La llamada "nueva
historia económica", por ejemplo, difiere de la antigua por la importancia que da a la medición del desempeño de economías enteras, el cálculo
del producto nacional bruto en el pasado, especialmente para los países
occidentales desde 1800, cuando las estadísticas pasaron a ser relativamente abundantes y más dignas de confianza que antes.44 Las conclusiones de estos historiadores se presentan a menudo en forma de un "modelo" de la economía.
Para un ejemplo sencillo podemos acudir a Fernand Braudel, quien
describió la economía del Mediterráneo en la última parte del siglo XVI
como sigue. Población: 60 millones. Población urbana: 6 millones o 10%.
Producto bruto: 1 200 millones de ducados por año, o 20 ducados por
cabeza. Consumo de cereales: 600 millones de ducados, la mitad del producto bruto. Pobres (definidos como los que tenían un ingreso de menos
de 20 ducados por año): 20-25% de la población. Impuestos gubernamentales: 48 millones de ducados, o dicho de otro modo, menos de 5%
del ingreso promedio.45
Esta descripción general es un modelo en el sentido de que Braudel
(como él mismo lo admite) no disponía de estadísticas para toda la región, sino que tuvo que extrapolar a partir de datos parciales que no

MODELOS Y MÉTODOS

constituían una muestra en el sentido estricto del término. Los historiadores de economías industriales, trabajando con datos relativamente
abundantes y precisos, construyen modelos matemáticos que pueden expresarse en forma de ecuaciones, modelos que son semejantes a recetas
en el sentido de que es posible especificar la cantidad de insumas (mano
de obra, capital, etc.) para determinada producción. Esos modelos pueden probarse por medio de la simulación en computadora, donde "la
computadora construye una serie de acontecimientos hipotéticos al azar
pero de acuerdo con probabilidades determinadas".46
Algunos tipos de historia serían imposibles sin los métodos cuantitativos, en primer lugar el estudio de los movimientos de los precios y de la
población. El empleo de estos métodos en algunas partes de la disciplina
impulsa a otros historiadores a detenerse antes de emplear términos como "más" o "menos", "ascenso" y "caída", y preguntarse si existen datos
cuantitativos que apoyen las que son, implícitamente, afirmaciones cuantitativas. Este enfoque da más fuerza a las comparaciones, haciendo evidentes las semejanzas y diferencias entre dos sociedades, y también las
posibles correlaciones entre, por ejemplo, el grado de urbanización y el
de alfabetización en cada una de ellas.
Pero estos métodos están lejos de ser aceptados por todos. En las décadas de 1950 y 1960, sus defensores estaban llenos de confianza en sí mismos y se mostraban agresivos, criticando cualquier otro enfoque como
"meramente impresionista", utilizando el lenguaje de la ciencia (el salón
empleado para el análisis de contenido de textos solía llamarse "laboratorio") y afirmando que los historiadores no podían hacer otra cosa que
aprender a programar computadoras. Esa actitud ha cambiado a medida
que han ido haciéndose evidentes las limitaciones de los distintos métodos cuantitativos.
En primer lugar, las fuentes no son tan precisas ni tan objetivas como
se solía suponer. No es difícil demostrar que cualquier censo contiene
errores y omisiones, y más en general que muchas de sus categorías básicas ("sirvientes", "ciudadanos", "pobres", etc.), por útiles que puedan resultar en determinado momento, son imprecisas.47 Las clases sociales,
por ejemplo, no son algo objetivo como las diversas especies de plantas.
Tienen mucho que ver con las formas estereotipadas en que los grupos
se ven a sí mismos o a otros (véase infra, p. 73).

43

Freyre (1959); Thompson (1975), pp. 5-8.
Temin (1972).
45
Braudel (1949), 2a. parte, cap. 1, sección 3.
44

49

46
47

Wachter, Hammel y Laslett (1978), pp. 1-2.
Burke (1987), pp. 27-39.

50

HISTORIA Y TEORÍA SOCIAL

Pero la gran dificultad para quienes utilizan métodos cuantitativos es
el famoso problema de la diferencia entre los datos "duros", que son medibles, y los "blandos" que no lo son. "Con demasiada frecuencia -observa
tristemente un veterano de los estudios sociales- los datos blandos son los
valiosos, y los duros los que se obtienen con relativa facilidad." Por tanto,
el problema es hallar "datos duros que sean dignos de confianza como
buenos índices de datos blandos".48
Un índice puede definirse como algo medible relacionado con, o que
varía de acuerdo con, algo que no es mensurable (los términos técnicos
son "correlación" y "covariación"). Los sociólogos se han mostrado sumamente ingeniosos en su búsqueda de índices. En la década de 1930, por
ejemplo, un sociólogo estadunidense afirmó que el mobiliario de la sala
de una familia determinada estaba generalmente correlacionado con los
ingresos y ocupaciones de sus miembros, de modo que podía ser considerado como un índice del estatus social de esa familia. En la "escala de
sala", un teléfono o una radio, por ejemplo, tiene un valor alto (+8),
mientras que un despertador tiene un valor muy bajo (-2).49 Subsiste el
problema de si el ingreso y la ocupación son índices exactos (antes que
vagos indicadores) del "estatus", que de por sí es un concepto bástanle
impreciso.
De nuevo, lo que a primera vista parece un índice puede tener sus
propias reglas de variación. Por algún tiempo los historiadores de la alfabetización creyeron que una firma en un registro de matrimonios, por
ejemplo, era un buen índice de la capacidad de leer, aunque no de la
capacidad de escribir algo más. Recientemente han surgido dudas. Se ha
señalado que algunas personas capaces de leer no eran capaces cíe firmar
(porque algunas escuelas enseñaban a leer pero no a escribir), e incluso
que algunas personas que sabían escribir, firmaban a veces el registro de
matrimonio con una cruz para no avergonzar a un cónyuge analfabeto.
Estas objeciones no son insuperables, pero de nuevo iluminan las dificultades que existen para pasar de los datos duros a los blandos.50
Los sociólogos de la religión han tenido que enfrentar un problema
aún más agudo, el de hallar índices para medir la intensidad o la ortodoxia de una creencia religiosa. En el mundo cristiano han tendido a sujetarse a las cifras de asistencia a la iglesia, o en países católicos como Fran48

Wootton (1959).
Chapín (1935).
50
Schofield (1968); Furety Ozouf (1977).

MODELOS Y MÉTODOS

51

cia o Italia, al número de personas que comulgan en la Pascua. Un ingenioso historiador francés trató incluso de calcular la declinación de la
devoción en Provenza eri el siglo XVIII por la disminución del peso de las
velas encendidas ante las imágenes de santos.51 Es indudable que las estadísticas de este tipo tienen una historia que contar, puesto que varían
tanto de una región a otra y cambian tanto, a veces muy repentinamente,
en el tiempo.
Si los historiadores son capaces de descifrar esa historia es otro problema. El surgimiento de la "historia desde abajo", una empresa dedicada a
la recuperación del punto de vista de personas comunes del pasado, ha
arrojado algunas dudas acerca de la utilidad de los índices basados en
criterios oficiales. Si vamos a emplear las estadísticas de la comunión para
estudiar la intensidad de la devoción en una región determinada, entonces necesitamos saber (entre otras cosas) qué significaba para los interesados la práctica de ía comunión de Pascua. Es difícil estar seguro de si
los campesinos de la región de Orléans en el siglo XIX, por ejemplo, compartían el punto de vista clerical ortodoxo acerca de la importancia de
cumplir con el "deber pascual". Si no lo compartían, no es posible tomar
la falta a la comunión como un índice de descristianización. Tomar la
temperatura religiosa de una comunidad, saber si es ardiente, fría o tibia,
no es sencillo. Y los problemas para deducir actitudes políticas de las
cifras de votación son del mismo orden. El concepto mismo de "serie" es
problemático, puesto que depende de la premisa de que el objeto de
estudio (testamentos, precios de los granos, asistencia a la iglesia o lo que
sea) no varía en el tiempo en forma, significado, etc. ¿Cómo es posible
que esos documentos o prácticas no varíen a largo plazo? Pero, ¿cómo
se puede medir el cambio si el propio instrumento de medición está cambiando?
Por razones de este tipo, entre otras, en los últimos veinte años ha
habido una reacción contra los métodos cuantitativos en el estudio del
comportamiento humano, y más aún contra las afirmaciones grandiosas
que antes se hacían sobre ellos. Pero no hay que exagerar la intensidad
de esa reacción. El uso de la prosopografía por los historiadores está quizá
más extendido hoy que nunca antes, y sería difícil negar el valor de la
reconstitución familiar o del intento de comparar el producto nacional
bruto en diferentes periodos del pasado. Sin embargo, al mismo tiempo
hay una búsqueda de nuevos enfoques, debido en parte a que la etnogra-

49

51

Le Bras (1955-1956); Vovelle (1973).

52

HISTORIA Y TEORÍA SOCIAL

fía, donde el uso de métodos cuantitativos siempre ha sido mínimo, ha
pasado a ser un modelo que algunos sociólogos e historiadores aspiran a
seguir. Ese enfoque etnográfico está asociado con el estudio en profundidad de la pequeña escala.
EL MICROSCOPIO SOCIAL
Igual que los sociólogos, los historiadores sociales de las décadas de 1950
y 1960 utilizaban generalmente métodos cuantitativos, se interesaban por
las vidas de millones de personas y se concentraban en el análisis de las
tendencias generales, observando la vida social "desde el doceavo piso".52
Pero en la década de 1970, algunos de ellos dejaron el telescopio por el
microscopio. Siguiendo a los antropólogos sociales, los sociólogos empezaron a prestar más atención al análisis microsocial, y los historiadores a
lo que ha llegado a ser conocido como "microhistoria".
Dos estudios célebres hicieron mucho por poner en el mapa la microhistoria: Montaillou, del historiador francés Emmanuel Le Roy Ladurie, y
El queso y los gusanos, del historiador italiano Cario Ginzburg.53 Los dos se
basan esencialmente en documentos de los interrogatorios de presuntos
herejes por la Inquisición, documentos que Ginzburg comparó con cintas de video por el gran cuidado con que se registraban no sólo las palabras de los acusados sino también sus gestos e incluso sus gemidos bajo la
tortura. También se ha hecho algunas veces la comparación entre el inquisidor y el antropólogo, ya que ambos son extraños de alto rango que
dirigen preguntas a personas comunes, cuyo sentido es a menudo difícil
de entender para estas últimas.54
El libro de Ginzburg puede ser considerado como un caso extremo del
método microhistórico, puesto que intenta reconstruir las ideas, la visión
del cosmos de un solo individuo: un molinero del noreste de Italia en el
siglo xvi, conocido como "Menocchio". Le Roy Ladurie, por su parte,
describe una aldea del sur de Francia a comienzos del siglo XIV. Observó
que no menos de veinticinco sospechosos de herejía interrogados por la
Inquisición provenían del pueblo de Montaillou, y decidió utilizar sus
declaraciones para hacer un estudio del pueblo mismo examinando la
52

Erikson (1989), p. 532.
53
Le Roy Ladurie (1975); Ginzburg (1976).
M
Rosaldo (1986).

MODELOS Y MÉTODOS

53

economía pastoril de la región, la estructura de la familia, la posición de
las mujeres y las concepciones locales del tiempo, el espacio, etcétera.
Después de esos famosos y controvertidos estudios de Le Poy Ladurie
y Ginzburg se ha producido toda una serie de microhistorias. Algunas de
las más interesantes se concentran en lo que podríamos llamar un "drama
social", como un proceso o un acto de violencia. Por ejemplo la historiadora estadunidense Natalie Davis escribió sobre un procesó" famoso del
siglo XVI en Francia, en que un campesino fue acusado de ocupar el lugar
de otra persona (véase infra, p. 189). Otro historiador estadunidense,
Wyatt-Brown, inspirado por Geertz, describió un linchamiento en Natchez, Mississippi, en 1834, analizándolo como un acto de 'justicia popular" contra un hombre que había asesinado a su esposa como "un drama
moral en que las acciones hablaron un lenguaje que revelaba pasiones
interiores y valores sociales intensamente sentidos", en particular el sentido local del honor.55
Otro ejemplo bien conocido de este enfoque es el estudio del pueblito
de Santena, en el Piamonte, por Giovanni Levi. Levi analiza el proceso
del cura de la parroquia, Giovan Battista Chiesa (acusado de haber empleado métodos heterodoxos de exorcismo) como un drama social que
revela los conflictos que dividían a la comunidad, principalmente la lucha
entre dos familias y sus respectivos partidarios, y destaca la importancia
de lo que llama "herencia inmaterial", sosteniendo que el poder espiritual de Chiesa era otra forma del dominio ejercido por la familia.56
El aumento del interés por la microhistoria ha estado muy asociado
con el descubrimiento de los historiadores del trabajo de los antropólogos sociales. Le Roy Ladurie, Ginzburg, Davis y Levi han leído mucha
antropología social. El método microhistórico tiene mucho en común
con los estudios de comunidad emprendidos por antropólogos como Robeft Redfield en los años treinta, o el "estudio de caso extendido" desarrollado un poco más tarde por Max Gluckman y otros. El primer estudio
de comunidad histórico del tipo de Montaillou fue realizado por un antropólogo sueco, Borje Hansen, en la década de 1950.57 El propio Montaillou sigue conscientemente el modelo de los estudios de comunidades
de Andalucía, Provenza e East Anglia.58
55

Wyatt-Brown (1982), pp. 462-496; cita de la p. 463.
Levi (1985).
57
Hansen (1952).
58
Pitt-Rivers (1954).
56

54

HISTORIA. Y TEORÍA SOCIAL

El término "drama social" fue acuñado por el antropólogo inglés Victor Turner para referirse a un conflicto; en pequeña escala que revela
tensiones latentes en la sociedad en general y pasa por una secuencia de
cuatro fases: ruptura, crisis, acción correctiva y reintegración.59 Un ensayo que ejerció aún más influencia sobre los historiadores es el estudio de
Clifford Geertz sobre la pelea de gallos en Bali. Utilizando el concepto
de 'juego fuerte [deepplay]" dejeremy Bentham (jugar "en serio", haciendo apuestas fuertes), Geertz analiza la pelea de gallos como "fundamentalmente, una dramatización de la preocupación por el estatus", y así pasa
de lo que llama
un "ejemplo microscópico" a la interpretación general de
una cultura.60
Aun cuando su propia obra se ocupa sobre todo de las tendencias sociales en gran escala, Michel Foucault alentó los microestudios porque examinan el poder no sólo a nivel del Estado, sino también de 3a fábrica, la
escuela, la familia y la cárcel, la "microfísica del poder", como la denominaba a veces describiendo el poder en las "formas capilares" en que "llega
a las fibras mismas de los individuos, toca sus cuerpos y se inserta en sus
acciones y sus actitudes, sus discursos, procesos de aprendizaje y vidas cotidianas".61 "Micropolíü'ca" es quizá el mejor término para describir este
enfoque, aunque a veces esta palabra se emplea en estudios políticos con
un significado ligeramente distinto.
Fue en la década de 1970 que el enfoque microhistórico atrajo una
atención seria, tanto favorable como desfavorable. Algunos estudios de
este tipo, en particular los de Le Roy Ladurie y Ginzburg, han resultado
muy atractivos para el público en general, aunque el entusiasmo de los
historiadores profesionales no ha sido tan grande. Sin embargo, curiosamente, hasta ahora no se ha hablado mucho de los problemas fundamentales que plantea el viraje de los estudios en gran escala a los estudios en
pequeña escala. En consecuencia será necesario generalizar a partir de
las críticas formuladas a algunas famosas contribuciones a la microhistoria y de las respuestas a esas críticas.62
Podríamos comenzar por la acusación de que los microhistoriadores
trivializan la historia al estudiar biografías de personas insignificantes o
dificultades de comunidades pequeñas. De hecho algunas de esas contri59

Turner (1974).
Geertz (1973), pp. 412-454, esp. pp. 432, 437: cf. Geertz (1973), pp. 21, 146.
61
Foucault (1980), p. 39; cf. Foucault (1975) passim.
62
Kocka (1984); Medick (1987).
60

MODELOS Y MÉTODOS

55

buciones han hecho poco más que lo que los periodistas llaman "historias
de interés humano" sobre el pasado. Pero el objetivo de los microhistoriadores es, en general, más ambicioso intelectualmente: si no aspiran a
mostrar el mundo en un grano de arena, sí se proponen extraer conclusiones generales de datos locales. Según Ginzburg, el molinero Menocchio es
un portavoz de la cultura oral tradicional. Le Roy Ladurie presenta el mundo
de la aldea medieval a través de su monografía sobre Montaillou, que él
describe como una gota en el océano.
Esas afirmaciones plantean desde luego el tema de la tipicidad: ¿de
qué grupo mayor se supone que el estudio de caso es típico, y con qué
base se sostiene esa afirmación? ¿Montaillou es típico como pueblo mediterráneo, como pueblo francés o sólo como pueblo de la región de
Ariége? ¿Puede ser considerado típico un pueblo que contenía tantos
herejes? En cuanto a Menocchio, era sumamente independiente y, al parecer, considerado coino excéntrico en su propia comunidad. Desde luego el problema no se plantea solamente para esos dos historiadores: ¿poiqué medios los antropólogos trasmutan sus notas de campo (a menudo
basadas en observaciones hechas en un solo pueblo) en descripciones de
una cultura entera? ¿Sobre qué bases pueden justificar la afirmación
de que las gentes con quienes estuvieron viviendo representan a "los
nuer" o "los balineses"? En todo caso, el uso del microscopio social se
puede justificar sobre una serie de bases. La selección de un ejemplo
individual para su estudio en profundidad, puede ser determinada por el
hecho de que representa en miniatura una situación que el historiador o
el antropólogo ya sabe (por otros contextos) que impera. En algunos
casos la microhistoria se asocia con métodos cuantitativos; los demógrafos históricos hacen a menudo estudios de caso de una sola familia, o
utilizan la computadora para simular la vida de un individuo dentro de
un sistema familiar determinado.
Por otra parte, un caso puede ser seleccionado para su estudio precisamente porque es excepcional ya que muestra mecanismos sociales que
no funcionan: fue para examinar esa situación que el historiador italiano
Cari Poni acuñó la frase "lo excepcional normal". El trágico destino del
locuaz Menocchio nos dice algo sobre la mayoría silenciosa entre sus contemporáneos. Los conflictos abiertos pueden revelar tensiones sociales
que están presentes todo el tiempo pero que sólo en ocasiones se hacen
visibles. O bien los microhistoriadores pueden concentrar su atención,
como Giovanni Levi, en un individuo, un incidente o una pequeña comunidad como un lugar privilegiado desde el cual observar las incoheren-

56

HISTORIA Y TEORÍA SOCIAL

cías de los grandes sistemas sociales y culturales, sus ambigüedades u omisiones, las grietas estructurales que dejan al individuo un pequeño espacio libre, como el de una planta que crece en una hendidura entre dos
rocas.63
Hay que decir, sin embargo, que las inconsistencias de las normas sociales no siempre trabajan en beneficio de los individuos. Las dos rocas
pueden aplastar a la planta. Corno ejemplo de este problema podemos
recordar un célebre incidente de la historia japonesa, un drama social
que en su época interesó apenas a un grupo de personas pero que desde
entonces nunca ha sido olvidado y ha sido representado muchas veces en
el teatro y en el cine, debido a su carácter ejemplar y simbólico.
Se trata de la historia de "los cuarenta y siete ronin". A comienzos del
siglo XVIII, dos nobles se pelean en la corte del shogun. El primero, Asano,
considerándose insultado, saca la espada y hiere al otro, Kira. Como castigo por haber sacado la espada eri presencia del shogun, Asano recibe la
orden de suicidarse ritualmente. Los samurais a su servicio se convierten
entonces en hombres sin amo, o ronin, y deciden vengar a su señor. Después de esperar lo suficiente para alejar las sospechas, una noche atacan
la casa de Kira y lo matan y a continuación se entregan al gobierno. El
gobierno por su parte se encuentra ante un dilema: esos servidores evidentemente han violado la ley pero, por otro lado, han hecho exactamente lo prescrito por el código de honor informal de los samurais según el
cual la lealtad al propio señor es una de las principales virtudes, y el gobierno del shogun también defiende ese código de honor. La salida del
dilema es ordenarles que se suiciden ritualmente igual que su señor, pero
también para honrar su propia memoria.
El atractivo de esta historia para los japoneses, en su época y hasta
ahora, tiene seguramente que ver con la forma en que pone de manifiesto (en forma dramática, en realidad) un conflicto latente entre dos normas sociales fundamentales. Dicho de otro modo, nos dice algo importante sobre la cultura Tokugawa. Si el movimiento microhistórico ha de
escapar a la ley de los retornos decrecientes, es necesario que quienes
practican la microhistoria digan más sobre la cultura general, y demuestren los vínculos entre las pequeñas comunidades y las tendencias macrohistóricas.64

63

Levi (1985, 1991).
«Hannerz (1986); Sahlins (1988).


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