Caja PDF

Comparta fácilmente sus documentos PDF con sus contactos, la web y las redes sociales.

Compartir un archivo PDF Gestor de archivos Caja de instrumento Buscar PDF Ayuda Contáctenos



1.Ciudad de Hueso.pdf


Vista previa del archivo PDF 1-ciudad-de-hueso.pdf

Página 1 2 3 456275

Vista previa de texto


Transcrito y editado por Alishea85
mano a su espalda en busca del pomo, lo giró y se deslizó al interior.
El joven vislumbró cajas amontonadas, cables eléctricos enmarañados.
Un trastero. Echó un vistazo a su espalda..., nadie miraba. Mucho mejor
si ella deseaba intimidad.
Se introdujo en la habitación tras ella, sin darse cuenta de que le seguían.
—Bien —dijo Simon—, una música bastante buena, ¿eh?
Clary no respondió. Bailaban, o lo que podría pasar por ello (una
gran cantidad de balanceos a un lado y a otro con descensos violentos
hacia el suelo, como si uno de ellos hubiese perdido una lente de contacto)
en un espacio situado entre un grupo de chicos adolescentes ataviados
con corsés metálicos y una joven pareja asiática que se pegaba
el lote apasionadamente, con las extensiones de colores de ambos entrelazadas
entre sí igual que enredaderas. Un muchacho con un piercing
labial y una mochila en forma de osito de peluche repartía gratuitamente
pastillas de éxtasis de hierbas, con los pantalones paracaidista
ondeando bajo la brisa procedente de la máquina de viento. Clary no
prestaba mucha atención a lo que les rodeaba; tenía los ojos puestos en
el muchacho de los cabellos azules que había conseguido persuadir al
portero para que lo dejara entrar. El joven merodeaba por entre la multitud
como si buscara algo. Había alguna cosa en el modo en que se
movía que le recordaba no sabía qué...
—Yo, por mi parte —siguió diciendo Simon—, me estoy divirtiendo
una barbaridad.
Eso parecía improbable. Simon, como siempre, resultaba totalmente
fuera de lugar en el club, vestido con vaqueros y una camiseta vieja en cuya parte
delantera se leía “MADE IN BROOKLYN”. Sus cabellos
recién lavados eran de color castaño oscuro en lugar de verdes
o rosas, y sus gafas descansaban torcidas sobre la punta de la nariz.
Daba más la impresión de ir de camino al club de ajedrez que no de estar
reflexionando sobre los poderes de la oscuridad.
—Mmmm... hmm.
Clary sabía perfectamente que la acompañaba a Pandemónium
sólo porque a ella le gustaba el lugar, y que él lo consideraba aburrido.
Ella ni siquiera estaba segura de por qué le gustaba ese sitio: las ropas,
la música lo convertían en algo parecido a un sueño, en la vida de otra
persona, en algo totalmente distinto a su aburrida vida real. Pero siempre
era demasiado tímida para hablar con nadie que no fuera Simon.
El chico de los cabellos azules empezaba a abandonar la pista de
baile. Parecía un poco perdido, como si no hubiese encontrado a la persona
que buscaba. Clary se preguntó qué sucedería si se acercaba y se
presentaba, si se ofrecía a mostrarle el lugar. A lo mejor se limitaría a
mirarla fijamente. O quizá también fuera tímido. Tal vez se sentiría
agradecido y complacido, e intentaría no demostrarlo, como hacían los
chicos..., pero ella lo sabría. A lo mejor...
El chico de los cabellos azules se irguió de repente, cuadrándose,
igual que un perro de caza marcando la presa. Clary siguió la dirección
de su mirada, y vio a la muchacha del vestido blanco.
“Ah, vaya —pensó, intentando no sentirse como un globo de colores
desinflado—, supongo que eso es todo.” La chica era guapísima,
la clase de chica que a Clary le habría gustado dibujar: alta y delgada

4