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Microsoft Word Cuadernos del 43 .pdf



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Título: Microsoft Word - Cuadernos_del_43
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MARÍA VALTORTA   CUADERNOS DEL 1943 

CUADERNOS DEL 1943
MARÍA VALTORTA

1

MARÍA VALTORTA   CUADERNOS DEL 1943 
BIOGRAFÍA

Nació el 14.3.1897, en Caserta, Italia. Su padre, sargento mayor del Ejército Italiano, era de
carácter tierno y amoroso. Fue hija única. Su madre, profesora de francés, era dura y severa.
A los cuatro años y medio, la llevaron a estudiar en el asilo de las Religiosas Ursulinas de Vía
Lanzone, donde tuvo su primer encuentro con Dios. Allí comenzó a nacer en la pequeña “el
ansia por consolar a Jesús, haciéndose semejante a El en el dolor voluntariamente aceptado por
amor”.
En 1904, a los siete años de edad, pasó al Instituto de las Religiosas Marcelinas, para iniciar allí
los estudios elementales, distinguiéndose de inmediato como la “primera de la clase por la
inteligencia, don de Dios”. En 1907 pasó a la escuela estatal, asistiendo contemporáneamente, por
exigencia de su madre, a las lecciones de francés dadas por un grupo de religiosas expulsadas de
Francia.
Gracias a las religiosas francesas, en 1908 pudo recibir su Primera Comunión. Con gran dolor por
su parte, el padre no asistió porque la madre había juzgado inútil su presencia. En 1909, por el
despotismo de su madre y por la timidez de su padre debió dejar su casa para entrar en un
internado (el Colegio Bianconi de las Hermanas de la Caridad de María Santísima Niña).
Permaneció allí hasta 1913.
Su carácter “generoso, firme, fuerte, fiel” mereció el sobrenombre de “valtortino”; su amor al
estudio, al orden, a la obediencia le procuró ser citada como “alumna modelo”. Una vez más su
madre se interpuso en su vida, y obligó a María a que estudiase Tecnología, aún cuando ella no
tenía cualidades para las matemáticas. No superó las pruebas en ciencias exactas, por lo cual no
tuvo más remedio que recuperar el tiempo perdido con todas sus fuerzas y terminar el programa
clásico, consiguiendo el diploma.
En 1913 su familia se trasladó a Florencia. Allí María conoció a Roberto, de hermosa presencia,
rico y doctorado en literatura. Era muy bueno, serio y afable. Se quisieron mucho, “con un amor
silencioso, paciente y respetuoso”.“luz”, de “guía”, para que “llegase a ser un buen hombre, y
un valiente oficial”. Para María “amar era tan necesario como el respirar”, pero había de ir a
Dios “después de haber visto cuán efímeros son los cariños humanos”. Pero inexorablemente la
madre tronchó, en su nacimiento, aquel tierno sentimiento. Suerte que le cupo nueve años
después, cuando se encontró con otro joven llamado Mario, “un joven cuya madre había muerto”.
Al principio María trató con él para servirle de
En 1916, “en un período tremendo, de desesperación y de ansias”, el Señor volvió a llamarla por
medio de un sueño, que permaneció “vivo” en María durante toda la vida. En el sueño, María es
socorrida por Jesús, cuyas palabras de admonición y de piedad, unidas a un gesto de absolución y
de bendición, fueron para ella “un lavado que la purificó completamente”. Se despertó “con el
alma iluminada por algo que no era terrenal”.
En 1917 María entró en las filas de las enfermeras samaritanas, y durante dieciocho meses
prodigó sus cuidados en el hospital militar de Florencia. Pidió que se le confiasen los soldados y
no los oficiales porque “había ido a servir a los que sufren, no por alardes o para buscar
2

MARÍA VALTORTA   CUADERNOS DEL 1943 
marido”. Ejercitando la caridad se sintió obligada “dulcemente a acercarse cada vez más a
Dios”.
El gesto de su gradual inmolación partió de un golpe violento que sufrió el 17 de marzo de 1920.
Iba con su madre por la calle “cuando un rapaz delincuente le pegó en los riñones con una barra
de hierro, que había arrancado de una cama. Con todas sus fuerzas le dio un terrible golpe”.
Permaneció en cama tres meses y fue como comenzar a saborear su futura y completa
enfermedad.
En ocasión de visitar a su tía Clotilde, “una mujer muy culta”, el Señor se sirvió de un libro para
darle otro “impulso fuerte”. El Santo de Antonio Fogazzaro fue la novela que “imprimió en su
corazón una señal, indeleble, una señal por demás buena”.
María Valtorta experimentó en manera más sensible ciertas percepciones psíquicas, que ya en los
años precedentes había advertido bajo la forma de “premoniciones” o de “otros hechos
extraños”. Se trataba, en particular, de la sensación “como de que sus dedos se alargaban, se
hicieran larguísimos hilos lanzados al espacio, y que estos hilos se fueran uniendo a otros
iguales” que salían de otras personas, como con deseo de unirse entre sí.
En septiembre de 1924, la familia Valtorta se trasladó definitivamente a Viareggio, en donde
ocuparon una “casita” recién comprada. Allí, María continuó llevando una vida retirada, fuera de
“alguna salida al mar o al bosque” y de las que hiciera “a comprar lo necesario para cada día”,
lo que le permitía hacer visitas a Jesús Sacramentado, sin atraerse las iras de la madre. Había
empezado para ella “una nueva etapa en su vida, en la que crecía más en Dios”.
Atraída por el ejemplo de Santa Teresita del Niño Jesús, cuyo libro Historia de un Alma, leyó con
sumo gusto. El 28 de enero de 1925 se ofreció como víctima al Amor Misericordioso, renovando
después “cada día” este acto de ofrecimiento. A partir de ese momento creció sin medida su
amor por Jesús, hasta llegar a sentir su presencia en sus propias palabras y en sus propias
acciones. Llevada del ansia de servir a Dios, quiso entrar en la Compañía de San Pablo, pero tuvo
que contentarse con desarrollar “un apostolado humilde, escondido, conocido sólo por Dios,
fortalecido más por el sufrir que por el obrar”. Pero, a partir de 1929, cuando entró en la Acción
Católica como delegada de cultura de los jóvenes, pudo darse abiertamente al bien de las almas,
trabajando con entusiasmo y dando conferencias que atraían numerosos oyentes “aún entre los
no practicantes”.
En tanto venía madurando en ella la fuerte decisión de ofrecerse como víctima a la Justicia
Divina, a lo cual se preparaba “con una vida que crecía cada vez más en pureza y mortificación”.
Ya “de tiempo atrás” había “hecho los votos de virginidad, pobreza y obediencia”. Cumplió su
nuevo acto de ofrecimiento el 1° de julio de 1931. Mas los sufrimientos físicos y espirituales no
cedieron un sólo momento.
El 4 de enero de 1933 fue el último día que María, caminando con extrema fatiga, pudo salir de
casa. Y desde el 1° de abril de 1934 no se levantó ya más del lecho, dando inicio en un “intenso
transporte de amor”, a su larga y penosa enfermedad. Se convirtió “en el instrumento de las
manos de Dios”. Su misión era la de “sufrir, expiar y amar”.

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MARÍA VALTORTA   CUADERNOS DEL 1943 
El 24 de mayo de 1935, en la casa de María Valtorta entró Marta Diciotti, quien llegaría a ser la
compañera fiel de María, la “oyente” de sus escritos, la que la asistiría amorosamente hasta la
muerte, y que conservó “sus memorias”.
Y María continuó en su lecho de enferma, a sufrir y a amar, haciéndose cada vez más disponible
a la Voluntad de Dios, consolando a los afligidos, enderezando a los desviados en el espíritu,
recibiendo dolorosas advertencias sobre su grave hora presente, revelando en cada cosa la fuerza
varonil de su carácter y la clara inteligencia de su mente fija en Dios.
Hacia el año 1942, un sacerdote fue a visitarla. Era el buen padre Romualdo Migliorini, de la
Orden de los Siervos de María, que durante cuatro años fue su director Espiritual. En 1943 le
ordenó a María Valtorta que escribiera su autobiografía, y que dijese “todo lo bueno y todo lo
malo”, sin preocuparse de cosa alguna.
Pero su verdadera actividad de escritora debía iniciarse de inmediato, por una fuerte presión del
Altísimo, que encontró en ella un instrumento dócil y pronto. En pocos años, entre indecibles
sufrimientos del alma y del cuerpo, provocados por acontecimientos y personas, en
condiciones absolutamente desfavorables, María Valtorta llenó quince mil páginas de
cuaderno, que hoy en día son casi universalmente reconocidas como un monumento de
doctrina y de literatura. Esta maravilla de Dios es una colección de varios tomos
denominada “El Hombre-Dios”.
Los actos de ofrecimiento no habían terminado. El 18 de abril de 1949 María ofrecía a Dios el
sacrificio de no ver la aprobación de su Obra, uniendo a este sacrificio el precioso don de su
propia inteligencia. El Señor aceptó este sacrificio. María no pudo tener la satisfacción de saber
que su obra era aprobada.
Cuando quedó del todo inactiva (ella aún en el lecho escribía o trabajaba y jamás había sido
ociosa), conservó su aspecto lúcido y sereno. Permanecía quieta en su lecho como una niña
grande, llegando por último a la necesidad de ser alimentada, pero no pedía jamás nada. Pocos la
visitaban. Pocos eran los amigos. En medio de este silencio María acabó sus últimos días el 12 de
octubre de 1961, a los 65 años de edad y 28 de enferma. En un escrito suyo de 1944 leemos lo
que el Señor le había dicho: “Cuán feliz serás cuando te des cuenta de estar en Mi mundo para
siempre y de haber venido del pobre mundo. Lo harás sin pensar en ello, pasando de una visión
a la realidad, como un pequeñuelo que sueña con su madre y que se despierta abrazado a ella,
que lo aprieta contra su corazón. Así haré Yo contigo”.
Murió en el mismo lecho que había visto los sufrimientos, los trabajos, el ofrecimiento y la
piadosa muerte de la enferma escritora de Viareggio, que desde varios años atrás había dispuesto
la frase que debía escribirse en los recordatorios: “He terminado de sufrir, pero continuaré
amando”.
Los pocos y respetuosos visitantes pudieron admirar el candor de su mano derecha, la que había
sido considerada la “pluma del Señor”, mientras la izquierda iba livideciendo. Y sus rodillas, que
habían sido su escritorio, aparecían ligeramente dobladas, ahora que ella se encontraba en reposo
verdadero.

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MARÍA VALTORTA   CUADERNOS DEL 1943 
Diez años más tarde, el 12 de octubre de 1971 fueron exhumados sus restos, que fueron
sometidos a un tratamiento especial para asegurar su conservación, y fueron colocados en el
nicho de la familia en la Galería del Redentor del mismo cementerio de Viareggio.
El 2 de julio de 1973 los restos de María Valtorta pudieron ser trasladados a la Santísima
Annunziata de Florencia y sepultados en la Capilla del Capítulo que da al grande claustro que
forma parte de la famosa basílica florentina, que está a cargo de los padres servitas.

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MARÍA VALTORTA   CUADERNOS DEL 1943 
22 de abril de 1943
Me parece que sea casi inútil escribir aún habiéndolo dicho todo1. Pero usted 2 me
insta a que escriba las cosas que más me impresionan y yo obedezco.
Es la tarde del Jueves Santo. Hablando de Jesús no me distraigo de Él, sino al
contrario me concentro en Él. Le diré pues cómo he pasado estas últimas veinticuatro
horas. Ayer por la tarde usted me ha visto agotada. Estaba realmente agotada. Pero
cuando toco el fondo de la resistencia humana, y a quien me ve doy la impresión de ser
un pobre ser incapaz hasta de pensar, es precisamente entonces cuando tengo -diré
así- iluminaciones.
Ayer por la tarde había leído el periódico; después, cansada también de eso, había
cerrado los ojos y estaba así... inerte. De repente he visto, mentalmente, un terreno muy
pedregoso y yermo. Parecía la cima de un montículo, como tantos que se ven sobre
nuestras colinas. Desnudo de vegetación, tan sólo rico de piedras y rocas toscas y
blanquecinas, tenía alrededor un vasto horizonte. Precisamente sobre la cima había
nacido una planta de violetas. Lo único que viviese en tanta desolación. Veía
claramente la mata de hojas bien espesa y apretada como para presentar resistencia a
los vientos que batían la cima. Algún capullo de violeta, más o menos abierto, asomaba
la cabecita entre la mata verde. Pero sólo una estaba completamente abierta. Hermosa,
de un sólo color, abierta y estirada hacia lo alto.
Fue su estar tan derecha, casi como si estuviera atraída por una fuerza especial, lo
que llamó mi atención y me hizo buscar con la mirada. Y vi un asta, una gran asta
clavada en el suelo. Parecía un tronco apenas cepillado, burdo y áspero. A un medio
metro del suelo, o quizás menos, había dos pies traspasados... Ayer por la tarde no he
visto más que éstos. Dos pies torturados. Y que estuvieran torturados cruelmente lo
decía la contracción de los mismos con los dedos casi replegados hacia la planta como
por espasmo tetánico.
La sangre, resbalando hasta los talones, descendía sobre el asta escabrosa y la
estriaba hasta el suelo. Otras gotas caían de los dedos contraídos y llovían sobre la
mata de violetas. ¡A esto tendía la violeta toda tersa hacia lo alto! A esa sangre que la
nutría como, entre tanta desolación de suelo, nutría aquella única mata, que había
sabido nacer junto a aquel madero.
Muchas cosas me ha dicho aquella visión... Y cuando usted ha venido, yo estaba
tras de ver aquel signo que era mi sermón del Miércoles Santo. No se ha disipado la
figuración. No se disipan fácilmente. Permanecen nítidas en el cerebro aún cuando las
cosas habituales las sobrepasen, o intenten sobrepasarlas.
Esta mañana también, antes de que usted viniera, he entrevisto el resto del cuerpo.
Digo: entrevisto, porque me aparecía y desaparecía como entre el fluctuar de velos de
niebla. Otras veces ha sido mucho más nítido... Pero entonces me parecía muerto.
1

Maria Valtorta había ya escrito la Autobiografía por obediencia a P. Migliorini, su director espiritual. (Ver la nota siguiente).

2

Se trata del P. Romualdo M. Migliorini, a quien la escritora se dirige más adelante y muy a menudo en sus escritos. Nacido en
Volegno (Lucca) en el 1884, entró en la Orden de los Siervos de María en el 1900 y fue ordenado sacerdote en el 1908. Hasta el
1911 ejerció el sagrado ministerio en Italia, después fue párroco en Canadá, y a continuación pasó a las misiones de África del Sur
donde llegó a ser superior regular y prefecto apostólico. De regreso a Italia en el 1939, fue prior del Convento de San Andrés en
Viareggio, donde se dedicó a un apostolado infatigable sobre todo durante y tras el paso de la guerra. Hacia el 1942 fue a visitar a
la enferma Maria Valtorta y se convirtió en su director espiritual y testigo de sus escritos, que celosamente transcribía a máquina
aventurando la primera difusión. Pero en el 1946 tuvo que retirarse a Roma, donde confió al hermano de comunidad P. Corrado M.
Berti la existencia de Maria Valtorta. Con sufrimientos cada vez mayores, falleció en Carsoli (L'Aquila) en el 1952.

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MARÍA VALTORTA   CUADERNOS DEL 1943 
Ahora me parece vivo. Y pienso que sea una gran piedad de Jesús no mostrarme hoy
su rostro. Jesús está tan dolorido, su tristeza ha alcanzado una intensidad tan fuerte por
toda la iniquidad humana que no se cansa de serlo -sino que, al contrario, cada vez se
hace más iniquidad- que no podríamos soportar, sin morir de dolor, la expresión de su
divino rostro.
Jesús, mi Maestro, con su palabra sin sonido, me dice que mi puesto está más que
nunca a los pies de su cruz. Sólo de su Sangre, yo debo sacar vida... y mi tarea es tan
sólo ser incienso a los pies de su trono de Redentor. Incienso que cubre, con su
perfume, el hedor del pecado, de la maldad, de la crueldad que la Tierra exhala. El incienso no perfuma sino ardiendo y consumándose. Y yo debo hacer lo mismo.
Me dice también que la flor puede atraer otras miradas a su Cruz, puede hacer
inclinar a otras criaturas bajo la lluvia de su Sangre. Ésta es la tarea de la flor hacia el
prójimo y hacia Dios. Reparación de amor hacia Jesús y atracción a Jesús de muchos
corazones, aceptando vivir, por esto, en un desnudo desierto, sola con la cruz.
Podría decir que me he quedado con los labios apoyados en aquellos pies traspasados
como bebiendo en un manantial que es frescura y ardor al mismo tiempo. Una
sensación espiritual, pero tan viva que parece real...
Esta mañana, en fin, a las 10 me ha llegado de Roma una carta de una Religiosa,
carta que le mostraré y en la cual se habla precisamente de esta misión a los pies de la
cruz, y a la carta está unida una imagen con un Crucifijo y debajo un incensario ardiente
y el escrito: "Se eleve mi oración como incienso en tu presencia". He tomado todo esto
como un discurso mudo de mi Jesús a su pequeña hostia que se consuma poco a poco
más de amor que de enfermedad.
Pienso que mañana es Viernes Santo: el día de los días para mí. Quisiera acumular
sacrificios para hacer de él un verdadero día de expiación. ¡Pero ya puedes hacer tan
pocas cosas María! Pues bien, haremos esas pocas cosas. Por lo demás... puede ser
que mañana piense Jesús en darme mi parte de dolor expiatorio. Yo estoy aquí, bien
apretada a la Cruz. Es el puesto de las Marías, por otra parte. Así no se me escapará ni
siquiera una señal de mi Redentor...
23 de abril
Mañana del Viernes Santo 3
Dice Jesús:
«La primera vez mi Padre, para purificar la tierra, mandó un baño de aguas, la segunda
un baño de sangre, ¡y de qué Sangre! Ni el primero ni el segundo baño han valido para
hacer de los hombres hijos de Dios. Ahora el Padre está cansado, y para hacer perecer
la raza humana deja que se desencadenen los castigos del infierno, porque los
hombres han preferido al Cielo el infierno y su dominador, Lucifer, les tortura para
empujarles a blasfemar y hacerles completamente hijos suyos.
Yo vendría a morir por segunda vez, para salvarles de una muerte más atroz
todavía... Pero mi Padre no lo permite... Mi Amor lo permitiría, la Justicia no. Sabe que
3

Es el primer dictado recibido por Maria Valtorta. Marta Diciotti (ver la nota 4 de pág. 19) relata que sucedió hacia mediodía del 23
de abril de 1943, viernes santo, y que Maria se quedó sorprendida, le confió el hecho y le pidió ir a buscar al Padre Migliorini. Marta
salió de casa usando cualquier pretexto para no despertar la curiosidad de la madre de Maria, que era mujer muy autoritaria y no
inclinada a cosas de religión. Padre Migliorini vino enseguida y se entretuvo en confidencial coloquio con la enferma escritora.

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MARÍA VALTORTA   CUADERNOS DEL 1943 
sería inútil. Por ello vendré tan sólo en la última hora. Pero ¡ay de los que en aquella
hora me verán habiendo elegido por su señor a Lucifer! No se necesitarán armas en
manos de mis ángeles para vencer la batalla contra los anticristos. Bastará mi mirada.
¡Oh! ¡si los hombres supieran todavía volverse a Mí que soy la salvación! Sólo deseo
esto y lloro porque veo que nada es capaz de hacerles levantar la cabeza hacia el Cielo
desde donde Yo les extiendo mis brazos.
Sufre, María, y di a los buenos que sufran para suplir mi segundo martirio que el
Padre no quiere que Yo cumpla. A cada criatura que se inmola le es concedido salvar
algún alma. Alguna... y no es para sorprenderse el que sean pocas las concedidas a
cada pequeño redentor si se piensa que Yo, el Redentor divino, sobre el Calvario, en la
hora de la inmolación, de todos los millares de personas presentes en mi muerte he
logrado salvar al ladrón, a Longinos, y a pocos, pocos más...».
Reflexión sobre un discurso que me viene relatado, en el cual está dicho que se
cuenta mucho con mis oraciones para obtener algo, habiendo reconocido que aquello
que he pedido se ha cumplido.
"No me viene ningún orgullo, sino un más profundo agradecimiento a Dios que es tan
bueno que permite que yo sepa obtener la felicidad de otros corazones. Pero a estos
corazones quiero decir, y lo diré -especialmente a aquel que esta mañana me ha hecho
saber su pensamiento- que lo que se cumple no es por mi mérito. Todos podrían llegar
a la misma capacidad si quisieran. No hay un método o un estudio especial para llegar
a esta potencia de súplica. Lo importante es hacer del propio corazón un pesebre de
Belén para acoger a Jesús niño y de sí mismos una cruz para llevar a Jesús Redentor.
Cuando lo llevamos así, indisolublemente, nosotros no somos más que un
complemento suyo, y sólo Él es el verdadero protagonista de todo. El secreto para
obtener todas las gracias, que el prójimo atribuye a nuestros méritos inexistentes, está
únicamente en nuestra anulación en Cristo, tan completa que disuelva nuestra personalidad humana y obligue a Jesús a actuar sólo Él en todo acontecimiento. Nosotros no
hacemos sino llevarle las voces de cada uno unidas a un beso de amor. El resto lo hace
Él".
24 de abril
Sábado Santo
Mientras el "Gloria" canta en las iglesias...
Una de las cosas que más me lleva a reflexionar sobre la doctrina de misericordia de mi
Jesús es el episodio que se lee en el evangelio de San Juan: "María estaba fuera
llorando junto al sepulcro... se volvió hacia detrás y vio en pie a Jesús... Y Jesús le dijo:
'¡María!'...". No contento todavía de haber amado tanto a los pecadores hasta el punto
de dar su vida por ellos, Jesús reserva su primera manifestación, después de la Pasión,
a una pecadora convertida.
No es seguro que Jesús se hubiera ya presentado a su Madre. El corazón nos
induce a creerlo, pero ninguno de los 4 evangelistas lo dice. Es seguro en cambio esta
aparición a María Magdalena. A ella, que encarna la inmensa corte de los redimidos por
el amor de Cristo, Él aparece por primera vez y se manifiesta en su segunda apariencia
de Dios Hombre para siempre. Antes era 'el Hombre en el que se escondía un Dios.
Antes aún, en los tiempos de la espera, el Verbo era sólo Dios. Ahora es el Dios
Hombre que lleva a los cielos nuestra carne mortal. Y esta obra de arte de divinidad,
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MARÍA VALTORTA   CUADERNOS DEL 1943 
por la cual la carne nacida de mujer se hace inmortal y eterna, se revela a una criatura
que fue pecadora... No sólo: sino que a ella, precisamente a ella, confía el mensaje
para sus propios apóstoles: "Ve a mis hermanos y diles que subo al Padre mío y Padre
vuestro, Dios mío y Dios vuestro". Antes aún que al Padre, ¡a María la pecadora!
¡Qué río de confianza se vuelca en mí meditando esto! Cómo, cómo debería ser
dicho, redicho, continuamente dicho a las pobres almas titubeantes y vergonzosas,
porque saben que han pecado, que Jesús les ama tanto de anteponerlas al Padre y a
su Madre. Porque pienso que si todavía no había subido al Padre, en aquella primera
hora de resurrección, tampoco se había mostrado aún a la Madre. En el fondo es una
necesidad de amorosa justicia. Jesús ha venido por los pecadores. Por lo tanto que la
primicia de su resurrección vaya a quien es arquetipo de los pecadores redimidos.
"A mis hermanos -al Padre mío y vuestro- Dios mío y Dios vuestro". Estas palabras
suenan en mi corazón como tantas alegres campanas. Hermanos los discípulos,
hermanos nosotros que descendemos de ellos. Si todavía nos queda una duda, cae
como la piedra del sepulcro, sacudida por este torbellino de amor, y la confianza surge
en los corazones más aprisionados y oprimidos por el recuerdo de sus errores y de la
reflexión de la inmensa distancia que nos separa a nosotros, polvo, de Dios. Jesús lo
dice: somos hermanos, tenemos un único Padre y un único Dios con Cristo.
¡Oh! Él nos agarra con sus manos traspasadas -es el primer gesto que hace después
de su muerte- y nos lanza sobre el corazón de Dios, en los cielos no más cerrados sino
abiertos por el amor, para que allí se lloren las dulces lágrimas de la reconciliación con
nuestro Padre.
¡Aleluya! ¡Gloria a Ti, Maestro y Dios, que nos salvas con tu dolor y nos das como
camino de salvación el Amor!
1 de mayo
Sábado 11 horas
Dice Jesús:
«¿Te entristeces? Yo también. ¡Pobres niños! ¡Los pequeñuelos que Yo amaba tanto y
que deben morir así! ¡Y Yo que les acariciaba con una ternura de Padre y de Dios que
ve en el niño la obra de arte, aún no profanada, de su creación! Los niños que mueren,
matados por el odio y entre un coro de odio.
¡Oh¡ ¡que los padres y las madres no profanen, con sus imprecaciones, el holocausto
inocente de sus flores truncadas! Que sepan los padres y las madres que ni una
lágrima de sus pequeños, ni un gemido de estos inocentes inmolados queda sin eco en
mi Corazón. A ellos se abre el Cielo, porque no se diferencian en nada de sus lejanos
hermanos, matados por Herodes por odio hacia Mí. También éstos han sido matados
por los malvados Herodes, custodios de un poder que Yo les he dado para que lo
usaran para el bien y del cual me deberán rendir cuentas.
Yo vendría por todos. Pero especialmente por éstos, recién nacidos a la vida, don de
Dios, y ya arrancados a la vida por la crueldad, don del demonio. Pero sabed que para
lavar la sangre contaminada que ensucia la tierra, que es derramada con hastío y
maldición en hastío y maldición hacia Mí que soy el Amor, es necesario este rocío de
sangre inocente, el único que aún sabe brotar sin maldecir, sin odiar, así como Yo, el
Cordero, derramé mi sangre por vosotros. Los inocentes son los pequeños corderos de
la nueva era, los únicos cuyo sacrificio, recogido por los ángeles, es completamente
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MARÍA VALTORTA   CUADERNOS DEL 1943 
agradable a mi Padre.
Después vienen los penitentes. Pero después. Porque incluso el más perfecto entre
ellos arrastra en su sacrificio escorias de imperfecciones humanas, de odios, de
egoísmos. Los primeros en la hilera de los nuevos redentores son los niños cuyos ojos
se cierran en un horror para reabrirse sobre mi Corazón en el Cielo.»
10 de mayo
Mi Jardinero me ha donado un lirio. Antes las violetas. Mis queridas violetas que
habían sido todas arrancadas por la prepotencia de los demás y que han nacido
espontáneas, después de tres años de que ya no hubiera, en las jardineras de la
terraza.
Pero mientras sean violetas no hay mucho de qué sorprenderse, ¿verdad? El mismo
viento puede traer las semillas; un pajarillo las puede dejar caer de su pico... ¡Pero un
lirio! La planta del lirio se propaga sólo por bulbo, y un bulbo de lirio es demasiado
grueso y pesado para que lo pueda traer el viento con sus alas o un pájaro con su pico.
Sin embargo ha nacido en la jardinera del balcón.
Muchos podrían decir que soy una loca, pero yo sostengo que este nacer de un lirio
así, es milagroso y veo en este milagro una exquisita delicadeza y una cariñosa
respuesta de mi Jesús. Él sabe cómo yo ame los lirios y cómo sufriera al verlos todos
arrancados del parterre de mi patio. Sabe que los amo como flor y como símbolo y sabe
qué miedo, que amargura tenía en el corazón pensando que quizás mi lirio ya no era
cándido e intacto. Y Él, de pocos terrones ya infecundos, empobrecidos, endurecidos,
descuidados, hace surgir un lirio.
Él bien lo puede hacer. ¡Él que ha creado los lirios de los anchos valles y que los
nombra con tanto amor en su evangelio! ¿Por qué debo dudar de la procedencia de
esta flor? El Jesús que ha dado a Teresita 4 la nieve el día de su toma de hábito, ¿no
puede dar a María una flor de nieve? ¡Ay si mano humana me la rompiera! Me
parecería un sacrilegio y tendría un dolor sumo.
Escribo también esto que a algunos podría parecer una nonada y que para mí es en
cambio algo muy profundo. También ésta es una caricia de mi Dios, una delicadeza
suya y que me confirma y refuerza la dulce sensación del 2 de marzo pasado, 5
sensación vuelta a sentir, si bien más levemente, en estos días.
¡Oh! ¡Paraíso! ¿Qué serás si aquí sólo el rozarte levemente es tal bienaventuranza?
Estoy cansada y agotada y con el corazón en ansia por tantas cosas. .
Pienso en mis parientes de Calabria... Les he escrito mucho en estos días hablando
abiertamente de Dios y de los deberes de un cristiano de cara a la muerte. Pienso en
Clotilde paralizada... pienso en Paola, en Giuseppe con sus teorías... extrañas, pienso
en todos6. ¿Cómo morirán, si deben morir? Que la Mano, que ha sembrado los lirios y
las violetas para la pobre María, descienda sobre esos corazones y les atraiga a Sí...
Me escribe la Abadesa de las Trapenses y yo le he escrito a ella. Estoy contenta de
haber orado y de orar, así, por la unidad de las Iglesias. Ignoraba que se orase por
4
5

S. Teresa de Lisieux
Está explicada en el escrito del 13 de mayo

6

Los parientes Belfanti, propietarios de albergues en Reggio Calabria: Giuseppe era
un primo de Iside Fioravanzi, madre de la escritora; Paola era hija de Giuseppe; Clotilde era la mujer de un hermano de Giuseppe.

10

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esto. Jesús, mi único Maestro, me ha guiado, como siempre, también en esto. Así como
me ha guiado hacia su sierva Sor M. Gabriella 7. Tengo la sensación de estar cogida de
la mano por Él que me conduce donde puedo encontrar el bien, o almas que, por estar
ya en la gloria, me pueden ayudar, con su doctrina de santidad, a aumentar mi obra de
santificación.
Puedo decir que nunca me sucede que trate de conocer una "Vida" en la cual no
encuentre una semejanza con la mía. Semejanza mucho más grande y perfecta pero
que siempre es: semejanza. He leído infinitas "Vidas" pero, por mi parte, siempre he
adquirido aquéllas que tienen puntos de contacto con mi mezquina vida y, por la
repercusión que tienen en mí, mientras las otras me despiertan una admiración estéril y
basta, comprendo que yo también estoy en la misma estela (si bien muy atrasada) de
ardor de amor, de inmolación, de confianza.
Encuentro en la "Vida" de Sor M. Gabriella frases iguales, hasta en las más
pequeñas palabras, a las mías. Y esto me conmueve mucho. Siento que donde Jesús
reina, dueño absoluto de nuestro yo, las almas, como arpas tocadas por la misma
mano, dan el mismo sonido... más o menos fuerte según su perfección, pero siempre en
las mismas notas.
13 de mayo
Mañana
Hace poco usted ha vuelto a decirme que escriba. La fatiga física no es nada frente a
la fatiga moral que debo de hacer para levantar los velos tras los cuales está lo
sobrenatural. ¿Por qué? Por varias razones.
La primera es que casi me parece cometer una profanación dando a conocer los
secretos de Dios en mí. Y temo siempre que ésta, si no profanación, ciertamente
proclamación, me pueda producir un castigo: ser privada de las divinas caricias y de las
divinas palabras. Somos siempre un poco egoístas, nosotros los vivientes. Y no se
piensa que cuanto Dios nos dona puede dar alegría a otros y que, siendo algo de Dios,
Padre de todos, no nos es lícito ser avaros y privar de ello a los hermanos.
La segunda razón es que un resto de desconfianza humana, hacia mí y hacia los
demás, me hace siempre pensar si cuanto yo advierto como "sobrenatural" no deba ser
en cambio valorado por mí como ilusión y por los demás como un delirio. He oído tanto
llamarme loca que pienso que... todavía el prójimo me pueda poner en esta categoría.
La tercera razón es que yo tengo miedo de estos favores. Miedo porque tengo
siempre el terror de que puedan ser un engaño... ¿Es posible que yo, que no soy nada,
pueda merecer estos favores de mi Rey? Y miedo de que me provoquen soberbia.
Siento que si me ensoberbeciera, aunque fuera sólo por un instante, cesarían
enseguida, no sólo, sino que me quedaría incluso sin ese mínimo de sobrenatural que
es común a muchísimos. En castigo por mi soberbia. ¡Oh! ¡estoy segura de que Jesús
me castigaría así!
Y ahora que le he dicho las razones por las cuales no me gusta hablar, le diré
aquéllas por las cuales siento que no soy una ilusa, tomando apariencias de delirio por
verdades sobrenaturales y palabras demoniacas por palabras divinas.
Estoy segura por la suavidad y la paz que me invaden después de esas palabras y
7

Sor María Gabriella, trapense de Grottaferrata (1914-1939)

11

MARÍA VALTORTA   CUADERNOS DEL 1943 
de esas caricias y por la fuerza que me inviste, obligándome a escucharlas y a
escribirlas sin poder cambiar una palabra. A la dulcísima fuerza con la que soy obligada
a escucharlas o a escribirlas -y siempre en momentos extraños a cualquier voluntad mía
de oír esas cosas (le ruego que crea que yo no hago nada para ponerme, diré así, en
posición receptora)-' siento, si es el caso, una fuerza más viva que me dice: "Haz
conocer esto. Calla a todos esto otro". Y con esta suave prepotencia no se transige...
Pero de mío no hay nada. Si yo pienso también (y me aflijo por ello): “Jesús calla.
¡Oh! ¡si se dejara oír para consolarme un poquito!", esté seguro que Él continúa
callando. Sólo cuando quiere se le oye; y entonces aunque yo estoy ocupada en otras
cosas, cualquier otra cosa que quizás me urge hacer, debo dejarla y ocuparme sólo de
Él. Como si, según mi estilo, prefiero un modo de decir a otro y trato de cambiarlo, no
puedo. Así está dicho y así debe quedar.
También esta mañana usted me decía que escribiera sobre sensaciones pasadas.
Le he dicho que no podría repetir ahora exactamente aquellas palabras y por ello no las
repito. De mío no debe haber nada. Pero le puedo hacer una pequeña enumeración de
las cosas que he advertido.
Como le he dicho otras veces,8 reiteradamente, he soñado con Jesús, María y los
Santos. Pero mientras Jesús siempre estaba "vivo", la Virgen y los Santos eran como
estatuas o cuadros: figuraciones. Sólo he visto dos veces como persona viva a un
frailecillo franciscano, que ciertamente era santo. Y en una me decía que de todos los
males "me habría matado aquello que tenía allí" y me tocaba los pulmones. Este sueño
lo tuve hace ahora siete años, cuando en los pulmones no tenía nada de nada.
En otra ocasión el mismo frailecillo franciscano, que no me ha parecido ni S.
Francisco ni S. Antonio, con un rostro de luz, me decía: "Has merecido más tú con esta
enfermedad que una religiosa en el convento. Cada año de los tuyos vale una vida
conventual". Me respondía esto porque yo, viendo la muerte en acecho, me afligía por
haber hecho tan poco... Mi Superiora (muerta desde 1925) me alejaba de la muerte, me
ocultaba de ella diciendo: "Vive algún año todavía", mas yo decía: "Pero ¿qué hago yo?
iNada! ¡Si fuera monja!", y fue entonces cuando el frailecillo me dijo aquellas palabras.
Como le he dicho, a mi Ángel le he visto sólo aquella vez. Pero a veces siento como
un vientecillo soplarme en el rostro y pienso que sea mi buen ángel que me conforta en
los momentos en los que estoy tan abatida que no puedo ni mover el abanico. En el
verano de 1934 esta sensación ha durado meses: los meses. de continuo peligro
mortal. Desaparecido esto, mi ángel... se hace el muerto. Él que me ha tutelado tan
bien, cuando era aún una niña de pecho que berreaba en los surcos ardientes de "Terra
di Lavoro",9 que me ha socorrido en el síncope del 4 de enero de 1932, no se ha
mostrado nunca o hecho oír abiertamente, salvo aquella vez. A no ser que sea él quien
ahora ha plantado el lirio y las violetas 10, cogiéndolos de los jardines provistos... pero
¿quién lo sabe?
En cambio he visto y hablado (en sueños) con Padre Pío de Pietrelcina. Le he visto,
siempre en sueños, en éxtasis, después de la S. Misa, he visto su mirada penetrante y
advertido en mi mano la cicatriz del estigma cuando me cogió de la mano. Y; no en
sueños sino bien despierta, he percibido su perfume. Ningún jardín colmado de flores
8

Estas continuas referencias están, sobre todo, en la Autobiografía ya escrita por deseo del Padre Migliorini
En Caserta, donde nació el 14 de marzo de 1897 y donde permaneció en los primeros dieciocho meses de vida, Maria Valtorta
había sido confiada a una nodriza depravada, que llegaba hasta el punto de abandonar a la pequeña en los campos.
10
En el escrito del 10 de mayo.
9

12

MARÍA VALTORTA   CUADERNOS DEL 1943 
en plena florescencia puede emanar las fragancias paradisiacas que llenaron mi
habitación la noche entre el 25 y 26 de julio de 1941 y la tarde del 21 de septiembre de
1942, precisamente mientras que un amigo nuestro hablaba de mí al Padre (yo
ignoraba que él hubiera ido a S. Giovanni Rotondo). Las dos veces he obtenido además
las gracias pedidas. El perfume fue percibido también por Marta 11. Era tan fuerte que la
despertó. Después cesó de golpe como de golpe había venido.
Pero percibir el perfume es algo habitual. También esta mañana, después de mi
despiadada noche de agonía, lo sentí. Mejor dicho me despertó del sueño que me
había cogido al alba. Eran las 6 cuando fui despertada. La ventana estaba cerrada,
flores en la habitación por la noche no tengo, perfumes no tengo, la puerta estaba
cerrada. Por lo tanto ningún olor podía penetrar desde fuera. Fue como una columna de
fragancia al lado derecho de la cama. Como vino desapareció, dejándome una dulzura
en el corazón. Decir que es el olor de ésta o aquella flor es decir poco. Todas las
fragancias están en este perfume. Todas las venas odoríferas se mezclan como si las
almas de todas las flores creadas se agitaran en una paradisiaca danza.
Y ahora vayamos a las sensaciones más nítidas y que vienen todas de Jesús. Sí. Es
sólo Él quien se manifiesta así.
Le he mencionado la sensación de tener en mí la mirada de Jesús y de mirar, a
través de sus ojos, a mis semejantes. Esto es muy difícil de explicarse y ha sucedido
por muchos años seguidos, cuando todavía caminaba.
Después han venido, diré así: las invasiones de amor, los sobresaltos de amor:
angustiosos en su suavidad. Era como si Dios precipitara en mí con su voluntad de ser
amado. También esto se explica mal. Éstos han durado y duran todavía.
Pero desde que han sobrevenido manifestaciones más vivas diría que éstos las
advierto menos. Quizá porque me he estabilizado en ellos. Cuando se está parados en
un puesto, bien arraigados, no hay más temblores. ¿No le parece?
Hace dos años advertí por primera vez una "voz" sin sonido que respondía a mis
preguntas (preguntas que hago a mí misma meditando sobre esto o aquello) y con la
voz una visión (mental). Recuerdo bien. Era después de la discusión con mi primo (el
espiritista) 12. Le había respondido con una burlona e hiriente carta.
Tres horas más tarde, mientras consideraba lo escrito, ya expedido, y me lo aplaudía
poniendo razones humanas, y un poco más que humanas, como aprobación de mi
carta de fuego, advertí la 'voz': "No juzgues. Tú no puedes saber nada. Hay cosas que
Yo permito. Hay otras que Yo provoco. Y ninguna es sin finalidad. Y ninguna es
entendida con justicia por vosotros humanos. Sólo Yo soy Juez y Salvador. Piensa en
cuantos siervos míos fueron tachados de endemoniados porque hablaron repitiendo
palabras venidas de zonas de misterio. Piensa en cuantos otros, cuya vida parecía
siempre desarrollarse en la más fiel observancia de la Ley de Dios y de mi Iglesia, están
ahora entre los condenados por Mí. No juzgues. Y no temas. Yo estoy contigo. Mira: ten
un instante de percepción de mi Luz y verás que la más viva luz humana es tenebrosa
respecto a mi Luz".
Y vi como abrirse una puerta, una gran puerta de bronce, pesada, alta. Giraba sobre
los pernos con un sonido de arpa. No veía quien la empujase a abrirse lentamente...
Por la rendija se filtró una luz tan viva, tan alegre, tan... no hay adjetivo para describirla,
11

Marta Diciotti nació en Lucca en el 1910 y vivió junto a Maria Valtorta, asistiéndola cariñosamente, desde 1935 hasta la muerte de
la enferma escritora, acaecida el 12 de octubre de 1961. Ahora custodia sus memorias en la casa de Viareggio.
12
Giuseppe Belfanti, primo de la madre de la escritora

13

MARÍA VALTORTA   CUADERNOS DEL 1943 
que me colmó de cielo. La puerta continuaba abriéndose, y del hueco cada vez más
amplio un río de rayos de oro, de perlas, de topacios, de brillantes, de todas las gemas
hechas luces, me abrazó toda y me sumergió. Comprendí en aquella Luz que es
necesario amar a todos, no juzgar a nadie, perdonar todo, vivir sólo de Dios. Han
pasado dos años pero yo veo todavía aquel fulgor...
Después la semana santa de 1942. Mejor dicho la semana de Pasión. El miércoles
de Pasión, al improviso, una frase me sonó en el oído. Tan viva era la impresión que
puedo propiamente decir "me sonó", aunque no oyese sonido alguno. "De aquellos que
Yo te he dado, ninguno ha perecido salvo el hijo de la perdición, y esto para que tú
también conocieras la amargura de no haber logrado salvar a todos los tuyos".
Como usted ve, una frase mitad evangélica, y por ello antigua, y mitad nueva. Una
frase para quedarse perplejos porque Jesús me ha dado muchos -parientes, amigos,
maestros, condiscípulas y discípulas- muchos por los cuales he sufrido, actuado, orado.
Entre estos muchos, he tenido más de uno que me ha desilusionado en mi sed de
espiritual amor. Por ello podía quedarme perpleja acerca de la persona definida: hijo de
perdición. Pero cuando Jesús habla, aunque si la frase es en apariencia de lo más
sibilina, está unida a una tal luz especial que el alma, a la que la frase está dicha,
entiende exactamente a quien alude Cristo.
.
Comprendí pues que el "hijo de la perdición" era una de mis hijitas de Asociación 13.
Una por la cual había hecho tanto, poniéndomela sobre el corazón para salvarla porque
había entendido su naturaleza... En apariencia, el año pasado, no había nada que
hiciera pensar en un error suyo. Pero yo comprendí. Entonces he aumentado mis
oraciones por ella... y no he podido hacer más que impedir un delito de infanticidio.
El Viernes Santo vi por primera vez a Jesús Crucificado, entre los dos ladrones, sobre la
cima del Gólgota. Visión que duró meses, no continua pero muy frecuente. Jesús me
aparecía sobre un cielo sombrío, en una luz pálida, desnudo en la cruz oscura, un
cuerpo muy largo y más bien delgado, muy blanco como si estuviera desangrado, un
velo de un azul apagado a los lados, el rostro inclinado sobre el pecho en el abandono
de la muerte, con los cabellos que le sombreaban. La cruz estaba siempre en dirección
hacia oriente. Veía bien al ladrón de la izquierda, mal al de la derecha. Pero éstos
estaban vivos; Jesús estaba muerto. Alguna vez veo aún a Jesús en cruz pero ahora
está siempre solo. Por más que lo piense, no he visto nunca un cuadro semejante a
esto.
En junio, bajo esta impresión, escribí la poesía siguiente. Hacía ya varios años que
no componía porque, con tanto mal, la vena poética se ha secado como una flor que
muere. Se la transcribo no porque sea una obra maestra, sino porque expresa la
impresión de mis impresiones tras aquella visión y la da mejor que mis frases en prosa.
Inmediatamente después escribí también una a la Virgen María, aunque a la Virgen yo
no la vea ni la oiga nunca. Copio las dos.
Redemisti nos Deo in sanguine tuo.
Siniestro es el monte de la escabrosa roca.
El cielo se enfosca sobre tu dolor
mientras que te desangras, gota a gota,
13

La Asociación es la "Azione Cattolica Italiana”

14

MARÍA VALTORTA   CUADERNOS DEL 1943 
sobre la alta cima, por nosotros, Señor.
Estás con los brazos abiertos en cruz
la cabeza inclinada bajo la corona,
la mirada velada, apagada la voz,
vivo tan sólo el corazón que amor provoca.
Miras, de los hombres, el odio y la guerra,
que hambre y estragos, en su andar fatal,
como fieras siembran por toda la tierra.
y el hombre siempre prefiere el Mal
al Bien que es tu hijo, a la Paz
que es santa flor de celestial vergel,
al Amor, en que todo egoísmo enmudece,
a la única vida de los pueblos, la Fe.
y Tú, a pesar de todo, de nuevo por nosotros te ofreces
y a tu Calvario, por nosotros, subes,
hostia que nos rescatas de nuestros males,
y sobre el leño, erguido hacia el cielo, sufres.
¿Por qué? ¿por qué nuevamente has ascendido
a la cruz dolorosa? El hombre
de loca codicia y de ira encendido
contra sí mismo enfurecido y rendido
no está hasta que, vencido, en el fango triste,
de donde lo sacaste a mayor fortuna,
de nuevo no esté. Y contra Ti, Cristo,
arremete con furor ciego de muerte.
Y a pesar, Tú vuelves, por el hombre que te ofende,
a expiar, que te has hecho escudo
por nosotros contra los tremendos fulgores
de tu Padre y solo, lívido, desnudo,
en el último espasmo alzando el rostro
gritas: "¡Todo está cumplido! ¡Por esta hora,
Padre, perdona! ¡Para ellos el Paraíso!
¡Yo les he redimido, de nuevo, ahora!".
16 de junio de 1942.
A la Virgen.
¡Dios te salve María! Tú que eres la santa
protege a esta juventud pía,
tú que estás colmada, dulce María,
de tanta gracia.
Por el Señor que está contigo y tú con Él,
tú, bendita entre las criaturas,
defiéndelas de las sombrías insidias
y de las tristes jornadas oscuras.
Por aquel Hijo que en el vientre tuviste
15

MARÍA VALTORTA   CUADERNOS DEL 1943 
permaneciendo virgen, y que es Jesús piadoso,
vuelve, ¡oh! vuelve tu mirar amoroso.
Eres la Reina de los afligidos.
¡Santa María! Ruega por nosotros mortales.
Nuestra vida sin ti, ¡oh Madre nuestra!,
es como golondrina desfallecida
con alas cansadas por tanto vuelo,
o navecilla sacudida por la furia de las olas sobrepujadas.
¡Ay! aplaca el nimbo sobre las aguas airadas
tú que eres del mar la estrella.
En la vida y aún más en la hora en que las luces
se nos apagan en la oscuridad de la muerte
tú, Virgen y Madre, las eternas puertas
ábrenos y a Dios condúcenos.
17 de junio de 1942.
Estoy contenta de haber hecho mis dos últimas chapuzas poéticas para Jesús y
María. Aunque las rimas están cojas no importa. De todas formas Jesús me las califica
con una buena nota, porque no mira la métrica sino el amor.
Yen junio, una tarde que estaba entre la muerte y la vida, sentí también llamarme por
aquella hijita - "el hijo de la perdición" que estaba en Roma. Un grito de invocación
infinita: "¡Señorita, señorita! ¿No me mira? ¿No me oye? ¿Ya no me quiere?". Yo lo oí
claramente. Nadie más lo oyó. Un mes y medio después supe por ella, vuelta a su casa,
la verdad verdadera sobre su ausencia: un hijo. Y aquella tarde, desesperada, había
estado a punto de suicidarse... y me había llamado para resistir a la tentación. Me había
llamado a mí, con su alma, a mí que no sabía nada en concreto, que la creía fuera por
motivos de trabajo, que no quería creer aquella "voz" del miércoles de pasión.
Después, a veces, he visto a Jesús niño sobre los siete, diez años. Bellísimo. Jesús
hombre en la plenitud de la virilidad. Aún más bello.
Pero la sensación más dulce, más llena, más sensible, la he tenido el 2 de marzo de
este año. No se ría, Padre. Pero la he tenido la mañana de la muerte de Giacomino, mi
pobre pajarillo.
Lloraba porque... soy una tonta. Lloraba porque me encariño mucho con todo.
Lloraba porque en mi segregación de enferma desde hace diez años tengo un
verdadero deseo de afectos a mi alrededor, aunque sean afectos de los animalillos. Y
me lamentaba, bajito, con Jesús. Le decía: "Pero, me lo podías dejar. Me lo habías
dado. ¿Por qué me lo has quitado? ¿Eres celoso también de un pájaro?". Después
concluí: "Está bien... toma también este dolor mío. Te lo ofrezco con todo lo demás, por
lo que Tú sabes".
Y entonces he sentido dos brazos a mi alrededor y atraerme contra un corazón, con
la cabeza sobre un hombro. He notado la templanza de una carne contra mi gota, el
respiro y el latir de un corazón dentro de un pecho vivo. Me he abandonado a aquel
abrazo sintiendo sobre mi cabeza una voz murmurarme en los cabellos: "Pero te quedo
Yo. Te tengo Yo, sobre mi Corazón. No llores que te amo Yo".
Y no he llorado más. Y no he sentido más dolor. Note que cuando se me muere un
pájaro, un perro, son llantos que duran meses... Aquel día... terminó todo con el abrazo
16

MARÍA VALTORTA   CUADERNOS DEL 1943 
de Jesús. Alguna vez, menos intenso, se repite.
Después, con el viernes santo de este año, o sea el 23 de abril, el primer dictado de
Jesús, y el 1° de mayo el segundo.
¡Oh! al fin lo he dicho todo y me paro con los hombros tan rotos que me parece
haber llevado la cruz arriba y abajo por el Calvario.
14 de mayo
Pero después del Calvario viene siempre el Paraíso. ¡Qué noche de
bienaventuranza!
Desde las 19 a las 22 medio muerta, hundida en las nieblas del colapso. Desde las
22 a las 24 en duermevela. Después en el desasosiego de la sofocación. Así me cogió
la alarma 14 de la 1,05. Comencé a rezar, como siempre, por aquellos que estaban bajo
las bombas.
Pero después la oración se mutó, sin querer, en dulcísimo coloquio. Me sentía rostro
a rostro con Jesús, mejor contra su Corazón. No han habido largas charlas. No. Breves
frases, de Esposo a esposa, de enamorados, para decirse que nos amamos con todo el
corazón... He quedado perfumada. He quedado saturada, como sumergida en un mar
de alegría, de dulzura, de paz.
He visto disiparse la hora beata con un santo pesar... Pero era justo que tuviera fin.
Sólo en el Paraíso no terminará. Ahora vivo en su recuerdo, en el eco que aún vibra en
el fondo del corazón y que me da ganas de cantar, de reír, de amar, con céntuplo ardor,
a todas las criaturas, porque estoy saturada de amor, nutrida y consumada por él.
19 de mayo Noche
Dice Jesús:
«Éste es el castigo de vuestra soberbia humana. Demasiado habéis querido y así
perdéis incluso aquello que os había concedido tener. Las obras del genio y del ingenio
humanos, dones míos, de los cuales estáis tan orgullosos, se hacen polvo para
recordaros que sólo Yo soy Eterno, que sólo Yo soy el Dios, que sólo Yo soy Yo.
Pero lo que es mío permanece. Ni el hombre ni el demonio lo pueden destruir.
Ningún atentado, ninguna astucia sirve para destruir aquello que Yo hice y que será
siempre igual, hasta que Yo quiera. El mar, el cielo, las estrellas, los montes, las flores
de las colinas y los verdes bosques. Intocables los primeros como Yo mismo, renacientes los segundos de cada frágil muerte a la que les lleva el hombre, como Yo
resucité de la breve muerte que el hombre me dio. Y las plantas troncadas, las hierbas
pisoteadas por la guerra volverán a vivir como Yo las hice el primer día.
Vuestras obras no. No las obras de arte. No volverán nunca más a existir las iglesias
y las cúpulas, los palacios y los monumentos de los cuales os gloriasteis, hechos en los
siglos y sucumbidos en un instante por vuestro castigo. Y también las obras del
progreso caen lo mismo en fragmentos junto a vuestro necio orgullo que se cree un
dios, sólo porque las inventó, y se os vuelven en contra aumentando la destrucción y el
dolor.
Pero mi creación permanece, y permanece más hermosa porque en su
14

Las alarmas, de las cuales se habla en el curso del volumen, son los señales que preanunciaban las incursiones aéreas de la
segunda guerra mundial

17

MARÍA VALTORTA   CUADERNOS DEL 1943 
inmutabilidad, que ningún instrumento rasguña, habla todavía más fuerte de Mí.
Todo lo que es vuestro se destruye. Pero recordaos, pobres hombres, que es mejor
para vosotros quedaros sin nada teniéndome a Mí, que vivir entre los lujos del arte y del
progreso habiéndome perdido a Mí. Una sola cosa es necesaria para el hombre: el
reino del espíritu donde Yo estoy, el Reino de Dios».
21 de mayo
Reflexiono sobre el último coloquio entre usted y yo y en su deseo de que le diga si
me he dado cuenta de haber hecho un poco de bien a las almas.
Sí. Por bondad de Dios, sí. Por mérito mío es, por lo menos, muy incierto, salvo
algún caso en que es seguro porque en esos casos he pagado yo, de persona.
Hasta el 1923 he tratado de llevar al bien a las almas, pero a un bien puramente
humano. Me he mostrado recta, seria, pasablemente buena, para llevar a otros a serlo
también. Pero no miraba a fines sobrenaturales. Era una obra, diré así: de bonificación
puramente limitada a un código de moral humana. Era ajena a mi modo de actuar la
idea de hacer algo agradable a Dios, de hacer algo útil a las almas. Obedecía a mi
instinto, naturalmente recto, complaciéndome también de ser citada como modelo. Esto
me ha salvado, muy probablemente, de pasos falsos. Era, quizás, el fruto natural de
tantas oraciones puras hechas en la infancia y después en la adolescencia, en el
colegio, que me alcanzaban el permanecer buena al menos según el concepto humano
y de llevar así a otros a serlo.
Después, hecha la luz en mí, comprendí que era necesario elevar la bondad natural
a un plano sobrenatural, preocupándose no de lo útil que podemos tener en esta vida
por ser buenos, sino de lo que será útil en la vida eterna. Comprendí que es necesario
ser buenos y llevar a otros a serIo, no por nuestra alegría, sino por "atención" a Jesús.
Helo aquí. Encontrada esta verdad lo encontré todo, y todo cambió. Empernada toda
mi forma de existir sobre el amor, también mi modo de actuar cambió método y
aspiración. Por ello, desde 1923, dejé caer cada vez más abajo y en la sombra mi yo
humano, con todas sus humanas sensaciones, ideas, obras, etc., etc., y sin nunca más
reflexionar sobre aquello que podía, humanamente, producirme el seguir el camino de
Dios, me ocupé sólo de aquel camino por el que encaucé a mí misma y... aspiré detrás
de mí misma a muchos otros.
La primera criatura llevada a Dios con la palabra y con la oración -se lo he dicho ya
15
- fue una viejecita de más de 70 años, y después, arriba, arriba, con un modo o con
otro, he pescado otros pececillos metiéndoles en el vivero del Señor.
Desgraciadamente he tenido algunos tan... vivaces que una vez pescados se han
escabullido de nuevo, prefiriendo el barro fangoso y el agua pútrida y estancada a la ola
pura, cristalina, beatificante del divino vivero.
Pero los abandonos de algunos, mis derrotas, no me han amilanado. He continuando
lo' mismo hablando de Dios incluso cuando estaba convencida de hablar a un corazón
impenetrable. He continuado orando y actuando indiferente a las ironías, a los desaires,
a las desilusiones. ¡Algo bueno quedará en esos corazones! ¿No le parece? Y Dios
hará el resto. Las derrotas sirven para mostrarme que yo sin la ayuda de Dios soy
menos de cero. Las victorias sirven para mostrarme que la benignidad de Dios es tan
15

En la Autobiografía

18

MARÍA VALTORTA   CUADERNOS DEL 1943 
paterna y grande que está siempre dispuesta a escucharnos cuando pedimos cosas
justas, y ayudamos cuando trabajamos en su honor.
Le he hablado de aquella niña, salvada de la muerte 16. Y no me repito. Hablando le
he dicho que ni uno de aquellos que he encomendado al Señor, entre los combatientes,
ha perecido. Le puedo también añadir que muchas de las cosas que pido de parte de
otros las obtengo. Más bien es difícil que no las obtenga. Jesús es tan bueno que no
me niega nada de aquello que yo pido para mis hermanos. Si acaso es más reacio
conmigo, para cosas que yo pido para mí misma.
Pero quizás depende de que yo rezo más por los demás que por mí y también del
hecho de que para mí no recurro a ciertos medios... draconiano s que ponen al buen
Jesús en la imposibilidad de negarme una cosa. Quizás también depende de que yo...
sé decir "gracias" a Jesús cuando me concede un favor. ¡Son tan pocos los que saben
decide ese "gracias" que no se niega siquiera al barrendero que nos limpia la acera!...
Se trata al buen Dios como a un siervo obligado a satisfacemos... y el buen Dios desea
tanto oír decir: "¡Gracias, Padre!".
De mis muchachas puedo decir que he puesto en ellas una huella que no morirá,
aunque si por ahora, al menos en una, parece huella destruida. En mis amigos lo
mismo y lo mismo en mis antiguas oyentes de cuando daba las conferencias.
Sí, puedo decir, sin falsas modestias, que no he pasado inútilmente sobre la tierra.
Como puedo decir que he visto y veo llover en mis manos las gracias que pido. Dulce
lluvia que yo derramo sobre los corazones, contenta sí por ella, obtenida incluso a
precio de sangre, un alma se vuelve a Dios y se estrecha a Él cada vez más. Estoy tan
contenta cuando oigo decir a uno por el cual he orado: "¡He obtenido la gracia!".
Contenta porque pienso que en aquella hora, ese está con el corazón contento y por
ello es bueno, contenta porque cada vez me convenzo más de cómo Jesús me ama.
Hay una Religiosa mía, ahora Provincial en Roma, que dice abiertamente que se ha
dado cuenta de que aquello que yo pido lo obtengo y que por ello cuenta conmigo. ¡Oh!
pero la pobre María lo obtiene todo porque ha sabido hacer como Jesús: ponerse en la
cruz. y después, confiar, confiar, en Jesús, con una confianza mucho más grande de la
que tuve en mi padre.
Muchos no obtienen porque no saben dirigirse a Dios como a un verdadero Padre,
Hermano,.Esposo, y le hablan con afectación. Parecen los discursos ampulosos de las
antiguas tragedias o de los embajadores: "Señor, en este fastuoso día... Con el ánimo a
vuestros.
pies nos humillamos etc., etc.,". ¡Oh! ¡no! No es mi estilo. Yo con la sonrisa, con las
lágrimas, con la sencillez, la insistencia, la seguridad, hablo a Jesús hasta que Él
sonríe... y cuando sonríe la gracia es segura.
Y no es para decir que pida poco. ¡Soy una demandante que nunca se da por
contenta! ¡Pero el Señor es tan feliz de hacerle de Rey que derrama sus tesoros! A
veces es talla lluvia de gracias que obtengo, que me quedo asombrada, conmovida,
extasiada.
Quizá no debería decir así, por humildad. Pero miro a María mi Madre, la Humilde
por excelencia... y yo María, de una pequeñez de hormiga respecto a Ella, la imito
cantando el Magnificat, porque también en mí el Señor, sin mirar la pequeñez de su
sierva, ¡ha hecho grandes cosas!
16

En la Autobiografía

19

MARÍA VALTORTA   CUADERNOS DEL 1943 

22 de mayo
Yo me sé explicar mal, probablemente porque soy una flor salvaje nacida, florecida,
crecida únicamente por voluntad de Jesús y no sé de vocablos místicos, no conozco los
matices de las ascética. Nada. Amo porque amo. Vivo como Dios quiere. Gozo o
padezco aquello que Dios me manda o me permite. Pero no sé decir los "nombres" de
esto o aquello que yo siento.
Usted me hace preguntas a las cuales no sé responder, y como no quiero hacer caer
en error. a nadie dando por mi cuenta un concepto que no responda a la verdad,
humildemente le digo lo que sé, como lo sé, y nada más. Quizás usted leyendo y
hablando conmigo entenderá mejor que yo a qué punto estoy.
Hace poco me ha preguntado si yo alguna vez he estado absorbida en Dios hasta el
punto de no advertir nada más.
Pues no sé si he entendido bien su pensamiento. Si usted habla del éxtasis, como se
entiende normalmente, ciertamente no lo he tenido nunca. Si en cambio habla de ese
sentido extático en el cual no está suspendida la vitalidad humana, pero toda la vitalidad
está concentrada en un punto, polarizada en él, de modo que cualquier otra cosa pierde
valor y se vive entre las cosas de cada momento como circundados por un vestido que
nos aísla y protege, haciendo a nuestro alrededor como un velo de fuego dentro del
cual nos movemos y actuamos mirando únicamente el fulero que nos atrae, entonces
sí, lo he tenido muchas veces. Todo el mundo, que nos apremia alrededor, pierde forma
y valor hasta el punto de aparecernos (durante unos instantes) como algo quimérico
mientras que la realidad verdadera es lo que las potencias de nuestra alma adoran,
absorben, viven. No sé si me he explicado.
Creo que si esto durase mataría en poco tiempo. Pero creo también que quien ha
vivido, aunque sólo una vez, tal experiencia mística, queda signado para toda la vida.
Es como un crecimiento de nuestra vitalidad espiritual, un pasaje de una edad menor a
una edad mayor por lo cual, después de cada inmersión en esta experiencia mística,
nos encontramos crecidos en gracia y en sabiduría espiritual. Y así permanecemos para
siempre, si sabemos ser dignos de ello.
No sólo, hasta creo que, aunque si por debilidad humana, tenemos alguna vez una
caída, pero no poniendo en ello la malicia, la gracia conseguida anteriormente no se
anula: queda entorpecida, esto sí, de modo que se retrasa el episodio de una nueva
inmersión en la "alegría de gustar y ver la esencia de Dios" (creo que lo que se prueba
sea esto), pero no se pierde el beneficio conseguido. Sólo actuando con persistente,
consciente malicia, se pierde.
Es necesario pensar que esta "alegría", que nos abstrae de lo sensible humano para
sumergirnos en un sobre sensible divino, nos viene donada por Dios y por ello de un
Ser que no desperdicia sus dones donándolos con imprevista prodigalidad. Se supone
por ello que Él, junto con el don, dé otras fuerzas aptas a hacernos capaces de
defender su don en nosotros, contra los enemigos que están en nosotros mismos: la
carne, las pasiones, etc. etc., y por ello sólo una querida, sacrílega malicia puede
hacernos incapaces de conservar el don de Dios en nosotros.
¡Si al menos me hubiera explicado bien! Pero repito: soy una analfabeta en la ciencia
mística. y por ello digo con palabras humanas aquello que es sobrehumano.
Hoy me había venido a los labios una pregunta que me quema saber: "¿Ha sentido
20

MARÍA VALTORTA   CUADERNOS DEL 1943 
mis oraciones en estos días? ¿Han conseguido el fin por el cual las hacía?". No le he
preguntado nada; poniendo también este pequeño sacrificio en la hoguera donde ardo
por tantas cosas, de tantos modos. Éstas parecen tonterías. Pero a veces cuestan una
verdadera fatiga. Se suda para cumplirlas...
¡Oh! Padre, ¡qué martirizante es el amor! ¡El amor cuando precipita con toda su
violencia en un corazón que es demasiado pequeño para contenerlo!
¡Oh! Padre, ¡cómo entiendo el deseo, la necesidad de los enamorados de Cristo de
poner soledad alrededor de sus ardores! Cómo deseo la noche que me da la ocasión
de estar sola, cuando el amor me embriaga, me tortura, me da lágrimas y risas.
¡Si le pudiera hacer ver lo que siento! Entiendo, en ciertos momentos, cómo se
pueda morir de amor. Y sin embargo, por nada del mundo, quisiera ser librada de esta
suavísima angustia que es agonía para la carne, que no puede soportar la fuerza sin
sentir que se rompe, y que es bienaventuranza para el espíritu.
Pienso en una frase del Cantar de los Cantares, cuyo recuerdo me aletea en la
mente: "Extendedme sobre las flores, apoyadme en los manzanos, porque peno de
amor". Me parece que diga asÍ... y dice tan bien porque realmente se siente languidecer
destruidos por el amor.
24 de mayo
¡Qué bueno es el Señor! Cuando yo contemplo la bondad infinita de Dios siento que
el corazón se me derrite de gratitud y de amor. Y también de dolor porque veo qué
pocos son aquellos que ven cuán bueno sea el Señor.
Muchos para decirle "bueno" quieren de Él cosas estrepitosas, para después
proclamarle no bueno si apenas a uno le roza algo desagradable. Pero es "bueno"
siempre, es un verdadero "Papá" para sus hijos fieles, y es bueno también con los
menos fieles para los que dispensa infinitos tesoros de amor paciente que sabe esperar
el arrepentimiento.
¡Pero con sus hijos fieles! Con los que ponen su mano de hijos en su mano de Padre
y van así, mirándole con el santo, amoroso orgullo de hijos enamorados del padre, ¡oh!
¡con esos, qué poema, qué perfección de bondad obra Dios!
Tiene previsiones conmovedoras de todas las horas, de todos los acontecimientos.
Él convierte en realidad no sólo las necesidades sino también los mínimos deseos de
sus pequeños hijos fieles y nos da estas realidades como dones, como premios,
precisamente como un buen "Papá", para alegrarnos.
Pienso en esa frase evangélica: "No hay nadie que haya abandonado casa y
parientes por amor mío que no reciba el céntuplo ahora, y en el futuro la vida eterna"; y
en la otra: "Dad y se os dará; una medida buena, apretada, colmada, rebosante, será
derramada en vuestro regazo".
Sí, es justamente así. A quien pone a Dios sobre todas las cosas y hace de Dios su
centro, del trabajo por el Señor su fin, Dios le dona no sólo la merced proporcionada a
lo cumplido sino el "ciento", hasta lo superfluo, en medida desbordante, porque Dios es
tan gran Señor que puede cubrir de tesoros desmesuradamente a sus súbditos fieles, y
es tan buen Padre que alegría es para Él, en la alegría de su Esencia, dar la alegría a
sus criaturas... Ni pueden temer consumirse sus tesoros de Rey y de Padre porque,
como de inagotable fuente, desborda del seno de la Triada Eterna un continuo fluir de
potencia que se desarrolla en gracias para los que lo aman.
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MARÍA VALTORTA   CUADERNOS DEL 1943 

28 de mayo
Mañana del 28 de mayo, viernes
Dice Jesús:
«Ésta es una lección toda para ti.
Yo soy tu Maestro y tú lo reconoces. Tu reconocimiento me alegra. Pero quiero que tu
reconozcas toda la profundidad de cuanto opero en ti. Muchas cosas te he enseñado y
muchas te enseñaré aún porque todavía estás muy lejos de ser como Yo te quisiera.
Una de las últimas cosas enseñadas ha sido la potencia del silencio. Te la he dado a
entender mostrándote 17 a Mí que callo ante mis acusadores de ahora y de antes, ante
Pilatos, y los Pilatos, que no me acusan y, humanamente, no me desprecian, pero que
por miedo no me defienden. He visto que tu has entendido esta lección y que estabas
deseosa de imitarme, aún reconociendo que por ti misma no lo habrías logrado nunca.
Tu deseo y tu humildad me han inducido a obrar. Yo obro siempre cuando veo en
alguien la disposición para dejarse modelar. No soy sólo Maestro; soy también Médico y
sé, como médico, que ninguna visita y ningún diagnóstico bastan para curar si el
enfermo se resiste a someterse al médico. No es la palabra la que salva: es la obra. Así
pues, Yo he obrado en ti estrechándote contra mi Corazón.
Ama mi Corazón, María, porque él te ha sanado de uno de tus defectos principales:
la vehemencia, la resistencia, la falta de flexibilidad ante las cosas de cada momento.
Fastidiosas, chocantes, injustas, es cierto, pero que es necesario transformar en útiles,
justas, amadas, pensando en la vida eterna donde las encontraréis. Estrechada contra
mi Corazón, y tú sabes cuál fue la mañana en la que él no sólo te habló 18 sino que te
purificó con sus llamas. Por ello tu humanidad ha cambiado, perdiendo mucho de
vuestra humanidad podría decir: de la animalidad- y adquiriendo mucho de mi humanidad.
Otras cosas obraré en ti, si te veo siempre voluntariosa y humilde, como otras he
obrado ya para hacerte más agradable a nuestro Padre. Te has dado cuenta de haber
sido curada de muchas cosas y por Quién. De otras, tan suave ha sido mi mano que ni
te has dado cuenta.
Pero piensa esto, para no equivocarte, cuando te miras con sorpresa viendo que en
tus brazos nacen plumas transformándose en alas: todo el bien que ves que ha nacido
donde antes había hierbajos y raíces de mal es mío, te lo he donado Yo. Por ti misma
no habrías podido nada no obstante tu buena voluntad.
Por la última cosa obrada en ti, por la que has llegado a ser imitadora mía en el silencio
que es prudencia, que es caridad, que es sacrificio, y que me complace más que el
incienso, me has alabado proclamando que Yo había hecho la gracia. Este
reconocimiento me impulsa a obrar más.
Soy Maestro y Médico, pero también soy Padre. Y si no fuera el Hombre Dios
quisiera decir: soy Madre para todos vosotros porque como una Madre Yo os llevo, os
nutro, os cuido, os instruyo, lloro por vosotros, de vosotros me glorío. El amor de un
padre ya es distinto. El amor de una madre es el amor de los amores, después del de
Dios. Es por esto que sobre la cruz os he dado a mi Madre. No os he confiado al Padre
17

En la Autobiografía están desveladas o bosquejadas las manifestaciones que la escritora había tenido ya sobre la pasión del
Señor
18
El primer dictado es del 23 de abril

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MARÍA VALTORTA   CUADERNOS DEL 1943 
de quien, muriendo, os rescataba. Os he dado a la Madre porque erais informes o
recién nacidos y se necesitaba un seno de Madre para vosotros.
Sed, sé para mí una hija que reconoce los cuidados dados a su niñez espiritual.
Observa los nacidos de mujer: pocas luces en el pensamiento rudimental de un recién
nacido, pero lo ves sonreír y acariciar el pecho del que le viene la leche. Observa los
nacidos de las bestias: aman el seno materno que les nutre, aman el ala que los cubre.
Tú, mujer hija de mujer, tú, criatura hecha a semejanza de Dios, no seas inferior a los
nacidos de los animales. Reconoce siempre mi seno que te cría, nutre e instruye, y
ámalo con un amor que me compensa y me impulsa a cuidarme de ti cada vez más. No
te canses de amar. Tú sabes lo que quiero decir. No te canses de amar si no quieres
que yo me canse de obrar.
Ve en paz, ahora. Recuerda, escucha y ama. Sabes lo que quiero decir. Así me
harás feliz. Soy Jesús, el Jesús que es el Salvador».
31 de mayo
Inmediatamente tras la Sta. Comunión
Dice Jesús:
«¿Sabes por qué te impresionas incluso de una nadería y no quisieras cometerla?
Porque Yo estoy en ti. Donde estoy Yo no puede subsistir nada que tenga ni tan
siquiera el más lejano parentesco con lo impuro. La sensibilidad de un alma entregada
a Mí es tal que hasta la más exigua tela de araña de mal le resulta gravosa, insoportable, más repugnante que un mar de fango a quien no está conmigo.
Pero esto no es por mérito del alma. Tan sólo porque allí estoy Yo. El mérito del
alma, si lo hay, es sólo uno: su buena voluntad de tenerme y tenerse en Mí. Recuérdalo
y no te gloríes de lo que no es tuyo sino mío. Humildad siempre si Yo debo actuar.
A los ojos del mundo tu eres cándida como la nieve alpina. Pero ante mis ojos aún
estás parda por el polvo que te recubre. ¿Cómo está formado el polvo? Por partículas
tan minúsculas que no se ven a simple vista. Pero muchas, juntas, forman una capa
grisácea que empaña y ensucia las cosas. No hay que tener encima grandes piedras
para morir sofocados o aparecer feos. También un puñado de polvo puede matar por
asfixia y siempre afea.
Las piedras son los pecados mortales. El polvo los pecados veniales. También las
imperfecciones son polvo; más [¡no, pero siempre polvo. Y hay que quitarlo porque si se
acumula, por mucho que cada molécula sea impalpable, insignificante, acaba por
asfixiar el ánimo y ensuciarlo. El mundo no la ve. Yo sí. Hay cosas cándidas, aparentemente, pero que no lo son. Hay cosas puras, aparentemente, pero que no lo son. No
por propia voluntad sino porque otras voluntades las han manchado y corrompido.
Mientras haya vida hay peligro. Es la misma vida la que es peligro.
Mira la nieve. ¡Qué blanca es! Se formó allí arriba, en mi cielo. Mira el lirio. ¡Qué
perlado! Yo he creado su seda. Pero si tú los miras, la nieve y el lirio, con un
microscopio ves cuantos gérmenes impuros se han mezclado, al caer atravesando los
espacios, antes de posarse sobre la tierra, en el copo de nieve más cándido; ves cuantas motas de polvo microscópicas deslucen la angélica seda del lirio recién abierto. Y la
nieve y el lirio, como cosas inanimadas, no tienen culpa si esto sucede.
Pero el alma racional sí. Ésta puede vigilar y prever. ¿Cómo? Con el amor. El amor
es el microscopio del alma. Cuanto más uno me ama y ve las cosas a través de Mí, más
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MARÍA VALTORTA   CUADERNOS DEL 1943 
ve las manchitas de su conciencia. Éstas no me alejan porque Yo sé cómo estáis
hechos. Pero no me alejan si el alma las sufre como inevitables pero no las provoca y,
más aún, trata de limpiarse inmediatamente. Recuérdalo siempre.
Yo permanezco. Aún más, tú debes tratar de tenerme más a menudo, también
sacramentalmente. Nada mejor que mi Sangre para lavar lo pardo de tu alma y hacerla
digna del Rey, de Mí. Has visto lo que ha pasado cuando no me han traído a ti... Tan
sólo mi potencia, obrando un milagro continuo, ha podido sacarte adelante igualmente,
mantenerte la vida del espíritu bajo el polvo que se acumulaba y que no se limpiaba con
mi Sangre.
¡Pero no hay que pretender y osar demasiado! Yo te he salvado para mis fines que
no deben juzgarse ni tan siquiera indagar. Ahora todo vuelve a su cauce, porque el
milagro es la excepción. Y tu debes alimentarte de Mí para ser cada vez más digna de
Mí, poniendo de tu parte: infinito amor, todo cuanto puedas exprimir de tu ser hasta
quedar exhausta, infinita voluntad de bien, infinita atención, infinita humildad,
reconociendo tu nada y mi Todo, e infinita voluntad de pureza. Sobre ésta me basta
esto, por ahora, y la separo a propósito de la voluntad en general, como voluntad
excelsa.
Estamos en tiempos de alarmas y si no vigiláis el enemigo os ataca. Pero ¿qué son
las bombas y los ataques del enemigo, que sólo pueden matar el cuerpo, respecto de
las insidias del Enemigo que quiere matar vuestra alma? ¡Esa alma que Yo he
rescatado al precio de un Dolor y de una Sangre que no tienen precio! Sube a mi
monte, agárrate a mi Cruz y vigila por ti, sobre ti, sobre muchos. Y ora.
Yo te amo y la alegría que sientes en ti es la prueba de mi amor y de que tú me
satisfaces bastante. Cuando Yo estoy en paz con un corazón, doy paz y alegría. Éste
es el signo.
Respecto del futuro... ¡¿Qué quieres saber, pobre alma?! No estás lejos de la
verdad, y esta mañana la has rozado... Pero ¿tendrías el valor de conocerla
plenamente? Da gracias a mi misericordia que, por ahora, te la esconde en una buena
parte. Ora. Pentecostés está cerca.
Con relación al Padre dile: "Quien vive en caridad y en pureza está ya sobre un
calvario y me place. A Mí me toca dar a cada uno, en la manera que prefiero, la cruz
que le corresponde".
Ve. Mi paz te doy».
Y ahora hablo yo.
Esta mañana, abriendo al azar el Evangelio, se me abrió primero por el capítulo:
"Enseñanzas de Jesús. S. Mateo cap. 5", después el primer capítulo de S. Lucas y
precisamente del versículo 8 al versículo 24. Llegando al v. 20 he tenido una sacudida
que se ha repetido más fuerte en el v. 24. Se lo he mencionado esta mañana.
Como a través de los velos o de las distancias he entendido que allí hay una
referencia a todos nosotros. Pero no he visto claramente. Sin embargo me he quedado
bajo esta penosa impresión que perdura como gota de amargura en medio de la
dulzura que me inunda.
Le ruego que guarde para sí todo cuanto le digo y le escribo. Crea que me cuesta
mucho tener que decir y hacer conocer ciertas cosas. ¡Me parece tan imposible que me
sucedan! Y pensar que es una Voluntad tan prepotente que no deja en paz hasta que
no se le ha hecho caso.
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MARÍA VALTORTA   CUADERNOS DEL 1943 
Esta mañana he tenido que dejar a medias la acción de gracias de la Comunión,
porque ya no comprendía nada de lo fuerte que sonaban las otras palabras
imponiéndose para ser escritas. Después, al fin, he podido rezar. Pero antes he tenido
que dejarlo. Y después me he quedado con el eco de aquellas palabras en el corazón, y
las voy meditando. Por mi parte no habría podido añadir nada aparte de esta
aclaración.
1 de junio
Dice Jesús:
«Para ser salvados, ¡oh pobres hombres que tembláis de miedo!, bastaría que vosotros,
como hijos verdaderos y no como bastardos de los que Yo soy el Padre tan solo de
nombre mientras que el verdadero padre es el otro, supierais arrebatar de mi Corazón
una chispa de mi Misericordia. Y no quisiera más que dejármela arrebatar.
Estoy con el pecho abierto para que podáis llegar a mi Corazón con mayor facilidad.
He dilatado la herida de la lanza en mi Corazón para que podáis entrar en él. Y no
favorece. He utilizado vuestras innumerables ofensas como cuchillo sacrificador para
reabrirla cada vez más porque el Amor sabe hacer esto. Hasta el mallo convierte en
bien, mientras que vosotros utilizáis todo el bien que os he dado -y hasta me he dado a
Mí mismo que soy el Bien Sumo- de forma tan obscena que se convierte en instrumento
de mal para vosotros.
Estoy con mi Corazón abierto que gotea sangre, como de mis ojos fluyen lágrimas. Y
caen, sangre y llanto, inútilmente en la tierra. La tierra es más benigna que vosotros con
su Creador. Abre sus arenas para recibir la Sangre de su Dios. Y vosotros, en cambio,
me cerráis vuestro corazón, único cáliz en el que Ella quisiera descender para encontrar
amor y donar alegría y paz.
Miro mi rebaño... ¿Mío? Ya no es mío. Erais mis ovejas y os habéis ido de mis
pastos... Fuera habéis encontrado al Maligno que os ha seducido y no os habéis vuelto
a acordar de que con el precio de mi Sangre Yo os había reunido y salvado de los lobos
y de los mercenarios que os querían matar. Yo he muerto por vosotros, para daros la
Vida y la Vida plena como Yo la tengo en el Padre. Y vosotros habéis preferido la
muerte. Os habéis puesto bajo el signo del Maligno y él os ha transformado en machos
cabríos salvajes. Ya no tengo rebaño. El Pastor llora.
Tan sólo me ha quedado alguna corderita fiel, dispuesta a ofrecer su cuello al cuchillo
del inmolador para mezclar su sangre, no inocente pero amante, con la mía
inocentísima, y colmar el cáliz que será alzado el último día, para la última Misa, antes
de que seáis llamados al tremendo Juicio. Por aquella Sangre y por aquellas sangres,
en la hora final, Yo podré cosechar mi última mies entre los últimos salvados. Todos los
demás... Servirán como paja para el reposo de los demonios y como ramajos en el
incendio eterno.
Pero mis corderitas estarán conmigo. En un lugar elegido por Mí para su
bienaventurado descanso tras tanta lucha. El lugar es distinto del de los salvados. Para
los generosos hay un puesto especial. No entre los mártires y no entre los salvados.
Son menos que los primeros y mucho más que los segundos y están en el medio entre
las dos hileras.
Perseverad, vosotros que me amáis. Por aquel lugar merece la pena toda la
fatiga presente porque es la zona de los corredentores, a la cabeza de los cuales está
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MARÍA VALTORTA   CUADERNOS DEL 1943 
María, mi Madre».
Dice aún Jesús:
«Creen que la penitencia sea algo inútil, superado, una pacífica manía. Sólo la
penitencia y el amor tienen peso a los ojos de Dios para detener los acontecimientos y
desviarlos.
Tenéis más necesidad de amor que de pan. Pero por el pan os afanáis a
procuráoslo, robándoos el mendrugo los unos a los otros como perros hambrientos y,
en realidad, diferís poco de ellos, dispuestos como estáis a destrozaros por un puñado
de tierra y por un humo de orgullo. Mientras que para adquirir y poseer el amor no
hacéis nada. No os cuidáis de ello.
Pero ¿sabéis, oh desgraciados, lo que hacéis descuidando el amor? Perdéis a Dios,
su ayuda en la tierra, su visión en el cielo. ¿Qué debo hacer para haceros entender esto
si mis flagelos no bastan, si mis bondades no sirven? ¿Cómo debo hacer descender al
Paráclito, en qué forma, para que os invista y os salve? Si el globo de fuego llevado por
el viento veloz descendiera, para una nueva Pentecostés, sobre cada uno de vosotros no dividiéndose en llamitas que fueron suficientes, entonces, sobre los pobres
pescadores, rudos e ignorantes pero amantes de Mí- descendiera pleno sobre cada uno
de vosotros, no bastaría igualmente para encenderos de Dios. Antes deberíais
desalojar el alma de vuestros falsos dioses, y no lo queréis hacer porque los preferís a
Mí, Dios verdadero.
Estáis perdidos, si no se cumple un milagro. Volveos y orad al Amor».
2 de junio.
Dice Jesús:
«En este mes dedicado a mi Corazón y que este año reúne las solemnidades que son
otras tantas manifestaciones de amor hacia Nosotros, Trinidad divina, ¿qué hacéis
vosotros? Es un mes de amor y vosotros lo convertís en un mes de infierno que odia. Y
así también el mes de María, mi Madre, y así Abril, en el que Yo morí, hace ya 20
siglos, y que os trae de nuevo mi Pascua. Para vosotros es siempre así.
El amor, la bondad, la queréis sólo de Dios y en Dios. Pero vosotros no queréis
amarnos, amaros, ser buenos. Sí. No queréis amarnos. Vuestras oraciones son inútiles
porque fluyen a vuestros labios no por el amor sino por el egoísmo. Queréis ser
preservados del mal. Pero no decís: "Pero que se haga lo mismo a nuestros enemigos".
No. Para ellos suplicáis destrucción y ruinas. Aquello que no queréis para vosotros. No
hay latido en vosotros que no tenga por secreto resorte odio y egoísmo. Y así vuestras
oraciones parecen globos que suben por una estrecha vía y después explotan
recayendo al suelo.
Probad a oramos con amor, amor por todos, y Yo os ayudaré. "Que si hacéis el bien
a quien os quiere, ¿qué mérito tenéis?". Sed semejantes a Nosotros que hacemos
llover sol yagua sobre justos e injustos, dejando sólo a nosotros el derecho de juzgar,
cuando llegue la hora.
La Ley y la Palabra son siempre iguales, son siempre aquéllas, hijos que no nos
amáis. Veinte siglos son nada ante la::; verdades eternas. Yo, el Verbo, no he venido a
cambiar la Ley. Ni siquiera Yo que soy el Verbo. Y vosotros la habéis cambiado porque
sobre mi Ley y sobre mi Palabra habéis puesto una superposición de vuestras necias
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MARÍA VALTORTA   CUADERNOS DEL 1943 
palabras, de vuestras leyes ciegas y crueles. Habéis creído cambiar así la Ley y la
Palabra, y progresar.
Sí. Habéis progresado. Pero como uno que no vea más la luz habéis progresado no
hacia la meta: Dios, sino hacia el punto opuesto. Habéis retrocedido hacia la
animalidad. Estáis matando vuestra alma. ¿Cómo? ¿Sabéis gritar por los espacios:
"Salvad vuestras almas" y después las matáis vosotros? Pero cuando un naufragio
hunde una nave, solamente vuestros cuerpos mueren y mis ángeles están preparados
a llevar a los cielos las almas de aquellos que han expirado con mi nombre y el de
María, mi Madre, en los labios. Mientras vosotros, en el naufragio de vuestra filiación de
hijos de Dios, matáis vuestras almas. ¡Oh! ¡pobre Corazón mío!
Hablo contigo, María, que sabes lo que quiere decir ser desamada, ofendida, no
reconocida, traicionada, y que lo has sufrido hasta enfermarte. Tú puedes entender mi
tormento comparándolo con el tuyo.
El amor ignorado es un tormento. Y el mío es un infinito amor infinitamente ignorado.
No son dos o tres personas las que han faltado, como contigo. Para Mí son millones de
personas que en veinte siglos me han desamado, ofendido, despreciado. Y mi Corazón,
que ama con la perfección de un corazón divino, se ha dilatado en el sufrimiento del
dolor. La lanzada no ha sido dolorosa en comparación con las heridas que me ha
infligido, en veinte siglos, en el Corazón, la raza humana. Yo soy Dios y no padezco
enfermedad humana; pero en cambio padezco, en mi Humanidad, el dolor. Y vosotros
me dais un dolor infinito y continuo.
Debo refugiarme en el corazón de mi Madre para superar ciertas horas de
sufrimiento atroz por vuestras indignidades, debo mirar a mis confesores para atenuar
el amargor de lo que sois vosotros, hombres, para Mí que os he amado hasta morir. No
queremos coronas preciosas sobre las cabezas de las imágenes que me representan y
representan a la Madre mía y vuestra, mientras que vosotros nos claváis continuamente
espinas junto a las cuales las de mi corona eran rosas.
Una única corona queremos de vosotros: "Vuestro amor". Un amor que sea
verdadero, de cada hora, en cada ocasión. Bastaría que esto ocurriera en pocos
corazones, en cada nación, para que el mal fuera vencido por el Bien. ¿No bastaron
doce verdaderos apóstoles, apoyados en el Corazón de María, para llevar al mundo la
Caridad? Pero vosotros ahora sois peor que los Gentiles y que los Judíos».
Dice aún Jesús:
«Esto es para ti. Considera el valor de las cosas, incluso las pequeñas, si me son
ofrecidas con amor.
Yo no te he abrazado cuando, en un gran dolor y en una gran prueba, te has
resignado, porque no podías hacer de otra forma, o cuando en una hora de gran fervor
me has ofrendado a ti misma. Te he estrechado al Corazón por una cosa que a los ojos
humanos puede parecer una nimiedad. Pero Yo la juzgo como Dios y no como hombre.
Tu espontaneidad al dedicarme aquella pena sin que Yo hablase ni ningún agente
externo te presionase, me ha conmovido impulsándome a premiarte enseguida. Tú
sabes cómo.
Recuerda siempre y sé siempre dócil a mi Voluntad que debes ver en todas las
cosas, incluso en las más minúsculas, y que siempre debes pensar como movida por un
deseo de bien para ti. Debes ser como una hierba florecida que se curva y se alza a
cada soplo de Amor, porque mi Voluntad es Amor. Y en ti todo debe responder a este
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MARÍA VALTORTA   CUADERNOS DEL 1943 
Amor mío con el amor. También la mirada con la que miras a tu prójimo debe ser
mirada de amor, siempre. De esta forma hasta una simple mirada te hará merecer una
caricia mía.
No juzgues nada despreciable, en lo que se refiere a lo sobrenatural. La vida está
hecha de cosas comunes pero que, revestidas de amor, llegan a ser excelsas. Mi
Madre ha sido tan grande y digna de la admiración de los ángeles en el instante de su
"fíat" como cuando, dejando las contemplaciones de los más altos misterios y la meditación del dolor que le había herido a través de su Criatura, se dedicaba a las humildes
obligaciones de la mujer lavando, con amor, mis pañales, cocinando, con amor, el
alimento al esposo, arreglando, con amor, la casa, escuchando, con amor, las
necesidades de los vecinos.
El amor está siempre dispuesto, dócil, dulce, alegre, generoso, paciente. Y es el
amor el que abre los cielos y hace descender nuestra Trinidad, que viene a los
corazones no solamente con todos sus fulgores, sino también con todas sus ternuras.
Yo te quiero llevar a ser más dócil, tierna y fuerte que una madeja de seda. Si
Yo quiero recrearme contigo, si yo quiero mostrar que soy el Rey, el Dueño, tú no debes
reaccionar, lamentarte, fruncir el ceño. Si después de haberte tenido durante años en
una cama Yo quisiera sacarte de ella ¿qué habría de sorprender? Sería dueño de
hacerlo y tú deberías ser generosa pronunciando el "fíat" de la curación como lo fuiste
para pronunciar el "fíat" de la enfermedad.
He curado tu alma, podría curar tu cuerpo que está siempre menos paralizado de
cuanto no lo estuviera tu pobre alma tiempo hace. Y tú me lo deberías agradecer, aún
cuando la curación quiere decir demora de nuestro encuentro en el Paraíso, quiere
decir peligro de vivir en el mundo, quiere decir restitución de tu don. Si Yo lo hiciera
tendría mis fines y tú, para complacerme, deberías estar alegre siempre, como ahora.
¿De qué está compuesta la miel? Del jugo de mil flores. ¿De qué está compuesta la
perfección? Del fruto de mil sacrificios. Una abeja que quisiera nutrirse sólo de una flor
haría poca miel y empalagosa. Otra que mezcla el jugo de flores dulcísimas con el de
otras amargas, de flores de sabor delicado con otras de aroma picante, produce una
miel abundante y saludable. Así sucede con el alma. Es necesario que te acostumbres
a ver en todas las cosas a tu Jesús que las preordena para tu bien y de todas ellas te
debes servir para progresar.
Mira, para no equivocarte debes hacer así: ¿miras a tu prójimo? Piensa que me
miras a Mí. ¿Hablas con tu prójimo? Piensa que hablas conmigo. ¿Haces cualquier
favor, cualquier trabajo por tu prójimo? Piensa que soy Yo quien te lo ha pedido.
Entonces progresarás. ¡Ay si uno se para a reflexionar a quién dirige la mirada, la
palabra, la obra! Muy pocas veces hablaría, miraría, actuaría con aquella caridad que
me hace agradable vuestro actuar. Yo, sobre la tierra, lo hacía todo pensando en mi
Padre y en vuestra redención. Tú hazlo todo pensando en Mí y en la redención de los
pecadores.
No basta con que te resignes cuando Yo te lo impongo quitándote aquello que juzgo
justo quitarte para tu bien. Es necesario que tú te sacies y nutras jubilosa con todos los
cálices que te ofrezco, corriendo a su encuentro, bendiciendo al Amor tanto cuando te
los ofrece como cuando te los aparta, pidiéndome además que te los dé para impedir
que Yo los beba, cuando son amargos.
Así te querré, me serás tan querida que Yo te amaré hasta el punto de suspirar
ardientemente por tenerte para siempre en mi Reino. Sólo el amor me impulsa a dejarte
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todavía aquí para hacerte más buena. Sólo el amor debe impulsarte a ser más buena
para volar pronto hacia Mí».
3 de junio 19
Dice Jesús:
«Muchos me piden un signo. ¿Qué signo? ¿Signo de la hora o signo de mi poder?
El signo de la hora ya lo tenéis. Repito 20: "Yo no he venido a cambiar la Ley". Sois
vosotros quienes la habéis cambiado. Y Yo no cambio mi Palabra. Aquello que he
dicho, dicho está. Todo cuanto debía suceder, desde el momento en que Yo hablaba,
Hombre entre los hombres, hasta el momento en que Yo venga, Dios hijo de Dios, a
juzgar a los hombres, está contenido en mi Evangelio.
Sois vosotros, necios que tenéis la cabeza llena de mil ruidos inútiles y de
pensamientos perversos, quienes ya no entendéis todo lo que he dicho. ¿No estáis
acaso salados con el fuego, con aquel fuego que salará eternamente a mis enemigos?
Éste que os arde ahora y que baja sobre vosotros para destruiros y conduciros cada
vez más a la blasfemia y a la herejía no es más que un anticipo de lo que será el fuego
del que Yo hablo, destinado a los escandalosos que no se convierten. Y vosotros sois
de éstos. Sólo os preocupáis del cuerpo y de las riquezas inicuas, y pisoteáis
conciencias y altares, y profanáis todo cuanto tocáis, y me matáis en vosotros a Mí
mismo una segunda vez.
He aquí los dones que os sabe dar Lucifer bajo cuyo signo os habéis puesto. La
Bestia sopla por su boca el fuego después de haberos sumergido en el mal de la
corrupción. Son sus dones. No puede daros otra cosa. Mientras que Yo os había dado,
junto a Mí mismo, todos los tesoros de la gracia.
¿ Queréis un signo de mi poder? ¡Pero si hace veinte siglos que os estoy dando este
signo! ¿Para qué ha servido? He abierto sobre vosotros los torrentes de mis gracias y
los he hecho descender desde el Cielo sobre la tierra en mil y diez mil milagros. He
curado a vuestros enfermos, he calmado vuestras guerras, he hecho prosperar vuestros
negocios, he respondido a vuestras dudas, incluso sobre cosas de fe, porque conozco
vuestra debilidad que no cree si no ve, he venido a repetir mi doctrina, he mandado a mi
Madre para que con su dulzura os inclinara a la penitencia y al amor. ¿A qué ha servido?
Me habéis tratado como a un tonto, aprovechando mi potencia y mi paciencia,
convencidos de que Yo, después de haber hecho el milagro, no volviera a acordarme
de ello. No, hijos de mi dolor. Todo está señalado en el gran libro de mi Inteligencia y no
he usado tinta para escribir en ella, sino el carbón encendido del Amor. Y todo es
recordado.
Os habéis aprovechado de la venida de mi Madre para fines humanos, la habéis
hecho objeto de risa y de comercio. ¿No sabéis que María es mi Templo y mi Templo
es casa de oración y no cueva de ladrones? Sus palabras, tan afectuosas, tan
suplicantes, tan llenas de llanto, por vosotros que le habéis matado al Hijo - y ni siquiera
sabéis dar fruto de tanto sacrificio- os han sonado como canción inútil. Habéis seguido
vuestro camino de perdición.
19
20

Sobre una copia escrita a máquina, la escritora anota a lápiz: En respuesta a una pregunta de Marta.
Ya en el dictado del 2 de junio

29

MARÍA VALTORTA   CUADERNOS DEL 1943 
Mis mensajeros, las almas que, viviendo como deberíais vivir todos, han llegado a
ser mis pregoneras para repetir una vez más la palabra de mi Corazón, los habéis
tratado como "locos" y "poseídos" y alguna vez los habéis matado, siempre
atormentado. También Yo, por la generación adúltera y homicida de mi tiempo mortal,
fui llamado "loco y poseído".
¡El signo! El signo lo tenéis y no sirve para devolveros mi Paternidad. No os será
dado más signo que éste. Buscadlo en mi palabra y en vuestra conciencia, si es que
todavía lográis encontrarlo vivo bajo el montón de libídine, adulterios, fornicaciones,
robos, homicidios, envidias, blasfemias y soberbias bajo las cuales lo habéis lapidado.
Es la Ascensión. Antes de ascender Yo bendije a mi Madre y a mis discípulos. No
podía bendecir a otros porque los demás me habían rechazado y maldecido. También
ahora bendigo a mis discípulos porque los demás no me quieren y blasfeman sobre mi
bendición».
4 de junio
Dice Jesús:
«Amo a todas las almas. Amo las de los puros que viven como mi Corazón desea para
vuestro bien, las de los mansos como Yo soy manso, las de los generosos que expían
por todos y continúan mi Pasión, las de los misericordioso s que me imitan respecto a
sus hermanos. Amo a los pecadores porque por ellos me hice Redentor y subí a la cruz.
Sus pecados me producen dolor pero no extinguen mi amor por ellos, no extinguen el
deseo de estrecharles arrepentidos en mi pecho. Amo las pequeñas almas que no
están exentas de imperfecciones pero que son ricas de amor que anula las
imperfecciones.
Te amo a ti, que te llamas María, el más dulce de los nombres para Mí. El nombre de
mi Madre. Ese nombre que es escudo y defensa contra las insidias del demonio, ese
nombre que es música del cielo, ese nombre que hace estremecerse de alegría a
Nuestra Trinidad, ese nombre del cual me rodeé en la vida y en la hora de la muerte.
María Magdalena, María de Cleofás: las fieles mías y de mi Madre.
Cree en este amor para ti. Siente este amor a tu alrededor. ¡Pobre alma! Sólo
puedes encontrar mi Corazón que te sepa amar como tú necesitas.
Te he amado tanto que hasta he satisfecho tus caprichos 21, no demasiado
razonables en realidad, avalando con hechos reales tus castillos en el aire. No porque
eso me guste, sino porque no quería empequeñecerte ante el mundo y porque sabía
que incluso aquellos caprichos se transformarían más tarde en arma de penitencia y de
amor, y por ello de santidad.
Te he amado tanto que he sabido esperarte... Te miraba hacer la cabritilla caprichosa
y a veces sonreía, a veces me entristecía; pero no me enfadaba nunca porque sabía
que mi cabritilla llegaría a ser cordero un día.
Si no te hubiera amado como te he amado, ¿crees que serías lo que eres? No.
Piénsalo bien, habrías empeorado cada vez más. Pero Yo estaba velando.
No tengas miedo de mis caricias. Jesús nunca da miedo. Abandónate. Con tu
corazón y con tu generosidad. Dame todo. Y cógelo todo de Mí.
Anoche, esta mañana, has puesto, en la gran hoguera del sacrificio por la paz, tu
21

La frase viene recogida y explicada en el dictado del 12 de junio

30

MARÍA VALTORTA   CUADERNOS DEL 1943 
macito de sacrificios y lo has puesto con una sonrisa sacada del amor, luchando contra
las lágrimas humanas que querían salir, contra los susurros del Enemigo que te quería
turbar. ¡Oh! ¡querida! No se olvidará este sacrificio tuyo hecho con alegría de amor.
Ahora te pido una cosa. Tú sabes, y con dolor lo tienes presente, que muchas
partículas se desparraman entre suciedades y ruinas en la devastación de las iglesias.
Es como si me atropellaran, porque Yo estoy en el sacramento. Pues bien, coloca
imaginariamente tu amor como una alfombra preciosa, como un mantel de lino purísimo
para recogerme a Mí-Eucaristía, golpeado, herido, profanado, expulsado de mis
tabernáculos, no por los hombres pequeños que destruyen mis iglesias -ellos no son
más que instrumentos- sino por Satanás que les mueve. Por Satanás que sabe que los
tiempos aprietan y que ésta es una de las luchas decisivas que anticipan mi venida.
Sí. Detrás del disfraz de las razas, de las hegemonías, de los derechos, detrás del
móvil de las necesidades políticas, se ocultan, en realidad, Cielo e Infierno que
combaten entre ellos. Y bastaría que la mitad de los creyentes en el verdadero Dios pero ¿qué digo? menos de esto, menos de un cuarto de los creyentes- fuera realmente
creyente en mi Nombre para que las armas de Satanás fueran domadas. Pero ¿dónde
está la Fe?
Ámame en la Eucaristía. La Eucaristía es el Corazón de Dios, es mi Corazón. Os he
dado mi Corazón en la última Cena; os lo doy, con tal de que lo queráis, siempre. Y no
concebiréis en vosotros a Cristo y no lo daréis a la luz si no sabéis hacer vivir en
vosotros su Corazón. Cuando en el seno de una mujer se forma una criatura, ¿qué es
lo primero que se forma? El corazón. Así es para la vida del espíritu. No daréis a Cristo
si no formáis en vosotros su Corazón amando la Eucaristía que es Vida y Vida
verdadera. Amando como mi Madre me amó apenas concebido.
¡Oh! ¡qué caricias, a través de su carne virgen, a Mí, informe y minúsculo, que latía
en Ella con mi corazoncito embrional! ¡Oh! ¡qué latidos a través de las oscuras latebras
del organismo, comunicaba Yo a su corazón, desde el profundo de aquel Sagrario vivo
donde me formaba para nacer y morir por vosotros, crucificando el corazón de mi Madre
a mi misma Cruz, por vosotros!
Pero Yo os comunico los mismos latidos al corazón cuando me recibís. Vuestra
pesantez carnal y espiritual no os permite percibirlos, pero Yo os los doy. Tú ábrete
completamente para recibirme.
Tú, muchas veces al día -no puedo decir: en cada momento, pero si fueras un
querubín y no una criatura que tiene los cansancios de la materia te diría: cada
momento- repite esta oración: “Jesús, que eres azotado en nuestras iglesias por manos
de Satanás, te adoro en todas las partículas esparcidas y destrozadas entre las ruinas.
Tómame como tu sagrario, tu trono, tu altar. Sé que no soy digna, pero Tú quieres estar
entre los que te aman, y yo te amo por mí y por quien no te ama. Que el dolor me
vuelva escarlata como la sangre, y me haga digno ornamento para recibirte, a Ti, que
quieres ser semejante a nosotros en esta hora de guerra. Que mi amor sea lámpara
que arde ante Ti, Santísimo, y mi holocausto incienso. Así sea"» .
5 de junio
12 horas
Dice Jesús:
«Quisierais que Yo viniera y me mostrase para aterrorizar e incinerar a los culpables.
31

MARÍA VALTORTA   CUADERNOS DEL 1943 
¡Oh míseros! ¡No sabéis lo que pedís!
Desgraciadamente vendré. Digo: "Desgraciadamente", porque mi venida será venida
de Juicio y de juicio tremendo. Si hubiera de venir para salvaros no diría así y no trataría
de alejar los tiempos de mi venida, sino al contrario me precipitaría con ansia para
salvaros una vez más. Pero mi segundo adviento será adviento de Juicio severo,
inexorable, general, y para la mayor parte de vosotros será juicio de condena.
No sabéis lo que pedís. Pero aunque Yo me mostrase, ¿dónde está en los
corazones, y en modo especial en aquellos mayormente culpables de las desgracias de
ahora, ese pequeño resto de fe y de respeto que les haría postrarse con el rostro en
tierra para pedirme piedad y perdón? No, ¡hijos que pedís al Padre venganza mientras
que Él es Padre de perdón! Aunque mi Rostro centelleara en vuestros cielos y mi Voz,
que ha hecho los mundos, tronase de oriente a occidente, las cosas no cambiarían.
Sólo que un nuevo coro blasfemo de insultos, un nuevo torbellino de injurias sería
lanzado contra mi Persona.
Repito: podría hacer un milagro y lo haría si supiera que después vosotros os
arrepentís y os hacéis mejores. Vosotros, grandes culpables que lleváis a los pequeños
a desesperar y a pedir venganza, y vosotros, pequeños culpables que pedís venganza.
Pero ni vosotros, grande", culpables, ni vosotros, pequeños culpables, os arrepentiríais
y no llegaríais a ser mejores después del milagro. Pisotearíais más bien, en una furia de
alegría culpable, los cuerpos de los castigados, desmereciendo enseguida ante mi
presencia, y os montaríais encima para oprimir, a vuestra vez, desde aquel trono
fundado sobre un castigo.
Esto quisierais. Que Yo os castigase para poder a vuestra vez castigar. Yo soy Dios
y veo en el corazón de los hombres y por ello no os escucho en esto. No quiero que os
condenéis todos. Los grandes culpables ya están juzgados. Pero a vosotros intento
salvaros. Y esta hora, para vosotros, es criba de salvación. Caerán en poder del Príncipe de los demonios los que ya tienen en sí la cizaña del demonio, mientras que
quienes tienen en el corazón el grano de trigo que germina el Pan eterno, germinarán
en Mí en vida eterna».
Súplica a María Dolorosa.
María, que nos tomaste como hijos al pie de la Cruz; María, que eres Madre nuestra y
de nuestro Dios y Hermano Jesús, escucha la voz de tus hijos.
Henos aquí, nos arrastramos al pie de la Cruz, en la que agoniza tu Hijo y en la que
también Tú agonizas con tu Corazón desgarrado, ¡oh Madre que ves morir a tu Criatura!
Míranos, María. Todos estamos rociados con la Sangre de tu Hijo. Él murió por
nosotros, para damos la Vida y la Paz en éste y en el otro mundo. Y nosotros nos
dirigimos a Ti, que fuiste la primera piedra de nuestra redención, para tener la vida, la
salvación y la paz, que nos habíamos hecho indignos de poseer con nuestra forma de
vivir contraria y rebelde a la doctrina de tu Hijo.
Sí, sabemos que hemos merecido la plaga que ahora nos aflige. Lo reconocemos
humildemente para asemejamos a Ti, que fuiste la Humildísima además de la Purísima.
Pero, ¡oh Madre!, además de pura, Tú eres compasiva. Entonces ¡ten piedad de
nosotros, María, Tú que engendraste para el mundo a la Misericordia misma!
jSálvanos, sálvanos, oh María, del furor enemigo!

32

MARÍA VALTORTA   CUADERNOS DEL 1943 
Salva nuestras iglesias y nuestras casas, las iglesias y las casas de esta ciudad 22 que
te reconoce como Reina y Patrona.
Salva a nuestros hombres, aquellos hombres a los que Tú, Estrella del mar, tantas
veces salvaste de las desgracias marinas.
Salva a todos cuantos estamos aquí postrados a tus pies; salva a aquellos a quienes
la enfermedad les impide estar aquí con nosotros, pero que lo están con sus almas y
con su sufrir.
Salva también a cuantos están ausentes con su obstinada voluntad, los hijos
desviados, los más desgraciados porque han perdido la Luz, el Camino, la Vida,
perdiendo a tu Hijo, Verdad verdadera.
Y para penetrar con nuestra oración en tu compasivo Corazón, he aquí, joh María!,
que nos despojamos de los rencores, del espíritu de venganza, de la sed de ser crueles
como otros lo son con nosotros. Nos acordamos, en esta hora, de que todos fuimos
creados por el Padre, de que todos somos hermanos del Hijo, todos somos amados por
el Espíritu. Nos acordamos, en esta hora, de la oración de tu Jesús, Mártir por nosotros:
"Padre, perdónales", y la repetimos a todos, sobre todos, para ser a nuestra vez
perdonados por el Eterno y salvados por Ti.
¡Dios te salve, María! Desde tu Corazón traspasado haz descender sobre nosotros la
gracia de la salvación para esta ciudad, para nuestra patria, para todo el mundo que
muere entre las ruinas habiendo perdido de vista el Cielo.
Santa María, ruega por nosotros. Y si la voluntad de Dios tuviese que cumplirse, en
nosotros, cruentamente, está a nuestro lado en la hora de la muerte para llevamos
contigo, María, a verte y darte gracias entre los esplendores eternos de Dios.
Amén.
6 de junio
4:30 horas
Dice Jesús:
«Hoy quiero hablarte de la "gracia". Verás que tiene relación con los otros temas
aunque a primera vista no te parece. Estás un poco cansada, pobre María, pero escribe
de todas formas. Estas lecciones te servirán para los días de ayuno en los cuales Yo, tu
Maestro, no te hablaré.
¿Qué es la gracia? Lo has estudiado y explicado muchas. veces. Pero Yo te lo quiero
explicar a mi modo en su naturaleza y en sus efectos.
La gracia es poseer en vosotros la luz, la fuerza, la sabiduría de Dios. Esto es poseer
la semejanza intelectual con Dios, el signo inconfundible de vuestra filiación con Dios.
Sin la gracia seríais simplemente criaturas animales, llegadas a tal punto de
evolución de estar proveídas de razón, con un alma, pero un alma a nivel de tierra,
capaz de guiarse en las contingencias de la vida terrena pero incapaz de elevarse a las
regiones en las que se vive la vida del espíritu; por ello poco más que las bestias que se
regulan solamente por el instinto y, en verdad, a menudo os superan con su modo de
comportarse.
La gracia es por lo tanto un don sublime, el mayor don que Dios, mi Padre, os podía
dar. Y os lo da gratuitamente porque su amor de Padre, por vosotros, es infinito como
22

Viareggio. Ver el dictado del 15 de agosto

33

MARÍA VALTORTA   CUADERNOS DEL 1943 
infinito es Él mismo. Querer decir todos lo atributos de la gracia significaría escribir una
larga lista de adjetivos y sustantivos, y aún no explicarían todavía perfectamente qué es
este don.
Recuerda solamente esto: la gracia es poseer al Padre, vivir en el Padre; la gracia es
poseer al Hijo, gozar de los méritos infinitos del Hijo; la gracia es poseer al Espíritu
Santo, disfrutar de sus siete dones. La gracia, en fin, es poseernos a Nosotros, Dios
Uno y Trino, y tener alrededor de vuestra persona mortal las legiones de ángeles que
nos adoran en vosotros.
Un alma que pierde la gracia lo pierde todo. Inútilmente para ella el Padre la ha
creado, inútilmente para ella el Hijo la ha redimido, inútilmente para ella el Espíritu
Santo le ha infundido sus dones, inútilmente para ella están los Sacramentos. Está
muerta. Ramo podrido que bajo la acción corrosiva del pecado se separa y cae del
árbol vital y termina de corromperse en el barro. Si un alma supiera conservarse como
es después del Bautismo y después de la Confirmación, esto es cuando ella está
embebida literalmente de la gracia, aquel alma sería poco menor a Dios. Y .que esto te
lo diga todo.
Cuando leéis los prodigios de mis santos os sorprendéis. Pero, querida mía, no hay
nada de asombroso. Mis santos eran criaturas que poseían la gracia, eran dioses, por
esto, porque la gracia os deifica. ¿Acaso no lo he dicho Yo en mi Evangelio que los
míos harán los mismos prodigios que Yo hago? Pero para ser míos es necesario. vivir
de mi Vida, esto es de la vida de la gracia.
Si quisierais, todos podríais ser capaces de prodigios, esto es de santidad. Mejor
dicho, Yo quisiera que lo fuerais porque entonces querría decir que mi Sacrificio ha sido
coronado por la victoria y que realmente Yo os he arrancado del imperio del Maligno,
desterrándole a su Infierno, remachando su boca con una piedra inamovible y poniendo
sobre ella el trono de mi Madre, que fue la Única que tuvo su calcañal sobre el dragón,
impotente para dañarle.
No todas las almas en gracia poseen la gracia en la misma medida. No porque
Nosotros se la infundamos en medida distinta, sino porque de distinta manera la sabéis
conservar en vosotros. El pecado mortal destruye la gracia, el pecado venial la
resquebraja, las imperfecciones la debilitan. Hay almas, no del todo malas, que languidecen en una tisis espiritual porque, con su inercia, que las empuja a cometer
continuas imperfecciones, enflaquecen cada vez más la gracia, haciéndola un hilo
debilísimo, una llamita languidecente. Mientras debería ser un fuego, un incendio vivo,
bello, purificador. El mundo se derrumba porque se derrumba la gracia en casi la totalidad de las almas y en las demás languidece.
La gracia da frutos distintos según esté más o menos viva en vuestro corazón. Una
tierra es más fértil cuanto más rica es de elementos y beneficiada por el sol, por el
agua, por las corrientes aéreas. Hay tierras estériles, secas, que inútilmente vienen
regadas por el agua, calentadas por el sol, agitadas por los vientos. Lo mismo es en las
almas. Hay almas que con cada estudio se cargan de elementos vitales y por ello
logran disfrutar el cien por cien de los efectos de la gracia.
Los elementos vitales son: vivir según mi Ley, castos, misericordiosos, humildes,
amorosos de Dios y del prójimo; es vivir de oración "viva". Entonces la gracia crece,
florece, echa raíces profundas y se eleva en árbol de vida eterna. Entonces el Espíritu
Santo, como un sol, inunda con sus siete rayos, de sus siete dones; entonces Yo, Hijo,
os penetro con la lluvia divina de mi Sangre; entonces el Padre os mira con
34

MARÍA VALTORTA   CUADERNOS DEL 1943 
complacencia viendo en vosotros su semejanza; entonces María os acaricia
estrechándoos contra su seno en el que me ha llevado a Mí como a sus hijitos menores
pero queridos, queridos por su Corazón; entonces los nueve coros angélicos hacen
corona a vuestra alma templo de Dios y cantan el "Gloria" sublime; entonces vuestra
muerte es Vida y vuestra Vida es bienaventuranza en mi Reino» .
7 de Junio
Ante todo expreso aquí mi agradecimiento por su caritativo gesto al traerme copia de
la Súplica 23 y haber sido tan bueno de aceptar mi hojita tan benignamente. Pero no es
"mi" Súplica. De mío no hay más que la fatiga de escribirla. El pensamiento no es mío.
No soy tan sublime como para saber sacar de mi corazón pensamientos tan
sobrehumanos de perdón.
Le he dicho ayer que mientras los escribía, y sentía que eran justos, debía hacer una
verdadera fatiga moral para aceptarlos. Como usted habrá notado, leyendo los apuntes
de mi vida, no poseo en absoluto para nada el carácter de Job. Soy, como María
Valtorta, muy humana con todo lo que la humanidad lleva consigo de susceptibilidad, de
orgullo, de pasiones, etc. etc., y debo, para hacer vivir la María de la Cruz, morir a mí
misma en cada momento para renacer de mis cenizas humanas, mística fénix, en forma
nueva y ciertamente más agradable al buen Dios.
Cuando "la voz" me dice 24 : «Tú no eres nada; tú, por ti misma, no serías nunca
capaz de llegar a nada», yo estoy convencidísima de ello. No me hago ilusiones sobre
esta carne mía y sobre mi embrional naturaleza espiritual. Sé que la una es loca como
un potro en primavera y la otra es tan embrional que apenas es un débil esbozo. Por
ello conforto mi debilidad y refreno mi materia con la Cruz de Cristo. Sólo agarrada a Él
Crucificado puedo mantener erguida mi alma y sólo clavando mi carne con clavos bien
remachados y bien mortificadores la puedo tener allí, sometida, impotente para cumplir
sus locuras.
Por ello no digamos "mi súplica". Ésa es de Otro. No debo apropiarme de lo que no
es mío. Me ensoberbecería mintiéndome a mí misma, al mundo y a Dios. Si aquellas
palabras han servido -y no podían no servir porque venían de zona de luz, ¡y de qué
luz!- demos gracias al Señor y basta.
Dos son las cosas que me hacen estar con los oídos abiertos y los ojos vigilantes
para espiar el más leve movimiento del Enemigo de las almas que arrastra, se insinúa y
silba su seductora canción tan sutilmente para hipnotizarnos y sometemos a su merced.
Una, son las tendencias de la carne, tan perversa a pesar de todos los cilicios; la otra,
las... fermentaciones de la soberbia que siempre intenta hincharse... Siento por instinto
que las unas y las otras mueren tres días después de nosotros y que sólo la bondad de
Dios y una gran, grandísima voluntad nuestra, una voluntad incansable, diligente,
vigilante, las puede hacer inofensivas, esterilizarlas en cada nueva oleada de gérmenes
corruptores. Y siento también que si yo me dejase agarrar por las espirales del sentido
o por las de la soberbia, el presente estado de gracia cesaría de golpe, antes, mucho
antes de lo que quiere mi Jesús, quien no cesa de tenerme entre sus brazos y
murmurarme palabras de vida.
23
24

Se dirige al Padre Migliorini. La "Súplica" es del 5 de junio
En el dictado del 28 de mayo

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MARÍA VALTORTA   CUADERNOS DEL 1943 
¡Imagínese si querré perder esta beatitud por mi culpa! Es ella misma quien me
impide sentir el acuciar de las vicisitudes humanas que me afectan, y el doble acuciar
de los recuerdos que se agolpan. Todo pasa sobre mí, todo se lanza sobre mí como
agua, como tempestad, como oleada, pero mientras dura la actual beatitud yo soy como
un bloque de cristal sobre el cual todo pasa sin dejar señal, sin poder penetrar.
Llegará el momento en el que Jesús callará y me dejará. ¡Paciencia! ¿Y qué? ¿Deberé
lamentarme? No. Sufriré ciertamente pero aceptaré la nueva prueba, continuaré
amándole aunque me deje sola. Si lo hace, Él sabrá bien por qué lo hace. Y
ciertamente tendré más mérito, al amarlo entonces, de lo que tenga ahora.
¡Qué valor ser amorosa ahora que Él es así sensiblemente amoroso! A no ser que
poseyera el corazón de Judas, quien se ve amado ama. Pero el más alto amor es el
que sabe continuar amando aún cuando nos parece que ya no somos amados. Cuando
se hace con los hombres no sacamos provecho, o muy raramente. Pero cuando se
hace así con el buen Dios, entonces se puede estar seguros de que después viene un
período de amor todavía más intenso, porque Dios premia siempre después de
habemos probado, si hemos sabido ser fieles.
Dice Jesús:
«Continúo hablándote de la gracia 25, la cual da la vida al espíritu.
Cuando Dios creó el primer hombre, infundió en él, además de la vida de la materia,
hasta entonces inanimada, también la vida del espíritu. De otro modo no habría podido
decir que os había hecho a su imagen y semejanza.
Cuánto era perfecta la primera criatura ninguno de vosotros lo puede imaginar. Sólo
Nosotros podemos ver, en el eterno presente que es nuestra eternidad, la perfección de
la obra regia de nuestra Inteligencia creadora. La estirpe de Adán, si Adán hubiera
sabido permanecer rey como Nosotros le habíamos hecho, con potestad sobre todas
las cosas y con dependencia sólo de Dios -una dependencia de hijo amadísimo- habría
sido una estirpe de perpetua perfección. Pero había un vencido que velaba para
obtener venganza.
Tú, María, que dices que de tu corazón no podrían salir espontáneamente
pensamientos de perdón porque tu naturaleza humana te lleva al espíritu de venganza
y sólo por deferencia a Mí sabes perdonar, ¿has pensado alguna vez que ha sido el
espíritu de venganza el que os ha destruido, hijos de Adán, y me ha enviado a Mí, Hijo
de Dios, a la cruz?
Lucifer -y era el hermoso entre los más hermosos creados por Mí- desde el abismo
en el que había caído, feo para siempre tras la blasfemia dirigida a su Creador, estuvo
sediento de venganza. Al primer pecado de soberbia unió así una serie interminable de
delitos vengándose por los siglos de los siglos. Y la primera venganza fue sobre mis
creados Adán y Eva. En la perfección de mi creación su diente envenenado puso el
signo de su bestialidad comunicándoos su misma libídine de lujuria, de venganza, de
soberbia. Y desde entonces vuestro espíritu combate en vosotros contra los venenos
del bocado infernal.
Alguna rarísima vez el espíritu vence sobre la carne y la sangre y da a la tierra y al
Cielo un nuevo santo. Alguna vez el espíritu vive a duras penas, con estancamientos de
letargo en el que está como si estuviera muerto y en los cuales vivís y actuáis como
25

Ya en el dictado del 6 de junio

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MARÍA VALTORTA   CUADERNOS DEL 1943 
criaturas privadas de luz, de mi Luz. Alguna otra, viene literalmente matado por la
criatura que voluntariamente decae de su trono de hija de Dios y se hace peor que un
animal. Llega a ser demonio, hijo de demonio.
En verdad te digo que más de dos tercios de la raza humana pertenecen a esta
categoría que vive bajo el signo de la Bestia. Por ésta Yo he muerto inútilmente.
La ley de los señalados por la Bestia está en antítesis con mi Ley. En una domina la
carne y genera obras de carne. En la otra domina el espíritu y genera obras de espíritu.
Cuando el espíritu domina, allí está el reino de Dios. Cuando domina la carne, allí está
el reino de Satanás.
La infinita Misericordia que anima la Triada ha dado a vuestro espíritu todas las
ayudas para quedar dominador. Ha dado el sacramento que quita el signo de la Bestia
en vuestra carne de hijos de Adán e imprime mi Signo. Ha dado mi Palabra de Vida, ha
dado a Mí, Maestro y Redentor, ha dado mi Sangre en la Eucaristía y sobre la Cruz, ha
dado el Paráclito: el Espíritu de verdad.
Aquel que sabe estar en el Espíritu genera obras del espíritu. De la criatura poseída
por el Espíritu mana caridad, mansedumbre, pureza, ciencia y toda obra buena unida a
gran humildad. De los demás salen como serpientes silbantes, vicios, fraudes, lujurias,
delitos, porque su corazón es nido de serpientes infernales.
Pero, ¿dónde están los que saben aspirar a la vida del espíritu y hacerse dignos de
acoger en sí la infusión vital del Consolador que viene con todos sus dones pero quiere
por trono un espíritu preparado, deseoso de Él? No, el mundo no quiere este Espíritu
que os hace buenos. El mundo quiere el poder a cualquier precio, la riqueza a cualquier
precio, la satisfacción del sentido a cualquier precio, todas las alegrías de la tierra a
cualquier precio, y rechaza y blasfema contra el Espíritu Santo, impugna su Verdad, y
se enfanga con apariencias proféticas hablando palabras que no salen del seno de la
Trinidad Santísima, sino del antro de Satanás.
Y esto no es y no será perdonado. Nunca. Y que no sea perdonado lo veis. Dios se
retira en sus Cielos porque el hombre rechaza su amor y vive para y en la carne. He
aquí las causas de vuestra destrucción y de nuestro silencio. De lo profundo salen los
tentáculos de Satanás, sobre la tierra el hombre se proclama dios y blasfema contra el
verdadero Dios, en lo alto el Cielo se cierra. Y es ya piedad, porque cerrándose detiene
los rayos que vosotros merecéis.
Una nueva Pentecostés encontraría los corazones más duros y sucios que una roca
sumergida en un estanque de barro. Estáis por ello en el fango que habéis querido, en
espera de que una orden, que no conoce rebeliones, os saque para juzgaros y separar
a los hijos del espíritu de los hijos de la carne».
Y ahora, Jesús bueno, deja que hable yo. Has dicho tantas cosas hoy que ni siquiera
las puedo copiar todas. Y en las primeras horas estaba tan cansada y adoleciente que
me costaba fatiga seguir tu dulce voz. Después ha ido mejor. Pero ahora el dolor me
coge. Es la hora de Getsemaní.
¿Por quién sufro? ¿Cuál es el alma que necesita mi agonía para sanar, para esperar,
para volver a Ti? No lo sabré nunca sobre esta tierra, pero estoy convencida de que
existe y de que esta amargura mía la debo beber por un fin de expiación. Lo hago con
gusto aunque el llanto me surca las mejillas. Pero déjame llorar sobre tu Corazón
porque si sobre él es dulce amar sobre él es dulce sufrir.
Todas las tristezas vienen a oleadas. Tú las conoces todas sin que yo te las
37

MARÍA VALTORTA   CUADERNOS DEL 1943 
enumere, y tanto Tú como yo sabemos también qué es lo que se esconde detrás de
esta pantalla negra que me quiere en" volver. Para no vedo cierro los ojos. Hago como
los niños miedosos de la oscuridad. Y esta noche soy precisamente como una pobre
niña sola en un lugar sin luz. Cada rincón es una cueva de sombras que asumen
aspectos aterradores. Si aprieto los ojos, después de haberte mirado fijo fijo como se
mira al sol, sólo me queda en el fondo de la retina tu Imagen; si me aprieto estrecha
estrecha a Ti ya no me doy más cuenta de la soledad que tengo a mi alrededor, de la
que pueden surgir tantos peligros para mí. Siento tus brazos que me circundan y
aunque lloro ya no tengo miedo.
Toma para Ti mi llanto de esta tarde. Es todo lo que tengo para darte en esta noche
de pena. Ni siquiera te digo: "Quítame esta pena"; sólo te digo: "Hágase tu voluntad;
pero ayúdame Jesús".
Sí, ayúdame, Maestro bueno. No me desampares. Dame todo el dolor que quieras,
Señor, pero siempre con tu cercanía. Sé, creo que este tormento moral no es sin un fin
de bien; sé, espero que no sea inútil; sé que, si sufro con paz en tu Corazón, la paz
permanecerá en mí y el hastío del demonio no podrá turbada. Por eso te digo: "Heme
aquí, dispuesta por amor a Ti, a hacer tu Voluntad".
Precisamente esta mañana decía que la beatitud presente me impedía sentir lo
acuciante de las vicisitudes humanas. En cambio esta tarde he sentido el acre de las
necesidades del presente. Y he sufrido mucho. Si hubiera sufrido sola habría sido un
sufrimiento atroz. Pero sabiendo bien que ninguna criatura humana me podía consolar,
me he dirigido a Ti con fe. Tú quieres estos actos de fe amorosa para compensarte de
todos los desamores que la niegan. Y recompensas inmediatamente al alma generosa
consolándola.
Ahora he aprendido, y voy inmediatamente a refugiarme en Ti; no me conformo con
rezarte, soy aún más osada y voy a tus brazos. Tú eres mi Dios, pero también eres mi
Hermano y Esposo, por eso además de rezarte puedo abrazarte, para no sentirme tan
sola ante un futuro triste para todos, y para mí lleno de incógnitas aún más penosas.
Tenme así durante todo este tristísimo mes, tenme así hasta la muerte. Aunque no
hables, me basta con que me dejes estar en tu Corazón. Acuérdate de tu agonía,
Señor, y sé Tú, para tu pequeñísima hostia, el Ángel que consuela...
8 de Junio
Pero oída el 7
Dice Jesús:
«Sin el Padre Yo no habría existido, pero sin el Espíritu Yo no habría venido. Porque ha
sido el Amor del Padre el que me ha mandado. Y Nosotros estamos mucho más
presentes y activos en un corazón cuanto más vivo está en él el amor. He aquí por ello
la necesidad de poseer en vosotros el Amor, esto es el Espíritu Santo.
Yo lo he dicho que "es necesario renacer en el Espíritu para poder poseer la vida
eterna". El nacimiento de la carne de otra carne no os diferencia de los animales en otra
cosa que en esto: que vosotros seréis juzgados por no haber querido renacer en el
Espíritu. Los animales no son responsables de esto. Vosotros sí. Vosotros creyentes en
mi Nombre, vosotros regenerados por el Bautismo, sí. ¿Por qué, entonces, no renacéis
en el Espíritu? ¿Por qué matáis en vosotros el Amor?
¿ Cómo puede ser comprendida mi doctrina si el Amor no está en vosotros? Yo os lo
38

MARÍA VALTORTA   CUADERNOS DEL 1943 
he dicho "que habríais comprendido cuando hubiese enviado al Consolador, el Espíritu
de Verdad". Ahora Yo os lo he mandado. He subido dispuesto sobre la Cruz para
redimiros y para preparar el camino al Paráclito. He ascendido deseoso al Cielo,
dejando a mi Madre, la Única en la que el Espíritu estaba como en el seno del Padre
tan llena de gracia estaba Ella. Más bien estaba en Ella 26 la "Gracia" misma. He
ascendido dejando a los hombres a los que tanto había amado, hasta morir por ellos de
muerte de cruz, para poder mandaros a Aquél a cuya luz todo se hace claro. Os lo
continúo enviando, alimentando esta luz conmigo mismo, porque Yo estoy en el Padre y
en el Espíritu y Ellos están en Mí.
Y a Mí me tenéis, con mi Cuerpo, con mi Sangre, con mi Esencia, en la Eucaristía.
Dios y Hermano vuestro. Pero vosotros vivís con la carne. Me tenéis a Mí, Luz del
mundo, y una vez más, mejor dicho cada vez más, preferís las tinieblas a la luz.
Parecéis pobres locos. En los tiempos de mi vivir entre vosotros os habrían llamado
"poseídos", poseídos por un espíritu impuro que os doblega a perversiones extrañas,
por las que amáis las tinieblas, las indignidades, las compañías impuras, mientras
podríais vivir en la Luz y en la Verdad. Tenéis oído y no oís, tenéis vista: y no veis.
Poseéis el habla, pero la usáis para blasfemar o para mentir. Tenéis un corazón y no lo
eleváis al Cielo sino que lo vendéis por bajos amores y bajos intereses.
¿Por qué vivís profanando y profanándoos? ¿Pero qué son para vosotros las
palabras de Verdad y de Vida que os he dejado y que el Paráclito os ha explicado a la
luz de la Caridad?
De vez en cuando Yo intento otro milagro de amor y os llamo, hablándoos de mil
modos. Venís, investigáis, os agitáis. Pero ¿cómo? Con una curiosidad científica.
Vuestro espíritu no se despierta con el toque del Misterio que se revela una vez más y
os muestra a Dios y su amor. ¡Pobres criaturas cegadas por vuestra ciencia humana!
Una sola es la Ciencia necesaria. La mía. Y os la comunica el Espíritu de Verdad. A
su luz todo cuanto existe se santifica, se purifica, se hace bueno. Si vuestro saber se
origina en este Saber perfecto, vuestro saber humano da obras de utilidad verdadera.
De otra manera no. Si la ciencia que poseéis es sólo ciencia humana, no es ciencia
verdadera. Es profanación. Ésta arranca los velos que envuelven las fuerzas cósmicas
en un misterio en el cual Yo, que sé dosificar el bien y el mal que debéis conocer, las
había envuelto.
El dragón susurra: "Muerde, muerde, hombre, el fruto que te hará dios". Y vosotros
mordéis. No sabéis que coméis vuestra condenación. Os hacéis de una genialidad
semidivina, es cierto, habéis arrancado muchos secretos al universo y habéis
esclavizado las fuerzas de la naturaleza. Pero no teniendo como contrapeso el amor en
vuestro saber, vuestro saber se ha convertido únicamente en poder destructor. Y
Satanás silba su alegría porque en vuestros descubrimientos ve su signo que niega a
Dios. Sólo su signo.
Si pusierais el centésimo de aquello que ponéis en el mal para cumplir el bien, ya
estaríais salvados. Pero seguir el Bien quiere decir ser puros, continentes,
misericordioso s, honestos, justos y humildes. Y vosotros preferís en cambio ser
obradores de iniquidad».
«No podéis conciliar el Reino de Dios con el reino de Satanás. No podéis satisfacer
26

En Ella está añadido por nosotros tratándose de una omisión señalada en el dictado del 11 de junio

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MARÍA VALTORTA   CUADERNOS DEL 1943 
contemporáneamente la carne y el espíritu. Debéis elegir.
Os he dado la inteligencia para que podáis elegir. Os he dado la luz para que podáis
ver. Os he dado el amor para que os podáis guiar. Y os he dado la libertad porque de
otra forma no hubiera tenido mérito vuestra existencia. Os habéis equivocado diez, cien,
mil veces.
Os he dado los Mandamientos para ayudaros, os he dado los Profetas para gritaros
mi Voluntad. Os habéis equivocado cien, mil, diez mil veces.
Os he dado a Mí mismo, dejando el seno de mi Padre para hablaros. Os he dado a
Mí mismo, humillándome a Mí, Dios, a morir como un malhechor para lavaros el
corazón y hacerlo capaz de acoger a Dios. Os he dado el Espíritu para que os fuera
Maestro en el conocimiento de mi doctrina de caridad, pureza, bondad, humildad. Os
habéis equivocado diez mil, un millón de veces.
No se puede contar más el número de vuestros errores. Los acumuláis como una
pirámide los unos sobre los otros. Hacéis una segunda Torre de Babel para montaros
encima y deciros: "He aquí que somos semejantes a Díos y escalamos los cielos".
Satanás os ayuda y ríe. Sabe que la torre de vuestras culpas os caerá encima cuando
creáis tocar los cielos y os precipitará en el infierno. Ya está cayendo y arrastrándoos.
¡Y no os paráis!
¡Oh! ¡paraos, paraos, hijos! ¡paraos, tesoros míos! Escuchad la voz del Padre, del
Hermano, del Dios vuestro que os llama, que os llama tesoros incluso ahora porque
estáis enjoyados con su Sangre. No sacudáis de vosotros esa Sangre con ira,
blasfemándola. Levantad la frente enferma hacia el Cielo, que el rocío divino os lave.
Porque estáis enfermos, pobres hijos míos, y no lo sabéis. Os habéis dejado besar por
Satanás y su lepra está sobre vosotros y en vosotros. Pero mi amor, tan sólo mi amor,
os puede curar.
Venid, no rechacéis mi mano que trata de atraeros a Mí. ¿Creéis que Yo no os pueda
perdonar? ¡Oh! Hubiera perdonado incluso a Judas si en lugar de huir hubiera venido
bajo la cruz en la que moría y me hubiera dicho: "Perdón". Hubiera sido mi primer
redimido porque era el más culpable, y sobre él hubiera hecho llover la Sangre de mi
Corazón, traspasado no tanto por la lanza como cuanto por la suya y por vuestras
traiciones.
Venid. Mis brazos están abiertos. Sobre la cruz me dolía tenerlos clavados
solamente porque no hubiera podido apretarlos alrededor de vosotros y bendeciros.
Pero ahora están libres para atraeros a mi Corazón. Mi boca tiene besos de perdón, mi
corazón tiene tesoros de amor.
Dejad las riquezas injustas y venid a Mí, verdadera Riqueza. Dejad las alegrías
indignas y venid a Mí, verdadera Alegría. Dejad los falsos dioses y venid a Mí,
verdadero Dios. ¡Cómo os sentiríais contentos con una alegría espiritual si os confiarais
a Mí!
Yo soy el Dios de la Paz. De Mí manan todas las gracias. Cada dolor se calma en
Mí. Cada peso se hace ligero. Cada acto vuestro, realizado en mi Nombre, se reviste de
mi Belleza. Yo os lo puedo dar todo si venís a mi Corazón, y no en manera humana,
sino sobrehumana, eterna, inefablemente dulce. No os digo que no conoceréis más el
dolor. Lo he conocido Yo que soy Dios. Pero os digo: el dolor se hará suave si lo sufrís
sobre mi Corazón.
Venid. Dejad lo que muere, lo que os perjudica, Aquello que os quiere mal. Venid a
Quien os ama, a Quien os sabe dar las cosas que no dañan y no mueren. Ayudadme,
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MARÍA VALTORTA   CUADERNOS DEL 1943 
con vuestra voluntad. La quiero para actuar. No porque la necesite, sino porque la
necesitáis vosotros para merecer el Reino.
Venid. Ayudadme a devolver el Infierno al infierno y a abriros el Cielo» .
9 de junio
Responde Jesús precisamente a mí:
«Entiendo y compadezco tu tristeza. No es esa la tristeza que Yo acuso como culpa.
Tristeza culpable es la que viene de la intolerancia de las cosas y de las cruces.
Humanas las primeras, sobrenaturales las segundas. Tristeza culpable es la sed de
goce, de riquezas, sed que no se apaga y os da tristeza, o sed que tras ser saciada os
deja más tristes que antes porque llora en vosotros la conciencia. Ésta es la tristeza que
Yo condeno.
Pero la tristeza buena, sentida por las desgracias de los demás más que por las
propias, la aflicción que produce ver a Dios escarnecido, la pena por los vínculos
queridos que se rompen, Yo no la condeno. Antes de vosotros la he probado Yo y he
llorado.
Cuando después el alma sube aún más arriba y no sólo tiene en sí una tristeza no
condenable, sino que me sabe ofrecer su tristeza para que Yo use su llanto para el bien
de los demás, entonces Yo cojo esta alma y la acuno sobre mi Corazón para adormecer
su pena y darle mi alegría.
La sientes. Sé que la sientes manar en ti. Esos sobresaltos de alivio que sientes, y
que te parecen rayos en la oscuridad que te viene de muchas cosas, y te parecen
liberación de pesos que te abaten, soy Yo que vengo a ti con mi alegría.
Has intuido también el origen de tanta oscuridad en el dolor que, por tu bien, te
invade. Sí. Tú, viviendo en Mí y por Mí, desencadenas las iras del Enemigo y él, no
pudiendo hacer otra cosa, trata de asustarte volviendo más negro el futuro de cuanto no
lo sea ya. Pero no tengas miedo. Yo estoy contigo.
Aumenta también tu tristeza el pensar en las palabras que digo a tu alma, no por ti
sino por todos. Pero no rechaces recibidas. ¡Tengo tan pocas personas en todo el vasto
mundo que se abran para escuchar mi Palabra! Aquellos a los cuales quisiera hablar
para reconducirles por el camino de la Vida no me quieren escuchar. Hablo entonces a
los pocos que me quieren escuchar. Cuando convenga, todo cuanto he dicho a mis
fieles en secreto será comunicado, y así la Palabra continuará resonando en el mundo.
No rehúses por lo tanto mi obra, sea cual sea. No te gloríes ni te asustes de ella.
Déjame actuar. No hago nunca nada si un fin. Ven siempre a Mí con esa confianza que
tanto me gusta. Cuando Yo encuentro un alma confiada abro mi Corazón y la encierro
dentro. ¿Crees que te pueda suceder algo que sea verdadero mal si estás encerrada en
mi Corazón? Ni siquiera el Infierno puede dañarte mientras estés allí. Y estarás
mientras seas pura, amorosa, confiada, fiel».
10 de junio
Dice Jesús:
«Si mi Carne es realmente alimento y mi Sangre es realmente bebida, ¿cómo es que
vuestras almas mueren de inanición? ¿Cómo es que no crecéis en la vida de la gracia?
Hay muchos para los cuales es como si mis iglesias no tuvieran sagrario. Son
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MARÍA VALTORTA   CUADERNOS DEL 1943 
aquellos que me han renegado y olvidado. Pero también hay muchos que se alimentan
de Mí. Y tampoco progresan. Mientras en otros, en cada unión conmigo Eucaristía, hay
un crecimiento de gracia. Te explicaré las causas de estas diferencias.
. Están los perfectos que me buscan únicamente porque saben que mi alegría es ser
acogido en el corazón de los hombres y que no tienen mayor alegría que llegar a ser
una sola cosa conmigo. En éstos el encuentro eucarístico se hace fusión, y es tan
fuerte el ardor que de Mí emana y que de ellos brota, que como dos metales en un
crisol llegamos a ser una sola cosa. Naturalmente más perfecta es la fusión tanto más
la criatura recibe mi sello, mis propiedades, mis bellezas. Así saben unirse a Mí
aquellos que después vosotros llamáis "Santos", o sea los perfectos que han entendido
quién soy Yo.
Pero en todas las almas que vienen a Mí con verdadera pasión y puro corazón Yo
aporto gracias indecibles y comunico mi gracia, de modo que ellas avanzan por el
camino de la Vida y aunque no alcanzaran una santidad clamorosa, reconocida por el
mundo, siempre alcanzan la vida eterna, porque quien está en Mí tiene vida eterna.
Para todas las almas que saben venir a Mí con el ardor de los primeros y con la
confianza de los segundos y que me dan todo cuanto está en su poder dar, o sea todo
el amor de que son capaces, Yo estoy dispuesto a cumplir prodigios de milagros con tal
de unirme a ellas. El cielo más bello para Mí está en el corazón de las criaturas que me
aman. Por ellas, aunque la rabia de Satanás destruyera todas las iglesias, Yo sabría
descender, en forma eucarística, de los Cielos. Y mis ángeles me llevarían a las almas
hambrientas de Mí, Pan vivo que desciende del Cielo.
No es por otra parte algo nuevo. Cuando la fe era todavía llama de amor vivo Yo he
sabido ir a almas seráficas enterradas en las ermitas o en las celdas muradas. No
hacen falta catedrales para contenerme. Me basta un corazón que consagre el amor.
Incluso la más grande y espléndida catedral es siempre demasiado estrecha y pobre
para Mí, Dios que colmo de Mí todo cuanto existe. La obra humana está sujeta a las
limitaciones de lo humano y Yo soy infinito. En cambio no me es pequeño y pobre
vuestro corazón si la caridad lo enciende. Y la más hermosa catedral es vuestra alma
habitada por Dios.
Dios está en vosotros cuando vosotros estáis en gracia. Y se quiere hacer un altar de
vuestro corazón. En los primeros tiempos de mi Iglesia no existían las catedrales, pero
Yo tenía un trono digno de . Mí en el corazón de cada cristiano.
Después están quienes vienen a Mí solamente cuando la necesidad les empuja o el
miedo les azuza. Entonces vienen a llamar al Sagrario que se abre, concediendo
siempre consuelo, frecuentemente, si es útil, la gracia pedida. Pero quisiera que el
hombre no viniera a Mí solamente para pedir sino también para dar.
Luego vienen aquellos que se acercan a la Mesa, donde Yo me hago alimento, por
costumbre. En éstos los frutos del Sacramento duran ese poco tiempo que duran las
Especies y después desaparecen. No poniendo ningún latido en su venir a Mí, no
progresan en la vida del espíritu que es esencialmente vida de caridad. Yo soy Caridad
y traigo caridad, pero mi caridad languidece en estas almas tibias que nada logra
calentar más.
Otra categoría, la de los fariseos. Existen también ahora; es una gramilla que no
muere. Éstos aparecen ardientes pero están más fríos que la muerte. Siempre iguales a
quienes me condenaron a muerte vienen, poniéndose bien a la vista, hinchados de
soberbia, saturados de falsedad, seguros de poseer la perfección, sin misericordia más
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MARÍA VALTORTA   CUADERNOS DEL 1943 
que para ellos mismos, convencidos de ser ejemplo para el mundo. En cambio son los
que escandalizan a los pequeños y se alejan de Mí porque su vida es una antítesis de
la que debería ser y su piedad es de forma pero no de sustancia, y se transforma,
apenas se alejan del altar, en dureza hacia los hermanos. Éstos comen su condenación
porque Yo perdono muchas cosas, conociendo vuestra debilidad, pero no perdono la
falta de caridad, la hipocresía, la soberbia. De estos corazones Yo huyo lo antes
posible.
Considerando estas categorías es fácil entender por qué la Eucaristía no ha hecho
todavía del mundo un Cielo como debería haber hecho. Sois vosotros quienes
obstaculizáis este adviento de amor que os salvaría singularmente y como sociedad. Si
realmente os nutrierais de Mí con el corazón, con el alma, con la mente, con la voluntad, con la fuerza, con la inteligencia, en suma con todas vuestras potencias,
cesarían los odios, y con los odios las guerras, no existirían más fraudes, ni calumnias,
ni las pasiones desordenadas que crean los adulterios y con éstos los homicidios, el
abandono y la abolición de los inocentes. El perdón recíproco estaría no en los labios,
sino en los corazones de todos, y seríais perdonados por mi Padre.
Viviríais como ángeles pasando vuestros días adorándome en vosotros e
invocándome para la próxima venida. Mi constante presencia en vuestro pensamiento
os tendría alejados del pecado, el cual siempre empieza por un laborío del pensamiento
que después se traduce en acto. Pero del corazón hecho Sagrario no saldrían más que
pensamientos sobrenaturales y la tierra sería santificada.
La tierra se convertiría en un altar, un enorme altar preparado para acoger la
segunda venida de Cristo, Redentor del mundo».
11 de junio
Dice Jesús:
«Estás demasiado afligida por copiar cuanto te he dicho, mucho más porque es un
tema que te cuesta transcribir. Déjalo entonces por hoy y escúchame a Mí que te hablo.
Tienes tanta pena, ¡pobre alma! Pero Yo quiero aliviar tu pena. No "quitar" tu pena.
Sino aliviarla. Aliviarla consolándote y aliviarla ayudándote a levantarla bien en alto para
que sea totalmente meritoria. Si me escuchas verás que la herida duele menos.
María, no seas una que no sabe hacer fructificar las monedas que Yo le doy. Cada
acontecimiento de vuestra jornada de hombres es una moneda que Dios os confía para
que la hagáis fructificar para la vida eterna. Sírvete de la nueva moneda que Yo te doy
de modo que obtengas el cien por cien. ¿De qué modo?
Con la resignación en primer lugar, aceptando beber este cáliz sin volver para otro
lado la cabeza evitando acercar los labios al amarguísimo borde.
Con gratitud siempre, hacia Mí que te lo doy con el conocimiento justo, como sólo Yo
lo puedo tener, de hacerte el bien, o sea, de hacer por ti un nuevo acto de amor.
Con confianza. Yo te ayudaré a llevar la nueva cruz y las otras que de ésta brotarán.
¿No estás contenta de tenerme por Cirineo, Yo, tu Jesús que te ama?
Con visión superior, sobre todo. Sí, no envilezcas el oro de esta cruz ensuciándolo
con maquinaciones humanas. Y ¿qué te importa que el mundo no te comprenda, ni
siquiera en tus sentimientos más selectos? ¿Y qué? ¿Te preocupas porque te juzgan
fría, egoísta, sin amor hacia tu madre? ¿Y qué? ¿Te afliges por un pobre juicio humano? No, María. Lo malo sería que Yo te juzgara culpable contra los mandamientos de la
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MARÍA VALTORTA   CUADERNOS DEL 1943 
Ley divina y humana por tu actuar hacia tu madre. Pero de los demás no te preocupes.
Y mírame a Mí una vez más. ¿Acaso no fui Yo escarnecido por el insulto de que era
blasfemador, un rebelde al Dios de Abraham, un poseído, un hijo sin corazón? Ningún
discípulo es más que el Maestro, María, y cada discípulo debe por ello igualarme en las
ofensas que recibe y en las obras que cumple.
De las ofensas se ocupan los demás los cuales "no saben lo que hacen y lo que
dicen". Por eso perdónales. De las obras ocúpate tú, continuando tu camino y
levantando muy en alto tu espíritu hasta donde las piedras de la difamación, de la corta
vista humana, no puedan llegar. Soy Yo quien ve y juzga y quien te premia y bendice.
Los demás son polvo que cae.
Ve en paz, María. Ves que te toco para quitar de tu cabeza la corona espinosa. Hoy
la llevaré Yo por ti. Y no busques nunca otros corazones aparte del mío para consolar
tu sufrir. Aunque recorrieras toda la tierra no encontrarías a nadie que te entendiera con
verdad y justicia como lo puede hacer Jesús, tu Maestro y Amigo.
Ve en paz. Te doy mi paz».
«Para entender las cosas vosotros hombres tenéis necesidad de poner
meticulosamente todas las cosas en claro. Puntos, comas, exclamaciones,
interrogaciones, y frecuentemente no sirven. Pero Dios no tiene necesidad de sofisticar
tanto para entender. Él ve en lo profundo y juzga en vuestro íntimo. Es por esto que os
he dicho: "Cuando oréis no digáis muchas palabras. Vuestro Padre sabe de qué tenéis
necesidad".
Vuestro Padre entiende, María, ve, juzga, con verdadera justicia y con gran
misericordia. No mide con vuestro metro. No condena según vuestro código, y no mira
con vuestros ojos miopes. Incluso cuando hay realmente una culpa, pero el culpable
está tan humillado que se juzga por sí mismo merecedor de condenación, Yo, Misericordia, digo: "No te condeno. Vete y no peques más", como he dicho a la adúltera.
De que el prójimo no entienda nunca con verdadera justicia tienes continuas
pruebas. La última es de anoche. Han sido heridos tu corazón de hija y tu
susceptibilidad de mujer con un sólo golpe. Y por quien habría podido conocerte a
fondo. Que esto te demuestre una vez más que sólo Dios es infinitamente justo. Deja
pasar todo aquello que no sea Dios. Quiero que tú vivas solamente de Dios.
¿Quieres un ejemplo de cuánto sea limitada la perspicacia humana? Tú, al
transcribir una frase, has omitido, pareciéndote ya claro el pensamiento mientras Yo te
lo dictaba, dos palabritas: en ella. Dos microscópicas palabritas. Pero después ni tú ni
los demás habéis entendido ya el significado verdadero de la frase. "Más bien estaba
en ella (María) la Gracia misma", es decir Dios, Gracia misma, estaba plenamente en
María. Una nonada de omisión, pero que ha hecho que ya no se cogiera bien el sentido
de la frase 27.
Así es con todo. La limitada vista intelectual humana ve en la superficie y con
frecuencia malamente incluso en la superficie. Por esto os he dicho: "No juzguéis".
Para persuadir a ti y a los demás de que cuanto escribes no es cosa tuya, dejo
aposta lagunas en tu mente, como la de los diez justos que hubieran podido salvar
aquella antigua ciudad 28. Lo has tenido que preguntar al Padre 29. O también dejo que
27

En el dictado del 8 de junio
No se ha encontrado ningún punto en el cual la escritora dé aclaraciones sobre la "laguna" de los diez justos, de evidente
naturaleza bíblica, varias veces representada a lo largo del volumen

28

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MARÍA VALTORTA   CUADERNOS DEL 1943 
tú cometas una pequeña modificación para mostrarte que por ti te equivocas enseguida
y te quito las ganas de probar de nuevo. De tal manera te tengo sujeta y persuadida de
que nada es tuyo y todo es mío.
Todo el bien que vosotros hacéis, aunque sea muy vasto, es una pequeñez
insignificante si se compara con el infinito Bien que es Dios, e incluso vuestras obras
más perfectas, de una perfección humana, están llenas de errores a los ojos de Dios.
Pero si las ofrecéis unidas a mis méritos, entonces 'toman las características que
agradan a Dios, ganando en perfección, en extensión, y llegan a ser capaces de
redención.
Es necesario saber hacerlo todo en Mí e imitándome a Mí y en mi Nombre. Entonces
mi Padre ve en vuestras obras mi signo y la semejanza conmigo y las bendice y hace
fructificar. Por una humildad equivocada no debes nunca decir: "Yo no puedo hacer
esto". Yo lo he dicho: "Haréis las mismas obras que hago Yo". Así es porque permaneciendo en Mí con vuestra buena voluntad os hacéis pequeños Cristos capaces de
seguirme a Mí, Cristo verdadero, en todas las vicisitudes de la vida».
12 de junio
Dice Jesús:
«Muchos, si muchos leyeran aquello que te dicto, encontrarían expresiones que son
un poco fuertes, casi imposibles a su vista humana. El Padre se sorprenderá menos
porque, como siervo mío, sabe que nada es imposible para Dios, incluso ciertas formas
de conducta hacia las almas que no serían seguidas por los hombres que miden las
cosas y las aplican según una falsa regla y un modelo creado por ellos. Es decir
siempre imperfectos.
Cuando Yo te digo 30: "Te he amado tanto que hasta he satisfecho tus caprichos...",
digo una frase que haría desencajar los ojos a muchos y aplicaría críticas irrespetuosas
hacia Mí y juicios poco agradables hacia ti. Sin embargo es así, y esto sucede por una
justa visión mía.
Cuando Yo te quise para Mí, pobre María, eras tan humana y la humanidad que
habías tenido a tu alrededor era todavía más humana que tú misma y te pesaba cada
vez más, de modo que eras como una pequeña salvaje. Si Yo entonces te hubiera
pedido lo que te he pedido después, y especialmente aquello que quiero de ti, hoy por
hoy, ahora, tú habrías huido asustada.
Pero Jesús no da nunca miedo. Jesús con sus hijos queridos es un padre de una
ternura perfecta; de una ternura divina, porque aunque Jesús fue hombre y conoció los
sentimientos del hombre, Él ha sido siempre y es Dios, y por ello en los sentimientos
alcanza la perfección de Dios.
Entonces Yo para acercarte y para que tú te acercaras sin temor y cada vez con más
amor, he seguido la regla en uso entre los hombres para conquistar a los niños ariscos.
Te he ofrecido y donado todo cuanto deseabas. Eran nonadas a veces, otras eran
cosas grandes. Y bien: tu Jesús te las ha dado.
A veces soñabas con los ojos abiertos y dabas por cierto el sueño. Un hombre te
habría desmentido haciéndote pasar por loca e insincera. Yo, Dios, he cambiado tus
29
30

Padre Migliorini
En el dictado del 4 de junio

45

MARÍA VALTORTA   CUADERNOS DEL 1943 
sueños en certezas para no humillarte ante el mundo. De tal modo he obtenido que tú
te encariñases en tal modo conmigo de llegar a aquello que eres ahora: algo perdido en
Mí, inseparable de Mí.
Tú, ser finito e imperfecto, ya no existes con tus limitaciones e imperfecciones
humanas, porque estás absorbida, y por ti misma te has hecho absorber, por Mí. Me
ves a Mí en cada cosa agradable, desagradable, alegre, triste, que te suceda. Actúas
mirando mi Rostro. Estás fascinada por mi Rostro. Podría guiarte con la mirada. Incluso
con menos: el latido de mi Corazón, de mi Amor, te guía. Vives de mi Amor. Vives en mi
Amor. Vives por mi Amor.
Cuando tienes una alegría corres a mi encuentro riendo adarme las gracias. Cuando
tienes una necesidad tiendes tu mano pidiéndola. Cuando tienes un dolor vienes sobre
mi Corazón para llorar. Estás de tal modo convencida que Yo soy tu Todo, que tomas
decisiones, que tienes confidencias que a la simple vista humana podrían parecer
imprudencias y locuras. Pero tú sabes que Yo soy tu Todo. Un Todo Dios y que puedo
todo, y te fías.
Precisamente es esta confianza absoluta la que me empuja a realizar continuos
pequeños milagros para ti, porque es la confianza de quien me ama la que abre mi
Corazón de Dios para hacer descender de él torrentes de gracias.
Eres mía porque Yo te he sabido coger, porque he sabido hacer de tu pobre
humanidad humillada una obra maestra de Misericordia. Eres mía, mi pequeña Mía.
Eras de tantas cosas. Vivías para los reclamos humanos. Sufrías, morías en la carne y
en el alma porque eres un alma a la que el mundo no sacia y no sabías encontrar el camino. Ahora eres mía, sólo mía. E incluso en la cruz eres feliz porque tienes quien te
ama como tú quieres. Me tienes a Mí, tu Dios y tu Esposo, tu Jesús».
«Cuando un alma llega a ser tan mía, el amor ocupa el lugar de la Ley y de los
Mandamientos. Divinos la una y los otros, pero que todavía hacen sentir su presencia.
Son como los arneses puestos a vuestra animalidad para que no se rebele y se vaya a
los precipicios.
Pero el Amor no tiene peso. No es un freno que ejerce constricciones. Es una fuerza
que os conduce librándoos incluso de vuestra humanidad. Cuando un alma ama
realmente, el Amor ocupa el lugar de todo. Es como un niño pequeño en los brazos de
su madre que le nutre, le viste, le duerme, le lava, le lleva de paseo o lo mete en la
cuna por su bien. El Amor es la mística nodriza que cría a las almas destinadas al Cielo.
Si por un milagro especial, querido por 3/4 de vuestra voluntad -porque sin vuestra
voluntad ciertos milagros no pueden, no deben suceder- y por un cuarto de mi
benignidad, todas las almas se hicieran vivientes sólo para el espíritu, esto es todas
dignas del Cielo, Yo diría a la tierra la palabra "Fin" para poderos llevar a todos al Cielo
antes de que un nuevo fermento de humanidad corrompiera de nuevo a alguno de los
más débiles de entre vosotros. Pero desgraciadamente esto no sucederá nunca. Mejor
dicho cada vez mueren más sobre la tierra la espiritualidad y el amor.
Por esto las almas que saben vivir en la espiritualidad y en el amor deben tocar las
cimas del espíritu, de la caridad, y del sacrificio -porque el sacrificio no falta nunca en
esta trinidad de cosas necesarias para ser mis verdaderos discípulos- y reparar por las
demás que han esterilizado el espíritu y el amor en sus corazones.
Reparar, consolar, sufrir. Serán las víctimas las que salvarán el mundo» .
13 de junio
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MARÍA VALTORTA   CUADERNOS DEL 1943 

Dice Jesús:
«Para que el Espíritu Santo pueda descender y obrar libremente en un corazón, es
necesario cultivar en sí mismos la caridad, la fidelidad, la pureza, la oración y la
humildad.
Mis Apóstoles se prepararon para su venida con estas virtudes unidas a un intenso
recogimiento. Para aprender éste, así como para aprender las otras virtudes, no tenían
más que mirar a María, mi Madre. En Ella el espíritu de recogimiento era intensísimo.
Incluso en las ocupaciones de la vida Ella sabía vivir recogida en Dios y su gran alegría
era poderse aislar en la contemplación, en el silencio, en la soledad.
Dios puede hablar en cualquier sitio. Pero su Palabra llega a vosotros, mortales,
cuyas capacidades de recepción son limitadas, mucho mejor cuando podéis estar en
soledad que no cuando a vuestro alrededor el prójimo habla, se mueve, se agita con
frecuencia en mezquindades humanas. Doble mérito y doble gracia si podéis oír a Dios
incluso entre el tumulto. Pero también doble, triple fatiga.
Pero tú, María, no transgredas la santa caridad y la santa paciencia por la idea de
oírme. Entonces mutilarías el fruto de estas lecciones. Nada, ni siquiera el pensamiento
de oír mi Voz, te debe hacer poco dispuesta para ejercer condescendencia y paciencia
con tu prójimo. ¿Te parece perder el hilo de lo que digo? ¿Te disgustas porque te das
cuenta de que has olvidado alguna gema de lo que digo? ¡Oh! ¡fíate de Mí! Yo te la
haré encontrar, y más hermosa que antes porque unida con el oro de la caridad y
rodeada de las perlas de la paciencia desmenuzada en infinitos actos, pero todos,
todos, preciosos.
Recuerda que "todo lo que hagáis al prójimo a Mí, Jesús, me lo hacéis". Por ello
tienes que saber salir de tu coloquio Conmigo para escuchar las necesidades, incluso a
veces muy inútiles, del prójimo, siempre con una sonrisa y con buena voluntad. Tú
tendrás el mérito de la caridad ejercida, y ellos no se escandalizarán viéndote irritada
por haber debido dejar la oración.
María Stma. sabía, sin alterarse, salir de la meditación, de la oración, de los suaves
coloquios con Dios -y tú puedes pensar qué altura alcanzaban- y ocuparse del prójimo
sin perder de vista a Dios y sin dar a entender al prójimo que había sido molestada.
María sea tu modelo.
También en la oración mis Apóstoles no tenían más que mirar a María para aprender
cómo se ora para obtener algo de Dios. Y así para todas las demás virtudes necesarias
para preparar la venida del Paráclito. También ahora el Consolador desciende con
mayor vehemencia cuanto más preparado está un espíritu para recibirle.
María, la llena de gracia, no necesitaba preparación alguna. Pero Ella os ha dado el
ejemplo. Es vuestra Madre y las madres son el ejemplo vivo para los hijos. María estaba
ya llena del Espíritu Santo. Era su Esposa y conocía todos los secretos del Esposo.
Pero en María nada debía aparecer distinto a los demás.
Yo mismo, que era Dios, sobre la tierra me sometí a las leyes de la naturaleza: tuve
hambre, sed, frío, estuve cansado, tuve sueño; y Yo mismo, que era Dios, sobre la
tierra me sometí a las leyes de la moral: sentí hastío, miedo, tristeza, gocé de la
amistad, me horroricé de la traición, temblé hasta sudar sangre al pensar lo que tenía
que sufrir, recé como un hombre humilde que necesita de todo.
También María por ello recibió, en forma evidente, el Espíritu Santo. También las
más grandes almas deben seguir el camino que todos siguen, en las manifestaciones
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MARÍA VALTORTA   CUADERNOS DEL 1943 
externas, se entiende, sin distinción, sin vanagloria, sin darse unos aires que no son
más que soberbias alimentadas de hipócrita humildad. Sencillez siempre para que el
Espíritu venga a vosotros con gusto. Y después saber retener el Espíritu Santo con una
pureza vivísima. Él no se detiene donde hay impureza. En fin fidelidad a sus
inspiraciones.
Él es, diré así, el Apóstol eterno y divino que predica incansablemente a las almas la
doctrina del Cristo, que os la ilumina y explica. Pero si es mal acogido, si las puertas de
los corazones se cierran ante su presencia, si es recibido con ira, Él hace lo que Yo dije
a mis Apóstoles: se va y su paz vuelve a Él mientras que vosotros os quedáis sin ella.
Dios no se impone salvo en casos especiales. Él está siempre dispuesto a intervenir
en vuestra ayuda. Pero quiere de vosotros el deseo de recibirle, la voluntad de
escucharle, el coraje de seguirle, la generosidad de confesarle. Entonces Él os abraza,
os penetra, os eleva, os inflama, os deifica, os hace cambiar vuestra pobre naturaleza
animal en una totalmente espiritual, os deifica y como un águila en vuelo os lleva alto, a
los reinos de la Luz, a regiones de pureza, os acerca al Sol de la caridad y os calienta,
hasta que os abre las puertas de su Reino para una eternidad de bienaventuranza».
14 de junio
Después de la Comunión
Dice Jesús:
«Antes escucha lo que te digo y después, por obediencia al Padre, copiarás la
lección sobre los consagrados.
¿Sabes por qué, María, te son iluminadas cosas que están reservadas sólo para ti?
Porque tú no te has contentado con seguir a Jesús hasta el Cenáculo, sino que has
entrado, detrás de tu Esposo de dolor, también en la habitación de la tortura. Se
requiere mucha generosidad, mucha caridad, mucha fidelidad para hacer esto, y Yo . sé
premiar éstos tres muchos.
Cuando fui arrestado, apóstoles y discípulos, que habían sabido seguirme
jurándome fidelidad hasta la fracción del pan, huyeron. Solamente dos me siguieron.
Juan el amado y Pedro el impulsivo. Pero Pedro, como todos los impulsivos, quebró su
ímpetu ante el primer escollo de la dificultad y del miedo, y se paró en la puerta. Juan,
el todo amor, desafió todo y a todos, y entró.
Juan tuvo más valor en aquel instante que en todo el resto de su vida. Después,
durante el largo apostolado, estaba corroborado por el Espíritu Santo y ayudado, en los
primeros años, por mi Madre, Maestra de fortaleza y de apostolado. Además había sido
afianzado en la fe de mi Resurrección, por los primeros milagros, por ver propagarse
cada vez más mi doctrina.
Pero aquella noche estaba solo. Tenía contra sí una muchedumbre embrutecida,
Satanás susurraba sus dudas para arrastrar a los demás, especialmente a los fieles, a
la duda que es el primer paso de la negación. Tenía en contra el miedo de su carne que
sentía el peligro del Maestro, y que sentía desbordarse el mismo peligro sobre sus
seguidores.
Pero Juan, amor y pureza, permaneció y entró detrás de su Maestro, de su Esposo,
de su Rey. Rey de dolor, Esposo de dolor, Maestro de dolor.
Hasta que un alma no acepta ser admitida en el "secreto del dolor" que Yo, Cristo,
he saboreado hasta el fondo, no puede pretender conocer a fondo mi doctrina, ni tener
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luces que sobresalgan de las pequeñas luces concedidas a todos.
Yo emano de mi Frente coronada de espinas, de mis manos traspasadas, de mis
pies horadados, de mi pecho desgarrado, rayos de luz especial. Pero éstos van a
quienes se. unen a mis Llagas y a mi dolor y encuentran el dolor y las llagas más
hermosos que cualquier otra cosa creada.
La estigmatización no es siempre cruenta. Pero cada alma enamorada de Mí hasta
el punto de seguirme en la tortura y en la muerte que es vida, lleva mis estigmas en su
corazón, en su mente.
Mis rayos son armas que hieren y luces que iluminan. Son gracia que entra y vivifica,
son gracia que instruye y eleva.
Por mi benignidad doy a todos, pero doy infinitamente a quien se da totalmente a Mí.
Y cree, en verdad, que si las obras de los justos están escritas en el gran Libro que será
abierto el último día, las obras de mis amantes hasta el holocausto, las obras de las
víctimas voluntarias, a semejanza mía, para la redención de los hermanos, están
escritas en mi Corazón, y nunca, por los siglos de los siglos, serán canceladas.
El que tú no puedas explicar cómo ocurre el fenómeno de ver algunas cosas
especiales, reservadas sólo para ti, muy iluminadas, es natural. Ni siquiera lo intentes
explicar. Dirías muchas palabras y no dirías nada. Son cosas que se aceptan y no se
explican, ni siquiera a sí mismos. Se aceptan con sencillez de niño, con sencillez de paloma.
Se da al prójimo lo que el buen Jesús dice que se le dé, y se tiene para sí mismo el
resto como margaritas preciosas encerradas en el corazón, tratando de merecer
muchas otras con una vida sumergida totalmente en la caridad, en la fidelidad, en la
generosidad, en la pureza».
Oída el día 10 de junio y copiada hoy 14.
Dice Jesús:
«Ora, ofrenda y sufre mucho por mis sacerdotes. Mucha sal se ha vuelto insípida y
las almas sufren por ello perdiendo el sabor de Mí y de mi Doctrina.
Hace algún tiempo que te digo esto, pero tú no quieres escucharlo. Y no quieres
escribirlo. Te retraes. Entiendo el por qué. Pero antes que tú otros han hablado de ello,
por mi inspiración, y eran santos. Es inútil querer cerrar los ojos y los oídos para no ver
y para no oír. La verdad grita incluso con el silencio. Grita con los hechos que son la
palabra más fuerte.
¿Por qué ya no repites la oración de M. Magdalena de Pazzi? Antes la decías
siempre. ¿Por qué no ofreces parte de tus sufrimientos cotidianos por todo el
Sacerdocio? Oras y sufres por mi Vicario. Está bien. Oras y sufres por algún
consagrado o consagrada que se encomiendan a ti o hacia los cuales tienes especial
deber de gratitud. Está bien. Pero no es suficiente. Y por los otros ¿qué haces? Has
puesto una intención de sufrimiento por el clero el miércoles.
No basta. Es necesario que todos los días ores por mis sacerdotes y que ofrezcas
parte de tus sufrimientos por esto. No te canses nunca de orar por ellos que son los
mayores responsables de la vida espiritual de los católicos.
Si basta que un laico haga por diez para no escandalizar, mis sacerdotes deben
hacer por cien, por mil. Deberían ser semejantes a su Maestro en pureza, caridad,
desapego de las cosas del mundo, humildad, generosidad. En cambio el mismo
relajamiento de vida cristiana que hay en los laicos está en mis sacerdotes y en general
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