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Alejandro Jodorowsky Psicomagia.pdf


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llegar a ser «un escritor profundamente espiritual». Le propuse que escribiera
un libro de entrevistas conmigo que se llamaría Psicomagia, y que se subtituló
Esbozos de una terapia pánica. Mi joven amigo dudó: no conociendo para nada el
tema, se sentía incapaz de plantearme preguntas interesantes. «Precisamente
por eso te receto este acto. El ave del espíritu debe liberarse de la jaula racional.
Para ello romperemos el orden lógico. En lugar de que tú me preguntes y yo te
responda, primero yo te responderé y luego tú me preguntarás... Es decir, el
efecto vendrá antes que la causa.» Así lo hicimos: Farcet se sentó frente a mí con
una grabadora y yo fui dando respuestas a preguntas inexistentes durante diez
horas seguidas. Por momentos, mi joven entrevistador se dormía aferrado a su
máquina. Gilles dividió luego ese material en fragmentos ordenados y los
encabezó con preguntas. Como se internaba en terrenos desconocidos (me había
dicho: «No sé si se pueden conciliar búsqueda artística y búsqueda
terapéutica»), las escribió en un tono objetivo declarando: «No soy uno de sus
fieles. No he escrito este libro como aprendiz sino como amigo. De ahí la sana
perplejidad que a veces opongo a sus palabras, la que por feliz efecto lo obliga a
precisar su pensamiento».
Cuando Marc de Smedt, el director de la colección «Espaces libres» en Albin
Michel, Francia, aceptó publicar el libro lo hizo con la condición de cambiarle el
título. «Nadie conoce la palabra psicomagia. Mejor llamarlo: Le théâtre de la
guérison, une thérapie panique».
El teatro de la sanación apareció en 1995. Provocó un gran interés. Recibí una
nutrida correspondencia pidiéndome actos psicomágicos. Para desarrollar esta
técnica, hasta ahora practicada en forma exclusivamente intuitiva, decidí
aceptar dos consultantes diarios, de lunes a viernes, en sesiones de una hora y
media. Después de establecer sus árboles genealógicos -hermanos, padres, tíos,
abuelos y bisabuelos-, les aconsejé actos psicomágicos que produjeron
resultados notables. Pude así descubrir cierto número de leyes que me
permitieron enseñar este arte a gran cantidad de alumnos, muchos de ellos ya
terapeutas establecidos. Concedí sesiones privadas durante dos años, al cabo de
los cuales comencé a escribir mi Danza de la realidad. Gilles Farcet realizó su
carrera de escritor espiritual y hoy en día, un noble padre de familia, conduce al
redil a muchos espíritus descarriados colaborando con Arnaud Desjardins en
tan ardua tarea.
Después de la publicación en España por Siruela de La danza de la realidad
(2001), amén de generosas entrevistas que Fernando Sánchez Dragó me hizo en
la televisión, la Psicomagia fue conocida por el gran público. No faltaron
entusiastas que temerariamente, sin haber tenido nunca una honesta actividad
artística ni terapéutica, quisieron practicarla dando, por incapacidad creativa,
consejos que eran ingenuas imitaciones de los míos.

sistema educativo. «Los alumnos han mutado, desgraciadamente los profesores
siguen manteniendo su arcaica manera de pensar», me dice. Viaja a París y me
interroga durante algunos días. «Piense sin límites, hable para los jóvenes
mutantes.» Así nacieron la segunda y la tercera parte de este libro.
En apéndice, el testimonio de Martín Bakero, poeta y doctor en
psicopatología, que asistió a un taller mío dado en Santiago de Chile y después
viajó a París para perfeccionar su comprensión de mi trabajo. Tiene el mérito de
haber aplicado la psicomagia a la curación de enfermos mentales. Gracias a él
puedo concebir la esperanza de que este arte de curar sea empleado un día
como complemento de la medicina oficial.
Alejandro Jodorowsky

En el año 2002 di en Madrid una conferencia para un público de unas
seiscientas personas en un aula universitaria. Hábilmente conducidos por mi
presentador, el joven profesor Javier Esteban, los alumnos me plantearon sus
problemas solicitando consejos de psicomagia para resolverlos. Al final del acto,
Javier me obsequió con un ejemplar de su libro Duermevela, en el que describe
sus sueños. («Voy a una tienda donde venden miles de aparejos de pesca
gigantescos. El anzuelo me llega por la rodilla. El hombre que me acompaña me
enseña a pescar pero me dice que no hace falta caña ni aparejo alguno. Los tiro
y atravesamos un bosque hasta llegar a un río. Los peces saltan a nuestras
manos.») Considero que sus escritos tienen un sentido sanador. Javier, a su vez,
expresa su adhesión a mis ideas y me pide una cita con el objeto de hacerme las
preguntas que se plantea la juventud, preguntas a las que no responde el actual
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