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A nadie demos ocasion de tropiezo comentario .pdf



Nombre del archivo original: A-nadie-demos-ocasion-de-tropiezo-comentario.pdf
Título: A nadie demos ocasión de tropiezo (2 Cor 6, 3ss)
Autor: Kiko Arguello

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A NADIE DEMOS OCASIÓN DE TROPIEZO
2 Cor 6, 3ss
San Pablo exhorta a los ministros de Cristo tanto a las virtudes interiores como a las
exteriores, no sea que el ministerio del apostolado se dé a los gentiles para ludibrio 1, sino
que para cada uno sean un modelo de todas las virtudes, como conviene a los
dispensadores de los ministerios de Dios.
Cuando dice: A nadie demos ocasión de tropiezo, enseña el modo de usar la gracia
recibida. La gracia se debe usar de manera que a nadie le demos ningún escándalo. Porque
la gracia se da para dos cosas, a saber, para evitar el mal y para obrar el bien.
En seguida, cuando dice: con mucha paciencia, en las tribulaciones, en las necesidades,
en las angustias... en fatigas, muestra en especial de qué modo debemos presentarnos
como ministros de Dios en el uso de la gracia recibida.
La virtud de la paciencia: Es necesaria para soportar los males.
- Muestra la materia de la paciencia en general, y esto doblemente:
• en el sorpresivo asalto de los males, por lo cual dice: en las tribulaciones , Sed
pacientes en la tribulación (Rm 12,12); es preciso pasar por medio de muchas tribulaciones
(Hch 14,21);
• y en la carencia de las cosas necesarias, por lo cual dice: en las necesidades, es claro
que de las cosas necesarias para la vida. Las tribulaciones de mi corazón se han
multiplicado (Sal 24,17).
- Muestra la materia de la paciencia en especial.
• Primero en aquellas cosas que corresponden a las tribulaciones que son voluntarias, y
que tocan al alma, y así dice: en las angustias, se entiende que del corazón, cuando de
tal manera se es asaltado por las adversidades que no se vea por dónde evadirse.
Desamparados, angustiados, maltratados, etc. (Heb 11,37)...
• Segundo en las cosas que pertenecen a las necesidades. Ahora bien, la necesidad a
veces es voluntaria. Y así dice: en fatigas, trabajando con sus propias manos entre los
Corintios, que eran avaros, para no gravarlos con los gastos; y entre los Tesalonicenses,
porque eran ociosos, para darles ejemplo de laboriosidad. Cuanto ha sido menester para
mí, y para mis compañeros, todo me lo han suministrado estas manos (Ac 20,34). En
desvelos, por las predicaciones. En muchas vigilias (2Co 1 1,27). En ayunos a veces
voluntarios, y a veces involuntarios por pobreza. Castigo mi cuerpo y lo esclavizo, no sea
que habiendo predicado a los otros, venga yo a ser reprobado (1Co 9,27). 2
Con pureza esto es, de mente y de cuerpo. Debe notarse que inmediatamente después de muchos
trabajos, vigilias y ayunos, habla de la pureza o castidad, porque quien quiera tener la virtud de la
castidad necesariamente debe entregarse a los trabajos, multiplicar vigilias y castigarse con ayunos.
Castigo mi cuerpo y lo esclavizo, no sea que habiendo predicado a los otros, venga yo a ser reprobado (1Co
9,27).
Con bondad: La virtud de la caridad nos lleva a tener mansedumbre para con el prójimo. Porque no
conviene el no ser suave con los que uno ama. Y por eso dice: con mansedumbre, o sea, de dulce trato con
los prójimos, para que seamos dulces. La palabra dulce multiplica los amigos (Ecl. 6,5). Pero no con
suavidad mundana, sino con la que procede del amor de Dios, es claro que en el Espíritu Santo, por lo
1

Desprecio, mofa, escarnio.

2

Tomás de Aquino trata una objeción a lo dicho anteriormente, como si el yugo de Dios no fuera realmente suave:
- Objeción. En contrario está lo que se dice en Mateo 1 1,30: Mi yugo es suave. Y en cambio aquí se
dice: en muchas tribulaciones, etc. Luego no es suave sino pesadísimo.
- Respuesta. En sí mismas las tribulaciones son amargas, pero se hacen dulces por el amor y por el
fervor interior del espíritu. Por lo cual dice Agustín: todo lo difícil y desmesurado, fácil y casi nada lo
torna el amor.

cual dice: en el Espíritu Santo, o sea, con la mansedumbre que el Espíritu Santo produce en nosotros, ¡Oh
cuan benigno y suave es, oh Señor, tu espíritu en todas las cosas! (Sab 12,1).
Os hemos hablado con la verdad. Enseña cómo debe uno portarse en las cosas que atañen a la verdad
de las palabras, para que seamos veraces. Y por eso dice: Con palabras de verdad, hablando y
predicando la verdad.
En el poder de Dios. O sea, que no confiemos en nuestras obras sino solamente en la fortaleza de Dios, y
no en la propia. No consiste el reino de Dios en palabras sino en la virtud (1Co 4,20).
Cuando dice: con las armas de la justicia, muestra cómo se deben conducir con los buenos y con los
malos, en medio de los bienes y de los males, de lo próspero y de lo adverso, lo cual corresponde a la
virtud de la justicia. Y primero lo indica en general; y luego en especial. Así es que primero dice que nos
manifestemos como ministros de Dios con mucha paciencia. Y, lo que es más, con las armas de la justicia.
La justicia ordena y hace que el hombre tenga su lugar:
• a la diestra, esto es, en lo próspero, de modo que no se enerve,
• y a la siniestra, esto es, en lo adverso, de modo que no se deprima. Todo lo he probado y estoy ya hecho
a todo: a tener abundancia y a padecer necesidad (Flp 4,12).
En seguida esto lo explica pasando de una cosa a otra, de lo próspero a lo adverso, diciendo:
• en gloria. Pues en las cosas temporales la prosperidad y la adversidad se reducen a tres cosas. A
soberbia de la vida, concupiscencia de la carne, concupiscencia de los ojos, según aquello de 1
Juan 2,16. Y esto lo enuncia por su orden, porque primero dice de qué manera se deben portar en lo
adverso y en lo próspero, cosas que pertenecen a la soberbia de la vida, diciendo: en gloria.
Segundo, de qué manera en las cosas que corresponden a la concupiscencia de la carne: casi
moribundos, etc. Tercero, de qué manera deben portarse en las cosas que tocan a la
concupiscencia de los ojos: como pobres. Dice: en gloria, o sea, por el estado de excelencia, como si
dijera: presentémonos como ministros de Dios, a saber, para gloria de Dios.
• E ignominia, la cual está a la siniestra, como si dijera: Ni nos elevemos como algo glorioso, ni si somos
despreciados nos deprimamos. Dios ha escogido las cosas viles y despreciables del mundo, etc. (1Co
1,28).
• En calumnia y en buena fama. En lo cual débese saber que, como dice Gregorio, no debe el hombre por
sí mismo dar motivo de deshonra, sino que más bien debe procurar tener buena fama, según aquello del
Eclesiástico 41,15: Ten cuidado de tu buena reputación; y esto por los demás, porque conviene que para
los que están fuera sea bueno nuestro testimonio (1Tm 3,7). Mas si alguien es objeto injustamente de
una calumnia, no debe ser tan pusilánime que por esto abandone la justicia. Pero si goza de buena
fama entre los infieles, no por eso ha de ensoberbecerse, sino que debe conducirse con moderación
entre ambos extremos.
También trata de las cosas que corresponden a la concupiscencia de los ojos. Acerca de esto indica
dos cosas:
-Una es en relación con los demás: por eso dice que en las cosas temporales somos como
pobres, esto es, teniendo que recibir de los demás; y sin embargo en cuanto a las cosas espirituales
enriquecemos a muchos; y no dice que a todos porque no todos están preparados para ser enriquecidos.
Hay quien parece pobre teniendo muchas riquezas (Pr 13,7).
-Otra es en relación con uno mismo: en las cosas exteriores son como quienes nada tienen,
porque todas las dejaron por Cristo. Si quieres ser perfecto, anda, vende cuanto tienes y dáselo a los
pobres (Mt 19,21). Pero en lo interno y en las cosas espirituales, todo lo poseen, por la interna grandeza
del corazón. Y esto era así porque vivían no para sí mismos sino para Cristo. Y por eso todo lo que es de
Cristo lo consideraban como de ellos mismos. Y como todas las cosas le están sujetas a Cristo, poseían
todas las cosas y todas las cosas se prestaban para la gloria de ellos. Todo el lugar que pisare la planta de
vuestro pie os lo entregaré (Jos. 1,3). Acerca de lo ya dicho hay que observar que el Apóstol usa en ello de
un admirable modo de hablar. Porque él mismo contrapone casi siempre una cosa a otra, y lo temporal
frente a lo espiritual; pero en las temporales agrega siempre alguna condición, por ejemplo: para,
como, casi; y en cambio en lo opuesto espiritual, ninguna añade. La razón de ello es que las cosas
temporales, ya sean malas, ya sean buenas, ya mudables y aparentes, tienen sin embargo semejanza o de
bueno o de malo. Mas las cosas buenas espirituales realmente existen y son verdaderas, por lo cual no les
agrega ninguna condición.
No queráis llevar el yugo desigual con los paganos. Se llama yugo todo aquello que unce a muchos
para hacer determinada cosa. De aquí que como a veces algunos se conciertan para hacer algo bueno
que de Dios procede, y otros algo malo que del diablo procede, por eso se habla de yugo de Dios y de yugo

del diablo. Ahora bien, el yugo de Dios es la Caridad misma, que liga al hombre para servir a Dios.
Tomad mi yugo sobre vosotros (Mt 1 1,29). Y el yugo del diablo es la iniquidad misma, que unce al malo
para hacer el mal. Su pesado yugo (Is 9,4). Esto lo dice así: No queráis llevar el yugo, o sea, no os
pongáis de acuerdo con los infieles para las obras de infidelidad.
¿Qué tiene que ver la justicia con la iniquidad?; como si dijera: No debéis llevar el yugo con los infieles,
porque uno es vuestro modo de ser y otro el de ellos. En vosotros alienta el hábito de la justicia, y en
aquéllos ciertamente el hábito de la iniquidad. Ahora bien, la máxima justicia es darle a Dios lo que es de
Dios, y esto es rendirle culto. De aquí que cuando rendís culto a Dios, vive en vosotros el hábito de la
justicia; y en cambio quitarle a Dios lo que es suyo y dárselo al diablo es la máxima iniquidad. En
vuestras asambleas reina la iniquidad (Is i,13). ¿Qué tiene que ver la paja con el trigo? (Jer 23,28).
¿Qué participación hay entre el fiel y el infiel?; como si dijera: No es la misma la parte del uno y del otro,
porque la parte del fiel es el propio Dios, al que tiene como premio y como fin de su bienaventuranza.
El Señor es la parte que me ha tocado en herencia (Sal 15,5). Y en cambio la parte del infiel son los
bienes terrenos. Nuestra herencia es ésta (Sab 2,9).
¿Qué unión entre el santuario de Dios y el santuario de los ídolos?; como si dijera: ninguna
concordancia hay entre el templo de Dios y los ídolos. De aquí que vosotros sois el templo de Dios por
gracia. El templo de Dios que sois vosotros, santo es (1Co 3,17). ¿No sabéis que vuestros cuerpos son
templos del Espíritu Santo? (1Co 6,19). Así es que no debéis asociaros con los infieles que son templos de
los ídolos. Y débese notar que mediante Ezequiel prohibe el Señor que en el templo de Dios se venere a los
ídolos (Ez. 26). Luego con mayor razón se les prohibe a los hombres, cuyas almas son el templo de Dios,
que las profanen por la participación con los ídolos. Si alguno profanare el templo de Dios, perderle ha Dios
a él (1Co 3,17).
Por tanto, no hay consonancia entre el templo de Dios y los ídolos, o sea, que no debéis tener parte con
ellos, porque vosotros sois el templo de Dios vivo, y no muerto, como los idólatras. El uso del templo
consiste en que Dios habite en él. Porque el templo es el lugar de Dios a El consagrado para su
inhabitación. El Señor está en su santo templo (Sal 10,5). Como dice el Levítico (26,1 1): Fijaré mi
Tabernáculo en medio de vosotros.
Fuente: Santo Tomás de Aquino, Comentario de la Segunda Carta a los Corintios (con
algunas modificaciones para hacer más comprensible el texto).

___
Nota a los salmistas: El objetivo de estos documentos es ayudar al salmista a profundizar en
el canto. Os rogamos no usarlo para dar una larga catequesis sobre el canto a la
asamblea. Estos escritos podrían no obstante darnos alguna idea clave para transmitirla a la
asamblea, según el contexto de la celebración litúrgica, con la intención que ésta sea un
verdadero encuentro con Cristo resucitado.

Esta y otras catequesis en: http://www.cruzgloriosa.org/cantos/comentarios


A-nadie-demos-ocasion-de-tropiezo-comentario.pdf - página 1/3
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