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CARL SAGAN.pdf


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En lo que atañe al cerebro, parto de la premisa fundamental
de que su actividad, lo que a veces solemos denominar «pensamiento», es mera y exclusiva consecuencia de su anatomía y
fisiología. Quizá el «pensamiento» sea el resultado de la acción, separada o conjunta, de los componentes del cerebro,
mientras que ciertos procesos pueden ser consecuencia de la
actuación del cerebro en bloque. Por lo visto, algunos estudiosos del tema han llegado a la conclusión de que ninguna
futura generación de neuroanatomistas podrá aislar y localizar
todas las funciones superiores del cerebro puesto que ellos
han fracasado en el empeño. Pero la ausencia de pruebas no es
prueba válida de la ausencia. La historia reciente de la biología
demuestra sin lugar a dudas que en buena medida somos el resultado de las interacciones de un complejísimo conglomerado
molecular. Hoy, la naturaleza del material genético, antaño
sanctasanctórum de la biología, se explica básicamente en función de los procesos químicos que desarrollan los ácidos nucleicos que lo constituyen, el ADN y el ARN, y de sus elementos
activos, las proteínas. En el ámbito de la ciencia y sobre todo
en el de la biología, se observa con frecuencia que los individuos más familiarizados con los entresijos de una cuestión
tienden a sustentar criterios más empecinados (y a la postre
erróneos) sobre la hipotética inasequibilidad del tema que quienes lo contemplan desde cierta distancia. Por otra parte, me
doy perfecta cuenta de que si este alejamiento es excesivo se
corre el riesgo de confundir lo que no es sino ignorancia con
supuesta percepción del problema. Sea como fuere, amparándome tanto en la clara tendencia que se observa en los más recientes progresos de la biología como en el hecho de que no se
dispone de la menor prueba que la sustente, omitiré en estas
páginas toda mención a la hipótesis acerca de lo que acostumbraba a conocerse como el dualismo cuerpo-mente, o sea, la
noción de que en el interior de la sustancia corpórea material se
contiene otra de muy distinta composición llamada mente.
Parte del estímulo y hasta del goce que uno halla en el estu-

dio de la cuestión radica en el nexo que guarda con todas las
áreas del esfuerzo humano, en especial la posible interacción
de los conocimientos obtenidos del estudio de la fisiología del
cerebro con las percepciones derivadas de la introspección humana. Por suerte, existe un cuantioso legado de estas últimas.
En un pasado remoto, las más ricas, intrincadas y profundas
de tales percepciones se denominaban mitos. «Los mitos
son hechos jamás acaecidos pero siempre presentes», dijo Salustio en el siglo IV. En los diálogos platónicos, y también en
La República, observamos que cada vez que se aborda un punto de vital importancia, Sócrates echa mano de un mito (recuérdese la parábola de la cueva, por aducir el ejemplo más
conocido). Y conste que no me refiero aquí al vocablo «mito» entendido en el sentido que normalmente se le otorga,
como un hecho que aun siendo contrario a la realidad natural
goza de amplia aceptación en el seno de una colectividad, sino
que lo utilizo en su acepción primigenia de metáfora sutil referida
a una cuestión que no puede explicarse de otro modo. En
consonancia con lo dicho, el lector hallará, entremezcladas
con las disquisiciones objeto de estas páginas, alusiones esporádicas a mitos antiguos y modernos. Incluso el título de esta
obra se debe a la sorprenden te idoneidad de diversos mitos
tradicionales y contemporáneos.
Aunque albergo la esperanza de que algunas de las conclusiones que expongo atraigan el interés de las personas dedicadas al estudio del intelecto humano, debo aclarar que, en principio, este libro va destinado al profano interesado en la materia. En el capítulo II se vierten conceptos algo más densos que
en el resto de mi estudio. Aun así, confío en que el lector podrá
salvar el obstáculo con un pequeño esfuerzo suplementario. De
lo dicho se infiere que el libro no es de difícil lectura. Como
norma general, los vocablos técnicos que aparecen ocasionalmente se definen antes de entrar en materia y, además, han
sido incorporados al glosario de términos que figura al final
del libro. Las tablas, cuadros, gráficos y esquemas son elemen-