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Tamaro Susanna Donde el corazon te lleve.pdf


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no me sentí con ánimos para regañarlo. Cuando se me acercó con el hocico todo sucio de
tierra, le dije: «¿Lo ves, viejo mío? Otra vez estamos juntos», y le rasqué detrás de las
orejas.
Durante los días siguientes no hice nada o casi nada. Después de aquel percance, la
parte izquierda de mi cuerpo ya no responde a mis órdenes como antes. La mano, sobre
todo, se ha vuelto lentísima. Como me da rabia que gane ella, hago todo lo posible por
utilizarla más que la otra. Me he atado un pequeño fleco rosado sobre la muñeca, y así,
cada vez que tengo que coger algo, me acuerdo de usar la izquierda en vez de la derecha.
Mientras el cuerpo funciona no nos damos cuenta de qué gran enemigo puede llegar a ser;
si cedemos en la voluntad de hacerle frente, aunque sea sólo un instante, ya estamos
perdidos.
Comoquiera que fuere, dada mi reducida autonomía, he dado a la esposa de Walter una
copia de mis llaves. Ella pasa a verme todos los días y me trae todo lo que necesito.
Dando vueltas entre la casa y el jardín tu recuerdo se ha vuelto insistente, una
verdadera obsesión. Muchas veces me acerqué al teléfono y levanté el auricular con la
intención de enviarte un telegrama. Pero todas las veces, apenas la centralita me
contestaba, decidía no hacerlo. Por la noche, sentada en el sillón -ante mí el vacío y
alrededor el silencio- me preguntaba qué podía ser mejor. Mejor para ti, naturalmente, no
para mí. Para mí sería seguramente más hermoso irme teniéndote a mi lado. Estoy segura
de que si te hubiera dado la noticia de mi enfermedad, habrías interrumpido tu estadía en
América para acudir aquí a toda prisa. ¿Y después? Después, tal vez yo hubiera vivido
otros tres o cuatro años, acaso en una silla de ruedas, acaso alelada; y tú, por obligación, te
habrías encargado de cuidarme. Lo habrías hecho con entrega, pero, con el tiempo, esa
entrega se habría convertido en rabia y odio. Odio, porque pasarían los años y tú habrías
desperdiciado tu juventud; porque mi amor, con el efecto de un bumerang, habría
encerrado tu vida en un callejón sin salida. Esto decía en mi interior la voz que no quería
telefonearte. Si decidía que ella tenía razón, en seguida aparecía en mi mente la voz
contraria. ¿Qué te ocurriría -me preguntaba- si en el momento de abrir la puerta, en vez de
encontrarnos a mí y a Buck festivos encontrases la casa vacía, deshabitada desde tiempo
atrás? ¿Existe algo más terrible que un retorno que no logra llevarse a cabo? Si hubieras
recibido allá un telegrama con la noticia de mi desaparición, ¿no habrías pensado, acaso,
en una especie de traición? ¿En un gesto de despecho? Como en los últimos meses habías
sido muy desgarbada conmigo, pues yo te castigaba marchándome sin previo aviso. Eso no
habría sido un bumerang, sino una vorágine: creo que es casi imposible sobrevivir a algo
semejante. Aquello que tenías que decir a la persona amada queda para siempre dentro de
ti; esa persona está allá, bajo tierra, y ya no puedes volver a mirarla a los ojos, abrazarla,
decirle aquello que todavía no le habías dicho.
Transcurrían los días y yo no tomaba ninguna decisión. Después, esta mañana, la
sugerencia de la rosa. «Escríbele una carta, un pequeño diario de tus jornadas que le siga
haciendo compañía.» Y aquí estoy, por lo tanto, en la cocina, con una vieja libreta tuya
delante, mordisqueando la pluma como un chiquillo en dificultades con los deberes. ¿Un
testamento? No precisamente: más bien algo que te acompañe a lo largo de los años, algo
que podrás leer cada vez que sientas la necesidad de tenerme a tu lado. No temas, no
quiero pontificar ni entristecerte, tan sólo charlar un poco con esa intimidad que antaño nos
unía y que hemos perdido durante los últimos años. Por haber vivido tanto tiempo y haber
dejado a mi espalda tantas personas, a estas alturas sé que los muertos pesan, no tanto por
la ausencia, como por todo aquello que entre ellos y nosotros no ha sido dicho.
Mira, yo me encontré haciendo contigo el papel de madre ya entrada en años, a la edad
en que habitualmente se es abuela. Eso tuvo sus ventajas. Ventajas para ti, porque una