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Fallaci, Oriana Entrevista con la historia .pdf



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Libros de bolsillo Noguer
39

Entrevista con la historia
nueva edición ampliada y revisada

Orlana Fa11aci

Entrevista con la historia
nueva edición ampliada y revisada

Editorial Nogu~.

s. A.

Barcelona - Madrid

11.' edic:ión
RESERVADOS TODOS LOS DERECHOS
Título ~ de la obra: Intervilta con la Storia
Traliucaon: Miria Cruz POlI y AlItoáio S8mona la nueva entrevistas
Diseño cubierta: Mipel Ortiz
ISBN: 84-279. .1....
~ 1epI: B. 31.236-1978
© kizzoli I!diton, Milán, 197.
© Editorial Noper, S.A~ Paseo de Gracia, 96, Barcdona, 1978
para la publiceCi6n en ICll8Ua espIIioIL
Printed m Spál
1978 Grifica I.ar, S.A~
Constitución, 19, BlI'CdotIa-I.

'I..e

"0

A toJos illJ"'llos
gllSta" Jel poJw,
Y

a la ",tmoria

Je ",i madrt,
Tosca Fallaci,
y Je ",i c011Ipañtró,
Alejandro Panagulis

Prologo
Este libro no q*i", ser mtis de lo q*e es: es deNr, *n testimonio diruto
- . ",¡ntislis personajes pol/licos de 14 histot'itl c01lllfllPorá1fl4. No (jIIi",
~ naJa fllás q*e lo que prOfltete ser: es deNr, 1m aOfUmmto a fliballo
etúrt el periodismo y 14 historia. Pero tampoco q*i", pnsmtarse COfltO tma
.ple rlfopi14NÓfI de mtrevistas para los que IStUdian el poder y. el anlipoder. Yo no me.simto, ni 10Uari jamássmti""e, 1m frio registrador tÚ lo
fJ'II eSfUcho y veo. Sobre toda experimcia profesional dejo jirones del alma,
partidpo con aq*el a q*im esc*cho y veo COfltO si la cosa me afictase perso1Ja/mente o hllbiese de tomar posición (y, m efecto, la tOfltO, siempn, a base
de una pnNsa selección moralj, y ante los veintiséis personajes no me COfltportQ con el desasimimto del anatomista o del cronista imperturbable. Me
cOfltporto oprimida por mil rabias y mil interrogantes q*e antes de acometerlos a ellos me acometieron a mí, y con la espera1l7,!l de comprender de qué
modo, estando en el poder * oponiindose a él, ellos determinan nuestro destino. Por ejemplo: ¿la historia está hecha por todos opor unos pocos? ¿Depende de mil leyes universales o solamente de algunos individ*os?
Éste es un antiguo dilema que nadie ha resuelto ni resolver4 nunca. Es
tambiin una vieja trampa en la que caer, y es peligrosísimo porque cada respuesta lleva consigo su contradicción. N ofor a7",ar muchos responden con la
cOfltponenda y sostienen que la historia está hechapor todos 1 por unos pocos
que llegan al mando porque nacen en el momento íusto 1 saben interpretarlo.
Tal VI\: Pero el que no se engaña respecto a la absurda tragedia de la vida,
acaba por seguir a Pascal cuando dice que si la narrzde Cleopatra hubiese
sido más corta, habría cambiado la fa'\. de la tierra; acaba por temer lo que
teme Bertr* Russell cuando escribe: «No te preocupes. Lo que sucede en
el mundo no depende de ti. Depende del señor Kruschev, del señor Mao
Tse-tun~ del señor Foster Dulles. Si ellos dic"! "morid", moriremos. Si
dken • vivid" viviremoS>J. N o consigo aceptarlo. N o consigo prescindir
de la idea de que nuestra existencia dependa de unos pocos, de los hermosos
sueños o de los caprichos de unos p/lCOS, de la iniciativa o de la arbitrariedad de unos pocus. De estos pocos que, a través de las ideas, los descubrimientos, las revoluciones, las guerras, tal ve'\. de un simple gesto, el asesinato
de un tirano, cambian el curso de las cosas y el destino de la mayoría.
Cierto que es U1la hipótesis atro'\; Es un pensamiento que ofende porque,
en tal caso, ¿qué somos nosotros? ¿ Rebaños impotentes en manos de un pastor ora noble ora infame? ¿Material de relleno, hojas arrastradas por el
9

,,;mlo?

r para ",tI'rlo
abr~os i",I*ID las lisis '" los 1IIarxisJIIs ."..
"1*,1,,, C01l 14 I.cba Je daus, J,,-bisloriA-Úl-baml-los-

ÚIs "",I,s loJo

SI

p"J,los-a-trallis-Je-l4p/.tÑ-tle-&I4sts. Pero protúo SI Ja ."0 """'" Je f'U
1, "aliJad colidiAna la1llbim a ,1I0s los JeS1lliml" "0 s, tarJa en objiJlW
qMl si" Mar", "0 exislirf" ti marxismo (nadi, jnI'¿' nostrar qw si
Mar", "0 b.bitst naciJo o no b.biera tsmlo El capital, Jom. S",ilb o
Mario Rossi no lo habrúzn ,smlo). Y, Jesco"sol4Jo, "no CflJlthrtt qMl S01l
pocos los fllt, m I.gar Je un (ambio, Jan otro, IJII' S01l pocos los qu, en l.·
gar dt bacernos lomar un ",mi"o "os haten lomar otro, 1 q.t S01l pocos los
qlle pa"" ideas, átstllbri",ienlos, rttlolutiones, gU'"'II) mala" tira"os. E,,lon"s, ",ds d,sconsol4Jo atin, uno s, pr'gunla cómo SO" 'sos pocos: ¿11Iás inItligmtts qUt nosotros, más fuerlll qut "osotros, mds ilu1llinados qUt "osotros, más emprmJedons qUt nosotros? ¿ O bien inJi"iduos como nosotros, "i
mtjo"s ni ptortS qUt nosotros, maluras tual,sq.iera q.t no mertem nMlstr"
(ólera, nu,stra ad",iratión o nutstra m"idia?
La ;rtgllnta Je ",'i",Je /11 paJIlJo, mtis .bim ti. MlI pilSado remoto Jel q.'
(ono'tmouóJo IlqMeJlo.lJllt.1I.0J han ¡mpMes/D, parlllJue, iJbu/imt,s, lo aprendiésemos m la tscutla. ¡Quién nos asegura qut m la tSOlda no nos han msmado mmliras? ¿Quién nos aporla prutbas ",Pat,S dt demoslr4r la ""Jadtra naluralrI.!' dt JtrjtS, dt Julio César. o dt ESparla(o? Lo sabemos lodo
sobrt sus balallas) naJa sobr, su dimmsión humana, sus debilidaJes o sus
mmliras o, por ,jemplo, sobr, sus (hirridos intelteluales o moral,s. No Imtmos un solo do(ummlo del que multe que V trtingéto,;", fuera un bribón.
Ignoramos si Jesumsto fue alto o bajo, rubio o moreno, OIlto ° sentillo, si
dijo las cosas que afirman san Lu(as, san Mateo, san Marcos) san Juan.
¡Ah! ¡Si alguim lo hubiese mtrtvistado con un magnetófono para conservar su vo'1" sus ideas, sus palabras! ¡Si alguien hubiese taquigrafiado lo que
Juana dt Ar(o dijo en el promo antes de subir a la pira;' jAh, si alguien
hubiese interrogado con un tomavistas a Cromwelly N apoSeón! N o me/io
de las crónicas transmitidas de oído, de los relatos "da(tados demasiado
tarde) sin posibilidad de prutbas. La historia de ayer es una novela llena
de huhos que nadie putde (ontrolar, de juitios a los que nadie puede "plicaro
La historia de hOJa no. Porque la historia de hoy .se trcrihe. m el mismo
inflllnll. de Sil a(ilm"tr. S, puede fotouafiar. filmar. uabar m tinta, (omo
las. l1CtrtllistlJs con IQS PO(OJ que (onlrolan el mundo J u1IlbjIJ1J. ru (urso. Se
la puede difundir en seguida, desde la prensa, la radio, la televisión. Se
puede interpretar y discutir m (alimlt. Amo el periodismo por esto. Temo
al periodismo por esto. ¿Qué otro oficio permite a uno vivir fa historiA en el
instante mismo de su devenir y también ser un III/imonio diruto? El ptrio10

á_o 1$ tnI pri,,;úgio extraordinario y tmibú, no es raro si SI es t()1lKÍlflll

M/NItirst ", ",il tOtJlplejos tk i",ptittui. N o es raro, ant,'un at01úlCiflrúnt;
o tnI ltIQIIfItro i",portanll, flll silnta tOtJlO una angustia, elmi"'o tk no tI. , lulstantes ojos, bastantes o~os J bastante ureliro para ver J olr J tOtJlpmuJer, tOtJlO una tartpa ",filtrada en la ",aJera dt la historia. No
IXllgero eua"¿o digo fue en taáa experiencia profesional dtjo jiro",s tkl
41""" N o me es ftkil (J,tir para ",is atkntros: no es necesario ser Herodoto j
l10r "",1 qUl vaya aportar' tina pi"'"tita útil para tomponer el mosaico,
íJari informadon~s útiús para hacer pensar a la gente. Y si se equivoca, patim&ia.
Mi libro 1111" tnf. In el espado tk sitie años:aquellos en los fUI hice las
tltintisiete entrlvistas para mi iwitfdico~ L 'EurojHo>J. Y en los personajIJ
flll ",uestro me guió la misma inten(ión: btlscar, junto a la noticia, una
respuesta a la 1reguntll "'-qtlé~son-distintos-tk~nosotros. Encontrarlo, que
fU"" claro, fue una ""presa extenuante. A la solicitud de una cita oponlan tasi siempre helaJos silencios o negativas (en efecto, los veintiséis del libro no son los únicos a quienes intent' entrMstar), J si luego respondían con
un sI, habla de esperar meSls para que me concedieran una hora' o m"'ia
hora. Sin embargo, una vt'.\. allí era un juego tocar la verdad J descubrir
fue ni siquiera un criterio selectivo justificaba su poder: quien det"",ina
nUlSlro tkstino no es realmente mejor que nosotros, no es más inteligente, ni
más fuerte ni más iluminado que nosotros. En todo caso es más emprmlkdor, más ambicioso. Sólo en ransimas circunstancias tUtlt la certt7,!l de encontrarme ante criaturas nacidas para guiarnos o para hacernos t01llar un
camino en lugar de otro. Pero esos casos eran los de hombres que no se hallaban en el poder: es más, lo habían combatido J lo combatían con el riesgo
de su propia tlÍda. En cuanto se refiere a aquellos que de un moJo ti otro
me gustarpn o me sedujeron, ha llegado el momento de confesarlo, mi cerebro mantiene una especie de reserva J mi cortrrin cierta insatisfacción. En el
fondo me disgustaba que estuviesen sentados en el vértice de una pirámide.
N o consiguiendo creerlos como hubiese querido, no podía jU7.garfos inocentes. Y menos aún compañeros de ruta.
QuÍ7.,!Í porque no comprendo el poder, el mecanismo por el cual un hombre o mujer se sienten investidos o se ven investidos derderecho tk mandar
sobre los demás J de castigarles si no obedecen. Venga de un soberano despótico'o de un presidente electo, de un general asesino ode un llder venerado,
veo el poder como un fenómeno inhuman0.1 odioso. Me equivocaré, pero el
paraíso terrenal no acabó el día en que Adán J Eva fueron informados por
D~os. de q~e en adelante trabajarían. con ~udor J parirlan con dolo~. Termino el dia en que repararon en laextsteneta de un amo que les proh,bía co(t

11

. , ... ...."".y, IX/IIdwios por ... ~, SI JnuÜro" ¡Jfmue"
... ".;¡", y SI In prohi6ió intltno c,..,. umu ,1 rJimus. D, """,Jo: ptIr"
mM ", fI"IPo IS lIfaSIWÍII tI1III lIIIIoritldJ fJtII gobimu, si "0 IS ,¡ CIIOS. Pwo
/sil . , p.nu J ~o 1MIJs trágko M la ctniiJiciÓtl ~: tI1IIr tllmidMJ M tI1III lIIIIorúiMi fJtII gobimu., M"" jefi j la ñica cosa S'F" IS fII'
110 SI ¡, prwú cOtllrolar J fJtllfIIIIhI 1M libwitiJ. Plor: ts la 1MIJs ...rgtl (J,..
.0000MiÓtlM fJtllla li""'l"" "0 aiste m IIbsolllto, "0 h" aislüio "."'" y
"0 prwú uislir. AIItIfJtII h.., fJ'" c01/lporlars' c".o si uisti".a y bllScaf'Úl.
CIIISI, lo fJtII
Cno .i lÚbIr """",t;" all,aor fJIII ,stoy COtltlltlcitJa M ,stO) MI hecho
fJtlllas 1U1I7{It14S nacm para s". c¡¡»das, fJ"' la ca"" SI prudI c".". ;,,cltiSo ", ";1rtIIS. C",o ta1llb;¡" ",i tiJ". recordar¡' fJ".', m la 1IIinna ","'üI.
fJ'" "0 c"./WItIIio ,¡ poJ"., c".pr.mJo a fJ"m. s, OpOtll al poder, fJ"im ,,,,s"ra ,1 pok, fJ"im "'Plica al poder, solm todo a fJ"im s, rebela cOtllra ,1
poder i.ptllSlo por la fmnalUUJ. La MsobeJ;",a". /:wzml los prepotmt,s la
1H cOtlSiiJw""o si""pre c".o ,1 único 1IIodo M IlSar ,1 ",ilagro M haber naciJo. El si¡"'cio M 70S fJlI' "0 reaccionan, inc/lISo aplatulin, lo h, COtlsÍtÚ1'''''0 si""pre e".o la 1II"".t, "",JalÚra M tina "'''j''' o d, "n h".bre. Y
old.,: ,¡ 1fIás bello ",on"",mto a la dignidad h"",ana 's ,1 fJ'" vi sobre
""a colina MI P,lopotllso, j"nto con ",i compañero, Alejandro Panagulis,
,1 dla m fJ"' 111' 1I,,,ó a cono,,,. a unos cuantos ",i,mbros d, la resistencia.
Era ,1 ",rano M 1J 7J Y P ap""opoulos ,staba todavía m ,1 poder. N o ".a
"na estatua ni ta"'poeo una banJ".a, sino tres letras: OXI, que m griego
significa NO. Hombres sedientos de libertd la hablan escrito mtre los árboles durantt la ocupación ntnifascista y, dllrante treinta años, aquel N o
habla est""o alll, sin desteñirse COtl la lluvia· o el sol. Después" los coroneles
lo hicieron borrar con una capa de cal. Pero en seguida, casi por sortilegio,
la lIu"ia y el sol disol"ieron la cal. As'que, día tras día, el N o reaparecía,
terco, d,ses",.""o, inMleble.
Est, libro no prtlmde ser wa ",ás de lo que es. N o quiere promet".
nada ",ás que lo que pro",ete, es decir, un testi",onio directo que procede de
"na treintena de personajes de la historia ctm1""poránea, dot""o, caJa
litiO, M S" propio signifie""o si",bólico. Lo cierto es que al rei",pri",ir el IiIwo m esta nueva "'ición, ",ueho 11Iás rica que la precedmte, no h, querúJo
reeOtlS/rllir n;"g"na de las mtre"istas, y he ",odifie""o las presmtaciOtlIS
sólo .I1Ii. .11IItIte: Ii",itándome, m algunos casos, a alterar los ti""!Jos
verbal,s, es d,cir,po1Jimdo m indefinido o en pretirito perfecto los "erbos qllt
antes fig"raban m presmte. Igual prineipio he seguido en cuanto al aJita",mto de din.. de las ",ás i",portant,s ent","¡stas que llevé a cabo después M
la aparición del libro: la de Giulio Andreotti; la de Giorgio A",mdola;

""si'.

12

la átl a'\9bispo Ma1(arios; la del jefi de la CIA, William Colby; la át
adfltrsario, Otis Pi1(e;.la de Santiago Carrillo; la de Álvaro Cunhal;
las de Mario Soaresy la que mantuve con Yamani. C011IO es obvio, el juicio
que un encuentro o un personaje nos ha merecido va haciéndose más amplio
) profunáo con los años. Pero, de haber )0 sucumbido a la tentación át comentarios conforme a la visual del Tiempo, habrian perdido su valor át
documentos cristali7...ados en el instante en que los viy los presenté: su carácter de inmediatos se hubiese visto alterado cual una fotografía que se s011lete
a retoques. Sólo en el caso de la entrevista con Alejanáro Panagulis, que
emblemáticamente cierra el libro, he j~ado oportuno añadir un amplio
retll7,9 que da cuenta de lo que fue de él. Los motivos no son sentimentales,
es dúir, que no obedecen al hecbo de que Ale1(os llegase a ser mi c011lpañero
en la vida, tambiin en lo moral. Murió víctima del mismo Poder que este
libro denuncia. conáena y odia. Lo que he intentado decir con esta obra
mía debe, pues, ya mayor rtnln después del asesinato át Alejanáro Panagulis, ser leído teniendo presente ese N O que reaparece terco, desesperado, indeleble, entre los árboles de una colina del Peloponeso.
SIl

Oriana FALLACI

13

Henry Kissinger
Este hombre tan famoso, tan importante. tan afortunado. a quien llamaban Supermano Superstar, Superkraut. que lograba paradójicas alianzas y conseguíá acuerdos
imposibles. tenía al mundo con el alma en vilo. como si el mundo fuese su alumnado
de Harvard. Este personaje incrable. inescrutable. absurdo en el fondo, que se encontraba con Mao Tse-tung cuando quería. entrab~ en el Kremlin cuando le parecía. despertaba al presidente de los Estados Unidos y entraba en su habitación cuando lo
creía oportuno, este CllcUentón con gafas ante el cual James Bond queda convertido en
una ficción sin alicientes. que no dispara. no da puñetazos. no salta del automóvil en
marcha como James Bond, pero aconsejaba guerras. terminaba guerras, pretendía cambiar nuestrO destino e incluso lo cambiaba. En resumen. ¿quién es Henry Kissinger?
Se han escrito libros sobre él como se escriben sobre las grandes figuras absorbidas
ya por la Historia. Libros como el que ilustra sobre su formación político-cultural:
Kissi,,&tr J ,1 liSO del potitr. debido a la admiración de un colega de la universidad; libros como el que canta sus dotes de seductor: QrmitJo Kissi,,&". debido al amor no
correspondido de una periodista francesa. Con su colega de la universidad no ha que·
rido hablar nunca. Con la periodista francesa no ha querido acostarse jamás. Alude a
ambos con una mueca de desprecio y liquida,a los dos con un despectivo ademán de
su gruesa mano: «No comprenden nadaJl. ",No "S ,cierto nada. JI Su biografía es objeto
de investigaciones rayanas en el culto. 'Se sabe todo: que nació en Furth, en Alemania.
en 1923. hijo de Luis Kissinger. profesor de una escuda secundaria. y de Paula Kis·
singer. ama de casa. Se sabe que su familia es hebrea, que catorce de sus parientes murieron en campos de concentración. que con su padre. su madre y su hermano Walter,
huyó a Londres en 1938 y después a Nueva York; que tenía en aquel tiempo quince
años y se llamaba Heinz. no Henry. y no sabía una palabra de inglés. Pero lo aprendió muy pronto. Mientras el padre trabajaba en una oficina postal y la madre abría un ,
negocio de pastelería. estudió lo bastante para ser admitido en Harvard y obtener la
licenciatura por unanimidad con una tesis sobre Spengler, Toynbee y Kant. y convertirse en profesor. Se sabe que a los veintiún años fue soldado en Alemania, donde estuvo en un grupo de G I seleccionados por un test, considerados inteligentes hasta rozar el genio. Que por esto. y a pesar de su juventud, le encargaron la organización del
gobierno de Krefeld. una ciudad alemana que había quedado sin gobernantes. De hecho, ro Krefeld aflora su pasión por la política, pasión que apagaría convirtiéndose en
consejero de Kennedy, de Johnson y. después. en asistente de Numn. No por azar se le
consideraba el segundo hombre más poderoso de América. aunque algunos sostienen
que era bastante más, como lo demostraba el chiste que circulaba por Washington en
la épóca de mi entrevista: «Imagina lo que sucedería si muriese Henry Kissinger: Ri·
chard Nixon se convertiría en presidente de los Estados Unidos».

15

Le llamaban la nodriza mental de Nixon. Para él y para Nixon habían acuñado un
apellido maliciOso y revelador: Nixinger. El presidente no podía prescindir de éL 10
quería siempre cerca: en cada viaje. en cada ceremonia. en cada cena oficial. en cada
período de descanso. Y sobre todo. en cada decisión. Si Nixon decidía ir a Pekín. Ile·
nando de estupor a la derecha y a la izquierda. era Kissinger quien le había metido en
la cabeza la idea de ir a Pekín. Si N ixon decidía trasladarse a Moscú, confundiendo a
Oriente y a Occidente, era Kissinger quien le había sugerido etviaje a Moscú. Si Ni·
xon decidía pactar con Hanoi y abandonar a Thieu. era Kissinger quien lo había lle·
vado a dar ese paso. Su casa era la Casa Blanca. Cuando no estaba de viaje haciendo
de embajador. de agente secreto. de minis&ro del Exterior, el negociante entraba en la
Casa Blanca al amanecer' y salía ya de 'loche. A la Casa Blanca llevaba a lavar sus
mudas. envueltas despreocupadamente en paquetes de papel que no se sabía dónde
iban a parar. (¿A la lavandería privada del presidente?) En la Casa Blanca comía a
menudo. No donnía alli porque no hubiera podido llevar mujeres. Divorciado desde
hacía nueve años. había hecho de sus aventuras galantes un mito que alimentaba con
cuidado aunque muchos no crean ni la mitad. Actrices. figurantas. cantantes, modelos,
periodistas. bailarinas, millonarias. Se decía que todas le gustaban. Pero los escépticos
replicaban que no le gustaba ninguna: se comportaba así por juego. consciente de que
eso multiplicaba su encanto. su popularidad y sus fotografías en los semanarios. En
ese sentido era también el hombre más comentado en América. y el que estaba más de
moda. Eran moda sus gafas de miope. sus rizos de hebreo. sus trajes grises con coro
bata azul, su falso caminar de ingenuo que ha descubierto el placer.
Por eso el hombre seguía siendo un misterio. como su éxito sin parangón. Y la ra·
zón de ese misterio era que acercarse a él y comprenderlo resultaba dificilísimo; no
concedía entrevistas individuales. hablaba sólo en las ruedas de prensa acordadas por
la presidencia. Y yo. lo juro. aún no he comprendido p.or qué aceptó verme apenas
tres días después de haber recibido una carta mía sobre la que no me hacía ilhsiones.
Dijo que era por mi entrevista. con el general Giap. hecha en Hanoi. en febrero del se·
senta y nueve. Tal vez. Pero subsiste el hecho de que después del extraordinario «sí»,
cambió de idea y aceptó verme con una condición: no decirme nada. Durante el en,
cuentro hablaría sólo yo y de lo qU'e dijera dependería que me concediera o no la en·
trevista; suponiendo que tuviera tiempo para ello. Nos encontramos en la Casa
Blanca. el jueves. 2 de noviembre de 1972. 10 vi llegar apresurado, sin sonreír y me
dijo: «Good morning. miss Fal1aci». Después, siempre sin sonreír, me hizo entrar en
su estudio, elegante. lleno de libros. teléfonos. papeles, cuadros abstractos. fotografías
de Nixon. Alli me olvidó y se puso a leer. vuelto de espaldas, un extenso escrito meca·
nografiado. Era un tanto embarazoso estar alli. en medio de la estancia. mientras él
leía. dándome la espalda. Era incluso tonto e ingenuo por su parte. Pero me permitió
estudiarlo antes de que él me estudiase a mí. Y no sólo para descubrir que no es seduc·
tor, tan bajo y robusto y prensado por aquel cabezón de camero, sino para descubrir
que ni siquiera es desenvuelto ni está seguro de sí. Antes ,de enfrentarse a alguien neceo
sita tomar su tiempo y protegerse con su autoridad. Fenómeno frecuente en los tími·

11,

dos que intentan ocultar su timidez. y que. en este empeño. acaban por parecer descorteses. O serlo de verdad.
Terminada la lectura, meticulosa y atenta a juzgar por el tiempo empicado. se: volvió por fm hacia mí y me invitó a sentarme en el diván. Después se sentó en el sillón
de aliado. más alto que el diván. y en esta posición estra~gica, de privilegio. empczá
a interrogarme c()n el tono de 'un profesor que examina a un alumno del qUl: desconfía
un poco. Recuerdo que se parccia a mi profesor de matcmiticas y física en el Instituto
Ga1iko de Florencia; un tipo al que odiaba porque se divertía asustándome, con la
mirada irónica. fija en mí. a través de las gafas. De aquel profesor. tenía hasta la voz:
de barítono más bien gutural y la rrumera de apoyarse en el respaldo del sillón ciñéndolo con el brazo derecho; el gesto de eruue las gruesas piernas mientras la chaqueta
tiraba sobre el hinchado vientre y amenazaba con hacer saltar los botones. Si pretendía ponerme incómoda, lo consiguió perfectamente. La pcsadiIla de mis días escolares
era ~'1 viva, que a cada pregunta suya pensaba: «¿Sabré contestar? Porque si no m'
suspenderá». La primera pregunta fue sobre el general Giap: «Como le he dicho ya,
no concedo nunca entrevistas individuales. La razón por la cual me dispongo a considerar la posibilidad de concedlrle una a USted es porque he leído su entrevista con
Giap. Vcry interesting. Muy interesante. ¿Qué clase de individuo es Giap?» 10 preguntó con el aire de quien tiene muy poco tiempo disponible. lo que me obligó a resumir con una frase efectista. Y contesté: «Un esnob francés. en apariencia. Jovial y
a(fOgante al mismo tiempo pero, en el fondo. aburrido como un día de lluvia. Más
que una entrevista. aquello fue una conferencia. Y no me ~tusiasmó. Sin embargo,
toC" lo que me dijo resultó exacto».
Minil1~izar a los ojos de un norteamericano el personaje de Giap es casi un insulto;
,odos están un poco enamorados de él como lo estuvieron de Rommel. La expresión
«esnob francés» lo dejó perplejo. Tal vez no la comprendió. La revelación de que era
I'aburrido como un día ge lluvia». lo turbó: sabe que sufre también este estigma de
tipo aburrido y por un par de veces su mirada azul relampagueó de modo hostil. Pero
lo que realmente le af~ó fue que yo diese crédito a Giap al haberme previsto cosas
~ctas. Me interrumpió: «¿Exactas. por qué?» «Porque Giap había anunciado en
1969, loque sucedería en 1972». repliqué. «¿ Por ejemplo?» «Por ejemplo. el hecho
de que los norteamericanos se. retirarían poco a poco y después abandonarían aquella
guerra que les costaba siempr~ demasiado dinero, y que amenazaba con llevarlos al
borde de la inflación.» La mirada azul relampagueó de nuevo. «¿Y cuál fue. asu parecer. la cosa más importante que le dijo Giap?» «El no haber reconocido. en sustancia, la ofensiva del Tet. arribuyéndola únicamente a los vietcong.» Esta vez no hizo
coinentarios. Sólo preguntó. «¿Considera que la iniciativa partió de los vietcong?»
"Tal vez sí. doctor Kissinger. Todos saben que a Giap le gustan las ofensivas con carros armados. a lo Rommel. De hecho. la ofensiva de Pascua la hizo a lo Rommel
y... » «j Pero la perdió!» «¿ La perdió?», le rebatí. «¿Qué le hace pensar que no la
haya perdido?» «El hecho de lue haya aceptado un acuerdo que a Thicu no le gusta.
~ Kissin~.» Y, tratando de ananearle alguna noticia, añadí en tono distraído:

17

..Thicu no cederá nunca». Cay6 en la trampa y rrpuso: .. úderá. Debr hacerlo ...
Drspuñ, terrmo minado, se concmtr6 m Thicu. Me pregunt6 qut pmsaba.de Thicu.
Lr dije que nunca me había gustado...¿Y por qué nunca le ha gustado?.... Doctor
Kissinger, lo sabe mrjor que yo. Usted se ha fatigado trrs días con Thicu, más bien
aJ<ltro.» Esto le arrancó un suspiro de asmtimimto y una mueca, que. al rrcordarla,
asombra. Pero m rste primer mcumtro. no sé por qué, se control6 poco. Cuando yo
drcía algo contra Thicu asmtía o suspiraba Iigerammte. o sonráa con complicidad.
Drspués de Thicu, me pregunt6 sobre ColO Ky Y Do COlO Try. Dd primero dijo
que era d&i1 y que hablaba drmasiado. Dd segundo. que lammtaba no haberlo conocido: ..¿ Era. de veras, un gran grneral?» ..Sí -le confirm~; un gran general y un
grneral valirnte: d único gmeral que he visto marchar rn primera línea y m combatr.
Por rsto. supongo. lo asrsinaron.» Fingió rsrupor...¿ Lo asrsinaron? ¿Quim?»
.. Drsde luego no los vietcong, doctor Kissinger. El hdicóptero no cayó tocado por
un mortero. sino porque alguien había manipulado los mandos. Y seguro que Thicu
'lO Iamrnt6 rste crimrn, ni Cao Ky tampoco. Se rstaba ereando una leyenda m tomo
a Do ColO Try y hablaba muy mal de Thicu y Ky. Incluso durantr mi mtrrvista.los
atacó sin piedad.» Esto le turbó más que d hecho de que. más tarde, criticase al ejtrcito sudvicrnamita. Esto sucedi6 al preguntarme qué había visto la última va que rsruve m Saigón. y yo le contrsté que había visto un rjército que no valía un pimimto.
y su rostro asumi6 una aprrsi6n pcrplrja. Sospechando que fmgía. bromet: ..Doctor
Kissingtr. no me diga que me nrcrsita para mterarse de estas cosas. j Ustrd que rs la
persona más informada dd mundo!» Pero no captó la ironía y continu6 d interrogatorio como si de mis opinionrs drpmdiera la sume dd cosmos. o como si él no pudiese vivir sin ellas. Sabe adular con diabólica e hipócrita delicadaa. ¿ O debo decir
diplomacia?
Al decimoquinto minuto dd coloquio. cuando me hubiese dado de bofetadas por
haber acrptado aquella absurda mtrrvista por aqud a quim quería mtrcvistar. olvidó
un poco d Vietnam y, m d tono dd rrportero interrsado, me preguntó cuálrs habían
sido los jefes de Estado que más me habían impresionado. (El verbo imprrsionar le
gusta.) Resignada, le hice la lista. Sobre todo esruvo de acuerdo con Bhulto: ..Muy
intrligmte. muy brillante... No lo rsruvo con respecto a Indira Ghandi: ..¿De veras le
gust6 Indira Ghandi?» Como si quisiera justificar la drsgraciada decci6n que había
sugmdo a Nixon durante d conflicto indopaltistaní. cuando se declaró a favor de los
paltistanírs que perdieron la guerra y contra los hindúes. que la ganaron. De otro jefe
de Estado. dd cual yo hibía dicho que no me parecía nccrsivammte inteligente pero
.ne había gustado mucho. dijo: .. La intdigrncia no sirve para ser jefe de Estado. Lo
que cumta m un jefe de Estado rs la fuma. El valor, la asrucia y la fuma». Considero rsta frase como la más interrsante que me haya dicho. con o sin magnetófono.
Ilustra su tipo. su personalidad. El hombre ama la fuma por mcima de todo. El valor. la asrucia. la fuma. La intrligrncia le interesa bastante mmos. aunque posea tanta
como todos afIrman. (Pero ¿se trata de intrligmcia o de audición y asrucia? A mi mtmder, la intrligrncia que cumta rs la que nace de la comprensi6n de los hombres. Y

18

no diría que: tal mtdJgenaa la tuviera ti. Así. sobre: este: tema dc:bc:ría hacerse: un estu.
dio un poco mú profundo. Admito que: vale: la pma.)
El I1ltimo capítulo del examm. se: inici6 con la pre:gunta que: mmos esperaba:
-¿Qué piensa que: sucederá en Vic:ma.m con el alto el fuc:so?.. Pillada de: improviso.
dije: la verdad. Dije: que: lo había escrito m mi cDITCSpondmcia. recimtemente: publi_
cada: vmdria un baño de: sangre: por los dos lados...y el primero m empezar será su
amigo Thieu.• Se: me: c:ch6 encima. casi ofendido: ..¿Amigo mío? «Bueno. digamos
Tbieu... -¿ Y por qué? ..Porque: incluso antes que: los vietcong inicien sus matanzas.
él hará una carnicma m las cárceles y m las penitmciarias. No habrá muchos neutra·
listas ni muchos vie:tcong m el'gobierno provisional después dd alto el fue:go...•
Arrugó la frmte:, estuvo un mommto cal1ado y por fin dijo: ..También usted crc:c: m
el baño de: sangre... ¡pero 'habrá supervisores intc:rnac:ioilalesl...Doctor Kissingc:r.
también en Dacca ataban los hindúes y no consiguieron impedir las matanzas de
Mukti Babini aapensas de: los bibari... «Va, ya. Y si... ¿Y si retrasáramos el armisticio un año o dos?... repitió. Me: hubiera cortado la lmgua. hubiese: norado. Creo ha·
ber aludo hacia él dos ojos lúcidos: .. Doctor Kisaingc:r. no me: erc:c: la angustia de: haberle: metido m la cabeza una ide:a equivocada. Doctor Kissingc:r. la carnicma reci·
proca tendrá lugar de: todos modos. hoy. dentro de: un año o dentro de: dos. y si la
guerra continúa todavía un año o dos años. a los muertos de: aque:lla carnicma habrá
que: añadir los muertos por bombardeo o m combate:. ¿Me: aplico? Diez y veinte: son
treinta. ¿Qué es mejor? ¿Diez o treinta muertos? Esta historia me: quit6 e:l sueño dos
noches y cuando volvimoS a vernos para la mtrevista se: lo confesé. Pero me: coosol6
diciendo que: no me: creara ningún complejo de: culpabilidad. que: mi cllcuIo era
exaCto. que: eran mejor diez que: treinta; incluso este: episodio ilustra su tipo. su personalidad. Es un hombre: que: lo escucha todo. que: lo registra todo. como una computadora. Y cuando parece: que: ha desc:cbado una informaci6n ya antigua o no aprovc:cbable:. la hace: re:aparc:cc:r fresquísima y útil.
Al vigesimoquinto minuto aproximadammte:. dc:cidi6 que: había aprobado d examm. Tal vez me: hubiera concedido la mtrevista. Pero había un punto que: le: preocupaba: yo era una mujer y precisammte: con una mujer. la periodista francesa que: había
escrito D"" Hmry. había tmido una aperiencia desafortunada. ¿Y si yo. a pesar de:
todas mis bumas intenciones. lo colocaba también m una situaci6n embarazosa? Entonces me: mojé. Y desde: lue:go no podía decirle: lo que: m aquel mommto me: que:·
maba los labios: que: no tenía la menor intc:nci6n de: enamorarme: de: él ni de: atormenwlo con una corte: despiadada. Peropodia decirle: otra cosa y se: la dije:: que: no me:
colocara m la misma situaci6n de: 1968 m Saig6n. en que: a causa del papelito hecho
por un italiano aprovc:cbado. me: vi obligada a abandonarme: a audacias imbéciles.
Que: él comprendiera. m suma, que: yo no era. m modo alguno. responsable: del mal
gusto de: una sdiora que: haáa mi mismo trabajo y que:. por lo tanto. no debía pagar
por c:l1a. Si era nc:eesario. saldrla del asunto con un par de: bofetadas. Convino en e:no
sin que: le: arrancase: una sonrisa. y me: anunci6 que: había encontrado una hora en su
jornada del sábado. Y a las diez del sábado. 4 de: noviembre:. estaria de: nuevo en la

19

Casa Blanca, A las ditt Ymedia mtraba otra vtt m su 06ána para iniciar la mtrevista quizá más incómoda d~ todas las qu~ haya h~. j Sciior, qué pma! CacLi di(Z minutos nos intmumpía el timbr~ del telHono, y era Nixon qu~ quería cualquier rosa,
qu~ pr~guntaba cualquier cosa. p~t~, fastidioso. como un niño qu~ DO sab~ atar
lqos d~ mamá. Kissinger contestaba apramacLi y ot-quiosammt~. y el diálogo conmigo s~ interrumpía hacimdo aún lIÚs difícil el afua-w d~ comprmderlo m~ana­
mrnt~. Dapués. justo rn el mejor mommto, cuando él m~ desvelaba la amcia inapr~hmsibl~ d~ su pcrsonalidad. uno d~ los dos teléfonos IIODÓ d~ DUC'\'O. Era otra vtt
Nixon: ¿ Podía el doctor Kissinger rntrevi~ un mommeo con él? Por supuato,
señor praidrnt~. S~ I~antó, m~ pidi6 qu~ aperara. q~ intmtaría rncontrar un poco
d~ ti~po. salió. y aquí s~ acabó nuatro mcumtro. Dos horas lIÚs tard~. mimtras
ataba aún aperando. el asistmt~ Dick Campbcll compar~6 muy confuso para d~­
cirm~ qu~ el pr~idrnt~ salía hacia Californía y qu~ el doctor Kissinger tmía qu~ marchars~ con B. No r~graaría a Washington anta del martes por la noch~. cuando ya
hubiera ~mpttado el ~autinio d~ votos, y ducLiba razonabl~t~ qu~ rn aquellos
días pudi~~ tttminar la mtrevista. Si hubies~ podido aperar hast:a fines dé novi~m­
br~. cuando el panorama atuviera ya d~cjado ...
No podía esperar y no valía la pma. ¿ D~ qué hubics~ servido confirmar los pnfil~
d~ un r~ato qu~ ya poseía? Un r~ato qu~ nac~ d~ una confusi6n d~ lín~as, d~ colores} d~ r~puestas ~asivas, ~ frasa rmcrnta. d~ samciÓs irritanta. Sobr~ el Vietnam, es obvio qu~ no podía añadir lIÚs y m~ sorpr~~ qu~ lillbiéTa dicho tanto: qu~
la guara tttmi~ o continuara no d~mdía s6lo d~ él y DO podía pttmitirs~ el lujo
d~ comprometetlo todo con una palabra d~ 1IÚs. Sobr~ sí mismo DO aistían estos probl~as' p~, no obstant~, cada vtt qu~ I~ dirigía una pregunta concreta, la esquivaba
y s~ escurría como una anguila. Una anguila lIÚs fría ~ el hielo. ¡Cielos, qué hombr~ d~ hielo! En toda la mtrwista no alteró nunca áquclla voz monótona, trist~, si~­
pr~ igual. La aguja del ~gistrador s~ d~laza cuando s~ pronuncia una palabra rn
un tono más alto o más bajo. Con él DO s~ movi6, y'más d~ una Vtt hu~ d~ controlar
el aparato: aso:gurarm~ d~ qu~ el magnetófono funcionaba bim. ¿Sabéis el rumor ohsesionant~, martill~ant~. d~ la lluvia qu~ ca~ sobr~ el tejado? Pues su voz es así. Y, rn
el fondo, también sus prnsamimtos, jamás perturbados por un desm d~ fantasía, por
un esbozo d~ aucLicia o por una tmtación d~ error. Todo está calculado m él; como el
vuelo d~ un avión conducido por el paoto automático. Paa cada fras~ hasta el miligramo. No s~ I~ escapa nacLi qu~ ~o quiera dror y lo qu~ ~c;o: mtra si~pr~ rn la riJ~­
cánica d~ una utilicLid. Le Duc Tho d~ d~ haber sucLido tinta rn aqu~lIos días y
Thim dd>~ d~ haber sOlIlmdo su astucia a una prudla durísima. Kissinger tirn~ los
nervios y el' cerdlro d~ un jugador do: ajo:drtt.
Claro está qu~ hay cuestion~ a considerar m otros aspo:ctos,d~ su personalidad:
por cj~plo. el h~cho d~ qu~ s~a incquívocammt~ hd>rm ~ irr~~diabl~rnt~ al~­
mán. Por cj~plo, el h~o d~ qu~, como hd>rm y como al~ trasplantado a un
país qu~ aún mira con pr~mci6n a 1m hd>r_ y a los al~ana. arrastr~ un montón
d~ problemas. contradicciona. ramtimimtos y tal vtt una humanidad oculta. Sí, h~

20

dicho humanidad. A veces se encuentran tipos parecidos. Con un poco dc esfuerzo. se
pueden encontrar·en Kissinger dementas dd personaje quc se enamora dc Marlme
Dietrich en El á"UI "{/lI. y se pierdc por ella. Su frívola persccuci6n dc mujeres le ha
costado 'fa un matrimonio; tarde o temprano. dicen. perderá la cabcu po~ una de estas bellezas quc .se lo disputan sólo porquc es tan famoso y garantiu la publicidad. Es
posiblc. Desdc mi punto de vista es d típico httoe de una sociedad donde todo es posible: hasta quc un tímido profesor de Harvard. habituado a escribir aburridísimos libros dc historia y ensayos sobre d control dc la energía ~t6mica. sc convima en una
especie de divo que gobierna .junto al presidente. una especie de playboy que regula
las rdaciones entre las grandes potencias e interrumpe las guerras. un enigma que intentamos descifrar sin advmir que. probablemente. no hay nada o casi nada que descifrar. Como siempre. cuando la aventura 'c vistc de gris

Publicólda íntegra cn d semanario "Ncw Republic». reproducida en sus aspectos
más impOrtantes por los.diarios de Washington. dc Nueva York. y más tarde en casi
todos los periódicos de los Estóldos Unidos. 101 enuevista con Kissinger levant6 unos
comentuios cuyas consecuencias me asombraron. Evidentemente babíól subvalorado
al personaje y el inter~ que despertaba cada una de sus pilibras. Evidentemente hólbía minimiudo la import~ncia de ólquelJ;¡ intmninable hora con tI. Esto se transformó. de repente. en d tema dd díól. Y. rápidamente. comcnz6 01 circubr d rumor dc
que Nixon estólból furioso con Henry. que rehusaból incluso verlo. quc eról inútil que
H cnry Ic tdefoncase. le pidiese óludienciól. fueról a busarlo 01 la residencia dc San Clemente. Las verjas de San Clemente estaban cerradas. la audiencia no se concedía y el
tdifono no contestaból porquc el presidente continuaba negándo.se. El presidente. en·
tre otras cosas. no pcrdonólba a Hmry lo que Hmry mc había dicho sobre la razón dc
su éxito: "lA razón principal Dólce dd hecho de babcr actuado siempre solo. Esto les
gusta mucho 01 los norteammanos. Les gusta el cowboy que avanu solo sobre su
abalJo. el cowboy quc entról solo en 101 ciudad. en d poblado. con su caballo y Dólda
más... íi Tambiin la prCllSól lo aitiaba por esto.
La prensa siemprc hól sido generosól con Kissinger. despiadada con Nixon. Pero en
este CólSO. los partidismos se alteraron y ada periodista babía condenado la presunci6n. o por lo menos 101 imprudenciól. de unas frases como ~us. ¿Cómo se ólUCVÍól
Hmry Kissinger a arrogane d mmto de aquello que obtenía como envi<ldo de Ni·
xon? ¿Cómo sc óltrevía a rdegu a Nixon al papd de espeetóldor? ¿Dónde estWa el
presidente dc los Estóldos Unidos CUólndo el profcsorcilJo entraba en d pueblo para
arreglar las cos» al estilo de Henry Fonda en las pclíoüu del Oeste? En los periódicos más crueles aparecieron viñcus en las que Kissinger. vestido de cowboy. abaJ·
gab<l hólci<l un ClSaloon». En otros. apuecÍólla fotografía de Hmry Fonda CDn w espucias y el sombrero cuactmstico. y lóllcyenda ClHmry. el cowboy solitario•. Eusperado. Kissinger se dej6 enq-cvistar por UD aonista y dijo que babcrme recibido era
..la COSól más estúpida que bólbíól hecho en su vidól•. Dcdaró que yo b&bú dcfOl'-

21

mado sus respucsta5. alterado sus ideas. inventado sus palabras. y lo hizo de modo
tan grosero que me enfurecí más que ~ixon y pas~ al contraataque. Le envi~ un telegrama a París. donde estaba aquellos días. y en resumen le pregunt~ si era un hombre
de honor o un payaso. Incluso lo amenac~ con publicar la grabación de la entrevista.
Que no olvidase el señor Kissinger que había sido registrada en cinta y que esta cinta
estaba a disposición de todos para refrescarle la memoria y la corrección. Declar~ lo
mismo a «Time Magazine». a «Newsweek». a las estaciones de televisión de la CBS
y de la NBC. y a quienquiera que vino a preguntarme sobre lo que estaba sucediendo.
El litigio duró casi dos meses para desdicha de ambos y especialmente mía. No podía
más de Henry Kissinger; su nombre bastaba para ponerme nerViosa. Lo detestaba
hasta el punto de no llegar siquiera a darme cuenta de que el pobrecillo no había tenido otra elección que la de echarme la culpa a mí. Y. por supuesto. sería inexacto decir que en aquel período le dese~ cualquier áito o felicidad.
El hecho cs que mis anatemas no tuvieron fuerza. Nixon dejó de ponerle mala cara
a su Henry y los dos volvieron a arrullar como dos palomas. Su armisticio tuvo
efecto. Los prisioneros norteammcanos volvieron a sus casas. Aquellos prisioneros
que urgían tanto al señor presidente. Y la realidad del Vietnam se convirtió en una cspera de la próxima guerra. Un año más tarde Kissinger era secretario de Estado. en
lugar de Rogcrs. En Estocolmo. le dieron finalmente el premio Nobel de la Paz. Pobre Nobel. Pobre paz._' ~

ORIANA FALLACI.- Me JWtg.nto lo q.e intmta m estos días,
doctor Kissinger. Me preg.nto si tambiin RStul se simte decepcionado como
nosotros, como la mayor parte del mundo. i EsttÍ decepcionado?
HENRY KISSINGER.-'- ¿Decepcionado? ¿Por qué? ¿Qué ha
sucedido en ~~os días para que yo ~té decepcionado?
Una cosa triste, doctor Kissinger: a pesar de q.e .stul dijo que la plT{
estaba «al alcance de la mano» y pese a que se ha confirmado el acuerdo de
plT{ con los norvietnamitas, j¡, plT{ no llega. La g.erra contintía C011l0 antes
y peor q.e antes.
La paz llegará. Estamos decididos a hacerla y se hará. Ds:ntro de
pocas semanas o tal vez menos; en cuantO se reanuden las negociacion~ con los norvietnamitas para d acuerdo definitivo. Así lo dije hace
diez días y así lo repito. Sí, la paz llegará en un ~pacio de tiempo razonablemente corto si Hanoi acepta otra reunión ant~ de firmarse d
aéuerdo, una reunión para .determinar los detall~, si la acepta con d
mismo ~píritu y con la misma actitud que mantuvo en octUbre. Estos

22

.si- son la única incertidumbre de los últimos días. Pero es una incertidumbre que ni siquiera deseo'con5iderar; usted es presa del pánico Y
en estas C05aS no hay que dejarse atemorizar. Ni hay que ser impaciente. El hecho es que... En resumen: hace meses que hemos inidado
estas negociaciones. y ustedes. los periodistas. no nos han hccbo caso.
Han continuado diciendo que no desembocarían. enuda. Luego. de
improviso. se entusiasmaron con la paz ya hecha y ahora dic:enque las
negociaciones han fallado. De esta forma nos toman la temperatUra
cada día. cuatro veces al día. Pero la toman desde el punto de ~ de
Hanoi. Y... preste atención: yo comprendo el puntó de VÍ$ta de Ha~
noi. Los norvietnamitas querían que firmásemos el 31 de octUbre. lo
que era razonable e irrazonable al mismo tiempo y... No. no intento
polemizar sobre «:sta cuestión.
IIStuitS se habí". C01IIpr01ll,tiJO " fir'tur ,1 11 tÚ oatJm!
Digo y repito que fueron dIos los que insistieron sobre esta fecha y
que. para evitar una discusión abstracta sobre fcebas. que en aquel momento parecían puramente teóricas. nos comprometimos a hacer todo
lo posi&le para que las negociaCIones terminaran antes del 31 de octubre. Pero siempre quedó claro. al menos para nosotros. que no podíamos firmar un acuerdo al que faltaba ultimai los detalles. No podíamas mantener una fecha sólo porque. de buena fe. habíamos prometido hacer todo lo posible por mantenerla. Así. ¿ en qué punto. estamos? En el punto en que los detalles están aún por determinar y es indispensable una nueva reunión. Ellos· dicen que no es indispensable.
que no es necesaria. Yo digo que es indispensable y que se hará. Se
hará apenas los no~etnamitas me llamen a París. Pero estamos sólo a
.. de noviembre. hoy esA de noviembre. y comprendo que los norvietnamitas no quieran reanudar las negociaciones tan pocos días después
de la fecha en que habían solicitado firmar. Puedo comprender este
aplazamiento. Pero no es concebible. al menos para mí. que se nieguen
a otra reunión. Y menos ahota que ya hemos recorrido el noventa por
ciento del camino y estamos llegando a la meta. No, no estoy decepcionado. Lo estaré. desde luego. si Hanoi intenta romper el acuerdo.
si rehúsa' discutir cualquier modificación. Pero no puedo creerlo. no.
Ni siquiera puedo' sospechar que se haya llegado tan lejos para que
todo se malogre por una cuestión de prestigio, de procedimiento. de
fcebas. de matiz.

¡Pero

Si" _"11,0,

tÚ1I

t. iwpruió" tÚ

1114111""", firtlllS

", iws posiaotJlS,
23

doaor Kissinger. Han Vlltlto a utili7.!zr un vocabulario duro, han hecho
acusaciones fuertes, casi insultantes para usted...
Oh, esto no significa nada. Ha sucedido antes y nunca lo hemos tomado en cuenta. Yo diría que el vocabulario duro, las acusaciones
fuertes e incluso los insultos quedan dentro de la normalidad. En esencia, no ha cambiado nada. Desde el martes 31 de octubre, o sea desde
el momento en que estamos en calma, ustl\des continúan preguntándose si el enfermo está enfermo. 'Pero yo no veo ninguna enfermedad;
y mantengo que las cosas se resolverán, más o menos, como yo digo.
La paz, repito. llegará dentro de pocas semanas, en. cuanto se reanude.n las negociaciones. No al cabo de muchos meses. Dentro de pocas
semanas.

Pero ¿cuándo se reanudarán las negociaciones? Ésta es la cuestión.
Apenas Le Duc Tho lo desee. Estoy esperando. Pero sin inquietarme, se lo aseguro. Antes, entre encuentro y encuentrO pasaban dos
o tres semanas. No veo que ahora tengamos que preocuparnos porque
pasen algunos días. La única razón del nerviosismo de todos ustedes
es que la gente se pregunta: «¿ Se reanudarán las negociaciones?»
Cuando eran escépticos y no creían que se llegase a nada, nunca se daban cuenta de que pasaba el tiempo. Han sido ustedes demasiado pesimistas al principio, y demasiado optimistaS después de mi conferencia
de prensa, y ahora son otra vez demasiado pesimistas. No quieren meterse en la cabeza que todo está sucediendo tal como lo había pensado
desde el momento en que dije que la paz estaba al alcance de la mano.
Ahora. hay que calcular un par de semanas, creo. Pero aunque fuesen
más... Basta, no quiero hablar más del Vietnam. En este momento no
puedo permitÍrmelo. Cada palabra que digo se convierte en noticia.
Tal vez a fmales de noviembre... Oiga, ¿por qué no nos vemos a fines
de noviembre?

Porque es ",ás interesante ahora, doaor Kissinger. Porque Thieu, por
ej_plo, le ha desafiado a hablar. Lea eSle recorte del ~N"., Yor( Ti",es».
Cita una frase de Thúu: ~PreglÍ1ltenle a Kissi"ger cuáleJ son los puntos
que nos separ"", cuáles son los puntos que "0 acepto».
Déjeme leer... ¡Ahl No, no le contestaré. No tendré en cuenta esta
invitación.

Ya .ha contestado, doaor KissñJglr..r 11 ha dicho que el poto Je fric"·
ción """ del hecho que, segtin J trilUJo acepl4Jo por USIeá, l.as tro,," ".,...

2.

";,,,,,,,,,il4s SI fJlllállr411 m Vi,t1Ia", IÚl SlIr. Doaor KissÍ1l/p, i mt fJlII
Norllll1llirita ''''''r4 fJlI' fi"""r con Ha1l0i s,paraáa.mI,1
No me lo pregunte. Yo debo atenerme a lo que he dicho públicamente hace diez días... No puedo, no debo considerar una hip6tesis
que cr~ que no se verificará. Una hip6tesis que no debe veriIiearse.
5610 puedo decirle que estamos decididos a firmar esta paz, y la firma·
remos sea como sea, en d mínimo de tiempo posible, después de haberme reunido' de nuevo con Le Duc Tho. Thieu puede decir lo que
quiera. Es asunto suyo.

DO&lor KissÍ1lger, si 1, pllSier" 1111 mól"" m la simy k obligara a ,l'gir
una &011 Tbi,. Y IIt1a mla &011 U Dllc Tbo..., ifJtd ,l'girla?

" ' " ' lI1IIl

No puedo contestar a esta pregunta.

i y si 1, &01l1,starayo aicimáo: "" !lista pmsar fJlII preferiría unar &011
Le DII( Tho?
No puedo, no puedo..., no quiero contestar a esta pregunta.
i Pllea, "spo"¿er a ,sla otra? i L, ha lI'SI""o L, DII( Tho?
Sí. Me ha parecido un hombre muy dedicado a su causa, muy serio,
muy firme, y siempre cortés y educado. A veces también muy duro,
más bien difícil de tratar; pero ésta es una cosa que yo siempre he respetado. Sí, respeto mucho a Le Duc Tho. Naturalmente, nuestra rda"
ci6n ha sido muy profesional. pero cr~..., cr~ haber advertido en él
como una sombra de dulzura. Por ejemplo. hubo momentos en que
coQSeguimos incluso bromear. Decí¡unos que un día yo iría a enseiiar
relaciones internacionales a la universidad de Hanoi. y él vendría a
enseiiar marxismo-leninismo a la universidad de Harvard. Bien, 'yo
definiría nuestras relaciones como buenas.

¿Diría lo ",is",o (on "sptao a Thi,lI?
También tengo buenas relaciones con Thieu. Antes...

Y., II1111S. Los s"a,,;,I1Ia1llil4s han aicho f/II' IISI""S 110 s, han saluJaJo
(MIlO

.'los 1II,jor,s a1lligos.

¿Qué han dicho?
QIIl "0 11 ha1l saluJaJo (01110

"";0,

bIImos a1lligos, "pilo. i Afi"""f'Ía lo (011-

Joaor Kissi"ll'?

25

Bueno... Es cierto que tenemos nuestros puntos de vista. Y no necesariamente los mismos puntos de vista. Por tanto, digamos que Thieu
y yo nos hemos saludado como aliados.

Doctor Kissinger, se ha áemostraJo fJue Thieu es un hueso más áuro áe
roer áe lo fJlle se erela. Sin embargo, m lo fJue respecta a Thieu, ¿eree haber
hecho toJo lo lJue era posible hacer, o espera toáavla poJer conseguir algo
más? En reS1l1ltm, ¿se simte optimista respecto al problema Thiell?
j Claro que me siento optimista! Aún tengo algo que hacer. j Mucho que hacer! Aún no he terminado, j no hemos terminado! Y no me
siento impotente. No me siento desalentado. En absoluto. Me siento
preparado, confiado, optimista. Si no puedo hablar de Thicu, si no
puedo contarle lo que estamos tratando en este momento, esto no significa que me apresure a perder la confianza de arreglar las cosas en el
tiempo previsto. Por eso es inútil que Thicu les induzca, a ustedes los
periodistas, a que me obliguen a detallar los puntos sobre los que no
estamos de acuerdo. Es inútil, porque ni siquiera me pone nervioso
esta pregunta. Además, no soy hombre que se deje llevar por las emociones. Las emociones no sirven para nada. Y menos para obtener la

paz.

Pero el fJue muere, ellJue está murimáo, time prisa, áoctor Kissinger. En
los perióáicos de esta mañana apareda llna jotografla tremmáa: la áe un
jovent:ísimo vieuong muerto áos álas áespués áel JI áe octubre. Y habla
llnanoticia tremmáa: la de tltintiáós norteamericanos muertos m el helicóptero áerribado por llna granaáa vietcong tres ¿las áespués áel JI áe octllbre. y mimtras uiteá conJena la prisa, el departammto norteamericano
iJe Defensa enfila nllevas armas y nlltvas municiones a Thieu. Y Hanoi
hau lo mismo.
Eso era inevitable. Sucede siempre antes de un alto el fuego. ¿ No
recuerda las maniobras que tuvieron efecto en Oriente Medio cuando
se proclamó el alto d fuego? Duraron,.por lo menos, dos años. Mire,
el hecho de que nosotros mandemos nuevas armas a Saigón y que Hanoi mande otras armas a los norvietnamitas instalados en el Sur, no
significa nada. Nada. Nada. Y no me haRa hablar más del Vietnam,
por favor.

¿TII.poto lJIIim ~"'r JI fjIIt, SIfIÍ1' lo IJIIe .uchospiensan, el Mlleráo
por llSleá Y por NixOfl es prllaiCllfllmtl IIn lU/4 JI·miáición 11
H""oi?

11(",l1li0

26

i E.lItO es un absurdo 1Es un absurdo decir que el presidente Nixon,
un presidente que ante la Unión Soviética y li China comunista y en
vista de su propia elección ha asumido una actitud de defensa y de
asistencia a Vietnam del Sur contra lo que él consideraba una invasión
norvietnamita... Es un absurdo pensar que este presidente pueda rendirse a Hanoi. ¿Y por qué tendría que ren<ljrse precisamente ahora?
Lo que hemos hecho no ha sido rendirnos. Ha sido dar a Vietnam del
Sur una oportunidad de sobrevivir en oondiciones que son, hoy, más
políticas que militares. Ahora les toca a los sudvie:tnamitas vencer la
competencia política que les espera. Es lo que hemos dicho siempre. Si
compara el acuerdo aceptado con nuestras propuestas del 8 de mayo
se dará cuenta que se trata casi de lo mismo. No hay grandes diferencias entre lo que¡ropusimos el pasado mayo y lo que, esquemáticamente, contiene acuerdo aceptado. No hemos incluido nuevas cláusulas, no hemos hecho nuevas concesiones. Rechazo total y absolutamente la opinión de la «rendición». Y ahora, basta de hablar del
Vietnam. Hablcinos de Maquiavdo, de Cicerón, de todo menos
del Vietnam.

Bahlmos de la gllerra, doClor Kissinger. Ust,d no
áaá?

IS

patifisllJ, ¿fIIr-

No, no creo serlo. Aunque respete a los pacifistas genuinos, no estoy de acuerdo con ningún pacifISta Y en especial con los pacifistas a
medias: los que aceptan la guerra por una parte y son pacifIStas por la
otra. Los únicos pacifistas con los que acepto hablar son los que soportan hasta el final las consecuencias de la no violencia. Pero incluso (DI.
éstos hablo sólo para decirles que serán aplastados por la voluntad de
los más fumes y que su pacifismo sólo les conducirá a horribles sufrimientos. La guerra no es una abstracción, es una oosa que depende de
las condiciones. La guerra contra Hider, por ejemplo, era necesaria.
Lo que no quiere decir que la guerra sea necesaria de por sí, que las
naciones deban hacerla para mantener su virilidad. Quiero decir que
aisten principios por los cuales las naciones deben estar pr~adas
para combatir.

y de la guerra d,1 Vi,tnam, ¿qllí ti"" '1"' d,ti""" doClor Kissin,?
Usttá no ha ,stado nllnca contra la gllerra d,1 Vi,tnam, m, pana.
¿Cómo podría estarlo? Ni siquiera lo estuve antes de ocupar mi posición actual... No, no he estado nunca contra la guerra del Vietnam.

27

¿ y 110 " " fIII SebÚSÍ!', ti"" ''''tÓ1l ,"""O Ji" f'II I.f 8'""" MI
V ÍIIlrtI1Jr sólo htI eMISI!JiÍd!' probtl, f1111II'¿io 1IIi11Ó11 tú "orllll1ll";",,,os
"'" loda 18 I,,,,,ologftl 110 b"" sitio eaJ1tl'u M _ot", " b()1/lms 1IIal "'-os y fIIstiJoS "" 1m pijtl1llll ",gro?
Éste es otro problema. Si es un problema que la guerra del Vietnam
haya sido necesaria. justa. antes que... Las opiniones de este estilo dependen de la posición que cada uno adopta cuando su país está ya metido en la guerra y no hay más que pensar en la manera de sacarlo de
ella. Después de todo. mi papel. nuestro papel. ha sido el de reducir en
lo posible el grado de compromiso de Norteammca en la guerra y.
más tarde. el de terminar la guerra. En último caso será la historia la
que diga quién hizo más: los que sólo han colaborado criti~do. o los
que hemos intentado limitar la guerra y hemos acabado por liquidarla.
Sí. el juicio lo hará la ~teridad. Cuando.un país está involucrado en
una guerra no basta decir: hay ~e temunarla. Hay que terminarla
con criterio. Otra cosa sería decíi que fue justo intervenir en ella.

Pero ¿"o ti"" la impnsió", doctor Kissi"ger, tÚ que ista ha sido u"a
guma i"útil?
En esto puedo estar de acuerdo. Pero no olvidemos que lararon
por la que entramos en la guerra fue impedir que el Norte se comiera
al Sur. para permitir que el Sur siguiera siendo el Sur. Naturalmente.
no quiero decir que nuestro objetivo fuese sólo éste... Fue algo más...
Pero hoy no estoy en la posición adecuada para juzgar si la guerra del
Vietnam· ha sido justa o no. si entrar en ella ha sido útil o inútil. Pero
¿estamos aún hablando del Vietnam?

Sí. Y,sm tÚja, tÚ btlblar lÚI V iel1lll1ll, ¿comiJera que utas "et,«i4cio",s ha" siJo y son la ""J1ma 1IIJs i1llporta"te M su earm"}. 1111 ~ M18

viJa?

Han sido la empresa más difícil. A menudo también la más dolorosa. Pero tampoco creo justo definirla como la empresa más difícil:
es más exacto decir que es la empresa más dolorosa. Porque me ha
afectado emocionalmente. Acercarse a China ha sido una empresa intelectualmente difícil pero no emocionalmente. La paz del Vietnam.
sin embargo. ha sido una empresa emocionalmente difícil. En cuanto a
definir estas negociaciones como la cosa más importante que he hecho... No. lo que yo quería conseguir no era sólo la paz de Vietnam:
eran tres cosas. Este acuerdo. el acercamiento a China y unas nuevas

28

relaciones con la Unión Soviética. Siempre me ha interesado espc:cialmente el problema de una nueva relación con la Unión Soviética. Yo
diría que en el mismo grado que el acercamiento a China y el fin de la
guerra del Vietnam.

Y lo ha (MlSe,..i"o. Ha t",iJo éxito el t1S111IIo Mehi"., ha tmiJo éxito
el tISII1IIo M hJia J está a ptmto M aI(i!I~, el ixiIo m la P"'t MI V iIttIA.. y", este ptmto le pngtI'IIlO, áoao' KissÍflgr, lo .i_o file ¡es pret,1I1Iti a los iIIStrMIIItltillS (""rUJo atUiaban por la ÚI1IA: «What after ,bllt?
i QtIi ha,á tltspIIis M la LiI1Ii!I, ftli (()S4 más se ptuM. haar lÚsP.is MI ofi00 M illSIrO'Ullli!l?»
¿y qué contestaron los astronautas?

QIItfia,tn1 (()1Iftsos J (onttstiIIron: «V",.os... N o si. .. »
Yo también digo esto. Realmente no sé qué haré después. Pero. al
revés que los astronautas, no me siento confuso. En mi vida he encontrado siempre muchas cosas que hacer y estoy seguro de que cuando
haya dejado este puesto... Naturalmente. necesitaré un período de recuperación. de relajamiento ~ no se puede estar en la posición en que
estoy. abandonarla y cmpcur inmediatamcnte cualquier ota. cosa.
Pero. una vez relajado. estoy seguro dc encontrar otra actividad que
valga la pena. No quiero pensar en esto ahora; influiría en mi... mi trabajo: Atravesamos un período tan revolucionario que planificar la propia vida. hoy. es una actitud dc pequeño burgués del ochocientos.

i Vol_á a tnSIia, m Ha",,,,"?
Tal vez. Pero es muy. ~uy improbable. Hay cosas mucho más interesantes; y si con toda la experiencia que he tenido no encontrase la
manera de mantener para mí una vida interesante...• desde luego. será:
culpa mía. Por lo demás, no hedccidido aún dejar este trabajo. Me
gusta mucho. ¿sabe?

Cien..o. El poJw -prt -.,,", D.«10' Kissi." i'" f'Il-""" le
fllKitlA el. poJw? ¡'Mente ser sinmo.
Lo seré. Cuando se tiene el poder en la mano y cUando se tiene en
la mano por mucho tiempo, se acaba por"coosiderarlp como algo que

nos intwDbe. Es~y seguro de que cuando. deje este,PU!'to. notaré ]á
falta del poder. Sm embargo, el pc>der como fin en SI nusmo, el poder
por el ~eJ, DO lI!'e fatciDa· en abduto,. N~ me dt:spierto cadam;a:
.... _dia~: ¡CielOS!, ¿DO es extraordiaario que pueda tmer a DU

29

disposición un avión, que un autom6vil con chófer me espere ante la
puerta? ¿Quién lo hubiera creído posible? No, una clucubfaci6n romo
esa no me interesa. Y, si llego a hacerla, no es un demento determinante. Lo que me interesa es lo que se pueda hacer con el poder. Se
pueden hacer cosas espléndidas, créanie... De todos modos, no ha sido
el afán de poder lo que me ha empujado a este trabajo. Si examina mi
pasado po6tico, descubrirá que d presidente Nixon no podía entrar en
mis p1aDes.. Piense que he estado en contra de él por lo menos en tres
elecciones.

Lo si. l"tlllSo 111III ""t declaró fJfIt N ix01l «"0 SI aJaptMill 111 pal'l de
prtsülent,». ¿AIgtl1lil ""t s, siente inCÓ1lloJO II"t, N ix01l por util declarll·
ción, doctor Kissing"'?
No recuerdo. las palabras exactas que pueda haber pronunciado
contra RiCb.ard Nixon. Pero supongo que debí expresarme más o mcnos de este modo desde el momento en que se sigue repitiendo esta
frase entre comillas. Sin embargo, si lo he dicho, esto prueba que Nixon no formaba parte de mis planes para escalar el poder. En cuanto
al hecho de sentirme molesto ante él... Yo no lo conoáa en aqud
tiempo. Mantenía respecto a él la actitud convencional de los intelectuales, ¿me explico? Estaba equivocado. El presidente Nixon ha dcmostrado una gran fortaleza, r una gran habilidad. Incluso en el hccho de llamarme. No estaba en su circulo cuando me ofreció este trabajo. Quedé aturdido. Al fin Y al cabo, él conocía la escasa amistad y
la poca simpatía que siempre le había demostrado. Sí, dio pruebas de
gran· valor al llamarme.

No "os pilla d, SorpreSil. Saltlo ", fJfIt la IlCllSllción s, ".,1", hoy Contrll
ust,d: ser la "oJ1'Í7l' 1IImtal de Nix01l.
Es una acusación totalmente"'falta de sentido. No olvidemos que,
antes deconoccnne, el presidente Nixon intervino activamente en política exterior. Éste ha sido siempre su principal interés. Ya antes de
ser elegido, se resaltaba que la política exterior era para él una cuestión
importantísima. Tiene ideas muy claras al respecto. Y es un hombre
fuerte. Además, no se convierte uno en presidente de los Estados Unidos. no se es nombrado dos veces candidato presidencial, no se sobrevive tanto tiempo en el mundo político, si se es un hombre débil. Dd
presidente Nixon pue:de: usted pensar lo que: quiera, pero una cosa es
ckrta: no se: llega a presidente dos 'Veces porque: se se:a instrumento de
otta persona. Estas interpretaciones son románticas e: injustas.

30

¿Le ,;"., rntd 1II.mo afiaD, doctor Kissíntp?
Le tengo un gran respeto.
Doctor KiSSÚlgw, la gmt, di" flll a tn/Id "0 ¡, i1llporta """" N ixMJ.

mm. flll tntuJ SI li1llitIJ a bam SIl oficioy """" ttuis. QIII lo b"¡'¡"'lI lHdio

&011

UIII/(pIiw pmiJltlll.

Yo, sin embargo, no estoy nada seguro de que con otro presidente
hubiera podido hacer lo que he hecho con él. Una rclaci6n tan especial, me refiero a la que existe entre el presidente y yo, depende siempre del estilo de los dos hombres. En otras palabras: no conozco muChos líderes. y he conocido muchos, que tuvieran el valor de enviar a
su asistente a Pekín sin decírselo a nadie. No conozco muchos líderes
que dejaran a su asistente la tarea de negociar con los norvietnamitas,
e informar sobre ello sólo a un limitadísimo número de personas.
Cierto, algunas cosas dependen del tipo de presidente. Lo que yo he
hecho ha sido posible porque él me lo ha hecho posible.

No obstante, ustedfue tambiítl &01Isejwo de otros presidentes. ¡"duso de
pmidentes aJvwsarios. Hablo de K",,,ldy, Job1lS01I...
Mi posición respecto a todos los presidentes ha sido la de dejar a su
elección si querían o no querían conocer mis puntos de vista. Cuando
me los preguntaban, se los exponía, diciendo a todos, indiscriminadamente, lo que pensaba. Nunca me ha importado el partido al que pertenecieran. He contestado con idéntica independencia a las preguntas
de Kcnnedy, de JoOOson, de Nixon. Les he dado los mismos consejos.
Con Kennedy fue más difícil, es cierto. Se dice que yo no estaba demasiado de acuerdo con él. Bien..., sí; sustancialmente fue culpa mía.
En aqucl10s tiempos era, desde lueSQ, mucho más inmaduro que
ahora. Y, además, era un consejero a ratos perdidos; no se puede influir en la política _diaria de un presidente si se le ve dos veces por
semana cuando los demás lo ven siete. Quiero decir... que con Kcnncdy
o con JoOOson no estuve nunca en una posición semejante a la --que
oeupo con Nixon.

¿N;"gti" as011lo de maquiavelismo, do&tor Kissi"gw?
Ninguno. ¿Por qué?

Porque ", algu"os 1II0111",tOS, .oymJole, me b, pregU1llaJo 110 cuánto ba
;"Jl*ido uslld a los pres.identes de los EstaJos Unidos, sitIo cuánto ba ;,,JI-o ", lIS/id M"'luúztlllo.
31

En riingún modo. En el mundo contemporáneo es muy poco 10 que
se puede aceptar o us.u' ele Maquiavelo. En Mac¡uiavelo sólo encuentro interesante el modo de considerar la voluntad del príncipe. Interesante. pero no hasta el extremo de influirme. Si quiere saber quién ~
influido en mí principalmente. le responderé con· el nombre de dos filósofos; Spinoza y Kant. Es curioso que a usted se le ocurra asociarme
a Mac¡uiavelo. La gente. comúnmente. asocia mi nombre al de Mettcrnich. Lo que. desde luego. es infantil. Sobre Mettcrnich no he esaito más que un libro que tenía que ser el primero de una extensa serie
sobre la construcci6n y la desintegración del orden internacional en el
siglo XIX. Era una serie que terminaría en la primera guerra mundial.
Esto es todo. No puede haber nada en común entre Mettcrnich y yo.
Él era canciller y ministro de Asuntos Exteriores en un período en el
que. desde el centro de Europa. se necesitaban tres semanas para ir de
un continente al otro. Era canciller y ministro de Asuntos Exteriores
en. un período en el que las guerras las hacían los militares de profesi6n. y la diplomacia estaba en manos de los arist6cratas. ¿C6mo se
puede comparar esto con el mundo de hoy. un mundo donde no existe
ningún grupo homogéneo de líderes. ninguna situaci6n interna homogénea. ninguna realidad cultural homogénea?

Doctor Kissingtr. ¿cómo explica mtonces el increíhle divis11l0 'I.ue lodislingue, cómo explica ,1 hecho tÚ Str casi más fa11l0so J popular 'I.ue un presidmte? ¿ Time una explicación para est, asunto?
Sí. pero no se la daré. Porque no coincide con la tesis de la mayoría. La tesis de la inteligencia. por ejemplo. La inteligencia no es tan
importante en el ejercicio del poder. y a menudo. desde luego. no
sirve. Al igual que un jefe de Estado. un tipo que haga mi trabajo no
tiene necesidad de ser demasiado inteligente. Mi tesis es completamente distinta. pero. repito. no se la diré. ¿Por qué tendría que hacerlo si estoy a la mitad de mi trabajo? Mejor es que me diga la suya.
Estoy seguro de que también usted tiene una tesis sobre los motivos
de mi popularidad.

N o estoy segura, doctor Kissi"gtr. LA ,stoy lnucando a lo largo de esta
mtrevista J no la mCJI""ro. SUp01lgo 'l.'" m la rah,. de toáo'std el íxito.
QIIitro decir que, C011IO a U" juguior de ajeJm" le han salitio-bim Jos o 1m
jugadas. China sobre toáo. A la gmte le !/Ista el jugador de ajeJm..'I."' SI
c011le al ":1Sí. China ha sido un demento muy importante en la mecánica de

~ ~to. Y.,a pesar ~e ello. n~ es ésta la raWn principal. La razón
pnnapaI... SI. se la diré. ¿Qué lDlporta? La raWn principal nace del
hecho de haber acnwlo siempre solo. Esto les gusta mucho a los norteamericanos. Les gusta el cowboy. que avanza solo sobre su caballo.
d cowboy que entra solo en la ciudad, en el poblado. con su caballo y
nada más. Tal vez sin rev6lver, porque no dispara. Él actúa y basta;
llega al lugar oportuno en el momento oportuno. Total. un WIS/".".

C01IIpmuJO. Usted SI", t01llO 1m H",'Y Fonda JeSArntadoy displlesto a
pekar por h01USlos iJe4ks. Solitario, flaleroso...
Lo dd valor no es necesario. De hccho a este cowboy na le sirve
de nada ser valeroso. Le basta Yle sirve estar solo: demostrar a los demás que entra en la ciudad y se las arregla solo. Este personaje románt~co. asombroso, se parece a mí porque estar solo ha formado siempre

parte de mi estilo o. si lo prefiere. de mi técnica. Junto con la independencia. que eslUUY imporunte en mí y para mí. Y, por último. la convicci6n. Estoy siempre convencido 4.e que lo que hago es lo que tengo
que hacer. Y la gente lo siente. lo cree. Y yo espero que me crea:
dlando se conmueve o se conquista a alguien no se le debe engañar.
No se puede s610 calcular y nada más. Algunos creen que yo proyecto
cuidadosamente cuáles serán. de cara al público, las consecuencias de
una iniciativa o de una empresa' mía. Creen que no puedo quitarme de
la cabeza esta preocupaci6n. Sin embargo, las consecuencias de lo que
hago. me refiero al juicio del público, no me han atormentado nunca.
No he pedido la popularidad. no la busco. Incluso. por si le interesa.
no me importa nada la popularidad. No me da: ni pizca de miedo el
perder a mi público; puedo permitirme decir lo que pienso. Estoy aludiendo a la sinceridad que hay en mí. Si me dejase impresionar por las
reacciones del público. si avanzase impulsado s610 por una técnica calculada. no haría nada. Fíjese en los actores: los que son realmente buenos no se sirven s610 de la técnica. Actúan siguiendo una técnica y al
mismo tiempo su convicción. Son sinceros, como yo. No digo que
todo esto tenga que durar siempre. Incluso se puede evaporar con la
misma facilidad con que ha llegado. Pero. por ahora. existe.

¡Está diciinJ01Ile f/II~ f/lle IIS/ed es IIn h01llbre espontáneo, doctor KisIÍ1Igr? Si dejo aparte a Maqllia",lo, el primer personaje ton f/lli", se me

"'0.

asociarle es ton J de un matemátito frio, tontrolado hasta el esQu~ me equifloque, pero usted es un h01llbre mil} frio.
En la táctica. no en la estrategi~. De hecho creo más en las rclacio-

«11m

33

nes humanJS que en las ideas. Utilizo las ideas, pero necesito las relaciones humanas, como he demostrado en mi trabajo. Lo que me ha sucedido, ¿no ha sido, en el fondó, por casualidad? Yo era un profesor
totalmente desconocido. ¿Cómo podía decirme a mí mismo: «Ahora
maniobraré las cosas de tal modo que llegaré a ser internacionalmente
famoso»? Hubiera sido una locura. Quiero estar donde suceden las
cosas, pero nunca he pagado nada para estar allí. Jamás he hecho concesiones. Siempre me he dejado guiar por decisiones espontáneas. Alguien podría decir: entonces todo ha sucedido porque tenía que suceder. Se dice siempre esto cuando las cosas ocurren. Pero nunca se dice
esto de las cosas que no ocurren: nunca se ha escrito la historia de las
cosas que no ocurrieron. En cierto sentido soy fatalista. Creo en el
destino. Estoy convencido, sí, que hay que luchar para lograr algo.
Pero también creo que estamos limitados en la lucha por conseguirlo.

Otra cosa, dOdor Kjssinger: ¿cómo se las arregla para conciliar la tre1IIenáa responsabilidad que tiene y la frívola reputación de que disfruta?
LCámo consigue que le tomen en serio Mao Tse-tung, Chu En-lai, Le Duc
Tho, y luego se le jll7&ue como un despreocupado tenorio, o mejor dieho, un
pJayboy? ¿No le 1IIolesta?
En absoluto. ¿Por qué tiene que molestarme cuando voy a negociar
con Le Duc Tho? Cuando hablo con Le Duc Tho sé lo que tengo que
hacer con Le Duc Tho, y cuando hablo~con las chicas sé lo que tengo
llue hacer con las chicas. Y, por otra parte, Le Duc Tho no negOcia
conmigo precisamente porque yo sea un ejemplo de pura rectitud.
Acepta negociar conmigo porque espera alguna cosa de mí, de la
misma manera en que yo espero algo dé él. Verá usted, en el caso de
Le Duc Tho, como en el caso de Chu En-lai o de Mao Tse-tung, ereo
que la repu!ación de playboy me ha sido y me será útil porque ha servido y sirve para tranquilizar a la gente. Para demostrarle que no soy
una pieza de museo. Y, además, la reputación de frívolo me divierte.

i y pensar que yo la consideraba una reputadón inmerecida, una especie

tk puesta en escena 1IIIis que una verdad?

Bueno, en parte es exagerada, por supuesto. Pero en parte, admitámoslo, es cierta. Lo que importa no es hasta qué punto es cierta o
hasta qué punto me dedico a las mujeres. Lo que cuenta es hasta qué
punto las mujeres forman parte de mi vida, son una preocupación central. Pues bien, no lo son en absoluto. Para mí las mujeres son sólo una
diversión, un hobby. Nadie dedica un tiempo excesivo a los hobbies. Y

34

que yo les dedique un tiempo limitado se comprende dando un vistazo
a mi agenda. Le diré más: no es raro que prefiera ver a mis dos hijos.
Los vC? a menudo, p~ no como antes. Normalmente pasamos juntos
la Navidad; las fiestas Importantes, algunas semanas en verano, y voy
a Boston una va. al mes. Para verlos. Ya sabe que estoy divorciado
hace años. No, el hecho de estar divorciado no me pesa. El hecho de
no vivir con mis hijos no me produce complejo de culpabilidad. Desde
el momento en que mi matrimonio terminó, y no terminó por culpa de
ÚIlo o del otro, no había razón para renúociar al divorcio. Además, estoy mucho más cerca de mis hijos qu~ cuando era el marido de su madre. Incluso soy más feliz con ellos, ahora.

¿Está usted contra el matrimonio, doclor Kissinger?
No. Lo ¿el matrimonio o no matrimonio es un dilema que puede
resolverse como cuestión de principio. Podría suceder que volviera a
casarme.... sí que podría suceder. Pero verá usted: cuando se es una
persona seria, como yo, convivir con otra persona y sobrevivir a esta
convivencia, es. muy difícil. Las relaciones entre una mujer y un -tipo
como yo son inevitablemente muy complejas... Hay que andar con
cuidado. Me resulta difícil explicar estas cosas. No soy una persona
que se confíe a los periodistas.

Comprendo, doctor Kissinger. Nunca he entrevistado a nadie que sorlease como usted las preguntas J las definiciones exactas, nadie que se defendiese como usted ante la tentativa de penetrar en su personalidad. ¿Es
tímido, doctor Kissinger?
Sí. Bastante. Pero. en compensación. creo ser equilibrado. Hay
quien me pinta como un personaje atormentado, misterioso, y quien
me pinta como un tipo casi alegre que sonríe siempre, que ríe siempre.
Las dos imágenes son inexactas. No soy ni uno ni otro. Soy... No le
diré qué soy. No se lo diré jamás a nadie.

Washington, noviembre 1J 72

35

Nguyen Van Thieu
La cita COD Nguyen Van Thicu era a las ocho de la mañana en el palacio praickncia1 de: Saig6n donde: el prc:sidente: me: invitaba a dc:sayunarme: en su 00IÚpañía. A las
ocho en PUDto. Nguyen Van Thicu entraba m la sala donde: yo le: c:spaaba junto con
su consc:jc:ro c:spc:cia1 Hoang Duc Nba Y el fotógrafo del diario para el coal yo trabajaba. Con una amplia sonrisa en su rostro briI.Iante: Y redondo. una inape:rada cordialidad en los ojos y en la voz, avanzó tendiéndome: la mano abic:rta y anpe:z6 en se:guida con una broma: «¿Quién de: ustedc:s dos c:s el je:fe:?. prc:guntó sc:iialando con su
corto índice: al fotógrafo y a mí. «Los dos., CODtc:stó el fotógrafo.•Nadá de: eso•• re:pliqué siguiendo la broma; «el je:fe: wy yo. aunque: él sc:a alto y yo pc:quc:üa•. y quizá
porque: el smor prc:sidente: c:s tan pc:quciio, indUrK) más pc:quciio que: yo. le: gustó la ropuesta. Estalló en una carcajada de: comple:ta aprobaci6n y aclam6: .Enao. Estor
absolutamente: de: aOlc:rdo. El podc:r DO se: comparte:. Debe tmmo uno solo•. Coac«:pto a raenc:r, porque: sma el que: rc:afirmaría al final de: la CDtrc:vista. mando aclamaba. prc:w de: acitación: «Prc:g1ÍDtc:me: quién c:s aquí el je:fe:•. Y yo: c¿ Quién c:s aquí
el je:fe:?» Y él: «¡Yo soy e:l jefe:! Moi! C'c:st moi! C'c:st moi le: chef!. Como me: lo habían dc:scrito como UD hombre: bastante: caTado. me quedé aturdida. Y rápi~mte:
me: pregunté si lo que le hacia tan extrovertido y ale:gre c:ran los bombardeos de: Hanoi que: duraban implacablc:mente: desde: hacia días. La noticia de: que: los none:ammcanos los habían suspendido de: nuevo y que: Kissingc:r se: había ramido otra vez con
Le Duc Tho. no le había llegado todavía.
.
Thie:u llevaba UD traje: gris con camisa clara. Dos días antc:s había he:ebo prc:guntar
si yo lo prcfc:ría de: unifortOe o en traje: civil. y yo le: había contc:stado: .De: paisano.
por caridad». Pc:ro como a tantos militares. el traje: civil no le: caía bien y I:StO le daba
cima aire: desgarbado que: contagiaba cada gesto suyo. Por c:jc:mplo; el esfuc:no que:
hacia para que: yo'me: sintic:ra a gusto y para que: lo considc:rasc: UD anfitri60 pc:rfc:eto.
¿No era dc:masiado tc:mprano para mí? ¿Había ya tomado café? ¿Me: gustaría sufru..
sal IwMJrftlSl? Por favor. acompáñc:me: a la sala contigua. Por favor, siéntc:sc: aquí. Él
se: sc:ntó a la cabe:ccra con la sc:rville:ta prendida en el cuello de: la camisa Ymando el
fotógrafo inició el adc:mán de: tomar la primc:ra fotografía. Nha comc:nz6 lID baIla de:
guiños y ojadas con el que: suplicaba que: se: quitase por favor la sc:rville:ta del Oldlo
de: la camisa. Él no comprendía. Y con la mirada implorante: parc:áa prc:gunw:
«¿Qué quic:rc:? Lue:go comprendió por fm. Y se: la quitó. Confuso. etIrojc:cicndo.
Pc:ro su rostro bronce:ado parc:áa comentar: «¿Por qué? ¿Qué mal hay en dio?
Luc:go me: mancho y mi mujc:r se: enfada.. Nha c:staba sentado a su izquic:rda vigilando cualquic:r c:rror. Yo. a su dc:rc:eba. La mc:sa estaba puc:sta con c:smc:ro. el de:sayuno era accsivo. Sopa de: pc:scado. le:gumbrc:s. c:mpanadas de: carne:. dulces. té.
café. Me: aprc:miaba: .Coma. coma. Es bueno, ¿sabe:? Es UD caldo cstupaldo. Empic:cc:. ¿No tiene: hambre:?

37

La ClODvmaoon se inició apenas pregunté: «¿ Usted se levanta siempre tan temprano. señor presidente? Esperaba ron impaciencia que le dijera cualquiu rosa: Se
disparó. «¡Oh, síl Casi siempre.• A las seis Y media. dice. para escuchar las noticias
de la radio. Pero se queda en cama hasta las siete y media: para pensar un poco. Ya
las ocho está preparado para recibir generales. ministros y fumar su puro. «Uno solo.
¿eh? Me basta para todo el día. Desde hace unos dos años. dos y medio. desde que he
dejado de fumar en pipa. No está nada bien que un presidente fume en pipa. ¿no le
parece? Para un presidente. d puro es más adecuado. ¿verdad?» Sólo Dios sabe quién
le aplicó que un presidente no fuma pipas. sino puros. No podía haber sido más que
un norteamericano. y aqudla frív.ola preocupación despertaba cierta piedad. «Cierto,
señor presidente. Es verdad.» Por la noche. se arostaba muy tarde y hasta las dos de
la madrugada no se dormía nunca. Dejaba la radio enc.endida y seguía así mientras B
dormía. Estaba tan arostumbrado a leer ron la radio funcionando. a distinguir el sonido de la música dd de las palabras, que cuando cesaba la música y empezaba el noticiario inmediatamente abría.los ojos y escuchaba ron la mente lúcida. Que no creyera,
ron esto; que no sabía apreciar la vida. A veces jugaba a tenis. montaba a caballo y,
tres o cuatro veces a la semana. se hacía proyectar una película. Historias sentimentales, 1III1Imu, judo y mate. Lo úniro que no tCDÍa tiempo de hacer era leer. Demasiado
absorbente, ¿no? «Cierto. señor presidente. Comprendo.»

Comiendo ron apetito. hasta con voracidad, me contó cosas de su juventud. de su
carrera militar, de su participación en el golpe de Estado contra Diem, y el nombre de
Diem le provocaba una insospechada tristeza. «Me habían prometido no matarlo. Yo
les había dicho: está bien, participo ron la rondición de que no lo maten. Pero lo mataroIl aquellos idiotas. AqUdlos irresponsables, locos. Me produjo un dolor que aún
nevo dentro. aquÍ. entre la cabeza y el corazón. Cada aniversario de su muerte le hago
decir una misa, aquí. en mi capilla. Y rezo siempre por él, por su alma.» Parecía sincero. Nada denunciaba en él la .diabólica astucia gracias a la cual se ha mantenido
hasta hoy en d poder, protegido por un millón de hombres y un cuerpo de policía que
causa estragos. Al rontrario. poco a poco, me sorprendí preguntándome si era. de verdad, tan pérfido como dicen. Y pensaba: tal vez no tiene este aire satisfecho porque
sobre Hanoi están cayendo las bombas; tanta jovialidad.es una desenvoltura destinada a ocultar su timidez de ex campesino. Tal vez no te ha lanzado a la cara la historia dd poder que no se divide, le-chef-c'est-moi, porque sea un insolente, sino porque
time miedo de que no le tomen en serio. Y es extraño, tal vez paradójico, incluso ingenuo: con todo y saber que era un sombrío dictador. que las cárceles de Vietnam del
Sur estaban nenas de vietcong. odiándolo y habiendo odiado siempre todo lo que él
representa. d poder robado -e inmerecido, la ignorancia. la rorrupción, la obediencia
al más fuerte. el abuso; a pesar de todo eso. y con rabia. acabé por sentir hacia él una
humana simpatía. Parecía tan pequeño. tan perdido, tan solo. Parecía el símbolo
mismo de un país aplastado. apoli...lo. humillado por los intereses de quien hace y

38

deshace el destino de los dtmáa como si fuera un juego. La esttategia global del doctor Kissinger. Su minué con China y con Rusia. El ánismo con que un día di«: "Tenéis que hacer la guerra a los comunistas. Los comunistas son malos. DtbáI macarjos». Y al día siguiente dice: "¿ Por qué hacer la guerra a los comunistas? Los comunistas no son malos. No hay que macarlos, ¿comprendido? Firma aquí y toma
puro. No se fuma en pipa. Los presidentes norteamericanos han fumado siempre puros». Se había rebdado, por haberse dado cuenta de que había perdido a _ amip
y, tal va, por no haber tenido nunca amisos, 1610 amos. Y ahora buscaba amip.
Aunque fuera por una hora. por una maüaila. con una periodista atranjera que no le
había visto nunca y que sabía no era amiga suya. fo:j Oh, mademoisdltl A veces me parece que no hay nada· que haetr, salvo rogar a Dios, madtmoisdle.»
Terminado el desayuno. con toda la incomodidad que una europea puede sentir lOmando sopa de pescado a las ocho de la mañana, me preguntó cortésmente si me gustaría continuar la entrevista en su despacho: tal.va el fotógrafo hubiera preferido
atto marco para sus fotografías. Fuimos a su despacho y alli estuvimos hasta las do«
y media. Hablamos casi sitmpre en francés, la lengua en la que él ha estudiado. S6lo
cuando quería aclarar una idea. en su desesperada necesidad de aplicarse y ser comprendido al menos por alguien, repetía la frase en inglés. Pero su inglés no es bueno y
entonces pedía a Nha que le ayudara. A veces tenía Ugrimas en los ojos. A veces la
voz se le rompía en un sollozo pronto sofocado. Y ttmblaba de rabia, de dolor. de pasi6n. Y también de dignidad. «Señores americanos, les he dicho: Messicurs les Américaíns! j Yana tengo nada que vender a Rusia o a China 1 j Para mí es una cuesti6n de
vida o muerte! To be or not to btl» Y había una citrU dignidad en él y en su ttagedia. Tal va no le habían comprendido bien. Tal va no era el ridículo fantoche de los
norteamericanos que adamos. y, porque sitmpre es bdlo rescacar a un hombre, cual·
quier hombre. incluso un hombre malo, deseaba ofrecerle comprensi6n '1 citt'to respeto.

un

¿Me equivocaba? Ahora ttmO que sí. En efecto, casi todas las veces que he tratado
de ofrecer comprensión y respeto a un podtt'OSO, casi todas las veces que he intentado
absolver también en parte a un famoso hijo de mala madre. luego he tenido que arrepentinne ¡¡margamentt. A pesar de su cháchara. Thicu no tardó en firmar lo que Kissinger quetÍa. Y, después de haber firmado. siguió teniendo llenas sus cárceles, se negó
a convocar las elecciones que había prometido y nunca negoció con los vieteoog. Y
próxima ya la caída de Saig6n, escapó como un cobiirdé. o más bien como. un ladrón,
yendo a refugiarse en Londres. donde había escondido el dinero robado a su pueblo.
Le chef c'estmoi.

ORIANA FALLACI.- Señor presidente, ya no es IIn semto file entre
IIstedy los norteamericanos existe, hoy, más enemistad fJlIt amistad. La JII39

~

to" fJ'Iluu/ mbtrri ", oalllm el IKtIert/o aaptado por Kissing"., I.

frialJ4J t01l flll mibió'" NatliJa¡J al g"",.al Haig, toJo Jn¡,.,stra fJ'Il
rsIIi" ahora ", posiaOfUSop.ntas. Y la gmte se prtgll'flla qllé pimsa Tbittl
de este Jrl#llll.

NGUYEN VAN 1HIEU.- Mademoiselle... Yo no soy el tipo
misterioso que muchos imaginan. Al contrario, soy un tipo bastante
abieno. No oculto nunca nada, ni siquiera en política, y no hago caso
de los que me aconsejan no decir lo que pienso, sino lo contrario. Les
respondn siempre: «Hay que decirlo. Lisa y llanamente». Pero
cuando se toca este tema, debo recordar que represento al Vietnam del
Sur. Como presidente Thieu no puedo permitirme el lujo de ser un
enemigo declarado de los Estados Unidos que, para bien o para mal,
siguen siendo mis amigos, mis aliados. Además, le he prometido a Nixon que, aunque nuestras posiciones fueran contrarias, seguiremos
siendo aliados y no nos consideraremos enemigos. Mademoisdle, ¿no
hay acaso peleas entre marido y mujer? ¿ Y acaban por ello como enemigos? No 5610 eso: las pdeas entre marido y mujer deben dirimirse
en la habitación y con la puerta cenada con llave. Los niños no deben
ver a sus padres tirándose los trastos a la cabeza. Con los amigos sucede lo mismo. Y en mi propio interés y en el de los Estados Unidos
debemos evitar cualquier pelea pública utilizable por los comunistas.

C01IIprnulo. P".o ttIa"¿O mtrlt/isté al Joaor Kissi"g'" tr¿tJtla i1llj1nsiÓ1l

de fJ'Illo iJ'" reitwba mtre fIStules "0 ".a 11" a1llor loto, y 1IIe aS01ll1wa 11"

poto

SIl

",lIIela, señor prtsiJ",te.

¿Sabe, mademolsdle... ? Hay que saber olvidar. Sí, olvidar.
Cuando se hace avanzar un país, no hay que ser rencoroso. Mis discusiones con el doctor Kissinger han sido muy sinceras. En algunos momentos, realmente duras. Me atrevería a decir que durísimas. Pero, en
d-fondo, seguían siendo discusiones entre amigos y... en resumen: he
de.tr~tarle como amigo. Cuando se marchó, todos los periodistas de
Salgon me preguntaron: «¿Cómo va el desacuerdo?» Y yo contesté:
«Cuando se habla de desacuerdo hay que hablar de acuerdo. Entre
nosotros dos existen acuerdos y desacuerdos». Mademoisdle... he dicho «no» a los n~neamericanos. ¿Qué más quiere? Cuando digo no,
es que no. Pero aun no ha llegado el momento de anunciar al mundo
que todo ha tertninado. Hay todavía esperanzas de paz.. Podría llegar
dentro de algunas semanas, induso un mes. No es momento de abandonarse a la desesperación.

E"lo"tts es aerlo fJlIt Sil a"o» es 11" a1lO» a la "itl1la1lliu. Es iÚeir, . .
a1lO» fJue podría fJutm' decir así».
En absoluto. Cuando digo. no, es que DO. Se lo repito. Y cuando
digo no-estoy-en-absoluto-de-acucrdo-cen ustedes-señores-americanospcro-seguiremos-siendo-amigos, quiero decir esto Ynada más. Siempre
he creído que el doctor Kissinger, como negociador y representante de
Nixon, tenía el sacrosanto deber de consultarme y de uniformar mi
punto de vista con el punto de vista norteamericano. He esperado
siempre que el gobierno de los Estados Unidos apoyase mi parecer y
me echase una mano para convencer a los comunistas de que modificasen sus condiciones. Y, para no resultar tan vago, le diré que son dos
los puntos fundamentales aceptados por Kissinger y rccba2ados por
mí. Uno es la presencia de tropas IlOrvj~tas en Vietnam del Sur.
Otro, la fórmula política que los norvittnamitas desean imponer a
nuestro futuro. Como en el acuerdo anterior, estos dos puntoS bao
sido elaborados por los comunistas en París. Le he explicado al doctor
Kissinger que aceptarlos significaría inclinarse ante las pretensioncs de
los norvietnamitas.. Lo que los norvittnamitas pretenden es la perdición de Vietnam del Sur, el fin del Vietnam del Sur. Voili.

¿No podría explicarse mejor. smor presidenle?
Mais vous savez, mademoiselle, c'est tres simple! Los DOrteamericanos afirman que en Vietnam del Sur hay 145.000 norvittnamitas.,
yo digo que hay 300.000 y, por tanto, toda ~i6n es superflua.
Tanto si la cifra exacta es la suya como la mía, que es la mía, es absolutamente inaceptable tolerar la presencia de 300.000 norvietnamitas
homologados por un acuerdo jurídico y ratificados por una conferencia internacional, es decir, por el mundo entero. Porque es como reconocerles el derecho de proclamarse liberadores, y el derecho de sost~
nér que el Vietnam es uno solo, de Hanoi a Saigón;pero pertenece a
Hanoi, no a Saigón. ¿Me he explicado bien, mademoiselle? Creo que
aceptar un ejército de 300.000 soldados en un país significa reconocer la soberanía de tal ejército sobre el país. Significa considerar a l~
llOrVÍetnamitas como liberadores en lugar de agresores. Y, en cons~
c.ucncia, significa considerar al ejército sudviemamita como un ejército
mcrcenario de los norteamericanos. O sea, dar la vuelta a la tortilla. Y
nto es lo que he dicho a Kissinger: «¿No coioprende, doctor Kissin1ft, que haciendo esto pone usted al gobierno legal de Vietnam del
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Sur en la posición de un gobierno fantoche. instalado por los norteamericanos ?»

Pero desptlis del armisticio, los norvietnamitas se retirarán de Vietnam
del S.r, ¿no?
El acuerdo no dice nada sobre esto. No. no lo dice. De aquí viene
mi respuesta a los norvietnamitas: eeSeamos honrados. Si de veras no
tenéis ninguna idea metida en la cabeza. si no intentáis renovar una
agresión contra Vietnam del Sur. ¿por qué insistís tanto con la historia
de dejar un ejército aquí? ¿Qué pretendéis? ¿Que las tropas norteamericanas se retiren dentro de sesenta días. que yo eche a patadas a nuestros aliados y encima que mantenga en casa al agresor? Mais c'est fou !
j Es una locura. una insensatez!

Señor presidente, seamos realistas: ¿qtli ha de temer con un ejército de un
millón tIe soldados a StlS órdenes?
Voila la cuestión. Todos me preguntan lo mismo: eeSi es usted tan
fuerte desde el punto de vista militar y político. ¿ qué le preocupa ?»
Le diré lo que me preocupa. No es nada difícil para un norvietnamita
adoptar el acento del Sur y pasar por sudvietnamita. También ellos
son vietnamitas. Entre nosotros no resultan tan reconocibles como los
norteamericanos. ¿No emplearon ya este truco en Laos con el Pathet
Lao? En 1962. cuando los norteamericanos se retiraron de Laos.
también los norvietnamitas debían retirarse. ¿ Sabe qué sucedió? Los
norteamericanos se trasladaron al aeropuerto y. uno por uno. del primer general al último soldado. registraron su marcha. Se supo incluso
el número: cuarenta y ocho personas. En cambio. los norvietnamitas
se quedaron en la jungla hablando Pathet Lao. disfrazados de Pathet
Lao. y ninguna comisión de control fue nunca capaz de saber cuántos
eran. Mademoiselle...• es su método. Aquí sucedería. exactamente lo
mismo. ¿No sucede ya? Aprenden el acentO del Sur. se extienden por
los pueblos. se infIltran en las unidades vietcong y así llegamos a los
300.000 activistas preparados para formar nuevamente un ejército. Y
digo yo. ¿les parece aceptable. señores norteamericanos? ¿Cómo es
que han cámbiado de idea?

¿Cambiado de idea? ¿Sobre qtlé?
Mademoiselle...• le pondré un ejemplo. Cuando un ladrón entra en
tasa se pueden hacer dos cosas: llamar a la policía o arreglárselas solo.
Pero si se llama a la policía. y la policía llega. y en lugar de arrestar al

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ladrón dice: «Ven, haz las paces con este ladrón, acepta el hecho de
que ya está en tu casa, valor, firma este papel para legalizar su presencia en tu casa... », yo me enojo. Y contesto: «Oiga, señor poliáa,·¿ DOS
hemos vuelto locos? Primero me dice usted que hay que arrestar a los
ladrones, que hay que llamar a la policía, que hay que defenderse,
¿y ahora me dice que tengo que aceptar al ladrón por escrito? ¿Cómo?
¿Cómo tenía antes tanto miedo al ladrón y ahora ya no lo tiene?
¿Ahora le autoriza directamente a robar mis cosas? Monsieur le policier! Mais alors!

Le hace hasta perder la cabntJ-, ¿verdad, señor presidente?
Bien sur! Porque, mademoiselle, ¿qué clase de paz es una paz que
da a los norvietnamitas el derecho de mantener aquí a sus tropas?
¿Qué clase de tratado es un tratado que legaliza su presencia de facto?
Yo he propuesto otra solución, aun con desventaja para mí. He dicho:
«Hagamos retirar las tropas norvietnamitas al mismo tiempo que las
americanas, luego me comprometo a desmovilizar el mismo número
de soldados. Si los norvietnamitas retiran, par ejemplo, 145.000 soldados, yo desmovilizo 145.000 soldados. Si retiran 300.000, yo
desmovilizo 300.000». No han aceptado. ¿Por qué? Yo sé por qué.
Porque tienen necesidad de todas sus tropas para hacer un baño de
sangre.

Señor presidente, ¿cree que el alto el fuego supondrá un baño de sangre?
Oui, bien sur! Es inevitable. No hay que tomarse en serio lo que
Pham Van Dong dice en sus entrevistas y en su propaganda. Repite
que los norvietnamitas no quieren un gobierno comunista en Vietnam
del Sur, que no quieren un baño de sangre en Vietnam del Sur, que no
quieren quedarse con Vietnam del Sur; pero lo repite sólo para calmar
a los. norteamericanos que temen el baño de sangre. ¿Acaso tendremos
que olvidar las matanzas de Quang Tri, de An Loe. de la carretera
número Uno que ahora se llama la Carretera del Horror? ¿Acaso tendremos que olvidar lo que hicieron en 1968, en Hué, durante la ofensiva del Tet? ¿Y lo que hicieron en Hanoi cuando tomaron el poder?
También hablé de esto con Kissi~ger. Le dije: «Doctor Kissinger,
después de luchar durante dieciocho años, ¿habremos sacrificado centenares de miles de vidas humanas por un millón de cabezas cortadas
después del alto el fuego? También yo quisiera entrar en la historia
como el hombre que trajo la paz. j También yo 1Si firmo lo que usted
quiere. dentro de seis meses habrá un baño de sangre. Y a mí no me
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importan nada los aplausos de un momento ni la gente que grita:
"Bravo, bravo, bravo! Vive la paix!" A mí me importa lo que pase
después».

Por tIZNO, a SIl ptmar, K;ss;ngery Nixon cometieron un error. Señor
presidente, ¿c_o expliCII el hecho de que lo hayan cometido?
Sencillamente: estaban demasiado impacientes por hacer la paz, demasiado iJnpacientes p<>! negociar y fumar. Cuando se trata co!' los
comunistas, no se debe fijar una fecha de vencimiento. No hay que decirles que se quiere repatriar a los prisioneros lo más rápidamente posible, firmar la paz lo antes que se pueda: se aprovecharán de ello. No
hay que decir cándidamente: ClLos prisioneros deben volver a casa antes de Navidad. La paz debe conseguirse antes de que termine el mandato presidencial, antes de las nuevas elecciones, antes del Año
Nuevo... » Es una enorme equivocación porque conocen la mentalidad
occidental, la democracia occidental, y así te hacen chantaje. Saben
muy bien que si el presidente de los Estados Unidos fija una fecha,
todo el Congreso de los Estados Unidos está alena y exige que se
mantenga la promesa. Y ¿qué logran demostrar? Que el presidente
Naon es incapaz de conseguir la paz dentro de la fecha fijada por él
mismo. i Por él. mismo! Y dan alaS a la oposición, desacreditan al gobierno, y... Yo había dicho a los norteamericanos: ClTened paciencia,
haIJue
,. tener paciencia con los comunistas, más paciencia que ellos».
1n .

En otras palabras, señor presidmte: ustedya esperaba lo qUl ha pasado.
Madcmoiselle! El Norte y el Sur son uno y otro vietnaÍnitas y yo
conozco a los vietnamitas bastante más que los n~rteamericanos. En
1968, wando se inició en París la conferencia de paz, muchos me preguntaban: ClSeñor Thieu, ¿mándo cree que acabará la conferencia?» Y
yo contestaba: ClVOUS savez... Si los comunistas aceptan las negocia";
ciones, significa que tienen necesidad de negociar. No que quieran la
paz. Lo que quieren es la suspew¡ión de los bombardeos para tener un
respiro y lanzar otra ofensiva. Aprovechando esta pausa. intentarán
un nuevo Dien Bien Phu». Más o menos fue lo que hicieron durante
la conferencia de Ginebra en 1954. En Ginebra no hadan más que
perder d tiempo y jugaban al mismo juego que estos cuatro· años en
París. Pero wando vencieron en Dien Bien Phu, reaccionaron de
pronto y liquidaron las negociaciones. Si no hubiera sido por Dien
Bien Phu, la conferencia de Ginebra hubiera durado hasta.hoy.

Señor pnsUltnte, ptrnIftafllt mtr que eSle dis,,"so sobre 111 ~ no
I*e lo nito qtle le dijo a Kissinger. ¿Qué más le dijo?
Voila. Es usted un gigante, le dije. A usted no le importa nada de
nada, porque no hay na?a que le ?é miedo. Usted pesa cien kilos y si
se traga una píldora eqwvocada ID se da cuenta. Su organismo la neutraliza. Pero yo soy un hombrecillo, tal vez hasta un poco enfermo.
Apenas peso cincuenta kilos y si tomo la misma píldora puedo morir.
Usted es un gran boxeador. Camina por la carretera con esos hombros
y esos músculos, y si uno le da un puñetazo en d est6mago, ni se da
cuenta. Yo, en cambio, soy un pequeño boxeador, ni siquiera soy un
boxeador porque mi constituci6n física no me permite tal deporte. Si
alguien me pega d mismo puñetazo caigo al sudo como un trapo. Por
tanto, usted puede permitirse d lujo de aceptar un acuerdo como éste.
Yo no. A usted, un acuerdo malo no le da ni frío ni calor. Para mí es
una cuesti6n de vida o muerte. Allons, donc 1 ¿Qué son para usted
300.000 norvietnamitas? Uña cifra, nada. ¿Qué es para usted el
Vietnam del Sur? Ni siquiera una manchita en el mapamundi. La pérdida de Vietnam del Sur podría, incluso, resultarle c6moda. Sirve para
,:ontener a China, sirve para su estrategia mundial. Pero en mi caso,
señores norteámmcanos, no se trata de elegir entre Moscú y Pekín.
Se trata de elegir entre la vida y la muerte.

Me gustaría saber qué contestó.
Mademoiselle, su idea estratégica del mundo es muy brillante. Un
Sudeste asiático controlado por los rusos, o una Indochina controlada
por los. rusos, para controlar y contener a China. Los rusos son menos
peligrosos que los chinos, por tanto hay que hacer que los rusos contengan a los chinos y colocar a Indochina como una amenaza a los
confines meridionales de China, etcétera, etcétera, amén. j Bien, magnífico 1 Me parece verle como un general que consulta d mapa y
marca los puntos estratégicos con su bastoncillo. Pero al pobre capitán
que conduce a su compañía a través de ríos y bosques, al pobre capitán que escala colinas bajo el fuego en~migo y duerme en las trincheras, en d fango, no le parece tan bien. El no tiene intereses globales en
este planeta. No tiene nada que dar a cambio. No puede cambiar el
Medió 9riente por el Vietnam, Alemania por d Jap6n o Rusia por
China. El s610 posee una cuesti6n de vida o muerte para diecisiete millones de habitantes. j Y lo que arriesga es caer bajo la égida de Hanoi 1O de Moscú o de Pekín, que viene a ser lo mismo. Voila le pro-

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bleme, messieurs les américainsl Ustedes miran muy lejos, demasiado
lejos y nosotros no podemos permitírnoslo. No son sólo un gran boxeador, un gigante, son también un poderosísimo hombre de negocios
y pueden permitirse el lujo de decir: «He gastado un dólar, pero
ahora debo hacer un cambio y los negocios son los negocios, el dinero
no cUenta, y allez, hop 1 Me conformo con recuperar sólo diez centavos. Los noventa que pierdo... ¿a quién le importan? ¡Noventa centa'
vos no son nada 1Para mí rio es así. Si compro un puro y me cuesta un
dólar, debo revenderlo por un dólar y diez centavos. Necesito estos
diez centavos para comer. Soy un país pequeño, queridos amigos norteamericanos. No tengo vuestros intereses globales ; mi único interés
es sobrevivir. j Estas grandes potencias que se reparten el mundo 1Tienen mercado libre por doquier y ¿qué importa si este comercio cuesta
la vida a un pequeño país?

En otras palabras,. señor presidente, usted piensa qu~ Kissing~ sería capa'\. de vender al VIetnam en nombre de' su estrategia mund,al.
Et bien... Yo no sé si éstas son exactamente sus intenciones. Podría
darse el caso de que él creyera, de buena fe, en un acuerdo aceptable.
Pero yo ya se lo dije: «Doctor..., ser o no ser. Ésta es la cuestl&n para
nosotros».

y diciendo esto ha vencido. Al menos por el momento. Su «no» i""pidió el acuerdo. Al menos por el momento. Pero ¿hasta Cúándo? ¿Qué hará,
señor presidente, si los norteamericanos firman sin usted? Kissinger lo ha
dicho claramente en su última conferencia de prensa: «Con respecto a Saigón, si llegáramos a un acuerdo que el presidente considere justo, nosotros seguiremos. adelante».
Allons, donc! ¿ Para firmar qué? Si quisieran firmar solos, ya habrían firmado. No hubiesen esperado hasta hoy. EJ hecho de que no
hayan firmado en la fecha establecida por ellos, con o sin consentimiento de Vietnam del Sur, me autoriza a pensar que el presidente Nixon ha reflexionado y comprendido que una firma en estas condiciones hubiera significado el abandono de Vietnam del Sur. Pero quiero
contestarle de forma más directa, mademoiselle, porque usted no es la
primera que me pregunta: «Si los Estados Unidos le abandonan, ¿qué
hará?» Voüa la respuesta: «Supongo que combatiremos hasta la última bala y que luego los. comunistas nos conquistarán». Cierto. No
hay la menor duda. Los franceses nos abandonaron en 1954 e, inmediatamente, medio Vietnam cayó en manos de los comunistas. Si los

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E~tados Unid~ repit~ lo que ~cieron los fran<:eses.1a otra mitad dd
Vietnam segwra d nusmo cammo. Porque cuando los norteamericanos se hayan ido con la firma. los rusos y los chinos no nos dejarán en
paz. Y ¿dónde hay otra potencia que pueda ayudarnos como nos ayudaban los Estados Unidos? Tal vez encontremos otros países dispues.
tos a echamos una mano. pero ninguno con las posibilidades de los
Estados Unidos. No. no. Si Norteamérica nos abandona. para nosotros es el fm. El fm completo. absoluto, y discutirlo ahora no sirve
para nada. ¿Se acuerda del Tibet? No intervino nadie en el Tibet. ni
siquiera las Naciones Unidas. y ahora el Tibet es comunista. Cuando
un país no puede resistir una invasión no tiene otra alternativa que dejarse invadir.

Señor presidente, ¿no cree que han contado ustedes demasiado con los
norteamericanos?
No puedo hacer un juicio semejante, mademoiselle. Aún no ha llegado, para mí, el momento de decir: «Me han abandonado». Yo debo
continuar dialogando con los norteamericanos, que van demasiado
lejos. ¿comprende? Tal vez he.hablado demasiado, es cierto. Pero, en
mi lugar, usted hubiera hecho lo mismo. Un país pequeño como el mío
necesita de todo para mantener su independencia: desde la ayuda militar a la económica. j Oh, seguro que he contado mucho con los norteamericanos, seguro! j Y cuento con ellos ahora, a pesar de todo! Si uno
no se fía de los amigos, ¿de quiénse va a fiar? Un amigo es como la
esposa. Hasta que no te abandona o la abandonas, hasta que no se obtiene el divorcio, debe haber confianza, ¿no?

Bueno, debe haber recuperado algo de conftan7,!l cuando los norteamericanos han reanudado los bombardeos de Ranoi. En Saigón se decía:
«Thieu debe de haber brindado con cha~paña cuando le ha llegado la
noticia».
Aclaremos una cosa: nadie ama la guerra. A mí no me gusta la guerra. Y verme obligado a hacerla no me produce la menor alegría. Por
tanto, los bombardeos de Hanoi no me hacen beber champaña, así
como no me han hecho beber champaña los cohetes sobre Saigón.
Pero, francamente, desde el momento que esta guerra existe, hay que
hacerla. Y el día en que los bombardeos sean de nuevo suspendidos le
preguntaré al señor Nixon: cc¿ Por qué? ¿Qué cree conseguir con esto?
¿Qué ha conseguido?» No, no seré yo quien vaya a rogarle que cesen
los bombardeos. Tienen un fin, y si queremos conseguir este fin !ene-

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mas que bombardear. Mademoisdle, hablando como militar le digo
que una guerra es tanto menos atroz cuanto más breve resulta.

También decían esto los partida.rios de la bomba atómica.

'

Yo no soy partidario de la bomba atómica. No me refiero a la
bomba atómica. Me refiero a... ¿ Ha oído hablar alguna vez del gradualismo? Bien, a mi parecer, el gradualismo no es manera de curar
una enfermedad. Sobre todo cuando la enfermedad dura mucho
tiempo hay que curarla rápido, con una medicina drástica. Mademoiselle, la guerra es una enfermedad. A nadie nos gusta, pero cuando la
tenemos encima hay que resolverla rápidamente. Sin gradualismo. El
gradualismo del presidente Johnson era insostenible. El nunca se dio
cuenta de esta verdad tan sencilla: la guerra se hace o no se hace. Y el
gradualismo que los norteamericanos han seguido desde Johnson es lo
mismo. Hace años que los norteamericanos bombardean, dejan de
bombardear, bombardean de nuevo, reducen los bombardeos, hacen
una escalada, llegan por encima del paralelo 20, por debajo del paralelo 20... Pero ¿qué es esto? ¿ Una guerra? Esto no es una guerra, es
media guerra, una demi-guerre. Y yo le digo que si hubiésemos atacado al Vietnam del Norte con una guerra clásica, si hubiésemos bombardeado continuamente Vietnam del Norte, si hubiéramos desembarcado en Vietnam del Norte, la guerra ya estaría terminada. Y
añado que si fallan las tentativas de paz, hay sólo una manera de terminar esta guerra: llevar la guerra al Vietnam del Norte. En todos los
sentidos, incluso con un desembarco.

¿Quiere decir que aún es tiempo de considerar un desembarco?
¿ Por qué no, si los norteamericanos están dispuestos a hacerlo? Si
no es posible para ellos no es posible para nadie. Me explicaré mejor.
Cuando yo era ministro de Defensa y los norteamericanos empezaron
los bombardeos, en junio de 1965, alguien me preguntó: «Señor ministro, ¿cree que estos bombardeos acabarán la guerra en tres meses?»
y yo contesté: «Depende de vosotros, los norteamericanos». Después
repetí el ejemplo del boxeador. «Sois un gran boxeador y Vietnam del
Norte un pequeño boxeador. Si queréis, podéis mandarlo a la lona en
el primer asalto, el público puede desanimarse y pedir que le devuelvan el dinero. Hay algo peor: que a fuerza de alargar el combate te
dé un calambre y el pequeño adversario pueda vencerte. Alions, done!
i Sed grandes boxeadores! j Enviadlo a la lona al primer round! j Con
los bombardeos graduales no llegaréis nunca a nada! Al contrario: le

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daréis motivo a Giap para argumentar que un pequeño país como
Vietnam del Norte puede resistir al poderío norteamericano..¡Os están poniendo a prueba señores norteamericanos! j No bombardeéis
por pura fórmula, no hagáis una guerra psicológica, haced una guerra!» Mademoiselle, todos nosotros hemos estado bajo los bombardeos norteamericanos. Incluso yo, en 1942, cuando estaban aquí los
japoneses. y recuerdo que no es muy difícil resistir a un bombardeo:
después de un tiempo, uno se habitúa, especia.1mente si se dispone de
buenos refugios. Durante los primeros bombardeos los norvietnamitas
estaban completamente desalentados. La moral de la población era
baja y en Hanoi esperaban el desembarco. Pero los norteamericanos
no insistieron y... Ellos matan durante cinco minutos, después dan
cuatro minutos de respiro, matan de nuevo...

Señor presidente, permítame que me sienta ingenua. O simplemente humana. ¿N o se siente usted incómodo al pensar que estos desgraciados bajo
las bombas, en Hanoi, son vietnamitas como usted?
Mademoisdle! Sé muy bien que son vietnamitas como yo. En lo
profundo de mi corazón, no me divierto en absoluto. Pero también sé
que para terminar la guerra hay que bombardearlos, y sé que el fm de
la guerra en Vietnam del Sur es el fin de la guerra en Vietnam del
Norte. ¿Cree que ellos no están también hartos? ¿Cree que sufren sólo
por los bombardeos? ¿Se imagina lo que significa sostener el peso de
un cuerpo expedicionario en el Sur? No tienen nada que comer por
causa de este cuerpo expedicionario. j Y han tenido tantos muertos
ahora! Junto con los vietcong han tenido un millón cincuenta y siete
mü muertos, desde 1964 hasta hoy. Mire, lo tengo aquí en mis documentos secretos. Y además los norvietnamitas sufren de otra cosa: de
un régimen que se contradice con su mentalidad, con sus formas de
vida. El comunismo no va bien para los norvietnarnitas. Son demasiado individualistas, y yo le aseguro que sólo algunos de los veinte millones de norvietnamitas son comunistas. Le aseguro que la mayoría
de habitantes se sublevaría si hubiera un desembarco.

Lo que me parece muy improbable con todos los problemas que N ixon
tiene que afrontar ante el Congreso, el Senado y una opinión pública queya
está harta de esta guerra y le pide qUI la abandone, señor presidente.
Esto es otro asunto.·Conozco los problemas de Nixon; no en vano
he sido el primero en aplaudir su doctrina. En junio de 1969, cuando
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hice aquel viaje por Taiwan y Corea del Sur, Chang Kai Chek y Park
Chung Hee me preguntaron: «¿Qué está sucediendo? ¿Es cierto que
los norteamericanos quieren retirar las tropas dd Vietnam? ¿Por qué
acepta usted semejante cosa? ¿Por qué no les pide que se queden hasta
que termine la guerra?» Y yo contesté: ceNo es cuestióñ de impedir a
los norteamericanos que retiren sus tropas. Es cuestión de resolver el
problema reemplazando sus tropas con el ejército'mío. Precisamente el
ejército que tenían que haberme dado hace mucho tiempo». Sí, mademoiselle. En 1954, cuando se fueron los franceses, los norteamericanos ya habían previsto que los norvietnamitas nos 'atacarían como los
norcoreanos habían atacado Corea del Sur. Y si nos hubiesen proporcionado un ejército, no habríamos tenido necesidad de pedirles ayuda.
Nosotros les pedimos que vinieran para resolver un problema inmediato, no para siempre. Y cuando me di cuenta de que su presencia en
Vietnam del Sur amenazaba con mandar a paseo a dos presidentes,
dije: «Ayudadme a ayudaros. Dadme un ejército fuerte. Combatiremos solos». Y me puse de acuerdo con Nixon en lo de la vietRamización y Nixon empezó a retirar sus tropas, y ¿cuándo se ha visto en la
his!oria de la guerra a un ejército de casi medio millón de hombres retirarse en cuatro años? De los norteamericanos, hoy, no tenemos más
que la aviación. La vietnamizaci9n ha sido un magnífico éxito, como
reconocen todos, y las cosas han resultado como yo había previsto.
También había previsto que habría un ataque antes de las elecciones
norteamericanas, otro en 1973...

Señor presidente, permítame una observación. N o estoy del todo segura
de que todos recono7,fan el éxito de la vietnam~ción. Si no hubiera sido
por la aviación norteamericana los nOrllietnamitas hubieran vencido en su
ofensiva de Pascua.
Qui. D'accord. Pero la vietnamización no se podía hacer en un
día, mademoiselle. Ni siquiera en un año. Sabíamos que nos llevaría
de cinco a siete años y, por tanto, aún no ha terminado. Es cierto, habríamos perdido frente al ataque de Giap si no hubiera sido por los
norteamericanos. Pero ¿quién ha reconquistado Quang Tri y Binh
Dinh? ¿Quién ha encerrado a los norvietnamitas en An Loc y en
Kontum? ¿ Los norteamericanos quizá? La vietnamización no quedará
terminada hasta que no se refuerce nuestra aviación.

¿ Ref0r'\!lr qué, señor presidente? ¡ Si están ustedes cargados de aviones,
de helicópteros, de aparatos de reconocimiento, de carga..., mientras los nor50

vietnamitas no tienen más que dos o tres Hig! Si cuando se llega al aeropuerto de Saigón...
Tenemos los aviones. pero nos faltan los pilotos. mademoiselle. No
tenemos técnicos. Aún hemos de instruirlos. entrenarlos. Y esto lleva
un año o dos. ¿Por qué no los hemos preparado antes? i Pues porque
antes teníamos que ocuparnos del ejército 1 Yo he dicho siempre que
no estaríamos preparados antes de 1973. He aluí por qué los comunistas piden que suprima la vi~namización a a que tienen miedo.
¿Sabe cuánto se necesita para hacer un ejército moderno?

Señor presidente, no comprendo nada. Hemos emprzado a hablar más o
menos de paU estamos ha~iando otra vrz de guerra. ¿ Usted quiere terminar la guerra o ganar la guerra?
Quiero terminarla. mademoiselle. Yo no busco la victoria como
Giap. Y como militar. no como político. añado: ¿qué tenemos que ganar en esta guerra? Si firmamos la paz mañana. ¿qué habremos ganado en el Vietnam del Sur? Yo le diré qué: la inflación. centenares
de miles d~ muertos. sabe Dios cuántas ciudades destruidas. un millón
de refugiados. un millón de soldados que cobran cada mes... Soportar
la guerra en casa significa haber perdido ya la guerra. aunque la victoria venga escrita. negro sobre blanco. en un armisticio. El arte de la
guerra es llevar la guerra al territorio enemigo. es destrwr en territorio
enemigo como Giap le explicaría muy bien. En este sentido. él tiene
todo el derecho de decir que ha ganado la guerra. Y se lo pregunto
otra vez: si firmamos la paz mañana. ¿qué habremos ganado? ¿ Habremos ganado. tal vez. un centímetro cuadrado de territorio al Vietnam del Norte? ¿Habremos ganado. tal vez. un escaño en el Parlamento de Vietnam del Norte? No habremos ganado nada. nada. Habremos perdido por cambiar nuestra derrota con un tratado. de paz.
Mademoiselle! Me han llamado intransigente. ¿Cómo se puede llamar intransigente a un hombre que está dispuesto a negociar con el
FLN. a un hombre que está dispuesto a presentar su dimisión a un
mes de las elecciones? ¿Acaso están dispuestos a negociar conmigo. tal
como lo estoy yo con ellos. los Pham Van Dong. Le Duan. N guyen
Van Giap? ¿Y a presentar la dimisión?

En resumen, ¿cuánto durará esta guerra, señor presidente? ¿Años. meses, semanas?
¿Se lo ha preguntado alguna vez a Giap?

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SI, pero haa casi tualro a';OI.
¿y qué le contestó?

Me dijo que la guerra igual podia durar veinte años.
Voila la réponse. Esta guerra va a durar hasta el día que Giap
quiera, o sea hasta que él quiera liquidarla. Si yo pudiese llevar la guerra al Norte, como él la ha traído al Sur, entonces tendría usted todo
el derecho de hacerme esta pregunta y exigir una respuesta. Pero
ahora sólo puedo darle una opinión: o la paz llega dentro de algunas
semanas, digamos un mes, o la guerra durará todavía tres o cuatro
años. Es demasiado difícil paralizar una guerra basada sólo en la guerrilla. ¿Cuántos guerrilleros había en Malasia? ¿Dia mil? ¿Y cuánto
~iempo tardaron los ingleses en vencerles? Doce años. Se combate mal
en una guerra hecha por maleantes.

¿Lo dijo al general Haíg cuando vinolltJuf? Porque, según tengo entendido, usted y Haig no se echaron precisamente los brtn.!Js al cuJlo.
Eh bien. mademoiselle, vous sava... Él me llama señor presidente,
yo le llamo señor general o general, así que... No tenemos mucho que
decimos. Yo le dije: «Conque aquí le tenemos, general. ¿Qué le trae
por aquí ?» Y él contestó: «Estoy aquí para explicar el punto de vista
del presidente NixoD». Entonces yo le he subrayado que no estaba
aquí ni siquiera como negociador. sino sólo como mensajero: «Oigamos este punto de vista, general». Me lo expuso. Lo escuché y luego
le dije que sólo contestaría directamente a Nixon con una carta personal y que le-confiaría la carta a él en calidad de mensajero. Haig se
fue, volvió al día siguiente, y le entregué la carta: «Voilfl la lettre.
mon général. Ban voyage. Au revoir». Continúo hablando con los
norteamericanos. Y continúo con la esperanza de que me comprendan.
El día en que me digan: «No le comprendemos, señor Thieu, y por
tanto le abandonamos... » Bon t Me verá reaccionar a su propuesta de
paz. Hasta que llegue este momento... sigo estando preparado para recibir de nuevo a Kissinger. Siempre espero que venga a Saigón a
verme. No comprendo por qué no ha venido todavía. Tal vez ha pensado que no era el momento oponuno... Acaso esté a punto de elaborar un acuerdo que le parezca justo... Quizás está a punto de llegar y
decirme: «Señor presidente, a mi parecer ha llegado el momento de
firmar la paz». Entonces le contestaré: «Siéntese. Veamos de qué- paz
habla».

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¿ y está dispuesto a ofrecerle el desayuno que me ha ofrecido a mí?
¿Por qué no? Si los norvietnamitas le han ofrecido té y galletas,
¿por qué no puedo invitarle yo a desayunarse? No soy más mal educado que Le: Duc 100. Siempre se puede intentar discutir mientras se
come, si esto no estropea la digestión. No soy enemigo del doctor
Kissinger. Ni siquiera soy enemigo de los norvietnamitas corno norvietnamitas. Mis únicos enemigos son los comunistas cuando quieren
introducir el comunismo aquí. En su casa pueden hacer lo que les parezca. Madernoiselle. cuando la guerra haya terminado, yo estaré más
que dispuesto a estrechar la mano de Giap. Y también a ir con él a cenar a su casa. Y decirle entonces: aAlors, mon général! Hablemos ~-n
poco. Usted es del Norte, yosoy del Sur. Usted tiene montones de
carbón. yo tengo montones de arroz. Construyamos una línea férrea
que vaya de Hanoi a Saigón e intercambiemos nuestras mercancías.
Gracias por la cena y ¿cuándo tendré el honor de recibirle como huésped en Saigón?»

¡Cuántal veces ha pronunciado eJ.nombre de Giap, señor presidente.' Se
diría que no puede quitarse este nombre de la cabeza. ¿Quépiensa de Giap?
Madernoiselle. pienso que ha sido un bueo general. pero de ninguna manera el Napoleón asiátiéo que él cree ser. La grandeza de
Giap procede de la prensa. francesa después de Oien Bien Phu Y
Oien Bien Phu sigue siendo su única gran victoria. aunque no haya
sido la victoria extraordinaria que él dice y que los franceses han dicho
siempre en sus periódicos. Oesde el punto de vista militar. Oien Bien
Phu fue una batalla fácil para Giap. Los franceses no tenían nada en
Dien Bien Phu: ni aviones ni carros armados ni artillería. Giap no tenía más que usar la marea humana y la táctica de las divisiones siempre frescas. Seamos honestos: ¿qué perdieron. en el fondo, los franceses. en Dien Bien Phu? Ni siquiera el diez por ciento de su ejército.
Cualquier general francés que estuviera en aquel momento en Indochina le explicará que el ejército francés no estaba. ni mucho menos,
completamente derrotado; si hubieran recibido refuerzos de París hubiesen podido defender incluso el Vietnam dc:l Norte. Los franceses
no perdieron la guerra en Oien Bien Phu y gracias a Giap. La perdieron en Oien Bien Phu porque ya la habían perdido en Francia política, psicológica y moralmente. Es Giap quien se ha creído que hizo
algo militarmente decisivo en Oien Bien Phu. sin comprender que un
ejército moderno. hoy. tiene muy poco que ver con el ejército francés

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de los años cincuenta. El error de Giap. en esta guerra. ha sido no conocer la fuerza extraordinaria del ejército norteamericano y también
subvalorar mi ejército.

Señor presidente, aquí hablamos de norvietnamitasy basta. Pero me parece llegado el momento de hablar de los v;etcongy del otro desacuerdo suyo
con K;ss;nger.
Tres bien. Yo sostengo que .la fórmula política aceptada por los
norteamericanos en octubre es una fórmula indigna con .la que los norvietnamitas tratan de imponernos un gobierno de coalición. Sostengo
que yo no aceptaré nunca est<J;"fórmula disfrazada porque yo no impongo ningún gobierno a H~f1oi y no quiero que Hanoi imponga
nada a Saigón. La constituciód: de Vietnam del Norte dice que Vietnam es uno e indivisible, de Loto Kai a Ca Mau. La Constitución de
Vietnam del Sur dice 10 mismo: Vietnam es uno de Ca Mau a Lao
Kai, etcétera. Pero hay una situación de hecho: dos Estados dentro de
esta nación. El Estado de Vietnam del Norte y el Estado de Vietnam
del Sur. cada uno con su gobierno. con su Parlamento. con su Constitución. De aquí que cada uno de los dos Estados deba decidir su futuro político sin que el otro se interfiera. Como Alemania. Como Corea.
¿Me he explicado bien? He dicho dos Estados, dos Estados. dos Estados. Como Corea. Como Alemania. Dos Estados en espera de la
reunificación. Cuándo llegará esta reunificación. sólo Dios lo sabe.
Personalmente excluyo que pueda llegar antes de veinte años y por
esto siempre he pedido que Vietnam del Norte y Vietnam del Sur
fuesen admitidos en la ONU...

:!ero los vietcong existen, señor presidente, y son sudvietnam;tas. Deben
participar en la vida política del Vietnam del Sur.
Sí, pero sin injerencias por p;¡'\te del Vietnam del Norte. Yo digo
esto: dejad que el futuro político de Vietnam del Sur lo decidamos nosotros y los comunistas del Vietnam del Sur. Acepto negociar con el
FLN, acepto organizar elecciones con ellos, acepto considerarles
como partido político en el futurc. Pero ésta es una cuestión de política sudvietnamita. j No quiero imposiciones de Hanoi. quiero negociar directamente con el FLN t Pero, ¿cómo puedo hacerlo si los norvietnamitas están aquí disfrazados de vietcong? Mademoiselle. ni siquiera el Frente de Liberación podría negociar conmigo teniendo encima 300.000 norvietnamitas armados con artillería. Por tanto. repito: dejadnos solos a nosotros y a los vietcong. Nos entenderemos

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