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Walsch Neale Donald Conversaciones Con Dios .pdf



Nombre del archivo original: Walsch Neale Donald-Conversaciones Con Dios.pdf
Título: WALSCH NEALE DONALD - Conversaciones Con Dios 1
Autor: vidaom

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CONVERSACIONES
CON
DIOS
(PRIMERA PARTE)

NEALE DONALD WALSCH.

CONVERSACIONES CON DIOS
(1º PARTE)
http://www.conversationswithgod.org/
INTRODUCCIÓN.
Esta usted a punto de vivir una extraordinaria experiencia. Está a punto de mantener una conversación con Dios.
Sí, sí. Lo sé... eso no es posible. Probablemente piense (o le han enseñado) que eso no es posible. Ciertamente,
se puede hablar a Dios; pero no con Dios. Es decir: Dios no va a contestar, ¿no es eso? ¡Al menos no en la forma
de una conversación normal y corriente!
Lo mismo pensaba yo. Pero luego me <<ocurrió>> este libro. Y lo digo literalmente. No se trata de un libro escrito
por mí, sino que me ha <<ocurrido>> a mí. Y cuando lo lea, le <<ocurrirá>> a usted, ya que todos alcanzamos la
verdad para la que estamos preparados.
Probablemente, mi vida sería mucho más fácil si hubiera mantenido silencio acerca de todo esto. Pero esa no fue
la razón de que me ocurriera. Y cualesquiera que sean los inconvenientes que el libro pueda causarme (como ser
tildado de blasfemo, de impostor, de hipócrita por no haber vivido estas verdades en el pasado, o - lo que tal vez
sea peor - de santo), ya no me es posible detener el proceso. Ni hacer lo que quiera. He dispuesto de ocasiones
para apartarme de todo este asunto y no las he aprovechado. Respecto a este material, he decidido basarme en lo
que me dice mi instinto, más que en lo que me pueda decir la mayoría de la gente.
Dicho instinto me dice que este libro no es un disparate, el exceso de una frustrada fantasía espiritual, o
simplemente la autojustificación de un hombre frente a una vida equivocada. ¡Oh, bueno! ¡Pensé en todas estas
cosas: en cada una de ellas! Así que di a leer este material a algunas personas cuando era todavía un manuscrito.
Se emocionaron. Y lloraron. Y rieron por la alegría y el humor que contiene. Y, según me dijeron, sus vidas
cambiaron. Se sintieron traspasados. Se sintieron poderosos.
Muchos dijeron que se sintieron transformados.
Fue entonces cuando supe que este libro era para todo el mundo, y que debía publicarse; porque es un don
maravilloso para todos aquellos que realmente quieren respuestas y a quienes realmente les preocupan las
preguntas; para todos aquellos que han emprendido la búsqueda de la verdad con corazón sincero, alma
anhelante y espíritu franco. Y eso significa, más o menos, todos nosotros.
Este libro aborda la mayoría de las preguntas - sino todas - que siempre nos hemos formulado sobre vida y amor,
propósito y función, personas y relaciones, bien y mal, culpa y pecado, perdón y redención, el sendero hacia Dios y
el camino hacia el infierno... todo. Trata directamente de sexo, poder, dinero, hijos, matrimonio, divorcio, vida,
trabajo, salud, el más allá, el más acá... todo. Explora la guerra y la paz, el conocimiento y el desconocimiento, el
dar y el recibir, la alegría y la pena. Examina lo concreto y lo abstracto, lo visible y lo invisible, la verdad y la
mentira.
Se podría decir que este libro es <<la última palabra de Dios sobre las cosas>>, aunque a algunas personas esto
les puede resultar algo difícil, especialmente si piensan que Dios dejo de hablar hace 2.000 años, o que, si Dios ha
seguido comunicándose, lo ha hecho únicamente con santos, curanderas o alguien que haya estado meditando
durante treinta años, o bien durante veinte, o, por poner un mínimo decente, durante diez (ninguna de estas
categorías me incluye).
Lo cierto es que Dios habla a todo el mundo. Al bueno y al malo. Al santo y al canalla. Y, sin duda, a todos
nosotros. Usted mismo, por ejemplo. Dios se ha acercado a usted muchas veces en su vida, y esta es una de ellas.
¿Cuántas veces ha escuchado este viejo axioma: <<Cuándo el estudiante está preparado, aparecerá el
profesor>>? Este libro es nuestro profesor.
Poco después de que este material empezara a <<ocurrirme>>, supe que estaba hablando con Dios. Directa y
personalmente. Irrefutablemente. Y que Dios respondía a mis preguntas en proporción directa a mi capacidad de
comprensión. Es decir, me respondía de un modo, y con un lenguaje, que Dios sabía que yo entendería. Esto
explica en gran medida el estilo coloquial de la obra y las referencias ocasionales al material recogido de otras
fuentes y experiencias previas de mi vida. Ahora sé que todo lo que me ha acontecido siempre en mi vida procedía
de Dios, y en ese momento se unía, se conjuntaba, en una magnífica y completa respuesta a cada una de las
preguntas que siempre tuve.
Y en algún momento del recorrido me di cuenta de que se estaba produciendo un libro; un libro destinado a ser
publicado. En realidad, durante la última parte del diálogo (en febrero de 1993) se me ordenó específicamente que
se produjeran tres libros, y que:
1. El primer volumen tratara principalmente de temas personales, centrado en los desafíos y oportunidades de la
vida de un individuo.

2. El segundo se ocupará de temas más generales, relativos a la vida geopolítica y metafísica del planeta,
además de los retos a los que se enfrenta hoy el mundo.
3. El tercero tratará de las verdades universales de orden superior, así como de los desafíos y oportunidades del
alma.
Este es el primero de los libros, terminado en febrero de 1993. En aras de la claridad debo explicar que, puesto
que transcribí este diálogo a mano, subrayé o señalé con un círculo determinadas palabras o frases que me
llegaban con un énfasis especial - como si Dios las hiciera retumbar -; en la composición tipográfica estas palabras
y frases aparecen en cursiva y subrayadas.
Tengo que decir también que, tras haber leído y releído la sabiduría contenida en estas páginas, estoy
profundamente avergonzado de mi propia vida, que ha estado marcada por continuos errores y fechorías, algunos
comportamientos sumamente vergonzosos, y algunas opciones y decisiones que, sin duda, otros consideran
perjudiciales e imperdonables. Aunque experimento un profundo remordimiento por el hecho de que haya sido a
través del dolor de otras personas, siento una indecible gratitud por todo lo que he aprendido en mi vida, y
considero que todavía tengo que aprender por medio de los demás. Pido disculpas a todos por la lentitud de este
aprendizaje. Sin embargo, Dios me alienta a perdonarme a mí mismo mis propias faltas y a no vivir en el temor y la
culpa, sino seguir intentando siempre - no dejar de intentarlo - vivir una visión más grandiosa.
Sé que eso es lo que Dios desea para todos nosotros.
Neale Donald Walsch
Central Point, Oregón
Navidad 1994

CAPÍTULO 1

En la primavera de 1.992 - recuerdo que fue por Pascua -, un fenómeno extraordinario ocurrió en mi vida. Dios
empezó a hablar con usted. A través mío.
Me explicaré.
En aquella época era muy infeliz, personal, profesional y emocionalmente, sentía que mi vida era un fracaso a
todos los niveles. Dado que, desde hacía años, había adquirido el hábito de escribir mis pensamientos en forma de
cartas (que normalmente nunca enviaba), cogí mi fiel cuaderno de papel amarillo tamaño folio, y empecé a volcar
mis sentimientos.
Esa vez, en lugar de escribir otra carta a otra persona de la que yo imaginaba ser una víctima, pense que iría
directamente a la fuente; directamente al mayor <<victimizador>> de todos. Decidí escribir una carta a Dios.
Fue una carta rencorosa, apasionada, llena de confusiones, deformaciones y condenas. Y un montón de enojosas
preguntas.
¿Por qué mi vida no funcionaba? ¿Qué haría que llegara a funcionar? ¿Por qué no lograba ser feliz en mis
relaciones? ¿Siempre iba a escapárseme la experiencia de disponer de suficiente dinero? Finalmente - y sobre
todo - ¿qué había hecho yo para merecer una vida de continua lucha como la que tenía?
Para mi sorpresa, cuando hube acabado de garabatear toda mi amargura, mis preguntas sin respuesta, y me
disponía a dejar la pluma, mi mano se quedó suspendida sobre el papel, como si la sostuviera una fuerza invisible.
De repente, la pluma empezó a moverse por sí misma. No sabía en absoluto lo que estaba a punto de escribir,
pero parecía que iba a acudir a una idea, de modo que decidí dejarme llevar. Y lo que salió fue:
¿Realmente deseas una respuesta a todas esas preguntas, o simplemente te estás desahogando?
Parpadeé... y entonces surgió una respuesta en mi mente. La escribí también:
<<Las dos cosas. Es verdad que me estoy desahogando; pero, si esas preguntas tienen respuesta, ¡tan cierto es
que quiero oírlas como que hay infierno!>>
Muchas cosas son ciertas... <<como que hay infierno>>. Pero ¿no sería más agradable que lo fueran <<como que
hay Cielo>>?
Y escribí:
<<¿Qué se supone que significa eso?>>
Sin que yo lo supiera, había empezado una conversación... y, más que escribir por mi cuenta, estaba escribiendo
al dictado.
Este dictado duró tres años, y durante ese tiempo no tenía la menor idea de cómo acabaría. Las respuestas a las
preguntas que yo expresaba en el papel no me llegaban hasta que no terminaba de escribir completamente cada

pregunta y apartaba mis propios pensamientos. A menudo las respuestas me llegaban más de prisa de lo que
podía escribir; entonces tenía que garabatear rápidamente para no quedarme atrás.
Cuando me sentía confuso, o desaparecía la sensación de que las palabras me llegaban de otra parte, dejaba la
pluma e interrumpía el diálogo hasta que de nuevo me sentía <<inspirado>> - lo siento: es la única palabra que
realmente resulta apropiada - para volver a coger mi cuaderno de papel amarillo tamaño folio y reanudar la
transcripción.
Esas conversaciones todavía duran en el momento en que estoy escribiendo esto. Y la mayor parte se encuentra
en las siguientes páginas... las cuales contienen un asombroso diálogo que al principio no podía creer, que luego
supuse que me resultaría personalmente valioso, pero que ahora comprendo que estaba destinado a otras
personas y no sólo a mí. Estaba destinado a usted y a cualquiera que acceda a este material, puesto que mis
preguntas son también las suyas.
Deseo que intervenga en este diálogo lo antes posible, ya que lo realmente importante no es mi historia, sino la
suya. Es la historia de su vida la que aquí se presenta. Y si este material es importante, lo es para su experiencia
personal. De lo contrario no estaría usted aquí, con el en las manos, en este momento.
Así pues, vamos a iniciar el diálogo con una pregunta que me había estado formulando durante mucho tiempo:
¿cómo habla Dios, y a quién? Cuando lo planteé, he aquí la respuesta que obtuve:
Hablo a todo el mundo. Constantemente. La cuestión no es a quién hablo, sino quién me escucha.
Intrigado, le pedí a Dios que me lo explicara mejor. Y esto es lo que dijo:
En primer lugar, vamos a cambiar la palabra hablar por la palabra comunicarse. Es un término mucho mejor;
resulta más completo y más apropiado. Cuando tratamos de hablar a otros - tú a Mí, Yo a ti -, inmediatamente nos
vemos restringidos por la increíble limitación de las palabras. Por esta razón, no me comunico únicamente con
palabras. En realidad, rara vez lo hago. Mi modo usual de comunicarme es por medio del sentimiento.
El sentimiento es el lenguaje del alma.
Si quieres saber hasta que punto algo es cierto para ti, presta atención a lo que sientes al respecto.
A veces los sentimientos son difíciles de descubrir, y con frecuencia aún más difíciles de reconocer. Sin embargo,
en tus más profundos sentimientos se oculta tu más alta verdad.
El truco está en llegar a dichos sentimientos. Te mostraré cómo. De nuevo. Si tú quieres.
Le dije a Dios que si quería, pero que en ese momento deseaba aún más una respuesta completa y detallada a mi
primera pregunta. He aquí lo que Dios me dijo:
También me comunico con el pensamiento. El pensamiento y los sentimientos no son lo mismo, aunque pueden
darse al mismo tiempo. Al comunicarme con el pensamiento, a menudo utilizo imágenes. Por ello, los
pensamientos resultan más efectivos como herramientas de comunicación que las mismas palabras.
Además de los sentimientos y pensamientos, utilizo también el vehículo de la experiencia, que es un magnífico
medio de comunicación.
Y finalmente, cuando fallan los sentimientos, los pensamientos y la experiencia, utilizo las palabras. En realidad,
las palabras resultan el medio de comunicación menos eficaz. Están más sujetas a interpretaciones equivocadas, y
muy a menudo a malentendidos.
¿Y eso por qué? Pues debido a lo que son las palabras. Éstas son simplemente expresiones: ruidos que expresan
sentimientos, pensamientos y experiencia. Son símbolos. Signos. Insignias. No son la verdad. No son el objeto
real.
Las palabras le pueden ayudar a uno a entender algo. La experiencia le permite conocerlo. Sin embargo, hay
algunas cosas que uno no puede experimentar. Por eso os he dado otras herramientas de conocimiento: son los
llamados sentimientos; y también los pensamientos.
La suprema ironía del asunto es que vosotros hayáis dado tanta importancia a la palabra de Dios, y tan poca a la
experiencia.
En efecto, dais tan poco valor a la experiencia que, cuando vuestra experiencia de Dios difiere de lo que habéis
oído sobre Dios, automáticamente desecháis la experiencia y os quedáis con las palabras, cuando debería ser
precisamente lo contrario.
Vuestra experiencia y vuestros sentimientos sobre algo representan lo que efectiva e intuitivamente sabéis acerca
de ello. Las palabras únicamente pueden aspirar a simbolizar lo que sabéis, y a menudo pueden confundir lo que
sabéis.
Así pues, esas son las herramientas con las que Yo me comunico; aunque no sistemáticamente, pues ni todos los
sentimientos, ni todos los pensamientos, ni toda la experiencia ni todas las palabras proceden de Mí.

Muchas palabras han sido pronunciadas por otros en Mi nombre. Muchos pensamientos y muchos sentimientos
han sido promovidos por causas que no son resultado directo de Mi creación. Y muchas experiencias se derivan
también de dichas causas.
La cuestión consiste en discernir. La dificultad estriba en saber la diferencia entre los mensajes de Dios y los que
proceden de otras fuentes.
Esta distinción resulta sencilla con la aplicación de una regla básica:
Vuestro Pensamiento más Elevado, vuestra Palabra más Clara, vuestro Sentimiento más Grandioso, son siempre
Míos. Todo lo demás procede de otra fuente.
Con ello se facilita la labor de diferenciación, ya que no debería resultar difícil, ni siquiera para el principiante,
identificar lo más Elevado lo más Claro y lo más Grandioso.
No obstante, te daré algunas directrices:
El Pensamiento más Elevado es siempre aquel que encierra alegría.
Las Palabras más Claras son aquellas que encierran verdad. El Sentimiento más Grandioso es el llamado amor.
Alegría, Verdad, Amor.
Los tres son intercambiables, y cada uno lleva siempre a los otros. No importa en qué orden se encuentren.
Una vez determinado, utilizando estas directrices, que mensajes son Míos y cuáles proceden de otra fuente, lo
único que falta es saber si Mis mensajes serán tenidos en cuenta.
La mayoría de Mis mensajes no lo son. Algunos, porque parecen demasiado buenos para ser verdad. Otros,
porque parece demasiado difícil seguirlos. Muchos, debido simplemente a que se entienden mal. La mayoría,
porque no se reciben.
Mi mensajero más potente es la experiencia, e incluso a ésta la ignoráis; especialmente a ésta la ignoráis.
Vuestro mundo no se hallaría en el estado en que se encuentra si simplemente hubierais escuchado a vuestra
experiencia. El resultado de que no escuchéis a vuestra experiencia es que seguís reviviéndola, una y otra vez;
puesto que mi propósito no puede verse frustrado, ni mi voluntad ignorada. Tenéis que recibir el mensaje. Antes o
después.
Sin embargo, no os forzaré. Nunca os coaccionaré; ya que os he dado el libre albedrío - la facultad de hacer lo que
queráis -, y nunca jamás os lo quitaré.
Así pues, seguiré enviándoos los mismos mensajes una y otra vez, a lo largo de milenios y a cualquier rincón del
universo en el que habitéis. Seguiré enviando infinitamente Mis mensajes, hasta que los hayáis recibido y los
hayáis escuchado con atención, haciéndolos vuestros.
Mis mensajes pueden venir bajo un centenar de formas, en miles de momentos, durante un millón de años. No
podéis pasarlos por alto si realmente escucháis. No podéis ignorarlos una vez los hayáis oído verdaderamente. De
este modo nuestra comunicación empezará en serio, ya que en el pasado únicamente Me habéis hablado, Me
habéis rezado, habéis intercedido ante Mí, Me habéis suplicado. Pero ahora puedo responderos, siquiera sea
como lo estoy haciendo en este momento.
¿Cómo puedo saber que esta comunicación procede de Dios? ¿Cómo sé que no se trata de mi propia
imaginación?
¿Qué diferencia habría? ¿No ves que puedo utilizar tu imaginación con la misma facilidad que cualquier otro
medio? Te traeré los pensamientos, palabras o sentimientos exactamente apropiados; y en un determinado
momento, precisamente cuando me venga bien para mi propósito, utilizaré alguna sentencia, o varias.
Sabrás que esas palabras proceden de Mí porque tú, espontáneamente, no has hablado nunca con tanta claridad.
Si hubieras hablado ya con claridad de tales asuntos, no te preguntarías acerca de ellos.
¿Con quién se comunica Dios? ¿ Se trata de personas especiales? ¿En momentos especiales?
Todo el mundo es especial, y todos los momentos son buenos. No hay ninguna persona que sea más especial que
otra, ni ningún momento que sea más especial que otro. Mucha gente decide creer que Dios se comunica de
maneras especiales y únicamente con personas especiales. Esto libera a las masas de la responsabilidad de
escuchar Mi mensaje, y aún más de aceptarlo (esa es otra cuestión), y les permite quedarse con lo que dicen
otros. No tenéis que escucharme, puesto que ya habéis decidido que otros Me han oído acerca de todos los
asuntos, y tenéis que oírles a ellos.
Al escuchar lo que otras personas piensan que Me han oído decir, vosotros no tenéis que pensar en absoluto.
Esta es la razón principal de que la mayoría de la gente eluda Mis mensajes a nivel personal. Si uno reconoce que
recibe Mis mensajes directamente, entonces es responsable de interpretarlos. Es mucho más seguro y mucho más
fácil aceptar la interpretación de otros (aunque se trate de otros que han vivido hace 2.000 años) que tratar de
interpretar el mensaje que uno puede muy bien estar recibiendo en este mismo momento.

No obstante, te propongo una nueva forma de comunicación con Dios. Una comunicación de doble dirección. En
realidad, eres tú quien me lo ha propuesto a Mí, ya que he venido a ti, en esta forma, aquí y ahora, en respuesta a
tu llamada.
¿Por qué algunas personas - como, por ejemplo, Jesucristo - parecen escuchar más lo que Tú comunicas que
otras?
Porque algunas personas están verdaderamente dispuestas a escuchar. Están dispuestas a oír, y están dispuestas
a permanecer abiertas a la comunicación aun cuando lo que oyen parezca espantoso, disparatado o
manifiestamente equivocado.
¿Debemos escuchar a Dios aun en el caso de que lo que diga nos parezca equivocado?
Especialmente cuando parece equivocado. Si creéis que estáis en lo cierto respecto de algo, ¿para qué necesitáis
hablar con Dios?
Seguid adelante, actuando según vuestro entender. Pero observad lo que habéis estado haciendo desde el
principio de los tiempos. Y mirad cómo es el mundo. Evidentemente, en algo habéis fallado; y es obvio que hay
algo que no entendéis. Lo que sí entendéis ha de pareceros correcto, puesto que <<correcto>> es un termino que
utilizáis para designar aquello con lo que estáis de acuerdo. Por lo tanto, aquello que se os escapa aparecerá, en
un primer momento, como <<equivocado>>.
La única manera de adelantar en esto es preguntándose a sí mismo: <<¿Qué pasaría si todo lo que considero
"equivocado" fuese realmente "correcto"?>>. Todos los grandes científicos conocen esta pregunta. Lo que hace el
científico no es simplemente trabajar; el científico cuestiona todos los presupuestos y principios. Todos los grandes
descubrimientos han surgido de la voluntad, de la capacidad, de no estar en lo cierto. Y eso es lo que se necesita
en este caso.
No podéis conocer a Dios hasta que hayáis dejado de deciros a vosotros mismos que ya conocéis a Dios. No
podéis escuchar a Dios hasta que dejéis de pensar que ya habéis escuchado a Dios.
No puedo deciros Mi Verdad hasta que vosotros dejéis de decirme las vuestras.
Pero mi verdad acerca de Dios procede de Ti.
¿Quién lo ha dicho?
Otros.
¿Qué otros?
Predicadores. Vicarios. Rabinos. Sacerdotes. Libros. ¡La Biblia, por amor de Dios!
Esas no son fuentes autorizadas.
¿No lo son?
No
Entonces, ¿ que hay que sí lo sea?
Escucha tus sentimientos. Escucha tus Pensamientos más Elevados. Escucha a tu experiencia. Cada vez que una
de estas tres cosas difiera de lo que te han dicho tus maestros, o has leído en tus libros, olvida las palabras. Las
palabras constituyen el vehículo de Verdad menos fiable.
Hay tantas cosas que quiero decirte, tantas cosas que deseo preguntarte, que no sé por donde empezar.
Por ejemplo, ¿por qué no te revelas? Si de verdad hay un Dios, y eres Tú, ¿por qué no te revelas de un modo que
todos podamos entenderlo?
Ya lo he hecho, una y otra vez. Estoy haciéndolo de nuevo aquí y ahora.

No. Me refiero a una forma de revelación que resulte incuestionable; que no se pueda negar.
¿Cómo cuál?
Como apareciendo ahora mismo ante mi vista.
Lo estoy haciendo.
¿Dónde?
Dondequiera que mires.
No. Yo quiero decir de un modo indiscutible. De un modo que ningún hombre pueda negar.
¿De que modo sería? ¿Bajo qué forma o aspecto Me harías aparecer?
Bajo la forma o aspecto que realmente tengas.
Eso sería imposible, ya que no poseo una forma o aspecto que podáis comprender. Puedo adoptar una forma o
aspecto que podáis comprender, pero entonces todos supondrían que lo que han visto es la sola y única forma y
aspecto de Dios, en lugar de una forma y aspecto de Dios; una entre muchas.
La gente cree que Yo soy como me ven, en lugar de cómo no me ven. Pero Yo soy el Gran Invisible, no lo que me
hago ser a Mí mismo en un momento determinado. En cierto sentido, Yo soy lo que no soy. Y es de este no-ser de
donde vengo, y a donde siempre retorno.
Pero cuando vengo de una u otra forma determinada - una forma bajo la que creo que la gente puede
comprenderme -, entonces la gente Me atribuye esa forma para siempre jamás.
Y si viniera bajo cualquier otra forma, ante cualesquiera otras personas, los primeros dirían que no habría
aparecido ante los segundos, ya que no Me habría mostrado a los segundos igual que a los primeros, ni les habría
dicho las mismas cosas; de modo que ¿cómo iba a ser Yo?
Como puedes ver, no importa bajo que forma o de qué manera Me revele: cualquiera que sea la manera que elija o
la forma que adopte, ninguna de ellas resultará incuestionable.
Pero si tu hicieras algo que evidenciara la verdad de quién eres más allá de cualquier duda o interrogante...
...habría todavía quienes dijeran que es cosa del diablo, o simplemente de la imaginación de alguien. O de
cualquier causa distinta de Mí.
Si me revelara como Dios todopoderoso, Rey de los Cielos y la Tierra, y moviera montañas para demostrarlo,
habría quienes dirían: <<Debe de ser cosa de Satanás>>.
Y eso sucedería, puesto que Dios no se revela a Sí mismo por, o a través de, la observación externa, sino de la
experiencia interna. Y cuando la experiencia interna ha revelado al propio Dios, la observación externa resulta
innecesaria. Y cuando la observación externa es necesaria, entonces no resulta posible la experiencia interna.
Así pues, si se pide la revelación, entonces no puede darse, puesto que el acto de pedir constituye una afirmación
de que aquélla falta, de que no se está revelando nada de Dios. Esta afirmación produce la experiencia, ya que
vuestro pensamiento sobre algo es creador, y vuestra palabra es productora, y vuestro pensamiento y vuestra
palabra juntos resultan magníficamente eficaces en tanto dan origen a vuestra realidad. Por lo tanto,
experimentaréis que Dios no se ha revelado, ya que, si lo hubiera hecho, no se lo pediríais.
¿Significa eso que no puedo pedir nada que desee? ¿Me estas diciendo que rezar por algo en realidad aleja ese
algo de nosotros?
Esta es una pregunta que ha sido respondida a través de los siglos, y que ha sido respondida cada ves que se ha
formulado. Pero no habéis escuchado la respuesta, o no queréis creerla.
Responderé de nuevo, con palabras de hoy, en un lenguaje actual, de la siguiente manera:
No tendréis lo que pedís, ni podéis tener nada de lo que queráis. Y ello porque vuestra propia petición es una
afirmación de vuestra carencia, y al decir que queréis una cosa únicamente sirve para producir esa experiencia
concreta - la carencia - en vuestra realidad."
Por lo tanto, la oración correcta no es nunca de súplica, sino de gratitud.

Cuando dais gracias a Dios por adelantado por aquello que habéis decidido experimentar en vuestra realidad,
estáis efectivamente reconociendo que eso esta ahí... en efecto. La gratitud es, pues, la más poderosa afirmación
dirigida a Dios; una afirmación a la que Yo habré contestado incluso antes de que me la formuléis.
Así pues, no supliquéis nunca. Antes bien, agradeced.
Pero ¿qué ocurre si yo agradezco algo a Dios por adelantado, y luego eso no aparece nunca? Eso podría llevar al
desencanto y a la amargura.
La gratitud no puede utilizarse como una herramienta con la que manipular a Dios; un mecanismo con el que
engañar al universo. No podéis mentiros a vosotros mismos. Vuestra mente sabe la verdad de vuestros
pensamientos. Si decís <<Gracias, Dios mío, por esto y lo otro>>, y al mismo tiempo está claro que eso no está en
vuestra realidad presente, estáis suponiendo que Dios es menos claro que vosotros, y, por lo tanto, produciendo
esa realidad en vosotros.
Dios sabe lo que vosotros sabéis, y lo que vosotros sabéis es lo que aparece en vuestra realidad.
Pero entonces ¿cómo puedo estar realmente agradecido por algo, si sé que eso no está presente?
Fe. Si tienes aunque sólo sea la fe equivalente a un grano de mostaza, moverás montañas. Sabrás que eso está
presente porque Yo digo que está presente; porque Yo digo que, incluso antes de que me preguntes, habré
respondido; porque Yo digo, y os lo he dicho de todas las maneras concebibles, a través de cualquier maestro que
me puedas mencionar, que, sea lo que sea lo que queráis, si lo queréis en Mi nombre así será.
Sin embargo, hay tanta gente que dice que sus oraciones han quedado sin respuesta...
Ninguna oración - y una oración no es más que una ferviente afirmación de lo que ya es - queda sin respuesta.
Cualquier oración - cualquier pensamiento, cualquier afirmación, cualquier sentimiento - es creador. En la medida
en que sea fervientemente sostenido como una verdad, en esa misma medida, se hará manifiesto en vuestra
experiencia.
Cuando se dice que una oración no ha sido respondida, lo que realmente ocurre es que el pensamiento, palabra o
sentimiento sostenido de modo más ferviente a llegado a ser operativo. Pero lo que has de saber - y ese es el
secreto - es que detrás del pensamiento se halla siempre otro pensamiento - el que podríamos llamar Pensamiento
Promotor -, que es el que controla el pensamiento.
Por lo tanto, si rogáis y suplicáis, parece que existe una posibilidad mucho menor de que experimentéis lo que
pensáis que habéis decidido, puesto que el Pensamiento Promotor que se halla detrás de cada súplica es el de
que en ese momento no tenéis lo que deseáis. Ese Pensamiento Promotor se convierte en vuestra realidad.
El único Pensamiento Promotor que puede ignorar este pensamiento es uno fundado en la fé en que Dios
concederá cualquier cosa que se le pida, sin falta. Algunas personas poseen este tipo de fe, pero muy pocas.
El proceso de la oración resulta mucho más fácil cuando, en lugar de creer que Dios siempre dirá <<sí>> a cada
petición, se comprende intuitivamente que la propia petición no es necesaria. Entonces la oración se convierte en
una plegaria de acción de gracias. No es en absoluto una petición, sino una afirmación de gratitud por lo que ya es.
Cuando dices que una oración es una afirmación de lo que ya es, ¿estas diciendo que Dios no hace nada, que
todo lo que ocurre después de una oración es un resultado de la acción de rezar?
Si crees que Dios es un ser omnipotente que escucha todas las oraciones, y responde <<sí>> a unas, <<no>> a
otras, y <<ya veremos>> al resto, estás equivocado. ¿Por qué regla de tres decidiría Dios?
Si crees que Dios es quién crea y decide todo lo que afecta a vuestra vida, estás equivocado.
Dios es el observador no el creador. Y Dios está dispuesto a ayudaros a vivir vuestra vida, pero no de la manera
que supondríais.
La función de Dios no es crear, o dejar de crear, las circunstancias o condiciones de vuestra vida. Dios os ha
creado a vosotros, a imagen y semejanza suya. Vosotros habéis creado el resto, por medio del poder que Dios os
ha dado. Dios creó el proceso de la vida, y la propia vida tal como la conocéis. Pero Dios os dio el libre albedrío
para hacer con la vida lo que queráis.
En ese sentido, vuestra voluntad respecto a vosotros es la voluntad de Dios respecto a vosotros.
Estáis viviendo vuestra vida del modo como la estáis viviendo, y Yo no tengo ninguna preferencia al respecto.
Esa es la grandiosa ilusión de la que participáis Que Dios se preocupa de un modo u otro por lo que hacéis.
Yo no me preocupo por lo que hacéis, y eso os resulta difícil de aceptar. Pero ¿os preocupáis vosotros por lo que
hacen vuestros hijos cuando les dejáis salir a jugar? ¿Es importante para vosotros si juegan al corre que te pillo, al

escondite o a disimular? No, no lo es, porque sabéis que están perfectamente seguros, ya que les habéis dejado
en un entorno que consideráis favorable y adecuado.
Por supuesto siempre confiaréis en que no se lastimen. Y si lo hacen, haréis bien en ayudarles, curarles, y
permitirles que se sientan de nuevo seguros, que sean felices de nuevo, que vuelvan a jugar otro día. Pero
tampoco ese otro día os preocupará si deciden jugar al escondite o a disimular.
Por supuesto, les diréis que juegos son peligrosos. Pero no podréis evitar que vuestros hijos hagan cosas
peligrosas. Al menos, no siempre; no para siempre; no en todo momento desde ahora hasta su muerte. Los padres
juiciosos lo saben. Pero los padres nunca dejan de preocuparse por el resultado. Esta dicotomía - no preocuparse
excesivamente por el proceso, pero sí por el resultado - describe con bastante aproximación la dicotomía de Dios.
Pero Dios, en un sentido, no siempre se preocupa por el resultado. No por el resultado final. Y ello porque el
resultado final está asegurado.
Y esta es la segunda gran ilusión del hombre: que el resultado de la vida es dudoso.
Es esta duda acerca del resultado final la que ha creado a vuestro mayor enemigo: el temor. Si dudáis del
resultado, dudaréis del Creador: dudaréis de Dios. Y si dudáis de Dios, entonces viviréis toda vuestra vida en el
temor y la culpa.
Si dudáis de las intenciones de Dios - y de su capacidad de producir este resultado final -, entonces ¿cómo podréis
descansar nunca? ¿Cómo podréis nunca hallar realmente la paz?
Sin embargo, Dios posee pleno poder para encajar las intenciones con los resultados. No podéis ni queréis creer
en ello (aunque afirméis que Dios es todopoderoso), y, en consecuencia, habéis de crear en vuestra imaginación
un poder igual a Dios, con el fin de encontrar una manera de que la voluntad de Dios se vea frustrada. Así, habéis
creado en vuestra mitología al ser que llamáis <<el diablo>>. Incluso habéis imaginado a Dios en guerra con ese
ser (pensando que Dios resuelve sus problemas del mismo modo que vosotros). Por fin, habéis imaginado
realmente que Dios podría perder esa guerra.
Todo eso viola lo que decís que sabéis acerca de Dios, pero eso no importa. Vivís vuestra ilusión, y, de este modo,
sentís vuestro temor, debido a vuestra decisión de dudar de Dios.
Pero ¿qué ocurriría si tomaras una nueva decisión? ¿Cuál sería entonces el resultado?
Deja que te diga algo: deberías vivir como Buda. Como Jesús. Como lo hicieron todos los santos que siempre
habéis idolatrado.
Sin embargo, como ocurrió con la mayoría de los santos, la gente no te entendería. Y cuando trataras de explicar
tu sensación de paz, tu alegría de vivir, tu éxtasis interior, ellos oirían tus palabras, pero no te escucharían.
Tratarían de convencerte de que eras tú quién no entendía a Dios.
Y si fracasaran a la hora de arrancarte tu alegría, tratarían de hacerte daño; tan enorme sería su rabia. Y cuando
tú les dijeras que eso no te importaba, que ni siquiera la muerte podría privarte de tu alegría, ni cambiaría tu
verdad, seguramente te matarían. Entonces, cuando vieran con qué paz aceptabas la muerte, te llamarían santo, y
te amarían de nuevo.
Y ello porque está en la naturaleza de las personas amar, luego destruir, y luego amar de nuevo aquello que más
aprecian.
Pero ¿por qué? ¿Por qué lo hacemos?
Todos los actos humanos están motivados, a su nivel más profundo, por una de estas dos emociones: el temor o el
amor. En realidad existen sólo dos emociones: sólo dos palabras en el lenguaje del alma. Son los extremos
opuestos de la gran polaridad que Yo creé cuando produje el universo, y vuestro mundo, tal como hoy lo conocéis.
Estos son los dos aspectos - Alfa y Omega - que permiten la existencia del sistema que llamáis <<relatividad>>.
Sin estos dos aspectos, sin estas dos ideas sobre las cosas, no podría existir ninguna otra idea.
Todo pensamiento humano, toda acción humana, se basa o bien en el amor, o bien en el temor. No existe ninguna
otra motivación humana, y todas las demás ideas no son sino derivadas de estas dos. Son simplemente versiones
distintas: diferentes variaciones del mismo tema.
Piensa en ello detenidamente, y veras que es verdad. Eso es lo que he llamado Pensamiento Promotor. Es tanto
un pensamiento de amor como de temor. Este es el pensamiento que se oculta detrás del pensamiento que, a su
vez, se oculta detrás del pensamiento. Es el primer pensamiento. Es la fuerza principal. Es la energía primaria que
mueve el motor de la experiencia humana.
Y he ahí como el comportamiento humano produce una experiencia repetida tras otra; he ahí por qué los humanos
aman, luego destruyen, y luego aman de nuevo: siempre con ese movimiento pendular de una emoción a la otra.
El amor promueve el temor, que promueve el amor, que promueve el temor...
...Y la razón se halla en la primera mentira - una mentira que sostenéis como si fuera la verdad sobre Dios - de
que no se puede confiar en Dios; de que no se puede contar con el amor de Dios; de que el hecho de que Dios os
acepte está condicionado; por tanto, de que el resultado final es dudoso. Entonces, si no podéis contar con que el

amor de Dios está siempre ahí, ¿con el amor de quién podéis contar? Si Dios se retira y se aparta cuando vosotros
no actuáis correctamente, ¿no lo harán los simples mortales?
...Y así es como en el momento en que prometéis vuestro más elevado amor, abrís la puerta a vuestro mayor
temor.
Y ello, porque lo primero que os preocupa después de decir <<Te amo>> es si vais a escuchar lo mismo. Y si lo
escucháis, entonces empezáis inmediatamente a preocuparos por la posibilidad de perder ese amor que acabáis
de encontrar. Así, toda acción se convierte en reacción - de defensa ante la pérdida -, incluso cuando tratáis de
defenderos ante la pérdida de Dios.
Pero si supieras Quiénes sois - que sois el ser más magnífico, notable y espléndido que Dios ha creado nunca, no habríais de sentir temor nunca; ya que ¿quién puede negar esa maravillosa magnificencia? Ni siquiera Dios
podría criticar a un ser así.
Pero no sabéis Quiénes sois, y pensáis que sois mucho menos. ¿De dónde habéis sacado la idea de que sois
cualquier cosa menos magníficos? De las únicas personas cuya palabra aceptaríais plenamente. De vuestra madre
y vuestro padre.
Estas son las personas que más os aman. ¿Por qué habrían de mentiros? Sin embargo ¿no os han dicho que sois
demasiado tal cosa, y no suficientemente tal otra? ¿No os han recordado que tenéis que pasar desapercibidos?
¿No os han regañado en algunos de vuestros momentos de mayor euforia? ¿Y no os han animado a desechar
algunas de vuestras ideas más descabelladas?
Estos son los mensajes que habéis recibido, y, aunque no satisfacen los criterios, y, por tanto, no son mensajes de
Dios, también podían haberlo sido, puesto que proceden, sin duda alguna, de los dioses de vuestro universo.
Fueron vuestros padres quienes os enseñaron que el amor está condicionado - habéis sentido esas condiciones
muchas veces -, y esa es la experiencia que habéis interiorizado en vuestras relaciones amorosas.
Es también la experiencia que me aplicáis a Mí.
Y a partir de esta experiencia extraéis vuestras conclusiones sobre Mí. En este marco proclamáis vuestra verdad.
<<Dios es un Dios amoroso - decís -, pero si quebrantas Sus mandamientos, Él te castigará con el destierro
perpetuo y la condenación eterna.>>
¿Acaso no habéis experimentado el destierro de vuestros propios padres? ¿No conocéis el dolor de su
condenación? ¿Cómo, entonces, podríais imaginar que iba a ser distinto conmigo?
Habéis olvidado qué era ser amado sin condiciones. No recordáis la experiencia del amor de Dios. Y así, tratáis de
imaginar cómo debe de ser el amor de Dios basándoos en cómo veis que es el amor del mundo.
Habéis proyectado en Dios el papel de << padre>>, y, en consecuencia, habéis salido con un Dios que juzga, y
premia o castiga, en base a lo buenos que crea que habéis sido hasta ese momento. Pero esta es una visión
simplista de Dios, basada en vuestra mitología. No tiene nada que ver con Quién soy Yo.
Así pues, habiendo creado todo un sistema de pensamiento acerca de Dios basado en la experiencia humana más
que en las verdades espirituales, después creasteis toda una realidad en torno al amor. Se trata de una realidad
basada en el temor, arraigada en la idea de un Dios terrible y vengativo. Ese Pensamiento Promotor es erróneo,
pero rechazarlo supondría desbaratar toda vuestra teología. Y aunque la nueva teología que podría reemplazarla
sería realmente vuestra salvación, no podéis aceptarla, puesto que la idea de un Dios al que no haya que temer,
que no va a juzgar, y que no tiene ningún motivo para castigar, resulta sencillamente demasiado magnífica para
incluirla ni siquiera en vuestra más grandiosa noción de Quien y Qué es Dios.
Esta realidad del amor basada en el temor domina vuestra experiencia de aquél; más aún, en realidad la crea, ya
que no sólo hace que consideréis que recibís un amor condicionado, sino también que penséis que lo das del
mismo modo. E incluso mientras negociáis y establecéis vuestras condiciones, una parte de vosotros sabe que eso
no es realmente el amor. Aún así, parecéis incapaces de cambiar la manera de dispensarlo. Os decís a vosotros
mismos que habéis aprendido la manera difícil, y ¡qué os condenéis si os hacéis de nuevo vulnerables! Pero lo
cierto es que deberíais decir ¡qué os condenéis si no lo hacéis!
[Debido a vuestros propios (y equivocados) pensamientos sobre el amor, sí que os condenáis realmente a no
experimentarlo nunca en toda su pureza. Del mismo modo, os condenáis a no conocerme nunca como realmente
soy. Al menos mientras obréis así, ya que no podéis rechazarme para siempre, y llegará el momento de nuestra
Reconciliación.]
Cualquier acción emprendida por los seres humanos se basa en el amor o el temor, y no simplemente las que
afectan a las relaciones. Las decisiones relativas a los negocios, la industria, la política, la religión, la educación de
vuestros jóvenes, la política social de vuestras naciones, los objetos económicos de vuestra sociedad, las
decisiones que implican guerra, paz, ataque, defensa, agresión, sometimiento; las determinaciones de codiciar o
regalar, de ahorrar o compartir, de unir o dividir: cualquier decisión libre que toméis se deriva de uno de los dos
únicos pensamientos posibles que existen: un pensamiento de amor o un pensamiento de temor.
El temor es la energía que contrae, cierra, capta, huye, oculta, acumula y daña.
El amor es la energía que expande, abre, emite, permanece, revela, comparte y sana.

El temor cubre nuestros cuerpos de ropa; el amor nos permite permanecer desnudos. El temor se aferra a todo lo
que tenemos; el amor lo regala. El amor prohibe; el amor quiere. El temor agarra; el amor deja ir. El temor duele; el
amor alivia. El temor ataca; el amor repara.
Cualquier pensamiento, palabra o acto humano se basa en una emoción o la otra. No tenéis más elección al
respecto, puesto que no existe nada más entre que elegir. Pero tenéis libre albedrío respecto a cuál de las dos
escoger.
Haces que parezca muy fácil, y, sin embargo, en el momento de la decisión el temor vence mucho más a menudo.
¿Por qué?
Habéis aprendido a vivir en el temor. Se os ha hablado de la supervivencia de los más capacitados, y de la victoria
de los más fuertes y el éxito de los más inteligentes. Pero se os ha dicho muy poco sobre la gloria de quienes más
aman. De este modo, os esforzáis por ser los más capacitados, los más fuertes, los más inteligentes - de una u
otra manera -, y si en una situación determinada percibís que vosotros lo sois menos, tenéis miedo de perder,
puesto que se os ha dicho que ser menos significa perder.
Así, evidentemente, elegís la acción promovida por el temor, porque eso es lo que os han enseñado. Pero Yo os
enseño esto: cuando escojáis la ación promovida por el amor, entonces haréis algo más que tener éxito Entonces
experimentaréis plenamente la gloria de Quienes Realmente Sois, y quienes podéis ser.
Para hacer esto, debéis dejar de lado las enseñanzas de vuestros bienintencionados, aunque mal informados,
profesores mundanos, y escuchar las enseñanzas de aquellos cuya sabiduría proviene de otra fuente.
Hay muchos de estos profesores entre vosotros, como siempre los ha habido, ya que nunca he querido privaros de
aquellos que os mostraran, os enseñaran, os guiaran y os recordaran esas verdades. No obstante, el mayor
recordatorio no se halla fuera de vosotros, sino que es vuestra propia voz interior. Esta es la primera herramienta
que utilizo, puesto que es la más accesible.
La voz interior es la voz más fuerte con la que hablo, puesto que es la más cercana a vosotros. Es la voz que os
dice si todo lo demás es verdadero o falso, correcto o equivocado, bueno o malo, según vuestra definición. Es el
radar que señala el rumbo, dirige el barco y guía el viaje, si dejáis que lo haga.
Es la voz que te dice ahora mismo si las propias palabras que estás leyendo son palabras de amor o palabras de
temor. Con este patrón puedes determinar si son palabras que hay que tener en cuenta o palabras que hay que
ignorar.
Dices que, si yo elijo siempre la acción impulsada por el amor, entonces experimentaré plenamente la gloria de
quien soy y quien puedo ser. ¿Quieres explicármelo con más detalle, por favor?
Existe únicamente un propósito para toda la vida, y es, para vosotros y para todo lo que vive, experimentar la gloria
más plena.
Todo lo que decís, hacéis o pensáis está subordinado a esta función. Vuestra alma no tiene que hacer nada más
que eso, y no quiere hacer nada más que eso.
Lo maravilloso de este propósito es que nunca termina. Un fin es una limitación, y el propósito de Dios carece de
este límite. Debe llegar un momento en el que os experimentéis a vosotros mismos en vuestra gloria más plena, y
en ese instante imaginaréis una gloria aún mayor. Cuanto más seáis, más llegaréis a ser, y cuanto más lleguéis a
ser, más podréis ser todavía.
El secreto más profundo es que la vida no es un proceso de descubrimiento, sino un proceso de creación.
No os descubrís a vosotros mismos, sino que os creáis a vosotros mismos de nuevo. Tratáis, por lo tanto, no de
averiguar Quienes Sois, sino de determinar Quienes Queréis Ser.
Hay quienes dicen que la vida es una escuela, que estamos aquí para aprender unas determinadas lecciones, que
una vez <<graduados>> podremos continuar con otros objetivos mayores, liberados ya de las cadenas del cuerpo.
¿Es eso cierto?
Es otra parte de vuestra mitología, basada en la experiencia humana.
¿La vida no es una escuela?
No.
¿No estamos aquí para aprender?

No.
Entonces ¿por qué estamos aquí?
Para recordar y re-crear Quiénes Sois.
Os lo he dicho una y otra vez, y no Me creéis. Pero así ha de ser; ya que, verdaderamente, si no os creáis como
Quienes Sois, no podéis ser.
Bueno, me he perdido. Volvamos a lo de la escuela. He escuchado a un maestro tras otro decirnos que la vida es
una escuela. Francamente, me choca oírte negarlo.
La escuela es un lugar adonde uno va si hay algo que uno no sabe y quiere saber. No es un lugar adonde uno va
si ya sabe algo y simplemente quiere experimentar su sabiduría.
La vida (como la llamáis) es una oportunidad para vosotros de saber experimentalmente lo que ya sabéis
conceptualmente. No necesitáis aprender nada al respecto. Necesitáis simplemente recordar lo que ya sabéis, y
obrar en consecuencia.
No estoy seguro de entenderlo.
Empecemos por aquí. El alma - vuestra alma - ya sabe todo lo que se puede saber en todo momento. Nada se le
oculta, nada desconoce. Pero saberlo no es suficiente. El alma aspira a experimentarlo.
Podéis saber que sois generosos, pero a menos que hagáis algo que demuestre generosidad, no tenéis sino un
concepto. Podéis saber que sois amables, pero a menos que hagáis algo que demuestre amabilidad con alguien,
no tenéis sino una idea sobre vosotros mismos.
El único deseo de vuestra alma es convertir ese magnífico concepto de sí misma en su mayor experiencia. En
tanto el concepto no se convierta en experiencia, todo lo que hay es especulación. Yo he estado especulando
sobre Mí mismo durante mucho tiempo. Más del que tú y Yo podríamos recordar conjuntamente. Más que la edad
del universo multiplicada por sí misma. ¡Ve, pues, qué joven es - qué nueva es - Mi experiencia de Mí mismo!
Me he perdido de nuevo. ¿Tu experiencia de Ti mismo?
Sí Permíteme que te lo explique de este modo:
En el principio, lo que Es era todo lo que había, y no había nada más.
Pero Todo Lo Que Es no podía conocerse a sí mismo, pues Todo Lo Que Es era todo lo que había, y no había
nada más. Así, Todo Lo Que Es... no era, ya que, en ausencia de cualquier otra cosa, Todo Lo Que Es no es.
Este es el gran <<Es - No Es>> al que han aludido los místicos desde el principio de los tiempos.
Ahora bien, Todo Lo Que Es sabía que era todo lo que había; pero eso no era suficiente, puesto que sólo podía
conocer su total magnificencia conceptualmente, no experiencialmente. Sin embargo es la experiencia de sí mismo
lo que anhelaba, puesto que quería saber que le apetecía ser tan magnífico. Aún así, eso era imposible, ya que el
propio término magnífico es un termino relativo. Todo Lo Que Es no podía saber que le apetecía ser magnífico a
menos que lo que no es lo descubriera. En ausencia de lo que no es, lo que Es no es.
¿Lo entiendes?
Creo que sí. Continúa.
De acuerdo. Lo único que Todo Lo Que Es sabía es que no había nada más. Así no podía, ni lograría, nunca
conocerse a Sí mismo desde un punto de referencia exterior a Sí mismo: dicho punto de referencia no existía. Sólo
existía un punto de referencia, y era el único lugar interior. El <<Es - No Es>>. El <<Soy - No Soy>>.
Aún así, el Todo de Todo decidió conocerse experimentalmente.
Esta energía - pura, invisible, inaudible, inobservada y, por lo tanto, desconocida - por - cualquier - otra energía decidió experimentarse a Sí misma como la total magnificencia que era. Para ello, se dio cuenta de que habría de
utilizar un punto de referencia interior.
Se hizo el razonamiento, totalmente correcto, de que cualquier parte de Sí mismo había de ser necesariamente
menos que el total, y, por tanto, si simplemente se dividía a sí mismo en partes, cada parte, al ser menos que el
total, podía mirar al resto de Sí mismo y ver su magnificencia.
Así, Todo Lo Que Es se dividió a Sí mismo, convirtiéndose, en un momento glorioso, en lo que es esto y lo que es
aquello. Por primera vez, existían esto y aquello, completamente separados lo uno de lo otro. Y aun así, existían
simultáneamente; tal como sucedía con todo lo que no era ninguno de los dos.

Así de repente existían tres elementos: lo que está aquí; lo que está allí, y lo que no está ni aquí ni allí, pero que
debe existir para que aquí y allí existan.
Es la nada lo que sostiene al todo. Es el no-espacio el que sostiene al espacio. Es el todo el que sostiene a las
partes.
¿Lo entiendes?
¿Me sigues?
Creo que sí, realmente. Lo creas o no, lo has ilustrado de una forma tan clara que creo que verdaderamente lo
entiendo.
Voy a ir más lejos. Esa nada que sostiene al todo es lo que algunas personas llaman Dios. Pero eso tampoco
resulta acertado, puesto que sugiere que existe algo que Dios no es; a saber, todo lo que no es <<nada>>. Pero
Yo soy Todas las Cosas - visibles e invisibles -, de modo que esta descripción de Mí como el Gran Invisible, la
Nada, el No - Espacio, una definición de Dios esencialmente mística, al modo oriental, no resulta más acertada que
la descripción esencialmente práctica, al modo occidental, de Dios como todo lo visible. Quienes creen que Dios es
Todo lo Que Es y Todo lo Que No Es son quienes lo entienden correctamente.
Ahora bien, al crear lo que está <<aquí>> y lo que está <<allí>>, Dios hizo posible que Dios se conociera así
mismo. En el momento de está gran explosión de su interior, Dios creó la relatividad, el mayor don que se hizo
nunca a sí mismo. De este modo, la relación es el mayor don que Dios os hizo nunca; pero discutiremos este
aspecto más adelante.
Así pues, a partir de la Nada surgió el Todo; por cierto, un acontecimiento espiritual del todo coherente con lo que
vuestros científicos llaman la teoría del Big Bang.
Como todos los elementos se hallaban en movimiento, se creó el tiempo, puesto que algo que primero estaba aquí
luego estaba allí, y el período que empleaba en ir de aquí a allí resultaba mensurable.
Exactamente como las partes de Sí mismo visibles empezaron a definirse por sí mismas, unas <<en relación>>
con las otras, así sucedió también con las partes invisibles.
Dios sabía que, para que existiera el amor - y se conociera sí mismo como puro amor -, había de existir también su
contrario. Así, Dios creó voluntariamente la gran polaridad: el opuesto absoluto del amor - todo lo que el amor no
es -, que ahora llamamos temor. Desde el momento en que existía el temor, el amor podía existir como algo que se
podía experimentar.
Es a esta creación de dualidad entre el amor y su contrario a la que se refieren los humanos, en sus diversas
mitologías, como el nacimiento del diablo, la caída de Adán, la rebelión de Satán, etc."
Del mismo modo que habéis decidido personificar el amor puro en el personaje que llamáis Dios, también habéis
decidido personificar el temor abyecto en el personaje que llamáis el demonio.
En la Tierra, algunos han establecido mitologías algo más elaboradas en torno a este acontecimiento, completadas
con argumentos de batallas y guerras, soldados angélicos y guerreros diabólicos, las fuerzas del bien y del mal, de
la luz y de la oscuridad.
Esta mitología ha constituido el primer intento por parte de los hombres de entender, y explicar a los demás de
manera que pudieran entenderlo, un acontecimiento cósmico del que el alma humana es profundamente
consciente, pero que la mente apenas puede concebir.
Al dar el universo como una versión dividida de Sí mismo, Dios produjo, a partir de la energía pura, todo lo que
ahora existe; tanto lo visible como lo invisible.
En otras palabras, no sólo se creaba de este modo el universo físico, sino también el universo metafísico. La parte
de Dios que forma el segundo término de la ecuación <<Soy - No Soy>> explotó también en un infinito número de
unidades más pequeñas que el conjunto. A estas unidades de energía las llamaríais espíritus.
En algunas de vuestras mitologías religiosas se afirma que <<Dios Padre>> tiene muchos hijos espirituales. Este
paralelismo con la experiencia humana de la vida que se multiplica parece ser el único modo de que las masas
puedan captar en realidad la idea de la súbita aparición - la súbita existencia - de innumerables espíritus,
comprendiendo la totalidad de Mí, son, en un sentido cósmico, Mí descendencia.
Mi divino propósito al dividirme era crear suficientes partes de Mí como para poder conocerme a Mí mismo
experimentalmente. Sólo hay una manera en que el Creador puede conocerse experiencialmente en cuanto
Creador, y es creando. Así, di a cada uno de los innumerables partes de mí (a todos mis hijos espirituales) el
mismo poder de crear que Yo poseo en su totalidad.
A eso es a lo que se refiere vuestra religión cuando afirma que fuisteis creados <<a imagen y semejanza de
Dios>>. Esto no significa, como han dicho algunos, que nuestros cuerpos físicos sean iguales (aunque Dios puede
adoptar cualquier forma física que quiera para un determinado propósito). Significa que nuestra esencia es la

misma. Estamos hechos de la misma sustancia. ¡SOMOS la <<misma sustancia>>! Con las mismas propiedades y
capacidades, incluyendo la capacidad de crear realidad física de un soplo.
Mí propósito al crearos a vosotros, Mi descendencia espiritual, era conocerme a Mí mismo como siendo Dios. No
tenía modo de hacerlo, salvo a través de vosotros. Así, se puede decir (y se ha dicho muchas veces) que Mi
propósito respecto a vosotros es que vosotros os conozcáis como siendo Yo.
Esto parece extraordinariamente simple, pero resulta muy complejo, ya que sólo hay un modo de conoceros como
siendo Yo, y es conoceros primero como siendo no Yo.
Ahora trata de seguirme - esfuérzate por no perder el hilo -, ya que el asunto se hace más sutil. ¿Listo?
Creo que sí.
Bien. Recuerda que me has pedido esta explicación. Has estado esperándola durante años. Y me la has pedido en
términos profanos, no en doctrinas teológicas o teorías científicas.
Sí; soy consciente de lo que te he pedido.
Y tal como la has pedido te la voy a dar.
Ahora bien, para simplificar las cosas, voy a utilizar vuestro modelo mitológico de los hijos de Dios como La base
de Mi exposición, ya que se trata de un modelo con el que estáis familiarizados, y en muchos aspectos no resulta
tan lejano.
Así, volvamos a cómo se desarrolla este proceso de auto-conocimiento.
Sólo había un modo de que Yo motivara a todos Mis hijos espirituales a conocerse a sí mismos como partes de Mí,
y era simplemente diciéndoselo. Y eso hice. Pero, como puedes ver, no era suficiente para el Espíritu conocerse
simplemente como siendo Dios, o parte de Dios, o hijo de Dios, o heredero del Reino (o cualquier mitología que
quieras utilizar).
Como ya he explicado, conocer algo y experimentarlo son dos cosas distintas. El Espíritu anhelaba conocerse
experiencialmente (¡como Yo hice!). La conciencia conceptual no era suficiente para vosotros. Así, ideé un plan. Es
la idea más extraordinaria de todo el universo; y también la colaboración más espectacular. Digo <<colaboración>>
porque todos vosotros estáis en esto conmigo.
Con este plan, vosotros, en cuanto espíritu puro, entraríais en el universo físico recién creado. Y ello por que lo
físico es la única manera de conocer experiencialmente lo que se conoce conceptualmente. Esta es, en efecto, la
razón por la que he creado el cosmos físico para empezar, así como el sistema de relatividad que lo gobierna, y
toda la creación.
Una vez en el universo físico, vosotros, Mis hijos espirituales, podéis experimentar lo que sabéis de vosotros
mismos; pero primero habéis de pasar por conocer lo contrario. Para explicarlo de una manera sencilla, no podéis
conoceros a vosotros mismos en vuestra grandeza a menos que - y hasta que - seáis conscientes de vuestra
pequeñez. No podéis experimentar lo que vosotros llamáis importante a menos que también paséis por conocer lo
insignificante.
Llevado a sus últimas consecuencias lógicas, no podéis experimentar a vosotros mismos como lo que sois hasta
que os hayáis enfrentado a lo que no sois. Este es el propósito de la teoría de la relatividad y de toda la vida física.
Por eso es por lo que no sois tal como vosotros os habéis definido.
Ahora bien, en el caso del conocimiento último - en el caso del conocimiento de vosotros mismos como siendo el
Creador -, no podéis experimentar vuestro propio Yo como creador a menos que - y hasta que - creéis. Y no podéis
crearos a vosotros mismos en tanto no os des-creéis a vosotros mismos. En cierto sentido, tenéis primero que
<<no ser>>, con el fin de ser. ¿Me sigues?
Creo...
Quédate con esa idea.
Por supuesto, no hay ninguna manera de que no seáis quienes sois y lo que sois; simplemente lo sois (espíritu,
puro, creador), siempre lo habéis sido y siempre lo seréis. Así pues, hicisteis lo mejor que podíais hacer.
Procurasteis olvidar Quienes Sois Realmente.
Una vez entrados en el universo físico, renunciasteis a vuestro recuerdo de vosotros mismos. Eso os permite
decidir ser Quienes Sois, en lugar de encontraros simplemente siéndolo, por así decir.
Es en el acto de decidir ser, y no en estar siendo simplemente lo que sois, una parte de Dios, en el que os
experimentáis a vosotros mismos como siendo con tal decisión, que es lo que, por definición, es Dios. Sin
embargo, ¿cómo podéis decidir respecto a algo sobre lo que no hay ninguna decisión? No podéis no ser Mi
descendencia por mucho que os empeñéis; pero sí podéis olvidarlo.

Vosotros sois, siempre habéis sido y siempre seréis, una parte divina del todo divino, un miembro del cuerpo. He
aquí por qué el acto de reunirse con el todo, de volver a Dios, se llama remembranza. Verdaderamente decidís remembrar Quienes Realmente Sois, o reuniros junto con las diversas partes de vosotros para experimentar el todo
de vosotros; es decir, el Todo de Mí.
Vuestra tarea en la Tierra, por lo tanto, no es aprender (puesto que ya sabéis), sino re-membrar Quienes Sois. Y
re-membrar quienes son todos los demás. He aquí por qué una parte importante de vuestra tarea consiste en
recordar a los demás (es decir, recordarles a ellos y acordarse de ellos), de modo que también puedan remembrar.
Todos vuestros maravillosos maestros espirituales han hecho precisamente esto. Este es vuestro único objetivo.
Es el único objetivo de vuestra alma.
¡Dios mío, es tan simple! ¡Y tan... simétrico! Quiero decir, ¡qué todo encaja! ¡De repente, todo cuadra! Ahora veo un
panorama que nunca antes había visto entero del todo.
Bien. Eso está bien. Ese es el propósito de este diálogo. Me has pedido respuestas. Y te he prometido que te las
daría.
Harás un libro con este diálogo, y harás que Mis palabras resulten accesibles a muchas personas. Esto forma parte
de tu trabajo. Ahora bien, tú tienes más preguntas que formular acerca de la vida. Ya hemos colocado los
cimientos; hemos preparado el terreno para nuevos conocimientos. Vayamos a esas otras preguntas. Y no te
preocupes. Si hay algo en relación a lo que acabamos de tratar que no entiendes en profundidad, muy pronto lo
verás todo claro.
¡Hay tanto que quiero preguntarte! ¡Hay tantas preguntas! Supongo que puedo empezar por las más importantes,
las más obvias. Por ejemplo, ¿por qué el mundo es tal como es?
De todas las preguntas que el hombre le ha hecho a Dios, esta es la más frecuente. Desde el principio de los
tiempos el hombre se ha formulado esta pregunta. Desde el primer momento habéis querido saberlo: ¿por qué
tiene que ser así? Normalmente, el planteamiento clásico de la cuestión es más o menos éste: si Dios es
infinitamente perfecto y nos ama infinitamente, ¿por qué crear el hambre y la peste, la guerra y la enfermedad, los
terremotos, los tornados, los huracanes y todo tipo de desastres naturales; por qué los estados de profunda
frustración personal y las calamidades mundiales?
La respuesta a esta pregunta reside en el más profundo misterio del universo y el más alto sentido de la vida.
Yo no manifiesto Mi bondad si sólo creo lo que llamáis perfección en torno a vosotros. Yo no demuestro Mi amor
sino permito que vosotros demostréis el vuestro.
Como ya he explicado, no se puede demostrar amor en tanto no se haya demostrado no amor. Una cosa no puede
existir sin su contraria, excepto en el mundo de lo absoluto. Sin embargo, la esfera del absoluto no era suficiente ni
para vosotros ni para Mí. Yo existía allí, en el siempre, y de ahí procedéis también vosotros.
En el absoluto no hay experiencia; sólo conocimiento. El conocimiento es un estado divino, pero la más grandiosa
alegría esta en el ser. Ser es algo que se alcanza únicamente por la experiencia. En esto consiste la evolución:
conocimiento, experiencia, ser. Esta es la Santísima Trinidad; Dios Trino.
Dios Padre es conocimiento: el padre de toda comprensión, el engendrador de toda experiencia, ya que no se
puede experimentar lo que no se conoce.
Dios Hijo es experiencia: la encarnación, la realización, de todo lo que el Padre sabe de Sí mismo, ya que no se
puede ser lo que no se ha experimentado.
Dios Espíritu Santo es ser: la des-encarnación de todo lo que el Hijo ha experimentado de Sí mismo; el simple y
exquisito existir, posible sólo a través de la memoria del conocimiento y la experiencia.
Este simple ser es la felicidad. Es el estado de Dios, después de haberse conocido y experimentado a Sí mismo.
Es lo que Dios anhelaba en el principio.
Por supuesto, no hace falta que te explique que las descripciones de Dios como padre e hijo no tienen nada que
ver con el hecho de engendrar. Utilizo aquí la pintoresca forma de hablar de vuestras más recientes escrituras.
Otros escritos sagrados mucho más antiguos situaban esta metáfora en el contexto de madre e hija. Ninguna de
ellas es correcta. Vuestra mente puede entender mejor la relación como: progenitor - descendencia; o bien: lo-queda-origen, y lo-que-es-originado.
Al añadir la tercera parte de la Trinidad, se produce esta relación: Lo que da origen / Lo que es originado / Lo que
es.
Esta Realidad Trina es la firma de Dios. Es la pauta divina. Esta característica de <<tres - en - uno>> se encuentra
por doquier en las esferas de lo sublime. No se puede escapar a ella en las cuestiones que tratan del tiempo y el

espacio, Dios y la consciencia, o cualquier relación sutil. Por otra parte, no se puede hallar esta Verdad Trina en
ninguna de las relaciones ordinarias de la vida.
La Verdad Trina es reconocida en las relaciones sutiles de la vida por todo aquel que se ocupe de tales relaciones.
Algunos de vuestros teóricos de la religión han descrito la Verdad Trina como Padre, Hijo y Espíritu Santo. Algunos
de vuestros psiquiatras utilizan los conceptos de superconsciente, consciente y subconsciente. Algunos de
vuestros espiritualistas hablan de mente, cuerpo y espíritu. Algunos de vuestros científicos aluden a energía,
materia y éter. Algunos de vuestros filósofos dicen que una cosa no es verdadera hasta que lo es de pensamiento,
palabra y obra. Cuando habláis del tiempo, os referís sólo a tres tiempos: pasado, presente y futuro. Del mismo
modo, vuestra percepción se compone de tres momentos: antes, ahora y después. En términos de relaciones
espaciales, tanto si consideráis distintos puntos en el universo como si en vuestra propia habitación, reconocéis
tres aspectos: aquí, allí y el espacio intermedio entre ambos.
En cuanto a las relaciones ordinarias, no reconocéis ningún <<intermedio>>. Y ello por que las relaciones
ordinarias son siempre díadas, mientras que las relaciones de ámbito superior son invariablemente tríadas. Así
tenéis: derecha - izquierda, arriba - abajo, grande - pequeño, rápido - lento, caliente - frío, y la mayor díada jamás
creada: macho - hembra. En tales díadas no existen intermedios. Cualquier cosa es o una cosa o la otra, o una
versión mayor o menor en relación con una de esas polaridades.
En el ámbito de las relaciones ordinarias, no puede existir nada conceptualizado sin que exista la
conceptualización de su contrario. La mayor parte de vuestra experiencia cotidiana se basa en esta realidad.
En el ámbito de las relaciones sublimes nada de lo que existe tiene su contrario. Todo Es Uno, y todo progresa de
lo uno a lo otro en un círculo infinito.
El tiempo es como el ámbito de lo sublime; en él, lo que llamáis pasado, presente y futuro existe de modo interrelacional. Es decir, no hay contrarios, sino más bien partes del mismo todo; progresiones de la misma idea; ciclos
de la misma energía; aspectos de la misma Verdad inmutable. Si, a partir de aquí, llegas a la conclusión de que el
pasado, el presente y el futuro existen al mismo <<tiempo>>, estarás en lo cierto. (Sin embargo, no es este el
momento de tratar de esto. Nos ocuparemos de ello con mucho más detalle cuando exploremos plenamente el
concepto de tiempo, lo que haremos más tarde.)
El mundo es tal como es porque no podría ser de ninguna otra manera y seguir existiendo en la esfera ordinaria de
lo físico. Los terremotos y los huracanes, las inundaciones y los tornados, y todos los acontecimientos que llamáis
desastres naturales no son sino movimientos de los elementos de una polaridad a la otra. El ciclo nacimiento muerte forma también parte de este movimiento. Estos son los ritmos de la vida, y en la realidad ordinaria todo está
sujeto a ellos, puesto que la propia vida es un ritmo. Es una onda, una vibración, una pulsación del mismo corazón
de Todo Lo Que Es.
El malestar y la enfermedad son los contrarios de la salud y el bienestar, y se manifiestan en vuestra realidad a
petición vuestra. No podéis caer enfermos si, a un determinado nivel, no lo provocáis vosotros mismos, y podéis
estar bien de nuevo en un cierto momento simplemente decidiendo estarlo. Los estados de profunda frustración
personal son respuestas que habéis elegido, y las calamidades mundiales son el resultado de la conciencia
mundial.
Tu pregunta implica que yo decido tales acontecimientos, que ocurrirían por Mí voluntad y Mí deseo. Pero Yo no
provoco estas cosas; simplemente os observo a vosotros hacerlo. Y no hago nada para detenerlas, porque obrar
así sería coartar vuestra voluntad. Además, ello os privaría de la experiencia de Dios, que es la experiencia que
vosotros y Yo hemos elegido juntos.
No condenes, pues, todo aquello que llamaríais malo en el mundo. En lugar de ello, pregúntate qué es lo que
consideras malo y, en su caso, qué puedes hacer para cambiarlo.
Investiga en ello, preguntándote: <<¿Qué parte de mí mismo quiero experimentar ahora en esta calamidad? ¿Qué
aspecto del ser decido que surja a partir de ahora?>>. Y ello, porque todo lo vivo existe como una herramienta de
vuestra propia creación, y todos sus acontecimientos se presentan simplemente como oportunidades para que
decidáis, y seáis, Quienes Sois.
Esto es así para cualquier alma; no sois, por tanto, víctimas en el universo, sino únicamente creadores. Todos los
Maestros que han caminado por este planeta lo han sabido. Y ello porque, no importa que Maestro se mencione,
ninguno se veía así mismo como víctima; aunque muchos fueron realmente crucificados.
Cada alma es un Maestro, aunque algunas no recuerden sus orígenes o su herencia. Cada uno crea, en cada
momento, la situación y circunstancias apropiadas para su objetivo más elevado y su proceso de recuerdo más
rápido.
No juzgues, pues, el camino kármico que recorre otra persona. No envidies su éxito, no compadezcas su fracaso,
puesto que no sabes qué es éxito y que fracaso en los cálculos del alma. No llames a algo calamidad, ni feliz
acontecimiento, hasta que decidas, o compruebes, como es utilizado; ya que ¿es una calamidad la muerte de uno
si con ello salva las vidas de miles? ¿Y es una vida un feliz acontecimiento cuando ésta sólo ha provocado dolor?
Sin embargo, aunque no juzgues, mantén siempre tu propio criterio, y deja que los demás sigan el suyo.

Esto no significa que debas ignorar una petición de ayuda, ni la tendencia de tu alma a procurar cambiar una
circunstancia o condición determinada. Significa que has de evitar las etiquetas y los juicios hagas lo que hagas.
Para cada circunstancia hay un don, y en cada experiencia se oculta un tesoro.
Había una vez un alma que sabía que ella era la luz. Era un alma nueva, y, por lo tanto, ansiosa por experimentar.
<<Soy la luz - decía -. Soy la luz.>> Pero todo lo que supiera al respecto y todo lo que dijera al respecto no podían
sustituir a la experiencia. Y en la esfera de la que surgió esta alma no había sino la luz. Todas las almas eran
grandiosas, todas las almas eran magníficas, y todas las almas brillaban con el brillo imponente de Mi propia luz.
Así, la pequeña alma en cuestión era como una vela en el sol. En medio de la más grandiosa luz - de la que
formaba parte -, no podía verse a sí misma, ni experimentarse a sí misma como Quien y Lo Que Realmente Era.
Sucedía que esta alma anhelaba una y otra vez conocerse a sí misma. Y tan grande era su anhelo, que un día le
dije:
- ¿Sabes, pequeña, qué deberías hacer para satisfacer este anhelo tuyo?
- ¿Qué Dios Mío? ¡Quiero hacer algo! - me dijo la pequeña alma.
- Debes separarte del resto de nosotros - respondí -, y luego debes surgir por ti misma de la oscuridad.
- ¿Qué es la oscuridad, oh, Santo? - pregunto la pequeña alma.
- Lo que tu no eres - le respondí, y el alma lo entendió.
Y eso hizo el alma, apartándose del Todo, e incluso yendo hacia otra esfera. En esta esfera el alma tenía la
facultad de incorporar a su experiencia todo género de oscuridad. Y así lo hizo.
Pero en medio de toda aquella oscuridad, gritó:
- ¡Padre, Padre! ¿Por qué me has abandonado?
Igual que vosotros en vuestros momentos más negros. Pero Yo nunca os he abandonado, sino que estoy siempre
a vuestra disposición, dispuesto a recordaros Quienes Sois Realmente; dispuesto, siempre dispuesto, a recibiros
en casa.
Así pues, sé la luz en la oscuridad, y no la maldigas.
Y no olvides Quién Eres mientras dura tu rodeo por el camino de lo que no eres. Pero alaba la creación, aunque
trates de cambiarla.
Y sabe que lo que hagas en los momentos de más dura prueba puede ser tu mayor triunfo, ya que la experiencia
que creas es una afirmación de Quién Eres, y de Quién Quieres Ser.
Te he explicado esta historia - la parábola de la pequeña alma y el sol - a fin de que puedas entender mejor porqué
el mundo es como es, y cómo puede cambiar en un instante en el momento en que cada uno recuerde la divina
verdad de su más alta realidad.
Ahora bien, hay quienes dicen que la vida es una escuela, y que todo lo que uno observa y experimenta en su vida
es para que aprenda. Ya he hablado de ello antes; pero nuevamente digo:
No habéis venido a esta vida a aprender nada; sólo tenéis que manifestar lo que ya sabéis. Al manifestarlo, lo
realizaréis y os crearéis a vosotros mismos de nuevo, a través de vuestra experiencia. Así pues, justificad la vida y
dotadla de objetivo. Hacedla sagrada.
¿Estas diciendo que todo lo malo que nos sucede lo hemos elegido nosotros? ¿Significa eso que incluso las
calamidades y los desastres son, a un cierto nivel, creados por nosotros a fin de que podamos <<experimentar lo
contrario de Quienes Somos>>? Y, si es así, ¿no hay una manera menos dolorosa - menos dolorosa para nosotros
mismos y para los demás - de crearnos las oportunidades de experimentarnos a nosotros mismos?
Me haces varias preguntas, y todas interesantes. Vamos a verlas una por una.
No, no todo lo que os ocurre y que llamáis malo sucede por vuestra propia elección. No en el sentido consciente al
que tú aludes. Pero todo ello es vuestra creación.
Estáis siempre en proceso de creación. En cada momento. En cada minuto. Cada día. Más tarde nos ocuparemos
de cómo podéis crear. Por ahora, simplemente cree lo que te digo: sois una gran máquina de creación, y estáis
produciendo cada nueva manifestación literalmente a la misma velocidad con la que pensáis.
Eventos, sucesos, acontecimientos, condiciones, circunstancias: todo ello son creaciones de la conciencia. La
conciencia individual es bastante poderosa. Puedes imaginar qué género de energía creadora se desata cada vez
que dos o más se reúnen en Mi nombre. ¿Y la conciencia colectiva? ¡Esta es tan poderosa que puede crear
acontecimientos y circunstancias de importancia mundial y consecuencias planetarias!
No sería correcto decir - al menos no en el sentido que tú le das - que elegís dichas consecuencias. No las elegís
más de lo que pueda elegirlo Yo. Como yo, las observáis. Y decidís Quienes Sois en función de ellas.
Sin embargo, no hay víctimas en el mundo; ni malvados. Ni tampoco sois víctimas de las decisiones de los demás.
En un determinado nivel, habéis creado todo aquello que decís que aborrecéis; y, al haberlo creado, lo habéis
elegido.

Se trata de un nivel avanzado de pensamiento; un nivel al que, antes o después, acceden todos los Maestros, ya
que sólo cuando son capaces de aceptar la responsabilidad de todo pueden adquirir la capacidad de cambiar una
parte.
En la medida en que alberguéis la noción de que hay algo o alguien ajeno que <<os hace algo>> a vosotros,
perderéis la capacidad de actuar por vosotros mismos. Sólo cuando digáis <<yo hago esto>> podréis hallar la
fuerza necesaria para cambiarlo.
Es mucho más fácil cambiar lo que se hace uno mismo que cambiar lo que hace otro.
El primer paso a la hora de cambiar algo es saber y aceptar que habéis elegido que eso sea lo que es. Si no
podéis aceptar esto a un nivel personal, aceptadlo mediante la interpretación de que Nosotros somos Uno. Tratad,
pues, de crear un cambio no porque algo sea malo, sino porque ha dejado de constituir una adecuada afirmación
de Quienes Sois.
Sólo hay una razón para hacer algo; que eso sea una afirmación ante el universo de Quiénes Sois.
Tomada en este sentido, la vida se convierte en auto-creadora. Utilizáis la vida para crearos a vosotros mismos
como siendo Quienes Sois, y Quienes Siempre Habéis Querido Ser. Hay también una sola razón para dejar de
hacer algo: que eso haya dejado de ser una afirmación de Quienes Queréis Ser; que ya no sea vuestro reflejo, que
ya no os represente (es decir, que ya no os re-presente...).
Si queréis ser adecuadamente re-presentados, debéis procurar cambiar cualquier aspecto de vuestra vida que no
encaje en el retrato de vosotros mismos que deseáis proyectar en la eternidad.
En el más amplio sentido, todo lo <<malo>> que sucede es por vuestra elección. El error no esta en elegirlo, sino
en calificarlo de <<malo>>. Al calificarlo así, os calificáis de malos a vosotros mismos, ya que se trata de una
creación vuestra.
No podéis aceptar esta etiqueta, no tanto porque os calificáis de malos como porque negáis vuestras propias
creaciones. Esta es la falta de honradez intelectual y espiritual que os permite aceptar un mundo cuyas
condiciones son como son. Si aceptarais - e incluso percibierais, con un profundo sentimiento interior - vuestra
responsabilidad personal respecto al mundo, éste sería un lugar muy diferente. Esto, desde luego, sería así si todo
el mundo se sintiera responsable. Que eso sea tan manifiestamente obvio es lo que lo hace tan absolutamente
penoso, y tan patéticamente irónico.
Las calamidades y desastres naturales del mundo - sus tornados y huracanes, sus volcanes e inundaciones; sus
desórdenes físicos - no son específicamente una creación vuestra. Pero sí lo es el grado en que dichos sucesos
afectan a vuestra vida.
Ocurren acontecimientos en el universo que ni siquiera con un esfuerzo de imaginación se podría afirmar que son
instigados o creados por uno.
Dichos eventos los crea la consciencia combinada del hombre. Todo el mundo, co-creando conjuntamente,
produce dichas experiencias. Lo que hace cada uno de nosotros, individualmente, es moverse a través de dichas
experiencias, decidiendo qué significado tienen para él - si tienen alguno -; decidiendo Quienes y Que sois en
relación con ellas.
Así, creáis colectiva e individualmente la vida y los momentos que experimentáis, para el propósito del alma de
evolucionar.
Me has preguntado sino hay una manera menos dolorosa de pasar por este proceso, y la respuesta es que sí; pero
nada en tu experiencia externa habrá cambiado. La manera de reducir el dolor que asocias con las experiencias y
acontecimientos de la tierra - tanto tuyos como de los demás - es cambiar el modo de percibirlos.
No puedes cambiar el acontecimiento externo (puesto que ha sido creado por muchos de vosotros, y vuestras
conciencias no se han desarrollado lo bastante como para alterar individualmente lo que ha sido creado
colectivamente), de modo que debes cambiar la experiencia interna. Esta es la llave maestra de la vida.
Nada es doloroso en y por sí mismo. El dolor es el resultado de un pensamiento equivocado. Es un error en el
pensar.
Un Maestro puede hacer desaparecer el mayor dolor; de este modo, el Maestro sana.
El dolor resulta de un juicio que te has formado sobre algo. Elimina el juicio, y el dolor desaparecerá.
A menudo, el juicio se basa en la experiencia previa. Vuestra idea sobre algo se deriva de una idea anterior sobre
aquello. A su vez, vuestra idea anterior resulta de otra aún anterior a ella, u ésta de otra, y así sucesivamente;
hasta llegar, recorriendo todo el camino hacia atrás - como en la sala de los espejos -, a lo que Yo llamo el primer
pensamiento.
Todo pensamiento es creador, y ningún pensamiento es más poderoso que el pensamiento original. He ahí por que
a veces se le llama también pecado original.
El pecado original consiste en que vuestro primer pensamiento sobre algo sea un error. Este error se mezcla
muchas veces con un segundo o tercer pensamiento. La tarea del Espíritu Santo consiste en inspirarnos nuevos
conocimientos que puedan liberaros de vuestros errores.

¿Estas diciendo que no debo sentirme mal al pensar en los niños que mueren de hambre en África, la violencia y la
injusticia en América, o el terremoto que mata a centenares de personas en Brasil?
En el mundo de Dios no existe los <<debo>> ni los <<no debo>>. Haz lo que quieras hacer. Haz aquello que
constituya tu reflejo, aquello que te represente como una versión más magnífica de Ti mismo. Si quieres sentirte
mal, siéntete mal.
Pero no juzgues, ni condenes, puesto que no sabes por qué ocurren las cosas, ni con qué fin.
Y recuerda esto: aquello que condenes te condenará, y un día serás aquello que juzgas.
Trata, más bien, de cambiar - o ayudar a quienes lo están cambiando - aquello que ha dejado de reflejar vuestro
más alto sentido de Quienes Sois.
No obstante, bendícelo todo, pues todo es creación de Dios, a través de la vida, que constituye la más alta
creación.
¿Podríamos detenernos aquí un instante para que pueda recobrar el aliento? ¿He oído bien? ¿Dices que en el
mundo de Dios no existen los <<debo>> ni los <<no debo>>?
Exacto.
¿Cómo puede ser? Si no existen en Tu mundo, ¿dónde existirían entonces?
¿Qué dónde... ?
Repito la pregunta. ¿Dónde existirían los <<debo>> y <<no debo>>, si no es en Tu mundo?
En vuestra imaginación.
Sin embargo, quienes me enseñaron todo lo que sé acerca de lo correcto y lo equivocado, lo que hay que hacer o
dejar de hacer, lo que se debe o no se debe hacer, me dijeron que todas aquellas reglas se fundamentaban en Ti:
en Dios.
Entonces, quienes te enseñaron estaban equivocados. Yo nunca he establecido qué es lo <<correcto>>> o lo
<<equivocado>>, que <<hay que hacer>> o qué <<no hay que hacer>>. Obrar así equivaldría a despojaros
completamente de nuestro mayor don: la posibilidad de hacer lo que os plazca, y experimentar los resultados de
ello; la oportunidad de crearos a vosotros mismos de nuevo a imagen y semejanza de Quienes Realmente Sois; el
espacio para producir una realidad de vosotros mismos cada vez mayor, basada en vuestra idea más magnífica de
aquello de lo que sois capaces.
Afirmar que algo - un pensamiento, palabra u obra - es <<equivocado>> sería tanto como deciros que no lo
pusierais en práctica. Deciros que no lo pusierais en práctica sería lo mismo que prohibíroslo. Prohibiroslo sería
tanto como limitaros. Y limitaros equivaldría a negar la realidad de Quienes Realmente Sois, así como la
posibilidad de que creéis y experimentéis esa verdad.
Hay quienes dicen que os he dado el libre albedrío, pero luego estos mismos afirman que, si no Me obedecéis, os
enviaré al infierno. ¿Qué clase de libre albedrío es ese? ¿No constituye eso una burla hacia Dios: negar todo tipo
de relación auténtica entre nosotros?
Bueno, aquí entramos en otro terreno del que también quería que habláramos, y es todo ese asunto del cielo y el
infierno. Por lo que puedo deducir, no existe nada parecido al infierno.
El infierno existe pero no es como vosotros pensáis, y no lo habéis experimentado por las razones que te he dado.
¿Qué es el infierno?
Es la experiencia del peor resultado posible de vuestras elecciones, decisiones y creaciones. Es la consecuencia
natural de cualquier pensamiento que Me niegue, o niegue Quienes Sois en relación a Mí.
Es el dolor que sufrís a causa de un pensamiento equivocado. Pero el término <<pensamiento equivocado>>
tampoco es apropiado, ya que no existe nada que sea equivocado.
El infierno es lo opuesto a la alegría. Es la insatisfacción. Es saber Quienes y Que Sois, y fracasar a la hora de
experimentarlo. Es ser menos. Eso es el infierno, y no hay ninguno mayor para vuestra alma.

Pero el infierno no existe como ese lugar que habéis imaginado, donde os quemáis en un fuego eterno, o como
una forma de tormento perpetuo. ¿Qué podría pretender Yo con eso?
Incluso si Yo sostuviera la idea, extraordinariamente malvada, de que no os <<merecíais>> el cielo, ¿por qué
habría de tener la necesidad de buscar algún tipo de venganza, o castigo, por vuestra falta? ¿No sería para Mí
mucho más sencillo simplemente deshacerme de vosotros? ¿Qué vengativa parte de Mí necesitaría someteros a
un sufrimiento eterno de un tipo y una intensidad más allá de cualquier descripción?
Si me contestas que la necesidad de justicia, ¿no sería suficientemente justo la simple negación de la comunión
Conmigo en el cielo? ¿Hace falta también infligir un dolor sin fin?
Te digo que después de la muerte no hay ninguna experiencia semejante a la que habéis elaborado en vuestras
teologías, basadas en el temor.
Pero sí existe la experiencia del alma tan infeliz, tan incompleta, tan inferior al todo, tan separada de la inmensa
alegría de Dios, que para vuestra alma eso sería el infierno. Pero deja que te diga que Yo no os envío ahí, ni
tampoco soy la causa de que esa experiencia os aflija. Sois vosotros, vosotros mismos, quienes creáis esa
experiencia, cada vez y en cada ocasión que alejáis vuestro Yo de vuestro pensamiento más alto sobre vosotros.
Sois vosotros, vosotros mismos, quienes creáis la experiencia cada vez que rechazáis a vuestro Yo; cada vez que
negáis Quienes y Que Sois Realmente.
Pero ni siquiera esta experiencia es eterna. No puede serlo, puesto que no forma parte de Mi plan que
permanezcáis separados de Mí para siempre. En realidad, una cosa así es una imposibilidad: para que algo así
sucediera, no sólo vosotros habríais de negar Quienes Sois; también habría de hacerlo Yo. Y eso no lo haré nunca.
Y mientras uno de nosotros mantenga la verdad acerca de vosotros, dicha verdad prevalecerá finalmente.
Pero si no hay infierno, ¿significa eso que puedo hacer lo que quiera, actuar como desee, realizar cualquier acción,
sin temor a un castigo?
¿Necesitas el temor para poder ser, hacer y tener aquello que es intrínsecamente justo? ¿Necesitas sentirte
amenazado para ser <<bueno>>? ¿Y qué es <<ser bueno>>? ¿Quién tiene la última palabra respecto a eso?
¿Quién establece las pautas? ¿¿Quién hace las normas?
Déjame que te diga algo: cada uno de vosotros es quien hace sus propias normas. Cada uno de vosotros
establece las pautas. Y cada uno de vosotros decide si lo que ha hecho es bueno, si lo que hace es bueno; ya que
cada uno de vosotros es el único que ha decidido Quién y Qué Es Realmente, y Quién Quiere Ser. Y cada uno de
vosotros es el único que puede establecer si lo que hace es bueno.
Ningún otro os juzgará nunca, ya que ¿por qué, y cómo, podría Dios juzgar Su propia creación y decir que es
mala? Si Yo quisiera que fuerais perfectos y obrarais siempre de manera perfecta, os habría dejado en el estado
de total perfección del que procedéis. El fin último del proceso era que os descubrierais a vosotros mismos, que os
crearais a Vosotros mismos, tal como realmente sois, y como realmente deseáis ser. Pero no podíais serlo a
menos que tuvierais también la posibilidad de ser otra cosa distinta.
¿Debo, entonces, castigaros por realizar una elección que Yo Mismo he puesto ha vuestro alcance? Y si Yo no
quisiera que dispusierais de esa segunda posibilidad, ¿para qué habría de crear otra que no fuera la primera?
Esta es la pregunta que debéis haceros antes de atribuirme el papel de un Dios que condena.
La respuesta directa a tu pregunta es que sí: puedes hacer lo que quieras sin temor al castigo. Sin embargo, puede
resultarte útil ser consciente de las consecuencias.
Las consecuencias son los resultados naturales. No tienen nada que ver con los castigos. Son simplemente
resultados: lo que resulta de la aplicación natural de las leyes naturales; lo que ocurre - de manera totalmente
predecible - como consecuencia de lo que ha ocurrido.
Toda la vida física funciona según las leyes naturales. Cuando recordéis estas leyes, y las apliquéis, lograréis
dominar la vida a nivel físico.
Lo que a vosotros os parece un castigo - o aquello a lo que llamaríais el mal, o la mala fortuna -, no es sino una ley
natural manifestándose por sí misma.
Entonces si conociera estas leyes, y las obedeciera, nunca más volvería a tener un momento de turbación. ¿Es
eso lo que me estas diciendo?
Nunca te experimentarías a Ti mismo en un estado de eso que llamas <<turbación>>. No considerarías ninguna
situación de la vida como un problema. No afrontarías ninguna situación con inquietud. Pondrías fin a cualquier
clase de preocupación, duda o temor. Vivirías tal como imagináis que vivían Adán y Eva: no como espíritus
desencarnados en el reino de lo absoluto, sino como espíritus encarnados en el reino de lo relativo. Pero gozarías
de toda la libertad, de toda la alegría, de toda la paz y de toda la sabiduría, el conocimiento y la fuerza del Espíritu
que eres. Serías un ser plenamente realizado.

Este es el objetivo de vuestra alma. Este es su propósito: realizarse plenamente ella misma a través del cuerpo;
llegar a ser la encarnación de todo lo que realmente es.
Este es Mi plan para vosotros. Este es mi ideal: lo que Yo debo llegar a realizar por medio de vosotros. Es así,
convirtiendo el concepto en experiencia, como Yo puedo conocerme a Mí mismo experimentalmente.
Las leyes del Universo son leyes que Yo he establecido. Son leyes perfectas, que crean una función perfecta de lo
físico.
¿Has visto alguna vez algo más perfecto que un copo de nieve? Su complejidad, su dibujo, su simetría, su
identidad consigo mismo y su originalidad respecto a todos los demás: todo es un misterio. Os asombráis ante el
milagro de esta imponente manifestación de la naturaleza. Pero si puedo hacer esto con un simple copo de nieve,
¿qué crees que puedo hacer - que he hecho - con el universo?
Aunque vierais su simetría, la perfección de su diseño - desde el cuerpo más grande a la partícula más pequeña -,
no seríais capaces de mantener esta verdad en vuestra propia realidad. Ni siquiera ahora, que empezáis a
vislumbrar algo de él, podéis imaginar o entender sus interrelaciones. Pero podéis saber que existen dichas
interrelaciones: mucho más complejas y mucho más extraordinarias de lo que vuestra comprensión actual puede
abarcar. Vuestro Shakespeare lo expresó maravillosamente: <<¡Hay más cosas en el cielo y en la tierra, Horacio,
de las que ha soñado tu filosofía!>>
¿Cómo puedo, entonces, conocer esas leyes? ¿Cómo puedo aprenderlas?
No se trata de aprender, sino de recordar.
¿Cómo puedo recordarlas?
Empieza por quedarte en silencio. Silencia el mundo exterior, de modo que puedas ver el mundo interior. Esta
visión interior es lo que buscas, pero no podrás acceder a ella mientras estés tan profundamente preocupado por
tu realidad externa. Trata, pues, de mirar hacia dentro lo máximo que puedas. Cuando no miras hacia adentro, es
que miras hacia fuera en la medida en que te ocupas del mundo exterior. Recuerda este axioma:
Si no miras hacia dentro, es que miras hacia fuera.
Ponlo en primera persona cuando te lo repitas a ti mismo, para hacerlo más personal:
Si no
Miro hacia adentro
Es que
Miro hacia fuera.
Has estado mirando hacia fuera durante toda tu vida. Pero no tienes, ni tuviste nunca, por qué hacerlo.
No hay nada que no puedas ser, nada que no puedas hacer. No hay nada que no puedas tener.
Eso suena como prometer la luna.
¿Y qué otra clase de promesa podría hacer Dios? ¿Me creerías si te prometiera menos?
Durante miles de años, la gente se ha mostrado incrédula ante las promesas de Dios por la más extraordinaria de
las razones: eran demasiado buenas para ser verdad. Así habéis elegido una promesa menor, un amor menor; ya
que la más alta promesa de Dios proviene del más alto amor.
Sin embargo, no podéis concebir un amor perfecto, y, en consecuencia, una promesa perfecta resulta asimismo
inconcebible. Como una persona perfecta. Así, no podéis creer ni siquiera en Vosotros mismos.
No creer en alguna de estas cosas significa no creer en Dios; ya que la creencia en Dios genera la creencia en el
mayor don de Dios - el amor incondicional - y en la mayor promesa de Dios - un potencial ilimitado -.
¿Puedo interrumpirte un momento? Lamento interrumpir a Dios en medio del discurso... pero ya he oído hablar
antes del potencial ilimitado, y éste no cuadra con la experiencia humana. ¿olvidas las dificultades con las que se
encuentra el hombre común? ¿Y qué decir de los que nacen con limitaciones físicas o mentales? ¿Es ilimitado su
potencial?
Lo habéis escrito en vuestras propias Escrituras; de muchas maneras y en muchos lugares.
Dame una referencia.

Mira lo que habéis escrito en el Génesis, capítulo 11, versículo 6, de vuestra Biblia.
Dice: <<... y dijo Yahveh: "He aquí que todos son un solo pueblo con un mismo lenguaje, y este es el comienzo de
su obra. Ahora nada de cuanto se propongan les será imposible...">>.
Sí. ¿Lo crees?
Eso no responde a la pregunta sobre los débiles, los enfermos, los discapacitados; sobre aquellos que se ven
limitados.
¿Piensas que no se ven limitados, como tu dices, por su propia elección? ¿Imaginas que el alma humana se
encuentra con las pruebas que le plantea la vida - cualesquiera que éstas sean - por accidente? ¿Es eso lo que
crees?
¿Quieres decir que el alma elige por adelantado qué clase de vida experimentará?
No; eso frustraría el propósito del encuentro. El propósito es crear vuestra experiencia - y, por lo tanto, crearos a
Vosotros mismos - en el glorioso momento del Ahora. En consecuencia, no elegís la vida que experimentaréis por
adelantado.
Podéis, no obstante, seleccionar las personas, lugares y acontecimientos - las condiciones y circunstancias, los
desafíos y obstáculos, las oportunidades y opciones - con las que crear vuestra experiencia. Podéis seleccionar los
colores de vuestra paleta, las herramientas de vuestra caja, la maquinaria de vuestro taller. Lo que creéis con ello
es asunto vuestro. Es el asunto de la vida.
Vuestro potencial es ilimitado en todo lo que habéis elegido hacer. No supongas que un alma que se ha encarnado
en un cuerpo al que llamáis limitado no ha alcanzado su pleno potencial, ya que no sabes qué es lo que esa alma
está intentando hacer. No conoces su proyecto. No estás seguro de cual es su intención.
Bendice, pues, a toda persona y condición, y da gracias. De este modo afirmarás la perfección de la creación de
Dios, y mostrarás vuestra fe en ella, puesto que en el mundo de Dios nada ocurre por accidente y no existe nada
parecido a la casualidad. Ni tampoco el mundo está a merced de los avatares del azar, o de eso que llamáis
destino.
Si un copo de nieve es tan sumamente perfecto en su diseño, ¿no crees que pueda decirse lo mismo de algo tan
magnífico como vuestra vida?
Pero el propio Jesús curaba a los enfermos. ¿Por qué habría de curarles si su condición era tan <<perfecta>>?
Jesús no curaba a quienes curaba porque viera que su condición fuera imperfecta. Los curaba porque veía que sus
almas pedían la curación como una parte de su proceso. Veía la perfección del proceso. Reconocía y entendía la
intención del alma. Si Jesús hubiera pensado que toda enfermedad, mental o física, constituía una imperfección,
¿no habría curado simplemente, y de una vez por todas, a todos los habitantes del planeta? ¿Acaso dudas de que
pudiera hacerlo?
No. Creo que podía hacerlo.
Bien. Entonces la mente quiere saber: ¿por qué no lo hizo?, ¿Por qué Cristo habría de decidir que unos sufrieran y
otros se curaran? Y, en el mismo sentido, ¿por qué Dios permite cualquier sufrimiento en cualquier momento? Esta
pregunta ya se ha planteado antes, y la respuesta sigue siendo la misma. La perfección esta en el proceso, y toda
vida surge de una decisión. No resulta apropiado interferir en tal decisión, ni cuestionarla. Y resulta particularmente
inapropiado condenarla.
Lo que sí resulta apropiado es observarla, y hacer todo lo posible para ayudar a esa alma a buscar y realizar su
más alta decisión. Estáte atento, pues, a las decisiones de los demás, pero no seas crítico con ellas. Debes saber
que sus decisiones son perfectas para ellos en ese momento, pero estar dispuesto a ayudarles si llegara el
momento en el que buscaran una decisión nueva y diferente, una decisión más alta.
Entra en comunión con las almas de los demás, y su propósito, su intención, resultarán claros para ti. Esto es lo
que hizo Jesús con aquellos a los que curó, y con todos aquellos con quienes compartió su vida. Jesús curó a
todos los que acudieron a él o enviaron a otros para suplicarle en su nombre. No realizó las curaciones al azar.
Hacerlo así habría significado violar una Ley del Universo sagrada:
Deja que cada alma siga su camino.

¿Significa eso que no debemos ayudar a nadie si no nos lo pide? Supongo que no, pues en ese caso nunca
podríamos ayudar a los niños que mueren de hambre en la India, a las masas torturadas en África, a los pobres a
los oprimidos de cualquier parte. El esfuerzo humanitario desaparecería, la caridad se prohibiría. ¿Hemos de
esperar a que un individuo nos lo pida a gritos desesperado, o a que toda una nación nos suplique ayuda, para
permitirnos hacer algo que es a todas luces correcto?
Fíjate que la pregunta se contesta sola. Si algo es a todas luces correcto, hazlo. Pero recuerda ser
extremadamente crítico respecto a lo que llamáis <<correcto>> o <<equivocado>>
Algo resulta correcto o equivocado sólo porque decís que lo es. No es intrínsecamente correcto o equivocado.
¿No?
La cualidad de <<correcto>> o <<equivocado>> no es una condición intrínseca, sino un juicio subjetivo es un
sistema personal de valores. Mediante vuestros juicios subjetivos os creáis a Vosotros mismos; por medio de
vuestros valores personales determináis y demostráis Quiénes Sois.
El mundo existe exactamente tal como es a fin de que podáis formular dichos juicios. Si el mundo existiera en
condiciones perfectas, vuestro proceso de Autocreación terminaría. Habría concluido. La profesión de abogado se
acabaría en cuanto ya no hubiera más litigios. La profesión de medico se acabaría en cuanto ya no hubiera
enfermedad. La profesión de filósofo se acabaría en cuanto ya no hubiera preguntas.
¡Y la profesión de Dios se acabaría en cuanto ya no hubiera problemas!
Exactamente. Lo has expresado a la perfección. Nosotros, ambos, habríamos terminado de crear en cuanto ya no
hubiera nada que crear. Nosotros, ambos, estamos interesados en que el juego siga. Por más que digamos que
queremos resolver todos los problemas, no nos atrevemos a resolver todos los problemas, pues en ese caso no
nos quedaría nada que hacer.
Vuestra estructura industrial - militar lo entiende muy bien. Y por eso se opone con todas sus fuerzas a cualquier
intento de instaurar un gobierno de paz perpetua en cualquier parte.
También vuestro estamento médico lo entiende. Y por eso se opone firmemente - tiene que hacerlo, por su propia
supervivencia - a cualquier nuevo fármaco o cura milagrosos; por no hablar de la posibilidad de los propios
milagros.
Vuestra comunidad religiosa también lo tiene claro. Y por eso ataca constantemente cualquier definición de Dios
que no incluya el temor, el juicio y el premio o el castigo, así como cualquier definición de Uno mismo que no
incluya su propia idea del único camino hacia Dios.
Si Yo os digo que vosotros sois Dios, ¿dónde queda la religión? Si Yo os digo que estáis curados, ¿dónde quedan
la ciencia y la medicina? Si Yo os digo que podéis vivir en paz, ¿dónde quedan los pacificadores? Si Yo os digo
que el mundo está <<reparado>>, ¿dónde queda el mundo?
¿Y que sería de los fontaneros? El mundo se compone esencialmente de dos tipos de personas: quienes te dan lo
que quieres, y quienes reparan las cosas. En cierto sentido, incluso aquellos que simplemente te dan lo que
quieres - los carniceros, los panaderos, los cereros - son también <<reparadores>>, puesto que desear algo a
menudo equivale a necesitarlo. Y satisfacer esa necesidad constituye una <<reparación>>.
¿Estas diciendo que el mundo tendrá siempre problemas? ¿Estas diciendo que realmente quieres que sea así?
Estoy diciendo que el mundo existe tal como es - igual que un copo de nieve existe tal como es - por voluntad de
alguien. Vosotros lo habéis creado de este modo, del mismo modo que habéis creado vuestra vida exactamente
como es.
Yo quiero lo que vosotros queráis. El día en que realmente queráis acabar con el hambre, dejará de haber hambre.
Os he dado todos los recursos necesarios para hacerlo. Disponéis de todas las herramientas para llevar a cabo
esa decisión. No lo habéis hecho. Y no porque no podáis: mañana mismo podría terminar el hambre en el mundo.
Pero habéis decidido no hacerlo.
Pretendéis que hay buenas razones por las que 40.000 personas deben morir diariamente de hambre. No las hay.
Pero al mismo tiempo que decís que no podéis hacer nada para que dejen de morir de hambre 40.000 personas
diarias, traéis al mundo a 50.000 personas cada día, a una nueva vida. Y a eso lo llamáis amor. Y a eso lo llamáis
el plan de Dios. Se trata de un plan que carece absolutamente de toda lógica o razón, por no hablar de la
compasión.
En resumidas cuentas, te estoy demostrando que el mundo existe tal como es porque vosotros lo habéis decidido.
Estáis destruyendo sistemáticamente vuestro propio medio ambiente, y luego consideráis los llamados desastres

naturales como una evidencia de una broma cruel de Dios, o de la violencia de la naturaleza. Sois vosotros mismos
quienes os habéis gastado esa broma, y sois vosotros los crueles.
Nada, nada en absoluto, es más amable que la naturaleza. Y nada, nada en absoluto, ha sido más cruel con la
naturaleza que el hombre. Pero eludís cualquier compromiso, negáis toda responsabilidad. No es culpa vuestra,
decís, y en eso tenéis razón. No es cuestión de culpa, sino de decisión.
Podéis decidir poner fin a la destrucción de vuestras selvas mañana mismo. Podéis decidir poner fin a la
destrucción de vuestras selvas mañana mismo. Podéis decidir que se detenga la reducción de la capa de ozono
que cubre vuestro planeta. Podéis decidir suspender el continuo ataque a vuestro ingenioso ecosistema terrestre.
Podéis tratar de formar de nuevo el copo de nieve - o al menos detener su inexorable fusión -; pero ¿lo haréis?
Del mismo modo, mañana mismo podéis poner fin a todas las guerras. Sencillamente, fácilmente. Lo único que
hace falta - lo único que siempre ha hecho falta - es que os pongáis de acuerdo. Pero si vosotros no os ponéis de
acuerdo en algo tan sencillo como acabar con el asesinato del otro, ¿cómo pedís al cielo, agitando los puños, que
ponga vuestra vida en orden?
Yo no haré nada por vosotros que vosotros no hagáis por vosotros mismos. Esa es la ley y los profetas.
El mundo es como es por causa vuestra, y de las decisiones que habéis tomado; o dejado de tomar.
(No decidir también es decidir).
La tierra es como es por causa vuestra, y de las decisiones que habéis tomado; o dejado de tomar.
Vuestra propia vida es como es por causa vuestra, y de las decisiones que habéis tomado; o dejado de tomar.
¡Pero yo no he decidido ser atropellado por un camión! ¡Yo no he decidido ser atracado por un ladrón, o violado por
un maníaco! La gente podría decir eso. Hay gente en el mundo que podría decir eso.
Todos vosotros provocáis, originalmente, las condiciones que crean en el ladrón el deseo, o la necesidad percibida,
de robar. Todos vosotros habéis creado la consciencia que hace posible la violación. Cuando veáis en vosotros
mismos la causa del crimen empezaréis, por fin, a poner remedio a las condiciones de las que ha surgido.
Alimentad a vuestros hambrientos. Restituid la dignidad a vuestros pobres. Dad una oportunidad a los menos
afortunados. Poned fin a los prejuicios que mantienen a las masas amontonadas y enfurecidas, con pocas
esperanzas de un mañana mejor. Desterrad los absurdos tabúes y restricciones que afectan a la energía sexual; o,
mejor aún, ayudad a los demás a entender realmente este prodigio y a canalizarlo correctamente. Haced esto y
habréis avanzado un largo trecho hacia la desaparición definitiva del robo y la violación.
En cuanto al llamado <<accidente>> - el camión que surge en una curva, el ladrillo que cae del cielo -, aprended a
saludar a cada uno de estos incidentes como una pequeña parte de un mosaico mayor. Habéis venido aquí para
encontrar un plan individual encaminado a vuestra propia salvación. Pero salvación no significa salvaros de las
trampas del diablo. No hay nada parecido al diablo, y el infierno no existe. De lo que os salváis es del olvido de la
no-realización.
No podéis perder esta batalla. No podéis fracasar. Así, no se trata en absoluto de una batalla, sino simplemente de
un proceso. Pero si no lo sabéis, lo veréis como una constante lucha. Podéis incluso creer en la lucha la suficiente
como para crear toda una religión en torno a ella. Esta religión enseñará que el fin de todo es la lucha. Pero se
trata de una enseñanza falsa. No es a través de la lucha como se desarrolla el proceso. Y la victoria se consigue
mediante la rendición.
Los accidentes ocurren por que ocurren. Ciertos elementos del proceso vital se han dado al mismo tiempo, de una
cierta manera y en un determinado momento, con unos determinados resultados, resultados que decidís calificar
de desafortunados por vuestras propias razones particulares. Pero es posible que, en relación al proyecto de
vuestra alma, no lo sean en absoluto.
Déjame que te diga algo: no hay ninguna coincidencia, y nada sucede <<por accidente>>. Cada acontecimiento y
aventura es convocado a Vosotros por Vosotros mismos, con el fin de que podáis crear y experimentar Quienes
Sois Realmente. Todos los auténticos Maestros lo saben. He ahí por qué los Maestros místicos permanecen
imperturbables frente a las peores experiencias de la vida (tal como vosotros las llamaríais).
Los grandes profesores de vuestra religión cristiana lo entienden muy bien. Saben que a Jesús no lo inquietaba la
crucifixión, aunque la esperaba. Podía haberse marchado, pero no lo hizo. Podía haber detenido el proceso en
cualquier momento. Tenía el poder para hacerlo. Pero no lo hizo. Permitió que lo crucificaran con el fin de poder
demostrar la salvación eterna del hombre. <<Mirad - dijo - lo que puedo hacer. Mirad qué es lo verdadero. Y sabed
que todo esto, y más, también lo haréis vosotros. ¿No os he dicho que sois dioses? Sin embargo, no lo creéis.
Entonces, si no podéis creer en vosotros mismos, creed en mí.>>
Tal fue la compasión de Jesús, que buscó - y creó - la manera de causar en el mundo tan fuerte impacto que todos
pudieran alcanzar el cielo (la Auto-realización), si no de otro modo, por mediación de él; puesto que derrotó a la
miseria y a la muerte. Igual que podéis hacer vosotros.

La más magnífica enseñanza de Cristo no fue que tendréis vida eterna, sino que ya la tenéis; no fue que seréis
hermanos en Dios, sino que ya lo sois; no fue que tendréis todo lo que pidáis, sino que ya lo tenéis.
Lo único que hace falta es que lo sepáis, ya que sois los creadores de vuestra realidad, y la vida no os puede
descubrir otro camino que el que vosotros penséis.
Vosotros pensáis que es así. Este es el primer paso en la creación. Dios padre es pensamiento. Vuestro
pensamiento es el progenitor que da origen a todas las cosas.
Esta es una de las leyes que hemos de recordar.
Sí.
¿Puedes mencionarme otras?
Ya os las he mencionado. Os he hablado de todas ellas desde el principio de los tiempos. Os he hablado de ellas
una y otra vez. Os he enviado a un maestro tras otro. Pero no escucháis a mis maestros: los matáis.
Pero ¿por qué? ¿Por qué matamos a los más santos de nosotros? Los matamos o los deshonramos, que viene a
ser lo mismo. ¿Por qué?
Porque se alzan frente a cualquier pensamiento vuestro que me niegue. Y para poder negaros a Vosotros mismos
debéis negarme a Mí.
¿Por qué querría negarte a Ti, o negarme a mí?
Porque tenéis miedo. Y porque mis promesas son demasiado buenas para ser verdad. Porque no podéis aceptar la
más magnífica Verdad. Y así, debéis reduciros a vosotros mismos a una espiritualidad que enseña el temor, la
dependencia y la intolerancia, en lugar del amor, el poder y la aceptación.
Estáis llenos de temor; y vuestro mayor temor es que Mi mayor promesa pueda ser la mayor mentira de la vida.
Así, creáis la mayor fantasía posible para defenderos de ello: afirmáis que cualquier promesa que os otorgue el
poder - y os garantice el amor - de Dios debe ser una falsa promesa del diablo. Dios nunca haría una promesa
semejante - os decís a vosotros mismos -; solo el diablo, para tentaros, negando la verdadera identidad de Dios
como el más terrible, justiciero, celoso, vengativo y castigador de todos los seres.
Aunque esta descripción encaja mejor con la definición del diablo (si lo hubiera), habéis atribuido estos rasgos
diabólicos a Dios, con el fin de convenceros a vosotros mismos de que no habéis de aceptar las promesas divinas
de vuestro Creador, o las cualidades divinas del Yo.
Tal es el poder del temor.
Estoy tratando de alejar de mí el temor. ¿Seguirás hablándome de más leyes?
La Primera Ley es que podéis ser, hacer y tener cualquier cosa que seáis capaces de imaginar. La Segunda Ley
es que atraéis sobre vosotros aquello que teméis.
¿Y eso por qué?
La emoción es la fuerza que atrae. Aquello que más temas es lo que experimentarás. Un animal - que vosotros
consideráis una forma inferior de vida (aunque los animales actúan con más integridad y mayor coherencia que los
humanos) - sabe inmediatamente si tienes miedo de él. Las plantas - a las que consideráis una forma de vida
todavía inferior a los animales - responden a las personas que las aman mucho mejor que a aquellas a quienes les
traen sin cuidado.
Nada de esto ocurre por casualidad. No existe la casualidad en el universo: sólo un magnífico diseño, un increíble
<<copo de nieve>>.
La emoción es energía en movimiento. Cuando se mueve energía, se crea un efecto. Si se mueve la energía
suficiente, se crea materia. La materia es energía condensada, comprimida. Si se manipula la suficiente energía de
una determinada manera, se obtiene materia. Todos los Maestros entienden esta ley. Esta es la alquimia del
universo. Este es el secreto de la vida.
El pensamiento es energía pura. Cualquier pensamiento que tengáis, hayáis tenido o vayáis a tener es creador. La
energía de vuestro pensamiento nunca muere. Nunca. Abandona vuestro ser y se dirige al universo,
expandiéndose por siempre. Un pensamiento es para siempre.

Todo pensamiento se coagula; todo pensamiento choca con otros pensamientos, entrecruzándose en un
extraordinario laberinto de energía, formando una estructura en continuo cambio de indescriptible belleza e
increíble complejidad.
La energía atrae a la energía semejante, formando (por utilizar un término sencillo) <<grupos>> de energía del
mismo tipo. Cuando un número suficiente de <<grupos>> similares se entrecruzan con otros - chocan con otros -,
entonces <<se adhieren>> unos a otros (por utilizar de nuevo un término sencillo). Se requiere la <<adhesión>> de
una cantidad de energía de una magnitud inimaginable para formar la materia. Pero la materia se formará a partir
de energía pura. En realidad, sólo se puede formar de este modo. Una vez la energía se ha convertido en materia,
sigue siendo materia durante mucho tiempo, a menos que su construcción se vea alterada por una forma de
energía opuesta, o distinta. Esta energía distinta, actuando sobre la materia, en realidad la desmembra, liberando
la energía originaria de la que se compone.
Esta es, en términos elementales, la teoría que subyace a vuestra bomba atómica. Einstein estuvo mucho más
cerca que cualquier otro ser humano - anterior o posterior - de descubrir, explicar y utilizar el secreto creador del
universo.
Ahora entenderás mejor cómo la gente de mente semejante puede unir sus esfuerzos para crear una realidad
favorable. La frase <<dondequiera que dos o más se reúnan en mi nombre>> adquiere así un sentido mucho
mayor.
Por supuesto, cuando sociedades enteras piensan de una determinada manera, ocurren muy a menudo cosas
asombrosas, no todas necesariamente deseables. Por ejemplo, una sociedad que viva en el temor, muy a menudo
- realmente, inevitablemente - produce aquello que más teme.
Del mismo modo, grandes comunidades o congregaciones con frecuencia encuentran el poder de producir
milagros en su pensamiento combinado (o lo que algunos llaman oración común).
Y debe quedar claro que incluso los individuos - si su pensamiento (oración, esperanza, deseo, sueño, temor) es
extraordinariamente fuerte - pueden, en y por sí mismos, producir tales resultados. Jesús lo hizo regularmente. Él
sabía como manipular la energía y la materia, cómo reorganizarla, cómo redistribuirla, cómo controlarla totalmente.
Muchos Maestros lo han sabido. Muchos lo saben.
Tú puedes saberlo. Ahora mismo.
Esta es la ciencia del bien y del mal de la que participaron Adán y Eva. En tanto no supieron esto, no podía existir
la vida tal como la conocéis. Adán y Eva - los nombres míticos con los que habéis representado al Primer Hombre
y a la Primera Mujer - fueron el Padre y la Madre de la experiencia humana.
Lo que se ha descrito como la caída de Adán fue en realidad su elevación, el mayor acontecimiento en la historia
de la humanidad; ya que, sin él, el mundo de la relatividad no existiría. El acto de Adán y Eva no fue el pecado
original, sino - en realidad - la primera bendición. Debes agradecérselo desde el fondo de tu corazón, puesto que,
al ser los primeros que tomaron una decisión <<equivocada>>, Adán y Eva produjeron la posibilidad de tomar
cualquier tipo de decisión.
En vuestra mitología, habéis hecho de Eva una mujer <mala>: la tentadora que comió del fruto, la ciencia del bien y
del mal, y que tímidamente invito a Adán a unirse a ella. Esta base mitológica os ha permitido considerar, desde
entonces, a la mujer como la <<caída>> del hombre, resultando de ello todo tipo de realidades pervertidas; por no
hablar de los criterios distorsionados y confusiones relativas al sexo. (¿Cómo os parece tan bien algo que es tan
malo?)
Lo que más teméis es lo que más os atormentará. El temor lo atraerá hacia vosotros como un imán. Todas
vuestras escrituras sagradas - o cualquier tipo de creencia y tradición religiosa que habéis creado - contienen esta
clara advertencia: no temáis. ¿Crees que es por casualidad?
Las Leyes son muy sencillas.
1. El pensamiento es creador.
2. El temor atrae a la energía semejante.
3. El amor es todo lo que hay.
¡Eh! ¡Me has cogido con la tercera! ¿Cómo puede ser el amor todo lo que hay si el temor atrae la energía
semejante?
El amor es la realidad última. Es lo único. Lo es todo. El sentimiento del amor es vuestra experiencia de Dios.
Al nivel de la más alta Verdad, el amor es todo lo que hay, todo lo que ha habido y todo lo que habrá. Cuando
penetras en lo absoluto, penetras en el amor.
La esfera de lo relativo fue creada con el fin de que Yo pudiera experimentarme a Mí Mismo. Ya te lo he explicado.
Pero eso no hace que la esfera de lo relativo sea real. Es una realidad creada que vosotros y Yo hemos inventado
y seguimos inventando, con el fin de poder conocernos experiencialmente.

Sin embargo, la creación puede parecer muy real. Su objetivo es que parezca tan real que admitamos que
verdaderamente existe. De este modo, Dios ha logrado crear <<algo distinto>> de Sí mismo (aunque estrictamente
eso es imposible, puesto que Dios es - Yo Soy - Todo lo Que Existe).
Al crear <<algo distinto>> - a saber, la esfera de lo relativo -, he producido un medio en el que vosotros podéis
decidir ser Dios, en lugar de deciros simplemente que sois Dios; en el que podéis experimentar la Divinidad como
un acto de creación, más que como un concepto; en el que la pequeña vela en el sol - la pequeña alma - puede
conocerse a sí misma como luz.
El temor es el otro extremo del amor. Es la polaridad primordial. Al crear la esfera de lo relativo, en primer lugar
creé lo opuesto a Mí Mismo. Ahora bien, en la esfera en la que vivís en el plano físico hay únicamente dos lugares
del ser: el temor y el amor. Los pensamientos arraigados en el temor producirán un tipo de manifestación en el
plano físico; los pensamientos arraigados en el amor producirán otro.
Los Maestros que han pasado por el planeta son aquellos que han descubierto el secreto del mundo relativo,
negándose a reconocer su realidad. En resumen, Los Maestros son aquellos que han elegido solo el amor. En
cualquier caso. En cualquier momento. En cualquier circunstancia. Aunque fueran asesinados, amaban a sus
asesinos. Aunque fueran perseguidos, amaban a sus opresores.
A vosotros esto os resulta muy difícil de entender; y mucho más de imitar. No obstante eso es lo que han hecho
siempre todos los Maestros. No importa de qué filosofía, ni de que tradición, ni de que religión: es lo que han hecho
todos los Maestros.
Este ejemplo y esta lección se os han manifestado de manera muy clara. Una y otra vez, siempre se os han
mostrado. En todo tiempo y en cualquier lugar. Durante todas vuestras vidas y en cada momento. El universo se
las ha ingeniado para poner esta Verdad delante de vosotros. En canciones y relatos, en poemas y bailes, en
palabras y en movimientos; en imágenes en movimiento - que vosotros llamáis <<películas>> - y en colecciones de
palabras - que vosotros llamáis <<libros>> -.
Su grito se ha oído desde la más alta montaña, su rumor se ha escuchado en el lugar más recóndito. El eco de
esta verdad ha atravesado los pasillos de toda experiencia humana: el Amor es la respuesta. Pero no la habéis
escuchado.
Ahora acudes a este libro, preguntándole a Dios de nuevo lo que Dios os ha dicho incontables veces de
incontables formas. Pero os lo diré otra vez, aquí, en el contexto de este libro. ¿Me escucharéis ahora?
¿Realmente me vais a oír?
¿Qué crees que te ha acercado ha este material? ¿Cómo es que se halla en tus manos? ¿Acaso piensas que no
sé lo que hago?
En el universo no existen las casualidades.
He oído el grito de tu corazón. He visto la búsqueda de tu alma. Sé cuán profundamente has deseado la Verdad.
En tu sufrimiento, como en tu alegría, has clamado por ella. Me has suplicado interminablemente. Muéstramela.
Explícamela. Revélamela.
Y eso estoy haciendo ahora, en términos tan claros que no puedas dejar de entenderme. En un lenguaje tan
sencillo que no puedas confundirte. En un vocabulario tan común que no puedas perderte en la verborrea.
Sigamos, pues, adelante. Pregúntame cualquier cosa. Cualquier cosa. Me las ingeniaré para conducirte a la
respuesta. Utilizaré al universo entero para hacerlo. Estáte, pues, atento. Este libro está lejos de ser mi única
herramienta. Formula una pregunta; luego deja este libro. Mas observa. Escucha. Las palabras de la próxima
canción que oigas. La información del siguiente artículo que leas. El argumento de la siguiente película que vayas
a ver. Las palabras que cruces casualmente con la próxima persona que te encuentres. O el murmullo del próximo
río, el próximo océano, la próxima brisa que acaricie tu oído. Todos estos recursos son Míos; todos estos caminos
están abiertos para Mí. Te hablaré si Me escuchas. Vendré a ti si me invitas. Te mostraré entonces que siempre
he estado ahí. En todas partes.

CAPÍTULO 2
<<Me enseñarás el camino de la vida,
hartura de goces, delante de tu rostro,
a tu derecha, delicias para siempre.>>
(Salmos, 16, 11)
He buscado el camino hacia Dios toda mi vida...
Sé que lo has hecho.

... y ahora lo he encontrado, y no puedo creerlo. Me parece estar aquí sentado, escribiéndome a mí mismo.
Es lo que estás haciendo.
Pero no creo que sea eso lo que debería parecerme una comunicación con Dios.
¿Quieres clarines y trompetas? Veré qué puedo hacer.
¿Sabes?, habrá quienes digan que todo este libro no es más que una blasfemia. Especialmente si sigues
haciéndote el gracioso.
Deja que te explique algo. Tenéis la idea de que Dios sólo se muestra de una única manera. Esa es una idea muy
peligrosa.
Eso os impide ver a Dios en todas partes. Si crees que a Dios se le ve y se le oye sólo de una manera, o es sólo
de una manera, Me mirarás sin verme día y noche. Te pasaréis toda la vida buscando a Dios, y no le encontrarás;
precisamente porque estarás buscando a alguien. Lo pongo como un ejemplo.
Se ha dicho que, si uno no ve a Dios en lo profano y en lo profundo, se esta perdiendo la mitad de la historia. Es un
gran Verdad.
Dios está en la tristeza y en la carcajada, en lo amargo y en lo dulce. Detrás de cada cosa se oculta un propósito
divino; y, por lo tanto, en cada cosa se halla la presencia divina.
Una vez empecé a escribir un libro titulado Dios es un bocadillo de salami.
Habría sido un buen libro. Yo te di esa inspiración. ¿Por qué no lo escribiste?
Me pareció una blasfemia. O, cuando menos, una horrible irreverencia.
¡Querrás decir una maravillosa irreverencia! ¿De donde has sacado la idea de que Dios es solo <<reverente>>?
Dios es lo alto y lo bajo. Lo caliente y lo frío. La izquierda y la derecha. ¡Lo reverente y lo irreverente!
¿Acaso piensas que Dios no ríe? ¿Imaginas que Dios no disfruta con una buena broma? ¿Creéis que Dios carece
de sentido del humor? Deja que te diga algo: Dios inventó el humor.
¿Debes hablarme en un tono circunspecto cuando te dirijas a Mí? ¿Se hallan fuera de mi comprensión los términos
fuertes o la jerga? Te aseguro que puedes hablarme como hablarías con tu mejor amigo.
¿Crees que hay alguna palabra que Yo no haya oído?, ¿una visión que no haya visto?, ¿un sonido que no
conozca?
¿Crees acaso que desprecio alguno de ellos, mientras que gusto de los otros?
Te aseguro que no desprecio nada. Nada de ello resulta repulsivo para Mí. Eso es la vida, y la vida es el don; el
tesoro inenarrable; lo más sagrado de todo.
Yo soy la vida, puesto que Yo soy la sustancia que constituye la vida. Cada uno de sus aspectos tiene un propósito
divino. No existe nada, absolutamente nada, sin una razón conocida y aprobada por Dios.
¿Cómo puede ser eso? ¿Y que hay del mal que ha creado el hombre?
No podéis crear nada - ni un pensamiento, ni un objeto, ni un acontecimiento, ninguna experiencia de ninguna
clase - que no sea el resultado del plan de Dios; puesto que el plan de Dios respecto a vosotros es que creéis
cualquier cosa - todo aquello - que queráis. En esta libertad reside la experiencia de Dios como siendo Dios, y esta
es la experiencia para la que Yo os he creado a Vosotros. Y a la propia vida.
El mal es aquello a lo que vosotros llamáis mal. Pero incluso eso es de mi agrado, puesto que sólo a través de eso
que llamáis mal podéis conocer el bien; sólo a través de eso que llamáis obra del demonio podéis conocer y hacer
la obra de Dios. Yo no amo más lo caliente que lo frío, lo alto que lo bajo, la izquierda que la derecha. Todo es
relativo. Todo forma parte de lo que es.
Yo no amo más lo <<bueno>> que lo <<malo>>. Hitler fue al cielo. Cuando entiendas esto, entenderás a Dios.
Sin embargo, me han enseñado a creer que el bien y el mal existen; que lo correcto y lo equivocado son términos
opuestos; que algunas cosas no están bien, no resultan aceptables a los ojos de Dios.

Todo resulta <<aceptable>> a los ojos de Dios, ya que ¿cómo puede Dios no aceptar algo que es? Rechazar algo
significa negar que existe. Decir que algo no está bien significa afirmar que no forma parte de Mí; y eso es
imposible.
Sin embargo, sed fieles a vuestras creencias, y mantened como ciertos vuestros valores, ya que se trata de los
valores de vuestros padres, y de los padres de vuestros padres, de vuestros amigos y de vuestra sociedad. Estos
forman la estructura de vuestra vida, y perderlos equivaldría a deshacer el tejido que constituye vuestra
experiencia. No obstante, examinadlos uno por uno. Revisadlos pieza por pieza. No deshagáis la casa, pero
observad cada uno de los ladrillos, y reemplazad los que veáis que están rotos y no pueden soportar ya la
estructura.
Vuestras ideas respecto a lo correcto y lo equivocado son sólo eso: ideas. Son pensamientos que constituyen la
forma y crean la sustancia de Quienes Sois. Sólo habría una razón para cambiar alguna de ellas; sólo un propósito
para alterarlas: si no sois felices siendo Quienes Sois.
Únicamente vosotros podéis saber si sois felices. Sólo vosotros podéis decir de vuestra vida: <<Esta es mi
creación (mi hijo), en la que me complazco>>.
Si vuestros valores os sirven, mantenedlos. Argumentad a su favor. Luchad para defenderlos.
Pero procurad luchar de manera que no hagáis daño a nadie. El daño no es un ingrediente necesario en la receta.
Dices <<sed fieles a vuestros valores>> y, al mismo tiempo, que todos nuestros valores son equivocados.
Ayúdame a entenderlo.
Yo no he dicho que vuestros valores sean equivocados. Pero tampoco que sean correctos. Son simplemente
juicios. Afirmaciones. Decisiones. En su mayor parte, se trata de decisiones que no habéis tomado cada uno de
vosotros, sino algún otro.
Quizá vuestros padres. Vuestra religión. Vuestros profesores, historiadores, políticos...
Muy pocos de los juicios de valor que habéis incorporado a vuestra verdad son juicios que habéis formulado
vosotros mismos basándoos en vuestra propia experiencia. Pero la experiencia es lo que vinisteis a buscar aquí, y
por vuestra experiencia ibais a crearos a vosotros mismos. Pero vosotros os habéis creado a vosotros mismos por
la experiencia de los demás.
Si hubiera algo parecido al pecado, seria esto: permitiros a vosotros mismos haber llegado a ser lo que sois por la
experiencia de los demás. He aquí el<<pecado>> que habéis cometido. Todos vosotros. No esperáis a tener
vuestra propia experiencia, sino que aceptáis la experiencia de los demás como el evangelio (literalmente), y luego,
cuando os encontráis con la experiencia real por primera vez, permitís que lo que ya sabíais acerca del encuentro
oculte lo que realmente pensáis.
Si no obrarais así, podríais tener una experiencia completamente diferente; una experiencia que haría aparecer a
vuestro maestro o fuente original como equivocado. En la mayoría de los casos, no queréis que vuestros padres,
escuelas, religiones, tradiciones o sagradas escrituras aparezcan como equivocados, de modo que negáis vuestra
propia experiencia a favor de lo que os han dicho que penséis.
Ninguna realidad puede ilustrar esto con mayor profundidad que vuestro tratamiento de la sexualidad humana.
Todo el mundo sabe que, de entre todas las experiencias físicas al alcance de los humanos, la experiencia sexual
puede ser la más atractiva, emocionante, poderosa, estimulante, renovadora, energética, íntima, y con mayor
capacidad de afirmación, unión y recreación. Aun habiendo descubierto esto experiencialmente, habéis decidido en
cambio aceptar los juicios, opiniones e ideas previos acerca del sexo difundidos por otros; todos ellos con intereses
creados en que penséis de una u otra manera.
Dichas opiniones, juicios e ideas han ido directamente contra vuestra propia experiencia; sin embargo, debido a
que no estáis dispuestos a considerar equivocados a vuestros maestros, os convencéis a vosotros mismos de que
debe ser vuestra experiencia la que está equivocada. El resultado es que habéis traicionado vuestra auténtica
verdad en relación a esta cuestión; y ello con resultados devastadores.
Lo mismo habéis hecho con el dinero. En aquellos momentos de vuestra vida en que tenéis mucho dinero, os
sentís estupendamente. Os sentís estupendamente recibiéndolo, y os sentís estupendamente gastándolo. No hay
nada malo en ello, no hay ningún mal, nada intrínsecamente <<equivocado>>. Sin embargo, han arraigado tan
profundamente en vosotros las enseñanzas de los demás sobre este tema, que habéis rechazado vuestra
experiencia a favor de la <<verdad>>.
Al haber adoptado esta <<verdad>> como vuestra, habéis construido pensamientos en torno a ella; pensamientos
que son creadores. Habéis pues, creado una realidad personal en torno al dinero que lo aleja de vosotros; ya que
¿para qué trataríais de atraer algo que no es bueno?
Sorprendentemente, habéis creado la misma contradicción en torno a Dios. Todas vuestras experiencias más
profundas acerca de Dios os dicen que Dios es bueno. Todos aquellos profesores vuestros que os enseñan algo
acerca de Dios os dicen que Dios es malo. Vuestro corazón os dice que hay que amar a Dios sin temerle. Vuestros

profesores os dicen que hay que temer a Dios, puesto que es un Dios vengativo. Habéis de vivir en el temor a la
cólera de Dios, dicen. Debéis temblar en su presencia. Durante toda vuestra vida habéis de temer el juicio del
Señor - os han dicho -, pues el Señor es <<justo>>, y todo lo sabe; y os hallaréis en apuros cuando os enfrentéis a
la terrible justicia del Señor. Debéis, pues, <<obedecer>> los mandamientos de Dios. O si no...
Sobre todo, no habéis de formular preguntas lógicas tales como: <<Si Dios quiere una estricta obediencia a sus
leyes, ¡por qué creó la posibilidad de que dichas leyes fueran violadas?>>. Todos vuestros maestros os dicen que
porque Dios quería que tuvierais <<libre albedrío>>. Sin embargo, ¿qué clase de libre albedrío es ese, si elegir una
cosa en lugar de otra lleva la condenación? ¿Cómo la <<libre voluntad>> puede ser libre, si no es vuestra voluntad,
sino la de algún otro, la que debéis cumplir? Quienes eso os enseñan hacen de Dios un hipócrita.
Se os ha dicho que Dios perdona y es compasivo; pero si no le pedís perdón del <<modo correcto>>, si no <<os
dirigís a Dios>> de la manera adecuada, vuestra súplica no será escuchada, vuestro clamor quedará sin respuesta.
Incluso eso no sería tan malo si hubiera una sola manera adecuada; pero se enseñan tantas <<maneras
adecuadas>> como profesores hay.
Así la mayoría de vosotros pasan casi toda su vida adulta buscando la manera <<correcta>> de rendir culto, de
obedecer y de servir a Dios. La ironía del asunto está en que Yo no quiero vuestro culto, Yo no necesito vuestra
obediencia, y no necesitáis servirme.
Este tipo de comportamientos son los que históricamente han exigido de sus súbditos los monarcas; normalmente,
monarcas egocéntricos, inseguros y tiránicos. En absoluto son exigencias divinas; y es extraordinario que el mundo
no haya llegado ya a la conclusión de que tales exigencias son falsas, de que no tienen nada que ver con las
necesidades o los deseos de Dios.
La divinidad no tiene necesidades. Todo lo Que Hay es exactamente eso: todo lo que hay. Por lo tanto, no quiere
nada, ni carece de nada; por definición.
Si queréis creer en un Dios que de alguna manera necesita algo - y se siente tan dolido si no lo obtiene que castiga
a aquellos de quienes esperaba recibirlo -, entonces es que queréis creer en un Dios mucho más pequeño que Yo.
Y verdaderamente sois Hijos de un Dios Menor.
No, hijos míos; por favor, dejadme que os asegure una vez más, por medio de este texto, que no tengo
necesidades. No necesito de nada.
Esto no significa que no tenga deseos. Deseos y necesidades no son la misma cosa (aunque para muchos de
vosotros lo sean en vuestra vida actual).
El deseo es el principio de toda creación. Es el primer pensamiento. Es un sentimiento grandioso en el alma. Es
Dios, decidiendo qué va a crear.
¿Y cuál es el deseo de Dios?
Yo deseo, en primer lugar, conocerme y experimentarme a Mí mismo, en toda Mi gloria; saber Quien Soy. Antes de
inventaros a vosotros - y todos los mundos del universo - era imposible para Mí hacerlo.
En segundo lugar, deseo que podáis conocer y experimentar Quienes Realmente Sois, por medio del poder que os
he dado de crearos y experimentaros a vosotros mismos de cualquier modo que escojáis.
En tercer lugar, deseo que todo el proceso de la vida sea una experiencia de constante alegría, de continua
creación, de interminable expansión y de total realización en cada momento.
He establecido un sistema perfecto mediante el que estos deseos puedan realizarse. Se están realizando ahora,
en este mismo momento. La única diferencia entre vosotros y Yo es que Yo lo sé.
En el momento en que alcancéis el conocimiento pleno (momento que puede sobrevenir en cualquier instante),
vosotros sentiréis lo mismo que Yo siento constantemente: una alegría, amor, aceptación, bendición y
agradecimientos totales.
Estas son las cinco actitudes de Dios; y, antes de seguir adelante con este diálogo, te mostraré cómo la aplicación
de dichas actitudes en tu vida actual puede conducirte - y te conducirá - hacia la santidad.
Todo esto constituye una respuesta muy larga para una pregunta muy corta.
Sí se fiel a tus valores, en la medida en que experimentes que te son útiles. Pero mira a ver si estos valores que te
sirven a ti, con tus pensamientos, palabras y actos, traen al espacio de tu experiencia la idea mejor y más alta que
jamás hayas tenido de ti mismo.
Examina tus valores uno por uno. Somételos a la luz del escrutinio público.
Si puedes decir al mundo quién eres y en qué crees sin vacilaciones ni indecisiones, entonces eres feliz contigo
mismo. No hay ninguna razón para ir más allá en este diálogo conmigo, puesto que ya has creado a un Yo - y una
vida para este Yo - que no necesita ninguna mejora. Has alcanzado la perfección. Puedes dejar este libro.
Mi vida no es perfecta, ni siquiera se acerca a la perfección. No soy perfecto. En realidad, soy un cúmulo de
imperfecciones. Me gustaría - a veces de todo corazón - poder corregir esas imperfecciones; lo que yo sé que
origina mis comportamientos, que provoca mis caídas, que me mantiene en mi camino. Supongo que por eso es
por lo que he acudido a Ti. No he sido capaz de encontrar las respuestas por mí mismo.

Estoy contento de que hayas acudido a Mí. Siempre he estado dispuesto a ayudarte. Y lo estoy ahora. No tienes
por qué encontrar las respuestas por ti mismo. Nunca has tenido por qué.
Pero parece tan... presuntuoso... sencillamente sentarse y dialogar contigo de este modo... y mucho más imaginar
que Tú - Dios - me respondes. Quiero decir que es una locura.
Ya veo. Los autores de la Biblia estaban cuerdos, pero tú estas loco.
Los autores de la Biblia fueron testigos de la vida de Cristo, y reprodujeron fielmente lo que vieron y oyeron.
Falso. La mayoría de los autores del Nuevo Testamento nunca conocieron ni vieron a Jesús en su vida. Vivieron
muchos años después de que Jesús abandonara la tierra. No habrían reconocido a Jesús de Nazaret aunque se
hubieran cruzado con él en la calle.
Pero...
Los autores de la Biblia fueron grandes creyentes y grandes historiadores. Recogieron los relatos que habían
llegado hasta ellos y sus amigos de boca de sus mayores - quienes, a su vez, los habían oído a sus mayores -,
hasta que finalmente surgió una recopilación escrita.
Y no todos los autores de la Biblia fueron incluidos en el documento final.
Ya habían surgido las <<iglesias>> en torno a las enseñanzas de Jesús; y - como sucede siempre y dondequiera
que la gente se agrupe en torno a una idea poderosa - hubo ciertos individuos en el seno de dichas iglesias, o
enclaves, que determinaron qué partes de la historia de Jesús bebían mencionarse y cómo. Este proceso de
selección y corrección continuó durante toda la recopilación, redacción y publicación de los evangelios y la Biblia.
Incluso varios siglos después de que se consignaran las escrituras originales, un Alto Consejo de la Iglesia
determinó, una vez más, que doctrinas y verdades había que incluir en la Biblia oficial de entonces; y qué resultaría
<<malsano>> o <<prematuro>> revelar a las masas.
Además, ha habido otras sagradas escrituras, cada una de ellas fruto de un momento de inspiración de hombres
por lo demás corrientes, ninguno de los cuales estaba más loco que tú.
¿No estaréis sugiriendo que estos textos podrían llegar a ser un día <<sagradas escrituras>>?
Hijo mío, todo en la vida es sagrado. Desde esta perspectiva, sí, son sagradas escrituras. Pero no quiero hacer
juegos de palabras contigo, pues sé lo que quieres decir.
No, no estoy sugiriendo que este manuscrito llegará a convertirse un día en sagrada escritura. Al menos no
durante algunos cientos de años, o hasta que su lenguaje no se vuelva anticuado.
Mira: el problema es que este lenguaje es demasiado coloquial, demasiado familiar, demasiado contemporáneo. La
gente supone que, si Dios hablara directamente con uno, su voz no sonaría como la del vecino de al lado. La
estructura del lenguaje debe poseer una matiz de unidad, por no decir de divinidad; un matiz de dignidad; una
sensación de santidad.
Como he dicho antes, esto es sólo una parte del problema. La gente tiene una percepción de Dios como Alguien
que <<se manifiesta>> de una única forma. Cualquier cosa que viole esta forma se considera una blasfemia.
Lo que yo he dicho antes.
Lo que tú has dicho antes.
Pero vayamos al fondo de la cuestión. ¿ Por qué te parece una locura que tú puedas mantener un diálogo con
Dios? ¿acaso no crees en la oración?
Sí, pero esto es distinto. Para mí, la oración siempre ha tenido una sola dirección. Yo pregunto, y Dios permanece
inmutable.
¿Dios no ha respondido nunca a una oración?
Bueno, sí; pero, mira, nunca verbalmente. Bueno, ha habido toda una serie de acontecimientos en mi vida de los
que yo he estado convencido que eran una respuesta - una respuesta muy directa - a la oración. Pero Dios nunca
me ha hablado.
Ya veo. Entonces, ese Dios en el que crees es un Dios que puede hacerlo todo, menos precisamente hablar.

Por supuesto que Dios puede hablar, si quiere hacerlo. Es sólo que no parece probable que Dios vaya a querer
hablarme a mí.
He ahí la raíz de todos los problemas que experimentas en tu vida: que no te consideras a ti mismo
suficientemente digno de que Dios te hable.
¡Cielo Santo! ¿Cómo puedes esperar nunca oír Mi voz, si no te crees a ti mismo lo suficientemente digno de que te
hable?
Te lo aseguro: en este momento estoy haciendo un milagro; pues no sólo estoy hablándote a ti, sino a cualquiera
que haya comprado este libro y esté leyendo estas palabras.
En este momento estoy hablando a cada uno de ellos. Sé quién es cada uno de ellos. Sé quienes encontrarán su
camino a través de estas palabras; y se (como con todas Mis otras comunicaciones) Que algunos serán capaces
de oír, y otros sólo serán capaces de escuchar, pero no oirán nada.
Bien; eso plantea otra cuestión. Ya había pensado en publicar este material, tal como se esta escribiendo.
Sí. ¿Qué tiene eso de <<malo>>?
¿No me dirán que estoy creando todo esto en provecho propio? ¿Y eso no hará que resulte sospechoso?
¿El motivo de que escribas esto es que podrás ganar mucho dinero?
No. No es por eso por lo que empecé a hacerlo. Inicié este diálogo sobre el papel debido a que mi mente ha estado
acosada por una serie de preguntas durante treinta años; y estaba hambriento - más bien famélico - de respuestas.
La idea de que podía hacer un libro con todo esto vino más tarde.
Te la di Yo.
¿Tú?
Sí. No creerás que voy a dejar que desperdicies todas estas maravillosas preguntas y respuestas.
No había pensado en eso. Al principio, sólo quería que mis preguntas fueran respondidas; que mi frustración
acabara; que mi búsqueda terminara.
Bien. Entonces deja de cuestionarte tus motivos (cosa que haces incesantemente), y vamos con ello.

CAPÍTULO 3
Bueno. Tengo un centenar de preguntas. Un millar. Un millón. Y el problema es que no sé por donde empezar.
Simplemente haz una lista con las preguntas, y empieza por cualquiera de ellas. Hazlo ahora mismo. Haz una lista
con las preguntas que se te ocurran.
De acuerdo. Algunas de ellas van a parecer bastante simples, bastante plebeyas.
Deja de formular juicios contra ti mismo. Simplemente haz la lista.
Conforme. Bueno, aquí están las que se me ocurren en este momento.
1. ¿Cuándo <<despegará>> finalmente mi vida? ¿Qué necesita para <<entrar en razón>> y alcanzar un mínimo
de éxito? ¿Terminará alguna vez esta lucha?
2. ¿Cuándo aprenderé lo bastante sobre las relaciones para que las mías vayan como la seda? ¿Hay alguna
manera de ser feliz en las relaciones? ¿Tienen que suponer siempre un reto constante?
3. ¿Por qué parece que nunca en mi vida puedo conseguir dinero suficiente? ¿Estoy destinado a apretarme el
cinturón y pasar apuros económicos durante el resto de mi vida? ¿Qué es lo que me impide realizar mi pleno
potencial en este aspecto?

4. ¿Por qué no puedo hacer lo que realmente quiero hacer con mi vida y a pesar de ello ganar lo suficiente para
vivir?
5. ¿Cómo puedo resolver algunos de los problemas de salud que padezco? He sido víctima de bastantes
problemas crónicos durante toda mi vida. ¿Por qué los sigo teniendo?
6. ¿Cuál es la lección kármica que se supone que debo asimilar aquí? ¿Qué intento aprender?
7. ¿Hay algo parecido a la reencarnación? ¿Cuántas vidas anteriores he tenido? ¿Qué fui en ellas? ¿Es real la
<<deuda kármica>>?
8. A veces tengo la sensación de ser un médium. ¿Existe algo parecido a <<ser un médium>>? ¿Lo soy yo? La
gente que afirma que lo es ¿<<pacta con el diablo>>?
9. ¿Es correcto ganar dinero haciendo el bien? Si yo decido realizar una obra de reconciliación en el mundo - la
obra de Dios -, ¿puedo hacerlo y, a la vez, disfrutar de abundancia económica? ¿O bien ambas cosas son
mutuamente excluyentes?
10. ¿Es bueno el sexo? ¡Vamos que cual es el meollo de esta experiencia humana! ¿El objetivo del sexo es
puramente la procreación, como afirman algunas religiones? ¿Es cierto que la santidad y la iluminación se
obtienen mediante la negación - o transmutación - de la energía sexual? ¿Es correcto practicar el sexo sin
amor? La sensación física ¿es suficiente razón para justificarlo?
11. ¿Por qué hiciste del sexo una experiencia humana tan buena, tan impresionante y tan poderosa, si todo lo que
debemos hacer es apartarnos de él todo lo posible? ¿Qué pasa? En este sentido, ¿por qué todas las cosas
divertidas <<o engordan o son pecado>>?
12. ¿Hay seres vivos en otros planetas? ¿Nos han visitado? ¿Nos están observando? ¿Veremos alguna evidencia
- irrefutable e indiscutible - de vida extraterrestre durante nuestra vida? ¿Cada forma de vida tiene su propio
Dios? ¿Y tú eres el Dios de todas ellas?
13. ¿Se realizará alguna vez la utopía en el planeta tierra? ¿Se mostrará alguna vez Dios a las gente de la Tierra,
como prometió? ¿Habrá algo parecido a la Segunda Venida? ¿Habrá alguna vez un Fin del Mundo, o un
apocalipsis, tal como lo profetiza la Biblia? ¿Hay una religión que sea la verdadera? Y si es así, ¿cuál de ellas?
14. Estas son algunas de mis preguntas. Como he dicho, tengo centenares más. Algunas de ellas me resultan
embarazosas: me parecen propias de alguien inmaduro. Pero, por favor, contéstamelas una por una, y
<<hablemos>> de ellas.
Bueno. Ahora empezamos. No te disculpes por estas preguntas. Son preguntas que hombres y mujeres se han
estado formulando durante cientos de años. Si las preguntas fueran tan tontas, no serían formuladas por una
generación tras otra. Así que vayamos a la primera de ellas.
He establecido Leyes en el universo que te permiten tener - crear - exactamente lo que quieras. Dichas Leyes no
pueden ser violadas, ni pueden ser ignoradas. Estás obedeciendo esas Leyes ahora mismo, incluso mientras
escribes esto. No puedes dejar de cumplirlas, pues es así como funcionan las cosas. No puedes apartarte de ellas;
no puedes actuar al margen de ellas.
Cada minuto de tu vida has estado actuando dentro de ellas; y, así, todo lo que has experimentado lo has creado
tú.
Formas sociedad con Dios. Compartimos un convenio eterno. Mi compromiso para contigo consiste en darte
siempre lo que me pidas. Tú compromiso consiste en pedírmelo; en entender el proceso de la petición y la
concesión. Ya te he explicado antes este proceso. Lo haré de nuevo, para que lo entiendas de una manera clara.
Eres un ser triple. Te compones de cuerpo, mente y espíritu. También puedes denominarlo lo físico, lo no-físico y
lo meta-físico. Esta es la Santa Trinidad, y se la ha llamado de muchas maneras.
Lo mismo que tú eres, también Yo lo soy. Me manifiesto como Tres-En-Uno. Algunos de vuestros teólogos lo han
llamado Padre, Hijo y Espíritu Santo.
Vuestros psiquiatras han reconocido también este triunvirato, y lo han llamado <<consciente>>,
<<subconsciente>> y <<superconsciente>>.
Vuestros filósofos lo han llamado el <<ello>>, el <<yo>> y el <<super-yo>>.
La ciencia lo llama <<energía>>, <<materia>> y <<antimateria>>.
Los poetas hablan de <<mente>>, <<corazón>> y <<alma>>.. Los pensadores de la Nueva Era aluden a
<<cuerpo>>, <<mente>> y <<espíritu>>.
Vuestro tiempo se divide en <<pasado>>, <<presente>> y <<futuro>>. ¿No podría ser lo mismo que
<<subconsciente>>, <<consciente>> y <<superconsciente>>?
El espacio se divide igualmente en tres categorías: <<aquí>>, <<allí>> y <<el espacio intermedio>>.
Definir y describir este <<espacio intermedio>> resulta difícil, escurridizo. En el momento en que empiezas a
definirlo o describirlo, el espacio que describes se convierte en <<aquí>> o <<allí>>. Sin embargo, sabemos que
este <<espacio intermedio>> existe. Es lo que mantiene al <<aquí>> y al <<allí>> en su sitio; del mismo modo que
el eterno ahora mantiene al <<antes>> y al <<después>> en su sitio.

Estos tres aspectos de tu ser son, en realidad, tres energías. Podrías llamarlas pensamiento, palabra y acción. Las
tres juntas producen un resultado; lo que, en vuestro lenguaje y según vuestros conocimientos, se denomina un
<<sentimiento>>, o <<experiencia>>.
Tu alma (subconsciente, ello, espíritu, pasado, etc.) es la suma total de todos los sentimientos que has tenido
(creado). Tu consciencia de algunos de ellos se denomina <<recuerdo>>. Cuando tienes un recuerdo, se habla de
re-membrar. Es decir, juntar de nuevo. Reunir de nuevo las partes.
Cuando reúnas de nuevo todas tus partes, habrás re-membrado Quien Realmente Eres.
El proceso de creación se inicia con el pensamiento; una idea, concepto o imagen mental. Todo lo que ves fue una
vez idea de alguien. Nada existe en vuestro mundo que no haya existido antes como pensamiento puro.
Eso es cierto también respecto al universo.
El pensamiento es el primer nivel de la creación.
A continuación viene la palabra. Todo lo que se dice es pensamiento expresado. Es creador, y emite energía
creadora al universo. Las palabras son más dinámicas (por lo tanto, algunas pueden ser más creadoras) que el
pensamiento, puesto que las palabras constituyen un nivel de vibración distinto de el del pensamiento. Trastornan
(cambian, alteran, afectan) al universo, causando un gran impacto.
Las palabras constituyen el segundo nivel de la creación.
A continuación viene la acción.
Las acciones son palabras en movimiento. Las palabras son pensamientos expresados. Los pensamientos son
ideas formadas. Las ideas son energías reunidas. Las energías son fuerzas liberadas. Las fuerzas son elementos
existentes. Los elementos son partículas de Dios, porciones del Todo, la sustancia de todo.
El principio es Dios. El final es la acción. La acción es Dios creando, o Dios experimentando.
Tu pensamiento acerca de ti mismo es que no eres lo bastante bueno, lo bastante maravilloso, lo bastante puro,
para ser una parte de Dios, para formar sociedad con Dios. Has negado durante tanto tiempo Quien Eres, que lo
has olvidado.
Esto no ha ocurrido por azar; no es por casualidad. Forma parte de un plan divino, puesto que no podrías afirmar,
crear ni experimentar Quien Eres, si ya lo fueras. Primero era necesario que rompieras (negaras, olvidaras) tu
vínculo conmigo, con el fin de experimentarlo plenamente mediante su creación plena, mediante su surgimiento, ya
que tu más grandioso deseo - y Mí más grandioso deseo - era que te experimentaras a ti mismo como la parte de
Mí que eres. Así pues, estás en proceso de experimentarte a ti mismo creándote a ti mismo de nuevo en cada
momento. Al igual que Yo lo estoy; a través tuyo.
¿Ves la sociedad? ¿Comprendes sus implicaciones? Se trata de una sagrada colaboración; realmente, de una
sagrada comunión.
Así, tu vida <<despegará>> cuando decidas que lo haga. Hasta ahora no lo has decidido. Te has entretenido, lo
has aplazado, has protestado. Ahora es el momento de que produzcas lo prometido. Para hacerlo, debes creer la
promesa, y vivirla. Debes vivir la promesa de Dios.
La promesa de Dios es que tú eres Su hijo. Su descendencia. Su semejante. Su igual.
¡Ah!... aquí es donde el asunto se complica. Puedes aceptar lo de <<Su hijo>>, <<descendencia>> y
<<semejante>>, pero rechazas ser llamado <<Su igual>>. Aceptar eso es demasiado. Demasiada grandeza,
demasiado asombroso; demasiada responsabilidad, puesto que, si eres igual a Dios, eso significa que nada se te
da a ti, sino que todo es creado por ti. Ya no puede haber víctimas ni malvados; sólo resultados de tu pensamiento
respecto a algo.
Te lo aseguro: todo lo que ves en tu mundo es el resultado de tu idea sobre ello.
¿Quieres que tu vida <<despegue>> realmente? Entonces, cambia tu idea sobre ella. Sobre ti. Piensa, actúa y
habla como el Dios que Eres.
Por supuesto, eso te alejará de muchos - de la mayoría - de tus semejantes. Te llamarán loco. Te acusarán de
blasfemo. Finalmente se hartarán de ti, y tratarán de crucificarte.
Actuarán así, no porque piensen que tu vives en un mundo producto de tus propias ilusiones (la mayoría de los
hombres son lo bastante amables como para permitirte tus diversiones privadas), sino porque, antes o después,
otros se sentirán atraídos por tu verdad, por las promesas que ésta encierra para ellos.
Y es en este momento cuando intervendrán tus semejantes, porque será en este momento cuando empezarás a
representar una amenaza para ellos, ya que tu sencilla verdad, sencillamente vivida, ofrecerá más belleza, más
bienestar, más paz, más alegría y más amor hacia uno mismo y hacia los demás que todo lo que tus colegas
terrenales puedan idear.
Y adoptar esa verdad significaría el fin de sus costumbres. Significaría el fin del odio y el temor, de la guerra y la
intolerancia. El fin de todas las condenas y asesinatos que se han cometido en Mi nombre. El fin de <<la ley del
más fuerte>>. El fin de la lealtad y el homenaje por el temor. El fin del mundo tal como lo conocéis; y como
vosotros lo habéis creado hasta ahora.

De modo que estáte preparada, alma buena; puesto que serás vilipendiada y despreciada, insultada y
abandonada, y finalmente te acusarán te juzgarán y te condenarán - todo ello a su manera - desde el momento en
que aceptes y adoptes tu sagrada causa: la realización del Yo.
Entonces, ¿por qué hacerlo?
Porque ha dejado de preocuparte la aceptación o aprobación del mundo. Ha dejado de satisfacerte lo que ésta te
ha aportado Ha dejado de complacerte lo que les ha dado a otros. Quieres que cese el dolor, que cese el
sufrimiento; que termine la ilusión. Estás harto de este mundo tal como es actualmente. Aspiras a un mundo nuevo.
Deja de aspirar a él. Ahora, haz que surja.
¿Puedes ayudarme a entender mejor cómo hacerlo?
Sí. Fíjate primero en tu Más Alto Pensamiento sobre ti mismo. Imagina cómo serías si vivieras ese pensamiento
cada día. Imagina lo que pensarías, harías y dirías, y como responderías a lo que los demás hicieran o dijeran.
¿Ves alguna diferencia entre esta proyección y lo que piensas, haces y dices ahora?
Sí. Veo una gran diferencia.
Bueno. Debes verla, puesto que sabemos que en este momento no estás viviendo tu más alta visión de ti mismo.
Ahora bien, una vez vistas las diferencias entre donde estás y dónde quieres estar, empieza a cambiar - cambiar
conscientemente - tus pensamientos, palabras y acciones, igualándolos con tu magnífica visión.
Esto requerirá un esfuerzo físico y mental tremendo. Supondrá un control constante, momento a momento, de cada
pensamiento, palabra y acto. Implicará una continua - y consciente - toma de decisiones. Todo el proceso
constituye un enorme desplazamiento hacia la consciencia. Lo que descubrirás si afrontas este reto es que has
pasado la mitad de tu vida inconsciente. Es decir, ignorante a nivel consciente de lo que has decidido en cuanto a
pensamientos, palabras y actos hasta que has experimentado sus consecuencias; y entonces, cuando has
experimentado dichos resultados, has negado que tus pensamientos, palabras y actos tuvieran algo que ver con
ellos.
Se trata de una invitación a abandonar esta vida inconsciente. De un reto al que tu alma ha aspirado desde el
principio de los tiempos.
Ese continuo control mental parece que haya de ser terriblemente agotador.
Puede serlo, hasta que se convierta en una segunda naturaleza. En realidad, es tu segunda naturaleza. Tu primera
naturaleza consiste en amar incondicionalmente. Tu segunda naturaleza consiste en decidir expresar tu primera
naturaleza, tu verdadera naturaleza, conscientemente.
Perdona, pero esa especie de control constante sobre lo que pienso, digo y hago, ¿no me convertirá en una
persona <<sosa>>?
En absoluto. Distinta sí; <<sosa>> no. ¿Era <<soso>> Jesús? No creo que lo fuera. ¿Resultaba aburrido estar
junto a Buda? La gente se congregaba a su alrededor, suplicaba poder hallarse en su presencia. Nadie que haya
llegado a ser un Maestro es aburrido. Quizás sea poco corriente; quizás sea extraordinario; pero nunca <<soso>>.
Así pues: ¿quieres que tu vida <<despegue>>? Empieza a imaginártela del modo como quieras que sea, y trata de
alcanzarlo. Examina cada pensamiento, palabra y obra que no se muestren en armonía con esa idea, y aléjalos de
ti.
Cuando tengas un pensamiento que no cuadre con tu más alta visión, cámbialo por otro nuevo, inmediatamente.
Cuando digas algo que no se ajuste a tu más grandiosa idea, toma nota de no volver a decir de nuevo nada
semejante. Cuando hagas algo que no cuadre con tu mejor intención, decide que esa sea la última ves que lo
haces. Y siempre que puedas, haz el bien sin mirar a quién.
Ya he oído eso antes, y siempre he estado en contra, pues me parece poco honesto. Quiero decir que, si estás
enfermo, no puedes admitirlo. Si estás sin blanca, no puedes decirlo. Si estás enfadado, no puedes demostrarlo.
Eso me recuerda el chiste de las tres personas que van al infierno: un católico, un judío y un filósofo de la Nueva
Era. El diablo le dice al católico, burlonamente: <<¿Qué? ¿Cómo va el calor?>>. Y el católico le responde
compungido: <<Me lo tomo como un sacrificio>>. A continuación, le pregunta al judío: <<¿Y qué otra cosa podía
esperar, sino otro infierno?>>. Finalmente, el diablo se dirige al filósofo de la Nueva Era: <<¿Qué tal el calor?>>; a
lo que éste responde, sudando: <<¿Calor? ¿Qué calor?>>.

Es un buen chiste. Pero Yo no estoy hablando de ignorar el problema, o de pretender que no existe. Estoy
hablando de observar la circunstancia, y luego formular tu más alta verdad respecto a ella.
Y si estas sin blanca, pues estás sin blanca. Es absurdo mentir acerca de eso, y tratar de inventarse un cuento
para no admitirlo. Pero es tu pensamiento acerca de ello - <<estar sin blanca es malo>>, <<estar sin blanca es
horrible>>, <<soy una mala persona, puesto que la buena gente que trabaja duro y realmente se esfuerza nunca
está sin blanca>>, etc. - el que determina cómo experimentas la <<situación-de-estar-sin-blanca>>. Son tus
palabras acerca de ello - <<estoy sin blanca>>, <<no tengo ni un duro>>, <<no tengo dinero>> - las que
dictaminan cuánto tiempo seguirás estando sin blanca. Son tus actos en relación a esta situación compadeciéndote a ti mismo, dejándote abatir, no tratando de buscar una salida; porque, de todos modos, ¿para
qué? - los que, a la larga, crean tu realidad.
Lo primero que has de entender respecto al universo es que ninguna circunstancia es <<buena>> o <<mala>>.
Simplemente es. De modo que deja de hacer juicios de valor.
Lo segundo que has de saber es que todas las circunstancias son transitorias. Nada se mantiene igual, nada
permanece estático. De que manera cambie, es algo que depende de ti.
Perdona, pero voy a interrumpirte de nuevo. ¿Y la persona que cae enferma, pero cuya fe mueve montañas, y - por
lo tanto - piensa, dice y cree que va a ponerse mejor... pero se muere seis meses después? ¿Cómo encaja eso
con todo este pensamiento positivo y acción afirmativa?
Eso está bien. Me planteas preguntas difíciles. No tomas mis palabras a la ligera. Más adelante habrás de tomar
mis palabras a la ligera, debido a que al final verás que podemos estar discutiendo interminablemente, tu y Yo,
hasta que no quede otra cosa que hacer sino <<intentarlo o rechazarlo>>. Pero este momento aún no ha llegado.
Así pues, sigamos con el diálogo; sigamos hablando.
Una persona que tiene una <<fe que mueve montañas>> y muere seis meses después, ha movido montañas
durante seis meses. Puede que eso haya sido suficiente para ella. Puede que haya decidido, en la última hora del
último día: <<Bueno. Ya tengo suficiente. Estoy dispuesto a pasar a otra aventura>>. Tú no puedes conocer su
decisión, puesto que es posible que no te lo haya dicho. Lo cierto es que puede haber tomado esta decisión
bastante antes - días o semanas antes - y no haberte dicho nada.
Habéis creado una sociedad en la que no se está de acuerdo con que uno quiera morir; en la que no se está de
acuerdo con que uno esté de acuerdo con la muerte. Puesto que tú no quieres morir, no puedes imaginar que
nadie quiera morir, independientemente de su situación o sus circunstancias.
Sin embargo, hay muchas situaciones en las que la muerte resulta preferible ala vida, y que sé que puedes
imaginar si piensas en ello sólo un momento. Sin embargo, esas verdades no se te ocurren - no resultan patentes cuando te hayas ante alguien que decide morir. Y la persona agonizante lo sabe. Puede percibir el nivel de
aceptación que hay entre los que le rodean respecto a su decisión.
¿Te has fijado alguna vez en cuánta gente espera a que la habitación en la que se encuentra se halle vacía para
morirse? Algunos incluso les han dicho a sus seres queridos: <<Vete tranquilo. Ve a comer algo>>, o bien: <<Ve a
dormir. Estoy bien. Nos veremos mañana>>. Y luego, cuando sus fieles custodios los han abandonado, lo mismo
hace el alma con el cuerpo del custodiado.
Si les dijeran a sus amigos y parientes allí reunidos: <<Simplemente quiero morir>>, ellos les responderían:
<<¡Oh!, ¡No digas eso!>>, o bien: <<¡No hables de ese modo!>>, o bien: <<¡Resiste!>>, o bien: <<¡Por favor, no
me dejes!>>.
Todo el estamento médico en su conjunto ha sido formado para mantener a la gente con vida, pero no para
proporcionarle los medios para que pueda morir con dignidad.
Fíjate en que para un médico o una enfermera la muerte es un fracaso. Para un amigo o un pariente, es un
desastre. Sólo para el alma la muerte es un alivio, una liberación.
El mayor regalo que se puede hacer a los moribundos es dejarles morir en paz; no pensar que deben <<resistir>>,
o seguir sufriendo, o preocuparse por uno en ese paso crucial en sus vidas.
Muy a menudo, eso es lo que ha ocurrido en el caso del hombre que dice que va a vivir, cree que va a vivir, e
incluso reza para vivir: que, al nivel del alma, ha <<cambiado su mentalidad>>. Ha llegado el momento de dejar
que el cuerpo deje libre el alma para otras ocupaciones. Cuando el alma toma esta decisión, nada puede hacer el
cuerpo para cambiarla. Nada que la mente piense puede alterarla. Es en el momento de la muerte cuando
aprendemos quién lleva la voz cantante en el triunvirato cuerpo-alma-mente.
Durante toda tu vida crees que tú eres tu cuerpo. Alguna vez piensas que eres tu mente. Pero es en el momento
de tu muerte cuando descubres Quien Eres Realmente.
Ahora bien, también ocurre a veces que el cuerpo y la mente no escuchan al alma. Eso crea también la situación
que tú describes. Lo que más difícil le resulta hacer a la gente es escuchar a su alma (fíjate que pocos lo hacen).

Sucede, pues, que el alma decide que es el momento de abandonar el cuerpo. El cuerpo y la mente - siempre
criados del alma - lo saben, y se inicia el proceso de liberación. Pero la mente (el yo) no quiere aceptarlo. Después
de todo, supone el fin de su existencia. Entonces, ordena al cuerpo que resista frente a la muerte, lo que éste hace
con mucho gusto, pues tampoco quiere morir. El cuerpo y la mente (el yo) reciben un gran estímulo y grandes
elogios por ello del mundo exterior, el mundo de su creación. Así, la estrategia se confirma.
Ahora bien, en este momento todo depende de hasta qué punto el alma quiere salir. Si no tiene una gran urgencia,
puede decir: <<Está bien, tú ganas. Me quedaré un poco más contigo>>. Pero si el alma tiene muy claro que
permanecer junto al cuerpo no sirve a sus más altos propósitos - que no hay ninguna manera de que pueda seguir
evolucionando a través de su cuerpo -, entonces lo abandonará, y nada podrá detenerla, ni nada debe intentarlo.
El alma tiene muy claro que su objetivo es evolucionar. Ese es su único y propio objetivo. No le preocupan los
éxitos del cuerpo o el desarrollo de la mente. No tienen sentido para el alma.
El alma tiene claro también que abandonar el cuerpo no supone ninguna tragedia. En muchos casos, la tragedia
está en permanecer en el cuerpo. Así pues, has de entender que el alma ve la cuestión de su muerte como algo
diferente. Por supuesto, también ve la <<cuestión de la vida>> de modo distinto; y ese es el origen de gran parte
de la frustración y ansiedad que uno siente durante su vida. La frustración y la ansiedad provienen de no escuchar
a la propia alma.
¿Cómo puedo escuchar a mi alma? Si, a la hora de la verdad, el alma es el jefe, ¿cómo puedo estar seguro de que
recibo las órdenes de la oficina central?
Lo primero que puedes hacer es tener claro qué es el alma, y dejar de formular juicios sobre ella.
¿Formulo juicios sobre mi alma?
Constantemente. Ya te he mostrado cómo te juzgas a ti mismo si quieres morir. También te juzgas a ti mismo si
quieres vivir; si quieres vivir realmente. Te juzgas a ti mismo si quieres reír, si quieres llorar, si quieres ganar, si
quieres perder, si quieres experimentar la alegría y el amor... especialmente por esto último.
¿Eso hago?
De algún sitio has sacado la idea de que negarte la alegría es un acto piadoso, de que no divertirte en la vida es un
acto divino. La negación - te has dicho a ti mismo - es buena.
¿Me estás diciendo que es mala?
No es ni buena ni mala; es simplemente negación. Si tu te sientes bien después de negarte a ti mismo, entonces
en tu mundo es buena. Si te sientes mal, entonces es mala. La mayor parte de las veces, no lo decides tú. Te
niegas a ti mismo esto o aquello por que te dices a ti mismo que debes hacerlo. Luego dices que era bueno
hacerlo, pero te extrañas por que no te sientes bien.
Así, lo primero que has de hacer es dejar de formular estos juicios contra ti mismo. Aprende cuál es el deseo del
alma, y síguelo. Sigue al alma.
En definitiva, el alma no es sino él más alto sentimiento de amor que puedas imaginar. Este es el deseo del alma.
Este es su objetivo. El alma es el sentimiento. No el conocimiento, sino el sentimiento. Ya posee el conocimiento,
pero éste es conceptual; mientras que el sentimiento es experiencial. El alma quiere sentirse a sí misma, y, por lo
tanto, conocerse a sí misma en su propia experiencia.
El sentimiento más alto es la experiencia de la unidad con Todo Lo Que Es. Este es el gran retorno a la Verdad por
el que el alma suspira. Este es el sentimiento del amor perfecto.
El amor perfecto consiste en percibir lo perfecto que es el color blanco. Muchos piensan que el blanco es la
ausencia de color. No es así. Es la inclusión de todos los colores. El blanco es todos los demás colores que
existen, combinados.
Del mismo modo, el amor no es la ausencia de toda emoción (odio, cólera, lujuria, envidia, codicia), sino la suma
de todo sentimiento. Es la suma total. El total combinado. El todo.
Así, para que el alma pueda experimentar el amor perfecto, debe experimentar todos los sentimientos humanos.
¿Cómo puedo tener compasión de algo que no entiendo? ¿Cómo puedo perdonar en otro lo que nunca he
experimentado en Mí mismo? Con ello puedes ver tanto la simplicidad como la imponente magnitud del viaje del
alma. Puedes entender por fin lo que es capaz de hacer:
El propósito del alma humana consiste en experimentar todo eso; de modo que pueda ser todo eso.

¿Cómo puede estar arriba, si nunca ha estado abajo? ¿Cómo puede estar a la izquierda, si nunca ha estado a la
derecha? ¿Cómo puede tener calor, si no conoce el frío? ¿Cómo puede conocer el bien, si niega el mal?
Obviamente, el alma no puede elegir ser algo si no hay nada entre lo que elegir. Para experimentar su grandeza, el
alma debe saber qué es la grandeza. Y no puede hacerlo sino hay nada más que grandeza. Así, el alma se da
cuenta de que la grandeza únicamente existe en el espacio de aquello que no es grandioso. En consecuencia, no
condena nunca aquello que no es grandioso, sino que lo bendice, viendo en ello una parte de sí misma que debe
existir para que la otra parte de sí misma se manifieste.
La tarea del alma, por supuesto, consiste en hacer que escojáis la grandeza - que seleccionéis lo mejor de
Quienes Sois -, sin condenar aquello que no seleccionáis.
Se trata de una gran tarea, que requiere de muchas vidas, puesto que estáis habituados a aventurar juicios, a
llamar a algo <<equivocado>> o <<malo>>, o <<insuficiente>>, en lugar de bendecir aquello que no elegís.
Hacéis algo peor que condenarlo: en realidad, tratáis de dañar aquello que no elegís; tratáis de destruirlo. Si hay
alguna persona, lugar o cosa con los que no estéis de acuerdo, los atacáis. Si hay algún pensamiento que os
contradice, lo ridiculizáis. Si hay alguna idea distinta de la vuestra, la rechazáis. En esto os equivocáis, puesto que
creáis sólo la mitad del universo. Y no podréis entender nunca vuestra mitad en tanto rechacéis completamente la
otra.
Todo esto es muy profundo, y te lo agradezco. Nadie me había dicho nunca estas cosas. Al menos, no con tanta
sencillez. E intento entenderlas. En realidad, las entiendo. Pero algunas resultan difíciles de afrontar. Por ejemplo,
parece que quieras decir que debemos amar lo <<equivocado>> para que podamos conocer lo <<correcto>>.
¿Estás diciendo que debemos abrazar al diablo, por decirlo así?
¿De que otro modo podríais reconciliaros con él? Por supuesto, no existe un diablo real, pero te estoy
respondiendo en el idioma que has elegido.
La reconciliación es el proceso de aceptarlo todo, y luego elegir lo mejor. ¿Lo entiendes? No puedes elegir ser Dios
si no hay nada más entre lo que elegir.
¡Eh, espera! ¿Has dicho algo de elegir ser Dios?
El sentimiento más alto es el amor perfecto. ¿De acuerdo?
Sí, debe de serlo.
¿Y se te ocurre otra descripción mejor de Dios?
No, no lo creo.
Bien. Tu alma aspira al más alto sentimiento. Aspira a experimentar, o sea, a ser, el amor perfecto.
Es el amor perfecto; y lo sabe. Pero desea hacer algo más que saberlo. Desea serlo en su experiencia.
¡Evidentemente, aspira a ser Dios! ¿Qué otra cosa ibas a ser?
No lo sé. No estoy seguro. Supongo que nunca me lo había planteado. Me parece como si tuviera algo de
blasfemo.
No resulta nada interesante el hecho de que no te parezca blasfemo aspirar a ser como el demonio, y en cambio te
parezca ofensivo aspirar a ser como Dios.
¡Eh, espera un momento! ¿Quién aspira a ser como el demonio?
¡Tú! ¡Todos vosotros! Incluso habéis creado religiones que afirman que habéis nacido en pecado, que sois
pecadores de nacimiento, para convenceros a vosotros mismos de vuestro propio mal. Sin embargo, aunque os
dijera que habéis nacido de Dios, que nacéis como puros Dioses y Diosas - puro amor -, me lo negaríais.
Pasáis toda vuestra vida convenciéndoos de que sois malos. Y no sólo de que sois malos, sino de que aquello que
deseáis es malo. El sexo es malo, el dinero es malo, la alegría es mala, el poder es malo, tener mucho es malo mucho de lo que sea -. Algunas de vuestras religiones incluso mantienen la creencia de que bailar es malo, la
música es mala, divertirse es malo. Pronto aceptaréis que sonreír es malo, que reír es malo, que amar es malo.

No, no, amigo mío; puede que haya muchas cosas que no tienes claras, pero hay una que sí la tienes. Tú eres
malo, y la mayor parte de lo que deseas es malo. Una vez formulado este juicio sobre ti mismo, has decidido que tu
tarea consiste en ser mejor.
Te advierto que eso está bien. En cualquier caso, el objetivo es el mismo; pero hay un camino más corto, un atajo,
una vía más rápida.
¿Cuál?
La aceptación inmediata de Quien y Qué Eres, y la manifestación de ello.
Eso es lo que hizo Jesús. Es el camino de Buda, de Krishna, el camino de todos los Maestros que han habitado
este planeta.
Y de igual modo, todos los Maestros han dejado el mismo mensaje: lo que yo soy, tú lo eres; lo que yo puedo
hacer, tú lo puedes hacer; todo esto, y más, también lo harás tú.
Pero no les habéis escuchado. En cambio, habéis elegido el camino, mucho más difícil, de creer que uno es el
demonio, de imaginar que uno es el mal.
Decís que es difícil seguir el camino de Cristo, practicar las enseñanzas de Buda, poseer la luz de Krishna, ser un
Maestro. Pero Yo te aseguro que es mucho más difícil negar Quien Eres que aceptarlo.
Eres bondad, misericordia, compasión y conocimiento. Eres paz, luz y alegría. Eres perdón y paciencia, fuerza y
valor, ayuda cuando hay necesidad, consuelo cuando hay dolor, curación cuando hay herida, enseñanza cuando
hay ignorancia. Eres la sabiduría más profunda y la más alta verdad; la paz más magnífica y el más grandioso
amor. Eres todo esto. Y en determinados momentos de tu vida tú te has reconocido a ti mismo como siendo todo
esto.
Decide, pues, reconocerte a ti mismo siempre como siendo todo esto.

CAPÍTULO 4
¡Vaya! ¡La verdad es que me inspiras!
Bueno. Si Dios no puede inspirarte, ya me dirás quién demonios va a hacerlo.
¿Siempre eres así de impertinente?
No he pretendido que fuera una impertinencia. Léelo de nuevo.
¡Ah! Ahora lo veo.
Exacto.
Sin embargo, estaría bien que fuera impertinente, ¿no?
No sé. Estoy acostumbrado a que mi Dios sea un poco más serio.
Bueno, pues hazme un favor, y no intentes contenerme. Y, por cierto: hazte el mismo favor a ti mismo.
Lo único que ocurre es que tengo un gran sentido del humor. Te diría que tú también deberías tenerlo a la hora de
considerar todo lo que has hecho en la vida, ¿no? Quiero decir que, a veces, tengo que reírme de ello.
Pero eso está bien, ¿sabes?, pues Yo sé que al final todo acabará bien.
¿Qué quieres decir con eso?
Quiero decir que no puedes perder la partida. No puedes fracasar. No entra en el plan. No hay modo de que no
llegues a donde vas. No hay modo de que equivoques tu destino. Si Dios es tu objetivo estás de suerte, pues Dios
es tan grande que no puedes perderte.
Esa es la gran preocupación, por supuesto. La gran preocupación es que, de un modo u otro, la liemos y no
lleguemos a verte ni a estar contigo nunca.
¿Quieres decir <<ir al cielo>>?

Sí. A todos nos da miedo ir al infierno.
De modo que por eso os habéis colocado allí de entrada: para evitar ir allí ¡Hummm...! ¡Una estrategia interesante!
¿Lo ves? ¡Vuelves a ser impertinente!
No puedo ayudarte. ¡Todo este asunto del infierno hace que surja lo peor de Mí!
¡Desde luego, eres un buen comediante!
¿Has necesitado todo este tiempo para descubrirlo? ¿Te has fijado en el mundo últimamente?
Eso me hace pensar en otra pregunta. ¿Por qué no arreglas el mundo, en lugar de permitir que se vaya al infierno?
¿Por qué no lo haces tú?
Yo no tengo el poder de hacerlo.
¡Tonterías! Tienes el poder y la capacidad de acabar con el hambre en el mundo en este momento, de curar las
enfermedades en este instante. ¿Y si te dijera que vuestro propio estamento médico oculta métodos de curación,
se niega a aceptar medicinas y procedimientos alternativos, porque amenazan la propia estructura de la profesión
de <<curar>>? ¿Y si te dijera que los gobiernos no quieren acabar con el hambre en el mundo? ¿Me creerías?
Este asunto me ha traído de cabeza. Sé que ese es el punto de vista populista, pero no puedo creer que realmente
sea cierto. Ningún médico niega una curación. Nadie quiere ver morir a sus compatriotas.
Ningún médico individual; es cierto. Ningún compatriota particular; es correcto. Pero cuando hablamos del
estamento médico y del estamento político, hablamos de algo institucionalizado, y son las instituciones las que lo
hacen, a veces de manera muy sutil, a veces incluso inconsciente, pero inevitablemente... ya que, para dichas
instituciones, se trata de una cuestión de supervivencia.
Así, por ponerte sólo un ejemplo muy sencillo y evidente, los médicos occidentales rechazan la eficacia curativa de
los médicos orientales porque aceptarla, admitir que determinadas modalidades alternativas pueden proporcionar
una curación, supondría desgarrar el propio tejido de la institución tal como está estructurado.
Esto no es malévolo, pero es insidioso. El estamento no lo hace porque sea malo; lo hace porque tiene miedo.
Todo ataque es una llamada de socorro.
Eso lo he leído en un libro.
Yo lo puse allí.
¡Chico, tienes una respuesta para todo!
Eso me recuerda que no hemos hecho más que empezar con tus preguntas. Estábamos hablando de cómo poner
tu vida en marcha. Cómo hacer que <<despegue>>. Estaba hablando del proceso de creación.
Sí, y yo no dejaba de interrumpirte.
Eso está bien, pero volvamos a ello, pues no nos interesa perder el hilo de algo muy importante.
La vida es una creación, no un descubrimiento.
No vives cada día para descubrir qué te espera ese día, sino para crearlo. Estás creando tu realidad cada minuto,
probablemente sin saberlo.
He aquí el cómo y el porqué:
1. Yo os he creado a imagen y semejanza de Dios.
2. Dios es el creador.
3. Sois tres en uno. Puedes llamar a esos tres aspectos del ser como quieras: Padre, Hijo y Espíritu Santo;
mente, cuerpo y espíritu; superconsciente, consciente y subconsciente.

4. El proceso de creación procede de estas tres partes de vuestro cuerpo. Dicho de otro modo, creáis a los tres
niveles. Las herramientas de creación son: el pensamiento, la palabra y la obra.
5. Toda creación se inicia con el pensamiento (<<Procede del Padre>>). Toda creación pasa después a la
palabra (<<Pedid y se os dará, hablad y se os hará>>). Toda creación se completa en la obra (<<Y el verbo se
hizo carne, y habitó entre nosotros>>).
6. Aquello que pensáis pero no decís crea a un nivel. Aquello que pensáis y decís crea a otro nivel. Aquello que
pensáis, decís y hacéis se hace manifiesto en vuestra realidad.
7. Pensar, decir y hacer algo, si no creéis verdaderamente en ello, es imposible. Por lo tanto, el proceso de
creación debe incluir la creencia, o el conocimiento. Éste es fe absoluta. Esta más allá de la esperanza. Es
conocimiento de una certeza (<<Por vuestra fe seréis sanados>>). En consecuencia, la parte activa de la
creación incluye el conocimiento. Se trata de una claridad esencial, una certeza total, una completa aceptación
de algo en tanto realidad.
8. Este nivel de conocimiento es un nivel de intensa e increíble gratitud. Es un agradecimiento por adelantado. Y
quizás sea ésta la clave más importante de la creación: estar agradecido antes de, y por, la creación. Esta
actitud de darla ya por hecha no es algo que haya que perdonar, sino algo que hay que alentar. Es un signo
seguro de la cualidad de Maestro. Todos los Maestros saben por adelantado que la obra se ha realizado.
9. Celebra y disfruta de todo lo que creas y has creado. Rechazar cualquier parte de ello significa rechazarte a ti
mismo. Sea lo que sea lo que se presente como parte de tu creación, poséelo, reivindícalo, bendícelo,
agradécelo. Procura no condenarlo (<<¡maldita sea!>>), puesto que condenarlo significa condenarte a ti
mismo.
10. Si hay algún aspecto de tu creación del cual veas que no disfrutas, bendícelo y simplemente cámbialo. Elige de
nuevo. Provoca una nueva realidad. Piensa una nueva idea. Pronuncia una nueva palabra. Haz algo nuevo.
Hazlo con magnificencia, y el resto del mundo te seguirá. Pídelo. Exígelo. Di: <<Yo soy el Camino y la Vida.
Sígueme>>.
De este modo se manifiesta la voluntad de Dios, <<así en la Tierra como en el Cielo>>.
Si es tan sencillo como eso, si todo lo que necesitamos son esas diez etapas, ¿por qué no es así para la mayoría
de nosotros?
Sí es así, y para todos vosotros. Algunos de vosotros utilizáis el <<sistema>> conscientemente, con pleno
conocimiento, y otros lo utilizáis inconscientemente, sin saber siquiera lo que estáis haciendo.
Algunos de vosotros camináis despiertos, y otros camináis dormidos.
Pero todos vosotros estáis creando vuestra realidad - creando, no descubriendo -, utilizando el poder que os he
dado y el proceso que acabo de describir.
Así pues, me has preguntado cuando <<despegará>> tu vida, y te he dado la respuesta.
Harás que tu vida <<despegue>> cuando, primero, logres pensar en ella con suma claridad. Piensa en lo que
quieres ser, hacer y tener. Piensa en ello a menudo, hasta que lo veas muy claro. Entonces, cuando logres dicha
claridad, no pienses en nada más. No imagines otras posibilidades. Disciplina tu mente para que mantenga con
firmeza el pensamiento creador original.
Cuando tus pensamientos sean claros y firmes, empieza a hablar de ellos como verdades. Grítalos fuerte. Utiliza el
gran mandato que hace surgir el poder creador: yo soy. Afirma <<yo soy>> a los demás. <<Yo soy>> constituye la
más poderosa afirmación creadora del universo. Sea lo que sea lo que pienses, sea lo que sea lo que digas, tras
las palabras <<yo soy>> ello pondrá en movimiento dichas experiencias, hará que surjan, las llevará a ti.
No hay ningún otro modo de que el universo pueda funcionar. Ninguna otra ruta que pueda tomar. El universo
responde al <<yo soy>> como un genio en una botella.
Dices <<Libera toda duda. Rechaza todo temor. Descarta todo pesimismo>>, como si dijeras <<Póngame una
barra de pan>>. Pero todo esto resulta más fácil de decir que de hacer. <<Desecha todos los pensamientos
negativos de tu construcción mental>> podría ser también <<sube al Everest antes de almorzar>>. Se trata de una
orden excesivamente grande.
Canalizando tus pensamientos, ejerciendo un control sobre ellos, no es tan difícil como parece. (En este sentido,
tampoco lo es subir al Everest.) Es cuestión de disciplina. Es cuestión de proponérselo.
El primer paso consiste en aprender a controlar sus pensamientos; a pensar en lo que piensas.
Cuando te sorprendes a ti mismo teniendo pensamientos negativos - pensamientos que nieguen tu más alta idea
de ti mismo -, piensa otra vez. Quiero que lo hagas literalmente. Si piensas que estas abatido, hecho polvo, y que
de ahí no puede salir nada bueno, piensa otra vez. Si piensas que el mundo es un lugar malo, lleno de

acontecimientos negativos, piensa otra vez. Si piensas que tu vida se rompe en pedazos, y te parece que nunca la
podrás recomponer, piensa otra vez.
Puedes entrenarte en hacer esto. (¡Fíjate en lo bien entrenados que estáis en no hacerlo!)
Gracias. Nunca nadie me había expuesto el proceso de una manera tan clara. Quisiera que fuera tan fácil de hacer
como de decir; pero, al menos, creo que ahora lo entiendo con claridad.
Bueno. Si necesitas un repaso, disponemos de varias vidas.

CAPÍTULO 5
¿Cuál es el auténtico camino hacia Dios? ¿La renuncia, como creen los yoguis? ¿Y el llamado sufrimiento? ¿Es el
sufrimiento y el servicio la vía para llegar a Dios, como afirman muchos ascetas? ¿Ganaremos el cielo si <<somos
buenos>>, como enseñan tantas religiones? ¿O bien somos libres de actuar como queramos, de violar o ignorar
cualquier norma, de dejar de lado todas las enseñanzas tradicionales, de sumergirse en la satisfacción inmoderada
de todos los deseos, para así hallar el nirvana, como afirman muchos filósofos de la Nueva Era? ¿Cuál es el
camino: unos patrones morales estrictos, o hacer lo que a uno le venga en gana? ¿Cuál: los valores tradicionales,
o improvisar sobre la marcha? ¿Cuál: los Diez Mandamientos, o las Siete etapas de la Iluminación?
Tienes una gran necesidad de que sea un camino u otro, ¿no? ¿No podrían ser todos ellos?
No lo sé. Es lo que pregunto.
Te contestaré, pues, del modo que mejor puedas entenderlo; aunque déjame que te diga que la respuesta está
dentro de ti. Se lo digo a todos aquellos que escuchan Mis palabras y buscan Mi Verdad.
Se manifiesta a todo corazón que se pregunte seriamente cuál es el camino hacia Dios; a cada uno le es dada una
sincera Verdad. Ven a Mí por el camino de tu corazón, no a través del viaje de tu mente. Nunca me encontraras en
tu mente.
Para conocer realmente a Dios, has de apartarte de tu mente.
Pero tu pregunta requiere una respuesta, y no quiero alejarme de la cuestión.
Empezaré con una afirmación que te asustará, y que quizá ofenda la sensibilidad de mucha gente. No existen los
Diez Mandamientos, ni nada parecido.
¡Dios mío! ¿No?
No. ¿Quién habría de mandarlos? ¿Yo? ¿Y para qué se necesitarían tales mandamientos? Cualquier cosa que yo
quiera, es. N'est ce pas? Entonces, ¿para que hace falta mandar nada?
Y, si yo hubiera promulgado mandamientos, ¿no se cumplirían automáticamente? ¿Cómo podría querer que algo
fuera tan mal que Yo lo mandara, y luego me sentara y observara que no era así?
¿Qué clase de rey haría eso? ¿Qué clase de gobernante?
Pero déjame que te diga que Yo tampoco soy un rey ni un gobernante. Soy simple y asombrosamente, el Creador.
Pero el Creador no gobierna, sino que sencillamente crea; crea y sigue creando.
Yo os he creado ha vosotros - y os he bendecido - a imagen y semejanza mía. Y os he hecho ciertas promesas y
he establecido ciertos compromisos con vosotros. Os he dicho, en un lenguaje sencillo, qué pasará con vosotros
cuando seáis uno conmigo.
Tú eres un buscador sincero, como lo era Moisés. También el, como sabes, se alzo frente a Mí pidiéndome
respuestas. <<¡Oh, Dios de Mis Padres - clamaba -, Dios mío, dígnate mostrarte a mí. Dame una señal que yo
pueda contar a mi pueblo! ¿Cómo podemos saber que somos los elegidos?>>
Y Yo acudí a Moisés, tal como ahora he acudido a ti, con una divina alianza - una eterna promesa -, un
compromiso cierto y seguro. <<¿Cómo puedo estar seguro?>>, preguntaba Moisés quejumbrosamente. <<Porque
Yo te lo he dicho - le respondí -. Tienes la palabra de Dios.>>
Y la palabra de Dios no era un mandamiento, sino una alianza. Éstos, pues, son los...
DIEZ COMPROMISOS
Sabrás que has emprendido el camino hacia Dios, y sabrás que has encontrado a Dios, porque se darán estas
señales, estas indicaciones, estos cambios en ti:

1. Amaras a Dios con todo tu corazón, con toda tu mente, con toda tu alma. Y no tendrás más Dios que Yo.
Dejarás de rendir culto al amor humano, o al éxito, al dinero o al poder, ni a ningún símbolo de estos. Apartarás
de ti esas cosas como un niño aparta los juguetes. No porque sean indignas, sino porque se te habrán
quedado pequeñas.
Y sabrás que has emprendido el camino hacia Dios porque:
2. No usarás el nombre de Dios en vano. Ni me invocarás para frivolidades. Entenderás el poder de las palabras
y de los pensamientos, y no pensarás en invocar el nombre de Dios de una manera impía No utilizarás Mi
nombre en vano porque no podrás hacerlo, puesto que Mi nombre - el Gran <<Yo Soy>> - nunca se usa en
vano (es decir, sin resultado), ni puede usarse. Y cuando hayas encontrado a Dios, lo sabrás.
Y te daré también estas otras señales:
3. Te acordarás de reservarme un día, al que llamarás santo. Esto, para que lo que hagas no se quede en ilusión,
sino que te haga recordar quién y qué eres. Y, luego, pronto llamarás a cada día Domingo, y a cada momento
santo.
4. Honrarás a tu padre y a tu madre; y sabrás que eres el hijo de Dios cuando honres a tu Padre/Madre Dios en
todo lo que digas, hagas o pienses. Y en la medida en que honres a tu Padre/Madre Dios, y a tu Padre y a tu
Madre en la Tierra (pues ellos te han dado la vida), así también honrarás a todo el mundo.
5. Sabrás que has encontrado a Dios cuando sepas que no asesinarás (es decir, que no matarás
deliberadamente y sin causa), pues, aunque sepas que en ningún caso puedes acabar con otra vida (toda vida
es eterna), no querrás poner fin a ninguna encarnación concreta, ni cambiar ninguna energía vital de una forma
a otra, sin la más sagrada justificación. Tu nuevo respeto por la vida hará que respetes todas las formas de
vida - incluyendo las plantas y animales -, y solo las alterarás si es en aras de un bien mayor.
Y también te enviará estas otras señales, para que sepas que te hallas en el camino:
6. No mancharás la pureza del amor con la falta de honradez y el engaño, puesto eso es adulterio. Te prometo
que, cuando hayas encontrado a Dios, no cometerás adulterio.
7. No tomarás lo que no sea tuyo, ni cometerás fraude ni estafa, ni harás daño a otro para poseer algo, puesto
que eso sería robar. Te prometo que, cuando hayas encontrado a Dios, no robarás
Ni
tampoco...
8. ...dirás algo que no sea verdad; y, por lo tanto, no levantarás falso testimonio.
9. ...codiciarás a la esposa de tu prójimo; ya que, ¿por qué ibas a querer a la esposa de tu prójimo, si sabes que
todas las demás son tus <<esposas>>?
10. ...codiciarás los bienes de tu prójimo; ya que, ¿por qué ibas a querer los bienes de tu prójimo, si sabes que
todos los bienes pueden ser tuyos, y que todos los bienes pertenecen al mundo?
Sabrás que has encontrado el camino hacia Dios cuando veas estas señales, pues te prometo que nadie que
realmente busque a Dios hará estas cosas durante mucho tiempo; sería imposible que continuara realizando estas
conductas.
Estas son vuestras libertades, no vuestras restricciones; estos son mis compromisos, no mis mandamientos;
puesto que Dios no manda sobre lo que ha creado, sino que simplemente dice a sus hijos: así es como sabréis que
llegáis a casa.
Moisés preguntaba sinceramente: <<¿Cómo puedo saberlo? Dame una señal>>. Formulaba la misma pregunta
que tú planteas ahora. La misma cuestión que plantea todo el mundo, en cualquier lugar, desde el principio de los
tiempos. Mi respuesta es igualmente eterna. Pero nunca ha sido, ni nunca será, un mandamiento. ¿A quién iba a
mandar? ¿Y a quién iba a castigar si mis mandamientos no se cumplían?
Sólo a Mí mismo.
Entonces, no tengo que cumplir los Diez Mandamientos para ir al cielo...
No existe ese <<ir al cielo>> ni nada semejante. Sólo existe una certeza de que ya estás allí. Sólo existe una
aceptación, un conocimiento; no un trabajo o un esfuerzo para merecerlo.
No puedes ir a un sitio si ya estás en él. Para hacerlo, tendrías que abandonar el sitio donde estás, y eso frustraría
todo el propósito del viaje.
La ironía es que la mayoría de las personas creen que deben abandonar el sitio donde están para alcanzar el lugar
a donde quieren ir. Así, abandonan el cielo con el fin de alcanzar el cielo, cosa que hacen pasando por el infierno.
La iluminación consiste en entender que no hay ningún sitio adonde haya que ir, nada que se tenga que hacer, ni
nadie que se tenga que ser, excepto precisamente quien uno está siendo en este momento.
Estáis haciendo un viaje a ninguna parte.
El cielo - como lo llamáis - no esta en ninguna parte. Y, de estarlo, está aquí y ahora.

¡Todo el mundo dice lo mismo! ¡Al final me volveré loco! Si <<el cielo está aquí y ahora>>, ¿cómo es que no lo
veo? ¿Por qué no lo percibo? ¿Y por qué el mundo es la porquería que es?
Entiendo tu frustración. Es casi tan frustrante tratar de entender todo esto como tratar de hacer que alguien lo
entienda.
¡Eh! ¡Espera un momento! ¿Intentas decirme que Dios puede sentir frustración?
¿Quién crees que invento la frustración? ¿Imaginas acaso que vosotros podéis experimentar algo que Yo no
pueda?
Te lo aseguro: cualquier experiencia que vosotros tengáis, Yo la tengo. ¿No ves que me estoy experimentando a
Mí mismo a través vuestro? ¿Para qué otra cosa crees que es todo esto?
De no ser por vosotros, Yo no podría conocerme a Mí mismo. Yo os creé de modo que pudiera conocer Quién Soy.
Ahora bien, no quisiera destruir todas vuestras ilusiones sobre Mí de golpe; así, te diré que en mi forma más
sublime, lo que vosotros llamáis Dios, no experimento frustración.
¡Vaya! ¡Eso está mejor! Por un momento, me habías asustado.
Pero no es por que no pueda, sino sencillamente porque no quiero. Por cierto que tú podrías tomar la misma
decisión.
Bueno, frustrado o no, aún me pregunto como puede ser que el cielo esté aquí, y yo no lo experimente.
No puedes experimentar lo que no sabes. Y no sabes que estás en el <<cielo>> aquí y ahora porque no lo has
experimentado. Y es que para ti es un círculo vicioso. No puedes - todavía no has encontrado la manera experimentar lo que no sabes, y no puedes saber lo que no has experimentado.
Lo que te invita a hacer la iluminación es saber algo que no has experimentado y, así, experimentarlo. El saber
abre la puerta a la experiencia, y tú crees que es al revés.
En realidad, sabes muchas más cosas de las que has experimentado. Pero simplemente no sabes que lo sabes.
Por ejemplo, sabes que hay un Dios. Pero puede que no sepas que lo sabes, y, de este modo, sigues esperando la
experiencia. Y constantemente la estás teniendo. Pero la estás teniendo sin saberlo, lo cual es como no tenerla en
absoluto.
¡Chico, estamos moviéndonos en círculo!
Efectivamente. Tal vez, en lugar de movernos en círculo, deberíamos ser el propio círculo. Ese no sería un círculo
vicioso, sino un círculo sublime.
¿Forma parte la renuncia de la auténtica vida espiritual?
Sí, puesto que al final todo Espíritu renuncia a lo que no es real, y nada de lo que alcanzas en la vida es real, salvo
tu conversación conmigo. Sin embargo, no se requiere una renuncia en el sentido clásico de negación de sí mismo.
Un auténtico Maestro no se <<priva>> de nada. Un auténtico Maestro simplemente prescinde de ello, como haría
con cualquier cosa que hubiera dejado de tener utilidad para él.
Hay quienes dicen que debes superar tus deseos. Yo te digo simplemente que los cambies. Lo primero supone
una rigurosa disciplina; lo segundo, un divertido ejercicio.
Hay quienes dicen que, para conocer a Dios, debes superar todas las pasiones terrenales. Sin embargo, es
suficiente con entenderlas y aceptarlas. Aquello a lo que te resistas, persistirá; aquello que mires, desaparecerá.
Quienes procuran tan insistentemente superar todas las pasiones terrenales, a menudo ponen en ello más empeño
del que uno podría imaginar, con lo cual eso mismo se convierte en su pasión. Tienen una <<pasión por Dios>>;
pasión por conocerle. Pero una pasión siempre es una pasión, y cambiar una por otra no sirve para que
desaparezca.
Por lo tanto, no juzgues lo que sientes como apasionado. Simplemente obsérvalo, y luego mira a ver si te sirve en
función de quién y qué quieres ser.
Recuerda que estas constantemente en el acto de crearte a ti mismo. En cada momento, estás decidiendo quién y
qué quieres ser. Y en gran parte, lo estás decidiendo a través de las opciones que tomas con respecto a quién y
qué piensas que es apasionado.

Con frecuencia, una persona de la que dirías que sigue un camino espiritual parece que haya renunciado a toda
pasión terrenal, a todo deseo humano. Lo que ha hecho es entenderlo, ver la ilusión, y prescindir de las pasiones
que no le sirven; pero amando siempre la ilusión que lo ha llevado hasta allí: la posibilidad de ser enteramente feliz.
La pasión es el amor convertido en acción. Es el combustible que alimenta el motor de la creación. Es el cambio de
los conceptos a la experiencia.
La pasión es el fuego que nos lleva a expresar quienes realmente somos. Nunca niegues la pasión, pues eso
equivale a negar Quien Eres y Quien Quieres Realmente ser.
La renuncia nunca supone negar la pasión; supone simplemente no preocuparse por los resultados. La pasión es
amor por el hacer. El hacer es ser experimentado. Pero ¿qué es lo que se crea a menudo como parte del hacer?:
expectativas.
Vivir tu vida sin expectativas - sin la necesidad de obtener unos resultados determinados -: eso es la libertad. Eso
es la santidad. Así es como Yo vivo.
¿Tú te preocupas por los resultados?
En absoluto. Mi alegría reside en la creación, no en sus consecuencias. La renuncia no es una decisión de negar la
acción; es una decisión de negar la necesidad de obtener un determinado resultado. Hay una gran diferencia.
¿Podrías explicarme qué quieres decir cuando afirmas: <<La pasión es el amor convertido en acción>>?
El ser es él más alto estado de la existencia, su esencia más pura. Es el aspecto de Dios como <<ahora y no
ahora>>, <<todo y no todo>>, <<siempre y nunca>>.
El ser puro es la divinidad pura.
Sin embargo, nunca ha sido suficiente para nosotros simplemente ser. Siempre hemos suspirado por experimentar
Quienes Somos; y ello requiere un aspecto totalmente distinto de la divinidad: el hacer.
Digamos que, en el fondo de vuestro maravilloso Yo, sois ese aspecto de la divinidad llamado amor. (Por cierto:
esa es la Verdad acerca de vosotros.)
Ahora bien: una cosa es ser amor, y otra muy distinta hacer un acto de amor. El alma anhela hacer algo de lo que
es, con el fin de conocerse a sí misma en su propia experiencia. Así, tratará de realizar su más alta idea por medio
de la acción.
Este impulso a actuar es lo que se llama pasión. Mata la pasión, y matarás a Dios. La pasión es Dios que quiere
manifestarse.
Pero es que, una vez Dios (o Dios-en-vosotros) hace ese acto de amor, Dios ya se ha realizado, y no necesita
nada más.
El hombre, por su parte, a menudo siente que necesita un beneficio a cambio de su inversión. Si amamos a
alguien, bien; pero mejor si también somos amados... y cosas por el estilo.
Eso no es pasión. Eso son expectativas.
He aquí la principal fuente de la infelicidad humana. Eso es lo que separa al hombre de Dios.
La renuncia aspira a poner fin a dicha separación por medio de la experiencia que algunos místicos orientales han
llamado samadhi. Es decir, la unidad y unión con Dios; la fusión con y en la divinidad.
La renuncia por lo tanto, renuncia a los resultados; pero nunca jamás renuncia a la pasión. En realidad, el Maestro
sabe intuitivamente que la pasión es el camino; es la vía de la auto-realización.
Incluso en una perspectiva terrenal se puede afirmar con bastante exactitud que, si uno no siente pasión por nada,
no tiene vida en absoluto.
Antes has dicho: <<Aquello a lo que te resistas, persistirá; aquello que mires, desaparecerá>>. ¿Puedes
explicármelo?
No puedes resistirte a algo sin que ello implique darle realidad. El acto de resistirse a una cosa es el acto de darle
vida. Cuando te resistes a una energía, reconoces que está ahí. Cuanto más te resistas a algo, más real lo harás,
sea lo que sea aquello a lo que te resistas.
Aquello ante lo cual abras los ojos y lo mires, desaparecerá; es decir, dejará de mostrar su forma ilusoria.
Si tú miras algo - lo miras realmente -, verás a su través; y a través de cualquier ilusión que muestre, aparecerá
ante tus ojos sólo su realidad última. Frente a la realidad última, tu insignificante ilusión no tiene ningún poder. No
puede seguir manteniendo su poder debilitador sobre ti. Verás su verdad, y la verdad te hará libre.
Pero ¿qué ocurre si no quieres que desaparezca lo que estás mirando?

¡Debes quererlo siempre! No hay nada que conservar en vuestra realidad. Pero si escoges la ilusión de tu vida
antes que la realidad última, puedes simplemente recrearla, tal como la creaste en un principio. De este modo,
puedes tener en tu vida aquello que decidas tener, y eliminar de tu vida aquello que ya no desees experimentar.
Pero nunca te resistas a nada. Si piensas que por medio de tu resistencia lo eliminarás, piensa otra vez. Lo único
que harás es colocarla con más firmeza en su lugar. ¿No te he dicho ya que todo pensamiento es creador?
¿Incluso un pensamiento que diga que no quiero algo?
Si no lo quieres, ¿por qué piensas en ello? No le concedas un segundo pensamiento. Pero si debes pensar en ello
- es decir, si no puedes dejar de pensar en ello -, entonces no te resistas. En lugar de ello, mira a lo que sea
directamente, acepta tu realidad como creación tuya, y luego decide mantenerlo o no, según desees.
¿De qué dependería esa decisión?
De Quién y Qué piensas que Eres. Y de Quién y Qué decides Ser.
De esto es de lo que depende toda decisión, cualquier decisión que hayas tomado en tu vida y puedas tomar en el
futuro.
Así, una vida de renuncia ¿es un camino equivocado?
No exactamente. El término <<renuncia>> tiene un significado equívoco. En realidad, no puedes renunciar a nada,
pues aquello a lo que te resistes, persistirá. La auténtica renuncia no renuncia a nada; simplemente escoge de
forma distinta. Se trata de un movimiento hacia algo, no de un alejamiento de algo.
No puedes alejarte de algo, pues te perseguirá y volverá una y otra vez. Por lo tanto, no te resistas a la tentación;
simplemente, apártate de ella. Acércate a Mí y apártate de cualquier cosa distinta de Mí.
Pero debes saber esto: no existen los caminos equivocados, puesto que en este viaje no puedes <<dejar de ir>>
adonde vas.
Es simplemente una cuestión de velocidad, sencillamente un cuestión de cuándo llegarás; pero también eso es
una ilusión, ya que no existe el <<cuándo>>, como tampoco existen el <<antes>> o el <<después>>. Solo existe el
ahora; un eterno momento del siempre en el que te experimentas a ti mismo.
Entonces, ¿qué sentido tiene? Si no hay ningún camino que <<recorrer>>, ¿qué sentido tiene la vida? ¿Para qué
debemos preocuparnos por nada de lo que hagamos?
Bueno. Por supuesto, no debéis; pero haríais bien estando atentos. Simplemente, observad quiénes y qué sois,
hacéis y tenéis, y mirad a ver si eso os sirve.
El sentido de la vida no es ir a un lugar; es darse cuenta de que ya estáis allí, y siempre habéis estado. Estás
constantemente y para siempre, en el momento de creación pura. El sentido de la vida es, pues, crear quiénes y
qué sois, y luego experimentarlo.

CAPÍTULO 6
¿Y qué ocurre con el sufrimiento? ¿Es el sufrimiento el camino hacia Dios? Algunos dicen que es el único camino...
A mí no me gusta el sufrimiento, y si alguien dice lo contrario es que no me conoce.
El sufrimiento es un aspecto innecesario de la experiencia humana. No sólo es innecesario; es también insensato,
desagradable y peligroso para la salud.
Entonces, ¿por qué hay tanto sufrimiento? ¿Por qué Tú, si eres Dios, no le pones fin, ya que tanto te desagrada?
Ya le he puesto fin. Pero sencillamente os negáis a utilizar las herramientas que os he dado para hacerlo.
Y es que el sufrimiento no tiene nada que ver con los acontecimientos, sino con cómo reacciona uno ante ellos.
Lo que sucede es meramente lo que sucede. Pero lo que uno piense de ello es otra cuestión.
Yo os he dado las herramientas con las que responder y reaccionar ante los acontecimientos de modo que el dolor
disminuya - en realidad, se elimine -, pero no las habéis utilizado.
Perdona, pero ¿por qué no eliminas los acontecimientos?

Una buena pregunta. Desgraciadamente, Yo no los controlo en absoluto.
¿Qué no los controlas en absoluto?
Por supuesto que no. Los acontecimientos son sucesos en el tiempo y el espacio que vosotros producís por
decisión propia; y Yo nunca interferiré en vuestras decisiones. Hacerlo equivaldría a ignorar la propia razón de
haberos creado. Pero todo esto ya lo he explicado antes.
Algunos acontecimientos los producís intencionadamente, y otros los atraéis más o menos conscientemente.
Algunos de ellos - los grandes desastres naturales se hallan entre los que incluís en esta categoría - los atribuís al
<<destino>>.
Sin embargo, él <<destino>> no es más que el conjunto de todos los pensamientos; en otras palabras, la
conciencia del planeta.
La <<consciencia colectiva>>...
Precisamente. Eso es.
Hay quienes dicen que el mundo tiene los días contados. Nuestra ecología esta agonizando. Nuestro planeta se
encamina hacia un gran desastre geofísico: terremotos; volcanes; quizás incluso un cambio en la inclinación del eje
terrestre. Y hay otros que afirman que la consciencia colectiva puede cambiar todo eso; que podemos salvar a la
Tierra con nuestros pensamientos.
Los pensamientos se convierten en acción. Si un número suficiente de personas creen que se debe hacer algo en
auxilio del medio ambiente, salvaréis a la Tierra. Pero debéis apresuraros, pues se ha hecho ya mucho daño y
durante mucho tiempo. Y se requerirá un gran cambio de actitud.
¿Quieres decir que, si no lo hacemos, veremos cómo la Tierra es destruida, junto con sus habitantes?
Yo he hecho las leyes del universo físico lo bastante claras como para que cualquiera pueda entenderlas. Hay
leyes de causa y efecto que ya han aparecido suficientemente clarificadas a vuestros científicos, a vuestros físicos,
y, a través de ellos, a vuestros líderes mundiales. No es necesario clarificar dichas leyes una vez más.
Volvamos al sufrimiento. ¿De dónde hemos sacado la idea de que el sufrimiento es bueno, de que el santo <<sufre
en silencio>>?
El santo sí <<sufre en silencio>>, pero eso no significa que el sufrimiento sea bueno. Los aprendices de Maestro
sufren en silencio porque entienden que el sufrimiento no es el camino hacia Dios, sino más bien un signo cierto de
que todavía les queda algo que aprender en el camino hacia Dios; algo que recordar.
El auténtico Maestro no sufre en silencio en absoluto, sino que únicamente parece estar sufriendo sin quejarse. La
razón de que el auténtico Maestro no se queje es que el auténtico Maestro no está sufriendo, sino simplemente
experimentando una serie de circunstancias que vosotros llamaríais insoportables.
Un Maestro practicante no habla de sufrimiento, sencillamente porque entiende claramente el poder de la Palabra;
por tanto, simplemente decide no hablar de ello.
Hacemos real aquello a lo que prestamos atención. Y el Maestro lo sabe. El Maestro se reconoce en que escoge
aquello que decide hacer real.
Todos vosotros lo hacéis de vez en cuando. No hay ninguno de vosotros que no haya hecho desaparecer un dolor
de cabeza, o que una visita al dentista haya resultado menos dolorosa, por medio de una decisión al respecto.
Un Maestro simplemente toma la misma decisión en asuntos de mayor importancia.
Pero ¿por qué sufrimos? ¿Por qué tenemos siquiera la posibilidad de sufrir?
No podéis conocer, ni llegar a ser, aquello que sois, en ausencia de aquello que no sois, tal como ya te he
explicado.
Sigo sin entender por qué tenemos la idea de que el sufrimiento es bueno.

Actúas con buen juicio al insistir en esta pregunta. El saber originario en torno a la cuestión de sufrir en silencio se
ha pervertido de tal modo que actualmente muchos creen (y varias religiones realmente enseñan) que el
sufrimiento es bueno, y la alegría es mala. Por lo tanto, habéis decidido que, si alguien tiene cáncer y no se lo dice
a nadie, es un santo; y, en cambio, si alguien posee una sexualidad vigorosa (por elegir un tema explosivo) y lo
celebra abiertamente, es una pecadora.
¡Chico, realmente has elegido un tema explosivo! Además, has cambiado hábilmente el pronombre de masculino a
femenino. ¿Con qué idea lo has hecho?
Con la de mostrarte vuestros prejuicios. No os gusta pensar en que una mujer tenga una sexualidad vigorosa, y
mucho menos en que lo celebre abiertamente.
Preferiríais ver a un hombre agonizando sin un gemido en el campo de batalla que a una mujer haciendo el amor
con muchos gemidos en la calle.
¿Tú no?
Yo no tengo ningún juicio respecto a lo uno o lo otro. Pero vosotros tenéis toda una serie de juicios; y te diría que
son vuestros juicios los que impiden vuestra alegría, y vuestras expectativas las que os hacen infelices.
Todo esto junto es lo que causa vuestro mal - estar, y, en consecuencia, da origen a vuestro sufrimiento.
¿Cómo sé que lo que dices es cierto? ¿Cómo sé siquiera que es Dios quien me habla, y no mi propia imaginación
hiperactiva?
Eso ya me lo has preguntado antes. Y mi respuesta es la misma. ¿Qué diferencia hay? Aunque todo lo que te he
dicho estuviera <<equivocado>>, ¿se te ocurre un modo mejor de vivir?
No.
¡Entonces, lo <<equivocado >> es correcto, y lo <<correcto>> es equivocado!
Déjame que te diga algo, para ayudarte en tu dilema: no te creas nada de lo que te diga. Simplemente, vívelo.
Experiméntalo. Luego vive cualquier otro paradigma que quieras construir. Después, ten en cuenta tu experiencia a
la hora de encontrar tu verdad.
Un día, si tienes mucho valor, experimentarás un mundo en el que hacer el amor se considerará mejor que hacer la
guerra. Ese día te regocijarás.

CAPÍTULO 7
¡La vida causa tanto espanto!, ¡y es tan confusa! Quisiera que las cosas fueran más claras.
La vida no tiene nada de espantoso si no te preocupas por los resultados.
Quieres decir si no deseas nada...
Exacto. Elige, pero no desees.
Eso resulta muy fácil para aquellas personas que no tienen a nadie que dependa de ellas. Pero ¿qué pasa si uno
tiene esposa e hijos?
El camino de la familia siempre ha sido un camino muy estimulante; quizás el más estimulante. Como tú dices,
resulta muy fácil <<no desear nada>> cuando sólo te has de preocupar de ti mismo. Cuando tienes a otras
personas a las que quieres, es natural desear sólo lo mejor para ellas.
Resulta doloroso no poder darles todo lo que quisieras que tuvieran. Un hogar agradable, ropa decente, comida
suficiente... Me siento como si hubiera estado luchando durante veinte años sólo para vivir siempre haciendo
equilibrios. Y al final para nada.
¿Te refieres a la riqueza material?

Me refiero a algunas de las cosas básicas que un hombre quisiera dar a sus hijos. Me refiero a algunas de las
cosas sencillas que un hombre quisiera dar a su mujer.
Ya veo. Consideras que tu tarea en la vida es proporcionarles todas esas cosas. ¿Imaginas que es eso en lo que
consiste tu vida?
No estoy seguro de haberlo planteado de ese modo. No es que mi vida consista en eso, pero ciertamente estaría
bien que, al menos, eso fuera un subproducto.
Bien. Entonces, volvamos a ello. ¿En qué crees que consiste tu vida?
Esa es una buena pregunta. A lo largo de los años he tenido distintas respuestas a ella.
¿Cuál es tu respuesta en este momento?
Me parece tener dos respuestas a la pregunta: la respuesta a en que me gustaría creer que consiste, y la
respuesta a en qué creo que consiste.
¿Cuál es la respuesta a en que te gustaría creer que consiste?
Me gustaría creer que mi vida consiste en la evolución de mi alma. Me gustaría creer que mi vida consiste en
expresar y experimentar la parte de mí que más amo; la parte de mí que es compasión y paciencia, entrega y
ayuda; la parte de mí que es conocimiento y sabiduría, perdón y... amor.
¡Suena como si hubieras estado leyendo este libro!
Sí, y, desde luego, es un libro maravilloso a nivel esotérico; pero estoy tratando de comprender cómo
<<practicarlo>>. La respuesta a tu pregunta acerca de en qué creo realmente que consista mi vida es que consiste
en sobrevivir día a día.
¡Ah! ¿Y crees que una cosa excluye a la otra?
Bueno...
¿Crees que lo esotérico excluye la supervivencia?
La verdad es que me gustaría hacer algo más que sobrevivir. He estado sobreviviendo todos estos años; y
considero que todavía lo estoy. Pero quisiera que la lucha por la vida terminara. Considero que ir tirando día a día
es también una lucha. Quisiera hacer algo más que sobrevivir. Quisiera prosperar.
¿Y a que llamarías prosperar?
A tener lo suficiente para no tener que preocuparme de cómo conseguiré mi próximo dólar; a que no me suponga
una tensión y un esfuerzo el simple hecho de pagar el alquiler o la factura del teléfono. Quiero decir que lamento
ser trivial, pero estamos hablando de la vida real, y no de cuentos de hadas, o del romántico cuadro de la vida que
describes en este libro.
Detecto un cierto enfado...
No tanto enfado como frustración. He seguido el juego espiritual durante más de veinte años, y mira lo que he
conseguido: ¡un cheque del asilo de pobres! Y ahora acabo de perder mi trabajo, y parece que el flujo de dinero en
efectivo ha cesado de nuevo. Estoy realmente cansado de luchar. Tengo cuarenta y nueve años, y me gustaría
tener alguna seguridad en la vida para poder dedicar más tiempo a <<la esencia de Dios>>, la <<evolución>> del
alma, etc. Ahí es donde esta mi corazón, pero no es adonde mi vida me permite dirigirme...


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