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De la dictadura a la democracia. .pdf



Nombre del archivo original: De la dictadura a la democracia..pdf
Título: Dict_DemoBk_spanish
Autor: AEI Boston

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DE LA

DICTADURA
A LA

DEMOCRACIA
Un Sistema Conceptual para la Liberación
por

Gene Sharp

Traducción al Español por
Caridad Inda

La Institución Albert Einstein

La Misión del Instituto Albert Einstein
La misión del Instituto Albert Einstein es promover a nivel mundial
el estudio y uso estratégico de la acción noviolenta en casos de
conflicto. La Institución se compromete a:
• Defender libertades e instituciones democráticas
• Oponerse a la opresión, las dictaduras y el genocidio, y
• Reducir la dependencia en la violencia como herramienta politica
Para lograr estos fines se procederá de tres maneras:
• Fomentando investigaciones y estudios sobre los métodos de
acción noviolenta y su uso en diferentes conflictos en el pasado,
• Compartiendo los resultados de estos estudios con el público
por medio de publicaciones, conferencias, medios de
comunicación masiva, etc.
• Asesorando a grupos en conflicto sobre el potencial estratégico
de la acción noviolenta.

The Albert Einstein Institution
427 Newbury Street
Boston, MA 02115-1802, USA

DE LA DICTADURA
A LA DEMOCRACIA
Un Sistema Conceptual para la Liberación

DE LA

DICTADURA
A LA

DEMOCRACIA
Un Sistema Conceptual para la Liberación
por

Gene Sharp

Traducción al Español por
Caridad Inda

La Institución Albert Einstein

Todo el material que aparece en esta
publicación es del dominio público y
se puede reproducir
sin el permiso de Gene Sharp.
Se agradece mención de la fuente.
Primera impresión, diciembre 2003
De la Dictadura a la Democracia se publicó primero en Bangkok en
1993 por el Comité para la Restauración de la Democracia en
Birmania conjuntamente con Khit Pyaing (El Periódico de la Nueva
Era). Desde entonces se ha traducido a más de ocho idiomas y se
ha publicado en Serbia, Indonesia y Tailandia, entre otros países.
Impreso en los Estados Unidos de América
Impreso en papel reciclado.
The Albert Einstein Institution
427 Newbury Street
Boston, MA 02115-1801, USA
Tel: USA + 617-247-4882
Fax: USA + 617-247-4035
E-mail: einstein@igc.org
Web site: www.aeinstein.org
ISBN 1-880813-13-0

De la Dictadura a la Democracia

v

CONTENIDO
PREFACIO
UNO
ENFRENTANDO LA REALIDAD DE LAS DICTADURAS
Un problema que continúa
¿A la libertad mediante la violencia?
¿Golpes de estado, elecciones, salvadores
del extranjero?
Encarando la dura verdad

VII

1
2
4
5
8

DOS
LOS PELIGROS DE LAS NEGOCIACIONES
Ventajas y limitaciones de las negociaciones
¿Rendición negociada?
El poder y la justicia en las negociaciones
Dictadores "agradables"
¿Qué clase de paz?
Razones para la esperanza

9
10
10
12
13
14
14

TRES
¿DE DÓNDE VIENE EL PODER?
La fábula del "Amo de los Monos"
Las recursos que necesita el poder político
Centros del poder democrático

17
17
18
22

CUATRO
LAS DICTADURAS TIENEN PUNTOS DÉBILES
Identificando el "talón de Aquiles"
Puntos débiles de las dictaduras
Atacando las debilidades de las dictaduras

25
25
26
28

vi

CINCO
EJERCIENDO EL PODER
La dinámica de la lucha noviolenta
Las armas y la disciplina noviolentas
Franqueza, clandestinidad y comportamiento
intachable
Cambios en las relaciones de poder
Cuatro mecanismos del cambio
Efectos democratizadores del desafío político
La complejidad de la lucha noviolenta
SEIS
NECESIDAD DE LA PLANIFICACIÓN ESTRATÉGICA
Planificación realista
Obstáculos a la planificación
Cuatro términos importantes en la planificación
estratégica

Gene Sharp

29
30
30
34
35
35
37
39
41
42
43
45

SIETE
PLANIFICANDO LA ESTRATEGIA
Escogiendo los medios
Planificando para la democracia
Ayuda del exterior
Formulando una gran estrategia
Planificando las estrategias de campaña
Difundiendo la idea de la nocooperación
La represión y las contramedidas
Adhiriéndose al plan estratégico

49
50
51
52
53
55
58
59
60

OCHO
APLICANDO EL DESAFÍO POLÍTICO
Resistencia selectiva
El reto simbólico
Distribuyendo la responsabilidad
Apuntando hacia el poder de los dictadores
Cambios en la estrategia

61
61
62
64
64
67

De la Dictadura a la Democracia

vii

NUEVE
DESINTEGRANDO LA DICTADURA
La escalada de la liberatad
Desintegrando la dictadura
Manejando el triunfo responsablemente

69
71
72
73

DIEZ
TRABAJO PRELIMINAR PARA UNA DEMOCRACIA DURADERA
Amenaza de una nueva dictadura
Cerrándoles el paso a los golpes de estado
Redactando una constitución
Una política democrática de defensa
Una responsabilidad meritoria

77
78
78
79
80
81

APÉNDICE
LOS MÉTODOS DE LA ACCIÓN NOVIOLENTA

83

UNAS PALABRAS ACERCA DE TRADUCCIONES
Y REIMPRESIONES DE ESTA PUBLICACIÓN

vii

93

PREFACIO
Una de mis mayores inquietudes durante muchos años ha sido cómo
podría la gente evitar que una dictadura se estableciera y cómo
destruirla. Esto se ha nutrido en parte por la convicción de que los
seres humanos no deben ser ni dominados ni destruidos por
semejantes regímenes. Esta creencia se ha fortalecido con lecturas
sobre la importancia de la libertad humana y la naturaleza de las
dictaduras (desde Aristóteles hasta los analistas del totalitarismo) y
la historia de las dictaduras (especialmente en los sistemas nazi y
comunista).
A través de los años, he tenido la oportunidad de conocer personas que vivieron y padecieron bajo el régimen nazi, algunos inclusive que sobrevivieron los campos de concentración. En Noruega,
encontré algunos que habían trabajado en la resistencia al régimen
fascista y que habían sobrevivido, y oí hablar de los que habían
perecido. Hablé con judíos que se habían escapado de las garras de
los nazis y con personas que habían ayudado a éstos a salvarse.
Sobre el terror en los regímenes comunistas de los diversos
países he sabido más por libros que por contactos personales. El
terror en estos sistemas me ha parecido más agudo, ya que estos
regímenes se impusieron en nombre de liberación de la opresión y
de la explotación.
En décadas más recientes, la realidad acerca de las dictaduras
de hoy se me ha hecho más patente por la visita de personas que
vienen de países gobernados por dictaduras, tales como Panamá,
Polonia, Chile, el Tíbet o Birmania. De los tibetanos que pelearon
contra la agresión del régimen comunista chino, de los rusos que en
agosto de 1991 le cerraron el paso al golpe de estado de línea dura, o
de los trabajadores tailandeses que con prácticas noviolentas
impidieron el retorno del régimen militar, he ido adquiriendo puntos
de vista perturbadores sobre la pérfida naturaleza de las dictaduras.
Mi sentimiento de tribulación y ultraje frente a la bestialidad
impuesta, así como mi admiración ante el sereno heroísmo de
hombres y mujeres increíblemente valientes, a veces se fortaleció
cuando visité lugares donde el peligro aún era muy grande y, a pesar
de ello, el valor de la gente se empeñaba en desafiarlo. Esto ocurría
viii

Gene Sharp

ix

en el Panamá de Noriega, en Vilnius, Lituania, bajo la continua
represión soviética; en Beijing, en la plaza de Tiananmen, tanto durante la manifestación festiva por la libertad como cuando los
transportes del primer contingente armado entraron en la noche fatal; y en los cuarteles de la oposición democrática, en Manerplaw,
en la "Birmania liberada".
En ocasiones visité el lugar de los caídos, tales como la torre de
televisión y el cementerio de Vilnius, el parque público en Riga donde
la población había sido ametrallada, el centro de Ferrara, al norte de
Italia, donde los fascistas pararon en fila a los de la resistencia y los
fusilaron, y hasta un sencillo cementerio en Manerplaw repleto de
cadáveres de los que habían muerto aún demasiado jóvenes. Es
triste advertir cómo cada dictadura deja tras de sí una larga secuela
de muerte y destrucción.
De estas experiencias y consideraciones me fue creciendo una
esperanza muy firme de que sí podía impedirse el establecimiento
de las dictaduras, que se podía llevar a cabo una lucha victoriosa
contra ellas sin provocar una carnicería masiva, que sí se podían
destruir las dictaduras y evitar que surgieran otras nuevas de sus
propias cenizas.
He tratado de pensar minuciosamente acerca de los métodos
más efectivos para desintegrarlas con éxito y con el menor costo
posible en vidas y sufrimientos. Para ello he repasado mis estudios
de muchos años sobre las dictaduras, los movimientos de resistencia,
las revoluciones, el pensamiento político, los sistemas de gobierno
y, especialmente, sobre la auténtica lucha noviolenta.
El resultado de todo eso es esta publicación. Estoy seguro que
dista mucho de ser perfecta. Pero quizás ofrece alguna orientación
que apoye tanto el pensamiento como la planificación tendientes a
producir movimientos de liberación que resulten más poderosos y
eficaces de lo que serían de haber sido otro el caso.
Tanto por necesidad como por opción libre, este ensayo enfoca
el problema genérico de cómo destruir una dictadura y cómo impedir
el surgimiento de una nueva. No puedo realizar un análisis detallado
y dar una recomendación precisa en cuanto a un país determinado.
Sin embargo, espero que este análisis genérico sea útil a los pueblos
que, desafortunadamente, todavía en demasiados lugares tienen que
enfrentarse con las realidades de un régimen dictatorial. Necesitarán

x

De la Dictadura a la Democracia

examinar la validez de este texto en cuanto a su situación específica
y determinar hasta qué punto las principales recomendaciones son
aplicables, o si puede hacerse que lo sean, para su lucha de liberación.
He incurrido en varias deudas de gratitud durante la redacción
de este ensayo. Bruce Jenkins, mi ayudante especial, ha hecho una
contribución inestimable al identificar los problemas en cuanto a su
contenido y presentación, y, mediante sus agudas sugerencias, en
cuanto a una exposición más clara y rigurosa de las ideas más difíciles
(en especial en lo tocante a estrategia), a la reorganización estructural
del texto y al mejoramiento de la edición. Estoy también muy
agradecido a Stephen Cody por su asistencia editorial. El Dr. Christopher Kruegler y el Sr. Robert Helvey me brindaron su importante
crítica y consejo. Las Dras. Hazel McFerson y Patricia Parkman me
suministraron información sobre las luchas en Africa y América
Latina respectivamente. Aunque este trabajo se ha beneficiado por
un tan noble y generoso apoyo, únicamente yo soy responsable del
análisis y las conclusiones que contiene.
En ningún lugar de este trabajo asumo que el desafío contra los
dictadores será una empresa fácil y poco costosa. Todas las formas
de lucha tienen sus complicaciones y costos. El combate contra los
dictadores por supuesto causará bajas. Sin embargo, espero que este
análisis estimulará a los líderes de la resistencia a considerar
estrategias que puedan incrementar su poder efectivo y al mismo
tiempo reducir el nivel relativo de bajas.
Tampoco se interprete este análisis como que cuando se acabe
con una dictadura específica todos los demás problemas habrán
desaparecido. La caída de un régimen no trae por consecuencia una
utopía. Más bien abre el camino a un trabajo ingente y a esfuerzos
denodados a fin de construir unas relaciones políticas, económicas
y sociales más justas y erradicar otras formas de injusticia y opresión.
Es mi esperanza que este breve examen de cómo puede desintegrarse
una dictadura sea útil en cualquier lugar donde la gente vive
dominada y desea ser libre.
Gene Sharp
6 de octubre de 1993
The Albert Einstein Institution
427 Newbury Street
Boston, Massachusetts, 02115
USA

UNO
ENFRENTANDO LA REALIDAD DE LAS DICTADURAS
En años recientes, diversas dictaduras—de origen tanto interno como
externo—han caído o se han tambaleado cuando se les ha enfrentado
una población desafiante y movilizada. Aunque a menudo se las ve
como firmemente afianzadas e inexpugnables, algunas de estas
dictaduras demostraron ser incapaces de soportar el desafío
concertado del pueblo en lo político, lo económico y lo social.
A partir de 1980, las dictaduras han caído ante un desafío
predominantemente noviolento del pueblo en Estonia, Latvia y
Lituania, Polonia, Alemania Oriental, Checoslovaquia y Eslovenia,
Madagascar, Mali, Bolivia y las Filipinas. La resistencia noviolenta
ha hecho avanzar el movimiento por la democratización en Nepal,
Zambia, Corea del Sur, Chile, Argentina, Haití, Brasil, Uruguay,
Malawi, Tailandia, Bulgaria, Hungría, Zaire, Nigeria y en varias
partes de la antigua Unión Soviética (llegando a jugar un papel
significativo en la derrota del intento de golpe de estado de línea
dura de agosto de 1991).
Mas aún, el desafío político masivo1 se ha hecho presente en
China, Birmania y el Tíbet en años recientes. Aún cuando estas luchas
no han destruido a las dictaduras ni le han puesto fin a la ocupación
territorial impuesta, sí han puesto al descubierto ante la comunidad
mundial la naturaleza brutal de esos regímenes represivos, y han
1

El término "desafío político masivo", que se usa en este contexto, lo introdujo Robert Helvey. El "desafío político" es una confrontación noviolenta (protesta,
nocolaboración e intervención) que se lleva a cabo de manera desafiante y activa,
con fines políticos. El término se originó en respuesta a la confusión y distorsión
creadas cuando se daban por iguales la 'lucha noviolenta' con el "pacifismo" o la
'noviolencia reIigiosa'. La palabra "desafío" denota una deliberada provocación a
la autoridad mediante la desobediencia, y no deja lugar para la sumisión. El término
'desafío político' describe el entorno en el cual se emplea la acción (político), así
como el objetivo (eI poder político). Se usa principalmente para describir la acción
realizada por la población para retomar de manos de la dictadura el control de las
instituciones gubernamentales mediante el constante ataque a las fuentes de poder
y el uso deliberado de la planificación estratégica y de las operaciones para
alcanzarlo. En este sentido, "desafío político", "resistencia noviolenta" y "lucha
noviolenta" se usarán aquí como sinónimos intercambiables, aunque los dos últimos
términos, por lo general, se refieren a las luchas que persiguen una gama más amplia
de objetivos (sociales, económicos, sicológicos, etc.).
1

2

Gene Sharp

aportado a la población una valiosa experiencia en cuanto a esta
forma de lucha.
El derrumbamiento de las dictaduras en los países antes
mencionados ciertamente no erradicó todos los problemas de esas
sociedades—pobreza, criminalidad, ineficiencia burocrática,
destrucción del medio ambiente—que han sido frecuentemente la
herencia de aquellos regímenes brutales. No obstante, la caída de
esas dictaduras ha reducido, aunque poquísimo, mucho del
sufrimiento de las víctimas de la opresión, y ha abierto el camino
para la reconstrucción de esas sociedades con una mayor democracia
política, más libertades personales y justicia social.
Un problema que continúa
Ha habido, en verdad, una tendencia hacia una mayor democratización y libertad en el mundo durante las últimas décadas.
Según "Freedom House", que compila un expediente anual sobre el
estatus de los derechos políticos y las libertades civiles, el número
de países en todo el mundo clasificados "libres" ha crecido de manera
significativa en los últimos diez años.2
1983
1993

Libres
55
75

Parcialmente Libres No Libres
76
64
73
38

Sin embargo, esta tendencia positiva se halla atenuada porque
hay un gran número de pueblos que aún viven bajo condiciones de
tiranía. Hasta enero de 1993, el 31% de la población del mundo, de
5.45 billones, vivía en países y territorios calificados como "no libres"3;
esto es, en lugares donde los derechos políticos y las libertades civiles
están en extremo restringidos. Los 38 países y 12 territorios incluidos
en la categoría de "no libres" están gobernados por una serie de
dictaduras militares (como en Birmania y el Sudán), monarquías
tradicionales represivas (como Arabia Saudita y Bhután), por
regímenes de partido único dominante (como China, Iraq y Corea
2

Freedom House, Freedom in the World: The Annual Survey of Political Rights and Civil
Liberties, 1992-1993 (La Libertad en el Mundo: un informe anual sobre los derechos
políticos y las libertades civiles,1992-1993), p. 66 (Las cifras de 1993 son hasta enero
del mismo). Ver páginas 79-80 para una descripción de las categorías "libre",
"parcialmente libre" y "no libre" de Freedom House.
3
Freedom House, Freedom in the World,(La Libertad en el Mundo), p. 4.

De la Dictadura a la Democracia

3

del Norte), bajo una ocupación extranjera (como Tíbet o Timor
Oriental), o en un estado de transición.
Muchos países se hallan hoy en un estado de cambio rápido en
lo económico, político y social. Aunque el número de países "libres"
ha aumentado en los últimos diez años, existe un gran riesgo de que
muchas naciones, al enfrentar cambios fundamentales tan
rápidamente, se desplazarán en dirección opuesta, y acabarán
experimentando nuevas formas de dictadura. Las camarillas
militares, los individuos más ambiciosos, los funcionarios electos y
los partidos políticos doctrinales, repetidamente buscarán cómo
imponerse. Los golpes de estado seguirán estando a la orden del
día. Los derechos humanos y políticos básicos les serán negados a
un gran número de personas.
Desafortunadamente, el pasado aún está con nosotros. El
problema de las dictaduras es profundo. En muchos países el pueblo
ha vivido experiencias de décadas y hasta siglos de opresión, ora
doméstica ora de origen extranjero. Con frecuencia se les ha
inculcado insistentemente la sumisión incondicional a las figuras y
gobernantes que detentan la autoridad. En casos extremos, las
instituciones sociales, económicas, políticas y hasta religiosas de la
sociedad—aquellas fuera del control estatal—han sido
deliberadamente debilitadas, subordinadas o aún reemplazadas por
otras nuevas, y regimentadas. El estado o el partido dominante las
usa para dominar a la sociedad. A menudo la población ha sido
atomizada (convertida en una masa de individuos aislados),
incapaces de trabajar juntos para conseguir su libertad, de confiar
los unos en los otros y hasta de hacer algo por su propia iniciativa.
El resultado es predecible: la población se ha vuelto débil, carece
de confianza en sí misma y es incapaz de ofrecer resistencia alguna.
Las personas por lo general están demasiado asustadas para
compartir su odio por la dictadura y su hambre de libertad ni aún
con su familia y amigos. Están, con frecuencia, demasiado
aterrorizadas para pensar en serio en la resistencia popular. De
cualquier manera, ¿de qué iba a servir? En vez de esto asumen el
sufrimiento sin objetivo y un futuro sin esperanza.
Las condiciones bajo las dictaduras contemporáneas pueden
ser peores que antes. En el pasado, algunas personas pueden haber
tratado de resistir. Quizá hubo breves manifestaciones y protestas
masivas. Quizá los ánimos se levantaron temporalmente. En otras

4

Gene Sharp

ocasiones, individuos y pequeños grupos pueden haber hecho
valientes pero impotentes demostraciones, afirmando algún
principio o simplemente su desafío. Por muy nobles que hayan sido
los motivos, estos actos de resistencia pasados frecuentemente han
sido insuficientes para vencer el miedo de la gente y su habitual
obediencia, condición esencial para destruir una dictadura. Esas
acciones, lamentablemente, pueden en cambio haber causado
solamente más sufrimiento y muerte, no una victoria, ni aún una
esperanza.
¿A la libertad por la violencia?
¿Qué ha de hacerse en semejantes circunstancias? Las posibilidades
más evidentes parecen inútiles. Los dictadores generalmente hacen
caso omiso de las barreras constitucionales y legales, las decisiones
judiciales y la opinión pública. Reaccionando a las brutalidades, la
tortura, las desapariciones, las muertes, se entiende que todo esto
ha hecho pensar al pueblo que sólo por la violencia se puede acabar
con una dictadura. Las airadas víctimas a veces se han organizado
para combatir a los brutales dictadores, con el poco poder militar y
violencia que hayan podido reunir, y a pesar de tenerlo todo en contra. Esta gente, por lo general, ha peleado valientemente, pagando
un alto precio en sufrimientos y vidas. Sus logros a veces han sido
considerables, pero casi nunca han obtenido la libertad. Las
rebeliones violentas desencadenan violentas represiones que con
frecuencia dejan a la población más indefensa que antes.
Sin embargo, cualesquiera que sean los méritos de la opción
por la violencia, un punto está claro. Al depositar la confianza en los
medios violentos, se ha escogido precisamente el modo de lucha en el cual
los opresores casi siempre tienen la superioridad. Los dictadores pueden
aplicar la violencia irresistiblemente. No importa cuánto más o cuánto
menos estos demócratas puedan aguantar, a fin de cuentas uno
generalmente no se puede escapar de las duras realidades militares.
Los dictadores casi siempre disponen de la superioridad militar, en
cuanto a calidad de armamentos, pertrechos, transportes y tamaño
de las fuerzas armadas. A pesar de su valentía, los demócratas no
pueden emparejárseles (casi) nunca. Cuando se reconoce que la
rebelión militar no es viable, algunos disidentes se inclinan por la
guerra de guerrillas. No obstante, sólo muy raramente, si es que

De la Dictadura a la Democracia

5

alguna vez, la guerra de guerrillas beneficia a la población oprimida
o le abre paso a una democracia. La guerra de guerrillas no es
ninguna solución evidente, especialmente por la inmensa cantidad
de bajas que suelen producirse entre la gente. Esta técnica de lucha
no ofrece ninguna garantía frente a la posibilidad del fracaso, a pesar
de apoyarse en la teoría y el análisis estratégicos, y de que a veces
recibe respaldo internacional. Las luchas guerrilleras por lo general
duran mucho. Con frecuencia el gobierno en el poder reubica a la
población, con la secuela de inmensos sufrimientos humanos y
trastorno social que esto conlleva.
Aún cuando resulte victoriosa, la lucha de guerrillas tiene, a
largo plazo, considerables consecuencias negativas en lo estructural.
De entrada, el régimen atacado se hace más dictatorial como
resultado de sus contramedidas. Si en definitiva gana la guerrilla,
el nuevo régimen que de ella provenga es con frecuencia más dictatorial que el anterior, debido al impacto centralizador de las fuerzas
militares al expandirse, y por el debilitamiento o la destrucción durante la lucha de los grupos e instituciones independientes de la
sociedad--cuerpos éstos que son vitales para establecer y mantener
después una sociedad democrática. Los que se opongan a las
dictaduras deben buscar otra opción.
¿Golpes de estado, elecciones, salvadores extranjeros?
Un golpe militar contra una dictadura puede parecer, relativamente
hablando, una de las maneras más rápidas y fáciles de quitarse de
encima un régimen particularmente repugnante. Sin embargo,
existen serios problemas con respecto a esta técnica. Lo más
importante es que deja intacta la distribución negativa del poder
entre la población y la élite de control del gobierno y sus fuerzas
armadas. Lo más probable es que la supresión de personas o
camarillas de las posiciones del gobierno, dé pie para que otro grupo
semejante ocupe su lugar. Teóricamente este grupo puede ser menos
duro en su comportamiento, y más dispuesto a abrirse de manera
limitada a las reformas democráticas. Sin embargo, el caso opuesto
es lo más probable.
Después de consolidar su posición, la nueva camarilla puede
resultar más despiadada y más ambiciosa que la anterior. Por lo
tanto, la nueva camarilla—sobre la que quizá se habían fincado las

6

Gene Sharp

esperanzas—podrá hacer lo que quiera sin preocuparse de la
democracia o los derechos humanos. Esta no es una respuesta
satisfactoria al problema de la dictadura.
Bajo una dictadura las elecciones no se pueden usar como
instrumento para un cambio político significativo. Algunos
regímenes dictatoriales, tales como los del antiguo bloque oriental
dominado por la Unión Soviética, simularon elecciones sólo con el
propósito de aparentar ser democráticos. Pero estas elecciones eran
simples plebiscitos rigurosamente controlados, para obtener la
aprobación pública de los candidatos escogidos por los dictadores.
Éstos, de cuando en cuando, debido a la presión a que están
sometidos, podrían tal vez aceptar nuevas elecciones, pero éstas
estarían manipuladas para colocar marionetas civiles en los puestos
de gobierno. Si a los candidatos de la oposición se les hubiera
permitido concurrir a las elecciones, y hubieran sido electos como
ocurrió en Birmania en 1990, o en Nigeria en 1993, los resultados
habrían sido simplemente ignorados y los supuestos "vencedores"
habrían estado sujetos a intimidación, arrestados o hasta ejecutados.
Los dictadores no están interesados en unas elecciones que puedan
apartarlos de su trono.
Muchas personas que actualmente están padeciendo bajo una
dictadura, o que han tenido que exilarse para escapar de sus garras,
no creen que los oprimidos puedan liberarse por sí mismos. Ellos
no esperan que su pueblo pueda ser liberado sino por la acción de
otros. Ponen su confianza en las fuerzas extranjeras. Creen que
sólo una ayuda internacional puede ser lo bastante fuerte como para
derribar a los dictadores.
Esa visión de que los oprimidos son incapaces de actuar
eficazmente es algunas veces correcta por tiempo limitado. Como
hemos apuntado, con frecuencia la población sometida no quiere la
lucha, y está temporalmente incapacitada para ella, porque no tiene
confianza en su propia capacidad de enfrentar la dictadura feroz, y
no ve una manera razonable de salvarse por su propio esfuerzo. En
consecuencia, no es extraño que confíe sus esperanzas de liberación
a la acción de otros. Las fuerzas externas pueden ser: la "opinión
publica", las Naciones Unidas, un país en particular o sanciones
internacionales económicas y políticas.
Una situación así puede parecer consoladora, pero existen
graves problemas en cuanto a la confianza depositada en un salvador

De la Dictadura a la Democracia

7

foráneo. Esa confianza puede estar puesta en un factor totalmente
errado. Por lo general, no van a llegar salvadores extranjeros. Si
interviene otro estado, probablemente no deba confiarse en él.
Hay unas cuantas ásperas realidades con respecto a esa
confianza en la intervención extranjera que habría que destacar aquí.
• Con frecuencia los estados extranjeros tolerarán, o ayudarán inclusive, a la dictadura a fin de avanzar sus propios intereses
económicos o políticos.
• Los estados extranjeros podrían estar dispuestos a vender al
pueblo oprimido a cambio de otros objetivos, en lugar de
mantener las promesas que le hicieran de ayudarlo en su
liberación.
• Algunos estados extranjeros actuarán contra la dictadura, pero
sólo a fin de ganar para sí mismos el control económico, político
y militar del país.
• Los estados extranjeros podrían involucrarse activamente para
fines positivos sólo cuando hubiere un movimiento interno que
ya haya comenzado a sacudir la dictadura y logrado que la
atención internacional se enfoque sobre la índole brutal del
gobierno.
Por lo general, la causa principal que explica la existencia de
las dictaduras es la distribución interna del poder que existe en el
país. La población y la sociedad son demasiado débiles para causarle
un problema a la dictadura; la riqueza y el poder están concentrados
en muy pocas manos. Aunque las acciones internacionales pueden
beneficiar, o de alguna manera debilitar a las dictaduras, la
continuación de éstas depende primordialmente de factores internos.
Sin embargo, las presiones internacionales pueden ser muy
útiles cuando apoyan un poderoso movimiento de resistencia
interna. Entonces, por ejemplo, el boicot económico internacional,
los embargos, la ruptura de relaciones diplomáticas, la expulsión
del gobierno de organizaciones internacionales, la condena del
mismo por alguno de los cuerpos de las Naciones Unidas y otros
pasos semejantes, pueden contribuir grandemente. A pesar de
todo,si no existe un fuerte movimiento de resistencia interna, tales
acciones por parte de otros es poco probable que se den.

8

Gene Sharp

Encarando la dura verdad
La conclusión es dura. Cuando se quiere echar abajo una dictadura
con la mayor efectividad y al menor costo, hay que emprender estas
cuatro tareas:
• Se debe fortalecer a la población oprimida en su determinación
de luchar, en la confianza en sí misma y en sus aptitudes para
resistir;
• Se debe fortalecer a los grupos sociales e instituciones
independientes del pueblo oprimido;
• Se debe crear una poderosa fuerza de resistencia interna; y
• Se debe desarrollar un amplio y concienzudo plan estratégico
global para la liberación, y ejecutarlo con destreza.
Una lucha de liberación es un tiempo en que el grupo que lucha
adquiere confianza en sí mismo y se fortalece internamente. Charles
Stewart Parnell, durante la campaña de huelga de los rentatarios en
Irlanda, 1879—1880, dijo:
No vale la pena confiar en el gobierno... Debéis confiar sólo en
vuestra propia determinación... Ayudaos a vosotros mismos apoyándoos
los unos a los otros… Fortaleced a los más débiles de entre vosotros...
Agrupaos y organizaos... y ganaréis...
Cuando hayais madurado las condiciones para que este asunto se
resuelva, entonces—y nunca antes de ese momento—se resolverá.4
Confrontada con una fuerza firme y confiada en sí misma, con
una estrategia concienzuda y de genuina solidez, la dictadura
eventualmente se desmoronará. Estos cuatro requisitos tendrán que
ser de algún modo satisfechos siquiera en un mínimo nivel.
Como lo indican estos argumentos, el liberarse de las dictaduras,
en última instancia, depende de la capacidad que la gente tenga de
liberarse a sí misma. Los casos antes mencionados en que el desafío
político—o la lucha noviolenta con fines políticos—ha tenido éxito,
sugieren que sí existen los medios para que la población se libere a sí
misma, pero esta opción no se ha ejercido plenamente. Examinaremos
en detalle esta alternativa en los próximos capítulos. Pero antes debemos
contemplar el tema de las negociaciones como medio para desmantelar
las dictaduras.
4

Patrick Sarsfield O'Hegarty, A History of Ireland Under the Union, 1880-1922 (Una
Historia de Irlanda Bajo la Unión, 1880-1922) London: Methuen, 1952), pp. 490-491.

DOS
LOS PELIGROS DE LAS NEGOCIACIONES
Algunas personas, cuando tienen que enfrentarse a los severos
problemas de combatir una dictadura, se echan para atrás, y caen
en una sumisión pasiva (como lo vimos en el Capítulo Uno). Otras,
como no ven posibilidad alguna de alcanzar la democracia, pueden
llegar a la conclusión de que deben buscar un arreglo con la
dictadura, con la esperanza de que mediante la "conciliación", el
"compromiso" y las "negociaciones", podrán atraer a algunos
elementos positivos y acabar con las brutalidades. Superficialmente,
por carencia de opciones más realistas, esta manera de pensar es
atrayente.
Una pelea seria contra las dictaduras brutales no es una
perspectiva agradable. ¿Por qué hay que recorrer ese camino? ¿No
pueden todos ser razonables y encontrar maneras de hablar, de
negociar la forma de terminar gradualmente con la dictadura? ¿No
pueden los demócratas apelar al sentido común y de humanidad de
los dictadores, y convencerlos de que deben reducir su dominio poco
a poco, y quizás finalmente ceder por completo para que se establezca
una democracia?
A veces se argumenta que la verdad no está toda de un lado.
Quién sabe si los demócratas no han comprendido a los dictadores,
que acaso obraron con buenas intenciones y en circunstancias
difíciles. Quizá algunos piensen que los dictadores gustosamente
se separarían de la difícil situación que vive el país, si se les estimulara
o se les tentara a ello. Podría argumentarse que a los dictadores se
les debería ofrecer una solución por medio de la cual todo el mundo
saliera ganando. Los riesgos y dolores de proseguir la lucha podrían
ser innecesarios—se puede argumentar—si la oposición democrática
sólo desea terminar el conflicto pacíficamente por medio de
negociaciones (que podrían quizás contar con la ayuda de algunos
especialistas o hasta de otro gobierno). ¿No sería eso preferible a
una lucha difícil, aún cuando fuera una campaña dirigida por la
lógica de la acción noviolenta y no la de una guerra militar?

9

10

Gene Sharp

Ventajas y limitaciones de las negociaciones
Las negociaciones son un instrumento muy útil para resolver algunos
conflictos, y no deben desdeñarse o rechazarse cuando son apropiadas.
En algunas situaciones, cuando ningún asunto fundamental
está en juego y, por consiguiente, es aceptable el compromiso, las
negociaciones pueden ser un medio importante para zanjar un
conflicto. Una huelga laboral en demanda de mayores salarios es un
buen ejemplo del papel apropiado de las negociaciones en un conflicto:
un acuerdo negociado puede conseguir un aumento promediado entre las cantidades originalmente propuestas por cada una de las partes
contendientes. Los conflictos laborales, con sindicatos legalmente
establecidos, son, sin embargo, algo muy diferente de los problemas
en los cuales están en juego la existencia permanente de una dictadura
cruel o el establecimiento de la libertad política.
Cuando los asuntos por resolver son fundamentales porque
afectan principios religiosos, problemas de la libertad humana o todo
el desarrollo futuro de la sociedad, las negociaciones no llevan a una
solución satisfactoria para ambas partes. En algunos asuntos básicos
no se debe transigir. Sólo un cambio en la correlación de fuerzas a
favor de los demócratas puede salvaguardar adecuadamente los
asuntos básicos que están a discusión. Ese cambio ocurre a través de
una lucha, no mediante negociaciones. Esto no quiere decir que las
negociaciones no deban usarse nunca. El hecho es que tales
negociaciones no son un modo realista de librarse de una férrea
dictadura cuando no existe una poderosa oposición democrática.
Por supuesto que hay circunstancias en que las negociaciones
pueden no ser una opción. Los dictadores firmemente establecidos,
que se sienten muy seguros de su posición, pueden negarse a negociar
con sus opositores democráticos. 0 bien, cuando ya se hayan iniciado
las negociaciones, los negociadores democráticos pueden desaparecer
y no regresar.
¿Rendición negociada?
Los individuos o grupos que se oponen a una dictadura y se inclinan
a las negociaciones, a menudo tienen buenos motivos para hacerlo.
En especial, cuando una lucha armada ha continuado durante varios
años contra una dictadura brutal sin una victoria final, es lógico que

De la Dictadura a la Democracia

11

todas las personas, sin importar su filiación política, deseen la paz.
Es probable que los demócratas estén especialmente dispuestos a
negociar cuando los dictadores evidentemente tienen la superioridad
militar y cuando la destrucción, las víctimas y los perjuicios sufridos
entre aquéllos ya no pueden soportarse más. Habrá entonces una
fuerte tentación de explorar cualquier otra opción que pueda rescatar
al menos algunos de los objetivos de los demócratas, a la vez que
pone fin a un ciclo de violencia y contraviolencia.
La oferta de "paz" mediante negociaciones que un dictador le
haga a la oposición democrática por supuesto no es del todo sincera.
La violencia podría ser inmediatamente terminada por los propios
dictadores si tan sólo éstos dejaran de hacer la guerra contra su propio
pueblo. Bien podrían, por su propia iniciativa y sin ninguna
negociación, restaurar el respeto a la dignidad y los derechos
humanos, liberar a los presos políticos, acabar con la tortura y suspender las operaciones militares, retirarse del gobierno y hasta
pedirle excusas al pueblo.
Cuando la dictadura es fuerte pero existe una resistencia
irritante, puede que los dictadores deseen lograr la rendición de la
oposición bajo la cobertura de "hacer la paz". El llamado a negociar
puede parecer atractivo, pero dentro de la sala de negociaciones acaso
se esconderían graves peligros.
Por otra parte, cuando la oposición es excepcionalmente fuerte
y la dictadura se encuentra de veras amenazada, los dictadores
pueden buscar la negociación como una manera de salvar lo más
posible de su capacidad de control o de sus riquezas. En ninguno
de estos casos deben los demócratas ayudar a los dictadores a lograr
sus metas.
Los demócratas deben desconfiar de las trampas que los
dictadores les pueden tender con pleno conocimiento de causa durante un proceso de negociación. El llamado a negociar, cuando se
trata de cuestiones fundamentales de las libertades políticas, puede
ser un esfuerzo por parte de los dictadores para inducir a los
demócratas a rendirse pacíficamente, mientras que la violencia de
la dictadura continúa. En semejantes conflictos, las negociaciones
solamente podrán jugar un papel apropiado al final de una lucha
decisiva, en la cual el poder de los dictadores haya sido destruido y
estén éstos buscando pasaje seguro para llegar a un aeropuerto
internacional.

12

Gene Sharp

El poder y la justicia en las negociaciones
Si esta opinión parece un comentario demasiado áspero sobre las
negociaciones, quizá deba moderarse un poco el romanticismo que
se asocia con las mismas. Es necesario saber cuál es la dinámica de
las negociaciones.
Una "negociación" no significa que las dos partes se sientan
juntas, como iguales, y conversan hasta resolver el problema que
produjo el conflicto entre ellas. Es necesario recordar dos verdades.
Primera, que en las negociaciones no es la relativa justicia de los
puntos de vista en conflicto y sus objetivos lo que determina el
contenido del acuerdo negociado. Segunda, que el contenido de
éste lo determinará mayormente la capacidad de poder de cada parte.
Se deben considerar varias preguntas difíciles. ¿Qué puede
hacer cada una de las partes después para conseguir sus objetivos si
la otra decide no llegar a un acuerdo en la mesa de negociaciones?
¿Qué puede hacer cada una de las partes, luego de alcanzado el
acuerdo, si la otra rompe su palabra y usa la fuerza de la que dispone para conquistar sus objetivos a pesar del acuerdo?
En las negociaciones no se llega a un acuerdo mediante una
evaluación de lo bueno y lo malo de las cuestiones sobre el tapete.
Aunque sobre esto pueda discutirse mucho, los verdaderos
resultados de las negociaciones se derivan de una evaluación realista
de las situaciones de poder absoluto y relativo de los grupos
contendientes. ¿Qué pueden hacer los demócratas para asegurarse
de que un mínimo de sus reclamaciones no serán denegadas? ¿Qué
pueden hacer los dictadores para mantenerse en control del poder y
neutralizar a los demócratas? En otras palabras, si se llega a un
acuerdo, lo más probable es que sea el resultado del estimado que
cada parte haga de la capacidad de poder de ambas y, en
consecuencia, calcule cómo podría terminar una lucha abierta entre
las dos.
Debe prestarse atención a lo que cada parte esté dispuesta a
ceder para llegar a un acuerdo. En negociaciones exitosas hay
concesiones recíprocas. Cada parte consigue parte de lo que quiere
y cede parte de sus objetivos.
En los casos de dictadura extrema, ¿qué es lo que las fuerzas
pro-democráticas van a ceder a los dictadores? ¿Qué objetivos de
los dictadores tendrán que aceptar las fuerzas democráticas?
¿Tendrán los demócratas que conceder a los dictadores, (sean éstos

De la Dictadura a la Democracia

13

un partido político o una camarilla militar), un papel permanente,
constitucionalmente establecido, en el futuro gobierno? ¿Dónde
queda la democracia entonces?
Aún pensando que todo salga bien en las negociaciones, hace
falta preguntarse: ¿qué clase de paz saldrá de ahí? ¿Será entonces la
vida mejor o peor que si los demócratas hubieran empezado o
continuado la lucha?
Dictadores "agradables"
Una variedad de motivos y objetivos subyacen la dominación de los
dictadores: poder, posición, riqueza, la reestructuración de la
sociedad y más. Uno debe recordar que ninguno de éstos será
satisfecho si abandonan sus puestos de control. En caso de negociar,
los dictadores tratarán de preservar sus objetivos.
Cualesquiera que sean las promesas que los dictadores ofrezcan
en un acuerdo negociado, uno no debe olvidar que ellos son capaces
de prometer cualquier cosa con tal de lograr el sometimiento de las
fuerzas opositoras democráticas, y después descaradamente violar
esos mismos acuerdos.
Si los demócratas acuerdan parar la resistencia a cambio de un
alivio en la represión, van a quedar muy defraudados. Una
suspensión de la resistencia muy raramente conduce a una
disminución de la represión. Cuando cesa la presión de la oposición
interna o internacional, los dictadores pueden ejercer la opresión y
la violencia aún más brutalmente que antes. El desmoronamiento
de la resistencia popular a menudo suprime la fuerza que sirve de
contrapeso y que ha limitado el control y la brutalidad de la
dictadura. Entonces los tiranos pueden avanzar contra los que
quieran. "Porque el tirano tiene poder de obrar sólo donde se carece
de fuerza para resistir", dijo Krishnalal Shridharani.5
En los conflictos donde cuestiones fundamentales están en
juego, la resistencia, no las negociaciones, es lo esencial para el
cambio. En casi todos los casos, la resistencia debe continuar hasta
que los dictadores sean expulsados del poder. El triunfo lo determina
5

Krishnalal Shridharani, War Without Violence: A Study of Gandhi's Method and Its
Accomplishments (Guerra sin Violencia: Un Estudio en los Métodos de Gandhi y
sus Logros), (Nueva York: Harcourt, Brace, 1939, y reimpreso en Nueva York y
Londres: Garland Publishing, 1972), p. 260.

14

Gene Sharp

con más frecuencia, no la negociación de un arreglo, sino el uso
acertado de los métodos de resistencia más apropiados y poderosos
posibles. Estamos convencidos—y lo exploraremos en detalle más
adelante—que el desafío político o la lucha noviolenta es el método
más poderoso que pueden emplear los que luchan por la libertad.
¿Qué clase de paz?
Si los dictadores y los demócratas van a dialogar sobre la paz, es
necesario tener ideas claras por los peligros que ello implica. No
todos los que emplean la palabra "paz" quieren la paz con libertad y
justicia. El sometimiento a una cruel opresión y el consentimiento
pasivo frente a los dictadores desalmados, que han perpetrado
atrocidades en cientos y miles de personas, no constituye una
verdadera paz. A menudo Hitler llamó a la paz, pero lo que quería
era el sometimiento a su voluntad. Por lo general, la paz de los
dictadores no es sino la de la prisión o la tumba.
Existen otros peligros. Hay negociadores bien intencionados
que a veces confunden los objetivos de las negociaciones con el
proceso de éstas. Es más, los negociadores democráticos o los
especialistas extranjeros aceptados para asistir a los negociadores,
pueden, de un solo plumazo, dotar a los dictadores de una
legitimidad doméstica e internacional que previamente se les había
negado a causa de haberse apoderado del estado, las violaciones de
los derechos humanos y las brutalidades cometidas. Sin esa
legitimidad tan desesperadamente necesitada no pueden los
dictadores continuar gobernando indefinidamente. Los
representantes de la paz no deben suministrarles esa legitimidad.
Razones para la esperanza
Como dijimos antes, los líderes de la oposición pueden sentirse
forzados a negociar si creen que la lucha democrática carece de toda
esperanza. Sin embargo, ese sentimiento de impotencia puede
cambiarse. Las dictaduras no son permanentes. Los que viven bajo
una dictadura no tienen por qué permanecer siempre débiles y a los
dictadores no es necesario permitirles que sigan siendo poderosos
indefinidamente. Hace mucho tiempo Aristóteles apuntó: "La
oligarquía y la tiranía son las constituciones que duran menos."...

De la Dictadura a la Democracia

15

"En ninguna parte han durado mucho tiempo6." Las dictaduras
modernas también son vulnerables. Se puede agravar su debilidad
y desintegrar su poder. (En el Capítulo Cuatro examinaremos estas
debilidades con más detalle).
La historia reciente muestra la vulnerabilidad de las dictaduras,
y revela que pueden desmoronarse en un plazo relativamente corto.
Se necesitaron diez años, de 1980 a 1990, para que se viniera abajo la
dictadura comunista en Polonia, Alemania Oriental y
Checoslovaquia. En 1989 ocurrió ésto en semanas. En El Salvador y
Guatemala, en 1944, la lucha contra los brutales dictadores bien
afianzados duró aproximadamente dos semanas en cada lugar. El
poderoso régimen militar del Shah de Irán fue socavado en pocos
meses. La dictadura de Marcos en Filipinas cayó ante el empuje del
pueblo en 1986. El gobierno de los Estados Unidos abandonó
rápidamente al Presidente Marcos cuando la fuerza de la oposición
se hizo patente. El intento de golpe de estado de línea dura en la
URSS en agosto de 1991 fue bloqueado en unos días por el desafío
popular. De ahí en adelante muchas de las naciones bajo un dominio
semejante, recuperaron su independencia en sólo días, semanas o
meses.
Está claro que no es válida la antigua idea de que los métodos
violentos obran rápidamente y que los noviolentos requieren mucho
tiempo. Aunque se requiera mucho tiempo para lograr cambios en
la situación subyacente y en la sociedad, la lucha concreta contra las
dictaduras a veces ocurre con relativa rapidez por medio de la acción
noviolenta.
Las negociaciones no son la única alternativa que hay entre una
guerra continua de aniquilación por una parte y la capitulación por
la otra. Los ejemplos ya citados, así como los apuntados en el
Capítulo Uno, ilustran que existe otra opción para aquellos que
quieren tanto la paz como la libertad, y ésa es el desafío político.

6

Aristotle, The Politics, traducción de T.A.Sinclair (Harmondsworth, Middlesex,
Inglaterra; y Baltimore, Maryland: “Penguin Books” 1976 [1962]). Libro V, capítulo
12, pp. 231 y 232.

TRES
¿DE DÓNDE SE DERIVA EL PODER?
Conseguir la libertad con paz, por supuesto que no es tarea fácil. Va
a requerirse para ello una gran destreza estratégica, organización y
planificación. Sobre todo, requiere poder. Los demócratas no pueden
esperar derribar la dictadura y establecer la libertad política sin la
capacidad de ejercer su propio poder en forma eficaz.
¿Pero cómo es posible esto? ¿Qué clase de poder podrá la
oposición democrática movilizar para destruir la dictadura y su vasta
red militar y policiaca? La respuesta se encuentra en una comprensión del poder político generalmente ignorada. Llegar a este
conocimiento intrínseco no es tarea demasiado difícil. Algunas
verdades fundamentales son muy sencillas.
La fábula del "Amo de los Monos"
Una parábola china del siglo XIV, atribuida a Liu Ji, por ejemplo,
destaca muy bien esta interpretación descuidada acerca del poder
político:7
En el estado feudal de Chu, un viejo vivía de tener monos
a su servicio. Las gentes lo llamaban "ju gong": el Amo de
los Monos.
Todas las mañanas el viejo reunía a todos los monos en su
patio y ordenaba al más viejo que condujera a los demás a
la montaña a recoger fruta de los árboles y matas. La regla
era que cada mono tenía que darle al viejo la décima parte
7

Esta historieta, originalmente titulada "Rule by Tricks" ("Gobernar por Tretas"), es
del Yu-Li-Zi, de Liu Ji (1311-1375). La traducción original se publicó en Nonviolent
Sanctions: News from the Albert Einstein Institution (Sanciones Noviolentas: Noticias
de la Institución Albert Einstein), (Cambridge, Mass.) Vol. IV, No. 3 (Invierno 19921993) p. 3.
17

18

Gene Sharp

de lo que recogiera. Los que no lo hacían eran brutalmente
azotados. Todos los monos sufrían amargamente, pero
no se atrevían a protestar.
Un día, un monito les preguntó a los otros; "¿Fue el viejo
quien sembró los árboles y las matas?" Los otros le
respondieron: "No; brotaron solos." El monito les dirigió
otra pregunta: "¿No podemos nosotros coger la fruta sin
permiso del viejo?" Los otros replicaron: "Sí, todos
podemos hacerlo." El monito siguió: "¿Entonces por qué
tenemos que depender del viejo? ¿Por qué tenemos que
servirlo?"
Antes que el monito hubiera terminado su discurso todos
los monos de pronto se sintieron iluminados, y
despertaron.
Esa misma noche, al observar que el viejo se había quedado
dormido, los monos rompieron las barreras del vallado
donde se hallaban encerrados, y destruyeron el recinto por
completo. También se apropiaron de cuanta fruta el viejo
tenía guardada y se la llevaron al bosque, y nunca más
volvieron. Al fin el viejo murió de inanición.
Yu-Li-Zi dice: "Algunos hombres en el mundo gobiernan
a su pueblo mediante tretas y no por principios rectos.
¿No son éstos iguales al amo de los monos? La gente no
se ha dado cuenta de su embrutecimiento. Apenas se les
ilumine el conocimiento, las tretas dejarán de funcionar."
Los recursos que necesita el poder político
El principio es sencillo. Los dictadores requieren la ayuda de los
gobernados, sin la cual no pueden ni disponer de las fuentes de poder
ni conservarlas. Entre las fuentes del poder político se encuentran
las siguientes:

De la Dictadura a la Democracia

19

• La autoridad - la creencia entre la gente de que el régimen es
legítimo y que tiene el deber moral de obedecerlo;
• Los recursos humanos - la cantidad e importancia de las personas y grupos que obedecen a los gobernantes, cooperan
con ellos o los apoyan;
• El conocimiento y las destrezas - los que el régimen necesita
para llevar a cabo acciones específicas, y que le son suministrados por las personas y grupos que cooperan con él;
• Los factores intangibles - los factores sicológicos e ideológicos
que pueden mover a la gente a obedecer y apoyar a los
gobernantes;
• Los recursos materiales - hasta qué punto controlan los
gobernantes la propiedad o tienen acceso a ella, los recursos
naturales, el sistema económico y los medios de
comunicación y transporte; y
• Las sanciones - castigos con los que se amenaza, o que se
aplican a los desobedientes o a los que no colaboran, para
asegurar su sumisión y cooperación, necesarias ambas para
que exista el régimen y para que ponga en práctica sus
políticas.
Todas estas fuentes, sin embargo, dependen de la aceptación
del régimen, del sometimiento y obediencia de la población al mismo
y de la cooperación que le brindan innumerables personas y muchas
de las instituciones de la sociedad. Estas fuentes no están
garantizadas.
Una plena cooperación, obediencia y apoyo, harán más
asequibles los recursos que el poder necesita, y, en consecuencia,
fortalecerán la capacidad de obrar de cualquier gobierno.
Por otra parte, el negarles a los agresores y dictadores la
cooperación popular e institucional disminuye y puede anular el

20

Gene Sharp

acceso a las fuentes de poder de las que dependen los gobernantes.
Sin acceso a tales recursos, el poder de los gobernantes se debilita, y
finalmente se disuelve.
Naturalmente, los dictadores son sensibles a las acciones o ideas
que amenazan su capacidad de obrar como les dé la gana. Por lo
tanto, ellos están dispuestos a amenazar y castigar a quienes los
desobedezcan, les hagan huelgas o dejen de cooperar con ellos. No
obstante, aquí no acaba el cuento. Ni la represión ni cuantas
brutalidades se cometan siempre resultan en la recuperación del
grado de sumisión y cooperación que el régimen necesita para
funcionar.
Si, a pesar de la represión, se pueden restringir o recortar durante un tiempo suficiente los recursos de los que depende el poder,
los resultados pueden ser la incertidumbre y la confusión dentro de
la dictadura. Es probable que sobrevenga entonces un notable
debilitamiento de su poder. Con el tiempo, el quitarle los recursos
al poder producirá la parálisis y la impotencia del régimen y, en
casos muy severos, su desintegración. El poder de los dictadores se
ira muriendo, lenta o rápidamente, de inanición política.
Por lo tanto, el grado de libertad o tiranía que existe bajo
cualquier gobierno es en gran medida un reflejo de la relativa
determinación de los súbditos de ser libres , y de la voluntad y
capacidad de éstos de ofrecer resistencia a los esfuerzos que el
gobierno haga por esclavizarlos.
Contradiciendo la opinión popular, aún las dictaduras
totalitarias dependen de la población y las sociedades que gobiernan.
Como apuntó el politólogo Karl W. Deutsch en 1953:
El poder totalitario es fuerte sólo si no tiene que ejercerse
con mucha frecuencia. Si el poder totalitario tiene que
imponerse sobre toda la población y en todo momento,
no es probable que se mantenga vigoroso por mucho
tiempo. Como los regímenes totalitarios requieren más
poder que cualquier otro tipo de gobierno para
relacionarse con sus gobernados, tienen una necesidad
mayor de que los hábitos de sumisión estén más amplia y

De la Dictadura a la Democracia

21

firmemente extendidos entre su pueblo. Más aún, tienen,
en caso de necesidad, que poder contar con el apoyo activo
de porciones significativas de la población.8
John Austin, el teórico inglés del siglo XIX, describió la situación
de una dictadura que se enfrentara a un pueblo descontento. Austin argumentaba que si la mayoría de la población estaba decidida a
destruir al gobierno, y se hallaba dispuesta a soportar la represión
que le impusiera por ello, entonces el poder del gobierno, incluyendo
aquellos que lo apoyaban, no podría preservar al odiado régimen,
inclusive si recibiera ayuda del extranjero. No se podría someter de
nuevo al pueblo desafiante a la obediencia y la sumisión
permanentes, concluía Austin.9
Mucho antes, Nicolás Maquiavelo había explicado que el
princípe "... que tiene a todo el pueblo por su enemigo, nunca puede
estar seguro, y mientras mayor sea su crueldad, mas débil se irá
volviendo su régimen".10
La aplicación política de estos principios la demostraron en la
práctica los heróicos noruegos que resistieron la ocupación nazi, y,
como se mencionó en el Capítulo Uno, los valientes polacos,
alemanes, checos, eslovacos y muchos más que resistieron la agresión
comunista y su dictadura, y que finalmente contribuyeron a producir
el desmoronamiento del régimen comunista en Europa. Este, por
supuesto, no es un fenómeno nuevo. Los casos de resistencia
noviolenta se remontan por lo menos hasta el año 494 a. de C., cuando
los plebeyos les negaron su cooperación a sus amos, los patricios
romanos.11 Los pueblos en Asia, Africa, las Américas, Australasia y
8

Karl W. Deutsch, "Cracks in the Monolith" ("Grietas en el Monolito"), en la edición
de Carl J. Friedrich de Totalitarianism (El Totalitarismo), (Cambridge, Mass: Harvard
University Press, 1954), pp. 313-314.
9
John Austin, Lectures on Jurisprudence or the Philosophy of Positive Law (Conferencias
sobre Jurisprudencia o Filosofía del Derecho Positivo), (5ta. edición, revisada y
editada por Robert Campbell, vol 2, Londres: John Murray, 1911 (1861 ) Vol 1 P 296.
10
Niccolo Machiavelli "The Discourses of the First Ten Books of Livy" ("Comentarios
a las Décadas de Tito Livio"), en The Discourses of Niccolo Machiavelli (Los Comentarios
de Niccolo Machiavelli), (Londres: Routledge y Kegan Paul, 1950), Vol 1, p 254.
11
Ver Gene Sharp, The Politics of Nonviolent Action (La Política de la Acción Noviolenta),
(Boston: Porter Sargent, 1973), p 75 Y aquí y allá se encontrarán otros ejemplos
históricos.

22

Gene Sharp

las islas del Pacífico, así como en Europa han empleado la lucha
noviolenta en distintos momentos.
Tres de los factores más importantes para determinar hasta qué
grado estará o no controlado el poder del gobierno, son: 1) el deseo
relativo por parte de la población de imponerle limites al poder del
gobierno; 2) la fuerza relativa de las organizaciones e instituciones
independientes para quitarle colectivamente los recursos que
necesita el poder; y 3) la relativa capacidad por parte de la población
de negarle su consentimiento y apoyo.
Centros de poder democrático
Una de las características de la sociedad democrática es que existe
una multitud de grupos e instituciones nogubernamentales. Ellas
incluyen, por ejemplo, la familia, las organizaciones religiosas, las
asociaciones culturales, clubes deportivos, instituciones económicas,
sindicatos, instituciones estudiantiles, partidos políticos, pueblitos,
asociaciones de colonos, clubes de jardinería, organizaciones de
derechos humanos, grupos musicales, sociedades literarias y otras.
Estos cuerpos son importantes porque establecen sus propios
objetivos y también porque ayudan a satisfacer las necesidades de
la sociedad.
Además, estos cuerpos tienen un gran significado político.
Suministran las bases grupales e institucionales para que la gente
pueda ejercer su influencia en la sociedad y resistir la de otros grupos
o del gobierno cuando éstos claramente se inmiscuyan injustamente
en sus intereses, actividades y propósitos. Los individuos aislados
que no son miembros de estos grupos, por lo general se hallan
incapacitados para producir un impacto significativo en la sociedad,
mucho menos en el gobiemo, y ciertamente no en una dictadura.
Por lo tanto, si la autonomía y libertad de tales cuerpos puede
ser suprimida por los dictadores, la población quedará relativamente
indefensa. Además, si estas instituciones pueden ser controladas
dictatorialmente por el poder central, o sustituidas por otras bajo
control de aquél, podrán ser utilizadas para controlar tanto a los
miembros individuales de éstas como a las áreas correspondientes
de la sociedad.

De la Dictadura a la Democracia

23

No obstante, si la autonomía y libertad de estas instituciones
civiles independientes (fuera del control gubernamental) se pueden
mantener o recuperar, éstas serán de suma importancia para la
aplicación del desafío político. El rasgo común en los ejemplos
citados, donde las dictaduras han sido desintegradas o debilitadas,
ha sido la valiente aplicación masiva del desafío político por la
población y sus instituciones.
Como hemos afirmado, estos centros de poder sirven de bases
institucionales desde las cuales la población puede ejercer presión o
resistir los controles dictatoriales. En el futuro, serán una base
estructural indispensable para una sociedad libre. El crecimiento
continuado y la independencia de las mismas, por consiguiente, es
a menudo el requisito previo para el triunfo de una lucha de
liberación.
Si la dictadura ha tenido éxito en destruir o controlar los cuerpos
independientes de la sociedad, será importante para los que ofrezcan
resistencia, crear nuevos grupos sociales e instituciones
independientes, o tratar de recuperar el control de los cuerpos
sociales supervivientes o de los parcialmente controlados. Durante
la revolución húngara de 1956-57, apareció una multitud de "concejos
de democracia directa", que llegaron a juntarse inclusive para
establecer durante varias semanas todo un sistema federal de
instituciones y gobierno. En Polonia, durante las postrimerías de
1980, los trabajadores mantuvieron sindicatos ilegales de Solidaridad
y, en algunos casos, tomaron el control de los sindicatos oficiales
dominados por los comunistas. Algunos de estos procesos
institucionales pueden tener consecuencias políticas muy
importantes.
Por supuesto, nada de esto significa que sea fácil debilitar o
destruir una dictadura, ni que cualquier intento de hacerlo tendrá
éxito. Desde luego no quiere decir que la lucha estará libre de
víctimas, porque los que todavía estén sirviendo a la dictadura van
a contraatacar en un esfuerzo por obligar a la población a regresar a
la cooperación y la obediencia.
Sin embago, esta nueva percepción del poder significa, que la
desintegración deliberada de una dictadura sí es posible. Las dictaduras,

24

Gene Sharp

en particular, tienen características específicas que las hacen
vulnerables al desafío político diestramente implementado.
Examinemos con más detalle estas características.

CUATRO
LAS DICTADURAS TIENEN PUNTOS DÉBILES
Por lo general las dictaduras parecen invulnerables. Las agencias
de inteligencia, la policía, las fuerzas militares, las prisiones, los campos de concentración y los pelotones de fusilamiento, están
controlados por unos pocos con mucho poder. Las finanzas de un
país, sus recursos naturales y su capacidad de producción a menudo
son saqueados por los dictadores y usados para apoyar la voluntad
de los dictadores.
En comparación, los fuerzas democráticas con frecuencia
aparecen como extremadamente débiles, ineficaces e impotentes. La
percepción de la invulnerabilidad frente a la impotencia hace poco
probable una oposición efectiva.
Sin embargo, esto no agota el tema.
Identificando el talón de Aquiles
Un mito de la Grecia clásica ilustra bien la vulnerabilidad de lo
supuestamente invulnerable. A Aquiles, el guerrero, ningún golpe
podía dañarlo, y ninguna espada penetrar su piel. Cuando era un
recién nacido, se supone que su madre lo había sumergido en las
aguas del mágico río Estigio, y por eso su cuerpo estaba protegido
contra todos los peligros. Había, sin embargo, un problema. Como
el niño había sido sostenido por el talón para que no fuese arrastrado
por la corriente, el agua mágica no había cubierto esa pequeña
porción de su cuerpo. Cuando Aquiles se hizo un hombre, les parecía
a todos que era invulnerable frente a las armas enemigas. Pero en la
batalla de Troya un soldado enemigo, instruido por alguien que
conocía la debilidad de aquél, logró clavarle una flecha en el talón
desprotegido, en el único lugar donde podía ser herido. La herida
fue fatal. Todavía hoy la frase "el talón de Aquiles" se refiere a la
parte vulnerable de una persona, un plan o una institución donde si
se le ataca, no está protegida.
25

26

Gene Sharp

El mismo principio se aplica a los dictadores más desalmados.
Ellos también pueden ser vencidos, pero más rápidamente y con un
costo menor si sus debilidades pueden identificarse y se concentra
en ellas el ataque.
Puntos débiles de las dictaduras
Entre los puntos débiles de las dictaduras están los siguientes:
1. Se les puede restringir o negar la cooperación de muchas
personas, grupos e instituciones que necesitan para hacer
funcionar el sistema.
2. Los requisitos y efectos de las políticas anteriores del
régimen, de cierta manera limitan su capacidad presente
para adoptar y ejecutar políticas contrarias.
3. El sistema puede convertirse en rutinario en cuanto a su
modo de obrar y ser menos apto para ajustarse rápidamente
a situaciones nuevas.
4. El personal y los recursos ya destinados para las tareas
habituales no estarán fácilmente disponibles para nuevas
necesidades.
5. Los subordinados, temerosos de no complacer a sus
superiores, pueden no proporcionar todos los detalles de la
información que los dictadores necesitan para tomar
decisiones.
6. La ideología puede erosionarse; los mitos y símbolos del
sistema pueden perder su solidez.
7. Si hay una fuerte ideología que influye en la visión de la
realidad, una adhesión firme a la misma puede ser causa de
desatención de las condiciones y necesidades reales.

De la Dictadura a la Democracia

27

8. El deterioro de la competitividad y eficiencia de la burocracia,
o los excesivos controles y regulaciones, pueden volver
ineficaces las políticas y operaciones del sistema.
9. Los conflictos institucionales internos y las rivalidades y
hostilidades personales pueden dañar, o aún interrumpir,
las operaciones de la dictadura.
10. Los intelectuales y los estudiantes pueden impacientarse
por las condiciones o restricciones o el enfoque doctrinario y
la represión.
11. El público en general puede, con el tiempo, volverse apático
y hasta hostil al régimen.
12. Las diferencias regionales, de clase o nacionales pueden
agudizarse.
13. La jerarquía del poder de una dictadura es siempre, hasta
cierto punto, inestable y a veces lo es extremadamente; los
individuos no permanecen inmutables en sus posiciones y
rangos, sino que pueden elevarse o caer a otros niveles, o ser
separados por completo y sustituidos por un personal nuevo.
14. Sectores de la policía o de las fuerzas militares pueden actuar
para lograr sus propios objetivos, aún cuando esto sea contra la voluntad de los dictadores en el poder, y llegar hasta el
golpe de estado.
15. Si la dictadura es nueva, necesita tiempo para afianzarse
bien.
16. Como en una dictadura muy pocos toman muchas
decisiones, es probable que ocurran errores de juicio, de
política o de acción.

28

Gene Sharp

17. Si el gobierno está buscando evitar estos peligros, y
descentraliza los controles y la toma de decisiones, su control de los puntos clave para el poder puede deteriorarse aún
más.
Atacando las debilidades de la dictadura
Conociendo semejantes debilidades intrínsecas, la oposición
democrática puede buscar cómo agravar esos "talones de Aquiles"
deliberadamente, a fin de alterar el sistema drásticamente o bien
desintegrarlo.
La conclusión es obvia. A pesar de la apariencia de fuerza,
todas las dictaduras tienen sus debilidades, sus ineficiencias internas,
sus rivalidades personales, sus funcionamientos institucionales
defectuosos y sus conflictos entre organizaciones y departamentos.
Estas debilidades, con el tiempo, tienden a hacer al régimen menos
efectivo y más vulnerable a los cambios de condiciones y a la
resistencia deliberada. No todo lo que el régimen se proponga lo va
a lograr, al menos completamente. A veces, por ejemplo, aún las
órdenes directas de Hitler quedaron sin ejecutarse porque los que
estaban por debajo de él en la jerarquía se abstenían de llevarlas a
cabo. El régimen dictatorial puede a veces desbaratarse rápidamente,
como ya hemos observado.
Esto no quiere decir que las dictaduras se pueden destruir sin
riesgos ni víctimas. Cualquier curso de acción posible para lograr la
liberación incurrirá en riesgos y sufrimiento potencial, y tomará
tiempo para poder ponerse en marcha. Y, por supuesto, ningún
medio de acción puede asegurar el triunfo rápido en cada situación.
Sin embargo, los tipos de lucha que tienen como objetivo las
debilidades identificables de la dictadura, tienen más posibilidad
de éxito que aquéllos en que se busca combatir la dictadura allí donde
a todas luces ésta es más fuerte. La pregunta es: ¿cómo ha de
conducirse esta lucha?

CINCO
EJERCIENDO EL PODER
En el Capítulo Uno advertimos que la resistencia armada contra las
dictaduras no las afecta donde son más débiles sino más bien donde
son más fuertes. Al escoger competir en el campo de las fuerzas
militares, el suministro de armamentos, la tecnología armamentista
y demás, los movimientos de resistencia tienden a situarse donde
están en clara desventaja. Las dictaduras casi siempre podrán
desplazar recursos superiores en esas áreas. Hemos subrayado
también el peligro de confiar en los poderes extranjeros para la
salvación. En el Capítulo Dos examinamos los problemas que
conlleva confiar en las negociaciones como un modo de quitarse las
dictaduras de encima.
¿Cuáles son los medios disponibles que ofrecerán a la resistencia
democrática una clara ventaja y que lograrán agravar las debilidades
identificadas de las dictaduras? ¿Qué técnica de acción va a
aprovechar la teoría del poder político que discutimos en el Capítulo
Tres? La alternativa a escoger es el desafío político.
El desafío político tiene las siguientes características:
• No acepta que los resultados sean decididos por los medios
de lucha escogidos por la dictadura.
• Es difícil para el régimen combatirlo.
• Puede agravar extraordinariamente las debilidades de la
dictadura y negarle acceso a sus fuentes de poder.
• Puede dispersarse ampliamente en cuanto a la acción, pero
también puede concentrarse en un objetivo específico.
• Conduce a errores de juicio y de acción por parte de los
dictadores.
29

30

Gene Sharp

• Puede utilizar a la población como un todo, y a los grupos e
instituciones de la sociedad en la lucha y acabar con el
dominio brutal de unos pocos.
• Sirve para acrecentar la distribución del poder efectivo en la
sociedad, haciendo que el establecimiento y mantenimiento
de una sociedad democrática sea más viable.
La dinámica de la lucha noviolenta
Como sucede con la capacidad militar, el desafío político se puede
emplear con una variedad de propósitos, que van desde esforzarse
por influir en los opositores para que hagan cosas diferentes, crear
condiciones para la solución pacífica de un conflicto, hasta
desintegrar el régimen de los adversarios. Pero la dinámica del
desafío político es muy diferente a la de la violencia. Aunque ambas
técnicas son herramientas para luchar, lo hacen por medios muy
distintos, y con distintas consecuencias. Los modos y resultados de
un conflicto violento son bien conocidos. Las armas físicas se usan
para intimidar, herir, matar y destruir.
La lucha noviolenta es una técnica mucho más variada y
compleja que la violencia. A diferencia de ésta, es una lucha que
emplea armas políticas, económicas, sociales y sicológicas, aplicadas
por la población y las instituciones de la sociedad. A estas armas se
les ha conocido bajo diversos nombres, como protestas, huelgas,
desobediencia o nocooperación, boicot, descontento y poder popular. Como advertimos antes, todos los gobiernos pueden gobernar
mientras, por medio de la cooperación, sumisión y obediencia de la
población y de las instituciones de la sociedad, reciban el constante
refuerzo de las fuentes de poder que necesitan. El desafío político, a
diferencia de la violencia, es el instrumento idóneo para negarle
acceso al régimen a esas fuentes de poder.
Las armas y la disciplina noviolentas
El error común de las campañas improvisadas de desafío político,
es la dependencia o confianza en uno o dos procedimientos, tales

De la Dictadura a la Democracia

31

como las huelgas y las manifestaciones. De hecho, existe una
multitud de procedimientos que les permiten a los estrategas de la
resistencia tanto concentrar como dispersar la resistencia, según haga
falta.
Se han podido identificar hasta cerca de doscientos métodos
de acción noviolenta y, por supuesto, hay muchos más. Estos
procedimientos se clasifican en tres grandes categorías: protesta y
persuasión, nocooperación e intervención. Los métodos noviolentos
de protesta y persuasión son mayormente manifestaciones
simbólicas, que incluyen desfiles, marchas y vigilias (54 métodos).
La nocooperación se divide en tres sub-categorías: a) de
nocooperación social (16 métodos), b) de nocooperación económica:
el boicot inclusive (26 métodos) y huelgas (23 métodos), y c) de
nocooperación política (38 métodos). La intervención noviolenta,
mediante procedimientos sicológicos, sociales, económicos o
políticos tales como el ayuno, la ocupación noviolenta y el gobierno
paralelo (41 métodos), es el último grupo. Una lista de 198 de estos
métodos se incluye en el apéndice de esta publicación.
Es probable que a cualquier régimen ilegítimo le cause graves
problemas el uso de un número considerable de estos métodos—
cuidadosamente escogidos, aplicados persistentemente y en gran
escala, fundidos en el contexto de una sabia estrategia y de tácticas
apropiadas, por civiles adiestrados. Esto es aplicable a todas las
dictaduras.
Los procedimientos de la lucha noviolenta pueden enfocar
directamente los asuntos más inmediatos, lo cual no es posible con
los medios militares. Por ejemplo, ya que el problema que presenta
una dictadura es esencialmente político, sería muy importante aplicar
las formas políticas de la lucha noviolenta. Esto incluiría la negación
de la legitimidad a los dictadores y la nocooperación con su régimen.
La nocooperación sería también aplicada contra algunas políticas
específicas. A veces el obstaculizar el trabajo o el demorarlo puede
realizarse en silencio, o aún secretamente, mientras que otras veces,
la franca desobediencia o las desafiantes manifestaciones públicas y
las huelgas, pueden ser vistas por todos.
Por otra parte, si la dictadura es vulnerable a las presiones

32

Gene Sharp

económicas, o si muchos de los agravios del pueblo son económicos,
entonces la acción económica, como el boicot o las huelgas, puede
ser el procedimiento apropiado para la resistencia. Los esfuerzos
del dictador por explotar el sistema económico pueden
contrarrestarse mediante huelgas generales limitadas, demoras en
el ritmo del trabajo o por la negación de ayuda (o desaparición) de
parte de los expertos. El uso selectivo de diversos tipos de huelgas
puede enfocar puntos clave en el proceso manufacturero, en el
transporte, en el suministro de materias primas y en la distribución
de productos.
Algunas tácticas de la lucha noviolenta requieren que la gente
realice actos que no están relacionados con su vida normal, tales
como volantear, manejar una imprenta clandestina, ponerse en
huelga de hambre o sentarse a media calle. Salvo en situaciones
muy extremas, para algunas personas estas acciones pueden ser
difíciles de llevar a cabo.
Por el contrario, otros métodos de lucha noviolenta, requieren
que la gente continúe llevando su vida normal aunque con algunas
diferencias. Por ejemplo, pueden ir a trabajar en vez de ponerse en
huelga, pero una vez allí, deliberadamente trabajar más lentamente
o con menos eficacia que siempre. Conscientemente se pueden
cometer "errores" con más frecuencia. A veces, uno puede estar
"enfermo" o "impedido" de trabajar, o simplemente se puede negar
a trabajar. Uno puede asistir a una ceremonia religiosa cuando tal
acto no sólo expresa las convicciones religiosas sino las políticas. Se
puede proteger a los niños de la propaganda de los atacantes
mediante la instrucción en casa o en clases ilegales. Uno puede
negarse a pertenecer a cierta organización "recomendada", o
impuesta a la cual uno antes no hubiera escogido pertenecer
libremente. La semejanza de tal tipo de acción con las actividades
acostumbradas de las gentes, y el grado limitado de desviación de
la vida normal, pueden hacer que la participación en la lucha de
liberación nacional sea mucho más fácil para mucha gente.
Como la lógica de la lucha noviolenta difiere en muchos
aspectos de la acción violenta, hasta una violencia limitada sería
contraproducente durante una campaña de desafío político, porque

De la Dictadura a la Democracia

33

desviaría la lucha hacia un campo donde los dictadores tienen una
ventaja abrumadora (la contienda armada). La disciplina noviolenta
es clave para el éxito, y debe persistirse en ella a pesar de las
provocaciones y brutalidades de los dictadores y sus agentes.
El mantener la disciplina noviolenta contra los adversarios
violentos facilita el trabajo de los cuatro mecanismos de cambio de
la lucha noviolenta (de lo que trataremos más adelante). La disciplina
noviolenta es también extremadamente importante en el proceso del
jiu-jitsu político. En éste, la pura brutalidad del régimen contra los
activistas claramente noviolentos rebota políticamente contra la
posición del dictador, causando disensión en sus propias filas, y
fomentando el apoyo a los de la resistencia de parte de la población
en general, de los que generalmente defienden al régimen y de
terceras personas.
Sin embargo, en algunos casos una violencia limitada contra
la dictadura puede ser inevitable. La frustración y el odio contra el
régimen pueden explotar violentamente. O bien, ciertos grupos
pueden no estar deseosos de abandonar el uso de medios violentos
aún cuando reconozcan el importante papel de la lucha noviolenta.
En estos casos no es necesario abandonar el desafío político. Sin
embargo, será necesario separar la acción violenta lo más posible de
la acción noviolenta. Esto ha de hacerse en términos geográficos, de
sectores de la población, de tiempo y de problemas. De otro modo,
la violencia puede tener efectos desastrosos sobre el uso del desafío
político, el cual potencialmente, es mucho más poderoso y eficaz.
La historia indica que aún cuando se espera que haya víctimas,
tanto muertos como heridos, en el desafio político las habrá en
número mucho menor que las que se producirían en la contienda
armada. Es más, este tipo de lucha no contribuye al ciclo interminable de matazón y brutalidad.
La lucha noviolenta requiere una pérdida del miedo y un mayor
control sobre sí mismo, por una parte, y tiende a producir este efecto
frente al gobierno y su represión brutal. Esa pérdida del miedo, o el
control sobre sí mismo, es un elemento clave para destruir el poder
que los dictadores tienen sobre la población en general.

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Gene Sharp

Franqueza, clandestinidad y comportamiento intachable
La clandestinidad, el engaño y la conspiración subterránea le
plantean problemas muy graves a un movimiento que emplee la
acción noviolenta. A menudo, es prácticamente imposible impedir
que los agentes de la policía o de la inteligencia se enteren de las
intenciones y los planes. Desde la perspectiva del movimiento, el
clandestinaje no sólo tiene sus raíces en el miedo sino que contribuye
a aumentarlo. Esto reblandece el espíritu de la resistencia y reduce
el número de personas que podrían participar en una acción
específica. También puede contribuir a que dentro del movimiento,
haya sospechas y acusaciones, a menudo injustificadas, acerca de
quien podría ser un informante o un agente de los contrarios. El
secreto también puede afectar la habilidad de un movimiento para
persistir en la práctica de la noviolencia. Al contrario, la franqueza
en cuanto a planes e intenciones contribuirá a dar la imagen de que
el movimiento de resistencia es en extremo poderoso. El problema,
por supuesto, es más complejo de lo que esto sugiere, y hay aspectos
significativos de las actividades de la resistencia que van a requerir
el secreto. Los entendidos tanto en la dinámica de la lucha noviolenta
como en los medios de vigilancia de la dictadura en la situación
específica necesitarán una evaluación bien documentada.
La edición, impresión y distribución de publicaciones
clandestinas, las trasmisiones ilegales por radio desde dentro del
país y la inteligencia recogida sobre las operaciones de la dictadura,
están entre las clases limitadas de actividades especiales que
requieren un alto grado de sigilo.
En todas las etapas del conflicto es necesario mantener un
comportamiento intachable en la acción noviolenta. Factores como
el no tener miedo y el mantener la disciplina noviolenta deben estar
siempre presentes. Es importante tener en cuenta que va a necesitarse
un gran número de gente para efectuar grandes cambios. Esa
cantidad de participantes confiables sólo se puede obtener
manteniendo el más alto nivel de comportamiento.

De la Dictadura a la Democracia

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Cambios en las relaciones de poder
Los estrategas necesitan recordar que el conflicto donde se aplica el
desafío político es un campo de lucha siempre cambiante, con un
continuo juego de ataques y contraataques. Nada es estático. Las
relaciones de poder, tanto absolutas como relativas, están sujetas a
cambios rápidos y constantes. Esto es posible porque los que trabajan
en la resistencia continúan tenazmente en su actividad noviolenta a
pesar de la represión.
En este tipo de situación de conflicto, las respectivas variaciones
de poder en los bandos contendientes, tienden a ser más extremas
que en los conflictos violentos, y tienen una gama más variada de
consecuencias significativas en lo político. Debido a esas variaciones,
las acciones específicas de los de la resistencia, por lo general, tienen
consecuencias que van más allá del lugar o el momento en que
ocurren. Estos efectos tendrán repercusiones que fortalecerán o
debilitarán a un grupo u otro.
Además, el grupo noviolento puede, por sus acciones, influir
sobre el aumento o disminución de la fuerza relativa del grupo
contrario, en un grado mucho mayor del que ocurre en los conflictos
militares. Por ejemplo, la resistencia noviolenta, disciplinada y
valiente, frente a la brutalidad de los dictadores puede producir
desazón, descontento o desconfianza, y, en situaciones extremas,
hasta el amotinamiento entre los propios soldados y el personal al
servicio de la dictadura. Esta resistencia también puede dar lugar a
que aumente la condena internacional de la dictadura. Además, el
empleo del desafío político disciplinado, persistente y bien
adiestrado, puede hacer que más y más gente, que normalmente
apoyaría tácitamente a los dictadores o que por lo general
permanecerían neutrales en el conflicto, participe en la resistencia.
Cuatro mecanismos de cambio
La lucha noviolenta produce cambios de cuatro maneras. El primer
mecanismo es el que se consideraría menos probable, aunque así ha
ocurrido. Cuando los miembros del grupo contrario se conmueven

36

Gene Sharp

emocionalmente por los sufrimientos que la represión ha infligido
en los valientes activistas de la resistencia, o racionalmente se
persuaden de que la causa de los de la resistencia es justa, llegan a
aceptar los objetivos de los de la resistencia. A este mecanismo se le
llama conversión. Aunque se dan casos de conversión en la lucha
noviolenta, son raros, y en la mayor parte de los conflictos esto no
ocurre de manera alguna, o por lo menos en escala significativa.
Con mucha más frecuencia la lucha noviolenta obra cambiando
la situación del conflicto y de la sociedad, de modo que el adversario
simplemente no puede hacer lo que le viene en gana. Es este cambio
el que produce los otros tres mecanismos: la acomodación, la coerción
noviolenta y la desintegración. Cuál de éstos ocurra dependerá del
grado en que las relaciones de poder, absolutas o relativas, hayan
cambiado a favor de los demócratas.
Si las cuestiones a debatir no son fundamentales, las exigencias
de la oposición en una campaña limitada no se consideran
amenazantes, y la confrontación de fuerzas ha alterado las relaciones
de poder en alguna medida, el conflicto inmediato puede terminar
por medio de un arreglo al que se llegue cediendo cada parte algo,
contemporizando. A este mecanismo se le llama acomodación. Por
ejemplo, muchas huelgas se resuelven de esta manera, ambas partes
consiguen algunos de sus objetivos, pero ninguna obtiene todo lo
que quería. El gobierno puede percibir que un arreglo semejante
trae algunos beneficios positivos, tales como disminuir la tensión,
dar una impresión de "equidad", mejorar la imagen internacional
del régimen. Es importante, por lo tanto, que se tenga gran cuidado
al seleccionar los puntos por los cuales el arreglo por acomodación
resulte aceptable. La lucha por derribar la dictadura no es uno de
ésos.
La lucha noviolenta puede ser mucho más poderosa de lo que
indican los mecanismos de conversión o acomodación. La
nocooperación masiva y el desafío pueden cambiar la situación
política o social, especialmente las relaciones de poder, de tal manera
que los dictadores pierden la capacidad de controlar los procesos
económicos, sociales y políticos del gobierno y la sociedad. Las
fuerzas militares del adversario pueden volverse tan poco confiables

De la Dictadura a la Democracia

37

que ya simplemente no obedezcan las órdenes de reprimir a los de
la resistencia. Aunque los dirigentes del gobierno permanezcan en
sus posiciones y sigan firmes en cuanto a sus objetivos originales,
han perdido la capacidad de actuar con efectividad. A esto se le
llama coerción noviolenta.
En algunas situaciones extremas, las condiciones que ha
producido la coerción noviolenta van aún mas lejos. La dirigencia
adversaria, de hecho, pierde toda su capacidad de actuar, y se viene
abajo toda su estructura de poder. La autoconducción, la
nocooperación y el desafío de los de la resistencia se hacen tan perfectos que sus adversarios ahora carecen hasta del simulacro de control sobre ellos. La burocracia del adversario se niega a obedecer a
su propia dirigencia. Las tropas de los adversarios y su policía se
amotinan. Los simpatizantes y colaboradores del poder adverso
repudian a sus antiguos dirigentes y les niegan derecho alguno a
mandar. A partir de esto, la antigua obediencia y colaboración
desaparecen. El cuarto mecanismo de cambio, la desintegración del
sistema del adversario, es tan completo que éste no tiene siquiera
poder suficiente para rendirse. El régimen se ha desintegrado.
Al planificar las estrategias para la liberación, estos cuatro
mecanismos deben tenerse en cuenta. Algunas veces operan por
casualidad. Sin embargo, la selección de uno o más de éstos como el
mecanismo de cambio escogido para que obre en el conflicto, hará
posible que se formulen estrategias específicas que se refuercen
mutuamente. La selección de uno o más mecanismos dependerá de
numerosos factores, inclusive del poder absoluto y relativo de los
grupos contendientes y de las actitudes y objetivos del grupo
noviolento.
Efectos democratizadores del desafío político
En contraste con los efectos centralizantes de las sanciones violentas,
el empleo de las técnicas de la lucha noviolenta contribuye a
democratizar la sociedad de varias maneras.
Una parte del efecto democratizador es negativo. Esto es, en
contraste con los medios armados, esta técnica no suministra un


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