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Antología Poética. Recordando a Sabines .pdf



Nombre del archivo original: Antología Poética. Recordando a Sabines.pdf
Título: Recordando a Sabines
Autor: Jaime Sabines

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R E C O R D A N D O A S A B IN E S
A n t o lo g ía p o é tic a

1ª edición digital

México 2006

PALABRA VIRTUAL

RECORDANDO A SABINES / 1ª edición digital

© Derechos reservados
Diseño de portada:
BLANCA MATEOS
Maquetación y coordinación general:
BLANCA MATEOS
Fotografías:
Imágenes pertenecientes al archivo particular de la familia Sabines.
Esta edición ha sido creada en formato electrónico (PDF)
para ser distribuida por Palabra Virtual
con la autorización y supervisión de Judith Sabines.

México, diciembre de 2006.

EL POETA Y LA MUSA

Por Efraín Bartolomé (Especial para Palabra Virtual)

_______________________________________

La Musa es inasible por naturaleza. No la posee nadie y es Ella quien se apropia
de vez en cuando del alma del poeta. A veces encarna en mujer de carne y
hueso y produce huracanes en la vida del poeta iniciado. Cuando eso sucede el
poema nace con alma y es capaz de tocar almas.
Porque el poeta verdadero suele comportase así: escribe, enamorado, lo que la
Musa le dicta y lo hace siempre con los ojos puestos en Ella y no en el crítico, la
academia o el público.
Cuando creíamos haberlo leído todo acerca de Jaime Sabines —sus escritos
iniciales, dispersos en publicaciones chiapanecas y no recolectados en libro, su
obra en plenitud, sus poemas de la última época; más los datos biográficos, las
entrevistas, las reseñas, los ensayos líricos, la crítica académica, los comentarios
de amigos y colegas, los apuntes de compañeros de andanzas, los elogios de
amorosos, el veneno de envidiosos, los chismes de afectos y desafectos, su
infancia, su adolescencia, su juventud, su madurez, su vida política y su vida
literaria, los duros años finales tras el accidente: su historia, vida y milagros, en
resumen— he aquí que faltaba, según la expresión popular mexicana, lo mero
principal: unas palabras acerca de cómo la Musa recibió la ofrenda del poeta.
La persistencia de Blanca Mateos —la dama poseedora de esa varita mágica
llamada Palabra Virtual— ha logrado este pequeño milagro: unas palabras de
Josefa Rodríguez —la querida doña Chepita—, una de las advocaciones
principales de la Musa en la vida de Jaime Sabines, sobre las circunstancias
vitales que produjeron el milagro mayor de la poesía. Bienvenido sea este nuevo,
íntimo, acercamiento al poeta.

Gracias, doña Chepita.

PRESENTACIÓN
_______________________________________

En 1947, Chepita y Jaime se
reencontraron en la ciudad de
México. Se conocían desde niños
—sus padres eran viejos amigos—,
y habían sido novios unos meses
en

la

preparatoria

de

Tuxtla

Gutiérrez. Jaime le escribió el
primer

poema

en

esa

época

"Josefa como tu nombre, como yo...". Nunca quiso publicarlo porque decía que
era muy malo; pero después de ese reencuentro a fines de los cuarenta, Jaime
le escribió, además de una centena de cartas, decenas de poemas de amor
bellísimos, que han sido leídos y repetidos a lo largo de los años por sus
lectores, sin saber quizás a quién estaban dedicados. Ahora, Chepita
selecciona y comenta unos cuantos de esos poemas, como una pequeñísima
muestra, y obsequio especial a las personas que se asoman a Palabra
Virtual.

RECORDANDO A SABINES I
________________________________________
El 3 de abril de 1949, Jaime y mi hermano Jorge me
fueron a despedir al aeropuerto de la ciudad de México;
regresaba a mi casa en Tuxtla Gutiérrez porque estaba
enferma. Esa tarde Jaime escribió "El día" y "Horal".

_______________________________________

El día
Amaneció sin ella.
Apenas si se mueve.
Recuerda.
(Mis ojos, más delgados,
la sueñan.)
¡Qué fácil es la ausencia!
En las hojas del tiempo
esa gota del día
resbala, tiembla.

Horal
El mar se mide por olas,
el cielo por alas,
nosotros por lágrimas.
El aire descansa en las hojas,
el agua en los ojos,
nosotros en nada.
Parece que sales y soles,
nosotros y nada...

RECORDANDO A SABINES II
________________________________________
En "El Modelo", la tienda donde vivimos y tuvimos a
nuestros tres hijos, Jaime escribió "Te quiero a las
diez de la mañana...". Un día llegó a la cocina donde
yo preparaba de comer en la estufa de petróleo que
teníamos. Platicamos un momento y me besó, cuando
regresaba a la tienda, se paró en la puerta de la cocina y
me dijo: "No olvides nunca que te quiero". Al rato fui por
él para almorzar.

_______________________________________

TE QUIERO A LAS DIEZ DE LA MAÑANA, y a las once, y a las doce del día.
Te quiero con toda mi alma y con todo mi
cuerpo, a veces, en las tardes de lluvia. Pero
a las dos de la tarde, o a las tres, cuando me
pongo a pensar en nosotros dos, y tú piensas
en la comida o en el trabajo diario, o en las
diversiones que no tienes, me pongo a
odiarte sordamente, con la mitad del odio que
guardo para mí.
Luego vuelvo a quererte, cuando nos
acostamos y siento que estás hecha para mi,
que de algún modo me lo dicen tu rodilla y tu
vientre, que mis manos me convencen de
ello, y que no hay otro lugar en donde yo me
venga, a donde yo vaya, mejor que tu
cuerpo. Tú vienes toda entera a mi
encuentro, y los dos desaparecemos un
instante, nos metemos en la boca de Dios,
hasta que yo te digo que tengo hambre o
sueño.
Todos los días te quiero y te odio irremediablemente. Y hay días también, hay
horas, en que no te conozco, en que me eres ajena como la mujer de otro. Me
preocupan los hombres, me preocupo yo, me distraen mis penas. Es probable
que no piense en ti durante mucho tiempo. Ya ves. ¿Quién podría quererte
menos que yo, amor mío?

RECORDANDO A SABINES III
________________________________________
"Me tienes en tus manos..." es un poema que leí
por vez primera cuando lo publicó. Siempre respeté lo
que Jaime escribía, si él no me leía lo que había escrito
yo no tocaba sus carpetas. Y sí, parecía que nos leíamos
la mente.

_______________________________________

ME TIENES EN TUS MANOS
y me lees lo mismo que un libro.
Sabes lo que yo ignoro
y me dices las cosas que no me digo.
Me aprendo en ti más que en mí mismo.
Eres como un milagro de todas horas,
como un dolor sin sitio.
Si no fueras mujer fueras mi amigo.
A veces quiero hablarte de mujeres
que a un lado tuyo persigo.
Eres como el perdón
y yo soy como tu hijo.
¡Qué buenos ojos tienes cuando estás conmigo!
¡Qué distante te haces y qué ausente
cuando a la soledad te sacrifico!
Dulce como tu nombre, como un higo,
me esperas en tu amor hasta que arribo.
Tú eres como mi casa,
eres como mi muerte, amor mío.

RECORDANDO A SABINES IV
________________________________________
Cuando éramos novios tuvimos que separarnos varias
veces, Jaime me escribió muchas cartas, en algunas de
ellas aparecen frases que después se convirtieron en
parte de estos poemas; "No es que muera de amor,
muero de ti...", "He aquí que tú estás sola...",
"Me doy cuanta de que me faltas....".

_______________________________________

NO ES QUE MUERA DE AMOR, muero de ti.
Muero de ti, amor, de amor de ti,
de urgencia mía de mi piel de ti,
de mi alma, de ti y de mi boca
y del insoportable que yo soy sin ti.
Muero de ti y de mí, muero de ambos,
de nosotros, de ese,
desgarrado, partido,
me muero, te muero, lo morimos.
Morimos en mi cuarto en que estoy solo,
en mi cama en que faltas,
en la calle donde mi brazo va vacío,
en el cine y los parques, los tranvías,
los lugares donde mi hombro acostumbra tu cabeza
y mi mano tu mano
y todo yo te sé como yo mismo.
Morimos en el sitio que le he prestado al aire
para que estés fuera de mí,
y en el lugar en que el aire se acaba
cuando te echo mi piel encima
y nos conocemos en nosotros, separados del mundo,
dichosa, penetrada, y cierto , interminable.
Morimos, lo sabemos, lo ignoran, nos morimos
entre los dos, ahora, separados,
del uno al otro, diariamente,
cayéndonos en múltiples estatuas,
en gestos que no vemos,
en nuestras manos que nos necesitan.
Nos morimos, amor, muero en tu vientre
que no muerdo ni beso,
en tus muslos dulcísimos y vivos,
en tu carne sin fin, muero de máscaras,
de triángulos oscuros e incesantes.
Muero de mi cuerpo y de tu cuerpo,
de nuestra muerte ,amor, muero, morimos.
En el pozo de amor a todas horas,
inconsolable, a gritos,
dentro de mi, quiero decir, te llamo,
te llaman los que nacen, los que vienen
de atrás, de ti, los que a ti llegan.
Nos morimos, amor, y nada hacemos
sino morirnos más, hora tras hora,
y escribirnos y hablarnos y morirnos.

HE AQUÍ QUE TÚ ESTAS SOLA y que estoy solo.
Haces tus cosas diariamente y piensas
y yo pienso y recuerdo y estoy solo.
A la misma hora nos recordamos algo
y nos sufrimos. Como una droga mía y tuya
somos, y una locura celular nos recorre
y una sangre rebelde y sin cansancio.
Se me va a hacer llagas este cuerpo solo,
se me caerá la carne trozo a trozo.
Esto es lejía y muerte.
El corrosivo estar, el malestar
muriendo es nuestra muerte.
Ya no sé dónde estás. Yo ya he olvidado
quién eres, dónde estás, cómo te llamas.
Yo soy sólo una parte, sólo un brazo,
una mitad apenas, sólo un brazo.
Te recuerdo en mi boca y en mis manos.
Con mi lengua y mis ojos y mis manos
te sé, sabes a amor, a dulce amor, a carne,
a siembra , a flor, hueles a amor, a ti,
hueles a sal, sabes a sal, amor, y a mí.
En mis labios te sé, te reconozco,
y giras y eres y miras incansable
y toda tú me suenas
dentro del corazón como mi sangre.
Te digo que estoy solo y que me faltas.
Nos faltamos, amor, y nos morimos
y nada haremos ya sino morirnos.
Esto lo sé, amor, esto sabemos.
Hoy y mañana, así, y cuando estemos
en nuestros brazos simples y cansados,
me faltarás, amor, nos faltaremos.

ME DOY CUENTA DE QUE ME FALTAS
y de que te busco entre las gentes, en el ruido,
pero todo es inútil.
Cuando me quedo solo
me quedo más solo
solo por todas partes y por ti y por mí.
No hago sino esperar.
Esperar todo el día hasta que no llegas.
Hasta que me duermo
y no estás y no has llegado
y me quedo dormido
y terriblemente cansado
preguntando.
Amor, todos los días.
Aquí a mi lado, junto a mí, haces falta.
Puedes empezar a leer esto
y cuando llegues aquí empezar de nuevo.
Cierra estas palabras como un círculo,
como un aro, échalo a rodar, enciéndelo.
Estas cosas giran en torno a mí igual que moscas,
en mi garganta como moscas en un frasco.
Yo estoy arruinado.
Estoy arruinado de mis huesos,
todo es pesadumbre.

RECORDANDO A SABINES V
________________________________________
Era mi tercer embarazo, mis padres y hermanas habían
llegado a cenar esa noche, después de que se fueron,
Jaime puso el tocadiscos y nos pusimos a bailar
danzones hasta que oímos llorar a Julito. Al día siguiente
como a las once de la mañana, fue a la tienda, donde yo
estaba, y con el mostrador de por medio y recargado en
él me leyó "Esta noche vamos a gozar....".

_______________________________________

Canciones del pozo sin agua

5
Esta noche vamos a gozar.
La música que quieres,
el trago que te gusta
y la mujer que has de tomar.
Esta noche vamos a bailar.
El bendito deseo se estremece
igual que un gato en un morral,
y está en tu sangre esperando la hora
como el cazador en el matorral.
Esta noche nos vamos a emborrachar.
El dulce alcohol enciende tu cuerpo
como una llamita de inmortalidad,
y el higo y la uva y la miel de abeja
se me mezclan a un tiempo con su metal.
Esta noche nos vamos a enamorar.
Dios la puso en el mundo
a la mujer mortal
—a la víbora-víbora de la tierra y del mar—
y es lo mejor que ha hecho el viejo paternal.
¡Esta noche vamos a gozar!

RECORDANDO A SABINES VI
________________________________________
Teníamos ya muchos años de casados, Jaime estaba
escogiendo los poemas que leería esa noche en un
recital en la Universidad, una de mis hijas le pidió que
leyera "No es nada de tu cuerpo....", yo protesté:
"No, ése no, porque no me lo escribió a mí", Jaime saltó
indignado y me dijo: "Claro que sí te lo escribí a ti, para
que lo sepas".

_______________________________________

NO ES NADA DE TU CUERPO
ni tu piel, ni tus ojos, ni tu vientre,
ni ese lugar secreto que los dos conocemos,
fosa de nuestra muerte, final de nuestro entierro.
No es tu boca —tu boca
que es igual que tu sexo—,
ni la reunión exacta de tus pechos,
ni tu espalda dulcísima y suave,
ni tu ombligo en que bebo.
Ni son tus muslos duros como el día,
ni tus rodillas de marfil al fuego,
ni tus pies diminutos y sangrantes,
ni tu olor, ni tu pelo.
No es tu mirada —¿qué es una mirada?—
triste luz descarriada, paz sin dueño,
ni el álbum de tu oído, ni tus voces,
ni las ojeras que te deja el sueño.
Ni es tu lengua de víbora tampoco,
flecha de avispas en el aire ciego,
ni la humedad caliente de tu asfixia
que sostiene tu beso.
No es nada de tu cuerpo,
ni una brizna, ni un pétalo,
ni una gota, ni un grano, ni un momento.
Es sólo este lugar donde estuviste,
estos mis brazos tercos.

______________________________________
Poemas tomados de:
Jaime Sabines,
Otro recuento de poemas 1950-1991
Planeta Mexicana / Joaquín Mortiz

SÍNTESIS BIBLIOGRÁFICA

JAIME SABINES
(1926 -1999)
Poeta mexicano.
Destaca en su poesía una intensa
desolación,
así como el constante
tratamiento del amor y la muerte.
Nacido en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, realizó su formación
académica superior en la ciudad de México. Estudió por tres años
medicina y finalmente se licenció en lengua y literatura españolas
en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Fue
becario especial del Centro Mexicano de Escritores (1964-65).
Además de su actividad literaria, incursionó en el terreno político:
fue diputado federal por Chiapas (1976-1979) y por el Distrito
Federal (1988) en el Congreso.
Premios:
Chiapas, 1959
Xavier Villaurrutia, 1972
Elías Sourasky, 1982
Nacional de Ciencias y Artes (en la rama de Lingüística y
Literatura), 1983
Juchimán de Plata, 1986
Presea de la ciudad de México, 1991
Medalla Belisario Domínguez, 1994
Mazatlán de Literatura, 1996
Medalla de honor de la Sociedad Gral. de Autores y Editores de
España, 1997
Premio Literatura México, de la Feria del Libro de la cd. de México,
1998
Obra original (sin antologías ni traducciones):
Horal, 1950
La señal, 1951
Adán y Eva, 1952
Tarumba, 1956
Diario semanario y poemas en prosa, 1961
Recuento de poemas, 1962 (obra reunida además de obra inédita)
Yuria, 1967
Maltiempo, 1972
Algo sobre la muerte del Mayor Sabines, 1973
Nuevo recuento de poemas, 1977 (obra reunida además de obra
inédita)
Poemas sueltos, 1981
Otro recuento de poemas 1950-1991 (obra reunida, hay otra edición
en 1993 con poemas inéditos)


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